Las sociedades científicas de Perm emprendieron, con la participación del zemstvo, un extenso trabajo para la exposición de 1896 en Nizhni Nóvgorod, que lleva el título general de «Panorama de la Región de Perm». Se han reunido materiales para más de 200 pliegos; toda la edición deberá constar de ocho tomos. Para la exposición, como de costumbre, no lograron terminarlo, y de momento sólo se ha publicado el primer tomo, que contiene un esbozo de la industria artesanal de la gubernia [174]. El «Esbozo» presenta un interés excepcional por la novedad, riqueza y plenitud del material en que se basa. El material fue recogido mediante un censo artesanal especial, realizado con fondos del zemstvo en 1894/95; el censo fue domiciliario, entrevistándose a cada cabeza de familia por separado. Los datos fueron recogidos por los jefes del zemstvo. El programa de la investigación domiciliaria fue muy amplio, abarcando tanto la composición personal de las familias de los artesanos-patronos como el trabajo asalariado empleado por los artesanos, la agricultura, datos sobre la adquisición de materias primas, la técnica de producción, la distribución del trabajo por meses del año, la venta de los productos, el momento de surgimiento de los establecimientos y el endeudamiento de los artesanos. Por lo que sabemos, datos tan ricos se publican en nuestra literatura acaso por primera vez. Pero a quien mucho se le da, mucho se le exige. La riqueza del material nos da derecho a plantear a los investigadores la exigencia de una elaboración minuciosa de este material, y el «Esbozo» dista mucho de satisfacer plenamente estas exigencias. Tanto en los datos tabulares como en el modo de agruparlos y procesarlos hay muchas lagunas, que el autor ha tenido que colmar en parte mediante la extracción de datos del libro y el cálculo de las cifras correspondientes.

Nos proponemos familiarizar a los lectores con el material recogido por el censo, con los procedimientos de su elaboración, con las conclusiones que se derivan de los datos sobre la realidad económica de nuestras «industrias artesanales». Subrayamos las palabras: «realidad económica», pues planteamos la cuestión sólo de lo que existe en la realidad y de por qué esta realidad es precisamente así y no de otra manera. En cuanto a la extensión de las conclusiones de los datos sobre la gubernia de Perm a todas «nuestras industrias artesanales» en general, el lector se convencerá por lo que sigue de la legitimidad de tal extensión, pues en la gubernia de Perm los tipos de «artesanado» son extraordinariamente diversos y abarcan todas las variedades posibles de las que se haya informado alguna vez en la literatura sobre las industrias artesanales.

Sólo rogamos encarecidamente al lector que distinga con el mayor rigor posible dos aspectos de la exposición ulterior: el estudio y la elaboración de los datos fácticos, por un lado, y la valoración de las concepciones populistas de los autores del «Esbozo», por el otro.

I. Datos generales

El censo artesanal de 1894/95 abarcó en todos los uyezds de la gubernia a 8991 familias de artesanos (sin contar las familias de los obreros asalariados), es decir, alrededor del 72% del número total de artesanos de Perm, según estiman los investigadores, contando según otros datos otras 3484 familias. La subdivisión fundamental de los artesanos por sus tipos, adoptada en el «Esbozo», consiste en la distinción de dos grupos de artesanos (en las tablas los grupos se designan con las cifras romanas I y II), a saber, los que poseen economía agrícola (I) y los que no la poseen (II); luego, tres subgrupos de cada grupo (cifras arábigas: 1, 2, 3), a saber: 1) artesanos que trabajan para la venta libre; 2) artesanos que trabajan para clientes-consumidores, y 3) artesanos que trabajan para clientes-acaparadores. En los dos últimos subgrupos, la materia prima es suministrada al artesano predominantemente por el cliente. Detengámonos un poco en esta agrupación. La división de los artesanos en agricultores y no agricultores, como es natural, es completamente fundada y necesaria. La abundancia de artesanos sin tierra en la gubernia de Perm, concentrados a menudo en los poblados fabriles, obligó a los autores a realizar esta agrupación sistemáticamente e introducirla en las tablas. Sabemos así que 1/3 del número total de artesanos (en 8991 establecimientos, 19 970 obreros familiares y asalariados), concretamente 6638 personas, pertenecen a los que no poseen economía agrícola [175]. De aquí se desprende ya, por consiguiente, la inexactitud de las suposiciones y afirmaciones habituales sobre la vinculación de la industria artesanal con la agricultura como un fenómeno general, vinculación que a veces se eleva incluso a peculiaridad de Rusia. Si se excluye del número de «artesanos» a los artesanos rurales (y urbanos) incorrectamente incluidos entre ellos, de las 5566 familias restantes, 2268 son sin tierra, es decir, más de 2/5 del número total de industriales que trabajan para el mercado. Lamentablemente, esta agrupación fundamental no se mantiene en el «Esbozo» de manera consecuente. En primer lugar, se presenta sólo respecto a los artesanos-patronos, mientras que sobre los obreros asalariados no hay tales datos. Esta laguna es resultado de que el censo artesanal en general pasó por alto a los obreros asalariados y sus familias, registrando sólo los establecimientos, sólo a los patronos. En el «Esbozo» se usa de manera muy imprecisa, en lugar de estas palabras, la expresión: «familias que se ocupan de industrias artesanales», pues las familias que proporcionan obreros asalariados a los artesanos, como es natural, no menos «se ocupan de industrias artesanales» que las familias que contratan obreros. La ausencia de datos domiciliarios sobre las familias de los obreros asalariados (su número equivale a 1/4 del número total de obreros) es una laguna importante del censo. Esta laguna es muy característica para los populistas, que adoptan de inmediato el punto de vista del pequeño productor y dejan en la sombra el trabajo asalariado. Más adelante encontraremos más de una vez lagunas en los datos sobre los obreros asalariados, y por ahora nos limitaremos a señalar que, aunque la ausencia de datos sobre las familias de los obreros asalariados constituye un fenómeno habitual en la literatura de las industrias artesanales, hay también excepciones. En los trabajos de la estadística del zemstvo de Moscú se encuentran a veces datos recogidos sistemáticamente sobre las familias de los asalariados; aún más datos de este tipo hay en la conocida investigación de los Sres. Jarizoménov y Prugavin: «Industrias de la gubernia de Vladímir», donde hay también censos domiciliarios que registran a las familias de los obreros asalariados en pie de igualdad con las familias de los patronos. En segundo lugar, al incluir en el número de artesanos a una masa de industriales sin tierra, los investigadores, naturalmente, socavaron la base del procedimiento habitual, completamente incorrecto, de excluir del número de «artesanos» a los industriales urbanos. Y vemos, en efecto, que en el censo artesanal de 1894/95 entró una ciudad, Kungur (p. 33 de las tablas), pero sólo una. No hay ninguna explicación en el «Esbozo», y queda sin saberse por qué entró en el censo sólo una ciudad y precisamente ésta, si casualmente o por algún fundamento. Resulta una confusión no pequeña, que daña fuertemente los datos generales. En general y en su conjunto, el censo artesanal repite, por consiguiente, el error populista habitual de separar la aldea («el artesano») y la ciudad, aunque una conocida región industrial abarca a menudo la ciudad y los poblados de los alrededores. Hace tiempo que sería hora de desechar esta separación, basada en el prejuicio y en la exageración de los tabiques estamentales ya caducos.

