El «Profession de foi»[137] elaborado por el Comité de Kiev, a pesar de ser tan solo un proyecto de borrador para cuyo desarrollo y pulido, según palabras del propio Comité de Kiev, no hubo tiempo en absoluto, permite sin embargo formarse una idea bastante precisa de las concepciones del Comité de Kiev, concepciones que han de suscitar, sin duda, la enérgica protesta de aquellos socialdemócratas rusos que se sitúan en el punto de vista de los viejos principios de la socialdemocracia, proclamados en Rusia por el grupo «Emancipación del Trabajo», expuestos reiteradamente en las publicaciones de la POSDR y confirmados por su Manifiesto. Las concepciones del Comité de Kiev reflejan indudablemente la considerable influencia de esa nueva corriente de «los jóvenes socialdemócratas rusos» que, en su desarrollo extremo, se ha fusionado con el bernsteinianismo y ha engendrado productos como el célebre suplemento separado a «Rabóchaya Mysl» (septiembre de 1899) y el no menos célebre «Credo».

No puede decirse que el «Profession de foi» coincida enteramente con esta corriente oportunista y reaccionaria, pero el «Profession de foi» da pasos tan serios en esa dirección, revela tal confusión en las ideas fundamentales del socialdemocratismo, tal vacilación del pensamiento revolucionario, que consideramos nuestro deber prevenir a los camaradas de Kiev y analizar minuciosamente su desviación de los principios establecidos desde hace tiempo tanto por la socialdemocracia internacional como por la rusa.

Ya la primera frase del «Profession de foi» suscita el más serio desconcierto. «Reconociendo como tarea general inmediata del movimiento obrero en Rusia la lucha por los derechos políticos del proletariado, el Comité no considera, sin embargo, posible en el momento actual dirigirse a la masa obrera con un llamamiento a la acción política, en otras palabras, realizar agitación política, porque el obrero ruso en su masa aún no ha madurado para la lucha política». No nos detenemos en la formulación de este pasaje; nos importan únicamente las ideas aquí expuestas y repetidas (nótese esto) en reiteradas ocasiones en otros lugares del «Profession de foi». Y estas ideas son tales que no nos queda sino preguntarnos: «¿Acaso quienes escribieron esto son socialdemócratas?».

«¡El obrero ruso en su masa aún no ha madurado para la lucha política!». Si esto fuera verdad, equivaldría a una sentencia de muerte para toda la socialdemocracia, pues significaría que el obrero ruso en su masa aún no ha madurado para el socialdemocratismo. En efecto, en ningún lugar del mundo ha existido ni existe una socialdemocracia que no esté indisoluble e inseparablemente ligada a la lucha política. Una socialdemocracia sin lucha política es un río sin agua, es una contradicción flagrante, es una especie de retorno ya sea al socialismo utópico de nuestros tatarabuelos, que desdeñaban la «política», ya sea al anarquismo, ya sea al tradeunionismo.

La primera profesión de fe del socialismo mundial, el «Manifiesto Comunista», estableció ya esa verdad que desde entonces se ha vuelto elemental: toda lucha de clases es una lucha política, y el movimiento obrero solo supera la fase embrionaria e infantil, solo se convierte en movimiento de clase, cuando pasa a la lucha política. La primera profesión de fe del socialdemocratismo ruso, el folleto de Plejánov «El socialismo y la lucha política», aparecido en 1883, confirmaba esta verdad aplicada a Rusia y mostraba cómo y por qué precisamente el movimiento revolucionario ruso debía conducir a la fusión del socialismo con la lucha política, a la fusión del movimiento espontáneo de las masas obreras con el movimiento revolucionario, a la fusión de la lucha de clases y la lucha política. Al situarse en el punto de vista del socialismo y de la lucha de clases y rechazar al mismo tiempo la posibilidad de «llamar en el momento actual a las amplias masas a la acción política», el Comité de Kiev, en esencia, abandona por completo los principios del socialdemocratismo, y el deseo de permanecer en el terreno de estos principios le lleva a una serie de contradicciones flagrantes:

