27/IV 99 [Shúshenskoe]

Me alegré mucho, A[leksandr] Nikoláievich], de su carta del 27/III, que interrumpió por fin su largo y obstinado silencio. En efecto, se han acumulado muchísimos temas de conversación, y no es posible aquí hablar con detalle, sobre todo de temas de carácter literario. Y ahora, además, la revista¹: sin conversar con los colegas, uno se siente demasiado desconectado para escribir. Aquí, solamente Yuli² se toma todo esto plenamente a pecho y de forma activa, pero las malditas «grandes distancias» impiden charlar con él con suficiente detalle.

Empezaré por lo que ahora más me interesa y preocupa: los artículos de Bulgákov en los números 1, 2 y 3 de *Nachalo*³. Al leer su opinión sobre él, me alegré indeciblemente de haber encontrado simpatía en lo más esencial; tanto más me alegré cuanto que, por parte de la redacción, al parecer, no cabe esperar demasiada simpatía... Si a usted el artículo de B[ulgáko]v le produjo una impresión «repulsiva» y «lastimosa», a mí me llevó directamente a la exasperación. Hasta ahora, por más que he leído y releído a B[ulgáko]v, no puedo en absoluto comprender cómo pudo escribir un artículo tan completamente disparatado y de un tono imposiblemente indecente, y cómo la redacción consideró posible no deslindarse, al menos con una sola observación, de la solidaridad con semejante «demolición» de Kautsky. Yo, al igual que usted, «estoy seguro de que el público está completamente (¡justamente!) desconcertado y perplejo». Y, en efecto, ¿cómo no va a estarlo, cuando se le declara, en nombre de la «ciencia moderna» (núm. 3, pág. 34)⁴, que en Kautsky todo es falso, arbitrario, un milagro social, «igualmente escaso en verdadera agronomía y en verdadera economía» (núm. 1-2), etc., y además a K[auts]ky no se le expone, sino que se le tergiversa directamente, y de los propios puntos de vista de B[ulgáko]v no se ve un sistema mínimamente articulado? Si un hombre tuviese un mínimo de sentido de partido, de conciencia de la responsabilidad ante todos los Genossen⁵ y ante todo su programa y su actividad práctica, no se decidiría a arremeter de forma tan propia de un jinete («a lanzar ataques», según su acertada expresión), sin ofrecer nada él mismo, sino solo prometiendo… ¡un trabajo erudito sobre «Ostelbia»! Él se siente, evidentemente, libre de todo deber y responsabilidad de camarada, «libre» e individual representante de la ciencia profesoral. No olvido, claro está, que bajo las condiciones rusas no se puede exigir de una revista que admita solo a Genossen y excluya a los demás, pero una revista como *Nachalo* no es, a fin de cuentas, un almanaque que admite el marxismo propiamente por moda (a la⁶ *Mir Bozhi*, *Naúchnoe Obozrenie*, etc.)⁷, sino un órgano de una corriente. Por eso, para tal revista sería obligatorio imponer un cierto freno a los jinetes eruditos y a todos los «ajenos» en general. El enorme éxito de *Nóvoe Slovo*⁸ se explica únicamente porque la redacción lo condujo precisamente como órgano de una corriente, y no como un almanaque.

Leí el libro de K[auts]ky ya antes de que apareciera el artículo de B[ulgáko]v y no encontré en este último ni una sola objeción sensata contra K[auts]ky, pero sí una masa de tergiversaciones de las ideas y tesis de K[auts]ky. Por ejemplo, ¿qué tontería es esa afirmación de B[ulgáko]v de que K[auts]ky confunde la técnica y la economía, de que demuestra la «ruina de la agricultura» (núm. 3, pág. 31)? Kautsky dice directamente lo contrario: (S[eite] 289)⁹, que él niega en la agricultura la tendencia al desarrollo (núm. 3, pág. 34), ¡y cosas por el estilo!

