Hoy recibí su carta, querido Gueorgui Valentínovich, y le he enviado ahora mismo por correo certificado 1) el artículo «¿Qué ha sucedido?» de Puttman; 2) el artículo de Byvaly y 3) el artículo de D. Koltsov sobre el Congreso de París de 1864.

Este último artículo, V[era] Ivánovna lo ha encontrado completamente inadecuado, y yo comparto plenamente su opinión: el artículo no es interesante, no es en absoluto apropiado para la revista (tanto más cuanto que usted escribirá sobre Millerand), y para el periódico resulta desmesuradamente largo. Contiene entre 22.000 y 27.000 caracteres, mientras que el periódico necesita una nota de unos 6.000 a 9.000 caracteres, o poco más.

Por eso pensábamos pedir a Rakovski que escribiera un articulito de ese tamaño para el periódico, y rechazar el artículo de Koltsov. Decidimos enviárselo a usted, tanto más cuanto que pensaba responder a Rakovski: haga lo que le parezca más conveniente: rechace el artículo de Koltsov y encargue uno a Rakovski, o bien encomiende a Koltsov, bajo su dirección, la reelaboración y reducción del artículo. Nos parece más probable que opte por el primer camino, en cuyo caso puede, por supuesto, remitir a nosotros ante Koltsov, y nosotros mismos podremos escribirle en cuanto recibamos su respuesta.

Le envío el artículo de Byvaly para aquella lima y algunas correcciones que usted había señalado. Por supuesto, se puede corregir; le ruego lo haga con todos los artículos, anotando a lápiz directamente en el manuscrito o en hojas aparte. Si quiere, puedo yo luego ponerme de acuerdo con Byvaly sobre esas correcciones; probablemente no se obstinará, y si lo hace, habrá que discutirlo y decidir: tomarlo como lo entregan, o no tomarlo. Lo que de ningún modo puedo aceptar es su propuesta de eliminar la mención al folleto de Bájarev, y no tanto porque ello resultaría sumamente desagradable para el autor, sino porque yo también considero que el folleto de Bájarev es útil (pese a sus defectos), que plantea una cuestión realmente importante y, en conjunto, la resuelve correctamente. Byvaly no escribe solo de lo viejo, sino también de lo nuevo; si en la década de 1870 los revolucionarios serios no necesitaban folletos de ese tipo, nosotros, ahora, indudablemente los necesitamos, y pensábamos sin falta publicar sobre él (en el periódico quizás, pero no en el n.º 1) una nota crítica, pero aprobatoria. La incorporación al movimiento de masas de una juventud obrera e intelectual muy joven, su casi total olvido, o más bien desconocimiento, de cómo y qué sucedía en el pasado, la falta de una organización de revolucionarios «avezados»: todo ello hace necesario el que surjan folletos sobre las reglas de conducta para los socialistas. Los polacos tienen uno de esos folletos*, que parece mucho más sustancioso que el de Bájarev. Vera Ivánovna está de acuerdo en que no se debe eliminar la mención a Bájarev. En determinadas condiciones, si usted lo considera útil, quizás no sería inoportuno discutir en las páginas de la revista la cuestión de la posible importancia de tales folletos.

Destinamos el artículo de Byvaly a la revista, no al periódico. Vera Ivánovna dice que nuestro periódico sale un escalón por debajo del nivel de lectores al que se dirige, de lo que usted, probablemente, supone. En general, Vera Ivánovna está bastante descontenta con el periódico:

\* No se ha podido determinar el título del folleto. – Ed.

que es del tipo de «Rábochaya Mysl», solo que más literario, más peinado... He enviado un artículo a Pável Borísovich con el ruego de que se lo reenvíe a usted. Reducir y recortar el tema de la resolución de Kautsky para ajustarlo a las dimensiones de un artículo de periódico resultaría del todo incómodo, y por eso quisiéramos colocar su articulito o nota sobre esta cuestión en la revista. ¿O tal vez piensa usted limitarse a muy, muy poco? ¿Probablemente incluso una nota sobre esto necesitará unas 10 páginas impresas, es decir, unos 20.000 caracteres, o más?

Sobre Soloviov, lo confieso, pensé que a usted le interesaría escribir una nota. Es poco probable que Puttman se encargue: le escribiré, pero casi no tengo esperanzas.

Sobre los decembristas, Vera Ivánovna está dispuesta a escribir, ¿pero qué hay de los materiales? Escribiremos en seguida para que envíen lo que se pueda. Tal vez usted mismo indique qué sería particularmente importante tener para este trabajo. Acaso sean especialmente importantes las revistas históricas, que aquí no se consiguen.

