La cuestión de los mercados en la sociedad capitalista ocupó, como es sabido, un lugar extraordinariamente importante en la doctrina de los economistas populistas encabezados por los señores V. V. y N. —on. Es, pues, muy natural que los economistas que mantienen una actitud negativa hacia las teorías de los populistas se hayan considerado obligados a prestar atención a este problema y a esclarecer, ante todo, los aspectos fundamentales, teórico-abstractos, de la “teoría de los mercados”. El intento de este esclarecimiento lo emprendió en 1894 el señor Tugán-Baranovski en su libro *Las crisis industriales en la Inglaterra contemporánea*, cap. I de la segunda parte: “Teoría de los mercados”, y posteriormente, el año pasado, el señor Bulgákov dedicó a este mismo problema su libro *Sobre los mercados bajo la producción capitalista* (Moscú, 1897). Ambos autores coinciden en sus puntos de vista fundamentales; en ambos, el centro de gravedad reside en la exposición del notable análisis de la “circulación y reproducción de todo el capital social” dado por Marx en la sección tercera del tomo segundo de *El Capital*. Ambos autores están de acuerdo en que las teorías del mercado (en particular del mercado interior) en la sociedad capitalista de los señores V. V. y N. —on son absolutamente erróneas y se basan, bien en haber ignorado el análisis de Marx, bien en no haberlo comprendido. Ambos autores reconocen que la producción capitalista en desarrollo se crea a sí misma un mercado, principalmente a costa de los medios de producción y no de los objetos de consumo; — que la realización del producto en general y de la plusvalía{8} en particular es plenamente explicable sin recurrir al mercado exterior; — que la necesidad del mercado exterior para un país capitalista no se deriva en modo alguno de las condiciones de la realización (como suponían los señores V. V. y N. —on), sino de las condiciones históricas, etc. Parecería que, existiendo una coincidencia tan completa, los señores Bulgákov y Tugán-Baranovski no tendrían sobre qué discutir y podrían dirigir conjuntamente sus esfuerzos hacia una crítica más detallada y ulterior de la economía populista. Pero, de hecho, entre dichos escritores se ha entablado una polémica (Bulgákov, obra citada, págs. 246-257 y passim; Tugán-Baranovski en *El Mundo de Dios*, 1898, núm. 6: “Capitalismo y mercado”, a propósito del libro de S. Bulgákov). A nuestro juicio, tanto el señor Bulgákov como el señor Tugán-Baranovski han ido algo lejos en su polémica, al dar un carácter demasiado personal a sus observaciones. Tratemos de dilucidar si existe entre ellos una divergencia real y, de existir, quién de los dos tiene más razón.

Ante todo, el señor Tugán-Baranovski acusa al señor Bulgákov de ser “poco original” y de gustar en demasía *jurare in verba magistri* (*M. B.*, 123). “La solución del problema del papel del mercado exterior para un país capitalista que yo he expuesto y que el señor Bulgákov acepta por entero, no está en modo alguno tomada de Marx”, declara el señor Tugán-Baranovski. Nos parece que esta declaración es inexacta, pues la solución del problema está tomada por el señor Tugán-Baranovski precisamente de Marx; de allí mismo, sin duda alguna, la ha tomado también el señor Bulgákov, de suerte que la discusión puede versar no sobre la “originalidad”, sino sobre la comprensión de tal o cual tesis de Marx, sobre la necesidad de exponer a Marx de uno u otro modo. El señor Tugán-Baranovski dice que “Marx en el tomo II no aborda en absoluto la cuestión del mercado exterior” (*loc. cit.*). Esto es inexacto. En la misma sección (la III) del tomo segundo, en la que se expone el análisis de la realización del producto, Marx esclarece de manera absolutamente precisa la relación que guarda con esta cuestión el comercio exterior y, por tanto, el mercado exterior. He aquí lo que dice al respecto:

“La producción capitalista no existe en absoluto sin comercio exterior. Pero si se supone una reproducción anual normal en determinadas dimensiones, con ello se supone ya que el comercio exterior solo sustituye artículos (Artikel – mercancías) autóctonos por artículos de otra forma de uso o forma natural, sin afectar ni a las relaciones de valor en que se intercambian entre sí las dos categorías: medios de producción y objetos de consumo, ni a las relaciones entre el capital constante, el capital variable y la plusvalía en que se descompone el valor del producto de cada una de estas categorías. Por consiguiente, la introducción del comercio exterior en el análisis del valor del producto anualmente reproducido no puede sino embrollar el asunto, sin suministrar un elemento nuevo ni para el planteamiento mismo del problema ni para su solución. Por tanto, no hay que tomarlo en cuenta en absoluto…” (*Das Kapital*, II1, 469. Cursiva nuestra){9}. La “solución del problema” por el señor Tugán-Baranovski: — “… en cada país que importa mercancías del extranjero, puede haber excedente de capital; el mercado exterior es absolutamente necesario para tal país” (*Las crisis industriales*, pág. 429. Citado en *M. B.*, loc. cit., 121) — es una simple paráfrasis de la tesis de Marx. Marx dice que en el análisis de la realización no se puede tomar en cuenta el comercio exterior, pues este solo reemplaza unas mercancías por otras. El señor Tugán-Baranovski dice, al examinar esa misma cuestión de la realización (cap. I de la segunda parte de *Las crisis industriales*), que el país que importa mercancías también debe exportarlas, es decir, tener un mercado exterior. Cabe preguntarse: después de esto, ¿es posible afirmar que la “solución del problema” dada por el señor Tugán-Baranovski “no está en modo alguno tomada de Marx”? El señor Tugán-Baranovski dice, además, que “los tomos II y III de *El Capital* no son más que un esbozo preliminar, muy lejos de estar acabado” y que “por esta razón no encontramos en el tomo III las conclusiones del notable análisis presentado en el tomo II” (art. cit., 123). También esta afirmación es inexacta. Aparte de análisis particulares de la reproducción social (*Das Kapital*, III, 1, 289{10}: explicación de en qué sentido y en qué medida la realización del capital constante es “independiente” del consumo individual), “encontramos en el tomo III” un capítulo especial (el 49. “Para el análisis del proceso de producción”), dedicado a las conclusiones del notable análisis presentado en el tomo II, capítulo en el cual los resultados de este análisis se aplican a la solución de una cuestión muy importante sobre las formas de la renta social en la sociedad capitalista. Por último, debe considerarse asimismo inexacta la afirmación del señor Tugán-Baranovski de que “Marx en el tomo III de *El Capital* se pronuncia en esta cuestión de un modo completamente distinto”, de que en el tomo III “nos encontramos incluso con aseveraciones que son resueltamente refutadas por este análisis” (art. cit., 123). El señor Tugán-Baranovski cita en la pág. 122 de su artículo dos razonamientos de Marx de ese tipo, que supuestamente contradicen la doctrina fundamental. Examinémoslos más de cerca. En el tomo III dice Marx: “Las condiciones de la explotación directa y las condiciones de su realización (de esta explotación) no son idénticas. No solo no coinciden en el tiempo y en el lugar, sino que son también conceptualmente distintas. Las primeras solo tienen como límite la fuerza productiva de la sociedad, las segundas, la proporcionalidad de las distintas ramas de producción y la fuerza de consumo de la sociedad… Cuanto más se desarrolla la fuerza productiva (de la sociedad), tanto más entra en contradicción con la base estrecha sobre la que descansan las relaciones de consumo” (III, 1, 226. Traducción rusa, pág. 189){11}. El señor Tugán-Baranovski interpreta estas palabras del siguiente modo: “La mera proporcionalidad de la distribución