Escrito en el destierro en agosto – septiembre, a más tardar el 7 (19) de 1897.
Publicado por primera vez en 1898 en la recopilación: Vladímir Ilín. «Estudios y artículos económicos». San Petersburgo.
Se publica según el texto de la recopilación «Estudios y artículos económicos», cotejado con el texto de la recopilación: Vl. Ilín. «La cuestión agraria», 1908.

Las sociedades científicas de Perm, con la participación del zemstvo, emprendieron un amplio trabajo para la exposición de 1896 en Nizhni Nóvgorod, bajo el título general: «Panorama de la región de Perm». Se reunieron materiales en más de 200 pliegos; la publicación completa debía constar de ocho tomos. Como suele ocurrir, no se logró terminar a tiempo para la exposición, y por ahora solo se ha publicado el primer tomo, que contiene un esbozo de la industria kustar de la provincia [174]. Este «Esbozo» es de sumo interés por la novedad, riqueza y plenitud del material que le sirve de base. Dicho material fue recogido mediante un censo kustar especial, realizado con fondos del zemstvo en 1894/95; el censo fue de casa en casa, entrevistándose a cada jefe de familia por separado. La información fue recogida por los jefes del zemstvo. El programa del censo por hogares era muy amplio, abarcando la composición personal de las familias de los artesanos kustar-propietarios, el trabajo asalariado utilizado por los kustares, la agricultura, datos sobre la adquisición de materias primas, la técnica de producción, la distribución del trabajo por meses del año, la venta de productos, la antigüedad de los establecimientos y el endeudamiento de los kustares. Hasta donde sabemos, publicar datos tan ricos es casi una primicia en nuestra literatura. Pero a quien mucho se le da, mucho se le exigirá. La riqueza del material nos da derecho a exigir a los investigadores una elaboración minuciosa del mismo, y a estas exigencias el «Esbozo» no satisface en absoluto plenamente. Tanto en los datos tabulados como en el modo de agruparlos y procesarlos hay muchas lagunas, que el autor ha tenido que llenar en parte mediante extracciones y cálculos de los datos correspondientes del libro.

Nos proponemos familiarizar a los lectores con el material recogido por el censo, con los procedimientos de su elaboración y con las conclusiones que se desprenden de los datos acerca de la realidad económica de nuestras «industrias kustares». Subrayamos la expresión: «realidad económica», pues planteamos la cuestión únicamente de lo que existe en la realidad y de por qué esta realidad es precisamente tal y no otra. En cuanto a la extensión de las conclusiones derivadas de los datos de la provincia de Perm a todas «nuestras industrias kustares» en general, el lector se convencerá por lo que sigue de lo legítimo de tal extensión, ya que en la provincia de Perm los tipos de «trabajo kustar» son extraordinariamente diversos y abarcan todas las variedades posibles de las que alguna vez se ha informado en la literatura sobre la industria kustar.

Solo rogamos encarecidamente al lector que distinga lo más estrictamente posible las dos facetas de la exposición ulterior: el estudio y la elaboración de los datos fácticos, por una parte, y la valoración de las concepciones populistas de los autores del «Esbozo», por otra.

**I. Datos generales**

El censo kustar de 1894/95 abarcó en todos los distritos de la provincia a 8.991 familias de kustares (sin contar las familias de los obreros asalariados), es decir, alrededor del 72% del total de kustares de Perm, calculando los investigadores, según otros datos, otras 3.484 familias. La subdivisión fundamental de los kustares por tipos, adoptada en el «Esbozo», consiste en la distinción de dos grupos de kustares (señalados en las tablas con las cifras romanas I y II), a saber: los que poseen explotación agrícola (I) y los que no la poseen (II); y luego tres subgrupos de cada grupo (cifras arábigas: 1, 2, 3), a saber: 1) kustares que trabajan para la venta libre; 2) kustares que trabajan para clientes-consumidores, y 3) kustares que trabajan para clientes-acaparadores. En los dos últimos subgrupos, la materia prima es suministrada al kustar principalmente por el cliente. Detengámonos un poco en esta agrupación. La división de los kustares en agricultores y no agricultores es, desde luego, plenamente fundada y necesaria. La abundancia de kustares sin tierra en la provincia de Perm, concentrados a menudo en poblados fabriles, llevó a los autores a realizar esta agrupación de manera sistemática e introducirla en las tablas. Así, sabemos que 1/3 del total de kustares (en 8.991 establecimientos, 19.970 obreros familiares y asalariados), concretamente 6.638 personas, pertenecen a los que no poseen explotación agrícola [175]. De esto ya se desprende la inexactitud de las suposiciones y afirmaciones habituales sobre la vinculación de la industria kustar con la agricultura como fenómeno general, vinculación a veces elevada a la categoría de peculiaridad de Rusia. Si se excluye del número de «kustares» a los artesanos rurales (y urbanos) indebidamente incluidos entre ellos, de las 5.566 familias restantes, 2.268 carecen de tierra, es decir, más de 2/5 del total de los industriales que trabajan para el mercado. Lamentablemente, ni siquiera esta agrupación básica se mantiene consecuentemente en el «Esbozo». En primer lugar, solo se aplica a los kustares-propietarios, mientras que sobre los obreros asalariados no hay tales datos. Esta laguna es resultado de que el censo kustar en general pasó por alto a los obreros asalariados y a sus familias, registrando únicamente los establecimientos, solo a los propietarios. En el «Esbozo» se emplea de manera muy imprecisa, en lugar de estas palabras, la expresión: «familias que se ocupan de las industrias kustares», pues las familias que envían a sus miembros a trabajar como asalariados para los kustares, naturalmente, no menos «se ocupan de las industrias kustares» que las familias que emplean a dichos obreros. La ausencia de datos de casa en casa sobre las familias de los obreros asalariados (cuyo número equivale a 1/4 del total de obreros) constituye una importante laguna del censo. Esta laguna es muy característica de los populistas, que se colocan de inmediato en el punto de vista del pequeño productor y dejan en la sombra el trabajo asalariado. Más adelante volveremos a encontrar repetidamente lagunas en la información sobre los obreros asalariados, y de momento nos limitaremos a señalar que, aunque la ausencia de datos sobre las familias de los obreros asalariados constituye un fenómeno habitual en la literatura sobre la industria kustar, hay también excepciones. En los trabajos de la estadística del zemstvo de Moscú se encuentran a veces datos recogidos sistemáticamente sobre las familias de los asalariados; más abundantes aún son esos datos en la conocida investigación de los señores Jarisoménov y Prugavin: «Industrias de la provincia de Vladímir», donde se incluyen censos de casa en casa que registran a las familias de los obreros asalariados en igualdad de condiciones con las familias de los propietarios. En segundo lugar, al incluir en el número de kustares a una masa de industriales sin tierra, los investigadores minaron naturalmente la base del procedimiento habitual, totalmente incorrecto, de excluir del número de «kustares» a los industriales urbanos. Y vemos, en efecto, que en el censo kustar de 1894/95 entró una sola ciudad, Kungur (pág. 33 de las tablas), pero solo una. No se da ninguna explicación en el «Esbozo» y queda sin saberse por qué entró en el censo solo una y precisamente esa ciudad, si fue por casualidad o por algún fundamento. Se produce una gran confusión, que perjudica seriamente los datos generales. En conjunto, el censo kustar repite, por tanto, el error populista habitual de separar la aldea («el kustar») y la ciudad, aunque una determinada región industrial abarque a menudo la ciudad y los pueblos de sus alrededores. Ya es hora de abandonar esta separación, basada en el prejuicio y en la exageración de unas barreras estamentales que ya hace tiempo caducaron.

Hemos mencionado ya más de una vez a los artesanos, rurales y urbanos, ora separándolos de los kustares, ora incluyéndolos entre ellos. El hecho es que estas oscilaciones son propias de toda la literatura sobre las industrias "kustares", lo que demuestra la inutilidad de un término como "kustar" para las investigaciones científicas. Se considera comúnmente aceptado que por kustares debe entenderse sólo a quienes trabajan para el mercado, sólo a los productores de mercancías, pero en la práctica no es fácil encontrar una investigación sobre las industrias kustares donde no se incluyan también entre los kustares a los artesanos, es decir, a quienes trabajan para clientes-consumidores (2º subgrupo, según el "Ocherk"). Tanto en los "Trudy komissii po issledovaniu kustarnoi promyshlennosti" como en "Promysly Moskovskoi gubernii" se encuentran artesanos entre los "kustares". Consideramos inútil discutir sobre el sentido de la palabra "kustar", pues, como veremos más adelante, no hay forma de industria (salvo quizá la gran industria maquinizada) que no se incluya bajo este término tradicional, absolutamente inadecuado para las investigaciones científicas. Es indudable que hay que distinguir estrictamente a los productores de mercancías que trabajan para el mercado (1er subgrupo) de los artesanos que trabajan para los consumidores (2º subgrupo), pues estas formas de industria representan tipos completamente heterogéneos por su significación económico-social. Son muy desafortunados los intentos del "Ocherk" de suavizar estas diferencias (cf. págs. 13, 177); mucho más acertada fue la observación en otra publicación estadística de los zemstvos sobre los kustares de Perm, de que "los artesanos tienen muy pocos puntos de contacto con la esfera de la industria kustar, menos que esta última con la industria fabril" {80}. Tanto la industria fabril como el 1er subgrupo de los "kustares" pertenecen a la producción mercantil, la cual no existe en el 2º subgrupo. Con el mismo rigor hay que distinguir el 3er subgrupo, los kustares que trabajan para acaparadores (y fabricantes), los cuales difieren sustancialmente de los "kustares" de los dos primeros subgrupos. No se puede sino desear que todos los investigadores de la llamada industria "kustar" mantengan estrictamente esta división y empleen términos precisos de economía política en lugar de atribuir un sentido arbitrario a términos coloquiales.

Presentemos los datos sobre la distribución de los "kustares" por grupos y subgrupos:

Antes de sacar conclusiones de estos datos, recordemos que la ciudad de Kungur fue incluida en el II grupo, que contiene, por tanto, datos mixtos sobre industriales rurales y urbanos. Vemos en el cuadro que los agricultores (I grupo), aunque predominan considerablemente en número entre los industriales y artesanos rurales, son más atrasados en el desarrollo de las formas de industria que los no agricultores (II grupo). Entre los agricultores está mucho más desarrollada la artesanía primitiva en comparación con la producción para el mercado. El mayor desarrollo del capitalismo entre los no agricultores se expresa en un porcentaje mayor de obreros asalariados, de establecimientos con obreros asalariados y de kustares que trabajan para acaparadores. Se puede concluir, por tanto, que el vínculo con la agricultura frena las formas más atrasadas de industria y, a la inversa, que el desarrollo del capitalismo en la industria conduce a la ruptura con la agricultura. Lamentablemente, no tenemos datos precisos sobre este particular y debemos contentarnos con indicaciones orientativas como éstas. Por ejemplo, no sabemos por el "Ocherk" cómo se distribuye en general la población rural de la provincia de Perm entre agricultores y sin tierra, y por eso no podemos comparar en cuál de estas categorías están más desarrolladas las industrias. También quedó desatendida la cuestión sumamente interesante de los distritos industriales (los investigadores tenían datos muy precisos al respecto, sobre cada localidad por separado), de la concentración de industriales en las localidades no agrícolas, fabriles, en general comerciales e industriales, de los centros de cada rama industrial, de la difusión de las industrias desde estos centros hacia las localidades circundantes. Si añadimos a esto que los datos por hogar sobre el momento de surgimiento de los establecimientos (sobre esto más abajo, § III) daban la posibilidad de determinar el carácter del desarrollo de las industrias, es decir, si se difunden desde los centros a las localidades circundantes o viceversa, si se difunden con más fuerza entre los agricultores o entre los no agricultores, etc., no se podrá sino lamentar la insuficiente elaboración de los datos. Todo lo que podemos obtener sobre esta cuestión son los datos sobre la distribución de las industrias por uyezds. Para familiarizar al lector con estos datos, utilicemos la división de los uyezds en grupos propuesta en el "Ocherk" (pág. 31): 1) "uyezds con el mayor porcentaje de kustares que trabajan para el mercado, y al mismo tiempo con un nivel relativamente alto de desarrollo de la industria kustar": 5 uyezds; 2) "uyezds con un grado relativamente débil de desarrollo de las industrias kustares, pero con un número predominante de kustares que trabajan para el mercado": 5 uyezds y 3) "uyezds también con un bajo nivel de desarrollo de la industria kustar, pero en los cuales con frecuencia predominan los kustares que trabajan por encargo de los consumidores": 2 uyezds. Resumiendo los datos más importantes por estos grupos de uyezds, obtenemos el siguiente cuadro:

1) En el 1er grupo están los uyezds de Shadrinsk, Kungur, Krasnoufimsk, Ekaterinburgo y Osa; en el 2º: Verjoturie, Perm, Irbit, Ojansk y Cherdyn; en el 3º: Solikamsk y Kamyshlov.

2) Llamamos kustares "dependientes" a: a) los obreros asalariados y b) los miembros de la familia que trabajan para acaparadores.

3) La cifra de kustares aquí no es la misma que se dio antes, pues las cifras por uyezd en el "Ocherk" (págs. 30-31) difieren de los totales del cuadro incluido en el apéndice.

Este cuadro nos da las siguientes conclusiones interesantes: cuanto más desarrollada está la industria rural en el grupo de uyezds, tanto 1) menor es el porcentaje de artesanos rurales, es decir, tanto más es desplazada la artesanía por la producción mercantil; 2) tanto mayor es el porcentaje de kustares que pertenece a la población no agrícola; 3) tanto más fuertemente se desarrollan las relaciones capitalistas, tanto mayor es el porcentaje de kustares dependientes. En el tercer grupo de uyezds predominan los artesanos rurales (77,7% de todos los kustares); junto a esto, aquí predominan los agricultores (sólo un 5,7% de no agricultores) y el capitalismo está desarrollado de manera insignificante: en total un 7,2% de obreros asalariados y un 2,7% de kustares miembros de la familia que trabajan para acaparadores, es decir, en total un 9,9% de kustares dependientes. En el segundo grupo de uyezds predomina, por el contrario, la producción mercantil, que ya desplaza a la artesanía: sólo un 32,5% de artesanos. El porcentaje de kustares-agricultores desciende del 94,3% al 66,2%; el porcentaje de obreros asalariados aumenta más de cuatro veces: del 7,2% al 32,1%; también aumenta, aunque no tan significativamente, el porcentaje de miembros de la familia que trabajan para acaparadores, de modo que el porcentaje total de kustares dependientes constituye el 38,4%, casi 2/5 del total. Finalmente, en el primer grupo de uyezds la artesanía es aún más desplazada por la producción mercantil, ocupando sólo 1/5 del número total de "kustares" (21,8%), y junto a esto el número de no agricultores-industriales se eleva hasta el 42,1%; el porcentaje de obreros asalariados disminuye un poco (del 32,1% al 26%), pero en cambio crece en proporciones enormes el porcentaje de miembros de la familia dependientes de los acaparadores, concretamente del 6,3% al 27,4%, de modo que en total los kustares dependientes resultan ser más de la mitad: el 53,4%. La región de mayor número (absoluto y relativo) de "kustares" resulta ser la región de mayor desarrollo del capitalismo: el crecimiento de la producción mercantil desplaza a un segundo plano la artesanía, conduce al desarrollo del capitalismo y al paso de la industria a manos de los no agricultores, es decir, a la separación de la industria respecto a la agricultura (o, quizá, a la concentración de las industrias en la población no agrícola). Al lector puede surgirle la duda de si es correcto considerar más desarrollado el capitalismo en el primer grupo de uyezds, donde hay menos obreros asalariados que en el segundo, pero más trabajadores para acaparadores. El trabajo a domicilio, se podría objetar, es una forma inferior de capitalismo. Sin embargo, veremos más abajo que muchos de estos acaparadores son fabricantes, poseen grandes establecimientos capitalistas. El trabajo a domicilio es aquí un apéndice de la fábrica, lo que significa una mayor concentración de la producción y del capital (para algunos acaparadores trabajan 200-500, hasta mil y más personas), una mayor división del trabajo, siendo, por tanto, una forma de capitalismo más alta por su grado de desarrollo. Esta forma se relaciona con el pequeño taller del patrono con obreros asalariados como la manufactura capitalista se relaciona con la cooperación simple capitalista.

Los datos presentados refutan suficientemente los intentos de los compiladores del «Ensayo» de contraponer por principio la «forma artesanal de producción» a la «capitalista», razonamiento que repite los prejuicios tradicionales de todos los populistas rusos, encabezados por los señores V. V. y N. —on. La «diferencia fundamental» entre estas dos formas la ven los populistas de Perm en el hecho de que en la primera «al trabajo pertenecen los instrumentos y los materiales de producción, así como todos los resultados del trabajo en forma de productos» (pág. 3). Ahora ya podemos constatar con toda certeza que esto es falso. Incluso si incluimos en el número de artesanos también a los simples artesanos, la mayor parte de los «artesanos» no cumple estas condiciones: no las cumplen, en primer lugar, los obreros asalariados, y estos son el 25,3%; no las cumplen, en segundo lugar, los familiares que trabajan para acaparadores, pues no les pertenecen ni los materiales de producción ni los resultados del trabajo y solo reciben un salario a destajo; estos son el 20,8%; no las cumplen, en tercer lugar, los familiares de los subgrupos 1.º y 2.º que emplean obreros asalariados, pues a ellos pertenecen los «resultados» no solo de su propio trabajo. De estos últimos, probablemente, hay alrededor del 10% (de 6.645 talleres de los subgrupos 1.º y 2.º, 1.691, es decir, el 25,4% emplean obreros asalariados; en 1.691 talleres hay, con toda probabilidad, no menos de 2.000 familiares). En total, pues, ya tenemos un 25,3% + 20,8% + 10% = 56,1% de «artesanos», es decir, más de la mitad no cumple esas condiciones. Dicho de otro modo, incluso en una provincia tan remota y atrasada en lo económico como la de Perm, ya predomina el «artesano» que o bien se asalaria, o bien contrata a otros, que explota o es explotado. Pero es mucho más correcto para este cálculo excluir la artesanía simple y tomar únicamente la producción mercantil. La artesanía simple es una forma de industria tan arcaica que, incluso entre los populistas patrios, que más de una vez han proclamado que el atraso es la felicidad de Rusia (a la {81} Sres. V. V., Yuzhakov y Cía.), no se ha encontrado a nadie que se decidiera abierta y directamente a defenderla y presentarla como «garantía» de sus ideales. En la provincia de Perm, la artesanía simple está aún muy desarrollada en comparación con la Rusia central: basta con referirnos a un oficio como el de los tintoreros (o teñidores). Este es un teñido exclusivamente artesanal de los tejidos domésticos de los campesinos, que en los lugares menos apartados de Rusia han cedido hace tiempo el paso a los tejidos de algodón fabriles. Pero también en la provincia de Perm la artesanía simple está ya relegada a un segundo plano: incluso en la industria rural solo el 29,5%, es decir, menos de un tercio, corresponde a los artesanos simples. Excluyendo a los artesanos simples, obtenemos 14.401 personas que trabajan para el mercado; de ellas el 29,3% son obreros asalariados, más el 29,5% de familiares que trabajan para acaparadores, es decir, el 58,8% son «artesanos» dependientes, más un 7-8% de pequeños patrones con obreros asalariados, con lo que en total resulta alrededor del 66%, dos tercios de «artesanos» que tienen dos semejanzas fundamentales, y no diferencias, con el capitalismo, a saber: en primer lugar, todos ellos son productores de mercancías, y el capitalismo no es sino la economía mercantil desarrollada hasta el fin; en segundo lugar, la mayor parte de ellos se encuentra en las relaciones de compra-venta de la fuerza de trabajo propias del capitalismo. Los compiladores del «Ensayo» se esfuerzan por convencer al lector de que el trabajo asalariado en la producción «artesanal» tiene un significado especial y se explica, supuestamente, por causas «respetables»; examinaremos en su lugar (§ VII) estos asertos y los ejemplos que aducen. Aquí basta con constatar que allí donde domina la producción mercantil y el trabajo asalariado se emplea no de manera casual, sino sistemática, están presentes todos los signos del capitalismo. Se puede hablar de su falta de desarrollo, de su estado embrionario, de sus formas particulares, pero suponer una «diferencia fundamental» entre aquello que de hecho revela una semejanza fundamental, significa tergiversar la realidad.