En efecto, ¿cómo es posible hablar de «educación política» de los obreros si no se reconoce la posibilidad de realizar agitación política y lucha política? ¿Acaso entre los socialdemócratas es necesario aún demostrar que no puede haber educación política alguna fuera de la lucha política y de las acciones políticas? ¿Es posible pensar que se puede educar políticamente a las masas obreras mediante cualesquiera cursos o libros, etc., al margen de la actividad política y de la lucha política? ¿Acaso los socialdemócratas rusos deben retornar al punto de vista de los partidarios de la servidumbre, que decían que primero había que educar a los campesinos y luego liberarlos, o al punto de vista de nuestros plumíferos lacayos del gobierno, que dicen que primero hay que educar al pueblo y luego darle derechos políticos? ¿Cómo se puede «plantearse como tarea» despertar la conciencia de la necesidad de la lucha por los derechos políticos y al mismo tiempo no considerar posible llamar a los obreros a la acción política, no considerar posible realizar agitación política? ¡Despertar la conciencia de la necesidad de la lucha política y al mismo tiempo no llamar a la lucha política! ¿Qué es esto? ¿Cómo se entiende? Y semejante confusión no es en absoluto resultado de sobrentendidos o de lo inacabado de un borrador, sino el fruto natural e inevitable de esa dualidad y medias tintas que impregnan todas las concepciones del Comité de Kiev: por un lado, quiere permanecer en el terreno de los principios fundamentales establecidos desde hace tiempo por la socialdemocracia internacional y rusa, por otro, se deja seducir por los modernos lugares comunes bernsteinianos sobre «la necesidad», «lo gradual» (sección I del «Profession de foi» del Comité de Kiev, al final), sobre «el carácter directamente económico del movimiento», sobre la imposibilidad de la agitación y la lucha políticas, sobre la necesidad de atenerse al terreno firme de las necesidades reales (¡como si la lucha por la libertad política no fuese provocada por la más real de las necesidades!), en una palabra, por esos modernos lugares comunes con los que se urden productos tan de moda como el «Credo» y el suplemento separado a «Rabóchaya Mysl». Detengámonos en lo esencial de la tesis en la que, como en un foco, se concentran todos los puntos débiles del «Profession de foi» analizado, a saber, la tesis de que «es imposible en el momento actual dirigirse a la masa obrera con un llamamiento a la acción política», en otras palabras, realizar agitación política, porque el obrero ruso aún no ha madurado para la lucha política. Esta última afirmación es completamente falsa, por fortuna (decimos por fortuna, pues, si fuera verdad, debería inevitablemente arrastrar a los marxistas y socialdemócratas rusos al pantano de la trivialización tradeunionista y liberal-burguesa al que tratan de empujarles los autores del «Credo», de «Rabóchaya Mysl» y sus numerosos secuaces en nuestra literatura legal). El obrero ruso en su masa no solo ha madurado para la lucha política, sino que ya en múltiples ocasiones ha demostrado su madurez y ha protagonizado actos de lucha política, realizándolos a menudo de manera espontánea.

En efecto, ¿acaso la difusión masiva de proclamas en las que se censura al gobierno, se fustiga al gobierno, no es un acto de lucha política? ¿Acaso el obrero ruso, en masa, no ha ajustado cuentas «por sus propios medios» con los policías y soldados excesivamente envanecidos, no ha liberado por la fuerza a sus camaradas detenidos? ¿Acaso no ha luchado en muchos lugares en combates callejeros directos contra las tropas y la policía? ¿Acaso el obrero ruso, en masa, no ha aportado durante más de 20 años a sus mejores, más desarrollados, más honestos y más valientes camaradas a las filas de los círculos y organizaciones revolucionarias? Pero, para complacer la doctrina de moda de la vulgarización burguesa, ¡nosotros, representantes del partido socialdemócrata revolucionario, debemos olvidar todo esto y reconocer como imposible el llamamiento a las masas obreras a la acción política! Quizás se nos objete que los hechos citados a menudo son más bien explosiones espontáneas que lucha política. ¿Acaso nuestras huelgas –responderemos– no fueron también meras explosiones espontáneas hasta que los círculos revolucionarios de socialistas emprendieron una amplia agitación, el llamamiento a las masas obreras a la lucha de clase, a la lucha consciente contra sus opresores? ¿Acaso se puede señalar en la historia un solo movimiento popular, un solo movimiento de clase, que no haya comenzado con explosiones espontáneas e inorganizadas, que sin la intervención consciente de los representantes intelectuales de esa clase haya adoptado una forma organizada y creado partidos políticos? Si la incontenible inclinación espontánea de la clase obrera hacia la lucha política se manifiesta hasta ahora, en su mayor parte, solo en explosiones inorganizadas, sólo las «Moskovskie Védomosti»{90} y «Grazhdanín»{91} sacarán de ello la conclusión de que el obrero ruso en masa aún no ha madurado para la agitación política. En cambio, el socialista sacará la conclusión de que hace ya mucho tiempo que ha madurado la necesidad de la agitación política, del más amplio llamamiento a las masas obreras a las acciones políticas, a la lucha política; si no hacemos este llamamiento, no cumplimos con nuestro deber y, en esencia, dejamos de ser socialdemócratas, porque las organizaciones económicas y profesionales sin la lucha política siempre y en todas partes han sido predicadas por fervientes partidarios de la burguesía; por eso, no se puede calificar de otro modo que de criminal y vergonzoso el sistemático silenciamiento de la lucha política y de las tareas políticas de la clase obrera rusa que hemos visto, por ejemplo, en el periódico «Rabóchaya Mysl». Este silenciamiento equivale a corromper la conciencia política de los obreros, que ven y sienten la opresión política, que espontáneamente se rebelan contra ella, y que en sus dirigentes socialistas encuentran sea indiferencia, sea incluso polémica contra las ideas de la lucha política. No se puede dejar de calificar de indiferencia y de estrechez extrema cuando nos dicen que hay que llevar a la masa las ideas de la libertad política «gradualmente» –¡como si hasta ahora hubiéramos tenido demasiada prisa en llevar a la masa esas ideas, y fuéramos necesitados de ser moderados y contenidos!! O cuando nos dicen que «iluminar políticamente la situación de la clase obrera» hay que hacerlo sólo «en la medida en que haya un motivo para ello en cada caso particular», ¡como si los «motivos» para la agitación política no nos los dieran los hechos más cotidianos, masivos y universales de la vida de los obreros!

