Al emprender la publicación del periódico político *Iskra*, consideramos necesario decir algunas palabras sobre a qué aspiramos y cómo entendemos nuestras tareas.

Vivimos un momento sumamente importante en la historia del movimiento obrero ruso y de la socialdemocracia rusa. Los últimos años se caracterizan por una difusión asombrosamente rápida de las ideas socialdemócratas entre nuestra intelectualidad, y al encuentro de esta corriente del pensamiento social acude el movimiento, surgido de manera independiente, del proletariado industrial, que comienza a unirse y a luchar contra sus opresores, que empieza a aspirar con avidez al socialismo. Círculos de obreros y de socialdemócratas intelectuales aparecen por doquier, se difunden hojas de agitación locales, crece la demanda de literatura socialdemócrata, superando con creces la oferta, y las recrudecidas persecuciones gubernamentales son incapaces de contener este movimiento. Las cárceles están abarrotadas, los lugares de destierro repletos, casi cada mes se oye hablar de «caídas» en todos los confines de Rusia, de captura de transportes, de confiscación de literatura e imprentas, pero el movimiento sigue creciendo, abarca una zona cada vez mayor, penetra cada vez más profundamente en la clase obrera, atrae cada vez más la atención de la sociedad. Y todo el desarrollo económico de Rusia, toda la historia del pensamiento social ruso y del movimiento revolucionario ruso garantizan que el movimiento obrero socialdemócrata crecerá, a pesar de todos los obstáculos, y al final los superará.

Primera página de la hoja separada «Declaración de la redacción de *Iskra*». – 1900 (Reducido)

Pero, por otra parte, el rasgo principal de nuestro movimiento, que llama especialmente la atención en los últimos tiempos, es su dispersión, su carácter, por así decirlo, artesanal: los círculos locales surgen y actúan independientemente unos de otros e incluso (lo que es particularmente importante) independientemente de los círculos que actuaron y actúan en los mismos centros; no se establece una tradición, no hay continuidad, y la literatura local refleja plenamente la dispersión y la falta de vínculo con lo ya creado por la socialdemocracia rusa.

La discordancia entre esta dispersión y las exigencias suscitadas por la fuerza y la envergadura del movimiento crea, en nuestra opinión, un momento crítico en su desarrollo. En el propio movimiento se manifiesta con fuerza incontenible la necesidad de consolidarse, de elaborar una fisonomía y una organización definidas, mientras que, entre los socialdemócratas que actúan en la práctica, la necesidad de tal transición a una forma superior del movimiento no se reconoce en absoluto en todas partes. En círculos bastante amplios se observa, por el contrario, una vacilación del pensamiento, una pasión por la «crítica del marxismo» y la «bernsteiniana» que están de moda, la difusión de las opiniones de la llamada tendencia «economicista» y, en vínculo indisoluble con esto, el afán de detener el movimiento en su fase inferior, el afán de relegar a un segundo plano la tarea de formar un partido revolucionario que dirija la lucha a la cabeza de todo el pueblo. Que este tipo de vacilación del pensamiento se observa entre los socialdemócratas rusos, que el practicismo estrecho, desligado de la iluminación teórica del movimiento en su conjunto, amenaza con desviar al movimiento por un camino falso, es un hecho; no pueden dudarlo las personas directamente familiarizadas con la situación en la mayoría de nuestras organizaciones. Y hay también obras literarias que lo confirman: basta mencionar siquiera el *Credo*, que ya ha suscitado una protesta plenamente legítima, el *Suplemento especial de «Rábocheie Mysl»* (septiembre de 1899), que expresó de manera tan relevante la tendencia que impregnaba todo el periódico *Rábocheie Mysl*, o, por último, la proclama del «Grupo de autoemancipación de la clase obrera» de Petersburgo, redactada en el espíritu del mismo «economismo». Y es completamente falsa la afirmación de *Rábocheie Delo* de que el *Credo* no representa más que la opinión de individuos aislados, y que la orientación de *Rábocheie Mysl* expresa solo la confusión y la falta de tacto de su redacción, y no una tendencia particular en el curso mismo del movimiento obrero ruso.