Señalemos, de paso, otra tergiversación. En la pág. 5 del «Ensayo» se dice que «los productos del artesano... se elaboran a partir de materiales que se adquieren principalmente en el mismo lugar». Justamente sobre este punto hay en el «Ensayo» datos para su comprobación, a saber, la comparación de cómo se distribuyen por distritos de la provincia los artesanos que trabajan productos animales, en relación con los productos de la ganadería y la agricultura; los artesanos que trabajan productos vegetales, en comparación con la distribución de los bosques; los artesanos que trabajan metales, en comparación con la distribución del hierro colado y del hierro extraídos en la provincia. De esta comparación resulta que en la elaboración de productos animales, en tres distritos está concentrado el 68,9% de los artesanos de este tipo, mientras que en esos mismos distritos el número de cabezas de ganado es solo del 25,1% y las desiatinas de siembra solo del 29,5%, es decir, resulta justo lo contrario, y en el «Ensayo» se constata acto seguido que «el alto grado de desarrollo de las producciones basadas en la transformación de productos animales está asegurado principalmente por materia prima importada, por ejemplo, en los distritos de Kungur y Ekaterimburgo, por los cueros crudos, transformados en las curtidurías locales y en las tenerías artesanales, de donde precisamente se obtiene el material para la producción de calzado, principal oficio artesanal de estos distritos» (24–25). La artesanía se basa aquí, por tanto, no solo en las grandes operaciones comerciales de los capitalistas locales con los cueros, sino también en la adquisición de productos semielaborados a los fabricantes, es decir, el artesanado ha resultado un fruto, un apéndice, de la circulación mercantil desarrollada y de los establecimientos capitalistas de curtiduría. «En el distrito de Shadrinsk, la materia prima importada es la lana, que suministra el material para el principal oficio del distrito, el de los pimokaty (fabricantes de botas de fieltro)». Además, en la elaboración de productos vegetales, el 61,3% de los artesanos está concentrado en 4 distritos. Sin embargo, en esos mismos 4 distritos hay solo el 20,7% de la cantidad total de desiatinas de bosque en la provincia. Por el contrario, en 2 distritos donde se concentra el 51,7% de los bosques, se encuentra solo el 2,6% de los artesanos que trabajan productos vegetales (pág. 25), es decir, también aquí resulta justo lo contrario, y también aquí el «Ensayo» constata que la materia prima es importada (pág. 26) {82}. Observamos, por tanto, un hecho sumamente interesante: al desarrollo de los oficios artesanales antecede (siendo condición de ese desarrollo) una circulación mercantil que ya ha echado profundas raíces. Esta circunstancia es muy importante, porque, en primer lugar, señala desde cuándo ya se había formado la economía mercantil, dentro de la cual el artesanado constituye solo uno de sus miembros, y qué absurdo es, por consiguiente, presentar nuestra industria artesanal como una especie de tabula rasa {83} que «podría» supuestamente marchar aún por caminos diversos. Los investigadores comunican, por ejemplo, que la «industria artesanal de Perm sigue reflejando la influencia de aquellas vías de comunicación que determinaron la fisonomía comercial e industrial de la región no solo en la época anterior al ferrocarril, sino también en la época anterior a las reformas» (pág. 39). En efecto, la ciudad de Kungur fue un nudo de vías de comunicación en la región de los Urales occidentales: por ella pasa la carretera siberiana que une Kungur con Ekaterimburgo y, mediante ramales, también con Shadrinsk; por Kungur pasa igualmente otra carretera comercial, la de Goroblagodatsk, que une Kungur con Osa. Finalmente, la carretera de Birsk une Kungur con Krasnoufimsk. «De este modo, vemos que la industria artesanal de la provincia se concentró en las zonas determinadas por los nudos de vías de comunicación: al oeste de los Urales, en los distritos de Kungur, Krasnoufimsk y Osa; y al este de los Urales, en los distritos de Ekaterimburgo y Shadrinsk» (pág. 39). Recordemos al lector que precisamente estos 5 distritos constituyen el primer grupo de distritos por el desarrollo de la industria artesanal y que en ellos se concentra el 70% del número total de artesanos. En segundo lugar, esta circunstancia nos indica que aquella «organización del intercambio» en la industria artesanal, de la que tan a la ligera charlan los defensores artesanales del mujik, en realidad ya está creada, y no por otro que por el comercio de toda Rusia. Más abajo veremos aún no pocas confirmaciones de esto. Solo en el tercer tipo de artesanos (los que trabajan metales) se observa una correspondencia entre la distribución de la extracción de la materia prima y su transformación por los artesanos: en 4 distritos, donde se extrae el 70,6% del hierro colado y del hierro, se concentra el 70% de los artesanos de este tipo. Aquí, empero, la materia prima es ya de por sí producto de la gran industria minero-metalúrgica, la cual tiene, como veremos, «sus propias opiniones» sobre el «artesano».

II. El «artesano» y el trabajo asalariado

Pasemos a exponer los datos sobre el trabajo asalariado en las industrias artesanales de la provincia de Perm. Sin repetir las cifras absolutas citadas anteriormente, nos limitaremos a señalar las relaciones porcentuales más interesantes:

Vemos, por lo tanto, que el porcentaje de trabajadores asalariados es mayor entre los no agricultores que entre los agricultores, y que esta diferencia depende principalmente del 2.º subgrupo: entre los artesanos agricultores, el porcentaje de trabajadores asalariados es del 14,1%, y entre los no agricultores, del 29,3%, es decir, más del doble. En los otros dos subgrupos, el porcentaje de trabajadores asalariados es ligeramente superior en el grupo II en comparación con el I. Ya se ha observado que este fenómeno es el resultado de un mayor subdesarrollo del capitalismo en la población agrícola. Los populistas de Perm, como todos los demás populistas, declaran esto, por supuesto, como una ventaja de los agricultores. Sin entrar aquí en la disputa sobre la cuestión general de si el subdesarrollo y el atraso de determinadas relaciones socioeconómicas pueden considerarse una ventaja, señalaremos únicamente que, de los datos que se citan a continuación, se verá que esta ventaja de los agricultores consiste en la obtención de una baja remuneración.

Es interesante observar que la diferencia entre los grupos en cuanto al uso del trabajo asalariado resulta ser menor que la diferencia entre los subgrupos de un mismo grupo. En otras palabras, la estructura económica de la industria (artesanos – productores de mercancías – trabajadores a domicilio para acaparadores) influye más en el grado de uso del trabajo asalariado que el vínculo con la agricultura o la ausencia de este. Por ejemplo, el pequeño productor de mercancías agricultor se parece más al pequeño productor de mercancías no agricultor que al artesano agricultor. El porcentaje de trabajadores asalariados en el 1.er subgrupo es, para el grupo I, del 29,4%, y para el II, del 31,2%, mientras que en el 2.º subgrupo del grupo I es solo del 14,1%. De igual modo, el agricultor que trabaja para un acaparador se parece más al no agricultor que trabaja para un acaparador (23,2% de trabajadores asalariados y 27,4%) que al artesano agricultor. Esto nos indica cómo el dominio general en el país de las relaciones mercantiles-capitalistas nivela al agricultor y al no agricultor que participan en la industria. Los datos sobre los ingresos de los artesanos mostrarán esta nivelación aún con mayor relieve. El 2.º subgrupo constituye, como ya se ha señalado, una excepción; pero si en lugar de los datos sobre el porcentaje de trabajadores asalariados tomamos los datos sobre el número medio de trabajadores asalariados por taller, veremos que los artesanos agricultores están más cerca de los artesanos no agricultores (0,23 y 0,43 trabajadores asalariados por taller) que de los agricultores de otros subgrupos. La composición media de un taller entre los artesanos en ambos grupos es casi idéntica (1,7 y 1,8 personas por taller), mientras que por subgrupos de cada grupo esta composición varía mucho (I: 2,6 y 1,7; II: 2,5 y 1,8).

Los datos sobre la composición media del taller en cada subgrupo también señalan el hecho interesante de que entre los artesanos de ambos grupos esta composición es la menor: 1,7 y 1,8 trabajadores por taller. Entre los artesanos, por lo tanto, predomina la producción más dispersa, el mayor aislamiento de los productores individuales, la menor aplicación de la cooperación en la producción. En primer lugar a este respecto se encuentran, en ambos grupos, los primeros subgrupos, es decir, los pequeños patronos que trabajan para la venta libre. La composición del taller es aquí la mayor (2,6 y 2,5 personas); los artesanos con familias numerosas son aquí los más (precisamente, con 3 o más trabajadores familiares, el 20,3% y el 18,5%; una pequeña excepción es el 3.er subgrupo del grupo I, con el 20,9%); junto a esto, el uso del trabajo asalariado es el mayor (0,75 y 0,78 asalariados por taller); los talleres grandes son los más numerosos (2,0% y 1,3% de talleres con 6 o más trabajadores asalariados). Por lo tanto, la cooperación en la producción se aplica aquí en las dimensiones más amplias, y esto se logra mediante el mayor uso del trabajo asalariado con la mayor composición familiar (1,8 y 1,7 trabajadores familiares por taller; una pequeña excepción es el 3.er subgrupo del grupo I, con 1,9 personas).

Esta última circunstancia nos lleva a una cuestión muy importante sobre la interrelación del trabajo familiar y el asalariado entre los «artesanos», lo que obliga a dudar de la corrección de las doctrinas populistas dominantes de que el trabajo asalariado en la producción artesanal solo «complementa» al familiar. Los populistas de Perm apoyan esta opinión, argumentando en la página 55 que «la identificación de los intereses del artesanado y los kulaks» se refuta por el hecho de que los artesanos más acomodados (grupo I) tienen la mayor composición familiar, mientras que «si el artesano tendiera solo al lucro, el único impulso del kulak, y no al afianzamiento y desarrollo de su producción, utilizando todas las fuerzas de su familia, tendríamos derecho a esperar en este subgrupo de talleres el menor porcentaje que determina el número de miembros de la familia que han entregado su trabajo a la producción» (?!) ¡Extraña conclusión! ¿Cómo se pueden sacar conclusiones sobre el papel de la «participación laboral personal» (pág. 55) sin tocar los datos sobre el trabajo asalariado? Si la prosperidad de los artesanos de familias numerosas no expresara tendencias kulaks, veríamos en ellos el menor porcentaje de trabajadores asalariados, el menor porcentaje de talleres con trabajadores asalariados, el menor porcentaje de talleres con un gran número de trabajadores (más de cinco), el menor número medio de trabajadores por taller. En realidad, los artesanos más acomodados (1.er subgrupo) ocupan en todos estos aspectos el primer lugar, y no el último, ¡y esto con la mayor composición de familias y de trabajadores familiares, con el mayor porcentaje de artesanos con 3 o más trabajadores familiares! Está claro que los hechos dicen justo lo contrario de lo que quiere imponerles el populista: el artesano tiende precisamente al lucro mediante el kulakismo; utiliza su mayor prosperidad (una de cuyas condiciones es la familia numerosa) para un mayor uso del trabajo asalariado. Estando en mejor situación que otros artesanos por el número de trabajadores familiares, se aprovecha de esto para desplazar a los demás, recurriendo a la mayor contratación de trabajadores. La «cooperación familiar», de la que tan melosamente gustan hablar los señores V. V. y otros populistas (cf. «Ind. art.», I, pág. 14), es la garantía del desarrollo de la cooperación capitalista. Esto parecerá, por supuesto, una paradoja para el lector acostumbrado a los prejuicios populistas, pero es un hecho. Para tener datos precisos sobre esta cuestión, sería necesario conocer no solo la distribución de los talleres por el número de trabajadores familiares y por el número de asalariados (lo que se da en el «Esbozo»), sino también la combinación del trabajo familiar y asalariado. La información del censo domiciliario ofrecía la plena posibilidad de realizar tal combinación, de contar el número de talleres con 1, 2, etc. trabajadores asalariados en cada categoría de talleres según el número de trabajadores familiares. Lamentablemente, esto no se hizo. Para suplir, aunque sea un poco, esta laguna, recurramos a la obra antes mencionada: «La ind. art. y etc.». Aquí se presentan precisamente tablas combinadas de talleres por el número de trabajadores familiares y asalariados. Las tablas se dan para 5 industrias, abarcando en total 749 talleres con 1945 trabajadores (obra citada, I, págs. 59, 78, 160; III, págs. 87 y 109). Para analizar estos datos sobre la cuestión que nos interesa de la interrelación del trabajo familiar y asalariado, debemos dividir todos los talleres en grupos según el número total de trabajadores (pues es precisamente el número total de trabajadores lo que muestra la magnitud del taller y el grado de aplicación de la cooperación en la producción) y determinar el papel del trabajo familiar y asalariado en cada grupo. Tomamos 4 grupos: 1) talleres con 1 trabajador; 2) con 2–4 trabajadores; 3) con 5–9 trabajadores; 4) con 10 y más trabajadores. Esta división según el número total de trabajadores es tanto más necesaria cuanto que los talleres, p. ej., con 1 trabajador y con 10 representan, evidentemente, tipos económicos completamente diferentes; unirlos y deducir «promedios» sería un procedimiento totalmente absurdo, como veremos más abajo con los datos del «Esbozo». La agrupación señalada da los siguientes datos:

Así pues, estos datos detallados confirman plenamente la tesis expuesta más arriba, paradójica a primera vista: cuanto mayor es el tamaño del establecimiento por el número total de obreros, más obreros familiares hay por establecimiento, más amplia es, por consiguiente, la "cooperación familiar", pero al mismo tiempo se amplía también la cooperación capitalista, y se amplía de un modo incomparablemente más rápido. Los artesanos más acomodados, a pesar de poseer un mayor número de obreros familiares, contratan además a muchos obreros asalariados: la "cooperación familiar" es la garantía y la base de la cooperación capitalista.

Veamos los datos del censo de 1894/95 sobre el trabajo familiar y el asalariado. Según el número de obreros familiares, los establecimientos se distribuyen así:

en %

Establecimientos con 0 obreros familiares     97      1,1

»             »   1     »           »        4 787     53,2

»             »   2     »           »        2 770     30,8

»             »   3     »           »          898     10,0

»             »   4     »           »          279      3,1

»             »   5 y más    »                160      1,8

Total                                      8 991     100

Hay que señalar aquí el predominio de los trabajadores aislados: son más de la mitad. Incluso si admitiéramos que todos los establecimientos que combinan el trabajo familiar y el asalariado no tienen más de un obrero familiar, resultaría que los trabajadores completamente aislados serían 2 500. Estos son los representantes de los productores más dispersos, los representantes de la mayor disgregación de los pequeños talleres, disgregación propia, en general, del tan cacareado "producción popular". Veamos el polo opuesto, los talleres más grandes:

Número de obreros asalariados [176]

Así, los "pequeños" establecimientos de los artesanos alcanzan a veces dimensiones imponentes: en los 85 establecimientos más grandes se concentra casi una cuarta parte de todo el número de obreros asalariados; por término medio, uno de estos establecimientos tiene 14,6 obreros privados. Estos ya son fabricantes, propietarios de establecimientos capitalistas [177]. La cooperación sobre bases capitalistas encuentra aquí una aplicación sólida: con 15 obreros por establecimiento es posible la división del trabajo en una escala más o menos considerable, se logra una gran economía en el local y en las herramientas al disponer de una cantidad más rica y variada de ellas. El aprovisionamiento de materia prima y la venta del producto se efectúan aquí necesariamente en grandes proporciones, lo que reduce considerablemente el costo de las materias primas, los gastos de envío, facilita la venta y posibilita relaciones comerciales regulares. Más adelante, al presentar los datos sobre los ingresos, veremos la confirmación de esto por el censo de 1894/95. Aquí basta con señalar estas posiciones teóricas generalmente conocidas. Se comprende de aquí que la fisonomía tanto técnica como económica de tales establecimientos difiere radicalmente de los talleres de los trabajadores aislados, y no podemos menos que asombrarnos de que los estadísticos de Perm se hayan decidido, a pesar de todo, a unirlos y a deducir "medias" generales. Ya a priori [178] se puede decir que tales medias serán completamente ficticias y que la elaboración de los datos de los censos prediales debía necesariamente, además de la división de los artesanos en grupos y subgrupos, conducir a su división en categorías según el número de obreros en el establecimiento (tanto familiares como asalariados juntos). Sin tal división es impensable obtener datos precisos ni sobre los ingresos, ni sobre las condiciones de compra de materia prima y venta de productos, ni sobre la técnica de producción, ni sobre la situación de los obreros asalariados en comparación con los aislados, ni sobre la correlación de los talleres grandes y pequeños, y todas estas son las cuestiones más importantes para el estudio de la economía del "artesanado". Los investigadores de Perm intentan, por supuesto, atenuar la importancia de los talleres capitalistas. Si hay establecimientos con 5 o más obreros familiares, razonan, significa que la competencia de la "forma de producción capitalista" y la "artesanal" (¡sic! [179]) puede tener importancia solo cuando en el establecimiento hay más de cinco obreros asalariados, y de tales establecimientos hay solo un 1%. Razonamiento puramente artificial: en primer lugar, los establecimientos con 5 obreros familiares y con 5 asalariados son una abstracción vacía, que debe su existencia a una insuficiente elaboración de los datos, ya que el trabajo asalariado se combina con el familiar. Un establecimiento con 3 obreros familiares, que contrata además a 3 obreros, tendrá más de 5 obreros y se encontrará en condiciones de competencia completamente especiales en comparación con los trabajadores aislados. En segundo lugar, si los estadísticos deseaban realmente investigar la cuestión de la "competencia" de establecimientos aislados que se diferencian por el uso del trabajo asalariado, ¿por qué no recurrir a los datos del censo predial? ¿Por qué no agrupar los establecimientos según el número de obreros y presentar las cifras de rentabilidad? ¿No habría sido más apropiado por parte de los estadísticos, que tienen en sus manos un riquísimo material, el estudio fáctico de la cuestión, en lugar de ofrecer al lector toda clase de invenciones y apresurarse a pasar de los hechos al "combate" contra los enemigos del populismo?

"...Desde el punto de vista de los partidarios del capitalismo, este porcentaje, tal vez, será reconocido como suficiente para predicciones sobre la inevitable degeneración de la forma artesanal en capitalista, pero en realidad no representa ningún síntoma amenazante a este respecto, especialmente en vista de las siguientes circunstancias" (pág. 56)...

¿No es cierto que esto es muy simpático? En lugar de tomarse el trabajo de seleccionar del material que tienen a mano datos precisos sobre los establecimientos capitalistas, los autores sumaron estos establecimientos con los de los aislados y se lanzan a objetar a no se sabe qué "profetas". No sabemos qué "predicciones" harían algunos "partidarios del capitalismo" desagradables para los estadísticos de Perm, pero nosotros, por nuestra parte, solo diremos que todas estas frases no hacen más que encubrir el intento de apartarse de los hechos. Y los hechos dicen que no existe ninguna "forma artesanal de producción" especial (eso es un invento de los economistas "artesanos"), que de los pequeños productores de mercancías surgen grandes establecimientos capitalistas (¡en las tablas nos encontramos con un artesano con 65 obreros asalariados! pág. 169), que la obligación de los investigadores era agrupar los datos de tal manera que pudiéramos investigar este proceso, comparar los diversos establecimientos a medida que se aproximan a los capitalistas. Los estadísticos de Perm no solo no hicieron esto ellos mismos, sino que también nos privaron de la posibilidad de hacerlo, pues en las tablas todos los establecimientos de un subgrupo dado están sumados juntos, y no se puede separar al fabricante del trabajador aislado. Los compiladores encubren su laguna con sentencias baladíes. Los establecimientos grandes, se dignan ver, son solo un 1%, y con la exclusión de ellos las conclusiones hechas sobre la base del 99% no cambiarán (pág. 56). Pero ese uno por ciento, esa centésima parte, ¡no es igual a las otras centésimas! ¡Un solo establecimiento grande cubre más de 15 establecimientos de esos trabajadores aislados que representan más de 30 "centésimas" (del número total de establecimientos)! Esto es un cálculo según el número de obreros. Y si se tomaran los datos sobre la producción bruta o sobre la rentabilidad neta, resultaría que un establecimiento grande cubre no 15, sino quizás 30 establecimientos [180]. En esta "centésima parte" de los establecimientos se concentra una cuarta parte de todos los obreros asalariados, lo que da en promedio por establecimiento 14,6 obreros. Para ilustrar un poco al lector esta última cifra, tomemos las cifras del "Resumen de datos sobre la industria fabril y manufacturera en Rusia" (edición del departamento de comercio y manufacturas) para la gobernación de Perm. Dado que las cifras oscilan mucho por años, tomamos el promedio de 7 años (1885–1891). Obtenemos la cifra de "fábricas y talleres" (en el sentido de nuestra estadística oficial) en la gobernación de Perm: 885, con una producción por valor de 22 645 mil rublos y con 13 006 obreros, lo que da en "promedio" por fábrica precisamente 14,6 obreros.

Para confirmar su opinión de que los establecimientos grandes no tienen importancia esencial, los compiladores del *Esbozo* se remiten a que, del número de obreros asalariados entre los artesanos, hay muy pocos obreros anuales (8%), mientras que la mayoría son destajeros (37%), a plazo fijo (30%) y jornaleros (25%, pág. 51). Los destajeros «habitualmente trabajan en su casa, con sus propias herramientas, a su propia costa», y los jornaleros se contratan «temporalmente», de modo similar a los obreros agrícolas. En tales condiciones, «un número relativamente grande de obreros asalariados no nos sirve todavía como signo indudable del tipo capitalista de estos establecimientos» (56)... «Ni el destajero ni el jornalero, en general, según nuestro convencimiento, crean cuadros de la clase obrera semejantes al proletariado europeo occidental; tales cuadros solo pueden ser los obreros anuales permanentes».

No podemos dejar de elogiar a los populistas de Perm por interesarse en la cuestión de la relación entre los obreros asalariados rusos y el «proletariado europeo occidental». ¡La cuestión es interesante, qué duda cabe! Pero, con todo, preferiríamos oír de los estadísticos afirmaciones basadas en hechos, y no en el «convencimiento». Pues no siempre la declaración del propio «convencimiento» puede convencer a los demás... ¿No habría sido mejor, en lugar de relatar al lector el «convencimiento» de los Sres. NN y MM, comunicar más hechos? Y es que justamente los hechos sobre la situación de los obreros asalariados, sobre las condiciones de trabajo, sobre la jornada laboral en establecimientos de distinto tamaño, sobre las familias de los obreros asalariados, etc., se comunican en el *Esbozo* hasta lo increíblemente poco. Si las disquisiciones sobre la diferencia entre los obreros rusos y el proletariado europeo occidental sirvieran solo para encubrir esta laguna, entonces tendríamos que retirar nuestro elogio...

Todo lo que sabemos del *Esbozo* sobre los obreros asalariados es su división en 4 categorías: anuales, a plazo fijo, destajeros y jornaleros. Para familiarizarse con estas categorías hay que recurrir a los datos diseminados por el libro. Para 29 oficios (de 43) se indica el número de obreros de cada categoría y su salario. En estos 29 oficios hay 4795 obreros asalariados con un salario de 233 784 rublos. En los 43 oficios en total hay 4904 obreros asalariados con un salario de 238 992 rublos. De modo que nuestro resumen abarca el 98% de los obreros asalariados y de su salario. He aquí, en regard [181], las cifras del *Esbozo* [182] y las de nuestro resumen:

[Tabla]

Resulta que en el resumen del *Esbozo* hay o bien errores o erratas. Pero esto es de paso. El interés principal son los datos sobre el salario. El salario de los destajeros, de los cuales se dice en el *Esbozo* que «el trabajo a destajo es, en esencia, la etapa más próxima en el camino hacia la independencia como patrono» (pág. 51 — ¿también, probablemente, «según nuestro convencimiento»?), resulta ser considerablemente más bajo que el salario del obrero anual. Si la afirmación de los estadísticos de que el obrero anual habitualmente vive a costa del patrono, y el destajero a la suya propia, se basa no solo en su «convencimiento», sino también en hechos, entonces esta diferencia será aún mayor. ¡De una manera bien extraña los patronos artesanos de Perm aseguran a sus obreros el «camino hacia la independencia»! Este aseguramiento consiste en la reducción del salario... Las fluctuaciones del período de trabajo, como veremos, no son tan grandes como para explicar esta diferencia. Además, es muy interesante señalar que el salario del jornalero constituye el 66,7% del salario del obrero anual. Por consiguiente, cada jornalero está ocupado, en promedio, alrededor de 8 meses al año. Es evidente que aquí sería mucho más correcto hablar de un «apartamiento temporal» de la industria (si los jornaleros realmente se apartan por sí mismos de la industria, y no es el patrono quien los deja sin trabajo), que del «elemento temporal dominante del trabajo asalariado» (pág. 52).

