............ «recurrir a la ciencia social y a su supuesta conclusión de que el régimen capitalista de la sociedad se encamina irresistiblemente hacia su propia ruina en virtud de las contradicciones que en él se desarrollan. Las explicaciones necesarias las encontramos en el “Programa de Erfurt” de Kautsky» (147). Antes de señalar el contenido de la cita aducida por el Sr. Prokopóvich, observemos la siguiente extrañeza, sumamente característica del Sr. Prokopóvich y de los transformadores de la teoría parecidos a él. ¿Por qué nuestro «investigador crítico», al recurrir a la «ciencia social», busca «explicaciones» precisamente en el libro de divulgación de Kautsky, y solo en él? ¿Acaso se imagina que en ese libro se encierra toda la «ciencia social»? Sabe perfectamente que Kautsky es un «fiel guardián de las tradiciones de Marx» (I 187), que es precisamente en los tratados político-económicos de este último donde hay que buscar la exposición y fundamentación de las «conclusiones» de una determinada escuela de la «ciencia social», pero actúa como si ni siquiera esto supiera. ¿Qué debemos pensar de un «investigador» que se limita a lanzar pullas contra los «guardianes» de la teoría, sin decidirse ni una sola vez en todo su libro a ajustar cuentas abierta y directamente con la teoría misma?

En el pasaje citado por el Sr. Prokopóvich, Kautsky dice que la revolución técnica y la acumulación de capital avanzan cada vez con mayor rapidez, que la expansión de la producción es necesaria por las propiedades más fundamentales del capitalismo y lo es de manera ininterrumpida, mientras que la expansión del mercado, entre tanto, «durante cierto tiempo avanza con demasiada lentitud»; «está próximo, al parecer, el momento en que el mercado de la industria europea

no solo dejará de expandirse más, sino que comenzará incluso a contraerse. Este acontecimiento no significará otra cosa que la bancarrota de toda la sociedad capitalista». El Sr. Prokopóvich «critica» las «conclusiones de la ciencia social» (es decir, la indicación de Kautsky sobre una de las leyes del desarrollo deducidas por Marx): «En esta fundamentación de la inevitabilidad de la ruina de la sociedad capitalista, el papel principal lo desempeña la contraposición (de la constante tendencia a la expansión de la producción — a la expansión cada vez más lenta del mercado y, finalmente, a su contracción). Esta contradicción, según Kautsky, debe hundir el régimen capitalista de la sociedad. ¡Pero» (¡escuchen!) «la expansión de la producción presupone el “consumo productivo” de una parte de la plusvalía, — es decir, primeramente su realización, y luego su inversión en máquinas, construcciones, etc., para una nueva producción. Dicho de otro modo, la expansión de la producción se halla en estrechísima relación con la existencia de un mercado para las mercancías ya producidas; por consiguiente, una expansión constante de la producción acompañada de una contracción relativa del mercado es algo imposible» (148). Y el Sr. Prokopóvich está tan satisfecho de su excursión al terreno de la «ciencia social», que en la línea siguiente habla con desdeñosa condescendencia de la fundamentación «científica» (entre comillas) de la fe, etc. Semejante crítica de pacotilla * sería indignante si no fuera, ante todo y sobre todo, divertida. El bueno del Sr. Prokopóvich ha oído campanas, pero no ha sabido de dónde venían. El Sr. Prokopóvich ha oído hablar de la teoría abstracta de la realización, que últimamente se ha discutido con ardor en la literatura rusa, donde el papel del «consumo productivo» se subrayaba especialmente en vista de los errores de la economía populista. Sin haber entendido bien esta teoría, el Sr. Prokopóvich se imaginó que ella niega (¡!) en el capitalismo aquellas contradicciones básicas y elementales que Kautsky señala aquí. Si escucháramos al Sr. Prokopóvich, habría que pensar que el «consumo productivo» puede desarrollarse con absoluta independencia del consumo personal (y en el consumo personal desempeña un papel predominante el consumo de las masas), es decir, que el capitalismo no encierra en sí contradicción alguna entre la producción y el consumo. Esto es sencillamente un absurdo, y contra semejante tergiversación se pronunció claramente Marx y sus partidarios rusos **. Del hecho de que «la expansión de la producción presupone

