La socialdemocracia internacional atraviesa en la actualidad por un

período de vacilación ideológica. Hasta ahora la doctrina de Marx y Engels era

considerada como la base firme de la teoría revolucionaria; pero en nuestros días se

dejan oír, por todas partes, voces sobre la insuficiencia y caducidad de estas doctrinas.

El que se declara socialdemócrata y tiene la intención de publicar un periódico

socialdemócrata debe determinar con exactitud su posición frente a la cuestión que no

apasiona sólo, ni mucho menos, a los socialdemócratas alemanes. 





    Nosotros nos basamos íntegramente en la teoría de Marx: Esta

transformó por primera vez el socialismo de utopía en ciencia, echó las sólidas bases

de esta ciencia y trazó el camino que había de tomar, desarrollándola y elaborándola

en todos sus detalles. Esta descubrió la esencia de la economía capitalista

contemporánea, explicando cómo la contratación del obrero, la compra de la fuerza de

trabajo, encubre la esclavización de millones de desposeídos por un puñado de

capitalistas, dueños de la tierra, de las fábricas, de las minas, etc. Esta demostró

cómo todo el desarrollo del capitalismo contemporáneo tiende a suplantar la pequeña producción por la grande y crea las

condiciones que hacen posible e indispensable la estructuración socialista de la

sociedad. Esta nos enseñó a ver, bajo el manto de costumbres arraigadas, de intrigas

políticas, de leyes complejas y doctrinas hábilmente fraguadas, la lucha de clases,

la lucha entre las clases poseedoras de todo género y las masas desposeídas, el

proletariado, que está a la cabeza de todos los desposeídos. La teoría de Marx puso

en claro la verdadera tarea de un partido socialista revolucionario: no inventar planes de

reestructuración de la sociedad ni ocuparse de la prédica a los capitalistas y sus

acólitos de la necesidad de mejorar la situación de los obreros, ni tampoco urdir

conjuraciones, sino organizar la lucha de clase del proletariado y dirigir esta lucha,

que tiene por objetivo final la conquista del Poder político por el proletariado y la

organización de la sociedad socialista. 





    Y ahora preguntamos: ¿qué aportaron de nuevo a esta teoría aquellos

bulliciosos "renovadores", que tanto ruido han levantado en nuestros días,

agrupándose en torno al socialista alemán Bernstein? Absolutamente nada : no

impulsaron ni un paso la ciencia que nos legaron, con la indicación de desarrollarla,

Marx y Engels; no enseñaron al proletariado ningún nuevo método de lucha; no hicieron

más que replegarse, recogiendo fragmentos de teorías atrasadas y predicando al

proletariado, en lugar de la doctrina de la lucha, la de las concesiones a los enemigos

más encarnizados del proletariado, a los gobiernos y partidos burgueses, que no se cansan

de inventar nuevos métodos de persecución contra los socialistas. Uno de los fundadores

y jefes de la socialdemocracia rusa, Plejánov, tenía completa razón al someter a una

crítica implacable la última "crítica" de Bernstein[1], cuyas

concepciones también reniegan ahora los representantes de los obreros alemanes (en el

Congreso de Hannover)[2]. 





    Sabemos que estas palabras provocarán un montón de acusaciones, que se

nos echarán encima: gritarán que queremos convertir el partido socialista en una orden

de "ortodoxos", que persiguen a los "herejes" por su apostasía del

"dogma", por toda opinión independiente, etc. Conocemos todas estas frases

cáusticas tan en boga. Pero ellas no contienen ni un grano de verdad, ni un ápice de

sentido común. No puede haber un fuerte partido socialista sin una teoría revolucionaria

que agrupe a todos los socialistas, de la que éstos extraigan todas sus convicciones y la

apliquen en sus procedimientos de lucha y métodos de acción. Defender esta teoría que

según su más profundo convencimiento es la verdadera, contra los ataques infundados y

contra los intentos de alterarla, no significa, en modo alguno, ser enemigo de toda

crítica. No consideramos, en absoluto, la teoría de Marx como algo acabado e intangible:

estamos convencidos, por el contrario, de que esta teoría no ha hecho sino colocar las

piedras angulares de la ciencia que los socialistas deben impulsar en todas las

direcciones, si es que no quieren quedar rezagados de la vida. Creemos que para los

socialistas rusos es particularmente necesario impulsar independientemente la

teoría de Marx, porque esta teoría da solamente los principios directivos

generales, que se aplican en particular a Inglaterra, de un modo distinto que a

Francia; a Francia, de un modo distinto que a Alemania; a Alemania, de un modo distinto

que a Rusia. Por lo mismo, con mucho gusto daremos cabida en nuestro periódico a los

artículos que traten de cuestiones teóricas e invitamos a todos los camaradas a tratar

abiertamente los puntos en discusión. 





    ¿Cuáles son, pues, las cuestiones principales que surgen al aplicar a

Rusia el programa común para todos los socialdemócratas? Ya hemos dicho que la esencia

de este programa consiste en la organización de la lucha de clase del proletariado y en

la dirección de esta lucha, cuyo objetivo final es la conquista del Poder político por

el proletariado y la estructuración de la sociedad socialista. La lucha de clase del

proletariado se compone de la lucha económica (contra capitalistas aislados o contra

grupos aislados de capitalistas por el mejoramiento de la situación de los obreros) y de

la lucha política (contra el gobierno por la ampliación de los derechos del pueblo, esto

es, por la democracia, y por la ampliación del poder político del proletariado). Algunos

socialdemócratas rusos (entre ellos, por lo visto, los que editan el periódico Rabóchaia

Misl ) consideran incomparablemente más importante la lucha económica y llegan casi

a aplazar la lucha política para un porvenir más o menos lejano. Semejante opinión es

profundamente equivocada. Todos los socialdemócratas están de acuerdo en que se debe

organizar la lucha económica de la clase obrera, en que en este terreno hay que llevar a

cabo una agitación entre los obreros, es decir, hay que ayudarlos en su lucha diaria

contra los patronos llamar su atención sobre todos los aspectos y casos de opresión y

explicarles de este modo la necesidad de unirse Pero olvidar la lucha política a causa de

la lucha económica significaría renegar del principio fundamental de la socialdemocracia

del mundo entero, significaría olvidar todas las enseñanzas que nos proporciona la

historia del movimiento obrero. Los fervientes partidarios de la burguesía y del gobierno

puesto a su servicio intentaron incluso, más de una vez organizar asociaciones de obreros

de carácter puramente económico, para desviarlos de esta manera de la

"política" y del socialismo. Es muy posible que también el gobierno ruso haga algo por el estilo,

puesto que siempre ha procurado arrojar al pueblo dádivas insignificantes, mejor dicho,

dádivas ficticias, con tal de distraerlo de la idea sobre la falta de derechos y sobre el

yugo que padece. Ninguna lucha económica puede aportar a los obreros un mejoramiento

estable, ni siquiera puede llevarse a cabo en amplia escala, si los obreros no tienen el

derecho de organizar libremente sus asambleas y sindicatos, de editar periódicos propios,

de enviar sus mandatarios a las instituciones representativas del pueblo, como sucede en

Alemania y en todos los otros Estados europeos (a excepción de Turquía y Rusia). Y para

obtener estos derechos es necesario llevar a cabo una lucha política. En Rusia no

solamente los obreros, sino todos los ciudadanos se ven privados de los derechos

políticos. Rusia es una monarquía autocrática, absoluta. El zar solo es quien dicta las

leyes, nombra funcionarios y ejerce el control sobre los mismos. Por eso parece que

en Rusia el zar y su gobierno no dependen de ninguna clase y se preocupan por todos en

igual medida. Pero de hecho todos los funcionarios son designados únicamente de

entre los que pertenecen a la clase de los propietarios y todos ellos están sometidos a

la influencia de los grandes capitalistas, quienes hacen de los ministros lo que quieren y

obtienen de ellos todo lo que pretenden. Sobre la clase obrera rusa pesa un doble yugo: la