de la producción nacional no garantiza aun la posibilidad de dar salida a los productos. Los productos pueden no encontrar mercado, aunque la distribución de la producción sea proporcional; tal es, al parecer, el sentido de las palabras citadas de Marx”. No, el sentido de esas palabras no es ese. No hay razón alguna para ver en ellas una especie de rectificación de la teoría de la realización expuesta en el tomo II. Lo que Marx constata aquí es sencillamente la contradicción del capitalismo, ya señalada en otros pasajes de *El Capital*, a saber, la contradicción entre la tendencia a expandir ilimitadamente la producción y la necesidad de un consumo limitado (a consecuencia del estado proletario de las masas populares). El señor Tugán-Baranovski, desde luego, no discutirá que esta contradicción sea inherente al capitalismo; y desde el momento en que Marx, en este mismo fragmento, la señala, no tenemos derecho alguno a buscar un sentido adicional en sus palabras. La “fuerza de consumo de la sociedad” y la “proporcionalidad de las distintas ramas de producción” no son, en modo alguno, condiciones separadas, independientes y desvinculadas entre sí. Por el contrario, un determinado estado del consumo es uno de los elementos de la proporcionalidad. En efecto, el análisis de la realización ha demostrado que la formación del mercado interior para el capitalismo se produce no tanto a costa de los objetos de consumo como a costa de los medios de producción. De ello se sigue que la primera subdivisión de la producción social (la fabricación de medios de producción) puede y debe desarrollarse más rápidamente que la segunda (la fabricación de objetos de consumo). Pero de ello, naturalmente, no se sigue en modo alguno que la fabricación de medios de producción pueda desarrollarse con absoluta independencia de la fabricación de objetos de consumo y al margen de todo vínculo con ella. A este respecto, declara Marx: “Hemos visto (libro II, sección III) que se produce una circulación constante entre capital constante y capital constante, la cual, por una parte, es independiente del consumo personal en el sentido de que nunca entra en este último, pero que, sin embargo, está limitada en última instancia (definitiv) por el consumo personal, porque la producción de capital constante no ocurre nunca por ella misma, sino tan solo porque este capital constante se consume en mayor cantidad en aquellas ramas de producción cuyos productos entran en el consumo personal” (III, 1, 289. Traducción rusa, 242{12}). Así pues, en última instancia, el consumo productivo (el consumo de medios de producción) está siempre vinculado al consumo personal, siempre depende de él. Sin embargo, al capitalismo le es inherente, por un lado, la tendencia a la expansión ilimitada del consumo productivo, a la expansión ilimitada de la acumulación y de la producción, y, por otro, la proletarización de las masas populares, que impone límites bastante estrechos a la expansión del consumo personal. Es evidente que nos hallamos aquí ante una contradicción de la producción capitalista, y en el fragmento citado Marx se limita a constatar esa contradicción[31]. El análisis de la realización del tomo II en modo alguno refuta esta contradicción (contrariamente a la opinión del señor Tugán-Baranovski), sino que muestra, por el contrario, el nexo entre el consumo productivo y el personal. Ni que decir tiene que sería un grave error deducir de esta contradicción del capitalismo (o de sus demás contradicciones) la imposibilidad del capitalismo o su falta de progresividad en comparación con los regímenes económicos anteriores (como les gusta hacer a nuestros populistas). El desarrollo del capitalismo no puede producirse sino a través de toda una serie de contradicciones, y señalar dichas contradicciones tan solo nos esclarece el carácter históricamente transitorio del capitalismo, esclarece las condiciones y las causas de su tendencia a transformarse en una forma superior.

