El pueblo de Krasnoe, de la provincia y distrito de Kostromá, es uno de esos pueblos industriales que habitualmente constituyen centros de nuestra manufactura capitalista «popular». Esta gran aldea (2.612 habitantes en 1897) posee un carácter puramente urbano, sus habitantes viven como pequeños burgueses y no se dedican a la agricultura (salvo muy contadas excepciones). El pueblo de Krasnoe es el centro de la industria joyera, que abarca 4 *volosts* y 51 localidades (incluyendo el *volost* de Sidorovskaya del distrito de Nérejta) con 735 hogares y cerca de 1.706 trabajadores[440]. «Los principales representantes de la industria —dice el Sr. Tilló— deben ser considerados, indudablemente, los grandes industriales del pueblo de Krasnoe: los comerciantes Putílov, Mázov, Sorokin, Chulkov y otros. Ellos compran el material —oro, plata, cobre—, mantienen a los maestros, acaparan los artículos terminados, encargan trabajo a domicilio, suministran modelos de los artículos, etc.» (2043). Los grandes industriales tienen talleres —«rabochorni» (laboratorios)— en los que se forjan y funden los metales, que luego se reparten para dar el acabado a los «artesanos»; poseen dispositivos técnicos —«prepy» (prensas, troqueles para recortar las piezas), «boini» (para estampar dibujos), «valsy» (para estirar el metal), bancos de trabajo, etc. La división del trabajo se aplica ampliamente en la producción: «El trabajo de casi cada artículo pasa por varias manos según un orden establecido. Así, por ejemplo, para hacer unos pendientes, la plata es entregada primero por el industrial-patrón a su propio taller, donde una parte se lamina y otra se estira en alambre; este material pasa luego, por encargo, a un maestro particular, en cuya casa, si tiene familia, la ejecución de dicho trabajo se reparte entre varias personas: uno troquelará con el 'prep' el dibujo o la forma del pendiente de la lámina de plata; otro doblará el alambre para formar la anilla con que el pendiente se introduce en la oreja; un tercero soldará estas piezas y, finalmente, un cuarto pulirá el pendiente acabado. Todo el trabajo no es duro ni requiere una preparación considerable; muy a menudo, mujeres y niños de 7-8 años se dedican a la soldadura y al pulido» (2041)[441]. La jornada de trabajo se distingue aquí también por su excesiva duración, alcanzando habitualmente las 16 horas. Se practica el pago mediante suministros.

Los siguientes datos estadísticos (publicados más recientemente por el inspector local de contraste) ilustran de manera gráfica la estructura económica de la industria{97}:

«A los dos primeros grupos (alrededor de dos tercios del total de maestros) se les puede equiparar más bien no a artesanos, sino a obreros fabriles que trabajan a domicilio». En el grupo superior, «el trabajo asalariado se encuentra cada vez con mayor frecuencia… Los maestros empiezan ya a comprar productos ajenos»; en los estratos superiores del grupo «predomina el acaparamiento», y «cuatro acaparadores no tienen taller alguno»[442].

Las industrias de samovares y armonios (acordeones) de la ciudad de Tula y sus alrededores presentan ejemplos sumamente típicos de manufactura capitalista. En general, las industrias «artesanas» de esta región se distinguen por su gran antigüedad: sus inicios se remontan al siglo XV[443]. Alcanzaron un desarrollo particular a partir de mediados del siglo XVII; desde esta época data el Sr. Borísov el 2º período de desarrollo de las industrias de Tula. En 1637 se construyó la primera fábrica de fundición de hierro (por el holandés Vinius). Los armeros de Tula formaban un barrio especial de herreros, constituían un estamento particular, con derechos y privilegios especiales. En 1696 surge en Tula la primera fábrica de fundición de hierro, organizada por un destacado herrero tuliano, y la industria se traslada a los Urales y a Siberia[444]. A partir de este momento comienza el 3<sup>er</sup> período en la historia de las industrias de Tula. Los maestros empezaron a organizar sus propios establecimientos, enseñando el oficio también a los campesinos de los alrededores. En las décadas de 1810-1820 surgieron las primeras fábricas de samovares. «En 1825, en Tula se contaban ya 43 fábricas diferentes que pertenecían a los armeros, y las existentes en la actualidad pertenecen casi todas a los que fueron en su momento armeros, y ahora son comerciantes de Tula» (l. c., 2262). Vemos aquí, por consiguiente, la sucesión directa y la conexión entre los antiguos maestros gremiales y los patronos de la manufactura capitalista posterior. En 1864, los armeros de Tula fueron liberados de la dependencia de servidumbre{98} y reinscritos como pequeños burgueses; los ingresos disminuyeron a causa de la fuerte competencia de los artesanos rurales (lo que provocó también el traslado inverso de los industriales de la ciudad al campo); los obreros se volcaron a las industrias: de samovares, cerrajería, cuchillería, armonios (los primeros armonios de Tula aparecieron en 1830-1835).

