Portada de la recopilación en la que fue publicado el trabajo de V.

I. Lenin, El contenido económico del populismo y su crítica

en el libro del señor Struve. 1895.





 






 



 





Introducción.












El mencionado libro del señor Struve es una

crítica sistemática del populismo, tomada esta palabra

en su sentido amplio, como doctrina teórica que resuelve de un

modo determinado todos los problemas sociológicos y

económicos más importantes, y como "sistema de dogmas

de economía política" (pág. VII). El solo

planteamiento de esta tarea podría conferir al libro un gran

interés; pero en este aspecto es todavía más

importante el punto de vista desde el cual se hace la crítica.

De ello nos dice el autor en el prefacio:





"Aunque comparte en algunas cuestiones

fundamentales los conceptos que han quedado totalmente definidos en

la literatura, él [el autor] no se considera en absoluto atado

a la letra y al código de doctrina alguna. No se ha contagiado

de ortodoxia" (IX).





Todo el contenido del libro evidencia que por esos

"conceptos que han quedado totalmente definidos en la literatura", se

sobrentiende las concepciones marxistas. Cabe preguntarse:

¿cuáles son las premisas "fundamentales" del marxismo

que el autor admite y cuáles las que rechaza? ¿Por

qué? ¿En qué medida? El autor no responde de

manera directa a la pregunta. Por ello se hace necesario analizar en

detalle el libro para establecer qué hay en él de

marxista, cuáles tesis de la doctrina acepta el autor y en

qué medida las sostiene de modo consecuente, así como

cuáles tesis rechaza y qué resulta en estos

casos.





El contenido de la obra es extraordinariamente

diverso: en primer lugar, el autor expone el "método subjetivo

en sociología", admitido por nuestros populistas, lo critica y

le opone el "método del materialismo

histórico-económico". Después hace la

crítica económica del populismo basándose, en

primer lugar, en la " experiencia de la humanidad" (pág. IX)

y, en segundo lugar, en datos de la historia económica y de la

realidad rusas. También se someten a crítica, al mismo

tiempo, los dogmas de la economía política populista.

Esta diversidad del contenido (completamente inevitable cuando se

critica, una de las más importantes tendencias de nuestro

pensamiento social) determina la manera en que se efectúa

nuestro análisis: seguiremos, paso a paso, la

exposición del autor, deteniéndonos en cada uno de sus

argumentos.





Pero antes de pasar al análisis del libro,

creo necesario detenerme para dar una explicación previa. El

objetivo que en el presente artículo se persigue es la

crítica del libro del señor Struve desde el punto de

vista de un hombre que "comparte" en todas (y no sólo

en "algunas") "las cuestiones fundamentales, los conceptos que han

quedado totalmente definidos en la literatura".





Esos conceptos fueron expuestos reiteradas veces,

para criticarlos, en las páginas de la prensa liberal y

populista, embrollándolos de manera monstruosa; es más,

desvirtuándolos, adulterándolos con el hegelianismo,

con la "creencia de que cada país debe pasar ineludiblemente

por la fase del capitalismo" y con otros muchos disparates puramente

de Nóvoie Vremia, y que nada tienen que ver con dichos

puntos de vista.





Se desvirtuó sobre todo el aspecto

práctico de la doctrina, su aplicación a las

condiciones de Rusia. Nuestros liberales y nuestros populistas, que

no quieren comprender que el punto de partida de la doctrina del

marxismo ruso es un enfoque de la realidad rusa completamente

distinto del que ellos sustentan, compararon esa doctrina con, su

vieja idea de dicha realidad y llegaron a conclusiones que,

además de ser completamente incongruentes, constituyen

monstruosas acusaciones a los marxistas.





Por ello me parece imposible comenzar el

análisis del libro del señor Struve sin fijar antes con

toda nitidez mi actitud hacia el populismo. Es más, una

comparación previa de los puntos de vista populista y marxista

es necesaria para aclarar muchos pasajes del libro que estudiamos, ya

que se limita a tratar el lado objetivo de la doctrina y deja casi

totalmente a un lado las conclusiones prácticas.





Esa comparación nos permitirá ver

qué puntos de partida comunes tienen el populismo y el

marxismo, y en qué consiste su diferencia esencial. Para hacer

la comparación conviene más tomar el viejo populismo

ruso, ya que, en primer lugar, es incomparablemente superior al

contemporáneo (representado por publicaciones como Russkoie

Bogatbtvo) por su coherencia y claridad, y en segundo lugar

porque brinda una imagen más completa de las mejores

características del populismo, admitidos en algunos aspectos

por el marxismo.





Tomemos una de esas prafession de foi

[2] del viejo populismo ruso y

sigamos al autor paso a paso.















 




* * *




CAPÍTULO I




COMENTARIOS A LA PROFESSION DE FOI POPULISTA




En el tomo CCXLII de Otiéchestvienne Zapiski [3] apareció, sin firma, el artículo

"Nuevos brotes en el campo popular", que destaca con fuerza los aspectos

progresistas del populismo, oponiéndolos al liberalismo ruso.





El autor empieza por afirmar que "hoy" se considera "casi como una

traición" protestar contra los "hombres que surgen del seno del pueblo

y alcanzan una elevada posición social".













Hace poco, un asno literario soltó un par de

coces a Otiéchestviennie Zapiski, por su pesimismo

respecto del pueblo; así se expresó con motivo de

una breve reseña sobre el libro de Zlatovratski, en el cual no

hay más pesimismo que el que expresa el autor al referirse a

la usura y a la influencia corruptora del dinero; después,

cuando G. Uspenski escribió los comentarios a sus

últimos ensayos (Otiéch, Zapiski, núm.

11, 1878), la charca liberal se alborotó, lo mismo que en el

cuento... y de golpe y porrazo aparecieron tantos defensores del

pueblo, que nos asombramos verdaderamente de que nuestro pueblo

tuviera tantos amigos [...]. No puedo menos que ver con

simpatía [...] ese planteamiento acerca de la bella

campiña y de la actitud que hacia ella muestran los mozalbetes

de la literatura, o mejor dicho, no los mozalbetes, sino los viejos

verdes de la aristocracia y sus lacayos, y esa joven capa de

comerciantes [...]. Cantar serenatas al campo y "hacerle

caídas de ojos" no significa en absoluto amarlo y respetarlo,

del mismo modo que señalar sus defectos no significa tenerle

inquina. Si se le pregunta al propio Uspenski [...] qué le es

más afín, en qué ve más garantías

del futuro, en el campo o en las capas de la antigua nobleza y de la

nueva clase media, contestará, sin la menor duda: "En el

campo".















Este pasaje es muy característico. Evidencia con toda nitidez, en

primer lugar, en qué consiste la esencia del populismo: en la

protesta, desde el punto de vista- del campesino, del pequeño

productor, contra lo feudal (la capa de la antigua nobleza) y contra el

espíritu burgués (la capa de la nueva clase media) en Rusia. Al

mismo tiempo, muestra, en segundo lugar, el carácter soñador de

esa protesta, su divorcio de la realidad.





¿Acaso el "campo" existe fuera de los regímenes de la

"antigua nobleza" o de la "nueva clase media"? ¿Acaso los

representantes de la una y de la otra no modelaban y modelan el "campo" a su

manera? El campo es precisamente una "capa", en parte formada por la "antigua

nobleza" y en parte por la "nueva clase media". Por más vueltas que se

le dé-siempre, claro está, que se limite uno a ver la realidad

(esto es lo único de que se trata), y no las posibilidades-, no

encontrarán en él ninguna tercera "capa". Y si los populistas

la encuentran, es porque los árboles les impiden ver el bosque,

porque la forma de posesión de la tierra por algunas

comunidades campesinas les impide ver la organización económica

de toda la economía social rusa. Esa organización, que

trasforma al campesino en un productor de mercancías, hace de

él un pequeño burgués, un pequeño propietario

rural aislado que produce para el mercado; en virtud de ello, esta

organización excluye la posibilidad de buscar "garantías para

el futuro" detrás y obliga a buscarlas delante, a no

buscarlas en el "campo", donde la combinación de las capas

constituidas por la "antigua nobleza" y la "nueva clase media" agrava

terriblemente la situación del trabajo y lo priva de la oportunidad de

luchar contra los jefes cíe la capa de la "nueva clase media", ya que

la oposición entre los intereses de éstos y los del trabajo no

ha alcanzado suficiente desarrollo; obliga a buscarlas en la capa de la

"nueva clase media" enteramente desarrollada y depurada por completo de los

encantos de la "antigua nobleza", en esa capa que ha socializado el trabajo,

y que ha hecho culminar y esclarecido esa oposición social que en el

campo se halla aún en estado embrionario y reprimido.





Ahora conviene señalar las diferencias teóricas que existen

entre las doctrinas que llevan al populismo y al marxismo, entre la

interpretación de la realidad y la historia de Rusia por uno y

por otro.





Sigamos al autor.













Asegura a los "señores anímicamente

indignados" que Uspenski comprende la relación que la pobreza

del pueblo guarda con su moral mejor que muchos admiradores del campo

para los cuales [...] éste es [...] una especie de pasaporte

liberal de esos que en épocas semejantes a las que estamos

viviendo se agencian, por lo común, todos los burgueses listos

y de espíritu práctico.















¿Por qué cree usted, señor populista, que ocurre una

cosa tan ofensiva y dolorosa para alguien que desea representar los intereses

del trabajo, como es la trasformación en "pasaporte liberal" de

aquello que él considera la "garantía para el futuro"? Ese

futuro debe excluir a la burguesía, pero la forma que usted propicia

para llegar a ese futuro, no sólo no tropieza con la hostilidad de los

"burgueses listos y de espíritu práctico", sino que

éstos la aceptan complacidos, y la toman como "pasaporte".





¿Cree usted que sería concebible algo tan escandaloso si no

señalara las "garantías para el futuro" no allí donde

las contradicciones sociales propias del régimen en el que mandan los

" burgueses listos y de espíritu práctico", se encuentran poco

desarrolladas, en estado embrionario, sino allí donde están

desarrolladas al máximo, hasta el nec plus ultra, y, por

consiguiente, no es posible limitarse a paliativos y medias tintas,

allí donde los desiderata [4] de los trabajadores no pueden ser

utilizados en provecho propio, allí donde la cuestión se

plantea de manera tajante?





¿No dice usted mismo, más adelante, lo siguiente?:













Los pasivos amigos del pueblo no mueren comprender

el hecho tan simple de que en la sociedad todas las fuerzas activas

se dividen por lo común en dos de la misma potencia y opuestas

la una a la otra, y que las fuerzas pasivas, que en apariencia no

participan en la lucha, sirven a la fuerza que en ese momento

prevalece (pág. 132).















¿Acaso esta caracterización no es aplicable al campo?

¿Acaso éste es un mundo aparte, en el que no existen esas

"fuerzas opuestas la una a la otra" y su lucha, para que se pueda hablar de

este mundo en bloque, sin temor a favorecer a la "fuerza que prevalece"?

¿Es razonable, ya que de lucha se trata, comenzar allí donde el

contenido de esa lucha se halla colmado de circunstancias ajenas, que impiden

separar firme y definitivamente esas fuerzas opuestas, que impiden ver con

claridad al enemigo principal? ¿No es evidente que el programa que el

autor propugna al final del artículo-instrucción,

ampliación de la posesión de la tierra por los campesinos,

reducción de los impuestos-, no puede afectar ni un ápice a la

fuerza que prevalece, y que el último punto de ese

programa-"organización de las industrias populares"-no sólo

supone que ya ha habido lucha, sino que ésta terminó

victoriosamente:" su programa elude el antagonismo que usted mismo se vio

obligado a admitir. Por eso no asusta a los jefes de la "capa de la nueva

ciase media. Su programa es una quimera pequeñoburguesa. Por eso no

vale más que como "pasaporte liberal".













Los hombres para quienes el campo es una idea

abstracta y el mujiks un Narciso abstracto, piensan mal inclusive

cuando dicen que el campo sólo puede ser ensalzado y

enaltecido, que resistirá perfectamente todas las influencias

que lo destruyen. Si el campo se encuentra en condiciones tales que

cada día debe luchar por unos kopeks, si lo despluman los

usureros, lo engañan los kulaks, lo oprimen los

terratenientes, si a veces lo flagelan en la administración

del distrito, ¿puede todo eso dejar de influir en su moral?. .

. Si el rublo, esa luna capitalista, aparece en primer plano en el

paisaje rural, si todas las miradas y todos los pensamientos y

fuerzas espirituales a él están dirigidos, si se

convierte en el fin de la vida y en el rasero para medir la capacidad

del individuo, ¿se puede, acaso, ocultar este hecho y decir

que el mujiks es un desinteresado al que no le importa el dinero? Si

en el campo se advierten tendencias hacia la pugna de las fuerzas, si

florece con opulencia el kulakismo y trata de avasallar a los

campesinos pobres y convertirlos en peones, si se trata de destruir

la comunidad, etc., ¿se puede acaso, pregunto yo, ocultar

estos hechos? Podemos desear que se investiguen con mayor detalle y

plenitud, podemos explicárnoslos por las deprimentes

condiciones que engendra la pobreza (el hambre empuja a la gente a

robar, a matar y, en casos extremos, al canibalismo), pero es

imposible ocultarlos. Ocultarlos significa defender el statu

quo, significa defender el famosolaissez faire, laissez

aller [5], mientras

fenómenos lamentables adquieren proporciones aterradoras. De

nada vale embellecer la realidad.















¡Qué estupenda descripción del campo, y qué

triviales las conclusiones que se extraen! ¡Con qué buen tino se

han señalado los hechos y qué lastimosa es la

explicación y la comprensión de ellos I De nuevo vemos el

gigantesco abismo que media entre los desiderata relativos a la

defensa del trabajo y los medios para cumplirlos. Para el autor, el

capitalismo en el campo es tan sólo un "triste fenómeno". A

pesar de que en las ciudades ve un capitalismo análogo en grandes

proporciones, a pesar de que ve que el capitalismo no sólo ha

subordinado toda la esfera del trabajo del pueblo, sino también la

literatura "progresista", que propone medidas burguesas en nombre y en

beneficio del pueblo, no quiere reconocer que el quid del asunto es la

particular organización de nuestra economía social, y se

consuela soñando con que eso no es más que un triste

fenómeno motivado por "condiciones deprimentes". Supone que si no se

sustentara la teoría de la no injerencia, se podrían eliminar

esas condiciones. ¡Oh, estos si fuera así, estos

podría ser...! Pero en Rusia nunca existió la

política de no injerencia; siempre tuvimos injerencia... en favor de

la burguesía, y sólo los dulces sueños de la "siesta"

apacible pueden engendrar la esperanza de que todo cambiará sin una

"redistribución de la fuerza social entre las clases", como dice el

señor Struve.













Olvidamos que nuestra sociedad necesita

ideales-políticos, cívicos, etc.-con el principal fin

de no pensar ya en nada una vez que ha hecho acopio de ellos;

olvidamos que no los busca con la impaciencia propia de la juventud,

sino en la tranquilidad de la siesta; olvidamos que no se

desengaña de ellos con dolor de su alma, sino con la ligereza

de un príncipe de la Arcadia. Así es, por lo menos, la

inmensa mayoría de nuestra sociedad. Hablando en rigor, no

necesita ideal alguno, pues se ha saciado y está por completo

satisfecha con los procesos digestivos.















Excelente caracterización de nuestra sociedad liberal

populista.





Surge la pregunta: ¿quiénes son más consecuentes, los

" populistas", que continúan haciendo zalamerías y mimos a esa

" sociedad", y la regalan con la pintura de los horrores del "futuro"

capitalismo, del "mal amenazante" [6], como

lo llama el autor del artículo, y exhortan a sus representantes a

abandonar el mal camino por el que "nosotros" nos hemos descarriado, etc.,

etc., o los marxistas, "tan estrechos de miras", que levantan una valla entre

ellos y la sociedad, y consideran necesario dirigirse exclusivamente a

quienes no están "satisfechos" ni pueden estarlo, con los "

procesos digestivos", a aquellos para quienes los ideales son una necesidad,

una cuestión de la vida cotidiana?













Así piensan los colegiales, dice el autor.

Eso evidencia una profunda corrupción de las ideas y los

sentimientos [...] jamás se ha conocido una corrupción

tan decorosa, tan pulida, tan ingenua y al mismo tiempo tan profunda.

Esa corrupción es por entero patrimonio de nuestra historia

contemporánea, patrimonio de la cultura de la clase media [es

decir, para ser más exactos, del sistema burgués,

capitalista. K. T. [7], que se ha

desarrollado sobre la base del espíritu señorial, del

sentimentalismo, de la ignorancia y la indolencia de la nobleza. La

clase media ha traído al mundo su ciencia, su código

moral y sus sofismas.















Se diría que el autor ha apreciado tan acertadamente la realidad

como para comprender cuál es la única salida posible. Si el

nudo del asunto es nuestra cultura burguesa, no puede haber "

garantías para el futuro" más que en la "antípoda" de

esa burguesía, ya que sólo ella "se ha diferenciado" en forma

definitiva de esa "cultura de la clase media", sólo ella le es

irrevocable y terminantemente hostil, y no es capaz de conciliación

alguna, de esas con las que tan fácil resulta confeccionar "pasaportes

liberales".





Pero no. Aún se puede soñar. La "cultura" es ciertamente

nada más que "clase media", nada más que corrupción.

Pero todo eso es tan sólo producto del viejo espíritu

señorial (el mismo autor acaba de reconocer que esta cultura ha sido

creada por la historia contemporánea, precisamente por esa historia

que acabó con el viejo espíritu señorial y de la

indolencia, es decir, es algo fortuito y sin firmes raíces, etc., etc.

Siguen frases carentes de otro sentido que no sea el de volver la, espalda a

los hechos y entregarse a ensoñaciones sentimentales en las cuales se

cierra los ojos para no ver la existencia de las "fuerzas mutuamente

opuestas". Escuchen ustedes:













Ella (la clase media) necesita entronizarlos

(a la ciencia y al código moral) en la cátedra, en la

literatura, en la justicia y en otras esferas de la vida. [Antes

vimos que ya la entronizó en una "esfera de la vida"

tan profunda como es el campo. K. T.] . Para ello no cuenta,

ante todo, con bastante gente apta, y se ve en la necesidad de

recurrir a personas educadas en otras tradiciones [La

burguesía rusa, |¿"no cuenta con gente"?! No merece la

pena refutar esta afirmación, pues el propio autor se

desmiente más adelante. K.T.]. Esta gente no sabe lo

que son los negocios [¿los capitalistas rusos? K. T.],

sus pasos son inseguros, sus movimientos torpes [saben "lo que son

los negocios" lo bastante bien como para obtener beneficios

exorbitantes; son lo bastante "experimentados" como para practicar

por doquier el truck-system [8] lo bastante hábiles como para conseguir aranceles

preferenciales. Sólo quien no experimenta de manera

inmediata y directa la opresión que esa gente ejerce,

sólo el pequeño burgués puede alentar esa

quimera. K. T.]; tratan de imitar a la burguesía de

Europa occidental, encargan libros, estudian [aquí el autor

tiene ya que reconocer el carácter fantástico del

sueño que acaba de inventar al decir que la "cultura de la

clase media" se desarrolló en nuestro país sobre la

base de la ignorancia. Eso no es cierto. Precisamente

ella aportó a la Rusia posterior a la Reforma su

cultura, su "educación". "Embellecer la realidad", pintar al

enemigo como algo impotente y sin base "es siempre superfino". K.

T.]; a veces añoran el pasado y a veces los inquieta el

porvenir, porque se oyen voces que afirman que la clase media es tan

sólo un advenedizo insolente, que su ciencia no soporta la

crítica y que su código moral no vale absolutamente

nada.















¿Que la burguesía rusa "añora el pasado" y "se

inquieta por el porvenir"? ¡Pero señores! No se comprende ese

afán con que algunos quieren engañarse a sí mismos y

calumniar a la pobre burguesía rusa, diciendo que la turban las voces

que proclaman la "inutilidad de la clase media". ¿No será al

contrario: no serán esas "voces" las que se "turbaron" cuando las

llamaron al orden, no será a ellas a quienes "inquieta el

porvenir"?...





¡Y esos caballeros se asombran y fingen no entender por qué

los llaman románticos!













Sin embargo tenemos que salvarnos. La clase media

no ruega, sino que ordena, so pena de exterminio, ir a trabajar

[9]. Quien se niegue a ello

quedará sin pan y en medio de la calle, pidiendo a los

transeúntes: "¡una limosnita para un capitán

retirado!"; eso, si no muere de hambre. Y empieza el trabajo, se oyen

crujidos, chirridos, el rechinar del hierro, tienen un ajetreo loco.

El trabajo es urgente, no admite dilaciones. Por fin, la

máquina se pone en marcha. Los chirridos y demás

sonidos estridentes parecen disminuir, las piezas parecen funcionar

acordes, y sólo se oye el estruendo de algo que se mueve con

lentitud y torpeza. Pero todo eso causa cada vez mayor espanto; las

tablas se arquean más y más, los tornillos se aflojan,

y se tiene la impresión de que todo va a saltar en mil pedazos

de un momento a otro.















Este pasaje es muy característico porque en forma viva,

lacónica y bella ofrece un esquema de los razonamientos que a los

populistas rusos les gusta revestir con ropaje científico. Partiendo

de hechos indiscutibles, que no dejan lugar a dudas y demuestran la

existencia de contradicciones en el régimen capitalista, la existencia

de la opresión, de la depauperación, de la desocupación,

etc., etc., se esfuerzan en demostrar que el capitalismo es una cosa muy

mala, "pesada y torpe" [compárese con V. V., Kablúkov (Los

obreras en la agricultura) y, en fiarte, con el señor

Nikolai-on], que "de un momento a otro" va a saltar en mil pedazos.





Hace ya muchos años que venimos observando y vemos que esa fuerza

que ordena al pueblo ruso que vaya a trabajar se robustece y desarrolla

más y más, se jacta ante toda Europa del poderío de la

Rusia creada por ella y, naturalmente, se congratula de que "se oigan

voces" que proclaman sólo la necesidad de confiar en que los

"tornillos se aflojen".













La gente débil se siente aterrorizada de

espanto. "Tanto mejor", dicen los atolondrados. "Tanto mejor-dice

también la burguesía-. Mientras más nos

apresuremos a encargar nuevas máquinas en el extranjero, a

producir plataformas, tablones y otras piezas burdas con materiales

nacionales, más pronto contaremos con mecánicos

expertos." Mientras tanto, el aspecto moral de la sociedad en todo

este período, es pésimo. Algunos le toman gusto a la

nueva actividad y realizan esfuerzos sobrehumanos; otros quedan

rezagados y se desengañan de la vida.















¡Pobre burguesía rusa! ¡Realiza "esfuerzos

sobrehumanos" para apropiarse de la plusvalía y se siente

pésimamente en el aspecto moral! (No se olviden que en la

página anterior toda esa moral se reducía a los procesos

digestivos y a la corrupción.) Por supuesto, ya no hay necesidad

alguna de librar una lucha contra ella-y menos esa extraña lucha de

clases-, pues basta con reprenderla ligeramente para que deje de

extralimitarse.





Mientras tanto, casi nadie piensa en el pueblo; sin embargo, conforme a

las reglas de la burguesía, todo se hace para el pueblo, en su

beneficio; sin embargo, cada hombre público y cada literato considera

su deber divagar acerca de su bien [...] Esa coquetona tendencia liberal ha

aplastado a todas las demás y es hoy la dominante. En nuestra

época democrática no es sólo el señor

Suvorin quien declara en público su amor al pueblo y dice: "mi

único amor ha sido siempre el pueblo, hasta la muerte lo amaré;

yo mismo he saldo del pueblo" (con lo cual no demuestra nada); pero hasta

Moskovskie ViédomoM mantiene hoy hacia él una actitud

por completo distinta [...] y, a su manera, claro está, se preocupa de

su bienestar. Hoy no quedan Arcanos de prensa que, como el difunto

Viest [10], mantengan una actitud

abiertamente hostil al pueblo. Pero aquella actitud claramente hostil era

preferible, púes el enemigo daba la cara y se lo veía con toda

claridad; se veía qué tenía de tonto y qué de

pícaro. Hoy todos son amigos v, al mismo tiempo, enemigos; todo se ha

mezclado en un caos general. Como dice Uspensky, el pueblo se encuentra

envuelto en una niebla que desorienta y despista a la gente inexperta. Antes

se enfrentaba con una franca arbitrariedad. Ahora le dicen que es tan libre

como el terrateniente, le dicen que él dirige sus propios asuntos, le

dicen que lo están sacando de la nada para ponerlo de pie, cuando la

realidad es que un fino pero fuerte hilo de falsedad e hipocresía

infinitas engarza todas esas muestras de solicitud.





¡La verdad es la verdad!





En ese entonces, no todos, ni mucho menos, se dedicaban a la

organización de cooperativas de préstamo v ahorro, que

estimulaban a los kulaks y no otorgaban créditos a las campesinos

auténticamente pobres.





A primera vista podría suponerse que el autor, comprendiendo el

carácter burgués del crédito, iba a desechar por

completo esas medidas burguesas. Pero el principal rasgo del pequeño

burgués es una lucha contra lo burgués con los medios de la

propia sociedad burguesa. De ahí que el autor, como todos los

populistas, corregir la actividad burguesa exigiendo un crédito

más amplio, ¡un crédito para los pobres

auténticos!













...nada dijeron sobre la necesidad de la

explotación intensiva de la tierra trabada por la

redistribución de los predios y por la comunidad rural (?):

nada sobre la carga de la capitación; conservaron silencio a

propósito de los impuestos indirectos y sobre el hecho de que

el impuesto a la renta suele convertirse en la práctica en un

impuesto que pesa sobre los pobres; no mencionaron la necesidad del

crédito agrario para que los campesinos pudieran comprar

tierras a los terratenientes a precios exageradamente elevados, etc..

etc. [...] Lo mismo ocurre en la sociedad: también allí

tiene el pueblo tal cantidad de amigos que uno se asombra [...]

Probablemente, pronto los prestamistas y los taberneros se

pondrán a hablar de su amor al pueblo.















La protesta contra todo lo burgués es magnífica; pero las

conclusiones son ridículas: la burguesía reina soberana en la

vida diaria y en la sociedad. Al parecer, habría que volver la espalda

a la sociedad y apelar a la antípoda de la burguesía.





¡No, lo que hay que hacer es la propaganda de crédito para

los "pobres auténticos"!













Sería difícil y por completo

inútil decidir si es a la literatura o la sociedad a quien

cabe la mayor culpa de tan confuso estado de cosas. Se dice que el

pescado empieza a descomponerse por la cabeza, pero yo no concedo

importancia a esta observación puramente culinaria.















La sociedad burguesa se descompone: ese es el pensamiento del autor.

Conviene subrayar que de ahí parten los marxistas.













Pero mientras coqueteamos con el campo y le hacemos

caídas de ojos, la rueda de la historia gira, actúan

fuerzas espontáneas o, hablando más clara y

sencillamente, granujas de toda laya que se insinúan en la

vida y la reestructuran a su gusto. Mientras la literatura discute

acerca del campo, de la bondad del mujiks y de su falta de

conocimientos, mientras los periodistas gastan baldes de tinta

tratando problemas de la comunidad rural y de las formas de

posesión de la tierra, mientras la comisión de

impuestos sigue discutiendo la reforma impositiva el campo se

verá definitivamente arruinado.















¡Obsérvese! ¡"Mientras nosotros hablamos, la rueda de

la historia gira, actúan fuerzas espontáneas"!





¡Menudo barullo armarían ustedes, amigos míos, si eso

lo hubiera dicho yo! [11]





Cuando los marxistas hablan de la "rueda de la historia y las fuerzas

espontáneas", explicando con toda precisión que esas "fuerzas

espontáneas" son las de la burguesía en desarrollo, los

señores populistas prefieren no decir nada sobre si es o no verdadero

el desarrollo de esas "fuerzas espontáneas" y sobre si este hecho ha

sido correctamente valorado, y sueltan espantosas necedades acerca de lo

"mística y metafísica" que es la gente capaz de hablar de la

"rueda de la historia" y de las "fuerzas espontáneas".





La única y muy esencial diferencia entre la citada confesión

del populista y la habitual tesis de los marxistas consiste en que para el

populista las "fuerzas espontáneas" quedan reducidas a los "granujas"

que se "insinúan en la vida", mientras que para el marxista esas

fuerzas espontáneas están encarnadas en la clase

burguesa-producto y expresión de la "vida" social, que constituye la

formación social capitalista-, y no se "insinúan en la vida"

casualmente, ni dondequiera que fuera. Como no ahonda más allá

de los créditos, los impuestos, las formas de posesión de

tierra, las redistribuciones, las mejoras, etc., etc., el populista no puede

ver que la burguesía tiene profundas raíces en las relaciones

de producción imperantes en Rusia, y por ello se consuela con la

pueril ilusión de que sólo se trata de "granujas". Es natural

que con ese punto de vista resulte absolutamente incomprensible

qué tiene que ver con todo ello la lucha de clases cuando el nudo del

asunto consiste en suprimir a los "granujas". Es natural que a las

insistentes y reiteradas referencias de los marxistas a esa lucha respondan

los señores populistas con el silencio del hombre que no comprende

nada, que no Ve a la clase, sino sólo a unos "granujas".





Contra una clase sólo puede luchar otra clase, y, por

cierto, una que ya se "ha diferenciado" por completo de su enemigo, que le es

diametralmente opuesta; mientras que para luchar contra los "granujas"

bastan, claro está, la policía o, en caso extremo, la

"sociedad" y el "Estado".





Pronto veremos, sin embargo, quiénes son esos "granujas" por la

caracterización que hace de ellos el mismo populista, veremos cuan

profundas son sus raíces y cuan amplias sus funciones sociales.





Después de las palabras antes citadas acerca de los "pasivos amigos

del pueblo", el autor dice a renglón seguido:













Esto es algo peor que la neutralidad armada en

política, peor porque siempre se presta ayuda activa al

más fuerte. Por más sinceros que sean los sentimientos

del amigo pasivo, por más modesta y callada que sea la

posición que quiera adoptar en la palestra de la vida, siempre

perjudicará a sus amigos...





...Para los hombres de mayor o menor integridad y

que aman con sinceridad al pueblo [12], ese estado de cosas resulta en fin de cuentas

insoportablemente asqueroso. Les causa vergüenza y

repulsión escuchar esa interminable y empalagosa

declaración de amor, que se repite cada día, año

tras año, que se repite en las oficinas y en los salones de la

alta sociedad, en los cabarets, entre trago y trago de Cliquot, y que

nunca se traduce en obras. Por eso, en fin de cuentas, terminan

condenando en bloque toda esa mezcolanza.















Esa caracterización tic la actitud de los antiguos populistas rusos

hacia los liberales pudría servir enteramente para definir la actitud

de los marxistas hacia los populistas del presente. Para los marxistas

también resulta "insoportable" oír hablar de ayuda al "pueblo

por medio de créditos, compras de tierra, mejoras técnicas,

cooperativas, cultivo en común [13], etc., etc. Ellos también exigen de la gente que desea

ponerse al lado... no del "pueblo", ni mucho menos, sino de aquellos a

quienes la burguesía ordena ir a trabajar, que "condene en bloque"

toda esa ensalada liberal- populista. Estiman que es una hipocresía

"insoportable" hablar de la elección de caminos para Rusia, de los

horrores del " amenazante" capitalismo y de las "necesidades de las

industrias populares", cuando en todas las esferas de estas industrias

populares impera el capital y se desarrolla una sorda lucha de intereses que

no se debe ocultar, sino poner al desnudo; no se debe soñar con que

"sería mejor sin lucha", [14]

sino desarrollar esa lucha dándole vigor, continuidad,

espíritu de consecuencia y, principalmente, contenido

ideológico.





Por eso, en fin de cuentas, surgen ciertos mandamientos cívicos,

ciertas exigencias categóricas de que haya honradez, exigencias

estrictas y a veces hasta severas por las que sienten especial

aversión los liberales de alto vuelo que aman la libertad en las

tinieblas y olvidan que estas exigencias tienen un origen lógico.





¡Magnífico deseo! Se imponen, sin duda alguna, exigencias

"estrictas" y "severas".





Pero la desgracia es que todas estas excelentes intenciones de los

populistas no han pasado de ser "piadosos deseos". A pesar de que han

reconocido la necesidad de esas exigencias, a pesar de que tuvieron tiempo de

sobra para realizarlas, hasta la fecha no las han elaborado y se fueron

fusionando cada vez más, mediante toda una serie de pasos graduales, a

la sociedad liberal rusa, y hasta el día de hoy continúan

haciéndolo [15] . Por eso no

pueden quejarse si los marxistas presentan ahora contra ello

exigencias verdaderamente muy "estrictas" y muy " severas", la exigencia de

que sirvan exclusivamente a una sola clase (a la que se "ha

diferenciado de la vida"), de que contribuyan a su desarrollo y al de su

pensamiento independiente, la exigencia de que rompan para siempre con la

"probidad cívica" de los "probos" burgueses rusos.













Por severos que en realidad sean esos mandamientos

en sus detalles, nada se puede decir contra la siguiente exigencia

general: "una de dos: o sean ustedes verdaderos amigos, o

conviértanse en francos enemigos".





Asistimos a un proceso histórico de

extraordinaria importancia: al proceso de formación de un

tercer estado. Ante nuestros ojos se verifica la selección de

sus representantes y se organiza la nueva fuerza social que se

prepara para dirigir la vida.















¿Sólo "se prepara"? ¿Y quién "dirige", pues?

¿Qué otra "fuerza social"?





¿No será la que se manifestaba en órganos de prensa

á la [16]Viest? Imposible.

No estamos en 1894, sino en 1879, en vísperas de la "dictadura del

corazón" [17], cuando,

según el autor del artículo, "a los ultraconservadores los

señalan con el dedo en la calle" y de ellos "se ríen a

mandíbula batiente".





¿No será el "pueblo", los trabajadores? Todo el

artículo de nuestro autor da una respuesta negativa.





¡Y después de eso que se siga diciendo que "se prepara para

dirigir"! No, esa fuerza "se preparó" hace ya tiempo, hace ya tiempo

que "dirige"; y son únicamente los populistas quienes "se preparan" a

buscar mejores caminos para Rusia; pero sin duda seguirán

preparándose hasta que el consecuente desarrollo de los antagonismos

de clase desaloje, arroje por la borda a todos los que lo rehúyen.













Este proceso, que en Europa comenzó mucho

antes que en nuestro país, ha llegado ya a su término

[18] en muchos Estados; en otros

lo dificultan aún los escombros del feudalismo y la

resistencia de las clases trabajadoras, pero también en ellos

la rueda de la historia tritura más y más cada

año esos escombros y allana el camino para un nuevo orden de

cosas.















¡He aquí hasta qué punto no comprenden nuestros

populistas el movimiento obrero de Europeo occidental! Resulta que ese

movimiento "dificulta" el desarrollo del capitalismo, y, como a un

"escombro", lo ponen al lado del feudalismo!





Esta es una evidente prueba de que nuestros populistas son incapaces de

comprender, no sólo en lo referente a Rusia, sino también a

Europa occidental, cómo se puede luchar contra el capitalismo, no

"dificultando" su desarrollo, sino acelerándolo, no haciéndolo

retroceder, sino haciéndolo avanzar, no de modo reaccionario, sino

progresista.













En términos generales, ese proceso consiste

en lo siguiente: entre la aristocracia y el pueblo se forma una nueva

capa social constituida por elementos que bajan de arriba y suben de

abajo y parecen tener, si se nos permite la expresión, un peso

específico similar; esos elementos se agrupan estrechamente,

se unen, sufren profundos cambios internos y comienzan a hacer

cambiar las capas superior e inferior, adaptándolas a sus

necesidades. Ese proceso es extraordinariamente interesante de por

sí, y para nosotros tiene una grande y especial importancia.

Nos plantea un cúmulo de interrogantes: ¿constituye la

dominación del tercer estado un peldaño fatal e

inevitable en la civilización de cada pueblo?...















¿Qué necedad es esa? ¿De dónde y a santo de

qué viene eso de "fatal e inevitable"? ¿Acaso el autor mismo no

describió y describirá más adelante con mayor detalle la

dominación del tercer estado en nuestro país, en la

santa Rusia, en la década del setenta?





El autor toma, por lo visto, los argumentos teóricos tras los

cuales se agazapaban los representantes de nuestra burguesía.





¿Pero qué es, si no una soñadora superficialidad, el

tomar por oro de ley tales patrañas, no comprender que tras esos

razonamientos "teóricos" se hallan los intereses de esa

sociedad que el autor acaba de enjuiciar con tanto acierto, los intereses de

la burguesía?





Sólo un romántico puede suponer que es cosible luchar con

silogismos contra los intereses.













...¿No podría el país pasar

directamente de un peldaño a otro sin dar esos saltos mortales

que a nuestros súper-prudentes filisteos se les antoja ver a

cada paso, y sin prestar oído a los fatalistas, que

sólo ven en la historia un orden fatal por el que la

dominación del tercer estado es tan inevitable para el

país como lo son para el hombre la vejez o la

juventud?...















¡He aquí qué profunda con .prensión de nuestra

realidad tienen los populistas! Si el Estarlo contribuye al desarrollo del

capitalismo, no es, ni mucho menos, porque la burguesía posee una

fuerza material tal que le permite "enviar a trabajar" al pueblo y hacer de

la política un instrumento suyo. No, no es por eso. Lo que ocurre es

que los Vernadski, los Chicherin, los Mendeléiev y otros profesores

sustentan erróneas teorías acerca del orden "fatal" y el Estado

"les presta oído".





...¿No se podría por último, atenuar los efectos

negativos del orden de cosas que se va imponiendo, modificarlo o reducir el

período de su dominación? Acaso el Estado es en realidad

algo tan inerte, falto de voluntad e impotente, que no puede influir en su

propio destino y hacerlo cambiar? ¿Acaso es en realidad algo

así como un trompo lanzado por la providencia y que se mueve siguiendo

una trayectoria determinada, por un tiempo determinado, describiendo un

número determinado de círculos, o algo como un organismo de

voluntad muy limitada? ¿Acaso lo impulsa, en realidad, una especie de

gigantesca rueda de hierro que aplasta al osado que se atreve a buscar

caminos más cortos hacia la felicidad del hombre?





Este pasaje, extraordinariamente típico, muestra con particular

evidencia el carácter reaccionario,

pequeñoburgués de las razones con que los populistas rusos

han pretendido y pretenden representar los intereses de los productores

directos. Hostiles al capitalismo, los pequeños productores son una

dase intermedia ligada a la burguesía y por ello incapaz de comprender

que el gran capitalismo, para ellos desagradable, no es una casualidad, sino

un fruto directo de todo el régimen económico (y social, y

político, y jurídico) contemporáneo, que nace de la

lucha de fuerzas sociales opuestas. Sólo la incomprensión de

esto puede llevar a tan soberano absurdo como ese de apelar al "Estado", como

si el sistema político no tuviera sus raíces en el

económico, como si no fuera expresión suya, como si no

estuviera a su servicio.





¿Acaso el Estado es algo inerte?, pregunta con desesperación

el pequeño productor, al ver que, con respecto a sus intereses,

es, en efecto, harto inerte.





No, podríamos contestarle, el Estado no es, en modo alguno, inerte,

siempre actúa, y actúa con gran energía, con celo y

nunca se manifiesta pasivo por cierto. El autor caracterizó en la

práctica anterior esa enérgica actividad, su carácter

burgués, sus frutos naturales. Lo malo es que no quiere ver la

relación entre el carácter de esa actividad y la

organización capitalista de la economía social rusa, y por ello

es tan superficial.





¿Acaso el Estado es un trompo, una rueda de hierro?, pregunta el

Kleinbürger [19], viendo que

la "rueda" no gira como él desearía.





¡Oh, no-podríamos contestarle-, no es un trompo ni una rueda,

no es una ley fatal, no es la voluntad de la providencia: lo ponen en

movimiento "personas vivientes" "a través de una cadena de

obstáculos" [20] (por ejemplo, la

resistencia de los productores directos o la de los representantes de la capa

de la antigua nobleza), precisamente esas "personas vivientes" que pertenecen

a la fuerza social predominante. Y para hacer que la rueda gire en

dirección contraria hay que apelar, en contra de las "personas

vivientes" (es decir, contra los elementos sociales que no pertenecen a las

profesiones liberales, pero que expresan directamente intereses

económicos vitales), a otras "personas vivientes": apelar a una clase,

contra otra clase. Para ello distan mucho de ser suficientes los buenos y

piadosos deseos de buscar "caminos más cortos": para ello hay que

"redistribuir la fuerza social entre las clases", hay que ser

ideólogos, no de ese productor directo que se halla al margen de la

lucha, sino del que está en el centro de la lucha más ardiente,

del que "se ha diferenciado de la vida" de la sociedad burguesa

definitivamente. Ese es el único y por ello el más corto

"camino hacia la felicidad del hombre", el camino por el cual puede lograrse,

no sólo atenuar los efectos negativos del orden de cosas existente, no

sólo abreviar su existencia acelerando su desarrollo, sino terminar

con él por completo, obligando a la "rueda" (no ya del Estado,

sino de las fuerzas sociales) a girar en dirección opuesta.













...Nos interesa sólo el proceso de la

organización del tercer estado, y más concretamente

sólo la gente que sale de la entraña del pueblo y se

suma a las filas del tercer estado. Esa gente es muy importante:

cumple funciones sociales de extraordinaria significación, de

ella depende en modo directo el grado de intensidad del orden

burgués. Ningún país en el que se haya

instaurado este orden de cosas puede pasarse sin ella. Si no la hay o

es poca en el país, hay que hacerla surgir del pueblo, hay que

crear en la vida del pueblo condiciones que contribuyan a forjarla y

hacerla aparecer; por último, hay que protegerla y contribuir

a su desarrollo, hasta que se haya fortalecido. Nos encontramos

aquí con una injerencia manifiesta en los destinos

históricos por parte de las personas más

enérgicas, que aprovechan las circunstancias y la

ocasión en beneficio propio. Estas circunstancias consisten,

principalmente, en la necesidad del progreso industrial (la

sustitución de la producción artesanal por la

manufactura, y de ésta por la producción fabril; la

sustitución de un sistema de cultivos por otro más

racional), sin lo cual un país no puede, en realidad, pasarse,

si es que tiene cierta densidad de población, si es que

mantiene relaciones internacionales y si existen divergencias

políticas y morales, ambas determinadas tanto por factores

económicos como por el desarrollo de las ideas. La gente sagaz

suele vincular estos cambios tan imperiosamente necesarios en la vida

de los países con su propio destino y con determinados

sistemas, que sin duda podrían ser sustituidos, y siempre

pueden serlo, por otros, si otra gente manifiesta mayor inteligencia

y más energía que hasta ahora.















Así, pues, el autor no puede dejar de reconocer que la

burguesía cumple "importantes funciones sociales", que, a grandes

rasgos, se podrían definir del siguiente modo: someter a su dominio el

trabajo del pueblo, dirigir este trabajo y elevar su productividad. Tampoco

puede dejar de ver que el "progreso" económico está "vinculado"

en realidad con estos elementos, es decir, que nuestra burguesía

impulsa realmente el progreso económico, o más exactamente, el

tecnológico.





Pero precisamente en este punto empieza la diferencia esencial entre el

ideólogo del pequeño productor y el marxista. El populista

explica este hecho (la vinculación entre la burguesía y

el progreso) diciendo que "gente sagaz" "aprovecha las circunstancias y la

ocasión en su beneficio"; en otros términos: considera casual

este fenómeno y por ello concluye con ingenua osadía: "Sin duda

alguna, esa gente siempre [!] Puede ser sustituida por otra" que

también impulsará el progreso, pero un progreso no

burgués.





El marxista explica este hecho por las relaciones sociales de los hombres

en la producción de valores materiales, relaciones que se gestan en la

economía mercantil, que convierten el trabajo en una mercancía,

lo subordinan al capital y elevan su productividad. El marxista no ve en ello

una casualidad, sino un producto necesario de la estructura capitalista de

nuestra economía social. Por ello no ve la salida en esas

fábulas acerca de lo que "podrá sin duda", hacer la gente que

sustituya a los burgueses (primero hay que "sustituirlos", y para ello no

bastan las palabras, ni las apelaciones a la sociedad y al Estado), sino en

el desarrollo de las contradicciones de clase del orden económico

dado.





Todo el mundo comprende que estas dos explicaciones son diametralmente

opuestas y que de ellas se siguen dos sistemas de acción que se

excluyen recíprocamente. El populista considera que la

burguesía es una casualidad, no ve sus lazos con el Estado, y, con la

candidez de un "confiado mujik", pide ayuda precisamente a quien defiende los

intereses de la burguesía. Su actividad se reduce a esa moderada,

cuidadosa y burocrática actividad liberal que es un exacto equivalente

de la filantropía, pues no afecta seriamente los "intereses" ni

representa un peligro para ellos. El marxista vuelve la espalda a todo ese

enredo y dice que la única "garantía para el futuro" es la

"tenaz lucha cíe las clases económicas".





También se comprende que si estas diferencias en los sistemas de

acción surgen directa e inevitablemente de las diferencias en la

explicación que se da de la dominación de nuestra

burguesía, el marxista, al discutir teóricamente, se

limita a demostrar la necesidad y la inevitabilidad (dada la presente

organización de la economía social) de esta burguesía

(como ocurre en el libro del señor Struve), y si el populista elude

tratar la cuestión de las diferencias en la explicación y

divaga acerca del hegelianismo y de la "crueldad hacia el individuo" [21], no hace más que demostrar

palmariamente su impotencia.













La historia del tercer estado en Europa occidental

es extraordinariamente larga [...] Nosotros, claro está, no la

repetiremos toda, a pesar de la doctrina de los fatalistas; los

representantes ilustrados de nuestro tercer estado tampoco

emplearán, claro está, para el logro de sus fines todos

los medios a los que se recurrió antes, y elegirán

entre ellos los más convenientes y adecuados a las condiciones

de lugar y tiempo. Para despojar de sus tierras a los campesinos y

crear el proletariado fabril no recurrirán, está claro,

ni a la fuerza bruta cíe las armas ni a la no menos brutal

despoblación de las haciendas...















¡¿"No recurrirán"...?! Sólo en los

teóricos de un empalagoso optimismo puede verse tan premeditado olvido

de los hechos del pasado y del presente, que ya han pronunciado su

"sí", y esa rosada esperanza de que el futuro, claro está,

producirá un "no". Naturalmente, eso es falso.













...sino que recurrirán a la abolición

de la posesión comunal de la tierra, a la creación de

una agricultura capitalista, de una clase, poco numerosa de

campesinos acomodados [22] y, en

general, a medios que harán que los elementos

económicamente débiles perezcan por sí solos.

Hoy no formaran gremios, pero sí organizarán

asociaciones de crédito, de acopio de materias primas, de

consumo y de producción que, prometiendo la dicha general,

ayudarán sólo al fuerte a incrementar su fuerza y al

débil a aumentar su debilidad. No harán nada por el

tribunal patrimonial, pero sí propugnarán una

legislación que estimule la diligencia, la sobriedad y la

instrucción, patrimonio exclusivo de la joven

burguesía, ya que la masa continuará

emborrachándose, seguirá siendo ignorante y trabajando

para otros.















¡Qué bien descritas están todas esas asociaciones de

crédito, de acopio de materias primas, etc., etc., todas esas medidas

de estímulo de la diligencia, la sobriedad y la instrucción,

hacia las que manifiesta tan conmovedor cariño nuestra actual prensa

liberal-populista, comprendida Rússkoie Bogatstvo Al marxista

no le queda más que subrayar lo dicho, manifestar su completo acuerdo

con que en efecto, todo ello no es más que la representación

del tercer estado y, por consiguiente, los hombres que se interesan por

ello no son más que pequeños burgueses.





Esa cita basta para responder a los populistas actuales, quienes, viendo

el desdén que hacia tales medidas sienten los marxistas, acusan a

éstos de querer ser "espectadores", de querer permanecer cruzados de

brazos. Sí, naturalmente, los marxistas nunca contribuirán a la

actividad burguesa y, respecto de ella, serán siempre

"espectadores".













Por desgracia, el papel de esta clase (la gente

salida del pueblo, la pequeña burguesía) que forma la

avanzada, la línea de tiradores y la vanguardia del

ejército de la burguesía, ha interesado muy poco a los

historiadores y a los economistas, aunque su papel es, lo repetimos,

de una importancia extraordinaria. Cuando se llevaba a cabo la

destrucción de la comunidad rural y se enajenaba de la tierra

a los campesinos, eso no sólo lo hacían los lores y los

caballeros, sino también otros campesinos, es decir, gente

salida del pueblo y dotada de sentido práctico y espinazo

flexible, gente que contaba con el favor de los señores y que,

a río revuelto, pescaba su capitulito o lo robaba, gente a la

que tendían la mano los estamentos superiores y la

legislación. Se decía de ellos que eran los elementos

del pueblo más diligentes, más capaces, más

sobrios...















Desde el punto de vista de los hechos esta observación es muy

exacta. En efecto, a los campesinos los privaban de la tierra principalmente

"otros campesinos", los pequeños burgueses. Pero el populista no acaba

de comprender este hecho. No distingue dos clases antagónicas, los

señores feudales v la burguesía, los representantes de la

"antigua nobleza" y los de la "nueva clase media", no hace distinción

entre los diferentes sistemas de organización económica, no ve

la significación progresista de la segunda clase respecto de la

primera. Eso en primer lugar. En segundo lugar, atribuye el desarrollo de la

burguesía al saqueo, al sentido práctico, al servilismo, etc.,

etc., cuando la realidad es que la agricultura en pequeña escala,

basada en la producción de mercancías, convierte en

pequeño burgués al campesino más sobrio y laborioso:

acumula "ahorros", y, en virtud de las relaciones imperantes, esos "ahorros"

se convierten en capital . Léase lo que dicen sobre esto

nuestros hombres de letras populistas en sus descripciones de las industrias

de kustares y de la agricultura.













...No son ni la línea de tiradores, ni la

vanguardia, sino el grueso de las fuerzas del ejército

burgués, los soldados rasos agrupados en destacamentos de los

que disponen los oficiales de Estado Mayor y los jefes, los mandos de

las distintas unidades, y el Cuartel General, compuesto por

escritores, oradores y hombres de ciencia [23].





Sin este ejército, la burguesía no

podría hacer nada. ¿Acaso los landlords

ingleses, que no llegan a 30.000, habrían podido gobernar sin

los farmers capitalistas a una masa hambrienta de varias

decenas de millones de personas? El farmer es un verdadero

combatiente en el sentido político y una pequeña

célula expropiadora en el económico [...] En las

fábricas, el papel de los -farmers lo desempeñan

los capataces y sus ayudantes, que reciben muy buena paga no

sólo por su destreza en el trabajo, sino también para

que vigilen a los obreros, para ser los últimos en retirarse

de las máquinas, para impedir que los obreros presenten

reivindicaciones de aumento de salarios o reducción de la

jornada de trabajo y para permitir que los patronos puedan decir de

ellos, señalándolos: "Fíjense cuánto

pagamos a quienes trabajan y nos reportan provecho"; los

comerciantes, que mantienen las más estrechas relaciones con

los patronos y la administración de las fábricas; los

oficinistas e inspectores de toda laya, y demás gentuza por

cuyas venas corre aún sangre obrera, pero de cuyas almas es ya

señor absoluto el capital. [Muy bien dicho! K. T.]

