Le envío el artículo de Byvaly para aquella limpieza y las correcciones que usted ha señalado. Por supuesto, se pueden hacer correcciones; por favor, hágalo con todos los artículos, anotando con lápiz directamente en el manuscrito o en hojas aparte. Si usted quiere, puedo ponerme luego en contacto con Byvaly respecto a esas enmiendas; es probable que no se obstine, y si lo hace, habrá que discutirlo y elegir: tomarlo como nos lo dan o no tomarlo. Pero de ninguna manera puedo estar de acuerdo con su propuesta de suprimir la mención del folleto de Bájariev, y no tanto porque eso resultaría sumamente desagradable para el autor, sino porque yo también considero útil el folleto de Bájariev (a pesar de sus defectos), ya que plantea un problema realmente importante y, en términos generales, lo resuelve acertadamente. Byvaly escribe no solo sobre lo viejo, sino también sobre lo nuevo; si en la década de 1870 los revolucionarios serios no necesitaban folletos semejantes, nosotros ahora los necesitamos indudablemente, y pensábamos sin falta publicar sobre él (a ser posible en el periódico, pero no en el núm. 1) una nota crítica, pero aprobatoria. La incorporación al movimiento de las masas de jóvenes obreros e intelectuales muy inexpertos, su olvido casi total o, mejor dicho, su desconocimiento de cómo y qué sucedió en el pasado, la falta de una organización de revolucionarios «fogueados», todo esto hace necesario que aparezcan folletos sobre las normas de conducta para los socialistas. Los polacos tienen un folleto de ese tipo*, que, según parece, es mucho más sustancioso que el de Bájariev. Vera Ivánovna está de acuerdo en que no debe suprimirse la mención de Bájariev. En determinadas condiciones, si usted lo considera útil, ¿no sería quizá oportuno discutir en las páginas de la revista la posible importancia de esos folletos? Destinamos el artículo de Byvaly a la revista, no al periódico. Vera Ivánovna dice que nuestro periódico resulta estar un escalón por debajo del nivel de lectores al que está destinado, de lo que usted probablemente supone. En general, Vera Ivánovna está bastante descontenta con el periódico: dice que es del tipo de «Rabócheie Dielo», solo que más literario, más peinado... He enviado un artículo a Pável Borísovich pidiéndole que se lo remita a usted. Sería del todo inconveniente abreviar y recortar la cuestión de la resolución de Kautsky para ajustarla a las dimensiones de un artículo de periódico, y he ahí por qué querríamos publicar en la revista su pequeño artículo o nota sobre este problema. ¿O tal vez piensa usted limitarse a poquísimo? Es probable que incluso una nota sobre esto necesite unas 10 páginas impresas, es decir, unos 20.000 caracteres, si no más. En cuanto a Soloviov, confieso que pensé que usted tendría el deseo de escribir una nota. Puttman difícilmente se encargará de ello; le escribiré, pero casi no tengo esperanzas. Vera Ivánovna está dispuesta a escribir sobre los decembristas, pero ¿y los materiales? Escribiremos enseguida para que envíen lo que se pueda. Quizá también usted indique qué sería especialmente importante tener para este trabajo. Quizá sean especialmente importantes las revistas históricas, que aquí no se pueden conseguir. Gúrevich escribe para la revista un largo artículo sobre los asuntos franceses, y para el periódico, sobre el congreso nacional. Sobre el congreso internacional querían escribir Góldendaj o Najamkis, pero al final no escribieron. Envíe, por favor, su artículo «Socialismo y lucha política» (puede ser a la misma dirección de Lehmann, por correo certificado); no creo que a causa de la crítica camaraderil el artículo pueda no gustar a Alekséi, quien, según recuerdo, me dijo que reconocía la justeza de las objeciones de Pável Borísovich. Las hojas sueltas las volveremos a numerar (si no están numeradas), y difícilmente las perderán los linotipistas: ellos siempre tratan con hojas sueltas, también en nuestro periódico, y hasta ahora no las han perdido. La cuestión del «responsable» al parecer se resolverá pasado mañana; por lo visto, favorablemente (hoy he recibido noticia de dos consentimientos; mañana espero comunicaciones sustanciales), y pensamos que, de todos modos, no podremos prescindir (al menos para empezar) de la ayuda de Blumenfeld, a quien Dietz aceptaba tomar como linotipista y que pondría en marcha el asunto, instruiría a los alemanes, etc. En cuanto todo quede definitivamente aclarado, le escribiré o telegrafiaré de inmediato. En cuanto a su artículo «Una vez más, etc.», me gustaría mucho tenerlo cuanto antes, ya que es posible que haya que entregarlo de inmediato a la composición.