*) La palabra «de pacotilla» ha sido tachada. N. de la Red.
**) Las palabras «Marx y sus partidarios rusos» han sido tachadas, y en su

el consumo productivo», no solo no se desprende esa teoría apologético-burguesa hacia la cual se desliza nuestro «investigador crítico», sino que, por el contrario, se desprende precisamente la contradicción, inherente al capitalismo y que debe conducirlo a la ruina ***, entre la tendencia al crecimiento ilimitado de la producción y la limitación del consumo.

Merece la pena señalar también, a propósito de lo expuesto, la siguiente circunstancia interesante. El Sr. Prokopóvich es un ferviente partidario de Bernstein, cuyos artículos periodísticos cita y traduce a lo largo de varias páginas. Bernstein, en su conocido libro «Die Voraussetzungen etc.», recomienda incluso al público alemán al Sr. S. Prokopóvich como partidario ruso suyo, aunque hace la salvedad, cuyo sentido es que el Sr. Prokopóvich es más bernsteiniano que el propio Bernstein. Y he aquí que es sumamente curioso que tanto Bernstein como su repetidor ruso tergiversan ambos la teoría de la realización, pero en direcciones diametralmente opuestas, de modo que se refutan mutuamente. Bernstein, en primer lugar, ha visto en Marx una «contradicción» en el hecho de que, alzándose contra la teoría de las crisis de Rodbertus, al mismo tiempo declare que «la última causa de todas las crisis reales es la pobreza y la limitación del consumo de las masas». En realidad, no hay aquí contradicción alguna, como ya he tenido ocasión de mostrar en otros lugares («Estudios» 2, pág. 30; «El desarrollo del capitalismo en Rusia», pág. 19). En segundo lugar, Bernstein razona exactamente igual que nuestro Sr. V. V., diciendo que el enorme crecimiento del plusproducto debe significar necesariamente un aumento del número de los propietarios (o una elevación del bienestar de los obreros), pues no pueden los propios capitalistas y sus sirvientes (¡sic!) «consumir» todo el plusproducto («Die Voraussetzungen etc.», S. 51-2). Este ingenuo razonamiento ignora por completo el papel del consumo productivo, tal como lo señaló Kautsky en su libro contra Bernstein

lugar se ha escrito: «el autor de la presente nota». A las palabras tachadas se refiere una nota al pie hecha por Lenin: «Cfr. mi artículo en “Náuchnoe obozrenie” 1899 *, agosto, especialmente pág. 1572, y “El desarrollo del capitalismo en Rusia”, pág. 16 y sigs.» N. de la Red.
***) Las palabras: «y que debe conducirlo a la ruina» han sido tachadas, y en su lugar se ha escrito: «interna». N. de la Red.

(Kautsky: «Gegen Bernstein», II, Abschn[itt] [«Verwendung des Mehrwehrts»] — parágrafo sobre «el empleo de la plusvalía»). Pero he aquí que aparece el bernsteiniano ruso recomendado por Bernstein y dice exactamente lo contrario, lee una lección a Kautsky acerca del papel del «consumo productivo» y, además, exagera el descubrimiento de Marx hasta convertirlo en un absurdo, ¡como si el consumo productivo pudiera desarrollarse con total independencia del consumo personal! ¡Como si la realización de la plusvalía mediante su inversión en la producción de medios de producción eliminara la dependencia, en última instancia, de la producción respecto al consumo, y, por consiguiente, la contradicción entre la primera y el segundo! El lector puede juzgar por este ejemplo si realmente las «investigaciones» han obligado al Sr. Prokopóvich a «desperdigar una buena mitad de las premisas teóricas», o si este «desperdigamiento» de nuestro «investigador crítico» proviene de otras causas cualesquiera.

