El programa se divide en tres partes principales. En la primera parte se exponen todas las concepciones de las que se derivan las restantes partes del programa. En esta parte se indica qué posición ocupa la clase obrera en la sociedad moderna, qué sentido y significado tiene su lucha contra los fabricantes y cuál es la situación política de la clase obrera en el Estado ruso.

En la segunda parte se expone la tarea del partido y se indica en qué relación se encuentra con las demás corrientes políticas en Rusia. Aquí se habla de cuál debe ser la actividad del partido y de todos los obreros conscientes de sus intereses de clase, y cómo deben relacionarse con los intereses y aspiraciones de las otras clases de la sociedad rusa.

La tercera parte contiene las reivindicaciones prácticas del partido. Esta parte se subdivide en tres secciones. La primera sección contiene las reivindicaciones de transformaciones estatales generales. La segunda sección, las reivindicaciones y el programa de la clase obrera. La tercera, las reivindicaciones en favor de los campesinos. Más abajo se dan algunas explicaciones previas a estas secciones, antes de pasar a la parte práctica del programa.

A. 1. El programa habla ante todo del rápido crecimiento de las grandes fábricas y plantas, porque este es el fenómeno principal en la Rusia moderna, que cambia por completo todas las viejas condiciones de vida, en particular las condiciones de vida de la clase trabajadora. Bajo las viejas condiciones, casi toda la riqueza era producida por pequeños propietarios, que constituían la inmensa mayoría de la población. La población vivía inmóvil en las aldeas, produciendo la mayor parte de los productos ya fuera para su propio consumo, ya para un pequeño mercado de las aldeas circundantes, poco vinculado con otros mercados vecinos. Para los terratenientes trabajaban esos mismos pequeños propietarios, y los terratenientes los obligaban a producir principalmente para su propio consumo. Los productos domésticos se entregaban para su elaboración a artesanos, que también vivían en las aldeas o iban a recoger trabajo por los alrededores.

Y he aquí que desde la emancipación de los campesinos, estas condiciones de vida de la masa del pueblo sufrieron un cambio total: en lugar de los pequeños talleres artesanales empezaron a aparecer grandes fábricas, que crecían con extraordinaria rapidez; desplazaban a los pequeños propietarios, convirtiéndolos en obreros asalariados, y obligaban a cientos y miles de obreros a trabajar juntos, produciendo en cantidades enormes mercancías que se venden por toda Rusia.

La emancipación de los campesinos destruyó la inmovilidad de la población y colocó a los campesinos en condiciones tales que ya no podían alimentarse de las pequeñas parcelas de tierra que les quedaban. La masa del pueblo se lanzó en busca de ganancias, yendo a las fábricas, a la construcción de ferrocarriles que unen los distintos extremos de Rusia y transportan por todas partes las mercancías de las grandes fábricas. La masa del pueblo fue a ganarse la vida a las ciudades, se ocupó en la construcción de edificios fabriles y comerciales, en el suministro de combustible a las fábricas, en la preparación de materiales para ellas. Por último, multitud de personas se ocupaban en el trabajo a domicilio, distribuido por comerciantes y fabricantes que no alcanzaban a ampliar sus establecimientos. Iguales cambios se produjeron en la agricultura: los terratenientes empezaron a producir trigo para la venta, aparecieron grandes sembradores salidos de los campesinos y los comerciantes, cientos de millones de puds de trigo empezaron a venderse al extranjero. Para la producción se requirieron obreros asalariados, y cientos de miles y millones de campesinos, abandonando sus minúsculas parcelas, se convirtieron en jornaleros y trabajadores a jornal para los nuevos propietarios que producían trigo para la venta. Pues bien, son precisamente estos cambios de las viejas condiciones de vida los que describe el programa al decir que las grandes fábricas y plantas arruinan a los pequeños artesanos y campesinos, transformándolos en obreros asalariados. La pequeña producción es sustituida en todas partes por la grande, y en esa gran producción las masas de obreros son ya simples asalariados, que trabajan por un salario para el capitalista, quien posee enormes capitales, construye enormes talleres, compra masas de materiales y se guarda en el bolsillo toda la ganancia de esa producción masiva de obreros unificados. La producción se ha vuelto capitalista, y oprime implacable y despiadadamente a todos los pequeños propietarios, destruyendo su vida inmóvil en las aldeas, obligándolos a andar como simples peones de un extremo a otro del país, vendiendo su trabajo al capital. Una parte cada vez mayor de la población se desprende definitivamente de la aldea y de la agricultura y se concentra en las ciudades, en los pueblos y villas fabriles e industriales, formando una clase especial de personas que no tienen propiedad alguna, la clase de los obreros asalariados-proletarios, que viven solo de la venta de su fuerza de trabajo.

He aquí en qué consisten los enormes cambios en la vida del país producidos por las grandes fábricas y plantas: la pequeña producción es sustituida por la grande, los pequeños propietarios se transforman en obreros asalariados. ¿Qué significa este cambio para todo el pueblo trabajador y a qué conduce? De esto habla a continuación el programa.

A. 2. La sustitución de la pequeña producción por la grande va acompañada de la sustitución de los pequeños medios monetarios en manos de cada propietario por enormes capitales, de la sustitución de las pequeñas e insignificantes ganancias por ganancias millonarias. Por eso, el crecimiento del capitalismo conduce en todas partes al aumento del lujo y la riqueza. En Rusia se ha formado toda una clase de grandes magnates del dinero, fabricantes, ferroviarios, comerciantes, banqueros; se ha formado toda una clase de personas que viven de las rentas de capitales monetarios, entregados a interés a los industriales; se han enriquecido los grandes terratenientes, recibiendo de los campesinos cuantiosos rescates por la tierra, aprovechando su necesidad de tierra para elevar los precios de la tierra entregada en arriendo, instalando en sus fincas grandes destilerías y fábricas de azúcar de remolacha. El lujo y el derroche en todas estas clases de ricos alcanzaron dimensiones inauditas, y las calles principales de las grandes ciudades se llenaron de sus palacios principescos y lujosos castillos. Pero la situación del obrero, a medida que crecía el capitalismo, empeoraba cada vez más. Los salarios, si bien aumentaron en algunos sitios después de la emancipación de los campesinos, lo hicieron muy poco y por poco tiempo, porque la masa de gente hambrienta que afluía de las aldeas hacía bajar los precios, mientras que los víveres y artículos de primera necesidad se encarecían cada vez más, de modo que incluso con un pago mayor los obreros terminaban recibiendo menos medios de vida; encontrar ganancia se volvía cada vez más difícil, y junto a los lujosos palacios de los ricos (o en las afueras de las ciudades) crecían las chozas de los obreros, obligados a vivir en sótanos, en viviendas hacinadas, húmedas y frías, o incluso directamente en refugios excavados en la tierra junto a los nuevos establecimientos industriales. El capital, al hacerse cada vez más grande, oprimía con más fuerza a los obreros, convirtiéndolos en mendigos, obligándolos a entregar todo su tiempo a la fábrica, empujando al trabajo a las mujeres y los hijos de los obreros. De modo que he aquí en qué consiste el primer cambio al que conduce el crecimiento del capitalismo: enormes riquezas se acumulan en manos de un pequeño puñado de capitalistas, mientras las masas del pueblo se convierten en mendigos.

