EL PROBLEMA AGRARIO Y LOS "CRÍTICOS DE MARX"75

Los capítulos I-X fueron escritos entre junio y septiembre de 1901; los capítulos X-XII, en el otoño de 1907.

Los capítulos l-IV se publicaron por primera vez en diciembre de 1901, en el núm. 2-3 de la revista "Zariá"; los capítulos V-IX, en febrero de 1906, en el núm. 2 de la revista "Obrazovanle"; las capítulos X-XI, en 1908, en la recopilación: V. Ilín. "El problema agrario". Parte I. San Petersburgo; el capítulo XII, en 1908 en la recopilación "La vida actual". San Petersburgo

Los capítulos I-X se publican según el texto de las revistas cotejado con el texto de la recopilación "El problema agrario"; los capítulos X-XI, según el texto de la recopilación "El problema agrario"; el capitulo XII, según el texto de la recopilación "La vida actual"

"...Querer demostrar... que el marxismo dogmático ha sido desalojado de sus posiciones en el problema agrario, sería forzar una puerta abierta"... Así lo declaró Rússkoe Bogatstvo76el año pasado, por boca del señor V. Chernov (1900, núm. 8, pág. 204). ¡Qué cualidad tan extraña posee este "marxismo dogmático"! Desde hace muchos años los sabios y archisabios de Europa declaran con gravedad (y lo repiten de diversas maneras escritores y periodistas) que la "crítica" ha desalojado al marxismo de sus posiciones, pero cada nuevo crítico acomete otra vez la faena de bombardear esas posiciones supuestamente ya destruidas. El señor V. Chernov, por

75 El problema agrario y los "críticos de Marx": trabajo dedicado a defender la teoría marxista en lo que respecta al problema agrario y a elaborar el programa la táctica del partido obrero en lo referente al campesinado; fue escrito en dos épocas: los primeros nueve capítulos entre junio y septiembre de 1901, y los tres últimos en el otoño de 1907. Los primeros cuatro capítulos se publicaron en la revista Zariá, núm. 2-3, de diciembre de 1901, con el título Los señores "críticas" del problema agrario. Primer esbozo, firmado por N. Lenin. Más tarde, en 1905, fueron editados legalmente en Odesa, por la Editorial Burevéstnik como folleto, con el siguiente título: N, Lenin. El problema agrario y los "críticos de Marx". Los capítulos V al IX se publicaron por primera vez en la revista legal Obrazovanie, núm. 2, de febrero de 1906, y llevaban sendos subtítulos, a diferencia de los capítulos I-IV, aparecidos en Zariá Y en la edición de 1905. En 1908 se publicó en Petersburgo la recopilación: V. Ilín. El problema agrario, parte I, en la que junto con otros trabajos de Lenin sobre este tema se incluían los once capítulos de la obra, con el título que hoy se conoce. Los capítulos I-IV llevaban subtítulos y el autor había introducido en su texto correcciones de estilo y agregado algunas notas. El capítulo XII (el último), no incluido entonces por casualidad, se publicó aparte, en 1908, en otra recopilación, titulada La vida actual. En las anteriores ediciones de las Obras de Lenin los capítulos de El problema agrario y los "críticos de Marx" se incluyeron en los tomos correspondientes de acuerdo con la fecha en que fueron escritos. En la presente edición se publica por primera vez el trabajo completo en este tomo. 76 Rússkoe Bogatsvo (La Riqueza Rusa): revista mensual que se publicó en Petersburgo de 1876 a 1918. A partir de la década del 90 se convirtió en vocero de los populistas liberales y fue dirigida por N. K. Mijailovski. La revista combatió a los marxistas rusos, tergiversando y falsificando el marxismo.

ejemplo, en la revista Rússkoe Bogatstvo, y en la colección Na slávnom posta, "fuerza una puerta abierta", a lo largo de doscientas cuarenta páginas, "en una charla" con los lectores acerca de un libro de Hertz. La obra tan minuciosamente comentada de este autor —quien nos habla, a su vez, de un libro de Kautsky— había sido ya traducida al ruso. También el señor Bulgákov, cumpliendo su promesa de refutar a Kautsky, publicó un estudio que llena dos volúmenes. Con seguridad que ya nadie podrá hallar ni los restos del "marxismo dogmático", mortalmente aplastado por estas montañas de papel crítico impreso.

I

LA "LEY" DE LA FERTILIDAD DECRECIENTE DEL SUELO

Examinemos primero a grandes rasgos el semblante teórico de los críticos. El señor Bulgákov ya había publicado en la revista Nachalo77 un artículo contra El problema agrario de Kautsky, en el cual mostró ipso facto sus procedimientos de "crítico". Con la mordacidad y el desenfado inauditos de un verdadero petulante, "trituró" a Kautsky; le hizo decir lo que no había dicho, le acusó de hacer tabla rasa de circunstancias y razonamientos que el propio Kautsky había expuesto con exactitud, y presentó al lector, como conclusiones críticas personales, las conclusiones de Kautsky. Con aires de entendido, el señor Bulgákov culpó a Kautsky de confundir la técnica con la economía, mas él mismo mostró en seguida, no sólo una increíble confusión, sino también falta de disposición para leer hasta el fin las páginas que cita de su adversario. Huelga decir que el artículo del futuro profesor abundaba en trilladas filípicas contra los socialistas, contra la "teoría del colapso", el utopismo, la fe en los milagros, etc.* Ahora, en su tesis doctoral (Capitalismo y agricultura, San Petersburgo, 1900), el señor Bulgákov salda cuentas con el marxismo y llega en su evolución "crítica" al desenlace lógico. * Al artículo del señor Bulgákov, publicado en la revista Nachalo, respondí oportunamente con el artículo titulado El capitalismo en la agricultura. Debido a la clausura de Nachalo, este artículo se publicó en Zhizn78, 1900, núm. 1-2. (Véase O. C, t. 4, págs. 123-181. —Ed.) (Nota del autor a la edición de 1908. —Ed.)

La idea central de la "teoría del desarrollo agrario" del señor Bulgákov es la "ley de la fertilidad decreciente del suelo';.. Cita pasajes de obras clásicas que establecieron esta ley (según la cual toda inversión adicional de trabajo y de capital en la tierra va acompañada de la obtención no de la cantidad correspondiente de productos, sino de una cantidad decreciente). Nos da a conocer una lista de los economistas ingleses que aceptan esta ley.

Afirma que "tiene alcance universal", que es "una verdad de todo punto evidente, absolutamente innegable", que "sólo necesita ser expuesta con claridad", etc., etc. Cuanto más categóricas son las expresiones del señor Bulgákov, más patente aparece su retroceso hacia la economía política burguesa, que disimula las relaciones

77 Nachalo (Comienzo): revista mensual científica, literaria y política, portavoz de los "marxistas legales"; apareció en Petersburgo en el primer semestre de 1899. 78 Zhizn (Vida): revista literaria, científica y política, editada en Petersburgo de 1897 a 1901. Colaboraron en ella los "marxistas legales", escritores y críticos rusos progresistas.

sociales por medio de imaginarias "leyes eternas". En efecto, ¿a qué se reduce "la evidencia" de la famosa "ley de la fertilidad decreciente del suelo"? A que si las sucesivas inversiones, de trabajo y de capital en la tierra rindiesen no una cantidad cada vez menor de productos, sino una cantidad igual, no tendría sentido extender el área cultivada; la cantidad adicional de trigo podría producirse sobre la antigua superficie, por pequeña que fuere, y "la agricultura de todo el globo terrestre tendría cabida en una sola deciatina". Tal es el argumento habitual (y único) esgrimido a favor de esta ley "universal". Por poco que se reflexione, cualquiera verá que este argumento es la más vacía de las abstracciones, que olvida lo principal: el grado de desarrollo técnico, el nivel de las fuerzas productivas. En realidad, la sola idea de "inversiones adicionales (o sucesivas) de trabajo y de capital" presupone un cambio en los métodos de producción, una transformación en la técnica. Para aumentar en proporciones considerables el capital invertido en la tierra, es necesario inventar nuevas máquinas, crear nuevos sistemas de cultivo y nuevos métodos para la cría de ganado, para el transporte de productos, etc., etc. Cierto es también que "inversiones adicionales de trabajo y de capital" pueden hacerse (y se hacen) a escala relativamente reducida cuando el nivel de la técnica no se modifica. En ese caso, la "ley de la fertilidad decreciente del suelo" sería aplicable hasta cierto punto, es decir, en el sentido de que el estado inalterado de la técnica deja un margen relativamente muy escaso para las inversiones adicionales de trabajo y de capital. En lugar de una ley universal, tenemos, pues, una "ley" muy relativa; a tal punto, que ya no se puede hablar de "ley", ni de una particularidad esencial de la agricultura. Tomemos como punto de partida la rotación trienal de cultivos, las siembras de cereales tradicionales, la cría de ganado para obtener estiércol, la ausencia de prados mejorados y de aperos perfeccionados.

Es evidente que si no varían estos factores, los límites para realizar inversiones adicionales de trabajo y de capital en la tierra son muy estrechos. Pero aun dentro de esos límites estrechos, que, a pesar de todo, permiten dichas inversiones, no se observa siempre, ni de manera absoluta, la disminución de la productividad a cada nueva inversión. Tomemos la industria. Imaginemos la molienda o la elaboración de hierro en la época que precedió al comercio mundial y a la invención de las máquinas de vapor. A aquel nivel de la técnica, el campo de inversión adicional de trabajo y de capital en las fraguas de mano o en los molinos de viento y de agua era limitado en extremo; inevitablemente había de producirse una enorme difusión de pequeñas herrerías y de pequeños molinos, antes de que la transformación radical de los métodos de producción creara una base para nuevas formas de la industria.

Por eso, la "ley de la fertilidad decreciente del suelo" no rige en ningún caso cuando la técnica progresa y cuando los métodos de producción se transforman; sólo rige, y de manera muy relativa y restringida, cuando la técnica permanece invariable. He ahí por qué Marx y los marxistas no hablan de esta "ley", en tanto que sólo la proclaman a gritos los representantes de la ciencia burguesa, como Brentano, incapaces de librarse de los prejuicios de la vieja economía política, con sus leyes abstractas, eternas y naturales.

El señor Bulgákov defiende la "ley universal" con argumentos que mueven a risa.

"Lo que era un libre don de la naturaleza, hoy debe hacerlo el hombre: el viento y la lluvia removían la tierra, colmada de elementos nutritivos; al hombre sólo le era

menester un pequeño esfuerzo para obtener lo necesario. Con el tiempo, le correspondió una parte cada vez mayor del trabajo productivo; como en todas partes, los procesos artificiales fueron reemplazando a los naturales. Pero mientras en la industria ello constituye una victoria del hombre sobre la naturaleza, en la agricultura indica la creciente dificultad de una existencia a la cual la naturaleza le escatima sus dones.

En este caso, poco importa si la creciente dificultad en la producción de alimentos se expresa en un aumento del trabajo humano o de los frutos de este trabajo: herramientas, abonos, etc." (el señor Bulgákov quiere decir: poco importa que la creciente dificultad en la producción de alimentos se exprese en el aumento del trabajo humano o en el incremento de sus productos); "lo que importa es que esa dificultad le resulta al hombre cada vez más costosa. En esa sustitución de las fuerzas de la naturaleza por el trabajo humano, de los factores naturales de la producción por los artificiales, se funda la ley de la fertilidad decreciente del suelo" (16).

Está visto que los laureles de los señores Struve y Tugán-Baranovski quitan el sueño al señor Bulgákov; aquéllos ya habían llegado a la conclusión de que no es el hombre quien trabaja con la ayuda de la máquina, sino ésta la que funciona con la ayuda del hombre. Al igual que esos críticos, el señor Bulgákov desciende al nivel de la economía política vulgar cuando habla del trabajo humano que reemplaza las fuerzas de la naturaleza, etc. En general, es tan imposible reemplazar las fuerzas de la naturaleza con el trabajo humano como sustituir arskines por puds*. * Arshln: medida de longitud, equivalente a 0,71 metros. Pud: medida de peso, equivalente a 40 libras. —Ed. Tanto en la industria como en la agricultura el hombre sólo puede aprovechar la acción de las fuerzas de la naturaleza cuando ha llegado a conocer esta acción y puede aliviar su aprovechamiento por medio de máquinas, herramientas, etc. La tonta fábula según la cual el hombre primitivo recibía lo que necesitaba, como graciosa dádiva de la naturaleza, valdría al señor Bulgákov una silbatina de los universitarios de primer año. Nuestra era no fue precedida por ninguna edad de oro; el hombre primitivo vivió completamente abrumado por las dificultades de la existencia, por la penosa lucha contra la naturaleza.

El empleo de máquinas y de modos perfeccionados de producción facilitaron enormemente esta lucha del hombre en general, y la producción de alimentos en particular. No aumentó la dificultad para producir alimentos, sino la dificultad del obrero para obtenerlos, porque el desarrollo capitalista elevó la renta del suelo y el precio de la tierra, concentró la agricultura en manos de grandes y pequeños capitalistas, y concentró, en mayor medida aún, las máquinas, las herramientas y el dinero, sin los cuales es imposible una eficiente producción. Explicar la creciente dificultad que enfrenta el obrero para poder vivir con el argumento de que la naturaleza disminuye sus dones significa convertirse en apologista de la burguesía.

"Al aceptar la validez de esta ley —continúa el señor Bulgákov—, no afirmamos, ni mucho menos, que la dificultad de producir alimentos aumente en forma continua, ni negamos el progreso agrícola; afirmar lo primero y negar lo segundo equivaldría a ignorar lo evidente. Es indiscutible que esta dificultad ,,no crece de continuo y que la evolución avanza en zigzags. Los descubrimientos de la agronomía y los perfeccionamientos técnicos fertilizan las tierras estériles y anulan durante algún tiempo la tendencia expresada por la ley de la fertilidad decreciente del suelo" (ibíd.).

¡Qué profundo es todo esto!

El progreso técnico es una tendencia "transitoria", mientras que la ley de la fertilidad decreciente del suelo, es decir, la disminución (y no siempre) de la productividad de las inversiones adicionales de capital sobre la base de la' técnica invariable, ¡"tiene alcance universal"! Ello equivale a decir que las paradas de los trenes en las estaciones son la ley universal del transporte a vapor, mientras que el movimiento de los trenes entre las estaciones es una tendencia transitoria que paraliza el efecto de la ley universal de la inmovilidad.

Por último, existe un cúmulo de datos que refutan claramente la universalidad de la ley de la fertilidad decreciente: son los datos relativos a la población agrícola y no agrícola. El propio señor Bulgákov reconoce que "la producción de alimentos exigiría una cantidad de trabajo y, por consiguiente, de población agrícola en constante crecimiento relativo" (¡nótese bien!) "si cada país tuviera que limitarse a sus recursos naturales" (19). Si la población agrícola de Europa Occidental disminuye, se debe a que la importación de cereales contrarresta el efecto de la ley de la fertilidad decreciente del suelo. ¡He aquí, sin duda, una bella explicación! Nuestro sabio ha olvidado un detalle: el decrecimiento relativo de la población agrícola se observa en todos los países capitalistas, tanto en los agrícolas como en los que importan granos. La población agrícola1 disminuye relativamente en América y Rusia; en Francia viene aminorándose desde fines del siglo XVIII (véanse las cifras citadas por el señor Bulgákov en el tomo II de su obra, pág. 1.68). Además, este decrecimiento relativo incluso se convierte a veces en absoluto, a pesar de que la superioridad de la importación de granos sobre la exportación era verdaderamente insignificante en el período 1830-1840, y sólo a partir de 1878 no encontramos ya ningún año en que la exportación predomine sobre la importación*. * Statistique agricole de la France (Enquête de 1892). París, 1897, p: 113 (Estadística agrícola de Francia (Estudio de 1892).- .París, 1897) pág. 113.— Ed.) En Prusia hubo una disminución relativa de la población rural, del 73,5 por 100 en 1816 al 71,7 en 1849 y al 67,5 en 1871, en tanto que la importación de centeno comenzó sólo a principios de los años 60 y la de trigo a comienzos de la década del 70 (ibíd., II, 70 y 88). Por último, si se toma los países europeos importadores de cereales, por ejemplo Francia y Alemania en la última década, se comprueba un indudable. progreso de la agricultura, a la par de una disminución absoluta del número de obreros agrícolas ocupados: en Francia descendieron de 6.913.504 en 1882.a 6,663.135 en 1892 (Statistique agricole, p. II, págs. 248-251), y en Alemania, de 8,064.000 en 1882 a 8.045.000 en 1895 *. * Statistik des Deutschen Reichs. Neue Folge, Bd. 112: Die Landwirtschaft im Deutschen Reich. Berlín, 1898, S. 6 (Estadística del Imperio Alemán, nueva serie, t. 112: La'agricultura en el Imperio Alemán, Berlín, 1898, pág. 6. —Ed.). Al señor Bulgákov, claro está, no le agrada comprobar el hecho, destructor de todo su maltusianismo79, de que el progreso de la técnica va acompañado de una disminución de la población rural. Por esto, nuestro "escrupuloso sabio" recurre —a un subterfugio: ¡en lugar de

79 Malthusianismo: misantrópica teoría reaccionaria, fundada por el clérigo R. Malthus, economista burgués de Inglaterra, quien defendía el capitalismo, sostenía que todas las calamidades sociales inherentes a este régimen se deben a causas históricas naturales y trataba de apartar a las masas trabajadoras de la lucha contra el régimen capitalista. Malthus afirmaba que la depauperación de los trabajadores no se debe al capitalismo y a la explotación, sino a un aumento excesivo de la población que no corresponde al incremento de la producción de los medios de subsistencia, y que todos los males sociales sólo pueden ser eliminados restringiendo artificialmente el crecimiento demográfico, es decir, limitando los matrimonios y la natalidad. Esta teoría fue introducida en Rusia por P. Struve, M. Tugán-Baranovskj, S. Bulgákov, etc., quienes atribuían la depauperación y la miseria de las masas campesinas de Rusia a la superpoblación. El malthusianismo justifica las epidemias y las guerras como un medio apto para reducir la población.

examinar la agricultura en el sentido estricto del vocablo (cultivo de la tierra, cría de ganado, etc.), toma (¡después de presentar estadísticas acerca de la cantidad creciente de productos agrícolas por hectárea!) "la agricultura en el sentido amplio de la palabra", en el que la estadística alemana incluye los invernáculos, la horticultura comercial, la industria forestal y la pesquera! ¡ ¡De este modo se logra un aumento del número de personas verdaderamente ocupadas en "la agricultura"!! (Bulgákov, II, ¡33). Las cifras reproducidas en el texto se refieren a personas cuya principal ocupación es la agricultura. El número de personas que hacen de la agricultura una ocupación auxiliar subió de 3.144.000 a 3.578.000. No es del todo correcto sumar estas cifras a las precedentes; pero incluso si las sumamos, sólo obtendremos un pequeñísimo aumento: de 11.208.000 a 11.623.000. Por consiguiente, podemos decir, de acuerdo con los copiosos datos relativos a los más diversos países, que toda la historia del siglo XIX prueba de manera irrefutable que la ley "universal" de la fertilidad decreciente del suelo queda absolutamente paralizada por la tendencia "transitoria" del progreso técnico, que permite a una población rural en disminución relativa (y a veces absoluta) obtener una cantidad creciente de productos agrícolas para una masa creciente de población.

Cabe señalar, de paso, que estos copiosos datos estadísticos refutan por completo también los dos puntos siguientes, centrales en la "teoría" del señor Bulgákov. Primero, su afirmación de que "en ningún caso podría aplicarse a la agricultura" la teoría según la Cual el capital constante (instrumentos y materiales de producción) crece más rápidamente que el capital variable (fuerza de trabajo). Con gran empaque, el señor Bulgákov declara falsa esta teoría, y para confirmar su punto de vista invoca: a) al "profesor A. Skvortsov" (conocido más que nada por haber atribuido la teoría de Marx sobre la cuota media de ganancia a un malvado designio de propaganda); b) el hecho de que con la agricultura intensiva aumenta el número de obreros por unidad de superficie.

Este es un ejemplo de las incomprensiones premeditadas con respecto a Marx en que incurren siempre los representantes de la crítica de moda. Figúrense ustedes: la teoría según la cual el capital constante aumenta más rápidamente que el variable ¡es falsa porque el capital variable crece por unidad de superficie! El señor Bulgákov no advierte que los abundantes datos estadísticos aducidos por él mismo confirman la teoría de Marx. En toda la agricultura alemana el número de obreros disminuyó de 8.064.000 a 8.045.000 entre 1882 y 1895 (y si se suman las personas que hacen de la agricultura una ocupación accesoria, se elevó de 11.208.000 a 11.623.000, o sea, sólo en un 3,7 por ciento). En el mismo período el ganado aumentó de 23.000.000 a 25.400.000 cabezas (calculando todo el ganado como ganado mayor), es decir, un incremento superior al 10 por ciento; el número de casos en que se emplearon las cinco máquinas principales pasó de 458.000 a 922.000, o sea, más del doble; la cantidad de abonos importados subió de 636.000 toneladas (en 1883) a 1.961.000 (en 1892), y de sales potásicas, de 304.000 a 2.400.000 quintales métricos*. ¿Acaso no es palmario que la proporción del capital constante se acrecienta con respecto al variable? Y eso sin hablar de que estos datos globales ocultan en alto grado el progreso de la gran producción. Más adelante nos referiremos a ello. * Statistik des Deutschen Reklis, 112, S. 36; Bulgákov, II, 135

En segundo lugar, el progreso de la agricultura a la par con la disminución de la población rural, o con su crecimiento en cantidades absolutas insignificantes, repele enteramente la absurda tentativa del señor Bulgákov de resucitar el malthusianismo. Creo que fue el señor Struve quien realizó primero, entre los "ex marxistas" rusos, una tentativa semejante en sus Notas críticas, pero, como siempre, se limitó a tímidas observaciones imprecisas y equívocas, que no desarrolló hasta sus últimas consecuencias ni conformó en un sistema lógico de opiniones.

El señor Bulgákov es más audaz y consecuente: sin vacilar lo más mínimo, convierte la "ley de la fertilidad decreciente del suelo" en "una de las leyes más importantes de la historia de la civilización" (sic!, pág. 18). "Toda la historia del siglo XIX... con sus problemas de riqueza y pobreza, sería incomprensible sin esta ley", ¡"No me cabe la menor duda de que la cuestión social, en los términos en que hoy se plantea, está esencialmente vinculada a esta ley"!... (Esta declaración la hace nuestro escrupuloso sabio ya en la pág. 18 de su "investigación".) "Es indiscutible —declara al final— que en un país superpoblado cierta parte de la pobreza debe ser considerada como pobreza absoluta, pobreza de la producción y no de la distribución" (II, 221). "El problema de la población, tal como obligan a plantearlo las condiciones de la producción agrícola, constituye, a mi juicio, la principal dificultad que obstaculiza, por lo menos ahora, una aplicación más o menos amplia de los principios del colectivismo o de la cooperación en las empresas agrícolas" (II, 265). "El pasado lega al porvenir la cuestión del trigo, más terrible y difícil que la cuestión social, ya que es asunto de producción y no de distribución" (II, 455), etc., etc., etc. Después de haber analizado la ley universal de la fertilidad decreciente del suelo, no es necesario que examinemos el valor científico de esta "teoría", íntimamente ligada con dicha ley. Las conclusiones del señor Bulgákov, que acabamos de reproducir, acreditan con la mayor franqueza posible que el coqueteo crítico con el malthusianismo ha conducido, por su inevitable desarrollo lógico, a la más vulgar apología del régimen burgués.

En el siguiente estudio analizaremos los datos provenientes de algunas nuevas fuentes citadas por nuestros críticos (los mismos que constantemente nos aturden con la afirmación de que los ortodoxos eluden entrar en detalles), y mostraremos que, en general, el señor Bulgákov convierte el término "superpoblación" en una fórmula estereotipada cuyo uso lo exime de todo análisis, en particular del análisis de las contradicciones de clase en el seno del "campesinado". Por el momento, limitándonos al aspecto teórico general del problema agrario, deberemos referirnos también a la teoría de la renta.

"En el tomo III de El Capital —escribe el señor Bulgákov—, tal como ha llegado hasta nosotros, Marx no agrega a la teoría de la renta diferencial de Ricardo nada que merezca atención" (87). Retengamos bien esto: "nada que merezca atención", y confrontemos ese veredicto del crítico con otra declaración suya, hecha con anterioridad: "Pese a su actitud de evidente rechazo de esta ley (de la fertilidad decreciente del suelo), Marx acepta en sus principios fundamentales la teoría de la renta de Ricardo basada en ella" (13). Así pues, según el señor Bulgákov, Marx no advirtió el nexo que existe entre la teoría de la renta de Ricardo y la ley de la fertilidad decreciente del suelo, ¡y por consiguiente no logró atar cabos! A este propósito, sólo podemos decir: nadie deforma tanto a Marx como los ex marxistas, ni nadie muestra un... un... desparpajo tan increíble como ellos para achacar mil y un pecados mortales al escritor criticado.

El aserto del señor Bulgákov es una escandalosa deformación de la verdad. En realidad, Marx no sólo reparó en ese entrelazamiento de la teoría de la renta de Ricardo con su errónea doctrina de la fertilidad decreciente del suelo, sino que puso al desnudo el error de Ricardo con la mayor precisión. Quien haya leído con alguna "atención" el tomo III de El Capital, no habrá dejado de observar la circunstancia,

muy "merecedora de atención", de que precisamente Marx libró a la teoría de la renta diferencial de todo vínculo con la decantada "ley de la fertilidad decreciente del suelo". Marx demostró que para la formación de la renta diferencial es necesaria y suficiente la distinta productividad de la diversa inversión de capitales en la tierra. La cuestión no reside en que sea por el paso de un suelo mejor a otro peor, o viceversa, en que la productividad del capital adicional invertido en la tierra disminuya o aumente; ello carece de importancia. En realidad, se producen toda clase de combinaciones de estos casos tan diversos, y no es posible reducirlas a una sola regla general.

Así, por ejemplo, Marx comienza por describir la primera forma de renta diferencial, que resulta de la distinta productividad de los capitales invertidos en terrenos desiguales, e ilustra su exposición con cuadros estadísticos (a propósito de los cuales el señor Bulgákov censura severamente "la afición excesiva de Marx a envolver sus ideas, con frecuencia muy simples, en un complicado ropaje matemático". Como veremos, este complicado ropaje matemático se limita a las cuatro reglas de la aritmética, pero sucede que las ideas muy simples no son entendidas por el sabio profesor). Luego de analizar esos cuadros, Marx llega a la siguiente conclusión: "Desaparece de este modo el primer supuesto falso acerca de la renta diferencial, que prevalece todavía en West, Malthus y Ricardo, a saber: el de que implica, necesariamente, el paso a tierras cada vez peores, o la continua disminución de la productividad de la agricultura. Como hemos visto, la renta diferencial puede formarse con el traslado a tierras cada vez mejores; puede darse cuando una tierra mejor pasa a ocupar el último sitio, que antes ocupaba la peor; puede darse también con un progreso creciente de la agricultura. Su única condición es la desigualdad de los distintos tipos de tierra". (Marx no habla aquí de la desigual productividad de las sucesivas inversiones de capital en la tierra, porque esto da origen a la segunda forma de renta diferencial; en este capítulo se trata sólo de su primera forma.) "En lo que se refiere al desarrollo de la productividad, la renta diferencial presupone que el aumento de la fertilidad absoluta de toda la superficie agrícola no anule esa desigualdad, sino que, o bien la aumente, o bien la deje invariable, o simplemente la reduzca" (Das Kapital, III, 2, S. 199)80. El señor Bulgákov no ha notado esta diferencia fundamental entre la teoría de la renta diferencial de Marx y la teoría de la renta de Ricardo. Prefirió buscar en el tomo III de El Capital "un pasaje que permite más bien pensar que Marx estaba muy lejos de rechazar la ley de la fertilidad decreciente del suelo" (pág. 13, nota).

Nos excusamos ante el lector por conceder tanta importancia a un pasaje que carece de ella (para el tema que nos interesa a Bulgákov y a mí). Pero ¿qué se puede hacer cuando los héroes de la crítica moderna —que todavía se atreven a acusar de rábulas a los ortodoxos— desnaturalizan el sentido completamente claro de la doctrina adversaria, presentando citas separadas del contexto y traducciones que tergiversan el original? He aquí cómo cita el señor Bulgákov el fragmento que encontró: "Desde el punto de vista del modo capitalista de producción, se origina siempre un encarecimiento relativo de los productos (agrícolas), pues" (rogamos al lector que

80 Véase C. Marx. El Capital, t. III (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 211). Para las referencias al III tomo de El Capital Lenin utilizó la edición alemana de 1894, dando todas las citas en su propia traducción.

observe con particular atención las palabras subrayadas por nosotros) "para obtener un producto se hacen ciertos gastos, debe pagarse algo que antes no se pagaba". Y Marx dice a continuación que los elementos de la naturaleza que entran en la producción como agentes suyos, sin costar nada, representan un don de la fuerza de trabajo productiva de la naturaleza, y que si para obtener un producto suplementario es necesario trabajar sin la ayuda de esta fuerza natural, hacen falta entonces nuevas inversiones de capital, lo cual conduce a un aumento del costo de producción.

Con respecto a esta manera de "citar", debemos oponer tres reparos. En primer lugar, el vocablo "pues", que comunica al pasaje el sentido de afirmación absoluta de una "ley", lo ha introducido el señor Bulgákov por su propia cuenta. En el original (Das Kapital, III, 2, S. 277-278) no se dice "pues", sino "siempre que"81. Siempre que se deba pagar algo que no se pagaba antes, se produce un encarecimiento relativo de los productos: hay que ver cómo se asemeja esta tesis a un reconocimiento de la "ley" de la fertilidad decreciente del suelo, ¿no es verdad? En segundo lugar, la palabra "agrícolas", así como los paréntesis, han sido agregados por el señor Bulgákov; en el original dicha palabra no existe. Con la ligereza propia de los señores críticos, el señor Bulgákov consideró, probablemente, que Marx sólo podía hablar aquí de productos agrícolas, y se apresuró a dar a los lectores una "explicación" totalmente tergiversada.

En realidad, Marx se refiere aquí a los productos en general; al fragmento citado por el señor Bulgákov le preceden estas palabras de Marx: "en general hay que advertir lo siguiente". Las fuerzas naturales gratuitas también pueden participar en la producción industrial —tal es el ejemplo citado por Marx en el mismo capítulo sobre la renta al referirse a la cascada que reemplaza a la fuerza de vapor en una fábrica— , y si fuere necesario producir una cantidad adicional de bienes sin la ayuda de esas fuerzas gratuitas, resultará siempre un encarecimiento relativo de los productos. En tercer lugar, es preciso examinar en qué contexto aparece ese pasaje. Marx habla en este capítulo de la renta diferencial proveniente de las peores tierras cultivadas, y analiza, como siempre, dos casos absolutamente equivalentes para él, dos casos absoluta e igualmente posibles. El primero es aquel en que aumenta la, productividad de las sucesivas inversiones de capital (S. 274-276); el segundo, aquel en que dicho rendimiento disminuye (S. 276-278)82. Con respecto a este último caso posible, Marx dice: "Sobre la productividad decreciente de la tierra en inversiones sucesivas de capital, debe consultarse a Liebig... Pero en general (la cursiva es nuestra) hay que advertir lo siguiente". Y a continuación viene el fragmento "traducido" por el señor Bulgákov, en el cual se dice que cuando debe pagarse lo que antes no se pagaba, resulta siempre un encarecimiento relativo de los productos.

Dejamos que el lector juzgue de la honestidad científica del crítico que convierte una observación de Marx sobre uno de los casos posibles en el reconocimiento por él de una especie de "ley" general.

He aquí la conclusión del señor Bulgákov acerca del pasaje que ha descubierto.

"Este pasaje es, desde luego, oscuro"... ¡Por supuesto! Después de que Bulgákov reemplazó una palabra con otra, este pasaje perdió todo su sentido... "pero no

81 Véase C. Marx. El Capital, t. III (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 303). 82 Véase C. Marx. El Capital, t. III (C. Marx y F. Engels. Obras, t 25, parte II, págs. 299-303).

podría entenderse de otra manera que como un reconocimiento indirecto o incluso directo" (¡óigase bien!) "de la ley de la fertilidad decreciente del suelo. No conozco ningún otro lugar donde Marx se haya expresado abiertamente sobre esta ley" (I, 14). Como ex marxista, el señor Bulgákov "no conoce" que Marx declaró del todo falsa la hipótesis de West, Malthus y Ricardo acerca de que la renta diferencial supone el paso a tierras peores o el agotamiento progresivo del suelo*. ¡"No conoce" que en su extenso análisis de la renta, Marx mostró decenas de veces que considera la disminución o el aumento de la productividad de las inversiones adicionales de capital, como casos igualmente posibles! * Esta hipótesis de la economía clásica —hipótesis falsa, refutada por Marx— fue adoptada, se sobreentiende, sin crítica por el "critico" Bulgákov, siguiendo a su maestro Brentano. "El factor que engendra la renta —escribe el señor Bulgákov— es la ley de la fertilidad decreciente del suelo..." (I, 90). "...La renta inglesa... distingue en la práctica capitales sucesivamente invertidos y de rendimiento distinto, aunque por lo general decreciente" (I, 130).

II

LA TEORÍA DE LA RENTA

En general, el señor Bulgákov no ha comprendido la teoría de la renta de Marx. Cree haberla rebatido con estas dos objeciones: 1) Según Marx, el capital agrícola entra en la nivelación de la cuota de ganancia, de modo que la renta es producida por la ganancia suplementaria que supera a la cuota media de ganancia. Esto no es exacto para el señor Bulgákov, pues el monopolio de la propiedad de la tierra suprime la libertad de competencia necesaria para el proceso de nivelación de la cuota de ganancia. El capital agrícola no entra en el proceso de nivelación de la cuota de ganancia. 2) La renta absoluta es, simplemente, un caso especial de la renta diferencial y es un error distinguirla de esta última. Tal distinción se funda en una doble interpretación totalmente arbitraria de un mismo hecho, a saber, la posesión monopolista de uno de los factores de la producción.

El señor Bulgákov está tan convencido de la fuerza demoledora de sus argumentos que no puede abstenerse de lanzar contra Marx todo un torrente de palabras pesadas, tales como petitio principii*, no marxismo, fetichismo lógico, pérdida de su capacidad de vuelo intelectual, etc. * Petitio principii, razonamiento que consiste en dar como cierto lo que se debe probar. Ed. Sin embargo, los dos argumentos se basan en un error bastante burdo. La misma simplificación unilateral del tema, que impulsó al señor Bulgákov a convertir uno de los casos posibles (la disminución de la productividad de las inversiones adicionales de capital) en ley universal de la fertilidad decreciente, le lleva ahora a operar indiscriminadamente con el concepto de "monopolio", a convertir este concepto en algo también universal. Por ello confunde las consecuencias que en la organización capitalista de la agricultura se derivan, por un lado, de la limitación de la tierra, y por el otro, de la propiedad agraria privada. Estas son dos cosas diferentes. Expliquémonos.

"La condición, aunque no la fuente de la renta del suelo —escribe el señor Bulgákov—, es la misma que hizo posible el monopolio de la tierra, es decir, la limitación de las fuerzas productivas de la tierra y la necesidad siempre creciente que los hombres tienen de ellas" (I, 90). En lugar de "limitación de las fuerzas productivas

de la tierra", hubiera debido decir "limitación de la tierra". (La limitación de la productividad de la tierra lleva implícita, como hemos señalado, la "limitación" del nivel de la técnica, del estado de las fuerzas productivas.) En el sistema social capitalista, la limitación del suelo presupone realmente el monopolio de la tierra, pero considerada ésta como objeto de explotación y no como objeto del derecho de propiedad. La hipótesis de la organización capitalista de la agricultura presupone necesariamente que toda la tierra está ocupada por haciendas privadas distintas, pero de ningún modo implica que toda la tierra sea propiedad privada de los que la explotan o de otras personas, o propiedad privada en general.

El monopolio de la posesión de la tierra basado en el derecho de propiedad y el monopolio de la explotación de la tierra son cosas muy distintas, tanto lógica como históricamente. Desde un punto de vista lógico, podemos concebir muy bien una organización puramente capitalista de la agricultura, sin propiedad privada de la tierra, en la que toda ella pertenezca al Estado o a las comunidades, etc. Y, en efecto, vemos que en todos los países capitalistas adelantados, la tierra está ocupada por diferentes empresas privadas, pero estas empresas no sólo explotan sus propias tierras, sino también las arrendadas a propietarios privados o las que pertenecen al Estado y a la comunidad rural (por ejemplo, en Rusia, donde, como es sabido, las haciendas privadas establecidas en tierras comunales campesinas son principalmente haciendas campesinas capitalistas). Y no es por azar que Marx, al iniciar su análisis de la renta, haga notar que el modo de producción capitalista encuentra en sus primeras etapas (y subordina) las formas más diversas de propiedad territorial, desde la propiedad del clan83 y la feudal, hasta la de las comunidades campesinas.

Por lo tanto, la limitación de la tierra sólo presupone, necesariamente, el monopolio de la explotación agraria (bajo la dominación del capitalismo). ¿Pero cuáles son las consecuencias ineludibles de este monopolio en cuanto a la renta? La limitación de la tierra conduce a que el precio del trigo sea determinado por las condiciones de producción de las peores tierras bajo cultivo, y no por las de calidad media. Ese precio del trigo permite al arrendatario (= empresario capitalista en la agricultura) cubrir sus gastos de producción y obtener para su capital la ganancia media. El arrendatario que explota un terreno de calidad superior alcanza una ganancia adicional, que constituye la renta diferencial. El problema de la existencia de la propiedad privada de la tierra nada tiene que ver con el problema de la formación de la renta diferencial, inevitable en la agricultura capitalista, sean las tierras de las comunidades, del Estado o sin dueño. La única consecuencia de la limitación de la tierra en el régimen capitalista es la formación de ia renta diferencial como resultado de la distinta productividad de las diversas inversiones de capital.

El señor Bulgákov advierte una segunda consecuencia en la supresión de la libre competencia en la agricultura y afirma que ella impide al capital agrícola participar en la formación de la ganancia media. Se trata de una evidente confusión del problema de la explotación de la tierra con el problema del derecho de propiedad sobre ésta. Del hecho de la limitación de la tierra (con independencia de la propiedad privada sobre ella) sólo se deduce lógicamente una cosa, y es que toda la tierra

83 Propiedad del clan: se refiere a este tipo de propiedad agraria tribal.

deberá ser ocupada por los arrendatarios capitalistas, pero de ninguna manera se infiere que haya de quedar limitada de algún modo la libre competencia entre ellos. La limitación de la tierra es un fenómeno general que imprime su sello inevitable sobre toda agricultura capitalista. La historia demuestra con toda claridad lo incongruente que resulta, desde el punto de vista de la lógica, confundir estas cosas diferentes. No hablemos ya de Inglaterra: en ese país es evidente la separación entre la propiedad de la tierra y la hacienda agrícola; la libertad de competencia entre los arrendatarios es casi total, y el empleo en la agricultura de capitales formados en el comercio y la industria tuvo y tiene lugar en la más amplia escala. Pero también en los otros países capitalistas (a pesar de la opinión del señor Bulgákov, quien siguiendo al señor Struve trata en vano de poner aparte la renta "inglesa", considerándola como algo completamente original) se está operando el mismo proceso de separación entre la propiedad de la tierra y su cultivo, si bien en formas extremadamente variadas (arriendo, hipoteca84). Al no ver este proceso (fuertemente subrayado por Marx), se puede decir que el señor Bulgákov no ve al elefante. En todos los países europeos, después de la caída del régimen de servidumbre, observamos la destrucción de la propiedad de la tierra basada en el sistema estamental, la movilización de la propiedad territorial, la inversión de capitales comerciales e industriales en la agricultura, la difusión de los arrendamientos y de la deuda hipotecaria.

También en Rusia, aun existiendo más vestigios del régimen de servidumbre, observamos que desde la reforma aumentan las compras de tierras por campesinos, intelectuales de origen plebeyo o negociantes y se extienden los arrendamientos de tierras pertenecientes a particulares, al Estado, a las comunidades, etc., etc. ¿Qué significan estos hechos? Denotan, a pesar del monopolio de la propiedad de la tierra y no obstante la infinita variedad de sus formas, el nacimiento de la libre competencia en la agricultura. En todos los países capitalistas, todo propietario de capital puede invertirlo hoy en la agricultura (comprando tierras o arrendándolas) con igual o casi igual facilidad que en cualquier rama del comercio y la industria.

Al refutar la teoría de la renta diferencial de Marx, el señor Bulgákov objeta que "todas esas diferencias (en las condiciones de la producción agrícola) son contradictorias y pueden" (la cursiva es mía) "anularse mutuamente; la distancia, como indicara ya Rodbertus, puede compensarse con la fertilidad; distintos grados de fertilidad pueden nivelarse mediante un cultivo más intenso de los terrenos más fértiles" (I, 81). Lástima que nuestro escrupuloso sabio olvide que Marx ya había señalado este hecho, y que supo apreciarlo en forma no tan unilateral. "Es evidente —escribe Marx— que estas dos causas distintas de la renta diferencial, la fertilidad y la ubicación" (de los lotes de tierra) "pueden actuar en sentido opuesto. Una parcela puede estar muy bien situada y.ser muy poco fértil, y viceversa. Esta circunstancia es importante, pues nos explica por qué para roturar las tierras de un país dado se puede, de la misma manera, empezar por las tierras mejores y pasar luego a las peores, o al revés. Por último, es evidente que el progreso de la

84 Hipoteca: crédito que concedía el banco garantizando su pago con bienes inmuebles: tierras, bosques, edificios, etc. Era una forma de penetración del capital en el campo y del proceso de separación de la agricultura de la posesión de la tierra. Con el aumento de la deuda hipotecaria el campesino era despojado de su tierra y sus bienes. Al triunfar la Revolución Socialista de Octubre fue suprimido el sistema de hipotecas y se eximió a los campesinos de las deudas hipotecarias.

producción social en general realiza, por una parte, una acción niveladora sobre la situación" (de los lotes de tierra) "como fuente de renta diferencial, pues crea mercados locales y hace cambiar la situación mediante el fomento de las vías de comunicación, mientras que por otra parte acentúa las diferencias en la ubicación local de las tierras tanto por la separación entre la agricultura y la industria, como por la creación de grandes centros productores, a la par con el reverso del mismo fenómeno: la acentuación del relativo aislamiento del campo" (relative Vereinsamung des Landes) (Das Kapital, III, 2, 190)85. Por lo tanto, mientras el señor Bulgákov repite con aire triunfal el antiguo principio sobre la posibilidad de la anulación recíproca de las diferencias, Marx plantea el problema posterior de la transformación de esa posibilidad en realidad y muestra que al lado de influencias niveladoras hay otras que tienden a la diferenciación. Como nadie ignora, en todos los países y en todas partes existen enormes diferencias de fertilidad y ubicación de los terrenos, como consecuencia final de esas influencias mutuas contradictorias. La réplica del señor Bulgákov sólo revela que sus observaciones son totalmente irreflexivas.

El concepto de la última y menos productiva inversión de trabajo y de capital — prosigue objetando el señor Bulgákov—, "es utilizado sin crítica, tanto por Ricardo como por Marx. No es difícil advertir el elemento de arbitrariedad que introduce este concepto: supongamos que se invierte en la tierra un capital de 10a, y que cada a sucesiva representa una disminución de la productividad; la producción total del suelo será A. Es evidente que el promedio de productividad de cada a será igual a A/10, y si consideramos todo el capital como una unidad, será precisamente esa productividad media la que determine el precio" (I, 82). Lo evidente, diríamos nosotros a esto, es que el señor Bulgákov, con sus frases ampulosas sobre "el carácter limitado de las fuerzas productivas de la tierra", no ha advertido una pequenez: la limitación de la tierra. Esta limitación, en completa independencia de la forma de propiedad sobre la tierra, crea cierto tipo de monopolio, esto es: como toda la tierra está ocupada por arrendatarios y hay demanda total de los granos producidos en toda la tierra, incluso en los terrenos más pobres y más alejados del mercado, se entiende que el precio del cereal es determinado por el precio de producción en las tierras peores (o por el precio de producción correspondiente a la inversión última y menos productiva de capital). La "productividad media" del señor Bulgákov es un inútil ejercicio aritmético, ya que la limitación de la tierra impide la formación real de ese promedio. Para que esa "productividad media" se forme y determine los precios es indispensable que cada capitalista no sólo pueda invertir capital en general en la agricultura (ya dijimos que en la agricultura existe la libertad de competencia necesaria para ello), sino también que siempre pueda crear nuevas empresas agrícolas, además de las ya existentes. Si eso ocurriera, no habría diferencia alguna entre la agricultura y la industria, y por lo tanto no podría originarse ninguna renta. Pero la limitación de la tierra impide que tal cosa suceda.

Prosigamos. Hasta ahora hemos razonado sin tener en cuenta para nada el problema de la propiedad de la tierra; hemos visto que ese método era imprescindible por motivos lógicos y en razón de los antecedentes históricos que nos muestran el nacimiento y desarrollo de la agricultura capitalista bajo distintas formas de

85 Véase C. Marx. El Capital, t. III (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, págs. 201-202).

propiedad de la tierra. Introduzcamos ahora este nuevo factor. Supongamos que toda la tierra es de propiedad privada. ¿Cómo se reflejará esto en la renta? Sobre la base de su derecho de propiedad, el terrateniente cobrará al arrendatario la renta diferencial; como ésta es el superbeneficio por encima de la ganancia normal, media, correspondiente al capital y como existe (respective* es creada por el desarrollo capitalista) la libre competencia en el sentido de la libertad de invertir capitales en la agricultura, el terrateniente siempre hallará a un arrendatario que se conforme con la ganancia media y le entregue el superbeneficio. La propiedad privada de la tierra no crea la renta diferencial; sólo la traslada de las manos del arrendatario a las del propietario. ¿Se limita a ello la influencia de la propiedad privada de la tierra? ¿Cabe suponer que el propietario otorgue al arrendatario la explotación gratuita de los' terrenos de inferior calidad y peor situados, que sólo producen la ganancia media? Está claro que no. * O bien. – Ed.

La propiedad de la tierra es un monopolio, en virtud del cual el propietario exigirá al arrendatario también el pago del arriendo por tales terrenos. Este pago es la renta absoluta, que no tiene relación alguna con la distinta productividad de los diferentes capitales invertidos y dimana de la propiedad privada de la tierra. El señor Bulgákov acusa a Marx de dar una arbitraria interpretación doble a un mismo monopolio, pero no se toma el trabajo de pensar que, en efecto, se trata de un doble monopolio; en primer lugar, tenemos el monopolio de la explotación (capitalista) de la tierra. Este monopolio proviene de la limitación de la tierra, y por lo tanto es inevitable en cualquier sociedad capitalista. Como resultado de este monopolio, el precio del cereal lo determinan las condiciones de producción existentes en las peores tierras; la ganancia adicional obtenida con la inversión de capital en las mejores tierras o con una inversión más productiva del capital constituye la renta diferencial. Esta se origina con entera independencia de la propiedad privada de la tierra, que únicamente sirve para dar ai terrateniente la posibilidad de sustraer esta renta al arrendatario. En segundo lugar, existe el monopolio de la propiedad privada de la tierra, que no guarda con el anterior ninguna vinculación indisoluble*, ni lógica, ni histórica. Este monopolio no es imprescindible en modo alguno para la sociedad capitalista y para la organización capitalista de la agricultura. * No creemos preciso recordarle al lector que, tratándose aquí de la teoría general de la renta y de la organización capitalista de la agricultura, no mencionamos hechos tales como ta antigüedad y la difusión de la propiedad privada de la tierra, el debilitamiento de la segunda de las formas de monopolio indicadas e incluso, en parte, de ambas formas, debido a la competencia de ultramar, etc.

