Los censos de caballos militares de 1896 y 1899–1901 permiten ahora comparar los datos más recientes con los citados anteriormente.

Reuniendo 5 provincias del sur (1896) y las 43 restantes (1899–1900), obtenemos para 48 provincias de la Rusia europea los siguientes datos:

Para los años 1888–1891 habíamos presentado datos de 49 provincias. De ellas, solo de una, Arjánguelsk, no hay datos recientes. Restando las cifras correspondientes a ella de las citadas anteriormente, obtendremos para esas mismas 48 provincias, en 1888–1891, el siguiente cuadro:

La comparación entre 1888–1891 y 1896–1900 muestra la creciente expropiación del campesinado. El número de hogares aumentó en casi 1 millón. El número de caballos disminuyó, aunque muy ligeramente. El número de hogares sin caballos creció con particular rapidez y su porcentaje subió del 27,3 % al 29,2 %. En lugar de 5,6 millones de pobres (sin caballos y con un solo caballo) tenemos ya 6,6 millones. Todo el incremento en el número de hogares correspondió a un aumento de los hogares pobres. Disminuyó el porcentaje de hogares ricos en caballos. En lugar de 2,2 millones de hogares con varios caballos tenemos solo 2,0 millones. El número de hogares medios y acomodados juntos (con 2 o más caballos) se mantuvo casi sin cambios (4.465 mil en 1888–1891, 4.508 mil en 1896–1900).

Así pues, las conclusiones de estos datos son las siguientes.

El crecimiento de la miseria y la expropiación del campesinado es indudable.

En cuanto a la correlación entre el grupo superior y el inferior del campesinado, esta correlación apenas ha variado. Si, según los procedimientos descritos más arriba, formamos los grupos inferiores con el 50 % de los hogares y los superiores con el 20 % de los hogares, obtendremos lo siguiente. En 1888–1891, el 50 % de los hogares pobres poseía el 13,7 % de los caballos. El 20 % de los ricos, el 52,6 %. En 1896–1900, el 50 % de los hogares pobres poseía también el 13,7 % del total de caballos campesinos, y el 20 % de los ricos, el 53,2 % del total de caballos. La correlación entre los grupos, pues, apenas ha cambiado.

Por último, todo el campesinado en su conjunto se ha empobrecido en caballos. Tanto el número como el porcentaje de hogares con varios caballos han disminuido. Por un lado, esto indica evidentemente la decadencia de toda la economía campesina en la Rusia europea. Por otro lado, no se puede olvidar que en Rusia el número de caballos en la agricultura es anormalmente elevado en relación con la superficie cultivada. En un país de pequeña economía campesina no podía ser de otro modo. La disminución del número de caballos es, por consiguiente, hasta cierto punto, un «restablecimiento de la proporción normal entre el ganado de trabajo y la extensión de la tierra arable» en la burguesía campesina (compárense las consideraciones al respecto del señor V. V. más arriba, en el capítulo II, § I).

Aquí será oportuno tocar las consideraciones sobre esta cuestión en las obras más recientes del señor Vikhliáyev (*Ensayos sobre la realidad agrícola rusa*, San Petersburgo, edición de la revista *Józiain*) y del señor Chernénkov (*Hacia una caracterización de la economía campesina*, fascículo I, Moscú, 1905). Se han dejado arrastrar de tal modo por la abigarrada variedad de las cifras sobre la distribución de los caballos entre el campesinado, que han convertido el análisis económico en un ejercicio estadístico. En lugar de estudiar los tipos de economía campesina (jornalero, campesino medio, empresario) estudian, como aficionados, interminables columnas de cifras, como si se hubieran propuesto asombrar al mundo con su celo aritmético.

Solo gracias a este juego con cifritas el señor Chernénkov pudo objetarme que interpreto de manera «preconcebida» la «diferenciación» como un fenómeno nuevo (y no viejo) y, por alguna razón, forzosamente capitalista. ¡Qué libre se sintió el señor Chernénkov para pensar que saco conclusiones de la estadística, olvidando la economía!, ¡como si demostrara algo únicamente con la variación en el número y la distribución de los caballos! Para tener una visión razonable de la descomposición del campesinado hay que tomarlo todo en su conjunto: el arriendo, la compra de tierras, las máquinas, los jornales, el crecimiento de la agricultura comercial y el trabajo asalariado. ¿O quizá para el señor Chernénkov estos tampoco son fenómenos «nuevos» ni «capitalistas»?