El análisis de los debates y votaciones en el congreso que acabamos de terminar explica in nuce (en germen) todo lo sucedido después del congreso, y podemos ser breves señalando las etapas ulteriores de nuestra crisis partidaria.

Nos hallábamos ante un dilema: ¿desearía el camarada Mártov considerar su "coalición" congresual como un hecho político aislado (semejante al caso aislado de la coalición de Bebel con Vollmar en 1895, —si licet parva componere magnis[135]), o pretendería consolidar esa coalición, dirigir todos sus esfuerzos a demostrar el error cometido por Plejánov y por mí en el congreso, convirtiéndose en verdadero jefe del ala oportunista de nuestro partido? En otras palabras, el dilema se formulaba así: ¿camorra o lucha política partidaria? De los tres que, al día siguiente del congreso, éramos los únicos miembros presentes de los organismos centrales, Glebov se inclinaba más por la primera solución del dilema y se esforzaba al máximo por reconciliar a los niños reñidos. Por la segunda solución se inclinaba más el camarada Plejánov, a quien, como suele decirse, no había quien le entrase. Yo hacía el papel, esta vez, de "centro" o "ciénaga" e intenté recurrir a la persuasión. Tratar ahora de reconstruir las persuasiones verbales sería una empresa irremediablemente confusa, y no seguiré el mal ejemplo del camarada Mártov y del camarada Plejánov. Pero considero necesario reproducir algunos pasajes de una persuasión escrita, dirigida por mí a uno de los iskristas de la "minoría":

> Y yo me pregunto: ¿por qué motivo, realmente, vamos a separarnos?... Repaso todos los acontecimientos e impresiones del congreso, reconozco que a menudo actué y procedí en un estado de terrible irritación, "furiosamente", estoy dispuesto con gusto a reconocer ante quien sea esta culpa mía, si es que debe llamarse culpa a lo que fue provocado de modo natural por la atmósfera, la reacción, la réplica, la lucha, etc. Pero, considerando ahora sin furia alguna los resultados alcanzados, lo realizado por medio de la lucha furiosa, no puedo en absoluto ver en los resultados nada, absolutamente nada nocivo para el partido y absolutamente nada que sea ofensivo o injurioso para la minoría.
> 
> Por supuesto, no podía dejar de ser ofensivo ya el hecho mismo de haber quedado en minoría; pero protesto categóricamente contra la idea de que nosotros hayamos "manchado" a nadie, de que hayamos querido ofender o humillar a nadie. Nada de eso. Y no es admisible que una discrepancia política conduzca a interpretar los acontecimientos mediante la acusación a la otra parte de falta de honradez, canallada, intriga y otras lindezas que se oyen cada vez con más frecuencia en la atmósfera de la escisión que se avecina. No es admisible, porque esto es, como mínimo, hasta el neс plus ultra[136] de la insensatez.
> 
> Políticamente (y organizativamente) hemos discrepado con Mártov, como hemos discrepado con él decenas de veces. Habiendo sido derrotado en la cuestión del artículo 1 de los estatutos, no podía dejar de aspirar con toda energía al desquite en lo que me quedaba a mí (y al congreso). No podía dejar de aspirar, de una parte, a un Comité Central estrictamente iskrista; de otra, a un triunvirato en la redacción... Considero que este triunvirato es el único capaz de ser un organismo oficial, y no un colegio basado en el compadrazgo y la negligencia, el único centro verdadero en el que cada cual aportara y defendiera siempre y en todo momento su punto de vista partidario, ni un ápice más, e irrespective[137] de todo lo personal, de toda consideración sobre la ofensa, la renuncia, etc.
> 
> Este triunvirato, después de los acontecimientos del congreso, legalizaba sin duda la línea política y organizativa dirigida, en un aspecto, contra Mártov. Sin duda. ¿¿Romper por esto?? ¿¿Destruir el partido?? ¿Acaso en la cuestión de las manifestaciones no estuvieron Mártov y Plejánov contra mí? ¿Acaso en la cuestión del programa no estuve yo con Mártov contra Plejánov? ¿Acaso todo triunvirato no vuelve siempre un costado suyo contra cada uno de sus participantes? Si la mayoría de los iskristas, tanto en la organización de "Iskra" como en el congreso, ha encontrado erróneo este matiz concreto de la línea de Mártov en el aspecto organizativo y político, ¿no son verdaderamente insensatos los intentos de explicarlo con algún "amaño", "instigación", etc.? ¿No sería insensato excusarse de este hecho tachando a esa mayoría de "chusma"?
> 
> Repito: yo, como la mayoría de los iskristas del congreso, estoy profundamente convencido de que Mártov tomó una línea equivocada y de que era necesario enmendarlo. Construir una ofensa a partir de esta enmienda, inferir de aquí un agravio, etc., es insensato. A nadie y en nada "hemos manchado", "manchamos" ni apartamos del trabajo. Y levantar una escisión por haber sido apartado de los centros sería para mí una insensatez incomprensible"[138].