Por una parte, podemos concebir perfectamente una agricultura capitalista sin propiedad privada agraria, y muchos economistas burgueses consecuentes han reclamado la nacionalización de la tierra. Por otra parte, en la realidad encontramos una organización capitalista de la agricultura sin propiedad privada territorial, como, por ejemplo, en las tierras pertenecientes al Estado o a las comunidades. Así pues, es totalmente necesario distinguir ambos tipos de monopolio y, por consiguiente, admitir, al lado de la renta diferencial, la existencia de la renta absoluta, que engendra la propiedad privada de la tierra*. * En la segunda parte del tomo II de las Teorías de la plusvalía (Theorien über den Mehrwert. II Band, II Theil), publicada en 1905, Marx esclarece la noción de la renta absoluta de manera tal que confirma la exactitud de mi interpretación (especialmente en lo que se refiere a los dos tipos .de monopolio). He aquí los pasajes de Marx referentes al lema: "Si la tierra fuese un elemento ilimitado, no sólo en cuanto al capital y a la población, sino en lá realidad, es decir, 'ilimitada' como 'el aire y e! agua', si 'existiese en cantidad ilimitada' (citas de Ricardo), entonces su apropiación por una persona no podría excluir de ningún modo, de hecho, su apropiación por otras. Entonces no podría existir ninguna propiedad privada, (y tampoco propiedad

'pública' o del Estado) sobre el sucio. En este caso, si además toda la tierra tuviese en todas partes la misma calidad, no podría cobrarse renta alguna por ella... Todo el quid de la cuestión estriba en lo siguiente: si la tierra existiera frente al capital como un elemento natural, el capital actuaría en la agricultura como en cualquier otra, rama de la industria, Entonces no habría propiedad territorial, ni renta... Por el contrario, cuando la tierra 1) es limitada y 2) ha sido apropiada, cuando el capital encuentra que la propiedad de la tierra es la condición necesaria para su surgimiento —y es lo que ocurre en los países donde se desarrolla la producción capitalista, pues en los países donde no exisüa antes esta condición (como en la vieja Europa), la, producción capitalista la crea, como en Estados Unidos—, entonces la tierra no' constituye una esfera de acción fácilmente accesible al capital. Por esa existe la renta absoluta, independientemente de¡ la renta diferencial" (págs. 80-81)86. Con gran precisión, Marx distingue aquí la limitación deja tierra y su existencia en propiedad privada. (Nota de) autor a la edición de 1.908. —Ed.)

Marx explica la posibilidad de formación de la renta absoluta como proveniente de la plusvalía del capital agrícola diciendo que en la agricultura la parte del capital variable en la composición general del capital es superior  al promedio (hipótesis muy natural, dado el indudable retraso de la técnica agrícola en comparación con la industrial). Siendo así, entonces el valor de los productos agrícolas es, en términos generales, superior al costo de su producción, y la plusvalía superior a la ganancia. Pero el monopolio de la propiedad privada de la tierra impide que ese excedente se incorpore por completo al proceso de nivelación de la ganancia, y la renta absoluta surge de ese excedente*. * A propósito: Hemos creído necesario examinar en detalle la teoría marxista de la renta, porque el señor P. Máslov tampoco la comprendió (El problema agrario, Zhizn, 1901, núms. 3 y 4). En ese artículo considera la disminución del rendimiento de las inversiones adicionales de capital, sino como una ley, por lo menos como un fenómeno "corriente", normal diríamos, vincula con este fenómeno la renta diferencial y rechaza la renta absoluta. El interesante artículo del señor P. Máslov contiene muchas observaciones acertadas acerca de los críticos, pro lo perjudica grandemente su errónea teoría, a la que acabamos de referirnos (al defender el marxismo no se tomó el trabajo de señalar con exactitud la diferencia entre "su" teoría y la de Marx), así como una serie de afirmaciones imprudentes y del todo injustas como éstas, por ejemplo: el señor Berdiáev "se libera por completo de la influencia de los escritores burgueses" y se distingue por la "solidez de su criterio de clase, que en nada empaña su objetividad"; "en muchos sentidos, el análisis realizado por Kautsky es, a ratos ... tendencioso"; Kautsky "no estableció en absoluto la dirección que sigue el desarrollo de las fuerzas productivas en la agricultura", etc.

Al señor Bulgákov le desagrada mucho esta explicación y exclama: "¿Pero qué cosa es entonces esa plusvalía que, como el paño, el algodón o cualquier otra mercancía, puede ser suficiente o no para cubrir una posible demanda? En primer lugar, no es una cosa material, es un concepto que sirve para expresar una determinada relación social de la producción" (I, 105). Esta oposición entre la "cosa material" y el "concepto" es un típico ejemplo del escolasticismo que gusta presentar ahora bajo la apariencia de "crítica". ¿Qué importancia tendría el "concepto" de la parte del producto social si no correspondiera a "cosas materiales" concretas? La plusvalía es el equivalente en dinero del plusproducto, constituido por una parte determinada de paño, algodón, trigo y demás mercancías (la palabra "determinada", por supuesto, no debe tomarse en el sentido de que la ciencia podría determinar concretamente esa parte, sino en el sentido de que se conocen las condiciones que determinan, en líneas generales, la magnitud de esa parte). En la agricultura, el plusproducto es más considerable (en proporción al capital) que en otras ramas de la industria, y este excedente (que a causa del monopolio de la propiedad privada de la tierra no participa en el proceso de nivelación de la ganancia) puede, naturalmente, "ser suficiente o no para cubrir la demanda" del terrateniente monopolista.

86 Véase C. Marx. La teoría de la plusvalía (t. IV de El Capital), parte II (C. Marx y F. Engels. Obras t. 26, parte II, pág. 337).

Ahorraremos al lector la exposición detallada de la teoría de la renta que el señor Bulgákov, según su modesta expresión, creó con sus "propias fuerzas", "siguiendo su propio camino" (I, 111). Bastan algunas observaciones para caracterizar este fruto "de la última y menos productiva inversión de trabajo" del profesor. La "nueva" teoría de la renta fue preparada de acuerdo con la vieja receta: "quien hizo el cohombro, que lo lleve al hombro". Si existe la libre competencia, entonces ya no debe haber absolutamente ninguna restricción para ella (aunque una libertad de competencia tan absoluta jamás existió en ninguna parte). Si existe monopolio, asunto concluido: la renta no provendrá de la plusvalía ni siquiera del producto agrícola, sino del producto del trabajo no agrícola; será simplemente un tributo, un impuesto, una deducción del producto social total, una letra de cambio a favor del terrateniente. "El capital agrícola con su ganancia y el trabajo agrícola, y en general la agricultura considerada como esfera de inversión de trabajo y capital, constituyen, pues, un status in statu* en el reino del capitalismo... todas (sic!) las definiciones del capital, de la plusvalía, del salario y del valor en general son magnitudes ficticias cuando se aplican a la agricultura" * Estado dentro del Estado. -Ed.

¡Bueno, bueno! Desde ahora todo estará claro: en la agricultura, capitalistas y obreros asalariados serán magnitudes ficticias. Pero aunque a veces escuchamos del señor Bulgákov tales embrollos, en otras ocasiones escribe cosas no del todo irracionales. Catorce páginas más adelante leemos: "La producción de artículos agrícolas le cuesta a la sociedad cierta cantidad de trabajo; ése es su valor". Excelente. Por lo menos, las "definiciones" del valor son magnitudes no completamente ficticias. A continuación dice: "Como la producción está organizada sobre bases capitalistas y como el capital se encuentra al frente de la producción, el precio del cereal será determinado por el de producción, o sea que la productividad de una— determinada inversión de trabajo y capital se encuentra al frente de la producción, el precio del productividad social". Magnífico. Entonces, las "definiciones" del capital, de la plusvalía y del salario no son magnitudes tan ficticias. Entonces la libre competencia existe (aunque no en forma absoluta), pues si el capital no pasara de la agricultura a la industria, y a la inversa, no se podría hacer el "cálculo de la productividad en relación con el promedio de productividad social". Prosigamos: "Gracias al monopolio de la tierra, el precio supera al valor en la medida en que lo permiten las condiciones del mercado". Perfecto. Ahora bien, ¿dónde ha visto el señor Bulgákov que el tributo, el impuesto, la letra de cambio, etc., dependan de las condiciones del mercado? Si el precio, gracias al monopolio, sube hasta los límites permitidos por las condiciones del mercado, la única diferencia entre la "nueva" y la "antigua" teoría de la renta consiste en que el autor, que seguía su propio camino", no entendió, por un lado, la diferencia entre la influencia de la limitación de la tierra y la influencia de la propiedad privada agraria, y por el otro, el nexo entre los conceptos de "monopolio" y de la "última y menos productiva inversión de trabajo y de capital". ¿Habrá que asombrarse, después de esto, de que siete páginas más adelante (I, 120) el señor Bulgákov haya olvidado por completo "su" teoría y comience a razonar sobre, el "modo de distribuir ese producto (agrícola) entre el terrateniente, al arrendatario capitalista y los obreros agrícolas"? ¡Brillante final para una crítica brillante! ¡Admirable resultado de una teoría nueva, que desde hoy enriquecerá la ciencia de la economía política: la teoría de la renta de Bulgákov!

III

LAS MAQUINAS EN LA AGRICULTURA

Pasemos ahora a una obra "notable" ajuicio del señor Bulgákov: el libro de Hertz (Die agrarischen Fragen im Verhältniss zum Sozialismus, Wien, 1899*. Traducido al ruso por A. Ilinski, San Petersburgo, 1900). Por lo demás, tendremos que dedicar algún tiempo a analizar simultáneamente argumentos similares de estos dos escritores. * Los problemas agrarios en relación con el socialismo, Viena. 1899.-Ed.

Para "refutar" el marxismo, los "críticos" esgrimen con particular frecuencia la cuestión del empleo de máquinas en la agricultura y, en estrecha ligazón con ella, el tema de la grande y la pequeña producción agrícolas. Más abajo examinaremos detenidamente algunos de los detallados datos que citan; por el momento, analicemos sus argumentos generales a este respecto. Los críticos dedican páginas enteras a prolijas especulaciones para probar que el empleo de máquinas presenta mayores dificultades en la agricultura que en la industria, por lo cual se utilizan menos y su importancia es menor. Todo esto es indiscutible y lo demostró de manera clara, por ejemplo, el mismo Kautsky cuyo solo nombre pone a los señores Bulgákov, Hertz y Chernov en un estado próximo al frenesí. Pero este hecho indiscutible no rebate en modo alguno que el empleo de máquinas se desarrolla rápidamente también en la agricultura, y ejerce sobre ella una poderosa acción trasformadora. Los críticos procuran "evadirse" de esta conclusión inevitable por'' medio de razonamientos tan profundos como los siguientes: ..."La agricultura se caracteriza por el dominio de la naturaleza en el proceso de la producción y por la falta de libre albedrío humano" (Bulgákov, I, 43)... "en lugar del trabajo inseguro e impreciso del hombre, ella" (la máquina en la industria) "ejecuta con precisión matemática tanto trabajos microscópicos como obras colosales.

Nada semejante (?) puede hacer en la producción agrícola, ya que hasta el presente ese instrumento de trabajo no está en manos del hombre, sino en las de la madre naturaleza. Esto no es una metáfora" (ibíd.). En efecto, no se trata de una metáfora, sino de uña frase hueca, pues nadie ignora que el arado de vapor, la sembradora en líneas, la trilladora, etc., hacen el trabajo más "seguro y preciso"; por lo tanto, ¡decir "nada semejante" es decir tonterías! Otro tanto ocurre cuando se afirma que en la agricultura, la máquina "no puede de ninguna manera (sic!) revolucionar la producción" (Bulgákov, I, 43-44, donde cita a especialistas en la construcción de máquinas agrícolas, aunque éstos sólo hablan de las diferencias relativas entre las máquinas agrícolas y las industriales), o que: "Aquí, la máquina no sólo no puede convertir al obrero en su apéndice (?), sino que el obrero conserva, como antes, la función directiva del proceso" (44). ¿Por ejemplo, el obrero que atiende la trilladora?

El señor Bulgákov pretende empequeñecer la superioridad del arado de vapor con referencias a Stumpfe y a Kutzleb (quienes escribieron sobre la capacidad de la pequeña hacienda para competir con la grande), cuyas conclusiones opone a las de especialistas en economía rural y construcción de máquinas agrícolas (Fühling, Perels);. juega con argumentos como el de que el arado de vapor exige un suelo especial* y "fincas de superficie muy extensa" (en opinión del señor Bulgákov, este

argumento no va contra la pequeña hacienda, ¡sino contra el arado de vapor!) y el de que en un surco de 12 pulgadas de profundidad la tracción de sangre resulta más barata que 1 a de vapor, etc. Argumentos como éstos podrían llenar volúmenes enteros sin refutar en absoluto que el arado de vapor ha permitido la aradura muy honda (más de 12 pulgadas) y que su uso se extiende con celeridad. En 1867 sólo lo emplearon 135 fincas de Inglaterra, y en 1871 ya se usaban en este país más de 2.000 arados de vapor (Kautsky); en Alemania, el número de haciendas que lo utilizaban pasó de 836 en 1882 a 1.696 en 1895. * Con aire de "triunfador", Hertz insiste en esto para demostrar la falsedad de la opinión "absoluta" (S. 65; trad. rusa, pág. 156), según la cual el arado de vapor es, "en todas las circunstancias", superior al de tracción animal. ¡Esto es precisamente lo que se llama forzar una puerta abierta!

En cuanto al problema de la maquinaria agrícola, el señor Bulgákov cita con frecuencia a Franz Bensing, "autor de una monografía especial sobre máquinas agrícolas", como él mismo lo identifica (I, 44). Cometeríamos una gran injusticia si en esta ocasión no mostrásemos cómo cita el señor Bulgákov lo que dicen sus propios testigos y cómo éstos le desmienten.

Al aseverar que es inaplicable a la agricultura "la construcción" de Marx, según la cual el capital constante se incrementa con más rapidez que el capital variable, el señor Bulgákov alega la necesidad de un creciente gasto de fuerza de trabajo en proporción al aumento de la productividad agrícola, y cita, entre otros, los cálculos de Bensing: "La cantidad global de trabajo humano necesario, según los distintos sistemas de cultivo, se expresa así: en la rotación trienal, 712 jornadas; en el sistema alterno de Norfolk, 1.615 jornadas obreras; en el cultivo alterno con apreciable producción de remolacha azucarera, 3.179 jornadas" por cada 60 hectáreas. (Franz Bensing: Der Einfluss der landwirtsckqfilichen Maschinen auf Volks- und Privatwirtschaft, Breslau, 1897, S. 42*. Bulgákov, I, 32.) * Franz Bensing. La influencia de las máquinas agrícolas en la economía nacional y la privada, Breslau, 1897, pág. 42.—Ed. Pero la desgracia es que con ese cálculo Bensing quería demostrar el papel cada vez más importante que desempeña la maquinaria; aplicando esas cifras al conjunto de la agricultura alemana calcula que el efectivo actual de obreros agrícolas sólo bastaría para cultivar la tierra en el sistema de rotación trienal y que, en consecuencia, sin el empleo de máquinas serla imposible adoptar la alternación de cultivos. Como se sabe, en el antiguo sistema de tres hojas casi no se utilizaban máquinas;' por lo tanto, el cálculo de Bensing demuestra lo contrario de lo que se proponía hacer ver el señor Bulgákov: prueba que el aumento de la productividad de la agricultura debe ir necesariamente acompañado por el crecimiento más rápido del capital constante respecto del variable.

En otro pasaje, el señor Bulgákov, al afirmar que "existe una diferencia radical (sic!) entre el papel de la máquina en la industria manufacturera y en la agricultura", cita las siguientes palabras de Bensing: "Las máquinas agrícolas no son tan aptas como las industriales para originar un ascenso ilimitado de la producción..." (I, 44). He aquí otro desacierto del señor Bulgákov. Al comienzo del capítulo VI, titulado La influencia de las máquinas agrícolas sobre el, ingreso bruto, Bensing señala esa diferencia entre las máquinas agrícolas y las industriales que, sin embargo, no es "radical". Después de analizar en detalle, para cada tipo de máquina, los datos de la literatura agrícola especializada, y en particular los de una encuesta organizada por él mismo, Bensing llega a la siguiente conclusión general: el aumento del ingreso bruto es del 10 por

ciento cuando se emplea un arado de vapor o una sembradora en líneas, y del 15 por ciento si se utiliza una trilladora; además una sembradora en líneas economiza el 20 por ciento de las simientes; y sólo respecto a las patatas la ganancia bruta disminuye en el 5 por ciento cuando se las cosecha a máquina. El señor Bulgákov afirma: "En todo caso, el arado de vapor es la única máquina agrícola acerca de la cual puede decirse algo favorable desde el punto de vista técnico" (I, 47-48), pero esta afirmación es desmentida, en todo caso, por el mismo Bensing, a quien el señor Bulgákov invoca imprudentemente.

Para darnos una idea, lo más exacta y completa posible, de la importancia de la maquinaria en la agricultura, Bensíng realiza una serie de cálculos minuciosos sobre los resultados de la labranza sin máquinas, o mediante el empleo de una máquina, de dos, etc., o de todas las máquinas importantes, incluidos el arado de vapor y los ferrocarriles para el transporte agrícola (Feldbahnen): Descubrió que, sin máquinas, el ingreso bruto sería de 69.040 marcos; los gastos ascenderían a 68.615 marcos, y el beneficio neto a 425 o sea 1,37 marcos por hectárea. En cambio, empleando "todas las máquinas importantes, el ingreso bruto se cifraría en 81.078 marcos; los gastos en 62.551,5, y el beneficio neto en 18.526,5 ó 59,76 marcos por hectárea, es decir, ascendería en más de 40 veces. ¡Y esto se debe sólo a la influencia de la maquinaria, pues se ha supuesto que el sistema de cultivo no varía! Como lo demuestran los cálculos de Bensing, se sobrentiende que el empleo de máquinas corre parejas con un enorme crecimiento del capital constante y una disminución del capital variable (es decir, del capital invertido en fuerza de trabajo, y del propio número de obreros). En una palabra, la obra de Bensing refuta por completo al señor Bulgákov, y no sólo demuestra la superioridad de la gran producción en la agricultura, sino también que a ésta es aplicable la ley del crecimiento del capital constante a expensas del variable.

Una sola cosa aproxima al señor Bulgákov a Bensing: éste adopta un punto de vista puramente burgués, no comprende nada las contradicciones inherentes al capitalismo y cierra beatíficamente los ojos ante el desplazamiento de los obreros por las máquinas, etc. Este discípulo moderado y escrupuloso de los profesores alemanes habla de Marx con tanto odio como el señor Bulgákov. Pero es más consecuente: considera a Marx "adversario de las máquinas" en general, tanto en la agricultura como en la industria, ya que, en su opinión, Marx "deforma los hechos" cuando habla de la influencia funesta de las máquinas sobre los obreros y les atribuye toda clase de males (Bensing, 1. c, S. 4, 5, 11*). Una vez más, la actitud de Bulgákov hacia Bensing pone en evidencia cuáles son las tesis de los sabios burgueses que los señores "críticos" se han apropiado y cuáles las que fingen no ver. * Bensing, ob. cit., págs. 4, 5, W.-Ed.

La naturaleza de la "crítica" de Hertz queda revelada por el siguiente ejemplo: en la página 149 (de la traducción rusa) acusa a Kautsky de "métodos satíricos", y en la pág. 150. "impugna" el aserto de que la gran producción es más apropiada para el empleo de máquinas, con argumentos como los siguientes: 1. Gracias a las cooperativas, la compra de máquinas es accesible también a los pequeños agricultores. ¡Con esta ocurrencia se supone refutar el hecho de que las máquinas se usan en mayor proporción en las grandes haciendas agrícolas! ¿Pero a quiénes son más accesibles los beneficios de la cooperativa? En el segundo ensayo nos

ocuparemos especialmente de Hertz en este sentido. 2. En Sozialistische Aionatshefte87 (V, 2), David ha mostrado que el empleo de máquinas en las pequeñas haciendas "está muy difundido y aumenta mucho... y la sembradora en líneas puede encontrarse con frecuencia (sic!) aun en las haciendas más pequeñas. Ocurre lo mismo con la segadora y otras máquinas" (S. 63; pág. 151 de la traducción rusa). Y si el lector consulta el artículo de David*, notará que éste toma las cifras absolutas del número de haciendas que utilizan máquinas, y no la proporción de éstas en relación con el total de haciendas del grupo dado (como lo hace, desde luego, Kautsky). * En el libro de David El socialismo y la agricultura (San Petersburgo, 1906), se repite este método erróneo (pág. 179). (Nota del autor a la edición de 1908.-Ed.)

Comparemos estas cifras, correspondientes a toda Alemania en 1895** (véase el cuadro de la pág. 135.-Ed.). ** Statistik des Deutschen Reichs, 112 Bd., S. 36.

¡Qué rotundamente, ¿verdad?, confirman estas cifras las palabras de David y Hertz, para quienes las sembradoras y las segadoras se hallan "con frecuencia incluso en las haciendas más pequeñas"! Y cuando Hertz llega a la "conclusión" de que "a juzgar por las estadísticas la afirmación de

Haciendas que emplean máquinas

Número

guadaña

sembrad

Grupo de haciendas

total de haciendas

sembra

doras y segador

doras %

oras en

%

%

líneas

as

Hasta  2 ha ... 3.236.367 0,01 14.735 0,46 0,01 Con 2-5  " ... 1.016.318 0,05 13.088 1,29 0,06 "     5-20 " ... 998.804 3.252 0,33 48.751 4,88 6.746 0,68 "  20-100 " ... 281.767 12.091 4,29 49.852 17,69 19.535 6,93 " 100 y más " ... 25.061 12.565 50,14 14.366 57,32 7.958 31,75 Total 5.558.317 28.673 0,52 140.792 2,54 35.084 0,63

Kautsky no resiste la crítica", cabe preguntar: ¿quién utiliza en realidad métodos verdaderamente satíricos?

A título de curiosidad, debemos señalar que al negar la superioridad de la gran hacienda para el empleo de máquinas y el hecho, derivado de ello, de que en la pequeña hacienda se trabaja mucho y consume poco, los "críticos" se contradicen implacablemente a sí mismos cuando se ven obligados a encarar una situación concreta (y olvidan su "tarea esencial" de refutar el marxismo "ortodoxo"). "La gran hacienda —dice, por ejemplo, el señor Bulgákov en el volumen II de su obra (pág. 115)— emplea siempre su capital con más intensidad que la pequeña, y por esta razón, como es natural, da preferencia a los factores mecánicos de la producción sobre la fuerza de trabajo humana". En efecto, es muy "natural" que en su calidad de "crítico" el señor Bulgákov, siguiendo a los señores Struve y Tugán-Baranovski, se incline hacia la economía política vulgar y oponga los "factores de producción" mecánicos a los humanos. ¿Pero es natural que niegue con tanta imprudencia la superioridad de la gran hacienda?

87 Sozialistische Monatshefte (Cuadernos Mensuales Socialistas): revista, principal órgano de los oportunistas alemanes y uno de los portavoces del revisionismo internacional. Apareció en Berlín de 1897 a 1933.

Para el señor Bulgákov la concentración en la producción agrícola no tiene otro nombre que "ley mística de la concentración", etc. Pero he aquí que debe vérselas con datos ingleses, que demuestran la tendencia a la concentración de las haciendas, desde los años 50 hasta fines de la década del 70.

"Las pequeñas haciendas que sólo producían para su consumo —escribe el señor Bulgákov—, se han fusionado en otras mayores. Esta unión de las tierras no es, en modo alguno, el resultado de la lucha entre la gran producción y la pequeña (?); proviene del deseo consciente (!?) de los landlords de aumentar su renta mediante la agrupación de varias haciendas pequeñas que dan muy poca renta, en una gran explotación agrícola capaz de pagar una renta considerable" (I, 239). Comprenda usted, lector: no se trata de una lucha entre la gran hacienda y la pequeña, sino de la eliminación de esta última porque es menos rentable. "Es indudable que, debido a la organización capitalista de la agricultura, la gran explotación agrícola capitalista posee, en cierta medida, ventajas indiscutibles sobre la pequeña hacienda capitalista" (I, 239-24Í)). Pero si es indudable, ¿por qué, entonces, el señor Bulgákov. ha alborotado y alborota tanto (en Nachalo) contra Kautsky, quien comienza el capítulo sobre la gran producción y la pequeña (en El problema agrario) con la afirmación de que: "A medida que el capitalismo se desarrolla en la agricultura, se ahonda más la diferencia cualitativa entre la técnica de la gran producción y la de la pequeña"?

Pero no sólo el período de prosperidad de la agricultura en Inglaterra, sino también el período de crisis, nos lleva a conclusiones desfavorables para la pequeña hacienda. Los informes de las comisiones publicados en los últimos años "confirman con pasmosa regularidad que el mayor peso de la crisis ha recaído precisamente sobre los pequeños agricultores" (1, 311). "Sus casas —dice uno de esos informes, al hablar de los pequeños propietarios--están en peores condiciones que las viviendas de la generalidad de los obreros... El trabajo de todos ellos es extraordinariamente duro y más prolongado que el de los obreros; muchos afirman que su situación material no es tan ventajosa como la de éstos, que no viven también y que rara vez comen carne fresca"... "Los yeoman, agobiados por las hipotecas, han sido los primeros en arruinarse" (I, 316)... "Se privan de todo, como pocos obreros lo hacen"... "Los pequeños arrendatarios pueden arreglárselas mientras logran utilizar el trabajo no retribuido de los miembros de la familia"... "No es necesario agregar que la vida del pequeño arrendatario es infinitamente más penosa que la del obrero" (I, 320-321).

Hemos reproducido esos extractos para que el lector pueda juzgar acerca de la justedad de la siguiente conclusión del señor Bulgákov: "La ruina implacable de las haciendas que sobrevivieron hasta, la época de la crisis agraria sólo indica (!!) que en tales circunstancias los pequeños productores desaparecen más rápidamente que los grandes, y nada más (sic.!!). Es imposible extraer de esto una conclusión general sobre su viabilidad económica, pues en esta época toda la agricultura inglesa era insolvente" (I, 333). Magnífico, ¿verdad? Y el señor Bulgákov llega a generalizar este notable modo de razonar en el capítulo que trata de las condiciones generales del desarrollo de la hacienda campesina: "La baja repentina de los precios ejerce una influencia funesta sobre todas las formas (¿todas las formas?) de producción; pero la producción campesina, que dispone de capital más reducido, es, por supuesto, menos estable que la gran producción (lo cual en nada afecta al problema de su

viabilidad general)" (II, 247). Por lo tanto, en la sociedad capitalista, las empresas que disponen de capitales más reducidos son menos estables, ¡pero eso en nada afecta su viabilidad "general"!

Tampoco el señor Hertz brilla por la coherencia de sus juicios. "Refuta" a Kautsky (con los procedimientos descritos más arriba), pero al hablar de Norteamérica reconoce la superioridad de sus haciendas más extensas, que permiten el "empleo de máquinas en medida mucho mayor que en nuestra economía parcelaria" (S. 36; trad. rusa, 93); reconoce que "el campesino europeo trabaja ateniéndose por lo general a métodos de producción envejecidos y rutinarios, y se desloma (robotend) para ganar su pedazo de pan, como un obrero, sin deseos de mejorar" (ibíd.). Por otra parte, Hertz admite en general que "la pequeña producción necesita relativamente más trabajo que la grande" (S. 74; trad. rusa, 177). Haría bien en comunicar al señor Bulgákov los datos relativos al aumento de las cosechas como y consecuencia de la introducción del arado de vapor (S. 67-68; trad. rusa, 162-163), etc.

La consecuencia natural de la falta de solidez de las concepciones teóricas de nuestros críticos en lo que se refiere al papel de la maquinaria agrícola es su impotente repetición de los argumentos puramente reaccionarios de los agrarios, enemigos de las máquinas. Cierto es que Hertz se muestra aún muy indeciso en este delicado punto; al hablar de las "dificultades" para introducir las máquinas en la agricultura, advierte: "se cree que, como durante el invierno queda mucho tiempo libre, la trilla a mano resulta más ventajosa" (S. 65; trad. rusa, 156-157). Con la lógica que le caracteriza, Hertz se siente inclinado, por lo visto, a deducir que ese hecho no habla contra la pequeña producción, ni contra los obstáculos que el capitalismo opone al empleo de máquinas, ¡sino contra las máquinas! No sin razón el señor Bulgákov le reprocha "estar demasiado atado a las opiniones de su partido" (II, 287). El profesor ruso está —desde luego— por encima de esas "ataduras" humillantes y declara con orgullo: "Estoy bastante libre del prejuicio tan común, sobre todo en las publicaciones marxistas, según el cual toda máquina constituye un progreso" (I, 48). Por desgracia las conclusiones concretas no corresponden en absoluto a la altura de pensamientos que revela este magnífico razonamiento— "La trilladora de vapor — escribe el señor Bulgákov—, que deja sin trabajo durante el invierno a tantos obreros, ha sido para éstos, sin duda, un mal considerable no compensado por las ventajas técnicas*. Tal hecho lo ha señalado, de pasada, Goltz, quien llega a exponer un deseo utópico" (II, 103). Este deseo consiste en limitar el empleo de las trilladoras, en especial las de vapor, "para mejorar la situación de los obreros agrícolas —agrega Goltz—, así como para disminuir la emigración y las migraciones" (por migraciones, añadimos nosotros, Goltz debe entender, probablemente, el traslado a las ciudades). * Cfr. el tomo I, pág. 51: "...la trilladora de vapor... ejecuta el trabajo principal en el período de invierno, que de por sí es pobre en labores (por consiguiente, es más que dudosa la utilidad de esta máquina en el conjunto (sic!!) de la agricultura; más adelante volveremos a encontrar este hecho)".

Recordemos al lector que esta idea de Goltz la señaló también Kautsky en El problema agrario. Por eso, no carecería de interés comparar, en un problema concreto de economía (la importancia de las máquinas) y de política (¿corresponde limitarlas?), la opinión del ortodoxo estrecho, imbuido de prejuicios marxistas, con la del crítico moderno que ha comprendido perfectamente todo el espíritu del "criticismo".

Kautsky dice (Agrarfrage, S. 41) que Goltz atribuye a la trilladora una "influencia" particularmente "nefasta", que priva a los obreros agrícolas de su principal ocupación durante el invierno, los empuja a la ciudad y agrava el problema de la despoblación del campo. Y Goltz propone —agrega Kautsky— limitar el empleo de la trilladora, "aparentemente en interés de los obreros agrícolas, pero en realidad en beneficio de los terratenientes, para quienes", como dice el propio Goltz, "la pérdida causada por esta limitación será compensada con creces, si no ahora, por lo menos en el futuro, con el aumento de obreros disponibles durante el verano". "Por fortuna —prosigue Kautsky—, esta simpatía conservadora hacia los obreros no es más que una utopía reaccionaria. La trilladora es demasiado ventajosa 'inmediatamente' para que los terratenientes renuncien a ella con vistas a las ganancias 'futuras'. Así pues, seguirá ejerciendo su actividad revolucionaria: continuará empujando a los obreros agrícolas hacia las ciudades y llegará a ser, por una parte, un poderoso instrumento para elevar los salarios en el campo, y por otra, para desarrollar la industria de máquinas agrícolas."

Es característica en grado sumo la actitud del señor Bulgákov ante la forma en que plantean, la cuestión un socialdemócrata y un agrario: constituye una pequeña muestra de la posición en que se sitúa, en general, toda la "crítica" moderna, a mitad de camino entre el partido del proletariado y el de la burguesía. Desde luego, el crítico no es tan estrecho y trivial como para adoptar el punto de vista de la lucha de clases y de la radicalización de todas las relaciones sociales por el capitalismo.

Pero de otro lado, aunque nuestro crítico se haya vuelto "juicioso", los recuerdos de la época en que era "joven y tonto" y compartía los prejuicios marxistas, le impiden abrazar en su totalidad el programa de su nuevo cantarada, el agrario, ¡quien con toda razón y consecuencia concluye deseando que prohiban las máquinas por el daño que causan "a toda la agricultura"! Y como el asno de Buridán, nuestro buen crítico se encuentra indeciso entre dos haces de heno88. Por una parte, ha perdido toda noción de la lucha de clases y se siente capaz de hablardel daño causado por las máquinas "a toda la agricultura", olvidando que toda la agricultura moderna se halla dirigida, fundamentalmente, por empresarios que sólo piensan en sus ganancias; ¿tanto se ha olvidado de "los años de juventud", de cuando era marxista, que hasta plantea el absurdo interrogante de si las ventajas técnicas de la maquinaria "compensan" su acción nefasta sobre los obreros (y esta acción nefasta no sólo sería producida por la trilladora de vapor, sino también por el arado de vapor, la guadañadora, la aventadora, etc.)? Ni siquiera advierte que, en realidad, el agrario pretende esclavizar aún más al obrero, tanto en verano como en invierno. Por otra parte, recuerda confusamente el anticuado prejuicio "dogmático", según el cual es utópico prohibir la maquinaria. ¿Logrará el pobre señor Bulgákov salir de esta desagradable situación?

Es digno de señalar que nuestros críticos, en su esfuerzo por disminuir la importancia de las máquinas agrícolas, para lo cual recurren incluso a la ley de la "fertilidad

88 Encontrarse en la situación del asno de Buridán: expresión que se emplea para definir una gran indecisión, la vacilación al escoger entre dos objetos o decisiones equivalentes. La expresión se atribuye a Johannes Buridán, filósofo escolástico francés del siglo XIV, que negaba el libre albedrío. Para probar su argumento afirmaba que un asno se moriría de hambre o de sed si le colocaran delante dos haces de heno o dos baldes de agua iguales, ya que teniendo plena libertad de opción no sabría decidirse.

decreciente del suelo", han olvidado mencionar (o no quieren hacerlo) la nueva revolución técnica que prepara el empleo de la energía eléctrica en la agricultura. Pero Kautsky, quien según la muy injusta opinión del señor P. Máslov "cometió el grave error de no establecer en qué sentido marcha el desarrollo de las fuerzas productivas en la agricultura" (Zhizn, 1901, núm. 3, pág. 171), ya había hablado en 1899 (Agrarjragé) de la significación de la electricidad en la economía agraria.

En la actualidad los síntomas de una próxima revolución técnica se observan ya con mayor claridad. Se procura demostrar teóricamente el papel de la electrotecnia en la agricultura (véase Dr. Otto Pringsheim: Landwirtschqftliche Mamt— faktur und elektrische Landwirtschaft, Brauns Archiv*, XV, 1900, S. 406-418, y el artículo de K. Kautsky en Neue Zeit89, XIX, l, 1900-1901, núm. 18, Die Elektrizitat in der Landwirtschaft**). Se escucha la voz de terratenientes prácticos que describen sus experiencias en la aplicación de la electricidad (Pringsheim cita el libro en que Adolfo Seufferheld habla de las experiencias realizadas en su hacienda): ven en la electricidad un medio para que la agricultura vuelva a ser rentable y proponen al Gobierno y a los terratenientes la creación de centrales eléctricas y el aumento de la producción de electricidad para los propietarios rurales (el año pasado se publicó en Kónigsberg el libro Der Aufschwung unseres Landwirtschaftsbetriebes durch Verbilligung der Produktionskosten. Eine Untersuchung iiber den Dienst, den Maschinentechnik und Elektrizitat der Landwirtschaft buten*** cuyo autor, P. Mack, es un terrateniente de Prusia Oriental). * Dr. Otto Pringsheim. La manufactura agrícola y agricultura electrificada. Archivo Braun. —Ed. ** La electricidad en la agricultura.-Ed. *** P. Mack. Elevación de la producción de nuestra agricultura por medio de la reducción de los costos de producción. Investigación sobre los servicios prestados a la agricultura por la técnica mecánica y la electricidad. —Ed.

Pringsheim hace notar, con gran acierto a nuestro juicio, que la agricultura moderna —en su nivel técnico general, y también tal vez, en el plano económico— está próxima a alcanzar la fase de desarrollo industrial que Marx llamaba "manufactura". El predominio del trabajo manual y de la cooperación simple, el empleo esporádico de máquinas, las proporciones relativamente reducidas de la producción (si se considera, por ejemplo, el volumen anual de productos vendidos por una empresa), la proporción relativamente pequeña —en la mayoría de los casos— de los mercados, y el nexo entre la gran producción y la pequeña (ésta provee a aquélla de mano de obra, tal como sucedía entre los artesanos y el gran patrono de la manufactura, o bien la primera compra "productos semielaborados" a la segunda, como, por ejemplo, los grandes agricultores compran remolacha, ganado, etc., a los pequeños) indican, en efecto, que la agricultura no ha llegado aún a la fase de la actual "gran industria mecanizada", en el sentido dado por Marx. La agricultura no posee todavía "un sistema de máquinas" unidas en un solo mecanismo de producción.

Es claro que no se debe exagerar esta comparación. Por un lado, existen en la agricultura particularidades que no es posible eliminar (si prescindimos de la posibilidad demasiado lejana y problemática de preparar proteínas y alimentos en el

89 Die Neue Zeit (Tiempo Nuevo): revista teórica de la socialdemocracia alemana; apareció en Stuttgart de 1883 a 1923. De 1885 a 1895 publicó varios artículos de Marx y Engels. A partir de la segunda mitad de la década del 90, después de la muerte de Engels, la revista se convirtió en vocero de las concepciones oportunistas, publicando sistemáticamente artículos de los revisionistas.

laboratorio). Debido a tales particularidades, la gran producción mecanizada en la agricultura jamás manifestará todos los rasgos que presenta en la industria. Por otro lado, también en la manufactura la gran producción industrial alcanzó predominio y considerable superioridad técnica sobre la pequeña. Durante mucho tiempo, el pequeño industrial procuró contrarrestar dicha superioridad mediante la prolongación de la jornada de trabajo y la reducción de su propio consumo, tan características del artesano y del pequeño agricultor moderno. El predominio del trabajo manual en la manufactura dejaba todavía a la pequeña producción alguna probabilidad de subsistir, gracias a esas medidas "heroicas". Pero quienes se dejaban seducir por esto y hablaban de la viabilidad del artesano (así como nuestros críticos hablan hoy de la viabilidad del campesino), fueron muy pronto rebatidos por la "tendencia transitoria" que paraliza la "ley universal" del estancamiento técnico. A modo de ejemplo, recordemos a los investigadores rusos que estudiaron la tejeduría artesanal en la provincia de Moscú en los años 70. Según ellos, en lo que se refiere a la tejeduría del algodón, la causa del tejedor manual estaba perdida: la máquina había triunfado. En los tejidos de seda, por el contrario, los artesanos aún podían subsistir, porque las máquinas todavía no eran perfectas. Han pasado dos décadas, y la técnica expulsó al pequeño productor de uno de sus últimos refugios y esto enseña —a quien tiene oídos para oír y ojos para ver— que el economista debe mirar siempre hacia adelante, hacia el progreso técnico, si no quiere hallarse de inmediato en retardo, pues quien no mira hacia adelante vuelve la espalda a la historia: no hay ni puede haber término medio.

Pringsheim comenta atinadamente: "Los escritores que como Hertz estudiaron la competencia entre la gran producción agrícola y la pequeña sin considerar el papel de la electrotecnia, deberán comenzar nuevamente su estudio". Esta observación es aplicable con mayor motivo a los dos volúmenes del señor Bulgákov.

La energía eléctrica es más barata que el vapor, se distingue por su mayor divisibilidad en unidades pequeñas, es mucho más fácil transmitirla a grandes distancias y hace más regular y suave la marcha de las máquinas. Por todo ello puede utilizarse con bastante más ventaja en la trilla, arado, ordeño, corte de forrajes*, etc. Kautsky describe un latifundio de Hungría** en el cual la energía eléctrica suministrada por una central se distribuye en todas direcciones hasta los lugares más alejados de la finca y se utiliza para el funcionamiento de la maquinaria agrícola, para cortar la remolacha, elevar el agua, suministrar luz, etc. * Para información del audaz señor Bulgákov, quien declara audazmente y sin fundamento que "en la producción agrícola hay ramas, como la ganadería, en las cuales no es posible usar máquinas" (I, 49). ** Otra indicación para el señor Bulgákov, que habla de ¡"el latifundio como degeneración de la gran hacienda"! "Para transportar 300 hectolitros de agua por día, desde un pozo de 29 metros de profundidad a un tanque colocado a 10 metros de altura, y para preparar el pienso de 240 vacas, 200 terneros, 60 bueyes y caballos de trabajo, es decir, para cortar y desmenuzar la remolacha, etc., se necesitaban dos yuntas de caballos en invierno y una en verano, lo que costaba 1.500 guldenes. Ahora los caballos han sido reemplazados por un motor de 3 y otro de 5 HP, cuyo entretenimiento sale a 700 guldenes, o sea, 800 guldenes menos" (Kautky, 1. c).

Mack evalúa en 3 marcos el costo del trabajo diario de un caballo; pero cuando se lo reemplaza por la electricidad, el mismo trabajo cuesta entre 40 y 75 pfennigs, o sea, de 400 a 700 por ciento más barato. Si en 50 años, más o menos, continúa Mack, la

energía eléctrica reemplaza 1.750.000 caballos empleados en la agricultura alemana (en 1895 se empleaba para las faenas agrícolas 2.600.000 caballos, 1.000.000 de bueyes y 2.300.000 vacas; de estas cifras, las haciendas mayores de 20 hectáreas empleaban 1.400.000 caballos y 400.000 bueyes), ésta disminuiría sus gastos de 1.003 millones de marcos a 261 millones, o sea, ahorraría 742 millones de marcos. La enorme superficie que da forrajes para el ganado podría dedicarse a la producción de alimentos, para mejorar la nutrición de los obreros, a quienes el señor Bulgákov trata de espantar con el fantasma de la "disminución de los dones de la naturaleza", el "problema del trigo", etc. Mack recomienda con insistencia unir la agricultura y la industria para obtener un aprovechamiento permanente de la energía eléctrica; aconseja construir el canal de Mazuria, que podría proporcionar corriente eléctrica a cinco centrales, las cuales suministrarían energía a los agricultores en 20 ó 25 kilómetros a la redonda; para el mismo fin recomienda usar la turba, y preconiza el agrupamiento de los agricultores. "Sólo en unión cooperativa con la industria y el gran capital puede volver a ser rentable nuestra rama de la industria" (Mack, S. 48). Ni que decir tiene que la aplicación de nuevos métodos de producción encontrará obstáculos, no avanzará en línea recta, sino en zigzag. Pero no cabe duda de que se realizará, y que la revolución en la agricultura es inevitable. "El reemplazo de la mayor parte de las yuntas de tiro por motores eléctricos —señala con razón Pringsheim— indica que el sistema de máquinas puede aplicarse en la agricultura... Lo que no pudo lograr la fuerza de vapor, lo hará, con seguridad, la electrotecnia: de la etapa de la antigua manufactura, la agricultura pasará a la de la gran producción moderna" (1. c, pág. 414).

No nos detendremos a señalar la victoria gigantesca que alcanzará la gran producción (y en parte ya la ha alcanzado) al ser introducida la electrotecnia en la agricultura. Este es un hecho demasiado evidente para que insistamos en él. Será mejor que veamos cuáles son las haciendas modernas que poseen en germen el "sistema de máquinas" que será puesto en movimiento por la central eléctrica. En efecto, para tener un sistema de máquinas se necesita, ante todo, probar diversas máquinas y realizar experimentos con el empleo combinado de muchas de ellas. El catastro agrícola alemán del 14 de junio de 1895 brinda la información necesaria. Poseemos datos sobre el número de haciendas de cada uno de'los grupos que emplean máquinas propias o alquiladas (el señor Bulgákov se equivoca cuando reproduce, en la página 114 del volumen II de su obra, una parte de esos datos, creyendo que se refieren al número de máquinas utilizadas. De paso, puede decirse que las estadísticas sobre el número de haciendas que emplean máquinas propias o alquiladas señalan, por supuesto, la superioridad de la gran producción en forma más atenuada de lo que en realidad sucede. Los grandes agricultores poseen máquinas con más frecuencia que los pequeños, los cuales pagan precios excesivos para alquilarlas). Estos datos se refieren al uso de máquinas en general, o de cada tipo de máquina en particular, de manera que no podemos establecer cuántas máquinas emplean las haciendas de cada grupo. Pero si se suma en cada grupo las haciendas que emplean una u otra especie de máquina, obtendremos el número de casos en que se emplean máquinas agrícolas de todo tipo. He aquí los datos clasificados de esa manera, que señalan la forma en que se prepara el terreno para el "sistema de máquinas" en la agricultura (véase el cuadro de la pág. 146.— Ed.).

De modo que entre las pequeñas haciendas de menos de 5 hectáreas (más de 3/4 del total: 4.100.000 sobre 5.500.000, o sea, el 75,5 por ciento, pero ocupan sólo 5.000.000 de hectáreas sobre 32.500.000, es decir, el 15,6 por ciento), el número de casos en que se emplea cualquier tipo de máquinas agrícolas (incluidas las de lechería) es realmente Ínfimo.

A cada 100 haciendas corresponde haciendas que

casos en que empican un tipo determinado de

Extensión de las

emplean máquinas agrícolas en general (1895)

haciendas

máquina (1895)

Hasta   2 ha 2,03 2,30 Con    2-5 " 13,81 15,46 "      5-20 " 45,80 56,04 "     20-100 " 78,79 128,46 "  100 y más " 94,16 352,34 Total 16,36 22,36

Las haciendas medianas (de 5 a 20 hectáreas) que hacen uso de máquinas en general son menos de la mitad, y a cada 100 corresponden sólo 56 casos de utilización de máquinas agrícolas. Únicamente en la gran producción capitalista* observamos que la mayoría de las haciendas (entre 3 /4 y 9/10 del total) emplean maquinaria y que empieza a crearse un sistema de máquinas', por cada hacienda corresponde más de un caso de utilización de máquinas. En consecuencia, se emplean varias máquinas en una misma hacienda. Por ejemplo, las haciendas de más de 100 hectáreas se sirven cada una de casi 4 máquinas (el 352 por ciento contra el 94 por ciento de las que emplean máquinas en general). De 572 latifundios (haciendas de más de 1.000 hectáreas), 555 utilizan máquinas, y llegan a 2.800 los casos en que se emplean, o sea, un promedio de 5 máquinas por latifundio. Por lo tanto, ya se ve cuáles son las haciendas que preparan la revolución "eléctrica" y cuáles se beneficiarán más con ella. * Las haciendas de más de 20 hectáreas constituyen el 5,5 por ciento del total, o sea, 300.000 sobre 5.500.000; pero ocupan 17.700.000 hectáreas sobre 32.500.000, lo cual equivale al 54,4 por ciento de la superficie agrícola.

IV

SUPRESIÓN DE LA OPOSICIÓN ENTRE LA CIUDAD Y EL CAMPO. PROBLEMAS PARCIALES SUSCITADOS POR LOS «CRÍTICOS»

De Hertz, pasemos al señor Chernov. Como éste no hace más que "disertar" a propósito de aquél, nos limitaremos aquí a una breve caracterización de la manera de razonar de Hertz (así como de los métodos que usa el señor Chernov para remedarlo), con el fin de pasar (en el capítulo siguiente) al examen de algunos hechos nuevos expuestos por los "críticos".