Naturalmente, lo que observamos en Inglaterra podemos verlo

también en Francia, en Alemania y en otros países.

[Exacto! Y en Rusia también. K. T.] En algunos casos

varían sólo los detalles, pero aun éstos son en

su mayor parte los mismos. La burguesía francesa, que

venció a fines del siglo pasado a la aristocracia, mejor

dicho, que se aprovechó de la victoria del pueblo,

formó entre éste a la pequeña burguesía,

que la ayudó a desplumarlo, lo desplumó ella misma y lo

dejó a merced de aventureros [...] Mientras en la literatura

se cantaban himnos al pueblo francés, mientras se ensalzaba su

grandeza, su magnanimidad y su amor a la libertad, mientras el humo

de todo ese incienso flotaba como una niebla sobre Francia, el gato

burgués se iba zampando el pollo, y se lo zampó casi

entero dejando al pueblo tan sólo los huesos. La decantada

posesión popular de la tierra resultó

microscópica, podía medirse por metros, y muy a menudo

ni siquiera bastaba para pagar los impuestos...















Detengámonos en esto.





En primer lugar, desearíamos preguntar al populista quién en

nuestro país "se aprovechó de la victoria sobre el

régimen de servidumbre", sobre la "capa de la antigua nobleza".

¿No fue acaso la burguesía? ¿Qué ocurría

en nuestro "pueblo" cuando "en la literatura se cantaban himnos", esos himnos

de que habla el autor, acerca del pueblo, del amor al pueblo, de la

magnanimidad, de las características y virtudes de la comunidad rural,

de la "adaptación social recíproca y de la actividad solidaria"

dentro de la comunidad; acerca de que toda Rusia era una cooperativa y de que

en la comunidad "centra sus pensamientos y acciones toda la población

rural", etc., etc., etc.,. . . himnos que se siguen cantando hoy (aunque en

tono menor) en las páginas de la prensa liberal populista? ¿A

los campesinos, naturalmente, no les quitaron las tierras, el gato

burgués no hizo un buen almuerzo con el pollo, no se lo zampó

casi todo; la "decantada posesión popular de la tierra" no "ha

resultado microscópica", en ella los desembolsos no superan a los

ingresos? [24]





No, sólo "místicos y metafísicos" pueden afirmar

esto, considerarlo un hecho, tomar este hecho como punto de partida de sus

razonamientos acerca de lo que ocurre en el país, como punto de

partida de su actividad orientada, no a la búsqueda de "otros caminos

para la patria, sino a trabajar siguiendo el camino actual, el camino

capitalista, que ya se ha definido por completo.





En segundo lugar, tiene interés comparar el método

del autor con el método de los marxistas. Veremos mejor su

diferencia si nos basamos en consideraciones concretas y no recurrimos a

consideraciones abstractas. ¿Por qué dice el autor que la

"burguesía" francesa venció a la aristocracia a fines del

pasado siglo? ¿Por qué califica de burguesa una actividad

desplegada en su mayor parte y casi exclusivamente por los intelectuales?

Además, ¿acaso no actuaba el gobierno, despojando de las

tierras a los campesinos, imponiéndoles grandes cargas fiscales, etc.,

etc.? Por último ¿no hablaban, acaso, aquellos hombres de amor

al pueblo, de igualdad, de felicidad general, lo mismo que hablaban y hablan

los liberales y los populistas rusos? ¿Es posible ver en todo eso

sólo a la " burguesía"? ¿No resulta "estrecha" esa

concepción que reduce todos los movimientos políticos e

ideológicos a Plusmacherei? [25]





Obsérvese que se trata de las mismas preguntas con que se abruma a

los marxistas rusos cuando dicen cosas análogas de nuestra reforma

campesina (estimándola diferente sólo en los "detalles") y de

la Rusia posterior a la reforma en general. No hablo aquí-lo repito-de

la efectiva exactitud de nuestra concepción, sino del

método que en el caso dado aplican los populistas. Toman por

criterio los resultados ("resulta" que la posesión popular de

la tierra es microscópica y que el gato "se iba zampando", "se ha

zampado" el pollo), y, por cierto, los resultados económicos

exclusivamente.





Surge una pregunta: ¿por qué aplican este

método sólo en lo que se refiere a Francia y se niegan a

aplicarlo a Rusia? El método debe ser el mismo en todos los casos. Si

en Francia buscan ustedes intereses en la actividad del gobierno y de

los intelectuales . ¿por qué no los briscan en la

santa Rusia? Si allí el criterio de ustedes plantea la

cuestión de que "resultó ser" la posesión de la

tierra por el pueblo, ¿por qué aquí el criterio

es plantear lo que "puede" resultar? Si allí las frases acerca del

pueblo y de su magnanimidad -mientras alguien se "está zampando el

pollo"-les infunden una justa repugnancia, ¿por qué

aquí no dan la espalda, como la darían a los

filósofos burgueses, a quienes viendo el hecho indudable, y reconocido

por ustedes, de que el gato se "zampa" el pollo, son capaces de hablar de

"adaptación social recíproca" "del espíritu comunitario

del pueblo", de "necesidades de la industria popular" y demás

cosas por el estilo?





La respuesta es una sola: porque son ustedes ideólogos de la

pequeña burguesía; porque sus ideas, las ideas populistas en

general, y no las de Juan, Pedro o Sídor, son reflejo de los intereses

y las concepciones del pequeño productor, y de ningún modo,

resultado del pensamiento "puro" [26]













"Más para nosotros es particularmente

aleccionadora a este respecto Alemania, que, lo mismo que nuestro

país, hizo tarde la reforma burguesa, y por ello

aprovechó la experiencia de otros pueblos, no en el sentido

positivo, claro está, sino en el negativo." Los campesinos

alemanes-dice el autor, repitiendo palabras de

Vasílchikov-constituían una masa heterogénea: se

dividían por sus derechos y por su propiedad, por las

dimensiones de sus parcelas. Todo el proceso llevó a la

formación de una "aristocracia campesina", de una "capa de

pequeños terratenientes de origen no noble", y a la

conversión de la masa "de campesinos en peones". "Por

último, se dio el toque final y se cerraron todas las

vías legales para que los obreros pudieran mejorar su

situación, con la Constitución

semi-aristocrática y semi-pequeñoburguesa de 1849, que

sólo reconocía el derecho de sufragio a la nobleza y a

la clase media pudiente."















¡Original razonamiento! ¡La Constitución "cerró"

las vías legales! Esto es un reflejo de la famosa vieja teoría

de los populistas rusos, que exhortaba a los "intelectuales" a renunciar a la

"libertad", afirmando que ésta sólo a ellos

beneficiaría, mientras que abandonaría al pueblo en manos de la

"clase media pudiente". No vamos a discutir esta necia y reaccionaria

teoría, pues todos los populistas contemporáneos, en general, y

nuestros adversarios más inmediatos, los señores colaboradores

de Rússkoiv Bogatstvo, en particular, han renunciado a ella.

Pero no podemos dejar de señalar que, al renunciar a esta idea, al dar

un paso adelante reconociendo abiertamente los caminos concretos que

se abren ante Rusia en lugar de discurrir sobre la posibilidad de diferentes

caminos, estos populistas muestran definitivamente su espíritu

pequeñoburgués; su insistencia en que se realicen reformas

mezquinas, pequeñoburguesas, fruto de su absoluta incomprensión

de la lucha de clases, los pone al lado de los liberales y en contra de

quienes toman partido por el "antípoda", porque ven en él al

único creador de los bienes de que venimos hablando.













También en Alemania había entonces

mucha gente que durante diez, veinte, treinta y más

años se embriagó hablando de la emancipación y

maldijo todo escepticismo y todo descontento por la reforma, pues

consideraba que con eso se hacía el juego a la

reacción. Los ingenuos se imaginaban al pueblo como un caballo

puesto en libertad, al que se podía meter de nuevo en la

cuadra para engancharlo a las diligencias (cosa no siempre posible).

Pero había también granujas que halagaban al pueblo y,

bajo cuerda, hacían su juego, granujas que se pegaban a los

papanatas que tan sinceramente amaban al pueblo y a los que se

podía engañar y explotar. ¡Oh, estos sinceros

papanatas! Cuando comienza la guerra civil, no todos están

preparados para ella y no todos, ni mucho menos, tienen aptitud para

hacerla.















Magníficas palabras que resumen excelentemente las mejores

tradiciones del viejo populismo ruso y que nosotros podemos utilizar para

definir la actitud de los marxistas rusos hacia el populismo ruso

contemporáneo . Para ello no tendremos que cambiar mucho: hasta

tal punto es idéntico el proceso del desarrollo capitalista en

ambos países; hasta tal punto son idénticas las ideas

políticas y sociales que reflejan ese proceso.





En nuestro país también dirigen y gobiernan la literatura

"avanzada" hombres que hablan de "diferencias esenciales entre nuestra

Reforma y la de Occidente", de la "sanción de la producción

popular" (sic) . del gran "reparto de tierra" (¡¡así

llaman al rescate de tierras!!), etc., y esperan por ello de los de arriba el

milagro llamado "socialización del trabajo", esperan "diez, veinte,

treinta y más años", mientras el gato ese del que acabamos de

hablar se zampa el pollo mirando con la placidez de un felino ahito y

sosegado a los "sinceros papanatas" que hablan de la necesidad de buscar otro

camino para la patria, del peligro del "amenazante" capitalismo, de ayuda al

pueblo mediante créditos, cooperativas, laboreo en común y

demás inofensivos remiendos. "¡Oh, estos sinceros

papanatas!"













Ese proceso de formación de un tercer estado

es lo que estamos viviendo en la actualidad nosotros, y

principalmente nuestros campesinos. En esto, Rusia marcha a la zaga

de toda Europa, comprendida Alemania, su compañera de colegio,

mejor dicho, su muestra. El semillero principal y el principal

fermento del tercer estado fueron en toda Europa las ciudades. En

Rusia, sucedió lo contrario [la población urbana es

incomparablemente menor...] La causa fundamental de esa, diferencia

reside en el sistema de posesión de la tierra por el pueblo,

ese fenómeno que se da en nuestro país y que retiene a

la población en el campo. En Europa, el aumento de la

población urbana está vinculado estrechamente con el

despojo de las tierras del pueblo y con la industria fabril, que bajo

la producción capitalista necesita trabajo barato y una oferta

excesiva de mano de obra. Mientras los campesinos europeos,

desalojados del campo, iban a la ciudad a ganarse la vida, los

nuestros se aferran a la tierra mientras pueden. La posesión

de la tierra por el pueblo, es el principal punto estratégico,

la clave principal de la posición de los campesinos, clave

cuya importancia comprenden los jefes de la clase media, y por eso

dirigen contra ella todo su arte y todas sus fuerzas. Esa es la causa

de todos los ataques contra la comunidad rural, y por ello aparecen

en tan gran profusión distintos proyectos sobre

enajenación de la tierra de los campesinos en nombre de una

agricultura racional, en nombre del florecimiento de la industria,

¡en nombre del progreso y la gloria nacionales!















Queda demostrada con claridad la superficialidad de la teoría

populista que, como resultado de soñar con "otros caminos", enjuicia

erróneamente la realidad, pues ve "el punto principal" en

instituciones jurídicas como las formas de posesión de

la tierra por los campesinos (comunidad o familia), instituciones que no

desempeñan un papel primordial; ve algo particular en nuestra

pequeña economía campesina, como si ésta fuera no la

habitual economía de los pequeños productores, absolutamente

idéntica -por el tipo de su organización

político-económica-a la economía de los artesanos y los

campesinos de Europa occidental, sino cierta posesión "popular" (!?)

de la tierra. Según la terminología establecida en la prensa

liberal populista, la palabra "popular" significa algo que excluye la

explotación de los trabajadores, y por ello el autor esconde con su

definición el hecho indudable de que en nuestra economía

campesina existe esa apropiación del sobrevalor, ese mismo trabajo

para otros que reina también fuera de la "comunidad" y con ello abre

de par en par las puertas a un sentimental y meloso fariseísmo.













Nuestra actual comunidad rural, poseedora de poca

tierra y agobiada por las cargas fiscales, no representa una

garantía segura. El campesino tenía ya poca tierra, y

ahora, debido al aumento de la población y a la

disminución de la fertilidad, posee todavía menos; los

impuestos, lejos de disminuir, crecen; las industrias artesanales son

escasas; la posibilidad de ganar un salario en la localidad, es aun

menor; la vida en el campo se hace tan penosa, que los campesinos de

aldeas enteras se marchan lejos en busca de trabajo, dejando en casa

a sus mujeres e hijos. Así se van quedando despobladas

comarcas enteras [...] Bajo la influencia de tan duras condiciones de

vida surge entre los campesinos por una parte, una clase especial de

gente, la joven burguesía, que tiende a comprar tierras para

sí misma, que tiende a buscar otras ocupaciones, como el

comercio, la usura, la formación de cooperativas obreras,

encabezadas por ella, y a obtener contratos y otros pequeños

negocios.















Vale la pena que nos detengamos para analizar con todo detalle este

pasaje.





Vemos, en primer lugar, que se registran ciertos hechos que pueden

resumirse en dos palabras: los campesinos huyen; en segundo lugar, una

apreciación de estos hechos (una apreciación negativa), y en

tercer lugar una explicación de ellos, de la que surge directamente

todo un programa que aquí no se expone, pero que es harto conocido

(dar más tierra, reducir los impuestos, "elevar" y "desarrollar" las

industrias campesinas).





Hay que señalar que, desde el punto de vista del marxista, es plena

e indudablemente justo lo primero y lo segundo (aunque la

exposición resulta en extremo insatisfactoria, como lo veremos

enseguida). Pero lo tercero no vale absolutamente nada. [27]





Lo explicaré. Es justo lo primero. Es justo el hecho de que nuestra

comunidad rural no es una garantía, el hecho de que los campesinos

abandonan la aldea y dejan la tierra; debió decir: están siendo

expropiados, pues poseían (en propiedad privada) determinados medios

de producción (entre ellos la tierra por un derecho especial, que

permitía también la explotación privada de la tierra

rescatada por las comunidades) y los están perdiendo. Es cierto

que las industrias de kustares "decaen", es decir, que también

en este caso se expropia a los campesinos, que se ven privados de sus medios

e instrumentos de producción, abandonan sus telares caseros y se van a

trabajar como obreros en los ferrocarriles, como albañiles, peones es

decir, como asalariados. Los medios de producción de los que han sido

despojados los campesinos van a parar a manos de una minoría

ínfima, y sirven de fuente de explotación de la fuerza de

trabajo, de capital. Por eso tiene razón el autor cuando dice

que los poseedores de esos medios de producción se trasforman en

"burguesía", es decir, en la clase que, dada la organización

capitalista de la economía social, dispone del trabajo "popular".

Todos estos hechos han sido registrados acertadamente", y el papel que

desempeñan en la explotación, apreciado en lo justo.





Pero por la descripción hecha el lector habrá visto,

naturalmente, que el marxista explica estos hechos de modo muy

diferente. El populista ve la causa de dichos fenómenos en que "la

tierra es poca", en los elevados impuestos, en la disminución de los

"ingresos", es decir, la ve en las particularidades de la

política agraria, fiscal e industrial, y no en las

particularidades de la organización social de la

producción, de la que surge inevitablemente esa

política.





La tierra es poca-razona el populista-y esta se viene a menos. (No tomo

necesariamente esta afirmación del autor del artículo, sino la

tesis general de la doctrina populista.) Eso es bien cierto; ¿pero por

qué se limita a decir que la tierra es poca y no añade: que

hay poca tierra en venta? ¿Es que no sabe que nuestros campesinos

rescatan sus nadiel a los terratenientes? ¿Por qué

concentra su atención en que es poca, y no en lo que

está en venta?





Este mismo hecho de la venta, del rescate, evidencia el dominio de

principios (la adquisición por dinero de los medios de

producción) que de todos modos dejan a los campesinos sin medios de

producción, sean muchos o pocos los que se vendan. Al silenciar este

hecho, silencia la existencia del modo capitalista de producción,

única base sobre la que pudo surgir esa venta. Y con ello pasa a

defender esa sociedad burguesa y se convierte en un simple politicastro que

divaga si debe ponerse en venta mucha o poca tierra. No ve que el hecho mismo

del rescate demuestra que el "capital se ha enseñoreado va por

completo" del "alma" de aquellos en cuyo beneficio se realizó la

"gran" reforma, de aquellos que la llevaron a cabo; no ve que para toda esa

"sociedad" liberal populista, que se apoya en el orden de cosas creado por la

reforma y politiquea en torno de distintas mejoras de ese orden de cosas no

hay más que la proyectada por la "luna capitalista". Por ello

oí populista arremete con tanto odio contra quienes mantienen

consecuentemente otros principios. Clama que no se preocupan del pueblo,

¡¡que quieren privar de tierra a los campesinos!!





El populista se preocupa del pueblo, no quiere privar de tierra a los

campesinos, quiere que tengan más tierra (comprada). El

populista es un honrado mercader. Por cierto silencia el hecho de que la

tierra se vende y no se entrega gratis, ¿pero se dice acaso que en las

tiendas hay que pagar las mercancías? Eso lo sabe todo el mundo.





Se comprende que el populista odie a los marxistas, quienes dicen que se

debe apelar en forma exclusiva a quienes ya se han "diferenciado" de esa

sociedad de mercaderes, se han "desligado" de ella, si podemos permitirnos

estas tan típicas expresiones pequeñoburguesas de los

señores Mijailovski, luzhakov y sus adláteres [28].





Sigamos. Las "industrias artesanales son pocas": eso es lo que piensa el

populista de las industrias de kustares. Pero de nuevo omite decir

cómo están éstas organizadas. Cierra plácidamente

los ojos para no ver que las industrias artesanales que "decaen" y las que

"se desarrollan" están igualmente organizadas a la manera capitalista,

con absoluta esclavización del trabajo por el capital de los

mayoristas, los comerciantes, etc., etc., y se limita a formular las

exigencias pequeñoburguesas de progresos, mejoras, arteles* [*

Asociación de trabajadores independientes que realizan trabajos

colectivos en Rusia, en el Siglo XIX, repartiendo beneficios. Nota

preparada para el MIA.org], etc., etc., como si esas medidas pudieran

afectar siquiera en lo mínimo el hecho de la dominación

del capital. Tanto en lo que se refiere a la agricultura como a la industria

manufacturera, acepta la organización existente, sino contra distintas

imperfecciones que en ella observa. En lo que se refiere a las cargas

fiscales, el populista se desmiente a sí mismo, poniendo de manifiesto

de manera notable el principal rasgo del populismo: su capacidad para

contraer compromisos. Antes él mismo afirmaba que todo impuesto

(incluido el impuesto a la renta) caerá sobre la espalda de los

obreros, allí donde exista el sistema de apropiación del

sobrevalor, pero, a pesar de ello, no se niega a debatir con la sociedad

liberal si los impuestos son grandes o pequeños, ni a prodigar, con

"cívica honradez", los correspondientes consejos al departamento de

impuestos y gabelas.





En una palabra: el marxista entiende que la causa no reside en la

política, ni en el Estado, ni en la "sociedad", sino en el sistema

concreto de organización económica de Rusia; no se trata de que

"gente astuta" o "granujas" pesquen en río revuelto, sino de que el

"pueblo" está formado por dos clases opuestas, que se excluyen

recíprocamente: "en la sociedad, todas las fuerzas activas se suman a

dos fuerzas equivalentes, recíprocamente opuestas".













La gente interesada en la instauración del

orden burgués, al ver que sus proyectos fracasan [29], no se detiene aquí: asegura

constantemente a los campesinos que la culpa de todo la tienen la

comunidad, la responsabilidad colectiva. la redistribución de

las tierras y el sistema imperante en la comunidad rural, que

favorece a los holgazanes y a los borrachos; organiza para los

campesinos acomodados asociaciones de ahorro y préstamo, y

trata de conseguir pequeños créditos agrícolas

para los propietarios de parcelas; monta en las ciudades escuelas

técnicas, de oficios y otras, en las que sólo se admite

a los hijos de la gente adinerada, mientras que la masa sigue sin

escuelas; ayuda a los campesinos ricos a mejorar su ganado

organizando exposiciones, otorgando premios, facilitándoles

sementales de raza por determinada suma, etc., etc. Todos esos

pequeños esfuerzos se suman, formando una fuerza considerable,

que descompone la comunidad rural, y hace cada vez mayor la

división de los campesinos en dos sectores.















La caracterización de los "pequeños esfuerzos" no

está mal. Es muy justa la idea del autor de que todos estos

pequeños esfuerzos (que con tanto celo propugnan hoy Russkoye

Bogatstvo y toda nuestra prensa liberal populista) expresan, representan,

defienden y afirman a la capa "de la nueva clase media", el sistema

capitalista.





Esta es precisamente la razón de la actitud negativa de los

marxistas hacia esos esfuerzos. Y el hecho de que "dichos esfuerzos"

representan sin duda alguna los más inmediatos desiderata de

los pequeños productores, demuestra, según los marxistas, que

su tesis fundamental es correcta: no se puede ver en el campesino al

representante de las ideas del trabajo, pues éste, en virtud de la

organización capitalista de la economía, es un pequeño

burgués, y adopta el punto de vista de ese sistema y coincide en

algunos aspectos de su vida (y de sus ideas) con la burguesía.





También vale la pena aprovechar este pasaje para subrayar lo

siguiente. Que la actitud negativa de los marxistas hacia los

"pequeños esfuerzos" suscita particularmente las protestas de los

señores populistas. Al hablarles de sus antepasados, les demostraremos

que hubo un tiempo en que los populistas consideraban todo esto de modo

distinto, un tiempo en que no aceptaban tan a gusto y con tanto celo

compromisos (aunque, de todos modos, los aceptaban, como lo demuestra este

mismo artículo que analizamos); un tiempo en que, no digo que lo

comprendieran, pero por lo menos intuían el carácter

burgués de todos esos esfuerzos; un tiempo en que sólo los

más ingenuos liberales tildaban de "pesimismo respecto del pueblo" la

negación de esos esfuerzos.





Por lo visto, el agradable trato entre los señores populistas y los

liberales, como representantes de la "sociedad", ha dado buenos frutos.





El hecho de que los marxistas no puedan sentirse satisfechos con los

"pequeños esfuerzos" del progreso burgués no equivale, ni mucho

menos, al rechazo absoluto de las reformas parciales. Los marxistas no niegan

que esas medidas sean de cierto (aunque ínfimo) provecho: pueden

mejorar en cierto grado (aunque ínfimo) la situación de los

trabajadores; aceleran la extinción de las formas más

abstractas del capital, la usura, la servidumbre, etc., y acelerarán

su conversión en las formas, más modernas y humanas, del

capitalismo europeo. Por eso, si les preguntaran si la adopción de

tales medidas es conveniente, los marxistas responderían que

sí, pero al decirlo aclararían su actitud general hacia el

sistema capitalista, al que se mejora con esas medidas, y

argumentarían su asentimiento explicando que obedece a su deseo de

acelerar el desarrollo de ese régimen y, por lo tanto, su fin [30]













Si tenemos en cuenta que en nuestro país, lo

mismo que en Alemania, los campesinos están divididos

según sus derechos y sus posiciones en distintas

categorías (campesinos del Estado, de los feudos, ex siervos

de terratenientes, y éstos en criados de la casa que

recibieron nadiel completo, medio nadiel o un cuarto); si tenemos en

cuenta que el régimen de vida en comunidad no es lo habitual

en nuestro país; que en la zona suroeste, entre los

propietarios de tierra tropezamos con campesinos que poseen animales

de tiro, y campesinos "de a pie" [31], hortelanos, peones rurales y chinsh [32], de los cuales unos poseen cien y

más desiatinas y otros ni un palmo de tierra; si tenemos en

cuenta que el régimen agrario de las provincias del

Báltico es un calco perfecto del alemán; etc., etc.,

veremos entonces que también en nuestro país existe una

base para la burguesía.















No podemos dejar de señalar aquí esa fantástica

exageración de la importancia de la comunidad en que siempre han

incurrido los populistas. El autor se expresa como si el "régimen

comunal" excluyera a la burguesía, excluyera la división de los

campesinos. ¡Pero si eso es faltar descaradamente a la verdad!





Todo el mundo sabe que entre los campesinos de la comunidad también

hay diferencias en cuanto a sus derechos y a las dimensiones de sus nadiel;

que en toda aldea de sólido régimen comunal, los campesinos se

diferencian, "en cuanto a sus derechos" (campesinos sin tierra, los que

poseen nadiel, ex criados, campesinos que rescataron los nadiel pagando

cuotas especiales, adscritos, etc., etc.) y "en cuanto a la posesión

de tierra", en campesinos que entregaron en arriendo sus nadiel, campesinos

que fueron despojados de sus nadiel por no pagar los impuestos o por no

trabajarlos y dejarlos abandonados, y campesinos arrendatarios de nadiel

ajenos; campesinos que poseen tierra "a perpetuidad" o que " compran por un

tiempo" unas cuantas desiatinas; y por último, campesinos sin hogar,

sin ganado, sin caballo y otros con varios caballos. Todo el mundo sabe que

en cada aldea de sólido régimen comunal, este fraccionamiento

económico y la economía mercantil son terreno abonado en el que

crecen esplendorosas las flores del capital usurario y de la servidumbre en

todas sus formas. ¡Y los populistas aún siguen con sus

empalagosos cuentos acerca de algo que ellos llaman "vida comunal"!













En efecto, la joven burguesía se desarrolla

en nuestro país no por días sino por horas y no

sólo en las zonas limítrofes donde abundan los

judíos, sino también en el corazón de Rusia. Por

el momento es muy difícil expresar su número en cifras,

mas a juzgar por la creciente cantidad de propietarios agrarios, a

juzgar por el aumento de patentes de comercio y de las quejas que nos

llegan de las aldeas contra los kulaks y los usureros, así

como por otros indicios[33],

puede suponerse que es ya bastante considerable.















¡Exacto! Precisamente este hecho, cierto ya en 1879 y más

cierto aun en 1895, por su inmenso desarrollo, es uno de los puntales de la

interpretación marxista de la vida real en Rusia.





Nuestra actitud respecto de este hecho es por igual negativa; ambos

estamos de acuerdo en que expresa fenómenos contrarios a los intereses

de los productores directos, pero interpretamos de modo completamente

distinto esos hechos. Con anterioridad caractericé el aspecto

teórico de esa diferencia, y ahora paso al aspecto

práctico.





La burguesía, sobre todo la rural, es todavía débil

en Rusia, está empezando a surgir, dice el populista. Por lo tanto

aún se puede luchar contra ella. La tendencia burguesa no es

todavía muy fuerte, y por lo tanto aún se la puede hacer

retroceder. Todavía estamos a tiempo.





Sólo un sociólogo metafísico (que se convierte en la

práctica en un cobardón y romántico reaccionario) puede

razonar así. No hablaré ya, de que la "debilidad" de la

burguesía rural es atribuida a que sus elementos más

pujantes-su cúspide-fluyen a las ciudades; en las aldeas se encuentran

sólo los "soldados de fila" y en las ciudades se ha instalado ya el

"Cuartel General"; no hablaré de las tergiversaciones, evidentes a

más no poder, a que recurren los populistas al tratar este hecho. Hay

otro error en su razonamiento, un error que lo hace metafísico.





Nos hallamos ante una relación social concreta, ante la

relación entre el pequeño burgués rural (el campesino

rico, el tendero, el kulak, el usurero, etc., etc.) y el campesino

"trabajador"; que trabaja, claro está, "para otros".





Esta relación existe, y el populista no puede negar que abarca todo

el país. Pero es débil-dice-y por ello todavía se

puede corregir.





La historia la hacen "personas vivientes", le decimos a este populista,

utilizando sus propias palabras. Naturalmente, es posible corregir, modificar

las relaciones sociales, pero sólo en el caso en que ello parte de

las propias personas cuyas relaciones sociales se quiere modificar o

corregir. Eso es claro corno el agua. Surge la pregunta de si el

campesino "trabajador" puede modificar esa relación. ¿En

qué consiste la relación mencionada? Pues en que dos

pequeños productores operan, dentro del sistema de la

producción de mercancías, y en que éste los divide en

"dos partes", dando a uno el capital y obligando al segundo a trabajar

"para otros".





¿Cómo va a modificar nuestro campesino trabajador esta

relación, cuando él mismo está semi-arraigado en lo que

hay que modificar? ¿Cómo puede comprender el carácter

nocivo del aislamiento y de la economía mercantil, cuando él

mismo se halla aislado y trabaja por su cuenta y riesgo, produciendo para el

mercado; cuando esas condiciones de vida engendran en él "ideas y

sentimientos" propios del hombre que trabaja por cuenta propia para el

mercado; cuando se halla aislado por las propias condiciones materiales de

vida, así como por las proporciones y el carácter de su

hacienda, y cuando, debido a ello, su oposición al capital está

tan poco desarrollada, que no puede comprender que se enfrenta precisamente

con el capital y no sólo con "granujas" y gente astuta?





¿No es evidente que hay que dirigirse allí donde esa

misma (nota bene) relación social ha alcanzado su máximo

desarrollo; donde los involucrados, en esta relación social, los

productores directos, ya se han "diferenciado" y "desligado" del sistema

burgués; donde la contradicción está tan desarrollada

que se hace evidente; donde es imposible cualquier planteamiento

soñador y ambiguo de la cuestión? Y cuando estos productores

directos, que se encuentran en condiciones más avanzadas, estén

"diferenciados de la vida" de la sociedad burguesa, no sólo en la

práctica, sino también en su conciencia, los campesinos

trabajadores, que se encuentran en peores condiciones, de mayor atraso,

verán "cómo se hace eso" v se unirán a sus camaradas de

trabajo "para otros".













Cuando se habla de la compra de tierras por los

campesinos y se explica que la compra se hace a título privado

en nombre de la comuna, casi nunca se añade que las compras

que hace la comunidad sólo son una rara e insignificante

excepción de esa regla general que constituyen las compras

particulares.















Al dar a conocer que el número de propietarios privados de la

tierra era en 1861 de 103.158, y que según los datos de la

década del 60 llegó a 313.529, el autor dice que esta

diferencia se debe a que la segunda vez se contaron los pequeños

propietarios campesinos, que no fueron tomados en consideración antes

de la Reforma, y continúa:













esta es nuestra joven burguesía rural, que

está en estrecho contacto con los pequeños

terratenientes de la nobleza y se fusiona con ellos.













¡Es verdad-decimos a esto-, es la pura verdad, sobre todo eso de que

"está en contacto" y se "fusiona"! Y por eso incluimos nosotros entre

los ideólogos de la pequeña burguesía a quienes

atribuyen una seria importancia (en el sentido de los intereses de los

productores directos) "a la ampliación de la posesión de

tierras por los campesinos", o sea, también a nuestro autor, que dice

eso en la pág. 152.





Por ello consideramos politicastros a quienes analizan el aspecto de las

compras particulares y comunales como si de él dependiera en una u

otra medida la "instauración" del régimen burgués.

Estimamos que tanto un fenómeno como el otro son de carácter

burgués, ya que la compra es compra y el dinero en ambos casos, es

decir una mercancía que sólo va a parar a manos de la

pequeña burguesía [34], lo

mismo si se hallan unidos en la comunidad "para la adaptación social

recíproca y la actividad solidaria" que si se hallan aislados por

poseer una parcela de tierra propia.













Por cierto, ella [la joven burguesía rural]

no está toda, ni mucho menos, comprendida aquí. La

palabra "sanguijuela" no es, naturalmente, nueva para Rusia, pero

jamás tuvo el significado que tiene hoy, jamás

ejerció en los convecinos la presión que hoy ejerce.

Comparado con el de hoy, el usurero de antes era el personaje

patriarcal; siempre se subordinaba a la comunidad, y a veces se

trataba simplemente de un haragán que no ponía de

manifiesto un gran afán de lucro. Hoy la palabra usurero tiene

otro significado, y en la mayoría de las provincias ha pasado

a ser un concepto sólo genérico, que se emplea

relativamente poco y es sustituido por los vocablos kulak,

parásito, comerciante, tabernero, contratista, prestamista,

etc., etc. Este desdoblamiento de una palabra en varios vocablos, en

parte poco nuevos y en parte totalmente nuevo o no usado antes por

los campesinos, demuestra, ante todo, que en la explotación

del pueblo se ha producido la división del trabajo y,

además, que se han desarrollado ampliamente la rapacidad y su

especialización. Casi en cada aldea hay uno o varios de esos

explotadores.















Es indudable que se ha captado bien el desarrollo de la rapacidad. Y hace

mal el autor cuando, como todos los populistas, no quiere comprender, a pesar

de los hechos, que ese kulakismo sistemático, general, regulado

(inclusive con su división del trabajo), es una manifestación

del capitalismo en la agricultura, es la dominación del capital en sus

formas primarias, de un capital que por una parte engendra constantemente el

capitalismo urbano, el bancario, y en general el de tipo europeo-que los

populistas consideran algo venido de fuera-y por la otra es apoyado y nutrido

por ese mismo capitalismo; en pocas palabras: no quiere comprender que es uno

de los elementos de la organización capitalista de la economía

nacional de Rusia.





Además, la caracterización de la "evolución" del

sanguijuela nos permitirá desmentir una vez más al

populista.





En la Reforma de 1861 el populista ve la sanción de la

producción popular, y encuentra que se diferencia esencialmente de la

reforma occidental.





Las medidas que hoy ansia se reducen, asimismo, a idéntica

"sanción" de la comunidad, etc., etc., a idéntica

"dotación de un nadiel" y de los medios de producción en

general.





¿Por qué, pues, señor populista, la Reforma, que

"sancionó la producción popular (y no la capitalista)",

sólo condujo a que el "holgazán patriarcal" se convirtiera en

un buitre bastante enérgico, listo y recubierto de un barniz de

civilización? ¿Por qué condujo sólo a cambios en

la forma de la rapacidad, lo mismo que las correspondientes grandes

reformas en Occidente?





¿Por qué cree que los siguientes pasos de la

"sanción" (bien posibles, como lo son la ampliación de la

posesión de la tierra por los campesinos, las migraciones, la

reglamentación de los arrendamientos rurales y demás medidas

indudablemente progresistas, pero burguesas), por qué cree que esos

pasos pueden llevar a algo que no sea a nuevos cambios de la forma a

una mayor europeización del capital a su trasformación

de comercial en productivo, de medieval en moderno?





Y no puede ser de otro modo por la sencilla razón de que

semejantes medidas no afectan en absoluto al capital, es decir, a esa

relación entre los hombres que hace que en manos de unos se concentre

el dinero, producto del trabajo social organizado por la

economía mercantil, y que otros no tengan nada que no sea sus "brazos"

libres [35], libres precisamente de ese

producto concentrado en el bolsillo de la categoría anterior.













...De ellos [de esos kulaks, etc.] la morralla que

no tiene capital suele arrimarse a los grandes comerciantes, que les

conceden créditos o les encomiendan algunas compras; los

más pudientes operan por cuenta propia, se relacionan con las

grandes ciudades comerciales y portuarias, envían allí

en nombre propio cargamentos, y ellos mismos van en busca de las

mercancías que se necesitan en el lugar donde residen. En

cualquier tren que se viaje, se verá invariablemente en

tercera (rara vez en segunda) a decenas de hombres de esos, que van,

de un sitio a otro en viaje de negocios. Se los reconoce por su

singular atuendo, por su extrema grosería y por las carcajadas

que lanzan cuando alguna señorita ruega que dejen de fumar o

cuando se burlan de algún pobre mujik [así dice el

autor: "pobre mujik". K. T.] que ha abandonado su hogar para salir en

busca de trabajo, y les parece "inculto" porque no entiende nada de

comercio y calza rústicos zapatones. Se los reconoce

también por su conversación. Hablan habitualmente de

"pieles de cordero", "aceites vegetales", cueros, "pescado ahumado",

mijo, etc., etc. Y se oirán cínicos relatos de las

trampas y adulteraciones que hacen con las mercancías; relatos

de cómo se vendieron a una fábrica carne salada "con

fuerte tufillo"; de que "cualquiera sabe dar color al té si se

le muestra una sola vez cómo hay que hacerlo"; de que "al

azúcar se le puede echar agua de modo que un pilón pese

unas tres libras más de la cuenta y el comprador no lo

advierta", etc., etc. Todo eso lo dicen con tanta franqueza y

descaro, que se comprende que si no roban cucharillas en las cantinas

y lámparas de gas en las estaciones, es tan sólo porque

temen ir a parar a la cárcel. Moralmente estos hombres

están por debajo de las normas más elementales; toda su

moral se basa en el rublo y se expresa en los siguientes aforismos:

"el comerciante es como el pescador; el pez grande se come al chico;

no dejes escapar la ocasión; echa el ojo a Jo que el

dueño descuida; aprovecha el instante en que nadie mira; no te

compadezcas del débil; reverencia y repta cuando sea

necesario". Luego se cita un ejemplo tomado de los periódicos,

según el cual un tabernero llamado Vólkov, que se

dedicaba a la usura, incendió su casa, asegurada en una suma

muy alta. "El maestro y el sacerdote del lugar consideran su mejor

amigo" a este sujeto; un "maestro le escribe, a cambio de unos vasos

de vino, todos los papeles que necesita para sus enredos." "El

escribiente de la administración del distrito se le ofrece

para ayudarle a embaucar a los mordvines." "Un representante del

zemstvo, al mismo tiempo miembro de su Administración general,

asegura contra incendios su vieja casa en l.000 rublos", etc., etc.

"Vólkov no es un fenómeno único, sino

típico. No hay localidad que no tenga sus Vólkov y

donde no le cuenten a uno, no sólo idénticos ejemplos

de saqueo y avasallamiento de los campesinos, sino también

análogos casos de incendios premeditados"...





...¿Pero qué actitud mantienen los

campesinos ante tales individuos? Si son tontos, desalmados y

mezquinos, como Vólkov, los campesinos no los quieren y les

temen, porque son capaces de hacerles cualquier canallada sin que

ellos puedan defenderse; esos tipos tienen sus casas aseguradas,

poseen buenos caballos, fuertes cerrojos y perros feroces, y

mantienen buenas relaciones con las autoridades del lugar. Pero si

son más inteligentes y astutos que Vólkov, si revisten

de formas decentes el saqueo y el avasallamiento de los campesinos,

si cuando les roban un rublo les hacen una ostensible rebaja de

kopek, si no mezquinan medio litro de vodka o una medida de mijo para

los campesinos de alguna aldea devorada por el fuego, gozan del

respeto y la estimación de los campesinos y tienen entre ellos

gran prestigio, pues los consideran bienhechores, protectores, sin

los cuales los pobres quizá morirían de hambre. Los

campesinos los consideran hombres inteligentes, les entregan sus

hijos para que los eduquen y consideran un honor que sus muchachos

trabajen en la tienda, pues están seguros de que allí

se harán hombres de provecho.















He reproducido adrede con el mayor detalle, los razonamientos del autor,

para dar una caracterización de nuestra joven burguesía trazada

por un opositor de la tesis de que la organización de la

economía social rusa es burguesa. El análisis de esta

caracterización puede aclarar muchos puntos de la teoría del

marxismo ruso y el carácter de los habituales ataques de que es objeto

por parte de los populistas contemporáneos.





Desde el comienzo de esta descripción parecería que el autor

comprende qué raíces tan profundas tiene esta burguesía

y su ligazón con la gran burguesía, a la cual se "arrima" la

pequeña burguesía; su ligazón con los campesinos,

quienes le "entregan sus hijos para que ella los eduque"; pero los ejemplos

que el autor aporta demuestran que está muy lejos de justipreciar la

fuerza y la consistencia de este fenómeno.





Sus ejemplos hablan de delitos comunes, estafas, de incendios

premeditados, etc., etc. Se tiene la impresión de que "el saqueo y el

avasallamiento" de los campesinos son algo casual, un resultado (como dice el

autor) de las duras condiciones de vida, de la "rudeza de las ideas morales",

de la dificultad de 'lograr que la literatura sea accesible al pueblo"

(pág. 152), etc., etc.; en una palabra: según el autor, todo

eso no resulta en forma inevitable de la actual organización de

nuestra economía social.





El marxista sustenta precisamente esta última opinión,

afirma que eso no es en absoluto una casualidad, sino una necesidad, una

necesidad condicionada por el modo capitalista de producción dominante

en Rusia. Si el campesino se convierte en productor de mercancías (y

en ello se han convertido ya todos los campesinos). Su "moral",

inevitablemente, se "basará en el rublo", y no se lo puede culpar de

ello, pues las propias condiciones de vida lo obligan a cazar ese rublo

recurriendo a argucias comerciales [36]

de toda suerte. En esas condiciones, sin necesidad de delitos comunes,

servilismo o falsificaciones de ningún género, los "campesinos"

se van diferenciando en ricos y pobres. La vieja igualdad no puede resistir

ante las oscilaciones del mercado. Esto no son meras palabras, es un hecho. Y

es también un hecho que en estas condiciones la "riqueza" de unos

pocos se convierte en capital y que la "pobreza" de la masa obliga a

ésta a vender sus brazos, a trabajar para otros. Así, pues,

desde el punto de vista del marxista, el capitalismo ya ha echado firmes

raíces, ya ha adquirido formas definidas, no sólo en la

industria fabril, sino también en el campo y, en general, en toda

Rusia.





Puede verse ahora cuan ingeniosos son los señores populistas

cuando, en respuesta a los argumentos del marxista, quien sostiene que la

causa de tan "triste fenómeno" en las aldeas no es la política,

ni la escasez de tierra, ni los impuestos, ni las malas "personas", sino el

capitalismo, ya que todo eso es necesario e inevitable allí donde

existe el modo capitalista de producción y la dominación de la

burguesía; cuando, en respuesta a todo esto, los populistas vociferan

que los marxistas quieren dejar sin tierra al campesino, que "prefieren" el

proletario al campesino "independiente", y manifiestan-como dicen las

señoritas provincianas y el señor Mijailovski en su respuesta

al señor Struve-¡"desdén y crueldad" hacia el

"individuo"!





En este cuadro del campo, interesante porque lo ha pintado un opositor,

podemos apreciar palmariamente qué absurdas que son las habituales

objeciones hechas a los marxistas, su artificialidad, la ignorancia de los

hechos y el olvido de declaraciones anteriores, y todo para salvar coute

que coate [37] esas teorías

soñadoras y preñadas de compromisos a las que, afortunadamente,

ya no hay fuerza capaz de salvar.





Al hablar del capitalismo en Rusia, los marxistas hacen suyos -esquemas ya

trazados, repiten como dogmas tesis que son el reflejo de otras condiciones,

muy distintas. La producción capitalista en Rusia, insignificante por

su desarrollo e importancia (en nuestras fabricas sólo trabajan

1.400.000 personas), la hacen extensiva a la masa del campesinado, que

todavía posee tierras. Tal es una de las objeciones predilectas del

campo liberal populista.





Pues bien, en ese cuadro del campo vemos que el populista, al describir la

forma de vida de los campesinos de las "comunidades" e "independientes", no

puede con la categoría de burguesía, sacada de esquemas

abstractos y dogmas ajenos; no puede eludir de comprobar que la

burguesía es un tipo rural, y no un caso aislado; que está

vinculada por fuertes lazos a la gran burguesía urbana y que

también está vinculada a los campesinos, quienes "le entregan

sus hijos para que los eduque", a esos campesinos de los cuales dicho con

otras palabras, sale esa joven burguesía. Vemos, por lo tanto, que esa

joven burguesía crece en el seno de nuestra "comunidad" y no fuera de

ella, vemos que es engendrada por las propias relaciones sociales que existen

entre el campesinado, ahora convertido en productor de mercancías:

vemos que no sólo "1.400.000 personas", sino toda la masa de los

habitantes de las aldeas rusas trabaja para el capital y se halla

"gobernada" por él. ¿Quién, pues, extrae conclusiones

más correctas de estos hechos, reconocidos no por un "místico y

metafísico" marxista que cree en "tríadas", sino por un

auténtico populista que sabe apreciar las particularidades de la vida

en Rusia? ¿El populista que habla de la elección de un mejor

camino, como si el capital no hubiera hecho ya su elección, que habla

de un viraje hacia otro régimen, viraje que espera de la "sociedad" y

del "Estado", es decir, de elementos surgidos exclusivamente sobre la base de

esa elección y para ella? ¿O el marxista, que dice que

soñar con otros caminos significa ser un ingenuo romántico,

puesto que la realidad muestra con la mayor evidencia que el "camino" ya ha

sido elegido y que la dominación del capital es un hecho que no puede

ser eludido con reproches ni condenaciones, un hecho con el que sólo

tienen que habérselas los productores directos?





Otro reproche muy en boga. Los marxistas estiman que el surgimiento del

gran capitalismo en Rusia es un fenómeno progresista. Prefieren, por

lo tanto, el proletario al campesino "independiente", ven con buenos ojos que

se despoje al pueblo de la tierra, v, desde el punto de vista de la

teoría-que presenta como ideal el eme los medios de producción

pertenezcan a los obreros- son partidarios de que el obrero se vea

desprovisto de medios de producción, es decir, incurren en una

contradicción insoluble.





Sí, los marxistas consideran que el gran capitalismo es un

fenómeno progresista, pero no, claro está, porque sustituya la

"independencia" por la dependencia, sino porque crea condiciones para

suprimir la dependencia. En cuanto a la "independencia" del campesino ruso,

eso es un meloso cuento de hadas populista y nada más, pues en la

realidad no existe. Y la pintura que hemos dado (así como todas las

obras e investigaciones acerca de la situación económica del

campesino) reconoce también este hecho (que en realidad no hay

independencia): tanto los campesinos, como los obreros, trabajan "para

otros". Esto lo reconocían los viejos populistas rusos. Pero no

comprendían las causas ni el carácter de esa deficiencia

no comprendían que era también dependencia capitalista

que se distinguía de la urbana únicamente por estar menos

desarrollada y por conservar mayores vestigios de las formas medievales y

semi-feudales del capital. Comparemos esa aldea que nos ha pintado el

populista con una fábrica. Se distinguen (en cuanto a la

independencia) únicamente en que en la primera vemos "pequeños"

parásitos y en la segunda grandes; en la primera, explotación

de individuos aislados y por medios semi-feudales y en la segunda una

explotación de las masas ya netamente capitalista. Por supuesto, esta

segunda explotación es progresista: el mismo capitalismo poco

desarrollado en la aldea, y por ende acompañado de la usura, etc.,

etc., en la fábrica está desarrollado: el mismo antagonismo que

existe en el campo, se manifiesta en la fábrica con toda plenitud;

aquí, la división es ya completa, y no existe la posibilidad

del planteamiento a medias tintas de la cuestión, que satisface al

pequeño productor (así como a su ideólogo), capaz de

censurar, criticar y maldecir al capitalismo, pero incapaz de renunciar a la

base misma [38] de ese capitalismo, a la

confianza en sus servidores, a los rosados sueños respecto de que

"sería mejor sin lucha", como dijo el deslumbrante señor

Krivenko. Aquí los sueños son ya imposibles, y eso es un

gigantesco paso adelante; aquí ya se ve con claridad de qué

lado está la fuerza, y no se puede perorar acerca de la

elección del camino, pues es evidente que primero hay que

"redistribuir" esa fuerza.





"Optimismo meloso": así caracterizó el señor Struve

el populismo, y con profunda razón. ¿Cómo no llamarlo

optimismo cuando la absoluta dominación del capital en el campo se

pasa por alto, se silencia, se presenta como una casualidad; cuando se

propone todo tipo de créditos, cooperativas y laboreo en común,

como si todos esos "kulaks", vampiros, comerciantes, taberneros,

contratistas, prestamistas, etc., etc., como si toda esa "joven

burguesía" no tuviera va "en sus manos" "cada aldea"?

¿Cómo no calificarlo de meloso si esa gente sigue hablando

"diez, veinte, treinta y más años" de si "sería mejor

sin lucha", en el preciso momento en que la lucha va se desarrolla, aunque

sorda, inconsciente, no iluminada por las ideas?













Trasladémonos ahora, lector, a la ciudad.

Allí encontraremos todavía en mayor profusión y

variedad a esa joven burguesía. Todo el que sabe leer y

escribir, y se considera apto para una actividad más noble,

todo el que se considera digno de mejor suerte que la mísera

del campesino del montón, todo el que en esas condiciones, se

siente limitado en el campo, afluye hoy a las ciudades...















Y sin embargo, los señores populistas pronuncian melosos discursos

acerca del "carácter artificial' del capitalismo urbano, acerca de que

es una "flor de invernadero" que morirá si no se la cuida, etc., etc.

Basta considerar más sencillamente los hechos para ver con

claridad que esa burguesía "artificial" está integrada

precisamente por las sanguijuelas de la aldea que se han trasladado a la

ciudad, y crecen con toda espontaneidad en ese terreno alumbrado por la "luna

capitalista" que obliga a cada campesino del montón a comprar

más barato y a vender más caro.













...Veremos aquí: dependientes, oficinistas,

comerciantes minoristas, vendedores ambulantes, contratistas de todo

tipo (yeseros, carpinteros, alhamíes, etc.), conductores de

trenes, porteros, policías, comisionistas de Bolsa, encargados

de postas, fondas y posadas, dueños de distintos talleres,

capataces de fábricas, etc., etc. Todos ellos constituyen la

auténtica joven burguesía, con todos sus rasgos

distintivos. Su código moral es también aquí muy

reducido: toda su actividad está basada en la

explotación del trabajo [39], y el objetivo de su vida consiste en adquirir un

capital o un capitalito para pasar el tiempo entregados a

estúpidas diversiones...





...Sé que muchos se alegran de verlos,

encuentran en ellos inteligencia, energía, iniciativa y los

consideran los elementos más progresistas del pueblo, ven en

ellos un, paso directo y natural de la civilización de su

patria, cuyas asperezas limará el tiempo. ¡Oh, sé

desde hace mucho que en el país se ha formado una gran

burguesía de gente culta, de comerciantes y de

aristócratas que no pudieron soportar la crisis de 1861 y

vinieron a menos, o se sintieron dominados por el espíritu de

la época; sé que esa burguesía ha formado ya los

cuadros del tercer estado y que le faltan precisamente esos elementos

salidos del pueblo, que le gustan porque sin ellos no puede hacer

nada...















Aquí también se deja abierta una rendija para que pueda

penetrar el "meloso optimismo": ¡¡a la gran burguesía "le

faltan precisamente" elementos burgueses salidos del pueblo!! ¿Pero de

dónde ha salido la gran burguesía misma si no del pueblo?

¿Será capaz el autor de negar los lazos de nuestros

"comerciantes" con los campesinos?