He considerado necesario restablecer ahora estas declaraciones mías por escrito, pues muestran con precisión la aspiración de la mayoría de trazar de inmediato una frontera definida entre los posibles (e inevitables en una lucha ardiente) agravios personales y la irritación personal en virtud de la brusquedad y "furia" de las embestidas, etc., por un lado, y un conocido error político, una línea política (la coalición con el ala derecha), por otro lado.

Estas declaraciones demuestran que la resistencia pasiva de la minoría comenzó inmediatamente después del congreso y provocó en el acto, por nuestra parte, la advertencia de que eso era un paso hacia la escisión del partido; —que ello contradice directamente las declaraciones leales hechas en el congreso; —que sería una escisión exclusivamente por haber sido apartados de los organismos centrales (o sea, por no haber sido elegidos), pues a ningún miembro del partido se le ha ocurrido jamás apartar del trabajo a nadie; —que la discrepancia política entre nosotros (inevitable, en tanto no se ha esclarecido ni resuelto aún la cuestión de quién erró en su línea en el congreso, si Mártov o nosotros) empieza a desnaturalizarse cada vez más en camorra con insultos, suspicacias, etc., etc.

Las advertencias no ayudaron. La conducta de la minoría mostraba que en ella tomaban la delantera los elementos menos estables y que menos valoraban al partido. Esto nos obligó a Plejánov y a mí a retirar nuestro consentimiento a la propuesta de Glebov: en efecto, si la minoría demostraba con sus hechos su inestabilidad política no sólo en el terreno de los principios, sino también en el de la lealtad partidaria elemental, ¿qué valor podían tener las palabras sobre la cacareada "continuidad"? ¡Nadie se ha burlado tan ingeniosamente como Plejánov de todo el absurdo de la exigencia de "cooptar" en la redacción del partido a una mayoría de personas que declaran abiertamente sus nuevas y crecientes discrepancias! ¿Dónde se ha visto en el mundo que, antes de que se esclarezcan en la prensa, ante el partido, las nuevas divergencias, la mayoría partidaria en los organismos centrales se convierta a sí misma en minoría? ¡Que primero se expongan las divergencias, que el partido examine su profundidad e importancia, que el partido mismo corrija su error cometido en el Segundo Congreso, si se demuestra que hubo tal o cual error! El mero hecho de plantear semejante exigencia en nombre de divergencias aún desconocidas mostraba la completa inestabilidad de quienes la exigían, la completa supresión de las discrepancias políticas por la camorra, la falta absoluta de respeto tanto hacia todo el partido como hacia sus propias convicciones. No ha habido ni habrá jamás en el mundo personas de convicciones tan firmes en sus principios que renuncien a convencer antes de haber obtenido (de manera privada) la mayoría en el organismo que se disponen a tratar de hacer cambiar de opinión.

Por fin, el 4 de octubre, el camarada Plejánov anuncia que hará un último intento para acabar con este absurdo. Se reúnen los seis miembros de la antigua redacción en presencia del nuevo miembro del CC[139]. Durante tres horas largas, el camarada Plejánov demuestra lo insensato de la exigencia de "cooptar" a cuatro de la "minoría" por dos de la "mayoría". Propone cooptar a dos, a fin de, por un lado, eliminar todo temor de que queremos "aplastar", aniquilar, domeñar, ejecutar y enterrar a alguien, y, por otro lado, salvaguardar los derechos y la posición de la "mayoría" partidaria. La cooptación de dos es también rechazada.

El 6 de octubre, Plejánov y yo escribimos una carta oficial a todos los antiguos redactores de "Iskra" y al colaborador, camarada Trotski, con el siguiente contenido:

> "¡Estimados camaradas! La redacción del Órgano Central considera su deber expresar oficialmente su pesar por vuestra exclusión de la participación en "Iskra" y "Zariá". A pesar de las reiteradas invitaciones a colaborar, que os hicimos inmediatamente después del Segundo Congreso del partido y repetimos en repetidas ocasiones posteriormente, no hemos recibido de vosotros ni un solo trabajo literario. La redacción del Órgano Central declara que considera que vuestra exclusión de la colaboración no ha sido provocada en modo alguno por nuestra parte. Ninguna irritación personal debe, naturalmente, servir de obstáculo para el trabajo en el Órgano Central del partido. Y si vuestra exclusión es provocada por una u otra divergencia de opiniones entre vosotros y nosotros, consideraríamos extraordinariamente útil, en interés del partido, una exposición detallada de dichas divergencias. Más aún. Consideraríamos muy deseable que el carácter y la profundidad de estas divergencias fueran esclarecidos ante todo el partido, a la mayor brevedad posible, en las páginas de las publicaciones que editamos"[140].