Para mostrar lo que representa Hertz como teórico, bastará un solo ejemplo. En el comienzo de su libro encontramos un párrafo con este presuntuoso título: El concepto de capitalismo nacional. Hertz quiere, ni más ni menos, definir el

capitalismo. "Desde luego —escribe—, podemos caracterizarlo como un sistema de economía nacional que se basa jurídicamente en la total aplicación de los principios de libertad individual y de la propiedad; técnicamente, en la producción en amplias" (¿grandes?) "proporciones*; socialmente, en la separación entre los medios de producción y los productores directos; políticamente, en la posesión por los capitalistas del poder político central" (¿de la fuerza política concentrada en el Estado?) "en virtud de la distribución de la propiedad como única base económica" (pág. 37 de la trad. rusa). * El señor V. Chernov (R. B., núm. 4, 132) traduce así: "sobre una producción que alcanza un alto grado de desarrollo", ¡¡De esta manera se arregló para "comprender" la expresión alemana auf grosser Slufenleiter!! Estas definiciones, dice Hertz, son incompletas y es preciso establecer ciertas reservas: así, por ejemplo, al lado de la gran producción subsisten todavía por doquier la industria doméstica y la explotación agrícola del pequeño arrendatario. "Del mismo modo, no es del todo propia la definición real (sic!) del capitalismo como sistema en el cual la producción está bajo el control" (dominio y control) "de los capitalistas" (dueños de capital). ¿No es admirable esta definición "real" del capitalismo como dominio de los capitalistas?

Y cuan típica resulta esta búsqueda, tan de moda hoy, casi realista, aunque en verdad ecléctica, de— una enumeración exhaustiva de todos los aspectos y todos los "factores" por separado. El resultado es, por supuesto, esta absurda tentativa de incluir en un concepto general todos los aspectos parciales de fenómenos aislados, o, por el contrario, de "evitar el conflicto con fenómenos en extremo variados" — tentativa que demuestra simplemente una elemental incomprensión de lo que es la ciencia— hace que los árboles no dejen ver el bosque al "teórico". Hertz, por ejemplo, ¡llega incluso a olvidar detalles tales como la producción mercantil y la transformación de la fuerza de trabajo en mercancía! En cambio inventa la siguiente definición genética, que reproducimos íntegramente para castigo del autor. El capitalismo es "un estado de la economía nacional en el cual la realización de los principios del Ubre intercambio, de la libertad individual y de la propiedad ha alcanzado su nivel (relativamente) más elevado, determinado por el desarrollo económico y por las condiciones empíricas de cada economía nacional en particular" (S. 10; traducción rusa, 38-39, no del todo exacta). El señor Chernov, desde luego, reproduce y describe con fervorosa admiración estas pompas de jabón; además regala a los lectores de Rússkoe Bogatstvo, a lo largo de treinta páginas, el "análisis" de los tipos de capitalismo nacional. De este análisis tan aleccionador se puede extraer una serie de referencias muy preciosas y nada triviales. Así, por ejemplo, sobre el "carácter independiente, orgulloso y enérgico del británico", sobre la "solidez" de la burguesía inglesa y los aspectos "poco simpáticos" de su política exterior; sobre el "temperamento apasionado e impulsivo de los latinos" y sobre la "escrupulosidad alemana" (R. B., núm. 4, pág. 152). Huelga decir que después de este análisis el marxismo "dogmático" ha quedado definitivamente aniquilado.

No menos fulminante es el análisis de Hertz sobre las estadísticas de hipotecas. Por lo menos, al señor Chernov le entusiasma. "El hecho es —escribe este último— que... los datos de Hertz no han sido todavía refutados por nadie.

En su respuesta al libro de Hertz, Kautsky se extiende desmesuradamente sobre ciertas particularidades" (para probar, por ejemplo, las deformaciones de Hertz. ¡Hermosas "particularidades"!), "pero no responde una palabra a la argumentación

de Hertz sobre las hipotecas" (R. B.,! núm. 10, pág. 217, la cursiva es del señor Chernov). Una llamada en la página 238 del mismo número de R. B. revela que el señor Chernov conocía la respuesta de Kautsky (Zwei Kritiker meiner "Agrarfrage"*, en Neue Zeit, 18, 1; 1899-1900); el señor Chernov no podía ignorar, además, que la revista que publicaba dicho artículo había sido prohibida por la censura en Rusia. Para caracterizar los rasgos de la "crítica" moderna, resulta tanto más significativo, entonces, el hecho de que las palabras subrayadas por el propio señor Chernov contengan una flagrante falsedad, puesto que Kautsky respondió sobre la cuestión de las hipotecas "a Hertz, a David, a Bernstein, a Schippel, a Bulgákov e tutti quanti"**, en las páginas 472-477 del mismo artículo que el señor Chernov menciona. Por fastidiosa que sea la obligación de restablecer la verdad deformada, no es posible eludirla cuando se trata de los señores Chernov. * Dos críticos de mi "'Problema agrario". —Ed. ** Expresión usada por Kautsky en N. Z.. pág. 472. (Y lodos ellos. —Ed.)

Cierto es que Kautsky contestó a Hertz en tono burlón, puesto que éste había demostrado en esta cuestión incapacidad o mala voluntad para entender las cosas e inclinación a repetir trillados argumentos de economistas burgueses. En el Agrarfrage de Kautsky se trataba de la concentración de las hipotecas (S. 88-89). "Numerosos pequeños usureros del campo —escribía— van quedando cada vez más desplazados a segundo plano, cediendo el lugar a los grandes establecimientos capitalistas o públicos, centralizados, que monopolizan el crédito hipotecario." Kautsky enumera algunos establecimientos capitalistas e instituciones públicas de este tipo, habla de mutualidades de crédito agrícola (genossenschafiliche Bodenkreditinstitute) y señala que las cajas de ahorros, las sociedades de seguros y muchas corporaciones (S. 89) invierten sus fondos en hipotecas, etc.

En Prusia, por ejemplo, 17 mutualidades de crédito emitieron hacia 1887, 1.650 millones de marcos en cédulas hipotecarías90. "Estas cifras indican que la renta del suelo ya está fuertemente concentrada en manos de unos pocos establecimientos centrales" (la cursiva es nuestra), "y que la concentración crece con rapidez. En 1875 los bancos hipotecarios alemanes pusieron en circulación cédulas hipotecarias por un valor de 900 millones de marcos; en 1888, por un valor de 2.500 millones, y en 1892, el monto fue de 3.400 millones, concentrados en 31 bancos (en 1875 se concentraban en 27)" (S. 89). Esta concentración de la renta del suelo es clara muestra de la concentración de la propiedad agraria.

¡No!, responden Hertz, Bulgákov, Chernov y compañía. "Comprobamos una tendencia muy marcada a la descentralización y al parcelamiento de la propiedad" (R. B., núm. 10, 216), ya que "más de la cuarta parte del crédito hipotecario está concentrada en instituciones de crédito de carácter democrático (sic!), con multitud de pequeños depositantes" (ibíd.). Con un celo inusitado, y presentando una serie de cuadros estadísticos, Hertz intenta demostrar que los pequeños imponentes constituyen la mayor parte de los depositantes en las cajas de ahorros, etc. Uno se pregunta qué finalidad persigue con esto, pues el mismo Kautsky ha hablado de mutualidades de crédito y de cajas de ahorros (es claro que sin creer, como el señor Chernov, que se trata de instituciones especialmente "democráticas"). Kautsky habla

90 Cédulas hipotecarias: tipo especial de valores emitidos en los países capitalistas por los bancos hipotecarios garantizados con tierras o bienes inmuebles. Circulan libremente y son utilizados en las especulaciones bursátiles.

de la concentración de la renta en unas pocas instituciones centrales, ¡¡y se le responde diciendo que los pequeños imponentes constituyen la mayoría de los depositantes en las cajas de ahorros!! ¡Y a esto se le llama "parcelamiento de la propiedad"! Pero ¿qué relación tiene con la agricultura (tratándose de la concentración de la renta) el número de depositantes en los bancos hipotecarios? ¿Acaso la gran fábrica deja de significar la centralización de la producción porque sus acciones estén repartidas entre gran número de pequeños capitalistas? "Antes de que Hertz y David me hubieran informado de ello —escribía Kautsky en su respuesta al primero— ignoraba en absoluto de dónde obtenían su dinero las cajas de ahorros. Creía que operaban con los ahorros de los Rothschild y los Vanderbilt."

Sobre el paso de las hipotecas a manos del Estado, Hertz dice: "Sería un pésimo medio de luchar contra el gran capital y, por cierto, un excelente medio para levantar contra los autores de esta reforma el ejército inmenso y siempre creciente de los pequeños propietarios, y entre éstos, a los braceros" (S. 29; trad. rusa, 78. El señor Chernov lo repite complacido en las páginas 217-218 de R. B.).

¡He aquí quiénes son esos "propietarios", cuyo número aumenta, a juzgar por los gritos de Bernstein y Cía.! —responde Kautsky—, ¡Son las criadas que tienen 20 marcos en la caja de ahorros! Este es el viejo y manoseado argumento que se invoca contra los socialistas, alegando que la "expropiación" despojaría al inmenso ejército de los trabajadores. Nada menos que Eugen Richter esgrimió este argumento con empeñado afán, en un folleto que publicó después de la abolición de la Ley de excepción contra los socialistas91 (que los fabricantes compraron por millares para distribuir gratuitamente entre los obreros). En dicho folleto, Eugen Richter presenta a su famoso personaje, la "ahorrativa Agnes", una pobre costurera que poseía algunas decenas de marcos depositados en una caja de ahorros, y a la que desvalijaron los malvados socialistas cuando tomaron el poder y convirtieron los bancos en propiedad estatal. ¡De semejante fuente extraen sus argumentos "críticos" los Bulgákov*, los Hertz y los Chernov! * El señor Bulgákov había usado argumentos semejantes contra Kautsky, a propósito de las hipotecas, en Nachalo y, en alemán, en el Archiv, de Braun.

"En esa época —escribe Kautsky, refiriéndose al 'famoso' folleto de Richter—, Eugen Richter fue unánimemente ridiculizado por todos los socialdemócratas. Y ahora entre éstos encontramos a personas que elogian en nuestro órgano central" (al parecer, Kautsky alude a los artículos de David aparecidos en Vorwárts92) "una obra que repite las mismas ideas: ¡Hertz, ensalzamos tus hazañas!

En el ocaso de su vida, este es un verdadero triunfo para el pobre Eugen, y para alegrarlo no puedo por menos de reproducir el siguiente pasaje de Hertz, que figura

91 Ley de excepción contra los socialistas: fue promulgada en Alemania en 1878. La ley prohibía todas las organizaciones del Partido Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masas y la prensa obrera. Fueron confiscadas las publicaciones socialistas y se persiguió y deportó a los socialdemócratas. Pero el Partido Socialdemócrata Alemán supo reorganizar sus actividades, adaptándose a las condiciones de la clandestinidad. A la vez, aprovechó ampliamente las posibilidades legales para fortalecer sus vínculos con las masas. En 1890, bajo la presión del movimiento obrero de masas, fue derogada la Ley de excepción. 92 Vorwärts (Adelante): diario, órgano central del Partido Socialdemócrata Alemán; se publicó en Berlín desde 1891 hasta 1933. Engels luchó desde las páginas del periódico contra todas las manifestaciones de oportunismo. A partir del segundo lustro de la década del 90, después de la muerte de Engels, la Redacción de Vorwärts cayó en manos del ala derecha del partido y publicó sistemáticamente artículos de los oportunistas que dominaban en el seno de la socialdemocracia alemana y en el II Internacional.

en la misma página: 'Vemos que el pequeño Campesino, el propietario de casas en la ciudad y, sobre todo, el gran terrateniente, son expropiados por las clases medias y bajas, el grueso de las cuales se recluta indudablemente entre la población rural'" (Hertz, S. 29; trad. rusa, 77, repetido con deleite en R. B., núm. 10, págs. 216-217). "La teoría de David, según la cual el capitalismo es 'vaciado de su contenido' (Auskohlung) por los contratos colectivos sobre salarios (Tarifgemeinschaften) y las cooperativas de consumo, ha sido ya superada. Palidece ante este descubrimiento de Hertz: la expropiación de los expropiadores por medio de las cajas de ahorros. La ahorrativa Agnes, que creíamos muerta, ha resucitado" (Kautsky, 1. c, S. 475). Y los "críticos" rusos, junto con los periodistas de Rússkoe Bogatstvo, se apresuran a trasplantar al suelo ruso a la "ahorrativa Agnes", resucitada para avergonzar a la socialdemocracia "ortodoxa".

Y aquí tenemos al señor Chernov que, ahogándose de entusiasmo por los razonamientos de Eugen Richter, repetidos por Hertz, "pone de vuelta y media" a Kautsky en Rússkoe Bogatstvo y en la colección Na slávnom posta, publicada en homenaje al señor N. Mijailovski. Sería injusto no señalar algunas perlas de ese vapuleo. "Kautsky —escribe el señor Chernov en el núm. 8 de R. B., pág. 229— reconoce, pues, siguiendo a Marx, que el progreso de la agricultura capitalista termina por reducir las sustancias nutritivas del suelo: con cada producto, la tierra siempre pierde algo que va a la ciudad y jamás retorna... Con respecto a las leyes que rigen la fertilidad del suelo, Kautsky, como se puede ver, repite impotente (sic!) las palabras de Marx, basadas en la teoría de Liebig. Pero cuando Marx escribió el primer volumen de su obra, 'la ley de la regeneración' de Liebig era la última palabra de la ciencia agronómica. Desde que se hizo este descubrimiento ha transcurrido más de medio siglo, lapso durante el cual je produjo una verdadera revolución en nuestro conocimiento de las leyes de la fertilidad del suelo. ¿Y qué podemos ver?

El periodo posterior a Liebig, los descubrimientos de Pasteur, de Wille, las experiencias de Solari con los nitratos, los descubrimientos de Berthelot,. de Hellriegel, de Wilfahrt y de Vinogradski en el dominio de la bacteriología del suelo, todo esto pasó para Kautsky sin dejar rastros"... ¡Querido señor Chernov! Es sorprendente cómo se parece al Voroshílov93 de Turguénev. Recuérdese, en Humo, al joven profesor ruso que había partido en gira por el extranjero; en general, era muy taciturno, pero de tanto en tanto rompía el silencio y comenzaba a recitar, por decenas y decenas, nombres de sabios y archisabios, nombres raros y rarísimos. Exactamente lo mismo que nuestro sabio Chernov, quien ha triturado al ignorante de Kautsky. Mas... ¿y si ahora consultásemos el libro de Kautsky? ¿Y si echáramos una ojeada aunque sólo fuera al índice? He aquí el capítulo IV: La agricultura moderna, párrafo d) "Abonos, bacterias". Abrimos el libro en este párrafo y leemos:

"En la segunda mitad de la pasada década se descubrió que las leguminosas extraen del aire, y no de la tierra, a diferencia de otras plantas, casi todo el nitrógeno que necesitan, y que lejos de empobrecer el suelo, lo enriquecen con dicho elemento. Pero sólo poseen esta propiedad cuando existen en la tierra ciertos microorganismos que se adhieren a sus raíces. Cuando el suelo carece de estos microorganismos, por medio de algunos injertos es posible dotar a las leguminosas de la propiedad de

93 En la novela El humo, el escritor ruso I. S. Turguénev muestra en el personaje de Voroshílov a un tipo de falso científico, exégeta e incapaz de pensar por cuenta propia.

convertir una tierra pobre en nitrógeno en tierra rica en esa sustancia, fertilizándola en cierta medida para otros cultivos. Por lo general, la inoculación de bacterias en esas plantas, y el empleo de abonos minerales apropiados (fosfatos y sales de potasio) permite obtener de la tierra, aun sin ayuda de estiércol, cosechas abundantes. Sólo gracias a este descubrimiento adquirió la 'hacienda libre' una base tan sólida" (Kautsky, 51-52). ¿Pero quién fundamentó científicamente este notable descubrimiento de las bacterias acumuladoras de nitrógeno? Hellriegel,..

El defecto de Kautsky consiste en su mala costumbre (corriente en muchos ortodoxos de criterio estrecho) de no olvidar nunca que los miembros de un partido socialista combativo deben tener siempre en cuenta, aun en sus obras científicas, al lector obrero; que los miembros de un partido socialista combativo deben procurar escribir sencillamente, sin inútiles artificios de estilo, sin exhibir esa aparente "erudición" que tanto agrada a los decadentes y reconocidos representantes de la ciencia oficial. Aquí también Kautsky prefirió describir juiciosa y claramente los últimos descubrimientos agronómicos, sin citar nombres de sabios que nada dicen a nueve décimas partes de los lectores. Pero los Voroshílov proceden al revés: prefieren vaciar todo un saco de nombres científicos sacados de la agronomía, de la economía política, de la filosofía crítica, etc., sepultando la esencia del problema bajo esa hojarasca erudita.

Es así como Voroshílov-Chemov, acusando falsamente a Kautsky de ignorar nombres de sabios y descubrimientos científicos, recargó y escamoteó un episodio sumamente interesante e instructivo de la crítica de moda: el ataque de la economía política burguesa a la idea socialista de la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo. Por ejemplo, el profesor Lujo Bren taño afirma que el éxodo de los campesinos hacia las ciudades no se debe a las condiciones sociales, sino a una necesidad natural, a la ley de la fertilidad decreciente del suelo*. Siguiendo a su maestro, el señor Bulgákov ya declaró en Nachalo (marzo de 1899, pág. 29) que la idea de suprimir la oposición entre la ciudad y el campo "es pura fantasía" que "haría sonreír a un agrónomo". * Véase en Neue Zeit (XIX, 2, 1900-1901, núm. 27) el artículo de Kautsky: Tolstói und Brentano. Kautsky compara el socialismo científico moderno con la doctrina de L. Tolstói —observador y crítico profundo del régimen burgués, a pesar de la ingenuidad reaccionaría de su teoría— y con la economía burguesa, cuya "estrella", Brentano (maestro, como es sabido, de los señores Struve, Bulgákov, Hcítz y lutti guanti), manifiesta la más increíble confusión al mezclar fenómenos naturales con fenómenos sociales, el concepto de productividad con el de rentabilidad, el de valor con el de precio, etc. ''Esto — dice Kautsky con razón— no es tan característico de Brentano en sí, como de la escuela a la que pertenece. En su expresión actual, la escuela histórica de la economía burguesa considera como una posición ya superada [überwundener Stand— punkl) la tendencia a una concepción integral del mecanismo social. Según esta concepción, la ciencia económica no debe estudiar las leyes de la sociedad y reunirías en un sistema integral; debe limitarse a la descripción formal de hechos sociales aislados de ayer y de hoy. De este modo, se acostumbra a considerar solamente la superficie de los fenómenos. Y cuando algún representante de esta escuela cede, no obstante, a la tentación de investigar causas más profundas de los fenómenos, se muestra incapaz de orientarse y no hace más que saltar, impotente, de rama en rama del problema. En nuestro Partido también se manifiesta desde hace algún tiempo la tendencia a sustituir la teoría de Marx no por otra, sino por la ausencia de toda teoría (Theorielosigkeit), que es lo que define a la escuela histórica; es decir, la tendencia a rebajar al teórico al papel de simple cronista. Esta confusión de Brentano que hemos puesto al descubierto debe servir de advertencia contra los métodos actuales de la escueta histórica a todos aquellos que, en lugar de simples saltos (Fortumrschteln) a la ventura, dados de cuando en cuando, desean un movimiento de avance enérgico y coherente hacia un gran objetivo" (S. 25).

Hertz escribe en su libro: "La supresión de las diferencias entre la ciudad y el campo constituye por cierto la aspiración fundamental de los viejos utopistas (incluso de los del Manifiesto), pero no creemos que un régimen social que encierre todas las condiciones necesarias para orientar la cultura humana hacia los fines más elevados pueda realmente hacer desaparecer esos grandes centros de cultura y energía que son las grandes ciudades y, para reparar un sentimiento estético ofendido, renunciar

a esos abundantes tesoros del arte y de la ciencia sin los cuales es imposible el progreso" (S. 76. ¡En la página 182 de la versión rusa se ha traducido el vocablo potenzirt* por "potencial"! ¡Qué calamidad son estas versiones rusas! En la pág. 270, el mismo traductor interpreta la sentencia Wer isst zuietzt das Schweiri?**, como "¿Finalmente, quién es el cerdo?"). ¡Como puede verse, Hertz defiende el régimen burgués contra las "fantasías" socialistas con frases tan desbordantes de "lucha por el idealismo" como las de los señores Struve y Berdiáev! Pero dicha defensa nada gana con esta fraseología idealista y grandilocuente. * Elevado a una potencia superior; abundante. —Ed. ** "¿Quién se come finalmente el cerdo?" — Ed.

Los socialdemócratas saben apreciar el mérito histórico de los grandes centros de energía y cultura; lo demuestran con su lucha intransigente contra todo lo que sujeta a su lugar de residencia a la población en general, y a los campesinos y obreros agrícolas en particular. He aquí la razón por la cual, a diferencia de los críticos, no morderán el anzuelo de los agrarios, que desean proporcionar al "buen mujik" un "jornal" durante el invierno. Pero el hecho de que reconozcamos decididamente que en la sociedad capitalista las grandes ciudades constituyen un elemento de progreso, no nos impide en modo alguno incluir en nuestro ideal (y en nuestro programa de acción, ya que dejamos los ideales irrealizables para los señores Struve y Berdiáev) la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo. No es cierto que ello equivalga a renunciar a los tesoros de la ciencia y del arte. Por el contrarío, es indispensable para que tales tesoros sean accesibles a todo el pueblo, para destruir lo que separa de la cultura a las grandes masas rurales, calificado tan atinadamente por Marx de "idiotismo de la vida rural"94. En la actualidad, cuando es posible trasmitir a distancia la energía eléctrica, cuando el alto nivel alcanzado por la técnica del transporte permitirá trasladar viajeros, con menores gastos que ahora, a más de 200 verstas por hora *, no existen obstáculos técnicos que impidan a toda la población, repartida más o menos igualmente sobre la extensión del país, aprovechar los tesoros artísticos y científicos acumulados a través de los siglos en algunos centros. * Si el proyecto de construcción de una línea férrea como la que unirá a Manchester y Liverpool no fue ratificado por el Parlamento, ello se debe a la oposición interesada de los magnates ferroviarios, que temen la ruina de las antiguas compañías.

Y si nada hay que impida la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo (claro está que debemos concebir esta supresión como una serie de medidas, y no como un acto único), lo que la reclama no sólo es, ni mucho menos, el "sentido estético". En las grandes ciudades, según la expresión de Engels, la gente se ahoga en sus propios desperdicios, y los que pueden huyen periódicamente de ellas en busca de aire fresco y agua pura95.

También la industria se extiende por todo el país, pues necesita asimismo agua pura. La explotación de los saltos de agua, canales y ríos para obtener energía eléctrica, impulsará de nuevo esa "dispersión de la industria". Por último, last but not leasl*, el empleo racional de los desperdicios de la ciudad en general y de los excrementos humanos en particular, tan importante para la agricultura, exige también la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo. * El último, pero no el menos importante. —Ed.

94 Véase C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 4, pág. 428). 95 Véase F. Engels. Contribución al problema de la vivienda (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 18, pág. 276).

Y he aquí que justamente contra este punto de la teoría de Marx y Engels se les ha ocurrido a los señores críticos dirigir sus objeciones agronómicas (en lugar de hacer un análisis completo de la teoría que sobre esta cuestión expone ampliamente Engels en su Anti-Dühring96, prefirieron abstenerse de dar su opinión y se limitaron, como siempre, a remedar ideas fragmentarias de un Brentano cualquiera). He aquí el hilo del razonamiento de los críticos: Liebig demostró que es necesario devolver al suelo todo lo que se le ha quitado; consideraba, por eso mismo, que arrojar al mar o a los ríos los desperdicios de las ciudades significaba un bárbaro e inútil despilfarro de sustancias necesarias para la agricultura. Kautsky comparte la teoría de Liebig. Pero la agronomía moderna ha demostrado que es perfectamente posible restablecer las fuerzas productivas del suelo sin necesidad de abono animal, por medio de fertilizantes artificiales, por inoculación de las plantas leguminosas con ciertas bacterias capaces de fijar los nitratos, etc. Por consiguiente, Kautsky y todos esos "ortodoxos" son simplemente individuos atrasados.

Por consiguiente, respondemos nosotros, también aquí los señores críticos cometen una de sus innumerables y constantes deformaciones. Después de exponer la teoría de Liebig, Kautsky señalaba a renglón seguido que la agronomía moderna probó la absoluta posibilidad de "prescindir por completo del abono animal" (S. 50, Agrarfrage; véase el pasaje citado más arriba); pero agregaba que eso no era más que un paliativo en comparación con el despilfarro de excrementos humanos producido por el sistema cloacal de las ciudades.

Este es el punto que los críticos habrían debido refutar si hubiesen sido capaces de discutir el fondo de la cuestión; habrían debido demostrar que no se trata de un paliativo. Pero ni siquiera se les ocurrió pensar en ello. De más está decir que la posibilidad de reemplazar los abonos naturales por abonos artificiales, y el reemplazo (parcial) que se realiza no refuta en lo más mínimo el hecho de que es insensato arrojar inútilmente los abonos naturales, contaminar el agua y el aire en los alrededores de las ciudades y las fábricas. En las cercanías de las grandes ciudades ya existen campos irrigados que utilizan con gran beneficio para la agricultura los desperdicios de las ciudades, pero es ínfima la parte de ellos que se aprovecha de este modo. Los abonos artificiales —explica Kautsky, respondiendo en la página 211 de su libro a la objeción de que la agronomía moderna niega la explotación agronómica del campo por la ciudad, objeción que los señores críticos le presentan como una novedad— "permiten conjurar la disminución de la fertilidad del suelo, pero la necesidad de emplearlos en cantidades crecientes constituye una de las muchas cargas que pesan sobre la agricultura, cargas que de ninguna manera provienen de una necesidad natural, sino de las relaciones sociales existentes"*. * Es superfluo decir —continúa Kautsky— que los fertilizantes artificiales no desaparecerán con la caída del capitalismo, sino que enriquecerán el suelo con materiales especiales, pero de todos modos no cumplirán íntegramente la tarea de restaurar la feracidad de! suelo. En las palabras que hemos subrayado está el "meollo" del asunto, con tanto empeño enmarañado por los críticos. Los escritores que como el señor Bulgákov atemorizan al proletariado con el "problema del trigo", más grave e importante que el problema social; que se entusiasman con la limitación artificial de la natalidad y alegan que "la regulación del crecimiento de la población" se convierte en "la condición económica esencial" (sicl) de la prosperidad de los campesinos (II, 261), que esta regulación

96 Véase F. Engels. Anti-Dühring (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 20, págs. 304-309).

merece "respeto" y que "el crecimiento de la población campesina provoca en los moralistas sentimentales (!?) explosiones de hipócrita indignación" (¿sólo hipócrita, no legítima indignación contra el régimen social moderno?), "como si la lascivia (sic!) irrefrenada fuese por sí sola una virtud" (ibíd.); semejantes escritores se empeñan, como es natural e inevitable, en correr un velo sobre los obstáculos que opone el capitalismo al progreso agrícola, con el objeto de culpar de todo a la "ley natural de la fertilidad decreciente del suelo" y presentar la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo como "pura fantasía". ¡Cuan grande debe ser la irresponsabilidad de los señores Chernov para que repitan tales argumentos y a la vez reprochen a los críticos del marxismo "su carencia de principios; su eclecticismo y su oportunismo" (R. B., núm. 11, pág. 246)? ¡El señor Chernov acusando a otros de carencia de principios y de oportunismo! ¿Se concibe espectáculo más cómico?

Todas las demás hazañas críticas de nuestro Voroshílov son idénticas a las que acabamos de analizar.

Cuando Voroshílov nos asegura que Kautsky no comprende la diferencia entre el crédito capitalista y la usura, que no puede o no quiere en modo alguno comprender a Marx, puesto que afirma que el campesino realiza funciones de empresario, y como tal, desempeña ante el proletariado un papel parecido al del fabricante; cuando se golpea el pecho exclamando: "Lo digo sin vacilar, pues siento (sic!) que piso un terreno sólido" (Na slávnom postú, pág. 169), uno puede estar tranquilo, porque nuestro Voroshílov vuelve a embrollar desvergonzadamente y a alabarse con no menos desvergüenza. "No ha notado" en la obra de Kautsky los pasajes dedicados a la usura como tal (Agrarfrage, S. 11, 102-104 y especialmente 118, 290-292) y se lanza contra una puerta abierta, vociferando, según su costumbre, sobre el "formalismo doctrinario" y la "insensibilidad moral" de Kautsky, sobre la "burla hacia los sufrimientos humanos", etc. En cuanto a las funciones de empresario desempeñadas por el campesino, constituyen algo tan asombrosamente complicado, que, al parecer, está por encima de la capacidad de comprensión de nuestro Voroshílov. No obstante, trataremos de explicárselo en el capítulo siguiente con los ejemplos más concretos.

Cuando Voroshílov pretende demostrar que es el verdadero representante de los "intereses del trabajo" y fulmina a Kautsky por haber "excluido de las filas del proletariado a una multitud de los trabajadores más auténticos" (pág. 167), del tipo del Lumpenproletariat, el servicio doméstico, los artesanos, etc., no hace más que volver a embrollar. Kautsky analizó en su libro los rasgos distintivos del "proletariado moderno", que creó "el movimiento proletario socialdemócrata" moderno (Agrarfrage, S. 306), en tanto que los Voroshílov todavía no han podido descubrir el procedimiento para que los vagabundos, los criados y los artesanos creen un movimiento socialdemócrata. El reproche de que Kautsky es capaz de "excluir" de las filas del proletariado al servicio doméstico (que en Alemania ya comienza a incorporarse al movimiento), a los artesanos, etc., no hace más que mostrar toda la magnitud del descaro de los Voroshílov, quienes más entusiasmo ponen en patentizar su simpatía por "la auténtica gente trabajadora", cuanto menos sentido práctico tienen sus frases y menos peligroso les resulta arremeter contra la segunda parte de El problema agrario,_ prohibida por la censura rusa. Además, en lo que toca al descaro, encontramos algunas otras perlas. Al mismo tiempo que elogia a los

señores N. -on y Kablukov, sin decir palabra de la crítica marxista enfilada contra ellos, el señor Chernov pregunta con afectada ingenuidad: ¿De qué "camaradas" rusos hablan los socialdemócratas alemanes? Quien no crea que Rússkoe Bogatstvo formula semejantes preguntas, puede consultar la pág. 166 del número 7.

Cuando Voroshílov asegura que las "profecías" de Engels —según las cuales el movimiento obrero belga no llegaría a "nada debido a la influencia del proudhonismo97— "han sufrido un fracaso", vuelve a desfigurar los hechos, atrincherado, por así decirlo, en su "irresponsabilidad". He aquí sus palabras: "No es sorprendente que Bélgica jamás haya sido marxista ortodoxa; y no es sorprendente que Engels, descontento de ella por tal motivo, haya predicho que, como resultado de la influencia de los 'principios proudnonianos', el movimiento belga iría lvon nichts durch nickts zu nickts'*. * "De la nada a la nada, a través de la nada". —Ed.

Pero, ¡ay!; sus profecías han sufrido un fracaso y el movimiento obrero belga se ha convertido actualmente, por su extensión y diversidad, en un modelo del cual podrían aprender bastante muchos países 'ortodoxos'" (R. B., núm. 10, pág. 234). Veamos lo que ocurrió: en 1872 (¡setenta y dos!) Engels sostuvo en el periódico socialdemócrata Volksstaat98 una polémica con el proudhoniano alemán Mülberger y, para combatir la sobrestimación del proudhonismo, escribía: "El único país donde el movimiento obrero se encuentra bajo la influencia directa de los 'principios' proudhonianos es Bélgica. Y por esto, precisamente, el movimiento obrero belga va, como diría Hegel, 'de la nada a la nada, a través de la nada'"**. ** Véase el folleto Zur Wohnungsfrage, Zürich, 1887, (Contribución al problema de la vivienda, Zurich, 1887. —Ed.), que reproduce los artículos de Engels contra Mülberger en 1872, y su introducción del 10 de enero de 1887. El texto citado, en la pág. 5699.

Así pues, es pura falsedad decir que Engels hubiera "profetizado" o "predicho" algo. Sólo habló de los hechos tal como eran, es decir, de la situación existente en 1872. Pues es una realidad histórica innegable que en aquella época el movimiento belga no progresaba debido a la influencia dominante del proudhonismo, cuyos jefes se oponían al colectivismo y rechazaban la acción política independiente del proletariado. Hasta 1879 no se creó el Partido Socialista Belga, y sólo entonces empezó la agitación por el sufragio universal, agitación que jalonó el triunfo del marxismo sobre el proudhonismo (reconocimiento de la lucha política del proletariado, organizado en un partido de clase independiente) y el comienzo de los notables éxitos del movimiento. En la actualidad, el Partido Obrero Belga ha adoptado en su programa (sin hablar de ciertos puntos de menor importancia) todas las ideas fundamentales del marxismo. Y es así como en 1887, en el prólogo a la segunda edición de sus artículos sobre la vivienda Engels destaca los "progresos

97 Proudhonismo: corriente anticientífica del socialismo pequeñoburgués, hostil al marxismo, a la que se dio el nombre de su fundador, el anarquista francés Proudhon. Proudhon criticaba la gran propiedad capitalista desde posiciones pequeñoburguesas, soñaba con perpetuar la pequeña propiedad privada, proponía organizar un Banco del Pueblo y un Banco de cambio, con ayuda de los cuales podrían los obreros, según él, adquirir medios de producción propios, hacerse artesanos y asegurar la venta "equitativa" de sus productos. No comprendía la misión histórica y el significado del proletariado, impugnaba la lucha de clases, la revolución proletaria y la dictadura del proletariado; como anarquista, negaba también la necesidad del Estado. Marx y Engels sostuvieron una lucha consecuente contra los intentos de Proudhon de imponer sus concepciones a la I Internacional. 98 Der Volksstaal (El Estado Popular): periódico, órgano central de la socialdemocracia alemana; apareció en Leipzig de 1869 a 1876. Marx y Engels colaboraron en este periódico. 99 Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. 18, págs. 262-263

gigantescos realizados por el movimiento obrero internacional durante los últimos catorce años". A su juicio, este progreso se debe en gran medida a la eliminación del proudhonismo, que si antes dominaba, hoy está casi olvidado. "En Bélgica —observa Engels— los flamencos han arrebatado a los valones la dirección del movimiento, han desplazado (abgesetzt) el proudhonismo, y dado gran empuje al movimiento" (pág. 4 del folleto citado, prólogo)100. ¿Verdad que Rússkoe Bogatstvo ha presentado los hechos con gran fidelidad?

Cuando Voroshílov... ¡Pero, basta ya! No correremos, por cierto, detrás de una revista legal, que de mes en mes puede lanzar impunemente sus calumnias contra el marxismo "ortodoxo".

V

"LA PROSPERIDAD DE LAS PEQUEÑAS HACIENDAS MODERNAS AVANZADAS". EL EJEMPLO DE BADÉN*

* Los capítulos V a IX se publicaron en la revista Obrazovank con la siguiente indicación del autor; "Presentamos capítulos escritos en 1901. La primera parte se editó en folleto, el año pasado, en Odesa (Editorial Burevéstnik). La segunda parte se publica por primera vez. Cada capítulo representa un todo más o menos independiente, cuyo tema común es el análisis de la crítica contra el marxismo en las publicaciones rusas". —Ed.

¡Detalles, detalles!, exclama el señor Bulgákov en la revista Nachalo (núm. 1, págs. 7 y 13), y todos los "críticos" repiten continuamente esa consigna de mil maneras. Muy bien, señores, vayamos a los detalles. No tenía sentido alguno que lanzaran ustedes esa consigna contra Kautsky, pues el principal objeto del estudio científico del problema agrario, recargado por una infinidad de detalles inconexos, consistía en trazar un cuadro general del conjunto del actual régimen agrario en su desarrollo. Esa consigna sólo les servía para ocultar la falta de principios científicos y el temor oportunista hacia toda  concepción integral y bien meditada. Si ustedes no hubieran tratado el libro de Kautsky a la manera de Voroshílov, habrían podido extraer de él muchas indicaciones sobre el modo de ordenar y elaborar esos detalles. Pero ignoran el modo de utilizarlos: lo probaremos en seguida con una serie de ejemplos elegidos por ustedes mismos.

En un artículo dirigido contra Kautsky, que se publica con el título de Los bárbaros rurales en la revista de los señores Voroshílov, Sozialistische (??) Monatshefle (III Jahrg., 1899, Heft 2), E. David nos remite con especial énfasis a "una de las monografías más interesantes y sustanciales" que se hayan escrito en los últimos tiempos sobre la economía campesina, la de Moritz Hecht, titulada: Drei Dörfer der badischen Hard (Lpz., 1895) *. * Tres aldeas del Hard de Baden, Leipzig, 1895. —Ed. Hertz se aferró a esa referencia de David y repitió, siguiendo las huellas de éste, algunas cifras de ese "excelente trabajo" (S. 68; trad. rusa, 164); además, "recomendó encarecidamente" (S. 79; trad. rusa, 188) su estudio, ya sea en el original o en los extractos de David. El señor Chernov, en Rússkoe Bogatstvo, se

100 Véase F. Engels. Prólogo a la segunda edición del libro Contribución al problema de la vivienda (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 21, pág. 336).

apresuró a remedar a David y a Hertz y opuso a Kautsky "los cuadros deslumbrantes de la prosperidad de las pequeñas haciendas campesinas avanzadas" pintados por Hecht (núm. 8, 206-209).

Remitámonos a éste.

Hecht describe tres aldeas de Badén: Hagsfeld, Blankenloch y Friedrichsthal, que se hallan a una distancia de 4 a 14 kilómetros de Karlsruhe. A pesar de las reducidas dimensiones de los lotes (1 a 3 hectáreas), los campesinos llevan una vida muy desahogada y cómoda, y obtienen de la tierra elevadísimos rendimientos, David (seguido por Chernov) compara esos rendimientos con la cosecha media de Alemania (calculando en doppelzentner** por hectárea: patatas, 150-160 y 87,8; centeno y trigo, 20-23 y 10-13; heno, 50-60 y 28,6, respectivamente) y exclama: ¿Qué les parece? ¡Esos son "los pequeños campesinos atrasados"! ** Doppelzentner: igual a 100 kg. —Ed.

En primer lugar, respondemos, es ridículo considerar que esto constituye un argumento contra Kautsky, puesto que aquí no se compara las grandes y las pequeñas haciendas en igualdad de condiciones. Pero resulta más ridículo aun cuando el señor Chernov —quien afirma en Rússkoe Bogatstvo (núm. 8, pág. 229) qué en las "concepciones rudimentarias de Kautsky" (sobre la explotación agronómica del campo por la ciudad) "los aspectos oscuros del capitalismo aparecen incluso exagerados"— cita en la pág. 209, como argumento contra Kautsky, precisamente un ejemplo en el que ese obstáculo capitalista para el progreso de la agricultura ha sido eliminado por el hecho de que las aldeas elegidas están situadas cerca de ciudades. En tanto que la mayoría aplastante de la población campesina pierde gran cantidad de abonos naturales a causa de la despoblación del campo provocada por el capitalismo y de la concentración de la población en las ciudades, una pequeñísima parte del campesinado suburbano obtiene ventajas especiales de su situación y se enriquece a expensas de la masa empobrecida. No es de extrañar que las cosechas sean tan copiosas en las aldeas descritas, si se considera que invierten la suma de 41.000 marcos anuales en estiércol de las caballerizas militares de las guarniciones existentes en las tres ciudades vecinas (Karlsruhe, Bruchsal y Durlach), así como en desechos líquidos de las instalaciones de saneamiento urbanas (Hecht, S. 65), y que sólo gastan 7.000 marcos anuales en abonos artificiales*. Constituye una prueba de impotencia el querer refutar, con el ejemplo de esas pequeñas haciendas que trabajan en tales condiciones, la superioridad técnica de gran hacienda. * Con respecto a esto, el señor Chernov asegura a los lectores de Rússkoe Bogatstvo que en esas aldeas no hay una "diferenciación perceptible" en la extensión de tas propiedades agrarias. Si la exigencia de detalles no fuese para él una frase vacía, habría tenido en cuenta que para esos campesinos suburbanos la cantidad de tierra es mucho menos importante que la cantidad de abonos. Desde este punto de vista, la diferenciación salla a los ojos. En la aldea de Friedrichsthal, que es la que posee menos tierra, las cosechas son más abundantes y los campesinos más ricos; pero de los 48.000 marcos gastados en abonos le corresponden 28.000, o sea, 108 marcos por hectárea sobre una superficie de 258 ha. La aldea de Hagsfeld gasta apenas 30 marcos por hectárea (12.000 por 397 ha), en tanto que la de Blankenloch sólo gasta 11 marcos (8.000 por 736 ha).

En segundo lugar, ¿hasta qué punto se na _cogido realmente en este ejemplo — como lo dice David, y 1° repiten a su vez Hertz y Chernov— a "auténticos pequeños campesinos", echte und rechte Kleinbauern? Al tomar como base sólo la superficie de las haciendas, no hacen más que demostrar su incapacidad para manejar estadísticas detalladas. Todo el mundo sabe que una deciatina de tierra es para un campesino de los suburbios, lo que diez deciatinas para un campesino de una zona

alejada de la ciudad, y que "asta el tipo de hacienda cambia radicalmente en las proximidades de la urbe. Así, en Friedrichsthal —la más rica de esas aldeas suburbanas y la menos extensa de ellas— el precio "e la tierra es de 9.000 a 10.000 marcos, es decir, cinco veces más que el precio medio en Badén (1.938 marcos) y mas veinte veces más que en ciertas localidades remotas de Prusia Oriental. Por consiguiente, a juzgar por la importancia "e su producción (único índice preciso de las dimensiones "e una hacienda), no son en modo alguno "pequeños" campesinos. En cuanto al tipo de sus haciendas comprobamos aquí (Hecht lo subraya especialmente) un notable grado de desarrollo de la economía monetaria y de especialización de la agricultura. Cultivan tabaco (45 por ciento de la superficie de Friedrichsthal) y patatas de calidad superior (que en parte emplean como simiente y en parte destinan a la mesa de los "señores distinguidos" —Hecht, 17— en Karlsruhe); en la capital venden leche y mantequilla, lechones y cerdos, y compran pan y heno para su propio consumo. La agricultura ha adquirido aquí un carácter netamente comercial, y el campesino subeapitalino es un pequeño burgués del tipo más puro; de manera que si el señor Chernov hubiera analizado realmente los detalles que toma prestados de otros, tal vez se habría aproximado un poco a la comprensión de una categoría como la del "carácter pequeño burgués" del campesino, tan misteriosa para él (cfr. núm. 7 de Rússkoe Bogatstvo, pág. 163). Es muy curioso que Hertz y el señor Chernov, que se declaran incapaces de comprender cómo puede un campesino desempeñar funciones de empresario, cómo puede aparecer ora en función de obrero, ora de empresario, aduzcan un minucioso estudio cuyo autor dice con claridad: "El campesino del siglo XVIII, con sus 8 ó 10 hectáreas, era un campesino" (¡"era un campesino", señor Chernov!) "y un trabajador manual; e) campesino del siglo XIX, con su diminuta hacienda de una o dos hectáreas, es un trabajador intelectual, un empresario y un comerciante" (Hecht, S. 69; en la pág. 12, dice: "El propietario rural se ha convertido en empresario y comerciante'''. La cursiva es de Hecht). Y bien, ¿acaso Hertz y Chernov no "aniquilaron" a Kautsky a la manera de Voroshílov, por haber confundido al campesino con el empresario?

La señal más patente del "carácter empresarial" es el empleo de mano de obra asalariada. Y es muy característico que ninguno de esos cuasisocialistas, que recomendaban el trabajo de Hecht, haya despegado la boca para hablar de ese hecho. El propio Hecht, un Kleinbürger* típico, armado de las mejores intenciones, que se entusiasma, en general, por el espíritu religioso de los campesinos, por la "solicitud paternal" que manifiestan hacia ellos las autoridades del Gran Ducado y, en particular, por una medida tan "importante" como la creación de cursos de cocina, procura, como es natural, disimular esos hechos y mostrar que no existe ningún "abismo social" entre ricos y pobres, ni entre el campesino y el peón agrícola, ni entre el campesino y el obrero de fábrica. * Pequeño burgués. —Ed. "Los jornaleros agrícolas —escribe— no existen como estamento. La mayoría de los campesinos puede cultivar su parcela con ayuda de su familia. En esas tres aldeas, son muy pocos los que necesitan mano de obra asalariada durante la siega o la trilla. Esas familias campesinas 'llaman para que los ayuden' ('bitten'), según la expresión del lugar, a determinados hombres y mujeres (los cuales de ningún modo se consideran 'jornaleros')" (31). No es sorprendente que en esas tres aldeas haya

pocos agricultores que contraten jornaleros, pues, como ya lo veremos, muchos "agricultores" son en el fondo obreros fabriles.

Pero ¿qué proporción de auténticos agricultores emplean mano de obra asalariada? Hecht no lo dice; prefiere llenar su tesis doctoral, dedicada sólo a tres aldeas (de una de las cuales es nativo), con reflexiones sobre la elevada significación moral de la laboriosidad y del ahorro, y no con estadísticas exactas sobre las diversas categorías de campesinos. (A pesar de esto —o quizás a causa de ello—, Hertz y David ponen por las nubes la obra de Hecht.) Lo único que sabemos es que el salario de los jornaleros es más bajo en la aldea más rica y exclusivamente agrícola, en Friedrichsthal, la más alejada de Karlsruhe (14 km); un jornalero recibe dos marcos diarios y paga su propia manutención, mientras que en Hagsfeld, situada a 4 kilómetros de Karlsruhe (habitada por obreros fabriles), gana tres marcos. Esa es una de las condiciones de la "prosperidad" de esos "auténticos pequeños campesinos", que tanto entusiasman a los críticos. "En esas tres aldeas —nos informa Hecht— existen todavía relaciones puramente patriarcales entre los señores y la servidumbre (Gesinde en alemán significa tanto servidumbre doméstica como braceros agrícolas). El 'señor', es decir, el campesino poseedor de 3 a_4 hectáreas, 'tutea' a las obreras y obreros agrícolas, y los llama por su nombre; éstos, a su vez, llaman 'tío' (Vetter) al campesino y 'tía' (Base) a la campesina, y los tratan de 'usted'... La servidumbre come con la familia y es considerada parte de ella" (S. 93). Pero el "muy profundo" Hecht no dice palabra acerca de la extensión del trabajo asalariado en las plantaciones de tabaco, tan ampliamente desarrolladas en esta región y que exigen mucha mano de obra. No obstante, como ha hablado, aunque muy poco, del trabajo asalariado, incluso' este bien intencionado pequeño burgués merece por su aptitud para manejar los "detalles" un concepto más alto que los Voroshílov del socialismo "crítico".

En tercer lugar, se ha invocado el estudio de Hecht para negar el trabajo excesivo y la subalimentación de los campesinos. Mas también en esto vemos que los críticos han preferido silenciar los hechos de esa naturaleza señalados por Hecht.