Ya he escrito y enviado a la redacción hace unas 2 semanas el primer artículo «El capitalismo en la agricultura (sobre el libro de K[auts]ky y sobre el artículo del Sr. B[ulgáko]v)» y ahora estoy trabajando en el segundo, a propósito del final del artículo de B[ulgáko]v¹⁰. Temo mucho que P. B. [Struve] lo rechace, aduciendo ya sea su gran volumen (resulta más largo que el artículo de B[ulgáko]v, porque necesito, en primer lugar, refutar con argumentos veredictos tan gratuitos y negligentemente lanzados, como, por ejemplo, la afirmación de que Marx se equivocaba al enseñar la reducción de la relación […] en la agricultura; en segundo lugar, porque es necesario exponer a K[auts]ky), ya sea la inconveniencia de una polémica. Por supuesto, no he empleado en el artículo ni un solo término injurioso del tipo de los que hay más arriba y, en general, he procurado que no haya nada personal contra B[ulgáko]v. En general, el tono no es en absoluto más áspero que en mi artículo contra T[ugán]-B[aranovski] sobre la teoría de los mercados¹¹. Me alegraría mucho conocer su opinión, cuando usted lea el libro de K[auts]ky y termine de leer a B[ulgáko]v: ¿qué es exactamente lo que usted encuentra «acertado» en B[ulgáko]v? ¿y considera usted que sería posible dejar sin respuesta el artículo de B[ulgáko]v en la revista?

En general, toda esta «nueva corriente crítica» en el marxismo, que entusiasma a Struve y a B[ulgáko]v (P. B. [Struve] seguramente está a favor de B[ulgáko]v), me parece sumamente sospechosa: frases resonantes sobre la «crítica» contra el «dogma», etc., y absolutamente ningún resultado positivo de la crítica¹². Aunque, para redactar un artículo a la⁶ Bulgákovskaya, se requería, además del «criticismo» y las simpatías por la «ciencia moderna» profesoral, una falta de tacto llevada al nec plus ultra¹³.

Al artículo de Struve sobre los mercados le envié una respuesta¹⁴. Mi hermana [A. I. Elizárova] me escribe que esta respuesta se publicará en *Naúchnoe Obozrenie* y que allí mismo P. B. [Struve] se dispone a responder. No puedo estar de acuerdo con usted en que «el centro de gravedad de la cuestión reside en la imposibilidad concreta de una situación pensada abstractamente», y mi principal objeción a P[iotr] B[erngárdovich] [Struve] consiste precisamente en que él mezcla las cuestiones abstracto-teóricas con las histórico-concretas. «Concretamente imposible» no es solo la realización representada por Marx, sino también la renta del suelo por él representada, y la ganancia media representada por él, y la igualdad del salario al valor de la fuerza de trabajo, y muchas otras cosas. Pero la imposibilidad de realización en forma pura no constituye en absoluto una refutación¹⁵. Las contradicciones entre sus afirmaciones en los «Estudios» y en *Naúchnoe Obozrenie* no puedo en modo alguno percibirlas, como tampoco la «apologética burguesa» con la que tanto ha asustado Struve a los lectores¹⁶. Lo que particularmente no me gustó en su artículo fue la inoportuna intromisión de la f[il]o[s]o[f]ía cr[í]tica y observaciones del tipo de que la doctrina de Marx sobre el valor y la ganancia «innegablemente adolece de contradicción». Pues P. B. [Struve] sabe perfectamente que esto es discutible: ¿a qué sembrar niebla en la cabeza del público, que hasta ahora no ha recibido de ninguno de los representantes de la «nueva corriente crítica» una demostración sistemática de esa contradicción ni su corrección?

