El libro del señor Bogdánov constituye un fenómeno notable en nuestra literatura económica; no es sólo un manual «no superfluo» entre otros (como «espera» el autor en el prefacio), sino positivamente el mejor de ellos. Nos proponemos por eso, en la presente nota, llamar la atención de los lectores sobre las destacadas virtudes de esta obra y señalar algunos puntos insignificantes en los que, a nuestro juicio, podrían introducirse mejoras en próximas ediciones; cabe pensar que, con el vivo interés del público lector por las cuestiones económicas, las próximas ediciones de este útil libro no se harán esperar mucho.

La principal virtud del «curso» del señor Bogdánov es la plena firmeza de orientación desde la primera hasta la última página de un libro que versa sobre muchísimas y muy amplias cuestiones. El autor da desde el comienzo mismo una definición clara y precisa de la economía política como la «ciencia que estudia las relaciones sociales de producción y distribución en su desarrollo» (3), y en ninguna parte se aparta de este punto de vista, que con frecuencia los doctos profesores de economía política entienden muy mal, al desviarse de las «relaciones sociales de producción» hacia la producción en general, llenando sus voluminosos cursos con un cúmulo de trivialidades y ejemplos carentes de contenido y que no atañen en absoluto a la ciencia social. El autor está exento de esa escolástica que induce a menudo a los compiladores de manuales a esmerarse en las «definiciones» y en el análisis de los rasgos particulares de cada definición, con lo cual la claridad de exposición no sólo no se pierde, sino que sale ganando directamente, y el lector, por ejemplo, obtendrá una idea clara de una categoría como el *capital*, tanto en su significación social como en su significación histórica. La concepción de la economía política como ciencia de las formaciones sociales de producción que se desarrollan históricamente sirve de base al orden de exposición de esta ciencia en el «curso» del señor Bogdánov. Tras exponer al comienzo unos breves «conceptos generales» sobre la ciencia (págs. 1-19), y al final una breve «historia de las concepciones económicas» (págs. 235-290), el autor expone el contenido de la ciencia en la sección «B. El proceso del desarrollo económico», y lo hace no dogmáticamente (como suele hacerse en la mayoría de los manuales), sino en forma de caracterización de los períodos sucesivos del desarrollo económico, a saber: el período del comunismo primitivo de clanes, el período de la esclavitud, el período del feudalismo y los gremios y, finalmente, el capitalismo. Así es precisamente como debe exponerse la economía política. Se objetará, tal vez, que de este modo el autor se ve inevitablemente obligado a dividir un mismo apartado teórico (por ej., sobre el dinero) entre diferentes períodos y a incurrir en repeticiones. Pero este defecto puramente formal queda plenamente compensado por las virtudes fundamentales de la exposición histórica. ¿Y es que acaso es un defecto? Las repeticiones resultan muy insignificantes y son útiles para el principiante, porque éste asimila con mayor firmeza las tesis particularmente importantes. La atribución, por ej., de las diversas funciones del dinero a los diferentes períodos del desarrollo económico muestra de manera gráfica al estudiante que el análisis teórico de estas funciones no se basa en una especulación abstracta, sino en el estudio exacto de lo que realmente ha ocurrido en el desarrollo histórico de la humanidad. Se obtiene una idea más integral de las distintas formaciones histórico-sociales de la economía. Pero si toda la tarea de un manual de economía política consiste en proporcionar a quien estudia esta ciencia los conceptos fundamentales sobre los diferentes sistemas de economía social y sobre los rasgos esenciales de cada sistema; toda la tarea consiste en que la persona que haya asimilado el manual elemental tenga en sus manos una guía segura para el estudio ulterior de esta materia, en que sienta interés por dicho estudio, comprendiendo que con las cuestiones de la ciencia económica están vinculadas del modo más directo las cuestiones más importantes de la vida social contemporánea. En noventa y nueve casos de cada cien, es precisamente esto lo que les falta a los manuales de economía política. Su defecto no consiste tanto en que suelen limitarse a un solo sistema de economía social (concretamente al capitalismo), como en que no saben concentrar la atención del lector en los rasgos esenciales de este sistema; no saben definir con claridad su significación histórica, mostrar, por un lado, el proceso (y las condiciones) de su surgimiento y, por otro, las tendencias de su desarrollo ulterior; no saben presentar los distintos aspectos y los distintos fenómenos de la vida económica moderna como partes integrantes de un sistema determinado de economía social, como manifestaciones de los rasgos esenciales de este sistema; no saben dar al lector una guía segura, porque no suelen atenerse con toda consecuencia a una sola orientación; no saben, por último, interesar al estudiante, porque entienden el significado de las cuestiones económicas de un modo sumamente estrecho e inconexo, disponiendo «en poético desorden» los «factores» económico, político, moral, etc. Sólo la concepción materialista de la historia aporta luz a este caos y abre la posibilidad de una visión amplia, coherente y razonada de una formación económica social determinada como fundamento de una formación determinada de toda la vida social del hombre.

