La *Estadística de la propiedad de la tierra de 1905*, publicada por el Comité Central de Estadística en 1907, permite representar con exactitud la magnitud de la propiedad de la tierra campesina y terrateniente en las 50 provincias de la Rusia europea. Pero antes, expongamos los datos generales. Toda la superficie de la Rusia europea (50 provincias) se calcula (véase el censo del 28 de enero de 1897) en 4.230,5 miles de verstas cuadradas, es decir, 440,8 millones de desiatinas. La estadística de la propiedad de la tierra de 1905 registra 395,2 millones de des., que se desglosan en los siguientes tres grandes rubros:

\[82\] Tierra de nadiel: tierra cedida a los campesinos para su usufructo a cambio de un rescate tras la abolición del derecho de servidumbre en Rusia en 1861; se hallaba en posesión comunal y se distribuía entre los campesinos para su usufructo mediante repartos periódicos.

De esta cifra total hay que descontar, ante todo, las tierras del Estado, situadas en el lejano norte y consistentes en parte en tundras y en parte en bosques tales que no se puede contar con su utilización agrícola en un futuro próximo. Tales tierras hay en la "región septentrional" (provincias de Arjánguelsk, Olonets y Vólogda): 107,9 millones de des. Naturalmente, al descontar todas estas tierras, exageramos en mucho la cantidad de tierras incómodas para la agricultura. Baste señalar que un estadístico tan cauto como el Sr. A. A. Kaufman considera que en las provincias de Vólogda y Olonets hay 25,7 millones de desiatinas de bosque que podrían destinarse (como excedente por encima del 25% de superficie forestal) a la adjudicación suplementaria a los campesinos\[38\]. Pero, como tomamos los datos generales sobre la cantidad de tierra, sin desglosar los datos sobre el bosque, será más correcto definir con mayor cautela el fondo de tierras aptas para la agricultura. Descontados 107,9 millones de des., quedan 287,3 millones de des. y, para redondear, tomaremos la cifra de 280 millones de des., desechando una parte de las tierras urbanas (en total son 2,0 millones de des.) y una parte de las tierras del Estado de las provincias de Viatka y Perm (en total, en estas dos provincias, las tierras del Estado suman 16,3 millones de des.).

Resulta la siguiente distribución bruta de la cantidad de tierra apta para la agricultura en la Rusia europea:

Ahora es necesario desglosar los datos sobre la pequeña y la gran propiedad (y, en especial, la más grande) para representar concretamente la situación de la lucha campesina por la tierra en la revolución rusa. Pero los datos de este género son incompletos. De los 138,8 millones de des. de tierra de nadiel, están distribuidos por dimensiones de la propiedad territorial 136,9 millones de des. De los 101,7 millones de des. de tierra de propiedad privada: 85,9 millones de des.; los restantes 15,8 millones de des. pertenecen a "sociedades y compañías". Observando atentamente la composición de estas últimas tierras, vemos que 11,3 millones de des. de ellas pertenecen a sociedades y compañías campesinas; esto significa que es, en general y en conjunto, pequeña propiedad territorial, no distribuida, por desgracia, por dimensiones. Además, 3,7 millones de des. pertenecen a compañías "comerciales, industriales, fabriles, etc.", en número de 1.042. De ellas, 272 compañías tienen más de 1.000 des. cada una, y las 272 en total, 3,6 millones de des. Se trata, evidentemente, de latifundios terratenientes. La masa principal de tales tierras se concentra en la provincia de Perm: ¡aquí, nueve de estas compañías poseen 1.448.902 desiatinas! Es sabido que las fábricas de los Urales tienen decenas de miles de desiatinas de tierra: una supervivencia directa de los latifundios feudales y señoriales{79} en la Rusia burguesa.

Desglosamos, por consiguiente, 3,6 millones de des. de la tierra de sociedades y compañías, como la más grande propiedad territorial. Lo restante no está distribuido, pero en general es pequeño.

De los 39,5 millones de des. de tierra del Estado y otras, sólo las tierras de infantazgo (udiel){80} (5,1 millones de des.) se prestan al desglose por dimensiones. Ésta es también una propiedad territorial semimedieval, grandísima. Obtenemos el siguiente total de tierras distribuidas y no distribuidas por dimensiones de la propiedad territorial:

* 85,9 millones de des. de tierra de propiedad privada más 3,6 millones de des. de latifundios de sociedades y compañías fabriles, industriales y comerciales.

Pasemos a la distribución de las tierras de nadiel por dimensiones de la propiedad territorial. Agrupando los datos de nuestra fuente en varios grupos más grandes, obtenemos:

De estos datos se ve que más de la mitad de los hogares (6,2 millones de 12,3) tiene hasta 8 des. por hogar, es decir, una cantidad de tierra, en general y término medio, absolutamente insuficiente para el sustento de una familia. Hasta 15 desiatinas tienen en total 10,1 millones de hogares (con 72,9 millones de des.), es decir, más de cuatro quintas partes del número total de hogares se hallan, con la presente altura de la técnica agrícola campesina, en el límite de una existencia de semihambre. Los hogares medios y acomodados por la cantidad de tierra propia constituyen en total 2,2 millones de 12,3, teniendo ellos 63,9 millones de des. de 136,9 millones de des. Se puede llamar ricos sólo a los que tienen más de 30 des.: tales hay en total 0,6 millones de hogares, es decir, la vigésima parte del número total de hogares. Tienen casi 1/4 de la cantidad total de tierra: 32,7 millones de des. de 136,9. Para juzgar de qué categorías de campesinos se compone este grupo de hogares rico en tierras, señalemos que en primer lugar se sitúan aquí los cosacos. En el grupo de los que tienen más de 30 des. por hogar, hay 266.929 hogares suyos con 14.426.403 des., es decir, la aplastante mayoría de todo el número de cosacos (en la Rusia europea, 278.650 hogares con 14.689.498 des. de tierra, es decir, un promedio de 52,7 des. por hogar).

Para juzgar de cómo se distribuyen aproximadamente todos los hogares campesinos por dimensiones de la explotación, y no por la propiedad de nadiel, tenemos sobre toda Rusia sólo datos sobre la posesión de caballos. Según los últimos censos de caballos del Ministerio de la Guerra de 1888–1891, la distribución de los hogares campesinos en 48 provincias de la Rusia europea es la siguiente:

En general y en conjunto esto significa: más de la mitad de pobres (5,6 millones de 10,1), alrededor de un tercio de hogares medios (3,3 millones con 2–3 caballos) y un poco más de una décima parte de acomodados (1,1 millones de 10,1).

Veamos ahora la distribución de la propiedad privada personal de la tierra. La estadística no destaca aquí con suficiente claridad la más pequeña propiedad territorial, pero en cambio da los datos más detallados sobre los latifundios más grandes.

Vemos aquí, en primer lugar, el enorme predominio de la gran propiedad territorial: 619 mil pequeños propietarios (hasta 50 des.) tienen en total 6½ millones de des. En segundo lugar, vemos latifundios inmensamente grandes: ¡699 propietarios tienen casi 30.000 desiatinas cada uno! Veintiocho mil propietarios concentran 62 millones de des., es decir, 2.227 des. por uno. La aplastante mayoría de estos latifundios pertenece a nobles, precisamente 18.102 posesiones (de 27.833) y 44.471.994 des. de tierra, es decir, más del 70% de toda la superficie bajo latifundios. La propiedad territorial medieval de los terratenientes feudales se perfila con estos datos con total nitidez.