El segundo cambio consiste en que la sustitución de la pequeña producción por la grande trajo consigo muchas mejoras en la producción. Ante todo, en lugar del trabajo individual, aislado en cada pequeño taller, en casa de cada pequeño propietario por separado, surgió el trabajo de obreros unificados, que trabajan juntos en una misma fábrica, para un mismo terrateniente, para un mismo contratista. El trabajo conjunto es mucho más exitoso (productivo) que el individual y permite producir mercancías mucho más fácil y rápidamente. Pero de todas estas mejoras se aprovecha un solo capitalista, que paga a los obreros sus propias miserias y se apropia gratuitamente de toda la ventaja del trabajo conjunto de los obreros. El capitalista resulta aún más fuerte, el obrero aún más débil, porque se acostumbra a un solo tipo de trabajo y le es más difícil pasar a otra cosa, cambiar de ocupación.

Otra mejora, mucho más importante, en la producción son las máquinas, que introduce el capitalista. La productividad del trabajo aumenta muchas veces con el uso de las máquinas; pero el capitalista vuelve toda esta ventaja contra los obreros: aprovechando que las máquinas requieren menos fuerza física, pone junto a ellas a mujeres y niños, pagándoles un salario menor. Aprovechando que con las máquinas se necesitan muchos menos obreros, los expulsa en masa de la fábrica y se aprovecha de este desempleo para esclavizar aún más al obrero, para aumentar la jornada de trabajo, para privar al obrero del descanso nocturno y convertirlo en un simple apéndice de la máquina. El desempleo creado por las máquinas y en constante aumento conduce hoy a la total indefensión del obrero. Su habilidad pierde valor, es fácilmente reemplazado por un simple peón que se acostumbra rápidamente a la máquina y está dispuesto a trabajar por un salario menor. Todo intento de defenderse de la presión cada vez mayor del capital conduce al despido. Individualmente, el obrero resulta completamente impotente frente al capital; la máquina amenaza con aplastarlo.

A. 3. Hemos mostrado en la explicación al punto anterior que el obrero por sí solo resulta impotente e indefenso frente al capitalista que introduce las máquinas. Al obrero le es forzoso, a toda costa, buscar medios para rechazar al capitalista, para defenderse. Y ese medio lo encuentra en la unión. Impotente en solitario, el obrero se convierte en una fuerza al unirse con sus compañeros, adquiere la posibilidad de luchar contra el capitalista y de rechazarlo.

La unión se convierte en una necesidad para el obrero, frente al cual se alza ya el gran capital. Pero ¿es posible unir a una masa de gente heterogénea, ajena entre sí, aunque trabaje en una misma fábrica? El programa señala las condiciones que preparan a los obreros para la unión y desarrollan en ellos la capacidad y la habilidad de unirse. Estas condiciones son las siguientes: 1) La gran fábrica con producción maquinizada, que requiere trabajo permanente durante todo el año, rompe por completo el vínculo del obrero con la tierra y con la economía propia, convirtiéndolo en un proletario pleno. En cambio, la economía propia en un pedacito de tierra desunía a los obreros, daba a cada uno de ellos algún interés particular, distinto de los intereses de sus compañeros, y de ese modo impedía su unificación. La ruptura del obrero con la tierra rompe esos obstáculos. 2) Además, el trabajo conjunto de cientos y miles de obreros habitúa por sí mismo a los obreros a la discusión conjunta de sus necesidades, a la acción conjunta, mostrando de manera evidente la igualdad de situación e intereses de toda la masa obrera. 3) Por último, los constantes traslados de obreros de una fábrica a otra los habitúan a comparar las condiciones y los regímenes en distintas fábricas, a compararlos, a convencerse de la identidad de la explotación en todas las fábricas, a tomar la experiencia de otros obreros en sus enfrentamientos con el capitalista, y de ese modo fortalecen la cohesión y la solidaridad de los obreros. Pues bien, estas condiciones, tomadas en conjunto, llevaron a que la aparición de las grandes fábricas y plantas provocara la unión de los obreros. Entre los obreros rusos esta unión se expresa con mayor frecuencia y fuerza en las huelgas (sobre por qué a nuestros obreros les es inaccesible la unión en forma de sindicatos o cajas, hablaremos más tarde). Cuanto más se desarrollan las grandes fábricas y plantas, más frecuentes, fuertes y tenaces se vuelven las huelgas obreras, de modo que, cuanto más fuerte es la opresión del capitalismo, más necesario es el rechazo conjunto de los obreros. Las huelgas y los levantamientos aislados de los obreros, como dice el programa, constituyen en la actualidad el fenómeno más extendido en las fábricas rusas. Pero, a medida que el capitalismo sigue creciendo y las huelgas se hacen más frecuentes, estas resultan insuficientes. Los fabricantes toman contra ellas medidas comunes: establecen alianzas entre sí, traen obreros de otros lugares, recurren a la ayuda del poder estatal, que les ayuda a aplastar la resistencia de los obreros. Contra los obreros no está ya un solo fabricante de cada fábrica por separado, contra ellos está toda la clase de los capitalistas junto con el gobierno que la ayuda. Toda la clase de los capitalistas entra en lucha contra toda la clase obrera, buscando medidas comunes contra las huelgas, obteniendo del gobierno leyes contra los obreros, trasladando fábricas y plantas a localidades más apartadas, recurriendo a la distribución de trabajo a domicilio y a miles de otras artimañas y astucias contra los obreros. La unión de los obreros de una sola fábrica, incluso de una sola rama industrial, resulta insuficiente para rechazar a toda la clase de los capitalistas; se vuelve absolutamente necesaria la acción conjunta de toda la clase obrera. Así, de los levantamientos aislados de los obreros surge la lucha de toda la clase obrera. La lucha de los obreros contra los fabricantes se convierte en lucha de clases. A todos los fabricantes los une un mismo interés: mantener a los obreros sometidos y pagarles el menor salario posible. Y los fabricantes ven que no pueden defender su causa sino mediante la acción conjunta de toda la clase de los fabricantes, sino adquiriendo influencia sobre el poder estatal. A los obreros, de igual modo, los une un interés común: no dejar que el capital los aplaste, defender su derecho a la vida y a una existencia humana. Y los obreros, de igual modo, se convencen de que también a ellos les es necesaria la unificación, la acción conjunta de toda la clase, la clase obrera, y que para ello es necesario conquistar influencia sobre el poder estatal.