Hemos mencionado ya más de una vez a los artesanos, rurales y urbanos, ora separándolos de los artesanos (kustarí), ora incluyéndolos entre ellos. El caso es que estas oscilaciones son propias de toda la literatura de las industrias «artesanales», demostrando la inutilidad de un término como «artesano» (kustar) para las investigaciones científicas. Es comúnmente aceptada la opinión de que a los kustarí se debe atribuir sólo a los que trabajan para el mercado, sólo a los productores de mercancías, pero en la práctica no es fácil encontrar una investigación de las industrias artesanales donde entre los kustarí no figuren también artesanos, es decir, los que trabajan para clientes-consumidores (2º subgrupo, según el «Esbozo»). Tanto en los «Trabajos de la comisión para la investigación de la industria artesanal» como en las «Industrias de la gubernia de Moscú» se encuentran artesanos entre los «kustarí». Consideramos inútil discutir sobre el sentido de la palabra «kustar», pues, como veremos más adelante, no hay forma de industria (salvo acaso la gran industria maquinizada) que no esté incluida bajo este término tradicional, absolutamente inútil para las investigaciones científicas. Es indudable que hay que distinguir estrictamente a los productores de mercancías que trabajan para el mercado (1er subgrupo) de los artesanos que trabajan para consumidores (2º subgrupo), pues estas formas de industria representan tipos completamente heterogéneos por su significación económico-social. Son muy desafortunados los intentos del «Esbozo» de atenuar estas diferencias (cf. pp. 13, 177); mucho más correcta fue la observación hecha en otra publicación estadística del zemstvo sobre los artesanos de Perm de que «los artesanos tienen muy pocos puntos de contacto con la esfera de la industria artesanal, menos que esta última con la industria fabril» {80}. Tanto la industria fabril como el 1er subgrupo de «kustarí» pertenecen a la producción mercantil, la cual no existe en el 2º subgrupo. De la misma manera hay que distinguir estrictamente el 3er subgrupo, los artesanos que trabajan para acaparadores (y fabricantes), los cuales se diferencian esencialmente de los «kustarí» de los dos primeros subgrupos. No se puede menos de desear que todos los investigadores de la llamada industria «artesanal» mantengan estrictamente esta división y empleen términos político-económicos precisos en lugar de atribuir un sentido arbitrario a términos coloquiales.

Presentemos los datos sobre la distribución de los «kustarí» por grupos y subgrupos:

Antes de extraer conclusiones de estos datos, recordemos que la ciudad de Kungur entró en el grupo II, que contiene así datos mezclados sobre industriales rurales y urbanos. Vemos por la tabla que los agricultores (grupo I), que predominan significativamente en número entre los industriales y artesanos rurales, son más atrasados en el desarrollo de las formas de industria que los no agricultores (grupo II). Entre los agricultores está mucho más desarrollada la artesanía primitiva en comparación con la producción para el mercado. El mayor desarrollo del capitalismo entre los no agricultores se expresa en un porcentaje mayor de obreros asalariados, de establecimientos con obreros asalariados y de artesanos que trabajan para acaparadores. Se puede concluir, por consiguiente, que la vinculación con la agricultura frena formas de industria más atrasadas y, a la inversa, que el desarrollo del capitalismo en la industria conduce a la ruptura con la agricultura. Lamentablemente, no tenemos datos precisos sobre esta materia y debemos contentarnos con tales indicios orientadores. Por ejemplo, no sabemos por el «Esbozo» cómo se distribuye en general la población rural de la gubernia de Perm entre agricultores y sin tierra, y por eso no podemos comparar en cuál de estas categorías están más desarrolladas las industrias. Quedó también desatendida la cuestión sumamente interesante sobre las regiones de la industria (los datos sobre esto los tenían los investigadores, los más precisos, sobre cada poblado por separado), sobre la concentración de los industriales en los poblados no agrícolas, fabriles, en general comerciales e industriales, sobre los centros de cada rama de la industria, sobre la difusión de las industrias desde estos centros a los poblados de los alrededores. Si se añade a esto que los datos domiciliarios sobre el momento de surgimiento de los establecimientos (sobre ellos más adelante, § III) daban la posibilidad de determinar el carácter del desarrollo de las industrias, es decir, si se difunden desde los centros a los poblados de los alrededores o al revés, si se difunden más entre los agricultores o entre los no agricultores, etc., no se podrá dejar de lamentar la insuficiente elaboración de los datos. Todo lo que podemos obtener sobre esta cuestión son los datos sobre la distribución de las industrias por uyezds. Para familiarizar al lector con estos datos, utilicemos la división de los uyezds en grupos propuesta en el «Esbozo» (p. 31): 1) «uyezds con el mayor porcentaje de kustarí que trabajan para el mercado y, al mismo tiempo, con un nivel relativamente alto de desarrollo de la industria artesanal» – 5 uyezds; 2) «uyezds con un grado relativamente débil de desarrollo de las industrias artesanales, pero con un número predominante de kustarí que trabajan para el mercado» – 5 uyezds y 3) «uyezds también con un nivel no alto de desarrollo de la industria artesanal, pero en los que a menudo predominan los kustarí que trabajan por encargo de los consumidores» – 2 uyezds. Resumiendo los datos más importantes por estos grupos de uyezds, obtenemos la siguiente tabla:

1) En el 1er grupo, los uyezds de Shadrinsk, Kungur, Krasnoufimsk, Ekaterinburgo y Osa; en el 2º, Verjoturie, Perm, Irbit, Ojansk y Cherdyn; en el 3º, Solikamsk y Kamyshlov.

2) Llamamos kustarí «dependientes» a: a) los obreros asalariados y b) los miembros de familia que trabajan para acaparadores.

3) El número de kustarí aquí no es el mismo que se ha citado antes, pues las cifras por uyezds en el «Esbozo» (pp. 30–31) difieren de los totales de la tabla colocada en el apéndice.

Esta tabla nos da las siguientes conclusiones interesantes: cuanto más desarrollada está la industria rural en el grupo de uyezds, tanto 1) menor es el porcentaje de artesanos rurales, es decir, tanto más es desplazada la artesanía por la producción mercantil; 2) mayor es el porcentaje de kustarí que pertenece a la población no agrícola; 3) más fuertemente se desarrollan las relaciones capitalistas, mayor es el porcentaje de kustarí dependientes. En el tercer grupo de uyezds predominan los artesanos rurales (77,7% de todos los kustarí); junto a esto, aquí predominan los agricultores (sólo 5,7% de no agricultores) y el capitalismo está desarrollado de manera insignificante: en total, 7,2% de obreros asalariados y 2,7% de kustarí-miembros de familia que trabajan para acaparadores, es decir, en total 9,9% de kustarí dependientes. En el segundo grupo de uyezds predomina, al contrario, la producción mercantil, que ya desplaza la artesanía: sólo 32,5% de artesanos. El porcentaje de kustarí-agricultores desciende del 94,3% al 66,2%; el porcentaje de obreros asalariados aumenta más de cuatro veces: del 7,2% al 32,1%; aumenta, aunque no tan significativamente, también el porcentaje de miembros de familia que trabajan para acaparadores, de modo que el porcentaje total de kustarí dependientes constituye el 38,4% – casi 2/5 del número total. Finalmente, en el primer grupo de uyezds la artesanía es aún más desplazada por la producción mercantil, ocupando sólo 1/5 del número total de «kustarí» (21,8%), y junto a esto el número de industriales no agricultores aumenta hasta el 42,1%; el porcentaje de obreros asalariados desciende un poco (del 32,1% al 26%), pero en cambio aumenta en proporciones gigantescas el porcentaje de miembros de familia dependientes de acaparadores, concretamente del 6,3% al 27,4%, de modo que en total los kustarí dependientes resultan ser más de la mitad: 53,4%. La región de mayor número (absoluta y relativamente) de «kustarí» resulta ser la región de mayor desarrollo del capitalismo: el crecimiento de la producción mercantil desplaza a un segundo plano la artesanía, conduce al desarrollo del capitalismo y al paso de la industria a manos de los no agricultores, es decir, a la separación de la industria respecto de la agricultura (o, quizás, a la concentración de las industrias en la población no agrícola). Al lector puede surgirle la duda de si es correcto considerar más desarrollado el capitalismo en el primer grupo de uyezds, donde hay menos obreros asalariados que en el segundo, pero más que trabajan para acaparadores. El trabajo a domicilio, se puede objetar, es la forma inferior del capitalismo. Veremos, sin embargo, más adelante que de estos acaparadores muchos son fabricantes, poseen grandes establecimientos capitalistas. El trabajo a domicilio es aquí un apéndice de la fábrica, lo que significa una mayor concentración de la producción y del capital (para algunos acaparadores trabajan 200–500, hasta mil y más personas), una mayor división del trabajo y, siendo, por consiguiente, una forma de capitalismo más alta por su grado de desarrollo. Esta forma se relaciona con el pequeño taller del patroncillo con obreros asalariados como la manufactura capitalista se relaciona con la cooperación simple capitalista.