# 2. ¿Por qué se lucha?

Diez millones de hogares campesinos tienen 73 millones de des. de tierra. Veintiocho mil nobles y plebeyos landlords tienen 62 millones de desiatinas. He ahí el fondo básico del campo en que se despliega la lucha campesina por la tierra. Sobre este fondo básico son inevitables el asombroso atraso de la técnica, el estado de abandono de la agricultura, el abatimiento y la opresión de la masa campesina, las formas infinitamente diversas de explotación feudal y de prestación personal. Para no desviarnos de nuestro tema, debemos limitarnos aquí a la más breve indicación de estos hechos notorios, descritos del modo más detallado en la enorme literatura sobre la economía campesina. Las dimensiones de las posesiones de tierra, que hemos delineado, no corresponden en ningún caso a las dimensiones de las explotaciones. La gran agricultura capitalista está, en las provincias puramente rusas, absolutamente en segundo plano. Predomina el pequeño cultivo en los grandes latifundios: diversas formas de arriendo feudal y de servidumbre, de economía de prestación personal (barschina), de "enganche invernal", de servidumbre por daños en los pastos, de servidumbre por los otrezki, y así hasta el infinito. Abatida por la explotación feudal, la masa campesina se arruina y en parte ella misma cede en arriendo sus nadieles a los campesinos "cumplidores". Una pequeña minoría de campesinos acomodados se convierte en burguesía campesina, arrienda tierra para la explotación capitalista, explota a cientos de miles de jornaleros y peones.

Tomando en consideración estos hechos, plenamente establecidos por la ciencia económica rusa, debemos distinguir, en la cuestión de la lucha campesina contemporánea por la tierra, cuatro grupos básicos de posesiones de tierra. 1) La masa de explotaciones campesinas, oprimida por los latifundios feudales y directamente interesada en su expropiación, y que directa y mayormente se beneficia de tal expropiación. 2) Una pequeña minoría del campesinado medio, que ya ahora posee aproximadamente una cantidad media de tierra, que permite una administración tolerable. 3) Una pequeña minoría del campesinado acomodado, que se transforma en burguesía campesina y, mediante una serie de transiciones graduales, se vincula con la propiedad territorial que administra de forma capitalista. 4) Los latifundios feudales, que exceden con mucho en sus dimensiones a las economías capitalistas de la presente época en Rusia y que extraen la mayor parte de su ingreso de la explotación servil y de prestación personal del campesinado.

Se sobreentiende que, según los datos sobre la propiedad de la tierra, estos grupos básicos pueden desglosarse sólo muy aproximadamente, de modo estimativo, esquemático. Pero nosotros, en todo caso, estamos obligados a desglosar estos grupos, pues de lo contrario no se puede dar un cuadro íntegro de la lucha por la tierra en la revolución rusa. Y de antemano se puede decir con plena seguridad que correcciones parciales de las cifras, desplazamientos parciales de los límites de uno u otro grupo, no pueden cambiar en lo más mínimo esencial el cuadro general. Lo importante no son estas correcciones parciales, sino el que esté claramente confrontada la pequeña propiedad territorial, que ansía tierra, y los latifundios feudales, que monopolizan la masa de tierra. La falsedad fundamental tanto de la economía gubernamental (stolypiniana) como de la liberal (kadete) consiste en ocultar o desdibujar esta clara confrontación.

Supongamos las siguientes dimensiones de propiedad territorial para los cuatro grupos indicados: 1) hasta 15 des.; 2) 15–20 des.; 3) 20–500 des. y 4) más de 500 des. por posesión. Para representar la lucha por la tierra como algo íntegro, debemos, naturalmente, unir juntas en cada uno de estos grupos la propiedad de nadiel y la privada. Esta última, en nuestra fuente, está dividida en los grupos: hasta 10 des. y de 10 a 20, de modo que el grupo de hasta 15 des. hay que desglosarlo aproximadamente. La inexactitud que pueda resultar de este cálculo aproximado y del redondeo de cifras que realizamos es completamente insignificante (el lector se convencerá ahora de ello) y no puede cambiar las conclusiones.

He aquí la distribución actual de la tierra en la Rusia europea según los grupos que hemos tomado:

* Las cifras de esta tabla, como ya se ha dicho, están redondeadas. He aquí las cifras exactas. Tierra de nadiel: a) 10,1 millones de posesiones y 72,9 millones de des.; b) 874 mil posesiones y 15,0 millones de des. Propiedad privada de tierra hasta 10 des.: 410 mil poses. y 1,6 millones de des.; 10–20 des.: 106 mil poses. y 1,6 millones de desiatinas. Suma a + b de ambos tipos: 11,5 millones de poses. y 91,2 millones de desiatinas. Para el grupo c) la cifra exacta: 1,5 millones de poses. y 69,5 millones de des. de tierra. Para el grupo d): 27.833 posesiones y 61,99 millones de des. de tierra. A las últimas se han añadido, como se indicó arriba, 5,1 millones de des. de tierras de infantazgo y 3,6 millones de des. de las más grandes compañías fabriles, industriales y comerciales. La cifra exacta de tierras no distribuidas por posesiones se ha dado arriba: 48,5 millones de desiatinas. El lector puede ver de aquí que todos nuestros redondeos y cálculos aproximados afectan a cambios numéricos completamente insignificantes y no pueden hacer vacilar ni un ápice las conclusiones.

Tales son las relaciones que engendran la lucha campesina por la tierra. Tal es el punto de partida de la lucha de los campesinos (7–15 des. por hogar más arriendo de servidumbre, etc.) contra los terratenientes más grandes (2.333 des. por economía). ¿Cuál es la tendencia objetiva del punto final de esta lucha? Evidentemente, esta tendencia consiste en la supresión de la gran propiedad terrateniente feudal, en su paso (sobre una u otra base) a los campesinos. Esta tendencia objetiva se deriva de manera absolutamente inevitable del hecho del predominio del pequeño cultivo, esclavizado por los latifundios feudales. Para expresar esta tendencia en un esquema igual de ilustrativo que el que hemos presentado para representar el punto de partida de la lucha, es decir, el estado actual de las cosas, se debe tomar el mejor caso pensable, es decir, suponer que todas las tierras de los latifundios feudales y todas las tierras no distribuidas por posesiones pasan a manos del campesinado arruinado. Éste es el mejor caso que, de manera más o menos nítida, se figuran todos los participantes en la lucha agraria contemporánea: el gobierno habla de "adjudicación" a los "necesitados", el funcionario liberal (kadete también) habla de adjudicación suplementaria a los de poca tierra, el campesino trudovik discurre sobre el aumento de la propiedad de tierra hasta la norma "de consumo" o "de trabajo", y el socialdemócrata, discrepando en la cuestión de las formas de usufructo de la tierra, acepta en general las suposiciones populistas de adjudicación a los campesinos más pobres (Tsereteli, en la II Duma, en la 47ª sesión, el 26 de mayo de 1907, aceptó las cifras del populista Karaváiev de 57 millones de tierras expropiables por 6½ mil millones, de ellas para los más pobres, que tienen hasta 5 des., 2½ mil millones, véase la pág. 1221 del acta taquigráfica). En una palabra, por muy diferentemente que los terratenientes, los funcionarios, la burguesía, el campesinado y el proletariado vean las tareas y las condiciones de la transformación, todos apuntan la misma tendencia: el paso de las tierras de los grandes terratenientes al campesinado más necesitado. De cuáles son las diferencias radicales entre las clases en las miras sobre las dimensiones y las condiciones de tal paso, hablaremos en su lugar de modo especial. Ahora completemos nuestro esquema del punto de partida de la lucha con un esquema análogo de su posible punto final. Hemos mostrado arriba lo que hay ahora. Mostremos lo que puede haber entonces. Supongamos que 0,03 millones de terratenientes conservan cada uno 100 des., es decir, 3 millones de des., y los restantes 67 millones y 50 millones de tierras no distribuidas pasan a 10,5 millones de hogares pobres. Obtenemos:

Tal es la base económica de la lucha por la tierra en la revolución rusa. Tal es el punto de partida de esta lucha y su tendencia, es decir, su punto final, su resultado en el mejor caso, desde el punto de vista de los que luchan.