Han sabido utilizar ese concepto de campesino "medio" mediante el cual se ha propagado, tanto entre los populistas rusos y los economistas burgueses de Europa Occidental, la idealización del "campesinado". Los campesinos de esas tres aldeas son "en general" muy acomodados; pero hasta la monografía de Hecht, tan pobremente fundamentada, demuestra con claridad que en ese aspecto es necesario distinguir tres grandes grupos. Casi la cuarta parte (o el 30 por ciento) de los agricultores (en su mayoría de Friedrichsthal, y algunos de Blankenloch), pequeños burgueses prósperos que se han enriquecido gracias a su proximidad a la capital, poseen una lucrativa hacienda lechera (venden de 10 a 20 litros de leche diarios), cultivan tabaco (un ejemplo: el ingreso bruto por 1,05 ha es de 1.825 marcos), crían cerdos para la venta (en Friedrichsthal, de 1.140 habitantes, 497 crían cerdos; en Blankenloch, 445 de 1.684, y en Hagsfeld, 220 de 1.273), etc. Esta minoría (a decir verdad, sólo ella posee todos los índices de "prosperidad" que tanto entusiasman a los críticos) emplea indudablemente con bastante frecuencia mano de obra asalariada. En el grupo siguiente, al que pertenece la mayoría de los agricultores de Blankenloch, el bienestar es ya mucho menor. Se emplean menos abonos; las cosechas son bastante inferiores; el ganado es menos numeroso (en

Friedrichsthal, el número de cabezas de ganado —expresado en ganado mayor— es de 599 para 258 hectáreas; en Blankenloch, de 842 para 736 hectáreas; y en Hagsfeld, de 324 para 397 hectáreas); en las casas, los "cuartos de estar" son más escasos; no comen carne todos los días, ni mucho menos, y en muchas familias se comprueba el siguiente fenómeno (que nosotros, los rusos, conocemos bien): la necesidad de dinero les obliga a vender el cereal en otoño, para volver a comprarlo en primavera*. * A propósito, el atraso económico de Blankenloch se explica, según Hecht, por el predominio de la economía natural y por la existencia de la comunidad, que garantiza a todo campesino mayor de 32 años, "ya sea holgazán o trabajador, ahorrativo o no" (S. 30), un lote de tierra (36 áreas, Almendgut). Sin embargo, Hecht es contrario al reparto de las tierras comunales. Constituyen —dice— un tipo especial de previsión social (Altersversorgung) para los obreros fabriles ancianos, cuyo número aumenta en Blankenloch.

Para este grupo, el centro de gravedad se desplaza constantemente de la agricultura a la industria, y 103 campesinos de Blankenloch trabajan ya en Karlsruhe como obreros fabriles. Estos últimos, con la mayoría de la población de Hagsfeld, constituyen el tercer grupo (40 a 50 por ciento del total de familias). La agricultura es aquí una ocupación auxiliar a la que se dedican principalmente las mujeres. Aunque el nível de vida es más elevado que en Blankenloch (gracias a la influencia de la capital), la pobreza ya se hace sentir agudamente. Venden la leche, y en cambio, a veces, adquieren para sí "margarina, que es más barata" (24). El número de cabras creció con rapidez: de 9 en 1855 a 93 en 1893. "Este aumento —escribe Hecht— sólo puede explicarse por la desaparición de haciendas campesinas propiamente dichas y por la diferenciación (Aufl'ósung) del estamento campesino en una capa de obreros fabriles rurales, poseedores de una parcela extremadamente pequeña" (27). Dicho sea de paso, el número de cabras aumentó muchísimo también en toda Alemania: de 2,4 millones en 1882 a 3,1 en 1895. Esto es un signo evidente del reverso de ese progreso de los "campesinos prósperos" que con Unto ardor exaltan los señores Bulgákov y los "críticos" socialistas pequeñoburgueses. La mayor parte de los obreros caminan los tres kilómetros y medio que los separan de la fábrica, porque incluso temen gastar un marco semanal (48 kopeks) en billetes de ferrocarril. De los 300 obreros de Hagsfeld, cerca de 150 encuentran demasiado caro hasta el almuerzo del "comedor popular", que cuesta de 40 a 50 pfennigs, y se hacen traer la comida de sus casas. "A las once en punto —informa Hecht—, las pobres mujeres ponen el almuerzo en una vasija y lo llevan a la fábrica" (79). En cuanto a las obreras, también trabajan en la fábrica durante diez horas y perciben de 1,10 a 1,50 marcos (los hombres cobran de 2,50 a 2,70 marcos), y cuando trabajan a destajo, de 1,70 a 2 marcos. "Algunas obreras procuran complementar su magro salario con labores auxiliares.

Cuatro muchachas de Blankenloch trabajan en la fábrica de papel de Karlsruhe y llevan papel a sus domicilios para confeccionar bolsas durante la noche; en una velada, desde las 8 hasta las 11 (sic!), hacen hasta 300 bolsas, por las cuales reciben de 45 a 50 pfennigs, suplemento del pequeño salario diario, con el cual pagan el viaje en ferrocarril. En Hagsfeld, algunas mujeres que trabajaban en las fábricas siendo solteras, se dedican ahora a una pequeña ocupación auxiliar: durante las noches de invierno pulen objetos de plata" (36). "El obrero de Hagsfeld —dice Hecht con enternecimiento— tiene estabilidad gracias a su propia energía, y no en virtud de una ley del Imperio. Posee una casita que no necesita compartir con extraños, y un pequeño pedazo de tierra. Pero mucho más importante que estas verdaderas

posesiones es la conciencia de que todo se lo debe a su propia laboriosidad. El obrero de Hagsfeld es al mismo tiempo obrero fabril y campesino. El que carece de tierra propia, arrienda algunas parcelas para aumentar sus ingresos utilizando sus horas libres. En verano, cuando el trabajo comienza en la fábrica 'sólo' (¡'sólo'!) a las siete de la mañana, el obrero se levanta a las cuatro para excavar patatas o llevar pienso al ganado. Y si por la tarde regresa a las siete, ¿en qué puede emplear su tiempo, sobre todo en verano? Trabajará, pues, una hora u hora y media en su campo, ya que no necesita obtener de la tierra una gran renta, sino sólo sacar todo el jugo (sic!) a su fuerza de trabajo..." Y Hecht dice aún muchas otras frases melifluas más. Su libro termina con estas palabras: "El campesino de la hacienda diminuta y el obrero fabril, los dos (sic!), se han elevado al nivel de la clase media no por medidas artificiales o coercitivas, sino merced a su propia laboriosidad, a su propia energía, a la moral superior que se han forjado" *. * Hecht dice mucho más acerca de esta "moral superior" y se admira no menos que el señor Bulgákov de la "sobria política matrimonial" de la "férrea perseverancia", del "ahorro" y de la "moderación". incluso cita "un Conocido proverbio campesino": Man sieht nicht auf die Goschen (d. h. Mund), sondem atif die Groschen, que puede traducirse por "Pensamos más en el bolsillo que en el estómago". Sugerimos al lector que compare este proverbio con la "doctrina" del profesor de Kiev, señor Bulgákov, para quien la hacienda campesina (que no necesita renta ni beneficio) es la "forma de organización de la agricultura más ventajosa para la sociedad (sic!)" (Bulgákov, II, 154).

"Las tres aldeas del Hard de Badén constituyen hoy una clase media grande y amplia" (la cursiva es de Hecht). No hay por qué asombrarse de lo que escribe Hecht: es un apologista burgués de los más vulgares. ¿Pero cómo llamar a los que, titulándose socialistas para engañar a otros, embellecen la realidad con mayor celo todavía que los Hecht, denominan progreso general a la prosperidad de una minoría burguesa y ocultan la proletarización de la mayoría con el viejo espantajo de "la unión de la agricultura y la industria"?

VI

LA PRODUCTIVIDAD DE LAS GRANDES Y PEQUEÑAS HACIENDAS. EL EJEMPLO DE PRUSIA ORIENTAL

Para variar, trasladémonos desde el lejano sur de Alemania hasta Prusia Oriental, más cerca de Rusia. Tenemos aquí una investigación detallada muy instructiva, de la que el señor Bulgákov no ha sabido sacar ningún provecho, a pesar de que reclama detalles. "La comparación de los datos referentes al rendimiento real de la grande y de la pequeña hacienda —escribe el señor Bulgákov— no puede proporcionar una respuesta al interrogante de su superioridad técnica, pues las condiciones económicas de su funcionamiento pueden ser diferentes. A lo sumo, estos datos pueden servir para confirmar, por medio de los hechos, la conclusión que niega la superioridad técnica de la gran producción sobre la pequeña, no sólo en teoría, sino también en situaciones determinadas, en la práctica. En la literatura económica hallamos muchas comparaciones de esta índole, por lo menos las suficientes para minar en el lector exento de prevenciones y prejuicios la fe en la superioridad de la gran producción en general" (I, 57-58).

En una de sus notas, el autor cita dos ejemplos. El primero es un trabajo de Auhagen, mencionado por Kautsky en Agrarfrage (S. 111) y por Hertz (S. 69; trad. rusa, 166), en el cual se comparan sólo dos haciendas de Hannover que ocupan 4,6 y 26,5 hectáreas, respectivamente. En este caso, la pequeña hacienda produce cosechas más copiosas por hectárea, y su rentabilidad, dice Auhagen, es superior a la de la grande. Pero esta mayor rentabilidad proviene, como lo demostró Kautsky, del subcon— sumo. Hertz ha tratado de impugnar esto con su buen éxito habitual; y como en Rusia existe una traducción de su obra, en tanto que se ignora la respuesta de Kautsky, indicaremos en pocas palabras el contenido de la misma, según el artículo publicado en Neue Zeit. Gomo de costumbre, Hertz ha deformado el argumento de Kautsky, atribuyéndole que sólo se había referido a que el gran agricultor costea los estudios de su hijo en el liceo. En realidad, Kautsky se limitaba a ilustrar de esta manera un nivel de vida, y si Hertz hubiese reproducido íntegramente los presupuestos de las dos familias comparadas (ambas se componían de cinco personas), habría obtenido las siguientes cifras: 1.158,40 marcos para el pequeño agricultor y 2.739,25, para el grande. Con un nivel de vida análogo al de la gran hacienda, la pequeña resultaría menos rentable. Según los cálculos de Auhagen, el pequeño agricultor obtendría 1.806 marcos de ingreso, o sea, el 5,45 por ciento del capital invertido (33.651 marcos), y el gran agricultor, 2.720 marcos, es decir, el 1,82 por ciento del capital invertido (149.559 marcos). Si descontamos el subconsumo del pequeño agricultor, ¡su beneficio será de 258 marcos, o sea, el 0,80 por ciento! Y esto con una inversión de trabajo desproporcionadamente grande. En la pequeña hacienda se empleaban 3 obreros para las 4,6 hectáreas, o sea, un obrero por cada 1,5 hectáreas, mientras que en la grande trabajaban 11 obreros en las 26,5 hectáreas, esto es, un obrero por cada 2,4 hectáreas. (Cfr. Hertz, S. 75; trad. rusa, 179). ¡Y no hablemos ya del hecho, ridiculizado con razón por Kautsky, de que el presunto socialista Hertz haya comparado el trabajo de los hijos del campesino moderno, con la recolección de las espigas por Ruth!101 En cuanto al señor Bulgákov, se limita a presentar los datos sobre rendimiento por hectárea, pero no ha dicho palabra acerca del nivel de vida del pequeño y del gran agricultor.

"Otro ejemplo —sigue discurriendo nuestro amigo de detalles— lo encontramos en la reciente obra de Karl Klawki, Ueber ÍConkurrenzfahigkeit des landwirtschafllichen Kleinbetriebs (en Tkiel's Landwirtschaftliche Jahrbücher, 1899, Heft 3-4)*. * Karl Klawki. Sobre la capacidad competitiva de la pequeña producción agrícola (en los fascículos 3-4 de los Anuarios agrícolas de Thiel, 1899).-Ed. Refiriéndose a Prusia Oriental, el autor compara 12 haciendas: 4 grandes, 4 medianas y 4 pequeñas. Su comparación se distingue, ante todo, porque expresa en dinero los ingresos y los gastos, y luego porque traduce en dinero y clasifica entre los gastos el costo de la fuerza de trabajo en la pequeña hacienda que no necesita comprarla. Para el objetivo que perseguimos, este procedimiento no sería correcto" (sic! ¡El señor Bulgákov olvida agregar que Klawkí expresa en dinero el costo del trabajo en todas las haciendas y desde el comienzo valora a bajo precio el trabajo en las pequeñas!); "sin embargo, nosotros tenemos..." A continuación se reproduce un cuadro estadístico, del cual daremos ahora sólo la conclusión: el beneficio medio neto sobre 1 morgen (= 1/4 de hectárea) es de 10 marcos en la gran hacienda, de 18

101 Según la mitología bíblica, al encontrarse sin medios de subsistencia Ruth espigaba en campo ajeno. La expresión "recolección de las espigas por Ruth" se utiliza aquí en el sentido de realizar un trabajo fácil y despreocupado.

en la mediana y de 12 en la pequeña. "La más rentable —concluye el señor Bulgákov— es aquí la mediana hacienda; luego tenemos la pequeña y por último, a la zaga de todas las demás, la grande."

De propósito hemos transcrito íntegramente todo lo expuesto por el señor Bulgákov acerca de la comparación entre las grandes y las pequeñas haciendas agrícolas. Veamos ahora lo que demuestra el interesante trabajo de Klawki, que describe, a lo largo de 120 páginas, 12 haciendas típicas que se encuentran en las mismas condiciones. Para comenzar, reproduciremos las estadísticas que se refieren al conjunto de las  haciendas. Además, a fin de economizar espacio y hacer más evidentes las conclusiones, nos limitaremos a dar los promedios concernientes a las haciendas grandes, medianas y pequeñas (dimensión media = 358; 50 y 5 hectáreas, respectivamente).

Ingresos y gastos por cada morgen (1/4 de hectárea) en marcos Gasto por 100 marcos

Consumo de

Ingreso de la

Por 100 morgens

productos con la propia

Ingreso total

venta de productos

Total

de produc

hacienda

tos*

Tipo de haciendas

Marcos

ornada de trabajo

Total de jornadas

Beneficio neto

Agricultura

Agricultura

Agricultura

Ganadería

Ganadería

Ganadería

de trabajo

asalariado

Integral

Gastos

Total

Total

Total

a b

Grande Mediana Pequeña — — * a: cuando el valor de la fuerza de trabajo del agricultor y su familia no se expresa en dinero; b: cuando dicho valor se expresa en dinero.

Podría parecer que todas las conclusiones del señor Bulgákov aparecen plenamente confirmadas en el trabajo de Klawki. ¡Cuanto menor es la hacienda, mayor es, por cada morgen, el ingreso bruto y también el ingreso por la venta de productos!. Creemos que con los procedimientos empleados por Klawki —tan difundidos y, en líneas generales, comunes a todos los economistas burgueses y pequeñoburgueses— se establecerá siempre, o casi siempre, la superioridad de la pequeña hacienda. Por consiguiente, el quid de la cuestión, lo que los Voroshílov no tienen en cuenta, consiste en analizar esos procedimientos. En este sentido, la investigación parcial de Klawki ofrece gran interés general.

Comencemos por las cosechas. La cosecha de la gran mayoría de los cereales va disminuyendo, de las grandes a las pequeñas haciendas, de manera regular y en proporción muy considerable, de acuerdo con la disminución de la superficie. Se cosecha (en quintales, por morgen), en las grandes, medianas y pequeñas haciendas, respectivamente: trigo, 8,7-7,3-6,4; centeno, 9,9-8,7-7,7; cebada, 9,4-7,1-6,5; avena, 8,5-8,7-8,0; guisantes, 8,0-7,7-9,2 *; patatas, 63-55-42; remolacha forrajera, 190- 156-117. El lino no es cultivado en las grandes explotaciones agrícolas; las pequeñas (3 de las 4) cosechan más que las medianas (2 de las 4): 6,2 Stein ( = 18 ½  libras) contra 5,5. * Sólo se cultivan en dos haciendas de las cuatro en esta categoría; en los grupos grande y mediano se siembran guisantes en tres haciendas de las cuatro.

¿A qué se debe que las grandes haciendas den rendimientos más elevados? Klawki asigna una importancia decisiva a los cuatro factores siguientes: 1) en las haciendas

pequeñas casi no existen sistemas de drenaje102, y cuando los hay, las tuberías han sido instaladas —generalmente mal— por los propios agricultores; 2) como carecen de caballos suficientemente robustos, los pequeños propietarios rurales no aran en la profundidad conveniente; 3) durante la mayor parte del tiempo, el ganado bovino de los pequeños agricultores está mal alimentado; 4) el estiércol que obtienen los pequeños agricultores es de calidad inferior: la paja de los cereales es más corta y en su mayor parte sirve de alimento al ganado (lo cual significa otro empeoramiento de la calidad del pienso), y se utiliza menor cantidad de paja para el lecho del ganado.

Vemos, pues, que el ganado de los pequeños agricultores es el más débil, el de inferior calidad y el peor mantenido. Esta circunstancia explica el extraño y sorprendente fenómeno de que las grandes haciendas, a pesar de su mayor rendimiento por morgen, tengan, según los cálculos de Klawki, ingresos por morgen menores que los de las haciendas medianas y pequeñas. El asunto consiste en que Klawki excluye la manutención del ganado, pues no lo hace figurar ni en los ingresos ni en los gastos. De este modo, se iguala artificial y equivocadamente algo que en realidad constituye la diferencia esencial entre las grandes y pequeñas haciendas, y no en favor de estas últimas.

Según esta manera de calcular, la gran hacienda es menos rentable porque emplea gran parte de su superficie agrícola en la producción de forraje (aunque mantenga, por unidad de superficie, menos ganado que la pequeña), en tanto que la pequeña hacienda "se las arregla", utilizando la paja como pienso. La "superioridad" de la agricultura en pequeña escala estriba, pues, en que emplea métodos antieconómicos en el cultivo de la tierra (que abona mal) y en la cría del ganado (que alimenta mal). Se sobrentiende que semejante comparación de la rentabilidad de las diversas haciendas agrícolas carece de todo valor científico*. * Es necesario destacar que esta falsa comparación de magnitudes evidentemente desiguales, correspondientes a la pequeña hacienda y a la grande, no sólo se encuentra en algunas monografías aisladas, sino también en los datos proporcionados por la estadística agrícola contemporánea. La francesa y la alemana operan, en las más diversas haciendas agrícolas, con el peso vivo "medio" y con el precio "medio" por cabeza de ganado. La estadística alemana Siega hasta tal punto con este método que define el valor total del ganado en los distintos grupos de haciendas (clasificadas según su superficie). Sin embargo, establece la reserva de que la hipótesis según la cual la cabeza de ganado tendría el mismo valor en los diversos grupos "no concuerda con la realidad" (S. 35).

Además, entre las causas del mayor rendimiento del suelo en las grandes haciendas, debemos tener en cuenta que con mayor frecuencia (y según parece, casi con exclusividad) en ellas se margan las tierras103, utilizan más abonos artificiales (se gastan 0,81-0,38-0,43 marcos por morgen, respectivamente) y Kraftfuttermittel ** (se gastan dos marcos por morgen en las grandes haciendas; en las otras, nada). ** Pienso concentrado. —Ed. "Nuestras haciendas campesinas —dice Klawki, que incluye entre las grandes haciendas también a las medianas— no gastan nada en Kraftfuttermittel. Son refractarias al progreso y evitan, sobre todo, los gastos en dinero contante" (461). Las grandes haciendas son superiores asimismo por el sistema de cultivo: el sistema rotativo mejorado se practica en las cuatro grandes haciendas, en las tres medianas (en la cuarta se sigue la antigua rotación trienal) y sólo en una de las pequeñas (las otras tres practican igualmente el sistema trienal).

102 Drenaje: procedimiento para desecar el terreno medíante un sistema de conductos subterráneos, zanjas o pozos con objeto de elevar la feracidad del suelo.— 103 Se trata del enmargado del terreno, procedimiento para enmendar el terreno con marga (roca gris compuesta principalmente de carbonato de cal, arcilla y arena).

Por último, los grandes agricultores poseen muchas más máquinas, aunque esto, a juicio de Klawki, reviste poca importancia. Pero nosotros no nos limitaremos a su "opinión", sino que nos basaremos en las estadísticas. Los ocho tipos de máquinas siguientes: trilladoras de vapor y con tracción animal, aventadoras y clasificadoras de grano, sembradoras en líneas, esparcidoras de estiércol, rastrillos de caballos y rodillos104, se distribuyen en las citadas haciendas de la siguiente manera: en las 4 grandes haciendas, 29 máquinas (entre éstas una trilladora de vapor); en las 4 medianas, 11 (ninguna de vapor), y en las 4 pequeñas, una trilladora con tracción animal. Por supuesto, ninguna "opinión" de ningún admirador de la agricultura campesina nos hará creer que las depuradoras de grano, las sembradoras en líneas, los rodillos, etc., no influyen sobre el rendimiento. A propósito de esto, aquí se nos ofrece datos sobre el número de máquinas de propiedad de determinados agricultores, a diferencia de los datos generales de la estadística alemana, que sólo registra los casos en que se emplean máquinas, sin distinguir si son propias o ajenas. Es evidente que esta manera de registrar los datos también minimiza la superioridad de la gran hacienda agrícola y oculta las siguientes formas de "préstamo" de máquinas, descritas por Klawki: "El gran agricultor presta de buena gana su rodillo, su rastrillo de caballo y su aventadora de grano al pequeño, si éste promete suministrarle, a cambio, un segador en la época de más trabajo" (443). Por lo tanto, determinado número de casos muy excepcionales, como ya hemos expuesto, de empleo de máquinas en la pequeña hacienda, no representan otra cosa que formas disimuladas de adquisición de mano de obra.

Prosigamos. Otro caso de falsa comparación de magnitudes evidentemente desiguales es el método de Klawki de considerar igual, en todos los tipos de haciendas, el precio de venta de los productos. En lugar de examinar casos de venta real, el autor basa sus cálculos en una suposición, cuya inexactitud él mismo señala. Los campesinos venden la mayor parte de su trigo en la misma localidad; y en las pequeñas ciudades los comerciantes hacen descender considerablemente los precios.

"Desde ese punto de vista, las grandes fincas están en mejor situación, porque pueden efectuar de golpe importantes envíos a la capital de la provincia. De este modo suelen recibir por quintal de 20 a 30 pfennigs más que si vendieran en las pequeñas localidades" (373). Los grandes agricultores saben apreciar mejor el valor de su grano (451) y lo venden al peso, y no según la medida, como lo hacen los campesinos en su propio perjuicio. Los grandes agricultores venden también su ganado de acuerdo con el peso, mientras que a los campesinos se lo adquieren juzgando simplemente por el aspecto exterior del animal; asimismo se hallan en mejores condiciones para vender sus productos de lechería, ya que pueden enviar la leche a la ciudad y lograr precios superiores a los que obtienen los medianos agricultores, quienes convierten la leche en mantequilla y la venden a los comerciantes. A su vez, la mantequilla elaborada por las haciendas medianas es mejor que la de las haciendas pequeñas (debido al empleo de desnatadoras, al batido diario, etc.); a éstas se les paga de 5 a 10 pfennigs menos por libra. En cuanto

104 Aquí se refiere, por lo visto, a los rodillos anillados, pues en la obra de K. Klawki Sobre la capacidad competitiva de la pequeña producción agrícola, que cita Lenin, se menciona en todas partes Ringelwalze, rodillo anillado, término admitido en la clasificación de los rodillos.

al ganado engordado para la venta, los pequeños agricultores se ven obligados a venderlo antes (es decir, menos desarrollado) que los medianos agricultores, pues se les acaba el pienso (444). Todas esas ventajas de la gran hacienda en el mercado, en conjunto nada despreciables, no las tiene en cuenta Klawki en su monografía, de la misma manera que los teóricos admiradores de la pequeña hacienda no consideran este hecho y se refieren a la posibilidad de mejorar las cosas mediante la cooperación. No queremos confundir la realidad capitalista con la posibilidad de un paraíso cooperativo pequeñoburgués. Más adelante presentaremos hechos que mostrarán a quiénes benefician más, en verdad, las ventajas de la cooperación.

Notemos que en las haciendas pequeñas y medianas Klawki "pasa por alto" el trabajo llevado a cabo por el propio agricultor para drenar la tierra, ejecutar toda clase de reparaciones ("los campesinos trabajan ellos mismos"), etc. Los socialistas denominan Ueberarbeü (trabajo excesivo) esta "ventaja" de que goza el pequeño agricultor. En cambio, según el economista burgués, constituye uno de los aspectos favorables (¡"para la sociedad" !) de la hacienda campesina.

Señalemos que en las haciendas medianas, según Klawki, los obreros asalariados se hallan mejor remunerados y mejor alimentados que en las grandes, pero trabajan también con más intensidad: el "ejemplo" del amo les incita a tener "mayor diligencia y más cuidado" (465). Pero Klawki ni intenta siquiera establecer cuál de estos dos patronos capitalistas, el terrateniente o su "congénere" campesino, es el que exprime más trabajo del obrero por un mismo salario. Por lo tanto, nos limitaremos a indicar que el gasto que demanda el seguro obrero contra accidentes y vejez asciende a 0,29 marcos por morgen para el gran agricultor, y a 0,13 para el mediano (el pequeño agricultor también se beneficia en este sentido, porque no recurre al seguro, sin duda para mayor "provecho de la sociedad" de capitalistas y terratenientes). También presentaremos el ejemplo del capitalismo agrícola ruso. El lector que conozca el libro de Shajovskói Las labores temporeras en la agricultura, recordará quizá su observación de que los mujiks de los caseríos y los mujiks alemanes (en el sur) reclutan sus obreros "mediante selección", pagándoles del 15 al 20 por ciento más que los grandes empresarios, y exprimiéndoles un 50 por ciento más de trabajo. Esto lo decía el señor Shajovskói en 1896. Y en el año en curso leemos, por ejemplo, en Torgovo-Promíshlennaya Gazeta"105, la siguiente información de Kajovka: "Los campesinos y los colonos de los caseríos pagan, por lo general, salarios más altos (que las grandes tincas a los obreros asalariados) porque necesitan obreros más hábiles y más resistentes" (núm. 109, del 16 de mayo de 1901). No creo que este fenómeno sea exclusivo de Rusia.

En el cuadro reproducido más arriba, el lector habrá observado dos métodos de calcular: el que tiene en cuenta el valor en dinero de la fuerza de trabajo del agricultor y el que no lo incluye. El señor Bulgákov opina que el primer procedimiento "no es muy correcto". Se comprende que un presupuesto exacto de los gastos en especie y en dinero, que se refiera tanto a los amos como a los braceros, sería mucho más adecuado; pero como carecemos de esos datos, no nos queda otra alternativa

105 Torgovo-Promíshtennaya Gazeta (Gaceta Comercial e Industrial): suplemento diario del Véstnik Fwánsoo, Promíshtennosli y Torgovli (Boletín de las Finanzas, la Industria y el Comercio). Se publicó en Petersburgo de 1893 a

que determinar aproximadamente los gastos en dinero de una familia. Y es muy interesante ver cómo efectúa Klawki ese cálculo aproximado.

Desde luego, los grandes propietarios rurales no trabajan; incluso tienen administradores especiales que ejecutan, a cambio de un sueldo, todo el trabajo de dirección y vigilancia (de las cuatro grandes fincas, tres tienen administrador; la cuarta no. Klawki considera más correcto clasificar a esta última, de 125 hectáreas, como gran hacienda campesina). Klawki "asigna" a cada uno de los propietarios de dos grandes fincas 2.000 marcos anuales "por su trabajo" (que en la primera finca, por ejemplo, consiste en un viaje que el propietario realiza desde su finca principal una vez por mes, durante algunos días, para vigilar a su administrador). En cuanto al propietario de las 125 hectáreas (la primera finca mide 513 ha), sólo le "asigna" 1.900 marcos por su propio trabajo y el de sus tres hijos. ¿Acaso no es "natural" que con menor cantidad de tierra deba "arreglárselas" con un presupuesto menor? A los agricultores medios, Klawki les asigna de 1.200 a 1.716 marcos por el trabajo del hombre y de la mujer, y en tres casos incluye también el de los hijos. A los pequeños agricultores, de 800 a 1.000 marcos por el trabajo de 4 ó 5 (sic!) personas, es decir, un poco más (si lo es en verdad) de lo que cobra el obrero agrícola, el Instmann, que trabaja con toda su familia por sólo 800 a 900 marcos. Así pues, aquí se da otro gran paso adelante: al principio se igualaban magnitudes evidentemente desiguales; ahora se afirma que el nivel de vida debe disminuir desde la gran hacienda a la pequeña. Esto equivale a reconocer de antemano que el capitalismo agrava la situación del pequeño campesino, ¡que es lo que se pretendía refutar calculando el "beneficio neto"!

Y si en la hipótesis del autor el ingreso en dinero decrece cuando disminuye la extensión de la hacienda, la reducción del consumo se demuestra con los datos directos. La cantidad de productos agrícolas consumidos en la hacienda se eleva (contando a dos niños como un adulto) a 227 marcos por persona (promedio de dos cifras) en las grandes haciendas; a 218 marcos (promedio de cuatro cifras) en las medianas y a 135 (sic!) marcos (promedio de cuatro cifras) en las pequeñas. Además, cuanto más grande es la hacienda, mayor es la cantidad de productos alimenticios suplementarios que se adquieren (S. 453).

Aquí se plantea, como señala el mismo Klawki, el problema del Unterkonsumption (subconsumo), que el señor Bulgákov negaba y que prefirió silenciar, mostrándose así más apologista que Klawki. Pero éste trata de atenuar la importancia de ese hecho. "No podemos afirmar —dice— si existe cierto subconsumo entre los pequeños agricultores, pero es probable que lo haya en el caso de la pequeña hacienda número IV" (97 marcos por cabeza). "Es indiscutible que los pequeños campesinos han sido siempre muy ahorrativos (!) y para vender muchas cosas economizan, por así decirlo, a costa de su alimentación" (sich sozusagen vom Munde absparen) *. * Es interesante que los ingresos por la venta de leche y mantequilla, por ejemplo, sean de siete marcos por morgen en la gran hacienda, de tres marcos en !a mediana y de siete en la pequeña. Esto se debe a que los pequeños campesinos "consumen muy poca mantequilla y leche sin desnatar... en tanto que la pequeña hacienda número IV (cuyo gasto de productos agrícolas provenientes de la hacienda es sólo de 97 marcos por cabeza) no consume nada" (450). Compare el lector este hecho (que todo el mundo, excepto los "críticos", conoce desde mucho tiempo atrás) con los maravillosos razonamientos de Hertz (S. 113; trad. rusa, 270): "¿Acaso e! campesino no recibe nada por su leche?" "¿No es él, en definitiva, quien come el cerdo?" (engordado con la leche). Estas expresiones constituyen un modelo insuperable del más vulgar embellecimiento de la miseria.

Se intenta demostrar que ello no impide la alta "productividad" de la pequeña hacienda. Si se eleva el consumo a 170 marcos —cantidad suficiente (para el "hermano menor", pero no para el agricultor capitalista, como vemos)—, entonces será necesario aumentar el consumo y disminuir el ingreso por la venta en 6 ó 7 marcos por morgen. Si se resta esta cantidad, obtenemos (véase la estadística anterior) de 29 a 30 marcos, es decir, una cantidad mayor que en la gran hacienda (S. 453). Pero si elevamos el consumo no a esta cantidad tomada a ojo (y además por debajo del nivel ordinario, por eso de que "de alguna manera se las arreglará"), sino a la de 218 marcos (la cantidad  real en la hacienda mediana), resultará que los ingresos por la venta de productos de la pequeña hacienda descienden a 20 marcos por morgen, mientras que en la mediana hacienda son de 29 marcos, y en la grande, de 25. Por consecuencia, bastaría corregir sólo este error (entre muchos otros ya señalados) de las comparaciones de Klawki, para destruir toda la "superioridad" del pequeño campesino.

Mas Klawki es incansable en su búsqueda de ventajas. Los pequeños campesinos "unen la agricultura con las industrias artesanales"; de cuatro campesinos, tres "trabajan, diligentes, por un jornal, y reciben, además del salario, el alimento" (435). Pero las ventajas de la agricultura en pequeña escala adquieren particular importancia en las épocas de crisis (como lo saben desde hace tiempo los lectores rusos, por los innumerables ensayos populistas sobre este tema, que ahora resucitan los señores Chernov): "Durante la crisis agrícola y aún en cualquier otra época, la pequeña hacienda resistirá mejor que las demás, y podrá proveer al mercado de una cantidad de productos relativamente mayor que la suministrada por los otros grupos de haciendas, mediante la máxima reducción de los gastos domésticos, la cual, claro está, deberá provocar cierto subconsumo" (479: las últimas conclusiones de Klawki; cfr. S. 464). "Por desgracia, muchas pequeñas haciendas se ven obligadas a ello debido a los elevados intereses que pagan por sus deudas. Pero de este modo, aunque a duras penas, logran mantenerse y subsistir. Es probable que sea la gran restricción del consumo lo que explique principalmente el aumento del número de las pequeñas haciendas campesinas, registrado en nuestras localidades por la estadística del Imperio." A continuación, Klawki presenta; cifras de la Regierungsbezirk * de Königsberg, donde el número de haciendas menores de 2 hectáreas pasó, entre 1882 y 1895, de 56.000 a 79.000; las de 2 a 5 hectáreas, de 12.000 a 14.000, y las de 5 a 20 hectáreas, de 16.000 a 19.000. Esto es en Prusia Oriental, el mismo lugar donde los señores Bulgákov pretenden ver la "eliminación" de la gran producción por la pequeña. ¡Y esos señores, que interpretan al estilo de Súzdal106 las cifras escuetas de una estadística sobre superficies, todavía vociferan sobre la necesidad del "análisis detallado"! * Región administrativa. —Ed.

Lógicamente, Klawki considera que "la tarea esencial de la política agraria actual, para resolver el problema de los obreros agrícolas en el Este, consiste en incitar a los obreros más diligentes a una vida sedentaria, dándoles la posibilidad de adquirir en propiedad un lote de tierra si no en la primera, al menos en la segunda (sic!) generación" (476). No importa que los Inslmann que compran un pedazo de tierra

106 Estilo de Súzdal: en forma primitiva y superficial. La expresión tiene su origen en el hecho de que antes de la Revolución se producían en el distrito de Súzdal iconos toscos y baratos, pintados de colores chillones.

con sus ahorros, "caigan en su mayoría en una situación económica más precaria; esto lo saben bien ellos mismos, pero les seduce la perspectiva de una mayor independencia". Por eso, el objetivo principal de la economía burguesa (y ahora, al parecer, también de los "críticos") estriba en fomentar esas ilusiones en el sector más atrasado del proletariado.

De suerte que el estudio de Klawki refuta punto por punto al señor Bulgákov, que se apoyaba en él. Y prueba la superioridad técnica de la gran hacienda en la agricultura, el exceso de trabajo y el subconsumo del pequeño campesino, su trasformación en obrero agrícola o en jornalero para el terrateniente; prueba también la relación que existe entre el aumento del número de pequeñas haciendas campesinas y el crecimiento de la miseria y de la proletarización. Dos conclusiones de esta investigación encierran una importancia excepcional desde el punto de vista de los principios. En primer lugar, queda esclarecido cuál es el obstáculo que se opone al empleo de máquinas en la agricultura: la continua degradación del pequeño agricultor, siempre dispuesto a "no tener en cuenta" su trabajo, por lo cual al capitalista le resulta más ventajoso emplear el trabajo manual en lugar de las máquinas. A pesar de las afirmaciones del señor Bulgákov, los hechos demuestran concluyentemente que en el régimen capitalista existe una completa analogía entre la situación del pequeño campesino en la agricultura y la del artesano en la industria. Y no obstante todo lo que dice el señor Bulgákov, verificamos en la agricultura una disminución mayor aún del consumo y una mayor intensificación del trabajo, como recurso para competir con la gran producción.

En segundo lugar, con respecto a cualquier tipo de comparación"que se haga entre la rentabilidad de las pequeñas y grandes haciendas en la agricultura, es necesario, de una vez por todas, declarar absolutamente falsas y vulgarmente apologéticas las conclusiones que no tienen en cuenta estas tres circunstancias: 1) en qué condiciones vive, cómo se alimenta y trabaja el agricultor; 2) cómo se utiliza y mantiene el ganado; 3) cómo es abonada la tierra y si es explotada racionalmente. La pequeña hacienda subsiste gracias a toda suerte de dilapidaciones: dilapidación del trabajo y de la energía vital del agricultor, dilapidación de la fuerza y de la calidad del ganado, dilapidación de la capacidad productiva de la tierra. Por lo tanto, cualquier estudio que no preste toda la atención a estas circunstancias, no será más que un conjunto de sofismas burgueses*. * Leo Huschke, en su obra titulada Landwirtsckafllicke Reinertrags— Berechnungen bei Klein—, Mitlel— und Grossbetrieb dargeUgt an typischen BeispitUn Miitelthüringens (Jena, 1902, Gustav Fischcr) (Leo Huschke. Investigación del ingreso neto de la producción agraria en las pequeñas, medianas y grandes haciendas, basada en ejemplos típicos de la Turingia Media. —Ed.), observa con acierto que "sólo por la disminución" de la valuación de la fuerza de trabajo del pequeño agricultor se puede obtener un cálculo que demuestre su superioridad sobre la hacienda mediana y la grande, y su capacidad para competir con éstas (S. 126). Por desgracia, el autor no llevó esta idea hasta su conclusión lógica, y por eso no aporta datos sistemáticos sobre manutención del ganado, abono de la tierra y condiciones de vida del agricultor en los diversos tipos de haciendas. Esperamos volver al interesante libro de Huschke. Por el momento, sólo anotemos su observación de que la pequeña hacienda obtiene por sus productos precios menores que la grande (S. S. 146, 155), y esta otra conclusión: "La pequeña hacienda y la mediana trataron de superar la crisis que sobrevino después de 1892 (depreciación de los productos agrícolas), reduciendo al mínimo los gastos en dinero; la gran hacienda lo hizo buscando acrecentar el rendimiento mediante el aumento de los gastos de producción" (S. 144). Las sumas gastadas en la compra de semillas, piensos y abonos desde el período de 1887-1891 hasta el de 1893-1897, disminuyeron en las haciendas mediana y pequeña, y aumentaron en la grande. En las pequeñas, estos gastos ascendieron a 17 marcos por hectárea, mientras que en las grandes fueron de 44 marcos. (Nota del autor a la edición de 1908. —Ed.)

No debe asombrarnos, pues, que precisamente la "teoría" del exceso de trabajo y del subconsumo de los pequeños campesinos en la sociedad actual haya provocado ataques tan violentos de los señores críticos. En la revista Nachalo (núm. 1, pág. 10),

el señor Bulgákov "se empeñó" en aportar tantas "citas" como fueran necesarias para probar lo contrario de lo afirmado por Kautsky.

Del estudio de la Liga de Política Social107, Bäuerliche Zustände (Situación de los campesinos), repite el señor Bulgákov en su libro: "Kautsky, en su tentativa de galvanizar el cadáver (sic!) del dogma caduco, ha elegido algunos hechos que denotan la depresión económica de la hacienda campesina, muy comprensible en esa época; quienquiera se convencerá de que ahí se pueden encontrar testimonios de índole distinta" (II, 282). Trataremos de "convencernos" y de verificar las "citas" del escrupuloso sabio que, en parte, sólo repite las citas de Hertz (S. 77; trad. rusa, 183).

"En Eisenach se señala el mejoramiento de la ganadería y de los abonos, el empleo de máquinas y, en general, el progreso de la producción agrícola..." Ahora consultemos el artículo sobre Eisenach (Bäuerl Zust., I B.). La situación de los propietarios de menos de 5 hectáreas (en esa región son 877 entre 1.116) es "por lo regular poco favorable" (66). "En la medida que pueden trabajar para los grandes agricultores como segadores, jornaleros, etc., su situación es relativamente buena" (67)... En general, el progreso técnico ha sido considerable durante los últimos veinte años, pero "todavía deja mucho que desear, sobre todo en las haciendas más pequeñas" (72)... "los agricultores más pequeños emplean en parte en las faenas agrícolas vacas endebles..." Los trabajos forestales y el acarreo de leña proporcionan ingresos auxiliares; el acarreo "distrae campesinos de la agricultura" y hace "descender su bienestar" (69). "Los trabajos forestales tampoco dan ingresos suficientes. En ciertas regiones, los pequeños agricultores (Grundstücksbesitzer) fabrican tejidos, que son mal (leidlich) pagados. En algunos casos, se ocupan en la elaboración artesanal de cigarros. En general, hay escasez de trabajos auxiliares" (73)... Y el autor, el Ökonomie-Commissar Dittenberger*, concluye que los campesinos, con su "vida sencilla", y sus "modestas necesidades", son sanos y vigorosos, lo cual no deja de causar "asombro, dado lo poco nutritiva que es la alimentación de la clase más pobre, cuyo principal sustento lo constituyen las patatas" (74)... * El comisario económico Dittenberger, —Ed.

¡He aquí cómo los "sabios" Voroshílov refutan el "envejecido prejuicio marxista que declara a la hacienda campesina incapaz de progresar técnicamente"!

"...Según el secretario general Langsdorf, en distritos enteros del reino de Sajonia, sobre todo en las localidades de tierras más fértiles, es dudoso que entre las grandes y pequeñas propiedades existan diferencias en cuanto a la intensidad del cultivo." Así desmiente el Voroshílov austríaco a Kautsky (Hertz, S. 77; trad. rusa, 182-183), y tras él, hace lo mismo el Voroshílov ruso (Bulgákov, II, 282, citando Bäuert. Zust II., 222). Abrimos por la pág. 222 la fuente que citan los críticos y después de las palabras reproducidas por Hertz, leemos: "Tal diferencia es más visible en las localidades montañosas, donde las haciendas más extensas operan con un capital circulante

107 Liga de Política Social: (Verein für Sozialpolitik): sociedad de economistas burgueses alemanes fundada en 1872. Su programa y actividad se orientaban a defender el régimen capitalista y fundamentar la necesidad de reformas ambiguas que, dejando inmutables los pilares del capitalismo, suavizasen la aspereza de la lucha de clases. La Liga combatió a la socialdemocracia alemana.

relativamente grande; pero también aquí la hacienda campesina obtiene a menudo una ganancia neta no inferior, pues los menores ingresos se compensan con la mayor frugalidad; lo cual con frecuencia, dado el nivel muy bajo de sus necesidades (bei der vorhandenen grossen Bedürfnisslosigkeit), lleva a que el campesino viva en peores condiciones que el obrero industrial, cuyas necesidades son mayores" (Bäuert. Zust., II, 222). En seguida nos enteramos de que el sistema de cultivo predominante es el de alternación que ya prevalece entre los agricultores medianos, mientras "el sistema de rotación trienal se encuentra aún casi exclusivamente en la pequeña propiedad campesina". En la ganadería también se comprueba un progreso general. "Sólo que, con relación al gran terrateniente, el campesino se halla de ordinario en retraso respecto a la cría de ganado vacuno y a la utilización de los productos de lechería" (223).

"El profesor Ranke —prosigue el señor Bulgákov— verifica un progreso técnico en la hacienda campesina de los alrededores de Munich; a su juicio, esto es peculiar de toda la Alta Baviera." Veamos el artículo de Ranke: en tres comunidades de Grossbauer se emplean obreros asalariados; de 119 campesinos, 69 poseen más de 20 hectáreas cada uno y ocupan las 3/4 partes de la tierra; de éstos, 38 "campesinos" poseen más de 40 hectáreas cada uno, con un promedio de 59 hectáreas, y ocupan por sí solos cerca del 60 por ciento de toda la tierra...

Me parece que esto es suficiente para definir el método que usan los señores Bulgákov y Hertz en sus "citas".

VII UNA ENCUESTA SOBRE LA AGRICULTURA CAMPESINA EN BADÉN

"Por falta de espacio —escribe Hertz—, no podemos reproducir las interesantes y detalladas respuestas que se dieron a una encuesta realizada en 37 comunidades de Badén. En su mayor parte, son análogas a las ya presentadas: al lado de algunas favorables, encontramos otras desfavorables o indiferentes. Pero en los tres volúmenes de la encuesta, ninguno de los detallados presupuestos permite afirmar que haya "subconsumo" (Unterkonsumption) y 'miseria sórdida y degradante', etc." (S. 79; trad. rusa, 188). Las palabras de Hertz subrayadas por nosotros encierran, como de costumbre, una completa falsedad: la encuesta de Badén que aduce, demuestra con la mayor exactitud justamente el "subconsumo" del pequeño campesinado. Esta desfiguración de los hechos por Hertz tiene estrecho nexo con el método que emplearon especialmente los populistas rusos, y que ahora vuelven a utilizar todos y cada uno de los "críticos" en el problema agrario, a saber: referencias al "campesinado" en general. Pero como en Occidente el concepto de "campesinado" es aún más indefinido que entre nosotros (no está claramente determinado su carácter estamental) y como los "promedios" y conclusiones ocultan la "prosperidad" relativa (o por lo menos la inexistencia del hambre) de una minoría y la miseria de la mayoría, se abre aquí una vasta esfera de acción para todos los apologistas.

La encuesta de Badén brinda precisamente la posibilidad de distinguir los diversos grupos del campesinado; mas de esto Hertz, partidario de los "detalles", prefiere

hacer tabla rasa. De 37 comunidades típicas, se eligieron haciendas típicas de campesinos grandes (Grossbauer), medios y pequeños, y también de jornaleros; en total 70 haciendas campesinas (31 grandes, 21 medianas y 18 pequeñas) y 17 de jornaleros; los presupuestos de estas haciendas fueron sometidos al más minucioso estudio— No hemos podido analizar todos los datos, pero los resultados esenciales que reproduciremos son suficientes para extraer conclusiones precisas.

En primer lugar presentaremos los datos relativos al tipo económico general de las (a) grandes, (b) medianas y (c) pequeñas haciendas campesinas (Anlage VI: Uebersichtliche Darstellung der Ergebnisse der in den Erhebungsgemeinden angestellten Ertragsberechnungen * ; hemos dividido los datos de esta estadística en grupos, según sean Grossbauer, Mittelbauer y Kleinbauer **). * Anexo VI: Breve reseña de los resultados del calculo de ingresos efectuado en ¡as comunidades investigadas. —Ed. ** Campesinos grandes, medios y pequeños. —Ed. La extensión de las propiedades —un promedio de 33,34 hectáreas para el grupo (a); de 13,5 para el grupo (b), y de 6,96 para el grupo (c)— es relativamente grande para un país de pequeñas haciendas como Badén, Pero si excluimos 10 haciendas que se distinguen por su extensión excepcional, pertenecientes a las comunidades núms. 20, 22 y 30 (¡y que abarcan hasta 43 hectáreas en el caso de los Kleinbauer y 170 en el de los Grossbauer!), se obtendrán cifras más normales para Badén: grupo (a), 17,8 hectáreas; grupo (b), 10 hectáreas; grupo (c), 4,25 hectáreas. La composición de las familias es la siguiente: grupo (a), 6,4 personas; grupo (b), 5,8; grupo (c), 5,9 (salvo indicación contraria, estos datos, así como los que siguen, se refieren a las 70 haciendas).