Los datos presentados refutan suficientemente los intentos de los compiladores del «Esbozo» de oponer por principio la «forma artesanal de producción» a la «capitalista», razonamiento que repite los prejuicios tradicionales de todos los populistas rusos con los Sres. V. V. y N. —on a la cabeza. La «diferencia fundamental» entre estas dos formas la sitúan los populistas de Perm en que en la primera «al trabajo pertenecen las herramientas y los materiales de producción y, al mismo tiempo, todos los resultados del trabajo en forma de productos de la producción» (p. 3). Ahora ya podemos constatar de manera completamente definida que esto es falso. Incluso si incluimos en el número de kustarí también a los artesanos, de todos modos la mayor parte de los «kustarí» no encaja en estas condiciones: no encajan, en primer lugar, los obreros asalariados, y son el 25,3%; no encajan, en segundo lugar, los miembros de familia que trabajan para acaparadores, pues ni los materiales de producción ni los resultados del trabajo les pertenecen y reciben sólo un salario a destajo; de éstos hay un 20,8%; no encajan, en tercer lugar, los miembros de familia del 1º y 2º subgrupos que emplean obreros asalariados, pues a ellos pertenecen los «resultados» no sólo de su propio trabajo. De éstos hay, probablemente, alrededor del 10% (de 6645 establecimientos del 1º y 2º subgrupos, 1691, es decir, el 25,4% emplean obreros asalariados; en 1691 establecimientos, probablemente, no menos de 2000 miembros de familia). En total, he aquí ya 25,3% + 20,8% + 10% = 56,1% de «kustarí», es decir, más de la mitad no encajan en estas condiciones. Dicho de otro modo, incluso en una gubernia tan remota y atrasada en el aspecto económico como Perm, ya ahora predomina el «kustar», sea que se emplea a jornal, sea que emplea a otros, sea que explota o que es explotado. Pero es mucho más correcto para este cálculo excluir la artesanía y tomar sólo la producción mercantil. La artesanía es una forma de industria tan arcaica que incluso entre los populistas patrios, que más de una vez han sentenciado que el atraso es la felicidad de Rusia (à la {81} Sres. V. V., Yuzhakov y Cía.), no se ha encontrado una persona que abierta y directamente se decidiera a defenderla y presentarla como «prenda» de sus ideales. En la gubernia de Perm la artesanía está aún muy desarrollada, en comparación con la Rusia central: basta remitirse a una industria como la de tinte (o coloración). Esta es una coloración exclusivamente artesanal de los tejidos domésticos de los campesinos, que en lugares menos recónditos de Rusia hace tiempo que han cedido su lugar a las telas estampadas de fábrica. Pero también en la gubernia de Perm la artesanía está ya desplazada lejos, a un segundo plano: incluso en la industria rural sólo el 29,5%, es decir, menos de un tercio, pertenece a los artesanos. Y excluyendo a los artesanos, obtenemos 14 401 que trabajan para el mercado; de ellos, 29,3% de obreros asalariados, más 29,5% de miembros de familia que trabajan para acaparadores, es decir, 58,8% de «kustarí» dependientes, más un 7–8% de patroncillos con obreros asalariados, es decir, en total alrededor del 66%, dos tercios de «kustarí», que tienen dos semejanzas fundamentales, y no diferencias, con el capitalismo, a saber: en primer lugar, todos son productores de mercancías, y el capitalismo es sólo la economía mercantil desarrollada hasta el final; en segundo lugar, la mayor parte de ellos se halla en relaciones de compra-venta de la fuerza de trabajo, propias del capitalismo. Los compiladores del «Esbozo» se esfuerzan por asegurar al lector que el trabajo asalariado en la producción «artesanal» tiene un significado especial y se explica, supuestamente, por causas «respetables»; examinaremos en su lugar (§ VII) estas aseveraciones y los ejemplos que aducen. Aquí basta constatar que allí donde domina la producción mercantil y el trabajo asalariado se emplea no de manera casual, sino sistemática, están presentes todos los indicios del capitalismo. Se puede hablar de su falta de desarrollo, de su carácter embrionario, de sus formas especiales, pero suponer una «diferencia fundamental» entre lo que de hecho revela una semejanza fundamental significa tergiversar la realidad.

