Por lo visto, estamos atravesando un momento en que nuestro

movimiento obrero conduce de nuevo con fuerza incontenible a choques agudos

que tanto asustan al gobierno y a las clases poseedoras y que tanto alientan

y alegran a los socialistas. Sí, estos choques nos alientan y nos

alegran, a pesar del enorme número de víctimas de la

represión armada, porque la clase obrera demuestra con su resistencia

que no se resigna con su situación, no quiere seguir siendo esclava,

no se somete en silencio a la violencia y a la arbitrariedad. El

régimen contemporáneo impone siempre y de manera inevitable a

la clase obrera, aun con la más pacífica marcha de las cosas,

sacrificios sin cuento. Miles y decenas de miles de hombres que trabajan toda

su vida para crear riquezas ajenas, perecen a causa del hambre y de la

inanición constantes, mueren prematuramente por efecto de las

enfermedades debidas a las insoportables condiciones de trabajo, a las

viviendas miserables y a la falta de descanso. Merece cien veces el nombre de

héroe quien prefiere sucumbir en la lucha abierta contra los

defensores y guardianes de este régimen abominable, a perecer de

muerte lenta como una bestia de carga sumida en el embrutecimiento, extenuada

y sumisa. No queremos decir de ningún modo que el combate cuerpo a

cuerpo con la policía sea la mejor forma de lucha. Al contrario,

siempre hemos indicado a los obreros que lo que debe interesarles es hacer

que la lucha sea más serena y consecuente, esforzarse por orientar

todo descontento hacia el apoyo a la lucha organizada del partido

revolucionario. Pero la fuente principal que nutre a la socialdemocraeia

revolucionaria es, justamente, ese espíritu de protesta de las masas

obreras que, dada la opresión y la violencia que rodea a los obreros,

no puede por menos de desembocar de vez en cuando en explosiones

desesperadas. Estas explosiones despiertan a la vida concíente a las

capas más extensas de obreros atenazados por la miseria y la

ignorancia, propagan entre ellos el espíritu de un odio sagrado a los

opresores y a los enemigos de la libertad. Por eso, la noticia de una matanza

como la que tuvo lugar, por ejemplo, el 7 de mayo en la fábrica de

Obújov, nos obliga a exclamar: "¡La insurrección obrera

ha sido reprimida, viva la insurrección obrera!"





Hubo una época, relativamente reciente, en que las insurrecciones

obreras constituían una rara excepción y se debían

exclusivamente a determinadas condiciones especiales. Ahora no es así.

Hace unos años atravesábamos un período de prosperidad

de la industria, en que el comercio era activo y se registraba una gran

demanda de mano de obra. Y sin embargo, los obreros declararon diversas

huelgas, tratando de conseguir mejores condiciones de trabajo: los obreros

comprendieron que no debían dejar pasar la ocasión, que

debían aprovechar el momento en que las ganancias de los patronos eran

muy elevadas y se les podía obligar más fácilmente a

hacer concesiones. Pero a la prosperidad ha seguido la crisis: las

mercancías de los patronos no encuentran salida, sus ganancias

disminuyen, aumenta el número de quiebras, las fábricas reducen

la producción y despiden a obreros, que son arrojados en. masa a la

calle, quedando privados del pedazo de pan. Los obreros se ven precisados a

luchar desesperadamente no ya por mejorar su situación, sino por

mantener la anterior, por disminuir las pérdidas que los patronos

descargan sobre ellos. Por tanto, el movimiento obrero cobra profundidad y

amplitud: al principio es una lucha en determinados casos excepcionales,

después una lucha tesonera e ininterrumpida durante la

reanimación de la industria y el activo desarrollo del comercio y, por

último, esa misma ininterrumpida y tesonera lucha durante la crisis.

Ahora podemos decir ya que el movimiento obrero ha pasado a ser un

fenómeno constante de nuestra vida y que ha de crecer cualesquiera

sean las circunstancias.





Pero la sustitución de la reanimación de la industria por la

crisis no sólo enseñará a los obreros que la lucha unida

es para ellos una necesidad permanente. Esta sustitución

disipará también las nocivas ilusiones que habían

comenzado ya a forjarse en el período de prosperidad de la industria.