Como ve el lector, seguía sin quedarnos del todo claro si predominaba la irritación personal en las acciones de la "minoría" o el deseo de dar al órgano (y al partido) un nuevo rumbo, cuál exactamente, en qué consistía exactamente. Creo que también ahora, si se sentase a 70 exegetas a trabajar en el esclarecimiento de esta cuestión a base de toda la literatura y todos los testimonios que se quiera, jamás se orientarían en esta confusión. Es dudoso que alguna vez pueda desenredarse una camorra: hay que cortarla por lo sano o apartarse de ella[141].

A la carta del 6 de octubre, Axelrod, Zasúlich, Starovier, Trotski y Koltsov nos respondieron con un par de líneas diciendo que los abajo firmantes no tomaban participación alguna en "Iskra" desde que pasó a manos de la nueva redacción. El camarada Mártov fue más locuaz y nos honró con la siguiente respuesta:

> "A la redacción del Órgano Central del POSDR. ¡Estimados camaradas! En respuesta a vuestra carta del 6 de octubre, declaro lo siguiente: Considero terminadas todas nuestras explicaciones sobre la cuestión del trabajo conjunto en un mismo órgano después de la reunión celebrada el 4 de octubre en presencia de un miembro del CC, en la cual os negasteis a responder a la pregunta sobre las razones que os indujeron a retirar la propuesta que nos hicisteis sobre la incorporación de Axelrod, Zasúlich, Starovier y yo a la redacción, bajo la condición de que nos obligáramos a elegir como nuestro 'representante' en el Consejo al camarada Lenin. Después de que en la mencionada reunión eludisteis en repetidas ocasiones formular vuestras propias declaraciones, hechas ante testigos, no considero necesario explicar en una carta los motivos de mi negativa a trabajar en 'Iskra' en las circunstancias actuales. Si fuera necesario, me pronunciaré detalladamente al respecto ante todo el partido, el cual, por las actas del Segundo Congreso, sabrá ya por qué rechacé la propuesta, ahora repetida por vosotros, de ocupar un puesto en la redacción y en el Consejo..."[142]

Esta carta, junto con los documentos anteriores, proporciona una explicación irrefutable de aquella cuestión del boicot, la desorganización, la anarquía y la preparación de la escisión que tan celosamente elude (mediante signos de exclamación y puntos suspensivos) el camarada Mártov en su "Estado de sitio", la cuestión de los medios leales y desleales de lucha.

Al camarada Mártov y a los demás se les propone exponer las divergencias, se les pide que digan abiertamente de qué se trata y cuáles son sus intenciones, se les exhorta a dejar de hacer caprichos y analizar con calma el error relativo al artículo 1 (indisolublemente vinculado al error en el viraje a la derecha), y el camarada Mártov y Cía. se niegan a dialogar y gritan: ¡me asedian, me aplastan! La burla sobre la "terrible palabra" no enfrió el ardor de estos cómicos lamentos.

Pues ¿cómo se puede asediar a quien se niega a trabajar conjuntamente?, preguntábamos al camarada Mártov. ¿Cómo se puede ofender, "aplastar" y oprimir a la minoría, cuando ésta se niega a ser minoría?? Pues toda permanencia en la minoría significa obligatoria e indefectiblemente ciertas desventajas para quien ha quedado en minoría. Estas desventajas consisten, o bien en que habrá que entrar en un colegio que mayorizará en determinadas cuestiones, o bien en que habrá que situarse fuera del colegio, atacándolo y exponiéndose, por consiguiente, al fuego de baterías bien fortificadas.

¿Pretendía decir el camarada Mártov con sus gritos sobre el "estado de sitio" que se lucha contra ellos, los que han quedado en minoría, o se les gobierna de manera injusta y desleal? Sólo esta tesis tendría (a los ojos de Mártov) siquiera una sombra de sensatez, pues, repito, ciertas desventajas conlleva obligatoria e indefectiblemente la permanencia en la minoría. Mas lo cómico del caso es que ¡con el camarada Mártov no se podía luchar en modo alguno mientras él se negaba a dialogar! ¡No se podía gobernar en modo alguno a la minoría, mientras ésta se negaba a ser minoría!

Ni un solo hecho de extralimitación o de abuso de poder ha demostrado el camarada Mártov en relación con la redacción del Órgano Central, cuando Plejánov y yo estábamos en la redacción. Ni un solo hecho han demostrado tampoco los prácticos de la minoría por parte del Comité Central. Por más vueltas que dé ahora el camarada Mártov en su "Estado de sitio", sigue siendo completamente irrefutable que no hubo absolutamente nada, salvo "blandos lloriqueos", en los lamentos sobre el estado de sitio.