Señalemos, de paso, una tergiversación más. En la página 5 del «Esbozo» se dice que «los productos del artesano… se elaboran a partir de materiales adquiridos principalmente en el lugar mismo». Precisamente sobre este punto hay en el «Esbozo» datos para la verificación, concretamente la comparación de cómo se distribuyen por los uyezds de la gubernia los artesanos que elaboran productos animales, en comparación con los productos de la ganadería y la agricultura; los artesanos que elaboran productos vegetales, en comparación con la distribución del bosque; los artesanos que elaboran metales, en comparación con la distribución del hierro colado y del hierro que se extrae en la gubernia. Resulta de esta comparación que en la elaboración de productos animales, en tres uyezds se concentra el 68,9% de los artesanos de este tipo, mientras que las cabezas de ganado en estos mismos uyezds son sólo el 25,1%, y las desiatinas de siembra sólo el 29,5%, es decir, resulta justo lo contrario, y en el «Esbozo» se constata acto seguido que «el alto grado de desarrollo de las producciones basadas en la transformación de productos animales está asegurado principalmente por materia prima importada, por ej., en los uyezds de Kungur y Ekaterinburgo, por cueros crudos, elaborados por las fábricas de curtidos locales y las curtidurías artesanales, de donde propiamente se obtiene el material para la producción de calzado, la principal de las industrias artesanales de estos uyezds» (24–25). El artesanado se basa aquí, por consiguiente, no sólo en las grandes operaciones comerciales de los capitalistas locales en el comercio de cueros, sino también en la adquisición de los fabricantes de un producto semielaborado, es decir, el artesanado ha sido resultado, apéndice, de la desarrollada circulación mercantil y de los establecimientos capitalistas de curtidos. «En el uyezd de Shadrinsk, la materia prima importada es la lana, que suministra el material para la principal industria del uyezd, la de fieltro». Además, en la elaboración de productos vegetales, el 61,3% de los artesanos está concentrado en 4 uyezds. Mientras tanto, en estos mismos 4 uyezds hay en total un 20,7% de la cantidad total de desiatinas de bosque de la gubernia. Al contrario, en los 2 uyezds en los que se concentra el 51,7% del bosque, se encuentra en total un 2,6% de artesanos que elaboran productos vegetales (p. 25), es decir, también aquí resulta justo lo contrario, y también aquí el «Esbozo» constata que la materia prima es importada (p. 26) {82}. Observamos, por consiguiente, un hecho sumamente interesante: que al desarrollo de las industrias artesanales precede (siendo condición de este desarrollo) una circulación mercantil que ha echado ya profundas raíces. Esta circunstancia es muy importante, pues indica, en primer lugar, cuán antiguamente se ha formado ya la economía mercantil, en la que el artesanado es sólo uno de los eslabones, y cuán absurdo es, por tanto, representar nuestra industria artesanal en forma de una especie de tabula rasa {83}, que supuestamente «puede» aún tomar caminos diversos. Los investigadores informan, por ej., que la «industria artesanal de Perm, como antes, refleja en sí la influencia de aquellas vías de comunicación que determinaban la fisonomía comercial e industrial de la región no sólo en la época anterior al ferrocarril, sino incluso en la época anterior a la reforma» (p. 39). En efecto, la ciudad de Kungur era el nudo de las vías de comunicación en la zona pre-uraliana: por ella pasa la ruta siberiana, que une Kungur con Ekaterinburgo, y con ramales también con Shadrinsk; por Kungur pasa también otra ruta comercial, la de Goroblagodat, que une Kungur con Osa. Finalmente, la ruta de Birsk une Kungur con Krasnoufimsk. «Así, vemos que la industria artesanal de la gubernia se ha concentrado en los distritos determinados por los nudos de las vías de comunicación: en la zona pre-uraliana, en los uyezds de Kungur, Krasnoufimsk y Osa; y en la zona trans-uraliana, en los uyezds de Ekaterinburgo y Shadrinsk» (p. 39). Recordemos al lector que precisamente estos 5 uyezds constituyen el primer grupo de uyezds por el desarrollo de la industria artesanal y que en ellos se concentra el 70% del número total de kustarí. En segundo lugar, esta circunstancia nos indica que esa «organización del intercambio» en la industria artesanal, de la que tan a la ligera parlotean los celosos defensores artesanales del mujik, en realidad ya está creada y no por otro que por el comercio de toda Rusia. Más adelante veremos aún no pocas confirmaciones de esto. Sólo para la tercera categoría de artesanos (los que elaboran metales) resulta una correspondencia en la distribución de la extracción de la materia prima y su elaboración por los artesanos: en los 4 uyezds en los que se extrae el 70,6% del hierro colado y del hierro, se concentra el 70% de los artesanos de esta categoría. Pero aquí la materia prima es ya de por sí producto de la gran industria minero-metalúrgica, que tiene, como veremos, «sus propios puntos de vista» sobre el «kustar».

II. «El kustar» y el trabajo asalariado

Pasemos a la exposición de los datos sobre el trabajo asalariado en las industrias artesanales de la gubernia de Perm. Sin repetir las cifras absolutas citadas más arriba, limitémonos a señalar las relaciones porcentuales más interesantes:

Vemos, por consiguiente, que el porcentaje de obreros asalariados es mayor entre los no agricultores que entre los agricultores, y que esta diferencia depende principalmente del 2º subgrupo: entre los artesanos-agricultores el porcentaje de obreros asalariados es del 14,1%, y entre los no agricultores, del 29,3%, es decir, más del doble. En los otros dos subgrupos, el porcentaje de obreros asalariados es poco más alto en el grupo II en comparación con el I. Ya se ha observado que este fenómeno es resultado del mayor subdesarrollo del capitalismo en la población agrícola. Los populistas de Perm, como todos los demás populistas, declaran esto, como es natural, una ventaja de los agricultores. Sin entrar aquí en la discusión sobre la cuestión general de si se puede considerar una ventaja el subdesarrollo y el atraso de las relaciones económico-sociales dadas, señalaremos sólo que de los datos que se presentan más abajo se verá que esta ventaja de los agricultores consiste en la obtención de un salario bajo.

Es interesante señalar que la diferencia entre los grupos en cuanto al empleo del trabajo asalariado resulta ser menor que la diferencia entre los subgrupos de un mismo grupo. Dicho de otro modo, la estructura económica de la industria (artesanos – productores de mercancías – obreros de acaparadores) influye más fuertemente en el grado de empleo del trabajo asalariado que la vinculación con la agricultura o la ausencia de esta vinculación. Por ej., el pequeño productor de mercancías agricultor se parece más al pequeño productor de mercancías no agricultor que al agricultor artesano. El porcentaje de obreros asalariados en el 1er subgrupo es igual, para el grupo I, al 29,4%, y para el II, al 31,2%, mientras que en el 2º subgrupo del grupo I es sólo del 14,1%. Exactamente igual, el agricultor que trabaja para un acaparador se parece más al no agricultor que trabaja para un acaparador (23,2% de obreros asalariados y 27,4%) que al agricultor artesano. Esto nos indica cómo el dominio general en el país de relaciones mercantiles-capitalistas nivela al agricultor y al no agricultor que participan en la industria. Los datos sobre los ingresos de los artesanos mostrarán esta nivelación aún con mayor relieve. El 2º subgrupo es, como ya se ha observado, una excepción; pero si en lugar de los datos sobre el porcentaje de obreros asalariados tomamos los datos sobre el número de obreros asalariados que corresponde por término medio a 1 establecimiento, veremos que los artesanos-agricultores están más cerca de los artesanos-no agricultores (0,23 y 0,43 obreros asalariados por 1 establecimiento) que de los agricultores de otros subgrupos. La composición media de un establecimiento entre los artesanos en ambos grupos es casi igual (1,7 y 1,8 personas por establecimiento), mientras que por subgrupos de cada grupo esta composición fluctúa muy fuertemente (I: 2,6 y 1,7; II: 2,5 y 1,8).