La tendencia a limitar la agitación política a la existencia de motivos en cada caso particular, o bien carece de sentido, o bien expresa sólo el afán de dar un paso atrás hacia el «Credo» y «Rabóchaya Mysl», el afán de estrechar los ya de por sí demasiado estrechos marcos de nuestra actividad propagandística y de agitación. Quizás se nos objete todavía que las masas obreras no comprenderán aún la idea de la lucha política, idea accesible sólo para los obreros más desarrollados y aislados. A esta objeción, que tan a menudo se oye de los «jóvenes» socialdemócratas rusos, responderemos que, en primer lugar, la socialdemocracia siempre y en todas partes ha sido y no puede dejar de ser la representante de los obreros conscientes, y no de los inconscientes, y que no puede haber nada más peligroso y criminal que el coqueteo demagógico con la falta de desarrollo de los obreros. Si se tomara como criterio de la actividad aquello que esté inmediata y directamente al alcance en mayor grado de la masa más amplia, habría que predicar el antisemitismo o agitar, por ejemplo, apelando al padre Ioann de Kronstadt.

La tarea de la socialdemocracia es desarrollar la conciencia política de las masas, y no arrastrarse a la cola de una masa políticamente desprovista de derechos; en segundo lugar –y esto es lo principal– no es cierto que las masas no comprendan la idea de la lucha política. Esta idea la comprenderá el obrero más gris, a condición, por supuesto, de que el agitador o propagandista sepa acercarse a él para comunicarle esta idea, sepa transmitirla en un lenguaje comprensible y apoyándose en hechos de la vida cotidiana que él conozca. Y esta condición es necesaria también para transmitir las condiciones de la lucha económica: también en esta esfera, el obrero gris de las capas bajas y medias de la masa no es capaz de asimilar la idea general de la lucha económica; esta idea la asimilan pocos obreros instruidos, a los que la masa sigue, guiada por el instinto y el interés inmediato más cercano.

Lo mismo sucede en la esfera de la política: la idea general de la lucha política la asimilará, por supuesto, sólo el obrero instruido, al que seguirá la masa, pues esta siente perfectamente su carencia de derechos políticos (como reconoce en un lugar el «Profession de foi» del Comité de Kiev), y los más inmediatos y cotidianos intereses la ponen constantemente en colisión con toda suerte de manifestaciones de la opresión política. En ningún movimiento político o social, en ningún país, ha existido ni ha podido existir otra relación entre la masa de una clase o de un pueblo dados y sus escasos representantes instruidos que precisamente esta: siempre y en todas partes los dirigentes de una clase han sido sus representantes más avanzados, más instruidos. Y en el movimiento obrero ruso no puede ser de otra manera. Por eso, ignorar los intereses y las demandas de esta capa avanzada de obreros, tender a rebajarse al nivel de comprensión de las capas inferiores (en lugar de elevar constantemente el nivel de conciencia de los obreros) ha de tener forzosamente un efecto profundamente perjudicial y preparar el terreno para la penetración en el medio obrero de toda clase de ideas no socialistas y no revolucionarias.