¡Y la salida de B[ulgáko]v (Núm. 3, pág. 34, nota a pie de página) contra la teoría del Zusammenbruch¹⁷, sin mención alguna de Bernstein y con la inapelabilidad de un decreto de «erudito»! Sé de la salida del nuevo libro de Bernstein, y lo he encargado, pero difícilmente aparecerá por aquí¹⁸. Por el artículo sobre él en el *Fr[an]kf[u]rt[er] Z[ei]t[un]g*¹⁹ y en *Zhizn* (¡una revista nada mala! ¡La sección de novelas y cuentos es sencillamente buena e incluso mejor que todas!)²⁰ me he convencido plenamente de que yo entendía incorrectamente los artículos fragmentarios de Bernstein y de que él ha desvariado realmente hasta lo imposible, hasta el punto de que hay que literalmente begraben²¹, como se expresó el autor de «Beiträge zur Gesch[ichte] des Mat[erialismus]»²², en la carta abierta a Kautsky. Las nuevas objeciones de Bernstein contra la concepción materialista de la historia *) y demás (según *Zhizn*) asombran por su debilidad. Si P. B. [Struve] es un defensor tan acérrimo de Bernstein que casi «insulta» por su causa, eso es muy, pero que muy lamentable, pues su «teoría» contra el Zusammenbruch —desproporcionadamente estrecha para Europa Occidental— es absolutamente inservible y peligrosa para Rusia. ¿Sabe usted que ya la están utilizando nuestros «jóvenes» (ultra-economicistas), quienes en una publicación expusieron los debates de Stuttgart de tal manera que Bernstein, Peus y otros aparecían como defensores de «la economía y no de la política»?²⁴ ¿Qué opina P. B. [Struve] de semejantes «aliados»?

Si bajo los éxitos de los ultra-economicistas usted entiende la salida de Volguin y de sus camaradas más cercanos, yo lo sé; me afectó de un modo sumamente penoso, y ahora estoy perplejo sobre cómo están allí las cosas y qué depara el futuro. A mi juicio, es terriblemente perjudicial que esta polémica con los ultra-economicistas no haya llegado plena e íntegramente a la prensa: ese habría sido el único medio serio para esclarecer el asunto y establecer principios claros y precisos. ¡Porque ahora reina un caos total!²⁵

Mi libro ha salido ya y yo pedí que se lo enviaran a usted (yo todavía no he recibido ejemplares). He oído que el P[ost] S[criptum] del prefacio llegó tarde, cayó en la censura previa y «sufrió», al parecer. Esperaré con interés sus observaciones²⁶.

*) A propósito. ¿Recuerda cómo un conocido común nuestro, desde la «hermosa lejanía», se burlaba malignamente y ponía por los suelos el haberme referido yo a la concepción materialista de la historia llamándola «método»? Pues bien, resulta que también Kautsky es culpable del mismo grave pecado, al emplear la misma palabra: «método» (*Zhizn*, enero, II, pág. 53). ¿Tiene usted noticias de ese conocido? ¿Está mejor de salud? ¿Hay esperanzas de que escriba?²³

El librito de Karelin lo encargué y lo leí antes de recibirlo de usted. Me gustó mucho; ¡es endiabladamente fastidioso que lo hayan mutilado! ¿No escribirá usted una reseña sobre él?²⁷

Un conocido me envió también las «Notas de un periodista» de A. P[otresov] (sobre «la herencia» y «los herederos»). Es interesante: ¿se preveía o no en la continuación una ulterior polémica conmigo?²⁸ El artículo de A. P[otresov] me gustó extraordinariamente; la sección recortada de la revista sufrió mucho por ello. La verdad es que no veo divergencias entre nosotros: usted aborda una cuestión distinta: no cómo se relacionan los discípulos con la democracia rusa en general, si reniegan o no de ella (yo escribí exclusivamente sobre eso), sino cuáles eran las relaciones entre los diversos tipos de demócratas en los buenos y viejos tiempos. A mí me interesaba solo aquel error de Mij[ail]ovski, según el cual nosotros renegamos de la democracia en general; y usted aborda otro error suyo: el de «emborronar» diferencias esencialmente importantes dentro de la «herencia».

He visto la nota de Máslov en el núm. 3 de *Naúchnoe Obozrenie*, dirigida contra mí, pero, lo confieso, no me interesó²⁹. Y a propósito: el recorte del artículo de A. P[otresov] confirmó mi opinión de que tomar un heredero más brillante que Skaldin «es inconveniente» (¡¡una triste confirmación!!).