Antes de pasar al examen de esta base económica y de su envoltura ideológica (e ideológico-política), detengámonos aún en los posibles equívocos y objeciones.

Primero. Se puede decir que en mi cuadro se supone el reparto de las tierras, mientras que yo aún no he examinado la cuestión de la municipalización, el reparto, la nacionalización, la socialización.

Esto sería un equívoco. En mi cuadro, las condiciones de la propiedad territorial se han dejado completamente de lado, las condiciones del paso de la tierra a los campesinos no se han tocado en absoluto (en propiedad o en usufructo de uno u otro tipo). Yo he tomado sólo el paso de la tierra en general al pequeño campesinado; y de tal tendencia de nuestra lucha agraria no es permisible dudar. Lucha el pequeño campesinado, lucha por el paso de la tierra a él. Lucha el pequeño cultivo (burgués) contra la gran propiedad territorial (feudal)\[39\]. Otro resultado de la transformación en el mejor caso, que el dibujado por mí, no puede haber.

Segundo. Se puede decir que yo no tenía derecho a suponer el paso de todas las tierras confiscadas (o expropiadas, pues aún no se habla en mi exposición de las condiciones de la expropiación) al campesinado más pobre en tierra. Se puede decir que las tierras deben pasar, por fuerza de la necesidad económica, a los campesinos más ricos. Pero tal objeción sería un equívoco. Para demostrar el carácter burgués de la transformación, debo tomar el mejor caso desde el punto de vista del populismo, debo admitir el logro de aquel fin que se plantean los que luchan. Debo tomar el momento más próximo al llamado "Reparto Negro"{81}, y no las consecuencias ulteriores de la transformación agraria. Si la masa vence en la lucha, para sí misma tomará los frutos de la victoria. Otra cuestión es a quién le tocarán estos frutos posteriormente.

Tercero. Se puede decir que el resultado extraordinariamente favorable para el campesinado pobre (la transformación de toda su masa en campesinos medios con tierra de hasta 18 des. por hogar) lo obtuve yo a consecuencia de una exageración del fondo libre de tierras. Se puede decir que había que descontar los bosques, que no pueden ir a la adjudicación a los campesinos. Tales objeciones son posibles e incluso inevitables de parte de los economistas del campo gubernamental y kadete, pero son incorrectas. En primer lugar, hay que ser un funcionario que toda la vida dobla el espinazo ante el terrateniente feudal, para imaginar que el campesino no sabrá administrar correctamente con los bosques y extraer de ellos ingresos en su provecho, y no en provecho de los terratenientes. Punto de vista del funcionario policial y del liberal ruso: ¿cómo asegurar al mujik con una adjudicación? Punto de vista del obrero consciente: ¿cómo liberar al mujik de la gran propiedad feudal territorial? ¿Cómo quebrar los latifundios feudales? En segundo lugar, yo he excluido toda la región septentrional (provincias de Arjánguelsk, Vólogda y Olonets), así como una parte de las provincias de Viatka y de Perm, es decir, localidades en las que es difícil imaginarse en un futuro próximo la explotación agrícola de las superficies cubiertas de bosque. En tercer lugar, un cómputo especial de las superficies forestales, al complicar de modo extraordinario el cálculo, cambiaría poco los resultados. Por ej., el Sr. Kaufman, kadete –por consiguiente, con actitud suficientemente cautelosa hacia las tierras terratenientes–, considera que el excedente por encima del 25% de superficie forestal puede destinarse a cubrir la escasez de tierra, y de este modo obtiene un fondo de 101,7 millones de des. para 44 provincias. En mi caso, para 47 provincias, el fondo se definió aproximadamente en 101 millones de des., precisamente: 67 millones de des. de los 70 millones de latifundios feudales y 34 millones de des. de tierra del Estado y de distintas instituciones. Si se supone la expropiación de todas las tierras por encima de 100 desiatinas, este fondo se incrementa todavía en 9–10 millones de desiatinas\[40\].

# 3. El desdibujamiento de la esencia de la lucha por los escritores kadetes

Los datos aducidos sobre el papel de las más grandes explotaciones terratenientes en la lucha por la tierra en Rusia deben ser completados en un aspecto. Un rasgo característico de los programas agrarios de nuestra burguesía y pequeña burguesía es la obstrucción con consideraciones sobre las "normas" de la cuestión de qué clase es el más poderoso adversario del campesinado, qué posesiones constituyen la masa principal del fondo sujeto a expropiación. Hablan (y los kadetes y los trudovikí) principalmente de cuánta tierra se requiere para los campesinos según tal o cual "norma", en lugar de hablar de un asunto mucho más concreto y vivo: cuántas tierras hay que puedan ser expropiadas. El primer planteamiento de la cuestión desdibuja la lucha de clases, encubre la esencia del asunto con una vana pretensión de punto de vista "estatal". El segundo planteamiento traslada todo el centro de gravedad de la cuestión a la lucha de clases, a los intereses de clase de una determinada capa terrateniente, la que más representa las tendencias feudales.

En otro lugar nos detendremos aún en esta cuestión de las "normas". Aquí señalemos sólo una "feliz" excepción entre los trudovikí y a un típico escritor kadete.

En la II Duma, el socialista popular Delarov tocó la cuestión de qué porcentaje de propietarios se vería afectado por la expropiación (47ª sesión, 26 de mayo de 1907). El orador habló precisamente de expropiación (forzosa), sin plantear la cuestión de la confiscación, y adoptó, al parecer, la misma norma de expropiación que yo hipotéticamente tomé en mi tabla, a saber: 500 des. Por desgracia, en las actas taquigráficas de la II Duma, el pasaje correspondiente del discurso de Delarov (pág. 1217) está distorsionado, o el propio Sr. Delarov cometió un error. En el acta figura que la expropiación forzosa afectará al 32% de las posesiones privadas y al 96% de toda su superficie de tierra, y que a los restantes, dizque, el 68% de los propietarios, sólo les queda el 4% de la tierra de propiedad privada. En realidad, en lugar del 32% debe ser el 3,7%, pues 27.833 propietarios de 752.881 constituyen el 3,7%, y la tierra que tienen es 62 millones de 85,8 millones, es decir, el 72,3%. Queda sin saberse si el Sr. Delarov se confundió al hablar o tomó cifras incorrectas. En todo caso, él fue uno de los pocos, si no nos equivocamos, de entre los numerosos oradores de la Duma, que se aproximó a la cuestión de por qué se lucha en el sentido más directo y concreto.

Un escritor kadete, cuyos "trabajos" no se pueden dejar de mencionar al exponer la presente cuestión, es el Sr. S. Prokopóvich. Es cierto que él, propiamente hablando, es un "sin título", que actúa –al igual que la mayoría de los escritores del periódico burgués "Továrisch"– ora como kadete, ora como menchevique socialdemócrata. Es un típico representante de ese grupito de bernsteinianos consecuentes en el seno de la intelectualidad burguesa rusa, que oscila entre el K.-D. y el S.-D., no entra (en su mayor parte) en ningún partido y tira sistemáticamente en la prensa liberal de una nota un poquitín más a la derecha de Plejánov. El Sr. Prokopóvich debe ser señalado aquí porque fue uno de los primeros en publicar en la prensa cifras de la estadística de la propiedad de la tierra de 1905, y además se situó de hecho en el terreno de la reforma agraria kadete. En dos artículos en el periódico "Továrisch" (1907, nº 214 del 13 de marzo y nº 238 del 10 de abril), el Sr. Prokopóvich polemiza con el compilador de la estadística oficial, el general Zolotariov, quien demuestra que el gobierno puede perfectamente, sin ninguna expropiación forzosa, manejar la reforma agraria y que, ¡para llevar la explotación, al campesino le bastan plenamente 5 desiatinas por hogar! El Sr. Prokopóvich es más liberal: toma 8 des. por hogar. Él se previene, y no una vez, de que tal aseguramiento es "completamente insuficiente", que tal cálculo es "el más modesto", etc., pero aún así, para determinar "las dimensiones de la necesidad de tierra" (título del primero de los artículos arriba mencionados del Sr. Prokopóvich), toma precisamente esta cifra. Explica que la toma "para evitar disputas innecesarias"... debe ser, ¿disputas "innecesarias" con los Sres. Zolotariov? Calculando de este modo el número de hogares campesinos "manifiestamente de poca tierra" en la mitad del número total, el Sr. Prokopóvich calcula correctamente que para su adjudicación suplementaria hasta 8 des. se requieren 18,6 millones de des., y como el gobierno tiene un fondo de sólo, al parecer, 9 millones de des., entonces –"no se podrá prescindir de la expropiación forzosa".