Y junto a esto, en las obras de los escritores a quienes el público lector, con mayor o menor fundamento, consideraba hasta ahora representantes destacados del marxismo «legal», se revela cada vez más un giro hacia puntos de vista que se aproximan a la apologética burguesa. El resultado de todo esto es esa dispersión y esa anarquía, gracias a las cuales el exmarxista, o más exactamente exsocialista, Bernstein, enumerando sus éxitos, pudo declarar en letra impresa, sin encontrar objeciones, que la mayoría de los socialdemócratas que actúan en Rusia se compone de sus seguidores.

No queremos exagerar el peligro de la situación, pero cerrar los ojos ante ella sería infinitamente más perjudicial; por eso acogemos con toda el alma la decisión del grupo «Emancipación del Trabajo» de reanudar su actividad literaria y comenzar una lucha sistemática contra las tentativas de tergiversar y vulgarizar el socialdemocratismo.

La conclusión práctica de todo esto es la siguiente: nosotros, los socialdemócratas rusos, debemos unirnos y dirigir todos los esfuerzos a la formación de un partido fuerte que luche bajo la bandera única de la socialdemocracia revolucionaria. Esta tarea fue precisamente la señalada por el Congreso de 1898, que formó el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y publicó su «Manifiesto».

Nos reconocemos miembros de este partido, compartimos plenamente las ideas básicas del «Manifiesto» y le atribuimos una gran importancia como declaración abierta de sus fines. Por eso, para nosotros, como miembros del partido, la cuestión de nuestra tarea más próxima e inmediata se plantea de la siguiente manera: ¿qué plan de actividad debemos adoptar para lograr la restauración más sólida posible del partido?

La respuesta habitual a esta pregunta consiste en que es necesario elegir de nuevo un organismo central y encomendarle que restablezca el órgano del partido. Pero en el período de dispersión que atravesamos, un camino tan simple difícilmente sería adecuado.

Crear y consolidar el partido significa crear y consolidar la unión de todos los socialdemócratas rusos, y – por las razones arriba señaladas – tal unión no se puede decretar, no se puede introducir solo por decisión de una, digamos, asamblea de representantes; hay que elaborarla. Es necesario elaborar, en primer lugar, una sólida unión ideológica, que excluya esa diversidad de voces y la confusión que – ¡seamos francos! – reina actualmente entre los socialdemócratas rusos; es necesario consolidar esta unión ideológica con un programa del partido. Es necesario, en segundo lugar, elaborar una organización dedicada especialmente a las comunicaciones entre todos los centros del movimiento, al suministro de información completa y oportuna sobre el movimiento y al aprovisionamiento regular de prensa periódica a todos los confines de Rusia. Solo cuando se elabore tal organización, cuando se cree un correo socialista ruso, el partido obtendrá una existencia sólida y se convertirá en un hecho real, y, por consiguiente, en una fuerza política poderosa. A la primera mitad de esta tarea, es decir, a la elaboración de una literatura común, de principios firmes, capaz de unir ideológicamente a la socialdemocracia revolucionaria, es a lo que nos proponemos dedicar nuestras fuerzas, viendo en ello la necesidad vital del movimiento actual y un paso preparatorio necesario para restaurar la actividad del partido.

