La socialdemocracia rusa ha declarado ya en más de una ocasión que la tarea política inmediata del partido obrero ruso debe ser el derrocamiento de la autocracia, la conquista de la libertad política. Así lo manifestaron hace más de quince años los representantes de la socialdemocracia rusa, los miembros del grupo «Emancipación del Trabajo», y así lo declararon hace dos años y medio los representantes de las organizaciones socialdemócratas rusas que fundaron en la primavera de 1898 el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Pero, a pesar de estas reiteradas declaraciones, la cuestión de las tareas políticas de la socialdemocracia en Rusia vuelve a plantearse hoy. Muchos representantes de nuestro movimiento expresan dudas sobre la justeza de la solución señalada. Se dice que la lucha económica tiene una importancia predominante, se relegan a un segundo plano las tareas políticas del proletariado, se reducen y limitan dichas tareas, llegándose incluso a afirmar que hablar de la formación de un partido obrero independiente en Rusia no es más que una repetición de palabras ajenas, que los obreros deben limitarse a la lucha económica, dejando la política a los intelectuales en alianza con los liberales. Esta última declaración del nuevo credo (el famoso «Credo») equivale ya directamente a considerar al proletariado ruso como menor de edad y a negar por completo el programa socialdemócrata. Y «Rabóchaya Mysl» (sobre todo en su «Suplemento especial») se ha pronunciado en esencia en el mismo sentido. La socialdemocracia rusa atraviesa un período de vacilaciones, de dudas que llegan hasta la autonegación. Por un lado, el movimiento obrero se desgaja del socialismo: se ayuda a los obreros a llevar a cabo la lucha económica, pero no se les explica en absoluto, o se les explica de manera insuficiente, los fines socialistas y las tareas políticas de todo el movimiento en su conjunto. Por otro lado, el socialismo se desgaja del movimiento obrero: los socialistas rusos vuelven a hablar cada vez más de que la lucha contra el gobierno debe ser llevada a cabo únicamente por las fuerzas de la intelectualidad, pues los obreros se limitan exclusivamente a la lucha económica.

Tres tipos de circunstancias han preparado, a nuestro juicio, el terreno para estos lamentables fenómenos. En primer lugar, al comienzo de su actividad, los socialdemócratas rusos se limitaban a la labor de propaganda en círculos reducidos. Al pasar a la agitación entre las masas, no siempre pudimos evitar caer en el otro extremo. En segundo lugar, al comienzo de nuestra actividad tuvimos que defender con mucha frecuencia nuestro derecho a la existencia en la lucha contra los narodovoltsi, quienes entendían por «política» una actividad desligada del movimiento obrero y reducían la política únicamente a la lucha conspirativa. Al rechazar esa política, los socialdemócratas caían en el extremo de relegar a un segundo plano la política en general. En tercer lugar, actuando de manera dispersa en pequeños círculos obreros locales, los socialdemócratas no prestaban suficiente atención a la necesidad de organizar un partido revolucionario que unificara toda la actividad de los grupos locales y permitiera plantear correctamente la labor revolucionaria. Y el predominio del trabajo disperso está vinculado de manera natural al predominio de la lucha económica.

Todas estas circunstancias señaladas engendraron una fascinación por un solo aspecto del movimiento. La corriente «economicista» (en la medida en que aquí pueda hablarse de «corriente») originó intentos de erigir esta estrechez en una teoría especial, intentos de aprovechar para este fin la bernsteiniada de moda, la «crítica del marxismo» de moda, que introduce viejas ideas burguesas bajo una nueva bandera. Sólo estos intentos crearon el peligro de debilitar la ligazón entre el movimiento obrero ruso y la socialdemocracia rusa como luchador de vanguardia por la libertad política. Y la tarea más imperiosa e inmediata de nuestro movimiento consiste en el fortalecimiento de este vínculo.

