En el número 12 de “Rabóchaya Mysl”, el Comité de San Petersburgo (Unión de Lucha) publicó una objeción a la nota aparecida en el número 1 de “Iskra” sobre el cisma en la “Unión de Socialdemócratas Rusos” en el extranjero. Lamentablemente, esta objeción elude cuidadosamente la esencia misma de la cuestión en disputa: con semejante sistema, la polémica nunca conduce al esclarecimiento del asunto. Hemos insistido e insistimos en que en la “Unión de Socialdemócratas Rusos” en el extranjero se produjo precisamente un cisma, que la “Unión” se escindió en dos partes después de que, en el congreso de 1900, se retirara una minoría considerable de miembros, entre ellos el grupo “Emancipación del Trabajo”, que había fundado la “Unión” y anteriormente había sido el editor de todas sus publicaciones. Después del cisma, ninguna de las partes puede ocupar el lugar que ocupaba la antigua “Unión” en su conjunto. El Comité de San Petersburgo no intenta refutar esta opinión, hablando (no se sabe por qué) únicamente de Plejánov y no de la organización “Socialdemócrata”, y dando a entender sólo indirectamente al lector que la Unión de Lucha de San Petersburgo niega, al parecer, el hecho del cisma y sigue considerando a una de las partes de la antigua “Unión” como el todo.

¿Para qué entablar una polémica si no se desea analizar en esencia la opinión del adversario y exponer directamente la propia?

Además. Hemos insistido e insistimos en que la causa fundamental (no el pretexto, sino la causa) del cisma fue una divergencia de principios, a saber: la escisión entre la socialdemocracia revolucionaria y la oportunista. Ya por este solo hecho, entre otras cosas, lo ocurrido en la “Unión de Socialdemócratas Rusos” en el extranjero no puede considerarse sino como un cisma de la antigua “Unión”. Preguntamos: ¿cómo considera esta cuestión el Comité de San Petersburgo? ¿Se decide a negar la existencia de una profunda divergencia de principios entre las dos partes de la antigua “Unión”? No lo sabemos, pues el Comité de San Petersburgo ha logrado escribir una “objeción” sin decir una sola palabra sobre esta cuestión fundamental. Y preguntamos una vez más a los camaradas de Petersburgo, y no sólo a los de Petersburgo: ¿no amenaza la polémica que elude la esencia del asunto con degenerar en la más desagradable riña? ¿Vale la pena siquiera iniciar una polémica si no se desea o se considera inoportuno analizar la cuestión en esencia y expresar la propia opinión con total precisión y sin reticencias?

“Iskra” nº 9, octubre de 1901.

Se publica según el texto del periódico “Iskra”.