Por lo tanto, las familias de los grandes agricultores son más numerosas, pese a lo cual se sirven de mano de obra asalariada en medida incomparablemente mayor que las otras. En general, de 70 campesinos, 54 emplean trabajo asalariado, o sea, más de las tres cuartas partes, con esta proporción: 29 grandes agricultores (de 31), 15 medios (de 21) y 10 pequeños (de 18). Así pues, el 93 por ciento de los grandes agricultores no puede prescindir de la mano de obra asalariada, y de los pequeños, el 55 por ciento. Estas cifras son muy útiles para comprobar la opinión corriente (admitida sin crítica por los "críticos") de que el empleo de mano de obra asalariada en la agricultura, campesina actual apenas tiene importancia. Entre los grandes campesinos (por la magnitud de sus campos —18 hectáreas—, se los incluye en el rubro de 5 a 20 hectáreas, que en todas las apreciaciones globales figura entre las auténticas haciendas campesinas), encontramos una explotación agrícola netamepte capitalista: 24 haciendas emplean 71 braceros (casi tres por hacienda) y 27 agricultores que contratan jornaleros pagan en total 4.347 jornadas de trabajo (o sea, 161 jornadas por agricultor). Comparemos esto con las fincas de los grandes agricultores cercanas a Munich, ¡cuyo "progreso" ha servido para que nuestro audaz señor Bulgákov refute el "prejuicio marxista" sobre la opresión de los campesinos por el capitalismo!

Consideremos el campesinado medio: 8 campesinos emplean 12 braceros y 14 pagan 956 jomadas de trabajo. Entre los pequeños campesinos, 2 emplean 2 obreros y 9 pagan 543 jornadas. La mitad de los pequeños campesinos ha recurrido a la mano de obra asalariada durante dos meses (543 :9 = 60 días), es decir, durante el período principal para el agricultor. (Sin embargo, el volumen de la producción de estos campesinos, no obstante la mayor extensión de sus campos, es muchísimo nienor

que el de los campesinos de Friedrichsthal, que tanto enternecían a los señores Chernov, David y Hertz.)

Los resultados son los siguientes: los 31 grandes agricultores obtuvieron 21.329 marcos de beneficio neto y sufrieron ganancia, equivalente a 619,9 marcos por hacienda (y si se excluyen 5 haciendas de las comunidades núms. 20, 22 y 30, el beneficio se reduce a 523,5 marcos); en la hacienda mediana el beneficio es de 243,3 marcos por cada una (y de 272,2 sí se excluyen las tres comunidades); en la pequeña, 35,3 marcos (37,1 excluyendo las tres comunidades). En consecuencia, el pequeño campesino, literalmente hablando apenas logra sobrevivir, y en definitiva sólo lo consigue mediante la restricción del consumo. La encuesta contiene datos (Ergebnisse, etc., en el IV tomo de Erhebungen, S. 138*) sobre la cantidad de los principales productos consumidos por cada hacienda. Los transcribimos a continuación con el promedio para cada uno de los grupos antes indicados: * Resultados, etc., en el tomo IV de Encuestas, pág. 138. —Ed.

Consumo diario por persona Gastos por persona

Ultramarinos,

Categorías de

Pan y frutas Patatas Carne Leche

calefacción, alumbrado, etc.,

Ropa por año

campesinos

por día

Libras Gramos Litros Pfennjgs Marcos Grandes agricultores 1,84 1,82 1,05 Medianos 1,59 1,90 0,95 Pequeños 1,49 1,94 1,11 Jornaleros 1,69 2,14 0,85

Aquí tenemos el género de cifras en las que el bravo Hertz "no observó" Ini subalimentación, ni miseria! Vemos que el pequeño agricultor reduce en proporción muy sensible su consumo en comparación con el grande y el mediano y que casi no se alimenta ni viste mejor que el jornalero. Por ejemplo, consume una tercera parte menos de carne que el agricultor medio y casi la mitad que el grande. Estas cifras muestran  una vez más cuan inútiles son las conclusiones generales y cuan falsos todos los cálculos de ingresos que no consideren las diferencias en el nivel de vida.

Si sólo se toman, por ejemplo, las dos últimas columnas de nuestro cuadro (a fin de evitar complicados cálculos para expresar en dinero el valor de los productos alimenticios), puede apreciarse que el "beneficio neto" del campesino, y no sólo del pequeño, sino también del campesino medio, es pura ficción, y que únicamente puede ser aceptado por burgueses puros como Hecht y Klawki, o por Voroshílov puros como nuestros críticos. En efecto, si admitimos que el pequeño campesino dedica para adquirir tanto dinero como el campesino medio, su gasto total aumentará en un centenar de marcos, y resultará un enorme déficit; de la misma forma, si el campesino medio gastara tanto como el grande, sus gastos se elevarían en 220 marcos, y si no se "privara" de alimentos, también tendría déficit*. * El señor Chernov "objeta": ¿pero acaso el gran agricultor no escatima aún más los alimentos y otros gastos de su jornalero? (R. B., 1900, núm. 8, pág. 212). Semejante objeción repite la vieja treta de Krivenko y Vorontsov, que consiste, si así puede decirse, en endosar a los marxistas la argumentación liberal burguesa. La objeción tendría sentido contra quien sostuviera que la gran producción es superior no sólo técnicamente, sino también porque mejora (o por lo menos hace tolerable) la situación del trabajador. Los marxistas no dicen eso; sólo desenmascaran los falsos procedimientos empleados para embellecer la situación del pequeño agricultor, ya sea mediante conclusiones globales que indiquen prosperidad (como en el caso del señor Chernov cuando cita a Hecht), o cuando se calcula la rentabilidad silenciando la reducción del consumo. La burguesía no puede dejar de intentar este embellecimiento, de mantener la ilusión de que el obrero puede convertirse en "propietario", y el

pequeño "propietario" obtener grandes ingresos. La tarea de los socialistas radica en denunciar esa mentira y hacer comprender a los pequeños campesinos que tampoco para ellos hay salvación si no se unen al movimiento revolucionario del proletariado. Este empeoramiento del consumo en el pequeño campesino, indisolublemente ligado —como se entiende por sí mismo— al empeoramiento de la alimentación del ganado y a la insuficiente regeneración (a veces, a la esquilmación total) del suelo, ¿no confirma acaso estas palabras de Marx, ante las cuales los  críticos modernos se encogen altivamente de hombros?: "Infinita fragmentación de los medios de producción y aislamiento de los propios productores. Monstruoso despilfarro de energía humana. Empeoramiento progresivo de las condiciones de producción y encarecimiento de los medios de producción: tal es la ley inevitable del sistema de propiedad parcelaria" (Das Kapital, III, 2, 342)108.

En cuanto a la misma encuesta de Badén, apuntaremos otra adulteración cometida por el señor Bulgákov (los críticos se complementan entre sí; cuando uno de ellos tergiversa un aspecto del problema, en determinada fuente, otro crítico desvirtuará otro aspecto). El señor Bulgákov cita dicha encuesta con mucha frecuencia, como si la conociese. No obstante, le sorprendemos escribiendo lo que sigue: "En apariencia, el adeudamiento excepcional y fatal del campesino —comienza su obertura en la página 271 del tomo II— es uno de los dogmas más indiscutibles de la mitología creada en la literatura sobre la hacienda campesina"... "Los estudios de que disponemos revelan que sólo las propiedades más pequeñas, aún no fortalecidas (Tagelöhnerstellen) están entrampadas. De este modo, la impresión general que producen los datos de la amplia encuesta de Badén (una nota nos remite a ella) ha sido expresada así por Sprenger: '...las deudas que gravan las parcelas de los jornaleros y las propiedades de los pequeños campesinos sólo tienen relativa importancia en gran número de las localidades estudiadas; sin embargo, en la mayoría de los casos, ni siquiera ahí alcanzan proporciones alarmantes...'" (272). ¡Qué cosa extraña! Por un lado, nos remite a la encuesta,y por otro refiere la "impresión general" de un tal Sprenger, que escribió sobre la encuesta. Y como a propósito, este Sprenger dice lo que no es cierto (por lo menos en el pasaje que cita el señor Bulgákov, pues no conocemos el libro de aquél). Los autores de la encuesta afirman que el adeudamiento de las pequeñas haciendas campesinas, precisamente de ellas, adquiere, en la mayoría de los casos, proporciones alarmantes. Esto, en primer lugar; en segundo lugar, declaran que la situación de los pequeños campesinos no sólo es inferior, en lo que se refiere a las deudas, a la de los agricultores medios y grandes (esto lo ha notado Sprenger), sino también a la de los jornaleros.

En general, es necesario señalar que los autores de la encuesta de Badén establecen algo importantísimo: en las grandes haciendas, el límite de adeudamiento admisible (es decir, admisible sin peligro de ruina) es más elevado que en las pequeñas. Después de haber reproducido las estadísticas sobre los resultados de las haciendas de los agricultores grandes, medios y pequeños, esta circunstancia no requiere ninguna explicación especial. Los autores de la encuesta juzgan tolerable y exento de peligro (unbedenklich), tanto para la gran hacienda como para la mediana, un adeudamiento del 40 al 70 por ciento con relación al valor de la tierra, o sea, el 55 por ciento, como término medio. En lo tocante a la pequeña hacienda (que los

108 Véase C. Marx. El Capital, t. III (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 372).

autores delimitan así: de 4 a 7 hectáreas cuando se trata de labranza y de 2 a 4 hectáreas si son viñas o cultivos industriales), estiman que "el límite de adeudamiento... no debe superar el 30 por ciento del valor de la propiedad, siempre que el pago regular de los intereses y la amortización de la deuda estén completamente asegurados" (S. 66, B. IV). En las comunidades encuestadas (salvo aquellas en que rige el Anerbenrecht*, como las de Unadingen y Neukirch), la deuda porcentual (con relación al valor de la finca) disminuye en forma regular de las pequeñas haciendas a las grandes. * Derecho por el cual los bienes de la familia campesina pasan indivisibles a uno de los herederos. — Ed. En la comunidad de Dittwar, por ejemplo, la deuda alcanza una proporción del 180,65 por ciento en las haciendas que no pasan de l/+ de hectárea; del 73,07 en las que abarcan de 1 a 2 hectáreas; del 45,73 en las de 2 a 5 hectáreas; del 25,34 en las que tienen de 5 a 10 hectáreas, y del 3,02 por ciento en las de 10 a 20 hectáreas (S. 89-90, ibíd.). Pero las cifras solas del adeudamiento no lo dicen todo, y los autores de la encuesta extraen la siguiente conclusión:

"Así pues, las estadísticas que preceden han confirmado la difundida opinión de que los poseedores de haciendas campesinas que se hallan en la línea divisoria entre los jornaleros y los campesinos medios (en el campo se les llama de ordinario 'capa media', Mittelstand), se encuentran a menudo en una situación más penosa que la de los grupos superiores o inferiores (sic!) por la extensión de sus propiedades, porque aun pudiendo hacer frente a deudas moderadas, dentro de los límites conocidos y no muy altos de adeudamiento, logran difícilmente solventar sus compromisos, ya que les resulta imposible obtener trabajos auxiliares regulares (como jornaleros, etc.) que les permitan aumentar sus ingresos..." Los jornaleros, "dado que tienen, por pequeño que sea, un trabajo auxiliar regular, suelen hallarse en una situación considerablemente mejor que la de los campesinos pertenecientes a la 'capa media', pues, como lo demuestran los cálculos, los trabajos auxiliares reportan en muchos casos tan altos ingresos netos (es decir, en dinero) que son suficientes para amortizar deudas incluso elevadas" (67, l.c.)*. * El pequeño campesino —señalan con acierto los autores de la encuesta— vende al contado relativamente poco, y en cambio su necesidad de dinero es muy grande. Cualquier epizootia, cualquier granizo, etc., repercuten muy sensiblemente en él por la carencia de capital. Por último, los autores repiten una vez más que el adeudamiento de las pequeñas haciendas campesinas, en el marco del límite admisible, "no está exento de peligro", razón por la cual "son primera y principalmente los pequeños campesinos y la masa de jornaleros vecina a ellos quienes deben mostrar suma prudencia económica en la compra de tierras..." (98).

iVaya con el consejero burgués del pequeño campesino! Por una parte, hace acariciar a los proletarios y semiprole— tarios la esperanza de adquirir un terrenito, "si no en la primera, al menos en la segunda generación", y de sacar de él, a fuerza de trabajo y de sobriedad, "ingresos netos" en abundancia; y por otra, recomienda precisamente a los campesinos pobres que muestren "suma prudencia" en la compra de tierras si carecen de un "trabajo regular", es decir, si los señores capitalistas no necesitan obreros fijos. ¡Y pensar que hay papanatas "críticos" que aceptan como sentencias de la ciencia más avanzada estos embustes interesados y estas manidas vulgaridades!

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Los datos detallados que hemos reproducido sobre los agricultores grandes, medianos y pequeños habrían bastado, al parecer, para hacer entender incluso al señor V. Chernov cuál es el contenido de la categoría "pequeña burguesía", que tanto horror le inspira aplicada al campesinado. La evolución capitalista ha aproximado tanto ya el régimen económico general no sólo de los países de Europa Occidental entre sí, sino también de Rusia con relación a Occidente, que los rasgos esenciales de la hacienda campesina de Alemania son semejantes a los de Rusia. Sólo que el proceso de diferenciación del campesinado, demostrado con amplitud por las publicaciones marxistas rusas, se encuentra en Rusia en una de las fases iniciales de desarrollo; aún no ha adquirido formas más o menos acabadas; por ejemplo, no ha delineado todavía el tipo particular, inmediatamente visible y claro para todos, del gran campesino (Grossbauer); la expropiación en masa y la extinción de gran parte del campesinado aún encubren demasiado "los primeros pasos" de nuestra burguesía campesina. En Occidente este proceso, que comenzó antes de la abolición de la servidumbre (cfr. Kautsky, Agrarfrage, S. 27), Llevó hace ya mucho tiempo, de un lado, a la supresión de las fronteras estamentales entre la hacienda campesina y la "propiedad privada" (tal como la entendemos nosotros), y, de otro, al surgimiento de una clase de obreros agrícolas asalariados, de rasgos bastante definidos*. * "Los campesinos —escribe el señor Bulgákov, refiriéndose a Francia en el siglo XIX— se disgregaron en dos sectores bien diferenciados entre sí: el proletariado y los pequeños propietarios" (II, 176). Sólo que el autor imagina en vano que la "disgregación" se detuvo allí; el proceso es incesante. Pero sería un profundo error suponer que este proceso se detuvo cuando los nuevos tipos de población rural adquirieron contornos más o menos precisos. Por el contrario, este proceso continúa avanzando sin cesar; es evidente que su rapidez depende de muchas circunstancias diversas y adquiere las formas más variadas según sean las condiciones agronómicas, etc.

La proletarización del campesinado prosigue, como lo demostraremos más abajo con gran número de estadísticas alemanas, aunque esto ya se deduce claramente de los datos antes citados sobre el pequeño campesino. El creciente éxodo del campo a la ciudad no sólo de los obreros agrícolas, sino también de los campesinos, es por sí mismo una prueba palmaria del aumento de la proletarización. Pero este éxodo del campesino a la ciudad está precedido necesariamente por su ruina. Y a la ruina antecede una lucha desesperada por la independencia económica. Es esta lucha la que resalta de los datos referentes al empleo de mano de obra asalariada, a la magnitud del "ingreso neto", al nivel de consumo de los diferentes grupos de campesinos. El principal medio de lucha es la "férrea perseverancia" y el ahorro, siempre el ahorro: "pensamos más en el bolsillo que en el estómago". Resultado inevitable de esta lucha es el ascenso de una minoría de agricultores prósperos, pudientes (casi siempre una minoría insignificante, lo que sucede cuando no existen condiciones especialmente favorables, como la proximidad a la capital, la construcción de un ferrocarril, el descubrimiento de una nueva rama lucrativa de la agricultura comercial, etc.), y la creciente depauperación de la mayoría, cuyas energías, son constantemente destruidas por el hambre crónica y el trabajo agotador, a la vez que disminuye la calidad de la tierra y del ganado. Resultado inevitable de esta lucha es la formación de una minoría de haciendas capitalistas basadas en el trabajo asalariado y la continua necesidad para la mayoría de buscar una "ocupación auxiliar", es decir, de convertirse en obreros asalariados industriales

y agrícolas. Los datos acerca del trabajo asalariado revelan con claridad meridiana la tendencia inmanente al pequeño productor, e irreversible bajo el actual régimen social, de transformarse en pequeño capitalista.

Comprendemos muy bien la razón por la cual los economistas burgueses, de un lado, y los oportunistas de toda especie, de otro lado, rehuyen (y no pueden dejar de hacerlo) este aspecto del problema. La diferenciación del campesinado nos descubre las más profundas contradicciones del capitalismo en el proceso mismo de su surgimiento y de su posterior desarrollo; la evaluación completa de tales contradicciones conduce inevitablemente al reconocimiento de que la situación del pequeño campesinado es un callejón sin salida y sin esperanza (sin esperanza, fuera de la lucha revolucionaria del proletariado contra todo el régimen capitalista). No es extraño que estas contradicciones, las más profundas y menos desarrolladas, sean las que no se mencionan: se intenta eludir la realidad del trabajo agotador y el subconsumo de los pequeños campesinos, cosas que sólo puede negar gente mal intencionada o ignorante; se trata de ocultar el empleo de mano de obra asalariada por la burguesía rural y el trabajo asalariado de los campesinos pobres. jPor ejemplo, el señor Bulgákov ha presentado nada menos que un "ensayo de teoría del desarrollo agrario" en el cual se abstrae de estas dos últimas cuestiones guardando un elocuente silencio! * * O con subterfugios no menos elocuentes, como éste: "...Los innumerables casos en que la industria se combina con la agricultura y en que los obreros asalariados industriales poseen un pedazo de tierra..." no constituyen "más que un detalle (! ?) en el sistema económico; por el momento, no hay (??) motivo alguno para juzgar esto como una nueva manifestación del proceso de industrialización de la agricultura, como una pérdida de su desarrollo independiente: es un hecho de ínfima importancia (en Alemania, por ejemplo, los industriales poseen sólo el 4,09 por ciento de la superficie agrícola)" (sic.!, II, 254- 255). En primer lugar, si centenas de miles, de obreros poseen una insignificante proporción de tierra, ello no significa que sea "un hecho de ínfima importancia", sino que el capitalismo abruma y proletariza al pequeño agricultor, ¡pues todos los agricultores con menos de 2 hectáreas (aun siendo 3.200.000 sobre 5.500.O00, o sea, el 58,2 por ciento, casi tres quintas partes del total) "sólo" ocupan el 5,6 por ciento de la superficie agrícola! ¿Habrá sacado de esto el ingenioso señor Bulgákov que todo el "fenómeno" de la pequeña propiedad agraria y de la pequeña agricultura es, en general, "un detalle" y "un hecho de ínfima importancia"? De los 5.500.000 agricultores alemanes, hay 791.000 obreros asalariados industriales, es decir, el 14,4— por ciento, que en su inmensa mayoría poseen menos de dos hectáreas (743.000, o sea, el 22,9 por ciento del total de los agricultores que poseen menos de dos hectáreas). En segundo lugar, el señor Bulgákov ha alterado una vez más, como de costumbre, las estadísticas que cita. De la página de la encuesta alemana aducida por él (Stat. d. D. R., 112 B., S. 49), tomó, por descuido, las cifras de la superficie agrícola que corresponden a los agricultores industriales independientes. En cuanto a los agricultores industriales no independientes (es decir, los obreros industriales asalariados) sólo poseen el 1,84 por ciento del área agrícola. Así, 791.000 obreros asalariados poseen el 1,84 por ciento de la superficie total y 25.000 terratenientes el 24 por ciento. Qué "detalle" tan insignificante, ¿verdad? "Puede conceptuarse como hacienda campesina —escribe— la que en forma total o predominante se sostiene con el trabajo de la propia familia campesina; incluso la hacienda campesina rara vez puede prescindir del trabajo ajeno, ya se trate de la ayuda del vecino o del trabajo asalariado temporero; pero esto no cambia (¡desde luego que no!) su fisonomía económica" (I, 141).

Hertz, más ingenuo, advierte desde el comienzo de su libro: "En el curso de esta exposición consideraré como hacienda campesina o pequeña hacienda aquella en la cual sólo trabajan el amo, su familia y uno o dos obreros como máximo". (S. 6; trad. rusa, 29). Cuando se trata de "trabajadores" asalariados, nuestros Kleinbürger olvidan al instante esas mismas "particularidades" de la agricultura a las que tanto peso atribuyen venga o no venga a cuento. En la agricultura no es poca cosa tener uno o dos obreros, aunque sólo trabajen en verano. Pero lo principal no es que los obreros sean pocos o muchos, sino que a la mano de obra asalariada recurren los campesinos más prósperos y pudientes, cuyo "progreso" y "prosperidad" son presentados con gozo por los caballeros de la pequeña burguesía como prosperidad

del conjunto de la población. Y para que esta tergiversación adquiera apariencia de verdad, dichos caballeros declaran majestuosamente: "El campesino es un trabajador, lo mismo que el proletario" (Bulgákov, II, 288). El autor expresa su satisfacción porque "los partidos obreros pierden cada vez más esa fobia al campesinado que los distinguía antes (¡que los distinguía antes!)" (289). Con esa mentalidad de "antes", compréndase, "se olvidaba que la propiedad campesina no es un instrumento de explotación, sino una condición para aplicar el trabajo". ¡Así se escribe la historia!

En  verdad, no podemos contenernos y dejar de decir: ¡Tergiversen, señores, pero con moderación! Pues este mismo señor Bulgákov es el autor de un "estudio", en dos volúmenes de 800 páginas, repleto de "citas" (cuya exactitud hemos mostrado más de una vez) extraídas de encuestas, descripciones y monografías de todo género, sin que ni una sola vez, literalmente ni una sola vez, haya intentado siquiera analizar las relaciones existentes entre los campesinos cuya propiedad es un instrumento de explotación y aquellos para quienes constituye "simplemente" una condición para aplicar su trabajo. Ni una sola vez ha presentado datos sistemáticos (que, como hemos visto, existen en las fuentes por él citadas) sobre el tipo de hacienda, el nivel de vida, etc., de los campesinos que emplean obreros, de los que no los emplean ni se contratan ellos mismos como tales y de los que trabajan como obreros. Pero todavía hay más. Ya vimos que para certificar "el progreso de la hacienda campesina" (¡de la hacienda campesina en general!), citaba hechos que se relacionaban con los Grossbauer, y juicios que acreditaban el progreso de unos y la ruina y proletarización de otros. E incluso interpretaba como un síntoma de "regeneración social" (sic!) la formación de "potentes haciendas campesinas" (II, 138; confróntese la conclusión general en la pág. 456), ¡como si la hacienda campesina potente no fuera sinónimo de la hacienda campesina burguesa, empresarial! Para salir de esta red de contradicciones, sólo intentó el siguiente razonamiento, más embrollado aún: "El campesinado, por supuesto, no constituye una masa homogénea; esto lo hemos demostrado antes (¿seguramente en el examen del insignificante detalle del trabajo industrial asalariado de los campesinos?); aquí hay entablada una lucha constante entre la tendencia a la diferenciación y la tendencia a la nivelación; pero esa diversidad e incluso esa oposición de algunos intereses, ¿son acaso mayores que las existentes entre las distintas capas de la clase obrera, o entre los obreros de la ciudad y los del campo, o entre el trabajo cualificado y el no cualificado, o entre los tradeunionistas y los no sindicados? Sólo el menosprecio absoluto de estas diferencias en el seno del estamento obrero (diferencias que han inducido a ciertos investigadores a distinguir ya un quinto estamento, segregado del cuarto) permitió que se oponga una presunta clase obrera homogénea a un campesinado heterogéneo" (288).

¡Qué análisis tan profundo! Confundir diferencias entre oficios con diferencias entre clases y diferencias en las condiciones de vida con la diferencia de la situación de las clases en todo el régimen de producción social: qué mejor prueba de la absoluta falta de principios científicos que caracteriza a la "crítica" * de moda, de su tendencia práctica a eliminar el concepto mismo de "clase" e incluso la idea de la lucha de clases. * Recordemos que la presunta homogeneidad de la clase obrera constituye el argumento más usual en E. Bernstein y todos sus partidarios. Con respecto a la "diferenciación", el señor Struve ya exhibió en sus Notas críticas este profundo razonamiento:

hay diferenciación, pero también hay nivelación; para un investigador objetivo, ambos procesos tienen igual importancia (del mismo modo que para el historiador objetivo de Schedrin era igual que Iziastav venciera a Yaroslav, o viceversa" 109. La economía monetaria se desarrolla; pero también asistimos a retrocesos hacia la economía natural. Progresa la gran producción fabril, pero también progresa la industria doméstica capitalista (Bulgákov, II, 88: "En Alemania, Hausindusírie (la industria domestica. —Ed.)... está lejos de desaparecer"). El sabio "objetivo" debe reunir con cuidado los pequeños hechos, observar "por una parte" y "por otra", "pasar (como el Wagner de Goethe110) de un libro a otro, de una página a otra", sin tratar de formarse un punto de vista consecuente ni de elaborar una idea general sobre el proceso en su conjunto. El obrero agrícola gana 50 kopeks por día; el campesino emprendedor que emplea jornaleros, un rublo; el obrero industrial de la capital, dos rublos, y el pequeño propietario de taller en una provincia, rublo y medio. Cualquier obrero con cierta conciencia política podrá decir sin el menor esfuerzo a qué clase pertenecen los individuos de esas diversas "capas", y qué tendencia caracterizará su actividad social. Mas para un representante de la ciencia universitaria, o para un "crítico" moderno, todo ello entraña una sabiduría imposible de desentrañar.

VIII

ESTADÍSTICAS GENERALES DE LA AGRICULTURA ALEMANA EN 1882 Y 1895. EL PROBLEMA DE LAS HACIENDAS MEDIANAS

Después de haber examinado los datos pormenorizados de la hacienda campesina —de particular importancia para nosotros porque en todo lo relacionado con ella se encuentra precisamente el centro de gravedad del problema agrario contemporáneo—, pasaremos ahora a repasar los datos de la estadística general de la agricultura alemana y confrontaremos las conclusiones extraídas de ellos por los "críticos". He aquí, en resumen, los principales resultados de los catastros de 1882 y 1895:

Cifras relativas Aumento o disminución absolutos en

Número de haciendas (en

Superficie cultivada

(en miles de

Grupos de haciendas

número Haciendas Superficie

miles)

hectáreas)

Hacie

Super

ficie Hasta 2 ha 3.062 3.2S6 1.826 1.808 58,0 58,2 5,7 5,6 + 174 Con 2-5  " 1.016 3.190 3.286 18,6 18,3 10,0 10,1 + 35 + 96 " 5-20  " 9.158 9.722 17.6 18,0 28,7 29,9 + 72 +564 " 20-100 " 9.908 9.870 5,3 5,1 31,1 30,3 + l " 100 y más 7.787 7.832 0,5 0,4 24,5 24,1 ± 0 + 45 Total... 5.276 5.558 31.869 32.518 + 282 + 649

ndas

En relación con los cambios que refleja este cuadro, interpretados de manera distinta por los marxistas y los "críticos", es preciso examinar tres circunstancias: el crecimiento numérico de las haciendas más pequeñas; el aumento de los latifundios,

109 De la obra del satírico ruso M. E. Saltikov-Schedrín Idilio moderno. 110 Wagner: personaje de la tragedia de Goethe Fausto. Tipo de funcionario  de gabinete, de cortos alcances y apartado de la realidad.

es decir, de las haciendas de más de 1.000 hectáreas, que aparecen confundidas en nuestro breve cuadro con todas las mayores de 100 hectáreas", y por último —lo que más salta a la vista y más discusiones ha provocado—, el incremento de las haciendas campesinas medianas (de 5 a 20 hectáreas) .

El aumento del número de los minifundios revela la gran expansión de la miseria y de la proletarización, pues la enorme mayoría de los propietarios de menos de dos hectáreas no puede subsistir sólo con la agricultura y debe buscar una ocupación auxiliar, es decir, trabajar a jornal. Hay, desde luego, excepciones; en los casos de cultivos especiales, viñas, huertas, cultivos industriales, etc., por lo general en los alrededores de las ciudades, un campesino puede ser independiente (y a veces incluso no ser pequeño campesino) con una hectárea y media. Pero esas excepciones carecen por completo de significado en un total de tres millones de haciendas. La masa de estos pequeños "agricultores" (casi las tres quintas partes del total) está integrada por obreros asalariados: así lo indican con claridad las estadísticas alemanas sobre las principales ocupaciones de los campesinos de los distintos grupos. Veamos los datos resumidos:

Agricultores por su ocupación principal (en %)

tienen ocupaciones

De los agricultores

auxiliares (en %)

independientes,

Independiente

Otras ocupaciones

independiente

Trabajo no

otras ramas

Comercio y

Agricultura

Grupos de agricultores

Total

Hasta 2 ha 17,4 22,5 50,3 9,8 26,1 Con 2-5  " 72,2 16,3 8,6 2,9 25,5 "    5-20   " 90,8 7,0 1,1 1,1 15,5 "    20-100 96,2 2,5 0,2 1.1 8,8 " 100 y más " 93,9 1.5 0,4 4,2 23,5 Total 45,0 17,5 31,1 6,4 20,1 Vemos que sólo el 45 por ciento del total de agricultores alemanes, o sea, menos de la mitad, son independientes, constituyendo la agricultura su ocupación principal. Y entre estos agricultores independientes hay todavía una quinta parte (20,1 por ciento) que efectúan trabajos auxiliares.

En cuanto a su principal ocupación, el 17,5 por ciento ejercen el comercio, oficios industriales, son horticultores, etc. (en sus respectivas ocupaciones son "independientes", es decir, están en la situación de patrono y no de obrero). Casi un tercio (31,1 por ciento) son obreros asalariados ("no independientes", ocupados en las diversas ramas de la agricultura y de la industria). El 6,4 por ciento trabajan principalmente en empleos (funcionarios, militares y otros), profesiones liberales, etc. Entre los campesinos que poseen menos de dos hectáreas, la mitad son obreros asalariados; de los 3.200.000 "propietarios", una pequeña minoría, el 17,4 por ciento del total, son agricultores "independientes", y dentro de este 17,4 por ciento, una cuarta parte (26,1 por ciento) se dedican a ocupaciones auxiliares, es decir, son también obreros asalariados, no con respecto a su ocupación principal (como el 50,3 por ciento que se indica más arriba), sino a su trabajo auxiliar. Incluso, entre los agricultores que poseen de 2 a 5 hectáreas, sólo un poco más de la mitad (546.000 de 1.016.000) son agricultores independientes sin ocupaciones auxiliares.

Esto muestra hasta qué punto deforma la realidad el señor Bulgákov cuando explica que la suma total de personas ocupadas realmente en la agricultura ha crecido (lo cual constituye un error, según lo hemos demostrado) en virtud del "aumento de las haciendas independientes; sobre todo, como ya sabemos, de las haciendas medianas, que han elevado su número a expensas de las grandes" (II, 133). El hecho de que en el conjunto de las haciendas la parte correspondiente a las medianas sea la que más haya crecido (de 17,6 a— 18 por ciento, esto es, +0,4 por ciento), no significa que el aumento de la población rural obedezca sobre todo al de las haciendas medianas. Poseemos datos directos —que no admiten dos interpretaciones— por los que podemos determinar qué grupos han contribuido más al incremento general del número de haciendas: el total de haciendas aumentó en 282.000, y, dentro de este número, en 174.000 las menores de dos hectáreas. Por consiguiente, el crecimiento de la población rural (en la medida que exista y pueda observarse) se explica precisamente por el aumento del número de las haciendas no independientes (ya que las menores de dos hectáreas en su gran mayoría no son independientes). El incremento corresponde en lo fundamental a las haciendas parcelarias, y esto es un índice de creciente proletarización. Además, si las que poseen de 2 a 5 hectáreas han aumentado (en 35.000), no tenemos derecho a atribuir todo ese acrecentamiento a las haciendas independientes, pues de 1.016.000 agricultores, sólo 546.000 son independientes, sin ingresos auxiliares.

Pasando al tema de las grandes haciendas, debemos señalar, ante todo, el siguiente hecho característico (muy importante para refutar a todos los apologistas): la combinación de la agricultura con otras ocupaciones presenta un significado distinto y opuesto en los diferentes grupos de agricultores. Respecto a los pequeños, es una muestra de su proletarización, de la disminución de su independencia, pues lo que se agrega a la agricultura son ocupaciones como el trabajo asalariado, el pequeño artesanado, el pequeño comercio, etc. En cuanto a los grandes, denota, o bien el aumento de la importancia política de la gran propiedad terrateniente mediante una ocupación estatal, militar u otras, o bien el entrelazamiento de la agricultura con la explotación forestal y las producciones técnicas agrícolas. Como se sabe, esto último constituye uno de los síntomas más característicos del progreso capitalista en la agricultura. Por eso hemos visto que la proporción de campesinos que consideran la agricultura "independiente" como su ocupación principal (es decir, que se dedican a ella no en calidad de obreros, sino de patronos) se eleva con rapidez a la par que aumenta la superficie de las haciendas (17-72-90-96 por ciento), pero desciende al 93 por ciento en el grupo de haciendas de más de 100 hectáreas; en este grupo, el 4,2 por ciento de los patronos considera como principal ocupación un empleo (rubro: "otras ocupaciones"), y el 0,4 por ciento entiende como tal un trabajo "no independiente" (pero éstos no son obreros asalariados, sino administradores, inspectores, etc.; cfr. Stat. d. D.R., 112 B., S. 49). Del mismo modo, se comprueba que la proporción de los agricultores independientes que todavía tienen ocupaciones auxiliares disminuye con rapidez al extenderse la superficie de las haciendas (26-25- 15-9 por ciento), pero aumenta bruscamente en las haciendas de más de 100 hectáreas (23 por ciento).

En lo que se refiere al número y la superficie de las grandes haciendas (de 100 y más ha), los datos reproducidos más arriba revelan un descenso de su proporción, tanto

en orden a la totalidad de las haciendas como a su superficie global. Cabe preguntar: ¿puede deducirse de esto, como se apresura a hacerlo el señor Bulgákov, que las grandes haciendas son desplazadas por las pequeñas y las medianas? Creemos que no, y que el señor Bulgákov, con sus airados desplantes contra Kautsky, no hace más que confirmar su incapacidad para impugnar en esencia la opinión de éste sobre ello. En primer lugar, el decrecimiento de la proporción de las grandes haciendas es insignificante (del 0,47 al 0,45 por ciento con relación al total de las haciendas, es decir, el 0,02 por ciento; y del 24,43 al 24,088 por ciento en cuanto a la superficie total, o sea el 0,35 por ciento). Todo el mundo sabe que la intensificación de la agricultura obliga a veces a reducir un tanto la superficie y que los grandes propietarios ceden en arriendo pequeños lotes situados en las tierras alejadas del centro de la finca a fin de procurarse obreros. Ya hemos probado que el autor de la detallada descripción de las grandes y pequeñas haciendas de Prusia Oriental reconocía con franqueza el papel auxiliar de la pequeña hacienda con respecto a la grande, y recomendaba con insistencia la formación de obreros estables. En segundo lugar, no se puede hablar de desplazamiento de la gran hacienda por la pequeña, ya que los datos sobre la superficie son todavía insuficientes por sí mismos para juzgar acerca de la magnitud de la producción. En este sentido, las grandes haciendas han dado un gran paso adelante; lo acreditan de manera irrefutable las cifras referentes al empleo de maquinaria (véase más arriba) y a las producciones técnicas agrícolas (más adelante estudiaremos estos datos en particular, pues los que corresponden a la estadística alemana han sido interpretados por el señor Bulgákov con asombrosa inexactitud). En tercer lugar, en el grupo de las haciendas de 100 hectáreas y mayores, se destacan los latifundios, las haciendas de 1.000 y más hectáreas, cuyo número creció en una proporción mayor que las medianas: de 515 a 572, o sea, un aumento del 11 por ciento, mientras que las últimas pasaron de 926.000 a 998.000, o sea, el 7,8 por ciento de aumento. La superficie de los latifundios se elevó en 94.000 hectáreas: — de 708.000 a 802.000; y mientras en 1882 constituía el 2,22 por ciento de toda la superficie cultivada, en 1895 ocupaba ya el 2,46 por ciento. Las infundadas objeciones que el señor Bulgákov hizo en este particular contra Kautsky en la revista Nachalo, las completa en su libro con la siguiente generalización, más infundada todavía: "El índice de la decadencia de las grandes haciendas —escribe— es... el aumento de los latifundios, aunque el progreso de la agricultura y el aumento de su intensificación deben ir acompañados del parcelamiento" (II, 126). Y sin la menor vacilación, el señor Bulgákov sigue comentando que la gran hacienda agrícola "degenera en latifundio" (!) (II, 190, 363). Véase con qué admirable lógica razona nuestro "sabio": ¡como la disminución de la superficie significa a veces, cuando se intensifica el cultivo, incremento de la producción, por lo tanto, el aumento de lá superficie y del número de los latifundios expresa, por lo general, decadencia! Pero si la lógica flaquea tanto, ¿por qué no pedir ayuda a la estadística? En la fuente donde bebe el señor Bulgákov hay un cúmulo de datos estadísticos sobre la explotación agrícola de estos latifundios. He aquí algunos: 572 haciendas de las más grandes abarcaban en 1895 una superficie de 1.159.674 hectáreas, de las cuales 802.000 eran cultivables y 298.000 estaban pobladas de bosque (una parte de estos propietarios de latifundios son primordialmente productores de madera y no agricultores). El 97,9 por ciento posee ganado y el 97,7 por ciento, animales de labor; en 555 fincas se emplea maquinaria y, como hemos visto, en el mayor número de casos cada

hacienda de este grupo emplea máquinas de diferente tipo; el arado de vapor, en 81 casos, o sea, en el 14 por ciento de los latifundios. El ganado se distribuye de la siguiente manera: vacuno 148.678 cabezas; caballar 55.591; lanar 703.813, y porcino 53.543. De estas fincas, 16 se combinan con refinerías de azúcar, 228 con destilerías, 6 con la producción de cerveza, 16 con fábricas de almidón y 64 con molinos harineros. Sobre la intensificación agrícola se puede juzgar por los siguientes hechos: la remolacha se cultiva en 211 haciendas (26.000 hectáreas) y la patata en 302, ambas para uso industrial; la leche de 21 haciendas (con 1.822 vacas, es decir, a razón de 87) se vende en la ciudad, y 204 forman parte de cooperativas lecheras (con 18.273 vacas, o sea, 89 por hacienda). ¡Es asombroso cómo se parece esto a la "degeneración en latifundio"!

Pasemos ahora a la cuestión de las haciendas medianas (de 5 a 20 hectáreas). Su proporción en el total de haciendas se elevó del 17,6 al 18 por ciento (+0,4 por ciento), y en la superficie global, del 28,7 al 29,9 por ciento ( + 1,2 por ciento). Es muy natural que todos y cada uno de los "destructores del marxismo" consideren estos datos como su principal carta de triunfo. El señor Bulgákov deduce de ello el "desplazamiento de la gran hacienda agrícola por la pequeña", "la tendencia a la descentralización", etc., etc. Ya hemos expuesto que precisamente con respecto "al campesinado", los datos globales son en especial inservibles y pueden fácilmente inducir a error; aquí, sobre todo, los procesos de formación de las pequeñas haciendas empresariales y los "progresos" de la burguesía campesina son los más aptos para ocultar la proletari— zación y el empobrecimiento de la mayoría. Y si en toda la agricultura alemana observamos en general, por una parte, un desarrollo evidente de la gran hacienda capitalista (crecimiento de los latifundios, mayor empleo de máquinas y ampliación de las producciones técnicas agrícolas) y, por otra, un aumento más patente aún de la proletarización y el empobrecimiento (éxodo a las ciudades, más división de la tierra, mayor número de haciendas parcelarias, más trabajo auxiliar asalariado, empeoramiento de la alimentación de los pequeños campesinos, etc.), sería verdaderamente increíble e imposible que tales procesos no se produjeran entre el "campesinado". En efecto, las mismas estadísticas detalladas señalaban estos procesos con toda exactitud, y confirman, en este caso, que la mera estadística de superficies es del todo insuficiente. Por ello, a Kautsky le asistía plena razón cuando sostenía, basándose en el cuadro general del desarrollo capitalista de la agricultura alemana, que no había fundamentos para deducir de esas cifras la victoria de la pequeña producción sobre la grande.

Sin embargo, existen datos directos y abundantes que demuestran que el aumento de las "haciendas campesinas medianas" significa el crecimiento de la miseria, y no la expansión de la riqueza y la prosperidad. Se trata de los mismos datos referentes al ganado de labor, tan mal interpretados por el señor Bulgákov en la revista Nachalo y en su libro. "Si aún hubiera necesidad de probarlo —escribía el señor Bulgákov acerca de su afirmación sobre el progreso de la hacienda mediana y la decadencia de la grande—, se podría agregar al índice de la cantidad de fuerza de trabajo el del ganado de labor. He aquí esta elocuente estadística* * Reproducimos el cuadro tal como lo da el señor Bulgákov, y sólo le agregamos el total, que Falta en él.

Número de haciendas Que poseían animales

Diferencia

para las labores

agrícolas

0 – 2 ha 325.005 306.340 — 18.665 2 – 5  " 733.967 725.584 — 8.383 5 – 20  " 894.696 925.103 + 30.407 20 – 100 " 279.284 275.220 — 4.064 100 y más 24.845 24.485 Total 2.257.797 2.256.732 — 1.065

"El número de haciendas labor ha disminuido tanto en pequeña hacienda; sólo aumentó núm. I, pág. 20).

Esto aún sería disculpable sí dejado deslizar, en un artículo ligera, el error que le indujo a el ganado de labor exactamente lo que emplean ganado de la grande como en la en la mediana" (Nachalo, el señor Bulgákov hubiera periodístico, escrito a la extraer de los datos sobre contrario de lo que dichos datos expresan; pero nuestro "escrupuloso sabio" repite el mismo error en sus "estudios" (t. II, pág. 127, donde, además, las cifras + 30.407 y —360 las refiere al número de cabezas de ganado, cuando en realidad indican el número de haciendas que empleaban ganado de labor— Pero esto, claro, no es más que un pequeño detalle).

A nuestro "escrupuloso sabio", que con tanta osadía habla del "retroceso de la gran hacienda" (II, 127), le formulamos las siguientes preguntas: si el número total de haciendas medianas aumentó en 72.000,' ¿qué importancia tiene que creciera en 30.000 el número de ellas que emplean ganado de labor (II, 124)? ¿No es evidente que la proporción de las haciendas campesinas medianas que poseen animales de labor ha disminuido? Y siendo así, ¿no convendrá examinar la proporción correspondiente a los diversos grupos de haciendas que tenían animales de labor en 1882 y 1895, tanto más, cuanto que esos datos se hallan en la misma página y en el mismo cuadro del que el señor Bulgákov tomó las cifras absolutas? (Stat. d. D. R., 112 B., S. 31).

He aquí estos datos:

Porcentaje de haciendas

Diferencia

que emplean ganado de

labor

0 – 2 ha 10,61 9,46 — 1,15

2 – 5  " 74,79 71,39 — 3,40

5 – 20  " 96,56 92,62 — 3,94

20 – 100 " 99,21 97,68 — 1,53

100 y más 99,42 9? ,70 — 1,72

Total 42,79 40,60 — 2,19

De manera que el promedio de las haciendas que se servían de ganado de labor ha disminuido en algo más del 2 por ciento, siendo esta disminución superior al promedio en las haciendas pequeñas y medianas, e inferior en las grandes* * La menor disminución se observa en las haciendas más pequeñas, de las cuales sólo una parte relativamente insignificante posee ganado de labor. Más adelante veremos que en estas haciendas (y sólo en ellas) mejoró la composición del ganado de labor, es decir, se comenzó a criar relativamente más caballos y bueyes que vacas. Esto es una prueba convincente, como bien

lo notaron los autores de la encuesta alemana (S. 32), de que los agricultores de las parcelas más pequeñas poseen ganado de labor no sólo para la labranza, sino también para los "trabajos auxiliares a jornal". He ahí por qué, en general, en cuanto al ganado de labor, no es correcto tener en cuenta las pequeñas haciendas parcelarias, pues es indudable que se hallan en condiciones excepcionales.

Además, no debe olvidarse que "justamente en las grandes haciendas, con frecuencia, en lugar de tracción animal se emplea fuerza mecánica expresada en todo tipo de máquinas, en particular, las de vapor (arado de vapor, etc.)" (Stat. d. D. R., 112 B., S. 32). Por lo tanto, sí el número de grandes haciendas (100 y más ha) que poseen animales de labor ha disminuido en 360, a la vez que ha aumentado en 615 (710 en 1882 y 1.325 en 1895) el de las que usan arados de vapor, está claro que, en general y en conjunto, la gran hacienda, lejos de perder, salió beneficiada. Por consiguiente, se impone la conclusión de que el único grupo de agricultores alemanes para el que mejoraron realmente las condiciones de su hacienda (en lo que se refiere al empleo de animales de labor o a su reemplazo por la tracción de vapor), es el de los grandes agricultores poseedores de 100 y más hectáreas. Para los demás grupos, las condiciones de las haciendas han empeorado, sobre todo para el grupo de haciendas medianas, dentro del cual es mayor la disminución del promedio de las que tienen animales de labor. La diferencia entre las grandes haciendas (100 y más ha) y las medianas (5 a 20 ha), en razón al porcentaje de las que tienen animales de labor, era inferior al 3 por ciento (99,42- 96,56), mientras que hoy pasa del 5 por ciento (97,70-92,62).

Los datos concernientes al tipo de ganado de labor confirman esta conclusión en forma mucho más significativa. Cuanto más pequeña es la finca, tanto peor es el tipo de  ganado de labor, tanto menos, relativamente, se emplean bueyes y caballos para los trabajos del campo y tanto más se utilizan vacas, que son mucho más débiles. He aquí datos que demuestran cómo era en 1882 y 1895 la situación en el aspecto que nos ocupa.

Por cada 100 haciendas que utilizaban ganado para las labores del campo, se empleaban:

Vacas y también caballos o bueyes 183S

Vacas solamente

0 – 2 ha 83,74 82,10 -1,64

85,21 83,95 -1,26 2 – 5  " 68,29 69,42 + 1,13 72,95 74,93 + 1,98 5 – 20  " 18,49 20,30 + 1,81 29,71 34,75 + 5,04 20 – 100 " 0,25 0,28 + 0,03 3,42 6,02 + 2,60 100 y más 0,00 0,03 + 0,03 0,25 1,40 + 1,15 Total 41,61 41,82 + 0,21 48,18 50,48 + 2,30

Observamos que, en general, la composición del ganado de labor ha empeorado (por las razones ya indicadas, no tomamos en cuenta las pequeñas haciendas parcelarias), y ha empeorado más precisamente en el grupo de las haciendas medianas. Entre las de este grupo que poseen animales de labor ha crecido, sobre todo, la proporción de las que hubieron de dedicar también vacas a las faenas agrícolas, y de las que pueden emplear sólo vacas en ellas. En la actualidad, más de un tercio de las haciendas medianas que tienen animales de labor se ven obligadas a recurrir a las vacas para «las labores del campo (lo cual provoca, como es natural, el empeoramiento de la

labranza y, en consecuencia, la reducción de las cosechas y de la productividad lechera) y más de una quinta parte sólo se sirve de ellas con ese fin.

Si tomamos la cantidad de animales empleada en los trabajos agrícolas_ comprobaremos un aumento del número de vacas en todos los grupos, excepto en el de las pequeñas haciendas parcelarias. En cuanto a los caballos y bueyes, su número varía de este modo:

Número de caballos y bueyes

empleados en los traajos

agrícolas (en miles) 183S Diferencia 0 – 2 ha 62,9 69,4 + 6,5 2 – 5  " 308,3 302,3 — 6,0 5 – 20  " 1.437,4 1.430,5 — 6,9 20 – 100 " 1.168,5 1.155,4 — 13,1 100 y más 650,5 695,2 + 44,7 Total 3.627,6 3.652,8 + 25,2

Con excepción de las pequeñas haciendas parcelarias, solo en los grandes propietarios se comprueba un aumento del número de animales de labor propiamente dichos.