La socialdemocracia es la unión del movimiento obrero con el socialismo; su tarea no es el servicio pasivo al movimiento obrero en cada una de sus etapas aisladas, sino la representación de los intereses de todo el movimiento en su conjunto, la indicación a este movimiento de su fin último, de sus tareas políticas, la salvaguarda de su independencia política e ideológica. Desgajado de la socialdemocracia, el movimiento obrero se empequeñece e inevitablemente cae en el aburguesamiento: al llevar a cabo únicamente la lucha económica, la clase obrera pierde su independencia política, se convierte en la cola de otros partidos, traiciona el gran precepto: «la emancipación de los obreros debe ser obra de los obreros mismos»{108}. En todos los países hubo un período en que el movimiento obrero y el socialismo existieron separados uno del otro y siguieron caminos distintos; y en todos los países tal desgajamiento condujo a la debilidad del socialismo y del movimiento obrero; en todos los países, sólo la unión del socialismo con el movimiento obrero creó una base sólida tanto para uno como para el otro. Pero en cada país esta unión del socialismo con el movimiento obrero se fue forjando históricamente, se fue forjando por un camino peculiar, en dependencia de las condiciones de lugar y tiempo. En Rusia, la necesidad de la unión del socialismo y del movimiento obrero fue proclamada teóricamente hace ya mucho tiempo, pero en la práctica esta unión se está forjando sólo ahora. El proceso de esta forja es un proceso muy difícil, y nada tiene de particular que vaya acompañado de diversas vacilaciones y dudas.

¿Cuál es, pues, la lección que para nosotros se desprende del pasado?

La historia de todo el socialismo ruso ha conducido a que su tarea más perentoria resulte ser la lucha contra el gobierno autocrático, la conquista de la libertad política; nuestro movimiento socialista se ha concentrado, por así decirlo, en la lucha contra la autocracia. Por otro lado, la historia ha mostrado que en Rusia el desgajamiento del pensamiento socialista respecto a los representantes avanzados de las clases trabajadoras es mucho mayor que en otros países y que, con semejante desgajamiento, el movimiento revolucionario ruso está condenado a la impotencia. De aquí se desprende por sí misma la tarea que la socialdemocracia rusa está llamada a realizar: introducir las ideas socialistas y la autoconciencia política en la masa del proletariado y organizar un partido revolucionario indisolublemente ligado al movimiento obrero espontáneo. Mucho se ha hecho ya en este sentido por la socialdemocracia rusa; pero queda aún mucho más por hacer. A medida que crece el movimiento, el campo de actividad de la socialdemocracia se hace cada vez más amplio, la labor más diversificada, un número cada vez mayor de militantes del movimiento concentran sus fuerzas en la realización de diversas tareas parciales que surgen de las necesidades cotidianas de la propaganda y la agitación. Este fenómeno es completamente legítimo e inevitable, pero obliga a prestar especial atención a que las tareas parciales de la actividad y los procedimientos aislados de lucha no sean erigidos en algo autosuficiente, a que la labor preparatoria no sea elevada al rango de labor principal y única.

Contribuir al desarrollo político y a la organización política de la clase obrera es nuestra principal y fundamental tarea. Todo el que relega esta tarea a un segundo plano, quien no le subordina todas las tareas parciales y los procedimientos aislados de lucha, emprende un camino falso y causa un grave perjuicio al movimiento. La relegan, en primer lugar, quienes llaman a los revolucionarios a luchar contra el gobierno con las fuerzas de círculos conspirativos aislados, desgajados del movimiento obrero. Relegan esta tarea, en segundo lugar, quienes reducen el contenido y el alcance de la propaganda, la agitación y la organización políticas, quienes consideran posible y oportuno obsequiar a los obreros con «política» sólo en momentos excepcionales de su vida, sólo en ocasiones solemnes, quienes cambian con excesiva solicitud la lucha política contra la autocracia por la reivindicación de concesiones aisladas de la autocracia y no se preocupan lo bastante por elevar estas reivindicaciones de concesiones aisladas a la lucha sistemática e implacable de un partido obrero revolucionario contra la autocracia.

