¡Qué asombrosa solicitud por los hambrientos muestra nuestro gobierno! ¡Qué larguísima circular (del 17 de agosto) ha emitido el ministro del Interior a los gobernadores de las provincias afectadas! Es toda una obra literaria de un volumen mayor que un pliego de imprenta ordinario, que expone por boca del Sr. Sipiaguin toda la política del gobierno en materia de abastecimiento. Con la publicación de esta obra se esperaba, evidentemente, causar impresión en la «sociedad»: he aquí, se diría, cuán solícitos somos, cómo nos apresuramos con las medidas de ayuda, cómo prevemos de antemano tanto la organización de las instituciones de abastecimiento como todos los tipos y aspectos de su actividad. Y no se puede dejar de reconocer que la circular del Ministerio del Interior produce realmente una impresión, y no solo por su extensión, sino también (si se tiene la paciencia de leerla hasta el final) por su contenido. La exposición sincera del programa gubernamental proporciona siempre la mejor arma para la agitación contra el gobierno zarista y, presentando nuestro más respetuoso agradecimiento al Sr. Sipiaguin, nos atrevemos a recomendar a los demás señores ministros que hablen más a menudo de su programa en circulares publicadas para conocimiento general.

Decíamos: si se tiene paciencia para leer la circular del Sr. Sipiaguin hasta el final. Para ello hace falta no poca paciencia, pues en sus tres cuartas partes… ¡qué digo! en sus nueve décimas partes, la circular está repleta de la habitual verborrea oficial. El rumiar cosas archisabidas y cientos de veces repetidas incluso en el «Código de Leyes», el andar con rodeos, la descripción minuciosa del ceremonial chino de relaciones entre mandarines, un magnífico estilo cancilleresco con períodos de 36 líneas y con «dichos» que hacen que a uno le duela la lengua rusa nativa: cuando se lee con atención este primor, uno se siente exactamente como en una comisaría de policía rusa, donde las paredes despiden un olor a rancio, de todas partes emana una especie de hedor específico, los funcionarios, ya solo por su aspecto y modales, son la personificación de la más insoportable morosidad, y las construcciones anexas que se vislumbran por la ventana recuerdan vívidamente la cámara de tortura.

Tres puntos principales atraen especialmente la atención en el nuevo programa gubernamental: en primer lugar, el reforzamiento del poder unipersonal de los funcionarios, la preocupación porque el espíritu burocrático y la disciplina de servicio se consoliden y se preserven de todo soplo de aire fresco; en segundo lugar, la determinación de las normas de socorro para los hambrientos, es decir, la indicación de en qué cantidad y cómo debe calcularse la cantidad de pan por familia «necesitada»; en tercer lugar, la expresión de un horror desesperado ante el hecho de que personas «no fiables», capaces de incitar al pueblo contra el gobierno, se lancen a ayudar a los hambrientos, y la adopción anticipada de medidas contra esta «agitación». Detengámonos con más detalle en cada uno de estos puntos.

