El gobierno y sus partidarios, los publicistas de la tendencia nobiliaria (periodistas que defienden los intereses de la nobleza), se esfuerzan, por supuesto, por encubrir esta descarada rapiña con toda clase de frases elevadas: hablan del desarrollo de la cultura en haciendas modelo. Aquí se llama desarrollo de la cultura a la exportación de la Rusia europea a Siberia de los regímenes de semiservidumbre, con la situación sin salida de los campesinos arruinados, obligados en realidad a cumplir con la prestación personal como en los viejos tiempos. Las haciendas modelo no se crean mediante disposiciones burocráticas y malversación de fondos públicos, y las adjudicaciones de tierras conducen o bien al simple corretaje de los nobles, que se enriquecen con la reventa con un cinismo aún mayor que los kulaks, los usureros, etc., a quienes miran con tanto desprecio. En lugar de haciendas modelo, en caso de que la tierra no sea revendida, resulta una hacienda basada en la servidumbre del campesino, en toda clase de transacciones usureras (préstamo de dinero, de trigo a cambio de trabajo, etc.), es decir, una auténtica hacienda kulak.

Hablan también del significado político del elemento nobiliario-terrateniente: en Siberia, donde en la intelectualidad local predominan los deportados, es necesario, dicen, crear un baluarte seguro del poder estatal, un elemento de zemstvo. Y en estas habladurías sobre el significado político de los grandes terratenientes hay mucha más y mucho más profunda verdad de lo que imaginan quienes emplean este argumento. Este razonamiento muestra con claridad sobre qué base es posible la existencia del Estado policial: necesita crear una clase de grandes explotadores que lo deban todo al Estado, que dependan siempre de él (por ejemplo, a los arrendatarios de tierras del Estado el gobierno puede confiscarles las tierras en determinadas condiciones), que obtengan sus ingresos por los medios más viles (kulakería, corretaje, usura) y que por ello sean siempre partidarios fieles de toda arbitrariedad y opresión. La política asiática del gobierno exige apoyo en la gran propiedad agraria asiática, en el sistema de servidumbre del «reparto de feudos» (si ahora no se pueden repartir feudos poblados por siervos, como se hacía en el siglo pasado, en cambio se reparten tierras entremezcladas con la población campesina, que por necesidad se verá obligada a acudir a la misma prestación personal). Estamos dispuestos, por tanto, a coincidir con *Moskovskie Védomosti* y *Grazhdanín* en que la implantación de terratenientes es realmente necesaria desde el punto de vista político del gobierno zarista: el monarca absoluto hoy en día no puede sostenerse sin los medios de servidumbre, etc.

La política burguesa (moderne[175]) respecto a las tierras libres de las periferias consiste en venderlas a granjeros y campesinos, los cuales crean una población masiva acomodada (como en América), presentan una enorme demanda de productos burgueses y provocan una animación sin precedentes de toda la vida industrial. La política de servidumbre consiste en restringir el reasentamiento, en la tutela burocrática de todo movimiento de población, en el reparto (directo o bajo la apariencia de venta y arriendo) de tierras del Estado a los grandes terratenientes, que extraen ingresos mediante la servidumbre por deudas.

Y lo que reviste particular importancia en la nueva ley es precisamente que… [176]

Escrito en agosto – principios de septiembre de 1901.

Publicado por primera vez en 1932 en la Recopilación Leninista XIX.

Se reproduce según el manuscrito.