Vemos aquí el afán de presentar el desarrollo de la joven

burguesía como un fenómeno casual, resultado de la

política, etc., etc. Es muy típica del populista esta

superficialidad en la comprensión, que no permite ver las

raíces de los fenómenos en la propia estructura

económica de la sociedad, y que conjuga la capacidad de enumerar con

todo detalle a los distintos representantes de la pequeña

burguesía con la incapacidad de ver que la misma pequeña

empresa independiente del campesino o del kustar constituye ya, dado el

sistema económico actual, no una empresa "popular", ni mucho menos,

sino pequeñoburguesa.













... Sé que muchos descendientes de antiguos

linajes se han dedicado a destilar alcohol y a explotar tabernas,

concesiones ferroviarias y empresas de trabado de ferrocarriles; que

se han acomodado en los consejos de administración, de los

bancos por acciones, se han infiltrado hasta en la literatura y

entonan ahora nuevas canciones. Sé que muchas de esas

canciones literarias son muy tiernas y sentimentales, que se habla en

ellas de las necesidades y de los deseos del pueblo; pero sé

también, que la obligación de la literatura decente

consiste en desenmascarar la intención de darle al pueblo

piedras, en lugar de pan.















¡Qué idilio arcádico! [40] ¿Sólo tienen la "intención" de

dar?!





¡Y cómo armoniza eso de que él "sabe", que "desde hace

ya mucho", se ha formado la burguesía y con todo considera

todavía que su misión consista en "desenmascarar las

intenciones" de crear la burguesía!





Eso es precisamente lo que se llama "candidez", cuando frente a un

ejército movilizado, frente a "soldados" formados, unidos por un

"Cuartel General" constituido "hace mucho", la gente habla todavía de

"desenmascarar intenciones", y no de una abierta lucha de intereses.













... La burguesía francesa también se

identificaba siempre con el pueblo, y siempre presentaba sus

reivindicaciones en nombre del pueblo, pero siempre lo

engañaba. Nosotros estimamos que la tendencia burguesa, que

sigue nuestra sociedad en los últimos años, es nociva y

peligrosa para la moral y el bienestar del pueblo.















Esta frase es quizá la que muestra con mayor evidencia el

espíritu pequeñoburgués del autor. ¡Declara que la

tendencia burguesa es "nociva y peligrosa" para la moral y el bienestar del

pueblo! ¿De qué "pueblo", respetable señor moralista?

¿Del que trabajaba para los terratenientes bajo el régimen de

servidumbre, régimen que fomentaba el "hogar familiar", la "vida

sedentaria" y el "sagrado deber; de trabajar"? [41]





¿O del que iba después a buscar el rublo para el rescate?

Usted sabe perfectamente que el pago de ese rublo era la condición

fundamental, primordial, de la "emancipación", y que el campesino

sólo podía obtener ese rublo del señor Cupón

[42]. Usted mismo describió

cómo se las arreglaba ese señor; cómo "la clase

media introdujo en la vida su propia ciencia, su propio código

moral y sus propios sofismas"; cómo se ha formado ya una literatura

que canta loas a "la inteligencia, la iniciativa y la energía" de la

burguesía. Está claro que todo se reduce a la

sustitución de una forma de organización social por otra: el

sistema de apropiación del plustrabajo de los siervos sujetos a la

tierra creó la moral feudal; el sistema del "trabajo libre" que se

esfuerza "para otros", para los poseedores del dinero, ha creado, en

sustitución, la moral burguesa.





Pero el pequeño burgués teme mirar las cosas de frente y

llamarlas por su nombre: cierra los ojos ante estos hechos indiscutibles y se

pone a soñar. Únicamente considera "moral" la pequeña

actividad independiente (para el mercado, cosa que silencia con

modestia), mientras estima "inmoral" el trabajo asalariado. No comprende el

vínculo entre lo uno y lo otro-vínculo indisoluble-, y

considera que la moral burguesa es una enfermedad casual y no un producto

directo del sistema burgués, que nace de la economía mercantil

(contra la cual, en realidad, nada tiene que objetar).





Y he aquí que comienza su sermón de vieja: "eso es nocivo y

peligroso".





No compara la nueva forma de explotación con la anterior, con la

feudal, no se fija en los cambios que ha introducido en la relación

entre el productor y el propietario de los medios de producción, y la

compara con una absurda utopía filistea: con una

"pequeña empresa independiente" que, siendo mercantil, no lleve a lo

que en realidad lleva (véase antes: "florece opulento el kulakismo y

tiende a esclavizar a los más débiles, transformándolos

en peones rurales", etc.). Por eso, su protesta contra el capitalismo

(protesta muy legítima y justa) se convierte en un lamento

reaccionario.





No comprende que, al sustituir la forma de explotación que sujetaba

al trabajador a su localidad por una forma que lo desplaza de un sitio a otro

por todo el país, la "tendencia burguesa" ha hecho una obra

útil; que al sustituir una forma de explotación, en que la

apropiación del plusproducto era disimulada por las relaciones

personales entre el explotador y el productor, por las obligaciones civiles y

políticas mutuas de los ciudadanos, por "el suministro de una parcela

de tierra", etc.; al sustituir por una forma que pone en lugar de todo eso el

"desalmado pago en contante y sonante" y compara la fuerza de trabajo con

cualquier otra mercancía u objeto, no comprende que la "tendencia

burguesa" despoja la explotación del velo de la falta de claridad y de

las ilusiones, y ponerla al desnudo es ya un gran mérito.





Hay que prestar atención, además, a la afirmación de

que la tendencia burguesa ha prendido en nuestra sociedad "en los

últimos años". ¿Acaso sólo "en los últimos

años"? ¿No se manifestó con toda evidencia

también en la década del 60? ¿No dominó asimismo

en el trascurso de toda la década del 70?





El pequeño burgués trata otra vez de suavizar las cosas, de

presentar el carácter burgués que define a nuestra "sociedad"

en el trascurso de toda la época posterior a la Reforma, como un

apasionamiento temporal, como una moda. Los árboles impiden ver el

bosque: este es el rasgo esencial de la doctrina pequeñoburguesa.

Detrás de la protesta contra el régimen de servidumbre y de los

furiosos ataques contra éste, el ideólogo de la pequeña

burguesía no ve la realidad burguesa porque teme mirar de frente la

base económica del sistema que fue instaurado mientras vociferaba

contra él. Detrás de la alharaca de toda la literatura avanzada

"(liberal coqueta", página 129) acerca de los créditos, de las

asociaciones de ahorro y préstamo, del peso de los impuestos, la

ampliación de la posesión de la tierra y demás medidas

de ayuda al "pueblo", no ve más que las características

burguesas de los " últimos años". Por último,

detrás de los lamentos acerca de la " reacción" y del lloriqueo

por la "década del 60", no ve en absoluto el carácter

burgués, que es la, base de todo esto, y por ello se funde cada vez

más con esta "sociedad".





En efecto, durante estos tres períodos de la historia posterior a

la reforma, nuestro ideólogo de los campesinos siempre estuvo junto a

la "sociedad" y marchó con ella, sin comprender que el carácter

burgués de esta "sociedad" priva de toda fuerza a su protesta contra

ese carácter burgués y condena a nuestro ideólogo,

inevitablemente, a soñar o a contraer miserables compromisos propios

de un pequeño burgués.





Esta aproximación de nuestro populismo (enemigo "en principio" del

liberalismo) a la sociedad liberal enternecía a muchos, y hoy sigue

enterneciendo al señor V. V. (véase su artículo en

Nedielia, núms. 47-49 de 1894). De ello deducen que la

intelectualidad burguesa es: débil y hasta inexistente en Rusia, y

relacionan esta suposición con la ausencia de una base para el

capitalismo ruso. En realidad ocurre todo lo contrario: esa

aproximación es el más fuerte argumento contra el populismo,

una prueba directa de su carácter pequeñoburgués.

Así como en la vida el pequeño productor se funde con la

burguesía debido a la producción aislada de mercancías

para el mercado, a sus probabilidades de abrirse paso, de llegar a ser un

gran propietario, así el ideólogo del pequeño productor

se convierte en un liberal cuando se trata del problema de los

créditos, las cooperativas, etc. Del mismo modo que el pequeño

productor es incapaz de luchar contra la burguesía y cifra sus

esperanzas en medidas de ayuda como la reducción de los impuestos, el

aumento de sus tierras, etc., así también el populista cifra

sus esperanzas en la "sociedad" liberal y en sus peroratas, envueltas en "una

falsedad y una hipocresía infinitas", acerca del "pueblo". Si alguna

vez se atreve a injuriar a la "sociedad", añade a continuación

que la "sociedad" se ha deteriorado sólo "en los últimos

años", pero que, en general, no es mala.













Sovremiennie Izveztia hizo hace poco un

estudio de la nueva clase económica surgida en el país

después de la Reforma y la caracterizó muy bien con las

siguientes palabras: "El millonario de los viejos tiempos, modesto,

barbudo, con botas de caña alta bien lustradas, que se

inclinaba ante cualquier pequeño funcionario de la

policía, se ha trasformado rápidamente en un hombre de

negocios de tipo europeo, desenvuelto, inclusive insolente y altivo,

galardonado a veces con una condecoración y con un alto cargo.

Si se fija uno en esa gente surgida de modo tan inopinado, ve con

asombro que la mayoría de esas luminarias eran ayer

taberneros, contratistas, dependientes de comercio, etc., etc. Esos

advenedizos animaron la vida urbana, pero no la mejoraron.

Introdujeron en ella un desordenado ajetreo y una extraordinaria

confusión de conceptos. El aumento de las operaciones

mercantiles y la demanda de capital desarrollaron la fiebre de las

empresas, que se convirtió en el delirio de los juegos de

azar. Multitud de fortunas amasadas inesperadamente han llevado al

último grado el afán de lucro", etc...





Es indudable que esa gente ejerce la más

fatal influencia en la moral del pueblo [¡he aquí en

qué consiste la desgracia: en el relajamiento de la moral, y

no, en absoluto, en las relaciones de producción capitalistas!

K. T.] y si admitimos que los obreros de la ciudad están

más pervertidos que los del campo, no queda la menor duda de

que ello se debe a que están mucho más rodeados de esa

gente, respiran el mismo aire y viven la vida por ella

creada.















He ahí una evidente confirmación de lo que dice el

señor Struve acerca del carácter reaccionario del populismo. La

" perversión" de los obreros urbanos asusta al pequeño

burgués, que prefiere el "hogar familiar" (donde los golpes y la

cohabitación del suegro con la nuera son hechos comunes) y la "vida

sedentaria" (con la ignorancia y la brutalidad), y no comprenden que el

despertar del hombre en el "jamelgo" [43] -despertar de una importancia histórica mundial tan

grande que justifica todos los sacrificios-no puede dejar de adquirir formas

violentas en las condiciones capitalistas en general y en las de Rusia en

particular.













Si el terrateniente ruso se distinguía por

su brutalidad y bastaba con rascar un poco para que apareciera el

tártaro que había en él, al burgués ruso

no hay siquiera necesidad de rascarlo. Si los viejos comerciantes

rusos crearon el reino de las sombras, ahora, con el surgimiento de

la nueva burguesía, crearán unas tinieblas en las que

perecerá todo pensamiento, todo sentimiento humano.















El autor no puede estar más equivocado. Debió emplear el

tiempo pasado y no el futuro; y debió emplearlo cuando esto fue

escrito, en la década del 70.













Bandas de nuevos conquistadores se esparcen por

todos los confines, sin que nadie les oponga resistencia en parte

alguna. Los terratenientes los protegen y acogen con júbilo,

la gente de los zemstvos les da grandes sumas en concepto de primas

de seguros, los maestros de escuela les escriben sus enredados

papeles, los sacerdotes los visitan y los escribientes de los

distritos los ayudan a engañar a los mordvines.















¡Atinada caracterización! "No sólo no encuentran

resistencia", sino que cuentan con la corroboración de todos los

representantes de la "sociedad" y del "Estado" que acaba de enumerar el

autor. Por ello-¡original lógica!-, para hacer cambiar las cosas

se debe aconsejar la elección de otro camino, y aconsejar esto,

precisamente, a la "sociedad" y al "Estado".













¿Qué se puede hacer, sin embargo,

contra esa gente?





[...] Esperar el desarrollo intelectual de los

explotadores y que mejore la opinión pública es

imposible, tanto desde el punto de vista de la justicia como desde el

moral y político que debe adoptar el Estado.















¡Obsérvese: el Estado debe adoptar "un punto de vista moral y

político"! ¡Eso no es más que pura chachara!

¿Acaso los enumerados representantes y agentes del "Estado"

(comenzando por los escribientes de la administración de los

distritos) no tienen ya un punto de vista "político" [compárese

con lo que se dice antes: "muchos se alegran... los consideran los elementos

más progresistas del pueblo, veri en ellos un paso directo y natural

de la civilización de su patria"] y uno "moral" [lugar citado:

"inteligencia, energía e iniciativa"]? ¿Por qué oculta

la división que existe en las ideas morales y políticas tan

hostiles como los "nuevos brotes" son indudablemente [hostiles en la vida

para aquellos "a quienes la burguesía ordena ir a trabajar"?

¿Por qué oculta la lucha de estas ideas, que no es sino una

superestructura de la lucha de las clases sociales?





Todo eso es un resultado natural e inevitable del punto de vista

pequeñoburgués. El pequeño productor sufre mucho por el

orden de cosas actual, pero se halla al margen de las contradicciones directa

y plenamente descubiertas, las teme y se consuela con ingenuos sueños

reaccionarios de que "el Estado debe adoptar un punto de vista moral", y

precisamente el punto de vista de esa moral grata al pequeño

productor.





No, no tiene usted razón. El Estado a que apela, el Estado actual,

el presente, debe adoptar el punto de vista de la moral grata a la

gran burguesía, y debe hacerlo porque así lo determina

la distribución de las fuerzas entre las clases existentes en la

sociedad.





Usted se indigna. Se pone a gritar que al reconocer ese "deber", esa

necesidad, el marxista defiende a la burguesía.





Eso no es cierto. Usted se da cuenta de que los hechos están en

contra suya, y por eso recurre a dudosos trucos: atribuye el deseo de

defender a la burguesía a quienes refutan los sueños

pequeñoburgueses de usted acerca de la elección de un camino

sin burguesía, señalando que la dominación de esta

última es un hecho; a quienes demuestran la inutilidad de las

insignificantes y miserables medidas de usted contra la burguesía,

señalando que ésta se halla profundamente enraizada en la

estructura económica de la sociedad, señalando la existencia de

una lucha económica de las clases, base de la "sociedad" y del

"Estado"; a quienes exigen de los ideólogos de la clase trabajadora

que rompan por completo con esos elementos y se pongan al servicio exclusivo

de quienes se han "diferenciado de la vida" de la sociedad burguesa.













Naturalmente, no consideramos que la literatura no

ejerza influencia, mas para ello debe, en primer lugar, comprender

mejor su misión y no limitarse tan sólo [Sic!!!] a

educar a los kulaks, sino despertar también la opinión

pública.















¡He aquí al petit bourgeois [44] en su aspecto más puro! ¡¡Si la

literatura educa a los kulaks, es porque comprende mal su misión!!





¡Y esos señores se asombran cuando se les dice que son unos

ingenuos, unos románticos!





Al contrario, respetable señor populista, los "kulaks"[45] educan a la literatura, le suministran ideas

(acerca de la inteligencia, la energía y la iniciativa, acerca del

paso natural de la civilización de su patria) y le proporcionan

medios. Su referencia a la literatura es tan ridícula como si alguien,

al ver enfrentados a dos ejércitos enemigos, se dirigiera al ayudante

del mariscal de campo enemigo con el sumiso ruego de "actuar más

solidariamente". Sí, es exactamente lo mismo.





Lo mismo puede decirse del deseo de "despertar la opinión

pública". ¿La opinión de esa sociedad que "busca ideales

en la calma de la siesta"? Habitual ocupación esta de los

señores populistas a la que se vienen entregando con tan brillante

éxito desde hace "diez, veinte, treinta y más años".





¡Esfuércense, caballeros! La sociedad que se deleita

durmiendo la siesta, a veces gruñe: sin duda se dispone a actuar con

unanimidad contra los kulaks. Sigan hablando con ella. Allez toufours!

[46]













... y en segundo lugar debe gozar de más

libertad de palabra y de mayor acceso al pueblo.















Excelente deseo. La "sociedad" ve con buenos ojos ese "ideal". Pero como

lo "busca" con la tranquilidad con que duerme la siesta y lo que más

teme en el mundo es que se altere esa tranquilidad..., se apresura con gran

lentitud, progresa con tanta prudencia, que cada año se encuentra

más y más atrás. Los señores populistas creen que

eso es una casualidad, que ahora mismo va a terminar la siesta y

comenzará el verdadero progreso. ¡Quédense esperando!













Tampoco consideramos que no ejerzan influencia la

educación y la instrucción, pero suponemos, ante todo:

1) que, la instrucción debe darse a todos y cada uno, y no

sólo a determinados individuos, destacándolos del medio

y convirtiéndolos en kulaks...















"A todos y a cada uno"... precisamente eso es lo que quieren los

marxistas. Pero estiman que ello es inaccesible mientras existan las

condiciones económico-sociales actuales, pues, aunque la

enseñanza fuese gratuita y obligatoria, para la "educación" se

necesitaría dinero, y sólo lo tienen "los que han salido del

pueblo". Los marxistas estiman que, por lo tanto, tampoco en este caso hay

otra salida que no sea la "dura lucha de las clases sociales".













...2) que las escuelas públicas deben estar

abiertas, no sólo a sacristanes retirados, funcionarios y toda

suerte de gente inútil, sino también a hombres

verdaderamente honrados y que aman de verdad al pueblo.















¡Muy conmovedor! Pero quienes ven "inteligencia, iniciativa y

energía" en la "gente salida del pueblo", aseguran también (y

no siempre sin sinceridad) que "aman al pueblo", y muchos de ellos son

hombres "verdaderamente honrados". ¿Quién va a hacer

aquí de juez? ¿Individuos de pensamiento crítico y de

elevadas cualidades morales? ¿Pero no ha dicho el autor que el

desprecio no hace mella en esa gente salida del pueblo? [47]





Y de nuevo, al final, nos vemos ante el rasgo fundamental del populismo,

que ya tuvimos ocasión de observar al comienzo: el afán de

cerrar los ojos a los hechos.





Cuando el populista describe los hechos, se ve siempre obligado a

reconocer que la realidad pertenece al capital, que nuestra evolución

real es capitalista y que la fuerza la posee la burguesía. Así

lo acaba de reconocer, por ejemplo, el autor del artículo comentado,

cuando dice que en nuestro país se ha creado una "cultura de clase

media"; que es la burguesía quien ordena al pueblo que vaya a

trabajar; que a la sociedad burguesa sólo la preocupan sus procesos

digestivos y dormir siesta; que la "clase media" ha creado inclusive una

ciencia burguesa, una moral burguesa, sofismas políticos burgueses y

una literatura burguesa.





Y a pesar de ello, todos los argumentos de los populistas se basan

siempre en el supuesto contrario: en que la fuerza no está en

manos de la burguesía sino del "pueblo". El populista habla de la

elección del camino (al tiempo que reconoce el carácter

capitalista del camino real), de la socialización del trabajo (que se

halla bajo la "dirección," de la burguesía), de que el Estado

debe adoptar un punto de vista moral y político, de que precisamente

los populistas deben enseñar al pueblo, etc., etc., como si la fuerza

estuviera en manos de los trabajadores o sus ideólogos, y no faltara

ya más que indicar los procedimientos "inmediatos, convenientes",

etc., de emplear dicha fuerza.





Todo eso es una repugnante mentira, desde el principio hasta el fin. Uno

podría imaginarse la raison d'étre [48] de semejantes ilusiones hace medio siglo, cuando en

Regirungsrat prusiano [49]

descubría en Rusia la "comunidad rural", pero ahora, después de

una historia de más de treinta años de trabajo "libre", eso es

una burla o fariseísmo y almibarada hipocresía.





La principal tarea teórica del marxismo consiste en destruir esta

mentira, por buenas y sinceras que hayan sido las intenciones de su autor. El

primer deber de quienes desean buscar "caminos hacia la felicidad humana" es

no engañarse a sí mismos y tener el valor de reconocer

sinceramente los hechos.





Y cuando los ideólogos de la clase trabajadora comprendan esto y lo

sientan, reconocerán que los "ideales" no deben consistir en trazar

caminos mejores v más cortos, sino en formular las tareas y los

objetivos de la "dura lucha de las clases sociales", que se desarrolla ante

nuestros ojos, en nuestra sociedad capitalista; que la medida del

éxito de sus aspiraciones no la dará la elaboración de

consejos a la "sociedad" y al "Estado", sino el grado de difusión de

estos ideales en el seno de determinada clase de la sociedad; que los

más elevados ideales no valen un bledo si no se sabe fundirlos

indestructiblemente con los intereses de los participantes de la lucha

económica, fundirlos con esos problemas cotidianos tan pequeños

y "estrechos" de la clase dada como el de la "justa remuneración del

trabajo", con esos problemas que nuestro grandilocuente populista mira con

tan sublime desdén.













...Pero eso no es todo: el desarrollo intelectual,

como desgraciadamente lo vemos a cada paso, no garantiza que en el

hombre no despierten ambiciones e instintos rapaces. Y por ello deben

tomarse sin dilación las medidas necesarias para proteger el

campo contra la rapacidad; deben tomarse, en primer lugar, para

proteger la comunidad rural como forma de vida social que contribuye

al perfeccionamiento moral del hombre. La comunidad rural debe ser

garantizada de una vez y para siempre. Pero tampoco eso es todo: dada

su situación económica actual y las cargas fiscales, la

comunidad rural no puede existir, y por ello es necesario tomar

medidas para ampliar la posesión de la tierra por los

campesinos, reducir los impuestos y organizar las industrias

populares.





Estas son las medidas contra los kulaks, medidas

que debe apoyar y defender toda la literatura honrada. Estas medidas

no son, naturalmente, nuevas; pero son las únicas y no todo el

mundo, ni mucho menos, está aun convencido de ello

(Fin).















¡Ahí tienen ustedes el programa del ampuloso populista! La

descripción de los hechos revela que existe por doquier una

contradicción absoluta de intereses económicos; "por doquier",

no sólo en el sentido de que se observa tanto en la ciudad como en el

campo, en la comunidad rural como fuera de ella, en las fábricas y en

la industria "popular", sino también al margen de los fenómenos

económicos: en la literatura y en la "sociedad", en el dominio de las

ideas morales, políticas, jurídicas, etc., etc. Pero nuestro

caballero Kleinbürger derrama amargas lágrimas y vocifera:

"¡deben tomarse fin dilación medidas para proteger el

campo!". La superficialidad pequeñoburguesa de su comprensión y

su disposición para aceptar compromisos se manifiestan con toda

nitidez. Ese mismo campo de que nos habla se halla, como hemos visto,

escindido y en luchar en él chocan intereses antagónicos, pero

el populista no ve la raíz del mal en el sistema establecido, sino en

defectos parciales de éste, y no basa su programa en la necesidad de

imprimir una orientación ideológica a la lucha que se

desarrolla, sino en "proteger" el campo contra "aves de rapiña"

casuales, fortuitas, aparecidas de fuera. ¿Y quién, respetable

señor romántico, debe tomar medidas para protegerlo?

¿Esa "sociedad" que se da por satisfecha con ver cumplidos los

procesos digestivos a costa de quienes deben ser protegidos? ¿Los

agentes de los Zemstvos, de la administración de los distritos v

demás, que viven de migajas de la plusvalía y por ello, como

acabamos de ver, ayudan en vez de oponer resistencia?





El populista ve en todo eso una lamentable casualidad y nada más,

el resultado de una mala "comprensión de su misión", y cree que

basta con "ponerse de acuerdo y actuar unidos" para que todos esos elementos

"vuelvan al buen camino". No quiere ver que en las relaciones

económicas predomina el sistema de Plusmacherei, sistema bajo

el cual sólo dispone de medios y de tiempo para instruirse la "gente

salida del pueblo", mientras que la "masa" debe "seguir sumida en la

ignorancia y trabajar para otros"; ello trae como consecuencia directa e

inmediata que sólo tengan acceso a la "sociedad" representantes de los

primeros y que sólo entre esta "sociedad" y entre la "gente salida del

pueblo" puedan reclutarse los escribientes para las administraciones de los

distritos, los agentes del zemstvo y demás funcionarios, a quienes el

ingenuo populista considera gente situada arriba de las relaciones

económicas y de las clases, por encima de ellas.





Por eso su llamado a "proteger", no va dirigido a quien corresponde.





El populista, o bien se da por satisfecho con paliativos

pequeñoburgueses (lucha contra el kulak: véase más

arriba lo de las cooperativas de préstamo y ahorro, lo del

crédito, lo de la legislación para estimular la sobriedad, la

laboriosidad y la instrucción; ampliación de la posesión

de la tierra por los campesinos: véase más arriba lo del

crédito agrícola v la compra de tierras; reducción de

los impuestos: véase nías arriba lo del impuesto a la venta), o

bien con el rosado sueño, propio de una colegiala, de "organizar las

industrias populares".





¿Pero acaso esas industrias no están ya organizadas?

¿Acaso toda esa joven burguesía de que hemos hablado antes no

organizó ya a su manera, a la manera burguesa, todas esas "industrias

populares"? Si no fuera así, ¿cómo podría "ser la

dueña de cada aldea"? ¿Cómo podría "ordenar al

pueblo que vaya a trabajar" y apropiarse del sobrevalor?





La indignación supermoral del populista llega al paroxismo. Es una

inmoralidad-clama-decir que el capitalismo constituye un sistema de

"organización", cuando tiene por base la anarquía de la

producción, las crisis, el desempleo constante, regular y siempre en

aumento de las masas y el incesante empeoramiento de la situación de

los trabajadores.





No, señor mío. Lo inmoral es pintar la verdad de color de

rosa, presentar como algo casual, fortuito, el orden dé cosas que

caracteriza toda la Rusia posterior a la Reforma. Que toda la nación

capitalista impulsa el progreso técnico vi lleva a cabo la

socialización del trabajo a costa de la mutilación y la

deformación del productor, es algo sabido desde hace ya mucho tiempo.

Pero tomar este hecho como objeto de pláticas moralistas con la

"sociedad" y, cerrando los ojos a la lucha que se desarrolla, balbucear en la

quietud de la siesta: "protejan", "garanticen", "organicen", es ser un

romántico, un ingenuo, un romántico reaccionario.





 






Al lector podrá parecerle que estos comentarios no tienen

relación con el análisis del libro del señor Struve. Yo

creo que eso es tan sólo en apariencia.





El libro del señor Struve está muy lejos de haber

descubierto el marxismo ruso. No hace más que llevar por vez primera a

las páginas de la prensa teorías formuladas y expuestas

anteriormente [50]. El paso dado por el

señor Struve fue precedido, como señalamos, por una violenta

crítica del marxismo en las publicaciones liberal-populistas,

crítica que lo embrolló y tergiversó todo.





Sin responder previamente a esa crítica no se podía,

primero, emprender el estudio del actual estado de la cuestión ni,

segundo, comprender el libro del señor Struve, su carácter y

misión.





Se tomó ese viejo artículo populista con el objeto de

responder; porque hacía falta un escrito en el que se enunciaran los

principios, y que, además, defendiera algunos de los preceptos del

viejo populismo ruso, que tienen valor para el marxismo.





Con este comentario hemos querido demostrar el carácter artificial

y absurdo de los procedimientos polémicos en boga entre los

liberal-populistas. Esos argumentos que atribuyen al marxismo estar ligado al

hegelianismo [51], creer en

tríadas, en dogmas y esquemas abstractos, que no requieren ser

comprobados por los hechos, y afirmar que cada país debe pasar por la

fase capitalista, etc., son pura charlatanería.





El marxismo ve su tarea principal en la formulación y en la

explicación teórica de la lucha de las clases sociales y

de los intereses económicos, de la que somos testigos.





El marxismo sólo se basa en los hechos de la realidad y de la

historia rusas; es también la ideología de la clase

trabajadora, pero explica de modo muy distinto el desarrollo y las victorias

del capitalismo ruso, hechos por todos conocidos, y de modo muy distinto

comprende las tareas que la realidad plantea a los ideólogos de los

productores directos. Por ello, cuando el marxista habla de la necesidad, de

la inevitabilidad y del carácter progresista del capitalismo ruso,

parte de hechos bien establecidos que, precisamente por estar bien

establecidos, por ser bien conocidos, no siempre se mencionan; explica de

modo distinto lo que ha repetido infinidad de veces la literatura populista,

y si, en respuesta a ello, el populista vocifera que el marxista no quiere

ver los hechos, para desmentirlo basta con hacer referencia a cualquier

artículo en el que los populistas exponen sus principios, publicado en

la década del 70.





Pasemos ahora a analizar el libro del señor Struve.





 




 




* * *




CAPÍTULO II




CRÍTICA DE LA SOCIOLOGÍA POPULISTA




 




[a]




La "esencia" del populismo, su "idea fundamental", reside, según el

autor, en la "teoría sobre la excepcionalidad del desarrollo

económico de Rusia". Según dice, esa teoría tiene "dos

fuentes principales": 1) una doctrina definida sobre el papel del individuo

en el proceso histórico y 2) la convicción de que el pueblo

ruso tiene un carácter nacional y un espíritu

específicos, y un destino histórico peculiar (2). En su nota a

este pasaje, el autor señala que "al populismo lo distinguen ideales

sociales totalmente definidos" [53], y

dice que expone a continuación las concepciones económicas de

los populistas.





Me parece que esta caracterización de la esencia del populismo

requiere ciertas enmiendas. Es demasiado abstracta e idealista, pues habla de

las ideas teóricas predominantes en el populismo, pero no de su

"esencia", ni de su "fuente". Queda absolutamente confuso por qué a

los ideales mencionados van unidas la creencia en un desarrollo

específico de Rusia y una teoría particular sobre el papel del

individuo, y por qué estas teorías han llegado a ser la

tendencia "más influyente" de nuestro pensamiento social. Ya que el

autor, al hablar de las "ideas sociológicas del populismo"

(subtítulo del primer capítulo), no pudo, empero, limitarse a

tratar aspectos puramente sociológicos (el método en

sociología) y se refirió a las ideas populistas acerca de la

realidad económica de Rusia, debió haber señalado

cuál es la esencia de esas ideas. Sin embargo, en la nota mencionada

sólo lo hizo a medias. La esencia del populismo consiste en que

representa los intereses de los productores desde el punto de vista del

pequeño productor, del pequeño burgués. En su

artículo en alemán a propósito del libro del

señor N.-on (Sozialpolitisches Centralblatt, 1893, núm.

1) el señor Struve llamó al populismo "socialismo nacional"

(Rússkoie Bogatstvo, 1893, núm. 12, pág. 185). En

vez de "nacional" debería haber dicho "campesino" en lo que se refiere

al viejo populismo ruso, y en lo que se refiere al contemporáneo,

"pequeñoburgués". La "fuente" del populismo es el predominio de

la clase de los pequeños productores en la Rusia capitalista posterior

a la Reforma.





Esta caracterización requiere una aclaración. El vocablo "

pequeñoburgués" no lo empleo aquí en su sentido

habitual, sino en el que le da la economía política.

Pequeño productor, que opera bajo un sistema de economía

mercantil: estos son los dos rasgos que componen el concepto

"pequeñoburgués", Kleinbürger. Incluye tanto al

campesino como al artesano, a quienes los populistas han considerado siempre

iguales, y con mucha razón, pues ambos son, productores, ambos

trabajan para el mercado y sólo los diferencia un distinto grado de

desarrollo de economía mercantil. Además, yo hago

distinción entre el viejo populismo [54] y el contemporáneo, pues el primero era, en cierta

medida, una doctrina coherente, una doctrina que cristalizó en una

época en que el capitalismo estaba todavía muy poco

desarrollado en Rusia, el carácter pequeñoburgués de la

economía campesina aún no se había manifestado en

absoluto, el lado práctico de la doctrina era pura utopía y los

populistas se apartaban decididamente de la "sociedad" liberal e "iban al

pueblo". Ahora no ocurre lo mismo: nadie niega ya que Rusia ha emprendido el

camino capitalista de desarrollo, y la diferenciación del campo es un

hecho indiscutible. De la armónica doctrina del populismo, con su

pueril fe en la "comunidad rural", no quedan más que jirones. En

cuanto al aspecto práctico, en lugar de la utopía aparece un

programa, nada utópico, de medidas "progresistas"

pequeñoburguesas, y sólo altisonantes frases recuerdan la

histórica vinculación entre estos miserables compromisos y los

sueños de mejores y excepcionales caminos para la patria. En vez de

una separación respecto de la sociedad liberal, vemos el más

conmovedor acercamiento a ella. Y este cambio es precisamente lo que nos

obliga a hacer una distinción entre la ideología de los

campesinos y la de la pequeña burguesía.





Esta enmienda respecto de la esencia real del populismo nos parecía

tanto más necesaria cuanto que el carácter abstracto que

reviste la exposición del señor Struve es su principal defecto;

eso en primer lugar. Y en segundo lugar "algunas tesis fundamentales" de esa

doctrina a K que el señor Struve no adhiere en parte, exigen que las

ideas sociales se traduzcan en relaciones económico-sociales.





Y ahora trataremos de demostrar que si ello no se hace es imposible

explicar siquiera las ideas puramente teóricas de los populistas, como

es la de su método en sociología.





Después de señalar que la doctrina populista acerca de un

método particular en sociología es expuesta mejor que nadie por

los señores Mírtov [55] y

Mijailovski, el señor Struve caracteriza esta doctrina como "idealismo

subjetivo", y para confirmarlo cita varios pasajes de las obras de esos

señores en los que merece la pena detenerse.





Ambos autores sientan como piedra angular la tesis de que la historia ha

sido hecha por "individuos que luchaban aisladamente". "Los individuos hacen

la historia" (Mírtov). El señor Mijailovski es aun más

explícito: "Las personas vivientes, con todas sus ideas y todos sus

sentimientos, se convierten en artífices de la historia por su cuenta

y riesgo. Son ellas, y no una fuerza mística, quienes marcan objetivos

en la historia e impulsan .hacia ellos los acontecimientos a través de

la cadena de obstáculos levantados por las fuerzas elementales de la

naturaleza y por las condiciones históricas" (8). Esta tesis de que la

historia es forjada por los individuos carece de todo sentido desde el punto

de vista teórico. Toda la historia está compuesta por acciones

de individuos, y es tarea de las ciencias sociales explicar dichas acciones,

de modo que la referencia al "derecho de interferir en el curso de los

acontecimientos" (palabras del señor Mijailovski, citadas por el

señor Struve, pág. 8) es una tautología sin sentido.

Ello se ve con particular raridad en la última retahíla del

señor Mijailovski. Las personas vivientes-razona-impulsan los

acontecimientos a través de la cadena de obstáculos que les

oponen las fuerzas elementales de las condiciones históricas.

¿Pero en qué consisten las "condiciones históricas"?

Según la lógica del autor, en acciones de otras "personas

vivientes". [Profunda filosofía de la historia!, ¿verdad?

¡Resulta que las personas vivientes impulsan los acontecimientos a

través de la cadena de obstáculos que les oponen otras personas

vivientes!! ¿Pero por qué las acciones de algunas personas

vivientes se califican de elementales, cuando de otros se dice que "impulsan

los acontecimientos" hacia objetivos previamente fijados? Está claro

que buscar en todo esto un contenido teórico sería empresa poco

menos que inútil. El quid de la cuestión está en que

esas condiciones históricas que proporcionaron a nuestros

subjetivistas material para estructurar sus "teorías" eran (y lo son

hoy) relaciones antagónicas y engendraron la expropiación del

productor. Incapaces de comprender estas relaciones antagónicas,

incapaces de encontrar en ellas mismas elementos sociales a los que

pudieran sumarse los "individuos aislados", los subjetivistas se limitaron a

confeccionar teorías que consolaban a los individuos " aislados"

diciéndoles que la historia era obra de "personas vivientes". El

famoso "método subjetivista en sociología" no expresa

absolutamente nada que no sean buenos deseos y una comprensión

errónea de las cosas. Los razonamientos de Mijailovski que el autor

cita a continuación, lo demuestran con toda evidencia.





La vida europea, dice el señor Mijailovski, "se ha formado tan

insensata e inmoralmente como fluyen los ríos o crecen los

árboles en la naturaleza. El río fluye en la dirección

en que encuentra menor resistencia, arrasando todo lo que puede, aunque sea

una mina de diamantes, y bordeando todo lo que arrasar no puede, aunque sea

un muladar. Las esclusas, las presas y los distintos canales se construyen

por iniciativa de la razón v los sentimientos humanos. Puede decirse

que esa razón v esos sentimientos estaban ausentes (?-P. S.)

cuando surtió el régimen económico de la Europa de

nuestros días. Se hallaban en estado embrionario, y su influencia en

el curso natural, en el curso espontáneo de las cosas, fue

insignificante" (9).





El señor Struve pone un signo de interrogación, pero lo que

a nosotros nos asombra es que lo haya puesto a una sola v no a todas las

palabras, pues ese pasaje no puede ser más vacío.

¿Qué necedad es esa de que la razón y los sentimientos

estuvieron ausentes cuando surgió el capitalismo? ¿En

qué consiste el capitalismo, sino en determinadas relaciones entre los

hombres? Y todavía no hemos conocido hombres sin razón ni

sentimientos. ¿Y qué falsedad es esa de que la razón y

los sentimientos de las "personas vivientes" en aquel entonces ejercieron en

el "curso de los acontecimientos" una influencia "insignificante"? Todo lo

contrario. Los hombres construyeron entonces, en pleno uso de sus facultades

mentales, muy ingeniosas esclusas y presas para conducir a los insumisos

campesinos al cauce de la explotación capitalista; abrieron con

astucia canales de derivación políticos y financieros, y por

esos canales fluyeron la acumulación capitalista y la

expropiación capitalista, que no se daban por satisfechas con la mera

acción de las leyes económicas. En pocas palabras: todas esas

declaraciones del señor Mijailovski son tan monstruosamente falsas,

que no puede creerse que se deban sólo a errores teóricos. Pero

que- dan plenamente explicadas por el criterio pequeñoburgués

que sustenta el escritor. El capitalismo ha puesto ya de manifiesto con toda

claridad sus tendencias, ha desarrollado hasta su último extremo el

antagonismo que le es inherente, la contradicción de intereses empieza

a tomar ya formas definidas, reflejándose inclusive en la

legislación rusa, pero el pequeño productor sigue al margen de

esta lucha. Se halla todavía atado a la vieja sociedad burguesa

ñor su diminuta hacienda, y por ello, aunque oprimido por el

régimen capitalista, no puede comprender las verdaderas causas de esa

opresión y se consuela haciéndose ilusiones de que todo el mal

reside en que la razón y los sentimientos de los hombres se encuentran

aún en "estado embrionario".





"Naturalmente-continúa el ideólogo de este

pequeñoburgués-, los hombres siempre trataron de influir de un

modo u otro en el curso de los acontecimientos."





El "curso de los acontecimientos" consiste precisamente en las acciones e

"influencias" de los hombres, y en nada más, de modo que nuevamente

vemos aquí una frase huera.





"Pero al proceder así lo hacían guiándose por la

más pobre experiencia y los más bajos intereses; por ello se

comprende que sólo en muy raras ocasiones estos dirigentes lograran

hallar, por pura casualidad, el camino que señalan la ciencia

contemporánea v las ideas morales de nuestros días" (9).





Eso es moral pequeñoburguesa, que condena la "bajeza de intereses"

porque no sabe aproximar sus "ideales" a ningún interés vital;

eso es cerrar los ojos, con espíritu pequeñoburgués, a

la escisión ya existente y que se refleja con toda claridad tanto en

la ciencia como en las ideas morales de nuestros días.





Claro está que los razonamientos del señor Mijailovski no

pierden este carácter cuando pasa a ocuparse de Rusia. "Aplaude de

todo corazón" las extrañas fábulas de un tal

señor Yákovlev, que opina que Rusia es una tabla rasa,

que Rusia puede empezar desde el principio mismo, no repetir muchos errores

cometidos en otros países, etc., etc. Y todo eso se afirma con plena

conciencia de que en esta tabula rasa se sostienen aún muy

firmemente los representantes del tipo de economía propio de la

"antigua nobleza", con sus grandes propiedades rurales y enormes privilegios

políticos; y que proporciona la base para el rápido desarrollo

del capitalismo, con todos sus "progresos". El pequeño burgués

cierra con cobardía los ojos a estos hechos y se traslada a la

esfera de cándidos sueños, tales como que "empezamos a vivir

ahora, cuando la ciencia ha dominado ya algunas verdades y ganado cierto

prestigio".





Así, pues, los razonamientos del señor Mijailovski citados

por el señor Struve evidencian ya el origen de clase de las ideas

sociológicas del populismo.





No podemos pasar por alto, sin rebatirla, una observación que el

señor Struve hace al señor Mijailovski: "Según

él-dice el autor-no existen tendencias históricas insuperables

que, como tales, deban servir por un lado como punto de partida y por otro

como límite inevitable para la actividad útil de los individuos

y de los 'grupos sociales" (11).





Así hablan los objetivistas, y no los marxistas (materialistas).

Entre estas concepciones (sistemas de ideas) existe una diferencia que

conviene analizar, pues uno de los principales defectos del libro del

señor Struve qué se aprecia en la mayoría de sus

razonamientos, consiste en una total incomprensión de esa

diferencia.





El objetivista habla de la necesidad de un proceso histórico dado;

el materialista hace constar con precisión que existen la

formación económico-social dada y las relaciones

antagónicas engendradas por ella. Al demostrar la necesidad de una

serie dada de hechos, el objetivista siempre corre el riesgo de convertirse

en un apologista de estos hechos; el materialista pone al desnudo las

contradicciones de clase y, al proceder así, fija ya su

posición. El objetivista habla de "tendencias históricas

insuperables"; el materialista habla de la clase que "dirige" el

régimen económico dado creando determinadas formas de

reacción de las otras clases. Como vemos, el materialista es, por una

parte, más consecuente que el objetivista y aplica su objetivismo con

mayor profundidad y plenitud. No se limita a señalar la necesidad del

proceso, sino que determina con exactitud qué formación

económico-social es precisamente la que da su contenido a ese proceso,

qué clase, precisamente, determina esa necesidad. En el caso

dado, por ejemplo, el materialista no se limitaría a hacer constar que

hay " tendencias históricas insuperables", sino que

señalaría la existencia de ciertas clases que determinan el

contenido del régimen dado y excluyen cualquier posibilidad de salida

que no sea a través de la acción de los productores mismos. Por

otra parte, el materialismo presupone el partidismo, por decirlo así,

e impone siempre el deber de defender franca y abiertamente el punto de vista

de un grupo social concreto [56] siempre

que se enjuicie un acontecimiento.





Del señor Mijailovski pasa el autor al señor Yuzhakov, en

cuyos escritos nada hay de original ni de interesante. El señor Struve

aquilata con toda justicia los razonamientos sociológicos de

éste, diciendo que son "palabras ampulosas" "carentes de todo

sentido". Merece la pena que nos detengamos en una diferencia muy

característica (para el populismo en general) entre los señores

Yuzhakov y Mijailovski. El señor Struve señala esta diferencia

llamando al señor Yuzhakov "nacionalista" y diciendo que "todo

nacionalismo ha sido siempre ajeno" al señor Mijailovski, para quien,

según sus propias palabras, "el problema de la verdad del pueblo vale

no sólo para el pueblo ruso, sino para toda la gente trabajadora del

mundo civilizado". Me parece que tras esta diferencia puede percibirse

también un reflejo de la dualidad del pequeño productor, que es

a la vez progresista, por cuanto, según la atinada pero inconsciente

expresión del señor Yuzhakov, empieza a "diferenciarse de la

sociedad", y reaccionario, por cuanto lucha para mantener su situación

de pequeño propietario y trata de frenar el desarrollo

económico. A ello se debe que también en el populismo ruso

veamos conjugados rasgos progresistas y democráticos con rasgos

reaccionarios que le ganan las simpatías de Moskóvskie

Viédomosti[57]. Creo que

sería difícil mostrar esos rasgos reaccionarios con mayor

realce que el señor luzhakov en el siguiente pasaje reproducido por el

señor Struve:





"Sólo el campesinado ha sido siempre y en todas partes el portador

de la idea pura del trabajo. No cabe duda de que esta misma idea la ha sacado

a la palestra de la historia contemporánea el llamado cuarto estado,

el proletariado urbano, pero las modificaciones que sufrió su esencia

son tan considerables que el campesino difícilmente reconocería

en ella la base habitual de su régimen de vida. El derecho al

trabajo, y no el sagrado deber de trabajar, de ganarse el pan con el

sudor de la frente. [¡De modo que era esto lo que ocultaba la "idea

pura del trabajo"! ¿La idea puramente feudal del "deber" del campesino

de ganarse el pan para... cumplir con sus tributos? ¡¡Ese sagrado

"deber" se le predica a la pobre bestia de carga agobiada y aplastada por

él!![58]





Después, el carácter independiente del trabajo y su

remuneración, toda esa agitación en torno de una justa

remuneración del trabajo, como si el trabajo mismo no creara, con su

fruto, esa remuneración; ["¿Qué es esto?"-Pregunta el

señor Struve-, "¿sancta simplicitas o algo distinto?"

Peor: es la apoteosis de la sumisión del labrador sujeto a la tierra y

acostumbrado a trabajar casi gratis para otros J; la diferenciación

del trabajo respecto de la vida para formar una categoría abstracta

(?1P. S.) expresada por tantas o cuantas horas de permanencia en la

fábrica y que no guarda ninguna otra (?!-P. S.) relación, que

no tiene el menor vínculo con los intereses cotidianos del trabajador

[aquí vemos la cobardía puramente pequeñoburguesa del

pequeño productor, que a veces las pasa negras por causa de la

organización capitalista moderna, pero que teme más que nada en

el mundo un movimiento fuerte contra esa organización por parte de los

elementos que se han "diferenciado" definitivamente de todo vínculo

con ella]; por último, la ausencia de una vida sedentaria, la ausencia

de un hogar familiar creado por el trabajo, los cambios de ocupación,

todo eso es completamente ajeno a la idea del trabajo campesino. El hogar

creado por el trabajo y heredado de los padres y los abuelos, el trabajo que

satura con, sus intereses toda su vida y que crea su moral, el amor a la

tierra regada por el sudor de muchas generaciones, todo eso constituye un

rasgo distintivo inalienable de la existencia del campesino, completamente

desconocida por el proletariado obrero, y por ello, aunque la de éste

es también una vida de trabajo, se basa en la moral burguesa

(individualista y apoyada en el principio del derecho adquirido), y en el

mejor de los casos en una moral filosófica abstracta, mientras que la

base de la moral campesina es precisamente el trabajo, su lógica y sus

exigencias" (la). Aquí vemos ya, bien nítidos, los rasgos

reaccionarios del pequeño productor, su ignorancia, que le hace creer

que está destinado por los siglos de los siglos al "sagrado deber" de

ser una bestia de carga; su servilismo, "heredado de sus padres y abuelos";

el apego a su pequeña hacienda individual-tanto teme perderla que

renuncia inclusive a la idea de una "justa remuneración" y se

manifiesta contra toda "agitación"-, a esa hacienda que, por su baja

productividad y por sujetar al trabajador a un lugar lijo, hace de él

un salvaje y, en virtud ya de las condiciones económicas, engendra

necesariamente su ignorancia y su servilismo. La destrucción de estos

rasgos reaccionarios es un indiscutible mérito que debemos acreditar a

nuestra burguesía; su papel progresista consiste precisamente en que

ha roto todos los lazos de los trabajadores con el régimen feudal, con

las tradiciones feudales. Las formas medievales de explotación,

disimuladas por las relaciones personales del señor con sus

vasallos y del kulak y el mayorista locales con los campesinos y los

kustares, así como por las relaciones del patriarcal "modesto y

barbudo millonario" con sus " muchachos", formas que crearon, debido a ello,

ideas ultrarreaccionarias, las ha sustituido y las continúa

sustituyendo la burguesía por la explotación del "hombre de

negocios, desenvuelto, a la europea", por la explotación impersonal,

desnuda, sin tapujos, que destruye, por eso mismo, todas las ilusiones y

sueños absurdos. La burguesía acabó con el anterior

aislamiento del campesino (la "vida sedentaria"), que no quería ni

podía saber de nada que no fuera su pedacito de tierra, y, al

socializar el trabajo y elevar extraordinariamente su rendimiento,

empujó con fuerza al productor a la palestra de la vida social.





El señor Struve dice de este razonamiento de Yuzhakov: "Como vemos,

el señor Yuzhakov demuestra con toda evidencia el carácter

eslavófilo de las raíces del populismo" (18). Más

adelante, al resumir su exposición de las ideas sociológicas

del populismo, añade que la creencia en el "desarrollo original de

Rusia" constituye el "vínculo histórico entre los

eslavófilos y los populistas", y que por ello la discusión

entre los marxistas y los populistas es la "continuación natural de

las divergencias entre eslavófilos y occidentalistas"(29). Me parece

que esta última afirmación requiere algunas reservas. Es

indudable que los populistas (Yuzhakov, por ejemplo), son muy culpables de

que exista un patrioterismo de la más baja estofa. Es también

indudable que el menosprecio por el método sociológico de Marx

y por su formulación de los problemas relativos a los productores

directos equivale, para esos señores rusos que quieren representar los

intereses de estos productores directos, al más absoluto divorcio de

la "civilización" occidental. Pero la esencia del populismo es

más profunda: no consiste en la doctrina de la originalidad del

desarrollo, ni en la eslavofilia, sino en que es la expresión de los

intereses y las ideas del pequeño productor ruso. Por ello hubo entre

los populistas escritores (y ellos fueron los mejores populistas) que, como

lo ha reconocido el señor Struve, nada tenían en común

con la eslavofilia y reconocían inclusive que Rusia había

emprendido el mismo camino que Europa occidental. Con categorías como

la eslavofilia y el occidentalismo no se puede desembrollar en modo alguno

los problemas del populismo ruso. El populismo reflejó un hecho de la

vida rusa que apenas existía cuando surgieron la eslavofilia y el

occidentalismo: concretamente, la contradicción de intereses entre el

trabajo y el capital Reflejó este hecho a través

del prisma de las condiciones de vida y los intereses del pequeño

productor, y por ello lo reflejó deformándolo cobardemente,

creando una teoría que no ponía de relieve las contradicciones

de los intereses sociales, sino vanas esperanzas en otro camino de

desarrollo, y nuestra tarea consiste en corregir esa equivocación del

populismo, en mostrar qué grupo social puede ser el verdadero

representante de los intereses de los productores directos.





 




* * *




[b]




Pasemos ahora al segundo capítulo del libro del señor

Struve.





El plan de exposición del autor es el siguiente: primero

señala las razones generales que le hacen considerar el materialismo

como el único método acertado en las ciencias sociales;

después expone las ideas de Marx y Engels, y por último aplica

las conclusiones extraídas a algunos fenómenos de la vida en

Rusia. Dada la gran importancia del tema tratado en este capítulo,

intentaremos analizar con el mayor detalle su contenido, señalando

todos los puntos que suscitan objeciones.





