El censo por hogares de los artesanos-propietarios y pequeños patronos ha reunido datos interesantes sobre su agricultura. He aquí estos datos, agrupados en el «Esbozo» por subgrupos:

\* En el «Esbozo», estas cifras contienen visiblemente una errata (véase pág. 58), que hemos corregido.

Así pues, cuanto más acomodados son los artesanos como industriales, tanto más solventes son como agricultores. Cuanto más bajo es su papel en la producción, tanto más bajo es su nivel como agricultores. Los datos del censo artesanal confirman plenamente, por consiguiente, la opinión ya expresada en la literatura de que la descomposición de los artesanos en la industria marcha de la mano con la descomposición de esos mismos campesinos como agricultores (A. Volguin. *Fundamentación del populismo*, etc., pág. 211 y sigs.). Dado que los obreros asalariados entre los artesanos se hallan aún más abajo (o no más arriba) que los artesanos que trabajan para acaparadores, tenemos derecho a concluir que entre ellos hay aún mayor número de agricultores arruinados. El censo por hogares, como ya se ha señalado, no abarcó a los obreros asalariados. En cualquier caso, los datos aducidos muestran con claridad cuán risible es la afirmación del «Esbozo» de que «la posesión comunal de la tierra garantiza por igual la independencia industrial laboral tanto al propietario de un taller artesanal industrial como a su obrero asalariado».

La ausencia de datos detallados sobre la agricultura de los artesanos individuales, de los pequeños y grandes propietarios se hace sentir de modo particularmente acusado en los datos analizados. Para completar siquiera en parte esta laguna, debemos recurrir a los datos por oficios concretos; a veces se encuentran informaciones sobre el número de obreros agrícolas en poder de los propietarios[186], pero en el «Esbozo» no hay un resumen general de estas informaciones.

He aquí los curtidores-agricultores: 131 explotaciones. Poseen 124 obreros asalariados agrícolas; 16,9 desiátinas de siembra por hogar y 4,6 caballos; vacas, 4,1 (pág. 71). Los obreros asalariados (73 anuales y 51 temporales) reciben 2.492 rublos de salario, es decir, 20,1 rublos por persona, mientras que el salario medio del obrero en el oficio de curtición asciende a 52 rublos. También aquí, por tanto, se observa el fenómeno, común a todos los países capitalistas, de la situación más baja de los obreros en la agricultura que en la industria. Los «artesanos» curtidores representan, evidentemente, el más puro tipo de burguesía campesina, y la celebérrima, tan encomiada por los populistas, «unión del oficio con la agricultura» consiste en que los propietarios acomodados de empresas comerciales e industriales trasladan capital del comercio y la industria a la agricultura, pagando a sus jornaleros salarios increíblemente bajos[187].

He aquí los artesanos productores de aceite. De ellos, 173 son agricultores. Por explotación corresponden 10,1 desiátinas de siembra, 3,5 caballos y 3,3 vacas. No hay hogares sin caballos ni sin vacas. Obreros agrícolas: 98 (anuales y temporales) con un salario de 3.438 rublos, es decir, 35,1 rublos por persona. «Los residuos o tortas que se obtienen en la producción de aceite como desechos sirven de mejor forraje para el ganado, gracias a lo cual existe la posibilidad de realizar el abonado de los campos en mayor escala. De este modo, del oficio para la explotación agrícola se obtiene un triple beneficio: ingreso directo del oficio, ingreso del ganado y mejores cosechas en los campos» (164). «La agricultura la llevan (los productores de aceite) en gran escala, no contentándose muchos con las parcelas comunales, sino arrendando además tierra a las explotaciones de poca fuerza» (168). Los datos sobre la distribución por distritos de las siembras de lino y cáñamo muestran «cierta relación entre la magnitud de las siembras de lino y cáñamo y la difusión del oficio de producción de aceite por los distritos de la gubernia» (170).

Las empresas comerciales e industriales son aquí, por lo tanto, las llamadas producciones técnico-agrícolas, cuyo desarrollo caracteriza siempre el progreso de la agricultura comercial y capitalista.

He aquí los molineros-propietarios. La mayoría de ellos son agricultores: 385 de 421. Por hogar corresponden 11,0 desiátinas de siembra, 3,0 caballos y 3,5 vacas. Obreros agrícolas asalariados: 307 personas con un salario de 6.211 rublos. De modo análogo a la producción de aceite, «la producción de harina es para los propietarios de molinos un medio de venta en el mercado de los productos de su propia explotación en la forma más ventajosa para ellos» (178).

Parece que estos ejemplos bastan plenamente para mostrar cuán absurdo es comprender bajo el «artesano-agricultor» algo homogéneo, igual a sí mismo. Todos los agricultores mencionados son representantes de la pequeña agricultura burguesa, y unir tales tipos con el resto del campesinado, incluidas las explotaciones arruinadas, significa emborronar los rasgos más característicos de la realidad.

En la conclusión de la descripción del oficio de producción de aceite, los compiladores intentan objetar contra la «doctrina capitalista», que declara la estratificación del campesinado como una evolución del capitalismo. Tal planteamiento se basa supuestamente en la «afirmación completamente arbitraria de que la estratificación señalada es un hecho de la época más reciente y representa un indicio evidente del rápido crecimiento en el seno del campesinado del régimen capitalista de facto[188], a pesar de la existencia de la posesión comunal de la tierra de jure[189]» (176). Los compiladores objetan que la comuna jamás ha excluido ni excluye las estratificaciones de bienes, pero que ella «no las consolida, no crea clases»; «estas estratificaciones transitorias no se han agudizado con el paso del tiempo, sino que, por el contrario, se han ido suavizando paulatinamente» (177). Por supuesto, semejante afirmación, para cuya prueba se aducen los arteles (sobre ellos más abajo, § VII), las divisiones familiares (¡sic!) y los repartos de tierra (¡!), no puede sino provocar una sonrisa. Calificar de «arbitrario» el planteamiento sobre el crecimiento y el aumento de la diferenciación campesina significa ignorar los hechos generalmente conocidos del desposeimiento masivo de caballos de los campesinos y del abandono de la tierra, junto con los hechos del «progreso técnico en la explotación campesina» (cf. *Las corrientes progresivas en la explotación campesina*, del señor V. V.), el desarrollo de la cesión y el empeño de las parcelas junto con el crecimiento del arriendo, el aumento del número de empresas comerciales e industriales junto con el incremento del número de industriales que se desplazan, de estos obreros asalariados errantes, etc., etc.