La ausencia total de argumentos razonables contra la redacción designada por el congreso, por parte del camarada Mártov y Cía., queda ilustrada de la mejor manera por su propia expresión: "¡no somos siervos!" ("Estado de sitio", pág. 34). La psicología del intelectual burgués, que se considera a sí mismo entre las "almas selectas", situadas por encima de la organización de masas y de la disciplina de masas, se manifiesta aquí con notable claridad. Explicar la negativa a trabajar en el partido aduciendo que "no somos siervos" significa descubrirse por completo, reconocer la completa falta de argumentos, la completa incapacidad de motivar, la ausencia total de razones sensatas para el descontento. Plejánov y yo declaramos que consideramos que la negativa no ha sido provocada en nada por nuestra parte, pedimos que se expongan las divergencias, y se nos responde: "no somos siervos" (con el añadido: aún no hemos regateado del todo lo de la cooptación).

Al individualismo intelectual, que ya se manifestó en las discusiones sobre el artículo 1, revelando su inclinación al razonamiento oportunista y a la frase anárquica, toda organización y disciplina proletarias le parecen servidumbre. El público lector sabrá pronto que el nuevo congreso del partido también les parece a estos "miembros del partido" y "personas con cargo" del partido una institución propia de la servidumbre, terrible e insoportable para las "almas selectas"... Esta "institución" es, efectivamente, terrible para quienes gustan de aprovecharse del título de miembros del partido, pero sienten la discordancia de este título con los intereses del partido y la voluntad del partido.

Las resoluciones de los comités, enumeradas por mí en la carta a la redacción de la nueva "Iskra" y reproducidas por el camarada Mártov en "Estado de sitio", demuestran de hecho que la conducta de la minoría fue una continua desobediencia a las decisiones del congreso, una desorganización del trabajo práctico positivo. La minoría, formada por oportunistas y enemigos de "Iskra", desgarraba el partido, estropeaba, desorganizaba el trabajo, queriendo vengarse de la derrota en el congreso y sintiendo que por medios honrados y leales (esclareciendo el asunto en la prensa o en el congreso) jamás lograría refutar la acusación de oportunismo y de inestabilidad intelectual lanzada contra ellos en el Segundo Congreso. Conscientes de su impotencia para convencer al partido, actuaban desorganizando el partido e impidiendo todo trabajo. Se les reprochaba que (al embrollar las cosas en el congreso) habían hecho una grieta en nuestra vasija; ellos respondían al reproche esforzándose con todas sus fuerzas por romper del todo la vasija agrietada.

Los conceptos se embrollaban hasta el punto de que el boicot y la exclusión del trabajo se declaraban "medio honrado[143]" de lucha. El camarada Mártov da toda clase de vueltas ahora alrededor de este punto escabroso. ¡El camarada Mártov es tan "principista" que defiende el boicot cuando lo lleva a cabo la minoría, y condena el boicot cuando amenaza al propio Mártov, que ha caído en la mayoría!

Creo que se puede dejar sin análisis la cuestión de si esto es camorra o una "divergencia de principios" acerca de los medios honrados de lucha en un partido obrero socialdemócrata.

Después de los intentos fallidos (4 y 6 de octubre) de obtener una explicación de los camaradas que empezaron la historia a cuenta de la "cooptación", a los organismos centrales sólo les quedaba esperar a ver cómo sería en la práctica la lealtad en la lucha prometida por ellos de palabra. El 10 de octubre, el CC se dirige con una circular a la Liga (véanse actas de la Liga, págs. 3-5), declarando que está elaborando sus estatutos e invitando a los miembros de la Liga a colaborar. El congreso de la Liga era en aquel momento aplazado por la administración de ésta (con dos votos contra uno, véase pág. 20 del mismo documento). Las respuestas de los partidarios de la minoría a esta circular mostraron de inmediato que la cacareada lealtad y el reconocimiento de las decisiones del congreso habían sido sólo una frase, que de hecho la minoría había decidido incondicionalmente no someterse a los organismos centrales del partido, respondiendo a sus llamamientos al trabajo unido con respuestas formales llenas de sofismas y frases anárquicas. A la cacareada carta abierta del miembro de la administración, Deutsch (pág. 10), respondimos junto con Plejánov y otros partidarios de la mayoría con una enérgica expresión de "protesta contra esas groseras violaciones de la disciplina partidaria mediante las cuales una persona con cargo en la Liga se permite obstaculizar la actividad organizativa de un organismo del partido y llama a otros camaradas a la misma violación de la disciplina y de los estatutos. Frases como 'en tal labor, por invitación del CC, no me considero con derecho a participar' o '¡camaradas!, en ningún caso debemos permitirle a él (al CC) que elabore los nuevos estatutos para la Liga', etc., pertenecen a un tipo de procedimientos de agitación que no pueden sino provocar indignación en toda persona que entienda mínimamente lo que significan los conceptos de partido, organización, disciplina partidaria. Procedimientos de este tipo son tanto más indignantes cuanto que se emplean en relación con un organismo partidario recién creado, siendo, por lo tanto, un indudable intento de socavar la confianza hacia él entre los camaradas del partido, y se ponen en circulación bajo la firma de un miembro de la administración de la Liga y a espaldas del CC" (pág. 17).

