¡Muy estimado camarada! Así que, por lo visto, no conseguiremos vernos: no pensamos ir ni a Maguncia ni a París, y mañana mismo partimos de aquí⁴⁰. Es una verdadera lástima, pero hay que resignarse y limitarse a conversar por carta.

En primer lugar, me apresuro a introducir una corrección a una observación de su primera carta, corrección que le rogaría transmitiera también a quien le habló de mi supuesta «promesa de entrevistarme». Eso no es cierto. Yo no prometí ninguna entrevista, sino que dije que nos pondríamos en contacto oficialmente (es decir, en nombre de nuestro grupo⁴¹) con la Unión* cuando estuviéramos en el extranjero, si para ello surgía la necesidad. En vano G. olvidó esta condición, y también olvidó añadirle que yo hablé con él a título personal y que, por consiguiente, no podía prometer nada con certeza, prejuzgando así la decisión de nuestro grupo. Cuando aquí escuchamos a la otra parte** y nos enteramos del congreso y de la escisión, vimos que ya no había necesidad de un contacto oficial. Eso es todo. Por consiguiente, la Unión no tiene absolutamente ningún derecho a «hacerme reclamaciones», y yo sí reclamo que G. haya hablado de nuestra conversación a personas ajenas, aunque formalmente me prometió que, hasta que nuestro grupo contactara con la Unión, no lo comunicaría a nadie, salvo a la persona arrestada. Ya que usted me ha transmitido su reclamación, espero que no se niegue, estando en París, a transmitirle a él esta reclamación mía. Si «el rumor se extiende de un modo terriblemente amplio»***, el culpable de ello es precisamente G.****.

* «Unión de los socialdemócratas rusos en el extranjero». Red.
** Se refiere al grupo «Emancipación del Trabajo». Red.
*** Se alude a la preparación de la edición del periódico «Iskra». Red.
**** En segundo lugar, otra pequeña digresión sobre la cuestión de fondo: yo escuché tanto a G., a quien vi varios días, como a la otra parte. Usted, en cambio, ha escuchado a los unionistas y nada más; no ha escuchado a representantes suficientemente influyentes y autorizados de la otra parte. Por eso me parece que la regla «audiatur et altera pars» («hay que escuchar también a la otra parte». Red.) ha sido vulnerada más bien por usted.

Pasemos ahora al fondo del asunto. La fusión es imposible. La federación también es imposible, si entendemos esta palabra en su verdadero sentido, es decir, un cierto acuerdo, un convenio, obligaciones mutuas, etc. La «aspiración a prestarse mutuamente toda la ayuda posible» no está, creo yo, ligada a una federación; eso es posible sin ella, y es posible en general, aunque no sé si será fácil de realizar. Si la Unión deseara esto sinceramente, difícilmente nos habría planteado desde el principio ultimátums y amenazado con el boicot (pues tal fue precisamente el sentido de las palabras del portador de su carta): esto no puede servir para mejorar las relaciones.

Nosotros constituimos un grupo literario independiente. Queremos seguir siendo independientes. No consideramos posible llevar la causa adelante sin fuerzas como Plejánov y el grupo «Emancipación del Trabajo», pero de ahí nadie tiene derecho a concluir que perdamos ni una sola partícula de nuestra independencia. Esto es todo lo que podemos decir ahora a las personas que ante todo desean saber cuál es nuestra actitud hacia el grupo «Emancipación del Trabajo». A quien no se satisfaga con esto, no tenemos nada que decirle, salvo: júzguennos por nuestros actos, si no creen en nuestras palabras. Y si ya no se trata del momento presente, sino de un futuro más o menos cercano, entonces, por supuesto, no nos negaremos a comunicar a las personas con las que tengamos relaciones estrechas datos más detallados sobre la forma de relaciones entre nosotros y el grupo «Emancipación del Trabajo».

Preguntará usted: ¿cuáles serán entonces nuestras relaciones con la Unión? Por ahora no habrá ninguna, no la habrá porque nuestra decisión invariable es seguir siendo un grupo independiente y gozar de la colaboración más estrecha del grupo «Emancipación del Trabajo», y esta decisión suscita la desconfianza de la Unión, que teme que no sepamos defender nuestra plena independencia, que caigamos en un tono de polémica «imposible» (expresión suya).

Si nuestra actividad disipa esa desconfianza de la Unión, entonces podrán establecerse buenas relaciones entre nosotros; si no, no. Voilà tout*. Escribe usted: «las miradas de la Unión

* — Eso es todo. Red.