Empieza el autor señalando muy acertadamente que la teoría

que reduce el proceso social a las acciones de "personas vivientes" que "se

plantean objetivos" e "impulsan los acontecimientos", es resultado de un

malentendido. Nadie, claro está, pensó nunca en atribuir "a un

grupo social una existencia independiente de los individuos que lo componen"

(31), pero el caso es que el " individuo, como personalidad concreta, es un

producto de todos los individuos que vivieron antes que él y de todos

los individuos contemporáneos suyos, es decir, de un grupo social"

(31). Aclaremos la idea del autor. La historia-razona el señor

Mijailovski- la hacen las "personas vivientes con todas sus ideas y todos sus

sentimientos". Eso es muy cierto. ¿Pero qué determina esas

"ideas" y "sentimientos"? ¿Puede sostenerse en serio la opinión

de que aparecen por azar, de que no nacen necesariamente de un medio social

dado que sirve de material, de objeto de la vida espiritual del individuo, y

que se refleja positiva o negativamente en sus "ideas y sentimientos", en la

forma en que se representa los intereses de una u otra clase social?

Además, ¿qué criterio emplear para juzgar acerca de "las

ideas y los sentimientos" reales de individuos reales?

Está claro que sólo puede haber un criterio para ello: las

acciones de esos individuos, y como aquí sólo hablamos de

"ideas y sentimientos" sociales, hay que añadir: las acciones

sociales de los individuos, es decir, los hechos sociales. "Al

distinguir entre el grupo social y el individuo-dice el señor Struve-,

entendemos por el primero las diversas interacciones entre los individuos,

que surgen sobre la base de la vida social y toman cuerpo en los

hábitos y en el derecho, en las costumbres y en la moral, así

como en las creencias religiosas" (32). En otros términos: el

sociólogo materialista, al estudiar determinadas relaciones sociales

entre los hombres, estudia con ello mismo a los individuos reales, de

cuyas acciones se forman las relaciones mencionadas. El sociólogo

subjetivista, aunque al parecer comienza sus razonamientos hablando de las

"personas vivientes", en la práctica empieza atribuyendo a

éstas "ideas y sentimientos" que considera racionales (porque al

aislar a sus "individuos" de la situación social concreta, se

inhabilita para estudiar los verdaderos sentimientos e ideas de dichos

individuos), es decir, "empieza por una utopía", cosa que ha tenido

que confesar el señor Míjailovski [59].





Y como, además, la propia idea que dicho sociólogo tiene de

lo racional refleja (sin que él se lo proponga) el medio social dado,

las conclusiones finales de sus razonamientos, que le parecen un "

purísimo" producto de la "ciencia moderna y las ideas morales

contemporáneas", sólo expresan, en realidad, las ideas y los

intereses... de la pequeña burguesía.





Este último punto, es decir, que una teoría

sociológica particular sobre el papel del individuo o del

método subjetivista remplace con una utopía toda

investigación crítica materialista, es extraordinariamente

importante, y como el señor Struve lo ha pasado por alto

convendrá que nos detengamos a analizarlo.





Tomemos a título de ilustración ese razonamiento acerca del

kustar, en boga entre los populistas. Después de describir la triste

situación de aquél, el lastimoso nivel de su producción,

la escandalosa explotación de que lo hace objeto el mayorista, que se

embolsa la parte del león del producto dejando al productor unos

kopeks por una jornada de dieciséis o dieciocho horas de trabajo, el

populista concluye: el lastimoso nivel de la producción y la

explotación del trabajo del kustar constituyen aspectos negativos del

sistema actual. Pero el kustar no es un obrero asalariado, y éste es

un aspecto positivo. Hay que conservar el aspecto positivo y suprimir el

negativo, y para ello hay que organizar arteles de kustares. He aquí

un razonamiento típico de los populistas.





El marxista razona de modo distinto. El estudio de la situación de

una actividad industrial le hace preguntarse, además de si ésta

es buena o mala, cuál es su organización, es decir,

cuáles son las relaciones entre los kustares en la fabricación

de un producto dado, y por qué han cristalizado precisamente

así, y no de otro modo. Y ve que esa organización es la

producción mercantil, es decir, la producción de productores

aislados que el mercado vincula entre sí. El producto de cada

productor aislado, destinado a ser consumido por otros, puede llegar al

consumidor y dar al productor el derecho a percibir otro producto social,

sólo después de haber tomado la forma de dinero, es

decir, que ha sido sometido previamente al cálculo social, tanto en su

aspecto cualitativo como cuantitativo. Pero ese cálculo se

efectúa a espaldas del productor, a través de las oscilaciones

del mercado. Éstas, desconocidas para el productor e independientes de

él, no pueden menos que engendrar la desigualdad entre los productores

y acentuarla, arruinando a unos y dando a otros el dinero = producto del

trabajo social. Queda claro, por lo tanto, cuál es la causa de la

fuerza del poseedor de dinero, del mayorista: consiste en que, entre los

kustares, que tienen lo justo para subsistir de un día a otro o de una

semana a otra, él es el único que posee dinero, es decir, el

producto del trabajo social anterior; que en sus manos se convierte en

capital, en instrumento de apropiación del plusproducto de los

otros kustares. Por ello, concluye el marxista, bajo ese sistema de

economía social, la expropiación del productor y su

explotación son por completo inevitables, como lo son también

la subordinación de los desposeídos a los pudientes y el

antagonismo de sus intereses, que constituye el contenido de la

concepción científica de la lucha de clases. Por

lo tanto, el productor no puede estar interesado en la conciliación de

esos elementos antagónicos sino, por el contrario, en el desarrollo

del antagonismo y de la conciencia de éste. Vemos que el crecimiento

de la economía mercantil lleva en Rusia a ese desarrollo del

antagonismo: a medida que se amplía el mercado y aumenta la

producción, el capital comercial se va convirtiendo en industrial. La

industria mecanizada, al destruir en forma definitiva la pequeña

producción aislada (el mayorista ya la había minado de

raíz), socializa el trabajo. El sistema de Plusmacherei,

disimulado en la producción artesanal por la aparente independencia

del kustar, y la también aparente casualidad del poder del mayorista,

se pone de manifiesto con toda nitidez: y sin velo alguno. El "trabajo", que

en la industria kustar sólo participaba en la "vida" regalando el

plusproducto a los mayoristas, ahora "se diferencia" definitivamente de la

"vida" de la sociedad burguesa. Ésta lo arroja a empellones, con todo

descaro, proclamando sin rodeos el principio que le sirve de base, y que

consiste en que el productor sólo puede procurarse los medios de

subsistencia cuando encuentra un poseedor de dinero que condesciende a

apropiarse del plusproducto de su trabajo; y para el productor queda claro lo

que no podía comprender el kustar [ni su ideólogo, el

populista]: el profundo carácter de clase del antagonismo antes

mencionado. Por ello los intereses del kustar únicamente puede

representarlos este productor de avanzada.





Comparemos ahora estos razonamientos en lo que respecta a su método

sociológico.





El populista asegura que él es realista. "La historia la hacen

personas vivientes", dice, y yo, por ello, parto de los " sentimientos" del

kustar, contrarios al sistema actual, y de sus ideas acerca de la

instauración de un sistema mejor, mientras que el marxista habla de no

sé qué necesidad e inevitabilidad; el marxista es un

místico y un metafísico.





En efecto, responde este místico, la historia la hacen "personas

vivientes", y yo, al estudiar por qué las relaciones sociales en la

industria kustar cristalizaron precisamente así, y no de otro modo

(¡cuestión que ustedes ni siquiera han planteado!), analizo

precisamente cómo "las personas vivientes" han hecho su historia

y continúan haciéndola. Esgrimo el firme criterio de que

estoy tratando con individuos "vivientes", reales, con ideas y sentimientos

reales también, y mi criterio es que ellos ya habían expresado

en actos "sus ideas y sentimientos", y creado determinadas relaciones

sociales. Es cierto que yo nunca digo que "la historia la hacen personas

vivientes" (eso me parece una frase huera), pero al investigar las relaciones

sociales reales y su desarrollo real, investigo precisamente el

producto de la actividad de personas vivientes. Pero usted, aunque habla de

"personas vivientes", en realidad toma como punto de partida, no a "personas

vivientes", con las "ideas y los sentimientos" que crean sus condiciones de

vida, el sistema dado de relaciones de producción, sino muñecos

cuya cabeza rellena con sus propios "sentimientos e ideas". Como es natural,

ese empeño suyo sólo conduce a concebir piadosos sueños:

la vida termina por marginarlo a usted, y usted, por marginar a la

vida.[60]





Pero eso no es todo: fíjese con qué rellena usted la

cabeza de los muñecos, y qué medidas predica. Al recomendar a

los trabajadores el artel como el "camino señalado por la ciencia

moderna y las ideas morales contemporáneas", no ha tomado en cuenta

una pequeña circunstancia: la organización de nuestra

economía social en su conjunto. Por no comprender que ésta es

una economía capitalista, no ha advertido usted que sobre tal

base cualquier artel no puede ser más que un paliativo

insignificante, incapaz de suprimir la concentración de los medios de

producción, comprendido el dinero, en manos de una minoría

(esta concentración es un hecho indiscutible), ni el total

empobrecimiento de la inmensa mayoría de la población; un

paliativo que, en el mejor de los casos, sólo puede hacer que un

puñado de kustares engrosen las filas de la pequeña

burguesía. De ideólogo del trabajador, se torna usted

ideólogo del pequeño burgués.





Volvamos, sin embargo, al señor Struve. Después de

señalar la falta de contenido de los razonamientos populistas acerca

del "individuo", dice: "Todo intento de explicar este o aquel momento

importante de la evolución histórica nos demuestra que, en

realidad, la sociología siempre trata de reducir los elementos de la

individualidad a fuentes sociales. Cuando se trata de una ' personalidad

histórica', de un 'gran hombre', siempre aparece la tendencia a

presentarlo como el 'portador' del espíritu de una época

determinada, como el representante de su tiempo, y a presentar sus acciones,

sus éxitos y reveses como resultado necesario de todo el curso de las

cosas" (32). Esta tendencia general de todo intento de explicar los

fenómenos sociales, es decir, de crear una ciencia social, "se expresa

con toda brillantez en la teoría de que la lucha de clases es el

proceso básico de la evolución de la sociedad. Una vez

descartado el individuo, había que encontrar otro elemento. Ese

elemento ha resultado ser el grupo social" (33). El señor Struve tiene

mucha razón cuando señala que la teoría de la lucha de

clases corona, por así decirlo, la tendencia general de la

sociología a reducir "los elementos de individualidad a fuentes

sociales". Es más, la teoría de la lucha de clases aplica por

primera vez esta tendencia, con tanta plenitud y consecuencia que eleva la

sociología a la categoría de ciencia. Esto se ha conseguido con

la definición materialista del concepto "grupo". Por sí solo

este concepto es aún demasiado impreciso y arbitrario: el criterio de

distinción de "grupos" puede aplicarse tanto a los fenómenos

religiosos como a los etnográficos, políticos,

jurídicos, etc., etc. No 'hay un elemento firme que permita distinguir

en uno u otro de dichos dominios estos o aquellos "grupos". La teoría

de la lucha de clases es una gran realización de las ciencias sociales

precisamente porque establece los procedimientos para reducir lo individual a

lo social con toda precisión y exactitud. En primer lugar, esta

teoría ha elaborado el concepto de formación

económico-social. Tomando como punto de partida el modo de

obtención de los medios de subsistencia -hecho básico para toda

colectividad humana-, vincula con él las relaciones entre los hombres

creadas bajo la influencia de ese modo de obtener medios de subsistencia, y

en el sistema de esas relaciones "(Velaciones de producción",

según la terminología de Marx) ve la base de la

sociedad, base que se reviste de formas políticas y Jurídicas v

de determinadas tendencias del pensamiento social. Cada sistema de relaciones

de producción es, según la teoría de Marx, un organismo

social particular, con sus propias leyes de aparición, funcionamiento

y paso a una forma superior, de conversión en otro organismo social.

Esta teoría aplicó a las ciencias sociales el criterio objetivo

y científico general de la repetición, que los subjetivistas

consideran inaplicable a la sociología. Afirmaban los subjetivistas

que, debido a la extraordinaria complejidad y a la diversidad de los

fenómenos sociales, era imposible estudiarlos sin separar los

importantes de los poco importantes y que esa separación sólo

podía hacerse desde el punto de vista de los individuos "de

pensamiento crítico" y "moralmente desarrollados". Así

trasformaron tranquilamente las ciencias sociales en una sarta de sentencias

moralistas pequeñoburguesas, muestras de las cuales vemos en los

escritos del señor Mijailovski cuando filosofa acerca de las

incongruencias de la historia y de un camino iluminado por la "luz de la

ciencia". La teoría de Marx cortó la raíz de estos

razonamientos.





En lugar de la diferencia entre importante y no importante,

estableció la existente entre la estructura económica de la

sociedad, como contenido, y la forma política e

ideológica: el propio concepto de estructura económica fue

explicado con exactitud, refutando las concepciones de los economistas

anteriores, que veían leyes de la naturaleza allí donde

sólo existían leyes de un particular sistema de relaciones de

producción históricamente determinado. Los argumentos de los

subjetivistas acerca de la "sociedad" en general, argumentos sin sentido que

no iban más allá de utopías pequeñoburguesas

(porque no se aclaró siquiera la posibilidad de generalizar los

más variados sistemas sociales en tipos especiales de organismos

sociales), fueron remplazados por la investigación de

determinadas formas de la estructura de la sociedad. En segundo lugar, las

acciones de las "personas vivientes" en el seno de cada una de esas

formaciones económico-sociales, acciones infinitamente diversas y, al

parecer, no susceptibles de sistematización, fueron generalizadas y

traducidas en acciones de grupos de individuos, que se distinguían

entre sí por el papel que desempeñaban en el sistema de las

relaciones de producción, por las condiciones de la producción

y, consiguientemente, por las condiciones de vida y por los intereses que

esas condiciones determinaban: en una palabra, fueron traducidas a las

acciones de las clases, cuya lucha determinaba el desarrollo de la

sociedad. De este modo fue refutada la concepción ingenua, pueril y

puramente mecánica que tenían de la historia los subjetivistas,

quienes se daban por satisfechos con la vacía tesis de que la historia

la hacen personas vivientes y que se negaban a analizar qué

condiciones sociales determinaban dichas acciones ni en qué forma. El

subjetivismo fue remplazado por una concepción que consideraba el

proceso social como un proceso histórico-natural; una

concepción sin la cual, claro está, no podía haber

ciencias sociales. El señor Struve indica con mucho tino que "ignorar

al individuo en sociología o, mejor dicho, eliminarlo de ella, es, en

esencia, un caso especial de la aspiración al conocimiento

científico" (33); que "las individualidades" no sólo existen en

el mundo espiritual, sino también en el físico. El centro del

problema consiste en que el establecimiento de determinadas leyes generales

para las "individualidades" fue hecho hace mucho en lo que respecta al mundo

físico, pero en la esfera social sólo lo hizo con toda firmeza

la teoría de Marx.





La siguiente objeción del señor Struve a la teoría

sociológica de los subjetivistas rusos consiste en que, además

de todos los argumentos ya mencionados, "la sociología de

ningún modo puede considerar un hecho primario lo que

denominamos individualidad, ya que el propio concepto de individualidad (no

necesita ser explicado) y el hecho correspondiente son fruto de un largo

proceso social" (36). Este pensamiento es muy acertado y merece la pena que

nos detengamos en él, tanto más cuanto que la

argumentación del autor encierra algunas inexactitudes. El

señor Struve habla de las ideas de Simmel, quien en su obra

La diferenciación social demuestra la relación directa

entre el desarrollo del indiviso y la diferenciación del grupo al que

el individuo pertenece. El señor Struve opone esta tesis a la

teoría de Mijailovski; sobre la relación inversa entre el

desarrollo del individuo y la diferenciación ("heterogeneidad") de la

sociedad. "En un medio no diferenciado-objeta el señor Struve-, el

individuo será 'armónicamente íntegro' [...] en su

homogeneidad e impersonalidad." "El individuo real no puede ser la suma de

todos los rasgos propios del organismo humano en general', y no puede serlo

sencillamente porque tal plenitud de contenido excede las facultades del

individuo real" (38-39). "Para que el individuo pueda diferenciarse, debe

vivir en un medio diferenciado" (39).





No surge con claridad de esta exposición, cómo plantea el

problema Simmel, ni cómo lo argumenta. Pero tal como lo trascribe el

señor Struve, el planteo del problema adolece del mismo defecto que

observamos en el señor Mijailovski. El razonamiento abstracto acerca

de hasta qué medida el desarrollo (y el bienestar) del individuo

dependen de la diferenciación de la sociedad es absolutamente

anticientífico, ya que resulta imposible establecer correlación

alguna aplicable a todas las formas de la estructura social. El propio

concepto de "diferenciación", "heterogeneidad", etc., adquiere

distintos significados según el ambiente social a que se aplique. El

principal error del señor Mijailovski es el abstracto dogmatismo de

sus razonamientos, en los que trata de abarcar el "progreso" en general, en

vez de estudiar el "progreso" concreto de una formación social

concreta. Cuando Struve opone a Mijailovski sus planteamientos generales

más arriba reproducidos, repite su error, pues en lugar de describir y

esclarecer un progreso concreto, se adentra en la esfera de nebulosos dogmas

y de afirmaciones gratuitas. Por ejemplo, el señor Struve dice,

destacando la frase en cursiva: "La integridad armónica del individuo

es determinada, en lo que a su contenido se refiere, por el grado de

desarrollo, es decir, de diferenciación del grupo a que pertenece".

Sin embargo, ¿qué debe entenderse por "diferenciación"

del grupo? ¿Acentuó la abolición de la servidumbre esa

"diferenciación", o la atenuó? El señor Mijailovski

resuelve el problema en el último sentido (¿Qué es el

progreso? ); el señor Struve la resolvería, probablemente,

en el primero, haciendo referencia a la acentuación de la

división social del trabajo. El primero pensaba en la,

supresión de las diferencias entre los estamentos; el último

pensaba en la creación de diferencias económicas. El

término es tan impreciso, que, como se ve, puede aplicarse a las cosas

más opuestas. Otro ejemplo. El paso de la manufactura capitalista a la

gran industria mecanizada podría considerarse una disminución

de la "diferenciación", puesto que cesa la división

pormenorizada del trabajo entre los obreros especializados. Sin embargo, no

cabe duda de que las condiciones para el desarrollo de la individualidad son

mucho más favorables (para el obrero) en el último caso. La

conclusión es que el mismo planteamiento del problema es incorrecto.

El propio autor admite que también existe antagonismo entre el

individuo y el grupo (de ello habla precisamente Mijailovski), "Pero la

vida-añade-nunca está compuesta por contradicciones

absolutas: en ella todo fluye y es relativo, y, al mismo

tiempo, todos los aspectos aislados se encuentran en constante

interacción" (39). Si es así, ¿a qué hablar de

interrelaciones absolutas entre el grupo y el individuo, de interrelaciones

que no se refieren a un momento estrictamente determinado del desarrollo de

determinada formación social? ¿Por qué no trasladar toda

la argumentación al proceso concreto de la evolución de Rusia?

El autor intentó plantear así el problema, y si la

argumentación hubiera sido consecuente, habría ganado mucho.

"Sólo la división del trabajo-ese pecado original de la

humanidad, según la teoría de Mijailovski-creó las

condiciones para el desarrollo de ese 'individuo' en cuyo nombre el

señor Mijailovski protesta con razón contra las formas

contemporáneas de la división del trabajo" (38). Muy bien

dicho. Ahora bien, en vez de "división del trabajo" debería

haber dicho "capitalismo", o más concretamente, capitalismo

ruso. El papel progresista del capitalismo consiste precisamente en que

destruyó las anteriores limitadas condiciones de vida del hombre, que

engendraban la estrechez mental y no permitían a los productores ser

artífices de su propio destino. El enorme desarrollo de las relaciones

comerciales y del intercambio mundial, y las incesantes migraciones de

enormes masas de la población, rompieron las trabas seculares de la

gens, de la familia y de la comunidad territorial y crearon esa diversidad

del desarrollo, esa "diversidad de talentos y esa riqueza de relaciones

sociales" [61] que desempeñan tan

importante papel en la historia contemporánea de Occidente. En Rusia,

ese proceso se manifestó con toda su fuerza en la época

posterior a la Reforma, cuando las viejas formas de trabajo se desmoronaban

con enorme rapidez y el primer puesto fue ocupado por la compraventa de

fuerza de trabajo, compraventa que arrancó al campesino de la familia

patriarcal, semifeudal y del embolador ambiente del campo, y sustituyó

las formas semifeudales de apropiación del sobrevalor por formas

puramente capitalistas. Este proceso económico se reflejó, en

el ámbito social, en un "auge general del sentimiento de la

personalidad", en la ofensiva de los intelectuales de la clase media, que

desalojaron de la "sociedad" a la clase de los terratenientes; en una

ardiente guerra literaria contra las insensatas restricciones medievales del

individuo, etc., etc. Probablemente, los populistas no negarán que fue

la Rusia posterior a la Reforma la que trajo este auge del sentimiento de la

personalidad, del sentimiento de la dignidad personal. Pero los populistas no

se preguntan qué condiciones materiales condujeron a ello.

Naturalmente, bajo la servidumbre nada semejante podría haber

ocurrido, y el populista aplaude la reforma "liberadora", sin darse cuenta de

que incurre en el mismo optimismo miope de aquellos historiadores burgueses

de quienes Marx decía que miraban la Reforma campesina a través

del clairobscur [62] de la

'emancipación", sin advertir que esa " emancipación" era la

sustitución de una forma por otra, la sustitución del

plusproducto feudal por la plusvalía burguesa. Lo mismo ocurrió

en Rusia. Precisamente el sistema de economía de la "antigua nobleza",

que sujetaba a los hombres a una localidad fija y dividía a la

población en puñados de subditos de este u otro señor

feudal, fue lo que originó la opresión del individuo. Y luego

el capitalismo lo liberó de todas las trabas feudales, lo

convirtió en un ser independiente con respecto al mercado y lo

trasformó en un poseedor de mercancías (y como tal, igual a

cualquier otro poseedor de ellas), y elevó así su sentido de la

individualidad. Si los señores populistas fingen horror cuando oyen

hablar del carácter progresista del capitalismo ruso, lo hacen tan

sólo porque no se han detenido a pensar cuáles son las

condiciones materiales de esos "beneficios del progreso" que caracterizan a

la Rusia posterior a la Reforma. Cuando el señor Mijailovski empieza

su "sociología" por el "individuo" que protesta contra él

capitalismo ruso, considerándolo una desviación accidental y

temporal de Rusia del buen camino, se combate a sí mismo, pues no

comprende que sólo el capitalismo creó las condiciones que

hicieron posible esa protesta del individuo. En este ejemplo vemos una vez

más qué modificaciones necesita la argumentación del

señor Struve. La discusión debería hacerse

basándose en la realidad rusa, en el esclarecimiento de qué

tenemos y por qué es así y rio de otro modo: no es casual que

los populistas hayan basado toda su sociología no en el

análisis de la realidad, sino en divagaciones acerca de lo que

"podría ser"; los populistas no podían dejar de ver que la

realidad destruía implacablemente sus ilusiones.





El autor concluye su análisis de la teoría de los

"individuos" con la siguiente fórmula: "para la sociología, el

individuo es una función del medio", "el individuo es aquí un

concepto formal, cuyo contenido lo da el estudio del grupo social" (40). Esta

última frase subraya muy bien la diferencia esencial entre el

subjetivismo y el materialismo: al hablar del "individuo", los subjetivistas

definían el contenido de este concepto (es decir, "las ideas y

los sentimientos" de este individuo, sus acciones sociales) a priori,

o sea, suplantaban con sus utopías el "estudio del grupo social".





Otro "importante aspecto" del materialismo-continúa el señor

Struve-"consiste en que el materialismo económico subordina la idea al

hecho, y la conciencia y lo que debe ser, a la existencia" (40). "Subordinar

la idea" significa-en el caso dado, naturalmente-reservarle un papel

subordinado en la explicación de los fenómenos sociales. Los

subjetivistas populistas hacen todo lo contrario: basan sus razonamientos en

"ideales", sin reflexionar sobre el hecho de que esos ideales no pueden ser

sino cierto reflejo de la realidad y que, por lo tanto, hay que verificarlos

con hechos, hay que reducirlos a hechos. Por cierto, el populista no

comprenderá, si no se le aclara, esta última tesis. ¡Pero

cómo!-dirá-. Los ideales deben enjuiciar los hechos,

señalar cómo cambiarlos, comprobarlos, y no ser comprobados por

ellos. Esto último le parece al populista, habituado a perderse en las

nubes, acomodarse a los hechos. Expliquemos nuestro pensamiento.





"El trabajo para otros" y la explotación engendrarán

siempre, tanto en los explotados como en algunos representantes de la

"intelectualidad", ideales contrarios a ese sistema.





Esos ideales encierran un gran valor para el marxista; basándose en

ellos, y sólo en ellos, polemiza con el populista, y polemiza

exclusivamente en torno de la formación de dichos ideales y de su

realización.





Al populista le basta con registrar el hecho que da origen a dichos

ideales, con indicar después la legitimidad de éstos desde el

punto de vista de la "ciencia moderna y de las ideas morales

contemporáneas" [sin comprender, por cierto, que esas "ideas

contemporáneas" no son sino concesiones de la "opinión

pública" de Europa occidental a la nueva fuerza naciente] y con apelar

luego a la "sociedad" y al "Estado"' para que los ¡garanticen,

protejan, organicen!





El marxista parte del mismo ideal, pero no lo confronta con "la ciencia

moderna, ni con las ideas morales contemporáneas" [63], sino con las contradicciones de clase

existentes, y por ello no lo formula como una reivindicación de la

"ciencia", sino como la reivindicación de determinada clase,

engendrada por determinadas relaciones sociales (que deben ser estudiadas

objetivamente) y que sólo puede ser alcanzada de un modo determinado,

en virtud de determinadas características de esas relaciones. Si no se

basan de este modo los ideales en hechos, dichos ideales

seguirían siendo piadosos deseos, sin probabilidades de que las masas

los acepten y, por lo tanto, de verse realizados.





Después de señalar, como hemos visto, las premisas

teóricas generales que obligan a estimar el materialismo como el

único método acertado de las ciencias sociales, el señor

Struve pasa a exponer las ideas de Marx y Engels, citando de preferencia las

obras del último. Esta parte del libro es extraordinariamente

interesante e instructiva.





Tiene mucha razón el autor cuando observa que "en ningún

sitio se tropieza con tan gran incomprensión de Marx como entre los

autores rusos" (44). A guisa de ejemplo nombra en primer lugar al

señor Mijailovski, quien ve en la "teoría histórico-

filosófica" de Marx una mera explicación de la "génesis

del régimen capitalista". El señor Struve protesta con toda

razón contra tal aserto. En efecto, es por demás

sintomático que Mijailovski haya escrito muchas veces acerca de Marx,

pero sin hacer la menor alusión a la relación del

método de Marx con el "método subjetivista en

sociología". Mijailovski escribió acerca de El capital,

y expresó su "solidaridad" (?) con la doctrina económica de

Marx, pero silenció con todo empeño el hecho, por ejemplo, de

que los subjetivistas rusos no siguen el método de Proudhon, quien

deseaba rehacer la economía mercantil según su ideal de la

justicia [64]





¿En qué se diferencia este criterio (el de la justicia:

justice éternelle) del que sustenta el señor Mijailovski

cuando habla de "ciencia moderna e ideas morales modernas"? ¿Y por

qué el señor Mijailovski, que tan enérgicamente

protestó siempre contra quienes identifican el método de las

ciencias naturales con el de las ciencias sociales, no ha objetado la

declaración de Marx de que ese método de Proudhon es tan

absurdo como lo sería el de un químico que quisiera, en vez de

"estudiar las leyes reales del metabolismo", trasformar el metabolismo

según las leyes de la "afinidad"? ¿Por qué no ha

objetado la concepción de Marx de que el proceso social es un "proceso

histórico natural"? Ello no puede explicarse por el desconocimiento de

los libros en que se hace tal planteamiento; la explicación

está, evidentemente, en una absoluta incapacidad o negativa de

comprender nada. El señor Struve es, según parece, el primero

que ha declarado esto en nuestras publicaciones, y ello constituye un gran

mérito suyo.





Pasemos ahora a las declaraciones del autor acerca del marxismo que

suscitan nuestra crítica: "No podemos dejar de reconocer-dice el

señor Struve-que aún no se ha dado una fundamentación

puramente filosófica de esta doctrina, y que ésta no ha

tenido en cuenta todavía el enorme material concreto que ofrece la

historia universal. Evidentemente, hay que revisar los hechos desde el punto

de vista de la nueva teoría; hay que criticar la teoría

basándose en los hechos. Quizá se desechen muchas

generalizaciones unilaterales y apresuradas" (46). No está del todo

claro qué entiende el autor por eso de "fundamentación

puramente filosófica". Según Marx y Engels, la filosofía

no tiene ningún derecho a existir independientemente, y su material se

halla diseminado en las distintas ramas de las ciencias positivas.

Así, pues, por fundamentación filosófica se puede

comprender, o bien la confrontación de sus premisas con las

leyes, firmemente establecidas, de otras ciencias [y el señor Struve

ha reconocido que la psicología ofrece ya tesis que obligan a

renunciar al subjetivismo y a aceptar el materialismo], o bien la

experiencia en la aplicación de dicha teoría. A este respecto

tenemos la declaración del propio señor Struve, de que

"corresponderá siempre al materialismo el mérito de haber dado

una interpretación profundamente científica, verdaderamente

filosófica . [La cursiva es del autor], a toda una serie de [N.

B.] de hechos históricos de enorme importancia" (50). Esta

última declaración del autor encierra el reconocimiento de que

el materialismo es el único método científico en

sociología, y por ello, naturalmente, "hay que revisar los hechos"

desde ese punto de vista, en particular los hechos de la historia y la

realidad de Rusia, con tanto celo tergiversados por los subjetivistas rusos.

En cuanto a la última observación acerca de posibles "

generalizaciones unilaterales" y "apresuradas" nosotros, sin detenernos en

esta observación muy general, y por ello nada clara, pasaremos a una

de las enmiendas que el autor, "no contagiado de ortodoxia", hace a las

"generalizaciones apresuradas" de Marx.





Se trata del Estado. Al negar el Estado, "Marx y sus adeptos" "fueron

demasiado lejos en la crítica del Estado contemporáneo"

y pecaron de "unilateralidad". "El Estado-dice Struve corrigiendo esa

extravagancia-es ante todo la organización del orden; es, no

obstante, la organización de la dominación (dominación

de clase) en una sociedad en la cual la subordinación de unos grupos

antros está condicionada por su estructura económica" (53).

Según el autor, la sociedad gentilicia conocía ya el Estado,

que seguirá existiendo cuando se supriman las clases, pues el rasgo

distintivo del Estado es el poder coercitivo.





Es sencillamente asombroso que desde su punto de vista académico el

autor critique a Marx con tan sorprendente falta de argumentación.

Ante todo, se equivoca por completo cuando estima que el poder coercitivo es

el rasgo distintivo del Estado: el poder coercitivo existe en toda comunidad

humana, tanto en el régimen gentilicio como en la familia, pero en

ellos no existía un Estado. "Uno de los rasgos esenciales del

Estado-dice Engels en la obra de la que el señor Struve ha tomado su

cita acerca del Estado-consiste en ser una fuerza pública separada de

la masa del pueblo" [Ursprung der Familie u. s. w., 2-te.

Aufl., S. 84 [65]; trad. en ruso,

pág. 109], y poco antes dice que la institución de la

naucraria [66]"socavaba en dos

formas a la gens: en primer término, porque creaba una fuerza

pública (üffentliche Gewalt; en la trad. al ruso se dice

erróneamente: fuerza social) que va no coincidía con el pueblo

armado" (ib.. S. 79: trad. en ruso, pág. 105 ) [67].





Así, pues, el rasgo distintivo del Estado es la existencia de una

clase particular de individuos en cuyas manos se haya concentrado el

poder. A la comunidad gentilicia, en la que todos sus miembros

se encargaban por turno de la "organización del orden", nadie, claro

está, podría llamarla Estado. Además, las razones que

esgrime el señor Struve en lo que se refiere al Estado

contemporáneo son aun más infundadas. Decir eme él que

es "ante todo" (sic¡?!) la "organización del orden" significa no

comprender uno de los más importantes puntos de la teoría de

Marx. En la sociedad moderna es la burocracia la capa particular que tiene el

poder en sus manos. La ligazón, muy estrecha y directa, de este

organismo con la clase de la burguesía, dominante en la sociedad

actual, la evidencian tanto la historia (la burocracia fue el primer

instrumento político de la burguesía contra los señores

feudales, contra los representantes del sistema de la "antigua nobleza" en

general, v señaló la primera aparición en la palestra de

la dominación política de personas que no eran terratenientes

de abolengo, sino plebeyos, "clase media") como las propias condiciones de

formación y desarrollo de esa clase-a la cual sólo tienen

acceso burgueses "salidos del pueblo"-vinculados a esa burguesía con

miles de fortísimos lazos[68]. El

error del señor Struve es tanto más lamentable por cuanto los

populistas rusos, contra quienes tuvo la acertada ocurrencia de combatir, no

tienen la menor idea de que toda burocracia es, tanto por su origen

histórico como por sus fuentes contemporáneas y por su

misión, una institución pura y exclusivamente burguesa, a la

que sólo pueden apelar, desde el punto de vista de los intereses de

los productores, los ideólogos de la pequeña

burguesía.





Merece la pena detenerse un poco más para analizar la

relación del marxismo con la ética. El autor cita en las

págs. 64 y 65 una magnífica aclaración dada por Engels

de la relación existente entre la libertad y la necesidad: "La

libertad es el conocimiento de la necesidad[69] . Lejos de presuponer el fatalismo, el determinismo da base

para la actuación consciente. No se puede dejar de añadir a lo

dicho que los subjetivistas rusos ni siquiera supieron ver claro en una

cuestión tan elemental como la del libre albedrío. El

señor Mijailovski confundió irremediablemente determinismo con

fatalismo, y halló una solución... nadando entre dos aguas:

como no quería negar la existencia de leyes objetivas, afirmó

que el libre albedrío era un hecho de nuestra conciencia (en rigor se

trata de una idea de Mírtov, que Mijailovski hace suya) y por ello

puede servir de base a la ética. Está claro que, aplicadas a la

sociología, estas ideas no podían dar otro fruto que una

utopía o una moral huera, que ignora la lucha de clases existente en

la sociedad. Por ello es imposible no reconocer como acertada la

afirmación de Sombart, de que "en el propio marxismo no hay, del

comienzo al fin, ni un ápice de ética": en el aspecto

teórico, subordina el "punto de vista ético" al "principio de

la causalidad"; en el aspecto práctico, lo reduce a la lucha de

clases.





El señor Struve completa su exposición del materialismo con

la evaluación desde el punto de vista materialista, de "dos factores

que desempeñan un importante papel en todos los planteamientos

populistas": la "intelectualidad" y el "Estado" (70). En esta

evaluación se refleja de nuevo la "heterodoxia" del autor,

señalada antes, cuando hablamos de su objetivismo. "Si [...] todos los

grupos sociales representan en general una fuerza real sólo en la

medida en que [...] constituyen las clases sociales o adhieren a ellas,

entonces es evidente que la 'intelectualidad no estamental' no constituye una

fuerza social real" (70). En el sentido teórico abstracto, el autor

tiene, naturalmente, razón. Por decirlo así, se fía de

la palabra de los populistas. Dicen ustedes que son los intelectuales quienes

deben conducir a Rusia por "otros caminos", y no comprenden que por no

adherir a ninguna clase, son un cero a la izquierda. Se jactan de que la

intelectualidad rusa no estamental se ha distinguido siempre por la "pureza"

de sus ideas; pues bien, por ello precisamente ha sido siempre impotente. La

crítica del autor se limita a comparar la absurda idea

populista acerca de la omnipotencia de los intelectuales, con su idea,

completamente justa, de la "impotencia de los intelectuales en el proceso

económico" (71). Pero esa comparación es insuficiente. Para

juzgar a la "intelectualidad rusa no estamental" como grupo particular de la

sociedad rusa, característico de toda la época posterior a la

Reforma-época del desplazamiento definitivo del aristócrata por

el plebeyo-, para juzgarla como grupo que indudablemente

desempeñó y continúa desempeñando determinado

papel histórico, hay que confrontar las ideas y, mejor aún, los

programas de nuestra "intelectualidad no estamental" con la

situación y los intereses de las clases dadas de la sociedad rusa.

Para evitar que se nos tache de parcialidad, no efectuaremos nosotros mismos

esa confrontación y nos limitaremos a hacer referencia al populista

cuyo artículo comentamos en el capítulo I. De sus razonamientos

surge con toda claridad que los intelectuales rusos de avanzada, liberales,

"democráticos", eran intelectuales burgueses. Su condición "no

estamental" no excluye en absoluto el origen de clase de sus ideas. Siempre y

en todas partes, la burguesía se levantó contra el feudalismo

en nombre de la abolición de los estamentos, y también en

Rusia, contra el sistema estamental de la "antigua nobleza" actuó la

intelectualidad no estamental. Siempre y en todas partes, la burguesía

actuó contra los caducos marcos de los estamentos sociales y

otras instituciones medievales en nombre de todo el "pueblo", en cuyo seno

las contradicciones de clase aún no se habían desarrollado, y

al proceder así, tanto en Occidente como en Rusia, tenía

razón, pues las instituciones criticadas oprimían,

efectivamente, a todos. En cuanto se asestó en Rusia un golpe decisivo

(1861) al régimen estamental, empezó a ponerse de manifiesto el

antagonismo en el seno del "pueblo" y, paralelamente y en virtud de ello, el

antagonismo en el seno de la intelectualidad no estamental entre los

liberales y los populistas, ideólogos éstos de los campesinos

(entre los cuales los primeros ideólogos rusos de los productores

directos no vieron ni podían ver la formación de clases

antagónicas). El desarrollo económico posterior hizo que se

revelaran con mayor plenitud las contradicciones sociales en la sociedad

rusa, y obligó a reconocer el hecho de que el campesino se estaba

diferenciando en burguesía rural y proletariado. El populismo

rechazó el marxismo y se convirtió casi totalmente en la

ideología de la pequeña burguesía. Por eso la

"intelectualidad no estamental" rusa representa una "fuerza social real",

por cuanto defiende los intereses generales de la burguesía

[70] . Si, a pesar de ello, esta fuerza

no pudo crear instituciones que correspondan a los intereses que ella

defiende, si no pudo hacer cambiar la "atmósfera de la cultura rusa

contemporánea" (señor V. V.), si el espíritu

"democrático activo de la época de la lucha política"

fue sustituido por el " indiferentismo social" (señor V. V. en

Nedielia, núm. 47, 1894), la causa de ello no sólo

reside en el carácter soñador de la " intelectualidad rusa"

sino, principalmente, en la situación de las clases que le dieron

origen y de las que ha sacado fuerzas en su ambigüedad. Es indiscutible

que la "atmósfera" rusa tenía para ellos muchos inconvenientes,

pero encerraba también algunas ventajas.





En Rusia es particularmente grande el papel histórico de la clase

que, en opinión de los populistas, no es la portadora de la "idea pura

del trabajo"; la "actividad" de esta clase no puede ser adormecida con

promesas tentadoras, y, por lo tanto, los marxistas, al señalar este

papel, no sólo no "rompen el hilo democrático", como asegura el

señor V. V., que se ha especializado en inventar las más

increíbles necedades acerca de los marxistas, sino que, por el

contrario, toman ese "hilo", que deja escapar de sus manos una "sociedad"

indiferente, y exigen su desarrollo, su fortalecimiento y su

aproximación a la vida.





Unida a su apreciación superficial de la intelectualidad tenemos la

formulación, no del todo feliz, que hace el señor Struve de la

siguiente tesis: "Hay que demostrar-dice-que la descomposición del

viejo régimen económico es inevitable" (71). En primer lugar,

¿qué entiende el autor por "viejo régimen

económico"? ¿El régimen de servidumbre? Su

descomposición no requiere ser demostrada. ¿La

"producción popular"? ¡Pero si él mismo dice más

adelante, y con mucha razón, que esa combinación de palabras

"no responde a ningún sistema histórico real" (177), que, en

otras palabras, es un mito, ya que, después de la abolición del

"régimen de servidumbre", empezó a desarrollarse aceleradamente

en Rusia la economía mercantil! Por lo visto, el autor se refiere a

esa etapa del desarrollo del capitalismo en la que éste no se

había desprendido aún de las trabas que representan las

instituciones medievales, a esa etapa en que era todavía fuerte el

capital comercial y la mayoría de los productores aún se

dedicaba a la pequeña producción. En segundo lugar, ¿en

qué ve el autor el criterio de esa inevitabilidad? ¿En la

hegemonía de ciertas clases?, ¿en las características

del sistema de relaciones de producción dado? En ambos casos, la

cuestión queda reducida a registrar que existen uno u otro

sistema (capitalista); queda reducida a registrar el hecho, y por ello

no debería trasladarse a la esfera de los razonamientos en torno del

porvenir. Esos razonamientos deben ser monopolio de los señores

populistas, que buscan "otros caminos para la patria". En la página

siguiente, el autor dice que todo Estado es "expresión del dominio de

determinadas clases sociales", que "hay que redistribuir la fuerza social

entre las distintas clases para que el Estado cambie por completo de rumbo"

(72). Todo eso es muy acertado, y va dirigido con gran tino contra los

populistas, por lo que la cuestión debió ser planteada en forma

distinta, a saber: hay que demostrar la existencia (y no la

"inevitabilidad de la descomposición", etc., etc.) de las relaciones

de producción capitalista en Rusia; hay que demostrar que los datos

referentes a Rusia también prueban la ley de que "la economía

mercantil es una economía capitalista", es decir, que también

en Rusia la economía mercantil se trasforma por doquier en

economía capitalista; hay que demostrar que por doquier impera un

sistema que, en esencia, es burgués y que es precisamente el dominio

de la burguesía, y no las decantadas " casualidades" o la decantada

"política", etc., de los populistas lo que hace que el productor se

vea despojado de los medios de producción y tenga, en todas partes,

que trabajar para otros.





Con esto daremos por terminado el análisis de la primera parte del

libro del señor Struve, que es de carácter general. 

 




* * *




 




 






CAPÍTULO III 
FORMULACIÓN DE LOS PROBLEMAS

ECONÓMICOS POR LOS POPULISTAS Y POR EL SEÑOR STRUVE




 




[a]




Después cíe terminar con la sociología, el autor pasa

a tratar "problemas económicos más concretos" (73). Y al

hacerlo considera "natural y legítimo" empezar por "formulaciones

generales y referencias históricas", por "premisas indiscutibles,

establecidas por la experiencia de toda la humanidad", según dice en

el prefacio.





No podemos dejar de observar que tal procedimiento ñeca del mismo

carácter abstracto que venimos señalando desde el principio

como el defecto principal del libro que analizamos. En los capítulos a

que pasamos ahora (tercero, cuarto y quinto), este defecto ha llevado a

indeseadas consecuencias de dos tipos. Por una parte debilita los enfoques

teóricos concretos que el autor opuso a los populistas. El

señor Struve razona en general, describe el paso de la

economía natural a la mercantil, señala que en el mundo ello

ocurrió, en la mayoría de los casos, así y así,

y, presentando unas observaciones sueltas, como de pasada, se traslada a

Rusia, haciendo extensivo a ella el proceso general de "desarrollo

histórico de la vida económica". Nadie puede discutir que

hacerlo extensivo a Rusia es bien legítimo, ni que las "referencias

históricas" del autor son imprescindibles para una crítica del

populismo, que presenta falsamente la historia, y no sólo la de Rusia.

Pero se debió expresar de modo más concreto estas

formulaciones, oponerlas de modo más concreto a los argumentos de los

populistas, que niegan que el proceso general pueda hacerse extensivo a

Rusia: se debió comparar la interpretación que de la realidad

rusa hacen los populistas, con la diferente interpretación que

hacen los marxistas de esa misma realidad. Por otra parte, el

carácter abstracto de los razonamientos del autor hace que sus

formulaciones sean incompletas y que, cuando señala correctamente la

existencia de tal o cual proceso, no analice qué clases surgían

mientras éste se desarrollaba, qué clases fueron

vehículo del proceso, eclipsando a otras capas de la población

subordinadas a ellas: en una palabra, el objetivismo del autor no alcanza el

nivel de materialismo, en el sentido que antes dimos a estos términos.

[71]













Fundamentaremos esta apreciación de los capítulos ya

mencionados del trabajo del señor Struve al analizar algunas de sus

tesis más importantes.





Es muy atinada la observación del autor de que "en la historia rusa

encontramos, casi desde las primeras páginas, la dependencia

(jurídica y económica) de los productores directos respecto de

los señores como satélite histórico del idilio de la

'producción popular' " (81). En la época de la economía

natural, el campesino era esclavizado por el terrateniente; no trabajaba para

sí, sino para el boyardo, para el monasterio, para el señor

feudal, y el señor Struve opone con pleno fundamento este hecho

histórico a las fábulas de nuestros sociólogos

excepcionalistas, de que "los medios de producción pertenecían

al productor" (81). Esas fábulas son una de las muchas

tergiversaciones de la historia rusa que con tanta generosidad practicaron

siempre los populistas para amañar sus utopías

pequeñoburguesas. Temerosos de mirar de frente la realidad, temerosos

de llamar a esa opresión por su verdadero nombre, recurrieron a la

historia y presentaron las cosas como si la pertenencia de los medios de

producción al productor fuera un principio "eterno", la "base secular"

del trabajo campesino, y la actual expropiación del campesino no se

debiera, en virtud de ello, a la sustitución del plusproducto feudal

por la plusvalía burguesa, a la organización capitalista de

nuestra economía social, sino a la casualidad de una política

desacertada, a una temporal "desviación del camino trazado por toda la

vida histórica de la nación" (señor luzhakov, citado por

P. Struve en la página 15). Y no les daba vergüenza contar esas

fábulas absurdas a propósito de un país en el que

hacía muy poco había cebado[72] la explotación feudal del campesino en las formas

más brutales, formas asiáticas, en las que no sólo los

medios de producción no pertenecían al productor, sino que

éste mismo apenas se distinguía de cualquier "medio de

producción". El señor Struve opone con mucho tino a este

"meloso optimismo" la áspera observación de Saltikov acerca de

la vinculación entre la "producción popular" y el

régimen de servidumbre, acerca de que la "abundancia" de la

época de la "base secular" "únicamente [préstese

atención a esto] era para los descendientes de los guardias imperiales

y otras milicias" (83).





Señalaremos además la siguiente observación del

señor Struve, que se refiere concretamente a determinados hechos de la

realidad rusa y contiene una idea muy acertada. "Cuando los productores

empiezan a trabajar, no ya para el mercado local, exactamente delimitado,

sino para un mercado lejano e indeterminado, y se desarrolla la competencia,

la lucha por el mercado, estas condiciones llevan al progreso técnico

[...] una vez que la división del trabajo se hace posible, debe

aplicarse con la mayor amplitud, pero antes de que la producción se

reorganice técnicamente, la influencia de las nuevas condiciones de

intercambio (de venta en el mercado) se manifestará en que los

productores pasarán a depender económicamente del comerciante

(el mayorista), hecho que tiene una importancia decisiva en el aspecto

social. Eso lo pierden de vista nuestros 'auténticos marxistas' como

el señor V. V., cegados por la importancia del progreso

técnico" (98). Esta observación de que la aparición del

mayorista tuvo una importancia decisiva es muy atinada. Decisiva en el

sentido de que demuestra ya, sin dejar lugar a dudas, la existencia de la

organización capitalista de la producción, y prueba que es

también aplicable a Rusia la tesis de que la "economía

mercantil, la economía monetaria, es una economía capitalista"

que origina esa subordinación del productor al capital, de la que no

hay otra salida que la actividad independiente del propio productor. "Desde

el instante mismo en que entre el consumidor y el productor se interpone el

empresario capitalista-cosa inevitable cuando se produce para un mercado

amplio e impreciso-, tenemos ante nosotros una de las formas de

producción capitalista." Y el autor agrega con razón que, "si

se entiende por producción kustar una producción en la

que el productor, trabajando para un mercado incierto y lejano, goza de

plena independencia económica, resultará, quizá,

que en la realidad rusa casi no existe esa verdadera producción

kustar". Mal hace el autor en poner ese "quizá" y en emplear el tiempo

futuro: el predominio del sistema de la gran producción basada en el

trabajo a domicilio y la plena esclavización del kustar por el

mayorista es un hecho generalmente difundido y que predomina en la

actual organización de nuestras industrias de kustares. Esta

organización, además de ser capitalista, resulta, como

señala el autor con mucho acierto, "extraordinariamente ventajoso para

los capitalistas", pues les asegura enormes ganancias, permite establecer

salarios escandalosamente bajos y dificulta en grado sumo la

organización y el desarrollo de los obreros (págs. 99-101). No

podemos dejar de señalar; que el predominio de la explotación

capitalista en nuestras industrias de kustares es conocido de antiguo, pero

los populistas, con la mayor desvergüenza, fingen ignorarlo. Puede

decirse que en cada número de sus revistas y periódicos en que

se habla de este asunto encontramos lamentaciones de que el gobierno apoya

"artificialmente" el gran capitalismo [cuya " artificialidad" consiste en que

es grande, y no pequeño, en que es fabril y no artesanal, en que es

mecánico, y no manual] y no hace nada para satisfacer "las necesidades

de la industria popular". Aquí se ve con toda nitidez la

estrechez de miras del pequeño burgués, que lucha por el

pequeño capital contra el grande y, obstinado, cierra los ojos

al hecho, establecido en forma irrefutable, de que en esa industria "popular"

existe la misma contradicción de intereses y que, por lo tanto, la

salida no está en miserables créditos, etc., etc. Puesto que el

pequeño propietario, atado a su empresa y presa del temor constante

de perderla, mira todo esto como algo terrible, como una especie de

"agitación" "a favor de una justa remuneración del trabajo,

como si el propio trabajo no creara con su fruto esa remuneración", se

comprende que el representante de la masa trabajadora de los kustares

sólo puede ser el productor que se encuentra en las condiciones

"artificiales", "de invernáculo", de la industria fabril. [73]









Nos detendremos también a analizar los razonamientos del

señor Struve acerca de la agricultura. El trasporte a vapor obliga a

pasar a la economía basada en el intercambio y convierte la

producción agrícola en mercantil. A su vez, el carácter

mercantil de la producción exige necesariamente su

"racionalización económica y técnica" (110). El autor

considera esta tesis un argumento de particular importancia contra los

populistas, que con aire triunfal señalan que no han sido probadas

(según ellos) las ventajas de la gran producción en la

agricultura. "Quien se basa en la doctrina de Marx-objeta el autor-no debe

negar la importancia de las peculiaridades económicas y

técnicas de la agricultura, gracias a las cuales las pequeñas

haciendas tienen en ciertos casos ventajas económicas sobre las

grandes, aunque el propio Marx negaba importancia a estas peculiaridades"

(111). Es éste un pasaje muy confuso. ¿De qué

peculiaridades habla el autor? ¿Por qué no las enumera con toda

precisión? ¿Por qué no indica dónde y cómo

expresó Marx su, opinión a este respecto y con qué

fundamento se estima necesario enmendarle la plana?