Otro ejemplo. En tres paginitas (25-27) «investigó» nuestro autor la cuestión de las cooperativas campesinas en Alemania. Tras presentar una enumeración de los diferentes tipos de cooperativas y los datos estadísticos sobre su rápido desarrollo (especialmente de las cooperativas lecheras), el Sr. Prokopóvich razona: «Mientras que el artesano está ya casi desarraigado del régimen económico moderno, el campesino sigue manteniéndose firme (¡!) en él.» ¿Verdad que es sencillo? La subalimentación de los campesinos alemanes, su agotamiento por el trabajo excesivo, la huida masiva de los pueblos a las ciudades, todo eso, deben ser, por lo visto, invenciones. Basta con señalar el rápido crecimiento de las cooperativas (especialmente las lecheras, que conducen a privar de leche a los niños campesinos *) y a reforzar la dependencia de los campesinos respecto a los capitalistas), para demostrar la «firmeza» del campesinado. «El desarrollo de las relaciones capitalistas en la industria transformadora, al arruinar al artesano, mejora la situación del campesinado.» ¿De la situación? «Impide la penetración del capitalismo en la agricultura». ¡Novedoso! Hasta ahora se pensaba que precisamente el desarrollo del capitalismo en la industria transformadora es la fuerza principal que engendra y desarrolla

*) Las palabras «conducen a privar de leche a los niños campesinos» están subrayadas en el manuscrito, y a ellas se ha añadido la siguiente nota al pie: «Como es sabido, en Rusia las famosas queserías artelísticas de Vereschaguin tuvieron como consecuencia la muerte masiva de niños campesinos en los distritos donde se instalaron dichas queserías». N. de la Red.

el capitalismo en la agricultura. Pero el Sr. Prokopóvich, al igual que sus modelos alemanes, podría decir de sí mismo con pleno derecho: nous avons changé tout ça, ¡nosotros lo hemos cambiado todo! Solo que, ¿será esto cierto, señores? ¿Realmente han cambiado ustedes algo, realmente han demostrado la falsedad de una sola tesis fundamental de la teoría que ustedes «despedazan» y la han sustituido por una tesis más acertada? ¿No han vuelto, por el contrario, a los viejos prejuicios? __ «Por otro lado, el desarrollo de la industria transformadora asegura al campesino ingresos complementarios»... ¡Resurrección de la doctrina del Sr. V. V. y Compañía ** sobre los ingresos complementarios del campesinado! De que estos «ingresos» expresan en la mayoría de los casos la transformación del campesino en obrero asalariado, el Sr. Prokopóvich considera superfluo mencionarlo. Prefiere terminar su «investigación» con una frase rimbombante:

«Los jugos vitales no han abandonado aún a la clase campesina.» Es cierto que, precisamente con respecto a Alemania, Kautsky ha demostrado que las cooperativas agrícolas son una etapa de transición hacia el capitalismo, — ¡pero ya hemos visto cómo el terrible Sr. Prokopóvich ha aniquilado a Kautsky!

La resurrección de puntos de vista populistas (populistas precisamente del matiz del Sr. V. V.) la vemos no solo en el lugar señalado, sino en muchísimos otros lugares de la «investigación crítica» del Sr. Prokopóvich. El lector conoce probablemente qué celebridad (triste celebridad) se ha ganado el Sr. V. V. con su desmedida reducción y vulgarización de la doctrina del [llamado] materialismo «económico»: en la «refundición» del Sr. V. V., esta doctrina no consistía en que todos los factores se reducen, en última instancia, al desarrollo de las fuerzas productivas, sino en que se puede menospreciar muchísimos factores sumamente importantes (aunque sean derivados en última instancia). Una tergiversación completamente análoga nos ofrece también el Sr. Prokopóvich al intentar poner en evidencia a Kautsky de que supuestamente no comprende la importancia de las «fuerzas materiales» (114), mientras que el propio Sr. Prokopóvich confunde despreocupadamente las «organizaciones económicas» (145) con la «fuerza económica» (146 y 149 especialmente). No podemos, por desgracia, detenernos con la suficiente minuciosidad en el análisis de este error del Sr. Prokopóvich, y debemos remitir al lector al ya mencionado libro de Kautsky contra Bernstein (Abschnitt] III, § a), donde