III. «Sucesión comunal-laboral»

Un gran interés presentan los datos recopilados por el censo artesanal sobre casi todos los establecimientos investigados acerca del momento de su surgimiento. He aquí los datos generales al respecto:

Vemos, por consiguiente, que la época posterior a la reforma provocó un desarrollo particular de la industria artesanal. Las condiciones que favorecen este desarrollo actuaban y actúan, al parecer, cada vez con más fuerza, pues en cada decenio posterior se abren más y más establecimientos. Este fenómeno testimonia de manera patente la fuerza con que avanza en el campesinado el desarrollo de la producción mercantil, la separación de la agricultura respecto de la industria, el crecimiento del comercio y de la industria en general. Decimos: «separación de la agricultura respecto de la industria», pues esta separación comienza antes que la separación del agricultor respecto del industrial: toda empresa que produce artículos para el mercado provoca el intercambio entre agricultores e industriales. Por consiguiente, la aparición de tal empresa significa el cese de la elaboración doméstica del artículo por los agricultores y su compra en el mercado, y esta compra exige la venta por el campesino de productos agrícolas. El crecimiento del número de empresas comerciales e industriales significa, de este modo, la creciente división social del trabajo, esta base general de la economía mercantil y del capitalismo [184].

En la literatura populista se expresaba la opinión de que el rápido desarrollo de la pequeña producción en la industria después de la reforma significa un fenómeno de carácter no capitalista. Se razonaba así: el crecimiento de la pequeña producción demuestra su fuerza y vitalidad en comparación con la grande (Sr. V. V.). Este razonamiento es completamente incorrecto. El crecimiento de la pequeña producción en el campesinado significa la aparición de nuevas producciones, la escisión de nuevas ramas de transformación de materias primas en esferas industriales independientes, el progreso en la división social del trabajo, el proceso inicial del capitalismo; en tanto que la absorción de los pequeños establecimientos por los grandes significa ya un paso ulterior del capitalismo, que conduce a la victoria de sus formas superiores. La difusión de pequeños establecimientos en el campesinado amplía la economía mercantil y prepara el terreno para el capitalismo (creando pequeños patronos y obreros asalariados), mientras que la absorción de los pequeños establecimientos por la manufactura y la fábrica es la utilización por el gran capital de este terreno preparado. La coexistencia en un mismo país y al mismo tiempo de estos dos procesos, aparentemente contradictorios, no encierra en realidad contradicción alguna: es completamente natural que el capitalismo en una región más desarrollada del país o en una rama más desarrollada de la industria progrese concentrando a los pequeños artesanos en la fábrica mecánica, mientras que en localidades apartadas o en ramas atrasadas de la industria el proceso de desarrollo del capitalismo apenas comienza, manifestándose en la aparición de nuevas producciones y oficios. La manufactura capitalista «solo se apodera de la producción nacional muy gradualmente, basándose siempre en el artesanado urbano y en las industrias secundarias domésticas rurales como en un amplio trasfondo (*Hintergrund*). Al destruir estas industrias secundarias en una de sus formas, en determinadas ramas de la industria, en determinados puntos, las hace renacer en otros» (*Das Kapital*, I², S. 779 [185]). En el *Esbozo*, los datos sobre el momento de surgimiento de los establecimientos también están elaborados de modo insuficiente: se dan solo datos por distritos, y no se comunican datos por grupos y subgrupos sobre el momento de surgimiento de los establecimientos; tampoco hay otras agrupaciones (por tamaño de los establecimientos, por ubicación de los establecimientos en el centro del oficio o en las aldeas circundantes, etc.). Sin haber elaborado los datos del censo ni siquiera según los grupos y subgrupos adoptados por ellos mismos, también aquí los populistas de Perm consideraron necesario ofrecer al lector sentencias que asombran por su untuosidad ultrapopulista y... su desvarío. Los estadísticos de Perm hicieron el descubrimiento de que en la «forma artesanal de producción» existe una «forma de sucesión» particular de los establecimientos, a saber, la «comunal-laboral», mientras que en la industria capitalista domina la «sucesión hereditaria-patrimonial»; que «la sucesión comunal-laboral transforma orgánicamente al obrero asalariado en patrono independiente» (¡sic!), expresándose en que cuando muere el patrono del establecimiento sin dejar entre los herederos obreros familiares, el oficio pasa a otra familia, «quizás al obrero asalariado en ese mismo establecimiento», y también en que «la propiedad comunal de la tierra garantiza por igual la independencia industrial laboral tanto al patrono de la empresa artesano-industrial como a su obrero asalariado» (pág. 7, 68 y otras).

Y para colmo de curiosidad, todas estas empalagosas frases sobre el "principio comunal del trabajo", sobre la "garantía de la independencia laboral comunal", etc., se dicen precisamente a propósito de aquella industria de la curtiduría en la que los agricultores-artesanos representan el tipo más puro de pequeños burgueses (véase más abajo) y que está concentrada de manera gigantesca en tres grandes establecimientos (fábricas) que han ido a parar al número de los artesanos junto a los artesanos solitarios y a los artesanos manuales. He aquí los datos sobre esta concentración:

En total, en la industria hay 148 establecimientos. Trabajadores: 267 familiares + 172 asalariados = 439. Suma de la producción = 151.022 rublos. Ingreso neto = 26.207 rublos, de los cuales – 3 establecimientos, en los cuales trabajadores: 0 familiares + 65 asalariados = 65. Suma de la producción = 44.275 rublos. Ingreso neto = 3.391 rublos (pág. 70 del texto y págs. 149 y 150 de las tablas).

Es decir, tres establecimientos de 148 ("solo el 2,1%", como se dice con tranquilizadora complacencia en el "Esbozo", pág. 76) concentran casi un tercio de toda la producción de la "industria artesanal de la curtiduría", proporcionando a sus dueños ingresos de miles de rublos sin participación alguna de estos en la producción. Más abajo veremos muchos ejemplos de tales curiosidades también en otras industrias. Pero en la descripción de esta industria, los autores del "Esbozo", a modo de excepción, se detuvieron en los tres establecimientos mencionados. De uno de ellos se comunica que el dueño (¡agricultor!) "está ocupado, evidentemente, solo en operaciones comerciales, teniendo sus propias tiendas de cuero en la aldea de Beloyárskoye y en la ciudad de Ekaterinburgo" (págs. 76-77). Un ejemplo de cómo el capital invertido en la producción se une con el capital invertido en el comercio. ¡Para conocimiento de los autores del "Esbozo", que presentan el "kulachestvo" y las operaciones comerciales como algo adventicio, desgajado de la producción! En otro establecimiento, la familia se compone de 5 varones, pero ni uno solo de ellos trabaja: "el padre está ocupado en operaciones comerciales relacionadas con su producción, y los hijos (de edades comprendidas entre los 18 y los 53 años), todos alfabetizados, se han ido, evidentemente, por otros derroteros más atractivos que el de pasar las pieles de una cuba a otra y enjuagarlas" (pág. 77). Los autores están magnánimamente de acuerdo en que estos establecimientos "tienen carácter capitalista", "pero a la pregunta de en qué medida esté asegurado el futuro de estas empresas sobre la base de la transmisión hereditaria de la propiedad, solo el propio futuro puede dar una respuesta terminante" (76). ¡Oh, profundidad de pensamiento! "A la pregunta sobre el futuro solo el futuro puede dar respuesta". ¡Santa verdad! Pero ¿acaso es esta una base suficiente para tergiversar el presente?

Segundo artículo. (IV. La agricultura de los "artesanos". – V. Grandes y pequeños establecimientos. – Los ingresos de los artesanos)

IV. La agricultura de los "artesanos"

El censo por hogares de los dueños y pequeñopatrones artesanos ha recogido datos interesantes sobre su agricultura. He aquí estos datos, resumidos en el "Esbozo" por subgrupos:

* En el "Esbozo" hay, al parecer, una errata en estas cifras (v. pág. 58), que hemos corregido.

Así pues, cuanto más prósperos son los artesanos como industriales, tanto más acomodados son como agricultores. Cuanto más bajo se sitúan por su papel en la producción, tanto más bajo están como agricultores. Por consiguiente, los datos del censo artesanal confirman plenamente la opinión ya expresada en la literatura de que la descomposición de los artesanos en la industria va de la mano con la descomposición de esos mismos campesinos como agricultores (A. Volguin. Fundamentación del narodnismo, etc. Pág. 211 y sigs.). Dado que los trabajadores asalariados de los artesanos se hallan aún por debajo (o no por encima) de los artesanos que trabajan para el comprador, tenemos derecho a concluir que entre ellos hay aún más agricultores arruinados. El censo por hogares, como ya se ha señalado, no estudió a los trabajadores asalariados. En cualquier caso, también los datos aducidos muestran con claridad lo ridícula que es la afirmación del "Esbozo" de que "la propiedad comunal de la tierra garantiza por igual la independencia laboral industrial tanto al dueño del establecimiento artesano-industrial como a su trabajador asalariado".

La falta de datos detallados sobre la agricultura de los solitarios, de los pequeños y de los grandes propietarios se hace sentir de manera particularmente marcada en los datos analizados. Para llenar al menos en parte esta laguna, debemos recurrir a los datos por industrias; a veces se encuentran informaciones sobre el número de trabajadores agrícolas entre los dueños [186], pero no hay un resumen general de estas informaciones en el "Esbozo".

He aquí los curtidores-agricultores: 131 explotaciones. Tienen 124 trabajadores agrícolas asalariados; 16,9 desiatinas de siembra por hogar y 4,6 caballos; vacas, 4,1 (pág. 71). Los trabajadores asalariados (73 anuales y 51 por temporada) reciben 2.492 rublos de salario, es decir, 20,1 rublos por uno, mientras que el salario medio del obrero en la industria de la curtiduría es de 52 rublos. También aquí, por tanto, se observa el fenómeno común a todos los países capitalistas de una situación más baja de los trabajadores en la agricultura que en la industria. Los artesanos curtidores son, evidentemente, el tipo más puro de burguesía campesina, y la famosa "unión de la industria con la agricultura", tan encomiada por los narodnikis, consiste en que los propietarios acomodados de establecimientos comerciales e industriales trasladan el capital del comercio y la industria a la agricultura, pagando a sus jornaleros salarios increíblemente bajos [187].

He aquí los artesanos productores de aceite. De ellos, 173 son agricultores. Por explotación corresponden 10,1 desiatinas de siembra, 3,5 caballos y 3,3 vacas. No hay hogares sin caballos ni sin vacas. Trabajadores agrícolas: 98 (anuales y por temporada) con un salario de 3.438 rublos, es decir, 35,1 rublos por uno. "Los residuos o tortas que se obtienen en la producción de aceite como desechos sirven de mejor alimento para el ganado, gracias a lo cual es posible estercolar los campos en mayor escala. De este modo, la industria reporta a la explotación una triple ventaja: ingreso directo de la industria, ingreso del ganado y mejores cosechas en los campos" (164). "La agricultura la practican ellos (los productores de aceite) en gran escala, y muchos no se contentan con las parcelas de reparto, sino que arriendan además tierra a las explotaciones de poca fuerza" (168). Los datos sobre la distribución por distritos de las siembras de lino y cáñamo muestran "cierta relación entre la magnitud de las siembras de lino y cáñamo y la difusión de la producción de aceite por los distritos de la provincia" (170).

Las empresas comerciales e industriales son aquí, por tanto, lo que se llama producciones técnico-agrícolas, cuyo desarrollo caracteriza siempre el progreso de la agricultura comercial y capitalista.

He aquí los propietarios molineros. La mayoría de ellos son agricultores: 385 de 421. Por hogar corresponden 11,0 desiatinas de siembra, 3,0 caballos y 3,5 vacas. Trabajadores agrícolas asalariados: 307 personas con un salario de 6.211 rublos. Al igual que la producción de aceite, "la producción harinera es para los propietarios de molinos un instrumento de venta en el mercado de los productos de su propia explotación en la forma más ventajosa para ellos" (178).

Parece que estos ejemplos son más que suficientes para mostrar cuán absurdo es entender por "artesano-agricultor" algo homogéneo, igual a sí mismo. Todos los agricultores mencionados son representantes de la pequeña agricultura burguesa, y unir tales tipos con el resto del campesinado, incluidos también los hogares arruinados, significa emborronar los rasgos más característicos de la realidad.

En la conclusión de la descripción de la industria de extracción de aceite, los compiladores intentan objetar contra la «doctrina capitalista» que declara que la estratificación del campesinado es una evolución del capitalismo. Semejante tesis se basaría, según ellos, en «la afirmación completamente arbitraria de que la mencionada estratificación es un hecho de época reciente y constituye un signo evidente del rápido crecimiento, en el seno campesino, del régimen capitalista de facto [188], a pesar de la existencia de la propiedad comunal de la tierra de jure [189]» (176). Los compiladores objetan que la comuna nunca ha excluido ni excluye las estratificaciones patrimoniales, pero que «no las consolida, no crea clases»; «estas estratificaciones transitorias no se han agudizado con el transcurso del tiempo, sino que, al contrario, se han ido atenuando paulatinamente» (177). Por supuesto, semejante afirmación, para cuya prueba se aducen los arteles (sobre ellos, más abajo, § VII), las divisiones familiares (¡sic!) y los repartos de tierras (¡!), no puede sino provocar una sonrisa. Calificar de «arbitraria» la tesis sobre el crecimiento y aumento de la diferenciación campesina significa ignorar los hechos universalmente conocidos del despojo masivo de caballos de los campesinos y del abandono de la tierra, junto a los hechos del «progreso técnico en la economía campesina» (cf. «Las corrientes progresivas en la economía campesina» del Sr. V. V.), el desarrollo de la cesión y la hipoteca de las parcelas junto al crecimiento del arriendo, el aumento del número de empresas comerciales e industriales junto al aumento del número de industriales que trabajan fuera de su localidad, de estos jornaleros errantes, etc., etc.

El censo por hogares de los artesanos debía proporcionar abundante material sobre la cuestión, sumamente interesante, de la relación entre los ingresos y ganancias de los artesanos agricultores y los ingresos de los artesanos no agricultores. Todos los datos de este tipo están en las tablas, pero en el «Ensayo» no se ofrece un resumen, y nosotros mismos tuvimos que emprender este resumen a partir de los datos del libro. Dicho resumen se basó, en primer lugar, en los resúmenes del «Ensayo» por industrias particulares. A nosotros sólo nos quedaba sumar los datos sobre las diferentes industrias. Pero este resumen no se presenta en forma de tabla para todas las industrias. A veces hubo que constatar que se habían deslizado en él errores o erratas, resultado natural de la ausencia de totales de comprobación. En segundo lugar, el resumen se basó en la selección de datos numéricos de las descripciones de algunas industrias. En tercer lugar, a falta de una y otra fuente, hubo que recurrir directamente a las tablas (por ej., para la última industria: «extracción de minerales»). Se comprende de suyo que semejante heterogeneidad del material en nuestro resumen no podía dejar de conducir a errores e inexactitudes. Consideramos, sin embargo, que aunque los totales generales de nuestro resumen no pudieran coincidir con los totales de la tabla, no obstante, las conclusiones del resumen pueden servir plenamente al objetivo, pues las magnitudes medias y las relaciones (que son las únicas que utilizamos para las conclusiones) se modificarían de manera extremadamente insignificante con cualquier corrección. Por ej., según los totales de las tablas en el «Ensayo», la cuantía del ingreso bruto por 1 trabajador es igual a 134,8 rublos, y según nuestro resumen, a 133,3 rublos. El ingreso neto por 1 trabajador familiar es de 69,0 rublos y 68,0 rublos. La ganancia de 1 trabajador asalariado es de 48,7 rublos y 48,6 rublos.

He aquí los resultados de este resumen, que determinan la magnitud del ingreso bruto, del ingreso neto y de la ganancia de los trabajadores asalariados por grupos y subgrupos.

He aquí los principales resultados de esta tabla:

1) La población industrial no agrícola participa en la industria en una medida incomparablemente mayor (en comparación con su número) que la agrícola. En número de trabajadores, los no agricultores son la mitad que los agricultores. Pero en cuanto a la producción bruta, constituyen casi la mitad, aportando 1.276.772 rublos de 2.655.007, es decir, el 48,1%. Y en cuanto al ingreso proveniente de la producción, es decir, por la cuantía del ingreso neto de los patronos más el salario de los trabajadores asalariados, los no agricultores predominan incluso sobre los agricultores, aportando 647.666 rublos de 1.260.335, es decir, el 51,4%. Resulta, por consiguiente, que, siendo minoría en número, los industriales no agricultores no ceden a los agricultores en magnitud de la producción. Este hecho es muy importante para la valoración de la doctrina tradicional populista sobre la agricultura como «principal fundamento» de la llamada industria artesanal.

De este hecho se derivan, naturalmente, también otras conclusiones:

2) La producción bruta de los no agricultores (ingreso bruto), calculada por 1 trabajador, es considerablemente mayor que la de los agricultores: 192,2 rublos frente a 103,8, es decir, casi el doble. Como veremos más abajo, el período de trabajo de los no agricultores es más largo que el de los agricultores, pero esta diferencia no es ni de lejos tan grande, de modo que la mayor productividad del trabajo entre los no agricultores no puede ser puesta en duda. Esta diferencia es menor en el 3er subgrupo, entre los artesanos que trabajan para acaparadores, lo cual es completamente natural.

3) El ingreso neto de los patronos y pequeños patronos entre los no agricultores es más del doble que entre los agricultores: 113,0 rublos frente a 47,1 rublos (casi 21/2 veces). Esta diferencia se observa en todos los subgrupos, pero es más alta en el 1er subgrupo, entre los artesanos que trabajan para la venta libre. De suyo se comprende que esta diferencia tanto menos puede ser explicada por la diferencia de los períodos de trabajo. No puede caber duda de que esta diferencia depende de que la vinculación con la tierra reduce el ingreso de los industriales; el mercado descuenta el ingreso de los artesanos proveniente de la agricultura, y los agricultores se ven forzados a contentarse con una ganancia inferior. A ello se suman, probablemente, también las mayores pérdidas en la venta entre los agricultores, y los mayores gastos en la compra de materiales, y la mayor dependencia de los comerciantes. El hecho, en todo caso, es que la vinculación con la tierra reduce la ganancia del artesano. No necesitamos extendernos sobre la enorme importancia de este hecho, que aclara el verdadero significado del «poder de la tierra» en la sociedad contemporánea. Vale la pena recordar la enorme importancia que tiene el bajo nivel de la ganancia en el mantenimiento de los modos de producción basados en la servidumbre y primitivos, en el retraso del uso de máquinas, en la disminución del nivel de vida de los trabajadores [190].

4) El salario de los trabajadores asalariados también es en todas partes más alto entre los no agricultores que entre los agricultores, pero esta diferencia no es ni de lejos tan grande como en el ingreso de los patronos. En general, en los tres subgrupos, el trabajador asalariado con un patrono agricultor gana 43,0 rublos, y con un no agricultor, 57,8 rublos, es decir, 1/3 más. Esta diferencia puede depender en grado significativo (pero tampoco plenamente) de las diferencias en los períodos de trabajo. En cuanto a la relación de esta diferencia con la vinculación con la tierra, no podemos juzgar, pues no tenemos datos sobre los trabajadores asalariados agricultores y no agricultores. Además de la influencia del período de trabajo, se manifiesta, por supuesto, también aquí la influencia del diferente nivel de necesidades.

5) La diferencia entre la magnitud del ingreso de los patrones y el salario de los obreros asalariados es incomparablemente mayor entre los no agricultores que entre los agricultores: en los tres subgrupos, entre los no agricultores el ingreso del patrón es casi el doble del salario del asalariado (113 rublos contra 57,8), mientras que entre los agricultores el ingreso del patrón es superior por una suma insignificante: ¡4,1 rublos (47,1 y 43,0)! Si estas cifras son sorprendentes, aún más hay que decirlo respecto a los artesanos agricultores (I, 2), ¡entre quienes el ingreso de los patrones es inferior al salario de los obreros asalariados! Sin embargo, este fenómeno se tornará del todo comprensible cuando aduzcamos más abajo los datos sobre las enormes diferencias en la magnitud del ingreso en los establecimientos grandes y pequeños. Al elevar la productividad del trabajo, los grandes establecimientos permiten pagar un salario que supera el ingreso de los artesanos pobres, de los trabajadores aislados, cuya «independencia» resulta, al subordinarse al mercado, completamente ficticia. Esta enorme diferencia entre los ingresos de los establecimientos grandes y pequeños se manifiesta en ambos grupos, pero es mucho más intensa entre los agricultores (a consecuencia de la mayor depresión de los pequeños artesanos). La diferencia insignificante entre el ingreso del pequeño patrón y el salario del asalariado muestra de manera patente que el ingreso del pequeño artesano agricultor, que no ocupa asalariados, no es superior, y con frecuencia es inferior, al salario del obrero asalariado. En efecto, la magnitud del ingreso neto del patrón (47,1 rublos por 1 trabajador familiar) es una magnitud media para todos los establecimientos, grandes y pequeños, para fabricantes y trabajadores aislados. Es comprensible que entre los grandes patrones la diferencia entre el ingreso neto del patrón y el salario del asalariado no sea de 4 rublos, sino de 10 a 100 veces más, y esto significa que el ingreso del pequeño artesano, del trabajador aislado, es considerablemente inferior a 47 rublos, es decir, que este ingreso no es superior, sino a menudo inferior, al salario del obrero asalariado. Los datos del censo artesanal sobre la distribución de los establecimientos según la rentabilidad neta (véase más abajo, § V) confirman plenamente esta conclusión, en apariencia paradójica. Pero estos datos conciernen a todos los establecimientos en general, sin distinguir entre agricultores y no agricultores, y he aquí por qué para nosotros es especialmente importante el resultado del cuadro arriba presentado: hemos sabido que los salarios más bajos corresponden precisamente a los agricultores, que la «vinculación con la tierra» reduce enormemente los salarios.

Al hablar de la diferencia de ingresos entre agricultores y no agricultores, ya hemos mencionado que no se puede explicar por la diferencia de los períodos de trabajo. Examinemos, pues, los datos del censo artesanal sobre esta cuestión. En el programa del censo, como hemos sabido por la «Introducción», entró la investigación de «la intensidad de la producción durante el año, sobre la base del número de familiares y obreros asalariados ocupados en la producción por meses» (pág. 14). Puesto que el censo fue por hogares, es decir, cada establecimiento fue investigado por separado (lamentablemente, al «Esbozo» no se anexa el formulario del empadronamiento por hogar), hay que suponer que sobre cada establecimiento se recogieron datos acerca del número de obreros por meses o de la duración de los meses de trabajo al año en cada establecimiento. Estos datos están resumidos en el «Esbozo» en un cuadro (págs. 57, 58), en el cual para cada subgrupo de ambos grupos se indica el número de obreros (familiares y asalariados conjuntamente) ocupados en cada mes del año.