Para terminar el análisis de las opiniones del Comité de Kiev sobre la lucha política: de un modo sumamente extraño y al mismo tiempo sumamente característico para todo el «Profession de foi», el Comité, no considerando posible en el momento actual llamar a las amplias masas obreras a acciones políticas, reconoce como deseable la organización de demostraciones parciales con fines puramente de agitación (y no con vistas a ejercer influencia sobre el gobierno) «por motivos accesibles a la comprensión de las amplias masas». ¡Los socialistas llaman a los obreros a no ejercer influencia sobre el gobierno! No se puede ir más lejos... Sólo resulta incomprensible cómo sean posibles demostraciones que no ejerzan influencia sobre el gobierno. ¡Quizás recomendar a los obreros que manifiesten entre las cuatro paredes de sus cuchitriles, después de haber cerrado previamente las puertas! O, quizás, manifestar mostrando un higo en el bolsillo: ¡eso sí que no ejercerá una «influencia sobre el gobierno» tan perniciosa y nociva! Lo que significa «demostración parcial» también nos negamos a entenderlo. ¿Acaso significa: profesional, sólo por cuestiones profesionales (una vez más: ¿qué tiene que ver aquí el socialismo?) o, quizás, por motivos políticos parciales, y no contra todo el sistema político, contra la autocracia en general? Pero si es así, ¿no son esas las purísimas ideas del «Credo» y del oportunismo extremo, de la extrema rebaja, del oscurecimiento de la conciencia política y de las tareas políticas de la clase obrera? Si es así, ¿no deberíamos acaso repetir la «palabra alada» de un «joven» socialdemócrata de la capital: «desacreditar prematuramente entre los obreros la autocracia»?

La extrema estrechez de miras se trasluce en la «Profession de foi» no solo en la cuestión de la «política». «La influencia agitadora sobre la masa —leemos— en el momento actual solo puede expresarse, en primer lugar, coadyuvando a la lucha económica del proletariado; por eso el Comité aprovecha cada caso de choque de los obreros con los patronos o cada hecho importante de abuso por parte de los patronos para dirigirse a los obreros con una proclama que les aclare su situación, llamando a la protesta, asumiendo un papel dirigente en las huelgas, formulando sus reivindicaciones, indicando las mejores vías para conseguirlas, desarrollando con todo esto la autoconciencia en la clase obrera» —y nada más, no nos dicen nada más acerca de la lucha económica. ¡Y esto es una profession de foi! Relean con atención este pasaje: es de nuevo el lenguaje del «Credo» y las ideas del «Credo» (lo que ilustra una y otra vez el profundo error de la redacción de «Rabócheie Delo», que se empeña tercamente en encubrir las opiniones de los «jóvenes economistas» y en ver en ellas solo desviaciones de individuos aislados).

Para un socialista, la lucha económica sirve de base para organizar a los obreros en un partido revolucionario, para cohesionar y desarrollar su lucha de clase contra todo el régimen capitalista. Pero si se toma la lucha económica como algo autosuficiente, no hay en ella nada de socialista, y la experiencia de todos los países europeos nos muestra una multitud de ejemplos de sindicatos no solo no socialistas, sino incluso antisocialistas.

La tarea de un político burgués es «coadyuvar a la lucha económica del proletariado»; la tarea de un socialista es hacer que la lucha económica coadyuve al movimiento socialista y a los éxitos del partido obrero revolucionario. La tarea de un socialista es coadyuvar a la fusión indisoluble de la lucha económica y la política en una lucha de clase única de las masas obreras socialistas. De este modo, las expresiones difusas de la «Profession de foi» del Comité de Kiev abren de par en par las puertas a las ideas bernsteinianas y legalizan una actitud inadmisiblemente estrecha hacia la lucha económica.

La influencia agitadora sobre la masa debe consistir en la más amplia agitación, tanto económica como política, con todos los motivos y manifestaciones de todo tipo de opresión, agitación que debemos utilizar para atraer un número cada vez mayor de obreros a las filas del partido socialdemócrata revolucionario, para alentar toda clase de manifestaciones de lucha política, para organizar esta lucha desde sus formas espontáneas hasta la forma de lucha de un partido político único. La agitación debe, por tanto, servir como medio para difundir ampliamente la protesta política y las formas más organizadas de lucha política. En el momento actual, sin embargo, los marcos de nuestra agitación son demasiado estrechos, el círculo de cuestiones que aborda es demasiado limitado, y nuestro deber es no legalizar esta estrechez, sino tratar de liberarnos de ella, tratar de profundizar y ampliar nuestra actividad agitadora.

