En los números 1-2 de *Nachalo* (secc. II, págs. 1-21) aparece un artículo del Sr. S. Bulgákov titulado «Acerca de la cuestión de la evolución capitalista de la agricultura», dedicado a la crítica de la obra de Kautsky sobre la cuestión agraria. El Sr. Bulgákov dice con toda razón que «el libro de Kautsky representa toda una concepción del mundo», que posee una gran importancia tanto teórica como práctica. Es quizás la primera investigación sistemática y científica de un problema que ha suscitado y sigue suscitando apasionadas polémicas en todos los países, incluso entre autores solidarios en sus concepciones generales y que se reconocen como marxistas. El Sr. Bulgákov «se limita a una crítica negativa», a la crítica de «algunas tesis aisladas del libro de Kautsky» (que él expone para los lectores de *Nachalo* «de manera breve» —demasiado breve y muy inexacta, como veremos—). «Con el tiempo», el Sr. Bulgákov espera «ofrecer una exposición sistemática del problema de la evolución capitalista de la agricultura» y contraponer así a Kautsky «también toda una concepción del mundo».

No dudamos de que también en Rusia el libro de Kautsky provocará no pocas discusiones entre los marxistas, de que también en Rusia unos estarán en contra de Kautsky y otros a su favor. Por lo menos, quien esto escribe discrepa del modo más decidido de la opinión del Sr. Bulgákov, de su valoración del libro de Kautsky. Esta valoración —a pesar de que el Sr. Bulgákov reconoce que *Die Agrarfrage*[65] es una «obra notable»— llama la atención por su brusquedad y por un tono insólito en la polémica entre autores de orientaciones afines. He aquí muestras de las expresiones del Sr. Bulgákov: «extraordinariamente superficial»... «carece por igual de verdadera agronomía y de verdadera economía»... «Kautsky despacha con frases problemas científicos serios», (¡cursiva del Sr. Bulgákov!), etc., etc. Examinemos, pues, con atención las expresiones del severo crítico, a la vez que familiarizamos al lector con el libro de Kautsky.

I

Antes aún de habérselas con Kautsky, el Sr. Bulgákov le propina, de pasada, una a Marx. Se sobreentiende que el Sr. Bulgákov subraya los enormes méritos del gran economista, pero observa que en Marx aparecen «en parte» incluso «ideas erróneas... ya suficientemente refutadas por la historia». «Entre tales ideas se cuenta, por ejemplo, aquella según la cual en la agricultura el capital variable disminuye en relación al constante, lo mismo que en la industria transformativa, de modo que la composición orgánica del capital agrícola aumenta constantemente». ¿Quién se equivoca aquí, Marx o el Sr. Bulgákov? El Sr. Bulgákov se refiere al hecho de que en la agricultura el progreso de la técnica y el aumento de la intensidad de la economía conducen a menudo a un incremento de la cantidad de trabajo necesaria para cultivar una superficie dada. Esto es indiscutible, pero de ahí a negar la teoría de la disminución del capital variable en relación al constante, en proporción al constante, hay mucha distancia. La teoría de Marx únicamente afirma que la relación v : c (v = capital variable, c = capital constante) tiene, en general, la tendencia a disminuir, aunque v aumente por unidad de superficie. ¿Acaso refuta esto la teoría de Marx si, al mismo tiempo, c aumenta todavía más deprisa? En relación a la agricultura de los países capitalistas, tomada en su conjunto, observamos una disminución de v y un aumento de c. La población rural y el número de obreros agrícolas disminuyen tanto en Alemania como en Francia e Inglaterra, mientras el número de máquinas empleadas en la agricultura crece. En Alemania, por ejemplo, la población rural de 1882 a 1895 disminuyó de 19,2 millones a 18,5 (el número de obreros agrícolas asalariados, de 5,9 millones a 5,6), mientras que el número de máquinas empleadas en la agricultura aumentó de 45.836.900 a 9.133.913[66]; el número de máquinas de vapor utilizadas en la agricultura subió de 2.731 (1879) a 12.856 (1897), y el número de caballos de fuerza de vapor creció todavía más. La cantidad de ganado vacuno subió de 15,8 millones a 17,5, y la de cerdos de 9,2 a 12,2 (1883 y 1892). En Francia, la población rural disminuyó de 6,9 millones de personas («independientes») en 1882 a 6,6 millones en 1892, mientras el número de máquinas agrícolas crecía así: en 1862, 132.784; en 1882, 278.896; en 1892, 355.795; el número de cabezas de ganado vacuno: 12,0-13,0-13,7 millones; de caballos: 2,91-2,84-2,79 millones (la disminución del número de caballos en 1882-1892 es menos significativa que la de la población rural). Así pues, en su conjunto, y por lo que se refiere a los países capitalistas modernos, la historia ha confirmado la aplicabilidad de la ley de Marx a la agricultura, en modo alguno la ha refutado. El error del Sr. Bulgákov consiste en que elevó con excesiva precipitación hechos agronómicos aislados, sin examinar su significación, a la categoría de leyes económicas generales. Subrayamos lo de «generales» porque ni Marx ni sus discípulos consideraron jamás dicha ley más que como una ley de las tendencias generales del capitalismo, en modo alguno como una ley de todos los casos particulares. Incluso en relación a la industria, el propio Marx señaló que los períodos de transformaciones técnicas (cuando la relación v : c disminuye) se alternan con períodos de progreso sobre una determinada base técnica (cuando la relación v : c es invariable y en casos particulares puede incluso aumentar). Conocemos en la historia industrial de los países capitalistas casos en que esta ley es infringida en ramas industriales enteras. Por ejemplo, cuando los grandes talleres capitalistas (llamados, sin precisión, fábricas) se descomponen para ceder su lugar al trabajo capitalista a domicilio. Y en lo que se refiere a la agricultura, no cabe duda alguna de que el proceso de desarrollo del capitalismo en ella es inconmensurablemente más complejo y adopta formas incomparablemente más diversas.

Pasemos a Kautsky. El bosquejo de la agricultura en la época feudal con el que Kautsky comienza resulta, al parecer, «muy superficialmente compuesto y superfluo». Es difícil comprender los motivos de un veredicto semejante. Estamos seguros de que si el Sr. Bulgákov logra llevar a cabo su plan y ofrecer una exposición sistemática del problema de la evolución capitalista de la agricultura, tendrá forzosamente que esbozar los rasgos fundamentales de la economía agrícola precapitalista. De otro modo no se puede entender ni el carácter de la economía capitalista ni las formas de transición que la vinculan a la feudal. El propio Sr. Bulgákov reconoce la importancia grandiosa de «la forma que la agricultura presentaba al *comienzo* (cursiva del Sr. Bulgákov) de su andadura capitalista». Kautsky empieza precisamente por «el comienzo de la andadura capitalista» de la agricultura europea. El bosquejo de la agricultura feudal está trazado por Kautsky, en nuestra opinión, de modo excelente: con esa notable nitidez, con esa habilidad para elegir lo principal y esencial sin perderse en detalles secundarios, que caracterizan en general a este autor. Ante todo, Kautsky, en la introducción, da un planteamiento del problema sumamente preciso y acertado. Declara del modo más decidido: «No está sujeto a duda alguna —estamos dispuestos a aceptarlo *a priori (von vornherein)*[67] como demostrado— que la agricultura no se desarrolla según el mismo patrón que la industria: está sujeta a leyes especiales» (S.[68] 5-6). La tarea consiste en «investigar si el capital se apodera de la agricultura, y cómo se apodera de ella, cómo la transforma, cómo hace inviables las viejas formas de producción y de propiedad y crea la necesidad de formas nuevas» (S. 6). Sólo este planteamiento, y no otro, puede conducir a una esclarecimiento satisfactorio del «desarrollo de la agricultura en la sociedad capitalista» (título de la primera parte, teórica, del libro de Kautsky).

Al comienzo de la «andadura capitalista», la agricultura estaba en manos del campesino, sometido, por regla general, al régimen feudal de la economía social. Y Kautsky caracteriza ante todo el régimen de la economía campesina, la combinación de la agricultura con la industria doméstica; luego, los elementos de descomposición de este paraíso de los escritores pequeñoburgueses y conservadores (*à la* Sismondi), la significación de la usura, la «penetración gradual en la aldea, en las entrañas mismas de la economía campesina, del antagonismo de clase, que destruye la armonía y la comunidad de intereses antiguas» (S. 13). Este proceso comenzó ya en la Edad Media y no ha concluido definitivamente aún en el presente. Subrayamos esta declaración porque muestra de inmediato toda la inexactitud de la afirmación del Sr. Bulgákov de que Kautsky ni siquiera planteó el problema de quién era el portador del progreso técnico en la agricultura. Kautsky planteó y dilucidó este problema con toda determinación, y todo el que haya leído atentamente su libro asimilará esa verdad (a menudo olvidada por los populistas, los agrónomos y muchos otros) de que el portador del progreso técnico en la agricultura moderna es la burguesía rural, tanto la pequeña como la grande, y la grande (como demostró Kautsky) desempeña a este respecto un papel más importante que la pequeña.

II

Después de esbozar (en el cap. III) los rasgos fundamentales de la agricultura feudal —el predominio de la rotación trienal, ese sistema agrícola conservador por excelencia; la opresión y expropiación del campesinado por la gran nobleza terrateniente; la organización por parte de esta última de la economía feudal-capitalista; la transformación del campesino en un muerto de hambre (Hungerleider) durante los siglos XVII y XVIII; el desarrollo del campesinado burgués (Grossbauern, que no prescinden de la contratación de jornaleros y trabajadores a destajo), para el que ya no servían las viejas formas de las relaciones rurales y de la propiedad territorial; el derrocamiento de esas formas, el desbrozamiento del camino para la «agricultura capitalista intensiva» (S. 26) por las fuerzas de la clase de la burguesía, desarrollada en el seno de la industria y de las ciudades—, después de esbozar todo esto, Kautsky pasa a caracterizar la «agricultura moderna (moderne)» (capítulo IV).