«¡Organizaos!», repite a los obreros de diversas maneras el periódico «Rabóchaya Mysl», repiten todos los partidarios de la corriente «economicista». Y nosotros, por supuesto, nos sumamos por completo a esta llamada, pero añadimos indefectiblemente: organizaos no sólo en sociedades de ayuda mutua, cajas de resistencia y círculos obreros, organizaos también en un partido político, organizaos para la lucha decidida contra el gobierno autocrático y contra toda la sociedad capitalista. Sin una organización semejante, el proletariado no es capaz de elevarse hasta la lucha consciente de clase; sin una organización así, el movimiento obrero está condenado a la impotencia, y sólo con cajas, círculos y sociedades de ayuda mutua la clase obrera no conseguirá jamás cumplir la gran tarea histórica que descansa sobre sus hombros: liberarse a sí misma y a todo el pueblo ruso de su esclavitud política y económica. Ninguna clase en la historia ha alcanzado el dominio si no ha destacado a sus jefes políticos, a sus representantes avanzados, capaces de organizar el movimiento y dirigirlo. Y la clase obrera rusa ya ha demostrado que es capaz de destacar a tales hombres: la lucha de los obreros rusos, ampliamente extendida en los últimos 5-6 años, ha mostrado cuántas fuerzas revolucionarias se ocultan en la clase obrera, cómo las más desesperadas persecuciones gubernamentales no disminuyen, sino que aumentan el número de obreros que aspiran al socialismo, a la conciencia política y a la lucha política. El congreso de nuestros camaradas en 1898 planteó certeramente la tarea, y no repitió palabras ajenas, ni expresó únicamente una fascinación de los «intelectuales»… Y debemos emprender con decisión la realización de estas tareas, poniendo a la orden del día la cuestión del programa, de la organización y de la táctica del partido. Cómo consideramos las tesis fundamentales de nuestro programa, ya lo hemos dicho, y no es éste, por supuesto, el lugar para desarrollar detalladamente dichas tesis. A los problemas de organización tenemos la intención de dedicar una serie de artículos en los próximos números. Éstas son unas de nuestras cuestiones más candentes. En este sentido, estamos muy rezagados respecto a los viejos militantes del movimiento revolucionario ruso; debemos reconocer directamente esta carencia y orientar nuestras fuerzas a la elaboración de un planteamiento más conspirativo del trabajo, a la propaganda sistemática de las reglas de actuación, de los procedimientos para engañar a los gendarmes y sortear las redes de la policía. Debemos preparar a personas que dediquen a la revolución no sólo sus veladas libres, sino toda su vida; debemos preparar una organización lo suficientemente grande como para que se pueda implantar en ella una estricta división del trabajo entre los diversos tipos de nuestra labor. En cuanto a las cuestiones de táctica, nos limitaremos aquí a lo siguiente: la socialdemocracia no se ata las manos, no reduce su actividad a un único plan o procedimiento de lucha política previamente concebido; reconoce todos los medios de lucha, siempre que correspondan a las fuerzas reales del partido y den la posibilidad de alcanzar los mayores resultados que sean alcanzables en las condiciones dadas. Con un partido sólidamente organizado, una huelga aislada puede transformarse en una manifestación política, en una victoria política sobre el gobierno. Con un partido sólidamente organizado, una insurrección en una localidad aislada puede desarrollarse hasta convertirse en una revolución victoriosa. Debemos recordar que la lucha contra el gobierno por reivindicaciones aisladas, la conquista de concesiones aisladas, no son más que pequeñas escaramuzas con el enemigo, pequeños choques en los puestos avanzados, mientras que la batalla decisiva está aún por delante. Ante nosotros se alza, con toda su fuerza, la fortaleza enemiga, desde la cual nos llueven nubes de proyectiles y balas que siegan a los mejores combatientes. Debemos tomar esta fortaleza, y la tomaremos si unimos todas las fuerzas del proletariado que despierta con todas las fuerzas de los revolucionarios rusos en un solo partido, hacia el cual se sentirá atraído todo lo vivo y honesto que hay en Rusia. Sólo entonces se cumplirá la gran profecía del obrero revolucionario ruso Piotr Alexéiev: «¡Se alzará el musculoso brazo de millones de trabajadores, y el yugo del despotismo, protegido por las bayonetas de los soldados, se hará añicos!»{109}.

Escrito en octubre – principios de noviembre de 1900.

Publicado en diciembre de 1900 en el periódico «Iskra» N.º 1

Se reproduce según el texto del periódico.