El intento del censo artesanal de 1894/95 de determinar con tal precisión el número de meses de trabajo entre los artesanos es sumamente instructivo e interesante. En efecto, sin tales informaciones los datos sobre ingresos y salarios serían incompletos, y los cálculos estadísticos serían solo aproximados. Pero, por desgracia, los datos sobre el período de trabajo han sido elaborados de manera harto insuficiente: fuera de este cuadro general, solo se proporcionan informaciones para algunas industrias sobre el número de obreros por meses, a veces con división por grupos, a veces sin tal división; en cambio, no hay división por subgrupos en ninguna industria. La separación de los grandes establecimientos habría sido, en esta cuestión, particularmente importante, pues tenemos derecho a suponer —tanto a priori como por los datos de otros investigadores de la industria artesanal— que los períodos de trabajo de los artesanos grandes y pequeños no son iguales. Además, el cuadro mismo de la página 57 está compuesto, al parecer, no sin errores o erratas (por ej., en los meses: febrero, agosto, noviembre; la columna 2ª y 3ª en el grupo II, al parecer, están confundidas, pues el número de obreros en el 3er subgrupo es mayor que en el segundo). Incluso tras corregir estas inexactitudes (corrección, a veces, aproximada) este cuadro suscita no pocas dudas que tornan arriesgado su uso. En efecto, examinando los datos de este cuadro por subgrupos, vemos que en el subgrupo 3º (gr. I) el máximo de obreros ocupados se da en diciembre, siendo de 2.911 obreros. Mientras que en total, el «Esbozo» cuenta 2.551 obreros en el 3er subgrupo. Lo mismo en el 3er subgrupo del grupo II: el máximo es 3.221, y el número efectivo de obreros es 3.077. A la inversa, en ciertos subgrupos los máximos de obreros ocupados en uno de los meses son menores que el número efectivo de obreros. ¿Cómo explicar este fenómeno? ¿Acaso se recogieron informaciones sobre esta cuestión no acerca de todos los establecimientos? Esto es muy probable, pero en el «Esbozo» no hay ni una palabra al respecto. En el 2º subgrupo del grupo II, no solo el máximo de obreros (febrero) es mayor que el número efectivo de obreros (1.882 contra 1.163), sino que el número medio de obreros ocupados en un mes (es decir, el cociente obtenido de dividir la suma de obreros ocupados en 12 meses entre 12) es mayor que el número efectivo de obreros (1.265 contra 1.163). Cabe preguntar: ¿cuál era el número de obreros que los empadronadores consideraban efectivo: el medio anual, el medio en algún período (por ej., en invierno) o el número presente en un mes determinado del año? El examen de los datos sobre el número mensual de obreros en industrias particulares no ayuda a resolver todas estas perplejidades. En la mayoría de las 23 industrias sobre las que se han dado estas informaciones, el máximo de obreros ocupados en uno de los meses del año es inferior al número efectivo de obreros. En 2 industrias este máximo es superior al número efectivo de obreros: en la de objetos de cobre (239 contra 233) y en la de herrería (grupo II, 1.811 contra 1.269). En dos industrias el máximo es igual al número efectivo de obreros (cordelería y almazaras de aceite, grupos II).

En tales condiciones, resulta imposible utilizar los datos sobre la distribución mensual de obreros para compararlos con las sumas de salario, con el número efectivo de obreros, etc. Solo queda tomar estos datos sin relación con otros, comparando los máximos y mínimos de obreros ocupados por meses. Así se hace en el «Esbozo», pero en este caso se comparan meses aislados. Nosotros encontramos más correcto comparar el invierno y el verano: entonces podemos seguir hasta qué punto la agricultura aparta a los obreros de la industria artesanal. Tomamos el número medio de obreros ocupados en invierno (octubre—marzo) como norma y, aplicando esta norma al número de obreros ocupados en verano, obtuvimos el número de meses de trabajo de verano. La suma de los meses de invierno y de verano daba el número de meses de trabajo al año. Aclaremos con un ejemplo. En el 1er subgrupo del grupo I, en los seis meses de invierno están ocupados 18.060 obreros; por tanto, en un mes de invierno están ocupados por término medio (18.060 : 6 =) 3.010 obreros. En verano están ocupados 12.345 obreros, es decir, el período de trabajo en verano constituye (12.345 : 3.010) 4,1 meses. Por consiguiente, el período de trabajo en el 1er subgrupo del grupo I constituye 10,1 meses al año.

Este modo de elaborar los datos nos parecía tanto el más correcto como el más cómodo. El más correcto, porque se basa en la comparación de los meses de invierno y de verano y, por tanto, en la determinación precisa de en qué medida la agricultura aparta a los obreros del oficio artesanal. Que los meses de invierno han sido tomados correctamente lo confirma el hecho de que precisamente de octubre y precisamente hasta marzo, en ambos grupos, el número de obreros es superior a la media del año. Precisamente de septiembre a octubre el número de obreros aumenta con la mayor intensidad, y precisamente de marzo a abril desciende con la mayor intensidad. Por lo demás, la elección de otros meses modificaría las conclusiones de manera muy insignificante. Consideramos el método tomado como el más cómodo porque expresa el período de trabajo con un número exacto, permitiendo comparar en este aspecto los grupos y subgrupos.

He aquí los datos obtenidos por este procedimiento:

Estos datos llevan a la conclusión de que la diferencia en el período de trabajo entre los agricultores y los no agricultores es sumamente pequeña: en los no agricultores el período de trabajo es apenas un 5% más largo. Lo insignificante de esta diferencia hace dudar de la exactitud de las cifras. Emprendimos algunos cálculos y resúmenes del material disperso en el libro para verificarlas y llegamos a las siguientes conclusiones:

De los 43 oficios, en 23 el «Esbozo» proporciona datos sobre la distribución mensual de los trabajadores, y de éstos, en 12 (13) [191] oficios tales datos están desglosados por grupos, mientras que en 10 no lo están. Resulta que en tres oficios (resina y alquitrán, añil y ladrillos) el número de trabajadores es mayor en verano que en invierno: en los seis meses de invierno hay ocupadas en total, en estos tres oficios, 1.953 personas, y en los 6 de verano, 4.918. El número de agricultores en estos oficios predomina enormemente sobre el de no agricultores, constituyendo el 85,9% del total de trabajadores. Es comprensible que reunir en los totales generales por grupos estos oficios, por así decirlo, veraniegos con los restantes fuera completamente incorrecto, pues ello significaba unir cosas heterogéneas y elevar artificialmente el número de trabajadores de verano en todos los oficios. Para corregir el error resultante hay dos medios. El primero consiste en restar los datos correspondientes a estos tres oficios de los totales del «Esbozo» para los grupos I y II [192]. Obtenemos un período de trabajo para el grupo I de 9,6 meses, y para el II, de 10,4 meses. Aquí la diferencia entre ambos grupos es mayor, pero sigue siendo muy pequeña: 8,3%. El segundo medio para corregir el error consiste en resumir los datos de aquellos 12 oficios para los que el «Esbozo» da información sobre la distribución mensual de los trabajadores en el grupo I y en el II por separado. Tal resumen abarcará el 70% del número total de artesanos, con lo que la comparación entre el grupo I y el II será más correcta. Resultó que en estos 12 oficios el período de trabajo para el grupo I es de solo 8,9 meses, y para el II, de 10,7 meses, y para ambos grupos juntos, 9,7 meses. Aquí el período de trabajo de los no agricultores es un 20,2% más largo que el de los agricultores. Los agricultores interrumpen los trabajos en verano durante 3,1 meses, y los no agricultores solo durante 1,3 meses. Si tomamos como norma la relación máxima de los períodos de trabajo en el grupo II y en el I, aun entonces resultará que no solo las diferencias en la producción bruta de los trabajadores del grupo I y del II o en la rentabilidad neta de sus establecimientos, sino incluso las diferencias en el salario de los obreros asalariados entre agricultores y no agricultores no pueden explicarse por la diferencia en los períodos de trabajo. Por consiguiente, la conclusión antes expuesta de que el vínculo con la tierra reduce los ingresos de los artesanos mantiene plena vigencia.

Por ello debe reconocerse como un error la opinión de los redactores del «Esbozo» que pretenden explicar la diferencia en el ingreso de agricultores y no agricultores por la diferencia en los períodos de trabajo. Su error provino de que no intentaron expresar las diferencias de los períodos de trabajo con cifras exactas, y por eso cayeron en el error. Por ejemplo, en la pág. 106 del «Esbozo» se dice que la diferencia de ingresos entre los peleteros agricultores y los peleteros no agricultores «se determina principalmente por la cantidad de días de trabajo que se dedican al oficio». Mientras tanto, los ingresos de los no agricultores superan los ingresos de los agricultores en este oficio de 2 a 4 veces (por trabajador familiar en el 1.er subgrupo 65 y 280 rublos; en el 2.º, 27 y 62 rublos), y el período de trabajo de los no agricultores es solo un 28,7% más largo (8,5 meses frente a 6,6).

El hecho de la reducción del ingreso como consecuencia del vínculo con la tierra no pudo pasar inadvertido a los redactores del «Esbozo», quienes, sin embargo, lo expresaron con la fórmula populista habitual sobre la «ventaja» de la forma artesanal frente a la capitalista: «al unir la agricultura con el oficio, el artesano… puede vender sus productos más baratos que los fabriles» (pág. 4), puede, en otras palabras, contentarse con un ingreso menor. Solo que ¿dónde está la «ventaja» del vínculo con la tierra, si el mercado ya domina de tal modo toda la producción del país que tiene en cuenta ese vínculo reduciendo el ingreso del artesano agricultor?, ¿si el capital sabe utilizar ese «vínculo» para ejercer mayor presión sobre el artesano agricultor, menos capaz de defenderse, de elegir otro patrón, otro comprador, otra ocupación? La reducción del salario (y del ingreso industrial en general) cuando el obrero (y el pequeño industrial) dispone de un pedazo de tierra es un fenómeno común a todos los países capitalistas, un fenómeno perfectamente conocido por todos los empresarios, que hace mucho tiempo valoraron las enormes «ventajas» de los obreros atados a la tierra. Solo en el podrido Occidente las cosas se llaman directamente por su nombre, mientras que entre nosotros la reducción del salario, la reducción del nivel de vida de los trabajadores, el retraso en la introducción de maquinaria, la consolidación de toda clase de servidumbre se denominan «ventaja» de la «producción popular», «que une la agricultura con el oficio»…

Para terminar el examen de los datos del censo artesanal de 1894/95 sobre el período de trabajo, no podemos, una vez más, dejar de lamentar la falta de elaboración de los datos obtenidos y de desear que este fracaso no desanime a otros investigadores de esta interesante cuestión. El método de investigación —la determinación de la distribución mensual de las fuerzas de trabajo— no puede sino considerarse elegido con mucho acierto. Más arriba expusimos los datos sobre el período de trabajo por grupos y subgrupos. Los datos por grupos pudimos verificarlos aún en cierta medida. Los datos por subgrupos son completamente inverificables, pues en el libro no hay absolutamente ninguna información sobre la diferencia en el período de trabajo por distintos subgrupos. Por ello, al exponer estos datos, hagamos la salvedad de que no puede garantizarse su plena fiabilidad y, si extraemos conclusiones ulteriores, es solo para plantear la cuestión y llamar sobre ella la atención de los investigadores. La conclusión más importante es que la mínima diferencia en los períodos de trabajo del grupo I y del grupo II se da en el 1.er subgrupo (solo un 1%: 10,1 y 10,0 meses), es decir, son los artesanos más acomodados y los agricultores más grandes y pudientes los que menos se apartan de la agricultura. La diferencia mayor se da entre los artesanos (2.º subgrupo: 9,5 y 10,4 meses), es decir, entre los industriales menos afectados por la economía mercantil y los agricultores medios. Resulta como si entre los agricultores acomodados la poca desviación de la agricultura dependiera o bien de una composición más numerosa de sus familias, o de una mayor explotación del trabajo asalariado en el oficio, o de la contratación de trabajadores agrícolas, y como si la mayor desviación de la agricultura de los artesanos estuviera relacionada con la menor descomposición de éstos como agricultores, con la mayor conservación de las relaciones patriarcales y del trabajo directo para consumidores agricultores, que reducen sus encargos en verano [193].

– «El vínculo con la agricultura», según los datos del censo, se refleja de manera sumamente nítida en la alfabetización de los artesanos; —la alfabetización de los obreros asalariados, por desgracia, no fue investigada. Resulta que la población no agrícola [194] es considerablemente más alfabetizada que la agrícola, y esta relación se observa sin excepción en todos los subgrupos tanto para los hombres como para las mujeres. He aquí in extenso [195] los datos del censo sobre esta cuestión en porcentajes (pág. 62):

Es interesante señalar que entre la población no agrícola la alfabetización se difunde mucho más rápidamente entre las mujeres que entre los hombres. El porcentaje de hombres alfabetizados en el grupo II es de 1 1/2 a 2 veces mayor que en el I, y el porcentaje de mujeres alfabetizadas, de 2 1/2 a 5 3/4 veces mayor.

Resumiendo las conclusiones que arrojó el censo artesanal de 1894/95 sobre «la agricultura en relación con el oficio», podemos constatar que el vínculo con la agricultura:

1) frena las formas más atrasadas de la industria y obstaculiza el desarrollo económico;

2) reduce los ingresos y las rentas de los artesanos, de modo que los subgrupos más acomodados de patrones agricultores obtienen, en conjunto y por término medio, menos que los subgrupos peor situados de obreros asalariados entre los no agricultores, por no hablar ya de los patrones no agricultores. Incluso en comparación con los obreros asalariados en el grupo I de patrones de ese mismo grupo, se obtienen ingresos muy bajos, que solo muy poco superan los ingresos de los obreros asalariados, y a veces incluso descienden por debajo de ellos;

3) frena el desarrollo cultural de la población, que tiene un nivel más bajo de necesidades y está muy rezagada en alfabetización respecto a los no agricultores.

Estas conclusiones nos serán útiles más adelante, al valorar el programa populista de política industrial.

4) Entre los artesanos-campesinos se constata una descomposición paralela a la descomposición de los industriales. Al mismo tiempo, las categorías superiores (por su grado de aseguramiento) de los campesinos representan un tipo puro de burguesía campesina, que basa su economía en la contratación de peones rurales y jornaleros.

5) El período de trabajo entre los campesinos es más corto que entre los no campesinos, pero esta diferencia es muy pequeña (5%–20%).

V. Establecimientos grandes y pequeños. – Ingresos de los artesanos

Sobre los datos del censo artesanal de 1894/95 acerca de los ingresos de los artesanos es necesario detenerse con más detalle. El intento de recoger datos por hogar sobre los ingresos es demasiado instructivo, y limitarse a los "promedios" generales por subgrupos (citados anteriormente) sería un proceder completamente incorrecto. Ya hemos hablado más de una vez sobre el carácter ficticio de los "promedios", que se obtienen sumando a artesanos aislados y a propietarios de grandes establecimientos y dividiendo la suma por el número de sumandos. Intentemos pues reunir los datos disponibles en el "Ocherk" sobre esta cuestión para mostrar y demostrar gráficamente ese carácter ficticio, demostrar la necesidad, en las investigaciones científicas y en el tratamiento de los datos de los censos por hogar, de agrupar a los artesanos en categorías según el número de trabajadores (tanto familiares como asalariados) en el taller y presentar todos los datos del censo según estas categorías.

Los autores del "Ocherk" no pudieron dejar de advertir el hecho, que salta a la vista, de la mayor rentabilidad de los grandes establecimientos y trataron de atenuar su significado. En lugar de los datos exactos del censo sobre los grandes establecimientos (destacar esos datos no habría sido difícil), se limitaron de nuevo a razonamientos generales, consideraciones, argumentos contra conclusiones desagradables para el narodnikismo. Veamos estos argumentos.

"Si en dichos establecimientos (grandes) encontramos un ingreso familiar desproporcionadamente mayor, en comparación con los pequeños, no debemos perder de vista que una parte considerable de ese ingreso es principalmente la reproducción del valor, en 1er lugar, de una parte del capital fijo transferida a los productos; en 2o lugar, del trabajo y gastos de carácter comercial y de tránsito, ajenos a la producción; y, en 3er lugar, del valor de la manutención de aquellos trabajadores asalariados que se mantienen a expensas del patrón. Con estos hechos (¡buenos hechos!) se limita la posibilidad de ciertas ilusiones en cuanto a una representación exagerada de las ventajas del trabajo asalariado en la producción artesanal o, lo que es lo mismo, del elemento capitalista" (p. 15). Que "limitar" la posibilidad de ilusiones es muy deseable para la investigación, nadie, por supuesto, lo pondrá en duda, pero para ello es necesario oponer a las "ilusiones" precisamente hechos, recogidos por el censo por hogar, y no sus propias consideraciones, que a veces pertenecen enteramente a las "ilusiones". En realidad, ¿no es una ilusión el razonamiento de los autores sobre los gastos comerciales y de tránsito? ¿Quién no sabe que para el gran industrial esos gastos por unidad de producto son inconmensurablemente más bajos que para el pequeño [196], que el primero compra el material más barato, vende el producto más caro, sabiendo (y estando en condiciones de) elegir el momento y el lugar? El censo artesanal también da indicaciones sobre estos hechos generalmente conocidos: compárese, por ejemplo, las págs. 204 y 263, y no puede uno sino lamentar que en el "Ocherk" no haya hechos sobre los gastos de compra de materia prima y venta del producto entre los industriales grandes y pequeños, entre los artesanos y los acaparadores. Además, en lo que respecta a la parte desgastada del capital fijo, los autores tuvieron que caer de nuevo en la ilusión, combatiendo contra la ilusión. Por la teoría se sabe que los grandes gastos en capital fijo reducen la parte del valor que se desgasta y se transfiere al producto, por unidad de producto. "El análisis comparativo de los precios de los productos artesanales o manufactureros y de los mismos productos, producidos por máquinas, da en general el resultado de que en el producto maquinizado la parte del valor que se transfiere del instrumento de trabajo aumenta relativamente, pero disminuye absolutamente. Es decir, su magnitud absoluta disminuye, pero su magnitud en relación con todo el valor del producto, por ejemplo, de una libra de hilado, aumenta" ("Das Kapital", I2, S. 406 [197]). El censo contó también los gastos de producción, entre los que se incluye (p. 14, punto 7o) "la reparación de herramientas y accesorios". ¿Qué fundamentos hay para pensar que las lagunas en el registro de este punto se encuentran más a menudo entre los grandes que entre los pequeños propietarios? ¿No es más bien al contrario? En cuanto a la manutención de los trabajadores asalariados, no hay ningún hecho sobre esta cuestión en el "Ocherk": no sabemos cuántos trabajadores exactamente reciben manutención del patrón, cuán frecuentes son las lagunas del censo en este punto, cuán a menudo los propietarios-campesinos mantienen a los asalariados con productos de su propia economía, cuán a menudo los patrones anotaban la manutención de los trabajadores en los gastos de producción. Exactamente igual, no hay ningún hecho sobre la desigual duración de los períodos de trabajo en los establecimientos grandes y pequeños. No negamos en absoluto que el período de trabajo en los grandes establecimientos, con toda probabilidad, sea más largo que en los pequeños, pero, en 1er lugar, las diferencias en la rentabilidad son incomparablemente mayores que las diferencias del período de trabajo; y en 2o lugar, queda por constatar que, contra los hechos exactos del censo por hogar (que se presentan a continuación), los estadísticos de Perm no supieron presentar ni una sola objeción de peso, basada en datos exactos, en defensa de las "ilusiones" narodnikis.

Los datos sobre los establecimientos grandes y pequeños los obtuvimos de la siguiente manera: se revisaron los cuadros adjuntos al "Ocherk", se señalaron los grandes establecimientos (cuando se los puede distinguir, es decir, cuando no están fusionados con la masa de establecimientos en un total general) y se compararon con los totales generales del "Ocherk" sobre todos los establecimientos de ese mismo grupo y subgrupo. La cuestión es tan importante que esperamos que los lectores no se quejen por la abundancia de pequeños cuadros que se presentan a continuación: en los cuadros los datos resaltan de manera más nítida y compacta.

Oficio de la fabricación de fieltro:

Así pues, el ingreso "promedio" por un trabajador familiar de 75 rublos se obtuvo sumando ingresos de 222 r. y 41 r. Resulta que descontando los 10 grandes establecimientos [198] con 14 trabajadores familiares, los restantes establecimientos dan un ingreso neto inferior al salario del trabajador asalariado (41,2 r. frente a 45,6), y en los grandes establecimientos el salario incluso aumenta. La productividad del trabajo en los grandes establecimientos es más del doble (168,0 y 82,4), el salario del trabajador asalariado casi el doble (53 y 28), el ingreso neto cinco veces mayor (222 y 41). Está claro que ni con las diferencias del período de trabajo, ni con ninguna otra consideración se puede eliminar el hecho de que los grandes establecimientos tienen una productividad del trabajo superior [199] y una rentabilidad superior, mientras que los pequeños artesanos – reciben menos que los trabajadores asalariados a pesar de toda su "independencia" (1er subgrupo: trabajan independientemente para el mercado) y su vínculo con la tierra (I grupo).

En la carpintería, en el 1er subgrupo del I grupo, el "ingreso neto" de las familias equivale "en promedio" a 37,4 rublos por 1 trabajador familiar, mientras que el salario medio de un trabajador asalariado en este mismo subgrupo equivale a 56,9 r. (p. 131). No se puede distinguir los grandes establecimientos según los cuadros, pero difícilmente se puede dudar de que esta magnitud "promedio" del ingreso por 1 trabajador familiar es el resultado de sumar establecimientos de altos ingresos con trabajadores asalariados (a los cuales se les paga, después de todo, por algo, 56 rublos) y pequeños talleres de pequeños artesanos "independientes", que reciben mucho menos que el trabajador asalariado.

A continuación, el oficio de la fabricación de esteras:

Así, 11 establecimientos de 99 concentran casi la mitad de toda la producción. La productividad del trabajo en ellos es más del doble; el salario de los trabajadores asalariados también es más alto; el ingreso neto es más de seis veces superior al "promedio" y casi diez veces superior al ingreso de los demás, es decir, de los artesanos más pequeños. Los ingresos de estos últimos ya son poco superiores al salario de los asalariados (34 y 26).