Apenas ha pasado un año desde que el gobierno arrebató a los zemstvos la gestión de la cuestión alimentaria y la entregó en manos de los jefes de zemstvo y las asambleas de distrito (ley del 12 de junio de 1900). Y he aquí que, antes incluso de que esta ley haya entrado en vigor, ya es derogada por una simple circular. ¡Bastaron unas pocas comunicaciones de los gobernadores para perder la fe en la idoneidad de la ley! Esto muestra de la mejor manera posible qué valor tienen esas leyes que se cocinan como panqueques en los departamentos de Petersburgo, sin una discusión seria por parte de personas realmente competentes y capaces de expresar una opinión independiente, sin la intención seria de crear un orden que satisfaga mejor su objetivo, simplemente por la ambición de algún ministro advenedizo que desea distinguirse y mostrar cuanto antes su lealtad. ¡El zemstvo no es leal: arrebatémosle la cuestión alimentaria! Pero apenas se la han arrebatado, resulta que los jefes de zemstvo, e incluso las asambleas de distrito compuestas únicamente por funcionarios, parecen razonar todavía demasiado: entre los jefes de zemstvo se encontraban, probablemente, personas que tuvieron la estupidez de llamar hambre al hambre, que tuvieron la ingenuidad de pensar que hay que luchar contra el hambre, y no contra quienes quieren ayudar realmente a los hambrientos; en las asambleas de distrito, algunos funcionarios que no pertenecen al departamento del Ministerio del Interior revelaron, probablemente, una incomprensión similar de las verdaderas tareas de la «política interior». Y he aquí que, por una simple circular del ministro, se crea una nueva «administración central de distrito para la cuestión alimentaria»… sí, no es una errata: «administración central de distrito para la cuestión alimentaria», cuyo único cometido es no dejar pasar a las personas no fiables, los pensamientos no fiables, los actos no juiciosos en materia de abastecimiento. Por ejemplo, el ministro encuentra no juicioso y prohíbe elaborar «prematuramente» (es decir, no justo antes del reparto del pan) las listas de necesitados: ¡esto provoca en la población «esperanzas exageradas»! La «administración central de distrito para la cuestión alimentaria» se concentra en manos de una sola persona, y el ministerio recomienda para ello al mariscal de la nobleza del distrito. Y en efecto: está tan estrechamente vinculado al gobernador, desempeña tantas funciones policiales, que seguro sabrá comprender el verdadero espíritu de la política alimentaria. Y además es un gran terrateniente local, honrado con la confianza de todos los latifundistas. Una persona así entenderá seguramente mejor que nadie la profunda idea del ministro sobre la acción «desmoralizadora» de los subsidios que se dan a personas «que pueden arreglárselas» sin ellos. En cuanto a los poderes del gobernador, el ministro los recuerda desde el principio y repite muchas veces que el gobernador es responsable de todo, que todos deben obedecer al gobernador, que el gobernador debe saber tomar medidas «especiales», etc. Si ya hasta ahora el gobernador en la provincia rusa era un verdadero sátrapa, de cuya merced dependía la existencia de cualquier institución e incluso de cualquier persona en la provincia «confiada», ahora se crea un verdadero «estado de guerra» a este respecto. ¡Un extraordinario reforzamiento de los rigores, con motivo de la ayuda a los hambrientos! ¡Esto es muy a la rusa!

Pero el reforzamiento del rigor, el aumento de la vigilancia, todo esto requiere un aumento de los gastos en la maquinaria burocrática. Y el ministro no lo ha olvidado: a los señores mariscales de la nobleza de distrito u otras personas que dirijan la «administración central de distrito para la cuestión alimentaria» se les entregará, para compensar sus gastos, una «suma especial», «respecto a cuya cuantía —añade la circular en su dialecto 'especial'—, Vuestra Excelencia tendrá a bien dirigirse a mí con la correspondiente representación». Luego, para los «gastos de tramitación administrativa» de los consejos de distrito, 1000 rublos por una sola vez; para los medios de oficina de las juntas provinciales, de 1000 a 1500 rublos. Las oficinas serán las que más trabajen, todo el trabajo consistirá en papeleo: ¡cómo no ocuparse entonces de los medios para las oficinas! Ante todo, para las oficinas, y lo que sobre, para los hambrientos.