Los datos sobre la composición media del establecimiento en cada subgrupo indican también el hecho interesante de que entre los artesanos de ambos grupos esta composición es la menor: 1,7 y 1,8 obreros por taller. Entre los artesanos, por tanto, predomina la producción más dispersa, el mayor aislamiento de los productores individuales, la menor aplicación de la cooperación en la producción. En primer lugar en este sentido se encuentran en ambos grupos los primeros subgrupos, es decir, los patroncillos que trabajan para la venta libre. La composición del taller es aquí la mayor (2,6 y 2,5 personas); los artesanos de familia numerosa son aquí los más (concretamente, con 3 y más obreros familiares 20,3% y 18,5%; pequeña excepción el 3er subgrupo del grupo I con 20,9%); junto a esto, el empleo del trabajo asalariado es el mayor (0,75 y 0,78 asalariados por taller); los grandes establecimientos son los más (2,0% y 1,3% de establecimientos con 6 y más obreros asalariados). Por consiguiente, la cooperación en la producción se aplica aquí en las dimensiones más amplias, y se logra esto mediante el mayor empleo del trabajo asalariado con la mayor composición familiar (1,8 y 1,7 obreros familiares por establecimiento; pequeña excepción el 3er subgrupo del grupo I con 1,9 personas).

Esta última circunstancia nos conduce a la cuestión sumamente importante de la interrelación del trabajo familiar y el asalariado entre los «kustarí», haciendo dudar de la corrección de las doctrinas populistas dominantes de que el trabajo asalariado en la producción artesanal sólo «complementa» el familiar. Los populistas de Perm sostienen esta opinión, razonando en la página 55 que «la identificación de los intereses del artesanado y del kulakismo» se refuta por el hecho de que los artesanos más prósperos (grupo I) tienen la mayor composición familiar, mientras que «si el artesano tendiera sólo al lucro, al único impulso del kulakismo, y no a la consolidación y desarrollo de su producción, utilizando todas las fuerzas de su familia, entonces tendríamos derecho a esperar en este subgrupo de establecimientos el menor porcentaje que determina el número de miembros de familia que han entregado su trabajo a la producción» (?!). ¡Extraña conclusión! ¿Cómo se pueden hacer deducciones sobre el papel de la «participación laboral personal» (p. 55) sin tocar los datos sobre el trabajo asalariado? Si la prosperidad de los artesanos de familia numerosa no expresara tendencias kulakistas, entonces veríamos en ellos el menor porcentaje de obreros asalariados, el menor porcentaje de establecimientos con obreros asalariados, el menor porcentaje de establecimientos con un número grande de obreros (más de cinco), el menor número de obreros que corresponde por término medio a un establecimiento. En realidad, los artesanos más prósperos (1er subgrupo) ocupan en todos estos aspectos el primer lugar, y no el último, ¡y esto con la mayor composición de familias y de obreros familiares, con el mayor porcentaje de artesanos con 3 y más obreros familiares! Está claro que los hechos hablan justo lo contrario de lo que quiere imponerles el populista: el artesano tiende precisamente al lucro por la vía del kulakismo; utiliza la gran prosperidad (una de cuyas condiciones es la numerosa familia) para un mayor empleo del trabajo asalariado. Estando en mejor situación que otros artesanos por el número de obreros familiares, se vale de esto para desplazar a los demás, recurriendo a la mayor contratación de obreros. La «cooperación familiar», de la que tan untuosamente gustan hablar los Sres. V. V. y otros populistas (cf. «Ind. art.», I, p. 14), es la prenda del desarrollo de la cooperación capitalista. Esto parecerá, por supuesto, una paradoja para el lector habituado a los prejuicios populistas, pero es un hecho. Para tener datos precisos sobre esta cuestión, sería necesario conocer no sólo la distribución de los establecimientos por el número de obreros familiares y por el de asalariados (lo que se da en el «Esbozo»), sino también la combinación del trabajo familiar y el asalariado. Los datos domiciliarios daban plena posibilidad de realizar tal combinación, de calcular el número de establecimientos con 1, 2, etc. obreros asalariados en cada categoría de establecimientos por el número de obreros familiares. Lamentablemente, esto no se ha hecho. Para colmar al menos un poco esta laguna, recurramos a la obra antes mencionada: «Ind. art., etc.». Aquí se presentan precisamente tablas de combinación de los establecimientos por el número de obreros familiares y asalariados. Las tablas están dadas para 5 industrias, abarcando en total 749 establecimientos con 1945 obreros (obra cit., I, pp. 59, 78, 160; III, pp. 87 y 109). Para analizar estos datos sobre la cuestión que nos interesa de la interrelación del trabajo familiar y el asalariado, debemos dividir todos los establecimientos en grupos por el número total de obreros (pues es precisamente el número total de obreros el que muestra la magnitud del taller y el grado de aplicación de la cooperación en la producción) y determinar el papel del trabajo familiar y el asalariado en cada grupo. Tomamos 4 grupos: 1) establecimientos con 1 obrero; 2) con 2–4 obreros; 3) con 5–9 obreros; 4) con 10 y más obreros. Tal división por el número total de obreros es tanto más necesaria cuanto que los establecimientos, por ej., con 1 obrero y con 10 representan, evidentemente, tipos económicos completamente distintos; unirlos y deducir «promedios» sería un procedimiento completamente absurdo, como veremos más adelante en los datos del «Esbozo». La agrupación indicada arroja los siguientes datos:

Así, pues, estos datos detallados confirman plenamente la tesis expresada más arriba, paradójica a primera vista: cuanto mayor es la magnitud del establecimiento por el número total de obreros, tanto más obreros familiares corresponden a 1 establecimiento, tanto más amplia es, por consiguiente, la «cooperación familiar», pero al mismo tiempo se amplía también la cooperación capitalista y se amplía incomparablemente más rápido. Los artesanos más prósperos, a pesar de poseer un mayor número de obreros familiares, contratan además muchos obreros asalariados: la «cooperación familiar» es la prenda y la base de la cooperación capitalista.