En consecuencia, la conclusión general sobre los cambios en las condiciones de trabajo, en lo que respecta al empleo de tracción animal y mecánica en las labores agrícolas, es la siguiente: mejoramiento sólo en las grandes haciendas y empeoramiento en las demás, sobre todo en las medianas.

Los datos de 1895 nos permiten dividir el grupo de haciendas campesinas medianas en dos subgrupos: las de 5 a 10 hectáreas y las de 10 a 20. Como era de suponer, las condiciones de las haciendas, en relación con el empleo de animales de labor, son incomparablemente peores en el primer subgrupo (el más importante por el número de haciendas). De los 606.000 propietarios de 5 a 10 hectáreas, el 90,5 por ciento tiene ganado de labor (de los 393.000 que poseen de 10 a 20 hectáreas, el 95,8 por ciento), y de estos últimos utilizan vacas en las faenas agrícolas el 46,3 por ciento (el 17,9 por ciento en el grupo de 10 a 20 ha), mientras que el 41,3 por ciento sólo emplea vacas (el 4,2 en el grupo de 10 a 20 ha). Y resulta que, pese a estar en el plano más desfavorable con respecto al empleo de ganado de labor, el grupo que más creció, desde 1882 hasta 1895, en cuanto a la superficie y al número de haciendas, es el de 5 a 10 hectáreas. Véanse las cifras correspondientes:

Porcentaje en relación con el total de hacienda superficie total superficie en cultivo 5-10 ha 10,50 10,90 + 0,40 11,90 12,37 + 0,47 12,26 13,02 + 0,76 10-20  " 7,06 7,07 16,70 16,59 — 0,11 16,48 16,88 + 0,40

En el grupo de 10 a 20 hectáreas, el aumento del número de haciendas es insignificante; la proporción de la superficie total incluso ha disminuido, en tanto que la de la tierra cultivada creció mucho menos que en las haciendas de 5 a 10 hectáreas. Por lo tanto, el aumento en el grupo de haciendas campesinas medianas ha correspondido sobre todo (y en parte casi exclusivamente) al grupo de 5 a 10

hectáreas, es decir, al grupo en que son peores las condiciones de las haciendas para utilizar ganado de labor. De tal manera, vemos que la estadística establece de modo irrebatible el significado real del famoso incremento numérico de las haciendas campesinas medianas: no aumenta el bienestar, sino la miseria; la pequeña agricultura no progresa, se degrada. Si las haciendas campesinas medianas son las que más han empeorado en las condiciones de su economía y las que más debieron aumentar el empleo de vacas en las labores agrícolas, entonces, basándonos únicamente en este exponente económico (uno de los más importantes de la economía agraria en general), tenemos no sólo el derecho, sino también la obligación de extraer conclusiones acerca de todos los demás aspectos de su desenvolvimiento económico. Si ha crecido el número de las haciendas sin caballos (para usar una expresión familiar al lector ruso, y perfectamente aplicable en este caso), si el tipo de animales de labor ha empeorado, no puede caber ninguna duda de que también son peores la manutención del ganado en general, el cultivo del suelo y las condiciones de vida y de alimentación del agricultor, pues ya se sabe que en la hacienda campesina, cuanto más trabaja y peor mantenido está el ganado, peor vive el hombre y más dura es su labor, y viceversa. Las conclusiones que hemos sacado de la minuciosa investigación de Klawki quedan enteramente confirmadas por la gran cantidad de datos relativos a todas las pequeñas haciendas campesinas de Alemania.

IX

LA ECONOMÍA LECHERA Y LAS COOPERATIVAS AGRÍCOLAS EN ALEMANIA. LA POBLACIÓN RURAL ALEMANA CLASIFICADA SEGÚN SU SITUACIÓN EN LA ECONOMÍA

Hemos prestado tanta atención a los datos relativos al ganado de labor porque son los únicos (fuera de los concernientes a las máquinas, ya analizados) que permiten, digámoslo así, mirar por dentro la hacienda, su equipamiento y organización. Los demás datos —sobre la cantidad dé tierra (que ya hemos mencionado) y la de ganado (a la que nos referiremos seguidamente)— sólo ilustran los aspectos exteriores de la hacienda e igualan cosas evidentemente desiguales, ya que el tratamiento de la tierra y, en consecuencia, su productividad, así como la calidad y el rendimiento del ganado, son diferentes en los diversos grupos de haciendas. Sin embargo, aunque esta diferencia es bien conocida, por lo común se olvida en los cómputos estadísticos generales; sólo los datos referentes a la maquinaria y al ganado de labor permiten, hasta cierto punto, juzgar acerca de esa diferencia y mostrar (a grandes rasgos) a quien beneficia. SÍ las grandes haciendas emplean en mayor proporción las máquinas más caras y complicadas, que son las únicas incluidas en las estadísticas, es evidente que en ellas también los demás útiles de labor (arados, rastrillos, carretas, etc.), no mencionados por la estadística, son de mejor calidad y se emplean en cada hacienda en mayor cantidad y más plenamente (debido a la gran extensión de la propiedad). Lo mismo ocurre con el ganado. El pequeño

agricultor sólo puede oponer a estas ventajas la laboriosidad y el ahorro (ya que no posee otras armas en la lucha por la existencia). Por ello, en la sociedad capitalista estas cualidades del pequeño campesino constituyen un fenómeno constante e inevitable, y no un hecho casual.

El economista burgués (y también el "crítico" moderno, que en este asunto, como en todos los otros, no hace más que ir pegado a la cola de aquél) llama a esto la virtud de la frugalidad, de la perseverancia, etc. (cfr. Hecht y Bulgákov), y las considera un mérito del campesino. El socialista las llama trabajo excesivo (Ueberarbeit) y subconsumo (Unterkonsumption), culpando de ello al capitalismo; trata de abrir los ojos del campesino, para que vea la hipocresía de los discursos al estilo de Manílov, que convierten la opresión social en virtud, tratando así de perpetuarla.

Examinemos los datos sobre la distribución del ganado entre los diversos grupos de agricultores alemanes, en los años 1882 y 1895. He aquí los principales resultados:

Cifras relativas

Valor de todo el ganado Ganado mayor Ganado porcino

+ — + — + — 0 – 2 ha 9,3 9,4 +0,1 10,5 8,3 —2,2 24,7 25,6 +0,9

2 – 5  " 13,1 13,5 +0,4 16,9 16,4 —0,5 17,6 17,2 —0,4

5 – 20  " 33,3 34,2 +0,9 35,7 36,5 + 0,8 31,4 31,1 —0,3

20 – 100 " 29,5 28,8 —0,7 27,0 27,3 + 0,3 20,6 19,6 —1,0

100 y más 14,8 14,1 —0,7 9,9 11,5 + 1,6 5,7 6,5 +0,8

Total — — —

Así pues, ha disminuido la parte correspondiente a la gran hacienda en el total de ganado, y ha aumentado sobre todo la de las haciendas medianas. Aunque los datos se refieren a su valor, hablamos de la cantidad total de ganado, puesto que la suposición estadística que iguala el valor de cada animal en todos los grupos es manifiestamente errónea. Los datos sobre el valor, que permiten sumar ganado de diferentes tipos (se podría también obtener el mismo resultado expresando la cantidad total en ganado mayor, pero esto nos exigiría nuevos cálculos, que no modificarían las conclusiones en lo esencial), indican precisamente la distribución del ganado según su cantidad, y no según su valor real. Estos datos atenúan mucho la verdadera superioridad de la gran hacienda, pues el ganado de los grandes agricultores es de calidad superior al de los pequeños y probablemente mejora con más rapidez (a juzgar por el adelanto en los aperos) .

En cuanto a ciertos tipos de ganado, es necesario señalar que la disminución de la parte correspondiente a la gran hacienda depende por completo del descenso de la cría comercial de lanares: el número de ovejas descendió, de 21.100.000 en 1882 a 12.600.000 en 1895, o sea, una baja de 8.500.000, de los cuales corresponden 7 millones a las haciendas de 20 y más hectáreas. A las ramas comerciales de la ganadería que se desarrolla en Alemania, pertenecen, como es sabido, la lechera y la de carnes. Por ello hemos tomado los datos relativos al ganado vacuno y al porcino, y vemos que la gran hacienda (100 y más ha) alcanzó el mayor progreso en estas dos ramas de la ganadería: le correspondió el mayor aumento en la cantidad

total de ganado vacuno y porcino. Esto llama tanto más la atención, cuanto que la superficie de las haciendas ganaderas es, de ordinario, menor que la de las agrícolas, por lo que debería esperarse que las haciendas capitalistas medianas se desarrollaran con más rapidez que las grandes. Así pues, se impone la siguiente conclusión general (en relación con la cantidad de ganado, y no con su calidad): los grandes propietarios fueron los más perjudicados por la fuerte disminución de la cría comercial de lanares, perjuicio que no compensaron del todo, sino sólo en parte, con el aumento considerablemente mayor (en comparación con las haciendas medianas y pequeñas) de la cría de ganado vacuno y porcino.

Al hablar de la ganadería lechera, no es posible pasar de largo ante los datos extraordinariamente ilustrativos que sobre ella se encuentran en la estadística alemana y que, por lo que sabemos, no han sido utilizados. Pero esto ya se refiere al problema general de la incorporación de producciones técnicas a la agricultura, y debemos pararnos a considerar este punto en vista de otra pasmosa deformación de los hechos en que vuelve a pecar el señor Bulgákov.

Como se sabe, la incorporación de la elaboración industrial de productos agropecuarios a la agricultura es uno de los signos más patentes del progreso específicamente capitalista en el campo. Ya en la revista Nachalo, el señor Bulgákov se expresó así: "A mi juicio, Kautsky infla desmesuradamente el significado de esta incorporación: los datos estadísticos demuestran cuan insignificante es la extensión de las tierras vinculadas de esta forma con la industria" (núm. 3 pág. 32). El argumento es muy débil, pues el señor Bulgákov no se atreve a negar el progresivo carácter técnico de tal incorporación, y elude simplemente el problema esencial: si es la gran producción o la pequeña la portadora de ese progreso. Mas como la estadística da una respuesta muy concreta a esta pregunta, el señor Bulgákov recurre en su libro —sit venia verbo!*— a subterfugios. * ¡Séanos permitido decirlo! —Ed.

Al citar la proporción de haciendas (¡todas, en general, sin clasificarlas por grupos!) que incorporan unas u otras producciones industriales, comenta: "No hay que suponer que esas producciones industriales correspondan principalmente a las grandes haciendas" (II, 116). Muy por el contrario, respetabilísimo señor profesor; esto es precisamente lo que se debe suponer, y su cuadro estadístico (que no indica la proporción de haciendas que incorporan producciones técnicas en relación con el número total de haciendas de cada grupo) sólo sirve para engañar al lector poco atento o mal informado. Para no llenar las páginas con demasiadas cifras, reproducimos el número de haciendas asociadas con fábricas de azúcar, de almidón y de cerveza, con destilerías y molinos (el total indicará, por consiguiente, el número de casos en que producciones técnicas fueron incorporadas a haciendas agrícolas). He aquí el cuadro estadístico (véase el cuadro de la pág. 218. —Ed.).

Vemos, pues, que el porcentaje de explotaciones agrícolas que incorporaron producciones industriales es ínfimo en el grupo de las pequeñas haciendas, y sólo adquiere una magnitud apreciable en el de las grandes (y enorme magnitud en los latifundios, de los cuales más de la mitad gozan de las ventajas de esa incorporación).

Total de haciendas

Casos de incorporación de %

producciones

industriales 0-2  ha 3.236.367 11.364 0,35 2-5 " 1.016.318 13.542 1,33 5-20 998.804 25.879 2,59 100 y más " 281,767 8.273 2,97 25.061 4.006 15,98 Total 5.558.317 63.064 1,14 Haciendas con 1.000 y más ha 57,69

Si se compara este hecho con los datos ya citados sobre maquinaria y ganado de labor, el lector advertirá la presuntuosa absurdidad de los aforismos del señor Bulgákov acerca de las "ilusiones" de los marxistas "conservadores", para quienes "la gran hacienda es exponente de progreso económico, y la pequeña, de regresión" (II, 260).

"En parte inmensamente mayor (la remolacha azucarera y las patatas para la destilación de alcohol) —prosigue el señor Bulgákov— se producían en las pequeñas haciendas."

Es al revés: precisamente en las grandes:

cultivan patatas para

cultivan remolacha

Superficie (en ha)

su uso industrial

Haciendas que

% del total de

% del total de

Hacienda que

sembrada de

remolacha

haciendas

azucarera

hacienda

%

0-2    ha 10.781 0,33 3.781 1,0 0,01 2-5     " 21.413 2,10 12.693 3,2 0,09 5-20   " 47.145 4,72 48.213 12,1 3.023 0,30 20-100  " 26.643 9,45 97.782 24,7 4.293 1,52 100 y más " 7.262 28,98 233.820 59,0 5.195 20,72 Total 113.244 2,03 396.289 14.023 0,25 Haciendas con 1.000 y más ha 36,88 26.127 — 52,79

Esto prueba una vez más que la proporción de haciendas que cultivan remolacha y patata para usos industriales, es insignificante en las pequeñas, considerable en las grandes y muy elevada en los latifundios. A juzgar por la superficie cultivada —el 83,7 por ciento—, la parte inmensamente mayor de la remolacha se produce en las grandes haciendas*. * El categórico... fiasco del señor Bulgákov en sus especulaciones sobre las producciones industriales es tan extraño que nos hacemos involuntariamente esta pregunta: ¿podríamos atribuir ese fiasco a que el señor Bulgákov haya copiado las estadísticas de la encuesta alemana sin advertir que en ellas la proporción de haciendas que han incorporado producción industrial no aparece expresada en relación con el número total de haciendas de cada grupo? Por una parte, es difícil imaginar que la "investigación" de un escrupuloso sabio pueda contener tantos errores (acompañados de conclusiones tan arrogantes). Por otra parte, es indiscutible la identidad entre las estadísticas del señor Bulgákov y las de la encuesta (S. 40 y 41)... ¡Ah, estos "escrupulosos sabios"!

El señor Bulgákov tampoco ha sabido explicarse cuál es "la parte correspondiente a la gran hacienda" en la producción lechera (II, 117), pese a que en toda Europa esta rama de la ganadería comercial es una de las que se desarrollan con particular rapidez y constituye, además, uno de los índices del progreso de la agricultura.

Véanse los datos concernientes a las haciendas que venden leche y productos lácteos a las ciudades:

Nº de

% del total

Nº de vacas

% del

Nº de vacas por hacienda

de haciendas

% del

esas haciendas

total

por grupo

total

**

del grupo

0-2   ha 8.998 21,46 0,3 25.028 11,59 2,8 2-5    " 11.049 26,35 1,1 30.275 14,03 2,7 5-20    " 15.344 36.59 1,5 70.916 32,85 4,6 20-100 " 5.676 13,54 2,0 58.439 27,07 10,3 100 y más " 2,06 3,4 31.213 14,46 36,1 Total 41.930 100,0 0,8 215.871 5,1 Haciendas con 1.000 y más ha — 3,7 1.822 — 87,0 ** Reproducimos esta columna para que el lector tenga clara idea de los procedimientos del señor Bulgákov, quien nos remite sólo a ella (la columna ha sido tomada de la encuesta) ¡para confirmar sus conclusiones!

De manera que también aquí la gran hacienda ocupa el primer puesto: cuanto más grande es la hacienda, mayor es la proporción de agricultores que se dedican al comercio lechero, sobre todo con respecto a los latifundios (la "gran propiedad que degenera en latifundio"). Por ejemplo, las grandes haciendas (100 y más hectáreas) venden a las ciudades más del doble de leche (3,4 contra 1,5 por ciento) que las medianas (de 5 a 20 hectáreas).

Que las grandes haciendas (grandes por su superficie) se dedican también a la producción lechera en gran escala, lo muestran los datos sobre el número de vacas por hacienda: 36 en las de 100 y más hectáreas, y hasta 87 en los latifundios. Por lo general, las haciendas evidentemente capitalistas (20 y más hectáreas) poseen el 41,5 por ciento de las vacas cuya leche se vende a las ciudades, aunque constituyen una parte insignificante del conjunto de agricultores (el 5,52 por ciento), y una parte muy pequeña del total de las que venden dicho producto en las ciudades (el 15,6 por ciento). Por esto, no se puede dudar del progreso de la hacienda definidamente capitalista y de la concentración capitalista en esta rama de la ganadería comercial.

Pero los datos sobre las haciendas clasificadas según su superficie no bastan para caracterizar plenamente la concentración de la producción lechera. Aun a priori, resulta claro que pueden y deben existir haciendas de la misma extensión, que sin embargo posean cantidades desiguales de ganado en general, y de ganado lechero en particular. Comparemos primero la distribución de todo el ganado vacuno por grupos de haciendas con el número total de vacas cuya leche se vende a las ciudades:

Porcentaje en relación con el total de

número de vacas

cuya leche se

Diferencia

ganado vacuno

vende a las

ciudades

0-2       ha 8,3 11,6 + 3,3 2-5        " 16,4 14,0 —2,4 5-20      " 36,5 32,8 —3,7 20-100  " 27,3 27,1 —0,2 100 y más " 11,5 14,5 + 3,0 Total Vemos, pues, una vez más que las haciendas campesinas medianas son las que se encuentran en peor situación: integran el grupo que, de su total de vacunos, destina la menor parte para la obtención de leche que se vende a las ciudades (es decir, para

la rama más ventajosa de la explotación lechera). Las grandes haciendas, por el contrario, se hallan en condiciones muy favorables, pues dedican una parte relativamente grande de su ganado vacuno a la producción de leche con destino a las ciudades*. Y más favorable todavía es la situación de las haciendas más pequeñas, pues dedican la proporción más elevada de ganado vacuno a la producción de leche para la venta. Por consiguiente, en estas haciendas se desarrollan ya granjas "lecheras" especializadas, en las cuales la agricultura pasa a segundo plano o inclusive se abandona por completo (de 8.998 haciendas de este grupo, que venden leche a las ciudades, en 471 no hay superficie cultivada, pero tienen 5.344 vacas, es decir, 11,3 vacas cada una). Si con ayuda de la estadística alemana se separan las haciendas que poseen de 1 a 2 vacas, obtendremos un interesante cuadro sobre la concentración de la producción lechera dentro de un mismo grupo, con igual superficie agrícola." * Esta diferencia no puede explicarse por el hecho de que el ganado vacuno comprenda una proporción desigual de bueyes, pues la proporción de éstos en las grandes haciendas (por lo menos de los que se emplean en los trabajos agrícolas) es, con relación a todo el ganado vacuno, más elevada que en la hacienda mediana.

Haciendas que venden productos lácteos a las ciudades

De ellas:

Nº de haciendas

De estas últimas

Con tres y más

Total de vacas

total de vacas

haciendas, nº

Por hacienda

con dos vacas

con una vaca

vacas

0-50 ár 1.944 9.769 11,5 11.255

50 ár-2 ha 7.054 3.302 2.552 1.200 5.367 4,5 13.773

0-2 ha 8.998 4.024 2.924 2.050 15.156 7.4 25.028

2-5 ha 11.049 1.862 4.497 4.690 19.419 4,3 30.275

Según el cuadro, la producción lechera está muy concentrada en las haciendas de superficie agrícola insignificante (de 0 a ½  ha): de 1.944 agricultores, 850, o sea, menos de la mitad, poseen cerca de 9/10 del total de vacas de dicho grupo (9.789 de 11.255), es decir, un promedio de 11,5 vacas cada uno. Estos ya no tienen nada de "pequeños" agricultores, pues su giro anual asciende probablemente a varios miles de marcos (sobre todo en las proximidades de las grandes ciudades), y es dudoso que puedan prescindir de obreros asalariados. El rápido crecimiento de las ciudades hace aumentar de manera constante el número de estas "granjas lecheras", y, claro está, siempre habrá personas como Hecht, David, Hertz y Chernov que tratarán de consolar a la masa de pequeños campesinos, agobiados por la miseria, con el ejemplo de algún semejante suyo que gracias a la producción lechera, al cultivo de tabaco, etc., "llegó a ser alguien".

En el grupo de haciendas de ½  a 2 hectáreas, menos de 1/5 del total de agricultores (1.200 de 7.054) concentra más de 2/5 del total de vacas (5.367 de 13.773); en el grupo de haciendas de 2 a 5 hectáreas, menos de la mitad de agricultores (4.690 sobre 11.049) poseen más de 3/5 del total de vacas (19.419 sobre 30.275), y así

sucesivamente. Es de lamentar que la estadística alemana no permita separar los grupos que poseen un número más considerable de vacas*. * Dicho más exactamente, no lo permite la forma en que han sido clasificados tos datos de la encuesta alemana, pues sus autores poseían informes sobre cada hacienda por separado (en las respuestas de los agricultores a los cuestionarios). Es digno de notar que esta práctica de reunir informes de cada hacienda por separado distingue ventajosamente a la estadística agrícola alemana de la francesa y, al parecer, también de la inglesa y otras. Tal sistema, no sólo permite clasificar las haciendas de los diversos tipos de acuerdo con su superficie, sino también según las proporciones de la producción (lechera, por ejemplo), el empleo de máquinas, el grado de desarrollo de las producciones industriales, etc. Pero este sistema exige un análisis más detallado de los datos estadísticos. Primero, las haciendas no deben clasificarse conforme a un índice único (la superficie), sino a varios (la cantidad de máquinas, de ganado, la superficie dedicada a cultivos especiales, etc.), y, segundo, hay que combinar los diversos agrupamientos, es decir, dividir cada grupo —por ejemplo, el relativo a la superficie— en subgrupos, según la cantidad de ganado, etc. En este sentido, la estadística rusa de la hacienda campesina de los zemstvos podría y debería servir de ejemplo. Y así como la estadística del Gobierno alemán es superior a la del Gobierno ruso por la amplitud, abundancia, uniformidad y exactitud de sus datos, y por fa rapidez con que fueron clasificados y publicados, nuestra estadística de los zemstvos es superior a las encuestas e investigaciones parciales europeas, por la notable amplitud de sus diferentes datos y por su análisis pormenorizado. Hace mucho tiempo que la estadística rusa de los zemstvos adoptó la encuesta por hacienda, así como los agrupamientos y combinaciones que acabamos de mencionar. La estadística social en general avanzaría mucho si en Occidente se conociera mejor la estadística de nuestros zemstvos.

Pero incluso los datos reproducidos confirman por entero la conclusión general, según la cual la concentración de la agricultura capitalista es, en realidad, mucho mayor de lo que sugieren los datos estadísticos que sólo tienen en cuenta las superficies. Tal estadística agrupa haciendas pequeñas por su extensión y por su reducida producción de cereales, con grandes haciendas que se dedican a la cría de ganado lechero o para sacrificar, al cultivo del tabaco, la vid, hortalizas, etc. Es cierto que, comparadas con la producción de cereales, todas estas ramas pasan a un lejano segundo plano y que ciertas conclusiones generales conservan toda su importancia, incluso en la estadística vinculada con la superficie.

No obstante, en primer lugar, ciertas ramas especiales de la agricultura comercial crecen con particular rapidez precisamente en Europa y son muy características del proceso de su evolución capitalista; en segundo lugar, esta circunstancia se olvida con frecuencia cuando se mencionan determinados ejemplos o regiones, con lo cual se abre una amplísima esfera de acción a la apología pequeñoburguesa, cuyos modelos nos han sido suministrados por Hecht, David, Hertz y Chemov. Estos se han referido a los cultivadores de tabaco que, por la extensión de sus haciendas, son echte und rechte Kleinbauern*, pero que por la importancia de sus tabacales no tienen nada de "pequeños" campesinos, pues si se consideran por separado los datos relativos a la producción de tabaco, también en ella se verá la concentración capitalista. * Pequeños campesinos auténticos, —Ed. Así, en 1898 había en toda Alemania 139.000 cultivadores de tabaco con 17.600 hectáreas, pero de éstos, 88.000, o sea, el 63 por ciento, tenían apenas 3.300 hectáreas, lo que equivale a '/s de la superficie total cultivada: las 7s partes restantes estaban en poder del 37 por ciento de los cultivadores**. ** Die deutsche Volkswirtschaft am Schlusse des 19 Jrhd., Brl. 1900, S. 60 (La economía nacional alemana a fines del siglo XIX, Berlín, 1900, pág. 60. —Ed); estos son datos muy imperfectos basados en la estadística fiscal. Para Rusia contamos con informes de ese tipo sobre la distribución de las plantaciones de tabaco en tres distritos de la provincia de Poltava: del número total de 25.089 haciendas campesinas con cultivos de tabaco, 3.015 (menos de la octava parte) poseen 74.465 deciatinas sembradas con cereales, de un total de 146.774, o sea, más de la mitad, y 3.239 deciatinas de tabaco, de 6.844, es decir, cerca de la mitad. Al agrupar estas haciendas por la superficie de las plantaciones de tabaco, se comprueba que 324 (de 25.089) poseen, por lo menos, dos deciatinas de tabaco cada una, o sea, un total de 2.360 deciatinas, de 6.844. Estos son los grandes cultivadores capitalistas de tabaco acusados de cuando en cuando de explotar ferozmente a los obreros. Sólo 2.773 haciendas (algo más de 1/10) con más de media deciatina, tenían 4.145 deciatinas dedicadas al tabaco, de 6.844. Véase Revista del cultivo de tabaco en Rusia, fascículos II y III, San Petersburgo, 1894.

En la viticultura ocurre lo mismo. Por lo general, la superficie del viñedo "medio" en Alemania, por ejemplo, muy reducida: 0,36 ha (344.850 viñadores para 126.109 hectáreas de viñedos).

Pero la distribución es tal que el 49 por ciento de los viñadores (con menos de 20 áreas) sólo poseen el 13 por ciento de la superficie total de viñedos; los viñadores "medianos" (20 a 50 áreas), que representan el 30 por ciento del total, poseen el 26 por ciento, mientras que los grandes viñadores ( ½  hectárea y más), que son el 20 por ciento, poseen el 61 por ciento de la superficie de los viñedos, o sea, más de tres quintas partes*. * Es interesante señalar que en Francia, donde la viticultura se halla incomparablemente más desarrollada que en Alemania (1.800.500 ha), la concentración de viñedos es también mucho mayor. Mas para juzgar acerca de ella, hay que limitarse a los datos de la estadística general de superficies, pues en Francia no se recogen informes por hacienda y se ignora el número de propietarios de viñedos. En Alemania, el 12,83 por ciento de los viñedos pertenecen a cultivadores que poseen 10 y más hectáreas, mientras que en Francia esta categoría de cultivadores posee el 57,02% de los viñedos. La concentración es aún muchísimo más intensa en la horticultura comercial (Kunst— und Handelsgartnerei), que se desarrolla con gran rapidez en todos los países capitalistas, en relación directa con el progreso de las ciudades importantes, las grandes estaciones ferroviarias, los poblados industriales, etc. En 1895 había en Alemania 32.540 haciendas dedicadas a la horticultura comercial, que poseían 23.570 hectáreas, o sea, menos de una hectárea cada una. Pero de esta superficie, más de la mitad (el 51,39 por ciento) está concentrada en manos de 1.932 agricultores, o el 5,94 por ciento del total de horticultores. La extensión de la superficie que estos grandes productores dedican a la horticultura y del resto de la tierra que destinan a la agricultura puede apreciarse por las siguientes cifras: 1.441 horticultores poseen huertas de 2 a 5 ha, lo que hace un promedio de 2,76 ha por huerta y 109,6 ha de tierra en total; 491 horticultores tienen huertas de 5 y más ha, lo que se traduce en 16,54 ha por huerta y 134,7 ha de tierra en total como promedio.

Volvamos a la producción lechera, cuyos datos nos permitirán hablar de la significación de las cooperativas, convertidas por Hertz en una panacea contra los males del capitalismo. Para Hertz, "la principal tarea del socialismo" consiste en apoyarlas (S. 21, trad. rusa, 62; S. 89, trad. rusa, 214), y el señor Chernov, que, como era de esperar, se da con la frente en el suelo en su adoración a los nuevos dioses, ha inventado una "evolución no capitalista de la agricultura" con ayuda de las sociedades cooperativas. Más adelante deberemos dedicar algunas palabras a la importancia teórica de tan notable descubrimiento. Por el momento, señalaremos que los admiradores de la cooperación se muestran siempre deseosos de hablar de lo que "puede" lograrse por medio de las cooperativas (véase el ejemplo citado más arriba). Nosotros preferimos mostrar lo que en realidad se obtiene con la cooperación en la sociedad capitalista actual. La estadística alemana, al levantar el censo de empresas y ocupaciones en 1895, registró todas las haciendas agrícolas que formaban parte de cooperativas para la venta de productos lácteos (Molkereigenossenschqften und Sammelmolkereien), así como el número de vacas cuya leche y derivados vende cada productor. Por lo que sabemos, estos datos generales deben de ser los únicos que establecen con exactitud no sólo el grado de participación de los diversos grupos de productores en las cooperativas, sino también —lo cual tiene gran importancia— la dimensión económica, por decirlo así, de esta participación, o sea, la magnitud de la rama de la agricultura con la que cada

uno ingresa en la cooperativa (número de vacas cuyos productos son vendidos por las cooperativas). He aquí los datos correspondientes a los cinco grupos principales, clasificados según la superficie de la hacienda (véase el cuadro de la pág. 227. —Ed.).

Así, entre los pequeños agricultores, sólo una ínfima minoría (del 3 al 5 por ciento) forma parte de las cooperativas, es decir, en una proporción presumiblemente menor incluso que la de las haciendas capitalistas en los grupos inferiores. Por el contrario, entre las grandes haciendas, a todas luces capitalistas, la proporción de las que forman parte de cooperativas es de tres a siete veces mayor incluso que en las medianas. Y en cuanto a los latifundios, participan en las cooperativas en mayor proporción que todas las haciendas.

Haciendas que forman parte de cooperativas para la venta de productos lácteos

% del total de vacas

Nº de haciendas

Nº de vacas que

Nº de vacas por

% del total de

% del total *

haciendas

hacienda

poseen

0-2 ha 10.300 0,3 6,95 18.556 1.71 1,3 2-5 " 31.019 3,1 21,49 73.156 6,76 2.3 5-20 " 53.597 5,4 36,19 211.236 19,51 3,9 20-100 " 43.561 15.4 29,42 418.563 38,65 33,37 72,02 9,6 100 y más " 8.805 35,1 5,95 361.435 41,0 Total 148.082 2,7 100,00 1.082.946 100,00 7,3 Haciendas con1.000 y más ha

35.6 — 18.273 — 89,0

* El señor Bulgákov declara: "La parte correspondiente a la gran hacienda surgirá con claridad de las siguientes cifras" (II, 117), y reproduce sólo éstas, que (si no se las compara con otras cifras), lejos de revelar "la parte correspondiente a la gran hacienda", no hacen más que oscurecerla.

Ahora podemos juzgar de la infinita ingenuidad de Hertz, el Voroshílov austríaco, quien al objetar a Kautsky que "la Sociedad Agrícola Cooperativa Alemana de Compras (Bezugsvereinigung), integrada por las cooperativas más grandes, agrupa a 1.050,000 agricultores" (S. 112; trad. rusa, 267; la cursiva es de Hertz), llega a la conclusión de que, por consiguiente, no sólo los grandes agricultores (con más de 20 ha; son en total 306.000) forman parte de cooperativas, ¡sino también los campesinos! Si Hertz hubiera reflexionado un poco sobre su conjetura (la participación de todos los grandes agricultores en cooperativas), habría notado que si todos éstos forman parte de cooperativas, ello significa que los restantes constituyen la menor parte, lo cual confirma plenamente la conclusión de Kautsky acerca de la superioridad de la gran hacienda sobre la pequeña, también en lo que respecta a la organización cooperativa.

Pero aún más interesantes son los datos sobre el número de vacas que proporcionan los productos cuya venta está organizada por las cooperativas. La gran mayoría de estas vacas, casi tres cuartas partes de ellas (el 72 por ciento) pertenece a grandes productores con haciendas lecheras capitalistas de diez, cuarenta y hasta ochenta vacas (en los latifundios) cada una. Ahora escuchemos lo que dice Hertz: "Nosotros afirmamos que las cooperativas reportan el mayor beneficio precisamente. a los

pequeños agricultores, e incluso a los más pequeños de todos"... (S. 112; trad. rusa, 269; la cursiva es de Hertz). Los Voroshílov son iguales en todas partes, lo mismo en Rusia que en Austria. Cuando un Voroshílov se golpea el pecho y exclama con vehemencia: "Nosotros afirmamos", se puede estar seguro de que afirma todo lo contrario de lo que es cierto.

Para terminar nuestro examen de los datos de la estadística agrícola alemana, echemos un vistazo al cuadro general de la distribución de la población dedicada a la agricultura, según su situación en la economía. Se comprende que sólo tomaremos la agricultura propiamente dicha (A 1, y no A 1-6, según la denominación alemana, es decir, sin incluir entre los agricultores a pescadores, industriales madereros y cazadores), y luego los datos sobre las personas cuya ocupación principal era la agricultura. La estadística alemana divide esta población en tres grupos principales: a) agricultores independientes (propietarios, arrendatarios, etc.); b) empleados (administradores, mayordomos, capataces, oficinistas y otros), y c) obreros; a su vez, este último grupo se divide en cuatro subgrupos: c1) "miembros de la familia del cabeza —padre, hermano, etc.— que trabajan en la hacienda de éste", es decir, obreros que son miembros de la familia, a diferencia de los obreros asalariados, a cuya categoría pertenecen todos los otros subgrupos del grupo c. Es evidente, pues, que para estudiar la composición social de la población (así como su evolución capitalista) se debe incluir en el grupo (a), con los dueños de haciendas, a esos obreros que son miembros de la familia, en vez de colocarlos, como se hace habitualmente, en el de los obreros asalariados, pues en realidad son copropietarios, miembros de familias poseedoras, gozan del derecho a heredar, etc.

Siguen el subgrupo c2) braceros de uno y otro sexo (Knechte und Mägde), y el c3) "jornaleros agrícolas y otros obreros (pastores) que tienen tierra propia o arrendada". Por lo tanto, este subgrupo, cuyos componentes son a la vez agricultores y obreros asalariados, constituye un grupo intermedio, de transición, que es necesario ubicar en una categoría especial. Por último, c4), "los mismos, pero sin tierra propia o arrendada". Así pues, obtenemos tres grupos principales : I. Agricultores poseedores de tierra y los miembros de su familia; II. Agricultores poseedores de tierra que son al mismo tiempo obreros asalariados; III. Obreros asalariados sin tierra (empleados, braceros y jornaleros). Veamos cómo se distribuía la población rural* alemana entre estos grupos en 1882 y 1895:

* Nos referimos sólo a la población "activa" (para emplear el término francés; en alemán, erwerbsthätige), es decir, a la que se dedica realmente a la agricultura, sin tomar en cuenta a los sirvientes y a los miembros de la familia que no participan de una manera regular y constante en el trabajo agrícola. La estadística social rusa se ha desarrollado tan poco que todavía carecemos de un término especial para expresar a noción de active, erwerbsthätig, occupied. En su estudio sobre el censo de ocupaciones de la población de Petersburgo (San Petersburgo según el censo del año 1890), Yanson emplea la palabra "independiente", pero no es un término adecuado, pues por lo común se considera "independientes" a los patronos; de este modo, se confunde la clasificación según el grado de participación en la actividad industrial (en el amplio sentido de la palabra) con la clasificación" según la situación económica (patrono-obrero solo). Se podría emplear la expresión "población productiva", pero tampoco es exacta, pues los militares, los rentistas, etc., no desempeñan ocupaciones "productivas". Puede que resulte mejor el término población "ocupada en oficios varios", o sea, el conjunto de los que participan en cualquier género de ocupaciones ( = que producen ingresos), por oposición a los que viven a expensas de los "ocupados en oficios varios".

Población activa (ocupada en

oficios varios) que ve en la agricultura su trabajo principal (en

miles)

a)agricultores propietarios

2.253 2.522 +269

c1) miembros de las familias de agricultores

1,935 1.899

I 4.188 4.421 +233 +5,6% c2) obreros con tierra (II) -55,8% I+II 5.054 4.804 b) empleados +30 c3) braceros 1.589 1.719 +130 c4) obreros sin tierra 1.374 1.445 +71 III 3.010 3.241 +231 +7,7% Total 8.064 8.045 -0,2%

Como se puede ver, la población activa ha disminuido, aunque muy poco. Dentro de ella, se advierte una reducción del sector que posee tierra (I + II), mientras que la población sin tierra (III) ha aumentado. Esto prueba con claridad que avanza la expropiación de la población rural, en particular de los pequeños agricultores, pues, como sabemos, los obreros asalariados que poseen un pequeño terreno pertenecen al grupo de los agricultores más pequeños. Además, entre las personas que poseen tierra disminuye el número de patronos-obreros y aumenta el de agricultores propietarios. Vemos, por consiguiente, la desaparición de los grupos medios y el fortalecimiento de los extremos: el grupo intermedio desaparece, las contradicciones capitalistas se acentúan. Entre los obreros asalariados aumenta el número de quienes han sido expropiados totalmente, en tanto que disminuye el de los que poseen tierra. Entre los agricultores se eleva el número de propietarios directos de empresas y desciende el de los miembros de la familia que trabajan en la empresa del cabeza de la misma. (Esta última circunstancia se debe, probablemente, a que los miembros de la familia del propietario no perciben salario alguno, y por ello se sienten inclinados a emigrar a la ciudad.)

Si tomamos los datos referentes a la población para la cual la agricultura es una ocupación auxiliar, observaremos que esta población (activa o que trabaja en oficios varios) ha aumentado de 3.144.000 a 3.578.000, o sea, en 434.000. Este aumento se debe casi exclusivamente al grupo de miembros de familias de agricultores que trabajan, que se ha incrementado en 397.000 (de 664.000 a 1.061.000).

El número de agricultores ascendió en 40-000 (de 2.120.000 a 2.160.000), y el de los obreros con tierra, en 51.000 (de 9.00C a 60.000). Los obreros sin tierra disminuyeron en 54.000 (de 351.000 a 297.000). Este crecimiento gigantesco operado en trece años —de 664.000 a 1.061.000, o sea, el 59,8 por ciento— testimonia, una vez más, el aumento de la proletarización, el aumento del número de campesinos y de miembros de familias campesinas para quienes la agricultura ya es sólo una ocupación auxiliar En estos casos, sabemos que la ocupación principal consiste ante todo en el trabajo por un salario (después, el pequeño comercio, la artesanía, etc.). Si agrupamos a todos los trabajadores miembros de familias campesinas, tanto los que hacen de la agricultura su ocupación principal como aquellos para quienes sólo constituye una ocupación auxiliar, se obtienen las siguientes cifras: en 1882, 2.559.000; en 1895, 2.960.000. Este crecimiento puede suscitar fácilmente interpretaciones erróneas y conclusiones apologéticas, en particular cuando se compara con el número de obreros asalariados, decreciente en su conjunto. En realidad, este crecimiento general se verifica a expensas de la

disminución de los trabajadores miembros de familias campesinas cuya ocupación principal es la agricultura y del aumento de los que hacen de ella una ocupación auxiliar; en 1882, estos últimos sólo sumaban el 21,7 por ciento del total de trabajadores pertenecientes a familias campesinas, mientras que en 1895 llegaban al 35,8 por ciento. Así pues, la estadística de toda la población rural nos indica, con absoluta evidencia, precisamente estos dos procesos de proletarización —que el marxismo ortodoxo señala siempre, y que los críticos oportunistas tratan de disimular con frases triviales-: por un lado, la creciente pérdida de la tierra por los campesinos, la expropiación de la población rural, que emigra a la ciudad o se convierte, de obreros con tierra, en obreros sin tierra; por otro, el desarrollo de las "ocupaciones auxiliares" entre el campesinado, es decir, la unión de la agricultura con la industria, que constituye el primer grado de proletarización y conduce siempre a un recrudecimiento de la pobreza (prolongación de la jornada de trabajo, empeoramiento de la alimentación, etc.).

Hasta cierto punto, ambos procesos incluso parecen opuestos si se los examina sólo exteriormente: el aumento del número de obreros sin tierra el de trabajadores miembros de familias campesinas que poseen tierras. Por esta razón, confundir ambos procesos o preterir uno de ellos puede llevar con facilidad a los más burdos errores, semejantes a los que abundan en el libro de Bulgákov. Por ultimo, la estadística de ocupaciones nos muestra un notable aumento del número de empleados*: de 47.000 a 77.000, o sea, el 63,8 por ciento. Junto al crecimiento de la proletarización, hallamos el progreso de la gran producción capitalista, que necesita tanto más empleados cuanto mayor es el número de máquinas que utiliza y el avance de las producciones industriales. * Con respecto a este hecho, el señor Bulgákov suelta en Nachalo esta broma de mal gusto: "El número de oficiales aumenta, mientras el ejército disminuye". ¡Qué opinión simplista sobre la organización del trabajo en la gran producción!

Resulta, pues, que el señor Bulgákov, quien tanto alaba el "análisis detallado", no ha sabido orientarse entre los datos de la estadística alemana. En la estadística de ocupaciones sólo ha reparado en el aumento del número de campesinos que perdieron su tierra y en la disminución del de obreros poseedores de tierra, cosas que conceptúa como exponente "de los cambios verificados en la organización del trabajo agrícola" (II, 106). Pero estos cambios de la organización del trabajo en toda la agricultura alemana son para él un hecho fortuito e incomprensible, desvinculado de la estructura y la evolución generales del capitalismo agrario. En realidad, éste es sólo uno de los aspectos del proceso de desarrollo capitalista. A pesar de la opinión del señor Bulgákov, el progreso técnico de la agricultura alemana significa, ante todo, progreso de la gran producción, como lo prueban de manera irrefutable las estadísticas referentes al empleo de máquinas, a la proporción de haciendas que poseen ganado de labor, al tipo de este ganado, al desarrollo de las industrias agrícolas, al progreso de la producción lechera, etc.

A este progreso de la gran producción van unidos indisolublemente el crecimiento de la proletarización y de la expropiación de la población rural, el aumento del número de haciendas parcelarias y de los campesinos cuyo principal medio de vida son las ocupaciones auxiliares y la extensión de la pobreza entre los campesinos medios, categoría en la cual fue mayor el empeoramiento de las condiciones de sus haciendas (aumento máximo de la proporción de campesinos sin caballos y de los

que emplean vacas para las faenas agrícolas) y, como consecuencia, de las condiciones de vida y de la calidad de cultivo de la tierra.

X

LA "OBRA" DE E. DAVID, EL BULGÁKOV ALEMÁN

El libro de E. David El socialismo y la agricultura es un compendio sumamente torpe y voluminoso de los métodos y juicios erróneos que hemos visto en los señores Bulgákov, Hertz y Chernov. Por eso, podríamos hacer caso omiso del autor, pero como no cabe duda de que su "obra" es hoy día el principal exponente del revisionismo en el problema agrario, creemos necesario mostrar una vez más cómo escriben sus sesudas producciones los señores revisionistas.

David dedica todo el capítulo IV de su libro (págs. 115-193 de la traducción rusa) al problema del empleo de máquinas en la agricultura, sin contar las numerosas referencias parciales a ese tema que figuran en otros capítulos. El autor examina con la mayor minuciosidad centenares de detalles técnicos y ahoga en ellos la esencia política y económica del problema. Las máquinas no desempeñan en la agricultura el mismo papel que en la industria; en aquélla no hay un motor central; la mayoría de las máquinas trabajan temporalmente; parte de ellas no proporcionan ahorro alguno en los gastos de producción, etc., etc. ¡David considera que estas conclusiones (cfr. en las págs. 190-193 el resumen del problema de las máquinas) rebaten la teoría marxista! Pero esto, en lugar de esclarecer el asunto, no hace más que enturbiarlo. El atraso de la agricultura con respecto a la industria manufacturera no ofrece la menor duda, no necesita ser demostrado. Al enumerar por separado los aspectos en que se manifiesta dicho atraso, al acumular ejemplo tras ejemplo y caso tras caso, David no hace más que dejar a un lado la verdadera materia de la investigación: ¿Tiene carácter capitalista el empleo de las máquinas?, ¿está relacionado el aumento de su utilización con el desarrollo de la agricultura capitalista?

David desconoce en absoluto cómo debe plantear el problema un marxista. En el fondo, su punto de vista es el de un pequeño burgués que se consuela con el progreso relativamente lento del capitalismo, temeroso de enfocar la evolución social en su conjunto. Por ejemplo, en el problema de las máquinas agrícolas, cita infinidad de veces a Bensing (págs. 125, 135, 180, 182, 184, 186, 189, 506 y otras de la traducción rusa). Nuestro David desespera, por decirlo así, al lector; salta de detalle en detalle, sin elaborar el material, sin darle ligazón, sin una formulación lógica del asunto y sin un objetivo claro. Por eso, no extrae conclusión alguna de los argumentos de Bensing. Lo dicho por mí en 1901 contra el señor Bulgákov es totalmente aplicable también a David. En primer lugar, de lo expuesto por Bensing puede deducirse (véase pág. 183*) la indiscutible superioridad de las haciendas que emplean máquinas sobre las que no las utilizan. Esta conclusión no puede ser alterada por ninguna de las "enmiendas" que David hace a Bensing en cuestiones de muy poca monta, y de las cuales está atiborrado su libro. ¡David silencia esta

conclusión general, exactamente del mismo modo que el señor Bulgákov! En segundo lugar, al citar a Bensing un sinfín de veces, sin sentido ni relación alguna, David, lo mísmo que el señor Bulgákov, no advierte las ideas burguesas  de Bensing sobre el empleo de las máquinas tanto en la industria como en la agricultura. * Véase el presente volumen, págs. 133-134. —Ed.

En una palabra, David no comprende siquiera el aspecto económico-social del problema. No sabe sintetizar ni enlazar los datos concretos que muestran la superioridad de las grandes haciendas sobre las pequeñas. De suerte que sólo quedan las lamentaciones reaccionarias de un pequeño burgués que ha depositado sus esperanzas en el atraso técnico, en el lento desarrollo del capitalismo. El señor Bulgákov, demócrata constitucionalista111 de derecha y apóstata "cristiano", se halla, en cuanto a teoría, exactamente al mismo nivel que el socialdemócrata oportunista David.

David tampoco comprende el aspecto económico-social del problema en otras cuestiones, y su incomprensión no tiene cura. Fijémonos, por ejemplo, en su tesis fundamental, su idea predilecta, la "clave" de todo su trabajo: la viabilidad de la pequeña producción agrícola y su superioridad sobre la grande. Pregunten a David, ¿qué es la pequeña producción?

En la nota de la página 29 se hallará la respuesta precisa: "En todos los casos en que hablamos de pequeña producción, nos referimos a la categoría económica que funciona sin ayuda ajena permanente y sin ocupaciones auxiliares". La expresión es torpe y la traducción del señor Grossman es la de un inculto, pero no obstante está bastante clara. Después de esto cabría esperar que David estudiase las condiciones de la pequeña (pequeña por la superficie) agricultura desde el punto de vista de la utilización del trabajo asalariado o de su venta por el agricultor.

Nada de eso.

Nada muestra en forma tan relevante la condición burguesa de David como su completa preterición del problema del empleo de trabajo asalariado por los "pequeños" agricultores y de la trasformación de éstos en obreros asalariados. Lo de completa preterición es literalmente exacto. La estadística alemana ofrece datos sobre este aspecto, y Kautsky los cita someramente en El problema agrario (yo los doy en extenso; véase pág. 227*). David conoce estos datos estadísticos y no los analiza. * Véase el presente volumen, pág. 202. —Ed.