A. 4. Hemos explicado de qué manera y por qué la lucha de los obreros fabriles contra los fabricantes se convierte en lucha de clases, en lucha de la clase obrera —el proletariado— contra la clase de los capitalistas —la burguesía—. Cabe preguntarse: ¿qué significado tiene para todo el pueblo y para todos los trabajadores esta lucha? En las condiciones actuales, de las que ya hemos hablado en la explicación al punto 1, la producción mediante obreros asalariados desplaza cada vez más a la pequeña economía. El número de personas que viven del trabajo asalariado aumenta rápidamente, y no solo aumenta el número de obreros fabriles permanentes, sino que aún más aumenta el número de campesinos que deben buscarse ese mismo trabajo asalariado para poder alimentarse. En la actualidad, el trabajo a jornal, el trabajo para el capitalista, se ha convertido ya en la forma más extendida de trabajo. La dominación del capital sobre el trabajo ha abarcado a la masa de la población no solo en la industria, sino también en la agricultura. Pues bien, esa explotación del trabajo asalariado que se halla en la base de la sociedad moderna es llevada por las grandes fábricas a su más alto grado de desarrollo. Todos los procedimientos de explotación que emplean todos los capitalistas en todas las ramas de la industria, de los cuales sufre toda la masa de la población obrera de Rusia, aquí, en la fábrica, se reúnen, se intensifican, se convierten en regla permanente, se extienden a todos los aspectos del trabajo y la vida del obrero, crean todo un reglamento, todo un sistema de extracción de jugos al obrero por parte del capitalista. Aclaremos esto con un ejemplo: en todas partes y siempre, cualquiera que se contrata para un trabajo descansa, deja el trabajo en día festivo, si en los alrededores se celebra esa fiesta. Cosa muy distinta es en la fábrica: al contratar a un trabajador, la fábrica dispone de él como le place, sin prestar atención alguna a las costumbres del obrero, a su modo de vida habitual, a su situación familiar, a sus necesidades espirituales. La fábrica lo empuja al trabajo cuando a ella le conviene, obligándolo a ajustar toda su vida a sus exigencias, obligándolo a fragmentar su descanso, y en el trabajo por turnos lo obliga a trabajar tanto de noche como en día festivo. Todos los abusos imaginables en lo que respecta al tiempo de trabajo, la fábrica los pone en práctica, y al mismo tiempo introduce sus «reglamentos», sus «órdenes», obligatorias para cada obrero. ¡El régimen fabril resulta adrede ajustado de tal manera que exprima del obrero contratado toda la cantidad de trabajo que este pueda dar, exprimirlo lo más rápido posible y luego arrojarlo fuera! Otro ejemplo. Cualquiera que se contrata para un trabajo, por supuesto, se obliga a someterse al patrón, a hacer lo que se le ordene. Pero, al obligarse a cumplir un trabajo temporal, el contratado en modo alguno renuncia a su voluntad; si encuentra incorrecta o excesiva la exigencia del patrón, lo abandona. La fábrica, en cambio, exige que el obrero renuncie por completo a su voluntad; implanta en su interior una disciplina, obliga al obrero a empezar y terminar el trabajo al toque de campana, se arroga el derecho de castigar por sí misma al obrero, y por cada infracción de los reglamentos por ella misma redactados lo somete a multas o descuentos. El obrero se convierte en parte de un enorme aparato maquinizado: debe ser tan sumiso, esclavizado, desprovisto de voluntad propia, como la propia máquina.

Un tercer ejemplo. Cualquiera que se contrata para un trabajo, a menudo se muestra descontento con el patrón y presenta una queja ante el tribunal o ante el superior. Y el superior y el tribunal resuelven la disputa por lo general a favor del patrón, le sostienen la mano, pero esta condescendencia con los intereses patronales no se basa en una regla o ley general, sino en la servicialidad de funcionarios aislados, que unas veces defienden más, otras menos, que resuelven el asunto injustamente a favor del patrón ya sea por conocencia con el patrón, ya por desconocimiento de las condiciones de trabajo e incapacidad para comprender al obrero. Cada caso aislado de tal injusticia depende de cada choque concreto entre el obrero y el patrón, de cada funcionario concreto. Pero la fábrica reúne a tal masa de obreros, lleva las opresiones a tal grado, que se hace imposible examinar por separado cada caso. Se crean reglas generales, se redacta una ley sobre las relaciones entre obreros y fabricantes, una ley obligatoria para todos. Y en esa ley, la condescendencia con los intereses del patrón es ya sancionada por el poder estatal. En lugar de la injusticia de funcionarios particulares aparece la injusticia de la propia ley. Aparecen, por ejemplo, normas tales que el obrero, por falta al trabajo, no solo pierde el salario, sino que paga además una multa, mientras que el patrón, cuando manda al obrero a pasear, no le paga nada; que el patrón puede despedir al obrero por grosería, mientras que el obrero no puede abandonarlo por la misma causa; que el patrón tiene derecho a imponer por su cuenta multas, descuentos o exigir trabajo extraordinario, etc.