Veamos los datos del censo de 1894/95 sobre el trabajo familiar y asalariado. Por el número de obreros familiares, los establecimientos se distribuyen así:

en %

Establecimientos con 0 obreros familiares:    97      1,1  
"               " 1    "          "         : 4 787     53,2  
"               " 2    "          "         : 2 770     30,8  
"               " 3    "          "         :   898     10,0  
"               " 4    "          "         :   279      3,1  
"               " 5 y más      "         :   160      1,8  

Total:                                          8 991    100  

Hay que señalar aquí el predominio de los solitarios: son más de la mitad. Incluso si admitiéramos que todos los establecimientos que combinan trabajo familiar y asalariado no tienen más de un obrero familiar, aún entonces resultaría que los solitarios completos son 2 1/2 mil. Estos son los representantes de los productores más dispersos, los representantes del mayor aislamiento de los pequeños talleres, aislamiento propio en general de la alabada «producción popular». Veamos el polo opuesto, los talleres más grandes:

Número de obreros asalariados [176]

Así, los «pequeños» establecimientos de los artesanos alcanzan a veces dimensiones imponentes: en los 85 establecimientos más grandes se concentra casi una cuarta parte del número total de obreros asalariados; por término medio, uno de tales establecimientos tiene 14,6 obreros privados. Estos son ya fabricantes, propietarios de establecimientos capitalistas [177]. La cooperación sobre bases capitalistas encuentra aquí una aplicación sólida: con 15 obreros por establecimiento es posible también la división del trabajo en una medida más o menos significativa, se logra una gran economía en el local y las herramientas con una cantidad más rica y variada de éstas. La adquisición de materia prima y la venta del producto se realiza aquí necesariamente en grandes dimensiones, lo que abarata en grado significativo las materias primas, los gastos de transporte, facilita la venta, da la posibilidad de relaciones comerciales regulares. Más adelante, al presentar los datos sobre los ingresos, veremos la confirmación de esto por el censo de 1894/95. Aquí basta con señalar estas tesis teóricas generalmente conocidas. De aquí se comprende que tanto la fisonomía técnica como la económica de tales establecimientos difiere radicalmente de los talleres de los solitarios, y no se puede uno menos de asombrarse de que los estadísticos de Perm se hayan decidido a pesar de todo a unirlos y deducir «promedios» generales. Ya a priori [178] se puede decir que tales promedios serán completamente ficticios y que la elaboración de los datos domiciliarios necesariamente debía, además de la división de los artesanos en grupos y subgrupos, conducir a la división de éstos en categorías por el número de obreros en el establecimiento (tanto familiares como asalariados juntos). Sin tal división es impensable obtener datos precisos ni sobre los ingresos, ni sobre las condiciones de compra de materia prima y venta de los productos, ni sobre la técnica de producción, ni sobre la situación de los obreros asalariados en comparación con los solitarios, ni sobre la correlación de los talleres grandes y pequeños, y éstas son todas las cuestiones más importantes para el estudio de la economía del «artesanado». Los investigadores de Perm intentan, como es natural, atenuar la importancia de los talleres capitalistas. Si hay establecimientos con 5 y más obreros familiares, razonan ellos, entonces la competencia de la «forma capitalista» y la «artesanal de producción» (¡sic! [179]) puede tener importancia sólo cuando en el establecimiento haya más de cinco obreros asalariados, y de tales establecimientos hay en total un 1%. Razonamiento puramente artificial: en primer lugar, los establecimientos con 5 familiares y con 5 obreros asalariados son una abstracción vacía, que debe su existencia a la insuficiente elaboración de los datos, pues el trabajo asalariado se combina con el familiar. Un establecimiento con 3 obreros familiares, contratando otros 3 obreros, tendrá más de 5 obreros y estará en condiciones de competencia completamente especiales en comparación con los solitarios. En segundo lugar, si los estadísticos deseaban realmente investigar la cuestión de la «competencia» de los establecimientos individuales que se distinguen por el empleo del trabajo asalariado, entonces ¿por qué no recurrir a los datos del censo domiciliario? ¿Por qué no agrupar los establecimientos por el número de obreros y presentar las cifras de rentabilidad? ¿No habría sido más pertinente por parte de los estadísticos, que tienen en sus manos un riquísimo material, el estudio fáctico de la cuestión, en lugar de ofrecer al lector toda clase de ocurrencias y la precipitación por pasar de los hechos al «combate» de los enemigos del populismo?

«…Desde el punto de vista de los partidarios del capitalismo, este porcentaje tal vez se considere suficiente para las predicciones sobre la inevitable degeneración de la forma artesanal en capitalista, pero en realidad no representa en este sentido ningún síntoma amenazador, en particular en vista de las siguientes circunstancias» (p. 56)…