En general, a mi juicio, el tono de la revista es «de preagonía». Si es así, el fin y la muerte son solo cuestión de tiempo. Pues esto es simplemente especulación con la Rathlosigkeit³⁰ y el papeleo en ese departamento que, etc. Se podría también morderse la lengua sin perjuicio y no sin provecho para la causa. En verdad, en comparación con el tono actual, nuestros «Materiales» podrían ser un modelo de «moderación» y «solidez»…³¹

Le estrecho la mano. V. U. Escriba más a menudo, si no le da pereza, pues aquí no tengo de nadie más información sobre las novedades de las revistas.

Le envío por correo certificado en faja el «Histor[ische] Berech[tigung]»³². No piense, por favor, que soy negligente en la devolución de los libros: usted no me escribió sobre el plazo y por eso no he negado a los camaradas la petición de darlo a leer. Le quedaré muy agradecido por el final de Karelin.

¿No tiene usted algunas reseñas alemanas sobre Kautsky? Yo solo he leído en el *Fr[an]k[f]ur[ter] Z[ei]t[un]g*: airado y vacío, a la Bulgákov.

Los números de la revista, en general y en su conjunto, me gustan mucho. Están magníficamente editados. ¿Ha leído usted el libro de Gvózdev y qué opina de él?³³

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¹) Se trata de la revista «Nachalo». Sobre ella, véase la nota 1 a la carta 2.
²) Yuli — Mártov, Yu. O., que cumplía entonces su destierro en Turujansk.
³) Se alude a los artículos de Bulgákov «Sobre la cuestión de la evolución capitalista de la agricultura» («Nachalo», 1899, núms. 1-2, 3), escritos a propósito del libro de K. Kautsky, «Die Agrarfrage» (*La cuestión agraria*).
⁴) Esta y las siguientes indicaciones de números y páginas se refieren a los números y páginas de la revista «Nachalo».
⁵) Genossen — camaradas.
⁶) a la = a la manera de, al estilo de.
⁷) Revistas de la época en las que también publicaban marxistas junto a autores de diversas corrientes.
⁸) La revista «Nóvoe Slovo» fue el primer órgano marxista legal de combate. En total lograron salir ocho números en 1897. En ese mismo año la revista fue prohibida por la censura. En ella participó también Lenin, publicando, entre otros, sus artículos «Para una caracterización del romanticismo económico».
⁹) Aquí Lenin indica la página según la 1.ª edición alemana. El pasaje correspondiente en la edición rusa de 1899 se encuentra en la pág. 340, y en la ed. de 1906 en las págs. 265-266.
¹⁰) Esta frase de la carta permite establecer la fecha de redacción de estos artículos: cae en abril-mayo de 1899. Enviados a «Nachalo», estos artículos no alcanzaron a aparecer en ella, debido a su cierre en junio de 1899, y con varios meses de retraso fueron publicados en la revista «Zhizn», núms. 1 y 2 de 1900 (están recogidos en el t. IX de las Obras Completas).
¹¹) «Nota sobre la cuestión de la teoría de los mercados», escrita a finales de 1898 y publicada en «Naúchnoe Obozrenie», núm. 1, de 1899. Recogida en el t. II de las Obras Completas.
¹²) Lenin tiene en cuenta el giro plenamente definido de los representantes del marxismo legal, en particular de Bulgákov y Struve, hacia la filosofía crítica de Kant.
¹³) Nec plus ultra — al extremo, al límite.
¹⁴) Se alude al artículo de P. Struve «Sobre la cuestión de los mercados bajo la producción capitalista (A propósito del libro de Bulgákov y del artículo de Ilín)», aparecido en «Naúchnoe Obozrenie», 1899, núm. 1. Vladímir Ilich le respondió con el artículo: «Una vez más sobre la teoría de la realización», escrito, como se desprende de esta carta, no más tarde de abril de 1899; pero no fue publicado hasta el número de agosto de la misma revista. Recogido en el t. II de las Obras Completas, págs. 480-496.