Todos estos ejemplos nos muestran de qué manera la fábrica intensifica la explotación de los obreros y convierte esa explotación en universal, hace de ella todo un «orden». El obrero, quiera o no, tiene que vérselas no ya con un patrón aislado y su voluntad y opresión, sino con la arbitrariedad y la opresión de toda la clase de los patronos. El obrero ve que sus opresores no son uno u otro capitalista, sino toda la clase de los capitalistas, porque en todos los establecimientos hay un mismo orden de explotación; a cada capitalista por separado le es incluso imposible apartarse de ese orden: si, por ejemplo, se le ocurriera reducir la jornada de trabajo, sus mercancías le costarían más caras que a su vecino, otro fabricante que obliga al obrero a trabajar más tiempo por el mismo salario. Para lograr una mejora de su situación, el obrero tiene que vérselas ahora con todo un régimen social orientado a la explotación del trabajo por el capital. Contra el obrero no está ya la injusticia aislada de uno u otro funcionario, sino la injusticia del propio poder estatal, que toma bajo su protección a toda la clase de los capitalistas y promulga leyes obligatorias para todos en favor de esta clase. De ese modo, la lucha de los obreros fabriles contra los fabricantes se transforma inevitablemente en lucha contra toda la clase de los capitalistas, contra todo el régimen social basado en la explotación del trabajo por el capital. Por eso la lucha de los obreros adquiere significado social, se convierte en lucha en nombre de todos los trabajadores contra todas las clases que viven del trabajo ajeno. Por eso la lucha de los obreros inaugura una nueva época en la historia de Rusia y es la aurora de la liberación de los trabajadores.

¿En qué se sostiene la dominación de la clase de los capitalistas sobre toda la masa de la gente trabajadora? En que en manos de los capitalistas, en su propiedad privada, se hallan todas las fábricas, plantas, minas, máquinas, instrumentos de trabajo; en que en sus manos hay enormes extensiones de tierra (de toda la tierra de la Rusia europea, más de 1/3 pertenece a los terratenientes, cuyo número no llega a medio millón). Los obreros, que no tienen por sí mismos ningún instrumento de trabajo ni materiales, deben vender su fuerza de trabajo a los capitalistas, quienes pagan a los obreros solo lo necesario para su manutención y todo el excedente producido por el trabajo se lo guardan en el bolsillo; pagan así solo una parte del tiempo de trabajo consumido en ellos y se apropian de la parte restante. Todo el aumento de riqueza proveniente del trabajo conjunto de la masa de obreros o de las mejoras en la producción va a parar a la clase de los capitalistas, y los obreros, trabajando de generación en generación, siguen siendo los mismos proletarios desposeídos. Por eso hay un solo medio para poner fin a la explotación del trabajo por el capital, a saber: abolir la propiedad privada sobre los instrumentos de trabajo, entregar todas las fábricas, plantas, minas, así como todas las grandes fincas, etc., en manos de toda la sociedad y llevar a cabo una producción socialista común, dirigida por los propios obreros. Los productos elaborados por el trabajo común irán entonces en beneficio de los propios trabajadores, y el excedente producido por ellos por encima de su manutención servirá para satisfacer las necesidades de los propios obreros, para el pleno desarrollo de todas sus capacidades y el disfrute igualitario de todas las conquistas de la ciencia y el arte. Por eso en el programa se indica que solo de este modo puede terminar la lucha de la clase obrera contra los capitalistas. Y para ello es necesario que el poder político, es decir, el poder de administrar el Estado, pase de manos del gobierno, que se halla bajo la influencia de los capitalistas y terratenientes, o de manos de un gobierno compuesto directamente por representantes electos de los capitalistas, a manos de la clase obrera.

Tal es el objetivo final de la lucha de la clase obrera, tal es la condición de su plena liberación. A este objetivo final deben aspirar los obreros conscientes y unificados; pero en nuestro país, en Rusia, encuentran aún enormes obstáculos que les impiden librar la lucha por su liberación.

A. 5. La lucha contra la dominación de la clase de los capitalistas la libran hoy ya los obreros de todos los países europeos, así como los obreros de América y Australia. La unificación y la cohesión de la clase obrera no se limitan a las fronteras de un solo país o una sola nacionalidad: los partidos obreros de diferentes Estados proclaman en voz alta la plena identidad (solidaridad) de intereses y objetivos de los obreros de todo el mundo. Se reúnen en congresos comunes, presentan reivindicaciones comunes a la clase de los capitalistas de todos los países, instauran una fiesta internacional de todo el proletariado unificado que aspira a su liberación (el 1.º de Mayo), cohesionando a la clase obrera de todas las nacionalidades y de todos los países en un único y gran ejército obrero. Esta unificación de los obreros de todos los países es provocada por la necesidad, por el hecho de que la clase de los capitalistas, que domina sobre los obreros, no limita su dominación a un solo país. Los vínculos comerciales entre los distintos Estados se hacen cada vez más estrechos y amplios; el capital pasa constantemente de un país a otro. Los bancos, esos enormes depósitos de capital que lo recogen de todas partes y lo distribuyen en préstamos a los capitalistas, de nacionales se convierten en internacionales, recogen capitales de todos los países, los distribuyen entre los capitalistas de Europa y América. Enormes sociedades anónimas se organizan ya para establecer empresas capitalistas no en un solo país, sino en varios a la vez; aparecen sociedades internacionales de capitalistas. La dominación del capital es internacional. He aquí por qué la lucha de los obreros de todos los países por la liberación solo tiene éxito si es una lucha conjunta de los obreros contra el capital internacional. He aquí por qué camarada del obrero ruso en la lucha contra la clase de los capitalistas es tanto el obrero alemán, como el obrero polaco, como el obrero francés, del mismo modo que sus enemigos son los capitalistas rusos, polacos y franceses. Así, en los últimos tiempos, los capitalistas extranjeros trasladan con especial gusto sus capitales a Rusia, construyen en Rusia sucursales de sus fábricas y plantas y fundan compañías para nuevas empresas en Rusia. Se lanzan ávidamente sobre un país joven en el que el gobierno es tan benévolo y servicial con el capital como en ningún otro, en el que encuentran obreros menos unificados, menos capaces de resistir que en Occidente, en el que el nivel de vida de los obreros y, por tanto, su salario, es mucho más bajo, de modo que los capitalistas extranjeros pueden obtener ganancias enormes, inauditas en su patria. El capital internacional ha extendido ya su mano también sobre Rusia. Los obreros rusos tienden la mano al movimiento obrero internacional.