¿Verdad que es encantador? En lugar de tomarse la molestia de seleccionar del material que tienen a mano datos precisos sobre los establecimientos capitalistas, los autores sumaron estos establecimientos junto con los solitarios ¡y se lanzan a refutar a unos tales «predicadores»! – No sabemos qué es lo que «predecirían» unos tales «partidarios del capitalismo», desagradables para los estadísticos de Perm, y nosotros, por nuestra parte, diremos sólo que todas estas frases no hacen más que encubrir el intento de apartarse de los hechos. Y los hechos dicen que no hay ninguna «forma artesanal de producción» especial (esto es una invención de los economistas «artesanales»), que de los pequeños productores de mercancías surgen grandes establecimientos capitalistas (¡en las tablas hemos encontrado a un artesano con 65 obreros asalariados! p. 169), que la obligación de los investigadores era agrupar los datos de tal manera que pudiéramos investigar este proceso, comparar los distintos establecimientos a medida que se aproximan a los capitalistas. Los estadísticos de Perm no sólo no hicieron esto ellos mismos, sino que también nos privaron a nosotros de la posibilidad de hacerlo, pues en las tablas todos los establecimientos de un subgrupo dado están sumados juntos, y no se puede separar al fabricante del solitario. Los compiladores encubren su laguna con sentencias baladíes. Los grandes establecimientos, véanlo ustedes, son en total el 1%, y si se los excluye, las conclusiones hechas sobre la base del 99% no cambiarán (p. 56). – ¡Pero es que este uno por ciento, esta una centésima no es igual a las otras centésimas! ¡Un gran establecimiento cubre más de 15 establecimientos de esos solitarios que dan más de 30 «centésimas» (del número total de establecimientos)! Esto es un cálculo por el número de obreros. Y si se tomaran los datos sobre la producción bruta o sobre la rentabilidad neta, resultaría que un gran establecimiento cubre no 15, sino tal vez 30 establecimientos [180]. En esta «una centésima» de establecimientos está concentrada una cuarta parte de todos los obreros asalariados, lo que da por término medio por 1 establecimiento 14,6 obreros. Para ilustrar un poco al lector esta última cifra, tomemos las cifras del «Resumen de datos sobre la industria fabril y manufacturera en Rusia» (edición del departamento de comercio y manufacturas) para la gubernia de Perm. Como las cifras fluctúan fuertemente por años, tomamos el promedio de 7 años (1885–1891). Obtenemos la cifra de «fábricas y talleres» (en el sentido de nuestra estadística oficial) en la gubernia de Perm, 885, con una producción por un monto de 22 645 mil rublos y con 13 006 obreros, lo que da en «promedio» por 1 fábrica precisamente 14,6 obreros.

En confirmación de su opinión de que los grandes establecimientos no tienen importancia relevante, los compiladores del «Esbozo» se remiten a que del número de obreros asalariados entre los artesanos hay muy pocos obreros anuales (8%), la mayoría son destajistas (37%), a plazo (30%) y jornaleros (25%, p. 51). Los destajistas «habitualmente trabajan en su casa, con sus propias herramientas, a su propia costa», y los jornaleros son contratados «temporalmente», de manera similar a los obreros agrícolas. En tales condiciones, «un número relativamente grande de obreros asalariados no nos sirve aún como signo indudable del tipo capitalista de estos establecimientos» (56)… «Ni el destajista, ni el jornalero en general, según nuestra convicción, crean cuadros de la clase obrera semejante al proletariado europeo-occidental; tales cuadros pueden ser sólo los obreros anuales permanentes.»

No podemos dejar de elogiar a los populistas de Perm por el hecho de que se interesen por la cuestión de la relación entre los obreros asalariados rusos y el «proletariado europeo-occidental». ¡Cuestión interesante, qué se va a hacer! Pero nosotros de todos modos preferiríamos oír de los estadísticos afirmaciones basadas en hechos, y no en la «convicción». No siempre, en efecto, la declaración de la propia «convicción» puede convencer a otros… ¿No habría sido mejor, en lugar de contar al lector sobre la «convicción» de los Sres. NN y MM, comunicar más hechos? Pues de lo contrario, los hechos sobre la situación de los obreros asalariados, sobre las condiciones de trabajo, sobre la jornada laboral en los establecimientos de distinta magnitud, sobre las familias de los obreros asalariados, etc., se comunican en el «Esbozo» hasta lo increíblemente poco. Si los razonamientos sobre la diferencia de los obreros rusos respecto al proletariado europeo-occidental sirvieran sólo para encubrir esta laguna, entonces tendríamos que retirar nuestro elogio…

Todo lo que sabemos del «Esbozo» sobre los obreros asalariados es su división en 4 categorías: anuales, a plazo, destajistas y jornaleros. Para familiarizarse con estas categorías hay que recurrir a los datos dispersos por el libro. Para 29 industrias (de 43) se indica el número de obreros de cada categoría y su salario. En estas 29 industrias hay 4795 obreros asalariados con un salario de 233 784 rublos. En las 43 industrias en total hay 4904 obreros asalariados con un salario de 238 992 rublos. De modo que nuestro resumen abarca el 98% de los obreros asalariados y de su salario. He aquí, en regard [181], las cifras del «Esbozo» [182] y de nuestro resumen:

>

% [183]

Resulta que en el resumen del «Esbozo» hay o errores o erratas. Pero esto es de paso. El interés principal son los datos sobre el salario. El salario de los destajistas, de los cuales se dice en el «Esbozo» que «el trabajo a destajo en esencia es la etapa más próxima en el camino hacia la independencia patronal» (p. 51 – ¿también, probablemente, «según nuestra convicción»?), resulta considerablemente más bajo que el salario del obrero anual. Si la afirmación de los estadísticos de que el obrero anual habitualmente vive a costa del patrón, y el destajista a la suya propia, se basa no sólo en su «convicción», sino también en hechos, entonces esta diferencia será aún mayor. ¡De manera extraña los patronos artesanos de Perm aseguran a sus obreros el «camino hacia la independencia»! Este aseguramiento consiste en la reducción del salario… Las fluctuaciones del período de trabajo, como veremos, no son tan grandes como para explicar esta diferencia. Además, es muy interesante señalar que el salario del jornalero constituye el 66,7% del salario del obrero anual. Por consiguiente, cada jornalero está ocupado, por término medio, alrededor de 8 meses al año. Es evidente que aquí sería mucho más correcto hablar de una «distracción temporal» de la industria (si es que los jornaleros se distraen realmente ellos mismos de la industria, y no es el patrón quien los deja sin trabajo), que de un «elemento temporal dominante del trabajo asalariado» (p. 52).