¹⁵) Lenin alude a una de las tesis del artículo de Struve, así formulada en las conclusiones por el propio autor: «No puede existir una sociedad capitalista autosuficiente y definitivamente desarrollada, y más aún, una sociedad tal es irrepresentable, ya que en ella la plusvalía dejaría de capitalizarse o, en otras palabras, la reproducción ampliada sería imposible. Una sociedad capitalista estacionaria, es decir, basada en la reproducción simple, contradice la idea del capitalismo, cuyo principio motor no es el consumo inmediato, sino la autovalorización del capital. La representación de una sociedad (o sistema) capitalista autosuficiente, y la exposición esquemática según Marx de la realización del producto en este sistema, no proporciona para la comprensión del proceso real de desarrollo del capital nada más allá de lo que da la verdad elemental: los productos, en el proceso de realización o metabolismo social, se intercambian siempre por productos. Al dilucidar cuestiones históricas del desarrollo del capitalismo, la representación de una sociedad capitalista autosuficiente resulta no solo estéril, sino también directamente desconcertante, en tanto que coloca un esquema abstracto e irreal en el lugar del complejo proceso real.» («Naúchnoe Obozrenie», núm. 1, 1899, pág. 63.)
¹⁶) Lenin alude a los siguientes pasajes del artículo de Struve: «... Me limito a constatar que la consideración absolutamente justa de Ilín, con citas tan expresivas de Marx... echa completamente por la borda esa teoría de la realización de la que el propio Ilín es, en otros casos, tan elocuente y enérgico defensor.» («Naúchnoe Obozrenie», núm. 1, 1899, pág. 52.) «... Bulgákov (y también Ilín) han atribuido a Marx la teoría apologético-burguesa de Say-Ricardo...» (Ibíd., pág. 52). «Tugán-Baranovski, Bulgákov e Ilín exponen la teoría apologético-burguesa...» (Ibíd., pág. 57). En su artículo de respuesta «Una vez más sobre la cuestión de la teoría de la realización», Lenin objeta a Struve del siguiente modo: «Struve dice que yo he atribuido a Marx la teoría apologético-burguesa de Say-Ricardo (52) —la teoría de la armonía entre la producción y el consumo (51)—, una teoría que está en estridente contradicción con la doctrina de Marx sobre la evolución y la desaparición final del capitalismo (51-52); que por eso mi “consideración absolutamente justa” de que Marx, tanto en el tomo II como en el III, subrayaba la contradicción inherente al capitalismo entre la expansión ilimitada de la producción y el consumo limitado de las masas populares, “echa completamente por la borda esa teoría de la realización... de la que” yo soy defensor “en otros casos”. Y esta afirmación de Struve es igualmente falsa e igualmente está basada en el malentendido arriba señalado en el que él incurrió. ¿De dónde ha sacado Struve que yo entiendo por teoría de la realización no el análisis del proceso de reproducción y circulación de todo el capital social, sino una teoría que dice meramente que los productos se intercambian por productos, una teoría que predica la armonía entre la producción y el consumo? Struve no podría demostrar mediante el análisis de mis artículos que yo entendía la teoría de la realización en el segundo sentido, pues yo dije directa y claramente que entiendo la teoría de la realización precisamente en el primer sentido. En el artículo: “Para una caracterización del romanticismo económico”, en el parágrafo dedicado a esclarecer el error de Smith y Sismondi, se dice: “La cuestión está precisamente en cómo se produce la realización, es decir, la reposición de todas las partes del producto social. Por eso, el punto de partida en el razonamiento sobre el capital y la renta sociales —o, lo que es lo mismo, sobre la realización del producto en la sociedad capitalista— debe ser la división... de los medios de producción y los objetos de consumo” (Estudios, 17). “La cuestión de la realización consiste precisamente en analizar la reposición de todas las partes del producto social según el valor y según la forma material” (ib., 26). ¿No repite Struve lo mismo, diciendo —como si fuera en contra mía— que la teoría que nos interesa “muestra el mecanismo de la realización..., en