Gurévich escribe para la revista un gran artículo sobre los asuntos franceses, y para el periódico, sobre el congreso nacional. Sobre el congreso internacional querían escribir Goldendaj o Najamkis, pero no se pusieron a hacerlo.

Le ruego que me envíe su artículo «Socialismo y lucha política» (puede ser por correo certificado a la misma dirección de Lehmann); no creo que, por la crítica entre camaradas, el artículo pudiera no gustar a Alexéi, quien, recuerdo, me decía que reconocía la justeza de las objeciones de Pável Borísovich.

Numeraremos las hojas sueltas (si no están numeradas), y difícilmente los tipógrafos las pierdan: ellos siempre trabajan con hojas sueltas, también en nuestro periódico, y hasta ahora no las han perdido. La cuestión del «responsable» parece que se resolverá mañana o pasado: al parecer, favorablemente (hoy recibí noticia de dos consentimientos: mañana espero comunicaciones sustanciales), y pensamos que, de todos modos, no podremos prescindir (al menos para empezar) de la ayuda de Blumenfeld, a quien Dietz aceptaba tomar como tipógrafo y

quien pondría en pie el asunto, enseñaría a los alemanes, etc. En cuanto todo se aclare definitivamente, le escribiré o telegrafiaré en seguida. Mucho desearía tener cuanto antes su artículo «Una vez más, etc.» en vista de la posibilidad de que haya que entregarlo inmediatamente a la composición.

Contra «Rábochaya Mysl», en realidad, solo contra el artículo «Nuestra realidad» del «Suplemento Especial», escribí yo el artículo «La tendencia retrógrada en la socialdemocracia rusa»* hace ya un año; ahora me lo han enviado aquí, y pienso reelaborarlo para la revista añadiendo algo contra «Rábochaya Mysl».

No me imagino del todo a qué «último número» de «Rábochaya Mysl» se refiere usted. ¿El último número del periódico fue el n.º 8 («a partir de la página 5», nueva redacción), donde, entre otras cosas, se publicó una retractación de los famosos paralelos al final del artículo sobre Chernyshevski, aparecido en el «Suplemento Especial»? ¿Es eso lo que tiene en mente?

Consideraría útil la nota «¿A qué han llegado?»**, aunque dudo ahora del «belicismo» de «Rábochaya Mysl»: pasos «hacia nosotros» (passez moi le mot***) de todas formas quieren dar, y habría que esforzarse por considerarlos verbesserungsfähig****. Pero el ataque, por supuesto, debe haberlo de todos modos: sin ataque son incorregibles. Hace poco me carteaba con mi vieja camarada de la Unión, Vetrínskaia, y le dije que me sumaba a las palabras de Alexéi: «Usted y yo tendremos que luchar». «Luche, si no le da vergüenza», respondió ella a Alexéi. Yo escribí que a mí no me daba ninguna vergüenza*****.

Quería conversar aún con usted sobre la tendencia economicista y las opiniones de Alexéi, pero ya es muy tarde, y me limitaré a un par de palabras: la tendencia economicista, por supuesto, fue siempre un error, pero esa tendencia es, en fin, muy joven, y la fascinación

\* Véase Obras Completas, 5.ª ed., t. 4, págs. 240-273. – Ed.

\** En el manuscrito, el título de la nota se da en distintas variantes: «¿Qué es a lo que han llegado?», «¿A qué han llegado?» – Ed.

\*** – si se me permite la expresión. – Ed.

\**** – corregibles, no desahuciados. – Ed.

\***** Véase el presente tomo, pág. 55. – Ed.

por la agitación «económica» existió (y existe en algunas partes) incluso sin tendencia, y fue un acompañante legítimo e inevitable

del paso adelante en aquella coyuntura de nuestro movimiento que se daba en Rusia a fines de la década de 1880 o comienzos de la de 1890. Esa coyuntura era tan mortífera que usted, seguramente, ni se la imagina, y no se puede condenar a las personas que, al salir a rastras de esa coyuntura, tropezaban. Cierta estrechez fue, para los fines de aquel arrastrarse, necesaria y legítima, lo fue, pero cuando empezaron a elevarla a teoría y a vincularla al bernsteinianismo, la cosa, por supuesto, cambió radicalmente. En cuanto a lo natural de la fascinación

por la agitación «económica» y el servicio al movimiento «de masas», recuerdo que también usted lo reconoció en «La nueva campaña», escrito en 1896, cuando el economicismo de Vilna ya estaba a l'ordre du jour*, y el de Petersburgo nacía y se configuraba.

Le estrecho fuertemente la mano y le ruego no se queje del desorden de la carta.

Suyo, Petroff

---

Escrito el 9 de noviembre de 1900.

Enviado de Múnich a Ginebra.

Publicado por primera vez en 1956

en la revista «Kommunist» n.º 16.

Se imprime según el manuscrito.