Resumiendo todo lo antedicho, llegamos a la siguiente conclusión: la solución del problema del papel del mercado exterior expuesta por el señor Tugán-Baranovski está tomada precisamente de Marx; no existe contradicción alguna entre los tomos II y III de *El Capital* en lo que respecta a la cuestión de la realización (ni a la teoría de los mercados).

Prosigamos. El señor Bulgákov acusa al señor Tugán-Baranovski de valorar incorrectamente las doctrinas de los economistas anteriores a Marx sobre los mercados. El señor Tugán-Baranovski acusa al señor Bulgákov de desvincular las concepciones de Marx del terreno científico sobre el que crecieron, de presentar las cosas como si “las concepciones de Marx no tuvieran nexo alguno con las de sus predecesores”. Este último reproche es absolutamente infundado, pues el señor Bulgákov no solo no ha expresado semejante opinión absurda, sino que, por el contrario, ha expuesto las concepciones de los representantes de diversas escuelas anteriores a Marx. A nuestro juicio, tanto el señor Bulgákov como el señor Tugán-Baranovski, al exponer la historia de la cuestión, han prestado injustificadamente tan poca atención a Adam Smith, en quien hubiera sido obligatorio detenerse con el mayor pormenor al exponer de modo especial la “teoría de los mercados”; “obligatorio” porque precisamente Adam Smith fue el fundador de aquella doctrina errónea de la descomposición del producto social en capital variable y plusvalía (salario, ganancia y renta, en la terminología de A. Smith), que se mantuvo tenazmente hasta Marx y que no solo impedía resolver, sino incluso plantear correctamente la cuestión de la realización. El señor Bulgákov dice con toda razón que, “dado lo erróneo de los puntos de partida y el planteamiento incorrecto del problema mismo, estas discusiones” (en torno a la teoría de los mercados, surgidas en la literatura económica) “solo podían conducir a estériles y escolásticas disputas de palabras” (pág. 21 de la obra citada, nota). Sin embargo, el autor dedica a Adam Smith apenas una página, omitiendo el detallado y brillante análisis de la teoría de A. Smith que da Marx en el capítulo 19 del tomo segundo de *El Capital* (§ II, S. 353-383){13}, y se detiene, en cambio, en las doctrinas de teóricos secundarios y carentes de independencia, como J. S. Mill y von Kirchmann. En cuanto al señor Tugán-Baranovski, pasa por alto por completo a A. Smith y, por consiguiente, al exponer las concepciones de los economistas posteriores, omite su error fundamental (la repetición del mencionado error de Smith). Que la exposición, en tales condiciones, no haya podido ser satisfactoria, es cosa que salta a la vista. Limitémonos a dos ejemplos. Tras presentar su esquema núm. 1, que ilustra la reproducción simple, dice el señor Tugán-Baranovski: “Pero el caso de reproducción simple que nosotros suponemos tampoco suscita dudas; los capitalistas, según nuestro supuesto, consumen toda su ganancia; es comprensible que la oferta de mercancías no rebase a la demanda” (*Las crisis industriales*, pág. 409). Esto es inexacto. No es en absoluto “algo comprensible” para los economistas anteriores, pues no sabían explicar ni siquiera la reproducción simple del capital social; y ni siquiera se la puede explicar sin comprender que el producto social se descompone, por su valor, en capital constante + capital variable + plusvalía, y por su forma material, en dos grandes subdivisiones: medios de producción y objetos de consumo. Por eso, también este caso suscitó en A. Smith “dudas” en las que, como demostró Marx, se enredó. Y si los economistas posteriores repitieron el error de Smith sin compartir sus dudas, ello tan solo demuestra que dieron un paso atrás en el plano teórico respecto a esta cuestión. Igualmente inexacto es cuando el señor Tugán-Baranovski afirma: “La doctrina de Say-Ricardo es teóricamente del todo correcta; si sus adversarios se hubieran tomado la molestia de calcular en cifras de qué modo se distribuyen las mercancías en la economía capitalista, habrían comprendido fácilmente que la negación de esta doctrina encierra una contradicción lógica” (loc. cit., 427). No, la doctrina de Say-Ricardo es teóricamente del todo incorrecta: Ricardo repitió el error de Smith (véase sus *Obras*, trad. de Ziber, San Petersburgo, 1882, pág. 221) y Say, además, lo remató afirmando que la diferencia entre el producto bruto y el producto neto de la sociedad es completamente subjetiva. Y por más que “calcularan en cifras” Say, Ricardo y sus adversarios, jamás habrían llegado a cálculo alguno, porque aquí la cuestión no reside en absoluto en las cifras, como ya observó con toda razón Bulgákov a propósito de otro pasaje del libro del señor Tugán-Baranovski (Bulgákov, loc. cit., pág. 21, nota).

Llegamos ahora a otro tema de discusión entre los señores Bulgákov y Tugán-Baranovski, a saber: la cuestión de los esquemas numéricos y su significado. El señor Bulgákov afirma que los esquemas del señor Tugán-Baranovski, “al apartarse del modelo” (es decir, del esquema de Marx), “pierden en gran medida su fuerza de convicción y no aclaran el proceso de la reproducción social” (loc. cit., 248), mientras que el señor Tugán-Baranovski dice que “el señor Bulgákov no comprende con claridad la finalidad misma de semejantes esquemas” (*El Mundo de Dios*, núm. 6 de 1898, pág. 125). A nuestro juicio, en este caso la razón asiste por entero al señor Bulgákov. Es más bien el señor Tugán-Baranovski quien “no comprende con claridad el significado de los esquemas”, al creer que los esquemas “demuestran la conclusión” (ibídem.). Los esquemas por sí solos nada pueden demostrar; solo pueden ilustrar el proceso una vez que sus distintos elementos han sido esclarecidos teóricamente. El señor Tugán-Baranovski elaboró esquemas propios, diferentes de los de Marx (e incomparablemente menos claros que los de Marx), omitiendo además el esclarecimiento teórico de aquellos elementos del proceso que los esquemas deben ilustrar. La tesis fundamental de la teoría de Marx, que demostró que el producto social no se descompone tan solo en capital variable + plusvalía (como pensaban A. Smith, Ricardo, Proudhon, Rodbertus y otros), sino en capital constante + las mencionadas partes; esta tesis, el señor Tugán-Baranovski no la esclareció en absoluto, aun cuando la adoptó en sus esquemas. El lector del libro del señor Tugán-Baranovski no está en condiciones de comprender esta tesis fundamental de la nueva teoría. La necesidad de distinguir dos subdivisiones de la producción social (I: medios de producción y II: objetos de consumo), el señor Tugán-Baranovski no la motivó en absoluto, mientras que, como acertadamente observa el señor Bulgákov, “únicamente esta división encierra más sentido teórico que todas las precedentes disputas de palabras en torno a la teoría de los mercados” (loc. cit., pág. 27). He ahí por qué la exposición de la teoría de Marx en el señor Bulgákov es mucho más clara y acertada que en el señor Tugán-Baranovski.