En algunos sitios, los obreros consiguieron con relativa facilidad arrancar a

los patronos concesiones por medio de huelgas y comenzaron a exagerar la

importancia de esta lucha "económica", comenzaron a olvidar que con

las asociaciones profesionales (gremiales) de los obreros y con las huelgas

se consigue únicamente, en el mejor de los casos, alcanzar condiciones

algo más ventajosas para la venta de la mercancía llamada

fuerza de trabajo. Las asociaciones gremiales y las huelgas no pueden ayudar

cuando esta "mercancía" no tiene demanda en virtud de la crisis, 'no

pueden modificar las condiciones que convierten la fuerza de trabajo en una

mercancía y condenan a las masas trabajadoras a las más duras

privaciones y al paro forzoso. Para modificar estas condiciones se hace

necesaria la lucha revolucionaria contra todo el régimen social y

político contemporáneo, y la crisis industrial obligará

a muchos obreros a persuadirse de la justeza de esta verdad.





Volvamos a la matanza del 7 de mayo. Más abajo citaremos los datos

de que disponemos acerca de las huelgas y agitaciones de los obreros de

Petersburgo c en ocasión del 1" de Mayo. Aquí analizaremos

también el comunicado de la policía sobre la matanza del 7 de

mayo. En estos últimos tiempos nos hemos habituado ya un poco a los

comunicados gubernamentales (o policíacos, es lo mismo) sobre las

huelgas, manifestaciones y choques con las tropas; ahora ya disponemos de una

documentación considerable para juzgar acerca de la veracidad de tales

comunicados; a veces, a través del humo de las falsedades de la

policía podemos adivinar el fuego de la indignación

popular.





"El 7 de mayo-dice el comunicado oficial-, después del intervalo

para la comida, en las fundiciones de acero de Obújov, situadas en el

pueblo de Alexándrovskoie, en la carretera de Shlisselburg, cerca de

200 obreros de distintos talleres de la fábrica interrumpieron el

trabajo y, en la entrevista sostenida con el teniente coronel Ivanov,

subdirector de la empresa, presentaron diversas reivindicaciones

infundadas."





Si los obreros suspendieron el trabajo sin comunicarlo con dos semanas de

antelación-suponiendo que el cese del trabajo no fuese motivado por

arbitrariedades de los patronos, como acontece, muy a menudo-, esto, incluso

según la legislación rusa (que en el último tiempo se ha

completado y reforzado de manera sistemática contra los obreros)

constituye una simple contravención policial que corresponde a la

jurisdicción del juez de paz. Pero el gobierno ruso se coloca cada vez

más en una situación ridicula con sus rigores: por una parte,

se dictan leyes que establecen nuevos delitos (por ejemplo, el abandono no

autorizado del trabajo o la participación en concentraciones que

causaren daños a la propiedad o que significaren una reacción

violenta frente a la fuerza armada), se agravan las penas por

participación en huelgas, etc., y, por otra parte, se pierde la

posibilidad física y política de aplicar estas leyes y de

imponer sanciones conforme a la ley. No hay posibilidad física de

exigir responsabilidad a miles y decenas de miles de personas por abandonar

el trabajo, por declararse en huelga y por efectuar "concentraciones". No hay

posibilidad política de incoar en cada uno de estos casos un proceso

judicial, pues, por muy amañado que esté el tribunal y por

mucho que se evite la publicidad, siempre quedará por lo menos una

sombra dé tribunal y, naturalmente, de un "tribunal" no contra los

obreros, sino contra el gobierno. Pues bien, las leyes penales promulgadas

con la finalidad directa de facilitar la lucha política del

gobierno contra el proletariado (y de encubrir al mismo tiempo el

carácter político de esa lucha por medio de consideraciones "de

estado" sobre el "orden público", etc.) quedan irremisiblemente

relegadas a un segundo plano por la lucha política directa, por

los choques callejeros abiertos. La "justicia" se quita la careta de

imparcialidad y solemnidad y se da a la fuga, dejando el campo de

acción a la policía, a los gendarmes y a los cosacos, a quienes

se recibe a pedradas.





Recordad, en efecto, esa alusión del gobierno a las "

reivindicaciones" de los obreros. Desde el punto de vista de la ley, el cese

del trabajo es una contravención independientemente de las

reivindicaciones que presenten los obreros. Pero, precisamente, el gobierno

ha perdido ya la posibilidad de situarse en el terreno de la ley que

él mismo promulgó en fecha tan reciente, y trata de justificar

la represión hecha "con sus propios medios" afirmando que las

reivindicaciones de los obreros eran infundadas. Pero, ¿quién

ha sido arbitro en ese asunto? El teniente coronel Ivanov, subdirector de la

fábrica, ¡ es decir, el mismo jefe del que se quejaban los,

obreros! ¡No es extraño que los obreros respondan a pedrada

limpia a tales explicaciones de las autoridades!