El censo por hogares de los artesanos debía haber proporcionado un rico material sobre la cuestión, sumamente interesante, de la relación entre los ingresos y ganancias de los artesanos-agricultores y los ingresos de los artesanos no agricultores. Todos los datos de este tipo figuran en las tablas, pero en el «Esbozo» no se ha hecho un resumen, y nosotros mismos hemos tenido que emprender este resumen a partir de los datos del libro. Dicho resumen se basó, en primer lugar, en las recopilaciones del «Esbozo» por oficios concretos. A nosotros sólo nos restaba sumar los datos de los diferentes oficios. Pero este resumen no está dado en forma tabular para todos los oficios. A veces hubo que convencerse de que en él se habían deslizado errores o erratas, resultado natural de la ausencia de totales de verificación. En segundo lugar, el resumen se basó en la extracción de datos numéricos de las descripciones de ciertos oficios. En tercer lugar, a falta de una y otra fuente, hubo que recurrir directamente a las tablas (por ejemplo, para el último oficio: «extracción de minerales»). Se sobreentiende que un material de carácter tan diverso en nuestro resumen no podía por menos de conducir a errores e imprecisiones. Consideramos, sin embargo, que aunque los totales generales de nuestro resumen no han podido coincidir con los totales de la tabla, no obstante, las conclusiones del resumen pueden perfectamente servir al propósito, pues las magnitudes medias y las relaciones (que son las únicas que empleamos para las conclusiones) cambiarían de un modo extremadamente insignificante con cualquier corrección. Por ejemplo, según los totales de las tablas en el «Esbozo», la cuantía del ingreso bruto por 1 obrero es igual a 134,8 rublos, y según nuestro resumen, 133,3 rublos. El ingreso neto por 1 obrero familiar: 69,0 rublos y 68,0 rublos. La ganancia de 1 obrero asalariado: 48,7 rublos y 48,6 rublos.

He aquí los resultados de este resumen, que determinan la cuantía del ingreso bruto, el ingreso neto y la ganancia de los obreros asalariados por grupos y subgrupos.

He aquí los principales resultados de esta tabla:

1) La población industrial no agrícola toma parte en el oficio de un modo incomparablemente mayor (en comparación con su número) que la agrícola. En cuanto al número de obreros, los no agricultores son la mitad que los agricultores. Pero en cuanto a la producción bruta constituyen casi la mitad, aportando 1.276.772 rublos de 2.655.007, es decir, el 48,1%. Y en cuanto al ingreso de la producción, es decir, en cuanto a la cuantía del ingreso neto de los propietarios más el salario de los obreros asalariados, los no agricultores predominan incluso sobre los agricultores, aportando 647.666 rublos de 1.260.335, es decir, el 51,4%. Resulta, por consiguiente, que siendo minoría en número, los industriales no agricultores no ceden a los agricultores en cuanto a la magnitud de la producción. Este hecho es muy importante para valorar la enseñanza populista tradicional acerca de la agricultura como «principal pilar» de la llamada industria artesanal.

De este hecho se derivan naturalmente otras conclusiones:

2) La producción bruta de los no agricultores (ingreso bruto), en cálculo por 1 obrero, es considerablemente más alta que la de los agricultores: 192,2 rublos contra 103,8, es decir, casi el doble. Como veremos más abajo, el período de trabajo de los no agricultores es más prolongado que el de los agricultores, pero esta diferencia no es ni de lejos tan grande, de modo que la mayor productividad del trabajo entre los no agricultores no puede ser puesta en duda. Esta diferencia es menor en el 3er subgrupo, entre los artesanos que trabajan para acaparadores, lo que es completamente natural.

3) El ingreso neto de los propietarios y pequeños patronos entre los no agricultores es más del doble que entre los agricultores: 113,0 rublos contra 47,1 rublos (casi 2 1/2 veces). Esta diferencia se da en todos los subgrupos, pero es máxima en el 1er subgrupo, entre los artesanos que trabajan para la venta libre. Se sobreentiende que esta diferencia tanto menos puede ser explicada por la diferencia de los períodos de trabajo. No puede ser puesto en duda que esta diferencia depende de que el vínculo con la tierra rebaja el ingreso de los industriales; el mercado descuenta el ingreso de los artesanos proveniente de la agricultura, y los agricultores se ven forzados a contentarse con una ganancia más baja. A esto se agregan, probablemente, las mayores pérdidas en la venta entre los agricultores, y los mayores gastos en la compra de materiales, y la mayor dependencia de los comerciantes. El hecho en cualquier caso es que el vínculo con la tierra rebaja la ganancia del artesano. No hace falta extenderse sobre la enorme importancia de este hecho, que pone de manifiesto el verdadero significado del «poder de la tierra» en la sociedad moderna. Basta recordar la enorme importancia que tiene el bajo nivel del salario para mantener formas de producción basadas en la servidumbre y primitivas, para frenar el empleo de máquinas, para rebajar el nivel de vida de los obreros[190].

4) El salario de los obreros asalariados es también en todas partes más alto entre los no agricultores que entre los agricultores, pero esta diferencia no es ni de lejos tan grande como en el ingreso de los propietarios. En general, en los tres subgrupos, el obrero asalariado del propietario-agricultor gana 43,0 rublos, y el del no agricultor, 57,8 rublos, es decir, 1/3 más. Esta diferencia puede depender en grado considerable (pero tampoco plenamente) de las diferencias del período de trabajo. Sobre la relación de esta diferencia con el vínculo con la tierra no podemos juzgar, pues carecemos de datos sobre los obreros asalariados de agricultores y no agricultores. Además de la influencia del período de trabajo se manifiesta, por supuesto, también aquí la influencia del diferente nivel de necesidades.

5) La diferencia entre la magnitud del ingreso de los propietarios y el salario de los obreros asalariados es incomparablemente mayor entre los no agricultores que entre los agricultores: en los tres subgrupos, entre los no agricultores el ingreso del propietario es casi el doble que la ganancia del asalariado (113 rublos contra 57,8), mientras que entre los agricultores el ingreso del propietario es superior en una suma insignificante: ¡4,1 rublos (47,1 y 43,0)! Si estas cifras son sorprendentes, aún más hay que decir esto de los artesanos-agricultores (I, 2), ¡entre los cuales el ingreso de los propietarios es inferior al salario de los obreros asalariados! Sin embargo, este fenómeno será plenamente comprensible cuando aduzcamos más abajo datos sobre las enormes diferencias de la magnitud del ingreso en los establecimientos grandes y pequeños. Al elevar la productividad del trabajo, los grandes establecimientos posibilitan pagar un salario que supera el ingreso de los pobres: los artesanos individuales, cuya «independencia» resulta, al subordinarse al mercado, completamente ficticia. Esta enorme diferencia entre los ingresos de los establecimientos grandes y pequeños se manifiesta en ambos grupos, pero entre los agricultores de un modo mucho más fuerte (a consecuencia del mayor abatimiento de los pequeños artesanos). La insignificante diferencia entre el ingreso del pequeño patrón y la ganancia del asalariado muestra de modo patente que el ingreso del pequeño artesano-agricultor, que no tiene asalariados, no es más alto, y a menudo es incluso más bajo que el salario del obrero asalariado. En efecto, la magnitud del ingreso neto del propietario (47,1 rublos por 1 obrero familiar) es una magnitud media para todos los establecimientos, grandes y pequeños, para fabricantes y artesanos individuales. Es comprensible que entre los grandes propietarios la diferencia entre los ingresos netos del propietario y la ganancia del asalariado no sea de 4 rublos, sino de 10 a 100 veces mayor, y esto significa que el ingreso del pequeño artesano, del artesano individual, es considerablemente inferior a 47 rublos, es decir, este ingreso no es más alto, y a menudo es más bajo que el salario del obrero asalariado. Los datos del censo artesanal sobre la distribución de los establecimientos por la rentabilidad neta (véase más abajo, § V) confirman plenamente esta conclusión, aparentemente paradójica. Pero estos datos se refieren a todos los establecimientos en general, sin distinción de agricultores y no agricultores, y he aquí por qué para nosotros es especialmente importante el resultado dado de la tabla anteriormente aducida: hemos sabido que las ganancias más bajas pertenecen precisamente a los agricultores, que «el vínculo con la tierra» rebaja enormemente las ganancias.