Este capítulo ofrece un cuadro notablemente preciso, conciso y claro de la gigantesca revolución que el capitalismo produjo en la agricultura al transformar el rutinario oficio de campesinos agobiados por la miseria y embrutecidos por la ignorancia en aplicación científica de la agronomía, al quebrantar el secular estancamiento de la agricultura, al dar (y seguir dando) impulso al rápido desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social. La rotación trienal fue sustituida por la rotación de cultivos, mejoraron la cría del ganado y el laboreo de la tierra, aumentaron las cosechas, se desarrolló enormemente la especialización de la agricultura, la división del trabajo entre las distintas explotaciones. La uniformidad precapitalista fue sustituida por una diversidad cada vez mayor, acompañada del progreso técnico de todas las ramas de la agricultura. Surgió y empezó a crecer rápidamente el empleo de máquinas en la agricultura, el empleo del vapor; se inicia el empleo de la electricidad que, como indican los especialistas, está llamada a desempeñar un papel aún más importante en esta rama de la producción que el vapor. Se desarrollaron las vías de acceso, las mejoras del suelo, el uso de fertilizantes artificiales, de acuerdo con los datos de la fisiología vegetal; comenzó a aplicarse la bacteriología a la agricultura. La opinión del Sr. Bulgákov de que Kautsky «no acompaña estos datos[70] con un análisis económico» es completamente infundada. Kautsky señala con precisión la conexión de esta revolución con el crecimiento del mercado (en particular con el crecimiento de las ciudades), con el sometimiento de la agricultura a la competencia, que forzó la transformación y la especialización de la agricultura. «Esta revolución, que parte del capital urbano, intensifica la dependencia del agricultor respecto al mercado y, además, modifica constantemente las condiciones del mercado que para él son esenciales. La rama de producción que era rentable mientras el mercado más próximo estaba unido al mercado mundial sólo por una carretera, se torna no rentable y tiene que ser necesariamente sustituida por otra rama de producción cuando la localidad es surcada por el ferrocarril. Si, por ejemplo, el ferrocarril trae grano más barato, la producción de grano se hace desventajosa, pero al mismo tiempo se crea la posibilidad de vender leche. El crecimiento de la circulación mercantil permite introducir en el país nuevas variedades mejoradas de plantas», etc. (S. 37-38). «En la época feudal —dice Kautsky— no existía otra agricultura que la pequeña, pues el terrateniente cultivaba sus campos con los mismos aperos de los campesinos. El capitalismo creó por primera vez la posibilidad de la gran producción en la agricultura, técnicamente más racional que la pequeña». Al hablar de las máquinas agrícolas, Kautsky (dicho sea de paso, señaló con precisión las particularidades de la agricultura a este respecto) esclarece el carácter capitalista de su uso, su influencia sobre los obreros, la importancia de las máquinas como factor de progreso, el «carácter utópico reaccionario» de los proyectos sobre la limitación del uso de máquinas agrícolas. «Las máquinas agrícolas continuarán su actividad transformadora: seguirán expulsando a los obreros rurales hacia las ciudades, sirviendo así de poderoso instrumento, por un lado, para elevar los salarios en el campo y, por otro lado, para impulsar el desarrollo ulterior del empleo de máquinas en la agricultura» (S. 41). Añadamos que en capítulos especiales Kautsky analiza detalladamente tanto el carácter capitalista de la agricultura moderna como la relación entre la gran producción y la pequeña, y la proletarización del campesinado. La afirmación del Sr. Bulgákov de que Kautsky «no plantea el problema de por qué fueron necesarios todos estos cambios milagrosos», como vemos, es completamente falsa.

En el capítulo V («El carácter capitalista de la agricultura moderna») Kautsky expone la teoría del valor, de la ganancia y de la renta de Marx. «Sin dinero, la producción agrícola moderna es imposible —dice Kautsky—, o, lo que es lo mismo, es imposible sin capital. En efecto, bajo el modo de producción moderno, cualquier suma de dinero que no sirva a fines de consumo personal puede convertirse en capital, es decir, en valor que engendra plusvalía, y, por regla general, se convierte efectivamente en capital. La producción agrícola moderna constituye, por consiguiente, producción capitalista» (S. 56). Este pasaje nos da, entre otras cosas, la posibilidad de valorar la siguiente declaración del Sr. Bulgákov: «Yo empleo este término (agricultura capitalista) en el sentido usual (en el mismo sentido lo emplea también Kautsky), es decir, en el sentido de gran explotación agrícola. Pero, en realidad (sic!), bajo la organización capitalista de toda la economía nacional, no existe en general agricultura no capitalista, que toda está determinada por las condiciones generales de la organización de la producción, y sólo dentro de sus límites debe distinguirse la agricultura grande, empresarial, y la pequeña. También aquí, para mayor claridad, hace falta un nuevo término». Resulta, pues, que el Sr. Bulgákov ha corregido a Kautsky... «En realidad», como ve el lector, Kautsky no emplea en absoluto el término «agricultura capitalista» en ese sentido «usual» e impreciso en que lo emplea el Sr. Bulgákov. Kautsky comprende perfectamente, y dice de modo muy preciso y claro, que bajo el modo de producción capitalista toda producción agrícola es, «por regla general», capitalista. Como fundamento de esta opinión se aduce el simple hecho de que para la agricultura moderna es necesario dinero, y el dinero que no se destina al consumo personal se convierte, en la sociedad moderna, en capital. Nos parece que esto es un poco más claro que la «corrección» del Sr. Bulgákov y que Kautsky demostró plenamente la posibilidad de prescindir de un «nuevo término». En el capítulo V de su libro Kautsky afirma, entre otras cosas, que tanto el sistema de arrendamiento, que tan plenamente se ha desarrollado en Inglaterra, como el sistema hipotecario, que con asombrosa rapidez se desarrolla en la Europa continental, expresan en esencia uno y el mismo proceso, a saber: el proceso de separación del agricultor de la tierra[71]. En el sistema capitalista de arrendamiento esta separación es clara como el día. En el sistema hipotecario «es menos clara, y la cosa no es tan simple, pero en esencia se reduce a lo mismo» (S. 86). Es obvio, en efecto, que la hipoteca de la tierra es la hipoteca o la venta de la renta del suelo. Por consiguiente, tanto bajo el sistema hipotecario como bajo el sistema de arrendamiento, los perceptores de la renta (= terratenientes) se separan de los perceptores de la ganancia empresarial (= agricultores, empresarios agrícolas). Al Sr. Bulgákov «en general no le es clara la importancia de esta afirmación de Kautsky». «Difícilmente se puede considerar demostrado que la hipoteca exprese la separación de la tierra respecto al agricultor». «En primer lugar, no se puede demostrar que el endeudamiento absorba toda la renta; esto sólo es posible como excepción...» A esto respondemos: no hay necesidad alguna de demostrar que los intereses de las deudas hipotecarias absorben toda la renta, del mismo modo que no hay necesidad de demostrar que la renta real de arrendamiento coincide con la renta del suelo. Basta con demostrar que el endeudamiento hipotecario crece con gigantesca rapidez, que los terratenientes procuran hipotecar toda su tierra, se esfuerzan por vender toda la renta. No se puede dudar de la existencia de esta tendencia —y el análisis económico teórico sólo puede habérselas, en general, con tendencias—. Por consiguiente, tampoco es dudoso el proceso de separación de la tierra respecto al agricultor. La reunión en una sola persona del perceptor de la renta y del perceptor de la ganancia empresarial es «desde el punto de vista histórico, una excepción» (ist historisch eine Ausnahme, S. 91)... «En segundo lugar, hay que analizar en cada caso dado las causas y las fuentes del endeudamiento para comprender su significado». Esto es, probablemente, o bien una errata, o bien un lapsus. El Sr. Bulgákov no puede exigir que un economista (que además trata del «desarrollo de la agricultura en la sociedad capitalista» en general) deba, o siquiera pueda, investigar las causas del endeudamiento «en cada caso dado». Si el Sr. Bulgákov quería decir que es necesario analizar las causas del endeudamiento en diferentes países en diferentes períodos, no podemos estar de acuerdo con él. Kautsky tiene toda la razón al decir que se han acumulado demasiadas monografías sobre la cuestión agraria, que la tarea perentoria de la teoría moderna no es, en absoluto, añadir nuevas monografías, sino «la investigación de las tendencias fundamentales de la evolución capitalista de la agricultura en su conjunto» (Vorrede, S. VI[72]). A estas tendencias fundamentales pertenece, indudablemente, también la separación de la tierra respecto al agricultor en la forma de crecimiento del endeudamiento hipotecario. Kautsky definió con precisión y claridad el verdadero significado de las hipotecas, su carácter histórico progresivo (la separación de la tierra respecto al agricultor es una de las condiciones de la socialización de la agricultura, S. 88), su papel necesario en la evolución capitalista de la agricultura[73]. Todas las disertaciones de Kautsky sobre esta cuestión son extraordinariamente valiosas desde el punto de vista teórico y proporcionan un arma poderosa contra las tan difundidas (especialmente en «toda clase de manuales de economía agrícola») peroratas burguesas sobre las «calamidades» del endeudamiento y sobre las «medidas de ayuda»... «En tercer lugar —concluye el Sr. Bulgákov—, la tierra entregada en arrendamiento puede, a su vez, estar hipotecada y, en este sentido, pasar a la situación de tierra no arrendada». ¡Extraño argumento! Que el Sr. Bulgákov señale aunque sea un solo fenómeno económico, una sola categoría económica que no se entremezcle con otros. Los casos de coincidencia de arrendamiento con hipoteca no refutan, ni siquiera debilitan, la tesis teórica de que el proceso de separación de la tierra respecto al agricultor se expresa en dos formas: en el sistema de arrendamiento y en el endeudamiento hipotecario.