El congreso de la Liga, en tales condiciones, prometía ser sólo un escándalo.

El camarada Mártov continuó desde el principio su táctica congresual de "meterse en el alma", esta vez al camarada Plejánov, mediante la tergiversación de conversaciones privadas. El camarada Plejánov protesta, y el camarada Mártov se ve obligado a retractarse (págs. 39 y 134 de las actas de la Liga) de sus reproches frívolos o irritados.

Llega el turno del informe. El delegado de la Liga en el congreso del partido era yo. Una simple consulta del esquema de mi informe (pág. 43 y ss.)[144] mostrará al lector que yo di un esbozo del mismo análisis de las votaciones en el congreso que, en forma desarrollada, constituye el contenido del presente folleto. Todo el centro de gravedad del informe radicaba precisamente en la demostración de que Mártov y Cía., en virtud de los errores cometidos por ellos, resultaron estar en el ala oportunista de nuestro partido. A pesar de que el informe se hacía ante la mayoría de los adversarios más enconados, no pudieron encontrar en él absolutamente nada que se apartase de los procedimientos leales de lucha y polémica partidarias.

El informe de Mártov, aparte de pequeñas y particulares "correcciones" a mi exposición (hemos mostrado más arriba la inexactitud de estas correcciones), era, por el contrario, un cierto producto de nervios enfermos.

No es de extrañar que la mayoría se negara a librar la lucha en semejante atmósfera. El camarada Plejánov protestó contra la "escena" (pág. 68) —¡fue, en efecto, una verdadera "escena"!— y se retiró del congreso, no queriendo exponer las objeciones que ya tenía preparadas sobre el fondo del informe. También se retiraron del congreso casi todos los demás partidarios de la mayoría, presentando una protesta por escrito contra la "conducta indigna" del camarada Mártov (pág. 75 de las actas de la Liga).

Los procedimientos de lucha de la minoría se mostraron ante todos con total claridad. Acusábamos a la minoría de un error político en el congreso, de un viraje al oportunismo, de coalición con los bundistas, los Akímov, los Brúker, los Egórov y los Májov. La minoría sufrió una derrota en el congreso y "elaboró" ahora dos procedimientos de lucha, que abarcan toda la infinita variedad de incursiones, ataques, embestidas aisladas, etc.

Primer procedimiento: desorganización de todo el trabajo del partido, estropear la labor, afán de obstaculizarlo todo y a todos "sin dar explicaciones de las causas".

Segundo procedimiento: montaje de "escenas", etc., etc.[145]

Este "segundo procedimiento de lucha" se manifiesta también en las cacareadas resoluciones "de principios" de la Liga, en cuya discusión la "mayoría", naturalmente, no participó. Examinemos estas resoluciones, que el camarada Mártov ha reproducido ahora en su "Estado de sitio".

La primera resolución, firmada por los camaradas Trotski, Fomín, Deutsch y otros, contiene dos tesis dirigidas contra la "mayoría" del congreso del partido: 1) "La Liga expresa su profundo pesar por el hecho de que, debido a las tendencias manifestadas en el congreso, que en esencia van en contra de la anterior política de 'Iskra', durante la elaboración de los estatutos del partido no se haya prestado la debida atención a la creación de garantías suficientes para salvaguardar la independencia y la autoridad del CC" (pág. 83 de las actas de la Liga).

Esta tesis "de principios" se reduce, como ya hemos visto, a la frase de Akímov, ¡cuyo carácter oportunista fue desenmascarado en el congreso del partido incluso por el camarada Popov! En esencia, las afirmaciones de que la "mayoría" no piensa salvaguardar la independencia y la autoridad del CC no pasaron nunca de ser un chisme. Basta señalar que, cuando Plejánov y yo estábamos en la redacción, no teníamos en el Consejo una preponderancia del Órgano Central sobre el CC, y cuando los martovistas entraron en la redacción, ¡resultó en el Consejo un predominio del Órgano Central sobre el CC! Cuando estábamos en la redacción, en el Consejo predominaban los prácticos rusos sobre los literatos del extranjero; con los martovistas ocurrió lo contrario. Cuando estábamos en la redacción, el Consejo no intentó ni una sola vez inmiscuirse en ninguna cuestión práctica; desde la cooptación por unanimidad comenzó tal injerencia, como el público lector sabrá a fondo en breve tiempo.

Siguiente tesis de la resolución examinada: "... el congreso, al instituir los centros oficiales del partido, ignoró la vinculación de continuidad con los centros existentes de hecho..."