Oficio de cordelería [200]:

Así pues, también aquí los «promedios» generales muestran ingresos superiores de los trabajadores familiares frente a los asalariados (90 frente a 65,6). Pero de los 58 establecimientos, 4 concentran más de la mitad de toda la producción. En estos establecimientos (manufacturas capitalistas de tipo puro) [201] la productividad del trabajo es casi tres veces superior al promedio (800 y 286) y más de cinco veces mayor que en los demás, es decir, los establecimientos más pequeños (800 y 146). El salario de los obreros asalariados en las fábricas es considerablemente más alto que el de los pequeños patrones (84 y 45). El ingreso neto de los fabricantes supera los 1000 rublos por familia, frente a 90 r. «en promedio» y 60,5 r. entre los pequeños artesanos. Los pequeños artesanos obtienen, por tanto, un ingreso inferior al salario de los asalariados (60,5 y 65,6). Producción de alquitrán y brea:

Así pues, también en esta producción, en general muy pequeña, con un número muy reducido de obreros asalariados (20%), en el grupo agrícola, entre los artesanos independientes se observa el mismo fenómeno puramente capitalista de superioridad de los establecimientos (relativamente) grandes. ¡Y la producción de alquitrán y brea es una industria típicamente campesina, «popular»! En los grandes establecimientos la productividad del trabajo es más de tres veces superior, el salario de los obreros asalariados es alrededor de una vez y media más alto, el ingreso neto es ocho veces superior al «promedio» y diez veces mayor que el ingreso de los demás artesanos familiares, los cuales no ganan más que el obrero asalariado medio y menos que el obrero asalariado de los establecimientos más grandes. Señalemos que la producción de alquitrán y brea se realiza principalmente en verano, de modo que las diferencias en el período de trabajo no pueden ser significativas [202].

Panadería:

Es decir, una vez más las cifras medias para todo el subgrupo resultan completamente ficticias. Los grandes establecimientos (de pequeños capitalistas) concentran más de la mitad de toda la producción, ofrecen una rentabilidad neta seis veces superior al promedio y 14 veces mayor que la de los pequeños patrones, y pagan a los obreros asalariados un salario que supera el ingreso de los pequeños artesanos. No hablamos de la productividad del trabajo; en 3-4 grandes establecimientos se produce un producto más valioso: la melaza.

Alfarería. De nuevo, una típica pequeña industria campesina con un número insignificante de obreros asalariados (13%), con establecimientos muy pequeños (menos de 2 obreros por establecimiento), con un número predominante de agricultores. Y aquí vemos lo mismo:

Aquí, por consiguiente, resulta de inmediato que, según las cifras «medias», el ingreso del obrero asalariado es superior al ingreso del trabajador familiar. La separación de los grandes establecimientos explica esta contradicción que ya habíamos constatado antes con datos masivos. En los grandes establecimientos son incomparablemente superiores tanto la productividad del trabajo como el salario y el ingreso de los patrones, mientras que los pequeños artesanos obtienen menos que los obreros asalariados y más de dos veces menos que los obreros asalariados de los talleres mejor situados.

Producción de ladrillos:

Así pues, también aquí el ingreso «medio» de un trabajador familiar resulta inferior al salario del asalariado. También aquí la explicación de este fenómeno reside en la combinación de grandes establecimientos, que se distinguen por una productividad del trabajo incomparablemente mayor, salarios más altos para los obreros asalariados y una rentabilidad muy alta (relativamente), con pequeños establecimientos cuyos patrones obtienen un ingreso casi dos veces inferior al salario de los obreros asalariados en los grandes talleres.

Podríamos presentar datos también sobre otras industrias [203], pero consideramos que estos son más que suficientes.

Resumamos ahora las conclusiones que se derivan de los datos examinados:

1) La combinación de establecimientos grandes y pequeños produce cifras «medias» completamente ficticias, que no dan ninguna idea de la realidad, que disimulan las diferencias cardinales, presentando como homogéneo algo completamente heterogéneo, de composición diversa.

2) Los datos sobre toda una serie de industrias atestiguan que los grandes establecimientos (por el número total de obreros) se diferencian de los medianos y pequeños:

a) por una productividad del trabajo incomparablemente más alta;
b) por salarios más altos para los obreros asalariados;
c) por un ingreso neto incomparablemente más elevado.

3) Todos los grandes establecimientos que hemos separado, sin excepción, utilizan trabajo asalariado en proporciones incomparablemente mayores (en comparación con los establecimientos medianos de la industria dada), el cual supera con mucho en su papel al trabajo familiar. Su productividad alcanza decenas de miles de rublos, y el número de obreros asalariados, diez o más personas por establecimiento. Estos grandes establecimientos representan, por tanto, talleres capitalistas. Los datos del censo artesanal demuestran, por consiguiente, que en la mentada producción «artesanal» existen leyes y relaciones puramente capitalistas; demuestran la completa superioridad de los talleres capitalistas, basados en la cooperación de obreros asalariados, sobre los artesanos aislados y, en general, sobre los pequeños artesanos, superioridad tanto en productividad del trabajo como en remuneración del trabajo, incluso de los obreros asalariados.

4) En toda una serie de industrias, el ingreso de los pequeños artesanos independientes resulta no ser superior, y a menudo incluso inferior, al ingreso de los obreros asalariados de la misma industria. Esta diferencia debe acentuarse aún más si al ingreso de los asalariados se añade la manutención que algunos de ellos reciben.

Diferenciamos esta última conclusión de las tres primeras en el sentido de que aquellas expresan fenómenos universales y obligatorios según las leyes de la producción mercantil, mientras que aquí no podemos ver un fenómeno universalmente obligatorio. Lo formulamos, por tanto, así: con una productividad del trabajo más baja en los pequeños establecimientos y con la situación indefensa de sus patrones (especialmente los agricultores) en el mercado, es perfectamente posible el fenómeno de que el ingreso del artesano independiente resulte inferior al salario del asalariado, y los datos indican que este fenómeno se produce muy a menudo en la realidad.

El valor probatorio de los cálculos presentados no puede ser objeto de duda, pues hemos tomado toda una serie de industrias, no las hemos elegido al azar, sino que hemos presentado todas aquellas respecto de las cuales las tablas permitían separar los grandes establecimientos, y no hemos tomado establecimientos aislados, sino todos los establecimientos del tipo dado, comparando siempre con ellos varios grandes establecimientos de diferentes distritos. Pero sería deseable dar una expresión más general y más precisa a los fenómenos descritos. Por fortuna, en el «Esbozo» hay datos que permiten realizar en parte ese deseo. Se trata de los datos sobre la distribución de los establecimientos según su rentabilidad neta. Para distintas industrias se indica en el «Esbozo» cuántos establecimientos tienen un ingreso neto de hasta 50 r., hasta 100 r., hasta 200 r., etc. Pues bien, hemos reunido estos datos. Ha resultado que se dispone de ellos para 28 industrias [204], que abarcan 8.364 establecimientos, es decir, el 93,2% del total (8.991). En total, en estas 28 industrias hay 8.377 establecimientos (13 establecimientos no están distribuidos por rentabilidad) con 14.135 trabajadores familiares + 4.625 obreros asalariados, en total 18.760 obreros, lo que constituye el 93,9% del número total de obreros. Es comprensible que a partir de estos datos sobre el 93% de los artesanos tengamos pleno derecho a sacar conclusiones sobre todos, pues no hay ningún fundamento para suponer que el siete por ciento restante difiera de este 93%. Antes de presentar los datos de nuestro resumen, es necesario señalar lo siguiente:

1) Los compiladores del «Esbozo», al presentar esta agrupación, no siempre mantuvieron estrictamente la uniformidad y homogeneidad de las denominaciones de cada grupo. Por ejemplo, dicen: «hasta 100 r.», «menos de 100 r.», a veces incluso «por 100 r.». No siempre indican el límite inicial y final de la categoría, es decir, a veces comienzan a agrupar con la categoría «hasta 100 r.», a veces con la categoría «hasta 50 r.», «hasta 10 r.», etc.; a veces terminan la agrupación con la categoría «1000 r. y más», a veces presentan categorías «2000-3000 r.», etc. Todas estas inexactitudes no pueden tener ninguna importancia seria. Hemos reunido todas las categorías que se presentan en el «Esbozo» (son 15: hasta 10 r., hasta 20 r., hasta 50 r., hasta 100 r., hasta 200 r., hasta 300 r., hasta 400 r., hasta 500 r., hasta 600 r., hasta 700 r., hasta 800 r., hasta 900 r., hasta 1000 r., 1000 r. y más, 2000-3000 r.), y todas las pequeñas inexactitudes y confusiones las hemos resuelto subsumiéndolas en una de estas categorías.

2) En el "Ensayo" solo se da el número de establecimientos que tienen ingresos de tal o cual categoría, pero no se indica la magnitud del ingreso correspondiente al total de establecimientos de cada categoría. Y sin embargo, para nosotros son precisamente estos últimos datos los necesarios. Por eso hemos supuesto que la magnitud del ingreso en los establecimientos de una categoría dada se determinará con suficiente exactitud multiplicando el número de establecimientos en la categoría por la magnitud media del ingreso, es decir, la media aritmética del máximo y el mínimo en la categoría (por ej., 150 rublos en la categoría de 100–200 rublos, etc.). Solo para las dos categorías inferiores (de hasta 10 r. y hasta 20 r.) tomamos, en lugar de las medias, las magnitudes máximas de ingreso (10 r. y 20 r.). La verificación mostró que este procedimiento (generalmente admisible en los cálculos estadísticos) da cifras muy cercanas a la realidad. En concreto, todo el ingreso neto de las familias de artesanos en estos 28 oficios constituye, según los datos del "Ensayo", 951.653 r., y según nuestros datos aproximados, basados en las categorías por rentabilidad, resultó 955.150 r., es decir, mayor en 3.497 r. = 0,36%. La diferencia o error, por consiguiente, es menor de cuatro kopeks por cada 10 rublos.

3) De nuestro resumen conocemos la magnitud media del ingreso por familia (en cada categoría), y no por un trabajador familiar. Para determinar esta última magnitud hubo que hacer de nuevo un cálculo aproximado. Conociendo la distribución de las familias por el número de trabajadores familiares (y por separado, por el número de trabajadores asalariados), supusimos que, cuanto menor es la magnitud del ingreso por familia, tanto menor es la composición familiar (es decir, el número de trabajadores familiares por 1 establecimiento) y tanto menos establecimientos con trabajadores asalariados. A la inversa, cuanto mayor es el ingreso por 1 familia, tanto más establecimientos con trabajadores asalariados, tanto mayor la composición familiar, es decir, el número de trabajadores familiares por 1 establecimiento. Es evidente que esta suposición es la más favorable desde el punto de vista de quien deseara refutar nuestras conclusiones. En otras palabras: si se hiciera cualquier otra suposición, nuestras conclusiones solo se reforzarían con ello.

Presentamos ahora el resumen de los datos sobre la distribución de los artesanos por la rentabilidad de los establecimientos.

Estos datos son demasiado fraccionados, de modo que hay que reducirlos a rúbricas más simples y claras. Tomemos cinco categorías de artesanos por rentabilidad: a) pobres, con ingreso de hasta 50 r. por familia; b) de escasos recursos, con ingreso de 50–100 r. por familia; c) medios, con ingreso de 100–300 r. por familia; d) acomodados, con ingreso de 300–500 r. por familia y e) ricos, con ingreso de más de 500 r. por familia.

Según los datos sobre la rentabilidad de los establecimientos, a estas categorías añadimos la distribución aproximada de los establecimientos por el número de trabajadores familiares y asalariados [205]. Obtenemos la siguiente tabla: [véase la tabla en la pág. 380. Ed.].

Estos datos conducen a conclusiones muy interesantes, que examinaremos por categorías de artesanos:

a) Más de una cuarta parte de las familias artesanas (28,4%) pertenecen a los pobres, que obtienen por familia un promedio de alrededor de 33 rublos de ingreso. Admitamos que todo este ingreso lo obtiene un solo trabajador familiar, que en esta categoría todos son trabajadores solitarios. En cualquier caso, los salarios de estos artesanos resultan considerablemente más bajos que los salarios medios de los trabajadores asalariados entre los artesanos (45 r. 85 k.). Si la mayoría de estos trabajadores solitarios pertenece al subgrupo inferior (3.º), es decir, trabaja para acaparadores, esto significa que los "patronos" pagan a los que trabajan a domicilio menos que a los trabajadores asalariados en el taller. Incluso si admitimos que esta categoría de artesanos tiene el período de trabajo más corto, de todos modos su salario resulta completamente miserable.

b) Más de dos quintos del número total de artesanos (41,8%) pertenecen a los de escasos recursos, teniendo en promedio 75 r. de ingreso por familia. Estos artesanos ya no son todos trabajadores solitarios (si la categoría anterior estaba compuesta solo de solitarios): en ella aproximadamente hasta la mitad de las familias tienen 2 trabajadores familiares, y, por consiguiente, el salario medio de un trabajador familiar constituye solo alrededor de 50 rublos, es decir, no más o incluso menos que el salario del trabajador asalariado para el artesano (además del pago en dinero, 45 r. 85 k., una parte de los trabajadores asalariados recibe manutención de los patronos). Así pues, siete décimas partes del número total de artesanos se sitúan, por sus salarios, al nivel de los trabajadores asalariados de los artesanos, en parte incluso por debajo de ellos. Por sorprendente que sea esta conclusión, corresponde plenamente a los datos antes expuestos sobre la superioridad de los establecimientos grandes sobre los pequeños. Hasta qué punto es bajo el nivel de ingreso de estos artesanos, se puede juzgar por el hecho de que el salario medio de un trabajador agrícola anual en la provincia de Perm constituye 50 rublos con la comida del patrono [206]. ¡Por consiguiente, siete décimas partes de los artesanos "independientes" se sitúan, por su nivel de vida, ¡no por encima de los peones agrícolas!

Los populistas dirán, por supuesto, que esto es solo un ingreso auxiliar junto a la agricultura, pero, en 1.er lugar, ¿no se ha establecido hace ya mucho, mucho tiempo, que solo a una minoría del campesinado la agricultura puede darle lo necesario para el sustento de la familia, después de deducir los impuestos, el dinero de arriendo y los gastos de la hacienda? Y aquí estamos comparando el salario del artesano con el pago al peón con la comida del patrono. En 2.º lugar, en las siete décimas partes del número total de artesanos tuvieron que entrar también los no agricultores. En 3.er lugar, si incluso resultara que la agricultura costea el sustento de los artesanos-agricultores de estas categorías, de todos modos queda fuera de duda el hecho de la extraordinaria reducción de los salarios gracias a la vinculación con la tierra.

Otra comparación más: en el distrito de Krasnoufimsk, el salario medio de un trabajador asalariado para un artesano es igual a 33,2 rublos (pág. 149 de las tablas), y el salario medio de una persona que tiene trabajo en su propia fábrica, es decir, de un obrero minero de los campesinos fabriles, la estadística del zemstvo lo determinó en 78,7 rublos (según "Materiales para la estadística de la provincia de Perm. Distrito de Krasnoufimsk. Zona fabril". Kazán, 1894), es decir, más del doble. Y los salarios de los artesanos mineros que tienen trabajo en su propia fábrica, como se sabe, siempre son más bajos que el salario de los obreros "libres" en las fábricas y plantas. Se puede juzgar, por lo tanto, con qué reducción de las necesidades, con qué reducción del nivel de vida hasta un estado miserable se compra la tan cacareada "independencia" del artesano ruso "sobre las bases de la vinculación orgánica del oficio con la agricultura"!

c) A los artesanos "medios" hemos asignado las familias que poseen ingresos de 100 a 300 r., en promedio alrededor de 180 r. por familia. De estos hay alrededor de una cuarta parte del número total de artesanos (24,1%). Incluso su ingreso absoluto es muy, muy pequeño: contando 2 1/2 trabajadores familiares por establecimiento, esto compondrá alrededor de 72 r. por un trabajador familiar, una suma muy insuficiente, que no envidiará ningún obrero fabril. Pero, ¡en comparación con la masa de artesanos, esta suma se presenta como bastante considerable! Resulta que incluso esta tan escuálida "holgura" se adquiere solo a costa ajena: en esta categoría de artesanos, la mayoría ya emplean trabajadores asalariados (aproximadamente alrededor del 85% de los patronos tienen asalariados, y en promedio, por cada uno de los 2016 establecimientos corresponderá más de un trabajador asalariado). Para salir de la masa de artesanos oprimidos por la pobreza, hay que, por consiguiente, en el terreno de las relaciones mercantil-capitalistas, conquistar para sí la "holgura" a costa de otros, entrar en la lucha económica, hacer retroceder aún más a la masa de pequeños industriales, convertirse en pequeño burgués. O bien miseria y reducción del nivel de vida hasta el nec plus ultra [207], o bien (para la minoría) la creación de su propio (absolutamente y en extremo escuálido) bienestar a costa ajena: he aquí el dilema que la producción mercantil plantea ante el pequeño industrial. Así lo dicen los hechos.

d) A la categoría de artesanos acomodados pertenecen solo el 3,8% de las familias con un ingreso medio de alrededor de 385 rublos y alrededor de 100 r. por un trabajador familiar (contando que aquí entran los patronos con 4 y 5 trabajadores familiares por establecimiento). Este ingreso, que supera aproximadamente en dos veces el ingreso monetario del trabajador asalariado, está basado ya en un empleo significativo del trabajo asalariado: todos los establecimientos de esta categoría emplean trabajadores asalariados, en promedio alrededor de 3 personas por establecimiento.

d) Los artesanos ricos, con un ingreso familiar medio de 820 rublos, constituyen solo el 1,9%. Aquí deben incluirse en parte los establecimientos con 5 trabajadores familiares, y en parte los establecimientos sin trabajadores familiares en absoluto, es decir, basados exclusivamente en trabajo asalariado. Calculado por trabajador familiar, esto da un ingreso de aproximadamente 350 rublos. El alto ingreso obtenido por estos «artesanos» depende del mayor número de trabajadores asalariados, que alcanza en promedio unos 10 por establecimiento [208]. Estos son ya pequeños fabricantes, propietarios de talleres capitalistas, cuya inclusión entre los «artesanos» junto con los productores individuales, los artesanos rurales e incluso los que trabajan en casa para fabricantes (¡a veces, como veremos más adelante, para estos mismos artesanos ricos!) muestra solo, como ya se ha señalado, la completa indefinición y vaguedad del término «artesano».

Para concluir la exposición de los datos del censo artesanal sobre los ingresos de los artesanos, es necesario señalar todavía lo siguiente. Se podría decir que la concentración de los ingresos en las industrias artesanales no resulta muy significativa: el 5,7% de los establecimientos posee el 26,5% del ingreso, el 29,8% de los establecimientos posee el 64,4% del ingreso. A esto responderemos, en primer lugar, que incluso tal concentración demuestra la completa inadecuación y falta de carácter científico de los juicios generalizadores sobre el «artesano» y las cifras «medias» sobre él. En segundo lugar, no se debe perder de vista que estos datos no incluyen a los compradores-acaparadores, por lo cual la distribución de los ingresos se presenta de manera extremadamente inexacta. Hemos visto que 2346 familias y 5628 trabajadores trabajan para compradores-acaparadores (3er subgrupo), por consiguiente, los principales ingresos los obtienen aquí los compradores-acaparadores. Separarlos del número de industriales es un procedimiento completamente artificial e injustificado. Así como la representación de las relaciones económicas en la gran industria fabril sería incorrecta sin señalar la magnitud de los ingresos de los fabricantes, así la representación de la economía de la industria «artesanal» es incorrecta sin señalar los ingresos de los compradores-acaparadores, ingresos obtenidos de la misma producción en que están ocupados también los artesanos; ingresos que constituyen una parte del valor de los productos que elaboran los artesanos. Tenemos el derecho, por consiguiente, y la obligación de concluir que la distribución real de los ingresos en la industria artesanal es incomparablemente más desigual que la mostrada anteriormente, ya que en esta última faltan las categorías de los industriales más grandes.

Artículo tercero. (VI. ¿Qué es el comprador-acaparador? – VII. «Fenómenos gratos» en la industria artesanal. – VIII. El programa populista de política industrial)

VI. ¿Qué es el comprador-acaparador?

Hemos llamado antes a los compradores-acaparadores los industriales más grandes. Desde el punto de vista populista habitual, esto es una herejía. Entre nosotros se ha acostumbrado representar al comprador-acaparador como algo situado fuera de la producción, algo sobrevenido, ajeno a la industria misma, dependiente «solo» del intercambio.