«Aún más inesperada» y «completamente falsa» declara asimismo el Sr. Bulgákov la tesis de Kautsky de que «los países de sistema de arrendamiento desarrollado son también países con predominio de la gran propiedad territorial» (S. 88). Kautsky habla aquí de la concentración de la propiedad territorial (bajo el sistema de arrendamiento) y de la concentración de hipotecas (bajo el sistema de economía propia de los terratenientes), como condición que facilita la supresión de la propiedad privada de la tierra. Sobre el problema de la concentración de la propiedad territorial, prosigue Kautsky, no existe una estadística «que permita seguir la unión de varias propiedades en unas mismas manos», pero «en general se puede aceptar» que el aumento del número de arrendamientos y de la superficie de tierra arrendada va acompañado de la concentración de la propiedad territorial. «Los países de sistema de arrendamiento desarrollado son también países con predominio de la gran propiedad territorial». Está claro que toda esta disertación de Kautsky se refiere única y exclusivamente a los países de sistema de arrendamiento desarrollado, ¡y el Sr. Bulgákov se remite a Prusia Oriental, donde él «espera demostrar» el crecimiento del arrendamiento junto con la fragmentación de la gran propiedad territorial, y quiere refutar a Kautsky con este ejemplo aislado! Sólo que el Sr. Bulgákov olvida comunicar al lector que el propio Kautsky señala la fragmentación de las grandes fincas y el crecimiento del arrendamiento campesino en Ostelbien, y esclarece al mismo tiempo, como veremos más adelante, el verdadero significado de estos procesos.

Kautsky demuestra la concentración de la propiedad territorial en los países de endeudamiento hipotecario mediante la concentración de las instituciones hipotecarias. El Sr. Bulgákov encuentra esto indemostrable. «Puede fácilmente ocurrir —opina— que tenga lugar una desconcentración del capital (por medio de acciones) junto con la concentración de las instituciones de crédito». Bueno, sobre esta cuestión ya no vamos a discutir con el Sr. Bulgákov.

III

Tras examinar los rasgos fundamentales de la agricultura feudal y capitalista, Kautsky pasa a la cuestión de la «gran y la pequeña producción» (cap. VI) en la agricultura. Este capítulo es uno de los mejores del libro de Kautsky. Examina aquí en primer lugar la «superioridad técnica de la gran producción». Al resolver la cuestión a favor de la gran producción, Kautsky no da en modo alguno una fórmula abstracta que ignore la gigantesca diversidad de las relaciones agrícolas (como supone, con sumo fundamento, el Sr. Bulgákov), sino que, por el contrario, señala clara y precisamente la necesidad de tener en cuenta esa diversidad para aplicar la ley teórica a la práctica. La superioridad de la gran producción sobre la pequeña en la agricultura es inevitable, «se sobreentiende», sólo «en igualdad de las demás condiciones» (S. 100. Cursiva mía). Esto, en primer lugar. También en la industria, en efecto, la ley de la superioridad de la gran producción no es en absoluto tan absoluta ni tan simple como a veces se piensa; allí, igualmente, sólo la igualdad de «las demás condiciones» (que en la realidad dista mucho de darse siempre) asegura la plena aplicabilidad de la ley. Y en la agricultura, que se distingue por una complejidad y diversidad incomparablemente mayores de relaciones, la plena aplicabilidad de la ley sobre la superioridad de la gran producción está supeditada a condiciones considerablemente más estrictas. Por ejemplo, Kautsky observa muy atinadamente que en la frontera entre la hacienda campesina y la pequeña finca señorial se produce una «transformación de la cantidad en calidad»: la gran economía campesina puede ser «si no técnicamente, sí económicamente superior» a la pequeña finca señorial. El mantenimiento de un administrador con formación científica (una de las ventajas importantes de la gran producción) resulta excesivamente oneroso para una finca pequeña, y la gestión directa del propio propietario es a menudo sólo «propia de un junker», pero en modo alguno científica. En segundo lugar, la superioridad de la gran producción en la agricultura tiene lugar sólo hasta cierto límite. Kautsky investiga detalladamente estos límites en la exposición ulterior. Se sobreentiende también que estos límites no son iguales para las distintas ramas de la agricultura y bajo diferentes condiciones económico-sociales. En tercer lugar, Kautsky no ignora en absoluto que «por ahora» hay también ramas de la agricultura en las que la pequeña producción es reconocida por los especialistas como capaz de competir, por ejemplo, la horticultura, la viticultura, el cultivo de plantas comerciales, etc. (S. 115). Pero estos cultivos tienen una importancia completamente subordinada en relación con las ramas principales (entscheidenden) de la agricultura: la producción de grano y la ganadería. Además, «también en la esfera de la horticultura y de la viticultura existen ya grandes producciones con bastante éxito» (S. 115). Por eso, «si se habla de la agricultura en general y en su conjunto (im allgemeinen), las ramas en las que la pequeña producción tiene superioridad sobre la grande no han de ser tomadas en cuenta, y se puede decir plenamente que la gran producción posee una decidida superioridad sobre la pequeña» (S. 116).

Después de demostrar la superioridad técnica de la gran producción en la agricultura (expondremos más detalladamente los argumentos de Kautsky al examinar las objeciones del Sr. Bulgákov), Kautsky se plantea la pregunta: «¿Qué puede oponer la pequeña producción a las ventajas de la grande?», y responde: «una mayor diligencia y un mayor celo del trabajador que, a diferencia del asalariado, trabaja para sí mismo, y, además, un nivel tan bajo de necesidades del pequeño agricultor independiente que resulta incluso inferior al del obrero rural» (S. 106). Y con toda una serie de datos relevantes sobre la situación de los campesinos en Francia, Inglaterra y Alemania, Kautsky pone fuera de toda duda el hecho del «trabajo excesivo y el consumo insuficiente en la pequeña producción». Por último, Kautsky señala que la superioridad de la gran producción se expresa también en la tendencia de los agricultores a constituir cooperativas: «la producción cooperativa es gran producción». Es sabido cómo los ideólogos del filisteísmo en general, y los populistas rusos en particular (mencionemos al menos el libro antes citado del Sr. Kablukov) se entusiasman con las cooperativas de pequeños agricultores. Por eso adquiere tanta mayor importancia el excelente análisis del papel de las cooperativas hecho por Kautsky. Las cooperativas de pequeños agricultores son, por supuesto, un eslabón del progreso económico, pero expresan la transición al capitalismo (Fortschritt zum Kapitalismus), y en modo alguno al colectivismo, como a menudo se piensa y se afirma (S. 118). Las cooperativas no atenúan, sino que refuerzan la delantera (Vorsprung) de la gran producción sobre la pequeña en la agricultura, porque los grandes agricultores tienen más posibilidades de organizar cooperativas y se aprovechan más de esta posibilidad. Que la gran producción colectiva, comunitaria, es superior a la gran producción capitalista, Kautsky lo reconoce —se sobreentiende— con plena decisión. Se detiene en las experiencias de explotación colectiva de la agricultura realizadas en Inglaterra por los discípulos de Owen[74], en comunidades análogas de los Estados Unidos de Norteamérica. Todos estos experimentos, dice Kautsky, demuestran irrefutablemente que la explotación colectiva de la gran agricultura moderna por trabajadores es perfectamente posible, pero para que esta posibilidad se convierta en realidad se necesita «toda una serie de condiciones económicas, políticas e intelectuales determinadas». Al pequeño productor (tanto al artesano como al campesino) le impide pasar a la producción colectiva el desarrollo extremadamente débil de la solidaridad y de la disciplina, su aislamiento, su «fanatismo de propietarios», constatado no sólo entre los campesinos de Europa occidental, sino —añadimos por nuestra cuenta— también entre los campesinos «comunitarios» rusos (recuérdese a A. N. Engelhardt y a Gl. Uspenski). «Es absurdo esperar —declara categóricamente Kautsky— que el campesino en la sociedad moderna pase a la producción comunitaria» (S. 129). Tal es el contenido extraordinariamente rico del capítulo VI del libro de Kautsky. El Sr. Bulgákov está particularmente descontento de este capítulo. Kautsky, se nos dice, incurre en el «pecado original» de mezclar conceptos distintos, «las ventajas técnicas se mezclan con las económicas». Kautsky «parte del supuesto incorrecto de que un modo de producción técnicamente más perfecto es más perfecto, es decir, más viable económicamente». Este juicio tajante del Sr. Bulgákov es completamente infundado, como esperamos que ya se haya convencido el lector por nuestra exposición del curso de los razonamientos de Kautsky. Sin mezclar en absoluto la técnica y la economía[75], Kautsky procede con toda corrección al investigar la cuestión de la correlación entre la gran y la pequeña producción en la agricultura en igualdad de las demás condiciones dentro del marco de la economía capitalista. Ya en la primera frase del primer parágrafo del capítulo VI, Kautsky señala con precisión este vínculo entre el nivel de desarrollo del capitalismo y el grado de aplicabilidad general de la ley de la superioridad de la gran agricultura: «Cuanto más capitalista se vuelve la agricultura, en mayores dimensiones desarrolla la diferencia cualitativa entre la técnica de la pequeña y de la gran producción» (S. 92). En la agricultura precapitalista no existía esa diferencia cualitativa. ¿Qué decir, entonces, de la severa admonición del Sr. Bulgákov a Kautsky: «En realidad, la cuestión debe plantearse así: ¿qué importancia, en la competencia entre la gran y la pequeña producción, pueden tener, en determinadas condiciones económico-sociales, tales o cuales particularidades de cada una de estas formas de producción?». Esta «corrección» es exactamente de la misma índole que la examinada por nosotros más arriba.