Tanto con sus cálculos como con sus razonamientos, el Sr. mencheviquizante kadete o kadetizante menchevique expresó magníficamente el espíritu y el sentido del programa agrario liberal. La cuestión propiamente de los latifundios feudales y de los latifundios en general está completamente emborronada. El Sr. Prokopóvich adujo datos sólo sobre toda la propiedad privada de tierra por encima de 50 desiatinas. De este modo, aquello por lo que de verdad se lucha, resultó desdibujado. Los intereses de clase de un puñado –literalmente un puñado– de landlords están cubiertos con un velo. En lugar de su desenmascaramiento, tenemos ante nosotros el "punto de vista estatal": "no se podrá prescindir de las tierras del Estado". Si se pudiera prescindir de ellas, el Sr. Prokopóvich –así se desprende de su razonamiento– no tendría nada en contra de los latifundios feudales...

La dimensión de la adjudicación campesina (8 des.) se toma de hambre. La dimensión de la "expropiación forzosa" a los terratenientes se toma insignificante (¡18 – 9 = 9 millones de desiatinas de 62 millones por encima de 500 des.!). Para realizar tal "expropiación forzosa", es necesario que los terratenientes fuercen a los campesinos, como ocurrió en 1861{82}.

Voluntaria o involuntariamente, consciente o inconscientemente, el Sr. Prokopóvich expresó fielmente la esencia terrateniente del programa agrario kadete. Los kadetes son sólo cautos y astutos: prefieren callar por completo sobre cuánta tierra exactamente de los terratenientes están inclinados a expropiar.

# 4. La esencia económica de la transformación agraria y sus envolturas ideológicas

Hemos visto que la esencia de la transformación en curso se reduce a la supresión de los latifundios feudales y a la creación de un campesinado agrícola libre y (en la medida de lo posible bajo las condiciones dadas) acomodado, capaz no de vegetar, no de penar en la tierra, sino de desarrollar las fuerzas productivas, de impulsar hacia adelante la cultura agrícola. Esta transformación no afecta en absoluto ni puede afectar el pequeño carácter de la agricultura, el dominio del mercado sobre el productor y, por consiguiente, el dominio de la producción mercantil, pues la lucha por la redistribución de la tierra no está en condiciones de cambiar las relaciones de producción en la explotación sobre esta tierra. Y hemos visto que la particularidad de la presente lucha es el fuerte desarrollo del pequeño cultivo en las tierras de los latifundios feudales.

La envoltura ideológica de la lucha en curso son las teorías del populismo. La abierta comparecencia de los representantes campesinos de toda Rusia en la I y II Dumas con programas agrarios confirmó de modo definitivo que las teorías y programas populistas son realmente la envoltura ideológica de la lucha campesina por la tierra.

Hemos mostrado que la base, la principal parte componente de ese fondo de tierras por el que luchan los campesinos, son las grandes fincas feudales. La norma de expropiación la tomamos muy alta: 500 des. Pero es fácil convencerse de que la conclusión que hemos hecho conserva plena fuerza también con cualquier reducción de esta norma, digamos, a 100 o a 50 desiatinas. Dividamos el grupo c) – 20–500 des. en tres subdivisiones: aa) 20–50 des.; bb) 50–100 y cc) 100–500, y veamos cuáles son las dimensiones de la propiedad de nadiel y privada según estas subdivisiones:

De aquí se ve, primero, que la confiscación de tierras por encima de 100 des. aumentará el fondo de tierra, como ya se ha señalado arriba, en 9–10 millones de des., y la confiscación de tierras por encima de 50 desiatinas, supuesta por el diputado de la I Duma de Estado Chizhevski, aumentará el fondo de tierra en 18½ millones de des. Por consiguiente, la base del fondo de tierra también en este caso la seguirán constituyendo los latifundios feudales. En ellos está el "clavo" de la cuestión agraria contemporánea. Es conocida también la vinculación de esta gran propiedad territorial con la alta burocracia: G. A. Aleksinski adujo en la II Duma datos del Sr. Rubakin sobre cuán grandes son las fincas de los altos funcionarios en Rusia. Segundo, de estos datos se ve que, incluso descontando los nadieles y las fincas por encima de 100 des., quedan grandes diferencias entre los nadieles superiores (y las pequeñas fincas). La transformación sorprende al campesinado ya diferenciado, tanto por la magnitud de la propiedad territorial como, aún más, por la magnitud del capital, la cantidad de ganado, la cantidad y calidad del inventario muerto, etc. Que la diferenciación en la esfera de la propiedad, por así decirlo, extranadiel, es mucho más significativa que en la esfera de la propiedad de nadiel, está suficientemente demostrado en nuestra literatura económica.

¿Qué significación tienen entonces las teorías populistas, que reflejan más o menos fielmente las miras de los campesinos sobre su lucha por la tierra? Dos "principios" constituyen la esencia de estas teorías populistas: el "principio del trabajo" y el "igualitarismo". El carácter pequeñoburgués de estos principios es tan claro, y tan frecuente, tan detenidamente ha sido demostrado en la literatura marxista, que no hay para qué volver a hablar de ello aquí. Lo importante es señalar aquel rasgo de estos "principios" que no han valorado hasta ahora en su justa medida los socialdemócratas rusos. En una forma nebulosa, estos principios expresan realmente algo real y progresivo en el momento histórico dado. A saber: expresan la lucha de exterminio contra los latifundios feudales.

Miren el esquema arriba presentado de la evolución de nuestro régimen agrario desde la situación actual hacia el "fin último" de la moderna transformación burguesa. Ustedes verán claramente que el futuro "entonces" se diferencia del presente "ahora" por un "igualitarismo" incomparablemente mayor de la propiedad territorial, por una incomparablemente mayor correspondencia de la nueva distribución de la tierra con el "principio del trabajo". Y esto no es casual. No puede ser de otra manera en un país campesino cuyo desarrollo burgués lo libera del feudalismo. La supresión de los latifundios feudales es, sin duda alguna, en un país tal, una exigencia del desarrollo capitalista. Y esta supresión, bajo el dominio del pequeño cultivo, significa inevitablemente un mayor "igualitarismo" de la propiedad territorial. Al quebrar los latifundios medievales, el capitalismo empieza con una propiedad territorial más "igualitaria", creando ya a partir de ella una nueva gran agricultura, creándola sobre la base del trabajo asalariado, las máquinas y una alta técnica agrícola, y no sobre la base de las prestaciones personales y la servidumbre.

El error de todos los populistas consiste en que, limitándose al estrecho horizonte del pequeño campesino, no ven el carácter burgués de las relaciones sociales en las que entra el campesino al salir de los grilletes del feudalismo. Convierten el "principio del trabajo" de la agricultura pequeñoburguesa y el "igualitarismo", como consigna de la derrota de los latifundios feudales, en algo absoluto, autosuficiente, que significa un régimen especial, no burgués.