"La pequeña producción agrícola-continúa el

autor-debe adquirir un carácter cada vez más mercantil, y para

ser empresas viables las pequeñas haciendas agrícolas

deben satisfacer las exigencias generales de la racionalización

económica y técnica" (111). "Lo que importa no es si las

pequeñas empresas agrícolas van a ser o no engullidas por las

grandes-difícilmente cabe esperar tal desenlace de la evolución

económica-, sino la metamorfosis que está sufriendo toda la

economía nacional bajo la influencia del intercambio. Los populistas

pierden de vista que el desplazamiento de la economía natural por la

basada en el intercambio, debido a esa 'dispersión de la industria",

de la que hemos hablado más arriba, modifica completamente toda la

estructura de la sociedad. La anterior correlación entre la

población agrícola (rural) y no agrícola (urbana),

cambia en favor de la última. El propio tipo económico y la

psicología de los productores agrícolas cambian radicalmente

bajo la influencia de las nuevas condiciones de la vida económica"

(114).





El párrafo citado nos aclara lo que el autor ha querido decir en su

perorata acerca de Marx, y al mismo tiempo ilustra con toda claridad la

observación antes hecha de que el carácter dogmático de

la exposición, no basada en una descripción del proceso

concreto, resta claridad a los pensamientos del autor y hace que su

formulación sea incompleta. Su opinión de que las concepciones

de los populistas son erróneas es totalmente exacta, pero incompleta,

porque no señala al mismo tiempo las nuevas formas del antagonismo de

clases que se desarrollan al ser sustituida la producción irracional

por una producción racional. Por ejemplo, el autor se limita a

recordar de pasada que la "racionalización económica" significa

'la más alta renta" (110), pero se olvida de agregar que la

renta presupone una organización burguesa de la

agricultura, es decir, en primer lugar, su completa subordinación

al mercado y en segundo término la formación en la agricultura

de las mismas clases-burguesía y proletariado-propias de la industria

capitalista.





Al decir que nuestra agricultura tiene una organización no

capitalista, los populistas plantean el asunto de modo monstruosamente

estrecho y erróneo, reduciéndolo todo al desalojo de las

pequeñas haciendas por las grandes. El señor Struve les dice

con mucha razón que al razonar de esa manera pierden de vista el

carácter general de la producción agrícola, que puede

ser (y en realidad lo es en Rusia) burgués, aun en el caso de la

pequeña "inducción, del mismo modo que es burguesa la

agricultura en Europa occidental. Las condiciones en las cuales la

pequeña empresa independiente ("popular", según la

terminología de los intelectuales rusos) se convierte en burguesa son

bien conocidas: se trata, en primer lugar, del dominio de la economía

mercantil, la cual, dado el aislamiento





[74]

de los productores, engendra entre ellos la competencia y al

arruinar a la masa enriquece a unos pocos, y, en segundo lugar, de la

conversión de la fuerza de trabajo en mercancía y de los medios

de producción en capital, es decir, la separación del productor

de los medios de producción y la organización capitalista de

las más importantes ramas de la industria. En estas condiciones, el

pequeño productor independiente se ve en una situación

excepcional en relación con la masa de los productores, así

como ahora, en nuestro país, los propietarios realmente

independientes son una excepción entre la masa, que trabaja para

otros y no sólo no tiene ya una empresa "independiente", sino ni

siquiera medios de subsistencia para una semana. La situación y los

intereses del propietario independiente lo apartan de la masa de los

productores, quienes viven, principalmente, del salario. Mientras

estos últimos reivindican una "remuneración justa",

prerrequisito necesario del problema, fundamental de dar una estructura

diferente a la economía social, el primero se interesa mucho

más por otras cosas: el crédito, y sobre todo el pequeño

crédito "popular", aperos mejores y más baratos, la

"organización de la venta", la "ampliación de la

posesión de la tierra", etc., etc.





La propia ley que hace que las grandes empresas tengan ventajas respecto

de las pequeñas sólo rige para la economía mercantil y,

por lo tanto, no puede ser aplicada a empresas que no han sido incorporadas

definitivamente a la órbita de la economía mercantil, que no se

hallan subordinadas al mercado. Por eso el argumento (en el que, dicho sea de

paso, se ejercitó también el señor V. V.) de que la

decadencia de las haciendas de los aristócratas después de la

reforma, y el arrendamiento de tierras de propiedad privada por los

campesinos refutan la opinión de que nuestra agricultura sufre una

evolución capitalista, demuestra únicamente una

incomprensión absoluta del asunto por parte de quienes lo esgrimen. Se

comprende que la destrucción de las relaciones feudales, bajo las

cuales el cultivo corría a cargo de los campesinos, motivara la

crisis de los terratenientes. Pero sin hablar ya de que esa crisis

únicamente llevó a un empleo cada vez mayor del trabajo de

peones y jornaleros, que sustituyó las caducas formas semi-feudales

del trabajo (el pago en trabajo), la propia hacienda campesina empezó

a cambiar esencialmente de carácter: se vio obligada a producir para

el mercado, lo que no tardó en provocar la diferenciación de

los campesinos en pequeña burguesía rural v proletariado

agrícola. Esta diferenciación resuelve en forma definitiva el

problema del capitalismo en Rusia. El señor Struve aclara este proceso

en el capítulo V, donde observa: "El pequeño agricultor se

diferencia: por una parte, se desarrolla un campesinado

'económicamente fuerte' [habría que decir burgués] y por

la otra un campesinado de tipo proletario. Los rasgos de la producción

popular se combinan con los de la capitalista en un mismo cuadro, bajo el

cual se ve con claridad la inscripción: la chusma avanza" (pág.

177).





A este aspecto de la cuestión, a la organización

burguesa de la nueva agricultura, de la agricultura "racional", es al que

se debería prestar atención. Habría que mostrar a los

populistas que, al soslayar ese proceso, se convierten de ideólogos de

los campesinos en ideólogos de la pequeña burguesía. "La

elevación de la producción popular"-por ellos

ansiada-sólo puede significar, dada esa organización de la

economía campesina, "elevación" de la pequeña

burguesía. Por el contrario, quienes se refieren al productor que vive

bajo las relaciones capitalistas más desarrolladas, expresan con

acierto los intereses de dicho productor pero también de toda la

gigantesca masa de los campesinos "proletarios".





La exposición poco convincente, incompleta y superficial del

señor Struve hace que, al hablar de la agricultura racional, no

describa su organización económico-social; que, al mostrar

cómo el trasporte a vapor sustituye la producción irracional

por la racional, la natural por la mercantil, no describa la nueva forma del

antagonismo de clases que surge al mismo tiempo.





Este mismo defecto en la formulación de los problemas se observa en

la mayor parte de los razonamientos de los capítulos que analizamos.

Corno botón de muestra pondré algunos ejemplos más. La

economía mercantil y la amplia división social del trabajo-dice

el autor-"se desarrollan apoyándose en la institución de la

propiedad privada, en los principios de la libertad económica y en el

sentimiento del individualismo" (91). El progreso de la producción

nacional está ligado al "grado de dominio de la institución de

la propiedad privada sobre la sociedad". "Quizá sea lamentable, pero

así ocurre en la realidad; se trata de una coexistencia establecida

empírica e históricamente. Hoy en día, cuando se tratan

con tanta ligereza las ideas y los principios del siglo XVIII, repitiendo en

el fondo los mismos errores de entonces, se olvida con excesiva frecuencia

este vínculo cultural histórico del progreso económico

con la institución de la propiedad privada, de los principios de la

libertad económica con el sentimiento del individualismo. Sólo

si se ignora este vínculo se puede confiar en que el progreso

económico en una sociedad poco desarrollada económica y

culturalmente sea posible sin la realización de tales principios.

Nosotros no sentimos gran simpatía por esos principios y comprendemos

perfectamente su carácter histórico pasajero, pero al

mismo tiempo no podemos dejar de ver su enorme fuerza cultural, de un

carácter no sólo negativo sino también positivo.

Sólo puede no verla el idealismo, que en sus elucubraciones se cree

desvinculado de toda continuidad histórica" (91).





El autor tiene mucha razón cuando registra "objetivamente" las

"coexistencias históricas", por eso produce mayor disgusto el hecho de

que no acabe de decir las cosas. Siente uno el deseo de acuciarle:

¡dígalo todo, reduzca todas sus formulaciones generales y sus

referencias históricas a un período determinado de la historia

de Rusia, y preséntelas de modo que demuestren en qué, y por

qué, precisamente, se distingue su opinión de la de los

populistas, compárelas con la realidad, que debe servir de criterio

para el marxista ruso, y muestre las contradicciones entre las clases,

veladas por todos esos progresos y todas esas culturas! [75]












El "progreso" y la "cultura" que trajo la Rusia posterior a la Reforma

están sin duda alguna vinculados a la "institución de la

propiedad privada"; ésta no sólo fue realizada por primera vez,

con toda plenitud, gracias al nuevo proceso civil "litigioso", que

aseguró ante los tribunales esa misma "igualdad", encarnada en la vida

por el "trabajo libre" y su venta al capital; se extendió a las

posesiones tanto de los terratenientes, eximidos de toda carga fiscal, como

de los campesinos, que se convirtieron en propietarios, e inclusive

fue tomado como base de los derechos políticos de los "ciudadanos" en

cuanto a su participación en la administración municipal

(censo), etc., etc. Más indudable es todavía la

"ligazón" de nuestro "progreso" con los "principios de la libertad

económica": ya hemos oído decir a nuestro populista en su

primer capítulo que esa "libertad" consistió en liberar a los

"modestos y barbudos" acaparadores de la tierra rusa de la necesidad de

"inclinarse ante cualquier pequeño funcionario de la policía".

Ya nos hemos referido a como el "sentimiento del individualismo" fue creado

por el desarrollo de la economía mercantil. Si reunimos todos estos

rasgos del progreso patrio, no podremos por menos de extraer la

conclusión (como lo hizo el populista de la década del

10) de que este progreso y esta cultura fueron enteramente burgueses.

La Rusia actual es mucho mejor que la anterior a la reforma, pero como ello

se debe por entero a la burguesía y a sus agentes e ideólogos,

los productores no han sacado provecho alguno. Para ellos la mejoría

sólo significó el cambio de la forma del plusproducto,

métodos mejores y más perfectos para separar al productor de

los medios de producción. .Por eso los señores populistas

revelan la más increíble "ligereza" y falta de memoria cuando

dirigen su protesta contra el capitalismo ruso y el sistema burgués a

quienes lo introdujeron y lo mantienen. De los señores populistas

sólo puede decirse: "¡ni a los suyos reconocen!"





Está más allá de la capacidad del populista

contemporáneo coincidir con esta apreciación de la Rusia y la

"sociedad" posteriores a la Reforma. Mas para discutirla tendría que

negar el carácter burgués de la Rusia posterior a la Reforma,

negar aquello contra lo que protestaba su antepasado lejano, el populista de

la década del 70, que "iba al pueblo" a buscar entre los productores

directos "garantías para el futuro". Naturalmente, el populista

contemporáneo no sólo puede negar esto, sino que,

además, quizá afirme que en este aspecto se ha producido un

cambio favorable; pero si obrara así demostraría a quienes

aún no lo ven que sólo es un burguesito

común.





Como podrá) ver el lector, sólo debo redondear el

planteamiento del señor Struve, formularlo de modo distinto: "decir lo

mismo en forma diferente". Surge la pregunta: ¿hay necesidad de ello?

¿Vale la pena detenerse con tanto detalle en estas adiciones y

conclusiones? ¿No se desprenden de por sí?





Me parece que sí vale la pena, por dos razones. Primero porque el

estrecho objetivismo del autor es en extremo peligroso, ya que llega hasta

olvidar la línea de demarcación entre los viejos razonamientos

profesorales acerca de las vías y los destinos de la patria, tan

enraizados en nuestra literatura, y la caracterización exacta del

proceso real, impulsado por clases determinadas. Su objetivismo estrecho, su

marxismo inconsecuente, es el principal detecto del libro del señor

Struve, y habrá que detenerse en él con detalle para demostrar

que no proviene del marxismo, sino de una aplicación inadecuada de

él; para demostrar que no proviene de que el autor haya visto otros

criterios de su teoría que la realidad, ni de que haya extraído

de la doctrina otras conclusiones prácticas (otras no pueden

extraerse, repito, sin tergiversar todas sus tesis principales), sino de que

se limito a exponer un aspecto, el más general de la teoría, y

no lo aplicó en forma plenamente consecuente. En segundo lugar, no se

puede dejar de estar de acuerdo con el pensamiento expresado por el autor en

el prefacio, cuando dice que antes de criticar a los populistas en cuestiones

secundarias es necesario "exponer los propios fundamentos de las

divergencias" (VII) mediante una "polémica basada en principios". Pero

precisamente para que ese ^objetivo no quede sin alcanzar, hay que concretar

el sentido de casi todas sus formulaciones, hay que aplicar sus indicaciones

demasiado generales, a problemas concretos de la historia y la realidad de

Rusia. En estos problemas los marxistas rusos tienen aún que desplegar

una gran labor de "revisión de hechos" desde el punto de vista

materialista-revelar las contradicciones de clase en la actividad de la

"sociedad" y del "Estado", veladas por las teorías de la

"intelectualidad"-y por último establecer la vinculación que

existe entre las infinitas y diversas formas de apropiación del

plusproducto en las empresas "populares" rusas y la más avanzada y

desarrollada forma capitalista de esa misma apropiación, que encierra

las "garantías para el futuro" y pone hoy; en primer plano la idea y

la misión histórica del "productor". Por ello, por más

audaz que pueda aparecer el intento de resolver estos problemas, por

numerosas que sean las enmiendas que aporte un estudio detallado, merece la

pena señalar aspectos concretos para suscitar una discusión lo

más general y amplia posible sobre ellos.





El punto culminante del estrecho objetivismo del señor Struve, que

da origen a su planteamiento erróneo de los problemas, es el

constituido por sus razonamientos en torno de List y de su "notable doctrina"

acerca de una "confederación de fuerzas productivas nacionales",

acerca de la importancia del desarrollo de la industria fabril para la

agricultura, y acerca de la superioridad de los países industriales y

agrarios sobre los exclusivamente agrarios, etc., etc. El autor estima que

esa "doctrina" "habla muy convincentemente de la inevitabilidad

histórica y de la legitimidad del capitalismo en el amplio sentido de

la palabra" (123), y del " poderío histórico-cultural de la

triunfante producción de mercancías" (124).





Aquí puede apreciarse con singular claridad el carácter

profesoral de los razonamientos del autor, que parece situarse por encima de

todos los países concretos, de los períodos concretos de la

historia, de clases concretas. Esta apreciación nuestra es igualmente

cierto tanto si la consideramos desde el punto de vista teórico o del

práctico. Empecemos por el primero. ¿No es, acaso,

extraño pensar que se puede "convencer" a alguien de la "

inevitabilidad histórica y de la legitimidad del capitalismo" para un

determinado país si se recurre a formulaciones abstractas,

dogmáticas, acerca de la importancia de la industria fabril?

¿No es un error plantear el problema en ese terreno tan del agrado de

los profesores liberales de Rússkoie Bogatstvo? ¿No debe

obligatoriamente el marxista reducir el problema a descubrir qué es lo

que existe y por qué es así y no de otro modo?





Los populistas consideran que nuestro capitalismo es artificial, una flor

de invernáculo, y lo estiman así porque no pueden comprender su

relación con toda la organización mercantil de nuestra

economía social y no ven sus raíces en nuestra

"producción popular". Si se les muestra esa relación y esas

raíces, si se les muestra que el capitalismo domina en su forma menos

desarrollada, y por consiguiente; la peor, también en la

producción popular, se les habrá probado la "inevitabilidad"

del capitalismo ruso. Si se les hace ver que este capitalismo, al elevar la

productividad del trabajo y socializarlo, desarrolla y revela el antagonismo

social, de clases, que ha surgido por doquier en la "producción

popular", se les habrá probado la "legitimidad" del gran capitalismo

ruso. En cuanto al lado práctico de este razonamiento, que se vincula

con el problema de la política comercial, puede decirse lo siguiente.

Los marxistas rusos, si bien subrayan ante todo y sobre todo que el problema

de la libertad de comercio y del proteccionismo es un problema capitalista,

un problema de la política burguesa, deben ser partidarios de la

libertad de comercio, ya que en .Rusia se manifiesta con fuerza particular el

carácter reaccionario del proteccionismo, que frena el desarrollo

económico del país y beneficia, no a toda la clase burguesa,

sino a un puñado de magnates todopoderosos, y ya que la libertad de

comercio significa la aceleración del proceso que proporciona los

medios para liberarse del capitalismo.





* * *




 




[b]




El último § (XI) del capítulo III está dedicado

al análisis del concepto de "capitalismo". El autor señala con

mucho tino que esta palabra se emplea "muy libremente" y cita ejemplos de una

manera "muy estrecha" o "muy amplia" de interpretarla, pero no establece

rasgos concretos y precisos; el concepto "capitalismo", a pesar del

análisis del autor, ha quedado sin analizar. Sin embargo, se

diría que ello no debe presentar gran dificultad, puesto que ese

concepto fue introducido por Marx en la ciencia y fundamentado con hechos.

Pero tampoco en este caso ha querido el señor Struve contagiarse de

"ortodoxia". "El propio Marx-dice-se imaginaba el proceso de

conversión de la producción mercantil en mercantil

capitalista quizá más impetuoso y rectilíneo de lo

que es en realidad" (pág. 127, nota). Es posible. Pero como

ésta es la única concepción fundamentada

científicamente y confirmada por la historia del capital y, como

además, nosotros no conocemos otras "quizá" menos "impetuosas"

y "rectilíneas", invocaremos precisamente a Marx. Los rasgos

esenciales del capitalismo son, según su doctrina: (1) la

producción de mercancías como forma general de la

producción. El producto adquiere la forma de mercancía en los

más diversos organismos de la producción social, pero

sólo en la producción capitalista esa forma del producto del

trabajo es general y no constituye una excepción, un caso

aislado, fortuito. El segundo rasgo del capitalismo (2) es que no sólo

el producto del trabajo, sino el trabajo mismo, es decir, la fuerza de

trabajo del hombre, adquiere la forma de mercancía. El grado de

desarrollo de la forma mercantil de la fuerza de trabajo caracteriza el grado

de desarrollo del capitalismo [76]

.

















Con la ayuda de esta caracterización nos resultará)

fácil orientarnos entre los ejemplos de comprensión

errónea del término que aparecen en la obra de Struve. Es

indudable que contraponer el sistema vigente en Rusia al capitalismo,

basándose en el atraso técnico de nuestra economía

nacional, en el predominio del trabajo manual, etc., etc., cosa que los

populistas hacen con harta frecuencia, no puede ser más absurdo, pues

el capitalismo existe tanto donde el nivel técnico es bajo como donde

está muy desarrollado, y Marx subraya reiteradas veces en El

capital que el capital empieza subordinando a sí mismo la

producción tal como la encuentra v sólo más tarde la

trasforma técnicamente. Es indudable que la Hausindustrie

alemana y el "sistema de la gran producción basada en el trabajo a

domicilio" en Rusia constituyen una organización capitalista de la

industria, pues en ellos no sólo predomina la producción de

mercancías, sino eme, además, el dueño del dinero domina

al productor y se apropia del sobrevalor. Es indudable que oponer el

capitalismo de Europa occidental a los campesinos rusos "poseedores de

tierra", como gustan de hacerlo los populistas, tampoco demuestra otra cosa

que la incomprensión de lo que es el capitalismo. También en

Occidente, como señala muy justamente el autor, existe en algunos

lugares una "economía campesina seminatural" (124), pero este hecho no

elimina, ni en Occidente, ni en Rusia, el predominio de la producción

de mercancías, ni la subordinación de la inmensa mayoría

de los productores al capital, esa subordinación que antes de alcanzar

su desarrollo superior, máximo, pasa por muchas etapas que los

populistas prefieren no ver, a pesar de que Marx explicó esto con toda

precisión. Esa subordinación empieza con el capital

comercial y con él usurario, y después pasa al capitalismo

industrial, que a su vez es al principio muy primitivo desde el punto de

vista técnico y no se distingue en nada de los viejos sistemas de

producción, organiza luego la manufactura-ésta sigue basada en

el trabajo manual, en las pequeñas industrias artesanales, que son las

dominantes, y no corta los lazos del obrero asalariado con la tierra-, y

termina su desarrollo con la gran industria mecanizada. Sólo esta

última fase, la superior, punto culminante del desarrollo del

capitalismo, crea un obrero completamente expropiado y libre como un

pájaro.[77]












sólo ella engendra (tanto en el aspecto material como en el

social) la "significación unificadora" del capitalismo, que los

populistas atribuyen al capitalismo en general; sólo ella

contrapone al capitalismo con su "propio hijo".





El cuarto capítulo de la obra, titulado Progreso

económico y progreso social, es la continuación directa del

tercero y pertenece a la parte del libro que esgrime contra los populistas

datos de la "experiencia de la humanidad". Tendremos que detenernos

aquí, en primer lugar, en una equivocada concepción del autor

[o en una expresión poco afortunada acerca de los partidarios de Marx,

y en segundo lugar, en la formulación de los objetivos de la

crítica económica del populismo.





El señor Struve dice que Marx concebía el paso del

capitalismo a un nuevo régimen social como una brusca caída,

como el derrumbe del capitalismo (el señor Struve cree que permiten

suponerlo así "algunos pasajes" de Marx, cuando en realidad esa

opinión puede hallarse en todas sus obras). Los partidarios de

Marx luchan por reformas. En el punto de vista que Marx sustentaba en

la década del 40 se "introdujo una importante rectificación":

en lugar de un "abismo" entre el capitalismo y el nuevo régimen, se

reconoció que debía haber "toda una serie de transiciones".





No podemos admitir que eso sea correcto. Los "partidarios de Marx" no

introdujeron "rectificación" alguna, ni importante ni poco

importante, en las concepciones de Marx. La lucha por las reformas no implica

una "rectificación", no corrige la teoría acerca del abismo v

de la caída brusca, ya que esa lucha se despliega con un fin

reconocido abierta y claramente: llegar a esa "caída". Y el hecho que

ello requiere "toda una serie de transiciones" de una fase de la lucha a

otra, de un peldaño, al siguiente, es cosa que Marx admitía ya

en la década del 40, cuando dijo en el Manifiesto que no se

podía separar del movimiento obrero (y, por lo tanto, de la

lucha por las reformas), el movimiento hacia un nuevo régimen social,

y él mismo propuso en conclusión varias medidas

prácticas. [78]


















Si el señor Struve quiso señalar el desarrollo del

punto de vista de Marx, tiene razón, claro está. Pero en tal

caso, no vemos ahí una "rectificación" a sus

concepciones, sino todo lo contrario: su aplicación, su

realización.





Tampoco estamos de acuerdo con la actitud del autor hacia el

populismo.





"Nuestra literatura populista-dice-hizo suya la oposición existente

entre la riqueza nacional y el bienestar del pueblo, entre el progreso social

y el progreso de la distribución" (131).





El populismo no "hizo suya" esa oposición; sólo se

limitó a comprobar que en la Rusia posterior a la Reforma

existía la misma contradicción entre el progreso, la cultura y

la riqueza, por una parte, y por la otra la separación del productor

de los medios de producción, la disminución de la parte del

productor en el producto del trabajo popular y el aumento de la miseria y el

desempleo, contradicción que también en Occidente ha creado la

oposición de que hablamos.





"... En virtud de su carácter humanista, de su amor por el pueblo,

esa literatura resolvió inmediatamente el problema en favor del

bienestar popular, y como algunas formas de la economía popular (la

comunidad rural, los arteles) encarnaban al parecer los ideales de igualdad

económica, y por lo tanto aseguraban el bienestar del pueblo, y como

el progreso de la producción bajo la influencia de un mayor

intercambio no prometía, ni mucho menos, favorecer esas formas, cuyas

bases económicas y psíquicas eliminaba, los populistas

señalaron la triste experiencia del progreso de la producción

en Occidente, basado en la propiedad privada y en la libertad

económica, y opusieron a la economía mercantil, al capitalismo,

una llamada "producción popular", que garantiza el bienestar del

pueblo como ideal económico-social por cuya conservación y

desarrollo deben luchar en Rusia los intelectuales y el pueblo."





Este razonamiento revela con toda nitidez la falla en la tesis del

señor Struve. Presenta al populismo como una teoría "

humanista" que "hizo suya" la oposición entre la riqueza nacional y la

pobreza del pueblo y "resolvió el problema," en favor de la

distribución porque la "experiencia de Occidente" "no prometía"

el bienestar del pueblo. Y el autor se pone a discutir esa "solución"

del problema, perdiendo de vista que lucha contra el manto idealista y,

además, soñador e ingenuo del populismo, y no contra su

contenido; perdiendo de vista que él mismo, al plantear el caso al

estilo profesoral, como lo hacen los populistas, comete un grave error. Como

ya hemos señalado, el contenido del populismo refleja los puntos de

vista y los intereses del pequeño productor ruso. "El humanitarismo y

el amor al pueblo" de la teoría eran consecuencia de la

opresión, a que se veía sometido el pequeño productor,

que sufría cruelmente tanto a causa del sistema y las tradiciones "de

la antigua nobleza" como del yugo del gran capital. La actitud del populismo

hacia "Occidente" y hacia su influencia en Rusia no se debió, claro

está, a que "hiciese suya" tal o cual idea, que provenía de

Occidente, sino a las condiciones de vida del pequeño productor:

éste estimaba en contra suya al gran capitalismo, que asimilaba la

técnica de Europa occidental[79]







, y al verse oprimido por él, ideó ingenuas teorías que

no explicaban la política capitalista por la economía

capitalista, sino a la inversa, el capitalismo por la política, y

declaraban que el gran capitalismo era algo ajeno a la vida rusa, algo

traído de fuera. La sujeción a su pequeña empresa

aislada impedía al pequeño productor comprender el verdadero

carácter del Estado, y apelaba a él para que lo ayudara a

desarrollar la pequeña producción (la "producción

popular"). El exiguo desarrollo de las contradicciones de clase, propio de la

sociedad capitalista rusa, hizo que la teoría de estos

ideólogos de la pequeña burguesía apareciera como

defensa de los intereses del trabajo en general.





En vez de demostrar lo absurdo del enfoque del problema por los

populistas, y de atribuir la "solución" que éstos le dan a las

condiciones materiales de vida del pequeño productor, el propio

señor Struve incurre, al plantear la cuestión, en un dogmatismo

que recuerda la "elección" de los populistas entre el progreso

económico y el social.





"El objetivo de la crítica de las bases económicas del

populismo [...] es [...] demostrar lo siguiente:





1) El progreso económico es una condición necesaria del

progreso social; este último nace históricamente del primero, y

cuando se alcanza determinado grado de desarrollo debe surgir y surge

efectivamente una interacción orgánica, un condicionamiento

recíproco de los dos procesos" (133). En términos generales,

este planteamiento es, claro está, completamente acertado. Pero

más bien traza los objetivos de la crítica de las bases

sociológicas del populismo que de las económicas: en el fondo

es una formulación diferente de la doctrina según la cual el

desarrollo de la sociedad está determinado por el de las fuerzas

productivas, teoría a la que nos referimos en los capítulos I y

II. Para hacer la crítica de las "bases económicas del

populismo", eso no basta. Hay que formular de modo más concreto el

problema, hay que pasar del progreso en general al "progreso" capitalista de

la sociedad rusa, a los errores en la comprensión de este

proceso que dieron origen a las ridículas fábulas populistas de

la tabula rasa, de la "producción popular", de la falta de base

del capitalismo ruso, etc., etc. En vez de hablar de la interacción

que surge entre el progreso económico y el social, hay que

señalar (o esbozar, por lo menos) los fenómenos definidos del

progreso social en Rusia en los que los populistas no ven tales y

tales raíces económicas[80].









"2) Por ello, el problema de la organización de la

producción) y del grado de productividad del trabajo es más

importante que el de la distribución; bajo ciertas condiciones

históricas concretas en las que la productividad del trabajo del

pueblo es absoluta y relativamente muy baja, la importancia primordial del

factor producción se manifiesta con particular fuerza."



























El autor se basa, al decir eso, en la teoría de Marx acerca de la

importancia secundaria de la distribución. Sirve de epígrafe al

capítulo IV un pasaje de la crítica de Marx al Programa de

Gotha [81]

[82]







en la que Marx opone al socialismo vulgar el socialismo

científico, que no concede una importancia esencial a la

distribución y estima que el régimen social se debe a la

organización de las relaciones de producción, y que

dicha organización lleva implícito determinado sistema de

distribución. Esta idea, como el autor observa con gran acierto,

impregna toda la doctrina de Marx y tiene una importancia extraordinaria para

esclarecer el contenido pequeñoburgués del populismo. Pero la

segunda mitad de la frase del señor Struve la vela considerablemente,

sobre todo debido al oscuro término "factor producción". Es

posible que surja cierta confusión en cuanto al sentido en que este

término debe ser comprendido. El populista sustenta el punto de vista

del pequeño productor, quien se explica sus desgracias de modo harto

superficial, diciendo que "es pobre" y su vecino el mayorista "es rico"; que

las "autoridades" ayudan sólo al gran capital, etc., etc.; en una

palabra: lo explica todo alegando peculiaridades de la distribución,

errores de la política, etc. ¿Qué punto de vista le

opone el autor? ¿El del gran capital-que contempla con desprecio la

miserable pequeña empresa del campesino-artesano y se enorgullece del

alto nivel de desarrollo de su propia industria, de los "servicios" que ha

prestado al elevar la baja productividad absoluta y relativa del trabajo

popular-o el punto de vista de su antípoda, que vive va en relaciones

tan desarrolladas que no puede darse por satisfecho con referencias a la

política y a la distribución v empieza a comprender que la

causa es más profunda y reside en la organización (social) de

la producción, en el propio sistema de la economía social,

basada en la propiedad individual, v controlada y dirigido por el mercado?

Esa pregunta puede muy bien hacérsela el lector, v con tanto mayor

razón cuanto que el autor emplea a veces la expresión "factor

producción" junto a las palabras "sistema de economía"

(véase pág. 171: los populistas "ignoran el factor

producción hasta un grado que equivale a negar la existencia de

cualquier sistema de economía") v en especial porque al hacer una

comparación entre la producción "irracional" y la "racional"

vela la relación entre el pequeño productor y el que ha perdido

ya definitivamente, sus medios de producción. Es indudable que, desde

el punto de vista objetivo, la exposición del autor no es por

ello menos correcta, y que a quienquiera comprenda el antagonismo inherente

al sistema capitalista, le resultará fácil imaginar la

situación desde el ángulo de la correlación mencionada.

Pero como todo el mundo sabe bien es eso precisamente lo que no comprenden

los señores populistas rusos, sería de desear que la

polémica con ellos fuese más concreta y explícita, y que

encerrase la menor cantidad posible de premisas demasiado generales y

abstractas.





Como hemos tratado de demostrar con un ejemplo concreto en el

capítulo I, toda la diferencia entre el populismo y el marxismo

consiste en el carácter de la crítica del capitalismo

ruso. Para criticar el capitalismo, al populista le parece suficiente

comprobar que existe la explotación y la interdependencia entre

ésta y la política, etc., etc. El marxista, por su parte,

considera necesario explicar y ligar todos esos fenómenos de

explotación y presentarlos como un sistema de determinadas relaciones

de producción, romo una formación económico-social

particular, cuyas leyes de funcionamiento y desarrollo deben ser estudiadas

objetivamente. El populista estima que para criticar el capitalismo basta con

condenarlo desde el punto de vista de los ideales populistas, desde el punto

de vista de la "ciencia moderna y las ideas morales contemporáneas".

El marxista considera necesario estudiar con todo detalle las clases que se

forman en la sociedad capitalista, y estima fundada sólo la

crítica hecha desde el punto de vista de una clase determinada, una

crítica que no se base en el juicio ético del "individuo", sino

en la formulación exacta del proceso que se produce efectivamente en

la sociedad.





Si tratamos de formular, partiendo de esto, los objetivos de la

crítica de los principios económicos del populismo,

resultará, poco más o menos, lo siguiente:











Hay que demostrar que la relación entre el gran capitalismo ruso v

la "producción popular" es la existente entre un fenómeno que

ha alcanzado su pleno desarrollo y un fenómeno sin desarrollar, la

relación entre la fase superior del desarrollo de la formación

social capitalista v su etapa inferior





[83] 





que la separación del productor de los medios de

producción y la apropiación del producto de su trabajo por el

poseedor de dinero debe explicarse, tanto en la fábrica como en la

comunidad rural, no invocando la política o la distribución,

sino basándose en las relaciones de producción que cristalizan

necesariamente en la economía mercantil, en la formación de

clases cuyos intereses son antagónicos, cosa que caracteriza a la

sociedad capitalista





[84]





que la

realidad (la pequeña producción) que los populistas quieren

elevar a un peldaño superior, evitando el capitalismo, entraña

ya el capitalismo con el antagonismo de clases a él inherente y el

choque de dichas clases, pero en su peor forma, que dificulta la actividad

independiente del productor; eme por ello los populistas, al cerrar los ojos

a los antagonismos sociales va surgidos y al soñar con "otros caminos

para la patria", se convierten en unos utopistas reaccionarios, pues el gran

capitalino no hace sino desarrollar, desenmarañar y aclarar el

contenido de dichos antagonismos, existentes por doquier en Rusia.





Muy directamente vinculados a la formulación demasiado abstracta de

los objetivos de la crítica económica del populismo se hallan

los razonamientos que hace luego el autor para demostrar la "necesidad" v el

carácter "progresista", no del capitalismo ruso, sino del de Europa

occidental. Aunque no tocan directamente el contenido económico de la

doctrina populista, esos razonamientos son muy interesantes e instructivos.

En nuestra literatura populista se han oído en muchas ocasiones voces

de desconfianza hacia el movimiento obrero de Europa occidental. Ello se puso

de manifiesto con particular claridad en la última polémica de

los señores Mijailovski y Cía. (Rússkoie

Bosatstvo, 1893-1894) contra los marxistas. Aún no hemos visto del

capitalismo nada bueno, decía entonces el señor Mijailovski



[85]

.





Esos necios puntos de vista pequeñoburgueses son refutados

brillantemente por los; datos que proporciona el señor Struve, con

tanta mayor razón cuanto que han sido tomados de la literatura

burguesa de nuestros días, a la que no se puede sospechar de

exagerada. Las citas aportadas por el autor demuestran que todos en

Occidente, hasta los burgueses, ven que el paso del capitalismo a una nueva

formación económico-social es inevitable.





La socialización del trabajo por el capitalismo ha avanzado tanto,

que inclusive la literatura burguesa habla abiertamente de la necesidad de

una "organización planificada de la economía nacional". El

autor tiene mucha razón cuando dice que eso es "un signo de la

época", un síntoma de la descomposición absoluta del

sistema capitalista. Encierran sumo interés las declaraciones, citadas

por el autor, no sólo profesores burgueses, sino hasta de los

conservadores, que se ven obligados a reconocer lo que aun hoy quieren negar

los radicales rusos: que el movimiento obrero ha sido creado por las

condiciones materiales engendradas por el capitalismo, y no "simplemente" por

la cultura o por otras condiciones políticas.





No creo que después de todo lo expuesto tengamos gran necesidad de

detenernos en los razonamientos del autor, de que la distribución

sólo puede progresar basándose en una producción

racional. Está claro que ello significa que sólo el gran

capitalismo, basado en la producción racional, crea las condiciones

que permitan al productor levantar cabeza, pensar y ocuparse de sí

mismo y de quienes, debido al atraso de la producción, no se

encuentran en las mismas condiciones.





Nos limitaremos a decir dos palabras acerca de la siguiente frase del

señor Struve: "La distribución extremadamente desigual, que

frena el progreso económico, no fue creada por el capitalismo: la

heredó" de aquella época que los románticos consideran

el reino de la abundancia (159). Eso es cierto siempre que el autor

sólo quiera decir que antes del capitalismo existía

también una distribución desigual, cosa que acostumbran olvidar

los señores populistas. Pero no es cierto si niega que el capitalismo

haya acentuado esa desigualdad. Bajo el feudalismo no hubo ni podía

haber una desigualdad tan acusada como la que existe entre el campesino

arruinado o el paria y el magnate bancario, ferroviario o industrial,

desigualdad creada por la Rusia capitalista posterior a la Reforma.





 




[c]




Pasemos al capítulo V. El autor ofrece en él una semblanza

general del "populismo como una filosofía económica".

Según el señor Struve, "los populistas son los ideólogos

de la economía natural y de la igualdad primitiva" (167).





No podemos estar de acuerdo con esa caracterización. No vamos a

repetir aquí los argumentos aportados en el capítulo I, cuando

demostramos que los populistas son los ideólogos del pequeño

productor. Ya señalamos allí que precisamente las condiciones

materiales de vida del pequeño productor, su situación de

transición, intermedia entre los "propietarios" y los "obreros",

llevaron a que los populistas no comprendieran las contradicciones de clase y

a esa peregrina mezcolanza de puntos progresistas y reaccionarios en su

programa.





Aquí nos limitaremos a agregar que su primer aspecto, es decir, su

aspecto progresista, acerca al populismo ruso a la democracia de Europa

occidental, y por ello se le puede aplicar enteramente esta genial

caracterización de la democracia, hecha hace más de cuarenta

años, a propósito de acontecimientos de la historia de

Francia:





"Como el demócrata representa a la pequeña burguesía,

es decir, a una clase de transición, en la que los intereses de

dos clases se neutralizan mutuamente, cree estar por encima del antagonismo

de clases en general. Los demócratas reconocen que tienen enfrente a

una clase privilegiada, pero ellos, con todo el resto de la nación,

forman el pueblo. Ellos representan los derechos del pueblo; a

ellos les preocupan los intereses del pueblo. Por ello, no tienen

necesidad de investigar los intereses y la situación de las distintas

clases. No necesitan sopesar con demasiado rigor sus propios medios [86]


















[...] Si resulta que sus intereses no interesan y su fuerza es

debilidad, la culpa la tienen los malvados sofistas, que dividen al

pueblo indivisible en varios campos enemigos[87]






[...] o bien todo se ha derrumbado por un detalle de ejecución, o

ha surgido un accidente imprevisto que todo lo hizo fracasar por esta vez. En

cualquier caso, el demócrata sale de la derrota más ignominiosa

tan inmaculado como inocente entró en ella, con la convicción

reforzada de que tiene necesariamente que vencer, no de que él mismo y

su partido deben abandonar la vieja posición, sino de que, por el

contrario, son las circunstancias las que tienen que madurar para ponerse a

la altura de él" (ihn entgegenzureifen haben. Der achtzehnte

Brumaire u. s. w., S. 39).[88]




























Ejemplos aportados por el mismo autor evidencian que es erróneo

caracterizar a los populistas como ideólogos de la economía

natural y de la igualdad primitiva. "Señalaremos como un caso

curioso-dice el señor Struve-que hasta hoy el señor N.-on sigue

llamando a Vasílchikov economista liberal" (169). Si tomamos la

esencia de esa denominación, veremos que no es un caso curioso.

Vasílchikov propugna en su programa un crédito barato y

ampliamente difundido. El señor Nikolai-on no puede dejar de ver que

en una sociedad capitalista, como es la rusa, el crédito fortalece

sólo a la burguesía y llevará al "desarrollo y

consolidación de las relaciones capitalistas" (Ensayos,

pág. 77). Por las medidas prácticas que propone,

Vasílchikov, como todos los populistas, representa únicamente

los intereses de la pequeña burguesía. Lo único que hay

en todo ello de curioso es que el señor N.-on, que se codea con los

escritores de Rússkoie Bogatstvo, no haya visto "hasta hoy" que

son exactamente el mismo tipo de pequeños "economistas liberales" que

el príncipe Vasílchikov. Las teorías utópicas se

avienen con facilidad, en la práctica, a los progresos

pequeñoburgueses. Esta caracterización del populismo es

confirmada todavía con mayor fuerza por Golovachov, quien reconoce la

insensatez de la distribución de tierras de nadiel por cabeza y

propone "créditos baratos para la gente trabajadora". Al criticar esta

"asombrosa" teoría, el señor Struve presta atención a su

necedad teórica, pero parece no advertir su contenido

pequeñoburgués.





Al analizar el capítulo V, no podemos dejar de detenernos

también en la "ley de las necesidades promedio", del señor

Scherbina. Ello es necesario para apreciar el malthusianismo del señor

Struve, que aparece con relieve en el capítulo VI. La "ley" consiste

en que al clasificar a los campesinos según el nadiel que

poseen obtenemos un promedio de necesidades de la familia campesina (es

decir, de gastos para la satisfacción de distintas necesidades) que

apenas si oscila (de grupo en grupo); además, el señor

Scherbina calcula los gastos por habitante.





El señor Struve señala con satisfacción que esa "ley"

"tiene una importancia enorme", ya que, según él, confirma la

ley de Malthus, "universalmente conocida,", de que "el nivel de vida y la

multiplicación de la población dependen de los medios de

subsistencia que tiene a su alcance".





No comprendemos por qué esta ley llena de júbilo al

señor Struve. No comprendemos cómo pueden considerarse una

"ley", y por añadidura de "enorme importancia", los cálculos

del señor Scherbina. Es muy lógico que allí donde el

modo de vida de distintas familias campesinas no difiere en grado

considerable, obtengamos, al dividir a los campesinos en grupos, promedios

que apenas oscilen; sobre todo si tomamos como base de la división la

dimensión del nadiel, que no determina directamente el nivel de vida

de la familia (ya que la parcela puede haber sido dada en arriendo o la

familia en cuestión haber tomado tierra arrendada) y es igual para el

campesino rico que para el pobre con el mismo número de familiares

sujetos al pago de tributos. Los cálculos del señor Scherbina

sólo demuestran que escogió un método erróneo de

clasificación. Nos parece muy extraño que el señor

Scherbina haya creído descubrir en ello una ley. No menos

extraño es ver en esos cálculos una afirmación de la ley

de Malthus, como si por las proporciones del nadiel se pudieran juzgar los

"medios de subsistencia al alcance del campesino", sin prestar

atención a la entrega de tierra en arriendo, ni a los "trabajos

adicionales", ni a la dependencia económica del campesino respecto del

terrateniente y del mayorista. Con motivo de esta "ley" del señor

Scherbina (la forma en que el mencionado caballero expone esta "ley"

evidencia que él mismo concede una importancia increíblemente

grande a sus cifras promedio, que no demuestran nada), el señor Struve

dice: "En el caso dado, 'producción popular' significa simplemente

producción sin el empleo de trabajo asalariado.





Y es indiscutible que, allí donde la producción está

de este modo organizada, la 'plusvalía' queda en poder del productor"

(176). El autor señala a continuación que, cuando la

productividad del trabajo es baja, ello no impide que el representante de esa

" producción popular" viva peor que el obrero. Su entusiasmo por el

malthusianismo ha hecho que el autor haya formulado con inexactitud la tesis

citada. El capital comercial y usurario subordina a sí mismo el

trabajo en cada aldea rusa y, sin convertir al productor en obrero

asalariado, le extrae no menos plusvalía que el capital industrial al

obrero. El señor Struve ha señalado muy justamente ron

anterioridad que la producción capitalista empieza en cuanto al

capitalista se interpone entre el productor y el consumidor aunque

sólo compre a productores independientes (en apariencia) productos

terminados (pág. 99 v nota 2), y que sería difícil

encontrar entre los productores "independientes" rusos alguno que no trabaje

para un capitalista (para el comerciante, el mayorista, el kulak, etc.). Uno

de los mayores errores de los populistas consiste en que no ven la estrecha e

indisoluble relación que existe entre la organización

capitalista de la economía social rusa y el dominio absoluto del

capital comercial en el campo. Por ello dice con muy buen tino el autor que

"la propia denominación de 'producción popular' no responde, en

el sentido en que los populistas la emplean, a ningún orden de cosas

histórico real. Hasta 1861, la 'producción popular' estaba en

Rusia estrechamente vinculada con el régimen de servidumbre, pero

después de dicho año se desarrolló con rapidez la

economía mercantil, que no podía dejar de enturbiar la pureza

de la producción popular" (177). Cuando el populista dice que la

pertenencia de los medios de producción al productor es un principio

secular de la vida rusa, tergiversa simplemente la historia para amoldarla a

su utopía, y la tergiversa recurriendo a juegos de palabras: en el

régimen de servidumbre, los medios de producción le eran

proporcionados al productor por el terrateniente para que aquél

pudiera cumplir la prestación personal: el nadiel era algo así

como un salario en especie, un medio "secular" de apropiación del

plusproducto. La abolición de la servidumbre no significó, ni

mucho menos, la "emancipación" del productor; sólo

significó un cambio en la forma del plusproducto. Si en

Inglaterra, por ejemplo, la caída del feudalismo creó

efectivamente campesinos independientes v libres, nuestra Reforma

realizó de un solo golpe el paso del "ignominioso" plusproducto feudal

al "libre" sobrevalor burgués.





 




* * *




 




 




CAPÍTULO IV




CÓMO EXPLICA EL SEÑOR STRUVE ALGUNOS RASGOS DE LA

ECONOMÍA DE LA RUSIA POSTERIOR A LA REFORMA




 




[Introducción.]




El último (sexto) capítulo del libro del señor Struve

está dedicado al problema más importante: al desarrollo

económico de Rusia. Su contenido teórico se divide en las

siguientes partes: 1) superpoblación en la Rusia agraria, su

carácter y causas; 2) diferenciación del campesinado, su

significación y causas; 3) papel del capitalismo industrial en la

ruina de los campesinos; 4) las explotaciones agrícolas privadas y el

carácter de su desarrollo y 5) problema de los mercados para el

capitalismo ruso. Antes de ponernos a analizar los argumentos del

señor Struve en cada uno d" los cinco puntos, nos detendremos en sus

observaciones acerca de la Reforma campesina.





El autor protesta contra la interpretación "idealista" que de ella

se hace y señala las necesidades del país, que exigían

la elevación de la productividad del trabajo; asimismo señala

el rescate de tierras y la presión "desde abajo". Es una

lástima que no haya expresado con plenitud su legítima

protesta. Los populistas dicen que la Reforma se debió al desarrollo

de las ideas "humanistas" y "emancipadoras" en "la sociedad". Este hecho es

indudable, pero explicar por él la Reforma equivale a caer en

una redundancia incoherente y a reducir la "emancipación" a las "ideas

emancipadoras". El materialista estima necesario someter a un análisis

especial el contenido de las medidas realizadas para llevar esas ideas

a la práctica. No ha habido en la historia ni una sola "reforma"

importante, aunque haya tenido un carácter de clase, por la que no se

haya abogado pronunciando elevadas palabras y hablando de nobles ideales. Lo

mismo puede decirse de la Reforma campesina. Si prestamos atención al

contenido real de los cambios que originó, veremos que su

carácter es el siguiente: parte de los campesinos fueron privados de

tierra, y los demás-esto es lo principal-, que conservaron parte de su

tierra, tuvieron que rescatarla de los terratenientes, como si no les

perteneciera en absoluto, y además rescatarla a un precio

artificialmente elevado. Tales reformas, no sólo en Rusia, sino

también en Occidente, fueron revestidas con teorías de

"libertad" y de "igualdad" y en El capital se demostró ya que

el terreno en el que germinaron esas ideas de libertad y de igualdad fue

precisamente la producción de mercancías. En todo caso, por

complejo que fuera el mecanismo burocrático que realizó la

reforma en Rusia, por más lejos que estuviera, en apariencia



[89],





de la propia burguesía, es

indiscutible que sobre la base de tal reforma sólo podía

surgir el sistema burgués. El señor Struve señala

con todo acierto que la forma, tan en boga, de contraponer la reforma

campesina en Rusia a las reformas de Europa occidental es errónea: "Es

completamente desacertado afirmar (en forma tan general) que en Europa

occidental los campesinos fueron emancipados sin que se les diera tierra, o,

en otras palabras, que fueron despojados de la tierra por vía

legislativa" (196). Subrayo las palabras "en forma tan general", ya que el

privar a los campesinos de la tierra por vía legislativa es un hecho

histórico indudable, que se ha producido en todas partes donde se

llevaron a cabo reformas campesinas, pero no es un hecho general, pues en

Occidente parte de los campesinos, al ser emancipados de la

servidumbre, rescataron tierra de los terratenientes, e igual cosa

están haciendo en Rusia. Sólo los burgueses pueden ocultar este

hecho del rescate de las tierras y decir que "la liberación de

los campesinos dándoles tierra 



[90]



ha hecho de Rusia una tabula rasa" (palabras de un tal

señor Yákovlev, "aplaudidas de todo corazón" por el

señor Mijailovski; véase pág. 10 del libro de P.

Struve).





 




* * *




 




I




Pasemos a la teoría del señor Struve acerca del

"carácter de la superpoblación en la Rusia agraria". Este es

uno de los puntos más importantes en los que el señor Struve se

aparta de la " doctrina" del marxismo para abrazar el malthusianismo. La

esencia de su punto de vista, que expone en la polémica con el

señor N.-on, es que la superpoblación en la Rusia agraria

[91]



no es capitalista, sino, por

así decirlo, superpoblación simple que acompaña a la

economía natural".















Puesto que el señor Struve dice que su objeción al

señor N.-on "coincide plenamente con la objeción general de F.

A. Lange a la teoría de la superpoblación relativa enunciada

por Marx" (183, nota), veamos primero esta "objeción general" de Lange

para aquilatarla debidamente.





En su obra El problema obrero, capítulo V (trad. al ruso

págs. 142-178) Lange se ocupa de la ley de la población

enunciada por Marx. Empieza por la tesis principal de Marx de que, "en

general, a cada modo de producción históricamente particular le

corresponde su propia ley de crecimiento de la población, que

sólo tiene una significación histórica. La ley abstracta

de la reproducción rige únicamente para las plantas y los

animales"



[92]. Lange objeta:

















"Permítasenos señalar que, hablando en rigor, para las

plantas y los animales tampoco rige ninguna ley 'abstracta' de

reproducción, ya que, en general, la abstracción es hallar lo

común en toda una serie de fenómenos homogéneos" (143).

A continuación, Lange explica en detalle a Marx qué es

abstracción. Es evidente que no comprendió el sentido de las

palabras de Marx. Éste opone en este aspecto el hombre a las plantas y

los animales basándose en que el primero vive en distintos

organismos sociales, que se suceden históricamente y son

determinados por el sistema de producción social y, por consiguiente,

de distribución. Las condiciones de multiplicación del hombre

dependen en forma directa de la estructura de los distintos organismos

sociales, y por lo tanto la ley de la población debe ser estudiada en

cada uno de esos organismos por separado, y no "en abstracto", sin tomar en

consideración las distintas formas históricas de

organización de la sociedad. La explicación que Lange da al

decir que la abstracción es destacar lo común en una serie de

fenómenos homogéneos se vuelve contra sí mismo:

sólo podemos considerar homogéneas las condiciones de vida de

los animales y las plantas, pero en modo alguno las del hombre, pues sabemos

que ha vivido en organizaciones sociales de distintos tipos.