Veamos ahora cómo refuta el Sr. Bulgákov los argumentos de Kautsky en favor de la superioridad técnica de la gran producción en la agricultura. Kautsky dice: «Una de las diferencias más importantes entre la agricultura y la industria consiste en que la producción en el sentido propio de la palabra (Wirtschaftsbetrieb, empresa económica) se halla aquí vinculada por lo común a la economía doméstica (Haushalt), cosa que no ocurre en la industria». Y que una economía doméstica más grande tiene ventaja sobre la pequeña en cuanto al ahorro de trabajo y material, eso difícilmente requiere demostración... La primera compra (¡fíjese en esto! V. I.) «queroseno, achicoria, margarina —al por mayor, la segunda al por menor, etc.» (S. 93). El Sr. Bulgákov «corrige»: «¡Kautsky no quería decir que esto es técnicamente más ventajoso, sino que cuesta menos!»... ¿No está claro que también en este caso (como en todos los demás) el intento del Sr. Bulgákov de «corregir» a Kautsky es más que fallido? «Este argumento —continúa el severo crítico—, de por sí, también es muy dudoso, porque en el valor del producto, bajo ciertas condiciones, el valor de las chozas dispersas puede no entrar en absoluto, mientras que el valor de un edificio común sí entrará, y además con intereses. Esto también depende de las condiciones económico-sociales, que —y no las supuestas ventajas técnicas de la gran producción sobre la pequeña— habría que investigar...» En primer lugar, el Sr. Bulgákov olvida la minucia de que Kautsky, tras investigar primeramente la importancia comparativa de la gran y la pequeña producción en igualdad de las demás condiciones, en la exposición ulterior analiza detalladamente también esas condiciones. El Sr. Bulgákov quiere, por tanto, mezclar en un solo montón cuestiones diferentes. En segundo lugar: ¿cómo es posible que el valor de las chozas campesinas no entre en el valor del producto? Sólo en virtud de que el campesino «no cuenta» el valor de su madera o de su trabajo de construcción y reparación de la choza. En la medida en que el campesino lleva aún una economía natural, puede, por supuesto, «no contar» su trabajo, y el Sr. Bulgákov olvida en vano decir al lector que Kautsky lo señala con total claridad y precisión en las págs. 165-167 de su libro (cap. VIII, «La proletarización del campesino»). ¡Pero si aquí se trata precisamente de las «condiciones económico-sociales» del capitalismo, y no de la economía natural ni de la simple economía mercantil! Y en el marco social capitalista, «no contar» el propio trabajo significa entregar gratuitamente el trabajo (al comerciante o a otro capitalista), significa trabajar por una remuneración incompleta de la fuerza de trabajo, significa rebajar el nivel de las necesidades por debajo de la norma. Esta particularidad de la pequeña producción, Kautsky, como hemos visto, la reconoció plenamente y la valoró acertadamente. El Sr. Bulgákov, en su objeción a Kautsky, repite el procedimiento habitual y el error habitual de los economistas burgueses y pequeñoburgueses. Estos economistas han atronado todos los oídos ensalzando la «viabilidad» del pequeño campesino, que, dicen, puede no contar su trabajo, no perseguir la ganancia ni la renta, etc. Esas buenas gentes olvidaban sólo que semejante razonamiento mezcla las «condiciones económico-sociales» de la economía natural, de la producción mercantil simple y del capitalismo. Kautsky aclara de modo excelente todos estos errores, distinguiendo estrictamente uno u otro régimen de relaciones económico-sociales. «Si la producción agrícola del pequeño campesino —dice— no está incorporada a la esfera de la producción mercantil, si constituye sólo una parte de la economía doméstica, entonces permanece también fuera de la esfera de las tendencias centralizadoras del modo de producción moderno. Por irracional que sea su economía parcelaria, por mucho desperdicio de fuerzas que ocasione, se aferra a ella firmemente, del mismo modo que su mujer se aferra a su mísera economía doméstica, la cual, igualmente, da, con un gasto grandísimo de fuerza de trabajo, resultados infinitamente lastimosos, pero representa la única esfera donde ella no está sometida a una voluntad ajena y está libre de explotación» (S. 165). La cosa cambia cuando la economía natural es desplazada por la mercantil. Al campesino le es preciso vender productos, comprar aperos, comprar tierra. Mientras el campesino sigue siendo un simple productor de mercancías, puede contentarse con el nivel de vida de un obrero asalariado; no necesita ganancia ni renta, puede pagar por la tierra un precio más alto que el que podría dar un capitalista empresario (S. 166). Pero la producción mercantil simple es desplazada por la producción capitalista. Si, por ejemplo, el campesino ha hipotecado su tierra, se ve obligado a obtener también la renta, que ha sido vendida al acreedor. En esta fase de desarrollo, sólo formalmente se puede considerar al campesino como simple productor de mercancías. De facto[76] se las ha ya, por lo general, con un capitalista —acreedor, comerciante, empresario industrial— de quien se ve forzado a buscar «ocupaciones auxiliares», es decir, a venderle su fuerza de trabajo. En esta fase —y Kautsky, repetimos, compara la grande y la pequeña agricultura en la sociedad capitalista—, la posibilidad de «no contar su trabajo» significa para el campesino una sola cosa: agotarse en el trabajo e reducir interminablemente sus necesidades.

Igualmente inconsistentes son las demás objeciones del Sr. Bulgákov. La pequeña producción permite, dentro de límites más estrechos, el empleo de máquinas; al pequeño agricultor le resulta más difícil y más caro obtener crédito, dice Kautsky. El Sr. Bulgákov encuentra que estos argumentos son falsos, ¡y se remite a... las cooperativas campesinas! Pasa por alto en absoluto las demostraciones de Kautsky, quien dio la valoración, antes citada por nosotros, de esas cooperativas y de su significado. En cuanto a las máquinas, el Sr. Bulgákov recrimina de nuevo a Kautsky por no haber planteado «la cuestión económica más general: cuál es, en general, el papel económico de las máquinas en la agricultura» (¡el Sr. Bulgákov ya se ha olvidado del capítulo IV del libro de Kautsky!) «y si son en ella un instrumento tan inevitable como en la industria transformativa». Kautsky indicó claramente el carácter capitalista del empleo de las máquinas en la agricultura moderna (S. 39, 40 y ss.), señaló las particularidades de la agricultura que crean «dificultades técnicas y económicas» para la aplicación de máquinas en la agricultura (S. 38 y ss.), aportó datos sobre el creciente uso de las máquinas (40), sobre su significado técnico (42 y ss.), sobre el papel del vapor y de la electricidad. Kautsky indicó qué dimensiones de explotación son necesarias, según los datos de la agronomía, para el pleno aprovechamiento de diferentes máquinas (94), señaló que según los datos del censo alemán de 1895, el porcentaje de explotaciones que usan máquinas aumenta regular y rápidamente de las pequeñas a las grandes (2% en las explotaciones de hasta 2 hectáreas; 13,8% en las de 2-5 ha; 45,8% en las de 5-20 ha; 78,8% en las de 20-100 ha; 94,2% en las de 100 y más hectáreas). ¡El Sr. Bulgákov desearía, en lugar de estos datos, ver disertaciones «generales» sobre la «invencibilidad» o vencibilidad de las máquinas!...

«La indicación de que en la pequeña producción corresponde un mayor número de animales de trabajo por hectárea... no es convincente... en vista de que no se investiga... el grado de intensidad ganadera de la explotación», dice el Sr. Bulgákov. Abrimos la página del libro de Kautsky donde se hace esta indicación, y leemos: «...El mayor número de vacas en la pequeña explotación» (por cada 1000 hectáreas) «depende también, en medida no insignificante, de que el campesino se dedica más a la ganadería y menos a la producción de cereales que el gran agricultor; pero la diferencia en el número de caballos no puede ser explicada por esto» (pág. 96, donde se aportan datos sobre Sajonia en 1860, sobre toda Alemania en 1883 e Inglaterra en 1880). Recordemos que también en Rusia la estadística de los zemstvos ha revelado la misma ley, que expresa la superioridad de la gran agricultura sobre la pequeña: las grandes explotaciones campesinas se las arreglan con una cantidad menor de ganado y de aperos por unidad de superficie[77].

La exposición de los argumentos de Kautsky sobre la superioridad de la gran producción sobre la pequeña en la agricultura capitalista ha sido hecha por el Sr. Bulgákov de manera nada completa. La superioridad de la gran agricultura consiste no sólo en una menor pérdida de superficie cultivable, en ahorros en el inventario vivo y muerto, en un aprovechamiento más completo del inventario, en una posibilidad más amplia de emplear máquinas, en una mayor accesibilidad al crédito, sino también en la superioridad comercial de la gran explotación, en el empleo por parte de esta última de dirigentes de explotación con formación científica (Kautsky, S. 104). La gran agricultura se sirve en mayor medida de la cooperación de los obreros y de la división del trabajo. Particular importancia atribuye Kautsky a la formación agronómica científica del agricultor. «Un agricultor con plena formación científica sólo puede ser mantenido por una producción lo bastante grande como para que el trabajo de dirección y supervisión de la explotación ocupe por completo la fuerza de trabajo de una persona» (S. 98: «esta magnitud de la explotación varía con el tipo de producción», desde 3 hectáreas en la viticultura hasta 500 hectáreas en la explotación extensiva). Kautsky señala a este respecto el hecho interesante y sumamente característico de que la difusión de las escuelas agrícolas inferiores y medias beneficia no al campesino, sino al gran agricultor, proporcionándole empleados (lo mismo se observa en Rusia). «La alta formación que es necesaria para una producción plenamente racional es difícil de conciliar con las condiciones actuales de existencia de los campesinos. Esto significa una condena, por supuesto, no de la alta formación, sino de las condiciones de vida de los campesinos. Esto significa únicamente que la producción campesina se mantiene junto a la gran producción no gracias a una productividad más elevada, sino gracias a necesidades más bajas» (99). La gran producción ha de mantener no sólo fuerzas de trabajo campesinas, sino también fuerzas de trabajo urbanas, cuyo nivel de necesidades es incomparablemente más alto.