El error de algunos marxistas consiste en que, al criticar la teoría de los populistas, pasan por alto su contenido históricamente real e históricamente legítimo en la lucha contra el feudalismo. Critican, y critican con justicia, el "principio del trabajo" y el "igualitarismo" como un socialismo atrasado, reaccionario, pequeñoburgués, y olvidan que estas teorías expresan un democratismo pequeñoburgués avanzado, revolucionario, que estas teorías sirven de bandera de la lucha más enérgica contra la vieja Rusia feudal. La idea de igualdad es la idea más revolucionaria en la lucha contra el viejo orden del absolutismo en general, y contra el viejo orden feudal, de gran propiedad latifundista, en particular. La idea de igualdad es legítima y progresiva en el pequeño burgués campesino, en la medida en que expresa la lucha contra la desigualdad feudal. La idea del "igualitarismo" de la propiedad territorial es legítima y progresiva en la medida en que expresa la aspiración de 10 millones de campesinos, asentados en una adjudicación de 70 desiatinas y arruinados por los terratenientes, al reparto\[41\] de los latifundios feudales de 2.300 desiatinas. Pero en el momento histórico dado, esta idea expresa realmente tal aspiración, y empuja hacia una consecuente revolución burguesa, revistiéndola erróneamente con una neblinosa fraseología cuasisocialista. Y malo sería aquel marxista que, criticando la falsedad del encubrimiento socialista de las consignas burguesas, no supiera apreciar su significación históricamente progresiva, como las consignas burguesas más enérgicas en la lucha contra el feudalismo. El contenido real de esa transformación que al populista le parece la "socialización", consistirá en la más consecuente limpieza del camino para el capitalismo, en la más enérgica erradicación del feudalismo. El esquema que yo he presentado arriba muestra precisamente el máximo en la eliminación del feudalismo y el máximo del "igualitarismo" que con ello se alcanza. El populista imagina que este "igualitarismo" elimina el carácter burgués, cuando en realidad expresa las aspiraciones de la burguesía más radical. Y todo lo que hay en el "igualitarismo" por encima de esto es humo ideológico, ilusión del pequeño burgués.

El juicio miope y anhistórico de algunos marxistas rusos sobre la significación de las teorías populistas en la revolución burguesa rusa se explica porque no han reflexionado sobre la significación de la "confiscación" de la propiedad terrateniente por ellos defendida. Vale la pena representarse claramente la base económica de tal transformación en las condiciones dadas de nuestra propiedad territorial, y comprenderemos no sólo el carácter ilusorio de las teorías del populismo, sino también la verdad de la lucha, limitada por una determinada tarea histórica, la verdad de la lucha contra el feudalismo, que constituye el contenido real de estas teorías ilusorias.

# 5. Dos tipos de evolución burguesa agraria

Vayamos más lejos. Hemos mostrado que las teorías populistas, siendo absurdas y reaccionarias desde el punto de vista de la lucha por el socialismo contra la burguesía, resultan "razonables" (en el sentido de una tarea histórica especial) y progresivas en la lucha burguesa contra el feudalismo. Se pregunta ahora: ¿debe entenderse la inevitabilidad de la extinción del feudalismo en la propiedad territorial rusa y en todo el régimen social de Rusia, la inevitabilidad de la transformación agraria democrático-burguesa, en el sentido de que sólo puede producirse en una determinada forma? ¿O es posible en formas diversas?

Esta cuestión tiene una importancia cardinal para elaborar concepciones correctas sobre nuestra revolución y sobre el programa agrario socialdemócrata. Y resolver esta cuestión debemos, partiendo de los datos sobre la base económica de la revolución que se han aducido arriba.

El clavo de la lucha son los latifundios feudales, como la más destacada encarnación y el más firme soporte de los restos de feudalismo en Rusia. El desarrollo de la economía mercantil y del capitalismo pone fin a estos restos con absoluta inevitabilidad. En este aspecto, ante Rusia hay un solo camino de desarrollo burgués.

Pero las formas de este desarrollo pueden ser dos. Los restos de feudalismo pueden desaparecer tanto mediante la transformación de las explotaciones terratenientes como mediante la supresión de los latifundios terratenientes, es decir, mediante la reforma y mediante la revolución. El desarrollo burgués puede ir encabezado por las grandes explotaciones terratenientes, que gradualmente se van haciendo cada vez más burguesas, que gradualmente sustituyen los métodos feudales de explotación por métodos burgueses; y puede ir también encabezado por las pequeñas explotaciones campesinas, que por vía revolucionaria extirpan del organismo social la "excrecencia" de los latifundios feudales y luego se desarrollan libremente sin ellos por el camino del arrendamiento capitalista.

A estos dos caminos de desarrollo burgués objetivamente posible los llamaríamos el camino de tipo prusiano y el camino de tipo americano. En el primer caso, la explotación terrateniente feudal se transforma lentamente en una explotación burguesa, junker, condenando a los campesinos a décadas de la más torturante expropiación y servidumbre, destacándose al mismo tiempo una pequeña minoría de "Grossbauern" ("grandes campesinos"). En el segundo caso, no hay explotación terrateniente, o es destruida por la revolución, que confisca y fragmenta las fincas feudales. El campesino predomina en tal caso, convirtiéndose en el agente exclusivo de la agricultura y evolucionando hacia el granjero capitalista. En el primer caso, el contenido fundamental de la evolución es la transformación del feudalismo en servidumbre y en explotación capitalista en las tierras de los feudales –terratenientes– junkers. En el segundo caso, el fondo fundamental es la transformación del campesino patriarcal en granjero burgués.

En la historia económica de Rusia se descubren con total claridad ambos tipos de evolución. Tomen la época de la caída del derecho de servidumbre. Hubo lucha entre terratenientes y campesinos por el modo de realizar la reforma. Unos y otros defendían las condiciones del desarrollo económico burgués (sin ser conscientes de ello), pero los primeros: un desarrollo que asegure la máxima conservación de las explotaciones terratenientes, de las rentas terratenientes, de los métodos terratenientes de explotación (de servidumbre). Los segundos: los intereses de un desarrollo que habría asegurado, en las mayores proporciones posibles en general para el nivel cultural de entonces, el bienestar del campesinado, la supresión de los latifundios terratenientes, la supresión de todos los métodos feudales y de servidumbre de explotación, la ampliación de la libre propiedad territorial campesina. Se sobreentiende que, en el segundo caso, el desarrollo del capitalismo y el desarrollo de las fuerzas productivas habrían sido más amplios y más rápidos que en el caso del desenlace terrateniente de la reforma campesina\[42\]. Sólo unos marxistas caricaturescos, como los que se esforzaron en pintar los populistas que luchaban contra el marxismo, podían considerar el despojo de tierras de los campesinos en 1861 como una garantía del desarrollo capitalista. Por el contrario, habría sido la garantía –y resultó de hecho la garantía– del arriendo de servidumbre, es decir, semifeudal, y de la economía de prestación personal, es decir, de barshchina, que retrasaron de modo extraordinario el desarrollo del capitalismo y el crecimiento de las fuerzas productivas en la agricultura rusa. La lucha de los intereses campesinos y terratenientes no fue una lucha de la "producción popular" o del "principio del trabajo" contra la burguesía (como imaginaban e imaginan nuestros populistas), sino que fue una lucha por el tipo americano de desarrollo burgués contra el tipo prusiano de desarrollo también burgués.

Y en aquellas localidades de Rusia donde no hubo derecho de servidumbre, donde la agricultura fue emprendida por entero o principalmente por el campesino libre (por ej., en las estepas de más allá del Volga, de Nueva Rusia, del Cáucaso septentrional, que se poblaron después de la reforma), el desarrollo de las fuerzas productivas y el desarrollo del capitalismo marcharon incomparablemente más rápido que en el centro, cargado de supervivencias de feudalismo\[43\].