La industria del samovar está organizada en la actualidad de la siguiente manera. A la cabeza se encuentran los grandes capitalistas, propietarios de talleres con decenas y centenares de obreros asalariados, encargando además muchas operaciones de detalle a obreros a domicilio, tanto urbanos como rurales; estos ejecutantes de operaciones de detalle tienen a veces, a su vez, talleres con obreros asalariados. Por supuesto, junto a los grandes talleres existen también pequeños, con todos los grados sucesivos de dependencia respecto a los capitalistas. La división del trabajo constituye la base general de toda la estructura de esta producción. El proceso de elaboración del samovar se divide en las siguientes operaciones separadas: 1) curvado en tubo de la lámina de cobre (navodka); 2) soldadura de los mismos; 3) limado de las soldaduras; 4) colocación de los fondos; 5) forjado de las piezas (el llamado «tiajtanie»); 6) limpieza del interior; 7) torneado de los samovares y sus cuellos; 8) estañado; 9) perforación con prensa de los respiraderos en los fondos y hornillos; 10) montaje del samovar. Luego, por separado, está la fundición de las pequeñas piezas de cobre: a) moldeado y b) fundición[445]. Al repartirse el trabajo a domicilio, cada una de estas operaciones puede constituir una industria «artesana» especial. Una de estas «industrias» fue descrita por el Sr. Borísov en el VII fascículo de los «Trabajos de la Comisión Artesana». Esta industria (la de curvado de tubos para samovares) consiste en que los campesinos ejecutan a destajo, con material de los comerciantes, una de las operaciones de detalle descritas por nosotros. Los artesanos se trasladaron al campo a trabajar desde la ciudad de Tula después de 1861: en el campo el mantenimiento es más barato y el nivel de necesidades, más bajo (1. c., p. 893). El Sr. Borísov explica con razón esta pervivencia del «artesano» por la conservación del forjado manual de los samovares: «el artesano rural siempre será más ventajoso para el comerciante-fabricante, porque trabaja un 10-20% más barato que el artesano urbano» (916).

El Sr. Borísov calculaba el volumen de la producción de samovares en 1882 en aproximadamente 5 millones de rublos, con 4-5 mil obreros (artesanos inclusive). La estadística fabril también cubre en este caso tan solo una pequeña parte de toda la manufactura capitalista. El «Directorio» de 1879 contaba en la provincia de Tula 53 «fábricas» de samovares (todas manuales) con 1.479 obreros y una suma de producción de 836 mil rublos. El «Directorio» de 1890, 162 fábricas —2.175 obreros— 1.100 mil rublos, aunque, sin embargo, en la lista nominal se incluyeron solo 50 fábricas (1 de vapor) —1.326 obreros— 698 mil rublos. Es evidente que esta vez se clasificó como «fábricas» también a un centenar de pequeños establecimientos. Finalmente, la «Relación» indica para 1894/95, 25 fábricas (4 de vapor) con 1.202 obreros (+607 externos) y una suma de producción de 1.613 mil rublos. En estos datos no son comparables (por la razón indicada más arriba, así como a causa de la confusión en los años anteriores entre obreros en el establecimiento y externos) ni el número de fábricas, ni el número de obreros. Es indudable solo el desplazamiento progresivo de la manufactura por la gran industria mecanizada: en 1879, 2 fábricas tenían 100 y más obreros; en 1890, 2 (una de vapor); en 1894/95, 4 (tres de vapor)[446].

La industria del armonio tiene una organización absolutamente idéntica, situada en una etapa inferior de desarrollo económico[447]. «En la producción de armonios participan más de 10 especialidades distintas» («Trabajos de la Comisión Artesana», IX, 236); la fabricación de las diversas partes del armonio o la ejecución de algunas operaciones de detalle constituye el objeto de industrias «artesanas» particulares, *quasi*-independientes. «En los períodos de calma, todos los artesanos trabajan para las fábricas o para talleres más o menos considerables, de cuyos patronos reciben el material; pero en tiempos de mayor demanda de armonios aparece una masa de pequeños productores que acaparan a los artesanos las piezas sueltas, ellos mismos montan los armonios y los llevan a las tiendas locales —a los almacenes—, donde entonces se acaparan los armonios con gran avidez» (ibid.). El Sr. Borísov calculaba en 1882 en esta industria 2-3 mil trabajadores y una suma de producción de aprox. 4 millones de rublos; la estadística fabril señalaba en 1879 dos «fábricas» con 22 obreros y suma de producción de 5 mil rublos; en 1890, 19 fábricas con 275 obreros, suma de producción de 82 mil rublos; en 1894/95, 1 fábrica con 23 obreros (más 17 externos), con suma de producción de 20 mil rublos[448]. No se emplean en absoluto motores de vapor. Todos estos saltos en las cifras indican un apresamiento puramente casual de establecimientos aislados que forman parte integrante del complejo organismo de la manufactura capitalista.