¡Querido Leiteisen!

Me he entrevistado con el señor al que usted reveló un secreto conspirativo de la Liga* y que está armando escándalo.

No puedo dejar de decir que usted ha cometido un error bastante grande.

En primer lugar, ¿por qué le habló de este señor** a personas que no son miembros de la Liga, a Leibov y a Vasserberg? El señor se queja de esto con especial amargura. Y tiene razón. La actitud de la Liga hacia terceras personas debe ser conocida solo por los miembros de la Liga. Creo que usted debería dar una buena reprimenda a ese Leibov y a Vasserberg y en adelante no otorgarles su confianza en tal medida: si ya consideró posible decírselo, ellos debían guardar silencio de manera incondicional.

En segundo lugar, ¿por qué no zanjó este asunto de inmediato, evitando con ello el viaje del señor a casa de G. V. y a la nuestra? Pues usted es una persona oficial, miembro de la administración. Por lo tanto, debía haber recibido del señor una u otra declaración suya y, tras discutir colegiadamente dicha declaración, darle la correspondiente respuesta del colegio. Debía usted haberle dicho al señor que con la Liga puede comunicarse solo a través de usted y que, por lo tanto, toda pretensión suya contra la Liga en general o contra uno de sus miembros en particular está obligado a presentársela a usted, y no tiene derecho a dirigirse con este asunto a una dirección improcedente (a G. V. o a nosotros).

A mi juicio, usted se ha apartado de los estatutos (que atribuyen directamente todas las reclamaciones a la gestión de la administración) y es culpable, además de indiscreción, de inacción del poder.

Bueno, está bien. No se enfade por la franqueza. Ahora l’incident est clos*. Nosotros, por supuesto, le dijimos a este señor lo siguiente: no le aconsejamos que se dirija a la Liga con una pregunta sobre usted (es decir, si la Liga confía en usted, etc.). Eso no es razón. La Liga no está obligada a responderle. Y usted haga lo siguiente: tome todas las medidas para el esclarecimiento del caso Ruma (en todas sus ramificaciones), recoja todos los testimonios de los testigos y diríjase a la Liga con la petición de que examine este asunto y publique los resultados de la investigación (es decir, la acusación de Ruma y, eventuellement**, la exculpación de los demás).

Él reconoció que solo así se puede proceder, y se puso a redactar él mismo su declaración. Si conoce todavía por lo menos a un testigo, tome también medidas para obtener testimonios.

Así pues, nuestra táctica ahora es: dentro de la Liga, por el momento, mantener reserva respecto al «señor». Pero ni fuera de la Liga, ni siquiera a los miembros de la Liga que estén lejos — ni una palabra de esto.

N’est-ce pas?***  
Suyo, Frei

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* Véase el presente tomo, págs. 150-151. (N. de la Red.)  
** Se refiere a A. Y. Finn-Yenotayevski. (N. de la Red.)  
* — el incidente está cerrado. (N. de la Red.)  
** — en caso necesario. (N. de la Red.)  
*** — ¿No es así? (N. de la Red.)

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Enviada de Múnich a París

Se publica por primera vez, según el manuscrito