Después de exponer la teoría de Marx acerca de la

superpoblación relativa en los países capitalistas, Lange dice:

"A puniera vista puede parecer que esta teoría rompe el largo hilo que

engarza toda la naturaleza orgánica hasta llegar al hombre; puede

parecer que explica la base del problema obrero como si para nuestro fin, es

decir, para comprender dicho problema, fueran por completo superfluas todas

las investigaciones de carácter general relativas a la existencia, la

multiplicación y el perfeccionamiento del género humano" (154).



[93]





















La teoría de Marx no corta, ni mucho menos, el hilo que engarza

toda la naturaleza orgánica hasta llegar al hombre: sólo exige

que el "problema obrero"-que como tal existe sólo en la sociedad

capitalista-no se resuelva basándose en "investigaciones de

carácter general" relativas a la multiplicación del hombre,

sino tomando como base investigaciones específicas de las leyes que

rigen las relaciones capitalistas. Pero Lange sustenta una opinión

distinta: "En realidad-dice-no es así. Está claro, en primer

lugar, que el trabajo fabril presupone ya en su estado embrionario la

miseria" (154). Y dedica página y media a demostrar esta

proposición, que es evidente y no nos hace avanzar ni un paso: en

primer lugar, sabemos que la miseria es engendrada por el propio capitalismo

antes de llegar éste a la fase de su desarrollo en que la

producción adquiere la forma fabril, antes de que las máquinas

creen una superpoblación; en segundo lugar, también la forma

feudal de estructura social, anterior al capitalismo, engendró su

propia miseria, que legó al capitalismo.





"Pero aun contando con un ayudante tan poderoso [es decir, la necesidad],

el primer empresario raras veces logra atraer una considerable cantidad de

trabajadores a la nueva actividad. Por lo común, las cosas ocurren

como sigue. El empresario saca un contingente de obreros de lugares donde la

industria fabril tiene ya carta de ciudadanía; a ese contingente le

suma campesinos solos y sin tierra 



[94]



que están en ese momento sin trabajo; luego ese contingente se

completa con adolescentes" (156). Lange escribe con cursiva esta

última palabra. Sin duda, las "investigaciones de carácter

general relativas a la existencia, la multiplicación y el

perfeccionamiento del género humano" quedan expresadas en la

formulación de que el dueño de la fábrica elige sus

nuevos obreros entre los "adolescentes", y no entre viejos decrépitos.

El bueno de Lange dedica toda una página más (157) a esas "

investigaciones de carácter general" y cuenta al lector que los padres

tratan de asegurar la existencia de sus hijos, que los ociosos moralistas

hacen mal en condenar a aquellos que tratan de salir de la condición

en que nacieron y que el deseo de que los hijos trabajen y se ganen ellos

mismos la vida es completamente natural. Sólo después de

tragarnos todos estos razonamientos, únicamente admisibles en los

cuadernos de caligrafía, llegamos a lo principal:





"En los países agrarios en los que la tierra pertenece a grandes y

pequeños propietarios surge inevitablemente-siempre que en la moral

del pueblo no haya echado raíces la tendencia al control voluntario de

la natalidad-un exceso permanente de brazos y de consumidores que desean

existir con lo que produce el territorio dado" (157-158). Sin aportar

demostración alguna Lange expone esta tesis puramente malthusiana. Y

la repite una y otra vez, diciendo que "en todo caso, la población de

esos países, aunque en términos absolutos sea poco densa,

ofrece, por lo común, síntomas de una superpoblación

relativa" y que "en el mercado predomina constantemente la oferta de

trabajo, mientras que la demanda es ínfima" (158), pero todo eso se

afirma gratuitamente. ¿De dónde se saca eso de que el "exceso

de obreros" sea en efecto " inevitable"? ¿De dónde surge la

relación entre ese exceso de obreros con el hecho de que en la moral

del pueblo no haya echado raíces la tendencia al control voluntario de

la natalidad? ¿No sería preferible que, en vez de divagar

acerca de la "moral del pueblo", se examinaran las relaciones de

producción en que ese pueblo vive? Imaginemos, por ejemplo, que esos

pequeños y grandes propietarios de que habla Lange estuvieran

relacionados del siguiente modo para producir bienes materiales: los

pequeños propietarios recibieron de los grandes tierras de nadiel para

su sustento, y en pago les trabajaban sus tierras en concepto de

prestación personal. Imaginemos también que esas relaciones han

sido abolidas, que las ideas humanistas han embriagado hasta tal punto a los

grandes propietarios que éstos "han liberado a sus campesinos

dándoles tierra", es decir, que les han entregado,

aproximadamente, un 20 por ciento de los nadiel y por el restante 80 por

ciento les han hecho pagar el doble de lo que valen. Naturalmente, con

semejante remedio contra la "plaga del proletariado", los campesinos deben

continuar trabajando para los grandes propietarios para poder subsistir,

aunque ya no trabajan bajo las órdenes del administrador feudal, como

antes, sino sobre la base de un contrato libre, por lo que se quitan unos a

otros el trabajo, pues ahora ya no están ligados entre sí y

cada uno de ellos trabaja la tierra por cuenta propia. Este sistema, en el

que la gente se disputa el trabajo, hace que algunos campesinos se vean

inevitablemente desplazados: dado que, como consecuencia de la

reducción de los nadiel y del aumento de las cuotas de pago de la

tierra, son cada vez más débiles frente al terrateniente, la

competencia que entre ellos tiene lugar aumenta la norma del plusproducto, y

el terrateniente se las arregla con menor número de campesinos. Por

más raíces que eche en la moral del pueblo la tendencia al

control voluntario de la natalidad, ese "exceso" surgirá

inevitablemente. La argumentación de Lange, que ignora las relaciones

económico-sociales, es tan sólo una prueba evidente de la

inutilidad de sus métodos. Pero fuera cíe dichos argumentos,

Lange no nos ofrece nada nuevo. Dice que los fabricantes trasladan gustosos

las industrias a aldeas perdidas, porque allí siempre tienen a su

disposición la necesaria cantidad de trabajo infantil para cualquier

empresa (161), sin investigar qué proceso histórico,

qué modo de producción social ha engendrado la

"disposición" de los padres a dejar que se esclavice a sus hijos. El

siguiente razonamiento muestra con gran claridad cuáles son los

métodos que Lange emplea: cita a Marx, quien dice que la industria

mecanizada, al permitir al capital que compre el trabajo de la mujer y de los

niños, hace del obrero un "traficante de esclavos".





"¡Así que de eso se trataba!", exclama triunfante Lange.

"¿Pero acaso se puede creer que el obrero, a quien la necesidad obliga

a vender su propia fuerza de trabajo, vendería tan fácilmente a

su mujer y a sus hijos si no lo impulsaran a dar ese paso la necesidad, por

una parte, y la tentación por la otra?" (163).





El bueno de Lange lleva su celo al extremo de defender al obrero contra

Marx, esforzándose por demostrar a éste que el obrero es

"impulsado por la necesidad".





... Sí, ¿qué es en el fondo esa necesidad, siempre en

aumento, sino la metamorfosis de la lucha por la existencia?" (163).





¡He ahí a qué descubrimientos llevan las

"investigaciones de carácter general relativas a la existencia, la

multiplicación y el perfeccionamiento del género humano"!

¿Podremos saber algo acerca de las causas de la "necesidad", de su

contenido político-económico v de su desarrollo, si se nos dice

que todo es la metamorfosis de la lucha por la existencia? Eso se puede decir

a propósito de cualquier cosa, por ejemplo de las relaciones entre el

obrero v el capitalista, o de las del terrateniente con el propietario de la

fábrica, o ron el campesino siervo, etc., etc. El intento de Lange, de

enmendar la plana a Marx, no produce más que trivialidades hueras o

ingenuidades. Veamos ahora qué nos ofrece para apoyar este intento el

señor Struve, discípulo de Lange, cuando se ocupa del problema

concreto de la superpoblación en la Rusia agraria.





La producción de mercancías-empieza diciendo el señor

Struve-aumenta la capacidad del mercado interno del país. "El

intercambio ejerce esa acción, no sólo mediante la completa

reorganización técnica y económica de la

producción, sino, asimismo, en los casos en que la técnica de

la producción se mantiene en el nivel anterior y la economía

natural conserva su papel dominante en la economía general de la

población. Pero en este caso, después de una breve

animación, sobreviene inevitablemente la 'superpoblación'; sin

embargo, si la producción mercantil tiene la culpa de ello, es tan

sólo: 1) como estimulante, 2) como factor que la complica"

(182). La superpoblación se produciría también si no

existiera la economía mercantil: tiene un carácter no

capitalista.





Tales son las tesis que formula el autor. Desde el comienzo nos asombran

por su inconsistencia, similar a la de Lange: se afirma que la

superpoblación en las condiciones de la economía natural es

inevitable, pero no se explica qué proceso es el que la crea.

Analicemos los hechos en los que el autor ve la confirmación de sus

opiniones.





Los datos de 1762-1846 muestran que, en general, la población no se

multiplicó rápidamente, ni mucho menos: el aumento anual fue de

1,07-1,5 por ciento. Por cierto que, según Arséniev, se

multiplicó con más rapidez en las provincias "cerealeras". Este

" hecho"-concluye el señor Struve-es muy característico de las

formas primitivas de la economía del país, en las que la

reproducción depende directamente de la fertilidad natural,

dependencia esta que, por así decirlo, puede palparse". Esta es la

acción de la "ley de correspondencia entre la multiplicación de

la población y los medios de subsistencia" (185). "Cuanta más

tierra hay, y cuanto más elevada es la fertilidad natural del suelo,

tanto mayor es el aumento natural de la población" (186). Esta es una

conclusión harto inconsistente: basándose en el solo hecho de

que el aumento de la población de 1790 a 1846 en las provincias

centrales de la Rusia europea fue menor en las provincias de Vladímir

y Kaluga, se deduce, ni más ni menos, toda una ley de correspondencia

entre la multiplicación de la población y los medios de

subsistencia. ¿Pero acaso se puede juzgar los medios de subsistencia

de la población por la "superficie de tierra laborable"? (Aun si se

admite que tan exiguos datos permiten extraer conclusiones generales.) Hay

que tener en cuenta que la "población" no destinaba directamente a

sí misma los productos de la "fertilidad natural" por ella obtenidos:

los compartía con el terrateniente y con el Estado. ¿Acaso no

está claro que uno u otro sistema de agricultura terrateniente-gabela

o prestación personal-, así como la magnitud de los tributos y

los medios para recaudarlos, etc., etc., ejercían una influencia mucho

mayor en la proporción de "los medios de subsistencia" de que

podía disponer la población que la superficie de tierra

laborable, que no se encontraba en posesión exclusiva y libre de los

productores? Pero eso no es todo. Independientemente de las relaciones

sociales de las que eran expresión el régimen de servidumbre,

la población estaba también entonces ligada por el intercambio:

"la separación de la industria manufacturera y Ja

agricultura-señala justamente el autor-, es decir, la división

social, nacional, del trabajo, existía ya en la época anterior

a la reforma" (189). Surge entonces la pregunta: ¿por qué, en

tal caso, debemos creer que los "medios de subsistencia" del kustar o de un

comerciante de ganado de Vladímir, que vivían en tierras

pantanosas, eran menores que los del atrasado campesino de Tambov, con toda

su "fertilidad natural de la tierra,"?





A continuación el señor Struve cita datos de la

disminución de la población de siervos antes de la

emancipación. Los economistas cuyas opiniones nos da a conocer,

atribuyen este fenómeno a la "disminución del nivel de vida"

(189). El autor concluye:





"Nos hemos detenido en el hecho de la disminución de la

población de siervos antes de la emancipación porque, a nuestro

parecer, aclara la situación económica de la Rusia de entonces.

Parte considerable del país estaba [...] saturada de población

en relación con las condiciones técnico-económicas y

jurídico-sociales imperantes: estas últimas eran francamente

desfavorables para una multiplicación más o menos rápida

de casi el 40 por ciento de la población" (189). ¿Qué

tiene que ver con todo eso la "ley" de Malthus relativa a la correspondencia

de la multiplicación de la población y los medios de

subsistencia, cuando el sistema social feudal ponía dichos medios en

manos de un puñado de grandes terratenientes y dejaba sin ellos a la

masa de la población, cuya multiplicación se somete a estudio?

¿Se puede atribuir valor alguno al razonamiento del autor de que el

aumento de la población que se registró fue menor en las

provincias poco fértiles y de industria débilmente

desarrollada, y en las puramente agrarias y densamente pobladas? El

señor Struve quiere ver en ello una manifestación de

"superpoblación no capitalista", que debía producirse aun sin

la economía mercantil y que "corresponde a la economía

natural". Pero con el mismo, si no con mayor fundamento, podría

decirse que esa superpoblación corresponde a la economía feudal

y que el débil incremento de la población se debía ante

todo al aumento de la explotación del trabajo de los campesinos, fruto

del desarrollo de la producción de mercancías en las haciendas

de los terratenientes, en virtud de que en ellas se empezó a emplear

la prestación personal con el fin de producir trigo para la

venta, y no sólo para la satisfacción de las propias

necesidades. Los ejemplos que el autor aporta hablan contra él:

evidencian la imposibilidad de inferir una ley abstracta de la

población basándose en la fórmula de la correspondencia

de la multiplicación con los medios de subsistencia e ignorando los

distintos sistemas históricos de relaciones sociales y las fases de su

desarrollo.





Pasando a la época posterior a la Reforma, el señor Struve

dice: "en la historia de la población después de la

caída del régimen de servidumbre vemos el mismo rasgo esencial

que antes de la emancipación. La dinámica del aumento de la

población está en relación directa con la superficie de

las tierras y de los nadiel en posesión de los campesinos" (198). Eso

se pretende demostrar con un cuadro que agrupa a los campesinos según

las dimensiones de sus nadiel y que muestra que el incremento de la

población es tanto mayor cuanto más grandes son los nadiel.

"Y no puede ser de otro modo dadas las condiciones de la

economía natural, 'de autoconsumo' [...], que sirve ante todo

para satisfacer las necesidades inmediatas del propio productor" (199).





En efecto, si así fuera, si los nadiel sirvieran ante todo

para satisfacer las necesidades inmediatas del productor, si fueran la

única fuente de satisfacción de dichas necesidades, en este

caso, y sólo en él se podría inferir de semejantes datos

una ley general del aumento de la población. Pero sabemos que no es

así. Los nadiel sirven "ante todo" para satisfacer las necesidades de

los terratenientes y del Estado: se despoja de ellos a sus poseedores si esas

"necesidades" no son satisfechas en el plazo fijado; se los carga de

impuestos que superan su rentabilidad. Además, los nadiel no son el

único recurso del campesino. El déficit de la hacienda-dice el

autor-debe reflejarse preventiva y represivamente en la población.

Además, las ocupaciones adicionales que apartan a la población

masculina adulta, frenan también la procreación (199). Pero si

el déficit de la agricultura basada en el nadiel se cubre tomando

tierra en arriendo o con trabajos adicionales, los medios de subsistencia del

campesino pueden resultar suficientes para una "procreación intensa".

Es indudable que las circunstancias sólo pueden ser favorables para la

minoría de los campesinos, pero como no se hace un análisis

especial de las relaciones de producción en el seno del campesinado,

nada demuestra que ese incremento sea regular, ni que no se deba

principalmente a la prosperidad de la minoría. Por último, el

propio autor hace de la economía natural la condición que

demostraría su tesis, pero después de la Reforma, como

él mismo reconoce, la producción de mercancías

irrumpió en pujante oleaje en la vida hasta entonces existente. Es

evidente que los datos del autor son absolutamente insuficientes para que

se pueda inferir de ellos una ley general de reproducción. Es

más, la abstracta "simplicidad" de esa ley, que presupone que los

medios de producción en la sociedad analizada "sirven, ante todo, para

satisfacer las necesidades inmediatas del propio productor", plantea de

manera desacertada, y sin aportar prueba alguna, hechos sumamente complejos.

Por ejemplo: después de la emancipación-dice el señor

Struve-fue más ventajoso para los terratenientes entregar su tierra en

arriendo a los campesinos. "Así, aumentó el área

alimentaria accesible al campesino, es decir, sus medios de subsistencia"

(200). Adjudicar así, en forma directa, toda la tierra arrendada en el

"área alimentaria" es algo infundado y erróneo. El propio autor

señala que los terratenientes se quedaban con la parte del león

del producto obtenido en sus tierras (200), por lo que no se sabe si

semejante arriendo (pagado en trabajo, por ejemplo) no empeoraba la

situación de los arrendatarios, si no les imponía obligaciones

que llevaban, en fin de cuentas, a la disminución del área

alimentaria. Más adelante el autor señala que tomar tierra en

arriendo era algo que sólo podían hacer los campesinos

acomodados (216), en cuyas manos debía ser más bien un medio

para ampliar la agricultura mercantil que para reforzar la destinada al

"consumo propio". Inclusive si se demostrara que el arriendo mejoraba en

general la situación del "campesinado", ¿qué valor

podría tener esta circunstancia, cuando según el propio autor,

los campesinos pobres se veían arruinados por el arriendo (216), de

modo que lo que mejoraba la situación de unos empeoraba la de otros?

Es evidente que en el arriendo campesino se entrelazan las viejas relaciones

feudales y las nuevas relaciones capitalistas; los abstractos razonamientos

del autor, que pasa por alto tanto unas como otras, no sólo no ayudan

a esclarecerlas, sino que, por el contrario, embrollan todavía

más el problema.





Queda por citar una referencia más del autor a datos que

supuestamente confirman sus ideas. Se trata de cuando dice que "la vieja

frase escasez de tierra es un término vulgar, en general

admitido para designar el fenómeno que la ciencia denomina

superpoblación" (186). Parece como si el autor se apoyase, al hablar

así, en toda nuestra literatura populista, que ha establecido

indiscutiblemente el hecho de que las tierras de nadiel de los campesinos son

"insuficientes" y "confirmado" miles de veces sus deseos de que "se

amplíe la posesión de tierra por los campesinos" con el

"sencillo" argumento: la población ha aumentado, y los nadiel han sido

divididos, y como es natural los campesinos se arruinan. Sin embargo, no creo

que este repetido razonamiento populista acerca de la "escasez de tierra"

tenga algún valor científico 



[95],



no creo que sirva más que para pronunciar

"bienintencionados discursos" en la comisión que se ocupa de la marcha

indolora de la patria por el camino acertado. En ese razonamiento, los

árboles no dejan ver el bosque, tras los contornos externos del

fenómeno no se percibe el fondo económico-social principal del

cuadro. El hecho de que enormes extensiones de tierra pertenezcan a los

representantes del sistema de la "antigua nobleza", por una parte, y la

adquisición de tierra mediante compra, por la otra, constituyen el

fondo principal, dado el cual toda "ampliación de la posesión

de la tierra" es un miserable paliativo. Tanto los razonamientos populistas

acerca de la escasez de tierra como las "leves" malthusianas de la

correspondencia del crecimiento de la población con los medios de

subsistencia pecan de "simpleza" abstracta, que ignora las relaciones

económico-sociales dadas, concretas.













Este análisis de los argumentos del señor Struve nos lleva a

la conclusión de que su tesis de que la superpoblación en la

Rusia agraria se debe a la falta de correspondencia entre la

procreación v los medios de subsistencia, no demuestra nada. El

señor Struve termina su argumentación diciendo: "Así,

pues, tenemos ante nosotros un cuadro de superpoblación en las

condiciones de la economía natural, agravada por elementos de

economía mercantil y por otros importantes factores heredados de la

estructura social de la época del feudalismo" (200). Naturalmente, de

todo hecho económico que se produzca en un país que esté

pasando de la economía "natural" a la "mercantil" podrá decirse

que se trata de un fenómeno de la "economía natural agravado

por elementos de economía mercantil". Pero también podrá

decirse lo contrario: "es un fenómeno de la economía mercantil,

agravado por elementos de economía natural", pero esto no puede

ofrecernos, no ya un "cuadro", sino, siquiera, la menor idea de

cómo, precisamente, surge la superpoblación sobre la

base de las relaciones económico-sociales dadas. La

conclusión final del autor contra el señor N.-on y su

teoría de la superpoblación capitalista en Rusia dice

así: " nuestros campesinos no producen bastantes alimentos" (237).





El trabajo agrícola de los campesinos proporciona hasta hoy

productos que van a parar a manos de los terratenientes, quienes, por

intermedio del Estado, reciben las cuotas de rescate; la producción

campesina es objeto constante de las operaciones del capital comercial

y usurario, que despoja a la inmensa mayoría de los campesinos de una

enorme parte de sus productos agrícolas; por último, entre el

propio "campesinado" esa producción se halla distribuida de un modo

tan complejo, que el índice promedio general positivo (el arriendo)

resulta ser negativo para la masa. Y toda esa red de relaciones sociales es

cortada por el señor Struve, como un nudo gordiano con su abstracta y

gratuita afirmación: "se produce poco". Esta teoría es

completamente ilógica; lo único que hace es embrollar lo que

debe ser investigado: las relaciones de producción en la

economía agrícola de los campesinos. La teoría

malthusiana presenta las cosas como si tuviéramos ante nosotros una

tabula rasa, y no relaciones feudales y burguesas, entrelazadas en la

actual organización de la economía campesina rusa.





Como es lógico, no podemos darnos por satisfechos con limitarnos a

criticar las concepciones del señor Struve. Debemos, además,

preguntarnos: ¿cuál es la base de sus errores?

¿Cuál de los adversarios (el señor N.-on o el

señor Struve) está en lo justo al explicar la

superpoblación?





El señor N.-on se basa, para explicar la superpoblación, en

que la capitalización de las industrias campesinas "libera" masas de

obreros. Al hacer esta afirmación, sólo aporta datos del

desarrollo de la gran industria fabril y desconoce el hecho, paralelo, del

desarrollo de las industrias de kustares que expresa la profundización

de la división social del trabajo 





[96]













. Luego trasplanta su explicación a la agricultura, sin intentar

siquiera describir con exactitud su organización

económico-social ni su grado de desarrollo.





En respuesta, el señor Struve señala que "la

superpoblación capitalista, en el sentido que Marx le da, está

estrechamente vinculada ron el progreso de la técnica" (183), pero

como, lo mismo que el señor N.-on, estima que la "técnica"

agrícola "casi no ha progresado" (200), se niega a reconocer que la

superpoblación de la Rusia agraria tenga un carácter

capitalista y busca otras explicaciones al fenómeno.





Las observaciones del señor Struve en respuesta al señor

N.-on son correeras. La superpoblación capitalista se debe a que el

capital se adueña de la producción y, al disminuir el

número de obreros necesarios (necesarios para la obtención de

determinada cantidad de productos), crea una población excedente. Marx

dice lo siguiente de la superpoblación capitalista en la

agricultura:





"No bien la producción capitalista se apodera de la agricultura, y

en la medida en que se va apoderando de ésta, con la

acumulación del capital que funciona en ella, se hará una

disminución absoluta de la demanda de trabajadores agrícolas,

sin que su paulatina exclusión sea compensada por una atracción

mayor, como sucede en la industria agrícola. Una parte de la

población campesina se encuentra, pues, siempre a punto de convertirse

en profanado urbano o manufacturero 









[97].





(Manufactura, significa aquí toda industria no

agrícola.) Esta fuente de superpoblación relativa mana, pues,

constantemente. Pero su fluir constante hacia las ciudades presupone en el

campo una constante superpoblación latente, cuya magnitud sólo

puede verse cuando los canales de derivación adquieren nn ancho

excepcional. El trabajador agrícola se ve reducido así al

mínimo del salario, y está siempre con un pie en el pantano del

pauperismo" (Das Kapital. 2 Aufl S. 668). [98]
















El señor N.-on no demostró el carácter

capitalista de la superpoblación en la Rusia agraria porque no la

relacionó con el capitalismo en la agricultura: se limitó a

hacer una rápida e incompleta referencia a la evolución

capitalista de las haciendas privadas, y perdió de vista por completo

los rasgos burgueses de la organización de la agricultura. El

señor Struve habría debido subsanar esta insuficiencia de la

exposición del señor N.-on, que tiene gran importancia, ya que

ignorar el capitalismo en la agricultura, su dominio y, al mismo tiempo, su

débil desarrollo, ha llevado, inevitablemente, a la teoría de

la ausencia o reducción del mercado interno. En vez de relacionar la

teoría del señor N.-on con datos concretos de nuestro

capitalismo agrario, el señor Struve comete otro error al negar en

redondo que la superpoblación tenga un carácter

capitalista.





Toda la historia del período posterior a la Reforma se caracteriza

por la irrupción del capital en la agricultura. Los

terratenientes fueron pasando (lenta o rápidamente, eso es un asunto

distinto) a la explotación del trabajo asalariado-lo que

adquirió gran difusión e inclusive determinó el

carácter de la parte principal de los ingresos de los campesinos-,

introdujeron adelantos técnicos y recurrieron al empleo de

máquinas. Aun el agonizante sistema feudal de economía-la

entrega de tierra a los campesinos a cambio de pago en trabajo-se vio

sometido a trasformación burguesa, debido a la competencia de los

campesinos, lo que empeoró la situación de los arrendatarios y

trajo condiciones más difíciles,



[99]





reduciendo, por consiguiente, el número de obreros. En

la economía campesina se puso de manifiesto con toda claridad la

diferenciación del campesinado en burguesía rural y

proletariado. Los "ricachones" ampliaban sus cultivos, mejoraban sus

haciendas [véase V. V., Tendencias progresistas en la

explotación agrícola] y se veían obligados a

recurrir al trabajo asalariado. Estos son hechos hace tiempo establecidos y

reconocidos por todo el mundo, a los que también alude (como veremos a

continuación) el propio señor Struve. Tomemos, a título

de ilustración, un caso por demás corriente en el campo ruso:

el "kulak" consigue arrebatar a la " comunidad rural", mejor dicho, a los

componentes proletarios de ésta, el mejor pedazo de tierra comunal y

la labora con el trabajo y los aperos de campesinos "dotados de nadiel", a

los que ha envuelto en una red de deudas y compromisos, y que se hallan

atados a su bienhechor-para la adaptación social mutua y la actividad

solidaria-en virtud de los principios comunales, tan caros a los populistas.

Como es natural, ese kulak explota su hacienda mejor que los campesinos

arruinados las suyas, y para ello se necesitan muchos menos trabajadores que

cuando aquel pedazo de tierra se hallaba en manos de varios pequeños

campesinos. Que estos hechos no son raros, sino algo general, es cosa que

ningún populista puede negar. Lo original de su teoría

sólo consiste en que no quieren llamar los hechos por su verdadero

nombre, en que no quieren ver que significan el dominio del capital en La

agricultura. Olvidan que la forma primaria del capital ha sido

siempre y en todas partes el capital comercial, monetario; que el capital

siempre toma el proceso técnico de la producción tal como lo

encuentra, y sólo posteriormente lo somete a trasformación

técnica. No ven, por ello, que al "defender" (con palabras nada

más, claro está) el orden imperante hoy en el campo contra el

"futuro" (?!) capitalismo, no hacen sino defender las formas

medievales del capital contra el embate de sus formas más

modernas, puramente burguesas.





Así, pues, no se puede negar el carácter capitalista de la

superpoblación en Rusia, del mismo modo que no es posible negar el

dominio del capital en la agricultura. Pero es completamente absurdo, claro

está, desconocer el grado de desarrollo del capital, como lo

hace el señor N.-on, quien, llevado por su apasionamiento, lo presenta

como casi culminado y por ello urde la teoría de la reducción o

la ausencia del mercado interior, cuando en realidad el capital, si bien

domina, lo hace en una forma relativamente muy poco desarrollada; hasta el

pleno desarrollo, hasta la separación plena del productor respecto de

los medios de producción, hay muchos peldaños intermedios y

cada paso adelante del capitalismo agrario significa desarrollo del

mercado interno, que, según la teoría de Marx, es creado

precisamente por el capitalismo agrario, que en Rusia no se contrae, sino

que, por el contrario, se forma y desarrolla.





Además, por esta descripción de nuestro capitalismo agrario,





[100] 







pese a que no puede ser

más general, vemos que éste no abarca todas las

relaciones económico-sociales del campo. A su lado encontramos

todavía relaciones feudales, tanto en la esfera económica (por

ejemplo, en la entrega de los recortes a cambio de pago en trabajo y en

especie, caso en que hayamos todos los rasgos de la economía feudal:

el "trueque de servicios", propio de la economía natural, entre el

productor y el propietario de medios de producción, la

explotación del productor mediante su sujeción a la

tierra, y no separándolo de los medios de producción) como, en

mayor medida aun, en el plano social y jurídico-político (la

obligatoria "dotación de nadiel", la sujeción a la tierra, es

decir, la ausencia de libertad de desplazamiento, el pago de las cuotas de

rescate, es decir, del tributo que antes se pagaba al terrateniente, la

subordinación a los propietarios privilegiados en lo que respecta a la

justicia y a la administración, etc., etc.); estas relaciones

también llevan, sin duda, a la ruina de los campesinos y a la

desocupación, a una "superpoblación" de trabajadores

agrícolas sujetos a la tierra. La base capitalista de las actuales

relaciones no puede ocultar todos estos vestigios, aún fuertes, de la

capa de la "antigua nobleza", vestigios que todavía no han sido

suprimidos por el capitalismo, debido precisamente a su escaso

desarrollo. El insuficiente desarrollo del capitalismo, el "atraso de Rusia",

que los populistas consideran una "suerte", 





[101]











sólo es una "suerte" para los explotadores con

título de nobleza. En la actual " superpoblación" hay, por lo

tanto, además de los principales rasgos capitalistas, rasgos

feudales.









Si comparamos esta última tesis con la del señor Struve

cuando dice que en la "superpoblación" hay rasgos de la

economía natural y de la mercantil, veremos que la primera no excluye

a la segunda, sino que, por el contrario, se integra en ella: la servidumbre

es un fenómeno de la "economía natural", y el capitalismo lo es

de la "economía mercantil". Por una parte, la tesis del señor

Struve no señala con precisión cuáles relaciones

son propias de la economía natural y cuáles de la

economía mercantil, y por otra nos hace retroceder a las infundadas y

vacías "leyes" de Malthus. De estos errores surge de modo natural la

insuficiencia de la siguiente afirmación:

"¿Cómo-pregunta el autor-, sobre qué base puede

ser reorganizada nuestra economía nacional?" (202). Extraña

pregunta, también formulada de modo puramente profesoral, del mismo

modo que acostumbran a hacerlo los señores populistas cuando

señalan el carácter insatisfactorio de la situación

actual y eligen mejores caminos para la patria. "Nuestra economía

nacional" es una economía capitalista, cuya organización y "

reorganización" son determinadas por la burguesía, que la

"dirige". En vez de hablar de una posible reorganización,

habría que plantear el problema de los grados sucesivos de desarrollo

de esa economía burguesa, y hacerlo precisamente desde el punto de

vista de esa teoría en nombre de la cual el autor responde tan

magníficamente al señor V. V.-quien dice que el señor

N.-on es un "marxista indudable"-; el señor Struve contesta que este "

marxista indudable" no tiene ni idea de la lucha de clases, ni del origen de

clase del Estado. Si planteara de este modo el asunto, el autor se

vería a salvo de razonamientos tan confusos acerca del " campesinado"

como los que leemos en las págs. 202-204.





El autor comienza afirmando que al campesinado no le basta el nadiel y

que, si bien es verdad que cubre esa insuficiencia recurriendo al arriendo,

"gran parte del campesinado" está siempre en déficit; no

se puede hablar de él como de un todo único, ya que

sería hablar de una ficción





[102]







(pág. 203). Y de ello concluye directamente:





"En todo caso, una producción insuficiente es el hecho principal

y dominante de nuestra economía nacional" (pág. 204). Es

ésta una afirmación completamente gratuita y sin

relación alguna con lo dicho antes: porque el "hecho principal y

dominante" ¿no es acaso que el campesinado como un todo único

es una ficción, ya que en su interior se forman clases

antagónicas? El autor saca su conclusión sin apoyarse en datos,

sin el menor análisis de hechos relacionados con la "insuficiente

producción" [lo que no impide a la minoría vivir holgadamente a

costa de la mayoría] o con la división del campesinado; la saca

en virtud de su apego al malthusianismo. "Por ello-continúa-el aumento

de la productividad del trabajo agrícola es ventajoso y beneficioso

para el campesinado ruso" (204). Estamos desconcertados: el autor acaba de

hacer a los populistas una acusación seria (y en grado sumo justa) por

sus razonamientos en torno de la "ficción" que supone considerar al

"campesinado" como un todo único, ¡pero él mismo utiliza

en su análisis esa ficción! Si las relaciones en el seno de ese

" campesinado" son tales que la minoría se hace "fuerte

económicamente" y la mayoría se proletariza, si la

minoría aumenta sus propiedades agrarias y se enriquece, y la

mayoría siempre está en déficit y se arruina,

¿cómo se puede hablar de que el proceso en general sea

"ventajoso y beneficioso"? Quizás el autor haya querido decir que este

proceso es ventajoso para una y otra parte del campesinado. Pero en tal caso

habría debido, en primer lugar, estudiar la situación de cada

uno de los grupos y analizarla por separado y, en segundo término,

dado el antagonismo existente entre ellos, establecer con toda

precisión desde el punto de vista de qué grupo se dice que eso

es "ventajoso y beneficioso". Las fallas y la inconsecuencia del objetivismo

del señor Struve se ponen de manifiesto una vez más en este

ejemplo concreto.





Como el señor N.-on mantiene en este problema una opinión

contraria y afirma que "el aumento de la productividad del trabajo

agrícola,



[103]



si los productos

se producen como mercancías, no puede llevar a la elevación del

bienestar del pueblo" (Ensayos, pág. 266), el señor

Struve pasa a refutar esta opinión.





En primer lugar, dice, los campesinos sobre los cuales la crisis actual ha

descargado todo su peso producen trigo para su propio consumo; en vez de

venderlo, compran más. Para esos campesinos-para un 50 por ciento (los

que poseen un caballo o no tienen ninguno), en todo caso para no menos del 25

por ciento (los que no tienen caballo) -el aumento de la productividad del

trabajo será siempre ventajoso, a pesar de la baja del precio del

trigo.





En efecto, el aumento de la productividad del trabajo sería, por

supuesto, ventajoso para, esos campesinos si pudieran conservar su hacienda y

elevarla a un nivel superior. Pero los campesinos con un caballo o sin

caballo no están en esas condiciones. No pueden conservar su hacienda

con sus primitivos aperos de labor, con su descuidado cultivo de la tierra,

etc., sin hablar va de elevar su técnica agrícola. La

elevación de la técnica es resultado del desarrollo de la

economía mercantil. Y si en el presente grado de desarrollo de la

producción de mercancías la venta del trigo constituye una

necesidad aun para los campesinos que se ven obligados a comprar pan, en el

grado siguiente esa venta será todavía más necesaria (el

propio autor reconoce la necesidad de pasar de la economía natural a

la mercantil), y la competencia de los campesinos que han mejorado sus

métodos de cultivo expropiará inevitablemente y sin demora a

los proletarios sujetos a la tierra, convirtiéndolos en proletarios

libres como los pájaros. No quiero decir, de ningún modo, que

ese cambio sea para ellos desfavorable. Al contrario, cuando el

productor ha caído en las parras del capital-cosa que es un hecho

consumado en lo que respecta a ese grupo de campesinos-, le es muy "ventajosa

y beneficiosa" la plena libertad que le permite cambiar de patrono y cortar

sus ligaduras. Pero la polémica entre los señores Struve y

N.-on no gira en torno de tales consideraciones.





En segundo lugar, continúa Struve, el señor N.-on "olvida

que la elevación de la productividad del trabajo agrícola

sólo es posible mediante cambios en la técnica y en el

sistema de laboreo o de cultivo" (206). En efecto, el señor

N.-on olvida eso, pero el razonamiento no hace sino reforzar la tesis de que

la expropiación total de los campesinos económicamente

débiles, de los campesinos "de tipo proletario", es inevitable. Para

mejorar la técnica es preciso disponer de dinero, y esos campesinos ni

siquiera tienen suficientes reservas alimenticias.





En tercer lugar, concluye el autor, el señor N.-on no tiene

razón cuando afirma que el aumento de la productividad del trabajo

agrícola obligará a los competidores a bajar los precios. Para

esa reducción de precios -dice muy justamente el señor Struve-

es necesario que la productividad de nuestro trabajo agrícola no

sólo alcance a la de Europa occidental [en tal caso podríamos

vender el producto partiendo del trabajo socialmente necesario], sino que la

supero. Esta objeción es muy fundada, pero no nos dice en absoluto

qué parte concreta del "campesinado" se beneficiaría con la

mejora de la técnica y por qué.





"En general, el señor N.-on no tiene por qué temer un

aumento de la productividad del trabajo agrario" (207). Según Struve,

el temor del señor N.-on se debe a que no puede imaginar el progreso

de la agricultura si no como progreso de la agricultura extensiva, que va

acompañado de un desplazamiento cada vez mayor de los obreros por las

máquinas.





El autor caracteriza con mucho tino la actitud del señor N.-on

hacia el desarrollo de la técnica agrícola empleando la palabra

"temor"; y tiene razón cuando dice que ese temor es absurdo. Pero

creemos que sus argumentos no rozan el error principal del señor

N.-on.





Aunque aparentemente se atiene con todo rigor a la doctrina del marxismo,

el señor N.-on establece una marcada diferencia entre la

evolución capitalista de la agricultura v la evolución de la

industria manufacturera en la sociedad capitalista, ya que para esta

última reconoce el papel progresista del capitalismo, la

socialización del trabajo, y para la primera no. Por ello "no teme" el

aumento de la productividad del trabajo en lo que se refiere a la industria

manufacturera y sí lo "teme" en lo que respecta a la agricultura,

aunque el aspecto económico-social de la cuestión u el

reflejo de dicho proceso en las distintas clases de la sociedad son

absolutamente iguales en ambos casos... Marx expresó ron

particular realce esta tesis en la siguiente observación suya: "Los

economistas filantrópicos ingleses, como Mili, Rogers, Goldwin, Smith,

Fawcett, etc., y los fabricantes liberales, como John Bright y

compañía, preguntan a los aristócratas terratenientes

ingleses, como Dios a Caín por su hermano Abel, ¿qué

sé ha hecho de nuestros miles de campesinos? ¿Pero de

dónde habéis salido vosotros? Del aniquilamiento de esos

campesinos. ¿Por qué no preguntáis que se ha hecho de

los tejedores, hilanderos v artesanos independientes?" (Das Kapital,

I, S. 780, Anm. 237





[104]



.) La

última frase identifica evidentemente la suerte de los pequeños

agricultores con la de los pequeños productores en la industria

manufacturera y subraya la formación de las clases de la sociedad

burguesa en ambos casos



[105].



El

principal error del señor N.-on consiste en que no tiene en cuenta

estas clases, su formación en el seno de nuestro campesinado, y no se

plantea el objetivo cíe estudiar con toda exactitud cada una de las

etapas sucesivas del desarrollo del antagonismo de estas clases.





Pero es así corno el señor Struve formula el problema. No

sólo no corrige el mencionado error del señor N.-on, sino que,

por el contrario, él mismo lo repite, y habla, desde el punto

de vista de un profesor situado por encima de las clases, de las

"ventajas" del progreso para el "campesinado". Este intento de situarse por

encima de las clases hace que las afirmaciones del autor sean tan nebulosas

que de ellas se pueda extraer las siguientes conclusiones burguesas: a la

afirmación, indiscutiblemente justa, de que el capitalismo en la

agricultura (lo mismo que el capitalismo en la industria) empeora la

situación de los productores, opone la tesis de que esos cambios son

en general "ventajosos". Es lo mismo que si alguien, al hablar de las

máquinas en la sociedad burguesa, refutase la teoría de que

empeoran la situación de los trabajadores, sostenida por un economista

romántico, diciendo que el progreso es en general "ventajoso y

beneficioso".





En respuesta al señor Struve, un populista probablemente

diría: lo que el señor N.-on teme no es el aumento de la

productividad del trabajo, sino el predominio de la burguesía.





Es indudable que el progreso de la técnica en la agricultura, en el

sistema capitalista existente en nuestro país, está vinculado

al dominio de la burguesía, pero el "temor" que ponen de manifiesto

los populistas resulta, claro está, completamente absurdo. El dominio

de la burguesía es un hecho de la vida real, el trabajo se halla

subordinado al capital también en la agricultura, y lo que hay que

'"temer" no es el dominio de la burguesía, sino la falta de conciencia

de este dominio por parte del productor, su falta de capacidad para defender

frente a él sus intereses. Por ello no hay que desear que sea frenado

el desarrollo del capitalismo, sino, por el contrario, hay que desear que se

desarrolle plena y totalmente.





Para señalar con el mayor detalle y exactitud posibles el

fundamento del error cometido por el señor Struve al tratar sobre la

agricultura en la sociedad capitalista, intentaremos describir (del modo

más general) el proceso de formación de las clases,

paralelamente a los cambios en la técnica, que han dado pie a este

razonamiento. El señor Struve establece una rigurosa diferencia entre

la agricultura extensiva y la intensiva, y ve la raíz de los errores

del señor N.-on en que éste no quiere reconocer nada más

que la agricultura extensiva. Nosotros trataremos de demostrar que el

principal error del señor N.-on no consiste en eso y que, al

tras formarse la agricultura en intensiva, la formación de las clases

de la sociedad burguesa es por su esencia idéntica a la que se produce

cuando se desarrolla la agricultura extensiva.





No tenemos necesidad de hablar mucho de la agricultura extensiva, pues

también el señor Struve reconoce que en ella el " campesinado"

es desplazado por la burguesía. Señalaremos tan sólo dos

puntos. Primero: el progreso de la técnica es estimulado por la

economía mercantil; para su realización es necesario que el

propietario disponga de un excedente de recursos monetarios [en

relación con su consumo y con la reproducción de sus medios de

producción]. ¿De dónde pueden salir dichos recursos? Es

evidente que sólo pueden obtenerse cuando la circulación

mercancíadinero-mercancía se convierte en la circulación

dinero- mercancíadinero más un excedente. En otros

términos, esos medios sólo pueden salir del capital, del

capital comercial y usurario, de los " estafadores, kulaks y

comerciantes", etc., etc., a quienes los ingenuos populistas rusos no

consideran capitalistas, sino "aves de rapiña" (¡como si el

capitalismo no fuera rapiña!, ¡como si la realidad de Rusia no

nos mostrara la relación de todas las formas posibles de dicha

"rapiña", desde el más primitivo y burdo kulakismo hasta la

más moderna y racional explotación capitalista!). 





[106]





En segundo lugar, señalaremos la extraña actitud del

señor N.-on hacia este problema. En la nota 2 de la pág. 233

objeta a Póstnikov, autor de La explotación agrícola

en el sur de Rusia, quien dice que las máquinas han elevado la

superficie trabajada de la familia campesina exactamente en el doble, de 10 a

20 desiatinas por obrero, y que por ello la causa de la "pobreza de Rusia"

reside en las "pequeñas dimensiones de la hacienda campesina". En

otras palabras, el desarrollo de la técnica en la sociedad burguesa

lleva a la expropiación de las haciendas pequeñas y atrasadas.

El señor N.-on objeta: mañana, la técnica puede

triplicar el área de cultivo. Entonces habrá que trasformar las

haciendas que hoy tienen sesenta desiatinas en explotaciones de doscientas o

trescientas. Ese argumento contra la tesis del carácter burgués

de nuestra agricultura es tan ridículo romo si alguien quisiera

demostrar que el capitalismo fabril es débil e impotente, sosteniendo

que "mañana" habrá que sustituir la máquina de vapor por

el motor eléctrico. "Tampoco se sabe qué sucede con los

millones de brazos que quedan disponibles", añade el señor

N.-on, erigiéndose en juez de la burguesía, olvidando que

sólo el propio productor puede juzgarla. La formación de un

ejército de reserva de desocupados: tal es el resultado inevitable del

empleo de las máquinas, tanto en la agricultura burguesa como en la

industria burguesa.





Así, pues, en cuanto al desarrollo de la agricultura extensiva no

cabe duda de que el progreso de la técnica en la economía

mercantil lleva a la trasformación del "campesino" en farmer

capitalista, por un lado (entendiendo por farmer al empresario, al

agricultor capitalista), v por otro en peón, en jornalero. Veamos

ahora qué ocurre cuando la agricultura extensiva se trasforma en

intensiva. Precisamente de este proceso espera el señor Struve

"ventajas" para el "campesino". A fin de evitar discusiones acerca de la

validez de los; datos en que nos basamos para describir esta

trasformación, utilizaremos la obraInfluencia del trasporte a vapor

en la agricultura, del señor A. Skvortsov[107], a quien Struve pone por las nubes.















En el capítulo tercero de la sección IV de su libro, el

señor Skvortsov analiza "los cambios en la técnica

agrícola bajo la influencia del trasporte a vapor" en los

países de agricultura extensiva e intensiva. Tomemos la

descripción de dichos cambios en los países densamente

poblados de agricultura extensiva. Podría considerarse que este es

el caso de la Rusia europea central. El señor Skvortsov predice para

esos países cambios que, según el señor Struve, se

producirán indefectiblemente también en Rusia, a saber: su

trasformación en un país de agricultura intensiva con una

producción fabril desarrollada.





Sigamos al señor Skvortsov (§ § 4-7, págs.

440-451).





Tomemos un país de agricultura extensiva. [108]





Una parte muy considerable de la población se dedica a la

agricultura. La uniformidad de las ocupaciones determina la ausencia de

mercado. La población vive pobremente debido al exiguo tamaño

de las haciendas, en primer lugar, y, en segundo, a la falta de intercambio:

"la satisfacción de todas las necesidades, excepto los alimentos,

producidos por el propio agricultor, se efectúa, puede decirse que

exclusivamente, por medio de los artículos producidos por una

Artesanía primitiva, por lo que en Rusia llamamos industrias de

kustares".





El tendido de un ferrocarril eleva los precios de los productos

agrícolas v, por consiguiente, el poder adquisitivo de la

población. "Con el ferrocarril, el país se ve inundado de

artículos baratos, producidos en manufacturas y fábricas", y

esos artículos arruinan a los kustares locales. Esta es la primera

causa de la "ruina de muchas haciendas".





La segunda causa de la ruina son las malas cosechas. "También la

agricultura ha tenido hasta ahora un carácter primitivo, es decir,

siempre irracional, y por ello las malas cosechas constituyen un

fenómeno bastante frecuente. Al ser tendido el ferrocarril, el

encarecimiento de los productos agrícolas, antes siempre consecuencia

de las malas cosechas, no se produce ya, o si se produce, es en

proporción mucho menor. Por ello, la consecuencia natural de la

primera mala cosecha es en este caso, por lo común, la ruina de muchas

haciendas. Mientras menos excedente deje una cosecha normal, v más la

población dependa de los ingresos que obtiene de las industrias

artesanales, más rápida es la ruina.





A fin de prescindir de las industrias de kustares y ponerse a salvo de las

malas cosechas mediante el paso a la agricultura intensiva (racional), se

precisa, en primer lugar, mayores excedentes de dinero (obtenido con la venta

de los productos agrícolas a pronos más altos), v, en segundo

lugar, gente instruida entre la población, sin la cual es imposible

hacer más racional e intensiva de la agricultura. La inmensa

mayoría de la población no reúne estas condiciones, que

se dan tan sólo en una minoría. 





[109]





"La población excedente que se forma de este modo [es decir, debido

a la "liquidación" de muchas haciendas arruinadas por el hundimiento

de las industrias de kustares y por las mayores exigencias de la agricultura]

es absorbida en algunos casos por las haciendas que salvan mejor esta

situación y tienen la posibilidad de intensificar la

producción" (es decir, serán, naturalmente, "absorbidos" como

obreros asalariados, como peones, como jornaleros. El señor Skvortsov

no lo dice; quizá lo considere demasiado obvio). Se requerirá

un gran gasto de energía humana, ya que la cercanía del

mercado, lograda gracias a mejores vías de comunicación,

permite cultivar productos agrícolas perecederos, "cuya

obtención exige, en la mayoría de los casos, considerables

gastos de fuerza de trabajo". "Sin embargo-continúa Skvortsov- el

proceso de destrucción procede, por lo común, con mayor rapidez

que el mejoramiento de las haciendas que sobrevivieron, y parte de los

campesinos arruinados debe marcharse, si no del país, por lo menos a

las ciudades. Esa parte constituye el principal contingente de aumento de la

población de las ciudades europeas desde que se construyeron los

ferrocarriles."





Sigamos. "Exceso de población quiere decir mano de obra barata."

"Si el suelo es fértil (y el clima favorable...) tendremos todas las

condiciones para cultivos y en general para obtener productos

agrícolas que requieren un gran gasto de fuerza de trabajo por unidad

de superficie" (443), con tanta mayor razón cuanto que las reducidas

dimensiones de las haciendas "(aunque quizás aumenten en

comparación con lo que eran") dificultan el empleo de máquinas.

"Al mismo tiempo sufre también cambios el capital fijo, y ante todo

debe cambiar el carácter de los aperos." Además de

máquinas, "la necesidad de un mejor cultivo de la tierra

llevará a la sustitución de los primitivos aperos anteriores

por otros más perfectos, a que se sustituya la madera por el hierro y

el acero. Esta trasformación obligará a que se modifiquen

allí las empresas dedicadas a la producción, de dichos aperos,

ya que no pueden ser fabricados satisfactoriamente por medios artesanales".

El desarrollo de esa rama de la industria se ve favorecido por las siguientes

condiciones: 1) la necesidad de recibir una máquina o una pieza de

ella en un plazo breve; 2) "la abundancia de mano de obra y su baratura"; 3)

el combustible, la construcción y la tierra son baratos; 4) "las

pequeñas dimensiones de las unidades económicas hacen que la

demanda de los aperos aumente, pues, como es sabido, las pequeñas

haciendas requieren, relativamente, más añeros". Se desarrollan

también otras industrias. "En general, se desarrolla la vida urbana."

Se desarrolla asimismo, por necesidad, la industria minera, "ya que

por una parte queda disponible una masa de brazos libres y por otra, gracias

a los ferrocarriles y al desarrollo de la industria manufacturera mecanizada

v de otras industrias, aumenta la demanda de producción minera."





"Así, pues, la región que antes del tendido del ferrocarril

era una zona de agricultura extensiva densamente poblada se convierte con

mayor o menor rapidez en una zona de agricultura muy intensiva y con una

producción fabril más o menos desarrollada." La

acentuación del carácter intensivo de la agricultura se

manifiesta en los cambios del sistema de cultivo. El sistema de tres campos

se hace imposible debido a las oscilaciones de las cosechas. Se impone pasar

al "sistema de rotación de cultivos", que elimina dichas oscilaciones.

Naturalmente, la rotación completa de cultivos ,





[110]







que requiere una agricultura muy intensiva,

no puede ser aplicada de golpe. Por ello se introduce primero la

rotación de cereales [una regular alternación de

cultivos] y luego se desarrolla la ganadería y la siembra de

plantas forrajeras.