Los datos sumamente interesantes e importantes que Kautsky aduce para demostrar «el trabajo excesivo y el consumo insuficiente en la pequeña producción» son calificados por el Sr. Bulgákov de «¡unas pocas (!) citas casuales (??)!». El Sr. Bulgákov «se compromete» a aducir la misma cantidad de «citas de carácter opuesto». Sólo olvida decir si se compromete también a exponer una afirmación opuesta que se pondría a demostrar con «citas de carácter opuesto». ¡De eso se trata, en efecto! ¿Se compromete el Sr. Bulgákov a afirmar que la gran producción en la sociedad capitalista se distingue de la campesina por el trabajo excesivo y el consumo reducido del trabajador? El Sr. Bulgákov es lo bastante precavido para no exponer una afirmación tan cómica. Considera posible eludir el hecho del trabajo excesivo y la reducción de las necesidades de los campesinos con la observación de que «¡en unos sitios los campesinos viven holgadamente, en otros pobremente!». ¿Qué diríais de un economista que, en lugar de generalizar los datos sobre la situación de la pequeña y la gran producción, se pusiera a investigar la diferencia en la «holgura» de la población de unos u otros «sitios»? ¿Qué diríais de un economista que eludiera el hecho del trabajo excesivo y el consumo reducido de los artesanos en comparación con los obreros fabriles con la observación de que «en unos sitios los artesanos viven holgadamente, en otros pobremente»? A propósito, sobre los artesanos. «Por lo visto —escribe el Sr. Bulgákov—, a Kautsky le rondaba mentalmente el paralelo con la Hausindustrie[78], donde el trabajo excesivo no tiene límites técnicos» (como en la agricultura), «pero este paralelo no viene al caso». Por lo visto —responderemos nosotros a esto—, el Sr. Bulgákov ha tratado con sorprendente falta de atención el libro que critica, porque el paralelo con la Hausindustrie no es que «le rondara mentalmente a Kautsky», sino que está directa y precisamente indicado por él en la primera página del parágrafo dedicado a la cuestión del trabajo excesivo (cap. VI, b, S. 106): «Como en la industria artesana (Hausindustrie), el trabajo familiar de los niños en la pequeña economía campesina actúa de modo aún más pernicioso que el trabajo a jornal para extraños». Por muy decididamente que el Sr. Bulgákov decrete que este paralelo no viene al caso, su opinión es, no obstante, completamente errónea. En la industria, el trabajo excesivo no tiene límites técnicos, mientras que para el campesino está «limitado por las condiciones técnicas de la agricultura», discurre el Sr. Bulgákov. Preguntamos: ¿quién es, en realidad, el que mezcla la técnica y la economía, Kautsky o el Sr. Bulgákov? ¿A qué viene aquí la técnica de la agricultura o de la industria artesana, cuando los hechos dicen que el pequeño productor, tanto en la agricultura como en la industria, obliga a trabajar a los niños desde una edad más temprana, trabaja un mayor número de horas al día, vive «más frugalmente», recorta sus necesidades hasta el punto de distinguirse en un país civilizado como un auténtico «bárbaro» (expresión de Marx)? ¿Acaso se puede negar la homogeneidad económica de semejantes fenómenos en la agricultura y en la industria basándose en que la agricultura tiene una multitud de particularidades (que Kautsky no olvida en absoluto)? «El pequeño campesino, ni aun queriendo, puede trabajar más de lo que exige su campo», dice el Sr. Bulgákov. Pero el pequeño campesino puede trabajar, y trabaja, 14 horas en vez de 12; puede trabajar, y trabaja, con esa tensión excesiva que desgasta sus nervios y sus músculos mucho más deprisa de lo normal. Y luego, ¡qué abstracción tan falsa y exagerada es reducir todos los trabajos del campesino al solo campo! En Kautsky no encontraréis nada semejante. Kautsky sabe perfectamente que el campesino trabaja también en la economía doméstica, trabaja en la construcción y reparación de la choza, del establo, de los aperos, etc., «sin contar» todo este trabajo adicional, por el cual el obrero asalariado en la gran explotación exigiría el salario habitual. ¿No está claro para cualquier persona sin prejuicios que el trabajo excesivo para el campesino —el pequeño agricultor— está colocado dentro de límites incomparablemente más amplios que para el pequeño industrial, si éste es sólo industrial? El trabajo excesivo del pequeño agricultor, como hecho universal, queda demostrado palmariamente por el hecho de que todos los autores burgueses atestiguan unánimemente la «diligencia» y la «frugalidad» del campesino, acusando a los obreros de «pereza» y «despilfarro».

Los pequeños campesinos, dice un investigador de la vida de la población rural en Westfalia citado por Kautsky, abruman desmedidamente a sus hijos con el trabajo, de modo que su desarrollo físico se retrasa; el trabajo a jornal no tiene esos aspectos negativos. A la comisión parlamentaria que investigó la vida agraria en Inglaterra (1897), un pequeño campesino de Lincoln le declaró: «He criado a toda una familia y la he medio matado a fuerza de trabajo». Otro dice: «Trabajamos con los niños hasta 18 horas, de media 10-12 horas». Un tercero: «Trabajamos más duramente que los jornaleros, trabajamos como esclavos». El Sr. Read caracteriza del siguiente modo, ante la misma comisión, la situación de los pequeños campesinos en aquellas localidades en las que predomina la agricultura en sentido estricto: «El único medio para mantenerse es trabajar por dos jornaleros y gastar lo mismo que un solo jornalero. Sus hijos están más agobiados por el trabajo y peor educados que los hijos de los jornaleros» (*Royal Commission on Agriculture final report*, p. 34, 358[79]. Citado por Kautsky, S. 109). ¿Se compromete el Sr. Bulgákov a afirmar que no es menos frecuente que los jornaleros trabajen por dos campesinos? Pero es particularmente característico el siguiente hecho citado por Kautsky, que muestra cómo el «arte campesino de pasar hambre (Hungerkunst) puede conducir a la superioridad económica de la pequeña producción»: la comparación de la rentabilidad de dos explotaciones campesinas en Baden muestra en una, grande, un déficit de 933 marcos, y en la otra, dos veces más pequeña, un superávit de 191 marcos. Pero la primera explotación, que se llevaba exclusivamente con obreros asalariados, tenía que alimentarlos como es debido, gastando casi 1 marco al día por persona (unos 45 kopeks), mientras que en la pequeña explotación trabajaban exclusivamente los miembros de la familia (la mujer y 6 hijos adultos), cuyo sustento era dos veces más escaso: 48 pfennigs al día por persona. ¡Si la familia del pequeño campesino se hubiera alimentado tan bien como los obreros asalariados del gran agricultor, el pequeño habría obtenido un déficit de 1250 marcos! «Su superávit no procedía de los graneros llenos, sino del estómago vacío». ¡Cuántos ejemplos semejantes se descubrirían si las comparaciones de la «rentabilidad» de las explotaciones grandes y pequeñas en la agricultura fueran acompañadas de la contabilización del consumo y del trabajo de los campesinos y de los obreros asalariados![80] He aquí otro cálculo de la mayor rentabilidad de una pequeña explotación (4,6 ha) en comparación con una grande (26,5 ha), cálculo hecho en una de las revistas especializadas. Pero, ¿cómo se obtiene el mayor ingreso?, pregunta Kautsky. Resulta que al pequeño agricultor le ayudan los niños, le ayudan desde la edad en que apenas empiezan a andar, mientras que el grande tiene que gastar en los niños (escuela, gimnasio). En la pequeña, también los ancianos de más de 70 años «sustituyen aún una fuerza de trabajo completa». «El jornalero ordinario, especialmente en la gran producción, trabaja y piensa: cuándo llegará el descanso de la tarde; mientras que el pequeño campesino, al menos en todos los trabajos urgentes, piensa: ¡ah, si el día fuera siquiera un par de horas más largo!». Los pequeños productores, nos instruye el mismo autor del artículo en la revista agronómica, aprovechan mejor el tiempo en los trabajos urgentes: «se levantan más temprano, se acuestan más tarde, trabajan más deprisa, mientras que en el gran agricultor los obreros no quieren levantarse antes, acostarse más tarde, trabajar con más intensidad que en otros días». El campesino sabe obtener un ingreso neto gracias a su vida «sencilla»: vive en una choza de adobe, construida principalmente con el trabajo de la familia; la mujer lleva 17 años de casada y ha gastado sólo un par de botines, anda más descalza o con zuecos de madera, y también es ella quien cose la ropa para la familia. La comida: patatas, leche, de vez en cuando arenque. El marido sólo fuma en pipa los domingos. «Estas personas no tenían conciencia de que vivían de un modo particularmente sencillo, y no expresaban descontento con su situación... Con un género de vida tan simple, obtenían casi todos los años un pequeño excedente de su explotación».