Como ya hemos dicho, la unión ideológica de los socialdemócratas rusos aún debe ser elaborada, para lo cual es necesario, en nuestra opinión, un debate abierto y multilateral de las cuestiones fundamentales de principios y tácticas planteadas por los «economistas», bernsteinianos y «críticos» contemporáneos. Antes de unirnos, y para unirnos, debemos primero deslindarnos de manera resuelta y definida. De lo contrario, nuestra unión no sería más que una ficción que encubriría la dispersión existente e impediría su eliminación radical. Es comprensible, por tanto, que no tengamos la intención de hacer de nuestro órgano un simple depósito de opiniones diversas. Lo dirigiremos, por el contrario, en el espíritu de una orientación estrictamente definida. Esta orientación puede expresarse con la palabra: marxismo, y difícilmente tengamos necesidad de añadir que abogamos por el desarrollo consecuente de las ideas de Marx y Engels y rechazamos resueltamente esas enmiendas a medias, vagas y oportunistas que ahora están tan de moda de la mano de Ed. Bernstein, P. Struve y muchos otros. Pero, al discutir todas las cuestiones desde nuestro punto de vista definido, no rechazamos en absoluto la polémica entre camaradas en las páginas de nuestro órgano. La polémica abierta ante todos los socialdemócratas rusos y los obreros conscientes es necesaria y deseable para esclarecer la profundidad de las divergencias existentes, para la discusión multilateral de las cuestiones controvertidas, para luchar contra los extremos en los que inevitablemente caen no solo los representantes de diversas opiniones, sino incluso los representantes de diversas localidades o de diferentes «profesiones» del movimiento revolucionario. Incluso consideramos, como ya se ha señalado anteriormente, una de las deficiencias del movimiento actual la ausencia de una polémica abierta entre opiniones notoriamente divergentes, el afán de ocultar las divergencias que conciernen a cuestiones muy serias.

No vamos a enumerar en detalle las cuestiones y los temas que entran en el programa de nuestro órgano, pues este programa se desprende por sí mismo del concepto general de lo que debe ser un periódico político en las condiciones dadas.

En la medida de nuestras fuerzas, procuraremos que todos los camaradas rusos vean nuestra publicación como su órgano, al que cada grupo comunique todas las informaciones sobre el movimiento, con el cual comparta su experiencia, sus opiniones, sus demandas de literatura, su valoración de las publicaciones socialdemócratas, comparta, en una palabra, todo lo que aporta al movimiento y lo que extrae de él. Solo bajo esta condición será posible la creación de un órgano socialdemócrata verdaderamente ruso. Solo un órgano así es capaz de llevar el movimiento al amplio camino de la lucha política. «Ampliar los marcos y extender el contenido de nuestra actividad de propaganda, agitación y organización» – estas palabras de P. B. Axelrod deben convertirse en la consigna que defina en el futuro próximo la actividad de los socialdemócratas rusos, y nosotros aceptamos esta consigna en el programa de nuestro órgano.

Dirigimos nuestro llamamiento no solo a los socialistas y a los obreros conscientes. Llamamos también a todos aquellos a quienes oprime y aplasta el régimen político actual, les ofrecemos las páginas de nuestras publicaciones para desenmascarar todas las abominaciones de la autocracia rusa.

Quien entiende la socialdemocracia como una organización que sirve exclusivamente a la lucha espontánea del proletariado, puede contentarse solo con la agitación local y la literatura «puramente obrera». Nosotros no entendemos así la socialdemocracia: la entendemos como un partido revolucionario dirigido contra el absolutismo, indisolublemente ligado al movimiento obrero. Solo organizado en tal partido, el proletariado, esta clase más revolucionaria de la Rusia contemporánea, estará en condiciones de cumplir la tarea histórica que pesa sobre él: agrupar bajo su bandera a todos los elementos democráticos del país y culminar la lucha tenaz de toda una serie de generaciones caídas con el triunfo final sobre el odioso régimen.

El periódico se publicará con un volumen de aproximadamente 1–2 pliegos de imprenta por número.

La periodicidad, dadas las condiciones de la prensa ilegal rusa, no se determina de antemano.

Se nos ha prometido la colaboración de varios representantes destacados de la socialdemocracia internacional, la participación más cercana del grupo «Emancipación del Trabajo» (G. V. Plejánov, P. B. Axelrod, V. I. Zasúlich) y el apoyo de parte de varias organizaciones del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, así como de grupos sueltos de socialdemócratas rusos.

Escrito en agosto, después del 23 (5 de septiembre) de 1900.

Publicado en 1900 como hoja separada en la edición de *Iskra*.

Se imprime según el texto de la hoja.

Cubierta del folleto «Los días de mayo en Járkov». – 1901