No es este el lugar para detenernos detalladamente en las inexactitudes teóricas de este punto de vista, basado en la incomprensión del sustrato general y fundamental, de la base, del trasfondo de la industria moderna (incluida la artesanal), precisamente de la economía mercantil, en la cual el capital comercial es una parte constitutiva necesaria, y no una inserción casual y externa. Aquí debemos atenernos a los hechos y datos del censo artesanal, y nuestra tarea ahora consistirá en examinar y analizar estos datos sobre los compradores-acaparadores. Una condición favorable para este examen es la separación de los artesanos que trabajan para compradores-acaparadores en un subgrupo especial (el 3º). Pero hay muchas más lagunas y puntos no investigados sobre esta cuestión, lo que hace su examen bastante difícil. No hay datos sobre el número de compradores-acaparadores, sobre los grandes y pequeños compradores-acaparadores, sobre su relación con los artesanos acomodados (relación por origen; vínculos de las operaciones comerciales del comprador-acaparador con la producción en su propio taller, etc.), sobre la economía de los compradores-acaparadores. Los prejuicios populistas, que separan al comprador-acaparador como algo externo, impidieron a la mayoría de los investigadores de la industria artesanal plantear la cuestión de la economía de los compradores-acaparadores, y sin embargo es evidente que para un economista esta es la primera y principal cuestión. Es necesario estudiar detallada y minuciosamente cómo administra su economía el comprador-acaparador, cómo se forma su capital, cómo opera este capital en la esfera de la compra de materia prima y de la venta del producto, cuáles son las condiciones (socio-económicas) de la actividad del capital en estas esferas, cuán grandes son los gastos del comprador-acaparador para organizar la compra y la venta, cómo se distribuyen estos gastos en dependencia del volumen del capital comercial y de la escala de la compra y venta, qué condiciones provocan a veces la elaboración parcial de la materia prima en los talleres del comprador-acaparador y su entrega posterior a los trabajadores a domicilio para su procesamiento ulterior (realizándose a veces el acabado final de nuevo por el comprador-acaparador) o la venta de la materia prima a los pequeños industriales para luego comprarles los artículos en el mercado. Es necesario comparar el costo de producción del producto en el pequeño artesano, en el gran industrial en un taller que reúne a varios trabajadores asalariados, y en el comprador-acaparador que distribuye el material para su elaboración a domicilio. Es necesario tomar como unidad de investigación cada empresa, es decir, cada comprador-acaparador por separado, determinar el volumen de su rotación, el número de personas que trabajan para él en el taller o talleres y a domicilio, el número de trabajadores ocupados por él en la preparación de la materia prima, su almacenamiento y el del producto, y en la venta. Es necesario comparar la técnica de producción (cantidad y calidad de herramientas y dispositivos, división del trabajo, etc.) en el pequeño propietario, en el dueño de taller con trabajadores asalariados y en el comprador-acaparador. Solo tal investigación económica puede dar una respuesta científica exacta a la cuestión de qué es el comprador-acaparador, a la cuestión de su significado en la economía, de su significado en el desarrollo histórico de las formas de la industria de la producción mercantil. La ausencia de tales datos en los resultados del censo por hogares, que investigó detalladamente todas estas cuestiones respecto a cada artesano, no puede dejar de reconocerse como una gran laguna. Incluso si el registro y la investigación de la economía de cada comprador-acaparador resultaran (por diversas razones) imposibles, se podría extraer una gran cantidad de los datos señalados de la información por hogares sobre los artesanos que trabajan para compradores-acaparadores. En lugar de esto, encontramos en el «Ensayo» solo frases populistas trilladas acerca de que el «kulak» es «ajeno por esencia a la producción misma» (pág. 7), incluyéndose entre los kulaks tanto a los compradores-acaparadores y los talleres colectivos, por un lado, como a los usureros, por otro; que «el trabajo asalariado no es dominado por su concentración técnica, a semejanza de la fábrica (?), sino por la dependencia monetaria de los artesanos... una de las formas de kulakería» (309–310), que «la fuente de la explotación del trabajo... no reside en la función de la producción, sino en la función del cambio» (101), que en las industrias artesanales se encuentra a menudo no la «capitalización de la producción», sino la «capitalización del proceso de intercambio» (265). Nosotros, por supuesto, no pensamos acusar a los investigadores del «Ensayo» de originalidad: simplemente tomaron prestadas por entero aquellas sentencias que en tal abundancia están diseminadas, por ejemplo, en las obras de «nuestro conocido» Sr. V. V.

Para evaluar el verdadero significado de frases como éstas, vale la pena recordar, aunque sea brevemente, que en una de las principales ramas de nuestra industria, precisamente la textil, el «comprador» fue el predecesor directo, el padre del gran fabricante que dirige la gran producción maquinizada. La distribución de hilo a domicilio a los artesanos para su procesamiento: tal era el pasado reciente de todas nuestras producciones textiles; esto era, por lo tanto, trabajo para el «comprador», para el «kulak», quien, sin tener su propio taller («era ajeno a la producción»), «solamente» distribuía el hilo y recibía los productos acabados. Nuestros buenos populistas ni siquiera intentaron investigar el origen de estos compradores, su conexión sucesiva con los propietarios de pequeños talleres, su papel como organizadores de la compra de materia prima y la venta del producto, el papel de su capital, que concentraba los medios de producción, reunía a las masas de pequeños artesanos dispersos, introducía la división del trabajo y preparaba los elementos de una producción también grande, pero ya maquinizada. Los buenos populistas se limitaban a lamentarse y quejarse de este fenómeno «lamentable», «artificial», etc., etc., se consolaban con que esto era la «capitalización» no de la producción, sino «solamente» del proceso de intercambio, mantenían dulces charlas sobre «otras vías para la patria», mientras tanto, los «artificiales» y «sin raíces» «kulaks» seguían su viejo camino, continuaban concentrando capital, «reuniendo» medios de producción y productores, ampliando la escala de compra de materia prima, profundizando la división de la producción en operaciones separadas (urdido, tejido, tintura, acabado, etc.) y transformando la manufactura capitalista dispersa, técnicamente atrasada, basada en el trabajo manual y la servidumbre, en la industria maquinizada capitalista.

Un proceso absolutamente idéntico está ocurriendo ahora en la masa de nuestras llamadas industrias «artesanales», y los populistas, de igual modo, se apartan de la investigación de la realidad en su desarrollo, sustituyen exactamente igual la cuestión del origen de las relaciones dadas y su evolución por la cuestión de lo que podría ser (si no existiera lo que existe), se consuelan exactamente igual con que esto es por ahora «solamente» compradores, idealizan y embellecen exactamente igual las peores formas del capitalismo, las peores tanto en el sentido del atraso técnico y la imperfección económica como en el de la situación social y cultural de las masas trabajadoras.

Pasemos a los datos del censo artesanal de Perm. Las lagunas en estos datos, señaladas anteriormente, trataremos de completarlas, en la medida de lo necesario, con material del libro antes citado «La industria artesanal de la gobernación de Perm, etc.». Destaquemos ante todo aquellas industrias que proporcionan la masa principal de artesanos que trabajan para compradores (3er subgrupo). Para ello, tendremos que remitirnos a nuestro propio resumen, cuyos resultados (como se ha señalado arriba) no coinciden con las cifras del «Esbozo».

Así pues, alrededor de 9/10 de los artesanos que trabajan para compradores se concentran en las siete industrias enumeradas. A ellas nos dirigiremos en primer lugar.

Es completamente análoga la organización de la industria de la zapatería en el distrito de Krasnoufimsk («Ind. art.», I, 148–149): los propietarios de curtidurías también transforman los cueros en botas, parte en sus propios talleres, parte distribuyéndolos a domicilio; uno de los grandes propietarios de establecimientos de curtido y zapatería tiene hasta 200 trabajadores permanentes.

Ahora podemos representarnos con suficiente claridad la organización económica de la zapatería y de muchas otras industrias «artesanales» vinculadas a ella. No es sino una sección de grandes talleres capitalistas («fábricas», según la terminología de nuestra estadística oficial), no es sino una operación parcial de grandes operaciones capitalistas de procesamiento de cueros. Los empresarios organizaron en amplia escala la compra de material, construyeron fábricas para la elaboración de cueros e introdujeron todo un sistema de su procesamiento ulterior, un sistema basado en la división del trabajo (como condición técnica) y el trabajo asalariado (como condición económica): realizan unas operaciones en sus talleres (el corte del calzado), otras operaciones se realizan en el domicilio de los «artesanos» que trabajan para ellos; los empresarios determinan el volumen de la producción, la cuantía del salario a destajo, los tipos de mercancías fabricadas y la cantidad de artículos de cada tipo. Ellos mismos organizaron también la venta al por mayor del producto. Es evidente que, según la terminología científica, se trata de una manufactura capitalista, que en parte está pasando ya a una forma superior, a la fábrica (precisamente en la medida en que se aplican a la producción máquinas y sistemas de máquinas: las grandes curtidurías tienen motores de vapor). La separación de algunas partes de esta manufactura en una forma «artesanal» especial de producción es un evidente absurdo, que encubre el hecho fundamental del dominio del trabajo asalariado y la subordinación de toda la industria del curtido y el calzado al gran capital. En lugar de cómicas disquisiciones sobre la deseabilidad para esta industria de una «organización cooperativa del intercambio» (pág. 93 del «Esbozo»), no estaría de más estudiar con mayor detenimiento la organización real de la producción, estudiar las condiciones que obligan a los fabricantes a preferir la distribución del trabajo a domicilio. Los fabricantes lo encuentran, sin duda, más ventajoso para ellos, y esta ventaja nos resultará comprensible si recordamos los bajos salarios de los artesanos en general, especialmente de los artesanos-campesinos y de los artesanos del 3er subgrupo. Al distribuir el material a domicilio, los empresarios abaratan así el salario, ahorran gastos de local, en parte de herramientas, de supervisión, se liberan de las exigencias no siempre agradables hacia los fabricantes (¡ellos no son fabricantes, sino comerciantes!), obtienen trabajadores más dispersos, desagregados, menos capaces de autodefensa, obtienen capataces gratuitos para estos trabajadores —una especie de «zaglodov» o «masterkov» (términos de nuestra industria textil bajo el sistema de distribución de hilo a domicilio)— en la persona de aquellos artesanos que trabajan para ellos y que, a su vez, contratan a trabajadores asalariados (en 636 familias de zapateros que trabajan para compradores, se contabilizaron 278 trabajadores asalariados). Ya hemos visto por la tabla general que estos trabajadores asalariados (en el 3er subgrupo) reciben los salarios más bajos. Esto no es sorprendente, pues están sometidos a una doble explotación: la explotación de su contratante, que extrae una «gananciita» del trabajador, y la explotación del propietario de la curtiduría, que distribuye el material a los pequeños patronos. Es sabido que estos pequeños maestros, que conocen bien las condiciones locales y las características personales de los trabajadores, son particularmente inagotables en la invención de diversas opresiones, en la práctica de la contratación servil, el truck-system, etc. Es conocida la excesiva duración de la jornada laboral en tales talleres y «chozas artesanales», y uno no puede dejar de lamentar que el censo artesanal de 1894/95 casi no proporcionara en absoluto materiales sobre estas importantísimas cuestiones para iluminar nuestro peculiar sweating-system con la masa de intermediarios que intensifican la presión sobre los trabajadores, con la explotación más descontrolada y desvergonzada.

Sobre la organización de la industria del calzado de fieltro (la segunda por el número absoluto de familias que trabajan para acaparadores), el «Ocherk» lamentablemente casi no proporciona información alguna. Hemos visto que en esta industria hay artesanos con decenas de obreros asalariados, pero si distribuyen trabajo a domicilio, si realizan parte de las operaciones fuera de su taller [212], ha quedado sin aclarar. Señalemos solo el hecho constatado por los investigadores de que las condiciones higiénicas de la industria del calzado de fieltro son sumamente insatisfactorias («Ocherk», pág. 119, «Kust. prom.», III, 16): un calor insoportable, enorme cantidad de polvo, atmósfera sofocante. ¡Y esto en las viviendas de los artesanos! El resultado natural es que los artesanos no resisten más de 15 años de trabajo y terminan tísicos. I. I. Molleson, que investigó las condiciones sanitarias del trabajo, dice: «Los obreros de 13 a 30 años constituyen el principal contingente de los artesanos del fieltro. Y casi todos ellos se distinguen claramente por su palidez, el color mate de la piel y su aspecto lánguido, como agotado por la enfermedad» (III, pág. 145, cursiva del autor). La conclusión práctica del investigador es la siguiente: «Es necesario imponer a los propietarios la obligación de construir talleres (de fieltrado) de dimensiones considerablemente mayores, de modo que a cada obrero le corresponda un volumen de aire previamente determinado y constante»; «el taller debe destinarse exclusivamente al trabajo. Debe prohibirse terminantemente que los obreros pernocten en él» (ibid.). Así pues, los médicos sanitarios exigen para estos artesanos la instalación de fábricas, la prohibición del trabajo a domicilio. No se puede sino desear la realización de esta medida, que impulsaría el progreso técnico, eliminando a una multitud de intermediarios, allanaría el camino para la regulación de la jornada laboral y las condiciones de trabajo, en una palabra, eliminaría los abusos más clamorosos en nuestra industria «popular».

En la industria de esteras, entre los acaparadores figura el comerciante de Osá Butakov, quien, según datos de 1879, poseía en la ciudad de Osá una fábrica de esteras con 180 obreros [213]. ¿Acaso este fabricante debe ser considerado «ajeno a la producción misma» porque encontró más ventajoso distribuir trabajo a domicilio? Sería también interesante saber en qué se diferencian los acaparadores, expulsados de entre los artesanos, de aquellos «artesanos» que, no teniendo obreros familiares, «compran la corteza de tilo y la entregan para su elaboración a destajistas, quienes la transforman en esteras y sacos en sus telares» («Ocherk», 152)? Es un ejemplo palpable de la confusión a la que han llevado a los investigadores los prejuicios populistas. Las condiciones higiénicas en esta industria también están por debajo de toda crítica: estrechez, suciedad, polvo, humedad, hedor, jornada laboral prolongada (12–15 horas al día); todo esto convierte los centros de la industria en verdaderos «focos de tifus famélico» [214], que surgía aquí con frecuencia.

Sobre la organización del trabajo para los acaparadores en la industria de la herrería, de nuevo nada aprendemos del «Ocherk» y debemos recurrir al libro «Kust. prom., etc.», que ofrece una descripción muy interesante de la herrería de Nijne-Taguil. La producción de bandejas y otros artículos está dividida entre varios talleres: los talleres de remachado forjan el hierro, los de estañado lo estañan, los de pintura lo pintan. Algunos artesanos-propietarios poseen talleres de todos estos tipos, siendo por tanto manufactureros de tipo puro. Otros realizan en su taller una de las operaciones y luego distribuyen los artículos para el estañado y la pintura a artesanos a domicilio. Aquí, por consiguiente, resalta con particular nitidez la homogeneidad de la organización económica de la industria en la distribución del trabajo a domicilio y en la posesión por un mismo propietario de varios talleres de detalle. Los artesanos-acaparadores que distribuyen trabajo a domicilio pertenecen a los mayores propietarios (son 25), que han organizado de la manera más ventajosa la adquisición de materia prima y la venta del producto en gran escala: estos 25 artesanos (y solo ellos) van a la feria o tienen sus propias tiendas. Además de ellos, actúan como acaparadores los grandes «fabricantes-comerciantes» que expusieron sus productos en la sección fabril de la exposición de Ekaterimburgo: el autor del libro los adscribe a la «industria fabril-artesanal (sic!)» («Kust. prom.», I, págs. 98-99). En conjunto, obtenemos así un cuadro sumamente típico de la manufactura capitalista, que se entrelaza de las más diversas y caprichosas maneras con pequeños establecimientos. Para mostrar gráficamente cuán poco ayuda a comprender estas complejas relaciones la división de los industriales en «artesanos» y «fabricantes», en productores y «acaparadores», recurriremos a las cifras citadas en el mencionado libro y representaremos las relaciones económicas de la industria en forma de tabla:

* Por taller.

¡Y ahora nos dirán que los acaparadores, al igual que los usureros, son «ajenos a la producción misma», que su dominio significa solo la «capitalización del proceso de intercambio», y no la «capitalización de la producción»!

Un ejemplo sumamente típico de manufactura capitalista es también la industria de baúles («Ocherk», págs. 334-339, «Kust. prom.», I, págs. 31-40). Su organización es la siguiente: varios grandes propietarios, que poseen talleres con obreros asalariados, adquieren los materiales, fabrican parcialmente los artículos en sus talleres, pero sobre todo distribuyen el material a pequeños talleres de detalle, y en sus propios talleres ensamblan las partes del baúl y, tras el acabado final, envían la mercancía al mercado. La división del trabajo —condición típica y base técnica de la manufactura— se aplica en la producción en gran escala: la fabricación de un baúl entero se divide en 10-12 operaciones, cada una de las cuales es ejecutada por separado por artesanos destajistas. La organización de la industria es la unificación de los obreros parciales (Teilarbeiter, como se denominan en «El Capital» {85}) bajo el mando del capital. Por qué el capital prefiere la distribución a domicilio al trabajo de obreros asalariados en el taller, da una clara respuesta los datos del censo artesanal de 1894/95 sobre los establecimientos de la fábrica Nevianski del distrito de Ekaterimburgo (uno de los centros de la industria), donde encontramos juntos tanto talleres de ensamblaje como artesanos destajistas. La comparación entre unos y otros es, por tanto, perfectamente posible. Presentamos los datos comparativos en la tablita (pág. 173 de las tablas):

* Por taller.

Examinemos esta tablita, advirtiendo primero que si en lugar de una sola fábrica Nevianski hubiéramos tomado los datos de todo el primer y tercer subgrupo (pág. 335 del «Ocherk»), las conclusiones serían las mismas. La magnitud del ingreso bruto en ambos subgrupos, evidentemente, no es comparable, porque una misma materia prima pasa por las manos de distintos obreros parciales y luego por los talleres de ensamblaje. Pero son característicos los datos sobre el ingreso y el salario. Resulta que el salario de los obreros asalariados en los talleres de ensamblaje es superior al ingreso de los artesanos dependientes (100 r. y 89 r.), a pesar de que estos últimos explotan también a obreros asalariados. Pero el salario de estos últimos es más del doble inferior al salario de los obreros en los talleres de ensamblaje. ¡Pues cómo no van a preferir nuestros empresarios la industria «artesanal» a la fabril, cuando la primera les proporciona tan sustanciales «ventajas»! Es completamente análoga la organización del trabajo para los acaparadores en la industria de carruajes («Ocherk», pág. 308 y ss., «Kust. prom.», I, pág. 42 y ss.): los mismos talleres de ensamblaje cuyos propietarios son «acaparadores» (y distribuidores, dadores de trabajo) con respecto a los artesanos destajistas, la misma superioridad del salario del asalariado en el taller respecto al ingreso del artesano dependiente (sin hablar ya de su obrero asalariado). Esta superioridad se constata tanto para los agricultores (I grupo) como para los no agricultores (II grupo). En la industria de muebles y carpintería, los acaparadores son las tiendas de muebles de la ciudad de Perm («Ocherk», 133, «Kust. prom.», II, 11), que proveen a los artesanos, al hacer los pedidos, de muestras, con lo cual, por cierto, han «elevado paulatinamente la técnica de la producción».

En la industria de la sastrería, los almacenes de ropa confeccionada de Perm y Ekaterimburgo distribuyen material a los artesanos para su elaboración. Es sabido que existe una organización completamente análoga de la industria de la sastrería y la confección en otros países capitalistas de Europa Occidental y América. La diferencia entre el Occidente "capitalista" y Rusia con su "producción popular" consiste en que en Occidente llaman a este sistema Schwitz-system [215] y buscan medidas para combatir este pésimo sistema de explotación; por ejemplo, los sastres alemanes consiguen de sus patronos la instalación de fábricas (es decir, "implantan artificialmente el capitalismo", como concluiría un populista ruso), mientras que aquí a este "sistema de explotación agobiante" se le llama con benevolencia "industria artesanal" y se discuten sus ventajas frente al capitalismo.

Hemos examinado ahora todos los oficios que proporcionan la inmensa mayoría de los artesanos que trabajan para acaparadores. ¿Cuáles son los resultados de este examen? Nos hemos convencido de la total inconsistencia de la tesis populista de que los acaparadores, e incluso los talleres colectivos, son los mismos usureros, elementos ajenos a la producción, etc. A pesar de la insuficiencia de los datos del "Esbozo" señalada anteriormente, a pesar de la ausencia en el programa del censo de preguntas sobre la economía de los acaparadores, hemos podido constatar, en la mayoría de los oficios, la vinculación más indisoluble de los acaparadores con la producción, incluso su participación directa en ella, su "participación" como dueños de talleres con obreros asalariados. Nada hay más absurdo que la opinión de que el trabajo para acaparadores es solo el resultado de algún abuso, de alguna casualidad, de alguna "capitalización del proceso de intercambio", y no de la producción. Por el contrario, el trabajo para el acaparador es precisamente una forma especial de producción, una organización especial de las relaciones económicas en la producción, una organización que surgió directamente de la pequeña producción mercantil (la "pequeña producción popular", como suele decirse en nuestra bellaquería literaria) y que aún hoy está vinculada a ella por mil hilos, pues son los pequeños patronos más acomodados, los "artesanos" más avanzados, quienes sientan las bases de este sistema, ampliando su giro mediante la distribución de trabajo a domicilio. Vinculado directamente al taller capitalista con obreros asalariados, siendo a menudo solo una prolongación suya o una de sus secciones, el trabajo para el acaparador es simplemente un apéndice de la fábrica, entendiendo esta última expresión no en su sentido científico, sino en el coloquial. En cuanto a la clasificación científica de las formas de industria, en su desarrollo sucesivo, el trabajo para el acaparador pertenece en su mayor parte a la manufactura capitalista, puesto que: 1) se basa en la producción manual y en una amplia base de pequeños establecimientos; 2) introduce entre estos establecimientos la división del trabajo, desarrollándola también dentro del taller; 3) sitúa al frente de la producción a un comerciante, como siempre ocurre en la manufactura, que presupone la producción en gran escala, la compra al por mayor de materia prima y la venta del producto; 4) reduce a los trabajadores a la condición de obreros asalariados, ocupados en el taller del patrono o en su propio domicilio. Precisamente estos rasgos, como es sabido, caracterizan el concepto científico de la manufactura como una etapa singular del desarrollo del capitalismo en la industria (véase "Das Kapital", I, Kapitel XII [216]). Esta forma de industria significa ya, como se sabe, un profundo dominio del capitalismo, siendo la predecesora inmediata de su última y más alta forma, es decir, la gran industria maquinizada. El trabajo para el acaparador es, por consiguiente, una forma atrasada de capitalismo, y en la sociedad moderna este atraso conduce en ella a un empeoramiento particular de la situación de los trabajadores, explotados por toda una serie de intermediarios (sweating-system), dispersos, obligados a conformarse con el salario más bajo, a trabajar en condiciones de un entorno extremadamente antihigiénico y con una jornada laboral excesivamente larga, y, lo que es más importante, en condiciones que dificultan enormemente la posibilidad del control social sobre la producción.

