En el núm. 4 de «Zhizn» el Sr. P. Nezhdanov examina mis artículos y los de otros autores sobre la teoría de los mercados. Me propongo responder únicamente a una afirmación del Sr. P. Nezhdanov, a saber, la de que yo «he desfigurado mi lucha contra la teoría de los terceros» con mi artículo publicado en el núm. 1 de «Naúchnoie Obozrenie» del presente año. En cuanto a las demás cuestiones planteadas por el Sr. P. Nezhdanov acerca de la teoría de los mercados y, en particular, sobre las opiniones de P. B. Struve, me limitaré a remitir a mi artículo de respuesta a Struve («Una vez más sobre la teoría de la realización»; su publicación en «Naúchnoie Obozrenie» se ha demorado por circunstancias ajenas a la voluntad del autor).

El Sr. P. Nezhdanov afirma que «la producción capitalista no adolece de ninguna contradicción entre la producción y el consumo». De ello deduce que, al reconocer esta contradicción, «Marx incurría en una seria contradicción interna», y que yo repito el error de Marx.

Considero absolutamente errónea (o basada en un malentendido) la opinión del Sr. P. Nezhdanov, y no veo contradicción alguna en las concepciones de Marx.

La afirmación del Sr. P. Nezhdanov de que en el capitalismo no existe contradicción alguna entre la producción y el consumo es tan extraña, que sólo puede explicarse por el sentido absolutamente especial que él atribuye al concepto de «contradicción». En efecto, el Sr. P. Nezhdanov piensa que «si realmente existe una contradicción entre la producción y el consumo, esta contradicción debe engendrar sistemáticamente un producto excedente» (pág. 301; lo mismo en las tesis finales, pág. 316). Esta es una interpretación completamente arbitraria y, a mi juicio, totalmente errónea. Al criticar mis afirmaciones sobre la contradicción entre la producción y el consumo en la sociedad capitalista, el Sr. P. Nezhdanov debería (según creo) haber expuesto al lector cómo entiendo yo esta contradicción, y no limitarse a exponer su propio punto de vista sobre la esencia y el significado de dicha contradicción. Toda la esencia de la cuestión (que ha provocado la polémica del Sr. P. Nezhdanov contra mí) reside precisamente en que yo entiendo la contradicción examinada de un modo completamente distinto a como quiere entenderla el Sr. P. Nezhdanov. En ninguna parte he dicho yo que esta contradicción deba engendrar sistemáticamente un producto excedente; yo no lo pienso, y semejante idea no puede deducirse de las palabras de Marx. La contradicción entre la producción y el consumo, inherente al capitalismo, consiste en que la producción crece con enorme rapidez, en que la competencia le imprime una tendencia a la expansión ilimitada, mientras que el consumo (personal), si es que crece, lo hace en una medida sumamente débil; la condición proletaria de las masas populares impide que el consumo personal crezca con rapidez. Me parece que quien haya leído con atención las páginas 20 y 30 de mis «Estudios» (el artículo sobre los sismondistas, citado por el Sr. P. Nezhdanov) y la página 40 de «Naúchnoie Obozrenie» (1899, núm. 1) se convencerá de que yo, desde el principio, atribuí únicamente este sentido a la contradicción entre la producción y el consumo en el capitalismo. Y no puede atribuirse a esta contradicción otro sentido si uno se atiene rigurosamente a la teoría de Marx. La contradicción entre la producción y el consumo, inherente al capitalismo, consiste únicamente en que la riqueza nacional crece al lado del crecimiento de la miseria del pueblo, en que las fuerzas productivas de la sociedad crecen sin que se produzca un crecimiento correspondiente del consumo popular, sin que esas fuerzas productivas se utilicen en beneficio de las masas trabajadoras. Entendida en este sentido, la contradicción examinada es un hecho que no admite ninguna duda, confirmado por la experiencia cotidiana de millones de personas, y precisamente la observación de este hecho conduce a los trabajadores a los puntos de vista que han hallado su expresión plena y científica en la teoría de Marx. Esta contradicción no conduce necesariamente, en modo alguno, a que se produzca sistemáticamente un producto excedente (como quiere creer el Sr. Nezhdanov). Cabe perfectamente imaginar (razonando en un plano puramente teórico sobre una sociedad capitalista ideal) la realización de todo el producto en la sociedad capitalista sin que haya ningún producto excedente, pero no cabe imaginar el capitalismo sin la desproporción entre la producción y el consumo. Esta desproporción se expresa (como muestra claramente Marx en sus esquemas) en que la producción de medios de producción puede y debe rebasar la producción de artículos de consumo.

Así pues, el Sr. Nezhdanov dedujo con total error que la contradicción entre la producción y el consumo debía engendrar sistemáticamente un producto excedente, y de este error se derivó su injusta acusación de inconsecuencia contra Marx. Por el contrario, Marx es rigurosamente consecuente cuando muestra:

1) que el producto puede realizarse en la sociedad capitalista (naturalmente, bajo el supuesto de proporcionalidad entre las distintas ramas de la industria); que para explicar esta realización sería erróneo recurrir al comercio exterior o a «terceros»;

2) que las teorías de los economistas pequeñoburgueses (à la Proudhon) sobre la imposibilidad de realizar la plusvalía descansan en una total incomprensión del propio proceso de realización en general;

3) que incluso en el caso de una realización plenamente proporcional, idealmente fluida, no podemos imaginar el capitalismo sin la contradicción entre la producción y el consumo, sin que el gigantesco crecimiento de la producción se combine con un crecimiento sumamente débil (o incluso estancamiento y deterioro) del consumo popular. La realización se efectúa más a cuenta de los medios de producción que de los artículos de consumo – esto se sigue claramente de los esquemas de Marx; y de aquí se desprende inevitablemente que «cuanto más se desarrolla la fuerza productiva, tanto más entra en contradicción con la estrecha base sobre la que descansan las relaciones de consumo» (Marx). De todos los pasajes de «El Capital» consagrados a la cuestión de la contradicción entre la producción y el consumo, se ve claramente que Marx entendía la contradicción entre la producción y el consumo únicamente en este sentido.