A. 6. Hemos hablado ya de cómo las grandes fábricas y plantas elevan al más alto grado la opresión del capital sobre el trabajo, cómo crean todo un sistema de procedimientos de explotación; cómo los obreros, al sublevarse contra el capital, llegan inevitablemente a la necesidad de la unificación de todos los obreros, a la necesidad de la lucha conjunta de toda la clase obrera. En esta lucha contra la clase de los capitalistas, los obreros chocan con las leyes generales del Estado, que toman bajo su protección a los capitalistas y sus intereses.

Pero si los obreros, uniéndose, resultan capaces de arrancar concesiones a los capitalistas, de rechazarlos, entonces los obreros podrían, de igual modo, con su unificación, influir sobre las leyes estatales, lograr su modificación. Así proceden los obreros de todos los demás países, pero los obreros rusos no pueden influir directamente sobre el Estado. Los obreros en Rusia están colocados en condiciones tales que se ven privados de los más elementales derechos civiles. No se atreven a reunirse, ni a discutir conjuntamente sus asuntos, ni a organizar sindicatos, ni a imprimir sus declaraciones; en otras palabras: las leyes estatales no solo están redactadas en interés de la clase de los capitalistas, sino que privan directamente a los obreros de toda posibilidad de influir sobre esas leyes y de lograr su modificación. Esto ocurre porque en Rusia (y solo en Rusia entre todos los Estados europeos) se conserva hasta hoy el poder ilimitado del gobierno autocrático, es decir, un régimen estatal en el que las leyes obligatorias para todo el pueblo pueden ser promulgadas únicamente por el zar según su arbitrio, y ejecutar esas leyes solo pueden los funcionarios designados por él. Los ciudadanos están privados de toda participación en la promulgación de las leyes, en su discusión, en la proposición de nuevas, en la exigencia de derogación de las viejas. Están privados de todo derecho a pedir cuentas a los funcionarios, a verificar sus actos, a acusarlos ante los tribunales. Los ciudadanos están privados incluso del derecho a discutir los asuntos del Estado: no se atreven a organizar reuniones o sindicatos sin permiso de esos mismos funcionarios. Los funcionarios resultan, de este modo, en el pleno sentido de la palabra, irresponsables; constituyen como una casta especial, situada por encima de los ciudadanos. La irresponsabilidad y arbitrariedad de los funcionarios y la total mudez de la propia población engendran abusos tan clamorosos del poder por parte de los funcionarios y tal violación de los derechos del pueblo sencillo, como difícilmente se pueden dar en cualquier país europeo.

Así pues, según la ley, el gobierno ruso es completamente ilimitado, se le considera como totalmente independiente del pueblo, por encima de todos los estamentos y clases. Pero si esto fuera realmente así, ¿por qué tanto la ley como el gobierno, en todos los choques de los obreros con los capitalistas, se ponen del lado de los capitalistas? ¿Por qué los capitalistas encuentran un apoyo cada vez mayor a medida que aumenta su número y crece su riqueza, mientras que los obreros encuentran cada vez más y más resistencias y restricciones?

En realidad, el gobierno no está por encima de las clases y toma bajo su protección a una clase contra otra, toma bajo su protección a la clase de los poseedores contra los desposeídos, a los capitalistas contra los obreros. Un gobierno ilimitado no podría ni siquiera gobernar un Estado tan enorme si no concediera todo tipo de favores y condescendencias a las clases poseedoras.

Aunque según la ley el gobierno es un poder ilimitado e independiente, de hecho los capitalistas y terratenientes tienen miles de maneras de influir sobre el gobierno y sobre los asuntos del Estado. Tienen sus propias instituciones estamentales, reconocidas por la ley, sociedades de la nobleza y de los comerciantes, comités de comercio y manufacturas, etc. Sus representantes electos o bien se convierten directamente en funcionarios y toman parte en la administración del Estado (por ejemplo, los jefes de la nobleza), o bien son invitados como miembros a todas las instituciones gubernamentales: por ejemplo, los fabricantes, según la ley, ocupan puestos en las presencias fabriles (estas son la superioridad sobre la inspección fabril), eligiendo para ellas a sus representantes. Pero no se limitan a esta participación directa en la administración del Estado. En sus sociedades discuten las leyes estatales, elaboran proyectos, y el gobierno, en cada caso, suele pedir su opinión, les propone algún proyecto y les pide que hagan observaciones sobre él.

Los capitalistas y terratenientes organizan congresos de toda Rusia, en los que discuten sus asuntos, buscan diferentes medidas en beneficio de su clase, presentan, en nombre de todos los nobles-terratenientes, del «comercio de toda Rusia», solicitudes sobre la promulgación de nuevas leyes y la modificación de las viejas. Pueden discutir sus asuntos en los periódicos, pues por mucho que el gobierno restrinja la prensa con su censura, no se atreve ni a pensar en quitar a las clases poseedoras el derecho a discutir sus asuntos. Tienen toda clase de accesos y entradas a los más altos representantes del poder estatal, y pueden más fácilmente discutir la arbitrariedad de los funcionarios inferiores, pueden fácilmente lograr la derogación de leyes y reglas particularmente restrictivas. Y si en ningún país del mundo hay tal multitud de leyes y reglas, una tutela policial tan inaudita por parte del gobierno, que prevé todas las minucias y despersonaliza todo asunto vivo, en ningún país del mundo se violan tan fácilmente esas reglas burguesas y se eluden tan fácilmente esas leyes policiales mediante una simple y graciosa autorización de la alta superioridad. Y esa graciosa autorización jamás es negada [25].

B. 1. Este punto del programa es el más importante, el principal, porque indica en qué debe consistir la actividad del partido que defiende los intereses de la clase obrera, y la actividad de todos los obreros conscientes. Indica de qué manera las aspiraciones del socialismo, las aspiraciones de eliminar la eterna explotación del hombre por el hombre, deben unirse con el movimiento popular que brota de las condiciones de vida creadas por las grandes fábricas y plantas.