Hemos concluido ahora el examen de los datos del censo artesanal de 1894/95. Este examen ha confirmado plenamente la observación hecha anteriormente sobre la completa vacuidad del concepto de "artesanado". Hemos visto que bajo este concepto se englobaban las más diversas formas de industria, incluso nos es lícito decir: casi todas las formas de industria que conoce la ciencia. En efecto, se incluyeron aquí a los artesanos patriarcales, que trabajan por encargo de los consumidores con material de estos (de los consumidores), recibiendo a veces una remuneración en especie, a veces en dinero. Se incluyeron aquí, además, los representantes de una forma de industria completamente distinta: los pequeños productores de mercancías, que trabajan con su familia. Se incluyeron aquí los propietarios de talleres capitalistas con obreros asalariados, y estos mismos obreros asalariados, cuyo número alcanza varias decenas por establecimiento. Se incluyeron aquí los empresarios manufactureros con gran capital, que dominan todo un sistema de talleres detallistas. Se incluyeron aquí también los obreros a domicilio que trabajan para los capitalistas. En todas estas subdivisiones se consideraba igualmente "artesanos" tanto a los agricultores como a los no agricultores, tanto a los campesinos como a los habitantes urbanos. Semejante confusión no es en absoluto una peculiaridad de esta investigación sobre los artesanos de Perm. En modo alguno. Se repite en todas partes y siempre, cuando y donde se habla y escribe sobre la industria "artesanal". Todo aquel que conozca, por ejemplo, los "Trabajos de la comisión para la investigación de la industria artesanal", sabe que en ellos se incluyó entre los artesanos exactamente a todas estas categorías. Y he aquí el procedimiento predilecto de nuestra economía populista: amontonar en un solo montón toda esta infinita diversidad de formas de industria, llamar a este montón industria "artesanal", "popular", y —risum teneatis, amici! [217]— contraponer este sinsentido al "capitalismo", a la "industria fabril". La "fundamentación" de este procedimiento arrobador, que atestigua la notable profundidad de pensamiento y conocimientos de su iniciador, pertenece, si no nos equivocamos, al Sr. V. V., quien, en las primeras páginas de sus "Ensayos sobre la industria artesanal", toma las cifras oficiales de obreros "fabriles" de las provincias de Moscú, Vladímir y otras, y las compara con las cifras de "artesanos", resultando, por supuesto, que la "industria popular" está mucho más desarrollada en la Santa Rusia que el "capitalismo", mientras que el hecho, constatado repetidamente por los investigadores [218], de que la inmensa mayoría de estos "artesanos" trabaja para esos mismos fabricantes, nuestro "autorizado" economista lo silenciaba juiciosamente. Siguiendo estrictamente los prejuicios populistas, los redactores del "Esbozo" repiten el mismo procedimiento. Aunque la suma de la producción anual de la industria "artesanal" en la provincia de Perm es de solo 5 millones de rublos [219], y la de la "fabril", de 30 millones de rublos, "el número de brazos ocupados en la industria fabril se determina en 19 mil personas, y en la artesanal, en 26 mil personas" (pág. 364). La clasificación, como ven, es simple hasta lo enternecedor:

a) obreros fabriles............................19 000
b) artesanos.......................................26 000

Total.................................................45 000

¡Es comprensible que semejante clasificación abra de par en par las puertas a disquisiciones sobre "la posibilidad de otro camino para la patria"!

Pero para algo tenemos ante nosotros los datos del censo artesanal por hogares, que investigó las formas de industria. Intentemos ofrecer una clasificación que corresponda a los datos del censo (sobre los cuales la clasificación populista es simplemente una burla) y que corresponda a las diversas formas de industria. Las relaciones porcentuales que arrojó el censo sobre 20 mil obreros, las aplicaremos también a la cifra aumentada por los autores sobre la base de otras fuentes: 26 mil.

Comprendemos perfectamente que también en esta clasificación hay errores: no contiene a los fabricantes ni a los dueños de fábricas, pero sí a artesanos con decenas de trabajadores asalariados; en ella se incluyó casualmente a unos manufactureros, pero sin separarlos en un grupo especial, y no se incluyó a otros, expulsados como “acaparadores”; incluye a los artesanos urbanos de una ciudad, pero no de 11 ciudades, etc. Pero, en cualquier caso, esta clasificación se basa en los datos del censo artesanal sobre las formas de industria, y los errores señalados son errores de esos datos, no de la clasificación [220]. En todo caso, esta clasificación ofrece una idea exacta de la realidad, explica las relaciones socioeconómicas reales entre los distintos participantes de la industria y, por consiguiente, su situación y sus intereses; y en tal explicación consiste la tarea suprema de toda investigación económico-científica.

VII. Los «fenómenos gratos» en la industria artesanal

Podrían acusarnos de unilateralidad, de presentar solo los aspectos sombríos de la industria artesanal, si pasáramos en silencio los hechos citados en el «Esbozo» que pretenden mostrar el «lado luminoso» y los «fenómenos gratos» de la industria artesanal.

Se nos dice, por ejemplo, que el trabajo asalariado en la producción artesanal tiene un significado especial, porque aquí el obrero asalariado se distingue por su «cercanía en el modo de vida» con el patrón y «puede» convertirse él mismo en patrón. A los «fenómenos gratos» se atribuye, pues, ¡el buen deseo de convertir a todos los obreros en patroncillos! [221] Aunque no a todos, ciertamente, sino solo a algunos, porque «la tendencia a explotar el trabajo ajeno es inherente, sin duda, a todos los hombres en general, incluido el artesano» («Esbozo», pág. 6). Esta frase es sencillamente inimitable por la ingenuidad con la que «todos los hombres», sin más rodeos, son identificados con ¡los pequeños burgueses! No es de extrañar que quien mira el mundo entero a través de los lentes del pequeño burgués descubra tan notables verdades. En la página 268, una pequeña fábrica con 8 obreros asalariados y una producción de 10.000 rublos es declarada «empresa por su entorno laboral (¡sic!) en el sentido estricto de la palabra artesanal». En las páginas 272-274 se relata cómo otro pequeño fabricante (con 7 obreros asalariados y 5 aprendices; producción de 7.000 rublos) construyó un horno de fundición en tierras arrendadas a la comunidad campesina y solicitó al banco artesanal un préstamo de 5.000 rublos para construir un cubilote, explicando que «toda su empresa tiene un interés puramente local, ya que la extracción de minerales se realizará en las parcelas de la comunidad por los propios campesinos locales». El banco rechazó la solicitud por razones formales. Y el «Esbozo» nos pinta, a propósito de esto, un cuadro atractivo de la transformación de esta empresa en cooperativa, comunitaria: al patrón esto, «sin duda, le agradará, como celoso defensor de los intereses no solo de la producción, sino también de los comuneros que lo rodean». La empresa «abarca una multitud de intereses laborales de los miembros de la comunidad, que extraerán y transportarán el mineral y los materiales forestales a la fábrica». «Los cabezas de familia llevarán a la fábrica minerales, carbón, etc., de manera similar a como las amas de casa llevan leche a la quesería comunitaria. Por supuesto, aquí se presupone una organización más compleja que en las queserías comunitarias, especialmente si se emplea a los propios maestros y peones locales en la gestión del negocio mismo, es decir, en la fundición del hierro a partir de los minerales». ¡Oh, idilio! ¡Los peones («miembros de la comunidad») «llevarán a la fábrica» minerales, leña, etc., de manera similar a como las campesinas llevan la leche a la quesería! No negaremos que el banco artesanal puede (si su organización burocrática no lo impide) prestar el mismo servicio que otros bancos, desarrollando la economía mercantil y el capitalismo, pero sería muy triste si, al mismo tiempo, siguiera fomentando la hipocresía y la charlatanería maniloviana de los empresarios {86} que solicitan préstamos.

Hasta ahora hemos visto cómo empresas con un gran número de obreros asalariados se declaraban «artesanales» bajo el fundamento de que los patrones mismos trabajan. Pero esta condición resultaría un tanto restrictiva para los pequeños burgueses, y he aquí que el «Esbozo» se esfuerza por ampliarla: resulta que una empresa que «se lleva exclusivamente con trabajo asalariado» puede ser artesanal, si el «éxito» de la empresa se basa en la «participación personal» del patrón (pág. 295) o incluso si los patrones «se ven obligados a limitar su participación a variadas gestiones en el manejo del oficio» (pág. 301). ¿No es cierto qué exitosamente «progresan» los populistas de Perm? «Trabajo personal» – «participación personal» – «variadas gestiones». Mein Liebchen, was willst du noch mehr? [222] El trabajo asalariado en la industria ladrillera reporta, según resulta, «ventajas especiales» (302) a los obreros asalariados, que encuentran «un ingreso auxiliar» en las ladrilleras; mientras tanto, los dueños de esas fábricas a menudo experimentan «necesidad de dinero para contratar obreros». El «Esbozo» concluye que a tales patrones se les debería permitir crédito del banco artesanal, «considerando tales empresas, según la nota al apartado 3 del artículo 7 del estatuto del banco artesanal, como casos especialmente atendibles» (pág. 302). Esto no está dicho con mucha corrección, ¡pero sí de manera muy impresionante y elocuente! «En conclusión, encontramos fundamentos suficientes para afirmar – leemos al final de la descripción de la industria ladrillera – que en la industria ladrillera entre los campesinos, los intereses de los patrones y de los obreros asalariados se generalizan hasta tal punto que, aunque formalmente no se han registrado arteles en este oficio, de hecho existe en él un sólido vínculo de compañerismo entre los patrones y sus obreros asalariados» (305). Remitimos al lector a la imagen estadística de esos «vínculos de compañerismo» ofrecida más arriba. También es curioso – como muestra de la confusión en los conceptos económicos populistas – que el «Esbozo» defienda y embellezca al mismo tiempo el trabajo asalariado, afirmando que el kulak no es en absoluto el patrón con obreros asalariados, sino el poseedor de capital dinerario, que «explota el trabajo en la persona del patrón artesano y de sus obreros asalariados» (!), y a la par se lanza de la manera más insensata y desmesurada a defender el kulakismo: «el kulakismo, no obstante, por muy sombríos colores con que se lo pinte, es por ahora una rueda necesaria en el mecanismo del intercambio de la producción artesanal… El kulakismo, en relación con los éxitos de la industria artesanal, debe ser considerado sin duda un bien, en comparación con la situación en la que, sin el kulak, sin ningún tipo de recursos dinerarios, el artesano se ve obligado a quedarse sin trabajo» (pág. 8) [223]. ¿Hasta cuándo ese «por ahora»? Si se hubiera dicho que el capital comercial y usurario es un momento necesario en el desarrollo del capitalismo, una rueda necesaria en el mecanismo de una sociedad capitalista poco desarrollada (como la nuestra), entonces eso sería correcto. Bajo tal interpretación, la palabra «por ahora» debe entenderse así: hasta que las innumerables restricciones a la libertad de la industria y a la libertad de competencia (especialmente en el campesinado) mantengan entre nosotros las formas más atrasadas y peores del capitalismo. ¡Solo nos tememos que esta interpretación no guste a los populistas de Perm, ni a los demás!

Pasemos a los arteles, esos exponentes más próximos e importantes de los pretendidos principios comunales que los populistas quieren ver a toda costa en los oficios artesanales. Es interesante examinar los datos del censo de hogares de los artesanos en toda una gubernia, un censo que incluía directamente en su programa el registro y el estudio de los arteles (pág. 14, punto 2). Podemos, por tanto, no solo familiarizarnos con los distintos tipos de arteles, sino también conocer cuán ampliamente están difundidos.

El oficio de prensado de aceite. «Un artel consuetudinario en el sentido estricto de la palabra»: en la aldea de Pokróvskoye y en la aldea de Gavriaty, cinco hermanos poseen dos prensas de aceite, se han dividido entre sí, pero utilizan las prensas por turno. Estos hechos representan «un profundo interés» porque «iluminan las condiciones contractuales de la sucesión laboral-comunal de los oficios artesanales». Es evidente que tales arteles consuetudinarios «representan un precedente significativo en la cuestión de la difusión entre los artesanos, sobre bases cooperativas, de producciones de tipo fabril» (págs. 175–176). Así pues, ¡el artel en el sentido estricto de la palabra, como precedente de cooperación, como expresión del espíritu comunal, consiste en la propiedad común de herederos no divididos!! Es evidente que el verdadero paladión del «espíritu comunal» y la «cooperación» es, en tal caso, el derecho civil romano y nuestro tomo X con los institutos del condominium [224], ¡la propiedad común de herederos y no herederos! {87}

«En la producción harinera… se expresó del modo más brillante, en formas consuetudinarias singulares, la iniciativa artelera de los campesinos». Muchos molinos se hallan en uso común de asociaciones o incluso de aldeas enteras. Modos de uso de los molinos: el más extendido es por turno; luego, la división del ingreso neto en partes proporcionales al gasto de cada copropietario; en «casos similares, los dueños-asociados rara vez toman parte con trabajo personal en la producción, que se lleva a cabo habitualmente con trabajo asalariado» (pág. 181; lo mismo sobre los hornos de alquitrán arteleros, pág. 197). ¡Verdaderamente asombrosa singularidad y carácter artelero: la propiedad común de pequeños patrones que contratan obreros en común! El hecho de que los artesanos utilicen por turno molinos, hornos de alquitrán, herrerías, atestigua, por el contrario, la asombrosa fragmentación de los productores, a quienes ni siquiera la propiedad común es capaz de impulsar a la cooperación.

«Uno de los tipos de organización artelera» son «las herrerías arteleras» (239). Los herreros-patrones, para economizar combustible, se reúnen en una herrería, contratando a un soplador (¡economía en obreros!) y alquilando al dueño de la herrería tanto el local como el martillo por un pago especial. – Así pues, ¡el alquiler por un pago de una cosa perteneciente a una persona en derecho de propiedad privada a otra persona es una «organización artelera»! ¡Positivamente, hay que llamar al derecho romano código de la «organización artelera»!... «En la organización artelera… encontramos una nueva indicación de la ausencia de cristalización clasista en la producción entre los artesanos, una indicación de la misma fusión de las estratificaciones en el medio agrícola y artesanal que vimos también en los molinos arteleros» (239). ¡Y todavía se atreven algunas malas personas a hablar después de esto de la desintegración del campesinado!

Hasta ahora, por consiguiente, ¡ni un solo caso de unión de artesanos para la compra de materia prima, la venta del producto, por no hablar ya de la unión en la producción misma! Existen, sin embargo, también tales uniones. El censo puerta a puerta de los artesanos de la provincia de Perm registró en total cuatro, y todas se organizaron con la ayuda del banco artesanal: tres en el oficio de carruajes y una en la producción de máquinas agrícolas. Uno de los arteles tiene obreros asalariados (2 aprendices y 2 obreros «auxiliares» asalariados); en otro, dos asociados utilizan la herrería y el taller pertenecientes a un tercer asociado, por un pago especial. Compran en común la materia prima y venden el producto, pero trabajan en talleres separados (exceptuando el caso señalado de alquiler por un pago de la herrería y el taller). Estos cuatro arteles reunieron a 21 trabajadores familiares. El banco artesanal de Perm funciona ya desde hace varios años. Supongamos que ahora «reunirá» (para alquilar la herrería del vecino) no a 20 trabajadores familiares por año, sino a 50. Entonces los 15 000 trabajadores familiares artesanos serán «reunidos» por la «organización artelera» exactamente dentro de 300 años. Y una vez terminada esta tarea, comenzarán ya a «reunir» también a los obreros asalariados de los artesanos… Y los populistas de Perm triunfan: «Conceptos económicos tan importantes, creados por el trabajo independiente del pensamiento del medio artesanal, sirven como firme garantía del progreso económico de la producción en este medio sobre las bases de la independencia del trabajo respecto al capital, ya que en estos hechos se manifiesta no solo una aspiración espontánea de los artesanos a la independencia laboral, sino también una aspiración plenamente consciente» (pág. 333). ¡Tengan piedad, señores! Claro está que no se puede ni imaginar el populismo sin frases a lo Manílov, ¡pero también hay que saber cuándo parar! Ni uno solo de los arteles, como hemos visto, expresa «el principio de la independencia del trabajo respecto al capital»: todos son arteles de patrones y pequeños patrones, muchos con obreros asalariados. No hay cooperación en estos arteles, incluso el aprovisionamiento común de materia prima y la venta del producto se encuentran hasta lo ridículo raramente, reuniendo a un número asombrosamente insignificante de patrones. Se puede decir con certeza que no se encontrará ni un solo país capitalista en el que el censo de casi 9 000 pequeños establecimientos con 20 000 obreros haya revelado una fragmentación y un embrutecimiento tan asombrosos de los productores, entre los cuales se hallaron solo unas pocas decenas de casos de propiedad común y menos de una decena de casos de unión de 3–5 pequeños patrones para la compra de materia prima y la venta del producto. Esta fragmentación serviría como la más segura garantía de un estancamiento económico y cultural sin esperanza, si no viéramos, por suerte, cómo el capitalismo corta de raíz cada día el oficio patriarcal con su limitación local de pequeños patrones autosuficientes, cómo destruye cada día los pequeños mercados locales (que sostienen la pequeña producción), reemplazándolos por el mercado nacional y mundial, obligando a los productores no de una sola aldea de Gavriaty, sino a los productores de todo un país e incluso de diferentes países a entrar en alianzas entre sí, sacando estas alianzas más allá de los límites de los solos patrones y pequeños patrones, planteando ante estas alianzas cuestiones más amplias que la cuestión de una compra más barata de material forestal y hierro, o la cuestión de una venta más ventajosa de clavos y carros.

VIII. El programa populista de política industrial

Dado que las propuestas y medidas prácticas están siempre vinculadas con lo que se encuentra de «gratificante» y esperanzador en la realidad, se comprende ya a priori qué deseos respecto a la industria artesanal se contienen en el «Esbozo», que redujo todos los «fenómenos gratificantes» al embellecimiento del trabajo asalariado en la pequeña economía y a la exaltación de las muy poco numerosas y unilaterales uniones de pequeños patrones. Repitiendo las habituales recetas populistas, estos deseos asombran por su carácter contradictorio, por un lado, y por la exageración desmedida de «medidas» vulgares, convertidas por medio de frases en la solución de grandes cuestiones, por otro. Al comienzo mismo del «Esbozo», en la introducción, incluso antes de la exposición de los datos del censo, encontramos grandilocuentes disertaciones sobre la «tarea del crédito artesanal» – «eliminar (sic!) la falta de dinero», sobre la «organización cooperativa del intercambio entre la producción y el consumo» (pág. 8), sobre la «difusión de las organizaciones arteleras», la creación de almacenes artesanales, consultas técnicas, escuelas técnicas, etc. (pág. 9). Estas disertaciones se repiten muchas veces en el libro. «Es necesario reorganizar la economía del oficio de modo que al artesano le aparezca dinero; dicho más simplemente, liberar al artesano del kulak» (119). «La tarea de nuestro tiempo» es realizar «la emancipación artesanal mediante el crédito», etc. (267). «Es necesario racionalizar los procesos de intercambio», preocuparse «por introducir en las entrañas de la economía agrícola campesina las bases racionales del crédito, el intercambio y la producción» (362), es necesaria «la organización económica del trabajo» (sic!! pág. 363), «la ordenación racional de la economía nacional», etc., etc. Como puede verse, es la conocida panacea populista, pegada a los datos del censo. Y como para confirmar definitivamente su ortodoxia populista, los compiladores no dejaron de condenar la economía monetaria en general, aleccionando al lector que el oficio «constituye un importante servicio a la economía nacional, asegurándole la posibilidad de evitar la transformación de la economía natural en monetaria». «Los intereses vitales de la economía nacional exigen que la materia prima producida por ella se elabore en el lugar, en la medida de lo posible sin intervención monetaria en los procesos de intercambio» (pág. 360).

El programa populista se expone aquí con toda la plenitud y franqueza que no dejan nada que desear. Hemos dicho: «programa populista», pues no nos interesa lo que diferencia a los autores del "Ensayo" de otros populistas, sino, por el contrario, precisamente lo que tienen en común. Nos interesa el programa práctico populista respecto a las industrias artesanales en general. Es fácil ver que en el "Ensayo" se destacan precisamente los rasgos fundamentales de este programa: 1) condena de la economía monetaria y simpatía por la economía natural y el artesanado primitivo; 2) diversas medidas de apoyo a la pequeña producción campesina, como crédito, desarrollo técnico, etc.; 3) implantación de todo tipo de uniones y asociaciones entre dueños y pequeños patronos: cooperativas de materias primas, de almacenamiento, de ahorro y crédito, de consumo, de producción; 4) «organización del trabajo», frase corriente en todos y cada uno de los buenos deseos populistas. Examinemos este programa.

En lo que se refiere, ante todo, a la condena de la economía monetaria, en relación con la industria tiene ya un carácter completamente platónico. El artesanado, incluso en la provincia de Perm, está ya relegado a un segundo plano por la producción mercantil y se encuentra en una situación tan lamentable que en el mismo "Ensayo" leemos acerca de la conveniencia de «liberar al artesano de la dependencia», precisamente eliminar la dependencia del artesano respecto al cliente-consumidor «buscando medios para ampliar la propia zona de venta más allá de los límites de la demanda para el consumo local». En otras palabras: ¡condena de la economía monetaria en teoría y aspiración a convertir el artesanado en economía mercantil en la práctica! Y esta contradicción no constituye en absoluto un patrimonio exclusivo del "Ensayo", sino que es propia de todos los proyectos populistas: por más que se opongan a la economía mercantil (monetaria), la realidad, expulsada por la puerta, entra por la ventana, y las medidas por las que abogan desarrollan precisamente la economía mercantil. Un ejemplo es el crédito. En sus planes y deseos, los populistas no eliminan la propia economía mercantil. El "Ensayo", por ejemplo, no dice ni una palabra de que las reformas propuestas deban basarse no en el terreno de la economía mercantil. Por el contrario, desea únicamente bases racionales para el intercambio, una organización cooperativa del intercambio. La economía mercantil permanece, sólo debe ser reformada según bases racionales. Una utopía nada nueva, que tuvo en la vieja literatura económica a sus más grandes exponentes. Su inconsistencia teórica ha sido ya descubierta hace mucho tiempo, de modo que no vale la pena detenerse en esta cuestión. ¿No sería mejor, en lugar de decir frases absurdas sobre la necesidad de «racionalizar» la economía, «racionalizar» primero sus propias ideas sobre la economía real, sobre las relaciones socioeconómicas reales en esa masa extremadamente heterogénea y diversa de «artesanos», cuyos destinos nuestros populistas quieren decidir desde arriba de una manera tan burocrática e irreflexiva? ¿No nos muestra la realidad a cada paso cómo las medidas prácticas de los populistas, elaboradas según las recetas de ideas supuestamente «puras» sobre la «organización del trabajo» y demás, conducen de hecho simplemente a ayudar y asistir al «campesino hacendoso», al pequeño fabricante o al acaparador, en general a todos los representantes de la pequeña burguesía? Esto no es en absoluto una casualidad, no es el resultado de la imperfección o el fracaso de medidas aisladas. Por el contrario, sobre la base general de la economía mercantil, el crédito, los almacenes, los bancos, las asesorías técnicas, etc., son inevitable y necesariamente utilizados, ante todo y sobre todo, por los pequeños burgueses. Pero si es así, se nos objetará, si los populistas en sus medidas prácticas, inconscientemente y contra su voluntad, sirven al desarrollo de la pequeña burguesía y, por consiguiente, del capitalismo en general, entonces ¿para qué atacar sus programas quienes reconocen por principio que el desarrollo del capitalismo es un proceso progresivo? ¿Es razonable, a causa de lo erróneo o, digámoslo más suavemente, lo discutible de los ropajes ideológicos, atacar programas prácticamente útiles, ya que nadie negará la «utilidad» de la educación técnica, el crédito, las uniones y asociaciones entre productores?