111 Demócratas constitucionalistas: miembros del Partido Demócrata Constitucionalisia, partido principal de la burguesía monárquico-liberal en la Rusta zarista, fundado en octubre de 1905. Encubriéndose con falsas frases "democráticas" para ganarse al campesinado, los demócratas constitu- cionalistas procuraban componendas con el zarismo, exhortaban a establecer una monarquía constitucional y defendían el mantenimiento de la posesión latifundista. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), los demócratas constitucionalistas apoyaron activamente la política exterior anexionista del Gobierno del zar. En la Revolución Democrática Burguesa de Febrero de 1917 trataron de salvar la monarquía. Desde el Gobierno Provisional burgués, aplicaron una política antipopular, contrarrevolucionaria, Después de triunfar la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917, los demócratas constitucionalistas actuaron como enemigos irreconciliables del Poder soviético y participaron en todas las acciones contrarrevolucionarias armadas y en las campañas de los intervencionistas extranjeros. Emigrados tras la derrota de los intervencionistas y los guardias blancos, las demócratas constitucionalistas no suspendieron su contrarrevolucionaria actividad antisoviética.

Reproduce infinidad de citas de las monografías más diversas, pero pasa por alto completamente los datos que contienen. En una palabra, es el caso de un pequeño burgués que guarda profundo silencio sobre la cuestión de los que trabajan para el mujik emprendedor.

He aquí algunos ejemplos.

En la pág. 109 leemos: "En términos generales, la pequeña producción prospera en la horticultura, lo mismo que en la agricultura".

El lector espera pruebas, y se le ofrece única y exclusivamente lo que sigue:

"Según los datos de la estadística industrial* de 1895, de 32.540 huertas, 13.247 (=40 por ciento) eran de menos de 20 áreas; 8.257 ( = 25 por ciento) oscilaban entre 20 y 50 áreas; 5.707 (= 14 por ciento) ocupaban una superficie de 50 áreas a 1 hectárea; 3.397 ( = 10 por ciento), de 1 a 2 hectáreas, y sólo 1.932 ( = 6 por ciento) ocupaban dos hectáreas o más." * Así es como el señor Grossman, redactor de la versión rusa, ha traducido, al parecer, Betriebsstatistik. ¡Las traducciones al ruso son una verdadera calamidad! Deberla decirse: "estadística de las empresas agrícolas".

Eso es todo. Se supone que debería demostrar la prosperidad de la pequeña producción en la horticultura. Y que es preciso considerarlo como un trabajo científico de David, hombre versado en agronomía. Si es así, renunciamos a comprender lo que se llama charlatanería en la ciencia.

Sólo el 6 por ciento posee dos hectáreas o más, dice David. En la misma estadística de la que tomó estas cifras, figuran datos sobre la cantidad de tierra que posee ese 6 por ciento. David los calla. Y los calla porque pulverizan su teoría. De la tierra dedicada a huertas que producen para el mercado "más de la mitad (51,39 por ciento) está concentrada en manos de 1.932 agricultores, que constituyen el 5,94 por ciento del total", decía yo, refiriéndome precisamente a estos datos (pág. 220 del artículo en Obrazovanie**). De estos 1.932 horticultores, 1.441 poseen de 2 a 5 hectáreas de huerta, lo que hace un promedio de 2,76 hectáreas dedicadas a los cultivos hortícolas y 109,6 hectáreas de tierra en total; 491 horticultores tienen huertas de 5 y más hectáreas, con un promedio de 16,54 hectáreas por huerta y 134,7 hectáreas de tierra en total (ibíd.). ** Véase el presente volumen, pág. 225. —Ed.

Por lo tanto, sólo el 6 por ciento de los horticultores concentran en sus manos el 51,39 por ciento de la tierra dedicada a huerta. Se trata de grandes capitalistas, para los cuales la huerta es un complemento de la agricultura capitalista (haciendas de 100 a 135 hectáreas). Por consiguiente, la producción hortícola mercantil está enormemente concentrada a la manera capitalista. Pero David tiene... la audacia de afirmar que "la pequeña producción prospera", es decir, la producción sin trabajo asalariado. No aporta datos acerca de cuáles son las dimensiones de las haciendas dedicadas a la horticultura mercantil que requieren la ayuda de obreros asalariados.

Así maneja las estadísticas el sabio David. Un ejemplo de su manera de tratar las monografías lo ofrece el famoso Hecht, a quien se referían los señores Bulgákov, Hertz y Chernov (véase más arriba, págs. 203-207*). David dedica dos páginas (394- 395) de su "obra" a exponer lo dicho por Hecht. ¿Cómo lo expone? Ni palabra acerca del trabajo asalariado. Ni palabra acerca de que Hecht embellece la "vida sedentaria" del obrero fabril poseedor de una parcela minúscula, y mete en un

mismo saco a obreros y a campesinos acomodados. Ni palabra acerca de que, paralelamente a la "prosperidad" de un número reducido, de campesinos pudientes, la masa se encuentra en tal situación, que, a pesar de vender leche, se ve obligada a consumir margarina, por ser más barata. * Véase el presente volumen, págs. 162-171. —Ed.

David no sólo calla todo esto, sino que incluso afirma que "Hecht aporta datos de sumo interés acerca de las elevadas necesidades vitales de estos campesinos" (pág. 395). Es difícil imaginarse una apología burguesa más burda.

A propósito de esta indicación de Hecht sobre los campesinos que venden leche y compran margarina, que es más barata. Cabría suponer que se trata de un hecho archi— conocido por los economistas. Marx señaló ya en 1847, en Miseria de la Filosofía, este empeoramiento de la alimentación del pueblo provocado por el capitalismo112. En Rusia, ya desde tiempos de Engelhardt113 (la década del 70), este fenómeno ha sido referido muchas, muchísimas veces por todos los que estudiaron de un modo más o menos concienzudo el progreso del capitalismo en la producción lechera.— El "sabio" David no se ha percatado de él. Y llega a burlarse de los socialistas que lo mencionan.

En las páginas 427-428 de su libro, vemos cómo David ironiza acerca de lo sostenido por Kautsky respecto a que la existencia de puntos de concentración para la leche fomenta la venta de este producto por los campesinos y empeora su alimentación. Para que el lector pueda apreciar todo lo que vale el populista alemán David, citaremos sus palabras textualmente:

"...Todas las demás personas, cuando obtienen una mayor ganancia, acostumbran a consumir una parte de la misma en beneficio de su estómago. Tal es, por decirlo así, la naturaleza del hombre, que lo hace muy propenso a comer alguna cosa mejor cuando dispone de un poco de dinero para ello. Por eso resulta muy extraño que sólo los campesinos, quienes gracias a la cooperativa reciben, según todo el mundo reconoce, más dinero que antes por su leche y por sus cerdos, procedan de muy distinta forma que los demás mortales" etc., etc., etc.

Por supuesto, no vale la pena contestar a esta bufonada de un pequeño burgués reaccionario. Bastará con mostrarlo al público que lee, sacarlo de ese montón de citas agronómicas inconexas, desperdigadas a lo largo de 550 páginas, y exponerlo a la luz del día. Bastará con indicar que hasta Hecht, ese apologista de la burguesía citado por David, reconoce que el empeoramiento de la alimentación es un hecho, debido a la sustitución de la leche vendida con margarina barata. Esto se refiere a la Alemania meridional, región en la que predomina la pequeña hacienda campesina. Klawki (véase más arriba, págs. 213 y 214*) señala exactamente lo mismo al hablar de otra región —Prusia Oriental—, donde los pequeños campesinos "consumen muy poca mantequilla y leche pura". * Véase el presente volumen, págs. 180-182. —Ed.

El apologismo burgués de David puede observarse en todos los problemas que aborda, sin excepción. A lo largo de decenas de páginas (413-435 y otras) canta loas, por ejemplo, a las cooperativas lecheras de Alemania y Dinamarca. Cita datos

112 Véase C. Marx y F, Engels. Obras, t. 4, págs. 96-97. 113 Lenin se refiere a las cartas Desde la aldea de A. N. Engelhardt, publicista de tendencia populista, que obtuvieron amplia popularidad.

estadísticos... ¡pero sólo en lo que concierne al aumento del número de cooperativas! No ata los datos de la estadística alemana que se refieren a la concentración de la producción lechera "cooperativista" en manos de las grandes haciendas capitalistas (véase más arriba, pág. 242**). ¡Los David no ven estos datos en la estadística de la que hacen uso! ** Ibíd., págs. 225-228. —Ed.

"Los campesinos daneses organizados en cooperativas —dice David— han superado incluso a las granjas privadas de los grandes propietarios de tierras." Sigue un ejemplo: una cita tomada del 46° informe del Laboratorio experimental, en el que se habla de que la mantequilla de las cooperativas es de mejor calidad que la de los terratenientes. Y David agregar "Estos resultados los obtuvieron campesinos que en otros tiempos sólo fabricaban en sus pequeñas haciendas mantequilla de calidad inferior, por la que recibían apenas la mitad del precio que cobraban los grandes propietarios. Con la particularidad de que en este caso se trata esencialmente de campesinos pequeños y medios (la cursiva es de David). En 1898 había en Dinamarca 179.740 vaquerías; de ellas, sólo 7.544 (el 4 por ciento) tenían 30.o más vacas; 49.371 (el 27,82 por ciento) poseían de 10 a 29 vacas, y 122.589 (el 68,97 por ciento) tenían menos de 10 vacas. De este último grupo, más de la mitad, exactamente 70.218 — lo cual equivale al 39,85 por ciento del total— sólo tenían de 1 a 3 vacas, o sea, pertenecían a pequeñas haciendas. Que una mayoría considerable de las pequeñas haciendas campesinas están adheridas a las cooperativas, lo demuestra el hecho de que en 1900, año en que había en Dinamarca 1.110.000 vacas lecheras, se entregaba a las cooperativas la leche de 900.000 vacas aproximadamente" (pág. 424).

Así argumenta el sabio David. Elude los datos exactos acerca de la distribución de vacas por hacienda en los distintos grupos, pues le resulta desagradable tomarlos en consideración. Pero por las cifras sueltas que cita, ya se ve que tergiversa enteramente con ellas la verdadera situación. Si se compara el número total de vacas con la división de las vaquerías según el número de cabezas de ganado que poseen, resulta el siguiente cuadro, sin duda aproximado*, pero que en términos generales refleja la realidad: * Estas cifras son aproximadas, porque, en primer lugar, el número de vacas corresponde al año 1900 y el de haciendas a 1898; en segundo lugar, porque ha sido necesario establecer en forma aproximada el número de vacas por grupo de haciendas, ya que David no da. cifras exactas. Para la parte correspondiente a las grandes haciendas, hemos tomado una cifra inferior a la real: 7.544 haciendas, cada una de las cuales posee 30 ó más vacas. De esto resulta, aun tomando la cifra mínima, es decir, 30 vacas por hacienda, 7.544 x 30 = 226.320 vacas. Hemos tomado la cifra inferior, pues de otro modo las dimensiones de las pequeñas haciendas se acercarían en exceso a los límites mínimos de los grupos, y no a los máximos.

Nº de vacas

Nº de hacien

Nº de vacas por

Dinamarca

que poseen

das (miles)

hacienda

(miles)

Haciendas con  1-3  vacas 1,43 "             4-9    " 4,81 "           10-29  " 11,22 "           30 y más " 25,00 Total 1.100 6,14

De estas cifras se deduce, ante todo, que la concentración de la ganadería lechera en Dinamarca es muy alta: 750.000 vacas de 1.100.000, es decir, más de dos terceras

partes del total, pertenecen a las grandes haciendas, a 57.000 ganaderos, de 179.000, o sea, a menos de una. tercera parte del número total de ganaderos. Es indudable que estas haciendas no pueden prescindir del empleo de mano de obra asalariada, pues poseen 10 y más vacas. David "no ha advertido", por consiguiente, que en este país la ganadería alcanza importantes proporciones; no se puede juzgar a los daneses por la cantidad de tierra que poseen. David "no ha advertido" que la enorme mayoría de las pequeñas haciendas representa aquí, como ocurre siempre y en todas partes en la agricultura capitalista, una proporción insignificante de la producción global. Los pequeños ganaderos son 70.000, es decir, casi el 40 por ciento, pero sólo poseen una undécima parte del número total de vacas.

En segundo lugar, las cifras citadas revelan que en Dinamarca, lo mismo que en Alemania, son los capitalistas, en lofundamental, quienes gozan de los beneficios que proporcionan las cooperativas. Si de 1.100.000 vacas se entrega a las lecherías la leche de 900.000, ello indica que 200.000 vacas quedan al margen de los "beneficios" de la venta por intermedio de las cooperativas. Estas vacas pertenecen sobre todo a los ganaderos más pequeños, pues por los datos de Alemania hemos visto que sólo el 0,3 por ciento de las haciendas con menos de 2 hectáreas ingresa en las cooperativas lecheras, mientras que entre las haciendas con 100 hectáreas y más esa proporción se eleva al 35,1 por ciento. Todo hace suponer, por lo tanto, que los pequeños ganaderos (70.000, con 100.000 vacas) son los que menos gozan de los beneficios de la venta por intermedio de las cooperativas.

El ejemplo de Dinamarca viene a desmentir de medio a medio las afirmaciones de David, pues demuestra que las haciendas predominantes en la producción lechera no son las pequeñas ni las medianas, sino las grandes. Para infundir un poco de vida a estas cifras y cuadros inanimados y mostrar el carácter de clase de la agricultura burguesa (completamente echado al olvido por ese obtuso pequeño burgués que es David), mencionaremos un hecho destacado de la historia del movimiento obrero de Dinamarca. En 1902, los propietarios navieros daneses rebajaron los salarios de los fogoneros. Estos respondieron con una huelga. El sindicato único de los obreros portuarios se solidarizó con ellos, y también declaró el paro. Pero... no se consiguió que la huelga fuera general, que se extendiera a todos los puertos del país. "No se logró que el puerto de Esberg (en la costa occidental de Dinamarca, importante para el comercio con Inglaterra), de enorme significación para la exportación de los productos agropecuarios daneses, se incorporase a la huelga, pues las cooperativas agrícolas danesas declararon que estaban dispuestas a enviar inmediatamente a todos ios miembros suyos que fuesen necesarios para cargar los buques; los campesinos daneses no permitirían que se paralizase la exportación de sus productos."* * Emil Helms. Die sozialdemokratische und gewerkschaflliche Bewegung in Dänemark (El movimiento socialdemócrata y sindical en Dinamarca.-Ed.), Leipzig, 1907, S. 138.

Las cooperativas danesas, pues, se pusieron de parte de los patronos navieros contra los obreros e hicieron fracasar la huelga. Se comprende muy bien, como es natural, que los granjeros capitalistas, dueños de 10 y más vacas, apoyaran a los mismos capitalistas contra los obreros. Lo único que no se comprende es que escritores como David, que ocultan la lucha de clases, se titulen socialistas.

En cuanto a la combinación de las haciendas rurales con la producción industrial (fabricación de azúcar, destilerías, etc.), David comete un error idéntico al del señor Bulgákov. A semejanza del profesor ruso, el "sabio" oportunista alemán ¡copió sencillamente los cuadros estadísticos de la encuesta alemana, sin pensar a qué se refieren! Kautsky afirma que la producción azucarera es un ejemplo de gran industria agrícola. Para refutarlo, al igual que Bulgákov, David menciona cifras demostrativas de que el número de haciendas pequeñas que combinan la agricultura con la producción industrial es superior al de las grandes (págs. 406, 407 y 410 del libro de David). El sabio estadístico olvida que hay más haciendas pequeñas que grandes. En lugar de establecer la proporción de haciendas que tienen una producción combinada, en comparación con la cifra total de haciendas del grupo correspondiente, copia el cuadro en que se da el porcentaje de las mismas por grupos, en comparación con su total. Antes señalé en detalle este error del señor Bulgákov (véanse págs. 237 y 238*). Sólo me resta decir que E. David, tan escrupuloso como Bulgákov en cuanto al rigor científico, no se ha molestado de la misma manera en echar una ojeada a los datos relativos a la proporción de la tierra que los capitalistas dedican al cultivo de la remolacha azucarera. * Véase el presente volumen, págs. 218-220. —Ed.

Hasta qué extremos cómicos llega la identidad espiritual del oportunista alemán y el profesor liberal ruso nos lo muestra el hecho de que ambos utilizan las estadísticas con igual despreocupación e ineptitud, además de que citan a Marx con análoga negligencia. Lo mismo que Bulgákov, David acepta la "ley de la fertilidad decreciente del suelo". Verdad es que intenta exponerla con ciertas limitaciones especiales y rodearla de condiciones particulares, pero no por eso obtiene mejor resultado. Dice, por ejemplo —en la página 476—, que "esta ley no se refiere en general a las oscilaciones que se observan en la productividad al pasar de un nivel tecnocientífico a otro; sólo se relaciona con las oscilaciones de la productividad en un mismo nivel tecnocientífico". Se trata de la misma limitación a la decantada ley que señalé ai críticar al señor Bulgákov (véase más arriba, págs. 165, 166**), y ya entonces agregué que era una "ley muy relativa; a tal punto, que ya no se puede hablar de ley, ni de una particularidad esencial de la agricultura". ** Ibíd., págs. 104-106. —Ed.

Sin embargo, David sigue exaltando esta ley como una peculiaridad de ia agricultura. El resultado es un embrollo increíble, pues también en la industria, cuando se mantienen invariables las condiciones "tecnocientíficas", son muy limitadas las inversiones adicionales de capital.

"El atraso de ia agricultura —dice David en el capítulo final— se explica, en primer lugar, por el conservadurismo de las fuerzas orgánicas de la naturaleza, que tiene su expresión en la ley de las cosechas decrecientes" (501). ¡En esta conclusión ya se arroja por la borda la tesis acabada de exponer, sobre que la "ley" no es aplicable a los casos en que se pasa a un nivel técnico superior! El "conservadurismo de las fuerzas de la naturaleza" no es más que el subterfugio verbal de un pequeño burgués reaccionario, incapaz de entender las condiciones sociales que frenan de un modo particular el desarrollo de la agricultura. David demuestra no comprender que entre estas condiciones sociales figuran, primeramente, las supervivencias del feudalismo en la agricultura, la falta de derechos de los braceros, etc., etc., y, en segundo

término, la renta de la tierra, que infla los precios y consolida las rentas elevadas en el precio de la tierra.

"Creemos —escribe David— que en la actualidad la agricultura alemana no podría obtener la cantidad necesaria de cereales con la productividad que, merced a la producción de ultramar, se considera normal desde el punto de vista de la economía mundial. La ley de las cosechas decrecientes no permite sin descenso de la productividad aumentar en forma ilimitada la cantidad de productos sobre una superficie limitada de tierra" (519; David subraya la última frase).

¡Qué se puede decir de este economista! Asevera que la "ley" de las cosechas decrecientes se refiere exclusivamente a las oscilaciones de la productividad a un mismo nivel tecnocientífico (476). Pero en la conclusión declara: ¡'la ley no permite aumentar 'en forma ilimitada' la cantidad de productos"! (519). ¿¿De dónde se deduce que la agricultura alemana no podría ser elevada al siguiente grado de "nivel tecnocientífico", si no fuese por el obstáculo de la propiedad privada sobre la tierra, si no fuese por el obstáculo de la elevada renta, si no fuese por el obstáculo de la falta de derechos, el atraso y la opresión en que se encuentran los braceros, si no fuese por el obstáculo de los exorbitantes privilegios medievales de los junkers??114

Como es natural, el apologista burgués se esfuerza por no prestar atención a las causas sociales e históricas, que motivan el atraso» de la agricultura, y echa la culpa al "conservadurismo de las fuerzas de la naturaleza" y a la "ley de la fertilidad decreciente". Esta famosa ley no contiene otra cosa que apología y cerrazón mental.

Y para encubrir su vergonzosa retirada hacia los viejos prejuicios de la economía burguesa, David, igual que Bulgákov, nos ofrece una mendaz alusión a Marx. ¡Cita la misma página del tomo III de El Capital (III B., II Theil, S. 277)115 a la que se refirió también el señor Bulgákov! (Véase la pág. 481 del libro de David y el análisis que se hace más arriba de lo expuesto por el señor Bulgákov, págs. 171 y 172*.) * Véase el presente volumen, págs. 112-117. —Ed.

Lo que he dicho acerca de la honestidad científica del señor Bulgákov puede aplicarse por entero a David. Aquél desvirtuó la cita de Marx. Este se limita a citar las primeras palabras del mismo pasaje: "Sobre la productividad decreciente de la tierra en inversiones sucesivas de capital, debe consultarse a Liebig" (Das Kapital, III B., II Theil, S. 277). A la manera de Bulgákov, David tergiversa a Marx y presenta las cosas como si ésta fuese la única indicación hecha por él. En realidad;; repetimos, toda persona que haya leído el tomo III de El Capital (y la segunda parte del segundo tomo de Tkeorien über den Mehrwert) sabe que lo cierto es todo lo contrario. Marx muestra decenas de veces que los casos de descenso del rendimiento de las inversiones adicionales de capital tienen para él la misma legitimidad y son tan posibles como los casos de aumento de dicho rendimiento.

En la nota de la pág. 481, David promete tratar en el futuro de la relación existente entre esta ley y la renta, así como "analizar con sentido crítico el intento de Marx de desarrollar y extender la teoría de la renta, rechazando las razones aducidas por Malthus y Ricardo".

114 Junkers: denominación que se daba en Prusia a los grandes propietarios agrarios de la nobleza. 115 Véase C. Marx. El Capital, t. III (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 302).

Nos atrevemos a predecir que el análisis crítico de David será una repetición de los prejuicios burgueses à la señor Bulgákov o... à la camarada Máslov. Pasemos ahora a examinar otra tesis de David, falsa de raíz. No resulta muy agradable dedicarse a refutar su apología o su desfiguración de las estadísticas. En la cuestión que abordamos ahora, disponemos de algunos datos nuevos, que permiten oponer a las teorías del filisteísmo pequeñoburgués contemporáneo un cuadro concreto de la realidad.

XI

LA GANADERÍA EN LAS PEOUEÑAS Y LAS GRANDES HACIENDAS

Al defender la pequeña producción, los "críticos" o bernsteinianos se remiten con particular frecuencia, en el problema agrario, a la siguiente circunstancia. Los pequeños agricultores mantienen, por unidad de superficie de tierra, muchísimo más ganado que los grandes. Por consiguiente —dicen—, los pequeños agricultores fertilizan mejor la tierra. Sus haciendas se hallan a un nivel técnico más elevado, pues los abonos desempeñan un papel decisivo en la agricultura moderna, y el estiércol obtenido del ganado que poseen las haciendas es muy superior a los abonos artificiales de cualquier otro tipo.

En su libro El socialismo y la agricultura," E. David concede a este argumento una importancia decisiva (págs. 326, 526 y 527 de la traducción rusa). El autor escribe y subraya: "El estiércol es el alma de la agricultura" (pág. 308), y convierte este postulado en el fundamento principal de su defensa de la pequeña agricultura. Cita las estadísticas alemanas, según las cuales resulta que las pequeñas haciendas mantienen por unidad de superficie mucho más ganado que las grandes. David está convencido de que estos datos resuelven definitivamente en su favor la cuestión sobre las ventajas de la grande y de la pequeña producción en la agricultura.

Examinemos con más detenimiento esta teoría y el alma de estiércol de la agricultura.

El argumento principal de David y de sus numerosos partidarios entre los economistas burgueses es de carácter estadístico. La comparación se hace sobre la base de la cantidad de ganado (por unidad de superficie) en las haciendas distintas dimensiones. A la vez, se presupone tácitamente que son comparadas magnitudes homogéneas, es decir, se da por supuesto que la misma cantidad de ganado de determinada especie en las grandes y las pequeñas haciendas tiene, por decirlo así, el mismo valor agrícola. Se parte de que la misma cantidad de ganado da la misma cantidad de estiércol, de que el ganado reúne más. o menos las mismas cualidades en las grandes haciendas que en las pequeñas, etc.

Es evidente que el valor probatorio del argumento que examinamos depende por entero de la exactitud de este supuesto tácito habitual. ¿Es exacta esta tesis? Si de las estadísticas escuetas y globales pasamos al análisis de las condiciones económicas y sociales de la 'pequeña y grande producción agrícola tomada en conjunto, veremos en seguida que esta tesis admite como probado algo que precisamente debe demostrarse. El marxismo afirma que las condiciones de mantenimiento del ganado

en la pequeña producción (y también, como hemos visto, las condiciones de cuidado de la tierra y de subsistencia del trabajador agrícola) son peores que las existentes en las grandes haciendas. La economía política burguesa y, tras ella, los bernsteinianos sostienen lo contrario: gracias al celo del pequeño agricultor, las condiciones en que se mantiene el ganado son mucho mejores en las pequeñas haciendas que en las grandes. Para hallar datos estadísticos que arrojen luz sobre esta cuestión, hace falta una estadística muy distinta a la manejada por David. Es necesario un estudio estadístico que se refiera no a la cantidad de ganado en haciendas de distintas dimensiones, sino a su calidad. Tal estudio, y tal vez más de uno, puede hallarse en las publicaciones alemanas de economía. Y es muy significativo que David, que ha llenado su libro con un sinfín de citas sacadas de toda suerte de tratados de agronomía, sin relación alguna con la cuestión, omita precisamente los intentos, aparecidos en las publicaciones, de descubrir las condiciones intrínsecas de la pequeña y de la gran hacienda sobre la base de minuciosasinvestigaciones. Ahora daremos a conocer al lector uno d« esos trabajos, inmerecidamente dejados a un lado por David.

Drechsler, conocido escritor alemán sobre temas. de agricultura, ha publicado los resultados de un "estudio de estadística agrícola", del que con toda razón dice: "Tal vez no exista otro que se pueda comparar con él por la exactitud de los resultados". La investigación se realizó en 25 núcleos rurales de la provincia de Hannover (22 aldeas y tres haciendas de terratenientes), y en cada caso se reunieron no sólo datos relativos a la cantidad de tierra y de ganado, si no también a la calidad de este último. Para precisar la calidad del ganado se utilizó un método muy preciso; se determinó el peso vivo* en kilos de cada animal "mediante una valoración, lo más exacta posible de distintas cabezas, efectuada por personas competentes". * David conoce perfectamente este procedimiento de los agrónomos para determinar el peso vivo de cada cabeza de ganado. En la pág. 367 expone en detalle el peso vivo de las distintas razas de ganado destinado a la producción de carne o de leche, del ganado bovino de labor, etc. Todos estos datos los ha tomado de los agrónomos. Pero ni siquiera se le ocurre pensar que lo que, en general, le interesa a un economista y, en particular, a un socialista, no son las diferencias entre las razas de ganado, sino entre tas condiciones de su mantenimiento en las haciendas pequeñas y grandes, en las haciendas "campesinas" y en las capitalistas. Así se lograron datos sobre el peso vivo de cada tipo de animales en haciendas de distinta extensión. La investigación se llevó a cabo, además, dos veces: la primera en 1875 y la segunda en 1884. Drechsler publica sus datos en bruto**, por cada una de las tres fincas de terratenientes y cada uno de los tres grupos de aldeas; las haciendas campesinas de estas últimas están divididas en siete grupos, según la cantidad de tierra que poseen (más de 50 hectáreas, de 25 a 50, de 12,5 a 25, de 7,5 a 12,5, de 2,5 a 7,5, de 1,25 a 2,5 y hasta 1,25 hectáreas). ** Los correspondientes a 1875 en Schriflen des Vereins für Sozial— politik, Band XXIV, S; 112 (Bäuerliche Zustände, B. III), y a 1884, en Thiel's landwirtsckaftliche Jakrbücher, Band XV, (1886) (Trabajos de la Unión de política social, t. XXIV, pág. 112 (Situación de los campesinos, t. III), y a 1884, en Anuario agrícola de Thiel, t. XV (1886). —Ed.).

Si se tiene en cuenta que los datos de Drechsler se refieren a 11 tipos distintos de ganado, el lector advertirá claramente la complejidad de todos esos cuadros. Para obtener datos resumidos, que nos permitan ver las conclusiones generales y fundamentales, hemos dividido todas las haciendas en cinco grupos principales: a) grandes fincas; b) haciendas campesinas con más de 25 hectáreas; c) con 7,5 a 25 ha; d) con 2,5 a 7,5 ha, y e) con menos de 2,5 ha.

El número de haciendas en estos grupos y la cantidad de tierra que tenían en 1875 y 1884 eran los siguientes:

En 1875 En 1834

Nº de haciendas

Nº de haciendas

Cantidad de

Cantidad de

tierra de las

tierra de las

haciendas

haciendas

Tierra por

Tierra por

hacienda

hacienda

(En hectáreas) a) Grandes finca» b) Haciendas con 25 y más ha. 1.949 2.449

c)         " 7,5-25   " 3.540 3.135 d)        " 2,5-7,5  " 1.895 4,3 1.774 4,3 e)   " menos de 2,5 " 1.449 1.279 0,88 1.109 1.027 0,92 Total 2.219 9.352 1,2 1.825 9.151 5,0

Para explicar estas cifras examinaremos ante todo el tipo económico de las haciendas de distinta extensión. Drechsler considera que las haciendas de 7,5 hectáreas y más no pueden prescindir del trabajo asalariado. Se obtienen así (en 1875) 325 haciendas campesinas que contratan obreros. Los campesinos de todas las haciendas de menos de 2,5 hectáreas tienen que contratarse ellos mismos como obreros. De las haciendas de 2,5 a 7,5 hectáreas (con una superficie media de 4,3 ha), la mitad, según calcula Drechsler, puede prescindir de mano de obra asalariada, y la otra mitad debe ceder obreros asalariados. Por consiguiente, del total de haciendas campesinas, 325 son de carácter capitalista, 221 son pequeñas haciendas "laborales" (como dirían nuestros populistas), que no toman ni ofrecen mano de obra asalariada, y 1.670 son semiproletarias y se contratan como mano de obra asalariada.

Lamentablemente, la clasificación de Drechsler no coincide con la de la estadística alemana general, que considera campesinos medios a los agricultores que poseen de 5 a 20 hectáreas. No obstante, sigue siendo un hecho indudable que la mayoría de estos campesinos medios no pueden prescindir de la contratación de obreros. Los campesinos "medios" alemanes son pequeños capitalistas. En cambio, los campesinos que no toman ni suministran mano de obra asalariada constituyen una minoría insignificante: 221 de 2.216, es decir, la décima parte.

Así pues, los grupos de haciendas que hemos clasificado según su tipo económico pueden definirse del siguiente modo: a) grandes haciendas capitalistas; b) haciendas capitalistas medianas (Grossbauern); c) pequeñas haciendas capitalistas; d) pequeñas haciendas campesinas, y e) haciendas semiproletarias.

El número total de haciendas y la cantidad global de tierra de las mismas han descendido entre 1875 y 1884. La disminución corresponde fundamentalmente a las pequeñas haciendas: el número de las de menos de 2,5 hectáreas se redujo de 1.449 a 1.109, es decir, en 340 haciendas, o casi la cuarta parte. Por el contrario, el de las haciendas mayores (con más de 25 hectáreas) aumentó de 54 a 61, y la cantidad de tierra poseída pasó de 2.638 ha a 3.215 ha, lo que representa un aumento de 577 hectáreas. Por consiguiente, el mejoramiento general de la economía agrícola y la elevación del nivel técnico de los cultivos en dicha región, que provocan el

entusiasmo de Drechsler, significan la concentración de la agricultura en manos de un número decreciente de propietarios. El "progreso" expulsó de la agricultura a casi 400 dueños de haciendas, sobre un total de 2.219 (en 1884 quedaban 1.825), y elevó la superficie media por hacienda de 4,2 a 5 hectáreas. En unos lugares, el capitalismo concentra una rama determinada de la agricultura y desaloja a una serie de pequeños agricultores, convirtiéndolos en proletarios. En otros lugares, el desarrollo de la agricultura mercantil crea nuevas pequeñas haciendas (por ejemplo, la producción lechera en las aldeas suburbanas y en países enteros que suministran productos al extranjero, como Dinamarca). Hay lugares, por último, donde el fraccionamiento de las haciendas medianas aumenta el número de las pequeñas. Las estadísticas globales ocultan todos esos procesos, que requieren minuciosas investigaciones para su estudio.

El progreso de la agricultura en los núcleos rurales descritos se expresó sobre todo en el mejoramiento de la ganadería. Al mismo tiempo, disminuyó el total de cabezas de ganado. En 1875 había 7.208 cabezas (traducidas a ganado mayor), y en 1884, 6.993. Esta reducción habría sido considerada por las estadísticas globales como un síntoma de decadencia de la ganadería.' Pero, en realidad, la calidad del ganado mejoró, pues si no se toma el número total de cabezas, sino su "peso vivo" general, obtenemos 2.556.872 kilos en 1875 y 2.696.107 kilos en 1884.

El progreso capitalista de la ganadería se manifiesta no sólo en el crecimiento numérico, sino también (y a veces en mayor medida) en el mejoramiento de la calidad, en la sustitución del ganado peor por ganado mejor, en el aumento de los piensos, etc.

Promedio de cabezas de ganado por hacienda En 1875 En 1884

Ganado menor

Ganado menor

Ganado mayor

Ganado mayor

Total

Total

(Expresado en ganado mayor) a) Grandes fincas b) Haciendas, con 25 y más ha. 13,2 11,0 24,2 13,7 10,5 24,2 c)   "   "  7.5-25  ha. 5,4 3,8 9,2 4,9 4,2 9.1 d)     "      2,5-7,5 ha. 2,2 1,4 3,6 2,2 1.8 4,0 e)   "   " menos de 2,5 " 0,3 0,6 0,9 0,4 0,7 1.1 Total 1.7 1,5 3,2 2,0 1,8 3,8

La cantidad de ganado en las haciendas mayores ha disminuido. En las más pequeñas aumentó, y en progresión más rápida cuanto menores eran las haciendas. Podría parecer que se opera un progreso de la pequeña producción y una declinación de la grande, es decir, que se confirma la teoría de David.

Pero basta con tomar el peso medio del ganado para que esas ilusiones se desvanezcan.

Peso medio (en kilos] de una cabeza de ganado En 1875 En 1884

Ganado mayor

Ganado mayor

menor*

Ganado

Ganado

menor

Total

Total

a) Grandes fincas b) Haciendas con 25 y mi» ha

c)   "   "  7,5-25 38! d)   "   "  2,5-7,5 e)     " menos dt 2,5 " Promedio * Los distintos tipos de ganado menor han sido traducidos a ganado mayor según las normas habituales. El número de cabezas por año y por cada uno de los 11 tipos se fija aproximadamente, pues los datos existentes no se refieren al número de cabezas, sino sólo al peso.

La primera conclusión que se desprende de estos datos es que la calidad del ganado es tanto mejor cuanto más grandes son las fincas. En ese sentido es enorme la diferencia entre las haciendas capitalistas y las de los pequeños campesinos o semiproletarios. Así, por ejemplo, en 1884 esta diferencia entre las haciendas más grandes y las más pequeñas pasaba del doble: el peso medio de un animal era de 619 kilos en las grandes haciendas capitalistas y de 301 kilos —¡o sea, menos de la mitad!— en las semiproletarias. Esto nos permite juzgar sobre la superficialidad de los razonamientos de David y de sus correligionarios, cuando parten del supuesto de que la calidad del ganado es la misma en las grandes y en las pequeñas haciendas.

Más arriba señalamos ya que, en general, el ganado es mantenido en peores condiciones en las pequeñas haciendas. Ahora tenemos la confirmación práctica de lo que decíamos. Los datos acerca del peso vivo del ganado dan una idea exacta sobre todas las condiciones de su mantenimiento: pienso, establos, trabajo, cuidados. Todo esto, por decirlo así, aparece resumido en los resultados que la monografía de Drechsler expresa en forma estadística. Resulta que el "celo" con que el pequeño campesino cuida del ganado —celo que tanto ensalzan nuestro sr. V. V. y el alemán David— no puede compensar, siquiera sea aproximadamente, las ventajas de la gran producción, que da productos de una calidad dos veces mejor. El capitalismo condena al pequeño campesino a una extenuación sin fin, a un inútil derroche de trabajo, pues a eso equivale cuidar escrupulosamente del ganado cuando faltan recursos, cuando escasea el pienso, cuando la calidad de los animales es mala, los establos inapropiados, etc. En sus valuaciones, la economía política burguesa no saca a primer plano esta ruina y opresión del campesino por el capitalismo, sino el "celo" del trabajador (que labora para el capital en las más inicuas condiciones de explotación).

La segunda conclusión que se desprende de los datos citados es que la calidad del ganado ha mejorado en general durante el decenio que se estudia, así como también en todas las categorías de haciendas. Pero este mejoramiento general trajo como consecuencia que las diferencias entre las condiciones de la ganadería en las grandes y las pequeñas haciendas, lejos de atenuarse, se acentuaran más aún. El mejoramiento general no niveló a las grandes y las pequeñas haciendas, sino que profundizó el abismo entre ellas, pues las primeras se adelantan a las segundas en

este proceso de mejoramiento. En el cuadro se compara el peso medio por cabeza de ganado de los distintos grupos, en los años 1875 y 1884:

Pao medio por

cabeza de ganado (en

Aumen

Aumen to en %

to en

kilos)

kilos

a) Grandes  fincas + 82 + 15,2 b) Haciendas con 25 y mas ha. + 51 + 13,6 c)  "   "  7,5-25 + 26 + 7,3 d)   "   "  2,5-7,5 + 15 + 4,4 e)     "  menos de 2,5 " + 21 + 7.5 Promedio + 31 + 8,7 El mayor mejoramiento se registra en las grandes haciendas capitalistas; siguen las medianas; en las pequeñas haciendas campesinas es insignificante, y muy exiguo en las demás. Al igual que la inmensa mayoría de los agrónomos que escriben sobre cuestiones de economía agraria, Drechsler sólo advierte el aspecto técnico del asunto. En su quinta conclusión del estudio comparativo de los años 1875 y 1884 dice: "Se observa un progreso muy apreciable en la ganadería*: disminuye el número de cabezas de. ganado y mejora la calidad; el peso vivo medio por animal ha aumentado considerablemente en cada uno de los tres grupos de aldeas**. * Drechsler habla aquí de todo el ganado, excepto el de labor (el llamado Nutzvuth), Más adelante ofreceremos aparte los datos relativos al ganado dé labor. La conclusión general sigue siendo la misma, independiente de los tipos o grupos de ganado que tomemos. ** Drechsler divide las 22 aldeas en tres grupos, según su ubicación geográfica y otras condiciones económicas. Nosotros tomamos "sólo .'los datos generales, a fin de no llenar de cifras los artículos. Las conclusiones no varían, cualesquiera que sean los grupos de aldeas que se tomen.

Esto significa que, más o menos en todas partes (ziemlich allgemein), se ha producido un mejoramiento sustancial de la cría de ganado, del pienso y del cuidado de los animales". Las palabras que hemos subrayado: "más o menos en todas partes", muestran que el autor hace caso omiso del aspecto económico-social de la cuestión; el "más" se refiere a las grandes haciendas, y el "menos" a las pequeñas. Drechsler no se ha fijado en ello, pues sólo presta atención a los datos relativos a los grupos de aldeas, y no a los grupos de haciendas de distinto tipo.

Veamos ahora los datos que se refieren al ganado de labor, y que arrojan luz sobre las condiciones en que se encuentran las haciendas específicamente agrícolas. Por la cantidad de ganado de labor, las haciendas que examinamos se caracterizan por las siguientes cifras:

Número medio de cabezas de ganado de labor por hacienda

a) Grandes fincas b) Haciendas con 25 y más ha. 4,7 5,5 c) 7,5-25 2,1 2,4 d) 2,5-7,5 1,3 1,5 e) menos de 2,5 " 0,07 0,16 Promedio 0,7 1,0

Por lo tanto, las haciendas semiproletarias (menores de 2,5 hectáreas, que en 1884 eran 1.109, de un total de 1.825) carecen en su abrumadora mayoría de ganado de labor. Tampoco se las puede considerar haciendas agrícolas en el verdadero sentido de la palabra. En todo caso, no es posible comparar con las grandes fincas, en cuanto

a las condiciones de empleo del ganado de labor, las haciendas que en un 93 ó 84 por ciento no utilizan en absoluto ganado de labor. Si comparamos en este aspecto las grandes fincas capitalistas con las pequeñas haciendas campesinas, Veremos que en las primeras (grupo a) corresponden 132 cabezas de ganado de labor a 766 hectáreas de tierra, mientras que en las últimas (grupo d) hay 632 cabezas para 1.774 hectáreas (en 1884), es decir, que las primeras tienen aproximadamente una cabeza de ganado de labor por cada seis hectáreas y las últimas una por cada tres. Está claro que las pequeñas haciendas gastan el doble en mantener el ganado de labor. La pequeña producción implica un fraccionamiento de los recursos técnicos y, en consecuencia, un despilfarro de trabajo.

Una de las causas de este fraccionamiento es la necesidad que tienen las pequeñas haciendas de recurrir al empleo de ganado de labor de peor calidad; concretamente, al empleo de vacas en los trabajos agrícolas. La proporción de vacas sobre el total de cabezas de ganado de labor era la siguiente:

En 1875 En 1884

a) Grandes fincas — —

b) Haciendas con 25 y más ha. — 2,5%

c)    "     7,5-25 ha. 6,3% 11,4%

d)  "       2, 57,5 ha. 60,7% 64,9%

e)  "  menos de 2,5 ha. 67,7% 77.9%

Promedio 27,0% 33,4%

Esto indica con claridad que el empleo de vacas para las labores agrícolas va en aumento, y que estos animales constituyen el principal ganado de labor en las haciendas de los semiproletarios y de los pequeños campesinos. David se inclina a considerar tal fenómeno como un progreso, al igual que Drechsler, quien adopta un punto de vista enteramente burgués y que en sus conclusiones dice: "Gran número de pequeñas haciendas han pasado a utilizar vacas como ganado de labor, lo cual es para ellas más adecuado". Esto es "más adecuado" para los pequeños agricultores porque es más barato. Y es más barato porque el ganado de labor de mejor calidad se sustituye con otro peor. Elprogresode los pequeños campesinos que tanto entusiasma a los Drechsler y a los David puede compararse con el progreso de los tejedores manuales en vías de extinción, que pasan a emplear materiales cada vez peores y utilizan los desechos de la producción fabril.

El peso medio de las vacas utilizadas como ganado de labor era en 1884 de 381 kilos*, mientras que los caballos de labor pesaban 482 y los bueyes 553 kilos, como promedio.

* El peso medio de las vacas no utilizadas para las labores agrícolas era de 421 kilos. Este último tipo de ganado de labor, el más vigoroso, representaba en 1884 más de la mitad de todo el ganado de labor de los grandes agricultores capitalistas, cerca de la cuarta parte del de los capitalistas medianos y pequeños, menos de la quinta parte del de los pequeños campesinos y menos de la décima parte del de los semiproletarios. Por consiguiente, cuanto más grande es la finca, mejor es la calidad del ganado de labor.

En 1875 En 1884 a) Grandes fincas b) Haciendas con 25 y mas   ha. c)  "  "  7,5-25 d)   "  "   2,5-7,5 e)  "  " menos de 2,5 " Promedio El peso medio   la calidad del ganado de labor. En realidad, en las grandes haciendas capitalistas observamos una considerable mejora, y en todas las demás una estancación o empeoramiento. La diferencia entre la gran producción y la pequeña, en lo que respecta a la calidad del ganado de labor, también aumentó de 1875 a 1884. El paso de las pequeñas haciendas al empleo de vacas como ganado de labor se ha convertido en Alemania en un fenómeno general*. Y nuestros datos muestran, con exactitud documental, que este fenómeno significa un empeoramiento de las condiciones de la producción agrícola, un aumento de la miseria de los campesinos. * Véase sobre esto el capitulo VIII: Estadísticas generales de ¡a agricultura alemana. (Véase el presente volumen, págs. 201- 214. —Ed.)

Para terminar este examen de los datos contenidos en la monografía de Drechsler, haremos el cálculo de la cantidad y el peso de todo el ganado por unidad de superficie, es decir, el cálculo que David efectúa sobre la base de la estadística agrícola alemana en general:

A 1 ha. de tierra corresponde Cabezas de

ganado de

Peso de todo el ganado en kilos

todo upo (reducidas a sanado mayor)

a) Grandes fincas 0,77 0,59 b) Haciendas con 25 y mas   ha. 0,63 0,57 c)  "  "  7,5-25 0,71 0,72 d)   "  "   2,5-7,5 0,85 0,94 e)  "  " menos de 2,5 " 1,02 1,16 Promedio 0,77 0,76 David se limita en sus cálculos a los datos sobre el número de cabezas de ganado por hectárea. En nuestro ejemplo, al igual que en la agricultura alemana en conjunto, esos datos acusan una disminución de la cantidad de ganado por unidad de superficie en las grandes haciendas. En 1884, por ejemplo, a las haciendas semiproletarias correspondía exactamente el doble de ganado por hectárea que a las grandes haciendas capitalistas (1,18 contra 0,59). Pero ahora ya sabemos que semejante cálculo equipara cosas que no admiten comparación. Lo que muestra la verdadera correlación entre las haciendas son los datos relativos al peso del ganado: la gran producción también se halla a este respecto en mejores condiciones, ya que al tener el máximo de ganado (en peso) por unidad de superficie, cuenta asimismo, por consiguiente, con el máximo de abonos. Por eso, la conclusión de David, sobre que las pequeñas haciendas están, en conjunto, mejor abastecidas de abonos, se halla en flagrante contradicción con la realidad. Por añadidura, es preciso tener en cuenta que nuestros datos, en primer lugar, ño comprenden los abonos artificiales, cuya adquisición sólo está al alcance de los agricultores acomodados, y, en segundo lugar, que la comparación del ganado por su peso equipara el ganado mayor y el menor;

equipara, por ejemplo, los 45.625 kilos de peso de 68 cabezas de ganado de una gran hacienda con los 45.097 kilos de 1.786 cabras de pequeñas haciendas (en 1884). En la práctica, la superioridad de las grandes haciendas en cuanto a la disponibilidad de estiércol para abono es mucho mayor de lo que muestran nuestras cifras*. * Recordemos las ya mencionadas indicaciones de Klawki (cap. VI) (véase el presente volumen, pág. 175. —Ed.): "El estiércol que obtienen los pequeños agricultores es de calidad inferior: la paja de los cereales es más corta y en su mayor parte sirve de alimento al ganado (lo cual significa otro empeoramiento de la calidad del pienso), y se utiliza menor cantidad de paja para el lecho del ganado".

Resumiendo: con la frase de que "el estiércol es el alma de la agricultura", David ha soslayado las relaciones económico-sociales en la hacienda específicamente ganadera y ha desvirtuado por completo la cuestión.

En la agricultura capitalista, la gran producción tiene una enorme superioridad sobre la pequeña, tanto por la calidad del ganado en general como por la del ganado de labor en particular, y también por las condiciones de mantenimiento del ganado y su mejora y empleo para la obtención de abonos.

XII

EL "PAÍS IDEAL" DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LOS ADVERSARIOS DEL MARXISMO EN EL PROBLEMA AGRARIO**

** Este artículo es un capítulo (el XII) del trabajo del autor titulado El problema agrario y los "críticos de Marx", que forma parte de su libro, recientemente publicado, El problema agrario, parte I (San Petersburgo, 1908). Un retraso accidental en el envío de este capítulo impidió incluirlo en dicho libro. Por eso, todas las referencias que figuran en esta parte corresponden al libro indicado.