La actividad del partido debe consistir en contribuir a la lucha de clases de los obreros. La tarea del partido no consiste en inventar de cabeza algunos medios de moda para ayudar a los obreros, sino en sumarse al movimiento obrero, en aportarle luz, en ayudar a los obreros en esta lucha que ellos mismos ya han empezado a librar. La tarea del partido es defender los intereses de los obreros y representar los intereses de todo el movimiento obrero. ¿En qué debe manifestarse, pues, la ayuda a los obreros en su lucha?

El programa dice que esta ayuda debe consistir, en primer lugar, en el desarrollo de la autoconciencia de clase de los obreros. Ya hemos hablado de cómo la lucha de los obreros contra los fabricantes se convierte en lucha de clases del proletariado contra la burguesía.

De lo dicho entonces se deduce qué hay que entender por autoconciencia de clase de los obreros. La autoconciencia de clase de los obreros es la comprensión por los obreros de que el único medio para mejorar su situación y lograr su liberación reside en la lucha contra la clase de los capitalistas y fabricantes, creados por las grandes fábricas y plantas. Además, la autoconciencia de los obreros significa la comprensión de que los intereses de todos los obreros de un país dado son iguales, solidarios, que todos ellos constituyen una sola clase, distinta de todas las demás clases de la sociedad. Por último, la autoconciencia de clase de los obreros significa la comprensión por los obreros de que, para alcanzar sus objetivos, los obreros necesitan conquistar influencia sobre los asuntos del Estado, como la conquistaron y la siguen conquistando los terratenientes y los capitalistas.

¿Por qué camino adquieren los obreros la comprensión de todo esto? Los obreros la adquieren extrayéndola constantemente de la propia lucha que empiezan a librar con los fabricantes y que se desarrolla cada vez más, se hace más aguda, arrastra a un número mayor de obreros a medida que se desarrollan las grandes fábricas y plantas. Hubo un tiempo en que la hostilidad de los obreros contra el capital se expresaba solo en un sentimiento confuso de odio contra sus explotadores, en una conciencia confusa de su opresión y esclavitud, y en el deseo de vengarse de los capitalistas. La lucha se expresaba entonces en levantamientos aislados de los obreros, que destruían edificios, rompían máquinas, golpeaban a la superioridad fabril, etc. Esta fue la primera forma, incipiente, del movimiento obrero, y era necesaria porque el odio al capitalista siempre y en todas partes fue el primer impulso para despertar en los obreros la aspiración a defenderse. Pero de esta forma primaria el movimiento obrero ruso ya ha crecido. En lugar del odio confuso al capitalista, los obreros han empezado ya a comprender la hostilidad de los intereses de la clase obrera y de la clase de los capitalistas. En lugar del sentimiento poco claro de opresión, han empezado ya a analizar en qué consiste y cómo exactamente los oprime el capital, y se sublevan contra una u otra forma de opresión, poniendo límites a la presión del capital, defendiéndose de la avidez del capitalista. En lugar de la venganza contra los capitalistas, pasan ahora a la lucha por concesiones, empiezan a presentar una reivindicación tras otra a la clase de los capitalistas y exigen mejoras de las condiciones de trabajo, aumento del salario, reducción de la jornada de trabajo. Cada huelga concentra toda la atención y todos los esfuerzos de los obreros ora sobre una, ora sobre otra condición en que se halla colocada la clase obrera. Cada huelga provoca la discusión de estas condiciones, ayuda a los obreros a valorarlas, a desentrañar en qué consiste aquí la presión del capital, con qué medios se puede luchar contra esa presión. Cada huelga enriquece la experiencia de toda la clase obrera. Si la huelga es exitosa, muestra a esta la fuerza de la unificación de los obreros e impulsa a otros a aprovechar el éxito de los compañeros. Si es fallida, provoca la discusión de las causas del fracaso y la búsqueda de mejores procedimientos de lucha. En este paso de los obreros, iniciado ahora por todas partes en Rusia, hacia una lucha inflexible por sus necesidades perentorias, una lucha por concesiones, por mejores condiciones de vida, de salario y de jornada de trabajo, reside un enorme paso adelante dado por los obreros rusos, y por eso la principal atención del partido socialdemócrata y de todos los obreros conscientes debe dirigirse hacia esta lucha, hacia su fomento. La ayuda a los obreros debe consistir en señalar aquellas necesidades más perentorias por cuya satisfacción debe librarse la lucha, en analizar aquellas causas que empeoran particularmente la situación de unos u otros obreros, en aclarar las leyes y reglas fabriles, cuya violación (y las artimañas engañosas de los capitalistas) somete con tanta frecuencia a los obreros a un doble saqueo. La ayuda debe consistir en expresar con mayor precisión y determinación las reivindicaciones de los obreros y exponerlas públicamente, en elegir el mejor momento para la resistencia, en elegir el modo de lucha, en discutir la situación y las fuerzas de ambas partes contendientes, en discutir si no se puede elegir un modo aún mejor de lucha (un procedimiento como, tal vez, una carta al fabricante, o una apelación al inspector, o al médico, según las circunstancias, si no conviene pasar directamente a la huelga, etc.).