Pero si el centro agrícola de Rusia y sus periferias agrícolas nos muestran, por así decirlo, una distribución espacial o geográfica de las localidades en las que predomina la evolución agraria de uno u otro tipo, los rasgos fundamentales de una y otra evolución se ven con claridad también en todas las localidades donde existen lado a lado la explotación terrateniente y la campesina. Uno de los errores radicales de la economía populista consistió en que consideraban fuente del capitalismo agrario exclusivamente la explotación terrateniente, mientras que examinaban la campesina bajo el ángulo de la "producción popular" y del "principio del trabajo" (así proceden también ahora los trudovikí, los "socialistas populares" y los socialistas-revolucionarios). Nosotros sabemos que esto no es correcto. La explotación terrateniente evoluciona de manera capitalista, sustituyendo gradualmente las prestaciones personales por el "trabajo asalariado libre", el barbecho trienal por el cultivo intensivo y el ancestral inventario campesino por los aperos perfeccionados de la economía del propietario. La explotación campesina también evoluciona de manera capitalista, destacando a la burguesía rural y al proletariado rural. Cuanto mejor es la situación de la "comuna" (obshchina){83}, cuanto más alto es el bienestar del campesinado en general, más rápido marcha esta descomposición del campesinado en clases antagónicas de la agricultura capitalista. Dos corrientes de evolución agraria existen, por consiguiente, presentes en todas partes. La lucha de los intereses campesinos y terratenientes, que cruza como un hilo rojo toda la historia post-reforma de Rusia y constituye la base económica más importante de nuestra revolución, es una lucha por uno u otro tipo de evolución burguesa agraria.

Sólo comprendiendo claramente la diferencia de estos tipos y el carácter burgués de ambos, podemos explicar correctamente la cuestión de la tierra en la revolución rusa y comprender la significación de clase de los distintos programas agrarios presentados por los diferentes partidos\[44\]. Repetimos: el clavo de la lucha son los latifundios feudales. Su evolución capitalista está fuera de toda discusión, pero es posible en dos formas: en forma de una eliminación, una supresión revolucionaria por los campesinos-granjeros, y en forma de una gradual transformación de ellos en explotaciones junker (con la correspondiente conversión del mujik esclavizado en un Knecht esclavizado).

# 6. Dos líneas de programas agrarios en la revolución

Si ahora confrontamos la base económica anteriormente delineada con los programas agrarios presentados por las distintas clases en la revolución, veremos de inmediato dos líneas de estos programas, de conformidad con los dos tipos indicados de evolución agraria.

Tomemos el programa de Stolypin, compartido por los terratenientes de derecha y los octubristas. Es un programa francamente terrateniente. ¿Pero se puede decir que es reaccionario en el sentido económico, es decir, que excluye o tiende a excluir el desarrollo del capitalismo?, ¿que no admite la evolución burguesa agraria? De ningún modo. Al contrario, la famosa legislación agraria de Stolypin por el artículo 87 está penetrada de cabo a rabo de un espíritu puramente burgués. Sin duda alguna, marcha por la línea de la evolución capitalista, facilita, empuja hacia adelante esta evolución, acelera la expropiación del campesinado, la descomposición de la comuna, la creación de una burguesía campesina. Esta legislación es, indudablemente, progresiva en el sentido científico-económico.

¿Significa esto que los socialdemócratas deben "apoyarla"? No. Sólo el marxismo vulgar podría razonar así, cuyas semillas tan intensamente siembran Plejánov y los mencheviques, que cantan, vocean, claman y predican: hay que apoyar a la burguesía en su lucha contra el viejo orden. No. En nombre de los intereses del desarrollo de las fuerzas productivas (ese criterio supremo del progreso social), debemos apoyar no la evolución burguesa de tipo terrateniente, sino la evolución burguesa de tipo campesino. La primera significa la máxima conservación de la servidumbre y el feudalismo (reacondicionado a la manera burguesa), el desarrollo menos rápido de las fuerzas productivas y el desarrollo retardado del capitalismo; significa desgracias y sufrimientos, explotación y opresión inconmensurablemente mayores para las amplias masas del campesinado y, por consiguiente, del proletariado. La segunda significa el más rápido desarrollo de las fuerzas productivas y las mejores condiciones de existencia (de las que son posibles en general en el marco de la producción mercantil) para la masa campesina. La táctica de la socialdemocracia en la revolución burguesa rusa no se determina por la tarea de apoyo a la burguesía liberal, como piensan los oportunistas, sino por la tarea de apoyo al campesinado que lucha.

Tomemos el programa de la burguesía liberal, es decir, el kadete. Fieles al lema: "¿Qué se le ofrece?" (es decir, qué se les ofrece a los señores terratenientes), en la I Duma presentaron un programa, y en la II, otro. Cambiar de programa es para ellos un asunto tan fácil y desapercibido como para todos los arribistas sin principios de la burguesía europea. En la I Duma, la revolución parecía fuerte, y el programa liberal tomó prestado de ella un trocito de nacionalización ("el fondo estatal general de tierras"). En la II Duma, la contrarrevolución parecía fuerte, y el programa liberal echó por la borda el fondo estatal de tierras, viró hacia la idea stolypiniana de la sólida propiedad campesina, reforzó y amplió los casos de excepción a la regla general de expropiación forzosa de la tierra terrateniente. Pero este doblez de los liberales lo señalamos aquí de pasada. Es importante señalar aquí otra cosa: la base de principios que es común a ambas "caras" del programa agrario liberal. Esta base común de principios es: 1) rescate; 2) conservación de las explotaciones terratenientes; 3) conservación de los privilegios terratenientes durante la realización de la reforma.

El rescate es un tributo impuesto al desarrollo social, un tributo a los propietarios de los latifundios feudales. El rescate es la realización burocrática y policialmente asegurada de los métodos feudales de explotación, en forma de "equivalente universal" burgués. Además, la conservación de las explotaciones terratenientes en una u otra medida se ve en ambos programas del K.-D., por más que los politicastros burgueses se esfuercen en ocultar este hecho al pueblo. Lo tercero –los privilegios terratenientes durante la realización de la reforma– está expresado con total nitidez en la actitud kadete hacia la elección de los comités locales de tierras sobre la base del sufragio universal, directo, igual y secreto. No podemos entrar aquí en detalles\[45\], que corresponden a otro lugar de nuestra exposición. Aquí debemos sólo definir la línea del programa agrario de los kadetes. Y en este sentido, es necesario señalar que la cuestión de la composición de los comités locales de tierras tiene una importancia cardinal. Sólo unos infantes políticos podrían engatusarse con el sonido de la consigna kadete: "expropiación forzosa". La cuestión es quién fuerza a quién: si los terratenientes a los campesinos (a pagar el triple por los arenales) o los campesinos a los terratenientes. Los discursos kadetes sobre "la representación equitativa de los intereses en colisión" y sobre lo indeseable de la "violencia unilateral" muestran más claro que claro la esencia del asunto, a saber: ¡que en la expropiación forzosa kadete son los terratenientes quienes fuerzan a los campesinos!

El programa agrario kadete marcha por la línea del progreso burgués stolypiniano, es decir, terrateniente. Esto es un hecho. La incomprensión de este hecho es el error radical de aquellos socialdemócratas que, al igual que algunos mencheviques, son capaces de considerar la política agraria kadete más progresiva que la populista.

En los representantes del campesinado, es decir, en los trudovikí, los socialpopulistas y en parte en los eseristas, vemos en ambas Dumas, a pesar de las numerosas vacilaciones y titubeos, una línea completamente clara de defensa de los intereses del campesinado contra los terratenientes. Hay, por ejemplo, vacilaciones sobre la cuestión del rescate, admitido en el programa de los trudovikí, pero, en primer lugar, lo interpretan a menudo en el sentido de una asistencia social a los terratenientes incapacitados para el trabajo\[46\]; en segundo lugar, ustedes pueden encontrar en los protocolos de la II Duma toda una serie de discursos campesinos sumamente característicos que rechazan el rescate y proclaman la consigna: ¡toda la tierra para todo el pueblo!\[47\]. Sobre la cuestión de los comités locales de tierras –esta importantísima cuestión de quién fuerza a quién–, los diputados campesinos son los progenitores y partidarios de la idea de su elección por sufragio universal.