la medida en que dicha realización se efectúa” (“N. Ob.”, 62)? ¿Contradigo yo esa teoría de la realización, que defiendo, cuando digo que la realización se produce “solo entre dificultades, entre constantes oscilaciones que se van haciendo cada vez más fuertes conforme crece el capitalismo, entre una competencia feroz, etc.” (Estudios, 27)? — ¿cuando digo que la teoría populista “no solo muestra incomprensión de la realización, sino que además contiene una comprensión sumamente superficial de las contradicciones propias de esta realización” (26-27)? — ¿cuando digo que la realización del producto, que se efectúa no tanto a cuenta de los objetos de consumo como a cuenta de los medios de producción, “es, por supuesto, una contradicción, pero precisamente una contradicción que tiene lugar en la realidad, que se deriva de la esencia misma del capitalismo” (24), que “corresponde plenamente a la misión histórica del capitalismo y a su específica estructura social: la primera (es decir, la misión) consiste precisamente en el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad (producción por la producción); la segunda” (es decir, la estructura social del capitalismo) “excluye su utilización por la masa de la población” (20)?» («N. Ob.», 1899, núm. 8, pág. 1571). Reimpreso en el t. II de las Obras Completas, 1.ª ed. (págs. 487-489).
¹⁷) Zusammenbruch — revolución socialista. En la nota a pie de página que Lenin señala, Bulgákov escribía: «Psicológicamente, la posibilidad de tal fe se basa en la representación de un Zusammenbruch social que renovará y transformará de golpe la organización económica moderna. Esta representación es incompatible con el estado actual de la ciencia y, ante todo, con la concepción materialista de la historia. Basta releer los pasajes correspondientes de la parte aplicada del libro de Kautsky para convencerse de hasta qué punto la teoría del Zusammenbruch planea sobre todas las representaciones de los futuros destinos de la agricultura.» Bernstein había desarrollado estas ideas algo antes.
¹⁸) Se trata del libro: Bernstein, E., «Die Voraussetzungen des Sozialismus und die Aufgaben der Sozialdemokratie» (*Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia*), publicado por primera vez en Stuttgart en enero de 1899.
¹⁹) «Frankfurter Zeitung». Al no poder seguir el movimiento obrero alemán a través de los órganos socialdemócratas, que no se permitían en Rusia, Vladímir Ilich debía contentarse con los materiales sobre el mismo proporcionados por dicho gran periódico demócrata-burgués, que, al parecer, recibía por suscripción.
²⁰) «Zhizn» — revista de la época, que publicaba a marxistas. En su sección de narrativa publicaban Gorki, Gúsev-Orenburgski, Veresáiev, Chírikov. Durante el período enero-abril de 1899 se publicaron allí, entre otros: «Del diablo», «Kirilka» y «Fomá Gordéev» de Gorki; «El fin de Andréi Ivánovich» de Veresáiev y «Los extranjeros» de Chírikov. Allí publicaban también los marxistas legales, y también publicaba Lenin. De los marxistas occidentales de la época publicaban, entre otros, K. Kautsky y E. Bernstein. El artículo de «Zhizn» al que se hace referencia: «Un nuevo libro sobre el materialismo histórico» de S. Steinberg, apareció en el número de marzo de la revista en 1899. («Zhizn», vol. III, 1899, marzo, págs. 358-371). En cuanto a los artículos del propio Bernstein, Vladímir Ilich pudo conocerlos a través del «Neue Zeit» alemán.
²¹) Begraben — enterrar, liquidar. Esta expresión: «debemos enterrar a Bernstein» la empleó Plejánov en su «Carta abierta» a Kautsky, publicada en el «Sächsische Arbeiter Zeitung» en 1898, núms. 253-255, bajo el título: «¿Por qué debemos agradecérselo?» (Obras de Plejánov, t. XI). A esta carta se refiere Lenin, habiendo recibido noticias de ella, evidentemente, a través del mismo «Frankfurter Zeitung».