Hemos dicho que el paso de los obreros rusos a esta lucha indica el enorme paso adelante que han dado. Esta lucha coloca (encauza) al movimiento obrero en la vía directa y es garantía segura de su ulterior éxito. En esta lucha, la masa de la gente trabajadora aprende, en primer lugar, a reconocer y analizar uno tras otro los procedimientos de la explotación capitalista, a cotejarlos tanto con la ley como con sus condiciones de vida y con los intereses de la clase de los capitalistas. Al analizar las distintas formas y casos de explotación, los obreros aprenden a comprender el significado y la esencia de la explotación en su conjunto, aprenden a comprender el régimen social que se basa en la explotación del trabajo por el capital. En segundo lugar, en esta lucha los obreros prueban sus fuerzas, aprenden a unificarse, aprenden a comprender la necesidad y la importancia de la unificación. La ampliación de esta lucha y la multiplicación de los choques conducen inevitablemente a la extensión de la lucha, al desarrollo del sentimiento de unidad, del sentimiento de su solidaridad, primero entre los obreros de una localidad dada, después entre los obreros de todo el país, de toda la clase obrera. En tercer lugar, esta lucha desarrolla la conciencia política de los obreros. La masa de la gente trabajadora está colocada por las condiciones mismas de su vida en una situación tal que no tienen (no pueden) tener ni el ocio ni la posibilidad de reflexionar sobre cuestiones estatales de algún tipo. Pero la lucha de los obreros contra los fabricantes por sus necesidades cotidianas, por sí misma e inevitablemente, empuja a los obreros hacia las cuestiones estatales, políticas, hacia las cuestiones de cómo está gobernado el Estado ruso, cómo se promulgan las leyes y las reglas y a qué intereses sirven. Cada choque fabril lleva necesariamente a los obreros a chocar con las leyes y con los representantes del poder estatal. Los obreros, aquí, escuchan por primera vez «discursos políticos». Al principio, aun cuando sea de parte de los inspectores fabriles, que les explican que la artimaña mediante la cual los ha oprimido el fabricante se basa en el sentido exacto de unas reglas, aprobadas por la autoridad competente y que dejan a la arbitrariedad del fabricante el oprimir a los obreros, o que las opresiones del fabricante son completamente legales, porque el fabricante no hace más que usar de su derecho, se apoya en tal o cual ley, aprobada por el poder estatal y protegida por él. A las explicaciones políticas de los señores inspectores se suman a veces «explicaciones políticas» aún más útiles del señor ministro, que recuerda a los obreros los sentimientos de «amor cristiano» que deben a los fabricantes por el hecho de que los fabricantes amasan millones a costa del trabajo de los obreros. Después, a estas explicaciones de los representantes del poder estatal y al conocimiento directo por parte de los obreros de en favor de quién actúa ese poder, se añaden también hojas volantes u otras explicaciones de los socialistas, de modo que los obreros reciben ya plenamente, en esa huelga, su educación política. Aprenden a comprender no solo los intereses particulares de la clase obrera, sino también el lugar particular que ocupa la clase obrera en el Estado. Así pues, he aquí en qué debe consistir la ayuda que el partido socialdemócrata puede prestar a la lucha de clases de los obreros: en el desarrollo de la autoconciencia de clase de los obreros mediante la contribución a su lucha por sus necesidades más perentorias.

La segunda ayuda debe consistir, como se dice en el programa, en la contribución a la organización de los obreros. La lucha que acabamos de describir exige necesariamente la organización de los obreros. La organización se hace necesaria tanto para la huelga, para conducirla con más éxito, como para las colectas en favor de los huelguistas, y para la creación de cajas obreras, y para la agitación entre los obreros, la difusión entre ellos de hojas volantes o anuncios, llamamientos, etc. Aún más necesaria es la organización para defenderse de la persecución de la policía y la gendarmería, para ocultarles todas las uniones de los obreros, todas sus comunicaciones, para organizar el suministro de libros, folletos, periódicos, etc. La ayuda en todo esto es la segunda tarea del partido.

La tercera consiste en señalar el verdadero objetivo de la lucha, es decir, en explicar a los obreros en qué consiste la explotación del trabajo por el capital, en qué se sostiene, de qué manera la propiedad privada sobre la tierra y los instrumentos de trabajo conduce a la mendicidad de las masas obreras, las obliga a vender su trabajo a los capitalistas y a entregarles gratuitamente todo el excedente producido por el trabajo del obrero por encima de su manutención; en explicar, además, cómo esta explotación conduce inevitablemente a la lucha de clases de los obreros contra los capitalistas, cuáles son las condiciones de esta lucha y sus objetivos finales; en una palabra, en explicar lo que brevemente se ha indicado en este programa.

B. 2. ¿Qué significa que la lucha de la clase obrera es una lucha política? Significa que la clase obrera no puede librar la lucha por su liberación sin conquistar influencia sobre los asuntos del Estado, sobre la administración del Estado, sobre la promulgación de las leyes. La necesidad de esta influencia la comprendieron hace tiempo los capitalistas rusos, y hemos mostrado de qué manera ellos, pese a todas las prohibiciones de las leyes policiales, supieron encontrar miles de medios de influir sobre el poder estatal, y cómo este poder sirve a los intereses de la clase de los capitalistas. De aquí se sigue por sí mismo que también a la clase obrera le es imposible librar su lucha, le es imposible incluso lograr una mejora permanente de su suerte, sin influir sobre el poder estatal.

Ya hemos dicho que la lucha de los obreros contra los capitalistas los llevará inevitablemente a chocar con el gobierno, y el gobierno mismo se esfuerza con todas sus fuerzas por demostrar a los obreros que solo mediante la lucha y la resistencia unificada pueden influir sobre el poder estatal. De manera particularmente clara lo muestran aquellas grandes huelgas que hubo en Rusia en 1885–1886. El gobierno se ocupó en seguida de reglamentos sobre los obreros, promulgó en el acto nuevas leyes sobre los regímenes fabriles, cediendo a las reivindicaciones perentorias de los obreros (por ejemplo, se introdujeron reglas sobre la limitación de las multas y sobre el pago correcto) [26]; de igual modo, las huelgas actuales (1896) provocaron de nuevo la inmediata participación del gobierno, y el gobierno ya ha comprendido que no puede limitarse a detenciones y deportaciones, que es ridículo obsequiar a los obreros con estúpidas amonestaciones sobre la nobleza de los fabricantes (véase la circular del ministro de Finanzas Witte a los inspectores fabriles. Primavera de 1896 [27]). El gobierno vio que «los obreros unidos representan una fuerza con la que hay que contar», y he aquí que ha emprendido ya la revisión de las leyes fabriles y convoca en San Petersburgo un congreso de inspectores fabriles superiores para discutir la cuestión de la reducción de la jornada de trabajo y de otras concesiones inevitables a los obreros.

