Ayer recibí tu carta del 12 y te envío el segundo poder. En realidad, no sé si esto será superfluo: ayer recibí algunas de mis cosas, y esto me llevó a pensar* que ya se había recibido el primer poder.

* Por ejemplo, alguien trajo una levita, un chaleco y un pañuelo. Todo esto, como superfluo, pasó directamente al almacén.

Por si acaso, lo envío de acuerdo con tu carta y la de Alexandra Kirílovna. — Ahora tengo ropa interior y todo lo demás suficiente: no me envíes más ropa interior, porque no tengo dónde guardarla. Por cierto, se podrá entregar al almacén para terminar con esto de una vez por todas.

Agradezco mucho a Al. K. las gestiones sobre el dentista: en verdad, me da vergüenza haber causado tantas molestias. No se necesita un pase especial para el dentista, porque ya hay autorización del fiscal, y en cuanto la obtuve, le escribí al dentista. Da igual el día y la hora en que venga. Por supuesto, no puedo garantizar que no esté ausente —por ejemplo, a causa de un interrogatorio—, pero creo que cuanto antes venga, más posibilidades habrá de evitar esta improbable interferencia. No le escribo al señor Dobkóvich (dentista, ayudante de Vazhinski): él vive al lado de mi antigua** casa (Gorójovaya, 59), y quizá puedas pasar a explicarle el asunto.

** Quizá sería más exacto: la que ocupaba.

Respecto a mis libros, ya he enviado una lista de los que quisiera recibir.

Le estoy muy agradecido por los libros de Golovin y Schippel que me enviaron ayer. De mis libros sólo debo añadir los diccionarios. Ahora estoy traduciendo del alemán, así que pediría que me entregaran el diccionario de Pavlovski.

Me enviaron ropa interior, al parecer ajena: hay que devolverla; para ello es necesario preguntar, cuando estés aquí, que traigan de mi parte la ropa interior y las cosas sobrantes, y yo las entregaré.

Me encuentro completamente sano.

V. Uliánov

Me alegra mucho que mamá y Mark se hayan recuperado.