²²) «Beiträge zur Geschichte des Materialismus» — *Ensayos sobre la historia del materialismo*. El autor de los «Ensayos», Plejánov, no es mencionado por su apellido, al parecer, por consideraciones de censura.
²³) Estas palabras se refieren con toda probabilidad a Plejánov y aluden a las conversaciones que Vladímir Ilich sostuvo con él en 1895, durante su viaje a Suiza. La referencia de Lenin remite al artículo de K. Kautsky «La concepción materialista y el factor psicológico», publicado en traducción en «Zhizn», 1899, vol. II (enero). Reimpreso en la recopilación «El materialismo histórico», ed. de Semkovski.
²⁴) Lenin alude al informe de un tal P. Jramov sobre el congreso de Stuttgart del partido socialdemócrata alemán (octubre de 1898), publicado en el núm. 4 de «Rabóchaya Mysl». Citamos de él el pasaje directamente señalado por Vladímir Ilich: «La cuestión más candente en el partido obrero alemán es la cuestión “de la táctica”; durante los primeros tres días todos los debates giraron en torno a esta cuestión. El quid de la cuestión es el siguiente. El partido obrero alemán, hasta hace muy poco tiempo, era un partido político por excelencia. En su lucha contra las clases poseedoras situaba en primer lugar la lucha por la libertad política; durante la agitación señalaba, principalmente, las cuestiones políticas. Como grito de combate, se planteaba “la conquista del poder político”. La lucha por el aumento de los salarios, la reducción de la jornada laboral, etc., en general, la lucha económica, fue llevada a cabo por los obreros, por supuesto, en todos los tiempos con gran energía; los obreros alemanes tienen enormes organizaciones de combate, a las que pertenecen cerca de 350.000 personas. Pero toda la lucha económica se llevaba como de pasada. Hasta hace muy poco tiempo (hasta 1896) había pocas personas en el partido obrero que atribuyeran a la lucha económica la misma importancia que a la lucha política. Últimamente se ha puesto a la orden del día la cuestión de modificar la táctica en el sentido de que hay que prestar más atención a la lucha económica, a los intereses cotidianos e inmediatos de las masas más amplias de la población. Auer, en una asamblea de Berlín, declaró ya el año pasado que la lucha política y la económica tienen igual importancia para la clase obrera. Algunos partidarios de la lucha económica —Bernstein, Peus, Vollmar, Heine— fueron aún más lejos; declaran que, en general, hay que poner en primer lugar los intereses inmediatos de la población, y los “objetivos finales” —la conquista del poder político y el socialismo— aparecerán como resultado de esa lucha; que subrayar los “objetivos finales” ni siquiera es científico, ya que la vida se desarrolla constantemente y es imposible predecir qué formas adoptará. Tal es la esencia del debate.»
²⁵) Este pasaje se refiere a la escisión en la «Unión de Socialdemócratas Rusos» en el extranjero y alude al rechazo de Plejánov («Volguin») y de todo el Grupo «Emancipación del Trabajo» a seguir editando las publicaciones de la Unión. Esto tuvo lugar en noviembre de 1898 en el congreso de la Unión.
²⁶) Se trata del libro de Lenin (V. Ilín): «El desarrollo del capitalismo en Rusia». La «P. S. en el prefacio» —dos páginas añadidas por Lenin al prefacio de este libro, dedicadas a una exposición resumida y a la declaración de solidarizarse con los puntos de vista desarrollados por Kautsky en su «Cuestión Agraria». Este Post-Scriptum fue, al parecer, escrito y enviado a imprenta por Lenin después de que todo el libro estuviera ya en imprenta. En qué medida fue mutilado por la censura, al no disponerse del manuscrito, es imposible juzgarlo.
²⁷) N. Karelin. «Jean-Jacques Rousseau». Ensayo de caracterización de sus ideas sociales. Ed. de Struve. La autora del libro era V. I. Zasúlich. La reseña fue escrita por M. Tugán-Baranovski («Nachalo», mayo, 1899).