Las relaciones agrarias y los métodos que se aplican en la agricultura en Dinamarca ofrecen extraordinario interés para un economista. Ya hemos visto*** que E. David, el representante del revisionismo que más se destaca en las publicaciones contemporáneas sobre el problema agrario, utiliza a menudo el ejemplo de las asociaciones agrícolasdanesas y de los cultivos de los (supuestos) "pequeños campesinos" daneses. *** V. Ilín. El problema agrario, parte I, artículo El problema agrario y los "críticos de Marx", capítulos X-XI. (Véase el presente volumen, págs. 233-259. —Ed.)

Heinrich Pudor, cuyo trabajo aprovechó David, llama a Dinamarca el "país ideal de las cooperativas agrícolas"*. También en Rusia, los portavoces de las ideas liberales populistas recurren con no menos frecuencia al ejemplo de Dinamarca como "carta de triunfo" contra el marxismo y a favor de las teorías que sustentan la viabilidad de las pequeñas haciendas en la agricultura; basta señalar el discurso del liberal Herzenstein en la I Duma y el del populista Karaváev en la II Duma116. * Doctor Heinrich Pudor. Das landwirtschaftliche Genosscnschaflswesen im Auslande. I B. Lpz., 1904, S. V (Las cooperativas agrícolas en el extranjero, t. I, Leipzig, 1904, pág. V. —Ed.). Pudor es un enemigo encarnizado del marxismo.

116 Duma de Estado: institución representativa que el Gobierno zarista se vio obligado a convocar a raíz de la Revolución de 1905. Formalmente, la Duma de Estado era un organismo legislativo, pero, en la práctica, carecía de todo poder efectivo. Las elecciones a la Duma no eran directas, ni iguales ni generales. Los derechos electorales de las clases trabajadoras y de las naciones no rusas que poblaban Rusia hallábanse fuertemente restringidos, y una parte considerable de los obreros y campesinos carecían de todo derecho electoral. En la I Duma de Estado (abril-julio de 1906) y en la II Duma (febrero-junio de 1907) tenían mayoría los demócratas constitucionalistas y los grupos afines a ellos.

En comparación con otros países europeos, en Dinamarca observamos, en efecto, la máxima difusión de la "pequeña" hacienda "campesina" y la mayor prosperidad de una agricultura que ha sabido adaptarse a las nuevas exigencias y a las nuevas condiciones del mercado. Si la "prosperidad" de la pequeña agricultura es posible en países con producción mercantil," entonces, Dinamarca es de todos los países europeos el que, sin duda, se encuentra en este aspecto en la mejor situación. Por eso ofrece doble interés conocer en detalle su régimen agrario. En el ejemplo de todo un país veremos qué procedimientos utiliza el revisionismo en el problema agrario y cuáles son los rasgos verdaderos y fundamentales del sistema agrario capitalista en el país capitalista "ideal".

La estadística agrícola de Dinamarca está organizada según el modelo de otros países europeos. Pero en algunos rubros proporciona datos más detallados y cifras mejor estudiadas, lo cual permite analizar algunos aspectos que comúnmente quedan en la sombra. Comenzaremos por los datos generales acerca de la división de las haciendas por grupos, según la cantidad de tierra. Reduciremos los hartkorn, medida agraria habitual en Dinamarca, a hectáreas, teniendo en cuenta, según las indicaciones de la estadística agraria danesa, que diez hectáreas equivalen a un hartkorn*. * Danmarks Statistik. Statistiks Aarbog,8-de aargang, 1903,p, 31 (Estadística de Dinamarca. Anuario de Estadística, año 8, 1903, pág. 31. —Ed.). Todos los datos que se citan a continuación se refieren a Dinamarca pro¬

La estadística agrícola danesa proporciona datos sobre la distribución de las haciendas en 1873, 1885 y 1895; las divide en los siguientes once grupos: sin tierra; con menos de 0,3 hectáreas (más exactamente: con menos de l¡32 de hartkorn); de 0,3 a 2,5 ha; de 2,5 a 10; de 10 a 20; de 20 a 40; de 40 a 80; de 80 a 120; de 120 a 200; de 200 a 300, y de 300 o más hectáreas. A fin de no distraer demasiado la atención del lector, fusionaremos algunos de estos grupos para formar los seis más grandes (véase el cuadro de la pág. 262. —Ed.).

De estas cifras se desprende ante todo una conclusión básica, que siempre omiten la economía política burguesa y los revisionistas que la siguen: la inmensa mayoría de las tierras de Dinamarca se encuentra en manos de agricultores que explotan sus haciendas al modo capitalista. No puede caber la menor duda de que no son sólo los dueños dé 120 y más hectáreas quienes explotan sus haciendas con ayuda de obreros asalariados; también lo hacen así quienes poseen 40 y más hectáreas. Estos dos grupos superiores representaban en 1895 sólo el 11 por ciento del total de haciendas, pero en sus manos se hallaba concentrado el 62 por ciento de las tierras, es decir, más de tres quintas partes. Las haciendas grandes y medianas, de organización capitalista, son la base de la agricultura danesa. Cuanto se dice sobre el "país campesino" y las "pequeñas haciendas" es pura apología burguesa, y un falseamiento de los hechos por distintos ideólogos del capital, con diploma y sin él.

Aquí es preciso advertir que en Dinamarca, lo mismo que en otros países europeos donde la agricultura está ya enteramente organizada al modo capitalista, la proporción que en el conjunto de la economía nacional corresponde a los grupos superiores, capitalistas, cambia bastante poco con el tiempo.

Nº de hacien. % Tierra (ha) % Nº de hacien. % Tierra (ha) % Nº de hacien. % Tierra (ha) %

Sin tierra 31.253 13,3 — — 35.329 13,6 — — 32.946 12,4 — —

Hasta 2,5 ha. 65.490 27,9 54.340 1,5 82.487 31,8 62.260 1.7 92.656 34,8 63.490 1,8

2,5-10 " 65.672 27,9 333.760 9,1 67.773 26,2 345.060 9,5 66.491 25,0 341.020 9,4

10-40 " 41.671 17,7 928.310 25,5 43.740 16,9 966.850 26,5 44.557 16,8 981.070 26,8

40-120 " 29.288 12,5 1.809.590 49,6 27.938 10,8 1.722.820 47,1 27.301 11,3 1.691.950 46,4

120 y más " 1.856 0,7 522.410 14,3 1.953 0,7 551.530 15,2 2.031 0,7 568.220 15,6

Total 235.230 100,0 3.648.410 259.220 3.648.520 265.982 3.645.750

En 1873, el 13,2 por ciento de las granjas capitalistas poseían el 63,9 por ciento de toda la tierra, y en 1885, estas cifras eran 11,5 y 62,3 por ciento, respectivamente. Tal estabilidad de la gran agricultura debe ser tenida en cuenta siempre cuando se trate de comparar los datos relativos a distintos años, pues en las publicaciones se observa con harta frecuencia que mediante estas comparaciones, concernientes a cambios de detalle, se disimulan los rasgos fundamentales de una formación económico-social dada.

Al igual que en otros países europeos, la masa de pequeñas haciendas representa en Dinamarca un papel insignificante dentro de la producción agrícola global. El total de haciendas con menos de 10 hectáreas constituía en 1895 el 72,2 por ciento del conjunto de haciendas, pero poseía sólo el 11,2 por ciento de las tierras. En esencia, esta correlación se mantiene invariable en 1885 y 1873. Las pequeñas haciendas pertenecen con frecuencia a semiproletarios: como hemos visto, esto lo ha. demostrado sin— lugar a dudas la estadística alemana en lo que se refiere a las haciendas de menos de dos hectáreas y también, en parte, a las de menos de cinco hectáreas. Más adelante, al presentar las cifras de la cantidad de ganado en las haciendas de los distintos grupos, veremos que no es posible hablar de una independencia efectiva, ni de una agricultura con cierta estabilidad, con respecto a la masa de esos famosos representantes de la "pequeña hacienda". El 47,2 por ciento de las haciendas, es decir, casi la mitad, pertenece a proletarios o a semiproletarios (sin tierra o con menos de 2,5 hectáreas), y el 25 por ciento de ellas, o sea, una cuarta parte más (de 2,5 a 10 hectáreas), corresponde a pequeños campesinos indigentes: tal es la base de la "prosperidad del capitalismo agrícola en Dinamarca. Lógicamente, en un país con una ganadería comercial muy desarrollada, los datos relativos a la cantidad de tierra sólo permiten formarse un juicio muy general, basado en totales globales. Mas los datos sobre la ganadería, en los que nos detendremos a continuación, no hacen sino reforzar, como advertirá el lector, las conclusiones extraídas.

Examinemos ahora cómo se modificó de 1873 a 1895 en Dinamarca la distribución de la tierra entre las grandes y las pequeñas haciendas. De primera intención, salta a la vista la acentuación típicamente capitalista de los casos extremos, y la disminución de las haciendas medianas. La proporción de haciendas agrícolas (es decir, sin contar las que carecen de tierra) aumenta entre las más pequeñas (con menos de 2,5 ha); pasa del 27,9 por ciento en 1873 al 31,8 en 1885 y al 34,8 en 1895. Este porcentaje disminuye en todos los grupos medios, y sólo se mantiene invariable

(0,7 por ciento) en el grupo superior (con 120 y más ha). En lo que respecta a la proporción de tierra, aumenta en las haciendas más grandes de 120 y más hectáreas: del 14,3 al 15,2 y al 15,6 por ciento en los tres años indicados; se eleva también aunque en forma menos sensible, en las haciendas campesinas medianas (de 10 a 40 hectáreas: 25,5, 26,5 y 26,8 por ciento), a la vez que se reduce la parte correspondiente al número total de haciendas de este grupo; en las de 2,5 a 10 hectáreas crece asimismo en forma irregular (9,1, 9,5 y 9,4 por ciento), y aumenta permanentemente en las haciendas más pequeñas (1,5, 1,7 y 1,8 por ciento). Tenemos, por consiguiente, una tendencia muy manifiesta al crecimiento en las haciendas más grandes y en las más pequeñas. Para apreciar con más claridad este fenómeno, debemos tomar las dimensiones medias de las haciendas de cada grupo en los distintos años. He aquí los datos respectivos:

Dimensiones medias de las

haciendas (en hectáreas) Haciendas con menos de 2,5 ha 0,83 0,75 0,68

2,5-10 " 5,08 5,09 5,13 10-40 22,28 22,08 22,01 40-120 61,00 61,66 61,97 " 120 y más 281,40 282,30 279,80 Promedio 15,50 14,07 13,70

Vemos, pues, que en la mayoría de los grupos son muy estables las dimensiones de las. haciendas. Las oscilaciones son insignificantes: del 1 al 2 por ciento (por ejemplo, 279,8 a 282,3 hectáreas, o 22,01 a 22,28 hectáreas, etc.). La única excepción la constituyen las haciendas más pequeñas, que indudablemente se fraccionan: de 1873 a 1885 disminuye en un 10 por ciento (de 0,83 a 0,75) la extensión media de estas haciendas (con menos de 2,5 hectáreas), y lo mismo de 1885 a 1895. El aumento del total de haciendas se produce en Dinamarca manteniéndose casi invariable la cantidad total de tierra (que de 1885 a 1895 sufre incluso una ligera disminución). Conviene señalar que la mayor parte del aumento corresponde a las haciendas más pequeñas. Así, el total de haciendas se elevó de 1873 a 1895 en 30.752, mientras que el número de las menores de 2,5 hectáreas creció en 27.166. Se comprende que, en tales condiciones, la disminución de la superficie media de todas las haciendas de Dinamarca (15,5 ha en 1873, 14,1 en 1885 y 13,7 en 1895) significa en realidad, única y exclusivamente, el fraccionamiento de las haciendas mas pequeñas.

El fenómeno que señalamos resulta aún más evidente si tomamos un fraccionamiento más pequeño de los grupos. En el prefacio a la estadística agraria danesa de 1895 (Danmarks Statistik, etc. Danmarks Jordbrug, 4-de Raekke, Nr. 9, litra C*), los autores ofrecen el siguiente cuadro de las variaciones del número de haciendas por grupos (véase el cuadro de la pág. 266. —Ed.). * Estadística de Dinamarca, etc. La agricultura danesa. Serie 4, núm. 9, letra C.- Ed.

Por lo tanto, aumenta el número de las haciendas minúsculas, que se dedican a cultivos especiales o son "haciendas" de obreros asalariados.

Conviene destacar esta conclusión, porque la "ciencia" apologista académica es proclive a considerar la disminución de la superficie media de todas las haciendas en general como el triunfo de la pequeña producción agrícola sobre la grande.

% de aumento o

disminución de 1885

de 1873 a

Haciendas con 300 y más ha + 4,2 +5,0 "          200-300 ha + 6,1 "          120-200 " + 5,2 + 5,1 "          80-120    " - 1,5 - 2,1 "          40-80      " - 2,4 - 5,0 "          20-40      " + 1,0 + 3,6 "          10-20      " + 2,8 + 6,5 "          2,5-10     " - 1,9 + 3,2 "          0,3-2,5    " + 2,1 + 17,8 "          0--0,3      " + 25,1 + 37,9

a 1895

En realidad, lo que vemos es el progreso de la agricultura en más amplia escala, la estabilidad de las dimensiones de las haciendas en todos los grupos, a excepción del más pequeño, y el fraccionamiento de estas últimas, el cual debe atribuirse a la decadencia y el empobrecimiento de la pequeña producción agrícola. La otra explicación posible, el paso de la agricultura, en el riguroso sentido de la palabra, a la ganadería, no puede aplicarse a todas las haciendas minúsculas, porque se produce, como veremos ahora, en todos los grupos. Para apreciar las dimensiones de las haciendas de los agricultores en un país como Dinamarca son mucho más importantes los datos relativos a la ganadería que los referentes a la superficie de la tierra, pues en una misma extensión puede haber haciendas de distintas dimensiones, en los casos en que la ganadería y la producción lechera se desarrollan con particular rapidez.

Como se sabe, este fenómeno es muy frecuente en Dinamarca. La "prosperidad" de la economía agropecuaria danesa depende sobre todo de los rápidos progresos en la ganadería comercial, con la consiguiente exportación a Inglaterra de productos lácteos, carne, huevos, etc. Aquí nos encontramos con la solemne declaración de Pudor, sobre que Dinamarca "debe el colosal ascenso de su producción lechera, ante todo, a la descentralización de su ganadería y hacienda pecuaria" (l. c, pág. 48; la cursiva es de Pudor). Nada tiene de extraño que Pudor —quien revela un espíritu de auténtico mercachifle en todas sus concepciones, y que, además, deja ver que no comprende en absoluto las contradicciones capitalistas— se permita tergiversar los hechos de esa manera. ¡Pero sí es muy sintomático que siga sus pasos, sin el menor sentido crítico, el pequeño burgués David, quien sólo por un malentendido puede figurar entre los socialistas!

En realidad, es precisamente Dinamarca la que nos muestra con particular relieve la concentración de la ganadería en un país capitalista. Pudor pudo llegar a la conclusión opuesta sólo a causa de su extrema ignorancia y de la desfiguración de los fragmentos estadísticos que cita en su libelo. Presenta cifras —que David repite con el mayor servilismo— sobre la división de todas las haciendas ganaderas de Dinamarca según el número de cabezas de ganado, y llega a la conclusión de que el 39,85 por ciento del total de haciendas con ganado poseen sólo de 1 a 3 cabezas; luego sigue el 29,12 por ciento con 4 a 9 cabezas, etc. Esto prueba, afirma, que la mayoría de las haciendas son "pequeñas", que hay "descentralización", etc.

En primer lugar, las cifras que ofrece son erróneas. Hay que señalarlo, porque Pudor declara con jactancia que su trabajo contiene los "últimos" datos estadísticos y, por su parte, los revisionistas "refutan el marxismo" apoyándose en los ignaros escritorzuelos burgueses. En segundo lugar —y esto es lo principal—, el método utilizado por los Pudor y los David en su argumentación es repetido con demasiada frecuencia por nuestros demócratas constitucionalistas y populistas, por lo cual merece que le prestemos atención. Conforme a este método dé razonamiento, se llegaría inevitablemente a la conclusión de que en los países capitalistas más avanzados tiene lugar la "descentralización" de la industria, ya que, siempre y en todas partes, la proporción de las empresas minúsculas y pequeñas es la máxima, en tanto que es insignificante la de las grandes empresas. Los Pudor y los David olvidan un "detalle": que la mayor parte de la producción está concentrada en un reducido número de grandes empresas.

Según el último censo, del 15 de julio de 1898, la distribución efectiva de todo el ganado bovino en Dinamarca era la siguiente*: * Danmarks Statistik. Statistik Tabelvaerk. Femte Raekke, litra C, N 2, Kreaturholdet d. 15 juli 1898. Kobenhavn, 1901 (Estadística de Dinamarca. Tablas estadísticas. Serie 5, letra C, núm. 2. La ganadería en el 15 de julio de 1898. Copenhague, 1901. —Ed.).

Cabezas de

Haciendas %

ganado

%

bovino

Con   1 cabeza de ganado bovino

18.376 10,2 18.376 1,0

"           2    cabezas 27.394 15,2 54.788 3,1 "           3        " 22.522 12,5 67.566 3,9 "       4—5       " 27.561 15,2 121.721 7,0 "       6—9       " 26.022 14,4 188.533 10,8 "    10— 14      " 20.375 11,3 242.690 13,9 "    15— 29      " 30.460 16,9 615,507 35,3 "    30— 49      " 5.650 3,1 202.683 11,6 "    50— 99      " 1.498 0,8 99.131 5,7 "    100—199    " 0,3 81.417 4,7 "    200 y más " 0,1 52.385 3,0 Total 180.641 100,0 1.744.797 100,0

Por estos datos vemos el papel que en el conjunto de la ganadería danesa desempeñan las numerosas haciendas pequeñas y las pocas grandes haciendas, así como la famosa "descentralización" de la producción en el "país ideal". Las pequeñas haciendas, con I a 3 cabezas de ganado bovino, suman 68.292, lo que representa el 37,9 por ciento del total, y poseen 140.730 cabezas de ganado bovino, o sea, sólo el 8 por ciento de todas las existentes; casi el mismo número, 133.802 cabezas, o el 7,7 por ciento, pertenecen a 783 grandes propietarios, que constituyen el 0,4 por ciento del total de ganaderos. Los primeros poseen, por término medio, poco más de dos cabezas de ganado bovino, es decir, una cantidad a todas luces insuficiente, con la cual sólo a expensas de la propia alimentación se puede sacar adelante una ganadería comercial y vender leche, carne y derivados (recordemos el hecho notorio: venden mantequilla y compran margarina, que es más barata, para el consumo propio, etc.). Los segundos tienen, por término medio, 171 cabezas de ganado bovino. Se trata de grandes granjeros capitalistas, de "fabricantes" de leche y carne, de "líderes" del progreso técnico y de todo tipo de asociaciones agrícolas, que tanto entusiasman a los pequeños burgueses que exaltan la "paz social".

Si sumamos los pequeños dueños de haciendas a los medianos, obtendremos el total de propietarios con 1 a 9 cabezas de ganado, o sea, 121.875, o dos terceras partes (67,5 por ciento) del total de propietarios, con 450.984 bovinos, es decir, la cuarta parte (25,8 por ciento) del total de cabezas de ganado. Casi el mismo número, o más exactamente 435.616 cabezas (25 por ciento), poseen los ganaderos con 30 y más cabezas de ganado, con la particularidad de que éstos son 7.931, o sea, el 4,3 por ciento del total de ganaderos. ¡Bonita "descentralización"!

Reuniendo los pequeños sectores en que está dividida la estadística danesa, para formar tres grandes grupos, resulta:

Prom

Número

Cabezas de

edio

de haciendas

%

ganado

%

por hacie

bovino

nda Haciendas con 1 a 3 cabezas de ganado bovino 68.292 37,9 140.730 8,0 2,1

Haciendas con 4 a 9 cabezas de ganado bovino 53.583 29,6 3M.2&4 17,8 5,8

Haciendas con 10 y más cabezas de ganado bovino 58.766 32,5 1.293.813 74,2 22,0

Total 180.641 1.744.797 9,7 Así pues, tres cuartas partes de la economía pecuaria de Dinamarca están concentradas en manos de 58.766 ganaderos, o sea, menos de un tercio del total. Este tercio es el que se queda con la parte leonina de las ventajas de toda la "prosperidad" del capitalismo en la agricultura danesa.

Pero se debe tener en cuenta que esta elevada proporción de campesinos acomodados y capitalistas ricos (el 32,5 por ciento, o sea, casi una tercera parte) se obtiene en virtud de un cálculo artificial, del que son excluidos todos los agricultores sin ganado. En realidad, la proporción es muy inferior. Como hemos visto, el censo de 1895 fija en 265.982 el total de agricultores, mientras que el censo ganadero del 15 de julio de 1898 eleva a 278.673 la cifra total de dueños de haciendas. En relación con esta cifra efectiva del total de agricultores, los 58.766 ricos y acomodados representan sólo el 21,1 por ciento, es decir, sólo una quinta parte. Mientras los "dueños de haciendas" sin tierra constituyen el 12,4 por ciento del total existente en Dinamarca (en 1895 sumaban 32.946, de un total de 265.982), los agricultores sin ganado* componen el 35,1 por ciento del total de agricultores de Dinamarca, o sea, más de una tercera parte (en 1898 sumaban 98.032 de un total de 278.673). Por lo expuesto podemos juzgar de la calidad del "socialismo" de los señores David, quienes no reparan en que la prosperidad capitalista de la agricultura danesa se basa en la proletarización masiva de la población rural, en la privación de los medios de producción a la mayoría de los "dueños de haciendas". * Más exactamente, sin ganado bovino, pues, por desgracia, la estadística danesa no da la cifra de los agricultores que no tienen ningún tipo de ganado. Por esa estadística sólo nos enteramos del número de propietarios de cada tipo de ganado. Pero el bovino es, sin duda alguna, la base principal de la economía pecuaria de Dinamarca.

Veamos ahora los datos que nos ofrece la estadística de conjunto de la economía agropecuaria de Dinamarca. El censo del 15 de julio de 1898 contiene informes detallados acerca de la cantidad de ganado en los distintos grupos de dueños de haciendas que poseen distintas superficies de tierra. La estadística danesa establece un número particularmente elevado de tales grupos (en total 14: sin tierra; con hasta 1/32 de hartkorn; con 1/32 a 1/16; con 1/16 a 1/8; con 1/8 a 1/4; 1/4 a ½   ; ½ a 1; 1 a 2; 2 a

4; 4 a 8; 8 a 12; 12 a 20; 20 a 30, y 30 o más), pero nosotros los reunimos en los seis grandes grupos que ya hemos formado (véase el cuadro de las págs. 272-273.-Ed.).

Estos datos nos muestran ante todo el alto grado de concentración de toda la ganadería en Dinamarca. Los grandes propietarios capitalistas, con más de 40 hectáreas, representan sólo la décima parte del total de agricultores (10,7 por ciento), siendo dueños a la vez de más de tres quintas partes de la superficie de la tierra (el 62,6 por ciento) y de casi la mitad del ganado: el 45,6 por ciento del total de caballos, el 48,4 de todo el ganado bovino, el 32,7 de todas las ovejas y el 44,6 del total de cerdos.

Si agregamos a estos agricultores capitalistas los campesinos acomodados, es decir, los que tienen de 10 a 40 hectáreas, obtendremos algo más de una cuarta parte del total de agricultores (el 27 por ciento), que concentra en sus manos nueve décimas partes de toda la tierra, tres cuartas— partes del total de caballos, cuatro quintas partes del ganado bovino, siete décimas partes de todos los cerdos y casi la mitad de las aves de corral. La enorme mayoría de los "dueños de haciendas" —casi tres cuartas partes del total (73 por ciento)— poseen cada uno menos de 10 hectáreas, constituyen en su conjunto una masa proletarizada y semiproletarizada y desempeñan un papel insignificante en la producción agropecuaria global del país.

En lo que respecta a la distribución de los distintos tipos de ganado, merecen especial atención la cría de ovejas y la de cerdos. La primera figura entre las ramas de la ganadería que se hallan en decadencia, y que hoy son desventajosas para la mayoría de los países europeos debido a las condiciones imperantes en el mercado, a causa de la competencia de los países de ultramar. Las condiciones en el mercado internacional exigen que la cría de ovejas sea sustituida por otras ramas de la ganadería. La cría de cerdos, por el contrario, figura entre las ramas más ventajosas y en rápido desarrollo de la ganadería europea destinada al sacrificio. La estadística nos dice que también en Dinamarca va a menos la cría de ovejas y aumenta con particular rapidez la cría de cerdos. Entre 1861 y 1898, el ganado ovino descendió de 1.700.000 cabezas a 1,100.000. El número de bovinos se elevó de 1.100.000 a 1.700.000; el de cerdos casi se cuadruplicó: de 300.000 cabezas subió a 1.200.000.

La agricultura y la ganadería en Dinamarca según

Número

% Hectáreas

Grupos de haciendas

de haciendas

de tierra % Caballos % Vacas

Sin tierra 13.435 4,8 — — 1.970 0,5 3.707 Con una superficie desconocida 45.896 16,5 ? ? 2B.909 6,4 28.072

Con menos de 2,5 ha 80.582 28,9 55.272 1.5 24.540 5,5 66.171 Con    2,5-10 63.420 22,8 323.430 8,9 54.900 12,2 175.182 "      10-40 95.519 16,3 984.983 27,0 133.793 29,8 303.244 "     40-120 27.620 9,9 1.692.285 46,4 168.410 37,5 36I.66S "  120 y más " 2.201 0,8 588.316 16,2 36.807 8,1 129.220 Total 278.673 3.644.288 449.329 1,067.265 Nota. Los datos correspondientes a 1898 no coinciden con los de 1895 en lo relativo a la división de las haciendas según la cantidad de tierra, Esto puede obedecer a los cambios ocurridos durante ese tiempo y a que los métodos utilizados para reunir los datos hayan podido ser algo distintos. Pero la correlación entre los diferentes grupos sigue siendo la misma.

Pues bien, si se compara la distribución de las ovejas y de los cerdos en las pequeñas y las grandes haciendas, aparece claramente que las primeras aplican los métodos más rutinarios, se adaptan menos a las exigencias del mercado y demuestran gran lentitud para restructurar su economía de acuerdo con las nuevas condiciones. En las grandes haciendas capitalistas (de 40 a 120 hectáreas, y con 120 hectáreas y más), se redujo considerablemente la desventajosa cría de ovejas (el 28,9 y el 3,8 por ciento de ovejas, contra el 33-37 y el 8-12 por ciento de otros tipos de ganado). La adaptación de las pequeñas haciendas fue menor, pues en ellas predomina aún la cría de ovejas; por ejemplo, las haciendas con menos de 2,5 hectáreas tienen el 9,3 por ciento del total de ovejas, contra el 6-5 por ciento de otros tipos de ganado. Poseen el 8,1 por ciento de todos los cerdos, o sea, una proporción menor que la de ovejas. Los capitalistas, en cambio, tienen el 35 por ciento y el 9,6 por ciento, respectivamente, o sea, una proporción mayor de cerdos que de ovejas.

el censo del 15 de julio de 1898

% Total de gan bovino

% Ovejas % Cerda % Ava de corral %

0,3 4.633 0,3 8.943 0,8 8.865 0,8 220.147 2.5 2,6 42.150 2.4 42.987 4,0 42.699 3,7 780.585

6,2 88.720 5,1 99.705 9,3 94.656 8,1 1.649.452 13,8

16,4 247.618 14,2 187.460 17,5 191.291 16,4 I.B71.242 21.4

28,5 515.832 29,6 383.950 35,7 303.863 26.4 1.957.726 22,3

33,9 639.563 36.6 310.686 28,9 409.294 35,0 1.996.595 22,8

12,1 206.281 11,8 40.682 3,8 112.825 9,6 289.155 3,3

1.744.797 1.074.413 1.168.493 8.766.902

El censo de 1895 tiene en cuenta, además de las 3.645.750 hectáreas de tierra clasificadas, hectáreas no clasificadas. El grupo de haciendas "con una superficie desconocida" (1898) comprende en lo fundamental haciendas de los grupos inferiores, como lo evidencia la cantidad de ganado.

La agricultura capitalista puede adaptarse mucho mejor a las exigencias del' mercado internacional. En cuanto al campesino, también hoy pueden aplicársele las palabras de Marx: el campesino se convierte en comerciante e industrial sin tener las condiciones en las cuales se puede ser un verdadero comerciante y un verdadero industrial117. El mercado impone a cualquier agricultor, como condición ineludible, que se someta a las nuevas circunstancias y se avenga pronto a ellas. Pero sin capital, esa rápida adaptación es imposible. Por ello, en el capitalismo la pequeña hacienda está condenada irremisiblemente a la máxima rutina y atraso y a la mínima adaptación al mercado.

Para que se tenga una idea más concreta de la verdadera fisonomía económica de esta masa de indigentes y de la pequeña minoría acomodada, aportaremos los datos relativos al promedio de tierra y ganado en las haciendas de los distintos grupos. Es natural que la economía política burguesa (y los señores revisionistas) oculte las contradicciones del capitalismo; la economía política socialista tiene el deber de explicar la diferencia, en tipos de haciendas y en nivel de vida, entre los prósperos agricultores capitalistas y los pequeños agricultores indigentes.

117 Véase C.. Marx. El Capital, t: III (C. Marx y F. Engels. Obras, t. 25, parte II, pág. 377).

Corresponde, por termino medio, a una hacienda

ganado bovino

Aves de corral

Hectáreas

Caballos

Total de

Cerdos

Ovejas

Vacas

Grupos de haciendas

Sin tierra — 0,1 0,3 0,3 0,7 0,7 16,4 Con una superficie desconocida

? 0,6 0,6 0,9 0,9 0,9 17,0

Con menos de 2,5 ha 0,6 0,3 0,8 1,1 1,2 1,2 20,4 2,5-10 5,1 0,9 2,7 3,9 2,9 3,0 29,5 10-40 21,6 2,9 6,6 11,3 8,4 6,8 43,0 40-120 61,3 6,1 13,8 23,1 11,2 14,9 72,4 120 y más 267,3 16,7 58,7 93,7 18,5 51,2 131,3 Promedio 13,1 1,6 3,8 6,3 3,9 4,2 31,5 Estos datos muestran con evidencia que los tres grupos inferiores, que constituyen la mitad del total de haciendas, están integrados por campesinos pobres. Predominan los "dueños" de haciendas que carecen de caballos y de vacas. Sólo en el grupo con menos de 2,5 hectáreas corresponde por hacienda una cabeza entera de ganado bovino, ovino y porcino. Es evidente que no cabe pensar siquiera que esta mitad del total de haciendas pueda obtener beneficios de la ganadería destinada a la producción de leche y carne. Para esta mitad, la prosperidad de la agricultura danesa es sinónimo de supeditación a los grandes agricultores, de necesidad de buscar "ingresos auxiliares", lo que implica vender en una u otra forma su propia fuerza de trabajo, de vivir eternamente en la miseria y con la hacienda semiarruinada.

Por supuesto, esta conclusión es válida sólo en lo que se refiere al conjunto de 'estas haciendas pobres. Sobre la base de la estadística agrícola alemana, francesa y rusa, hemos señalado ya que entre los agricultores que poseen una pequeña extensión de tierra hay grandes ganaderos, cultivadores de tabaco, etc. La diferenciación es más profunda de lo que permiten suponer los datos de la estadística danesa. Mas esta diferenciación, al destacar en cada grupo una minoría insignificante de haciendas con cultivos especiales, no hace más que aumentar la miseria y las necesidades de la mayoría de los agricultores pertenecientes a los grupos pobres.

Por los datos expuestos vemos, además, que tampoco se puede calificar de más o menos acomodada y firmemente asentada en el aspecto económico la situación en que se halla el grupo de pequeños campesinos con 2,5 a 10 hectáreas. Recordemos que este grupo abarca 63.000 haciendas, es decir, el 22,8 por ciento del total, y que a cada una le corresponden, por término medio, 0,9 caballos. Los que carecen de caballos probablemente utilizan vacas como tracción animal, con lo que empeoran las condiciones de la agricultura (roturación menos profunda) y de la ganadería (debilitamiento del ganado vacuno). El promedio de vacas por hacienda es de 2,7. Aunque se reduzca la cantidad de leche y carne que consume la familia del agricultor —lo cual constituye un indicio directo de la más amarga necesidad—, con ese número de vacas sólo se pueden vender muy pocos productos. La participación de estas haciendas —con 2,7 vacas y 3,0 cerdos cada una, por término medio— en la "prosperidad" de la venta "nacional" de leche y carne a Inglaterra, tiene que ser forzosamente ínfima. Con haciendas de estas proporciones, la comercialización de la agricultura y la ganadería significa que la familia se priva de una parte de los

productos esenciales, que su alimentación empeora, aumentan sus necesidades, y, como las ventas se efectúan en pequeñas partidas, es decir, en la forma más desventajosa, no puede disponer de un fondo para los gastos de emergencia. Por consiguiente, en las condiciones que actualmente imperan en los países capitalistas, la economía natural del pequeño campesino sólo puede vegetar e ir declinando en una agonía dolorosa, pero en ningún caso prosperar. El "truco" de la economía política burguesa y revisionista consiste en que no se estudian especialmente las condiciones en que se encuentra el tipo de las pequeñas haciendas situadas por debajo del tipo "medio" (el agricultor danés "medio" posee 1,6 caballos y 3,8 vacas), que representan la inmensa mayoría de la totalidad de haciendas.

Además de que no se estudia en particular este tipo de haciendas, se pasa en silencio sobre él, al amparo de datos referidos exclusivamente a las cifras "medias", al aumento general de la "producción" y de la "venta", y se calla el hecho de que sólo los agricultores acomodados, que constituyen una pequeña minoría, pueden dar salida ventajosa a sus productos.

Únicamente en los agricultores que tienen de 10 a 40 hectáreas vemos la cantidad de ganado que hace posible la "prosperidad". Pero estas haciendas sólo representan un 16 por ciento del total. Y aun es dudoso que, poseyendo por término medio 21,6 hectáreas de tierra, puedan prescindir por completo del trabajo asalariado. Dado el carácter altamente intensivo de la agricultura danesa, es muy probable que las empresas de esa magnitud no puedan valerse sin la labor de braceros o jornaleros. Por desgracia, las estadísticas danesas y la mayoría de los que escriben sobre la agricultura de Dinamarca mantienen un punto de vista completamente burgués y no investigan el problema del trabajo asalariado, cuáles son las dimensiones de las haciendas que requieren su empleo, etc. Por el censo danés de oficios de 1901, sólo nos enteramos de que en el grupo de los "jornaleros" y otros asalariados figuran 60.000 hombres y 56.000 mujeres, es decir, 116.000 de los 972.000 habitantes del campo que aparecen clasificados por su situación en la producción. No disponemos de datos que nos permitan determinar si estas decenas de miles de obreros asalariados (además de los cuales hay pequeños campesinos que trabajan a jornal en "ocupaciones auxiliares") son contratados tan sólo por los 30.000 grandes agricultores capitalistas (27.620 con 40 a 120 hectáreas y 2.201 con más de 120 hectáreas) o si también, en parte, trabajan para los campesinos acomodados, que poseen de 10 a 40 hectáreas.

Poco es lo que se puede añadir a lo dicho sobre los dos grupos superiores, los "30.000" de arriba de la agricultura demesa: el carácter capitalista de su agricultura y ganadería aparece claramente ilustrado en las cifras ya citadas al principio.

Finalmente, los últimos datos que la estadística agrícola danesa aborda y analiza en parte y que ofrecen un interés general, se refieren al problema de si la ganadería se descentraliza o se concentra a la par que se desarrolla esta base principal de la "prosperidad" de nuestro "país ideal". La estadística de 1898, ya mencionada, aporta datos comparativos, de extraordinario interés, con el año 1893, y en lo tocante a uno de los tipos de ganado —verdad es que el principal—, o sea, a todo el ganado bovino, también podemos hacer una comparación entre los datos de 1876 y 1898.

De todas las ramas de la ganadería, la cría de ganado porcino fue la que más progresó en Dinamarca durante el período comprendido entre 1893 y 1898. En este lapso, el número de cerdos se elevó de 829.000 a 1.168.000, o sea, en un 40 por ciento, mientras que el de caballos sólo aumentó de 410.000 a 449.000, el de cabezas de ganado bovino pasó de 1.696.000 a 1.744.000 y el de ovejas disminuyó. ¿Quién se benefició principalmente con este gigantesco progreso de los agricultores daneses, agrupados en innumerables cooperativas? Los autores de la estadística de 1898 contestan a esta pregunta al comparar los datos correspondientes a los años 1893 y 1898. Los propietarios de cerdos están divididos en cuatro grupos: grandes haciendas, con 50 y más porcinos; haciendas semigrandes, con 15 a 49; haciendas semipequeñas, con 4 a 14, y pequeñas haciendas, con 1 a 3. De acuerdo con esta clasificación, los autores de la estadística dan los siguientes datos (véase el cuadro de la pág. 278. —Ed.).

Estos datos nos muestran con claridad un proceso de rápida concentración de la ganadería. Cuanto más grandes son las haciendas, tanto mayor es la ventaja que obtienen del "progreso" de la ganadería.

Aumento o disminución

Distribución

del número de cerdos (en

en % del número de

%) Número de Número de

Grupos de haciendas

Haciendas

Haciendas

Haciendas

Cerdos

Cerdos

Cerdos

Con 50 y más cabezas 79.230 1.487 135.999 76,2 71.7 9,6 11,6 " 15-49 20.602 350.277 30.652 554.979 48,2 56,4 42,3 47,5 " 4-14 38.357 211.668 50.668 282,642 32,1 33,4 25,5 24,2 " 1-3 108.620 187.756 108,544 194,873 0,3 3,8 22,6 16,7 Total 166.623 829.131 191.551 1.168.493 13,6 40,9 En las grandes fincas el aumento del ganado fue de un 71,7 por ciento; en las semigrandes, de un 58,4 por ciento; en las semipequeñas, de un 33,4 por ciento, y en las pequeñas, tan sólo de un 3,8 por ciento. El incremento de riqueza corresponde en su mayor parte a la reducida minoría de "los de arriba". El aumento total del número de cerdos en cinco años fue de 339.000 cabezas, de las cuales 261.000, .o sea, más de tres cuartas partes, corresponden a las haciendas grandes y semigrandes, que en conjunto suman 32.000 (¡de un total de 266.000 a 277.000!). En la ganadería de este tipo la pequeña producción es desplazada por la grande: en cinco años aumentó la parte correspondiente a las grandes haciendas (del 9,6 al 11,6 por ciento) y de las semigrandes (del 42,3 al 47,5 por ciento), y disminuyó la de las semipequeñas (del 25,5 al 24,2 por ciento) y más aún la de las pequeñas (del 22,6 al 16,7 por ciento).

Si en lugar de la estadística ordinaria de superficies se pudiese obtener una estadística de la economía agrícola que tradujera las proporciones de la producción con la misma exactitud con que el número de cabezas de ganado expresa* las proporciones de la economía ganadera, no cabe duda de que también aquí podríamos apreciar el proceso de concentración, que niegan los profesores burgueses y los oportunistas. * Más arriba mostramos, según los datos de Drechsler, que el ganado tiene más peso en las grandes fincas. Por consiguiente, también en este caso la estadística global atenúa la concentración.

Todavía es mayor el interés que ofrecen los datos sobre el total de cabezas de ganado bovino, con la particularidad de que podemos completar la comparación que los autores de la estadística de 1898 establecen entre los años 1893 y 1898, añadiendo los datos del censo del 17 de julio de 1876 (Danmarks Statistik. Statistik Tabelvaerk, 4-de Raekke, litra C. Nr. 1. Kreaturholdet d. 17 juli 1876. Kobenhavn, 1878*). He aquí los datos respectivos de estos tres años (véase el cuadro de la pág. 280.-Ed.). * Estadística de Dinamarca. Tablas estadísticas. Serie 4, letra C, núm. 1. La ganadería en el 17 de julio de 1876. Copenhague, 1878. —Ed.

Estos datos, que se refieren a un período más largo y a un tipo más importante de ganado, nos muestran, con la misma evidencia que los anteriores, el proceso de la concentración capitalista. El incremento de la economía pecuaria de Dinamarca, el desarrollo de la ganadería, es un progreso casi exclusivo de las grandes haciendas capitalistas. De 1876 a 1898, el ascenso de la ganadería representó en total un aumento de 424.000 cabezas, de las cuales 76.000 corresponden a las explotaciones con 50 y más cabezas de ganado, y 303.000 a las que poseen de 15 a 49, es decir, que estas 38.000 haciendas de los grupos superiores alcanzaron un aumento de 379.000 cabezas, lo que representa casi 9/10 partes del aumento global. No cabe imaginar un cuadro más elocuente de la concentración capitalista.

El total de haciendas con ganado bovino se elevó de 1876 a 1898 en 12.645 (de 167.996 a 180.641), es decir, en un 7,5 por ciento, mientras que en el período comprendido entre 1880 y 1901 (o sea, en un lapso algo más breve) la población de Dinamarca pasó de 1.969.039 habitantes a 2.449.540**, lo que representa un aumento del 24,4 por ciento. Es evidente que el número relativo de "poseedores", esto es, de los que tienen ganado, se ha reducido. ** La población urbana constituía en 1880 el 28 por ciento, y en 1901, el 38 por ciento.

Aumento o disminución

Distribución de las

en %

cabezas de ganado bovino en

% Número de Número de Número de De 1876 a

De 1893 a

Nº de Nº de

Grupos de

ganado bovino

ganado bovino

ganado bovino

Cabezas de

Cabezas de

Cabezas de

Haciendas

Haciendas

Haciendas

ganado bovino

ganado bovino

haciendas

Cabezas de

Cabezas de

Hacienda

Hacienda

Con 50 y

más cabezas

1.634 156.728 2.209 221.667 2.281 232.933 35,2 41,4 3,3 5,1 11,8 13,0 13,4

"   15-49  " 24.096 514.678 35.200 793.474 36.110 818.190 46,1 54.1 2,6 3,1 39,0 46,8 46,8 "   4-14  " 64.110 504.193 72.173 539.301 73.958 552.944 12,5 6,9 2,5 2,5 38,2 31,8 31,7

"   1-3    "        78.156 144.930 70.218 141.748 68.292 140.730 10,2 2,2 2,7 0,7 11,0 8,4 8,1 Total 167.996 1.320.529 179.800 1.696.190 180.641 1.744.797 7,0 28,4 0,5 2,9

La menor parte de la población pertenece a la categoría de los propietarios. El número de los más modestos (con 1 a 3 cabezas de ganado) experimenta un continuo descenso absoluto. El de los semipequeños (con 4 a 14 cabezas) aumenta con suma lentitud (+ 12,5 por ciento de 1876 a 1893, y + 2,5, por ciento de 1893 a 1898) y va a la zaga del crecimiento de la población. Sólo en la gran ganadería capitalista se observa un efectivo y rápido incremento, con la circunstancia de que,

de 1876 a 1893, las haciendas semigrandes aumentan en número a ritmo más acelerado que las grandes, en tanto que de 1893 a 1898, las más grandes son las que más avanzan.

Basándonos en los datos de 1876 y 1898, si tomamos la categoría máxima de haciendas, la de los propietarios de 200 y más cabezas de ganado bovino, veremos que en 1876 su número era de 79 (el 0,05 por ciento del total de ganaderos), con 18.970 bovinos (el 1,4 por ciento del total de cabezas de ganado bovino), mientras que en 1898 ese número aumenta a más del doble: 195 (o el 0,1 por ciento del total), y poseen en conjunto 52.385 bovinos (el 3,0 por ciento del total). El número de los propietarios más grandes se ha duplicado con creces, y casi se ha triplicado su producción.

El desplazamiento de la pequeña producción por la grande es constante de 1876 a 1898. La proporción de las pequeñas haciendas disminuye sin cesar: del 11,0 por ciento en 1876 al 8,4 por ciento en 1893 y al 8,1 por ciento en 1898. También se reduce de continuo, aunque con más lentitud (38,2-31,8-31,7 por ciento), la proporción de las haciendas medianas. En cuanto a las semigrandes, su proporción aumentó de 1876 a 1893, pasando del 39,0 al 46,8 por ciento, pero de 1893 a 1898 se mantiene al mismo nivel. Sólo las más grandes haciendas experimentaron un aumento ininterrumpido, desplazando a todos los demás grupos (11,8-13,0-13,4).

A medida que las condiciones para la economía pecuaria se vuelven más favorables, el desarrollo y el progreso de la ganadería comercial son más rápidos y se intensifica el proceso de concentración capitalista. Por ejemplo, en la región de Copenhague, que en 1880 contaba con 234.000 habitantes, y con 378.000 en 1901, la venta de carne, leche y sus derivados estaba, por supuesto, mejor asegurada. Los agricultores de esta región tenían más ganado bovino que los demás agricultores de Dinamarca, tanto en 1876 como en 1898: respectivamente poseían, por término medio, 8,5 y 11,6 cabezas, cuando el promedio de todo el país en esos mismos años fue de 7,9 y 9,7. También en esta región, que es la que ofrece condiciones más favorables para el desarrollo de la ganadería, vemos que el proceso de concentración se produce con la máxima intensidad.

He aquí los datos de esta región, correspondientes a los años 1876 y 1898, segúnlos grupos establecidos más arriba:

Número de Número de

Cabezas

Cabezas

Hacie

de ganado

Hacie

de ganado

ndas

ndas

bovino Con 50 y más cabezas 4.488 9.059

bovino

"  15-49 1.045 22.119 1.545 35.579 "  4-14 2.011 16.896 1.900 14.559 "  1-3 2.514 4.468 1.890 3.767 Total 5.614 47.971 5.421 62.964 ¡En 22 años disminuyó incluso el número absoluto de propietarios en esta región! La riqueza ganadera se concentró en un número más reducido de propietarios. Al cabo de 22 años, los agricultores pequeños y medianos disminuyen en número, y poseen menos cabezas de ganado. Las haciendas semigrandes aumentaron su ganado en un

50 por ciento (de 22;000 a 35.000 cabezas). En las grandes, éste se duplica con creces. Entre los grandes agricultores con 200 y más bovinos, en 1876 había dos que tenían 437 bovinos, y en 1898, 10, con 2.896.

Los esfuerzos de todos los Pudor, David y demás lacayos voluntarios e involuntarios del capital por mejorar las condiciones de venta, impulsar el agrupamiento de» los agricultores en asociaciones y fomentar el progreso técnico de la ganadería y de la agricultura pueden dar un solo resultado: que en todo el país y en todas las ramas de''la agricultura se produzca cuanto antes una situación análoga a la existente en la región de Copenhague, es decir, que la producción siga concentrándose con extraordinaria rapidez en manos de los capitalistas, que la población vaya siendo expropiada y se proletarice, que disminuya el número de propietarios con respecto a la población total, que aumente la proporción de los que el capitalismo desarraiga del campo para hacerlos ir a la ciudad, etc.

En resumen: el "país ideal" desde el punto de vista de los adversarios del marxismo en el problema agrario nos muestra con la máxima nitidez (pese al nivel todavía bajo y a la insuficiente elaboración de las estadísticas económico-sociales) la estructura agraria capitalista, las acusadas contradicciones capitalistas en la agricultura y la ganadería, la creciente concentración de la producción agrícola, el desplazamiento de la pequeña producción por la grande, la proletarización y la miseria de la inmensa mayoría de la población rural.