En la «Profession de foi» que examinamos, esta estrechez conduce no solo a los errores teóricos analizados más arriba, sino también a una restricción de las tareas prácticas. Tal restricción se advierte en el deseo de plantear «como tarea inmediata y urgente la investigación de la situación de los obreros en las fábricas y talleres locales mediante cuestionarios y otros procedimientos». Nosotros, naturalmente, no tenemos nada que objetar contra los cuestionarios en general, que constituyen un accesorio necesario de la agitación, pero dedicarse a hacer investigaciones significa gastar improductivamente las ya de por sí escasas fuerzas revolucionarias.

Mucho se puede extraer, en realidad, también de nuestras investigaciones legales. La tarea inmediata y urgente debería ser la ampliación de la agitación y la propaganda (especialmente política), tanto más cuanto que la hermosa costumbre, que se difunde entre nuestros obreros, de enviar correspondencias independientes a los periódicos socialistas asegura una abundancia suficiente de material.

Una restricción aún mayor se manifiesta en que, en la cuestión de las cajas, se consideran deseables solo las cajas «sindicales de huelga», y no se dice una palabra de que estas cajas se integren, como eslabones, en el partido socialdemócrata, de que sirvan para la lucha política.

Restringir nuestras cajas conspirativas a la sola actividad económica es una aspiración natural en los autores del «Credo», pero resulta incomprensible en la «Profession de foi» del Comité del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia.

En la cuestión de las sociedades legales, las posiciones de la «Profession de foi» no son menos estrechas y expresan del mismo modo el afán de hacer concesiones a la famosa bernsteiniana; que el Comité del partido socialdemócrata preste ayuda al surgimiento de cajas significa, una vez más, dispersar las fuerzas y borrar la frontera entre el trabajo culturalista y el trabajo revolucionario: el partido revolucionario puede y debe utilizar las sociedades legales para fortalecer y consolidar su labor, como focos para la agitación, como cómodas coberturas para las relaciones, etc., etc., pero nada más. Gastar las fuerzas de los socialistas en contribuir al surgimiento de sociedades es sumamente irracional; atribuir una importancia autónoma a estas sociedades es incorrecto; pensar que en las sociedades legales es posible una «completa independencia de la injerencia y la presión de los patronos» es sencillamente ridículo.

Finalmente, la estrechez de sus miras y su peculiaridad específica se reflejaron también en los planes organizativos del Comité de Kiev. Es cierto que estamos plenamente de acuerdo con el Comité de Kiev en que es inoportuno en este momento anunciar la restauración del partido y elegir un nuevo Comité Central, pero consideramos completamente errónea la opinión acerca del «carácter directamente económico del movimiento», de que el proletariado ruso todavía «no está preparado para la agitación política». Sería igualmente erróneo esperar hasta que «los grupos locales se fortalezcan, aumenten numéricamente, consoliden los vínculos con el medio obrero»; semejante fortalecimiento conduce a menudo al fracaso inmediato.

No, debemos emprender de inmediato la tarea de la unificación y comenzarla con la unificación literaria, con la creación de un órgano común ruso, que debe intentar preparar la restauración del partido, sirviendo de órgano para toda Rusia, recogiendo correspondencias y materiales de los círculos de todas las localidades, dando espacio para la discusión de los problemas controvertidos, ampliando los marcos de nuestra propaganda y agitación, prestando especial atención a las cuestiones organizativas, tácticas y a los procedimientos técnicos de la actividad, satisfaciendo todas las demandas de los obreros más desarrollados y elevando constantemente a las capas inferiores del proletariado (atraídas por las correspondencias obreras, etc.) hacia una participación cada vez más consciente en el movimiento socialista y en la lucha política.

Solo por este camino, según nuestra convicción, pueden ser preparadas las condiciones reales para la unificación y la reconstitución del partido, y solo una polémica directa y abierta contra el estrecho «economismo» y las ideas bernsteinianas cada vez más difundidas puede asegurar el desarrollo correcto del movimiento obrero ruso y de la socialdemocracia rusa.

Escrito a finales de 1899 o a principios de 1900.

Publicado por primera vez en 1928 en la Miscelánea Leninista VII.

Se publica según el texto manuscrito, copiado por una mano desconocida.