Y cuando los obreros salieron en masa a la calle, paralizando el avance de

la caballería, se entabló entonces una verdadera batalla. Por

lo que se ve, los obreros se batieron con todas sus fuerzas, pues

consiguieron por dos veces rechazar el ataque de la policía, de

los gendarmes, de la guardia montada y de la escolta armada de la

fábrica, [*] y esto a pesar de que

las piedras eran la única arma de que disponían los obreros.

Ciertamente, de la multitud salieron "algunos disparos"-de dar crédito

al comunicado de la policía-, pero nadie resultó herido. En

cambio hubo una "lluvia" de piedras, con la particularidad de que los

obreros no sólo manifestaron tenacidad en la resistencia, sino ingenio

y capacidad para adaptarse inmediatamente a las condiciones y elegir la mejor

forma de lucha. Ocuparon los patios vecinos y apedrearon a los

bashibuzuks zaristas desde las empalizadas, de modo que incluso

después de tres descargas, a consecuencia de las cuales

resultó muerto un obrero (¿uno solo?) y ocho heridos (?) (uno

de ellos murió al día siguiente), incluso después de

esto, a pesar de que la multitud se dispersó, aún

continuó la batalla, y las compañías del regimiento de

infantería de Omsk, llamadas al efecto, tuvieron que "desalojar a los

obreros" de los patios próximos.





El gobierno ha vencido. Pero cada victoria de esta naturaleza

acercará inevitablemente su derrota definitiva. Cada batalla contra el

pueblo multiplicará el número de obreros indignados y

dispuestos al combate, promoverá jefes más expertos, mejor

armados y más decididos. En cuanto al plan a que deben procurar

atenerse en su actuación estos jefes, ya hemos tenido ocasión

de expresar nuestro criterio Cantes de ahora. Hemos indicado ya más de

una vez la necesidad absoluta de una vigorosa organización

revolucionaria. Pero a propósito de sucesos como los del 7 de mayo,

también es preciso no perder de vista lo siguiente.





Últimamente se ha hablado mucho de que la lucha callejera contra el

ejército moderno es imposible y carece de perspectivas de

éxito: en esto han insistido sobre todo los inteligentes "

críticos" que han tratado de hacer pasar los viejos trastos de la

sabiduría burguesa por nuevas deducciones de una ciencia imparcial,

tergiversando así las palabras de Engels, el cual se refería, y

además con reservas, sólo a una táctica temporal de los

socialdemócratas alemanes. Incluso en el ejemplo de una escaramuza

aislada vemos que todas estas divagaciones son puro desatino. La lucha de

calles es posible; no es la situación de los luchadores la que carece

de perspectiva, sino la del gobierno, si tiene que vérselas no

sólo con el personal de una fábrica. En la escaramuza del 7 de

mayo los obreros no tenían más que piedras, pero naturalmente

no será la prohibición del gobernador de la ciudad lo que les

impida la próxima vez procurarse otras armas. Los obreros no estaban

preparados y eran sólo 3.500, pero rechazaron a varios centenares de

hombres de la policía montada, de la gendarmería, de los

agentes de policía y de unidades regulares de infantería. Como

recordaréis, ¡no le fue fácil a la policía tomar

por asalto tan sólo una casa, la casa número 63, de la

carretera de Shlisselburg! ¿ Creéis que será

fácil "desalojar a los obreros" no ya de dos o tres patios y

casas, sino de barriadas obreras enteras de Petersburgo? Cuando las cosas

lleguen a la lucha decisiva, ¿no tendrán que "desalojar"

de las casas y los patios de la capital no sólo a los obreros, sino a

todos los que no han olvidado la infame matanza del 4 de marzo, a los que no

se han resignado con la existencia de un gobierno policíaco y que

sólo están intimidados, sin confiar aún en sus propias

fuerzas?





¡ Camaradas! Procurad reunir los nombres de todos los muertos y

heridos del 7 de mayo! ¡ Que todos los obreros de la capital honren su

memoria y se preparen para la nueva y decisiva lucha contra el gobierno

policíaco, por la libertad del pueblo! ●



 





  





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[*] A propósito.

El comunicado del gobierno afirma que la "escolta arde la fábrica" "se

encontraba ya preparada en el patío de la fábrica", mientras

que los gendarmes, la policia montada y los agentes de policía fueron

llamados más tarde. .¿Desde cuándo y por qué

tenían preparada en el patio de la fábrica la escolta

armada? ¿No sería desde el 1° de Mayo? ¿No

esperaban que hubiera manifestación obrera? Eso no lo sabemos, pero es

indudable que el gobierno oculta intencionadamente los datos de que dispone

acerca de lo que originó e hizo aumentar el descontento y la

efervescencia de los obreros.