El Sr. Sipiaguin muestra una asombrosa perseverancia e inventiva en la búsqueda de medidas para reducir el subsidio a los hambrientos. Ante todo, exige que los gobernadores discutan qué distritos son «desfavorables en cuanto a la cosecha» (la decisión final sobre esta cuestión la tomará el propio ministerio: ¡ni siquiera a los gobernadores se les puede confiar que sepan evitar las «exageraciones»!). Y he aquí que se imparten instrucciones sobre cuándo no se debe considerar desfavorable un distrito: 1) cuando no ha sufrido más de una tercera parte de los volosts; 2) cuando la escasez de pan es habitual y el pan se compra año tras año mediante el trabajo; 3) cuando faltan medios locales para otorgar subsidios. Vemos ya aquí una pequeña muestra de la solución burocrática de los problemas alimentarios: ¡un mismo rasero para todos! Cuán grande sea la población en una tercera parte de los volosts, cuán gravemente hayan sufrido, si no han caído los «jornales» habituales en un año de la más profunda crisis industrial: ¡todas estas son cuestiones ociosas después de las tajantes «prescripciones» ministeriales! Pero esto es solo el principio, lo peor vendrá después. La clave está en a quién considerar necesitado y en qué cantidad otorgar los subsidios. El Sr. Sipiaguin recomienda el siguiente «cálculo aproximado», que «rara vez resulta exagerado de algún modo significativo» (¡tememos por encima de todo las exageraciones; tememos las esperanzas exageradas, tememos los préstamos exagerados! Tanto el hambre como el desempleo no son más que «exageraciones»: tal es el claro sentido de todos los razonamientos ministeriales). En primer lugar, mediante una trilla de prueba se determina la «cosecha media por desiatina en cada aldea» y luego la magnitud total de la siembra de cada agricultor. ¿Por qué no determinar también la magnitud de las cosechas de los agricultores de diferentes niveles de renta? Las cosechas de los campesinos pobres son más bajas, y la determinación de la cosecha «media» es desventajosa precisamente para los necesitados. En segundo lugar, no se considera necesitado a quien le correspondan no menos de 48 puds de pan al año por familia (contando 12 puds por cada uno de los tres adultos y 6 puds por cada uno de los dos niños). Este es el cálculo del kulak más mezquino: en un año normal, incluso los campesinos más pobres consumen pan no por valor de 48, sino de 80 puds al año por familia de 6-5 personas, como se sabe por las descripciones de la economía campesina; y el campesino medio consume en un año normal 110 puds de pan por familia de 5 personas. Es decir, el gobierno zarista reduce a la mitad la cantidad de pan realmente necesaria para el abastecimiento. En tercer lugar, «esta cantidad» (es decir, 48 puds por familia) —dice la circular— «se reduce a la mitad, en vista de que el elemento trabajador constituye alrededor del 50 % de la población». El gobierno insiste firmemente en su regla de que la población trabajadora no debe recibir préstamo, pues puede ganárselo. Pero si el ministro ya prescribió una vez no considerar desfavorables aquellos distritos donde hay jornales habituales, ¿por qué excluir por segunda vez del subsidio a la población trabajadora? ¡Si es sabido por todos que en el presente año no solo no hay jornales extraordinarios, sino que los jornales habituales han caído todos con motivo de la crisis! ¡Si el propio gobierno ha expulsado de las ciudades a las aldeas a decenas de miles de obreros desempleados! ¡Si la experiencia de las hambrunas anteriores ha demostrado que la exclusión de la población trabajadora lleva únicamente a dividir el préstamo insuficiente entre niños y adultos! No, el refrán «no se sacan dos pieles de un mismo buey» sería aún demasiado halagador para el Ministerio del Interior, ¡que en dos tandas excluye del número de necesitados a todos los capacitados para el trabajo! En cuarto lugar, esta cantidad, reducida a la mitad, de un subsidio ya de por sí completamente insuficiente, se reduce además en 1/3, 1/5 o 1/10 «en consideración al número aproximado de agricultores acomodados que tienen reservas del año anterior o algún tipo de holgura material». ¡Esta ya es la tercera piel del mismo buey! ¿Qué otra «holgura» o «reserva» puede tener un campesino que no ha cosechado más de 48 puds de pan por familia? Todo tipo de otros ingresos han sido contabilizados ya dos veces, y además, no se puede subsistir solo con pan, incluso el campesino ruso, a pesar de la miseria a la que lo ha llevado la política del gobierno, la opresión del capital y de los terratenientes. Es necesario el gasto también en combustible, en la reparación de la casa, en ropa, en comida aparte del pan. En un año normal, incluso los campesinos más pobres, como se sabe por las descripciones científicas de la economía campesina, gastan más de la mitad de sus ingresos en otras necesidades además del pan. Si se toma todo esto en consideración, resultará que el ministro determina la necesidad de ayuda en una cantidad cuatro o cinco veces menor que la necesidad real. Esto no es lucha contra el hambre, sino lucha contra quienes quieren ayudar realmente a los hambrientos.