Hablando de la diferencia de ingresos entre los agricultores y los no agricultores, ya hemos mencionado que no se la puede explicar por la diferencia de los períodos de trabajo. Veamos, pues, los datos del censo artesanal sobre esta cuestión. En el programa del censo, según hemos sabido por la «introducción», entró la investigación de «la intensidad de la producción a lo largo del año, sobre la base del número de familiares y obreros asalariados ocupados en la producción por meses» (pág. 14). Dado que el censo era por hogares, es decir, cada establecimiento se investigaba por separado (lamentablemente, al «Esbozo» no se adjunta el formulario del cuestionario por hogares), hay que suponer que sobre cada establecimiento se recogieron datos sobre el número de obreros por meses o sobre la duración de los meses de trabajo al año en cada establecimiento. Estos datos están resumidos en el «Esbozo» en una sola tabla (pág. 57, 58), en la que para cada subgrupo de ambos grupos se indica el número de obreros (familiares y asalariados juntos) ocupados en cada mes del año.

El intento del censo artesanal de 1894/95 de determinar con tanta precisión el número de meses de trabajo entre los artesanos es sumamente instructivo e interesante. En efecto, sin tales informaciones, los datos sobre los ingresos y las ganancias serían incompletos, y los cálculos estadísticos serían sólo aproximados. Pero, lamentablemente, los datos sobre el período de trabajo están elaborados de modo muy insuficiente: además de esta tabla general, se dan sólo informaciones para algunos oficios sobre el número de obreros por meses, a veces con división por grupos, a veces sin tal división; en cuanto a la división por subgrupos, no la hay para ningún oficio. La separación de los grandes establecimientos sería para esta cuestión especialmente importante, pues tenemos derecho a suponer, tanto *a priori* como por datos de otros investigadores de la industria artesanal, que los períodos de trabajo de los grandes y pequeños artesanos no son iguales. Además, la propia tabla de la pág. 57 está compilada, al parecer, no sin errores o erratas (por ejemplo, en los meses: febrero, agosto, noviembre; las columnas 2ª y 3ª en el II grupo están visiblemente confundidas, pues el número de obreros en el 3er subgrupo es mayor que en el segundo). Incluso después de corregir estas imprecisiones (corrección a veces aproximada), esta tabla suscita no pocas dudas, que hacen arriesgado su uso. En efecto, examinando los datos de esta tabla por subgrupos, vemos que en el subgrupo 3º (gr. I) el máximo de obreros ocupados recae en diciembre, constituyendo 2.911 obreros. Mientras tanto, en total, en el 3er subgrupo el «Esbozo» cuenta 2.551 obreros. Lo mismo en el 3er subgrupo del II grupo: máximo, 3.221, y el número real de obreros, 3.077. Por el contrario, en algunos subgrupos, los máximos de obreros ocupados en uno de los meses son inferiores al número real de obreros. ¿Cómo explicar este fenómeno? ¿Acaso por el hecho de que para la cuestión dada se recogieron informaciones no sobre todos los establecimientos? Esto es muy probable, pero en el «Esbozo» no hay ni una palabra al respecto. En el 2º subgrupo del II grupo, no sólo el máximo de obreros (febrero) es mayor que el número real de obreros (1.882 contra 1.163), sino que el número medio de obreros ocupados en un mes (es decir, el cociente obtenido de dividir la suma de obreros ocupados en 12 meses entre 12) es mayor que el número real de obreros (1.265 contra 1.163). Cabe preguntarse: ¿qué número de obreros consideraban los empadronadores como real: la media anual, la media de algún período (por ejemplo, del invierno) o el número presente en un mes determinado del año? El examen de los datos sobre el número mensual de obreros en oficios concretos no ayuda a resolver todas estas perplejidades. Para la mayoría de los 23 oficios sobre los cuales se dan estas informaciones, el máximo de obreros ocupados en uno de los meses del año es inferior al número real de obreros. Para 2 oficios este máximo es superior al número real de obreros: en el oficio de objetos de cobre (239 contra 233) y en el de herrería (II grupo: 1.811 contra 1.269). Para dos oficios, el máximo es igual al número real de obreros (cordelería y producción de aceite, II grupos).

En tales condiciones, utilizar los datos sobre la distribución mensual de obreros para compararlos con las sumas de ganancias, con el número real de obreros, etc., resulta imposible. Sólo queda tomar estos datos sin relación con otros, comparar los máximos y mínimos de obreros ocupados por meses. Así se hace en el «Esbozo», pero en este caso se comparan meses sueltos. Nosotros encontramos más correcto comparar el invierno y el verano: entonces podemos seguir en qué medida la agricultura aparta a los obreros del oficio. Tomamos el número medio de obreros ocupados en invierno (octubre–marzo) como norma y, aplicando esta norma al número de obreros ocupados en verano, obtenemos el número de meses de trabajo veraniegos. La suma de los meses de invierno y verano daba el número de meses de trabajo al año. Aclaremos con un ejemplo. En el 1er subgrupo del I grupo, en seis meses de invierno están ocupados 18.060 obreros; significa que en un mes de invierno están ocupados en promedio (18.060 : 6 =) 3.010 obreros. En verano están ocupados 12.345 obreros, es decir, el período de trabajo en verano constituye (12.345 : 3.010) 4,1 meses. Por tanto, el período de trabajo en el 1er subgrupo del I grupo constituye 10,1 meses al año.

Este método de elaboración de los datos nos parecía el más correcto y el más cómodo. El más correcto, porque se basa en la comparación de los meses de invierno y verano, por tanto, en la determinación precisa de en qué medida la agricultura aparta a los obreros del oficio. Que los meses de invierno se han tomado correctamente lo confirma el hecho de que precisamente desde octubre y precisamente hasta marzo, en ambos grupos, el número de obreros es superior a la media del año. Precisamente de septiembre a octubre el número de obreros aumenta con la mayor intensidad, y precisamente de marzo a abril disminuye con la mayor intensidad. Por lo demás, la elección de otros meses alteraría las conclusiones de modo muy insignificante. Consideramos el método tomado como el más cómodo porque expresa el período de trabajo con un número exacto, permitiendo comparar a este respecto los grupos y subgrupos.

He aquí los datos obtenidos por este procedimiento:

Estos datos llevan a la conclusión de que la diferencia en el período de trabajo entre los agricultores y los no agricultores es extremadamente pequeña: entre los no agricultores, el período de trabajo es sólo un 5% más largo. La insignificancia de esta diferencia suscita dudas sobre la exactitud de las cifras. Emprendimos algunos cálculos y resúmenes del material disperso en el libro para verificarlos, y llegamos a las siguientes conclusiones:

De los 43 oficios, para 23 se dan en el «Esbozo» informaciones sobre la distribución mensual de obreros; para 12 (13)[191] oficios estas informaciones están desglosadas por grupos, y para 10 no lo están. Resulta que en tres oficios (alquitrán y brea, tintorería de azul y ladrillería) el número de obreros en verano es mayor que en invierno: en los seis meses de invierno hay ocupados en total 1.953 personas en estos tres oficios, y en los 6 de verano, 4.918 personas. El número de agricultores en estos oficios predomina enormemente sobre los no agricultores, constituyendo el 85,9% del total de obreros. Es comprensible que la unión en los totales generales por grupos de estos oficios, por así decir, veraniegos con los demás fuera completamente incorrecta, pues esto significaba unir cosas heterogéneas y elevar artificialmente el número de obreros veraniegos en todos los oficios. Para corregir el error que de ello se deriva, hay dos medios. El primero: restar los datos de estos tres oficios de los totales del «Esbozo» para los grupos I y II[192]. Obtenemos un período de trabajo para el I grupo de 9,6 meses, para el II, 10,4 meses. Aquí la diferencia entre ambos grupos es mayor, pero de todos modos es muy pequeña: 8,3%. El segundo medio para corregir el error consiste en el resumen de los datos de los 12 oficios para los cuales se dan en el «Esbozo» informaciones sobre la distribución mensual de obreros en el I y en el II grupo por separado. Tal resumen abarcará el 70% del total de artesanos, y la comparación entre el I y el II grupo será más correcta. Resultó que en estos 12 oficios el período de trabajo para el I grupo es igual sólo a 8,9 meses, y para el II, a 10,7 meses, y para ambos grupos juntos, 9,7 meses. Aquí el período de trabajo entre los no agricultores es un 20,2% más largo que entre los agricultores. Los agricultores cesan el trabajo en verano durante 3,1 meses, y los no agricultores sólo durante 1,3 meses. Si tomamos la relación máxima de los períodos de trabajo en los grupos II y I como norma, aun entonces resulta que no sólo las diferencias en la producción bruta de los obreros de los grupos I y II o en la rentabilidad neta de sus establecimientos, sino incluso las diferencias en el salario de los obreros asalariados entre agricultores y no agricultores no pueden explicarse por la diferencia de los períodos de trabajo. Por consiguiente, la conclusión hecha más arriba de que el vínculo con la tierra rebaja las ganancias de los artesanos se mantiene en plena fuerza.

Por ello, debe reconocerse como un error la opinión de los compiladores del «Esbozo», que desean explicar la diferencia en la ganancia de los agricultores y los no agricultores por la diferencia de los períodos de trabajo. Su error derivó de que no intentaron expresar las diferencias de los períodos de trabajo con cifras exactas, y por ello cayeron en el error. Por ejemplo, en la pág. 106 del «Esbozo» se dice que la diferencia de las ganancias de los peleteros-agricultores y los peleteros-no agricultores «se determina principalmente por la cantidad de días de trabajo que se dedican al oficio». Mientras tanto, los ingresos de los no agricultores superan los ingresos de los agricultores en este oficio en 2–4 veces (por un obrero familiar en el 1er subgrupo: 65 y 280 rublos; en el 2º: 27 y 62 rublos), y el período de trabajo entre los no agricultores es más largo en total un 28,7% (8,5 meses contra 6,6).

El hecho de la disminución de la ganancia a consecuencia del vínculo con la tierra no pudo escapar tampoco a los compiladores del «Esbozo», quienes, sin embargo, lo expresaron con la habitual fórmula populista sobre la «ventaja» de la forma artesanal frente a la capitalista: «uniendo la agricultura con el oficio, el artesano… puede vender sus productos más baratos que los fabriles» (pág. 4), puede, en otras palabras, contentarse con una ganancia menor. Solo que ¿en qué consiste aquí la «ventaja» del vínculo con la tierra, si el mercado ya domina hasta tal punto sobre toda la producción del país que descuenta este vínculo, rebajando la ganancia del artesano-agricultor? ¿Si el capital sabe aprovechar este «vínculo» para una mayor presión sobre el artesano-agricultor, menos capaz de autodefensa, de elegir otro patrón, otro comprador, otra ocupación? La disminución del salario (y de la ganancia industrial en general) en presencia de un pedazo de tierra en poder del obrero (y del pequeño industrial) es un fenómeno común a todos los países capitalistas, un fenómeno perfectamente conocido por todos los empresarios, que hace muchísimo tiempo valoraron las enormes «ventajas» de los obreros atados a la tierra. Sólo en el podrido Occidente las cosas se llaman directa y claramente por su nombre, mientras que entre nosotros la disminución del salario, la disminución del nivel de vida de los trabajadores, el freno a la introducción de máquinas, el afianzamiento de toda forma de servidumbre se califican de «ventaja» de la «producción popular», que «une la agricultura con el oficio»…

Para concluir el examen de los datos del censo artesanal de 1894/95 sobre el período de trabajo, no podemos una vez más dejar de expresar nuestra pena por la falta de elaboración de los datos obtenidos y no desear que este fracaso no desanime a otros investigadores de esta interesante cuestión. El método de investigación (la determinación de la distribución mensual de las fuerzas de trabajo) no puede por menos de ser reconocido como escogido de modo muy acertado. Más arriba adujimos datos sobre el período de trabajo por grupos y subgrupos. Los datos por grupos pudimos aún verificarlos en cierta medida. Los datos por subgrupos son completamente inverificables, pues en el libro no hay absolutamente ninguna información sobre la diferencia en el período de trabajo por los distintos subgrupos. Por ello, al exponer estos datos, haremos la salvedad de que no se puede responder de su plena fiabilidad, y si hacemos conclusiones ulteriores, es sólo para plantear la cuestión y llamar hacia ella la atención de los investigadores. La conclusión más importante es que la diferencia mínima en los períodos de trabajo de los grupos I y II se da en el 1er subgrupo (en total un 1%: 10,1 y 10,0 meses), es decir, son los artesanos más acomodados y los agricultores más grandes y solventes los que menos se apartan de la agricultura. La diferencia mayor se da entre los artesanos (2º subgrupo: 9,5 y 10,4 meses), es decir, entre los industriales menos afectados por la economía mercantil y los agricultores medios. Resulta como si entre los agricultores acomodados el escaso apartamiento de la agricultura dependiera bien de la mayor composición de sus familias, bien de la mayor explotación del trabajo asalariado en el oficio, bien de la contratación por ellos de obreros agrícolas; y que el máximo apartamiento de la agricultura entre los artesanos está en relación con su mínima descomposición como agricultores, con la máxima conservación de las relaciones patriarcales y del trabajo directo para consumidores-agricultores, que reducen sus encargos en verano[193].

— «El vínculo con la agricultura», según los datos del censo, se refleja de modo sumamente nítido en el alfabetismo de los artesanos; el alfabetismo de los obreros asalariados, lamentablemente, no ha sido investigado. Resulta que la población no agrícola[194] es considerablemente más alfabeta que la agrícola, observándose esta relación sin excepción en todos los subgrupos y tanto para los hombres como para las mujeres. He aquí *in extenso*[195] los datos del censo sobre esta cuestión en porcentajes (pág. 62):

Es interesante señalar que en la población no agrícola el alfabetismo se difunde mucho más rápidamente entre las mujeres que entre los hombres. El porcentaje de hombres alfabetos en el II grupo es 1 1/2–2 veces mayor que en el I, y el porcentaje de mujeres alfabetas es 2 1/2–5 3/4 veces mayor.

