## 1. Discurso del 21 de septiembre (4 de octubre)

*(grabación protocolaria)*

¡Camaradas!

Empezaremos por el punto del cual depende el éxito del congreso.

Como representante de «Iskra», considero necesario referirme a la historia de nuestras relaciones con otras organizaciones. Desde el principio, «Iskra» actuó con total independencia, reconociendo únicamente una vinculación ideológica con la socialdemocracia rusa, y lo hizo por encargo de numerosos camaradas de Rusia. Ya en su primer número, «Iskra» declaró que no se ocuparía de las divergencias organizativas surgidas en la «Unión de Socialdemócratas Rusos»{87}, y que concedía la mayor importancia a su posición de principios[135].

Una parte de los miembros de la «Unión» nos propuso una conferencia para llegar a un acuerdo con las organizaciones del extranjero. Interpretamos esta propuesta en el sentido de que en la «Unión» existe un grupo que comparte los principios que nosotros habíamos planteado, y que, por consiguiente, cabía esperar que la «Unión» los reconociera también. La organización revolucionaria «Socialdemócrata»{88}, a pesar de la existencia de divergencias organizativas al margen de las de principios, respondió afirmativamente. La «Unión», lamentablemente, se negó a negociar. Con la aparición del nuevo grupo de iniciadores{89}, la «Unión» dio su consentimiento a las negociaciones. Dado que la fisonomía de la «Unión» era muy indefinida y que en ella había surgido una nueva corriente que se orientaba hacia el marxismo revolucionario, cabía esperar que fuera posible un acuerdo de principios. «Iskra» y «Socialdemócrata» dieron nuevamente su consentimiento, tras lo cual se celebró la conferencia de Ginebra. El camarada Kruglov leyó al comienzo de nuestra sesión la resolución de dicha conferencia, sin hacer ningún comentario al respecto. Nadie de la «Unión» tomó la palabra para pronunciarse contra la resolución.

Constatamos que, en el número 10 de «Rábochеie Dielo», se ha roto de manera tajante con las tradiciones del marxismo revolucionario y se ha pronunciado en contra del acuerdo de principios que se había elaborado en la conferencia de Ginebra, con cuyas tendencias, evidentemente, está de acuerdo la «Unión».

En vista de todo ello, mi crítica irá dirigida contra la redacción de «R. D.», y no contra toda la «Unión».

Comparemos la resolución de Ginebra con los artículos del núm. 10 de «R. D.».

La resolución de Ginebra sorprende por su asombrosa minuciosidad y por subrayar puntos que se consideran de sobra conocidos.

El punto 1 del acuerdo de principios reza: «Reconociendo los principios fundamentales del socialismo científico y actuando en solidaridad con la socialdemocracia revolucionaria internacional, rechazamos todo intento de introducir el oportunismo en la lucha de clase del proletariado, intentos que se han manifestado en el llamado economismo, bernsteinianismo, milleranismo, etc.». Aquí, evidentemente, se alude a algo; es evidente que se ha librado una lucha entre el oportunismo y el marxismo revolucionario. Sea cual fuere el contenido del núm. 10 de «R. D.», en cualquier caso no puede anular el hecho histórico de que la conferencia de Ginebra se celebró y de que la resolución por ella aprobada puede servir de base para la unificación. En su tercer punto, por ejemplo, la resolución de Ginebra reconoce que la socialdemocracia debe asumir la hegemonía en la lucha por la democracia. Es evidente que también sobre este punto existían antes divergencias. En su afán por distanciarse del oportunismo, la resolución llega casi a lo curioso. (Véase el punto «d» del parágrafo 5.) Por consiguiente, también había discrepancias incluso sobre estas cuestiones elementales. Comparemos ahora esta resolución con los artículos del núm. 10 de «R. D.». Lamentablemente, sólo he dispuesto de 3 días para una lectura superficial de los mismos.

Estos artículos aclaran con detalle la diferencia de nuestros puntos de vista; contienen algunas indicaciones justas a «Zariá» e «Iskra», de las cuales nos valdremos, pero eso no es lo que nos interesa ahora. Nos interesan los principios que sirven de base a estos artículos. La posición de principios del núm. 10 de «R. D.» subvierte la posición adoptada en la conferencia de Ginebra por los delegados de la «Unión». La conciliación entre estas posiciones es imposible. Hay que poner al descubierto las divergencias que contienen, para saber en qué terreno se asienta la «Unión», para saber si es posible la unificación ideológica, sin la cual carece de sentido la unificación organizativa; una unificación así no la hemos buscado ni podríamos buscarla. En las páginas 32 y 33 del núm. 10 de «R. D.», el autor del artículo se muestra descontento con la contraposición entre la Montaña y la Gironda en la socialdemocracia internacional{90}. Fijaos en la conferencia de Ginebra: ¿acaso no representa un choque entre la Montaña y la Gironda? ¿Acaso «Iskra» no representa a la Montaña? ¿Acaso no dijo «Iskra» ya en su primera declaración de la redacción que no deseaba ninguna unificación organizativa hasta que no se produjera el deslinde ideológico? En el núm. 10 de «R. D.» se dice que incluso los bernsteinianos más empedernidos se sitúan en el terreno de los intereses de clase. La resolución habla expresamente del bernsteinianismo, los miembros de la conferencia invirtieron una cantidad enorme de trabajo en refutarlo, y he aquí que ahora, en los artículos del núm. 10 de «R. D.», se repite lo de siempre. ¿Qué es esto, un desafío o una burla? ¿Para qué montar todo este circo? Es como si la gente se burlara precisamente del trabajo que nosotros hemos empleado en la elaboración de la base teórica. No debemos olvidar que, sin una base ideológica común, no puede siquiera plantearse la cuestión de la unificación. Después, en ese mismo artículo, encontramos la promesa de ampliar aún más los límites de nuestras divergencias. Así, por ejemplo, en la pág. 33 el autor dice: «es posible que nuestras divergencias provengan de una interpretación diferente del marxismo». Repito una vez más, ¿para qué montar todo este circo?