Esta tesis se reduce enteramente a la cuestión de la composición personal de los centros. La "minoría" prefería eludir el hecho de que los viejos centros habían demostrado en el congreso su incapacidad y cometido una serie de errores. Pero lo más cómico es la alusión a la "continuidad" con respecto al Comité de Organización. En el congreso, como hemos visto, ni una sola persona insinuó siquiera la ratificación de toda la composición del CO. ¡En el congreso, Mártov gritaba incluso con exasperación que le deshonraba una lista con tres miembros del CO! En el congreso, la "minoría" proponía su última lista con un miembro del CO (Popov, Glebov o Fomín y Trotski), y la "mayoría" hizo aprobar una lista con dos miembros del CO de tres (Travinski, Vasíliev y Glebov). Cabe preguntar: ¿acaso esta alusión a la "continuidad" puede ser calificada de "divergencia de principios"?

Pasemos a otra resolución, firmada por cuatro miembros de la antigua redacción, con el camarada Axelrod a la cabeza. Aquí encontramos todas las principales acusaciones contra la "mayoría", repetidas más de una vez después en la prensa. Lo más cómodo es examinarlas precisamente en la formulación de los miembros del círculo de redactores. Las acusaciones se dirigen contra el "sistema de dirección autocrático-burocrática del partido", contra el "centralismo burocrático" que, a diferencia del "centralismo verdaderamente socialdemócrata", se define del siguiente modo: "sitúa en primer plano no la unificación interna, sino la unidad externa, formal, realizada y salvaguardada por medios puramente mecánicos, mediante la represión sistemática de la iniciativa individual y de la actividad social autónoma"; por eso, "en su esencia misma, es incapaz de unificar orgánicamente los elementos constitutivos de la sociedad".

De qué "sociedad" habla aquí el camarada Axelrod y Cía., sólo Alá lo sabe. El camarada Axelrod, a lo que parece, tampoco él mismo sabía bien si estaba redactando un memorial de los zemstvos sobre deseables reformas en la administración, o si estaba desahogando las quejas de la "minoría". ¿Qué puede significar la "autocracia" en el partido, de la que gritan los "redactores" descontentos? Autocracia es el poder supremo, incontrolado, irresponsable, no electivo, de una sola persona. Por la literatura de la "minoría" es muy sabido que por tal autócrata me tienen a mí, y a ningún otro. Cuando se redactó y aprobó la resolución examinada, yo estaba en el Órgano Central junto con Plejánov. Por consiguiente, el camarada Axelrod y Cía. expresa su convicción de que tanto Plejánov como todos los miembros del CC "gobernaban el partido" no según sus criterios sobre la utilidad de la causa, sino según la voluntad del autócrata Lenin. La acusación de dirección autocrática conduce necesaria e inevitablemente al reconocimiento de todos los demás participantes en la dirección, excepto el autócrata, como simples instrumentos en manos ajenas, peones, ejecutores de una voluntad ajena. Y preguntamos una y otra vez: ¿es esto realmente una "divergencia de principios" del respetabilísimo camarada Axelrod?

Sigamos. ¿De qué unidad externa, formal, hablan aquí nuestros "miembros del partido", recién llegados de un congreso del partido cuyas decisiones reconocieron solemnemente como legales? ¿Acaso no conocen otro modo de alcanzar la unidad en un partido organizado sobre bases más o menos sólidas, que no sea el congreso del partido? Si lo conocen, ¿por qué no tienen el valor de decir abiertamente que ya no reconocen como congreso legal el Segundo Congreso? ¿Por qué no intentan exponernos sus nuevas ideas y nuevos modos de alcanzar la unidad en un partido supuestamente organizado?

Sigamos. ¿De qué "represión de la iniciativa individual" hablan nuestros intelectuales individualistas, a quienes el Órgano Central del partido acababa precisamente de rogar que expusieran sus divergencias, y que en lugar de eso regateaban sobre la "cooptación"? ¿Cómo podíamos, en general, Plejánov y yo, o el CC, reprimir la iniciativa y la actividad autónoma de personas que ¡se negaban a toda "actividad" junto con nosotros! ¿Cómo se puede "reprimir" a alguien en un organismo o en un colegio en el que el reprimido se ha negado a participar? ¿Cómo pueden los redactores no electos quejarse del "sistema de dirección", cuando ellos se negaron a "ser dirigidos"? No pudimos cometer ningún error en la dirección de nuestros camaradas por la sencilla razón de que dichos camaradas ni siquiera trabajaron bajo nuestra dirección.

Parece claro que los gritos sobre el cacareado burocratismo son un simple encubrimiento del descontento por la composición personal de los centros, son una hoja de parra que adorna la violación de la palabra solemnemente empeñada en el congreso. Tú eres burócrata porque fuiste designado por el congreso no conforme a mi voluntad, sino contra ella; eres formalista porque te apoyas en las decisiones formales del congreso, y no en mi consentimiento; actúas de modo tosco-mecánico, porque apelas a la mayoría "mecánica" del congreso del partido y no cuentas con mi deseo de ser cooptado; eres autócrata porque no quieres entregar el poder en manos de la vieja y cálida compañía, que defiende con tanta más energía su "continuidad" de círculo cuanto más desagradable le resulta la directa desaprobación de esa estrechez de círculo por parte del congreso.