IV

Tras concluir el análisis de la relación mutua entre la gran y la pequeña producción en la agricultura capitalista, Kautsky pasa a esclarecer especialmente «los límites de la agricultura capitalista» (cap. VII). Contra la teoría de la superioridad de la gran agricultura, dice Kautsky, se alzan principalmente los «amigos de la humanidad» (por poco decimos: amigos del pueblo...) en las filas de la burguesía, los librecambistas de pura cepa, los agrarios. En los últimos tiempos, muchos economistas abogan por la pequeña agricultura. Se remiten habitualmente a la estadística, que muestra que el desplazamiento de las pequeñas explotaciones por las grandes no se produce. Y Kautsky aporta los datos de la estadística: en Alemania, de 1882 a 1895 la superficie que más creció fue la de las explotaciones medianas; en Francia, de 1882 a 1892, la de las más pequeñas y las más grandes; la superficie de las medianas disminuyó. En Inglaterra, de 1885 a 1895 disminuyó la superficie de las explotaciones más pequeñas y de las más grandes; la que más aumentó fue la superficie de las explotaciones de 40-120 ha[81] (100-300 acres), es decir, explotaciones que no pueden calificarse de pequeñas. En América, la dimensión media de las granjas desciende: 1850 - 203 acres; 1860 - 199; 1870 - 153; 1880 - 134; 1890 - 137. Kautsky examina más de cerca los datos de la estadística americana, y su análisis, contrariamente a la opinión del Sr. Bulgákov, tiene una importancia de principio fundamental. La causa principal de la disminución del tamaño medio de las granjas es el fraccionamiento de las grandes plantaciones del Sur tras la emancipación de los negros; en los Estados del Sur, el tamaño medio de las granjas descendió a más de la mitad. «Ninguna persona experta verá en estas cifras victorias de la pequeña producción sobre la grande moderna» (= capitalista). En general, el examen de los datos de la estadística americana por regiones muestra una gran diversidad de relaciones. En la franja centro-norte, en los principales «Estados trigueros», la dimensión media de la granja aumentó de 122 a 133 acres. «Sólo allí la pequeña producción obtiene el predominio donde la agricultura se halla en decadencia o donde la gran producción precapitalista entra en competencia con la producción campesina» (135). Esta conclusión de Kautsky es muy importante, porque muestra las condiciones sin las cuales el uso de la estadística puede ser sólo un abuso: es necesario diferenciar la gran producción capitalista de la precapitalista. Es necesario detallar la investigación por regiones que se distinguen por particularidades esenciales en las formas de agricultura y en las condiciones históricas de su desarrollo. Se dice: «¡las cifras demuestran!» Pero hay que analizar qué es exactamente lo que demuestran las cifras. Las cifras demuestran sólo lo que dicen directamente. Dicen directamente no sobre las dimensiones de la producción, sino sobre la superficie de las explotaciones. Mientras tanto, es posible, y de hecho así ocurre, que «una pequeña finca, con una explotación intensiva, pueda representar una producción mayor que una grande con explotación extensiva». «Una estadística que sólo nos informa sobre la superficie de la explotación no dice absolutamente nada sobre la cuestión de si la disminución de la superficie de la explotación se basa en una disminución real de las dimensiones de la explotación o bien en la intensificación de la explotación» (146). La silvicultura y la ganadería de pastos, estas primeras formas de la gran explotación capitalista, admiten la mayor superficie de las fincas. La agricultura de campo requiere ya una superficie menor de explotación. Los distintos sistemas de agricultura de campo difieren, a su vez, a este respecto: el sistema de explotación rapaz, extensivo (que ha predominado en América hasta ahora) permite fincas enormes (de hasta 10.000 hectáreas, como las *bonanza farms* de Dalrymple, Glenn y otros[82]. ¡También en nuestras estepas las siembras campesinas, y más aún las de los comerciantes, alcanzan tales dimensiones). El paso al abono, etc., conduce forzosamente a la disminución de la superficie de las explotaciones, que, por ejemplo, en Europa son más pequeñas que en América. El paso del sistema de agricultura de campo a la ganadería exige asimismo una disminución de la superficie de la explotación: en Inglaterra, en 1880, la dimensión media de las explotaciones ganaderas era de 52,3 acres, y la de las explotaciones de cereales, de 74,2 acres. Por eso, el paso de la agricultura a la ganadería que se está operando en Inglaterra ha de engendrar una tendencia a la disminución de la superficie de la explotación. «Pero sería juzgar muy superficialmente si de aquí se dedujera una decadencia de la producción» (149). En Ostelbien (con cuya investigación espera el Sr. Bulgákov refutar algún día a Kautsky) se está operando precisamente el tránsito a la explotación intensiva: los grandes agricultores, dice Sering, citado por Kautsky, aumentan la productividad de su suelo vendiendo o dando en arrendamiento a los campesinos partes alejadas de la finca, porque con la explotación intensiva estas partes alejadas son difíciles de utilizar. «De este modo, las grandes fincas en Ostelbien disminuyen, y a su lado se crean pequeñas explotaciones campesinas, y ello no porque la pequeña producción sea superior a la grande, sino porque las dimensiones anteriores de las fincas estaban adaptadas a las necesidades de la explotación extensiva» (150). La disminución de la superficie de la explotación en todos estos casos conduce habitualmente a un aumento (por unidad de tierra) de la cantidad de producto, a menudo a un aumento del número de obreros ocupados, es decir, a un aumento real de las dimensiones de la producción.

De esto se comprende cuán poco demostrativos son los datos globales de la estadística agrícola sobre las superficies de las explotaciones, y con cuánta cautela hay que utilizarlos. En la estadística industrial, en efecto, operamos con indicadores directos de las dimensiones de la producción (cantidad de mercancías, suma de la producción, número de obreros) y, además, podemos aislar fácilmente las distintas producciones. La estadística agrícola satisface muy raramente estas condiciones necesarias de demostratividad.

Después, el monopolio de la propiedad territorial pone límites al capitalismo agrícola: en la industria, el capital crece mediante la acumulación, la conversión de plusvalía en capital; la centralización, es decir, la agrupación de varios capitales pequeños en uno grande, desempeña un papel menor. En la agricultura es distinto. La tierra está toda ocupada (en los países civilizados), y la superficie de la explotación sólo puede ampliarse mediante la centralización de varias parcelas, y además de tal manera que constituyan una superficie común. Se comprende que ampliar una finca comprando las parcelas colindantes es cosa muy difícil, sobre todo en vista de que las parcelas pequeñas están ocupadas en parte por obreros rurales (necesarios para el gran agricultor), y en parte por pequeños campesinos que poseen el arte de sostenerse a fuerza de una reducción desmedida e increíble de sus necesidades. Esta constatación de un hecho simple y claro como el día, que señala los límites del capitalismo agrícola, le pareció no se sabe por qué al Sr. Bulgákov una «frase» (??!!) y dio pie para los júbilos más infundados: «¡Así (!) que la superioridad de la gran producción se estrella (!) ante el primer obstáculo!». El Sr. Bulgákov primero entendió mal la ley de la superioridad de la gran producción, atribuyéndole una abstracción desmesurada de la que Kautsky está muy lejos, ¡y ahora convierte su incomprensión en un argumento contra Kautsky! Es sumamente extraña la opinión del Sr. Bulgákov de que él puede refutar a Kautsky remitiéndose a Irlanda (gran propiedad territorial, pero sin gran producción). Del hecho de que la gran propiedad territorial sea una de las condiciones de la gran producción no se deduce en modo alguno que sea una condición suficiente. Ahora bien, Kautsky, en una obra sobre el capitalismo en la agricultura en general, no podía, naturalmente, examinar las causas históricas y de otro tipo de las particularidades de Irlanda o de otro país. A nadie se le ocurriría, en efecto, exigir a Marx que, al analizar las leyes generales del capitalismo en la industria, explicara por qué en Francia se mantiene más tiempo la pequeña industria, por qué en Italia la industria se desarrolla débilmente, etc. Del mismo modo es inconsistente la indicación del Sr. Bulgákov de que la concentración «podría» avanzar gradualmente: ampliar una finca comprando las parcelas de los vecinos dista mucho de ser tan sencillo como añadir nuevas dependencias a la fábrica para un número adicional de telares, etc.

Al remitirse a esta posibilidad puramente ficticia de una concentración gradual o de arrendamiento para formar grandes explotaciones, el Sr. Bulgákov ha prestado poca atención a la verdadera particularidad de la agricultura en el proceso de concentración, particularidad señalada por Kautsky. Son los latifundios, la acumulación de varias fincas en unas mismas manos. La estadística cuenta habitualmente sólo las fincas por separado y no da ningún dato sobre el proceso de concentración de distintas fincas en manos de grandes terratenientes. Kautsky comunica, respecto a Alemania y Austria, ejemplos muy relevantes de tal concentración, que conduce a una forma superior y particular de la gran agricultura capitalista, cuando varias grandes fincas se unen en un todo económico único, administrado por un órgano central. Una empresa agrícola tan gigantesca permite combinar las más diversas ramas de la agricultura y aprovechar en las mayores dimensiones las ventajas de la gran producción.

Ve el lector cuán lejos está Kautsky de una comprensión abstracta y estereotipada de la «teoría de Marx», a la que se mantiene fiel. Advirtiendo contra esta comprensión estereotipada, Kautsky insertó en el capítulo examinado incluso un parágrafo especial sobre la muerte de la pequeña producción en la industria. Señala con mucho acierto que la victoria de la gran producción, también en la industria, no es en absoluto tan simple ni se produce en formas tan uniformes como están acostumbrados a pensar quienes hablan de la inaplicabilidad de la teoría de Marx a la agricultura. Baste señalar el trabajo capitalista a domicilio, baste recordar la observación ya hecha por Marx sobre la extraordinaria variedad de formas transitorias y mixtas que enturbian la victoria del sistema fabril. ¡Cuánto más compleja es la cosa en la agricultura! El desarrollo de la riqueza y del lujo lleva, por ejemplo, a que los millonarios compren fincas enormes y las conviertan en bosques para su solaz. En Austria, en Salzburgo, la cantidad de ganado vacuno disminuye desde 1869. La causa es la venta de los Alpes a ricos aficionados a la caza. Kautsky dice con mucho acierto que si se toman los datos de la estadística agrícola de manera global y sin crítica, entonces nada más fácil que descubrir la tendencia del modo de producción capitalista a convertir a los pueblos modernos en tribus de cazadores.