Contra «Rabóchaya Mysl» —en realidad, solo contra el artículo «Nuestra realidad» del «Suplemento separado»— escribí hace ya un año el artículo «Una tendencia retrógrada en la socialdemocracia rusa»*; ahora me lo han enviado aquí y pienso rehacerlo para la revista añadiendo algo contra «Rabócheie Dielo».

No acabo de imaginar a qué «último número» de «Rabóchaya Mysl» se refiere usted. El último número del periódico fue el núm. 8 («desde la página 5» nueva redacción), donde, entre otras cosas, se imprime una retractación de los famosos paralelos al final del artículo sobre Chernyshevski, inserto en el «Suplemento separado». ¿Es a eso a lo que usted se refiere?

Consideraría útil la nota «¿Hasta dónde han llegado?» 67, aunque ahora dudo de la «belicosidad» de «Rabóchaya Mysl»: quieren dar, de todos modos, algunos pasos «hacia nosotros» (passez moi le mot**), y habría que esforzarse por considerarlos verbesserungsfähig***. Pero claro, el ataque ha de producirse de todos modos: sin ataque son incorregibles. Hace poco me carteé con mi vieja compañera de la Unión 68, Vetrínskaia, y le dije que me sumaba a las palabras de Alekséi: «usted y yo tendremos que luchar». «Luchen, si no les da vergüenza», respondió ella a Alekséi. Yo escribí que a mí no me daba ninguna vergüenza****.

Quería conversar con usted también sobre la corriente economicista y las opiniones de Alekséi, pero ya es muy tarde y me limitaré a un par de palabras: la corriente economicista, por supuesto, siempre ha sido un error, pero esa corriente es aún muy joven, y la afición a la agitación «económica» existió (y existe en algunos sitios) incluso sin dicha corriente, y fue compañera legítima e inevitable del paso adelante en aquella situación de nuestro movimiento que se daba en Rusia a finales de los años 80 o principios de los 90. Aquella situación era tan mortífera que usted seguramente ni se la imagina, y no se puede condenar a las personas que, al salir penosamente de ella, tropezaban. Cierta estrechez fue necesaria y legítima para los fines de aquel penoso salir; lo fue, pero cuando se la empezó a elevar a teoría y a vincular con el bernsteinianismo, la cosa, desde luego, cambió radicalmente. La naturalidad de la afición por la agitación «económica» y el servicio al movimiento «de masas», según recuerdo, la reconoció también usted en «Nuevo Rumbo», escrito en 1896, cuando el economismo de Vilna ya estaba a l’ordre du jour*, y el de Petersburgo nacía y se configuraba.

Un fuerte apretón de manos y le ruego no se queje del desorden de la carta.

Suyo, Petroff

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Escrito el 9 de noviembre de 1900.

Enviado de Múnich a Ginebra

Publicado por primera vez en 1956 en la revista «Komunist», núm. 16

Se reproduce según el manuscrito

* Véase Obras Completas, 5.ª ed., t. 4, págs. 240-273. (N. de la Red.)
** — disculpe que me exprese así. (N. de la Red.)
*** — corregibles, no desahuciados. (N. de la Red.)
**** Véase el presente tomo, pág. 55. (N. de la Red.)
* — al orden del día. (N. de la Red.)