No tocamos de momento la cuestión del contenido del programa agrario de los trudovikí y de los socialistas-revolucionarios, por un lado, y de los socialdemócratas, por otro. Debemos constatar ante todo ese hecho indiscutible de que los programas agrarios de todos los partidos y clases que han comparecido abiertamente en la revolución rusa se dividen claramente en dos tipos básicos, de conformidad con los dos tipos de evolución burguesa agraria. La línea divisoria de los programas agrarios "de derecha" y "de izquierda" no pasa entre los octubristas y los kadetes, como a menudo suponen de modo completamente erróneo los mencheviques (dejándose aturdir por el sonido de las palabras "constitucional-democrático" y sustituyendo el análisis del nombre de los partidos por el análisis de clase). La línea divisoria pasa entre los kadetes y los trudovikí. Definen esta línea los intereses de las dos clases fundamentales de la sociedad rusa que luchan por la tierra: los terratenientes y el campesinado. Los kadetes conservan la propiedad terrateniente y defienden la evolución burguesa cultural, europea, pero terrateniente, de la agricultura. Los trudovikí (y los diputados obreros socialdemócratas), es decir, los representantes del campesinado y los representantes del proletariado, defienden la evolución burguesa campesina de la agricultura.

Hay que distinguir estrictamente las envolturas ideológicas de los programas agrarios, sus diversos detalles políticos, etc., de la base económica de estos programas. La dificultad no está ahora en comprender el carácter burgués tanto de las reivindicaciones y programas agrarios terratenientes como de los campesinos: este trabajo ya lo han hecho los marxistas antes de la revolución, y la revolución lo ha confirmado. La dificultad está en darse cuenta completa de la base de la lucha de dos clases en el terreno de la sociedad burguesa y de la evolución burguesa. Esta lucha no se puede comprender como un fenómeno social sujeto a leyes si no se la reduce a las tendencias objetivas del desarrollo económico de la Rusia capitalista.

Ahora, después de haber mostrado la conexión de los dos tipos de programas agrarios en la revolución rusa con los dos tipos de evolución burguesa agraria, debemos pasar al examen de una nueva faceta, sumamente importante, de la cuestión.

# 7. La superficie de tierra de Rusia. La cuestión de la colonización

Arriba señalamos que el análisis económico obliga a distinguir, en la cuestión del capitalismo en Rusia, el centro agrícola, con abundantes restos de feudalismo, y las periferias, con ausencia o debilidad de estos restos, con rasgos de evolución capitalista campesina libre.

¿Qué debe entenderse por periferias? Evidentemente, tierras no pobladas, o no plenamente pobladas, no plenamente incorporadas a la cultura agrícola. Y debemos ahora pasar de la Rusia europea a todo el Imperio ruso para representarnos con exactitud cuáles son estas "periferias" y cuál es su significación económica.

En el folleto de los Sres. Prokopóvich y Mertvago: "Cuánta tierra hay en Rusia y cómo la utilizamos" (Moscú, 1907), el último de los autores nombrados intenta resumir todos los datos estadísticos disponibles en la literatura sobre la cantidad de tierra en toda Rusia y sobre el empleo económico de la cantidad de tierras que conocemos. Presentamos la comparación del Sr. Mertvago para mayor claridad en forma tabular, añadiendo los datos sobre la población según el censo de 1897. \[Véase la tabla en la pág. 225. — Ed.\]

Estas cifras muestran de modo ilustrativo qué inmensa cantidad de tierras hay en Rusia y cuán poco sabemos aún sobre las tierras periféricas y sobre su significación económica. Por supuesto, sería un error de raíz considerar que estas tierras, en el presente y en su estado actual, son aptas para satisfacer la necesidad de tierra del campesinado ruso. Todos los cálculos de tal género, que a menudo hacen los escritores reaccionarios\[48\], no tienen ningún valor científico. En este sentido, tiene toda la razón el Sr. A. A. Kaufman, que se burla de la búsqueda de tierras libres para el traslado sobre la base de los datos del número de verstas cuadradas. Tiene también toda la razón, sin duda, cuando señala cuán pocas tierras aptas para el traslado hay en la actualidad en las periferias de Rusia, y cuán incorrecta es la opinión de que con los traslados se puede curar la escasez de tierra del campesinado ruso\[49\].

Pero estos razonamientos correctos del liberal Sr. Kaufman encierran, no obstante, un error sumamente esencial. El Sr. Kaufman razona así: "Con la presente selección de colonos, con el presente grado de su bienestar, con su presente nivel cultural" (obra citada, pág. 129), las tierras para satisfacer la necesidad de los campesinos rusos mediante el traslado son absolutamente insuficientes. Por consiguiente –concluye él en defensa del programa agrario kadete–, es necesaria la expropiación forzosa de las tierras de propiedad privada en la Rusia europea.

Éste es el habitual razonamiento liberal y liberal-populista de nuestros economistas. Se construye de tal modo que de él se obtiene la conclusión: si hubiera una cantidad suficiente de tierras aptas para el traslado, ¡se podría no tocar los latifundios feudales! Los Sres. kadetes y políticos similares, penetrados de cabo a rabo del punto de vista del funcionario bienintencionado, tienen la pretensión de situarse por encima de las clases, de elevarse por encima de la lucha de clases. ¡No porque haya que suprimir los latifundios feudales, ya que significan la explotación feudal de millones de población local, su esclavitud y el freno al desarrollo de las fuerzas productivas, sino porque ahora no se puede despachar a millones de familias a alguna parte, a Siberia o al Turquestán! El centro de gravedad no se traslada al carácter clasista feudal de los latifundios rusos, sino a la posibilidad de conciliación de las clases, de satisfacer al mujik sin ofender al terrateniente; en una palabra, a la posibilidad de la tan decantada "paz social".

El razonamiento del Sr. Kaufman y de sus innumerables correligionarios entre la intelectualidad rusa hay que darle la vuelta para que se vuelva correcto. Puesto que el campesino ruso está oprimido por los latifundios feudales, por eso se frena de manera increíble tanto el libre poblamiento del territorio de Rusia como la racional utilización económica de la masa de tierras periféricas de Rusia. Puesto que los latifundios feudales mantienen al campesinado ruso en un estado de abatimiento y perpetúan mediante las prestaciones personales y la servidumbre los más atrasados métodos y procedimientos de explotación de la tierra, por eso se dificulta también el progreso técnico y la elevación intelectual de la masa campesina, la elevación de su iniciativa, instrucción, espíritu emprendedor, necesario para la utilización económica de una masa de tierras de la reserva rusa incomparablemente mayor que la que utilizamos ahora. Pues los latifundios feudales y el dominio de la servidumbre en la agricultura significan también una correspondiente superestructura política, el dominio del terrateniente centurionegrista en el Estado, la falta de derechos de la población, la difusión de los métodos de Gurkó-Lidval en la administración{84}, etcétera, etcétera, y cosas por el estilo.

Es harto sabido que los latifundios feudales en el centro agrícola de Rusia ejercen la influencia más perniciosa sobre todo el régimen social, sobre todo el desarrollo social, sobre todo el estado de la agricultura y sobre todo el nivel de vida de las masas campesinas. Puedo limitarme aquí a remitir a esa inmensa literatura económica rusa que ha demostrado el dominio de las prestaciones personales, la servidumbre, el arriendo de servidumbre, el "enganche invernal" y demás encantos medievales en la Rusia central\[50\].

