¡Camaradas!

Comenzaremos por el punto del cual depende el éxito del congreso.

Como representante de *Iskra*, considero necesario referirme a la historia de nuestras relaciones con otras organizaciones. Desde el principio, *Iskra* actuó con total independencia, reconociendo únicamente una vinculación ideológica con la socialdemocracia rusa, y obró por encargo de muchos camaradas de Rusia. Ya en su primer número, *Iskra* declaró que no se ocuparía de las divergencias organizativas surgidas en la «Unión de Socialdemócratas Rusos»{87} y que concedía la mayor importancia a su posición de principios[135].

Una parte de los miembros de la «Unión» nos propuso una conferencia para llegar a un acuerdo con las organizaciones en el extranjero. Interpretamos esta propuesta en el sentido de que en la «Unión» existía un grupo que compartía los principios que nosotros habíamos planteado y de que, por consiguiente, se podía abrigar la esperanza de que la «Unión» los reconociera también. La organización revolucionaria *Sotsial-Demokrat*{88}, a pesar de la existencia de divergencias organizativas además de las de principios, respondió afirmativamente. La «Unión», por desgracia, renunció a las negociaciones. Con la aparición de un nuevo grupo de iniciadores{89}, la «Unión» dio su consentimiento a las negociaciones. Dado que la fisonomía de la «Unión» era muy indefinida y que en ella había aparecido una nueva corriente que tendía hacia el marxismo revolucionario, se podía esperar que un acuerdo de principios fuera posible. *Iskra* y *Sotsial-Demokrat* dieron de nuevo su consentimiento, tras lo cual se celebró la conferencia de Ginebra. El camarada Kruglov leyó al comienzo de nuestra sesión su resolución, sin hacer ninguna observación a la misma. Nadie de la «Unión» tomó la palabra para manifestarse contra la resolución.

Constatamos que en el número 10, *Rabócheie Dielo* rompió decididamente con las tradiciones del marxismo revolucionario y se pronunció contra el acuerdo de principios que había sido elaborado en la conferencia de Ginebra, con cuyas tendencias, evidentemente, está de acuerdo la «Unión».

En vista de todo ello, mi crítica estará dirigida contra la redacción de *Rabócheie Dielo*, y no contra toda la «Unión».

Comparemos la resolución de Ginebra con los artículos del número 10 de *Rabócheie Dielo*.

La resolución de Ginebra sorprende por su asombrosa minuciosidad y por subrayar puntos que se consideran comúnmente conocidos.

El punto 1 del acuerdo de principios reza: «Reconociendo los principios fundamentales del socialismo científico y actuando solidariamente con la socialdemocracia revolucionaria internacional, rechazamos toda tentativa de introducir el oportunismo en la lucha de clase del proletariado, tentativas que se han expresado en el llamado economismo, bernsteinianismo, milleranismo, etc.». Aquí se alude evidentemente a algo, es evidente que se desarrollaba una lucha entre el oportunismo y el marxismo revolucionario. Cualquiera que sea el contenido del número 10 de *Rabócheie Dielo*, en cualquier caso, no puede anular el hecho histórico de que se celebró la conferencia de Ginebra y de que la resolución por ella aprobada puede servir de base para la unificación. En su punto 3, por ejemplo, la resolución de Ginebra reconoce que la socialdemocracia debe asumir la hegemonía en la lucha por la democracia. Es evidente que también sobre este punto existían antes divergencias. En su afán por distanciarse del oportunismo, la resolución llega casi a lo extravagante. (Véase el punto «d» del parágrafo 5.) Por consiguiente, había también discrepancias incluso sobre cuestiones tan elementales. Ahora comparemos esta resolución con los artículos del número 10 de *Rabócheie Dielo*. Por desgracia, solo he dispuesto de 3 días para un conocimiento superficial de los mismos.

Estos artículos esclarecen detalladamente la diferencia en nuestros puntos de vista; contienen algunas indicaciones justas a *Zariá* y a *Iskra*, de las que haremos uso, pero no es esto lo que nos interesa ahora. Nos interesan los principios en que se fundamentan estos artículos. La posición de principios del número 10 de *Rabócheie Dielo* echa por tierra la posición adoptada en la conferencia de Ginebra por los delegados de la «Unión». La conciliación entre estas posiciones es imposible. Hay que poner al descubierto las divergencias que encierran, para saber sobre qué terreno está la «Unión», para saber si es posible la unificación ideológica sin la cual carece de sentido la unificación organizativa; esa unificación no la buscábamos ni podíamos buscarla. En las páginas 32 y 33 del número 10 de *Rabócheie Dielo*, el autor del artículo se muestra descontento por la contraposición entre la Montaña y la Gironda en la socialdemocracia internacional{90}. Observen la conferencia de Ginebra, ¿acaso no representa un choque entre la Montaña y la Gironda? ¿Acaso no representa *Iskra* la Montaña? ¿Acaso no dice *Iskra* ya en su primera declaración de la redacción que no desea ninguna unificación organizativa hasta el deslinde ideológico? En el número 10 de *Rabócheie Dielo* se dice que incluso los más recalcitrantes bernsteinianos se sitúan en el terreno de los intereses de clase. La resolución habla especialmente del bernsteinianismo; los miembros de la conferencia emplearon gran cantidad de trabajo en refutarlo, y he aquí que ahora en los artículos del número 10 de *Rabócheie Dielo* se repite lo viejo. ¿Es esto un desafío o una burla? ¡¿Para qué habremos montado todo este tinglado?! Es como si se burlaran del trabajo que hemos empleado en la elaboración de la base teórica. No debemos olvidar que sin una base ideológica común no puede plantearse la cuestión de la unificación. Luego, en ese mismo artículo, encontramos la promesa de ampliar aún más los límites de nuestras divergencias. Así, por ejemplo, en la página 33 el autor dice: «quizá nuestras divergencias se deriven de una interpretación diferente del marxismo». Repito una vez más, ¡¿para qué habremos montado todo este tinglado?!