Por último, entre las condiciones que ponen límites a la agricultura capitalista, Kautsky señala también la circunstancia de que la falta de obreros —a consecuencia del éxodo de la población de las aldeas— obliga a los grandes agricultores a esforzarse por dotar de tierra a los obreros, por crear un pequeño campesinado que suministre fuerzas de trabajo a los terratenientes. El obrero rural completamente desposeído es una rareza, porque en la agricultura la economía agrícola, en sentido estricto, está vinculada a la economía doméstica. Categorías enteras de obreros agrícolas asalariados poseen o usan tierra. Cuando la pequeña producción es desplazada con demasiada fuerza, los grandes agricultores se esfuerzan por afianzarla o reavivarla mediante la venta o el arrendamiento de tierra. «En todos los países europeos —dice Sering, citado por Kautsky— se observa últimamente un movimiento... para hacer sedentarios a los obreros agrícolas dotándoles de tierra». Así pues, dentro de los límites del modo de producción capitalista es imposible contar con el desplazamiento total de la pequeña producción en la agricultura, pues los propios capitalistas y agrarios se esfuerzan por reavivarla cuando la ruina del campesinado ha ido demasiado lejos. Marx ya en 1850 señaló, en la *Neue Rheinische Zeitung*[83], este ciclo de concentración y fragmentación de la tierra en la sociedad capitalista{32}.

El Sr. Bulgákov encuentra que en estos razonamientos de Kautsky «hay una parte de verdad, pero aún más de errores». Como todos los demás veredictos del Sr. Bulgákov, también éste está motivado de manera extremadamente débil y sumamente confusa. El Sr. Bulgákov encuentra que Kautsky «ha construido una teoría de la pequeña producción proletaria», que esta teoría es cierta para una región muy limitada. Nosotros somos de otra opinión. El trabajo agrícola asalariado de pequeños agricultores (o, lo que es lo mismo, el tipo del jornalero y del trabajador a jornal con parcela) es un fenómeno propio, en una u otra medida, de todos los países capitalistas. Ningún autor que quiera describir el capitalismo en la agricultura podrá, sin pecar contra la verdad, dejar en la sombra este fenómeno[84]. El que, en particular en Alemania, la pequeña producción proletaria sea un hecho universal, lo ha demostrado circunstancialmente Kautsky en el capítulo VIII de su libro: «La proletarización del campesino». La indicación del Sr. Bulgákov de que de la «falta de obreros» hablaron también otros autores, entre ellos el Sr. Kablukov, deja en la sombra lo más principal: la diferencia enorme de principio entre la teoría del Sr. Kablukov y la teoría de Kautsky. El Sr. Kablukov, a consecuencia de su punto de vista kleinbürgerlich[85], «construye» partiendo de la falta de obreros la inviabilidad de la gran producción y la viabilidad de la pequeña. Kautsky caracteriza con precisión los hechos y señala su verdadero significado en la moderna sociedad de clases: los intereses de clase de los terratenientes les obligan a esforzarse por dotar de tierra a los obreros. La posición de clase de los obreros agrícolas asalariados con parcela les sitúa entre la pequeña burguesía y el proletariado, pero más cerca de este último. En otras palabras: el Sr. Kablukov eleva un aspecto de un proceso complejo a la categoría de teoría de la inviabilidad de la gran producción, mientras que Kautsky analiza esas formas particulares de relaciones económico-sociales que son creadas por los intereses de la gran producción en una determinada fase de su desarrollo y en un determinado marco histórico.

V

Pasemos al siguiente capítulo del libro de Kautsky, cuyo título acabamos de citar. Kautsky investiga aquí, en primer lugar, «la tendencia a la fragmentación de la tierra» y, en segundo, «las formas de las ocupaciones auxiliares campesinas». Así pues, se esbozan aquí esas importantísimas tendencias del capitalismo agrícola que son propias de la inmensa mayoría de los países capitalistas. La fragmentación de la tierra conduce, dice Kautsky, a una demanda acrecentada de pequeñas parcelas por parte de los pequeños campesinos, que pagan la tierra más cara que los grandes agricultores. Este último hecho había sido aducido por algunos autores en confirmación de que la pequeña agricultura es superior a la grande. Kautsky responde a esto con mucho acierto comparando los precios de la tierra con los precios de las viviendas: es sabido que las viviendas pequeñas y baratas resultan más caras, por unidad de volumen (1 sazhen cúbico, etc.), que las viviendas grandes y caras. El mayor precio de las parcelas pequeñas no se explica por la superioridad de la pequeña agricultura, sino por la situación particularmente oprimida del campesino. La enorme cantidad de explotaciones enanas que el capitalismo ha traído al mundo se ve por cifras como éstas: en Alemania (1895), de 5,5 millones de empresas agrícolas, 4,25 millones, es decir, más de las 3/4 partes, tienen una superficie de menos de 5 hectáreas (58% menos de 2 ha). En Bélgica, el 78% (709,5 mil de 909) tienen menos de 2 ha. En Inglaterra (1895), 118 mil de 520 mil tienen menos de 2 ha. En Francia (1892), 2,2 millones (de 5,7 millones) tienen menos de 1 ha.; 4 millones, menos de 5 ha. El Sr. Bulgákov piensa refutar la afirmación de Kautsky sobre la extrema irracionalidad de estas explotaciones enanas (falta de ganado, de aperos, de dinero, de fuerzas de trabajo desviadas por ocupaciones complementarias) remitiéndose a que la tierra «muy a menudo» (??) es cultivada a pala «con un grado increíble de intensidad», aunque... «con un gasto extremadamente irracional de fuerzas de trabajo». De suyo se comprende que esta objeción es completamente insostenible, que algunos ejemplos sueltos de un cultivo excelente de la tierra por un pequeño campesino pueden tan poco refutar la caracterización general de este tipo de explotaciones dada por Kautsky, como el ejemplo antes citado de mayor rentabilidad de la explotación pequeña refuta la tesis de la superioridad de la gran producción. Que Kautsky tiene toda la razón al clasificar estas explotaciones, en su conjunto y en general[86], como explotaciones proletarias, se ve claramente por el hecho, revelado por el censo alemán de 1895, de que la masa de las explotaciones pequeñas no prescinde de ocupaciones complementarias. Del total de 4,7 millones de personas que viven autónomamente de la agricultura, 2,7 millones, o el 57%, tienen además ocupaciones complementarias. De 3,2 millones de explotaciones con menos de 2 hectáreas de tierra, sólo 0,4 millones, o el 13%, ¡no tienen ocupaciones complementarias! En toda Alemania, de 5,5 millones de explotaciones rurales, 1,5 millones pertenecen a obreros asalariados agrícolas e industriales (+ 704 mil a artesanos). ¡Y después de esto, el Sr. Bulgákov se decide a afirmar que la teoría de la pequeña propiedad territorial proletaria ha sido «construida» por Kautsky![87] Las formas de la proletarización del campesinado (formas de las ocupaciones auxiliares campesinas) han sido investigadas por Kautsky de manera sumamente circunstanciada (S. 174-193). Lamentablemente, el espacio no nos permite detenernos en detalle en la caracterización de estas formas (trabajo agrícola a jornal, industria artesana —Hausindustrie— «el más abominable sistema de explotación capitalista»; trabajo en fábricas y minas, etc.). Señalemos únicamente que la valoración de las ocupaciones migratorias la hace Kautsky exactamente igual que los científicos rusos. Los obreros migratorios, más atrasados y con un nivel de necesidades más bajo que los obreros urbanos, ejercen con frecuencia una influencia perniciosa sobre las condiciones de vida de estos últimos. «Pero para los lugares de donde salen y a los que regresan, son los pioneros del progreso... Adquieren nuevas necesidades, nuevas ideas» (S. 192), despiertan la conciencia y el sentimiento de la dignidad humana, despiertan la fe en las propias fuerzas entre el campesinado de los rincones más apartados.

Para terminar, detengámonos en el último ataque, particularmente violento, del Sr. Bulgákov contra Kautsky. Kautsky dice que en Alemania, de 1882 a 1895, las explotaciones que más crecieron en número fueron las más pequeñas (por superficie) y las más grandes (de manera que la parcelación de la tierra se produce a costa de las explotaciones medianas). En efecto, las explotaciones de hasta 1 ha aumentaron en número un 8,8%; las de 5 a 20 ha, un 7,8%, y las de más de 1000 ha, un 11% (los grupos intermedios apenas variaron, y el número total de explotaciones rurales creció un 5,3%). El Sr. Bulgákov se indigna profundamente de que se tomen relaciones porcentuales para las explotaciones más grandes, cuyo número es insignificante (515 y 572 en los años indicados). La indignación del Sr. Bulgákov carece totalmente de fundamento. Olvida que estas empresas, insignificantes en número, son las más grandes, que ocupan casi tanta tierra como 2,3-2,5 millones de explotaciones enanas (de hasta 1 ha). Si yo digo que el número de las fábricas más grandes, con 1000 y más obreros, creció en el país, digamos, de 51 a 57, en un 11,0%, mientras que el número total de fábricas creció en un 5,3%, ¿acaso no será eso un indicio del crecimiento de la gran producción, a pesar de que el número de las fábricas más grandes puede ser insignificante en comparación con el total de fábricas? El hecho de que, en cuanto a la proporción de superficie ocupada, lo que más aumentó fueron las explotaciones campesinas de 5 a 20 ha (Sr. Bulgákov, pág. 18), Kautsky lo conoce perfectamente y lo examina en el capítulo siguiente.

