No puedo, desde luego, creer esos «rumores» sobre un viraje que por su parte no están confirmados en nada.

Una vez más diré mejor de inmediato y directamente (aun a riesgo de atraer sobre mí nuevos reproches): siendo plenamente solidario con mi amigo (a quien usted escribe), me sumo también a sus palabras: «Usted y yo tendremos que luchar», si no hay viraje. Y si lo hay, hay que aclarar con toda minuciosidad en qué consiste exactamente ese viraje.

Usted escribe a mi amigo: «luchen, si no les da vergüenza». Él le contestará, por supuesto, personalmente, pero yo también, por mi parte, me permitiré responder a esto. No da ninguna vergüenza luchar, cuando las cosas han llegado al punto de que las divergencias afectan las cuestiones más básicas, de que se ha creado una atmósfera de incomprensión mutua, de desconfianza mutua, de total disparidad de criterios (no hablo solo de «Rabóchaya Mysl»*: hablo de todo lo que he visto y oído, y además no tanto aquí como en casa), y de que sobre esta base ha surgido ya una serie de «escisión».

Para librarse de este sofocante bochorno, se puede (y se debe) saludar incluso una furiosa tormenta, no solo la polémica en la prensa.

Y no hay por qué temerle tanto a la lucha: la lucha provocará, tal vez, la irritación de unas cuantas personas, pero a cambio despejará el aire, definirá de modo preciso y directo las relaciones, determinará qué divergencias son esenciales y cuáles secundarias, determinará dónde están las personas que realmente siguen un camino completamente distinto y dónde los compañeros de partido que discrepan en aspectos particulares.

Usted escribe que en «Rabóchaya Mysl» hubo errores. Por supuesto, todos nos equivocamos. Pero ¿cómo, sin lucha, separar esos errores particulares de la orientación que se perfila claramente en «Rabóchaya Mysl» y alcanza su punto culminante en el «Credo»*? Sin lucha no puede haber tampoco deslinde, y sin deslinde no puede haber ni avance exitoso ni unidad sólida. Y quienes inician la lucha en el momento presente no están destruyendo en modo alguno la unidad. La unidad ya no existe, ya está destruida, destruida en toda la línea. El marxismo ruso y la socialdemocracia rusa son templos derruidos, y la lucha abierta y directa es una de las condiciones necesarias para restablecer la unidad.

Sí, ¡restablecerla! Esa «unidad» en la que ocultamos a los camaradas los documentos «economicistas» como una enfermedad secreta, en la que nos ofende la publicación de las opiniones que se predican bajo la bandera de la socialdemocracia... esa «unidad» no vale ni un céntimo, esa «unidad» es puro cant**, no conduce más que a agravar la enfermedad, a que se convierta en una forma crónica y maligna. En cuanto a que una lucha abierta, directa y honesta curará esa enfermedad y creará una socialdemocracia realmente unida, vigorosa y fuerte, no lo dudo ni por un momento.

Quizá sea muy inoportuno que, justamente en una carta dirigida a usted, haya que hablar tan a menudo de lucha (literaria). Pero pienso que nuestra vieja amistad obliga, por encima de todo, a una total franqueza.

Le estrecho la mano. Petroff

P. D. Dentro de unas dos semanas tendré otra dirección: Herrn Philipp Rogner, Cigarrenhandlung, Neue Gasse, Núremberg (solo para cartas y también en dos sobres).

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\* Nota. Por ejemplo, en la carta de usted a mi amigo hay tanto un malentendido como una orientación «economicista». Lleva usted razón al subrayar que es necesaria la lucha económica, que hay que saber aprovechar las sociedades legales, que hacen falta toda clase de respuestas, etc., que no hay que dar la espalda a la sociedad. Todo esto es legítimo y justo. Y si usted piensa que los revolucionarios lo ven de otro modo, es un malentendido. Los revolucionarios dicen únicamente que hay que poner todas las fuerzas para que las sociedades legales, etc., no separen el movimiento obrero de la socialdemocracia y de la lucha política revolucionaria, sino que, por el contrario, los vinculen en un todo único de la manera más estrecha e indisoluble. En cambio, en la carta de usted no solo no hay el afán de vincular, sino que hay el afán de separar, es decir, hay «economismo» o «bernsteinianismo»; por ejemplo, en la afirmación: «La cuestión obrera en Rusia, tal como se plantea en la realidad, ha sido planteada por vez primera por “Rabóchaya Mysl”», en la argumentación sobre la lucha jurídica, etc.  
Le ruego me disculpe si la referencia a su carta a mi amigo no le agrada: solo quería ilustrar mi idea.  

\** - hipocresía. N. de la Red.