Ningún contenido real, fuera del señalado, había ni hay en estos gritos sobre el burocratismo[146]. Y es precisamente este método de lucha lo que demuestra una vez más la inestabilidad intelectual de la minoría. Ésta quería convencer al partido del desacierto en la elección de los centros. ¿Convencer con qué? ¿Con la crítica de aquella "Iskra" que llevábamos Plejánov y yo? No, no estaban en condiciones de darla. Querían convencer mediante la negativa de una parte del partido a trabajar bajo la dirección de los odiosos centros. Pero ningún organismo central de ningún partido en el mundo podrá demostrar jamás su capacidad de dirigir a quienes no quieren someterse a la dirección. La negativa a someterse a la dirección de los centros equivale a la negativa a estar en el partido, equivale a la destrucción del partido; no es una medida de persuasión, sino una medida de destrucción. Y es precisamente esta sustitución de la persuasión por la destrucción lo que muestra la falta de firmeza de principios, la falta de fe en las propias ideas.

Se habla de burocratismo. Burocratismo puede traducirse al ruso con la palabra: localismo. Burocratismo significa la subordinación de los intereses de la causa a los intereses de la carrera, la atención exagerada a los puestecillos y la ignorancia del trabajo, la lucha por la cooptación en lugar de la lucha por las ideas. Semejante burocratismo es, efectivamente, absolutamente indeseable y nocivo para el partido, y dejo tranquilamente al lector que juzgue cuál de las dos partes que luchan ahora en nuestro partido es culpable de tal burocratismo... Se habla de procedimientos tosco-mecánicos de unificación. Naturalmente, los procedimientos tosco-mecánicos son nocivos, pero yo, de nuevo, dejo que el lector juzgue si es imaginable un procedimiento más tosco y más mecánico de lucha de una nueva orientación contra la vieja que el de introducir personas en los organismos del partido antes de haber convencido a éste de la justeza de las nuevas concepciones, ¡antes de haber expuesto estas concepciones al partido!

Pero, tal vez, las palabras predilectas de la minoría tienen también un cierto significado de principios, expresan un determinado círculo especial de ideas, independientemente de aquel motivo menudo y particular que sirvió, sin duda, de punto de partida del "viraje" en este caso? Tal vez, si prescindimos de la lucha por la "cooptación", ¿estas palabras resultarán ser, al fin y al cabo, un reflejo de otro sistema de concepciones?

Examinemos la cuestión desde este lado. A este respecto, ante todo tenemos que señalar que el primero en abordar tal examen fue el camarada Plejánov en la Liga, señalando el viraje de la minoría hacia el anarquismo y el oportunismo, y que precisamente el camarada Mártov (hoy muy ofendido porque no todos quieren reconocer su posición como de principios[147]) prefirió eludir por completo este incidente en su "Estado de sitio".

En el congreso de la Liga se planteó la cuestión general de si son válidos los estatutos elaborados para sí por la Liga o por un comité, sin la ratificación de dichos estatutos por el CC, o contra la ratificación del CC. Parecería una cuestión más clara que el agua: los estatutos son la expresión formal de la organización, y el derecho a organizar los comités está conferido categóricamente por el artículo sexto de nuestros estatutos del partido al CC; los estatutos definen los límites de la autonomía del comité, y la voz decisiva en la definición de estos límites la tiene el organismo central, y no el local del partido. Esto es el abecé, y era puro infantilismo la profunda disquisición de que "organizar" no siempre presupone "ratificar los estatutos" (¡como si la Liga misma no hubiera expresado autónomamente su deseo de estar organizada precisamente sobre la base de un estatuto formal!). Pero el camarada Mártov olvidó incluso (por un tiempo, hay que esperar) el abecé de la socialdemocracia. A su juicio, la exigencia de ratificación de los estatutos expresa sólo el hecho de que "el anterior centralismo revolucionario iskrista está siendo sustituido por el centralismo burocrático" (pág. 95 de las actas de la Liga), declarando el camarada Mártov en el mismo discurso que precisamente aquí ve él "el aspecto de principios" del asunto (pág. 96), ¡cuyo aspecto de principios prefirió eludir en su "Estado de sitio"!