Así pues, vemos que la lucha de la clase obrera contra la clase de los capitalistas debe ser necesariamente una lucha política. Esa lucha ejerce ya, efectivamente, influencia sobre el poder estatal, adquiere significado político. Pero cuanto más se desarrolla el movimiento obrero, con más claridad y nitidez se destaca y se hace sentir la total carencia de derechos políticos de los obreros, de la que hemos hablado antes, la total imposibilidad para los obreros de ejercer una influencia abierta y directa sobre el poder estatal. Por eso, la reivindicación más perentoria de los obreros y la primera tarea de la influencia de la clase obrera sobre los asuntos del Estado debe ser la conquista de la libertad política, es decir, de la participación directa, asegurada por las leyes (constitución), de todos los ciudadanos en la administración del Estado, la garantía para todos los ciudadanos del derecho a reunirse libremente, a discutir sus asuntos, a influir en los asuntos del Estado mediante sindicatos y la prensa. La conquista de la libertad política se convierte en «la tarea perentoria de los obreros», porque sin ella los obreros no tienen ni pueden tener influencia alguna sobre los asuntos del Estado y, por tanto, permanecen inevitablemente como una clase privada de derechos, humillada, sin voz. Y si ya ahora, cuando la lucha de los obreros y su cohesión apenas empiezan, el gobierno se apresura a hacer concesiones a los obreros para detener el crecimiento ulterior del movimiento, no hay duda de que cuando los obreros se cohesionen y unifiquen bajo la dirección de un solo partido político, ¡sabrán obligar al gobierno a rendirse, sabrán conquistar para sí y para todo el pueblo ruso la libertad política!

En las partes anteriores del programa se indicó qué lugar ocupa la clase obrera en la sociedad moderna y en el Estado moderno, cuál es el objetivo de la lucha de la clase obrera y en qué consiste la tarea del partido que representa los intereses de los obreros. Bajo el poder ilimitado del gobierno en Rusia, no hay ni puede haber partidos políticos manifiestos, pero hay corrientes políticas que expresan los intereses de otras clases y ejercen influencia sobre la opinión pública y sobre el gobierno. Por eso, para aclarar la posición del partido socialdemócrata, es necesario ahora indicar su relación con las demás corrientes políticas en la sociedad rusa, para que los obreros definan quién puede ser su aliado, hasta qué límites, y quién su enemigo. Esto es lo que se indica en los dos puntos siguientes del programa.

B. 3. El programa declara que los aliados de los obreros son, en primer lugar, todas aquellas capas de la sociedad que se alzan contra el poder ilimitado del gobierno autocrático. Dado que este poder ilimitado es el principal obstáculo en la lucha de los obreros por su liberación, de aquí se sigue por sí mismo que el interés directo de los obreros exige apoyar todo movimiento social contra el absolutismo (absoluto significa ilimitado; absolutismo, poder ilimitado del gobierno). Cuanto más se desarrolla el capitalismo, más profundas se vuelven las contradicciones entre esta administración burocrática y los intereses de las propias clases poseedoras, los intereses de la burguesía. Y el partido socialdemócrata declara que apoyará a todas las capas y sectores de la burguesía que se alcen contra el gobierno ilimitado.

Para los obreros es infinitamente más ventajosa la influencia directa de la burguesía en los asuntos del Estado que su influencia actual a través de la mediación de una horda de funcionarios venales y arbitrarios. Para los obreros es mucho más ventajosa la influencia abierta de la burguesía en la política que la actual influencia encubierta, supuestamente por un gobierno omnipotente «independiente», que se escribe «por la gracia de Dios» y distribuye «sus mercedes» a los sufridos y laboriosos terratenientes y a los indigentes y oprimidos fabricantes. Los obreros necesitan una lucha abierta con la clase de los capitalistas, para que todo el proletariado ruso pueda ver por qué intereses luchan los obreros, pueda aprender cómo se debe librar la lucha, para que las intrigas y aspiraciones de la burguesía no se oculten en las antecámaras de los grandes príncipes, en los salones de senadores y ministros, en las oficinas departamentales cerradas a todos, para que salgan a la luz y abran los ojos a todos y a cada uno sobre quién inspira realmente la política gubernamental y a qué aspiran los capitalistas y terratenientes. Por eso, ¡abajo todo lo que encubre la actual influencia de la clase de los capitalistas!, ¡por eso, apoyo a todos y cada uno de los representantes de la burguesía que se alzan contra la burocracia, la administración burocrática, contra el gobierno ilimitado! Pero, al declarar su apoyo a todo movimiento social contra el absolutismo, el partido socialdemócrata reconoce que no se separa del movimiento obrero, porque la clase obrera tiene sus intereses particulares, opuestos a los intereses de todas las demás clases. Al prestar apoyo a todos los representantes de la burguesía en la lucha por la libertad política, los obreros deben recordar que las clases poseedoras solo pueden ser temporalmente sus aliados, que los intereses de los obreros y los capitalistas no pueden ser conciliados, que la eliminación del poder ilimitado del gobierno les es necesaria a los obreros solo para librar abierta y ampliamente su lucha con la clase de los capitalistas.

Además, el partido socialdemócrata declara que prestará apoyo a todos los que se alzan contra la clase de los nobles-terratenientes privilegiados. Los nobles-terratenientes son considerados en Rusia el primer estamento del Estado. Los restos de su poder feudal sobre los campesinos oprimen hasta hoy a la masa del pueblo. Los campesinos continúan pagando el rescate por la liberación del poder de los terratenientes. Los campesinos siguen estando adscritos a la tierra para que los señores terratenientes no puedan experimentar escasez de jornaleros baratos y sumisos. Los campesinos hasta ahora, como menores de edad y privados de derechos, están entregados a la arbitrariedad de los funcionarios que protegen el bolsillo burocrático, se inmiscuyen en la vida campesina para que los campesinos paguen «puntualmente» los rescates o las rentas a los terratenientes-feudales, para que no se atrevan a «desviarse» del trabajo para los terratenientes, no se atrevan, por ejemplo, a emigrar y, con ello, obligar quizás a los terratenientes a contratar obreros de fuera, no tan baratos y no tan agobiados por la miseria. Al someter a servidumbre a millones y decenas de millones de campesinos en su servicio y al mantener su falta de derechos, los señores terratenientes gozan, por esta valentía, de los más altos privilegios estatales. Los nobles-terratenientes ocupan principalmente los más altos cargos del Estado (y por ley, el estamento nobiliario goza del mayor derecho al servicio estatal); los terratenientes notables están más cerca que nadie de la corte y, más directa y fácilmente que todos, inclinan a su favor la política del gobierno. Se aprovechan de su cercanía al gobierno para saquear el erario público y recibir del dinero del pueblo regalos y dádivas por millones de rublos, ya en forma de grandes fincas distribuidas por servicios, ya en forma de «concesiones» [28].