Kautsky toma luego las variaciones en la cantidad de superficie en los diferentes grupos en 1882 y 1895. Resulta que el mayor aumento (+ 563.477 ha) corresponde a las explotaciones campesinas de 5-20 ha, luego a las más grandes, de más de 1000 ha (+94.014), mientras que la superficie de las explotaciones de 20-1000 ha disminuyó en 86.809 ha. Las explotaciones de hasta 1 ha aumentaron su superficie en 32.683 ha, y las de 1-5 ha, en 45.604 ha.

Y Kautsky concluye: la disminución de la superficie de las explotaciones de 20 a 1000 hectáreas (más que compensada por el aumento de la superficie de las explotaciones de 1000 y más hectáreas) no depende de una decadencia de la gran producción, sino de su intensificación. Ya hemos visto que esta intensificación avanza en Alemania y que exige a menudo una reducción de la superficie de la explotación. Que está teniendo lugar una intensificación de la gran producción se ve por el creciente uso de máquinas de vapor, así como por el enorme crecimiento del número de empleados agrícolas, que en Alemania son utilizados sólo por la gran producción. El número de administradores de fincas (inspectores), capataces, contables, etc., aumentó de 1882 a 1895 de 47.465 a 76.978, en un 62%; el porcentaje de mujeres entre estos empleados aumentó del 12% al 23,4%.

«Todo esto muestra claramente cuánto más intensiva y más capitalista se ha vuelto la gran producción agrícola desde principios de los años 80. La explicación de por qué al mismo tiempo han aumentado tan fuertemente su superficie precisamente las explotaciones campesinas medias la veremos en el siguiente capítulo» (S. 174).

El Sr. Bulgákov ve en esta descripción «una contradicción flagrante con la realidad», pero sus argumentos, también esta vez, no justifican en modo alguno un veredicto tan decidido y audaz, ni conmueven en un ápice la conclusión de Kautsky. «Ante todo, la intensificación de la explotación, si es que se ha producido, no explica aún la disminución, tanto relativa como absoluta, de la tierra de labor, la disminución de todo el peso específico del grupo de explotaciones de 20-1000 ha. Las dimensiones de la tierra de labor habrían podido aumentar a la vez que el número de explotaciones; este último debería sólo (sic!) aumentar algo más deprisa, de modo que las dimensiones de la superficie de cada explotación dada se hicieran menores»[88].

Hemos transcrito adrede íntegramente este razonamiento, del que el Sr. Bulgákov deduce que «la disminución de las dimensiones de la empresa bajo la influencia del crecimiento de la intensidad es una pura fantasía» (¡sic!), porque este razonamiento nos muestra de relieve ese mismo error de abusar de los «datos de la estadística» contra el que tan convincentemente prevenía Kautsky. El Sr. Bulgákov plantea a la estadística de superficies de las explotaciones exigencias ridículamente severas, atribuye a esta estadística un significado que jamás puede tener. ¿Por qué, en realidad, la superficie de la tierra de labor tendría que haber aumentado «algo»? ¿Por qué la intensificación de la explotación (que conduce a veces, como hemos visto, a la venta y al arrendamiento a campesinos de las partes de la finca alejadas del centro) no «tendría que haber» desplazado un cierto número de explotaciones de un grupo superior a uno inferior? ¿Por qué no «tendría que haber» reducido la superficie de tierra de labor de las explotaciones de 20-1000 hectáreas[89]? En la estadística industrial, una disminución de la suma de la producción de las fábricas más grandes hablaría de una decadencia de la gran producción. En cambio, la reducción de la superficie de las grandes fincas en un 1,2% no dice ni puede decir absolutamente nada sobre las dimensiones de la producción, que a menudo crecen con la reducción de la superficie de la explotación. Sabemos que en Europa se está produciendo, en general, un desplazamiento de las explotaciones cerealistas por las ganaderas, que es particularmente intenso en Inglaterra. Sabemos que este tránsito exige a veces una reducción de la superficie de las explotaciones, ¿pero no sería extraño deducir de la reducción de la superficie de las explotaciones una decadencia de la gran producción? Por eso, entre otras razones, el «expresivo cuadro» que el Sr. Bulgákov presenta en la pág. 20 y que muestra la disminución del número de explotaciones grandes y pequeñas y el aumento del número de explotaciones medianas (5-20 hectáreas) que poseen ganado para los trabajos del campo, no demuestra todavía absolutamente nada. Esto podría depender también de cambios en los sistemas de explotación.

Que la gran producción agrícola en Alemania se ha vuelto más intensiva y más capitalista se ve, en primer lugar, por el crecimiento del número de máquinas de vapor agrícolas: de 1879 a 1897, quintuplicado. El Sr. Bulgákov se remite en vano, en su objeción, a que el número absoluto de todas las máquinas en general (y no sólo de vapor) en las explotaciones pequeñas (de hasta 20 hectáreas) es mucho mayor que en las grandes, así como a que en América las máquinas se emplean en explotaciones extensivas. Ahora no se trata de América, sino de Alemania, donde no hay *bonanza farms*. He aquí los datos sobre el porcentaje de explotaciones en Alemania (1895) con arados de vapor y con trilladoras de vapor:

Ahora bien, si el número total de máquinas de vapor en la agricultura de Alemania se ha quintuplicado, ¿acaso no demuestra esto un crecimiento de la intensidad de la gran producción? Sólo que no hay que olvidar, como vuelve a hacer el Sr. Bulgákov en la pág. 21, que el crecimiento de las dimensiones de la empresa en la agricultura no siempre es idéntico al crecimiento de la superficie de la explotación.

En segundo lugar, el hecho de que la gran producción se ha vuelto más capitalista se ve por el aumento del número de empleados agrícolas. Bulgákov califica en vano este argumento de Kautsky de «curiosidad»: «aumento del número de oficiales con disminución del ejército», con disminución del número de obreros agrícolas asalariados. Volvemos a decir: ¡Rira bien qui rira le dernier![90] El hecho de la disminución del número de obreros agrícolas, Kautsky no sólo no lo olvida, sino que lo demuestra detalladamente para toda una serie de países; sólo que este hecho aquí no viene al caso en absoluto, porque también la población rural en su conjunto disminuye, mientras que el número de pequeños agricultores proletarios crece. Supongamos que un gran terrateniente ha pasado de la producción de cereales a la producción de remolacha con su transformación en azúcar (en Alemania, en 1871/72 se transformaron 2,2 millones de toneladas de remolacha; en 1881/82, 6,3 millones; en 1891/92, 9,5 millones; en 1896/97, 13,7 millones). Podría incluso vender o ceder en arriendo a pequeños campesinos las partes más alejadas de la finca, sobre todo si necesita a las mujeres y a los hijos de los campesinos como jornaleros en las plantaciones de remolacha. Supongamos que introduce el arado de vapor, que desplaza a los antiguos aradores (en las explotaciones remolacheras de Sajonia —«explotaciones modelo de cultivo intensivo»[91]— los arados de vapor son ahora de uso general). El número de obreros asalariados disminuirá. El número de empleados superiores (contables, administradores, técnicos, etc.) aumentará forzosamente. ¿Se pondrá el Sr. Bulgákov a negar que vemos aquí un crecimiento de la intensidad y del capitalismo en la gran producción? ¿Se pondrá a afirmar que nada semejante está ocurriendo en Alemania?

Para concluir la exposición del capítulo VIII del libro de Kautsky sobre la proletarización del campesinado, es necesario citar el siguiente pasaje: «Lo que nos interesa aquí —dice Kautsky a continuación del pasaje citado por nosotros más arriba y reproducido en el Sr. Bulgákov— es el hecho de que la proletarización de la población rural avanza en Alemania, como en otras partes, a pesar de que la tendencia a la parcelación de las explotaciones medias ha dejado de actuar en Alemania. De 1882 a 1895, el número de todas las explotaciones rurales aumentó en 281.000. De esta cifra, la inmensa mayoría corresponde al aumento de las explotaciones proletarias de hasta 1 hectárea. Estas explotaciones aumentaron en 206.000.

«Como vemos, el movimiento de la agricultura es completamente especial, enteramente distinto del movimiento del capital industrial y comercial. En el capítulo anterior hemos señalado que en la agricultura la tendencia a la centralización de las explotaciones no conduce a la supresión completa de la pequeña producción. Cuando esta tendencia va demasiado lejos, engendra la tendencia opuesta, de modo que la tendencia a la centralización y la tendencia a la parcelación se alternan mutuamente. Ahora vemos que ambas tendencias pueden actuar también paralelamente. Crece el número de explotaciones rurales cuyos propietarios comparecen en el mercado de mercancías en calidad de proletarios, de vendedores de fuerza de trabajo... Estos pequeños agricultores, como vendedores de la mercancía fuerza de trabajo, tienen todos los intereses esenciales en común con los del proletariado industrial, y su propiedad de la tierra no engendra en ellos antagonismo hacia este último. Su propia tierra emancipa, en mayor o menor medida, al campesino parcelario del comerciante de víveres, pero no le emancipa de la explotación por el empresario capitalista, ya sea industrial o agrícola» (S. 174).

En el próximo artículo expondremos la parte restante del libro de Kautsky y daremos una valoración general del mismo, examinando de paso las objeciones que el Sr. Bulgákov formula en su artículo ulterior.