**) La palabra «Compañía» ha sido corregida en el manuscrito por «Cía.». N. de la Red.

se analizan detalladamente los originales de las repeticiones del Sr. Prokopóvich. Esperamos también que el lector que lea atentamente el libro del Sr. Prokopóvich se convencerá fácilmente de que la teoría destrozada por nuestro «investigador crítico» (también aquí, por lo demás, el Sr. Prokopóvich calla modestamente acerca de las opiniones de los fundadores de la teoría y se abstiene de analizarlas, prefiriendo limitarse a citas de discursos y artículos de los seguidores contemporáneos de esta teoría), que la teoría es completamente inocente de esta monstruosa reducción del materialismo «económico» (cf., por ejemplo, las declaraciones de autorizados militantes belgas en las págs. 74, 90, 92, 100 de la segunda parte).

A propósito de las citas aducidas por el Sr. Prokopóvich, es necesario advertir que a menudo arranca pasajes aislados, dando al lector una idea tergiversada de puntos de vista y argumentos no expuestos en la literatura rusa. La crítica de pacotilla * del Sr. Prokopóvich, en vista de esta última circunstancia, produce una impresión particularmente repulsiva. En algunos casos, al lector del libro del Sr. Prokopóvich no le será inútil consultar incluso el libro del profesor Herkner, traducido recientemente al ruso: «El trabajo obrero en Europa Occidental» (San Petersburgo, 1899, ed. de la revista «Obrazovanie»). Por ejemplo, en la nota de la pág. 24 (I parte), el Sr. Prokopóvich escribe que en el congreso de 1892 «se adoptó una resolución favorable a la creación de cooperativas de producción» — sigue una cita que, en primer lugar, no confirma plenamente las palabras del autor, y en segundo lugar, se interrumpe justo en el lugar donde se dice que es necesario «combatir especialmente la creencia de que las cooperativas están en condiciones de ejercer influencia sobre las relaciones capitalistas de producción, etc.» (Herkner, Notas, pág. XI-XII, nota] 6 al cap. IX).

Con tanto éxito como en el caso analizado más arriba, aniquila el Sr. Prokopóvich a Kautsky en las págs. 56, 150, 156, 198 y muchas otras. Son completamente insustanciales ** las afirmaciones del Sr. Prokopóvich de que Liebknecht en los años 60 renunciaba por el momento a sus ideales, los traicionaba, etc. (111, 112). Hasta qué columnas de Hércules llega el descaro y la autosuficiencia de nuestro «investigador», con cuya profundidad de juicio ya nos hemos familiarizado algo, lo muestra una frase como, por ejemplo (dirigida, una vez más, no contra el fundador de la teoría, sino contra su «guardián»):

*) La palabra «de pacotilla» ha sido tachada. N. de la Red.
**) La palabra «insustanciales» ha sido tachada y sustituida por la palabra «infundadas». N. de la Red.

«Obraríamos de manera completamente infundada si se nos ocurriera criticar toda esta concepción del movimiento obrero desde el punto de vista de su correspondencia con el verdadero curso del desarrollo del movimiento obrero, — desde el punto de vista de su carácter científico (cursiva] del Sr. Prokopóvich). ¡En ella no hay ni puede haber (sic!) ni un gramo de ciencia!» (156). ¡He aquí una crítica decisiva! todo ese marxismo ni siquiera vale la pena criticarlo — y sanseacabó. Evidentemente, estamos ante un hombre destinado a realizar una gigantesca revolución en la ciencia, en la cual «no puede haber ni un gramo» en la teoría dominante en Alemania, o bien... o bien — ¿cómo decirlo más suavemente? — o bien un hombre que repite, por «desperdigamiento», palabrejas ajenas. El Sr. Prokopóvich reza con tanto celo al flamante diosecillo que ha proclamado por milésima vez estas palabrejas, que no se da paz a sí mismo * . En Bernstein, téngase en cuenta, hay una «carencia de opiniones teóricas» (198), que consiste en que él, al parecer — ¿pueden ustedes imaginárselo? — cree en la necesidad de una teoría científica que determine los fines de los militantes. «Los investigadores críticos» están libres de tan extraña fe. «La ciencia será libre — sentencia el Sr. Prokopóvich — solo cuando se reconozca que debe servir a los fines del partido, pero no determinarlos. Es necesario reconocer que la ciencia no puede fijar los fines del partido práctico» (197). Señalemos que justamente de estas opiniones de su partidario trató de desmarcarse Bernstein.