Para terminar, deteniéndonos con algún mayor detenimiento en el libro del señor Bulgákov, hemos de señalar lo siguiente. Alrededor de una tercera parte del libro está dedicada a las cuestiones de “las diferencias en la rotación del capital” y del “fondo de salarios”. Los parágrafos que llevan estos títulos nos parecen los menos logrados. En el primero de dichos parágrafos el autor intenta complementar (véase pág. 63, nota) el análisis de Marx y se adentra en cálculos y esquemas sumamente complejos para ilustrar cómo tiene lugar el proceso de realización cuando existen diferencias en la rotación del capital. Nos parece que la conclusión final a la que llega el señor Bulgákov (que para explicar la realización con diferencias en la rotación del capital es necesario suponer la existencia de existencias en los capitalistas de ambas subdivisiones; cf. pág. 85) se desprende por sí misma de las leyes generales de la producción y de la circulación del capital, de modo que no había ninguna necesidad de suponer distintos casos de relaciones de rotación del capital en la II y en la I subdivisión y de construir toda una serie de gráficos. Lo mismo cabe decir del segundo de los parágrafos mencionados. El señor Bulgákov señala con toda razón lo erróneo de la afirmación del señor Herzenstein, quien encontraba una contradicción en la doctrina de Marx sobre este particular. El autor observa con plena justeza que, “si se equipara a un año la rotación de todos los capitales, al comienzo de un año dado los capitalistas son propietarios tanto de todo el producto de la producción del año anterior como de la suma de dinero igual a este valor” (págs. 142-143). Pero el señor Bulgákov aceptó completamente en vano (pág. 92 y sigs.) el planteamiento puramente escolástico de esta cuestión por los economistas anteriores (¿el salario se toma de la producción corriente o de la producción del período de trabajo precedente?) y se creó dificultades suplementarias, “refutando” la afirmación de Marx, que “como si contradijera su punto de vista fundamental”, “razonando como si” “el salario se tomara no del capital, sino de la producción corriente” (pág. 135). Marx no plantea en absoluto la cuestión de semejante forma. La necesidad de “refutar” la afirmación de Marx vino provocada en el señor Bulgákov por el hecho de que intenta aplicar a la teoría de Marx un planteamiento del problema que le es del todo ajeno. Una vez se ha esclarecido cómo transcurre el proceso de toda la producción social en relación con el consumo del producto por las distintas clases de la sociedad, de qué modo los capitalistas ponen en circulación el dinero necesario para la circulación del producto; una vez esclarecido todo eso, la cuestión de si el salario se toma de la producción corriente o de la producción precedente pierde toda importancia seria. Por eso el editor de los últimos tomos de *El Capital*, Engels, dice en el prefacio al tomo segundo que razonamientos como, por ejemplo, los de Rodbertus sobre “si el salario se toma del capital o de la renta, pertenecen al terreno de la escolástica y quedan cancelados por completo gracias al contenido de la tercera sección de este libro segundo de *El Capital*” (*Das Kapital*, II, Vorwort, pág. XXI){14}.

Escrito a fines de 1898.

Publicado en enero de 1899 en la revista *Naúchnoie Obozrénie*, núm. 1. Firmado: Vladímir Ilín.

Se reproduce según el texto de la revista.