Entre otras cosas, el Sr. P. Nezhdanov piensa que el Sr. Tugán-Baranovski también niega la contradicción entre la producción y el consumo en la sociedad capitalista. No sé si esto es exacto. El propio Sr. Tugán-Baranovski adujo en su libro un esquema que muestra la posibilidad de que la producción crezca reduciéndose el consumo (y esto, en efecto, es posible y ocurre bajo el capitalismo). ¿Acaso se puede negar que aquí vemos una contradicción entre la producción y el consumo, aunque no haya aquí producto excedente?

Al acusar de inconsecuencia a Marx (y a mí), el Sr. P. Nezhdanov ha perdido de vista, además, que para fundamentar su punto de vista habría tenido que aclarar cómo debe entenderse entonces la «independencia» de la producción de medios de producción respecto de la producción de artículos de consumo. Según Marx, esta «independencia» se limita a que determinada parte (en constante aumento) del producto consistente en medios de producción se realiza mediante intercambios dentro de la propia subdivisión, es decir, mediante intercambios de medios de producción por medios de producción (o mediante la aplicación del producto extraído in natura a una nueva producción); pero, en última instancia, la producción de medios de producción está necesariamente vinculada a la producción de artículos de consumo, pues los medios de producción no se producen por los propios medios de producción, sino únicamente porque se requieren más y más medios de producción en las ramas industriales que producen artículos de consumo. Así pues, la diferencia entre las concepciones de los economistas pequeñoburgueses y las de Marx no consiste en que los primeros reconocieran en general una vinculación entre la producción y el consumo en la sociedad capitalista, y el segundo negara en general esa vinculación (esto sería un absurdo). La diferencia estriba en que los economistas pequeñoburgueses consideraban que esa vinculación entre la producción y el consumo era directa, pensaban que la producción sigue al consumo. Marx, en cambio, mostró que esa vinculación es sólo mediata, que se manifiesta únicamente en última instancia, pues en la sociedad capitalista el consumo sigue a la producción. Pero, aunque mediata, la vinculación existe; en última instancia, el consumo debe seguir a la producción, y si las fuerzas productivas pugnan por un crecimiento ilimitado de la producción, mientras que el consumo está reducido por la condición proletaria de las masas populares, la contradicción es aquí indudable. Esta contradicción no significa la imposibilidad del capitalismo, pero sí la necesidad de su transformación en una forma superior: cuanto más se agudiza esta contradicción, más se desarrollan tanto las condiciones objetivas de dicha transformación como las condiciones subjetivas, es decir, la conciencia de la contradicción por parte de los trabajadores.

Cabe preguntarse ahora: ¿qué posición podría adoptar el Sr. Nezhdanov con respecto a la cuestión de la «independencia» de los medios de producción respecto de los artículos de consumo? Una de dos: o bien negará totalmente toda dependencia entre ellos, afirmando la posibilidad de la realización de medios de producción que no se vinculen en absoluto con los artículos de consumo, que no se vinculen ni siquiera «en última instancia», y entonces caerá inevitablemente en el absurdo; o bien reconocerá, siguiendo a Marx, que en última instancia los medios de producción están vinculados a los artículos de consumo, y entonces deberá reconocer que mi interpretación de la teoría de Marx es correcta.

Tomaré un ejemplo para ilustrar, para concluir, los razonamientos abstractos con datos concretos. Es sabido que en toda sociedad capitalista el empleo de máquinas se ve obstaculizado con frecuencia por un salario excesivamente bajo (= bajo nivel de consumo de las masas populares). Es más: ocurre a veces que las máquinas adquiridas por los empresarios permanecen inactivas porque los precios de la mano de obra descienden hasta tal punto que al patrono le resulta más ventajoso el trabajo manual. La existencia de una contradicción entre el consumo y la producción, entre el afán del capitalismo de desarrollar ilimitadamente las fuerzas productivas y la limitación de este afán por la condición proletaria, la miseria y el desempleo del pueblo, es clara en este caso como la luz del día. Pero no menos claro es que de esta contradicción la única conclusión correcta que cabe extraer es que el propio desarrollo de las fuerzas productivas, con fuerza incontenible, debe conducir a la sustitución del capitalismo por la economía de productores asociados. Por el contrario, sería completamente erróneo extraer de esta contradicción la conclusión de que el capitalismo debe engendrar sistemáticamente un producto excedente, es decir, que el capitalismo, en general, no puede realizar el producto, que no puede, por tanto, desempeñar ningún papel histórico progresivo, etc.

Escrito en mayo, antes del 29 (10 de junio) de 1899.

Publicado en diciembre de 1899 en la revista «Zhizn». Firma: V. Ilín

Se imprime según el texto de la revista.