El camarada Plejánov responde a Mártov en el acto, pidiendo que se abstenga de expresiones como burocratismo, pompadurismo, etc., que "atentan contra la dignidad del congreso" (pág. 96). Tiene lugar un intercambio de observaciones con el camarada Mártov, quien ve en esas expresiones una "caracterización de principios de una determinada tendencia". El camarada Plejánov, como todos los partidarios de la mayoría, consideraba entonces esas expresiones en su significado concreto, comprendiendo claramente su sentido no de principios, sino exclusivamente "cooptacional", si se puede decir así. Sin embargo, hace una concesión a la insistencia de los Mártov y los Deutsch (págs. 96-97) y pasa al examen de principios de las opiniones supuestamente de principios. "Si eso fuera así —dice (es decir, si los comités fueran autónomos en la creación de su organización, en la elaboración de sus estatutos)—, serían autónomos con respecto al todo, al partido. Esto ya no es un punto de vista bundista, sino directamente anárquico. En efecto, los anarquistas razonan así: los derechos de los individuos no están limitados; pueden entrar en colisión; cada individuo determina por sí mismo los límites de sus derechos. Los límites de la autonomía deben ser definidos no por el grupo mismo, sino por el todo del que forma parte. Un ejemplo palpable de la violación de este principio puede ser el Bund. Es decir, los límites de la autonomía los determina o el congreso, o la instancia superior creada por el congreso. El poder del organismo central debe basarse en la autoridad moral e intelectual. Con esto estoy desde luego de acuerdo. Todo representante de la organización debe preocuparse de que el organismo tenga autoridad moral. Pero de aquí no se deduce que si se necesita autoridad, no se necesite poder... Contraponer a la autoridad de las ideas la autoridad del poder es una frase anarquista que no debería tener aquí cabida" (98). Estas tesis son sumamente elementales, son verdaderos axiomas, que resultaba extraño incluso someter a votación (pág. 102) y que sólo se pusieron en duda porque "en la actualidad los conceptos se han embrollado" (ídem). Pero el individualismo intelectual llevó inevitablemente a la minoría al deseo de sabotear el congreso, de no someterse a la mayoría; y no se podía justificar este deseo más que con la frase anarquista. Es sumamente curioso que a Plejánov la minoría no pudiera expresarle más que quejas por el empleo de términos excesivamente fuertes, como oportunismo, anarquismo, etc. Plejánov ridiculizó con razón estas quejas, preguntando: ¿por qué "es inconveniente emplear jauressismo y anarquismo, y sí es cómodo emplear lèse-majesté (lesa majestad) y pompadurismo"? A estas preguntas no se dio respuesta. Este original qui pro quo[148] les sucede constantemente a los camaradas Mártov, Axelrod y Cía.: sus nuevas palabras llevan una clara impronta del "corazón"; el señalarlo les ofende, pues ellos son "gente de principios"; pero si ustedes por principio rechazan la subordinación de la parte al todo, entonces son anarquistas, se les dice. ¡Nueva ofensa por los términos fuertes! En otras palabras: ¡quieren batirse con Plejánov, pero a condición de que él no los ataque en serio!

¡Cuántas veces el camarada Mártov y otros "mencheviques" se han dedicado al no menos infantil desenmascaramiento de mi persona en la siguiente "contradicción"! Se toma una cita de "¿Qué hacer?" o de la "Carta a un camarada", donde se habla de la influencia ideológica, de la lucha por la influencia, etc., y se la contrapone a la influencia "burocrática" mediante los estatutos, al afán "autocrático" de apoyarse en el poder, etc. ¡Gentes ingenuas! Han olvidado ya que antes nuestro partido no era un todo formalmente organizado, sino sólo una suma de grupos particulares, y que, por lo tanto, no podía haber otras relaciones entre estos grupos que la influencia ideológica. Ahora nos hemos convertido en un partido organizado, y esto significa precisamente la creación del poder, la transformación de la autoridad de las ideas en autoridad del poder, la subordinación de las instancias inferiores del partido a las superiores. En verdad, da incluso apuro masticar un abecé semejante a viejos camaradas, sobre todo cuando se siente que el asunto se reduce simplemente a la falta de deseo de la minoría de someterse a la mayoría en lo tocante a las elecciones. Pero, en principio, todos esos infinitos desenmascaramientos de mi persona en una contradicción se reducen enteramente a la frase anarquista. La nueva "Iskra" no es reacia a utilizar el título y el derecho de organismo del partido, pero someterse a la mayoría del partido no le apetece.

Si hay un principio en las frases sobre el burocratismo, si no es una negación anárquica de la obligación de la parte de subordinarse al todo, entonces estamos ante el principio del oportunismo, que aspira a debilitar la responsabilidad de ciertos intelectuales ante el partido del proletariado, a debilitar la influencia de los organismos centrales, a reforzar la autonomía de los elementos menos firmes del partido, a reducir las relaciones organizativas a un reconocimiento puramente platónico de las mismas de palabra. Lo hemos visto en el congreso del partido, donde los Akímov y los Liber pronunciaban discursos exactamente iguales sobre el centralismo "monstruoso" a los que brotaron en el congreso de la Liga de labios de Mártov y Cía. Que el oportunismo conduce, no casualmente, sino por su propia naturaleza, y no sólo en Rusia sino en todo el mundo, a las "concepciones" organizativas de Mártov y Axelrod, lo veremos más abajo, al analizar el artículo del camarada Axelrod en la nueva "Iskra".