Resumiendo las conclusiones que ha dado el censo artesanal de 1894/95 sobre «la agricultura en vínculo con el oficio», podemos constatar que el vínculo con la agricultura:

1) frena las formas más atrasadas de la industria y obstaculiza el desarrollo económico;

2) rebaja las ganancias e ingresos de los artesanos, de modo que los subgrupos más solventes de los agricultores-propietarios reciben, en general y en promedio, menos que los subgrupos peor situados de los obreros asalariados entre los no agricultores, por no hablar ya de los no agricultores-propietarios. Incluso en comparación con los obreros asalariados en el I grupo de propietarios de este mismo grupo, resultan ingresos muy bajos, que sólo en muy poco superan las ganancias de los obreros asalariados, y a veces incluso descienden por debajo de ellas;

3) frena el desarrollo cultural de la población, que tiene un nivel más bajo de necesidades y se atrasa mucho en alfabetismo respecto a los no agricultores.

Estas conclusiones nos servirán más abajo al valorar el programa populista de política industrial.

4) Entre los artesanos-agricultores se constata una descomposición paralela a la descomposición de los industriales. A este respecto, las categorías superiores (por solvencia) de los agricultores representan un puro tipo de burguesía campesina, que basa su explotación en la contratación de jornaleros y peones rurales.

5) El período de trabajo entre los agricultores es más corto que entre los no agricultores, pero esta diferencia es muy pequeña (5%–20%).

# V. Establecimientos grandes y pequeños. — Los ingresos de los artesanos

Es necesario detenerse con más detalle en los datos del censo artesanal de 1894/95 sobre los ingresos de los artesanos. El intento de recoger datos por hogares sobre los ingresos es demasiado instructivo, y limitarse a las «medias» generales por subgrupos (aducidas más arriba) sería un procedimiento completamente incorrecto. Ya hemos hablado más de una vez del carácter ficticio de las «medias» obtenidas sumando a los artesanos individuales y a los propietarios de grandes establecimientos y dividiendo la suma por el número de sumandos. Intentemos, pues, reunir los datos existentes en el «Esbozo» sobre esta cuestión para mostrar con claridad y demostrar ese carácter ficticio, demostrar la necesidad, en las investigaciones científicas y en la elaboración de los datos de los censos por hogares, de agrupar a los artesanos en categorías según el número de obreros (tanto familiares como asalariados) en el taller y aducir todos los datos del censo por esas categorías.

Los compiladores del «Esbozo» no pudieron por menos de advertir el hecho, que salta a la vista, de la mayor rentabilidad de los grandes establecimientos y se esforzaron por atenuar su significado. En lugar de datos precisos del censo sobre los grandes establecimientos (destacar estos datos no habría sido difícil), se limitaron de nuevo a consideraciones generales, conjeturas y argumentos contra las conclusiones desagradables para el populismo. Veamos esos argumentos.

«Si en semejantes establecimientos (grandes) encontramos un ingreso familiar desproporcionadamente mayor, en comparación con los pequeños, no debemos perder de vista que una parte considerable de ese ingreso es principalmente la reproducción del valor, en 1er lugar, de una cierta parte del capital fijo que ha pasado a los productos; en 2º lugar, del trabajo y los gastos de carácter comercial y de tránsito, ajenos a la producción; y, en 3er lugar, del valor de la manutención alimenticia de aquellos obreros asalariados que se mantienen a costa de la comida del patrón. ¡Con estos hechos (! ¡menudos hechos!) se limita la posibilidad de ciertas ilusiones respecto a una representación exagerada de las ventajas en la producción artesanal del trabajo asalariado o, lo que es lo mismo, del elemento capitalista»» (pág. 15). De que «limitar» la posibilidad de ilusiones es muy deseable para la investigación, nadie, por supuesto, dudará, pero para ello es necesario oponer a las «ilusiones» precisamente hechos, recogidos por el censo por hogares, y no las propias conjeturas, que a veces se refieren enteramente a las «ilusiones». En efecto, ¿no es una ilusión la consideración de los autores sobre los gastos comerciales y de tránsito? Pues ¿quién no sabe que para el gran industrial estos gastos por unidad de producto son incomparablemente menores que para el pequeño[196], que el primero compra el material más barato, vende el producto más caro, sabiendo (y estando en condiciones de) elegir el tiempo y el lugar? El censo artesanal da también indicios de estos hechos generalmente conocidos: cf., por ejemplo, las págs. 204 y 263, y no puede uno por menos de lamentar que en el «Esbozo» no haya hechos sobre los gastos de compra de materia prima y venta del producto entre los industriales grandes y pequeños, entre los artesanos y los acaparadores. Además, en lo que respecta a la parte desgastada del capital fijo, los autores tuvieron de nuevo que caer en la ilusión, guerreando contra la ilusión. Es sabido por la teoría que los grandes gastos en capital fijo reducen la parte del valor que se desgasta y pasa al producto en cálculo por unidad de producto. «El análisis comparativo de los precios de las mercancías manuales o manufactureras y de las mismas mercancías producidas por máquinas da en general el resultado de que en el producto maquinizado la parte del valor que se transfiere desde los medios de trabajo crece relativamente, pero disminuye absolutamente. Es decir, su magnitud absoluta disminuye, pero su magnitud en relación con todo el valor del producto, por ejemplo, de una libra de hilado, aumenta» (*Das Kapital*, I², S. 406[197]). El censo también contabilizó los gastos de producción, entre los cuales entra (pág. 14, punto 7º) «la reparación de herramientas y accesorios». ¿Qué fundamentos hay para pensar que las lagunas en el registro de este punto se encuentran más a menudo entre los grandes que entre los pequeños propietarios? ¿No es más bien al contrario? En cuanto a la manutención de los obreros asalariados, no hay ningún hecho sobre esta cuestión en el «Esbozo»: no sabemos cuántos obreros exactamente reciben manutención del patrón, cuán frecuentes son las lagunas del censo en este punto, cuán a menudo los propietarios-agricultores mantienen a los asalariados con productos de su explotación, cuán a menudo los propietarios incluían la manutención de los obreros en los gastos de producción. Tampoco hay ningún hecho sobre la desigual duración de los períodos de trabajo en los establecimientos grandes y pequeños. No negamos en absoluto que el período de trabajo en los grandes establecimientos es, con toda probabilidad, más largo que en los pequeños, pero, en 1er lugar, las diferencias de rentabilidad son incomparablemente mayores que las diferencias del período de trabajo; y, en 2º lugar, queda por constatar que contra los hechos precisos del censo por hogares (que se aducen más abajo) los estadísticos de Perm no han sabido aducir ni una sola objeción de peso, basada en datos exactos, en defensa de las «ilusiones» populistas.

Los datos sobre los establecimientos grandes y pequeños los obteníamos del siguiente modo: se examinaban las tablas adjuntas al «Esbozo», se señalaban los grandes establecimientos (cuando se podían separar, es decir, cuando no estaban fundidos con la masa de establecimientos en un total general) y se comparaban con los totales generales del «Esbozo» para todos los establecimientos del mismo grupo y subgrupo. La cuestión es tan importante que esperamos que los lectores no se quejarán por la abundancia de cuadros que se aducen a continuación: en los cuadros los datos resaltan con más nitidez y compacidad.

El oficio de fieltrado de calzado:

Así pues, el ingreso «medio» por un obrero familiar de 75 rublos se obtuvo sumando ingresos de 222 rublos y de 41 rublos. Resulta que, deducidos los 10 grandes establecimientos[198] con 14 obreros familiares, los demás establecimientos dan un ingreso neto inferior al salario del obrero asalariado (41,2 rublos contra 45,6), y en los grandes establecimientos el salario aún se eleva. La productividad del trabajo en los grandes establecimientos es más del doble (168,0 y 82,4), el salario del obrero asalariado casi el doble (53 y 28), el ingreso neto quintuplicado (222 y 41). Está claro que ni con diferencias del período de trabajo ni con ninguna otra conjetura se puede eliminar el hecho de que los grandes establecimientos tienen mayor productividad del trabajo[199] y mayor rentabilidad, y que los pequeños artesanos reciben menos que los obreros asalariados a pesar de toda su «independencia» (1er subgrupo: trabajan independientemente para el mercado) y de su vínculo con la tierra (I grupo).