expolian y saquean los capitalistas y los terratenientes y, para que no pueda luchar

contra ellos, la ata de pies y manos la policía, que además la amordaza y castiga todos

sus intentos de defender los derechos del pueblo. Toda huelga dirigida contra los

capitalistas tiene por resultado el que el ejército y la policía sean lanzados contra

los obreros. Toda lucha económica necesariamente se transforma en una lucha política y

la socialdemocracia debe fundir siempre una y otra en una lucha única de clase del

proletariado. El primer y principal objetivo de esta lucha debe ser la conquista de

los derechos políticos, la conquista de la libertad política. Si los obreros de

Petersburgo, solos, con una pequeña ayuda de los socialistas, supieron conseguir

rápidamente del gobierno concesiones tales como la promulgación de una ley sobre la

reducción de la jornada de trabajo[3], toda la clase obrera rusa, bajo la dirección

única del "Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia", sabrá conseguir, por

medio de una lucha tenaz, concesiones de importancia incomparablemente mayor. 





    La clase obrera rusa sabrá llevar a cabo su lucha económica y política

ella sola, incluso en el caso de no recibir ayuda de ninguna de las otras clases. Pero los

obreros no están solos en la lucha política. La falta completa de derechos del pueblo y

la salvaje arbitrariedad de todos los funcionarios-sátrapas indignan también a todas las

personas cultas con un mínimo de honradez y que no pueden reconciliarse con la

persecución de toda palabra libre y de toda idea libre; indignan a los polacos, a los

finlandeses, a los hebreos y a los adeptos de las sectas religiosas rusas, que sufren

persecuciones; indignan a los pequeños comerciantes, industriales y campesinos, que no

tienen a quién acudir en busca de defensa contra los atropellos de los burócratas y de

la policía. Todos estos grupos de la población, por separado, no son capaces de librar

una lucha política tenaz; pero cuando la clase obrera enarbole la bandera de esta lucha,

de todas partes le tenderán una mano de ayuda. La socialdemocracia rusa se pondrá a la

cabeza de todos los que luchan por los derechos del pueblo, de todos los que luchan por la

democracia, y, entonces, ¡será invencible! 





    Tales son nuestros principales conceptos que iremos desarrollando

sistemática y ampliamente en las columnas de nuestro periódico. Estamos convencidos de

que así marcharemos por el camino trazado por el "Partido Obrero Socialdemócrata de

Rusia" en el "Manifiesto" lanzado por el mismo.





 





 





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NOTAS





[1] Se refiere al artículo de Plejánov "Bernstein y el materialismo",

publicado en julio de 1898 en el núm. 44 de la revista Die Neue Zeit, órgano de

prensa de la socialdemocracia alemana.





[2] Se alude

al Congreso de la socialdemocracia alemana de Hannover realizado del 9 al 14 de

octubre de 1899. El Congreso adoptó una resolución (La resolución de Hannover) sobre el

problema de los "ataques a los conceptos fundamentales y a la táctica del

Partido", el principal del orden del día. El examen de este problema y la

resolución que sobre el particular se adoptara en el Congreso, se fundaban en el hecho de

que los oportunistas, encabezados por Bernstein, se presentaron exigiendo la revisión de

la teoría marxista y el nuevo examen de la política y la táctica revolucionarias de la

socialdemocracia. En la resolución adoptada por el Congreso, se rechazaron las exigencias

de los revisionistas, pero no se criticaba ni se desenmascaraba al bernsteinianismo.





[3] Se alude

a la Ley del 2 (14) de junio de 1897. El gobierno zarista se vio obligado a

promulgar la ley bajo la presión del movimiento obrero, dirigido por la "Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase

Obrera" leninista. La ley establecía la jornada de once horas y media en las

empresas industriales y en los talleres ferroviarios. Antes de esta ley, la jornada

laboral en Rusia era ilimitada y llegaba hasta 14-15 horas. Lenin analiza y critica

detalladamente dicha ley en su folleto La nueva ley fabril. (Obras Completas,

t. II.)