²⁸) «Notas de un periodista» de A. P. — artículo de A. N. Potresov, que llevaba el subtítulo: Sobre «la herencia» y «los herederos», publicado en el número de abril de «Nachalo», pero recortado de él por la censura. Al parecer, las páginas recortadas le fueron enviadas a Lenin. El artículo de Potresov coincidía en contenido con el artículo de Lenin «¿Renegamos de la herencia?» (véase el t. I de las Obras Completas). No contenía una polémica con Lenin; en él solo hay una mención al artículo de Lenin: «Vl. Ilín, en su recientemente aparecido y muy interesante y valioso librito “Estudios y artículos económicos”, dedicó uno de los artículos a la cuestión arriba mencionada, a saber, el artículo “¿De qué herencia renegamos?”. Coincidiendo en muchos aspectos con su autor, consideramos útil abordar el mismo tema, por decirlo así, desde el otro extremo, y esbozar —solo esbozar— algunas cuestiones que, a nuestro juicio, pueden arrojar luz sobre el estado de nuestro periodismo contemporáneo» (citado según “Estudios sobre la intelectualidad rusa”, ed. de 1906, págs. 76-77), — pero, indudablemente, estaba motivada por las divergencias del autor con Lenin, que se reflejaron en la carta anterior. La «continuación literario-política» de esta divergencia, que mencionamos en la nota 2 a la carta anterior, consistió en que 6 (¡seis!) años después, en relación con la escisión del partido en bolcheviques y mencheviques y a propósito de dicha escisión, A. N. Potresov volvió en «Iskra» al artículo de Lenin, intentando extraer de él la prueba de la «estrechez» y del «racionalismo» carente de sentido histórico del marxismo leninista. Al hacerlo, el colaborador de la «Iskra» menchevique guardó prudentemente silencio, por supuesto, sobre aquellas circunstancias, bien conocidas por él, que obligaron a Vladímir Ilich a detenerse en Skaldin como representante del liberalismo burgués de los años 60, y sobre las salvedades que Vladímir Ilich introdujo en su artículo y que son repetidas y subrayadas por él en esta carta. La salida polémica de Potresov fue hecha por él en el artículo «Nuestras desventuras», publicado en los núms. 98, 107 y 111 de «Iskra» de 1905 y reimpreso en sus «Estudios» (véase págs. 264-265). Vladímir Ilich no le respondió.
²⁹) Artículo de P. Máslov: «La idealización de la economía nacional» en el núm. 3 de «Naúchnoe Obozrenie» de 1899. La nota decía: «La representación de los intereses de los productores como tales fue heredada por los ideólogos del productor sin hacienda, desarrollando las ideas fundamentales de Chernishevski y dándoles una fundamentación científica. Por eso, en modo alguno se puede estar de acuerdo con Vlad. Ilín (“Estudios y artículos económicos”), quien considera la ideología de los desposeídos como “herencia” de los ilustradores liberales de los años 60. De los “ilustradores” burgueses pudieron y pueden recibir herencia solo los “ilustradores” burgueses. Quizás sea un gran honor figurar como heredero de ilustradores dignos de todo respeto, pero ¿qué hacer cuando lo común entre los ilustradores burgueses y los no burgueses es únicamente que unos y otros son progresistas y miran en la misma dirección: hacia occidente?!» («Naúchnoe Obozrenie», 1899, III, pág. 632.)
³⁰) Rathlosigkeit — impotencia, desconcierto.
³¹) «Materiales para la caracterización de nuestro desarrollo económico» — recopilación de artículos de Lenin, Plejánov, Struve, Potresov, P. Skvortsov y otros, aparecida en mayo de 1895, pero destruida por la censura. V. I. Lenin publicó aquí, bajo el seudónimo de K. Tulin, su artículo «El contenido económico del populismo y su crítica en el libro del Sr. Struve» (véase el t. I de las Obras Completas).
³²) Es decir, el cuaderno de la revista «Neue Zeit» con el artículo de P. Axelrod, editado después en ruso bajo el título «La relación mutua entre la democracia liberal y la socialista».
³³) R. Gvózdev (Zimmerman). «Los kulaks-usureros. Su significado socioeconómico». Ed. Garin, San Petersburgo, 1898. Lenin reseñó este libro en la revista «Nachalo», núm. 3, marzo de 1899. Reimpreso en el t. I de las Obras Completas.