En el oficio de carpintería, en el 1er subgrupo del I grupo, el «ingreso neto» de las familias es igual «en promedio» a 37,4 rublos por 1 obrero familiar, mientras que la ganancia media de un obrero asalariado en este mismo subgrupo es igual a 56,9 rublos (pág. 131). No se pueden separar los grandes establecimientos por las tablas, pero difícilmente puede dudarse de que esta magnitud «media» del ingreso por 1 obrero familiar es el resultado de sumar establecimientos de altos ingresos con obreros asalariados (a los cuales se les paga por algo 56 rublos) y los minúsculos talleres de los pequeños artesanos «independientes», que reciben mucho menos que el obrero asalariado.

A continuación, el oficio de esteras:

Así pues, 11 establecimientos de 99 concentran casi la mitad de toda la producción. La productividad del trabajo en ellos es más del doble; el salario de los obreros asalariados también es más alto; el ingreso neto es más del séxtuplo del «medio» y casi diez veces mayor que el ingreso de los demás, es decir, de los artesanos más pequeños. Los ingresos de estos últimos son ya poco superiores a la ganancia de los asalariados (34 y 26).

El oficio de cordelería[200]:

Así pues, también aquí las «medias» generales muestran ingresos superiores entre los obreros familiares frente a los asalariados (90 contra 65,6). Pero de 58 establecimientos, 4 concentran más de la mitad de toda la producción. En estos establecimientos (manufacturas capitalistas de tipo puro)[201] la productividad del trabajo es casi el triple de la media (800 y 286) y más del quíntuplo que en los demás, es decir, los establecimientos más pequeños (800 y 146). El salario de los obreros asalariados en las fábricas es considerablemente más alto que entre los pequeños patronos (84 y 45). El ingreso neto de los fabricantes asciende a más de 1.000 rublos por familia contra 90 rublos «en promedio» y 60,5 rublos entre los pequeños artesanos. Los pequeños artesanos obtienen, de este modo, un ingreso inferior al salario de los asalariados (60,5 y 65,6). El oficio de alquitrán y brea:

Así pues, también en esta producción, en general muy pequeña, con un número muy reducido de obreros asalariados (20%), en el grupo agrícola, entre los artesanos independientes se observa el mismo fenómeno puramente capitalista de superioridad de los establecimientos grandes (comparativamente). ¡Y la producción de alquitrán y brea es un típico oficio campesino, «popular»! En los grandes establecimientos, la productividad del trabajo es más del triple, el salario de los obreros asalariados como una vez y media más alto, el ingreso neto ocho veces superior a la «media» y diez veces superior a la ganancia de los demás artesanos familiares, que ganan no más que el obrero asalariado medio y menos que el obrero asalariado en los establecimientos más grandes. Señalemos que la producción de alquitrán y brea se lleva a cabo principalmente en verano, por lo que las diferencias en el período de trabajo no pueden ser significativas[202].

El oficio de panadería:

Es decir, de nuevo las cifras medias para todo el subgrupo resultan completamente ficticias. Los grandes establecimientos (de pequeños capitalistas) concentran la mayor mitad de toda la producción, dan una rentabilidad neta seis veces superior a la media y 14 veces mayor que entre los pequeños patronos, y pagan a los obreros asalariados un salario que supera el ingreso de los pequeños artesanos. No hablamos de la productividad del trabajo: en los 3–4 grandes establecimientos se produce un producto más valioso: la melaza.

La producción de alfarería. De nuevo un típico oficio campesino pequeño con un número insignificante de obreros asalariados (13%), con establecimientos muy pequeños (menos de 2 obreros por establecimiento), con un número predominante de agricultores. También aquí vemos lo mismo:

Aquí, por tanto, resulta de inmediato que según las cifras «medias», la ganancia del obrero asalariado es superior al ingreso del obrero familiar. La separación de los grandes establecimientos aclara esta contradicción, que ya hemos constatado más arriba en los datos masivos. En los grandes establecimientos son incomparablemente más altas tanto la productividad del trabajo como el salario y el ingreso de los propietarios; en cambio, los pequeños artesanos reciben menos que los obreros asalariados y más del doble menos en comparación con los obreros asalariados en los talleres mejor situados.

La producción de ladrillos:

Así pues, también aquí el ingreso «medio» de un obrero familiar resulta inferior al salario del asalariado. También aquí la explicación de este fenómeno reside en la unión de los grandes establecimientos, que se distinguen por una productividad del trabajo incomparablemente mayor, un salario más alto para los obreros asalariados y una rentabilidad muy alta (comparativamente), con los pequeños establecimientos, cuyos patroncillos obtienen un ingreso casi la mitad menor frente al salario de los obreros asalariados en los grandes talleres.

Podríamos aducir datos también sobre otros oficios[203], pero creemos que con estos hay más que suficiente.

Resumamos ahora las conclusiones que se desprenden de los datos examinados:

1) La unión de los establecimientos grandes y pequeños juntos da cifras «medias» completamente ficticias, que no dan ninguna idea de la realidad, que emborronan diferencias cardinales, que presentan como homogéneo algo completamente heterogéneo, de composición diversa.

2) Los datos sobre toda una serie de oficios atestiguan que los establecimientos grandes (por el número total de obreros) se distinguen de los medianos y pequeños:

a) por una productividad del trabajo incomparablemente más alta;

b) por un salario más alto para los obreros asalariados;

c) por una rentabilidad neta incomparablemente más alta.

3) Todos sin excepción los grandes establecimientos que hemos separado emplean en proporciones incomparablemente mayores el trabajo asalariado (en comparación con los establecimientos medios del oficio dado), el cual supera considerablemente por su papel al trabajo familiar. Su productividad alcanza decenas de miles de rublos, y el número de obreros asalariados, diez y más personas por establecimiento. Estos grandes establecimientos representan, pues, talleres capitalistas. Los datos del censo artesanal demuestran, por consiguiente, en la tan traída y llevada producción «artesanal» la presencia de leyes y relaciones puramente capitalistas; demuestran la completa superioridad de los talleres capitalistas, basados en la cooperación de obreros asalariados, sobre los artesanos individuales y, en general, sobre los pequeños artesanos, superioridad tanto por la productividad del trabajo como por la remuneración del trabajo incluso de los obreros asalariados.

4) En toda una serie de oficios, la ganancia de los pequeños artesanos independientes resulta no más alta, y a menudo incluso más baja, que la ganancia de los obreros asalariados en el mismo oficio. Esta diferencia debe acentuarse aún más si a la ganancia de los asalariados se añade la manutención que algunos de ellos reciben.

Esta última conclusión la separamos de las tres primeras en el sentido de que aquellas expresan fenómenos universales y obligatorios según las leyes de la producción mercantil, mientras que aquí no podemos ver un fenómeno universalmente obligatorio. Lo formulamos, por tanto, así: dada la más baja productividad del trabajo de los pequeños establecimientos y la situación indefensa de sus patroncillos (especialmente de los agricultores) en el mercado, es plenamente posible el fenómeno de que la ganancia del artesano independiente resulte inferior al salario del asalariado, y los datos dicen que este fenómeno se da muy a menudo en la realidad.