Y la circular termina con una campaña directa contra los benefactores privados. No pocas veces se ha puesto de manifiesto —truena el Sr. Sipiaguin— que ciertos benefactores se esfuerzan por suscitar en la población «el descontento con el orden existente y una exigencia injustificada hacia el gobierno», realizan una «agitación antigubernamental», etc. Estas son acusaciones, en esencia, directamente mentirosas. Se sabe que en 1891 se distribuyeron proclamas de los «bienhechores de los campesinos», proclamas que señalaban justamente al pueblo a su verdadero enemigo; probablemente hubo también otros intentos de agitación sobre la base del hambre. Pero no hubo ni un solo hecho de que los revolucionarios hicieran agitación encubriéndose con la beneficencia. La masa de los benefactores —es un hecho indudable— fueron solo benefactores, y si el Sr. Sipiaguin alega que muchos de ellos son «personas con un pasado político no intachable», pues bien, ¿quién entre nosotros tiene ahora un «pasado intachable»? ¡Incluso las «personas de alto rango» rindieron tributo muy a menudo en su juventud al movimiento democrático general! No queremos decir, por supuesto, que la agitación contra el gobierno sobre la base del hambre sea ilícita o siquiera indeseable. Al contrario, la agitación es necesaria siempre y, en particular, durante el hambre. Queremos decir solo que el Sr. Sipiaguin inventa patrañas, esforzándose por presentar sus miedos y temores como resultado de la experiencia. Queremos decir que las palabras del Sr. Sipiaguin demuestran únicamente una vieja verdad: el gobierno policial teme todo contacto con el pueblo de una intelectualidad medianamente independiente y honesta, teme toda palabra veraz y audaz dirigida directamente al pueblo, sospecha —y sospecha con toda razón— que la sola preocupación por la satisfacción real (y no ficticia) de la necesidad equivaldrá a una agitación contra el gobierno, pues el pueblo ve que los benefactores privados desean sinceramente ayudarle, mientras que los funcionarios del zar lo impiden, recortan la ayuda, disminuyen las dimensiones de la necesidad, dificultan la organización de comedores, etc. Ahora, la nueva circular exige directamente «someter al control de las autoridades» todas las donaciones e invitaciones a donar, toda organización de comedores; exige que todos los que lleguen «se presenten» al gobernador, elijan a sus ayudantes solo con su permiso, ¡y le rindan cuentas a él de su actividad! ¡Quien quiera ayudar, que se someta a los funcionarios policiales y al sistema policial de todo tipo de recortes de la ayuda y de reducciones desvergonzadas de los subsidios! Quien no quiera someterse a esta vileza, que no ose ayudar: en esto consiste toda la esencia de la política del gobierno. El Sr. Sipiaguin clama que del hambre «se aprovechan con gusto personas no fiables en el sentido político para sus fines criminales bajo la máscara de la ayuda al prójimo», y tras él toda la prensa reaccionaria repite este clamor (por ejemplo, «Moskovskie Védomosti»). ¡Qué horror! ¡Aprovecharse de la necesidad popular para la «política»! En realidad, es horrible, por el contrario, el hecho de que en Rusia toda actividad, incluso la más alejada de la política, la actividad filantrópica (benéfica), conduce inevitablemente al choque de las personas independientes con la arbitrariedad policial y con las medidas de «represión», «prohibición», «restricción», etc., etc. Es horrible el hecho de que el gobierno encubra con consideraciones de alta política sus ansias de Judas de quitar el bocado al hambriento, de reducir cinco veces la cuantía de los subsidios, ¡de prohibir a todos, excepto a los funcionarios policiales, acercarse a los que mueren de hambre! Y repetimos una vez más el llamamiento hecho ya por «Iskra»: ¡abrir una campaña de denuncia contra la campaña de abastecimiento del gobierno policial, desenmascarar en la prensa libre no censurada todas las infamias de los sátrapas locales, toda la táctica egoísta de recorte de los subsidios, toda la mezquindad e insuficiencia de la ayuda, la lamentable minimización del hambre y la vergonzosa lucha contra aquellos que quieren ayudar a los hambrientos! Aconsejamos a todos los que tengan al menos una gota de sincera simpatía por la calamidad popular que se preocupen de difundir entre el pueblo el conocimiento del verdadero sentido y significado de la circular ministerial. Pues solo por la infinita ignorancia del pueblo se puede explicar que circulares semejantes no provoquen de inmediato una indignación general. ¡Y que los obreros conscientes, que son los más cercanos tanto al campesinado como a las masas urbanas poco desarrolladas, tomen la iniciativa en la tarea de desenmascarar al gobierno!

«Iskra» nº 9, octubre de 1901.

Se publica según el texto del periódico «Iskra».