La caída del derecho de servidumbre creó condiciones en las que (como mostré detalladamente en *El desarrollo del capitalismo*) la población huía en todas direcciones de ese lugarcito criado por los feudales rezagados. De la franja agrícola central, la población huía tanto a las provincias industriales como a las capitales, como a las periferias meridionales y orientales de la Rusia europea, poblando tierras hasta entonces deshabitadas. El Sr. Mertvago, en el folleto que he mencionado, observa, entre otras cosas, de manera muy acertada, que los conceptos sobre las tierras no aptas para la agricultura pueden cambiar rápidamente:

"Las estepas de Táurida –escribe–, 'por su clima y escasez de agua pertenecerán siempre a las localidades más pobres e incómodas de cultivar'. Así decían en 1845 observadores de la naturaleza tan autorizados como los académicos Baer y Helmersen. En aquel tiempo, la población de la provincia de Táurida, dos veces menor que ahora, producía 1,8 millones de chetverts de todo tipo de cereales... Pasaron 60 años, y la población, duplicada, produce en 1903 17,6 millones de chetverts, es decir, casi 10 veces más" (pág. 24).

Esto es verdad no sólo respecto a la provincia de Táurida, sino también a toda una serie de provincias de las periferias meridional y oriental de la Rusia europea. Las provincias esteparias del sur, así como las de más allá del Volga, que en los años 60 y 70 estaban rezagadas respecto a las de Chernozem central en las dimensiones de la producción de cereales, en los años 80 superaron a estas provincias (*El desarrollo del capitalismo*, pág. 186)\[51\]. La población de toda la Rusia europea aumentó de 1863 a 1897 en un 53%, incluyendo la rural en un 48% y la urbana en un 97%; mientras que en las provincias de Nueva Rusia, del bajo Volga y orientales, la población aumentó en el mismo tiempo en un 92%, incluyendo la rural en un 87% y la urbana en un 134% (ibíd., pág. 446)\[52\].

"No dudamos –continúa el Sr. Mertvago– que también la actual valoración burocrática de la significación económica de nuestra reserva de tierras es no menos errónea que la valoración de Baer y Helmersen sobre la provincia de Táurida en 1845" (ibíd.).

Esto es justo. Pero el Sr. Mertvago no advierte la fuente de los errores de Baer, la fuente de todas las valoraciones burocráticas. La fuente de estos errores es que, al tomar en consideración el nivel dado de la técnica y la cultura, no cuentan con el progreso de este nivel. Baer y Helmersen no previeron los cambios en la técnica que se hicieron posibles después de la caída del derecho de servidumbre. Y en la actualidad no puede estar sujeto a ninguna duda que un enorme auge de las fuerzas productivas, un enorme aumento del nivel de la técnica y la cultura se producirá inevitablemente tras la caída de los latifundios feudales en la Rusia europea.

Esta faceta del asunto la pierden de vista erróneamente muchos de los que juzgan la cuestión agraria en Rusia. La condición para la amplia utilización del enorme fondo de colonización de Rusia es la creación de un campesinado verdaderamente libre, plenamente liberado del yugo de las relaciones feudales, en la Rusia europea. En una parte considerable, este fondo es inapropiado en la actualidad no tanto por las propiedades naturales de unas u otras tierras periféricas, sino por las propiedades sociales de la economía en la Rusia central, propiedades que condenan la técnica al estancamiento, a la población a la falta de derechos, al abatimiento, la ignorancia y el desamparo.

Esta faceta, sumamente importante, del asunto la pierde de vista el Sr. Kaufman cuando declara: "Digo de antemano: no sé si se puede trasladar un millón, tres o diez millones" (pág. 128 de la obra citada). Él indica lo relativo del concepto de inutilidad de la tierra. "Los solonchaks no sólo no son sin remedio de modo absoluto, sino que con el empleo de ciertos procedimientos técnicos pueden hacerse muy fértiles" (129). En el Turquestán, poblado con 3,6 personas por 1 versta cuadrada, "extensiones inmensas permanecen despobladas" (137). "El suelo de muchos de los 'desiertos hambrientos' del Turquestán es el famoso loess centroasiático, que se distingue, con riego suficiente, por su alta fertilidad... La cuestión de la existencia de tierras aptas para el riego ni siquiera vale la pena plantearla: basta cruzar la región en cualquier dirección para ver las ruinas de multitud de aldeas y ciudades abandonadas cientos de años atrás, rodeadas a menudo por decenas de verstas cuadradas de redes de canales y acequias de riego que antaño funcionaron, y la superficie total de los desiertos de loess, que esperan riego artificial, se calcula sin duda en muchos millones de desiatinas" (pág. 137 de la obra citada).

Estos muchos millones de desiatinas, tanto en el Turquestán como en muchos otros lugares de Rusia, no sólo "esperan" el riego y todo género de mejoras, sino que "esperan" también la liberación de la población agrícola rusa de las supervivencias del derecho de servidumbre, del yugo de los latifundios nobiliarios, de la dictadura centurionegrista en el Estado.

Hacer conjeturas sobre qué cantidad exacta de tierras podría transformarse en Rusia de "no útiles" en útiles, es inútil. Pero es necesario tener clara conciencia de ese hecho que demuestra toda la historia económica de Rusia y que constituye una gran particularidad de la transformación burguesa rusa. Rusia posee un gigantesco fondo de colonización, que se irá volviendo accesible a la población y accesible a la cultura no sólo con cada paso adelante de la técnica agrícola en general, sino también con cada paso adelante en la obra de liberación del campesinado ruso del yugo feudal.

Esta circunstancia constituye la base económica de la evolución burguesa de la agricultura rusa según el modelo americano. En los Estados de Europa Occidental, que tan a menudo atraen a nuestros marxistas para comparaciones irreflexivas y estereotipadas, en la época de la transformación democrático-burguesa, todo el territorio estaba ya ocupado. Cada paso adelante de la técnica agrícola creaba sólo lo nuevo de que aparecía la posibilidad de invertir nuevas cantidades de trabajo y capital en la tierra. En Rusia, la transformación democrático-burguesa se produce en condiciones tales que cada paso adelante en la técnica agrícola y cada paso en el desarrollo de la libertad real de la población crea no sólo la posibilidad de inversiones adicionales de trabajo y capital en las viejas tierras, sino también la posibilidad de utilización de "inmensas" cantidades de nuevas tierras adyacentes.

# 8. Resumen de las conclusiones económicas del capítulo I

Resumamos las conclusiones económicas que deben servirnos de introducción a la revisión de la cuestión del programa agrario socialdemócrata.

Hemos visto que el "clavo" de la lucha agraria en nuestra revolución son los latifundios feudales. La lucha campesina por la tierra es, ante todo y más que nada, una lucha por la supresión de estos latifundios. Su supresión y su íntegro paso a manos del campesinado se sitúa, sin duda, en la línea de la evolución capitalista de la agricultura rusa. Tal camino de esta evolución significaría el más rápido desarrollo de las fuerzas productivas, las mejores condiciones de trabajo para la masa de la población, el más rápido desarrollo del capitalismo con la transformación del campesinado libre en granjeros. Pero es posible también otro camino de evolución burguesa de la agricultura: la conservación de las explotaciones y latifundios terratenientes con su lenta transformación de explotaciones feudal-serviles en explotaciones junker. En la base de los dos tipos de programas agrarios con que comparecieron las distintas clases en la revolución rusa se hallan precisamente estos dos tipos de posible evolución burguesa. Al mismo tiempo, la particularidad de Rusia, que es una de las bases económicas de la posibilidad de la evolución "americana", consiste en la existencia de un inmenso fondo de colonización. Siendo absolutamente inadecuado para librar al campesinado ruso del yugo feudal en la Rusia europea, este fondo se irá volviendo tanto más amplio y tanto más accesible cuanto más libre sea el campesinado en la Rusia central y cuanto mayor campo reciba el desarrollo de las fuerzas productivas.