El significado probatorio de los cálculos aducidos no puede ser puesto en duda, pues hemos tomado toda una serie de oficios, no los hemos elegido al azar, sino que hemos aducido todos aquellos en los que las tablas permitían separar los grandes establecimientos; no hemos tomado establecimientos sueltos, sino todos los establecimientos del tipo dado, comparando con ellos siempre varios grandes establecimientos de diversos distritos. Pero sería deseable dar a los fenómenos descritos una expresión más general y más precisa. Por suerte, en el «Esbozo» hay datos que permiten realizar en parte tal deseo. Se trata de los datos sobre la distribución de los establecimientos por su rentabilidad neta. Para cada oficio concreto se indica en el «Esbozo» cuántos establecimientos tienen un ingreso neto de hasta 50 rublos, hasta 100 rublos, hasta 200 rublos, etc. Precisamente estos datos los hemos reunido nosotros. Resultó que se tienen para 28 oficios[204], abarcando 8.364 establecimientos, es decir, el 93,2% del total (8.991). En total, en estos 28 oficios hay 8.377 establecimientos (13 establecimientos no están distribuidos por rentabilidad) con 14.135 obreros familiares + 4.625 asalariados, en total 18.760 obreros, lo que constituye el 93,9% del total de obreros. Es comprensible que basándonos en estos datos sobre el 93% de los artesanos tenemos pleno derecho a concluir acerca de todos, pues no hay ningún fundamento para suponer que el 7% restante difiera de este 93%. Antes de aducir los datos de nuestro resumen, es necesario señalar lo siguiente:

1) Los compiladores del «Esbozo», al presentar esta agrupación, no siempre mantuvieron estrictamente la igualdad y homogeneidad de las denominaciones de cada grupo. Por ejemplo, dicen: «hasta 100 rublos», «menos de 100 rublos», a veces incluso «a 100 rublos». No siempre señalan el límite inicial y final del tramo, es decir, a veces empiezan a agrupar desde el tramo «hasta 100 rublos», a veces desde el tramo «hasta 50 rublos», «hasta 10 rublos», etc.; a veces terminan la agrupación con el tramo «1.000 rublos y más», a veces aducen tramos «2.000–3.000 rublos», etc. Todas estas imprecisiones no pueden tener ninguna importancia seria. Hemos reunido todos los tramos que se aducen en el «Esbozo» (son 15: hasta 10 r., hasta 20 r., hasta 50 r., hasta 100 r., hasta 200 r., hasta 300 r., hasta 400 r., hasta 500 r., hasta 600 r., hasta 700 r., hasta 800 r., hasta 900 r., hasta 1.000 r., 1.000 r. y más, 2.000–3.000 r.), y todas las pequeñas imprecisiones y perplejidades las resolvimos subsumiéndolas en uno de estos tramos.

2) En el «Esbozo» se da sólo el número de establecimientos que tienen ingresos de tales y cuales tramos, pero no se indica la magnitud del ingreso que corresponde a la parte de todos los establecimientos de cada tramo. Y, sin embargo, para nosotros son precisamente estos últimos datos los necesarios. Adoptamos, por ello, que la magnitud del ingreso en los establecimientos de un tramo dado se determinará con suficiente precisión multiplicando el número de establecimientos en el tramo por la magnitud media del ingreso, es decir, la media aritmética del máximo y el mínimo en el tramo (por ejemplo, 150 rublos en el tramo de 100–200 rublos, etc.). Sólo para los dos tramos más bajos (hasta 10 rublos y hasta 20 rublos) adoptamos en lugar de las medias las magnitudes máximas del ingreso (10 rublos y 20 rublos). La verificación mostró que semejante procedimiento (en general admisible en los cálculos estadísticos) da cifras muy cercanas a la realidad. En concreto, todo el ingreso neto de las familias artesanas en estos 28 oficios asciende, según los datos del «Esbozo», a 951.653 rublos, y según nuestros datos aproximados, basados en los tramos de rentabilidad, resultó 955.150 rublos, es decir, más en 3.497 rublos = 0,36%. La diferencia o error, por tanto, es menor de cuatro kopeks por cada 10 rublos.

3) De nuestro resumen obtenemos la magnitud media del ingreso por familia (en cada tramo), y no por un obrero familiar. Para determinar esta última magnitud, hubo que hacer de nuevo un cálculo aproximado. Conociendo la distribución de las familias por el número de obreros familiares (y por separado, por el número de obreros asalariados), supusimos que, cuanto menor es la magnitud del ingreso por familia, tanto menor es la composición familiar (es decir, el número de obreros familiares por 1 establecimiento) y tanto menor es el número de establecimientos con obreros asalariados. Por el contrario, cuanto mayor es el ingreso por 1 familia, tanto mayor es el número de establecimientos con obreros asalariados, tanto mayor es la composición familiar, es decir, el número de obreros familiares por 1 establecimiento. Es evidente que esta suposición es la más favorable desde el punto de vista de quien quisiera refutar nuestras conclusiones. Dicho de otro modo: si se hubiera hecho cualquier otra suposición, nuestras conclusiones sólo se habrían reforzado con ello.

Presentemos ahora el resumen de los datos sobre la distribución de los artesanos por la rentabilidad de los establecimientos.

Estos datos son demasiado fragmentarios, de modo que hay que resumirlos en rúbricas más simples y claras. Tomemos cinco categorías de artesanos por rentabilidad: a) pobres, con un ingreso de hasta 50 rublos por familia; b) poco solventes, con un ingreso de 50–100 rublos por familia; c) medios, con un ingreso de 100–300 rublos por familia; d) acomodados, con un ingreso de 300–500 rublos por familia; y e) ricos, con un ingreso de más de 500 rublos por familia.

Añadamos a estas categorías, según los datos sobre la rentabilidad de los establecimientos, una distribución aproximada de los establecimientos por el número de obreros familiares y asalariados[205]. Obtenemos la siguiente tabla: [véase la tabla en la pág. 380. Red.].

Estos datos llevan a conclusiones muy interesantes, que examinaremos por categorías de artesanos:

a) Más de la cuarta parte de las familias artesanas (28,4%) pertenecen a los pobres, que reciben por familia un promedio de cerca de 33 rublos de ingreso. Admitamos que todo este ingreso corresponde a un solo obrero familiar, que en esta categoría todos son artesanos individuales. En cualquier caso, las ganancias de estos artesanos resultan considerablemente inferiores a las ganancias medias de los obreros asalariados entre los artesanos (45 rublos 85 kopeks). Si la mayoría de estos artesanos individuales pertenece al subgrupo inferior (3º), es decir, trabaja para acaparadores, esto significa que los «propietarios» pagan a los que trabajan a domicilio menos que a los obreros asalariados en el taller. Si incluso admitimos que esta categoría de artesanos tiene el período de trabajo mínimo, aun así su ganancia se presenta como completamente miserable.

b) Más de dos quintas partes del total de artesanos (41,8%) pertenecen a los poco solventes, teniendo en promedio 75 rublos de ingreso por familia. Estos artesanos ya no son todos artesanos individuales (si la categoría anterior consistía sólo de individuales): en ella aproximadamente hasta la mitad de las familias tienen 2 obreros familiares, y, por consiguiente, la ganancia media de un obrero familiar asciende sólo a cerca de 50 rublos, es decir, no más o incluso menos que la ganancia del obrero asalariado entre los artesanos (además del salario en dinero, 45 rublos 85 kopeks, una parte de los obreros asalariados recibe manutención de los patronos). Así pues, siete décimas partes del total de artesanos se sitúan, por sus ganancias, al nivel de los obreros asalariados entre los artesanos, en parte incluso por debajo de ellos. Por sorprendente que sea esta conclusión, corresponde plenamente a los datos aducidos más arriba sobre la superioridad de los grandes establecimientos sobre los pequeños. Hasta qué punto es bajo el nivel de ingreso de estos artesanos, se puede juzgar por el hecho de que el salario medio de un obrero agrícola anual en la gubernia de Perm asciende a 50 rublos con la comida del patrón[206]. ¡Por consiguiente, siete décimas partes de los artesanos «independientes» se sitúan, por su nivel de vida, no por encima de los jornaleros agrícolas!