Estas objeciones no son imaginarias. De una forma u otra, por un motivo u otro, se escuchan constantemente en respuesta a la polémica contra el populismo. No hablaremos aquí de que tales objeciones, aunque fueran justas, no refutan en absoluto el hecho de que ya este solo ropaje de los proyectos pequeñoburgueses con las más sublimes panaceas sociales causa un profundo daño social. Nos proponemos situar la cuestión en el terreno práctico de las necesidades inmediatas y perentorias de la actualidad y, desde este punto de vista, deliberadamente restringido, evaluar el programa populista.

A pesar de que muchas medidas populistas aportan una utilidad práctica al servir al desarrollo del capitalismo, no obstante, en general y en su conjunto, estas medidas resultan: 1) en sumo grado inconsecuentes, 2) doctrinariamente carentes de vida y 3) mezquinas en comparación con las verdaderas tareas que el capitalismo en desarrollo plantea ante nuestra industria. Expliquemos esto. Hemos señalado, en primer lugar, la inconsecuencia de los populistas como hombres prácticos. Junto con las medidas arriba indicadas, que habitualmente se caracterizan como política económica liberal, que siempre fueron enarboladas en la bandera de los líderes de la burguesía en Occidente, los populistas se las arreglan para conservar la intención de frenar el desarrollo económico dado, de impedir el progreso del capitalismo, de apoyar la pequeña producción que se agota en la lucha con la grande. Defienden leyes e instituciones que restringen la libertad de movilización de la tierra, la libertad de desplazamiento, que mantienen el aislamiento estamental del campesinado, etc. ¿Existen, cabe preguntarse, algunas bases razonables para frenar el desarrollo del capitalismo y de la gran industria? Hemos visto, a partir de los datos del censo, que la tan cacareada «independencia» de los artesanos no garantiza en absoluto contra la subordinación al capital comercial, contra la explotación en su peor forma, que de hecho la situación de la enorme masa de estos artesanos «independientes» es a menudo más lamentable que la situación de los obreros asalariados entre los artesanos, que sus ingresos son asombrosamente insignificantes, las condiciones de trabajo (en cuanto a la situación sanitaria y la duración de la jornada laboral) extremadamente insatisfactorias, la producción está fragmentada, es técnicamente primitiva e incipiente. ¿Existen, cabe preguntarse, algunas bases razonables para mantener leyes policiales que refuerzan la «vinculación con la tierra», que prohíben romper esta vinculación que tanto enternece a los populistas? [225] Los datos del «censo artesanal» de 1894/95 en la provincia de Perm atestiguan claramente el completo sinsentido de las fijaciones artificiales de los campesinos a la tierra. Esta fijación sólo reduce sus ingresos, los cuales, con la «vinculación con la tierra», resultan ser más del doble de bajos que los de los no agricultores, reduce el nivel de vida, refuerza el aislamiento y la fragmentación de los productores dispersos por las aldeas, refuerza su impotencia frente a cada acaparador y maestro de taller. La fijación a la tierra frena al mismo tiempo el desarrollo de la agricultura, sin poder, no obstante, impedir la aparición de una clase de pequeña burguesía rural. Los populistas evitan plantear la cuestión de este modo: ¿frenar o no el desarrollo del capitalismo? Prefieren discurrir sobre «la posibilidad de otras vías para la patria». Pero si se trata de medidas prácticas inmediatas, entonces por eso mismo cualquier activista se sitúa en el terreno de la vía dada [226]. ¡Hagan ustedes lo que quieran para «arrastrar» a la patria por otra vía! Semejante actividad no provocará ninguna crítica (excepto la crítica de la risa). Pero no defiendan lo que artificialmente frena el desarrollo dado, no ahoguen con frases «sobre otra vía» la cuestión de la eliminación de los obstáculos de la vía dada.

Otra circunstancia que es necesario tener en cuenta al evaluar el programa práctico naródnik es la siguiente. Ya hemos visto que los naródnikis se esfuerzan por formular sus deseos del modo más abstracto posible, por presentarlos como exigencias abstractas, separadas, de la ciencia «pura», de la justicia «pura», y no como necesidades reales de clases reales con intereses determinados. El crédito —esa necesidad perentoria de todo propietario y pequeño propietario en la sociedad capitalista— es presentado por el naródnik como una suerte de elemento en el sistema de organización del trabajo; las uniones y asociaciones de propietarios se describen como expresión embrionaria de la idea de la cooperación en general, de la idea de la «emancipación artesanal», etc., cuando todo el mundo sabe que todas esas uniones persiguen en realidad objetivos que nada tienen que ver con tan elevadas materias, sino que simplemente están ligados al volumen de ingresos de esos pequeños propietarios, al fortalecimiento de su posición, al aumento de su beneficio. Esta transformación de deseos burgueses y pequeñoburgueses vulgares en una suerte de panaceas sociales no hace sino debilitar esos deseos, arrebatarles su nervio vital, la garantía de su carácter perentorio y realizable. Las cuestiones perentorias de cada propietario, acaparador, comerciante (crédito, uniones, asistencia técnica) se esfuerza el naródnik por plantearlas como cuestiones generales que se elevan por encima de los intereses particulares. El naródnik se imagina que con ello refuerza su importancia, las eleva, cuando en realidad convierte con ello una causa viva, que interesa a tales y tales grupos de la población, en un deseo filisteo, en una lucubración de gabinete, en una «disquisición burocrática sobre beneficios y provechos». Con esto está directamente vinculada una tercera circunstancia. Al no comprender que medidas prácticas como el crédito y el artel, los subsidios técnicos, etc., expresan las necesidades del capitalismo en desarrollo, el naródnik no sabe expresar las necesidades generales y fundamentales de ese desarrollo, sustituyéndolas por medidas insignificantes, arrancadas al azar, tibias, que, tomadas por separado, son incapaces de ejercer ninguna acción seria y están condenadas inevitablemente al fracaso. Si el naródnik se situara abierta y consecuentemente en el punto de vista del vocero de las necesidades del desarrollo social por la vía capitalista, sabría advertir las condiciones generales, las exigencias generales de tal desarrollo, vería que todos sus pequeños proyectos y medidas, en presencia de esas condiciones generales (la principal de ellas en el caso que nos interesa: la libertad de industria), se realizarían por sí mismas, es decir, mediante la actividad de las propias personas interesadas, mientras que ignorar esas condiciones generales y enarbolar solo medidas prácticas de carácter totalmente particular no puede sino llevar a machacar en agua. Detengámonos, como ejemplo, en esta cuestión de la libertad de industria. Por un lado, es una cuestión tan general y fundamental entre las cuestiones de política industrial, que su examen es particularmente pertinente. Por otro lado, las peculiaridades del modo de vida del krai del Perm ofrecen interesantes confirmaciones de la importancia cardinal de esta cuestión. Como es sabido, el principal fenómeno de la vida económica del krai es la industria minero-fabril, que le ha impreso un sello completamente especial. A la situación y los intereses de la industria minera del Ural están ligados tanto la historia de la colonización como la situación actual del krai. «En general, los campesinos fueron poblados en el Ural con el fin de que trabajaran para los propietarios de fábricas», leemos en la carta del habitante de la fábrica de N.-Serguinsk, Babushkin, en los «Trabajos de la comisión para la investigación de la industria artesanal» [227]. Y estas sencillas palabras expresan con mucha fidelidad el enorme papel de los dueños de fábricas en la vida del krai, su importancia como terratenientes y fabricantes a la vez, su hábito de dominio indiviso e ilimitado, su posición de monopolistas que fundan su industria en su derecho de propiedad y posesión, y no en el capital y la competencia. Los principios monopólicos de la industria minero-fabril del Ural se expresaron en la ley, en el conocido artículo 394 del tomo VII del código de leyes (estatuto minero), artículo del que tanto se ha hablado y se habla en la literatura sobre el Ural. Esta ley, promulgada en 1806, exige, en primer lugar, permiso de la autoridad minera para la apertura de cualquier fábrica por las ciudades mineras, y, en segundo lugar, prohíbe la apertura en los distritos fabriles de «todas aquellas manufacturas y fábricas cuya producción en su totalidad se base principalmente en la acción del fuego que requiera carbón y leña». Los dueños de la minería del Ural insistieron particularmente en 1861 en que tal ley se incluyera en las condiciones de emancipación de los campesinos, y el artículo 11 del estatuto sobre los artesanos de las fábricas mineras repite una prohibición homogénea [228]. El informe de la administración del banco industrial-artesanal de 1895 dice, entre otras cosas: «Con la mayor frecuencia, no obstante, se reciben quejas sobre la prohibición por parte de funcionarios del departamento de minería y de los propietarios de fábricas posesionales de abrir establecimientos de acción al fuego dentro de los confines de los distritos bajo su jurisdicción, y sobre todo tipo de restricciones en la producción de industrias de elaboración de metales» («Ocherk», pág. 223). De este modo, el Ural conserva hasta hoy las inconmovibles tradiciones de los «buenos viejos tiempos», y la actitud hacia la pequeña industria campesina se halla aquí en plena armonía con aquella «organización del trabajo» que aseguraba a las fábricas una población obrera fabril adscrita al lugar. Con pleno relieve se caracterizan estas tradiciones en el siguiente comunicado de las «Permskie Gubernskie Vedomosti» (núm. 183 de 1896), que se cita en el «Ocherk» y que con justicia se califica de «altamente significativo». Helo aquí: «El Ministerio de Agricultura y de Dominios del Estado propuso a los industriales de la minería del Ural debatir la cuestión de la posibilidad de que las fábricas mineras adoptaran medidas para el desarrollo de las industrias artesanales en el Ural. Los industriales de la minería comunicaron al ministerio que el desarrollo en el Ural de la industria artesanal redundará en perjuicio de la gran industria, ya que incluso ahora, con el débil desarrollo de las industrias artesanales en el Ural, su población no puede proporcionar a las fábricas la cantidad necesaria de obreros [229]; y cuando la población encuentre trabajo en casa, las fábricas corren el riesgo de quedarse totalmente sin mano de obra» («Ocherk», pág. 244). Este comunicado provocó en los redactores del «Ocherk» la siguiente exclamación: «Por supuesto, la primera condición necesaria de todo tipo de industria —grande, mediana y pequeña— es la libertad de industria… En nombre de la libertad de industria, todos sus ramos deben ser jurídicamente equiparables en derechos… Las industrias artesanales de productos metálicos en el Ural deben ser liberadas de todos los lazos excepcionales creados por la reglamentación fabril con el fin de limitar su desarrollo natural» (ibid. Cursiva nuestra). Al leer esta sentida y profundamente justa perorata en defensa de la «libertad de industria», recordamos la conocida fábula del metafísico que se demoraba en salir del hoyo preguntando qué era la cuerda que le habían arrojado: «¡Simple cordel!». He aquí que los naródnikis del Perm, con respecto a la libertad de industria, a la libertad de desarrollo del capitalismo, a la libertad de competencia, preguntan con desdén: ¡qué es la libertad de industria, una simple reivindicación burguesa! Ellos se elevan mucho más en sus deseos; ellos no quieren la libertad de competencia (¡qué deseo tan rastrero, estrecho, burgués!), sino la «organización del trabajo»… Pero basta con que estos sueños de Manílov choquen «cara a cara» con la realidad sin maquillaje y prosaica, para que de esa realidad emane de inmediato tal «organización del trabajo», que el naródnik se olvida del «daño» y del «peligro» del capitalismo, de la «posibilidad de otras vías para la patria», y clame por la «libertad de industria».

Repetimos, consideramos este deseo profundamente justo y pensamos que tal punto de vista (compartido no solo por el «Ocherk», sino por casi todos los autores que han escrito sobre esta cuestión) hace honor a los naródnikis. Pero… ¡Qué le vamos a hacer! De ningún modo se puede elogiar a los naródnikis sin poner de inmediato un «pero» enorme; sin embargo, tenemos que hacer al respecto dos observaciones esenciales.

Primero. Se puede estar seguro de que la inmensa mayoría de los populistas rechazará con indignación la justeza de nuestra identificación de la "libertad industrial" con la "libertad del capitalismo". Dirán que la eliminación de los monopolios y de los vestigios del derecho feudal no es sino una reivindicación de igualdad de derechos, un interés de "toda" la economía nacional en general y de la campesina en particular, y en modo alguno del capitalismo. Sabemos que los populistas dirán esto. Pero será falso. Desde los tiempos en que se veía la "libertad industrial" de manera tan idealista y abstracta, considerándola un "derecho humano" fundamental y natural (compárese la palabra subrayada en el "Ensayo"), ha transcurrido ya más de cien años. La reivindicación de la "libertad industrial" y la realización de esta reivindicación han recorrido desde entonces varios países, y en todas partes esta reivindicación fue la expresión de la discordancia entre el capitalismo creciente y los vestigios de los monopolios y la reglamentación; en todas partes sirvió de consigna a la burguesía avanzada; en todas partes condujo únicamente al triunfo completo del capitalismo. La teoría ha explicado entretanto plenamente toda la ingenuidad de la ilusión de que la "libertad industrial" es una reivindicación de la "razón pura", una exigencia de una abstracta "igualdad de derechos", y ha demostrado que la cuestión de la libertad industrial es una cuestión capitalista. La realización de la "libertad industrial" no es en modo alguno una transformación meramente "jurídica"; es una profunda reforma económica. La reivindicación de la "libertad industrial" significa siempre una discordancia entre las normas jurídicas (que reflejan relaciones de producción caducas) y las nuevas relaciones de producción, que se han desarrollado a pesar de las viejas normas, han crecido de ellas y reclaman su abolición. Si el régimen de los Urales provoca ahora un clamor universal por la "libertad industrial", esto significa que aquellas reglamentaciones, monopolios y privilegios heredados en beneficio de los terratenientes propietarios de fábricas, oprimen determinadas relaciones económicas, determinadas fuerzas económicas. ¿Y cuáles son estas relaciones y estas fuerzas? Son las relaciones de la economía mercantil. Estas fuerzas son las del capital, que dirige la economía mercantil. Recuérdese por lo menos la "confesión" del populista de Perm, citada anteriormente: "toda nuestra industria artesanal se halla bajo las ataduras de los capitales privados". Y aun sin esta confesión, los datos del censo artesanal hablan por sí mismos con harta elocuencia.

Segunda observación. Saludamos la defensa que los populistas hacen de la libertad industrial. Pero condicionamos este saludo a que dicha defensa se lleve a cabo consecuentemente. ¿Acaso la "libertad industrial" consiste únicamente en eliminar las prohibiciones de los Urales de abrir establecimientos que utilizan fuego? ¿Acaso la falta de derecho del campesino a salir de la comunidad, de derecho a dedicarse a cualquier oficio o actividad no representa una limitación mucho más sustancial de la "libertad industrial"? ¿Acaso la falta de libertad de desplazamiento, el hecho de que las leyes no reconozcan el derecho de cada ciudadano a elegir para residir cualquier comunidad urbana o rural del Estado, no limita la libertad industrial? ¿Acaso el aislamiento estamental de la comunidad campesina, la imposibilidad de que penetren en ella personas de la clase comerciante e industrial, no limita la libertad industrial?, etc., etc. Hemos mencionado limitaciones mucho más importantes, más generales, más extendidas de la libertad industrial, que ejercen su influencia en toda Rusia y, sobre todo, en toda la masa campesina. Si la "industria grande, mediana y pequeña" deben ser iguales en derechos, ¿acaso la última no debe recibir los mismos derechos de enajenación de tierras de que gozan las primeras? Si las leyes mineras de los Urales son "ataduras excepcionales que oprimen el desarrollo natural", ¿acaso la responsabilidad solidaria, la inalienabilidad de las parcelas, las leyes estamentales especiales y las disposiciones sobre traslados, cambios de estado, oficios y ocupaciones no constituyen "ataduras excepcionales"? ¿Acaso no "oprimen el desarrollo natural"?

He aquí que el populismo, también en este problema, ha puesto de manifiesto la misma falta de firmeza y la misma doblez que tan características son de toda ideología pequeñoburguesa [230]. Por una parte, los populistas no niegan que en nuestra vida hay una masa de vestigios de tal "organización del trabajo", cuyo origen se remonta a los tiempos de los principados independientes, y que se halla en la más flagrante contradicción con el régimen económico moderno, con todo el desarrollo económico y cultural del país. Por otra parte, no pueden dejar de ver que este régimen económico y este desarrollo amenazan con arruinar al pequeño productor y, aterrorizados por la suerte de este paladión de sus "ideales", los populistas se esfuerzan por retardar la historia, detener el desarrollo, ruegan e imploran que se "prohíba", que "no se permita", y encubren este lastimoso balbuceo reaccionario con frases sobre la "organización del trabajo", frases que no pueden por menos que sonar a amarga burla.

Para el lector, sin duda, ya está claro cuál es la principal y fundamental objeción que formulamos contra el programa práctico populista en las cuestiones de la industria moderna. En la medida en que las medidas populistas forman parte o coinciden con la transformación que desde los tiempos de Adam Smith se denomina libertad industrial (en el sentido amplio de la palabra), son progresistas. Pero, en primer lugar, en ellas no hay entonces nada de "populista", nada que apoye específicamente la pequeña producción y las "vías particulares" de la patria. En segundo lugar, esta parte positiva del programa populista se debilita y se desvirtúa al sustituir la cuestión general y fundamental de la libertad industrial por proyectos y medidas parciales y mezquinas. En cambio, en la medida en que los deseos populistas van contra la libertad industrial, intentando frenar el desarrollo moderno, son reaccionarios e insensatos, y su realización no puede aportar más que perjuicios. Tomemos ejemplos. El crédito. El crédito es una institución de la circulación mercantil más desarrollada, del intercambio civil más desarrollado. La realización de la "libertad industrial" conduce inevitablemente a la creación de instituciones crediticias como actividad comercial, a la eliminación del aislamiento estamental del campesinado, a su acercamiento con las clases que más utilizan el crédito, a la formación independiente de sociedades de crédito por los propios interesados, etc. Por el contrario, ¿qué importancia pueden tener las medidas crediticias ofrecidas a los "mujiks" por los miembros de los zemstvos y demás "intelectualidad", mientras las leyes y las instituciones coloquen al campesinado en una situación que excluye una circulación mercantil regular y desarrollada, una situación en la que, en lugar de la responsabilidad patrimonial (base del crédito), resultan mucho más fáciles, realizables, accesibles y usuales... ¡las prestaciones personales! En tales condiciones, las medidas crediticias serán siempre plantas alóctonas, extrañas, implantadas desde fuera en un suelo completamente inadecuado; resultarán un engendro nacido muerto, que solo pudieron parir intelectuales soñadores a lo Manilov y funcionarios benévolos, y del que se ríen y se reirán los verdaderos comerciantes del capital dinerario. Para no ser infundado, citemos la opinión de Egunov (artículo citado), a quien nadie sospechará de... "materialismo". Sobre los almacenes artesanales dice: "incluso en las circunstancias locales más favorables, un almacén fijo, y además el único en todo un distrito, nunca sustituirá ni podrá sustituir al comerciante eternamente móvil y personalmente interesado". Sobre el banco artesanal de Perm leemos: para obtener un préstamo, el artesano debe presentar una solicitud al banco o a su agente y nombrar fiadores. El agente llega, verifica la solicitud del artesano, recoge información detallada sobre la producción, etc. "y toda esta montaña de papeles, a costa del artesano, la envía a la dirección del banco". Una vez aprobado el préstamo, el banco envía (a través del agente o de la junta del volost) la obligación de deuda. Cuando el deudor la firma (con la certificación de la firma por las autoridades del volost) y la devuelve al banco, solo entonces le envían el dinero. Si el préstamo lo toma un artel, se requiere una copia del contrato de sociedad. Los agentes deben vigilar que los préstamos se gasten precisamente en aquello para lo que fueron concedidos, que los negocios de los clientes no se desbaraten, etc. "Es evidente que el crédito bancario no puede ser considerado en modo alguno accesible para los artesanos; se puede afirmar con seguridad que el artesano preferirá con mucho más gusto buscar crédito en el rico local, antes que someterse a todos los calvarios descritos, pagar los gastos postales, notariales y del volost, esperar meses enteros desde el día en que surge la necesidad del préstamo hasta el día de su recepción, y permanecer durante todo el plazo del préstamo en una situación de vigilancia" (pág. 170 del art. cit.). Tan insensata como es la opinión populista sobre un supuesto crédito anticapitalista, tan desatinados, toscos e improductivos son semejantes intentos (con medios inadecuados) de hacer, con las fuerzas de los "intelectuales" y los funcionarios, lo que en todas partes constituye el verdadero negocio de los comerciantes. – La educación técnica. Parece que de esto ya ni siquiera hace falta hablar... Recordemos acaso el proyecto, digno de "eterna conmemoración", de nuestro conocido escritor progresista, el Sr. Yuzhakov, de implantar en Rusia gimnasios agrícolas para que los campesinos y campesinas carentes de recursos pagaran con su trabajo el costo de sus estudios, sirviendo, por ejemplo, como cocineros y lavanderas [231]... Los arteles. Pero, ¿quién no sabe que los principales obstáculos para su difusión residen en las tradiciones de esa misma "organización del trabajo" que se reflejó también en las leyes mineras de los Urales? ¿Quién no sabe que la implantación de la libertad industrial en toda su amplitud condujo en todas partes a un florecimiento y desarrollo sin precedentes de todo tipo de uniones y asociaciones? Resulta extraordinariamente cómico ver cuando un populista intenta presentar a su adversario como enemigo de la organización en arteles, del cooperativismo, etc., en general. ¡Verdaderamente es querer cargar la culpa al sano! La cuestión es solo que, en la búsqueda de la idea de cooperativismo y de los medios para su realización, no hay que mirar hacia atrás, ni hacia el pasado, ni hacia el artesanado patriarcal y la pequeña producción, que engendran el aislamiento extremo, la dispersión y el embrutecimiento de los productores, sino hacia adelante, hacia el futuro, hacia el desarrollo del gran capitalismo industrial.

Sabemos perfectamente con qué magnífico desdén tratará el populista este programa de política industrial que contraponemos al suyo. ¡"Libertad industrial"! ¡Qué deseo tan viejo, estrecho, manchesteriano [232], burgués! El populista está convencido de que para él esto es un überwundener Standpunkt [233], de que ha sabido elevarse por encima de esos intereses transitorios y unilaterales que yacen en la base de tal deseo, de que ha sabido ascender a ideas más profundas y más puras sobre la "organización del trabajo"... Pero en realidad solo ha descendido de la ideología burguesa progresista a la ideología pequeñoburguesa reaccionaria, que oscila impotente entre las aspiraciones de acelerar el desarrollo económico moderno y detenerlo, entre los intereses de los pequeños patronos y los intereses del trabajo. Estos últimos coinciden, en la cuestión dada, con los intereses del gran capital industrial.