"En fin de cuentas, nuestra zona de agricultura extensiva densamente

poblada se convierte, con mayor o menor rapidez, a medida que se desarrolla

el ferrocarril, en una zona agrícola de carácter muy intensivo,

que se acentuará ante todo, como hemos dicho, gracias al aumento del

capital variable."





Esta detallada descripción del proceso de desarrollo de la

agricultura intensiva demuestra, evidentemente, que también en este

caso el progreso de la técnica, bajo el sistema de producción

de mercancías, lleva a la economía burguesa, escindiendo a los

productores directos en farmers, quienes gozan de todas las ventajas

de la agricultura intensiva, del mejoramiento de los aperos, etc., etc., y

obreros, que con su "libertad" y su "baratura" crean "condiciones

favorables" para el "desarrollo progresista de toda la economía

nacional".





El principal error del señor N.-on no consiste en que pasa por alto

la agricultura intensiva y se limita a estudiar la extensiva, sino en que, en

vez de analizar las contradicciones de clase en la producción

agrícola rusa, ofrece al lector vacías lamentaciones y dice que

"nosotros" marchamos por un mal camino. El señor Struve repite ese

error, disimula las contradicciones entre las clases con razonamientos

"objetivos" y se limita a enmendar los errores secundarios del señor

N.-on. Ello es tanto más extraño cuanto que él mismo

reprocha con toda razón a ese "marxista indudable" no comprender la

teoría de la lucha de clases. Y es tanto más lamentable cuanto

que ese error debilita la importancia polémica del muy acertado

pensamiento del señor Struve, de que es absurdo "temer" el progreso

técnico de la agricultura.





Para terminar con el problema del capitalismo en la agricultura haremos un

resumen de todo lo dicho. ¿Cómo plantea la cuestión el

señor Struve? Parte de la explicación gratuita y

apriorística de que la superpoblación se debe a la falta de

correspondencia entre la reproducción y los medios de subsistencia,

señala luego que nuestro campesino produce "insuficientes" alimentos,

y resuelve el asunto asegurando que el proceso de la técnica es

ventajoso para el "campesinado" y que la "productividad del trabajo

agrícola debe ser elevada" (211). ¿Cómo debería

haber planteado el problema, si "se hubiera ceñido a la doctrina" del

marxismo? Debería haber comenzado con un análisis de las

relaciones de producción existentes en la agricultura rusa

y-después de demostrar que la opresión del productor no obedece

a una casualidad, ni a la política, sino al dominio del

capital, que nace necesariamente sobre la base de la economía

mercantil-estudiar de qué modo el capital destruye la pequeña

producción y qué formas adquieren las contradicciones entre las

clases. Debería haber demostrado a continuación cómo el

desarrollo posterior hace que el capital comercial se convierta en capital

industrial (adquiriendo tales y cuales formas en la economía extensiva

y tales y cuales en la intensiva), desarrollando y acentuando las

contradicciones de clase, cuya base había sido establecida ya

plenamente cuando tenía aún su vieja forma, y oponiendo

definitivamente el trabajo "libre" a la producción "racional".

Entonces bastaría con una simple comparación de estas dos

formas consecutivas de la producción y de la explotación

burguesas para que se vieran con toda claridad el carácter

"progresista" del cambio y sus "ventajas" para el productor; en el primer

caso, la subordinación del trabajo al capital es disimulada por miles

de supervivencias de las relaciones medievales, que impiden al productor ver

la esencia de las cosas y engendran en sus ideólogos la idea, absurda

y reaccionaria, de que es posible esperar ayuda de la "sociedad" y etc.,

etc.; en el segundo caso, esa subordinación está libre de

toda traba medieval, y el productor comprende que puede y debe desplegar una

actividad independiente y consiente contra su "antípoda". En lugar de

frases acerca del "difícil y doloroso paso" al capitalismo

surgiría una teoría que no sólo hablaría de las

contradicciones de clase, sino que pondría al desnudo dichas

contradicciones en cada forma de producción "irracional" y "racional",

de economía "extensiva" e "intensiva".





Las conclusiones a que hemos llegado después del análisis de

la primera parte del VI capítulo de la obra del señor Struve,

dedicado al "carácter de la superpoblación en la Rusia

agraria", podrían formularse como sigue: 1) el malthusianismo del

señor Struve, lejos de basarse en datos reales, se apoya sólo

en premisas metodológicas y dogmáticas erróneas; 2) la

superpoblación en la Rusia agraria se debe al dominio del capital, y

no a la falta de correspondencia entre el crecimiento de la población

y los medios de subsistencia de la población; 3) la tesis del

señor Struve acerca de que la superpoblación es fruto de la

economía natural, sólo es acertada en el sentido de que el

capital agrario, debido a los vestigios de las relaciones feudales, tiene

formas poco desarrolladas, y por ello particularmente dolorosas para el

productor; 4) el señor N.-on no ha logrado demostrar que la

superpoblación tenga en Rusia un carácter capitalista, y no lo

ha logrado porque no efectuó un análisis de la

dominación del capital en la agricultura; 5) el principal error del

señor N.-on, repetido por el señor Struve, consiste en que no

ofrece un análisis de las clases que se forman al desarrollarse la

agricultura burguesa; 6) este desconocimiento de las contradicciones de clase

llevó al señor Struve, como era de suponer, a expresar en forma

en extremo desacertada y nebulosa su tesis, completamente justa, sobre el

carácter progresista y sobre la conveniencia de las mejoras

técnicas.





 




* * *




 




 




II




Pasemos ahora a analizar la segunda parte del capítulo VI, dedicada

a la diferenciación del campesinado. Esta parte tiene relación

directa e inmediata con la anterior y sirve de complemento al problema del

capitalismo en la agricultura.





Después de señalar que los precios de los productos

agrícolas aumentaron en el trascurso de los primeros veinte

años posteriores a la Reforma y que la producción de

mercancías se desarrolló en la agricultura, el señor

Struve observa con mucha razón que con ello "se beneficiaron, sobre

todo, los terratenientes y los campesinos acomodados" (214). "La

diferenciación en el seno de la población rural debía

aumentar, y a esa época corresponden sus primeros éxitos." El

autor cita observaciones de investigadores locales, según los cuales

el tendido de los ferrocarriles sólo elevó el nivel de vida de

los campesinos acomodados y el arriendo de tierras origina entre los

campesinos un "verdadero combate", que termina siempre con la victoria de los

elementos económicamente fuertes (216-217). Cita también la

investigación de V. Póstnikov, según la cual las

haciendas de los campesinos acomodados están ya tan subordinadas al

mercado, que los productos del 40 por ciento de su superficie sembrada

están destinados a la venta, y después de añadir que en

el polo opuesto los campesinos "pierden su independencia económica y,

al vender su fuerza de trabajo, son ya casi peones", concluye muy

acertadamente:





"Sólo a la penetración de la economía

cambiaría se debe el que las haciendas campesinas

económicamente fuertes puedan sacar provecho de la ruina de las

débiles" (223). "El desarrollo de la economía monetaria y el

aumento de la población-dice el autor-hace que el campesinado se

divida en dos partes: una económicamente fuerte, compuesta por

representantes de la nueva fuerza, del capital en todas sus formas y grados,

y otra integrada por agricultores semindependientes y por auténticos

peones" (239).





Por breves que sean las observaciones del autor acerca de esta

"diferenciación", nos permiten señalar los siguientes rasgos

importantes del proceso que examinamos: 1) No se limita a la creación

de una desigualdad de bienes: se crea, además, una "nueva

fuerza", el capital. 2) La creación de esa nueva fuerza va

acompañada por la de nuevos tipos de haciendas campesinas: en primer

lugar, haciendas florecientes, económicamente fuertes, desarrolladas,

que producen de preferencia para el mercado, quitan a los campesinos pobres

la posibilidad de arrendar tierra y recurren a la explotación de

trabajo ajeno 





[111]



en segundo lugar,

el campesinado "proletario" que vende al capital su fuerza de trabajo. 3)

Todos estos fenómenos han surgido de modo directo e inmediato sobre la

base de la economía mercantil. El mismo señor Struve ha

señalado que sin la producción de mercancías

serían imposibles y que con su penetración en el campo se

hicieron necesarios. 4) Estos fenómenos (la "nueva fuerza", los nuevos

tipos de campesinos) pertenecen al dominio de la producción y

no quedan limitados al del intercambio, al de la circulación de

mercancías: el capital se manifiesta en la producción

agrícola; lo mismo puede decirse de la venta de la fuerza de

trabajo.





Se diría que estos rasgos del proceso demuestran que se trata de un

fenómeno puramente capitalista, que en el seno del campesinado se

forman las clases propias de la sociedad capitalista: la

burguesía y el proletariado. Es más, estos hechos no

sólo evidencian el dominio del capital en la agricultura, sino

también que el capital ha dado ya, si se permite la expresión,

un segundo paso. De comercial se ha convertido en capital industrial; de

fuerza dominante en el mercado, en fuerza dominante en la producción;

el antagonismo de clases entre el mayorista rico y el campesino pobre se

convierte en antagonismo entre el patrono burgués con sus

métodos racionales y el libre vendedor de brazos libres.





Pero tampoco en este caso pudo prescindir el señor Struve de su

malthusianismo; según su opinión, en el proceso señalado

sólo se manifiesta un aspecto "(sólo el aspecto

progresista"), al lado del cual ve otro: "la irracionalidad técnica de

toda la economía campesina". "En ella se manifiesta el aspecto

regresivo, por decirlo así, de todo el proceso", ella "nivela" al

campesinado y borra la desigualdad, actuando "en vinculación con el

crecimiento de la población" (223-224).





En ese razonamiento, bastante nebuloso, sólo se ve que el autor

prefiere las formulaciones extremadamente abstractas a las observaciones

concretas, y que a todo endosa la "ley" de correspondencia entre el

crecimiento de la población y los medios de subsistencia. Digo endosa,

porque inclusive si nos ceñimos rigurosamente a los datos que

él mismo aporta, es imposible ver en ellos rasgos concretos del

proceso que no correspondan a la "doctrina" del marxismo y que exijan la

admisión del malthusianismo. Repasemos una vez más ese proceso:

primero tenemos productores naturales, campesinos relativamente

homogéneos 



[112]






La penetración de la producción mercantil en el campo hace

que la riqueza de cada familia campesina dependa del mercado, creando,

mediante las oscilaciones de éste, una desigualdad que se

acentúa al concentrar el dinero libre en manos de unos y arruinar a

otros. Ese dinero sirve, naturalmente, para explotar a los desposeídos

y se convierte en capital. El capital puede explotar a los campesinos que,

estando al borde de la ruina, aún conservan sus haciendas, y al

dejarlos que sigan trabajando la tierra con los viejos métodos

técnicamente irracionales, puede explotarlos comprándoles el

producto de su trabajo. Pero la ruina del campesino alcanza por fin tal

grado, que éste se ve obligado a abandonar por completo su hacienda:

ya no puede vender el producto de su trabajo, no le queda más remedio

que vender su trabajo. El capital se hace cargo entonces de la hacienda, con

la particularidad de que, debido a la competencia, se ve obligado a

organizaría racionalmente; puede hacerlo gracias al dinero libre que

"ahorró" antes, y ya no explota a un agricultor, sino a un

peón, a un jornalero. Surge la pregunta: ¿qué son esos

dos aspectos que el autor ve en este proceso? Cómo puede llegar a esa

monstruosa conclusión malthusiana: "La irracionalidad técnica

de la hacienda, y no el capitalismo [tómese buena nota de "y no"], es

el enemigo que priva del pan de cada día, a nuestro campesino"? (224).

Como si ese pan de cada día alguna vez hubiera ido a parar

íntegro a manos del productor, y no se hubiera dividido en producto

necesario y plusproducto, adquirido este último por el terrateniente,

el kulak, el campesino "fuerte", el capitalista!





Debemos añadir, sin embargo, que el autor explica más

adelante lo de la "nivelación". Dice que "resultado de la

nivelación de que se ha hablado antes es que disminuye o inclusive

desaparece la capa media de la población campesina,

fenómeno este registrado en muchos lugares" (225). Después de

citar una publicación de los zemstvos en la que se dice que "aumenta

todavía más la distancia entre los agricultores ricos v el

proletariado sin tierra ni caballo", el señor Struve concluye: "En el

caso dado, la nivelación es, sin duda, al mismo tiempo,

diferenciación, pero sobre la base de esta

diferenciación sólo se desarrolla el sojuzgamiento que

no puede ser sino un freno para el progreso económico" (226).

Así, pues, ahora resulta va que la diferenciación creada por la

economía mercantil no debe contraponerse a la "nivelación",

sino también a h diferenciación, pero a una

diferenciación de otro género: o más

concretamente, al sojuzgamiento. Y como el sojuzgamiento "frena" el "progreso

económico", el autor califica este "aspecto" de "regresivo".





Es esta una forma de razonar por demás extraña, que nada

tiene de marxista. Se comparan el "sojuzgamiento" y la

"diferenciación", como si fuesen "sistemas" independientes, aislados;

uno es ensalzado porque contribuye al "progreso"; el otro condenado porque lo

frena. ¿Qué fue de la exigencia del señor Struve de

analizar las contradicciones de clase, por faltar a la cual atacó tan

justamente al señor N.-on? qué se hizo de la teoría del

"proceso espontaneo", de la que tan bien habló? Ese sojuzgamiento al

que acaba de fulminar por su carácter regresivo no es sino la

manifestación inicial del capitalismo en la agricultura, de ese mismo

capitalismo que lleva al ascenso progresista de la técnica. En efecto,

¿qué es el sojuzgamiento? Es la dependencia del campesino

propietario de sus medios de producción v obligado a trabajar para el

mercado, con respecto al poseedor del dinero, dependencia que, cualquiera sea

el modo en que se exprese (en forma de capital usurario o de capital del

mayorista que ha monopolizado la venta), siempre conduce a que una parte

enorme del producto del trabajo no vaya a parar al productor, sino al

poseedor de dinero. Por lo tanto, su esencia es puramente capitalista





[113]



, y toda su peculiaridad

consiste en que esta forma primaria, embrionaria, de las relaciones

capitalistas está totalmente enmarañada con las anteriores

relaciones feudales: no hay libre contratación sino convenios forzados

(unas veces por orden de "los de arriba" y otras por el deseo de no perder

sus empresas, o por viejas deudas, etc.); el productor se ve sujeto a un

lugar determinado v a determinado explotador: en oposición al

carácter impersonal del convenio comercial, propio de las

relaciones puramente capitalistas, el convenio tiene siempre aquí un

carácter personal de "ayuda", de "favor", lo que pone inevitablemente

al productor en una situación de dependencia personal, semifeudal. Las

expresiones del autor tales como "nivelación", "freno del progreso" y

"carácter regresivo" sólo significan que el capital se

adueña primero de la producción en su vieja base y subordina al

productor técnicamente atrasado. La observación del autor, de

que la existencia del capitalismo no da todavía derecho a "culparlo de

todos los males", es acertada en el sentido de que nuestro campesino que

trabaja para otros no sólo sufre por causa del capitalismo, sino

también debido al insuficiente desarrollo del capitalismo. En otras

palabras, entre la inmensa masa de campesinos, prácticamente no existe

ahora ninguno que produzca en forma independiente para su propio consumo;

fuera del trabajo para agricultores burgueses " racionales", sólo

vemos trabajo para los poseedores del dinero = capital, es decir,

también explotación capitalista, sólo que no

desarrollada, primitiva, por lo que, en primer lugar, hace diez veces peor la

situación del trabajador, envolviéndolo en una red de

opresiones particulares, complementarias, y en segundo término lo

priva (lo mismo que a su ideólogo, el populista) de la posibilidad de

comprender el carácter de clase de los "disgustos" que le proporcionan

y de adaptar su actividad a dicho carácter. Por lo tanto, "el aspecto

progresista" de la "diferenciación" (expresándonos en el

lenguaje del señor Struve) consiste en que pone al desnudo la

contradicción que se oculta en el sojuzgamiento y lo priva de los

rasgos típicos de la "antigua nobleza". El "carácter regresivo"

del populismo, que defiende la nivelación de los campesinos (frente...

al kulak), consiste en que dicha ideología desea retener el capital en

sus formas medievales, que combinan la explotación con una

producción dispersa y técnicamente atrasada, y con la

coacción personal sobre el productor. En ambos casos (en el de "

sojuzgamiento" y en el de "diferenciación"), la causa de la

opresión es el capitalismo, y las afirmaciones contrarias del

autor, cuando dice que "no se trata del capitalismo", sino de que "la

técnica es irracional" y que "no se puede culpar al capitalismo de la

pobreza de los campesinos", etc., etc., sólo demuestran que el

señor Struve se ha entusiasmado en exceso, al defender la acertada

idea de que el capitalismo desarrollado es preferible al no desarrollado y,

debido al carácter abstracto de sus planteamientos, ha contrapuesto el

primero al segundo como si fueran dos cosas distintas 



[114]

,



y no dos fases consecutivas de un mismo

fenómeno.





 




* * *




 




 




III




El autor se entusiasma también en exceso en el razonamiento,

expuesto a continuación, de que no es el gran capitalismo industrial

el causante de la ruina de los campesinos. Struve polemiza con el

señor N.-on.





La producción barata de artículos fabriles-dice el

señor N.-on, hablando de la producción fabril de ropa-ha hecho

que se reduzca su confección a domicilio (pág. 227 del libro

del señor Struve).





"Aquí las cosas se presentan al revés-observa el

señor Struve-, y no será difícil demostrarlo. La

reducción de la producción de hilados por los campesinos ha

hecho que aumente la producción y el consumo de artículos de la

industria capitalista de tejidos de algodón, y no al contrario"

(227).





El autor no acierta a presentar bien el asunto ocultando detrás de

consideraciones secundarias la esencia de la cuestión. Si partimos del

hecho del desarrollo de la industria fabril (y el señor N.-on parte

precisamente de ello), es imposible negar que también la baratura de

los artículos fabriles acelera el desenvolvimiento de la

economía mercantil y acelera el desalojo del mercado de los

artículos de fabricación doméstica. Al objetar esta

declaración del señor N.-on, el señor Struve no hace

más que debilitar sus argumentos contra dicho autor, cuyo error

principal consiste en que trata de presentar la "fábrica" como algo

separado del "campesinado", como un fenómeno casual que ha

caído de afuera sobre los campesinos, cuando es en realidad (tanto

según la teoría a la que el señor N.-on quiere atenerse

rigurosamente, como según los datos de la historia de Rusia) la

culminación del desarrollo de la organización mercantil de toda

la economía social, y por lo tanto de la campesina. La gran

producción burguesa en la "fábrica" es la continuación

directa e inmediata de la producción pequeñoburguesa en la

aldea, en la decantada " comunidad rural" o en las industrias de kustares.

"Para que la 'forma fabril' llegue a ser 'más barata'-dice con mucha

razón el señor Struve-, el campesino debe adoptar el punto de

vista de la racionalidad económica, dado que existe la economía

monetaria." "Si todo el campesinado se aferrara [...] a la economía

natural, no habría percales [...] que pudieran seducirlo."





En otras palabras, la "forma fabril" no es sino la producción de

mercancías desarrolladas, y ésta ha surgido de la

producción de mercancías no desarrollada de la

economía campesina y de los kustares. El autor desea hacer ver al

señor N.-on que la "fábrica" y el "campesinado" están

relacionados entre sí; que los "principios" económicos de su

organización no son antagónicos, 





[115]





sino idénticos. Para ello habría debido

limitarse a hablar de la organización económica campesina, y

oponer al señor N.-on la tesis de que nuestro pequeño productor

(el campesino agricultor y el kustar) es un pequeño burgués. Si

hubiera planteado el problema así, lo habría sacado del

ámbito de los razonamientos en cuanto a lo que "debe" ser, lo que

"puede" ser, etc., etc., para llevarlo al de la explicación de

qué es y por qué es así y no de otro modo. Para

refutar esta tesis, los populistas tendrían que negar hechos notorios

e indiscutibles sobre el crecimiento de la economía mercantil y la

diferenciación del campesinado [y estos hechos demuestran el

carácter pequeñoburgués del campesinado], o bien negar

las verdades elementales de la economía política. Aceptar esta

tesis significaría admitir el absurdo de contraponer el "capitalismo"

al "régimen popular", admitir el carácter reaccionario de los

proyectos de "buscar otros caminos para la patria" y de apelar a la "

sociedad burguesa" o a un "Estado" que todavía es a medias el

régimen de la "antigua nobleza", solicitando de ellos la

"socialización".





En vez de comenzar por el principio 



[116]



, el señor Struve lo hace por el final:

"rechazamos-dice-una de las tesis esenciales de la teoría populista

del desarrollo económico de Rusia, la de que el desarrollo de la gran

industria de trasformación arruina al campesino agricultor" (246). Eso

es, como dicen los alemanes, tirar al niño junto con el agua de la

bañera "El desarrollo de la gran industria de trasformación"

significa y expresa el desarrollo del capitalismo. Y que precisamente es el

capitalismo el que arruina al campesinado, es la tesis esencial, no del

populismo, sino del marxismo. Los populistas no vieron ni ven las

causas de la separación del productor de sus medios de

producción en la organización específica de la

economía social rusa! que lleva el nombre de capitalismo, sino en la

política del gobierno, según ellos desacertada ("nosotros"

seguimos un camino equivocado, etc., etc.), en el estancamiento de la

sociedad, que no se unió lo suficiente para luchar contra los buitres

y los granujas, etc., etc. Por eso las "medidas" por ellos propuestas se

referían exclusivamente a la acción de la "sociedad" y del

"Estado". Por el contrario, cuando se señala eme lis causas de la

expropiación residente en la organización capitalista de la

economía social, ello lleva inevitablemente a la teoría de

la lucha de clases (págs. 101, 288 y muchas otras del libro de

Struve). El autor no se expresa con precisión al hablar del

"agricultor" en general, y no de clases antagónicas en la agricultura

burguesa. Los populistas dicen que el capitalismo arruina la

agricultura, y por ello no puede abarcar toda la producción del

país y lleva a ésta por un nial camino; los marxistas dicen que

el capitalismo, tanto en la industria manufacturera como en la agricultura,

oprime al productor, pero al elevar la producción a un

peldaño superior, crea condiciones y fuerza para la

"socialización". 





[117]





La

conclusión del señor Struve en este problema es la siguiente:

"Uno de los errores fundamentales del señor N.-on consiste en que

trasplantó íntegramente ideas y categorías del

régimen capitalista, ya plasmado, a la actual economía

campesina, que hasta hoy sigue siendo más natural que monetaria"

('237). Hemos visto más arriba que sólo el total

desconocimiento de los datos concretos del capitalismo agrario ruso pudo

llevar al señor N.-on a su ridículo error de hablar de la

"reducción" del mercado interior. No incurrió sin embargo en

ese error porque aplicó al campesinado todas las categorías del

capitalismo, sino porque no aplicó a los datos de la agricultura

ninguna categoría del capitalismo. Las clases de la

burguesía y el proletariado son, naturalmente, la "categoría"

más importante del capitalismo. El señor N.-on, además

de no haberlas "trasferido" al "campesinado" (es decir, además de no

haber analizado a qué grupos o capas del campesinado pueden aplicarse

esas categorías, y hasta qué grado están desarrolladas),

razonó de modo puramente populista, ignorando los elementos

antagónicos que existen en el seno de la " comunidad rural" y hablando

del "campesinado en general". Ello hizo que su tesis acerca del

carácter capitalista de la superpoblación y acerca del

capitalismo como causa de la expropiación del agricultor haya quedado

sin demostrar y servido sólo para crear una utopía

reaccionaria.





 




* * *




 




 




IV




En el § VIII del sexto capítulo, el señor Struve expone

sus ideas acerca de la agricultura basada en la propiedad privada.

Señala con toda razón que las formas que adopta dicha

agricultura dependen estrecha y directamente de la ruina de los campesinos.

El campesino arruinado ya no "seduce" al terrateniente ofreciéndole

"precios fabulosos por el arriendo", y el terrateniente prefiere contratar

peones. Para demostrarlo reproduce un pasaje de un artículo de

Raspopin, quien analiza datos de la economía de los terratenientes,

recogidos por la estadística de los zemstvos, y de una

publicación de estadística actualizada de los zemstvos que

señala el carácter "forzado" del aumento de los cultivos. En

respuesta a los señores populistas, que tan gustosamente ocultan el

hecho del actual dominio del capitalismo en la agricultura con razonamientos

acerca de su "porvenir" y de sus "posibilidades", el autor se refiere con

toda precisión a la situación real.





Aquí debemos detenernos sólo para ocuparnos de la

apreciación de este fenómeno por el autor, quien dice que se

trata de "tendencias progresistas en la agricultura basada en la propiedad

privada" (224) v que dichas tendencias surgen por la "lógica

implacable de la evolución económica" (240). Tememos que,

debido a su carácter abstracto, estas dos formulaciones, absolutamente

acertadas, no sean, comprendidas por el lector no familiarizado con el

marxismo; tememos que el lector no comprenda-si no se explica la

sucesión de determinados sistemas económicos v de determinadas

formas de antagonismos de clase-por qué dicha tendencia es "

progresista" (desde el único punto de vista, claro está., desde

el que puede plantear el asunto un marxista: desde el punto de vista de una

clase determinada), ni en qué consiste precisamente la "

implacabilidad" de la evolución que tiene lugar.





Por ello trataremos de esbozar esa sucesión (aunque sea a grandes

rasgos), paralelamente a la descripción que hacen los populistas de la

cuestión.





El populista pinta el proceso de desarrollo de la economía basada

en el trabajo de peones como el paso de la agricultura " independiente" a la

dependiente, y, naturalmente, estima que se trata de regresión, de

decadencia, etc., etc. Tal pintura del proceso es absolutamente falsa

desde el punto de vista de los hechos y en nada corresponde a la

realidad, y por lo tanto las conclusiones que de ella se extraen son

también absurdas. Al presentar las cosas con tanto optimismo (respecto

del pasado y del presente), el populista sencillamente vuelve la espalda a

los hechos registrados por la propia literatura populista, y se entrega a

utopías y a la ponderación de posibilidades.





Tomemos como punto de partida la economía feudal anterior a la

Reforma.





El contenido principal de las relaciones de producción era entonces

el siguiente: el señor feudal entregaba tierra al campesino, madera

para construcción y, en general, medios de producción (a veces

inclusive medios de vida) para cada familia y, al mismo tiempo que dejaba al

campesino que él mismo obtuviera su sustento, lo obligaba a trabajar

todo el tiempo suplementario en la prestación personal. Subrayo "todo

el tiempo suplementario" para señalar que en dicho sistema ni se puede

hablar de "independencia" del campesino 

[118]







.





El "nadiel" que el señor feudal "proporcionaba" al campesino no era

sino salario en especie y servía única y exclusivamente

para la explotación del campesino por el señor feudal, para

"proporcionar" a éste mano de obra, y nunca para mantener

efectivamente al campesino.[119]





Pero he aquí que irrumpe la economía mercantil. El

señor feudal empieza a producir cereal para venderlo, y no para

sí. Ello intensifica la explotación del trabajo del campesino;

además, se hace poco ventajoso el sistema de los nadiel, pues al

señor feudal no le conviene proporcionar tierra a las nuevas

generaciones de campesinos, y aparece la posibilidad de pagar en dinero.

Resulta más conveniente deslindar de una vez para siempre la tierra de

los campesinos y la de los señores feudales (sobre todo si al hacerlo

se recorta parte de las parcelas y se recibe un precio "justo" por el

rescate), y aprovechar el trabajo de los propios campesinos, colocados en

peores condiciones materiales y obligados a competir tanto con los antiguos

sirvientes del palacio como con los dárstvenniki



[120]







con los antiguos campesinos de las tierras del

Estado y de la familia imperial, etc., más acomodados.





El régimen de servidumbre se derrumba.





El sistema de economía-ahora orientada al mercado (esto es

particularmente importante)-cambia, pero no en forma repentina. A los viejos

rasgos y "principios" se suman otros nuevos. Estos nuevos rasgos consisten en

que la base del Plusmacherei ya no es proporcionar medios de

producción al campesino, sino, por el contrario, su

"separación," de ellos, su necesidad de dinero; la base ya no la

constituye la economía natural, el intercambio natural de "servicios"

(el señor feudal proporciona tierra al campesino y éste entrega

a aquél los productos del plustrabajo, trigo, lienzo, etc., etc.),

sino un "libre" acuerdo comercial, monetario. Esta forma de economía,

que combinaba viejos y nuevos rasgos, fue precisamente la que

predominó en Rusia después de la Reforma. Los antiguos

métodos de prestar tierra a cambio de trabajo (por ejemplo, laboreo de

la tierra a cambio de los recortes) fueron complementados con la

"contratación invernal", el préstamo de dinero a cambio de

trabajo, cuando el campesino está más necesitado de dinero y

por ello vende su trabajo por una bicoca, el préstamo de cereal a

cambio de trabajo en los campos del terrateniente, etc. Como se ve, las

relaciones económico-sociales, en las antiguas "heredades

patriarcales" quedaron reducidas a una vulgar transacción

usuraria: consistían en operaciones análogas a las que

realizaba el mayorista con los kustares.





Es indudable que esa era la economía típica después

de la Reforma, y nuestra literatura populista ha producido insuperables

descripciones de esa forma, especialmente desagradable, de

Plusmacherei, combinada con las tradiciones y relaciones feudales y con el

total desamparo del campesino, atado de pies y manos a su "nadiel".





Pero los populistas no querían y no quieren ver en qué

consiste la base, económica de esas relaciones.





Aquí la base de la dominación ya no es sólo la

posesión de la tierra, como en los viejos tiempos, sino también

la posesión de dinero, que el campesino necesita (y el dinero es un

producto del trabajo social organizado por la economía mercantil), y

la " separación" del campesino de los medios de vida. Es evidente que

se trata de una relación capitalista, burguesa. Los "nuevos" rasgos no

son sino la forma primaria de dominio del capital en la agricultura,

forma que aún no se liberó de las trabas del régimen de

la "antigua nobleza" y que ha creado la contradicción de ciases propia

de la sociedad capitalista, pero que aún no la ha fijado.





Pero he aquí que, con el desarrollo de la economía

mercantil, esta forma primaria de dominio del capital se ve privada de su

base: el empobrecimiento del campesinado, que ha llegado a la ruina total,

significa que los campesinos han perdido sus aperos, soporte de la forma

feudal y expoliadora del trabajo, obligando al terrateniente a explotar su

hacienda con aperos propios y al campesino a convertirse en, peón.





Es también indiscutible que ese proceso comenzó en la Rusia

posterior a la Reforma. Ese hecho muestra la tendencia de esa forma

expoliadora que los populistas consideran de un modo puramente

metafísico, sin relación con el pasado y al margen de la

tendencia al desarrollo; este hecho muestra el desarrollo posterior

del capitalismo, el desarrollo de la contradicción de clases propio de

nuestra sociedad capitalista, y que en la época anterior se expresaba

en la relación entre el kulak y el campesino y que ahora empieza a

expresarse en la relación entre el agricultor racional y el

peón, y jornalero.





Este último cambio es el que desespera y horroriza a los

populistas, que vociferan acerca de la "privación de tierra", de la

"pérdida de independencia", de la "instauración del

capitalismo", de las "amenazantes" calamidades que éste acarrea, etc.,

etc.





Préstese atención imparcialmente a esos razonamientos y se

verá, en primer lugar, que son mentira , aunque una mentira

bien intencionada, pues la economía basada en el trabajo de los peones

no fue precedida por la "independencia" del campesino, sino por otras formas

de entrega del plusproducto a quien no participaba en su creación. En

segundo lugar verán hasta qué punto es superficial y mezquina

la protesta de los populistas, que hace que su doctrina, según la

atinada expresión del señor Struve, sea socialismo vulgar.

¿Por qué esa "instauración" sólo se ve en su

segunda forma y no en ambas? ¿por qué la protesta no va

dirigida contra el hecho histórico esencial que concentró en

manos de quienes poseen la tierra en propiedad privada" los medios de

producción, sino sólo contra uno de los métodos de

utilización de ese monopolio?; ¿por qué la raíz

del mal no se ve en las relaciones de producción que someten por

doquier el trabajo al poseedor de dinero, sino sólo en la desigualdad

de la distribución, que aparece con particular relieve en la

última forma de dichas relaciones? Precisamente esta

circunstancia principal-una protesta contra el capitalismo basada en esas

mismas relaciones capitalistas-es lo que hace de los populistas

ideólogos de la pequeña burguesía, la cual no teme la

realidad burguesa, sino su acentuación, que es lo que lleva a cambios

radicales.





 




* * *




 




 




V




Pasemos al último punto de las consideraciones teóricas del

señor Struve, al "problema de los mercados para el capitalismo ruso"

(245).





El autor comienza el análisis de la teoría de la falta de

mercados en Rusia, elaborada por los populistas, preguntando:

"¿Qué entiende el señor V. V. por capitalismo?" La

pregunta es muy oportuna, pues el señor V. V. (como, en general, todos

los populistas) siempre comparó el orden imperante en Rusia con cierta

"forma inglesa" (247) del capitalismo, y no con los rasgos esenciales de

éste, que cambian de fisonomía en cada país. Es una

lástima que el señor Struve no dé una definición

acabada del capitalismo y se limite a señalar, en general, el

"predominio de la economía cambiaría" [esto es un rasgo; el

segundo es la apropiación de sobrevalor por el poseedor de dinero, el

dominio de este último sobre el trabajo], el "sistema que observamos

en Europa occidental" (247), "con todas sus consecuencias", con la

"concentración de la producción industrial, capitalismo en el

sentido más restringido de la palabra" (247).





"El señor V. V.-dice el autor-no se molestó en analizar el

concepto 'capitalismo' y ha tomado dicho análisis de Marx, quien se

refería, en la mayoría de los casos, al capitalismo en el

sentido estricto, como a un producto, plenamente cristalizado, de las

relaciones que se desarrollan sobre la base de la subordinación de la

producción al cambio" (247). Es imposible estar de acuerdo con esto.

En primer lugar, si el señor V. V. hubiera tomado efectivamente de

Marx la concepción del capitalismo, tendría de éste una

idea exacta y no habría podido confundir la "forma inglesa" con

capitalismo. En segundo lugar, es absolutamente inexacto que Marx se

refiriera, en la mayoría de los casos, a la "centralización o

concentración de la producción industrial" [eso es lo que el

señor Struve entiende por capitalismo en el sentido estricto de la

palabra]. Marx, por el contrario, estudió el desarrollo de la

economía mercantil desde sus primeros pasos, analizó el

capitalismo en sus formas primitivas de cooperación simple y

manufactura-formas separadas por siglos de la concentración de la

producción debida a las máquinas-y mostró la

relación del capitalismo en la industria y en el agro. El propio

señor Struve restringe el concepto de capitalismo, cuando dice: "...el

objeto del estudio del señor V. V. fueron los primeros pasos de

la economía nacional en su tránsito de la organización

natural a la mercantil". Debió decir los últimos pasos.

Que nosotros sepamos, el señor V. V. sólo ha estudiado la

economía de la Rusia posterior a la Reforma. El comienzo de la

producción mercantil data de la época anterior a la

Reforma, como observa el propio señor Struve (189-190), e inclusive la

organización capitalista de la industria de tejidos de

algodón se formó antes de la liberación de los

campesinos. La Reforma dio un impulso al desarrollo definitivo en ese

sentido; puso en primer plano, no la forma mercantil del producto del

trabajo, sino la forma mercantil de la fuerza de trabajo; sancionó el

predominio, no de la producción mercantil, sino de la capitalista. La

confusa diferencia que establece entre el sentido amplio y el

estricto



[121]







del concepto

capitalismo, hace sin duda que el señor Struve considere el

capitalismo ruso como algo futuro y no presente, y no corno algo ya

cristalizado completa y definitivamente. Dice, por ejemplo:





"Antes de plantear el problema de si es inevitable para Rusia el

capitalismo en su forma inglesa, el señor V. V. debió plantear

y resolver otro más general, v por ello de mayor importancia:

¿es inevitable para Rusia el paso de la economía natural a la

monetaria y qué relación tiene la producción capitalista

sensu stricto 







[122]



con la

producción mercantil en general?" (247). No creo que se pueda formular

así la pregunta. Si se pone en claro qué sistema de relaciones

de producción es el que existe en Rusia actualmente, la

cuestión de la "inevitabilidad" de tal o cual desarrollo se

resolverá eo ipso 





[123]





. Si no se esclarece, resultará insoluble. En vez de

razonar acerca del futuro (cosa, a la que son muy afectos los señores

populistas), hay que explicar el presente. En la Rusia posterior a la

Reforma apareció como un factor de grandísima importancia la

manifestación externa, si puede decirse así, del capitalismo,

es decir, la manifestación de sus "cumbres" (la producción

fabril, los ferrocarriles, los bancos, etc., etc.), y para el pensamiento

teórico se planteó inmediatamente el problema del capitalismo

en Rusia. Los populistas intentaron demostrar que esas cumbres eran casuales,

que estaban desvinculadas de todo el régimen económico, que

carecían de base y, por ello, de vigor; y al hablar así

operaban con el concepto, demasiado estricto, de "capitalismo", olvidando que

la esclavización del trabajo por el capital pasa por etapas, muy

largas y muy distintas, desde el capital mercantil hasta la "forma inglesa".

Los marxistas deben precisamente demostrar que esas cumbres no son sino el

último paso en el desarrollo de la economía mercantil, hace

mucho existente en Rusia, y que por doquier, en todas las ramas de la

producción, engendra la subordinación del trabajo al

capital.





La idea que el señor Struve tiene del capitalismo ruso como de algo

futuro, y no presente, se aprecia con evidencia particular en el siguiente

razonamiento suyo: "mientras exista la actual comunidad rural, refrendada y

fortalecida por la ley, sobre su base se desarrollarán relaciones que

no tienen nada que ver con el 'bienestar del pueblo'. [¿Se

"desarrollarán"? ¿No se han desarrollado, acaso, hace tanto

tiempo que toda la literatura populista, desde su surgimiento, hace

más de cinco lustros, viene describiéndolas y protestando

contra ellas?] En Occidente tenemos varios ejemplos de existencia de

haciendas individuales al lado de la gran agricultura capitalista. Nuestra

Polonia y nuestras regiones del suroeste constituyen un fenómeno

idéntico. Puede decirse que en Rusia tanto las haciendas individuales

como las comunidades rurales se aproximan a ese tipo, ya que los campesinos

empobrecidos quedan en la tierra y las influencias niveladoras entre ellos

están demostrando tener más fuerza que las diferenciadoras"

(280). ¿Será posible que sólo se aproxime y que no sea

ya, precisamente, de ese tipo? Para determinar los "tipos" no hay que

tomar, claro está, las formas jurídicas, sino los rasgos

económicos esenciales del orden vigente. Si examinamos esos rasgos

esenciales de la economía del campo ruso, veremos la economía

aislada de las familias campesinas en sus pequeños lotes, veremos una

economía mercantil creciente, que va está desempeñando

un papel dominante. Se trata precisamente de los rasgos que dan contenido al

concepto de "pequeña explotación agrícola individual".

Vemos, además, que los campesinos están también

aquí endeudados con los usureros, y la misma expropiación que

atestiguan los datos relativos a Occidente. La diferencia sólo

consiste en las peculiaridades de nuestras normas jurídicas (la

desigualdad civil de los campesinos; las formas de posesión de la

tierra), que conservan con mayor plenitud las huellas del "antiguo

régimen" debido a que en nuestro país el desarrollo del

capitalismo es más débil. Pero esas peculiaridades no afectan

en lo más mínimo la homogeneidad del tipo de sistema

vigente en nuestro agro y en el de los países de Occidente.





El señor Struve pasa concretamente a la teoría de los

mercados y observa que los señores V. V. y N.-on no pueden salir de un

círculo vicioso: para el desarrollo del capitalismo es preciso que

crezca el mercado, pero el capitalismo arruina a la población. El

autor busca, muy desacertadamente, la salida del círculo vicioso

recurriendo a su malthusianismo, y dice que la causa de la ruina de los

campesinos no reside en el capitalismo, ¡¡sino en el "crecimiento

de la población"!! El error de los mencionados autores es muy otro: el

capitalismo no sólo arruina al campesinado sino que lo

diferencia en burguesía y proletariado. Este proceso no reduce

el mercado interno sino que lo crea: la economía mercantil se

desarrolla en ambos polos del campesinado en proceso de

diferenciación, tanto en el "proletario", obligado a vender "trabajo

libre", como en el burgués, que eleva el nivel técnico de su

hacienda (máquinas, aperos, abonos, etc., etc. Véase

Tendencias progresistas en la explotación agrícola del

señor V. V.) y hace crecer las necesidades. A pesar de que tal

interpretación del proceso se basa directamente en la teoría de

Marx ¡i cerca, de la relación entre el capitalismo industrial y

el agrícola, el señor Struve la pasa por alto, quizá

porque lo indujo al error en la "teoría de los mercados" del

señor V. V. Este último, diciendo que se basaba en Marx,

ofreció al público ruso una "teoría" que afirma que en

una sociedad capitalista desarrollada es inevitable un "exceso de

mercancías"; el mercado interno no puede bastar, hace falta el mercado

exterior. "Esa teoría es cierta [?!]- declara el señor Struve-,

por cuanto señala el hecho de que la plusvalía no puede ser

realizada en el consumo, ni por los capitalistas, ni por los obreros, y

presupone el consumo de terceros" (251). No podemos, de ningún modo,

coincidir con esta afirmación. La "teoría" del señor V.

V. (si se la puede llamar así) consiste simplemente en desconocer la

diferencia entre el consumo personal y el productivo, entre los medios de

producción y los artículos de consumo, sin la cual es imposible

comprender la reproducción del capital social en su conjunto en la

sociedad capitalista. Marx lo demostró con el mayor detalle en el tomo

II de El capital (sección tercera: "La reproducción v la

circulación del capital social en su conjunto") y lo

señaló con fuerza en el tomo I, al criticar la tesis de la

economía política clásica, según la cual la

acumulación del capital sólo consiste en la conversión

del sobrevalor en salario y en capital constante (medios de

producción) más salarios. Para confirmar esta

caracterización de la: teoría del señor V. V. nos

limitaremos a reproducir dos pasajes de los artículos que menciona el

señor Struve.





"Cada obrero-dice el señor V. V. en el artículo Exceso de

mercancías en el mercado- produce más de lo que consume, y

ese excedente se acumula en unas pocas manos; los poseedores de esos

excedentes los consumen ellos mismos, para lo cual los cambian en el interior

del país y en el extranjero por los más diversos

artículos de necesidad y de bienestar; pero por más que coman,

beban y dancen (sic!!), no pueden pastarse todo el sobrevalor" (

Otiéchestviennie Zarñski, núm. 5 de 1883,

pág. 14). "Para mayor evidencia", el autor "enumera los principales

gastos" del capitalista, sus comidas, viajes, etc., etc. Todo eso se ve con

mayor relieve todavía en el artículo Militarismo y

capitalismo: "El talón de Aquiles de la organización

capitalista de la industria consiste en que los patronos no pueden consumir

todos sus ingresos" (Rússkaia Misl, núm. 9 de 1889,

pág. 80). "Rothschild no podría consumir todo el incremento de

sus rentas [...] sencillamente porque ese [...] incremento representa una

masa tan considerable de artículos de consumo, que Rothschild, que

satisface todos sus caprichos ya sin eso, no sabría realmente

qué hacer", etc., etc.





Como se ve, todos estos razonamientos se basan en la ingenua idea de que

el capitalista tiene como objetivo el consumo personal y no la

acumulación de plusvalía; se basan en la errónea idea de

que el producto social se descompone en v + p (capital variable más

plusvalía), tomo decían A. Smith y toda la economía

política anterior a Marx, y no en c+v+p (capital constante, medios de

producción y, luego ya, salario y plusvalía), como lo

demostró Marx. Si se corrigen esos errores y se toma en

consideración la circunstancia de que en la sociedad capitalista

desempeñan un papel enorme y cada vez! más considerable los

medios de producción (la parte de los productos sociales que no se

destina al consumo personal, sino al de la producción, al del capital,

y no- al de la gente) se viene abajo toda esa decantada "teoría". En

el tomo II de El capital, Marx demostró que es perfectamente

concebible la producción capitalista sin mercados exteriores, con una

creciente acumulación de riquezas y sin ninguna clase de "terceros"

que con tanto desacierto ha traído a colación el señor

Struve. Los razonamientos del señor Struve a este respecto suscitan

tanto mayor asombro cuanto que él mismo habla de la importancia

primordial que tiene para Rusia el mercado interno, y ridiculiza al

señor V. V. cuando éste habla de un "programa de desarrollo del

capitalismo ruso" basado en un "fuerte campesinado". El proceso de

formación de este campesinado "fuerte" (es decir, burgués),

proceso que se opera hoy en día en nuestro agro, nos hace ver

claramente el surgimiento del capital, la proletarización del

productor y el crecimiento del mercado interior: "La difusión

de aperos perfeccionados", por ejemplo, es, precisamente, acumulación

de capital en concepto de medios de producción. En este problema, en

vez de hablar de "posibilidades", sería particularmente necesario

exponer y explicar ese proceso real consistente en la creación del

mercado interior para el capitalismo ruso 





[124]

.





Damos por terminado, con esto, nuestro análisis de la parte

teórica del libro del señor Struve, y podemos intentar ahora

una caracterización general, resumida, por decirlo así, de sus

principales métodos de argumentación y abordar después

la solución de los problemas planteados al comienzo: "qué hay

en el libro de marxista, cuáles tesis de la doctrina (marxista)

rechaza, completa o corrige el autor, y qué resulta en estos

casos".





El rasgo principal de los razonamientos del autor, señalado ya

desde el comienzo, es su estrecho objetivismo, que se limita a demostrar la

inevitabilidad y la necesidad del proceso, y no hace ningún esfuerzo

por descubrir en cada fase concreta de este proceso la forma de

contradicción de clases que le es inherente; objetivismo que

caracteriza el proceso en general pero no, por separado, las clases

antagónicas de cuya lucha nace el proceso en cuestión.





Comprendemos perfectamente que el autor tenía sus razones para

limitar sus "notas" al aspecto "objetivo" y, por añadidura, al

más general: en primer lugar, movida por el deseo de oponer a los

populistas los fundamentos de concepciones contrarias, expuso sólo

principia 





[125]





, y

dejó su desarrollo y explicación más concreta para

polémicas posteriores; en segunda lugar, en el capítulo I

tratamos de demostrar que toda la diferencia entre el populismo y el

marxismo consiste en el carácter de la crítica del

capitalismo ruso, en la diferente explicación que de él

se da, de donde surge de modo natural que los marxistas se limiten a veces a

exponer tesis " objetivas" generales y hagan hincapié exclusivamente

en lo que diferencia nuestra interpretación (de hechos

notorios) y la de los populistas.





Pero nos parece que el señor Struve ha ido demasiado lejos en este

sentido. Lo abstracto de la exposición originó muchas tesis que

no pueden dejar de provocar equívocos; la forma en que fue planteado

el problema no se distinguió de esos métodos habituales,

imperantes en nuestra literatura, de teorizar desde las alturas, acerca de

los caminos y el destino de la patria, en vez de hablar de clases concretas

que marchan por tal o cual camino; cuanto más concretos eran los

argumentos del autor, tanto más imposible resultaba explicar los

principia del marxismo permaneciendo en las alturas de tesis

abstractas de carácter general, y tanto más necesario se

hacía señalar de modo concreto la situación determinada

de clases de la sociedad rusa y la relación que las distintas formas

de Plusmacherei tienen con los intereses de los productores.





Por ello no nos pareció del todo inoportuno hacer lo posible para

completar y aclarar las tesis del autor, y seguir paso a paso su

exposición con el objeto de señalar la necesidad de una forma

distinta de plantear los problemas, la necesidad de una

aplicación más consecuente de la teoría de las

contradicciones de clase.





En cuanto a la franca desviación del señor Struve respecto

del marxismo en las cuestiones del Estado, la superpoblación y el

mercado interno, de ello ya hemos hablado lo suficiente.





 




* * *




 




 




VI




Además de la crítica del contenido teórico del

populismo, el libro del señor Struve encierra, entre otras cosas,

algunas observaciones a la economía política populista. Aunque

aparecen esparcidas en la obra y no han sido desarrolladas por el autor, no

podemos, sin embargo, dejar de referirnos a ellas para eliminar los posibles

equívocos.





En dichas observaciones se habla de la "racionalidad", del carácter

progresista y de la "sagacidad", etc., etc., de la política liberal,

es decir, burguesa, en comparación con la política

populista.







[126]








Por lo visto, el autor quiso comparar dos políticas basadas

¿n las relaciones existentes, y en ese sentido

señaló con toda razón que es "sagaz" la política

que desarrolla el capitalismo y no la que lo frena; "sagaz", naturalmente, no

porque favorece a la burguesía subordinando al productor a ella cada

vez con más fuerza [como tratan de demostrarlo algunos "ingenuos" o

"malabaristas"], sino porque, al agudizar y depurar las relaciones

capitalistas, despeja la mente de aquellos de quienes depende

precisamente el cambio y desata sus manos.





Debemos decir, sin embargo, que esta tesis muy acertada, es

desafortunadamente expresada por el señor Struve debido al

carácter abstracto de su exposición, y por ello se siente a

veces el deseo de decirle: deje que los muertos entierren a sus muertos. En

Rusia siempre hubo de sobra gente entregada en cuerpo y alma a la

elaboración de teorías y programas que expresan los intereses

de nuestra burguesía, que expresan toda esa "urgente necesidad" de que

el fuerte y gran capital aplaste al pequeño y destruya sus primitivos

y patriarcales métodos de, explotación.





Si el autor se hubiera atenido rigurosamente también aquí a

las exigencias de la "doctrina" marxista, que exige que la exposición

se reduzca a la formulación del proceso real y que las contradicciones

de clase tras cada forma de la política "sagaz", "racional" y

progresista se pongan al desnudo, habría expresado el mismo

pensamiento de modo distinto, habría planteado de otra forma el

problema. Habría comparado las teorías y programas del

liberalismo, es decir, de la burguesía, que brotaron como hongos

después de la lluvia en el período que siguió a la gran,

Reforma, con los datos reales del desarrollo del capitalismo en Rusia.

Habría mostrado, de proceder así, tomando como ejemplo a Rusia,

la relación entre las ideas sociales y el desarrollo económico,

relación que quiso demostrar en los primeros capítulos y que

sólo puede ser demostrada irrefutablemente haciendo un análisis

materialista de los hechos de la vida en Rusia. En segundo lugar,

habría mostrado también lo ingenuos que son los populistas, que

en su literatura combaten las teorías burguesas como si éstas

sólo fueran razonamientos erróneos y no la expresión de

los intereses de una clase poderosa a la que es tonto amonestar, y que

sólo puede ser "persuadida" por la fuerza, imponente, de otra clase.

En tercer lugar, habría mostrado qué clase determina en

realidad "las urgentes necesidades" y el "progreso" en este país, y

cuan ridículos son los populistas en sus disquisiciones acerca de

cuál es el " camino" que hay que "elegir".