Los populistas dirán, por supuesto, que esto es sólo una ganancia auxiliar junto con la agricultura, pero, en 1er lugar, ¿no se ha establecido hace muchísimo tiempo que sólo a una minoría de campesinos la agricultura puede darle lo necesario para el sustento de la familia, descontados los impuestos, los arriendos y los gastos de la explotación? Y nosotros precisamente comparamos la ganancia del artesano con la paga del jornalero con la comida del patrón. En 2º lugar, en las siete décimas partes del total de artesanos han debido entrar también los no agricultores. En 3er lugar, si resultara que la agricultura paga el sustento de los artesanos-agricultores de estas categorías, de todos modos queda fuera de duda el hecho de la extraordinaria disminución de las ganancias gracias al vínculo con la tierra.

Otra comparación: en el distrito de Krasnoufimsk, la ganancia media de un obrero asalariado entre los artesanos es igual a 33,2 rublos (pág. 149 de las tablas), mientras que la ganancia media de una persona que tiene trabajo en su fábrica, es decir, del obrero minero de los campesinos fabriles, la determinó la estadística del zemstvo en 78,7 rublos (según *Materiales para la estadística de la gubernia de Perm. Distrito de Krasnoufimsk. Zona fabril*. Kazán, 1894), es decir, más del doble. Y las ganancias de los obreros mineros que tienen trabajo en su fábrica, como se sabe, son siempre inferiores a la ganancia de los obreros «libres» en las fábricas y plantas. Se puede juzgar, por tanto, ¡con qué disminución de las necesidades, con qué disminución del nivel de vida hasta un estado miserable se compra la celebérrima «independencia» del artesano ruso «sobre la base del vínculo orgánico del oficio con la agricultura»!

c) En los artesanos «medios» hemos incluido a las familias que poseen ingresos de 100 a 300 rublos, en promedio cerca de 180 rublos por familia. De estos hay cerca de la cuarta parte del total de artesanos (24,1%). Incluso su ingreso, en términos absolutos, es muy, muy pequeño: contando 2 1/2 obreros familiares por establecimiento, esto constituirá cerca de 72 rublos por un obrero familiar, una suma muy insuficiente, que no envidiará ningún obrero fabril. Pero, en comparación con la masa de los artesanos, ¡esta suma se presenta como bastante considerable! Resulta que incluso este tan escueto «bienestar» se adquiere sólo a costa ajena: en esta categoría de artesanos, la mayoría ya tiene obreros asalariados (aproximadamente, cerca del 85% de los propietarios tienen asalariados, y en promedio para cada uno de los 2.016 establecimientos corresponderá más de un obrero asalariado). Para salir de la masa de los artesanos abrumados por la pobreza, es necesario, por tanto, sobre el terreno de las relaciones mercantiles-capitalistas dadas, conquistar para sí el «bienestar» a costa de otros, entablar la lucha económica, desplazar aún más atrás a la masa de los pequeños industriales, convertirse en pequeño burgués. O bien la miseria y la disminución del nivel de vida hasta el *nec plus ultra*[207], o bien (para la minoría) la creación del propio bienestar (en términos absolutos, extremadamente escaso) a costa ajena, tal es el dilema que la producción mercantil plantea ante el pequeño industrial. Así hablan los hechos.

d) A la categoría de artesanos acomodados pertenecen sólo el 3,8% de las familias, con un ingreso medio de cerca de 385 rublos y cerca de 100 rublos por un obrero familiar (contando que aquí entran propietarios con 4 y 5 obreros familiares por establecimiento). Este ingreso, que supera en unas dos veces el ingreso en dinero del obrero asalariado, se basa ya en un empleo considerable del trabajo asalariado: todos los establecimientos de esta categoría tienen obreros asalariados, en promedio cerca de 3 personas por establecimiento.

e) Los artesanos ricos, con un ingreso medio por familia de 820 rublos, son en total el 1,9%. Aquí hay que incluir en parte establecimientos con 5 obreros familiares, en parte establecimientos sin obreros familiares, es decir, basados exclusivamente en el trabajo asalariado. En cálculo por un obrero familiar, esto da cerca de 350 rublos de ingreso. El alto ingreso obtenido por estos «artesanos» depende del mayor número de obreros asalariados, que suman en promedio por 1 establecimiento cerca de 10 personas[208]. Estos son ya pequeños fabricantes, propietarios de talleres capitalistas, cuya inclusión en el número de los «artesanos» junto con los industriales individuales, con los artesanos rurales, e incluso con los que trabajan a domicilio para los fabricantes (¡a veces, como veremos más abajo, para estos mismos artesanos ricos!) muestra sólo, como ya se ha señalado, la completa indefinición y vaguedad del término «artesano».

Para concluir la exposición de los datos del censo artesanal sobre los ingresos de los artesanos, es necesario señalar todavía lo siguiente. Puede decirse que la concentración de ingresos no resulta en los oficios artesanales muy significativa: el 5,7% de los establecimientos tiene el 26,5% del ingreso, el 29,8% de los establecimientos tiene el 64,4% del ingreso. Responderemos a esto que, en 1er lugar, incluso tal concentración demuestra la completa inadecuación y falta de cientificidad de los juicios generalizados sobre el «artesano» y de las cifras «medias» sobre él. En 2º lugar, no se puede perder de vista que en estos datos no entraron los acaparadores, por lo que la distribución de los ingresos se presenta de un modo extremadamente impreciso. Hemos visto que 2.346 familias y 5.628 obreros trabajan para acaparadores (3er subgrupo), por tanto, aquí los ingresos principales los reciben los acaparadores. Separarlos del número de los industriales es un procedimiento completamente artificial e injustificado en modo alguno. Así como la representación de las relaciones económicas en la gran industria fabril sería incorrecta sin señalar la cuantía de los ingresos de los fabricantes, así la representación de la economía de la industria «artesanal» es incorrecta sin señalar los ingresos de los acaparadores, ingresos obtenidos de la misma producción a la que se dedican los artesanos; ingresos que constituyen parte del valor de aquellos productos que son elaborados por los artesanos. Tenemos derecho, por tanto, y la obligación de concluir que la distribución real de los ingresos en la industria artesanal es incomparablemente más desigual que la mostrada más arriba, pues en esta última faltan las categorías de los industriales más grandes.