«Un programa de principios — que conduce inevitablemente al dogmatismo — es solo un estorbo en el camino del desarrollo sano del partido... Los principios teóricos son buenos para la propaganda, pero no para el programa» (157). «Los programas no son necesarios, son perjudiciales». «La personalidad misma puede ser un programa, si es sensible, si capta sutilmente las necesidades del tiempo»... El lector piensa, probablemente, que sigo citando la investigación del Sr. Prokopóvich? No, ahora estoy citando el periódico «Nóvoe Vremia» 3, que publicó no hace mucho unos artículos que han llamado la atención general sobre el programa... no del partido, por supuesto, — sino sobre el programa del nuevo ministro del Interior... **)

En qué relación se halla la libertad de falta de principios predi-

*) Las palabras «no se da paz a sí mismo» en el manuscrito han sido tachadas y sustituidas por las palabras «a sí mismo». N. de la Red.
**) Desde las palabras «que publicó» hasta el final de la frase han sido tachadas. N. de la Red.

cada por el Sr. Prokopóvich... es decir, la «libertad de la ciencia», con las opiniones de la mayoría de aquellos militantes de Europa Occidental sobre los cuales escribe valientemente nuestro valiente crítico, se ve por las siguientes citas del mismo libro del Sr. Prokopóvich:... «Por supuesto, sin traicionar los principios» (159)... «Sin quebrantar en absoluto su independencia ni su fidelidad a los principios»... «Yo niego el compromiso solo en el caso... de que conduzca a la renuncia a los principios, o aunque sea a silenciar los principios» (171)... «Sin introducir la falta de principios» (174)... «Por supuesto, sin vender el alma, en este caso — los principios» (176)... «Ahora los principios están firmemente establecidos» (183)... (Es necesario) «una brújula que libre de andar a tientas», contra «el empirismo miope», contra «una actitud despreocupada hacia los principios» (195)... «La importancia principal corresponde a la parte teórica, de principios»... (103 de la parte II), etc.

Para terminar, un par de citas más: «Si la socialdemocracia alemana fuera la expresión del socialismo, y no del proletariado que en la sociedad moderna sale a la defensa de sus intereses y cobra por primera vez conciencia de su importancia, entonces — puesto que no todos los alemanes son idealistas — junto a este partido que persigue tareas idealistas, veríamos un partido aún más fuerte, un partido obrero que represente los intereses prácticos de la parte no idealista del proletariado alemán»... «Si el socialismo desempeñara en este movimiento no el papel de un simple signo que distingue a una organización determinada, si fuera una idea motriz, un principio que exige de los miembros del partido un cierto servicio específico, en tal caso el partido socialista se habría separado del partido obrero general, y la masa del proletariado, que aspira a una mejor organización sobre la base del régimen existente y piensa poco en el futuro ideal, habría formado un partido obrero independiente». El lector, probablemente, vuelve a pensar, *)

*) Lenin se refiere a su artículo «Una vez más sobre la cuestión de la realización» (véase Obras Completas, t. II, págs. 404-420).
2) Compendio de V. Ilín — «Estudios y artículos económicos», San Petersburgo, 1899 (véase Obras Completas, t. II, págs. 9-124).
3) Lenin se refiere al artículo de A. Suvorin «Pequeñas cartas». «Nóvoe Vremia» núm. 8506, del 1 (13) de noviembre de 1899.
*) Aquí se interrumpe el manuscrito.
N. de la Red.