Los señores populistas han esgrimido con singular placer estas

frases del señor Struve, gozándose del hecho de que su

desafortunada formulación haya permitido a algunos economistas

burgueses (como el señor lanzhul) y a algunos campeones del feudalismo

(como el señor Golovín) aferrarse a algunas frases separadas

del contexto. Ya hemos visto cuáles son las insuficiencias del libro

del señor Struve, que han puesto esa arma en manos de sus

enemigos.





El intento de criticar el populismo simplemente como una teoría que

señala en forma desacertada el camino de la patria 



[127]









hizo que el autor formulara sin claridad su

actitud hacia la " política económica" del populismo. Ello,

quizá pueda considerarse como la negación absoluta de toda esa

política, y no sólo de parte de ella. Es, por lo tanto,

necesario detenerse en este punto.





Filosofar en torno de la posibilidad de "otros caminos para la patria" es

sólo la envoltura externa del populismo. Su contenido es que

representa los intereses y los puntos de vista del pequeño productor

ruso, del pequeño burgués. Por ello el populista es en

teoría algo así como Jano, que con una cara mira al pasado y

con la otra al porvenir, como lo es en la vida real el pequeño

productor, que con una cara mira al pasado, movido por el deseo de fortalecer

su pequeña hacienda-sin saber ni querer saber nada del sistema

económico general, ni de la necesidad de tener en cuenta a la clase

que lo gobierna-, y con la otra mira el porvenir, adoptando una actitud

hostil hacia el capitalismo, que lo arruina.





Por ello cae de su peso que sería absolutamente erróneo

desechar todo el programa! de los populistas sin analizarlo. En él hay

que diferenciar en forma rigurosa sus aspectos reaccionarios y progresistas.

El populismo es reaccionario en cuanto propone medidas que sujetan al

campesino a la tierra y a los viejos modos de producción, como la

inalienabilidad de los nadiel, etc., etc.



[128]





; en cuanto quiere frenar el desarrollo de la economía

monetaria; y en cuanto espera de la "sociedad" y de la acción de los

representantes de la burocracia, no mejoras parciales, sino un cambio de

caminos (ejemplo: el señor luzhakov, quien en Rússkote

Bogatstvo, núm. 7 de 1894, perora acerca del laboreo en

común proyectado por un jefe de zemstvo y se entretiene en introducir

enmiendas en esos proyectos). Contra tales puntos del programa de los

populistas hay que luchar, claro está, implacablemente. Pero tienen

otros puntos relativos a la autoadministración, al libre y amplio

acceso del "pueblo" a los conocimientos, a la "elevación" de la

economía "popular" (es decir, pequeña) mediante créditos

baratos, mejoras técnicas, regulación de la venta, etc., etc.,

etc. Que estas medidas democráticas de carácter general son

progresistas, también lo reconoce, por supuesto, el señor

Struve. Esas medidas no frenarían, sino que acelerarían el

desarrollo económico de Rusia por la vía capitalista,

acelerarían la creación del mercado interior y el desarrollo de

la técnica y de la industria mecanizada, y al mejorar la

situación de los trabajadores y elevar el nivel de sus necesidades,

acelerarían y facilitarían la evolución de su

pensamiento independiente y de su acción.





Aquí quizá sólo pueda surgir una pregunta:

¿quién expresa más fielmente y mejor esas medidas tan

deseables, los populistas o los autores como Skvortsov, quien también

se desgañita propugnando el progreso técnico y goza de las

mayores simpatías del señor Struve? A mi entender, desde el

punto de vista marxista no cabe duda de que en este sentido debe darse

absoluta preferencia a los populistas. Las medidas que proponen los

señores Skvortsov son afines a los intereses de toda la clase de los

pequeños productores, de la pequeña burguesía, en la

misma medida en que el programa de Moskóvski? Viédomosti

es afín a los intereses de la gran burguesía. No persiguen el

fin de favorecer a todos 



[129]



, sino

a unos cuantos elegidos, merecedores de la atención de las

autoridades. Además, son monstruosamente brutales, pues presuponen la

injerencia de la policía en la actividad económica de los

campesinos. Tomadas en si', conjunto, esas medidas no ofrecen

garantías serias ni encierran probabilidades de "progreso de la

producción de la economía campesina".





Los populistas comprenden y representan infinitamente mejor, en este

sentido, los intereses de los pequeños productores, y los

marxistas, al rechazar todos los aspectos reaccionarios de su programa, no

sólo deben hacer suyos los puntos democráticos de

carácter general, sino desarrollarlos más, con mayor

precisión y profundidad. Cuanto más radicales sean esas

reformas en Rusia, cuanto más eleven el nivel de vida de las masas

trabajadoras, tanto más tajante y nítido aparecerá el

antagonismo social más importante y principal (ya hoy) de la vida

rusa. Los marxistas no sólo no "rompen el hilo democrático", o

la tendencia democrática, corno dice, calumniándolos, el

señor V. V., sino que, por el contrario, quieren que esa tendencia se

fortaleza y desarrolle, quieren que se acerque a la vida, quieren recoger ese

"hilo", que han dejado caer la "sociedad" y los "intelectuales". 



[130]








Esa exigencia de no soltar el "hilo", sino de fortalecerlo, no es el

resultado casual del estado de ánimo personal de tales o cuales

"marxistas", sino que es necesariamente determinada por la situación y

los intereses de la clase a la que quieren servir, es necesaria e

incondicionalmente dictada por los requerimientos cardinales de su

"doctrina". No puedo, por causas bien comprensibles, detenerme a analizar

aquí la primera parte de esta exposición, a trazar una

caracterización de la "situación" y los "intereses";

además, según creo, huelgan las explicaciones. Me

referiré tan sólo a la segunda parte, es decir, a la

relación de la doctrina marxista con los problemas que expresan el

"hilo roto".





Los marxistas deben plantear esos problemas de modo distinto

a como lo han hecho y lo hacen los señores populistas. Estos

últimos los plantean desde el punto de vista de "la ciencia

contemporánea y de las ideas morales de hoy en día"; las cosas

se presentan como si en las propias relaciones de producción no

radicaran causas profundas que impiden la realización de dichas

reformas, como si los únicos obstáculos consistieran en el

escaso refinamiento espiritual: en las insuficientes "luces", etc., etc.,

como si Rusia fuera una tabula rusa en la que no hubiera más

que trazar caminos acertados. Al plantear así el problema se

aseguraba, claro está, esa "pureza" de que se jacta el señor V.

V. y que en realidad es la de los sueños de una colegiala, del tipo

que hace que los razonamientos de los populistas sean tan aptos para las

pláticas de salón.





Los marxistas deben necesariamente formular estos problemas de modo

distinto



[131]







. Tienen el deber de

buscar las raíces de los fenómenos sociales en las relaciones

de producción, y de vincularlas con los intereses de clases

determinadas; deben formular esos desíderata como los "deseos"

de determinados elementos sociales que tropiezan con la oposición de

otros determinados elementos y clases. Tal planteamiento descartará

toda posibilidad de que sus "teorías" sean utilizadas para teorizar

por encima de las clases, para proyectos e informes que prometen

"brillantes éxitos"



[132]



. 



Esto

sólo es, naturalmente, un mérito indirecto del cambio de punto

de vista, a que nos hemos referido, pero es muy grande si se considera por

qué pendiente tan abrupta rueda el populismo

contemporáneo hacia la charca del oportunismo. Pero no se trata

sólo de este mérito indirecto. Si se plantean las mismas

cuestiones conforme a la teoría del antagonismo de clases [para lo

cual es necesario, por supuesto, proceder a una "revisión de hechos"

de la historia y la realidad rusas], las respuestas a ellas serán la

formulación de los intereses vitales de clases determinadas,

tendrán por objetivo su utilización 



[133]



práctica por las clases interesadas y sólo

por ellas, y saldrán impetuosas, según la magnífica

expresión de un marxista, del "estrecho gabinete del intelectual"

hacia los propios participantes de las relaciones de producción, en su

forma más desarrollada y pura; hacia quienes más afectados han

sido por la "ruptura del hilo" y "necesitan" "ideales", porque sin ellos las

pasan muy mal. Ese enfoque insuflará nuevos y vivificantes aires a

todos esos viejos problemas de los impuestos, los pasaportes, las

migraciones, las administraciones de distrito, etc., por los que nuestra

"sociedad" empieza a perder el interés después de haberlos

discutido y analizado, rumiado y resuelto una y otra vez.





Así, pues, independientemente de que enfoquemos el problema de un

modo o de otro, lo mismo si analizamos el contenido del sistema de relaciones

económicas imperantes en Rusia y sus distintas formas en su

ligazón histórica y en su relación con los intereses de

los trabajadores, que si estudiamos la cuestión de la "ruptura del

hilo" y sus causas, en ambos casos llegaremos a una misma conclusión,

a la conclusión de la enorme importancia del objetivo histórico

del "trabajo diferenciado de la vida", que la época actual nos

plantea, a la conclusión de que las ideas de esta clase tienen una

importancia universal. ●





 




 




_________________________________





[1] Lenin

escribió este trabajo en Petersburgo, a fines de 1894 y comienzos de

1895. Fue su primera obra editada en una imprenta legal; continúa en

ella la crítica de las ideas populistas, iniciada en obras anteriores;

analiza detalladamente los conceptos erróneos de los "marxistas

legales", cuyo fondo liberal burgués fue el primero en denunciar. Ya

en su trabajo El

llamado problema de los mercados, aparecido en 1893, a la vez que

había desenmascarado las concepciones de los populistas liberales,

había criticado las del incipiente "marxismo legal".





En el otoño de 1894 leyó en el círculo marxista de

Petersburgo un trabajo en el que polemizaba con Struve y otros "marxistas

legales", y que más tarde sirvió de base al Contenido

económico del populismo, etc. En 1907 Lenin escribió lo

siguiente a propósito de su disertación en el círculo

marxista de Petersburgo: "En este círculo leí un trabajo

titulado: Reflejo del marxismo en la literatura burguesa. Como se ve

por el título, la polémica con Struve fue entonces

incomparablemente más áspera y definida (en cuanto a las

conclusiones socialdemócratas), que en el artículo publicado en

la primavera de 1895. El tono más suave de este último se

debió en parte a la necesidad de tener en cuenta la censura y en parte

a la 'alianza' con el marxismo legal para la lucha conjunta contra el

populismo. Que el 'impulso hacia la izquierda' dado entonces al señor

Struve por los socialdemócratas de Petersburgo no fue del todo

inútil, lo demuestra claramente el artículo del señor

Struve de la recopilación que fue quemada (1895), y algunos de sus

artículos en Novóte Slovo (1897)". (Véase V. I.

Lenin, ob. cit., t. XIII, "Prólogo a la recopilación

En doce años".)





El presente trabajo se publicó (con la firma K. Tulin) en la

recopilación Materiales para la caracterización de nuestro

desarrollo económico, editada en abril de 1895, con una tirada de

2.000 ejemplares. El gobierno zarista prohibió su difusión y

luego de mantener esa medida durante un año, la confiscó e hizo

quemar. Sólo fue posible salvar 100 ejemplares, que se difundieron

clandestinamente entre los socialdemócratas de Petersburgo y otras

ciudades.





El artículo de Lenin fue el más combativo y el más

agudo políticamente de la recopilación. El censor lo

mencionó con especial detalle en su informe. Al destacar que los

autores de la recopilación sostenían la doctrina de Marx sobre

la marcha inexorable del proceso capitalista, el censor observaba que el

artículo de K. Tulin contenía el programa . más completo

y franco de los marxistas.





A fines de 1907, Lenin incluyó su trabajo en el primer tomo de la

recopilación En doce años, con el subtítulo Reflejo

del marxismo en la literatura burguesa. Este primer tomo fue publicado

por la editorial "Siernó" "(La simiente") a mediados de noviembre de

1907 (en la portada figura 1908). De los tres tomos proyectados, sólo

se consiguió publicar el primero y k primera parte del segundo.

Además del trabajo mencionado integraban el primer tomo los siguientes

escritos de Lenin: Tareas de los socialdemócratas rusos, Los

perseguidores de los Zemstvos y los Aníbales del liberalismo,

¿Qué hacer?, Un paso adelante, dos pasos atrás, La

campaña de los Zemstvos y el plan de "Iskra" y Dos tácticas de

la socialdemocracia en la revolución democrática. El primer

tomo de la recopilación fue confiscado al poco tiempo de aparecer,

pero se logró salvar gran parte de la edición y el libro

circuló en forma clandestina. (Ed.)





[2] En francés

en el original. (Ed.)





[3] Año 1879,

Sovremiénnoie Obozrenie, núm. 2, págs.

125-152.





[4] Deseos, exigencias.

(Ed.)





[5] En francés

en el original. (Ed.)





[6] ¿Amenazante

para qué? ¿Para los procesos digestivos? El capitalismo, lejos

de "amenazarlos", les promete delicados y suculentos manjares.





[7] K. T. (K.

Tulin): V. I. Lenin. (Ed.)





[8] Locución

inglesa con la que se denomina el sistema de pagar los salarios de los

obreros con mercaderías y comestibles de las proveedurías de

los patronos. Este sistema constituía un medio adicional de explotar a

los obreros, y estaba difundido en Rusia, particularmente en las regiones con

desarrollo de las industrias artesanales. (Ed.)





[9] Observe el lector.

Cuando el populista dice que en Rusia "la clase media ordena al pueblo ir a

trabajar", dice una verdad. Pero cuando el marxista dice que en el

país impera el modo capitalista de producción, entonces el

señor V. V. grita que aquél quiere "sustituir el régimen

democrático [sic!] por el capitalista".





[10] Viest

("Noticia"): periódico reaccionario publicado en Petersburgo de 1863 a

1870. (Ed.)





[11] Lenin toma

estas palabras de la fábula El lobo y los pastores, de I.

Krilov. (Ed.)





[12]

¡Qué vagos son en este pasaje los rasgos distintivos de los

"amigos pasivos"! Entre ellos hay también, seguramente, personas

"íntegras" que sin duda "aman al pueblo" "sinceramente". De la

comparación precedente surge con toda evidencia que hay que oponer al

pasivo el que participa en la lucha de las fuerzas sociales "opuestas

la una a la otra". Hier liegt der Hund begraben. [Equivale en

español a: "Esa es la madre del borrego". (Ed.)]





[13] G. luzhakov en

el núm. 7 de Rússkoie Bogatstvo de 1894.





[14]

Expresión del señor Krivenko (Rússkoie Bogatstvo,

núm. 10, 1894) respondiendo a las palabras del señor Struve

acerca de la "dura lucha de las clases sociales".





[15] Algunos

ingenuos populistas que en su simplicidad no comprenden que escriben en

contra de sí mismos, hasta se jactan de ello: "Nuestros intelectuales

en general, y los literatos en particular-escribe el señor V. V.

contra el señor Struve-, inclusive los representantes de las

tendencias más burguesas, tienen, por decirlo así, un

carácter populista" (Nedíelía . núm. 47,

1894, pág. 1506). Así como en la vida real el pequeño

productor se fusiona con la burguesía mediante una serie de pasos

imperceptibles, así en la literatura los piadosos deseos de los

populistas se convierten en "pasaporte liberal", para los recipientes de los

procesos digestivos, para los desnatadores, etc., etc. [Esta es una

expresión satírica de Saltikov-Schedrín para denominar a

quienes deliberan sobre todos los problemas, sin solucionar ninguno.

(Ed.)]





[16] En

francés en el original. (Ed.)





[17]36 Dictadura

del corazón: expresión irónica empleada para

designar la política de coqueteo con los liberales que aplicó

durante un breve período el funcionario zarista

Lorís-Mélikov. En 1880 fue designado director^de la

"Comisión Suprema de Control" destinada a combatir la

"sedición", y más tarde ministro del Interior.

Lorís-Mélikov intentó basar su política en

promesas de "concesiones" a los liberales y en una cruel persecución

de los revolucionarios. Esta política de maniobras, consecuencia de la

situación revolucionaria que se produjo en 1879-1880, tendía a

debilitar el movimiento revolucionario y atraer a la burguesía liberal

opositora. Una vez aplacada la marea revolucionaria de ese período, el

gobierno zarista abandonó la política de la "dictadura del

corazón" y se apresuró a publicar un manifiesto sobre la

"inviolabilidad" de la autocracia. En abril de 1881

Lorís-Mélikov tuvo que dimitir. 370.





[18]

¿Qué quiere decir "ha llegado a su término"?

¿"Qué ya se le ve el fin, que se reúne ya una nueva

fuerza? En ese caso también llega a su término en nuestro

país. ¿O que allí ha dejado de surgir ya el tercer

estado? Esto último sería erróneo, pues allí

quedan aún pequeños productores que engendran puñados de

burgueses y masas de proletariado.





[19] Pequeño

burgués. (Ed.)





[20] El señor

N. Mijailovski, en la obra del señor Struve, pág. 8: "Las

personas vivientes, con todas sus ideas y sentimientos, se convierten en

agente de la historia, por su cuenta y riesgo. Ellas y no cualquier fuerza

mística, marcan los objetivos en lu historia e impulsan hacia ellos

los acontecimientos a través de una cadena de obstáculos que

levantan ante ellas las fuerzas espontáneas cíe la naturaleza y

las condiciones históricas".





[21] El señor

Mijailovski, en el núm. 10 de Rúsíkoie Bogatstvo

de 1894.





[22] Eso se

está llevando a cabo perfectamente sin abolir la comunidad rural, que

no evita en absoluto la diferenciación de los campesinos, como lo

demuestran las estadísticas de los zernstvos.





[23] Habría

que añadir: de administradores y burócratas. De lo contrario,

la descripción del "Cuartel General" sería por demás

incompleta, sobre todo si se tienen en cuenta las condiciones de Rusia.





[24] Y no

sólo "a menudo", como en Francia, sino por regla general, con la

particularidad de que los gastos superan a los ingrese" no sólo en

decenas, sino en cientos por ciento.





[25] Caza de

ganancias, de beneficios. (Ed.)





[26]

Expresión del señor V. V. (Véase Nuestras tendencias

y Nedieiia, núms. 47-49 de 1894.) (Ed.)





[27] Por eso los

teóricos del marxismo, en su lucha contra los populistas, hacen

hincapié en la explicación, en la comprensión y en el

aspecto objetivo.





[28] Además

de silenciar y no comprender el carácter capitalista del rescate, los

señores populistas pasan modestamente por alto el hecho de que junto a

la "escasez de tierra" que experimentan los campesinos hay muy buenos

lotecitos de tierra en poder de los representantes de la capa "de la antigua

nobleza".





[29] ¡De modo

que el fracaso del proyecto de supresión de la comunidad rural

significa la victoria sobre quienes están interesados en "la

instauración del orden burgués"! El populista hace de la

"comunidad" una utopía pequeñoburguesa y luego llega a tan

olímpico desprecio por la realidad que en el proyecto contra la

comunidad no ve nada menos que la instauración del orden

burgués, cuan, do ese proyecto no es más que una simple

treta política sobre la base del sistema burgués, ya plenamente

"instaurado". Para el populista el argumento más contundente contra el

marxista consiste en la siguiente pregunta, que hace con aire triunfal: pero

dígame ¿quiere usted suprimir la comunidad o no?

¿Sí o no? Para él todo el problema reside en la

"instauración". No quiere en absoluto comprender que, desde el punto

de vista marxista, la "instauración" es un hecho indiscutible desde

hace tiempo, un hecho al que no puede afectar ni la destrucción de la

comunidad ni su fortalecimiento, así como es idéntica la

dominación del capital, tanto en la aldea comunal como en la aldea

compuesta por familias campesinas independientes. El populista trata de

presentar como apología do la "instauración" la más

profunda protesta contra ella. Como suele decirse, quien se está

ahogando se agarra de una paja.





[30] Esto no

sólo se refiere a las "escuelas técnicas y otras", a las

mejoras técnicas en beneficio de los campesinos y kustares, sino

también a la "ampliación de la posesión, de la tierra

por los campesinos", al "crédito", etc.





[31] Véase el

presente tomo, pág. 40. (Ed.)





[32] Campesinos con

derecho a la posesión hereditaria de la tierra a perpetuidad, y que

debían pagar una renta fija, por lo general invariable. En la Rusia

zarista este sistema se aplicaba sobre todo en Polonia, Bielorrusia, Lituania

y en el litoral de Ucrania. (Ed.)





[33] A lo que

podría añadirse las compras con ayuda del banco campesino, las

"tendencias progresistas en la agricultura"-las mejoras técnicas y del

cultivo, el empleo de aperos más perfectos, las pasturas artificiales,

etc.-, el desarrollo del pequeño crédito, la

organización de un mercado para los kustares, etc., etc.





[34] No se trata,

claro está, del dinero que sólo sirve para adquirir los

artículos de consumo necesarios, sino del dinero sobrante, que

puede ser ahorrado para comprar medios de producción.





[35] "La masa

seguirá [...] trabajando para otros" (artículo que

analizamos, pág. 135); si no fuera "libre" (de jacto, pues de jure

puede inclusive "tener su nadiel"), eso, claro está, no podría

ser.





[36] Véase

Uspenski. (Lenin se refiere a los cuentos y ensayos de Uspenski:

IMS días de la aldea, La libreta de cheques, Cartas de un viajero,

Vínculos indestructibles, Cifras auténticas, etc. Ed.)





[37] En

francés en el original. A toda costa. (Ed.)





[38] Para evitar

malentendidos, aclararé que por "base" del capitalismo entiendo la

relación social que, en distintas formas, reina en la sociedad

capitalista y que Marx expresó con la fórmula:

dinero-mercancía-dinero con un excedente. Las medidas que

proponían los populistas no afectan esa relación y no

afectan ni la producción, da mercancías, que pone en manos de

personas privadas el dinero = producto del trabajo social, ni la

división del "pueblo" en poseedores de ese dinero y pobres. El

marxista toma esta relación en su forma más desarrollada, que

es la quintaesencia de las demás formas, y señala al productor

la tarea y el objetivo: destruir esa relación y sustituirla por

otra.





[39] No es exacto.

El pequeño burgués se distingue del grande precisamente porque

trabaja él mismo, como lo hacen todas las categorías enumeradas

por el autor. Hay, claro está, explotación del trabajo, pero no

exclusivamente. Otra pequeña observación: el objetivo de la

vida de quienes no se resignan a compartir la suerte del campesino del

montón es adquirir capital. Así hablan (en sus momentos de

lucidez) los populistas. La tendencia del campesino ruso no es hacia el

régimen comunal, sino hacia el sistema pequeñoburgués.

Así habla el marxista. ¿Qué diferencia hay entre estas

tesis? ¿No será sólo que la primera constituye una

observación empírica de la vida mientras la última

generaliza los hechos observados (que expresan las "ideas y sentimientos" de

verdaderas "personas vivientes") y deduce de ellos una ley de economía

política?





[40] Arcadia:

región montañosa, situada en el centro del Peloponeso (Grecia);

en la antigüedad, sus habitantes eran principalmente pastores. La

literatura antigua y clásica describía a Arcadia como la

mansión de la inocencia y la felicidad. (Ed.)





[41]

Expresión empleada por luzhakov.





[42] Término

usado en la bibliografía de fines del siglo xix para indicar el

capital y los capitalistas. La empleó por primera vez el escritor Gleb

Uspenski en su ensayo Los pecados capitales y poco después se

convirtió en expresión corriente. (Ed.)





[43] Jamelgo:

expresión metafórica empleada por Saltikov-Schedrín en

un cuento satírico, refiriéndose al campesino pobre, oprimido y

extenuado por el exceso de trabajo. (Ed.)





[44] En

francés en el original. (Ed.)





[45] Es un vocablo

excesivamente estrecho. Debería haberse empleado un término

más exacto y preciso: burguesía.





[46] ¡Sigan,

sigan! (Ed.)





[47] Pág.

151: "... ¿no desprecian ya ellos [póngase atención en

ese "ya"] a quien pueda despreciarlos?".





[48] En

francés en el original. (Ed.)





[49]Regirungsrat

prusiano "(Consejero del Estado"): se trata del economista alemán

barón A. Haxthausen, quien visitó a Rusia en la década

del 40 del siglo XIX. Describió detalladamente la comunidad rural

rusa, en la que veía un medio para consolidar el feudalismo, en su

libro Estudio de las relaciones internas de la vida popular y

particularmente de las instituciones rurales de Rusia. Cantó loas

a la Rusia del zar Nicolás I, considerándola superior a Europa

occidental, porque no padecía de la "úlcera del proletariado".

Marx y Engels señalaron el carácter reaccionario de las

conclusiones de Haxthausen, y sus opiniones también fueron severamente

criticadas por A. Herzen y N. Chernishevski. 408.





[50] Véase V.

V., Ensayos de economía teórica. San Petersburgo, 1895,

págs. 257-258[52].





[51] No hablo, claro

está, del origen (histórico del marxismo, sino de su contenido

actual.





[52] Debido a la

censura Lenin no podía hacer referencias directas a las obras

marxistas, publicadas por el grupo "Emancipación del Trabajo". Remite

al lector a la obra de V. V. (Vorontsov) Ensayos de economía

teórica, en cuyas páginas 257-258 se cita un extenso pasaje

del artículo de Plejánov "Reseña del interior",

publicado en Sotsial-Demokrat. 411.





[53] Por supuesto,

la expresión "ideales totalmente definidos" no debe entenderse al pie

de la letra, es decir, en el sentido de que los populistas sabían de

modo "totalmente definido" qué querían. Eso sería un

gran error. Por "ideales totalmente definidos" hay que entender aquí

tan sólo la ideología de los productores directos, aunque es

por demás confusa.





[54]

Al decir viejos

populistas no me refiero a los que actuaban en

Otíéchestoimnie Zapiski, sino a los que "iban al

pueblo".





[55]

Véase V.

I. Lenin, ob. cit., "Biografías", tomo complementario 1. (Ed.}





[56] En adelante

señalaremos, en cada caso concreto, ejemplos de aplicación a

medias del materialismo por el señor Struve, y de su falta de

consecuencia en lo que respecta a la teoría de la lucha de clases.





[57]Moskovskie

Viédomosti "(Anales de Moscú"): decano de la prensa rusa,

cuya publicación fue iniciada como pequeña hoja en 1756 por la

Universidad de Moscú. A partir de 1863, fecha en que pasó a ser

propiedad de M. Katkov siguió una línea monarco-nadonalista,

convirtiéndose en vocero de los terratenientes y el clero más

reaccionarioi y del gobierno zarista. Por eso Lenin se refería con

frecuencia a los artículos de kovskte Viédomosti para

hacer denuncias de tipo político y lo calificaba de "colaborador

insustituible de la agitación revolucionaria". Desde 19<)5 fue uno

de los principales órganos periodísticos de las Centurias

Negras. Siguió apareciendo hasta la Revolución de Octubre de

1917. 419.







[58] El autor no

sabe, por lo visto-como buen pequeño burgués-, que los

trabajadores de Europa occidental han dejado atrás hace ya mucho la

fase del desarrollo en k que exigían el "derecho al trabajo" y que

ahora exigen el " derecho al ocio", el derecho a descansar de un trabajo

excesivo que los mutila y oprime.







[59] Obras, t

III, pág. 155: "La sociología debe partir de una

utopía".





[60] "La

práctica la hace disminuir ["a la posibilidad de un nuevo camino

histórico"] implacablemente"; "esta posibilidad disminuye, por decirlo

así, cada día" (palabras de Mijailovski, que P. Struve cita en

la página 16). Lo que disminuye no es, claro está, la

"posibilidad", que no ha existido nunca; lo que disminuye son las ilusiones.

Y está muy bien que disminuyan.





[61] C. Marx: Der

achtzehnte Brumaire, S. 98 u. s. w. (C. Marx: El dieciocho Brumario de Luis

Bonaparte, pág. 98 y siguientes. Véase C. Marx y F. Engels, ob.

cit., pág. 216 y sigs. Ed.)





[62] Claroscuro,

velo: (Ed.)





[63] En su libro

Herm E. Dilhrings Umwalzung der Wissenschaft [La subversión de la

ciencia por el señor E. Dühring. (Anti-Dühring) Ed.]

Engels observa con admirable tino que confrontar el concepto, no con el hecho

que refleja, sino con otro concepto, copia de otro hecho, es método

psicológico anticuado.





[64] Das

Kapital, I. B. 2-te Aufl, S. 62, Anm. 38 [El capital, t. I, 2 ed.

rusa, pág. 62, nota 38. Véase C. Marx, ob. cit., t. I,

pág. 72, nota 2. Ed.]





[65] Origen de la

familia, la propiedad privada y el Estado. (Véase C. Marx y F.

Engels, ob. cit., pág. 626. Ed.)





[66]

Nauoraría: pequeño distrito territorial en la antigua

República de Atenas. Las naucrarias estaban unidas en filias. El

cuerpo colegiado formado por los jefes de las naucrarias dirigía las

finanzas del Estado ateniense. Cada naucraria debía construir, equipar

y dotar una nave de guerra y proporcionar dos soldados de caballería

para cubrir las necesidades militares del Estado. 436.







[67]Ob. cit.,

pág. 624. (Ed.) 



[68] Véase K. Marx: "Bürgerkrieg in

Frankreich", S. 23 (Ipz. 1876) [Carlos Marx: La guerra civil en Francia,

pág. 23. Leiozig. 1876. Ed.] y "Der achtzehnte Erumaire", S. 45-46

(Hmb. 1885) [El Dieciocho Brumario, págs. 45-46. Hamburgo, 1885. Ed.]:

"El interés material de la burguesía francesa está

entretejido del modo más íntimo con la conservación de

aquella extensa y calificadísima maquinaria del Estado [se trata de la

burocracia]. Coloca aquí a su población excedente y completa en

forma de sueldos del Estado lo que no puede embolsarse en forma de

beneficios, intereses, rentas y honorarios".









[69]

F. Engels,

Anti-Dühring. (Ed.)





[70] El

carácter pequeñoburgués de la inmensa mayoría de

los anhelos de los populistas ha sido señalado en el capítulo

I. Los anhelos que no caben en esta caracterización (como el de

"socialización del trabajo") ocupan ya en el populismo

contemporáneo un lugar insignificante. Tanto Rússkoie Bogatstvo

(núm. 11-12 de 1893, artículo de luzhakov Problemas del

desarrollo económico de Rusia) como el señor V. V. (Ensayos de

economía teórica, San Petersburgo, 1895) protestan contra el

señor N.-on, que habla "con dureza" (expresión de luzhakov) de

la remanida panacea de los créditos, la ampliación de la

posesión de la tierra, las migraciones, etc., etc.





[71] De la

relación entre el objetivismo y el materialismo habla, entre otras

cosas, Marx en el prefacio de su obra "Der achtzehnte Brumaire des Louis

Bonaparte". Marx, luego de decir que Proudhon escribió sobre este

mismo acontecimiento histórico (en su Coup d'état) ,

dice lo siguiente a propósito de cómo el punto de vista

proudhonista es opuesto al suyo: "Por su parte, Proudhon intenta presentar el

golpe de Estado [del 2 de diciembre] como resultado de un desarrollo

histórico anterior. Pero en sus manos la construcción

histórica del golpe de Estado se convierte en una apología

histórica de su héroe. Cae con ello en el error de nuestros

pretendidos historiadores objetivos. Yo, por el contrario, demuestro

de qué manera la lucha de clases creó en Francia las

circunstancias y las condiciones que permitieron a un individuo mediocre y

ridículo representar el papel de héroe" (Vonoort

[Prefacio]). (Véase C. Marx y F. Engels, ob. cit., pág.

157. La alusión a Proudhon se refiere a su libro La

revolución social demostrada por el golpe de Estado. Ed.)





[72] No puede

decirse siquiera que ha cesado en forma definitiva. Por una parte, tenemos el

pago del rescate (y es sabido que lo constituye no sólo el precio de

la tierra sino el rescate de la servidumbre); por otro lado, tenemos un pago

en trabajo de los campesinos por los "recortes", vestigio directo del modo

feudal de producción.





[73] "Todo el

proceso se manifiesta en que la pequeña producción (el

artesanado) se aproxima por algunos de sus elementos al 'capitalismo' y por

otros al trabajo asalariado, privado de medios de producción"

(pág. 104).





[74]Se comprende

que se trata del aislamiento económico. La posesión comunal de

la tierra no lo elimina en absoluto. Aun con la redistribución

más "igualitaria" de la tierra, el campesino trabaja aisladamente su

campo y, por lo tanto, es un productor aislado.





[75]





Contra

principia negantem disputari non potest [con quien niega los principios

no se puede discutir. Ed.], dice el autor refiriéndose a la

discusión con los populistas. Eso depende de cómo se formule

esos principios, como tesis general y como referencia, o como una

comprensión distinta de tales y cuales hechos de la

historia y la realidad rusas.





[76]Das

Kapital, II. Band (1885), S. 93 (El capital, t. II (1885),

pág. 93. Ed.). Hay que hacer la reserva de que en el pasaje indicado

Marx no hace, ni mucho menos, una definición del capitalismo.

En general, no se dedicaba a hacer definiciones. Aquí sólo se

refiere a la relación entre la producción de mercancías

y la, capitalista, punto que trata el texto.





[77] Los populistas

siempre presentan las cosas como si el obrero sin tierra fuera una

condición necesaria del capitalismo en general, y no tan

sólo de la industria mecanizada.





[78]





Véase C.

Marx y F. Engels, ob. cit., págs. 22-27. (Ed.)





[79]

Compárese con el artículo de Otiéchestviennie

Zapiski antes citado.





[80]

Se me puede

objetar que me adelanto, pues el autor ha dicho que piensa pasar

paulatinamente de los aspectos generales a los concretos, que analiza en el

capítulo VI. Pero la cuestión es que el carácter

abstracto de la crítica que hace el señor Struve imprime su

sello a todo el libro, comprendidos el capítulo VI y hasta las

conclusiones. Lo que más requiere ser enmendado en la obra es

precisamente el enfoque de los problemas.







[81] Véase:

C. Marx y F. Engels, ob. cít., págs. 451-477. (Ed.)







[82]Programa de

Gotha: se refiere al programa del partido socialdemócrata

alemán, aprobado en 1875 en el Congreso de Gotha, donde se

estableció la unidad de los dos partidos socialistas que hasta

entonces habían existido separadamente: los Eisenachianos (dirigidos

por Bebel y Liebknecht e influidos ideológicamente por Marx y Engels)

y los Lassalleanos. El programa adolecía de eclecticismo y era

oportunista, ya que los Eisenachianos hicieron concesiones a los Lassalleanos

y aceptaron sus formulaciones en los problemas de mayor importancia. Marx y

Engels criticaron en forma demoledora el proyecto del programa de Gotha,

porque lo juzgaba un considerable retroceso, aun comparado con el programa de

Eisenach de 1869.459.







[83] El

análisis del aspecto económico debe ser completado,

naturalmente, con el de las superestructuras sociales, jurídicas,

políticas e ideológicas. La incomprensión de la

relación que guardan el capitalismo y la "producción popular"

dio origen entre los populistas a la idea de que la reforma campesina, el

poder estatal, la intelectualidad, etc., etc., no tenían

carácter de clase. El análisis materialista, al reducir

todos estos fenómenos a k lucha de clases, debe mostrar concretamente

que nuestro "progreso social" ruso posterior a la Reforma sólo fue una

consecuencia del "progreso económico" capitalista.





[84] La

"revisión de los hechos" de la realidad económica rusa, sobre

todo de aquellos de los que los populistas sacan material para sus

sueños, propios de una colegiala, es decir, la economía

campesina y de los kustares, debe demostrar que la causa de la

opresión del productor no reside en la distribución "(el mujik

es pobre y el mayorista rico"), sino en las mismas relaciones de

producción, en la propia organización social de la actual

economía campesina y kustar. Ello aclarará que también

en la producción "popular" "el problema de la organización de

la producción es más importante que el de la

distribución".





[85] No podemos

dejar de señalar que el señor Mijailovski descubre en la

respuesta de Struve que Engels revela "auto-admiración" cuando dice

que el hecho dominante y fundamental de la actualidad, que hace que

ésta sea mejor que cualquier otra época y que justifica la

historia de su origen, es el movimiento obrero de Occidente.





Este reproche a Engels es más que indignante, y caracteriza

perfectamente al populismo ruso contemporáneo.





Esos señores hablan hasta por los codos de la "verdad popular",

saben cómo hablar a nuestra "sociedad", reprochándole haber

elegido mal el camino de la patria; saben cantar dulcemente eso de "ahora o

nunca" y lo cantan "diez, veinte, treinta y más años", pero son

en todo sentido incapaces de comprender qué importancia tan universal

tiene la actividad independiente de aquellos en cuyo nombre se cantan esas

empalagosas canciones.





[86] Lo mismo que

los populistas rusos. Ellos no niegan que en Rusia existan clases

antagónicas al productor, pero se adormecen diciéndose que esas

"aves de rapiña" son insignificantes ante el "pueblo" y no quieren

hacer una investigación profunda de la situación y los

intereses de cada clase determinada, no quieren analizar si los intereses de

determinada categoría de productores están o no entrelazados

con los de las "aves de rapiña", y por ello debilitan la resistencia

de los primeros frente a los últimos.





[87] Para los

populistas rusos, la culpa la tienen los malvados marxistas, por implantar

artificialmente el capitalismo y sus antagonismos de clase en el terreno

donde florecen en forma tan opulenta las flores de la "adaptación

social mutua" y de la "actividad solidaria" (señor V. V., cita de

Struve, pág. 161).





[88] Carlos Marx:

El dieciocho Brumario, etc., pág. 39. (Véase: C. Marx y

F. Engels, ab. cit.t pág. 180. Ed.)





[89] En rigor, ese

mecanismo sólo podía estar al servicio de la burguesía,

como ya dijimos antes, tanto por su composición como por su origen

histórico.





[90] En realidad

habría que decir: se concedió a parte de los campesinos

el derecho a rescatar de los terratenientes parte, de sus

propias tierras de nadiel pagando por ellas el doble del precio

debido. Ni siquiera sirve la palabra "concedió" ya que, si se negaba,

a que se le "asegurase un nadiel", el campesino corría el peligro de

ser azotado en la administración del distrito.









[91] Así

habla el señor Struve en su artículo publicado en

Sozialpolitisches Centralblatt (1893, núm. 1, del 2 de octubre).

Añade que no considera "malthusiana" tal concepción.







[92] Véase C.

Marx, ob. cit., t. I, pág. 508. (Ed.)





[93]





¿En

qué pueden consistir esas "investigaciones de carácter

general"? Si pasan por alto las distintas formaciones económicas de la

sociedad humana, serán tan sólo trivialidades. Y es evidente

que si abarcan varías formaciones deben ir precedidas por el estudio

de cada una de ellas por separado.





[94]





Por cierto,

¿de dónde salen esos "campesinos solos y sin tierra"?

Quizá, opina Lange, no se trata de una supervivencia del

régimen feudal, ni de un producto de la dominación, del

capital, sino el resultado de que "en la moral del pueblo no ha echado

raíces la tendencia al control voluntario de la natalidad"

(pág. 157).







[95]



Es decir, este

razonamiento no sirve en absoluto para explicar la ruina de los campesinos,

ni la superpoblación, aunque el hecho mismo de la "escasez" es

indiscutible, igual que su agravación debido al aumento de la

población. No hay que registrar los hechos, sino explicar su

origen.







[96]





Es un hecho

notorio el desarrollo de nuestras industrias de kustares y el surgimiento de

muchas nuevas después de la Reforma. También es conocida la

explicación teórica que da Marx a este hecho, lo mismo que a la

capitalización de otras industrias campesinas, cuando habla de la

"creación del mercado interior para el capital industrial" (Das

KapHal, 2. Aufl., S. 776 u. ff.) \El capital, 2* ed., págs. 776 y

siguientes. Véase C. Marx, ob. cit., t. I, págs. 597 y sigs.

Ed.]





[97]





Diremos de paso

que la observación de este hecho fue, probablemente, lo que dio pie a

Lange para hacer su enmienda a la teoría de Marx, que no acabó

de comprender. En vez de tomar como punto de partida, al analizar este hecho,

el modo dudo (capitalista) de producción social e investigar su

aparición en la agricultura, inventó distintas particularidades

sobre los "hábitos populares".







[98]



Véase C.

Marx, ob. cít., t. I, pág. 517. (Ed.)





[99]





Véase,

por ejemplo. Kárishev (Balances de las estadísticas de Ion

zemstvos, t. II, pág. 266), los datos de su recopilación

referentes al distrito de Rostov del Don, que demuestran la

disminución constante de la parte de los campesinos en la

skópschina. [229] Véase la

misma obra, capítulo V, § 9, sobre el pago en trabajo por los

campesinos aparceros.









[229] Skópschina: nombre dado en las regiones meridionales de Rusia a un

tipo de arriendo en especie, con características propias de la

servidumbre. El arrendatario entregaba al terrateniente la mitad, y a veces

más, de la cosecha, tasada "por gavilla"; además, solía

completar el pago realizando diversos trabajos. 482.



























[100] De

él se habla más adelante con mayor detalle, tomando por

separado a los campesinos y a los terratenientes.









[101] Iuzhakov en

Rússkoie Bogatstvo.















[102] "El principal

defecto de los razonamientos del señor Golubiov en sus excelentes

artículos consiste precisamente en que no puede desprenderse de esta

ficción" (203).





[103] "En todo caso

es deseable y necesario", añade el señor N.-on.





[104]El

capital, t. I, páig. 780, nota 237. (Véase C. Marx, ob.

di., t. I, pág. 600, nota 58. Ed.)





[105] Véase en particular § 4, cap. XXIV: Génesis de los

agricultores capitalistas, pags. 773-776. (Véase C. Marx, ob.

ctí., t. I, págs. 595 y sigs. Ed.)





[106] Los

señores populistas disponen de otro y muy ingenioso procedimiento para

ocultar las raíces de nuestro capitalismo industrial en la "

producción popular", es decir, en la usura y el kulakismo "populares".

El kulak lleva sus "ahorros" al Banco del Estado; sus depósitos

permiten al banco, apoyándose en el aumento de la riqueza del pueblo,

de los ahorros del pueblo, de la iniciativa del pueblo, de la solvencia del

pueblo, pedir dinero prestado a los ingleses. Ese dinero la destina el Estado

a la ayuda...-¡Qué política más miope!

¡Qué triste desconocimiento de la "ciencia contemporánea"

y de las "ideas morales de hoy día"!-... o los capitalistas.

Ahora surge la pregunta: ¿no está claro, acaso, que si el

Estado invirtiera el dinero (de los capitalistas), no en el capitalismo, sino

en la "producción popular", en Rusia no habría capitalismo,

sino "producción popular"?













[107] En nuestra

literatura suele presentárselo como a un marxista. Para ello hay tan

poco fundamento como para considerar marxista al señor N.-on.

Skvortsov tampoco conoce la teoría de la lucha de clases y del

carácter de clase del Estado. Las medidas prácticas que propone

en Estudios económicos en nada se distinguen de las burguesas

corrientes. Si bien considera la realidad rusa con mucho mayor lucidez que

los señores populistas, entonces, basándose en ese solo hecho

se podría también incluir entre los marxistas al señor

B. Chicherin y á muchos otros.





[108]

El

señor Skvortsov señala que por países de agricultura

extensiva se entiende habitualmente los poco poblados (pág. 439,

nota). Considera esta definición desacertada y señala los

siguientes rasgos para la agricultura extensiva: 1) grandes oscilaciones en

las cosechas; 2) uniformidad de cultivos y 3) ausencia de mercados

interiores, es decir, de grandes ciudades en las que se concentra la

industria manufacturera.





[109] "Para tal

país (con una gran densidad de población por el nivel dado de

eficiencia económica) debemos suponer que los pequeños

excedentes, por una parte, y por otra el bajo nivel cultural de la

población, hacen que al cambiar las condiciones muchas haciendas

tengan que desaparecer" (442).























[110] Son rasgos

de este sistema: 1) se ara toda la tierra; 2) el barbecho se excluye, siempre

que sea posible; 3) los cultivos se alternan regularmente en la

rotación; 4) el laboreo debe ser lo más esmerado posible; 5) el

ganado se guarda en establos,





[111] El

señor Struve no menciona este rasgo, que se manifiesta en el empleo de

trabajo asalariado, que desempeña un papel no pequeño en las

haciendas de los campesinos florecientes, y en las operaciones del capital

usurario y del capital comercial, concentrados en sus manos y que arrebatan

por igual el sobrevalor al productor. Sin mencionar este rasgo no se puede

hablar del "capital".





[112] Que

trabajan para el terrateniente. De este aspecto se hace

abstracción para dar una idea más clara del paso de la

economía natural a la mercantil. Ya dijimos que los vestigios de las

relaciones típicas de la "antigua nobleza" empeoran la

situación del productor y hacen que el proceso de su ruina sea

particularmente penoso.





[113] Aquí

tenemos a la vista todos los rasgos distintivos: la economía mercantil

como base, la monopolización del producto del trabajo social en forma

de dinero como resultado, y la conversión de este dinero en capital.

No olvido, en absoluto, que estas formas primarias del capital se

daban en algunos lugares, aun antes de la instauración del

régimen capitalista. Pero lo importante es que en la economía

campesina de la Rusia actual no se habla de casos aislados, sino como regla,

del sistema de relaciones dominante. Están ya vinculadas (por medio de

las operaciones comerciales y de los bancos) N-on el gran capitalismo

industrial mecanizado, y ya han puesto de manifiesto su tendencia,; han

demostrado que los representantes de ese " sojuzgamiento" no son sino

toldados de fila del ejército, único e indivisible, de la

burguesía.





















[114] ¿Con

qué fundamento-se preguntará tal vez el lector-se dice que eso

se debe exclusivamente a que el señor Struve se ha entusiasmado en

exceso? Con el fundamento siguiente: el autor admite, sin dejar lugar a

dudas, que el capitalismo es el fondo principal, sobre el que se producen los

fenómenos descritos. Señala con toda claridad el rápido

desarrollo de la economía mercantil, la diferenciación del

campesinado, la "difusión de los aperos perfeccionados" (245), etc.,

etc., por una parte, y por otra que "los campesinos son despojados de la

tierra", la "creación del proletariado rural" (238). Por

último, él mismo caracteriza todo eso como la creación

de una fuerza nueva, del capital, y señala el papel decisivo de

la aparición del capitalista entre productor y el consumidor.





[115] Los

populistas lo decían con toda franqueza, pero el señor N.-on,

ese "marxista indudable", nos ofrece el mismo disparate envuelto en nebulosas

frases acerca del "régimen popular" y de la "producción

popular", salpicadas de citas de Marx.





[116] Es decir,

de comenzar por el carácter pequeñoburgués del

"campesino agricultor" para demostrar "la inevitabilidad y la legitimidad"

del gran capitalismo.





[117] "La

racionalización de la agricultura, por una parte, que hace que por

primera vez, ésta pueda operar en una escala social, y el hecho de

llevar al absurdo la propiedad privada de la tierra por la otra, son los

grandes méritos del modo de producción capitalista. Como todos

sus demás progresos históricos, el capitalismo también

logró éste a costa de la depauperación absoluta del

productor directo." (Das Kafittal, III, B., 2 Th., S. 157.) (El

capital, t. III, parte II, pág. 157. Véase C. Marx, ob.

cit., págs. 635-636. Ed.)





[118] Me limito

exclusivamente al aspecto económico del problema.





[119] Por ello,

referirse a la "dotación de tierra" feudal para demostrar el

"carácter secular" de la pertenencia de los medios de

producción al productor es una falsedad absoluta.



























[120]Dárstvenniki (derivado de "dar", que en

ruso significa dádiva): sector de campesinos, antiguos siervos de

terratenientes que después de la Reforma de 1861 recibieron

gratuitamente un lote minúsculo (sin pagar el rescate), equivalente a

una cuarta parte del nadiel "oficial", fijado por ley. Ello ocurría

cuando los campesinos concertaban un "acuerdo" especial con el terrateniente,

que se quedaba con el resto de las tierras de nadiel, y de este modo

mantenía a sus campesinos en la esclavitud económica aun

después de abolido el régimen de servidumbre. 508.





[121] No se ve

por qué rasgo distingue el autor estos conceptos. Si por capitalismo

en el sentido estricto entiende sólo la industria mecanizada, no se

comprende por qué no habla aparte de la manufactura. Si por

capitalismo en el sentido amplio entiende sólo la economía

mercantil, allí no hay capitalismo.





[122] En sentido

estricto. (Ed.)





[123] Con ello.

(Ed.)





[124] Como es

esta una cuestión muy importante y compleja, pensamos dedicarle un

artículo especial. [Lenin analizó el tema en forma extensa en

su libro El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899). Ed.]











[125]



Principios.

(Ed.)









[126]



Un

botón de muestra de esas observaciones: "Si el Estado [...] no desea

fortalecer la gran propiedad agraria, sino la pequeña, dadas las

actuales condiciones económicas podría lograr ese objetivo, no

corriendo en pos de una irrealizable igualdad económica entre los

campesinos, sino, únicamente, apoyando a los elementos capaces,

creando con ellos un campesinado económicamente fuerte" (240). "No

puedo dejar de ver que la política orientada a la creación de

tal campesinado [concretamente: "del económicamente fuerte, adaptado a

la producción mercantil"] sería la única política

sensata y progresista" (281). "Rusia, que es un país capitalista

pobre, debe convertirse en un país capitalista rico" (250), etc.,

etc., hasta llegar a la frase final: "aprendamos del capitalismo".





[127]



El autor de

Natas críticas señala la base económica del

populismo (págs. 166-167), pero lo que dice nos parece

insuficiente.





[128]







El

señor Struve dice con mucha razón que esas medidas sólo

podrían "realizar los ardientes deseos de algunos terratenientes de

Europa occidental y de Rusia, que sueñan con peones amarrados a la

tierra" (279),





[129]



Es decir,

naturalmente, a todos aquellos a quienes es accesible el progreso

técnico.











[130]



El

señor V. V. dice en Nedielia, núm, 47 de 1894: "En el

período de nuestra historia posterior a la reforma, las relaciones

sociales se aproximaron, en algunos aspectos, a las imperantes en Europa

occidental, con la actividad de los elementos democráticos en la

época de la lucha política y la indiferencia de la sociedad en

los años siguientes". En el capítulo I tratamos de demostrar

que esa "indiferencia" no fue una casualidad, sino una consecuencia

inevitable de la situación y los intereses de la clase de la que salen

los representantes de la "sociedad", clase que, paralelamente a las

desventajas de las relaciones hoy imperantes, obtienen de ellas ventajas muy

considerables.







[131]



Si aplican

de modo consecuente su teoría. Ya hemos hablado mucho de que las

deficiencias de la exposición del señor Struve se produjeron

precisamente porque no se atuvo en, forma rigurosa a esta teoría.





[132]







Expresión del señor luzhakov.





[133]



Por

supuesto, para esa utilización se necesita una enorme labor de

preparación; por otra parte, una labor nada espectacular por su propia

esencia. Antes de esa utilización puede trascurrir un

período más o menos considerable, durante el cual diremos

abiertamente-en oposición al "optimismo dulzón" de los

señores populistas, quienes aseguran que fuerzas hay y que sólo

se requiere aconsejarles "abandonar el mal camino"-que no existe

todavía una fuerza social capaz de ofrecer mejores caminos para la

patria.