El punto «c» del § 4 de la resolución de Ginebra habla de la necesidad de luchar contra todos los adversarios del marxismo revolucionario, y aquí nos dicen que quizá nosotros, en general, entendemos el marxismo de manera diferente.

Señalaré también que todo esto viene acompañado de disquisiciones sobre el perjuicio de constreñir el pensamiento, etc., es decir, precisamente de lo que hablan todos los bernsteinianos. De esto se habló ya en el Congreso de Lübeck{91}, de esto mismo machacan también los jaurèsistas{92}; los puntos del acuerdo, precisamente, no hablan de esto, ya que el acuerdo se logró sobre la base del marxismo revolucionario. Incluso las manifestaciones más débiles de criticismo conducirían a la ruptura total. Nos hemos reunido para hablar del contenido de las opiniones, y no de la libertad de opiniones. Las referencias a los ejemplos francés y alemán son completamente desafortunadas. Los alemanes ya han conseguido aquello por lo que nosotros aún luchamos. Ellos tienen una socialdemocracia única, a la que pertenece la hegemonía en la lucha política. Entre nosotros, la socialdemocracia no es aún el guía de los grupos revolucionarios; al contrario, entre nosotros se observa un resurgimiento de otras tendencias revolucionarias. En los artículos del número 10 de *Rabócheie Dielo* no solo no se advierte una ruptura completa de principios con el oportunismo, sino que hay incluso algo peor: una exaltación del predominio del movimiento espontáneo. No busco reparos en las palabras. Todos nosotros, los camaradas de *Iskra* y de *Sotsial-Demokrat* y yo, prestamos atención únicamente a las tendencias fundamentales de los artículos, pero estas palabras, como dicen los alemanes, *ins Gesicht schlagen*[136]. Y, sin embargo, respecto a estos puntos, la resolución de Ginebra es clara hasta la saciedad. El recién aparecido «Partido Obrero para la Liberación Política de Rusia»{93} entona las mismas notas que estas publicaciones.

Presten atención en el artículo a la famosa diferencia entre la táctica-plan y la táctica-proceso. El autor dice que la táctica-plan contradice el espíritu fundamental del marxismo revolucionario, y piensa que se puede hablar de una táctica-«proceso», por la que entiende el crecimiento de las tareas del partido, que crecen junto con el crecimiento del partido. En mi opinión, esto es simplemente una falta de deseo de dialogar. Hemos gastado tanto tiempo y trabajo en formular tareas políticas determinadas, en la conferencia de Ginebra se habló tanto de ellas. Y de repente, ahora nos hablan de «táctica-plan» y «táctica-proceso». Esto es, a mi juicio, un retorno al producto específicamente estrecho del bernsteinianismo de *Rabóchaya Mysl*, que afirmaba que solo se debe librar la lucha que es posible, y lo posible es lo que hay. Nosotros afirmamos que lo único que crece es la tergiversación del marxismo. La resolución de Ginebra dice que no es necesaria ninguna etapa previa para el paso a la agitación política, y de repente, tras esto, aparece un artículo en el que la «literatura de denuncia» se contrapone a la «lucha proletaria». Martýnov escribe acerca de los estudiantes y los liberales que ellos mismos, dice, pueden ocuparse de las reivindicaciones democráticas. Nosotros pensamos que toda la particularidad de la socialdemocracia rusa consiste en que la democracia liberal no ha tomado sobre sí la iniciativa de la lucha política. Si los liberales saben mejor por sí mismos lo que han de hacer y pueden hacerlo por sí mismos, entonces no tenemos nada que hacer. El autor del artículo llega hasta el extremo de suponer que el propio gobierno tomará medidas concretas y administrativas.

Sobre la cuestión del terror, como todos saben, surgieron ciertas divergencias en la conferencia de Ginebra. Después de ella, una parte de la «Unión», el Bund{94}, se pronunció decididamente en su congreso contra el terror. En cambio, en la página 23, el autor escribe que nosotros «no queremos oponernos al estado de ánimo terrorista». Esta es la declaración oportunista más tajante...[137]

---

Publicado por primera vez en 1946 en la cuarta edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo 5.

Se imprime según la transcripción del acta.