La destacada virtud del «curso» del señor Bogdánov consiste precisamente en que el autor se atiene de modo consecuente al materialismo histórico. Al caracterizar un período determinado del desarrollo económico, suele ofrecer en su «exposición» un bosquejo del régimen político, de las relaciones familiares y de las corrientes fundamentales del pensamiento social en relación con los rasgos esenciales del régimen económico dado. Tras explicar cómo el régimen económico dado engendraba una determinada división de la sociedad en clases, el autor muestra cómo estas clases se manifestaban en la vida política, familiar e intelectual del período histórico correspondiente, cómo los intereses de dichas clases se reflejaban en determinadas escuelas económicas, cómo, por ej., los intereses del desarrollo ascendente del capitalismo fueron expresados por la escuela de la libre competencia, y los intereses de la misma clase en un período posterior, por la escuela de los economistas vulgares (284), la escuela de la apología. Con toda razón señala el autor la relación entre la situación de determinadas clases y la escuela histórica (284) y la escuela de los socialistas de cátedra (la escuela «realista» o «histórico-ética»), que debe ser considerada como la «escuela del compromiso» (287) con su concepción huera y falsa del origen y la significación «extraclasista» de las instituciones jurídico-políticas (288), etc. El autor vincula igualmente con el desarrollo del capitalismo las doctrinas de Sismondi y Proudhon, clasificándolos con razón entre los economistas pequeñoburgueses, mostrando que las raíces de sus ideas se hallan en los intereses de una clase especial de la sociedad capitalista que ocupa un «lugar intermedio, de transición» (279), y reconociendo sin ambages el carácter reaccionario de semejantes ideas (280-281). Gracias a la firmeza de sus concepciones y a su habilidad para examinar los distintos aspectos de la vida económica en relación con los rasgos fundamentales del régimen económico dado, el autor valora acertadamente la importancia de fenómenos tales como la participación de los obreros en los beneficios de la empresa (una de las «formas de salario» que «sólo en muy raras ocasiones puede resultar ventajosa para el empresario» (págs. 132-133)), o las asociaciones de producción que, «al organizarse en el seno de las relaciones capitalistas», «en esencia no hacen sino aumentar la pequeña burguesía» (187).

Sabemos que precisamente estos rasgos del «curso» del señor Bogdánov suscitarán no pocas críticas. Descontentos quedarán, como es natural, los representantes y partidarios de la escuela «ético-sociológica» en Rusia{5}. Descontentos estarán quienes consideran que «la cuestión de la interpretación económica de la historia es una cuestión puramente académica»[19], y muchos otros más… Pero, además de este descontento, por así decirlo, de partido, se señalará probablemente que el amplio planteamiento de los problemas ha determinado un carácter sumamente esquemático en la exposición de este «curso breve», que en 290 páginas trata de todos los períodos del desarrollo económico, desde la comunidad gentilicia y los salvajes hasta los cárteles y trusts capitalistas, así como de la vida política y familiar del mundo antiguo y de la Edad Media, y de la historia de las concepciones económicas. La exposición del señor A. Bogdánov es, en efecto, sumamente condensada, como él mismo señala en el prefacio al calificar directamente su libro de «conspecto». No cabe duda de que algunas de las observaciones sinópticas del autor, referidas la mayoría de las veces a hechos de carácter histórico y a veces a cuestiones más detalladas de la economía teórica, resultarán incomprensibles para el lector principiante que desee familiarizarse con la economía política. Nos parece, sin embargo, que no se puede culpar de ello al autor. Diremos incluso, sin temor a ser acusados de paradójicos, que nos inclinamos a considerar la existencia de semejantes observaciones más bien como una virtud que como un defecto del libro analizado. En efecto, si el autor hubiera pretendido exponer, explicar y fundamentar detalladamente cada una de estas observaciones, su obra habría crecido hasta límites desmesurados, completamente incompatibles con los objetivos de un manual breve. Y es que, además, es imposible exponer en curso alguno, por muy voluminoso que sea, todos los datos de la ciencia moderna sobre todos los períodos del desarrollo económico y sobre la historia de las concepciones económicas desde Aristóteles hasta Wagner. Si hubiera suprimido todas estas observaciones, su libro positivamente habría perdido, al verse reducidos los límites y el significado de la economía política. En cambio, tal como están, estas observaciones sinópticas aportarán, a nuestro juicio, una gran utilidad tanto a los que enseñan como a los que aprenden mediante este conspecto. Sobre los primeros, nada hay que decir. Los segundos verán, por el conjunto de estas observaciones, que la economía política no puede estudiarse así como así, *mir nichts dir nichts*[20], sin ningún conocimiento previo, sin familiarizarse con muchísimas e importantísimas cuestiones de historia, estadística, etc. Los estudiantes verán que las cuestiones de la economía social en su desarrollo y su influencia sobre la vida social no pueden conocerse a través de uno o incluso varios de esos manuales y cursos que se distinguen a menudo por una asombrosa «facilidad de exposición», pero también por una asombrosa vacuidad, por verter de vacío en vacío; que a las cuestiones económicas están indisolublemente ligadas las cuestiones más palpitantes de la historia y de la realidad contemporánea, y que las raíces de estas últimas cuestiones se encuentran en las relaciones sociales de producción. Tal es precisamente la tarea principal de todo manual: ofrecer los conceptos fundamentales de la materia que se expone e indicar en qué dirección debe profundizarse en su estudio y por qué es importante dicho estudio.

Pasemos ahora a la segunda parte de nuestras observaciones, a la indicación de aquellos pasajes del libro del señor Bogdánov que, a nuestro juicio, requieren corrección o complemento. Confiamos en que el respetable autor no nos guardará rencor por la minuciosidad e incluso el carácter puntilloso de estas observaciones: en un conspecto, las frases sueltas e incluso las palabras sueltas tienen una importancia incomparablemente mayor que en una exposición detallada y minuciosa.

Escrito entre el 7 y el 14 (19 y 26) de febrero de 1898.

Publicado en abril de 1898 en la revista «Mir Bozhi» (El Mundo de Dios), núm. 4. Se publica según el texto de la revista.