El punto «c» del § 4 de la resolución de Ginebra habla de la necesidad de luchar contra todos los adversarios del marxismo revolucionario, y aquí se nos dice que quizás nosotros, en general, entendemos el marxismo de manera diferente.

Señalaré también que todo esto va acompañado de razonamientos sobre el perjuicio de encadenar el pensamiento, etc., es decir, precisamente de lo que hablan todos los bernsteinianos. De esto ya se habló en el Parteitag de Lübeck{91}, y de esto mismo no dejan de hablar los jaurésistas{92}; en cambio, los puntos del acuerdo no hablan precisamente de esto, ya que el acuerdo se alcanzó sobre la base justamente del marxismo revolucionario. Incluso las manifestaciones más débiles de criticismo habrían conducido a una ruptura total. Nos hemos reunido para hablar del contenido de las opiniones, y no de la libertad de opiniones. Las referencias a los ejemplos francés y alemán son totalmente desafortunadas. Los alemanes ya han alcanzado aquello por lo que nosotros aún luchamos. Ellos tienen una socialdemocracia única, a la que pertenece la hegemonía en la lucha política. Entre nosotros, en cambio, la socialdemocracia no es aún el guía de los grupos revolucionarios; al contrario, en nuestro país se observa una animación de otras tendencias revolucionarias. En los artículos del núm. 10 de «R. D.» no sólo no se advierte una ruptura completa de principios con el oportunismo, sino que hay incluso algo peor: una exaltación del predominio del movimiento espontáneo. No estoy haciendo una crítica de palabras. Todos nosotros, los camaradas de «Iskra» y de «Socialdemócrata», y yo, prestamos atención únicamente a las tendencias de fondo de los artículos, pero estas palabras, como dicen los alemanes, ins Gesicht schlagen[136]. Y sin embargo, a propósito de estos puntos, la resolución de Ginebra es sumamente clara. El recién aparecido «Partido Obrero de Liberación Política de Rusia»{93} entona las mismas notas que estas publicaciones.

Fijémonos en el artículo en la famosa diferencia entre la táctica-plan y la táctica-proceso. El autor afirma que la táctica-plan contradice el espíritu fundamental del marxismo revolucionario, y cree que se puede hablar de táctica-«proceso», entendiendo por tal el crecimiento de las tareas del partido, que aumentan a la par que el partido mismo. En mi opinión, esto es simplemente una falta de voluntad de dialogar. Hemos invertido tanto tiempo y trabajo en formular tareas políticas concretas, y en la conferencia de Ginebra se habló tanto de ellas. Y, de repente, ahora se nos habla de «táctica-plan» y «táctica-proceso». Esto es, a mi juicio, un retorno al producto específicamente estrecho del bernsteinianismo de «Rábochaia Mysl», que afirmaba que sólo hay que librar la lucha que es posible, y que la posible es la que ya existe. Nosotros afirmamos, en cambio, que lo único que crece es la tergiversación del marxismo. La resolución de Ginebra dice que no hace falta ninguna etapa para el paso a la agitación política, y de repente, después de esto, aparece un artículo en el que la «literatura de denuncia» se contrapone a la «lucha proletaria». Martýnov escribe sobre los estudiantes y los liberales, diciendo que ellos mismos pueden ocuparse de las reivindicaciones democráticas. Nosotros pensamos, por el contrario, que toda la particularidad de la socialdemocracia rusa reside en que la democracia liberal no ha tomado sobre sí la iniciativa de la lucha política. Si los liberales saben por sí mismos mejor lo que tienen que hacer y pueden hacerlo, entonces nosotros no tenemos nada que hacer. El autor del artículo llega al extremo de suponer que el propio gobierno adoptará medidas concretas y administrativas.

En cuanto a la cuestión del terror, como es de todos sabido, surgieron ciertas divergencias en la conferencia de Ginebra. Después de ella, una parte de la «Unión», el Bund{94}, se pronunció decididamente en su congreso contra el terror. En la página 23, en cambio, el autor escribe que «no queremos oponernos al estado de ánimo terrorista». Es la declaración oportunista más tajante…[137]

*Publicado por primera vez en 1946 en la 4ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo 5*

*Se publica según la grabación protocolaria*

## 2. Preguntas planteadas a la «Unión de Socialdemócratas Rusos» en el congreso «de unificación»

*21 de septiembre (4 de octubre) de 1901*

1. ¿Reconocen en principio las tres organizaciones la resolución de la conferencia de junio?

2. ¿Tiene la intención y puede la «Unión de Socialdemócratas Rusos» garantizar una orientación de la actividad literaria que hiciera imposibles las desviaciones carentes de principios y oportunistas del marxismo revolucionario, que siembran la confusión en las mentes, tan peligrosa para nuestro movimiento, que eliminara los coqueteos con el bernsteinianismo oculto y manifiesto y el servilismo ante las formas elementales y la espontaneidad del movimiento, las cuales conducen inevitablemente a convertir el movimiento obrero en un instrumento de la democracia burguesa?

*Publicado por primera vez en diciembre de 1901 en el folleto: «Documentos del congreso «de unificación»». Ginebra, ed. de la «Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa»*

*Se publica según el texto del folleto*