Vivimos en unas malditas condiciones en las que es posible algo así: un importante militante del partido, orgullo del partido, un camarada que ha entregado toda su vida desinteresadamente a la causa obrera, desaparece sin dejar rastro. Y las personas más allegadas, como su esposa y su madre, sus camaradas más íntimos, pasan años sin saber qué ha sido de él: si penó en algún presidio, si pereció en alguna cárcel o si murió con una muerte heroica en un choque con el enemigo. Esto ocurrió con Iván Vasílievich, fusilado por Rennenkampf. De su muerte nos enteramos hace muy poco.

El nombre de Iván Vasílievich es cercano y querido para más de un socialdemócrata. Todos los que lo conocieron lo amaban y respetaban por su energía, su ausencia de fraseología, su profunda y firme revolucionariedad y su fervorosa entrega a la causa. Obrero de Petersburgo, en 1895, con un grupo de otros camaradas conscientes, dirige enérgicamente el trabajo tras la Barrera del Nevá entre los obreros de las fábricas Semiánnikov, Alexándrovski y Stekliánni, organiza círculos, monta bibliotecas y todo el tiempo él mismo estudia apasionadamente.

Todos sus pensamientos se orientan hacia cómo ampliar el trabajo. Participa activamente en la redacción del primer volante de agitación, editado en San Petersburgo en otoño de 1894, un volante para los obreros de Semiánnikov, y lo distribuye personalmente. Cuando en San Petersburgo se forma la «Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera»{43}, Iván Vasílievich se convierte en uno de sus miembros más activos y trabaja en ella hasta su detención. La idea de crear en el extranjero un periódico político que sirviera a la causa de unir y fortalecer el partido socialdemócrata fue discutida con él por sus viejos camaradas del trabajo en Petersburgo, los fundadores de «Iskra»{44}, y encontró de su parte el más fervoroso apoyo. Mientras Iván Vasílievich permanece en libertad, «Iskra» no sufre escasez de corresponsalías puramente obreras. Revisen los primeros 20 números de «Iskra», todas esas corresponsalías de Shuya, Ivánovo-Voznesensk, Oréjovo-Zúyevo y otros lugares del centro de Rusia: casi todas ellas pasaron por las manos de Iván Vasílievich, que se esforzaba por establecer el vínculo más estrecho entre «Iskra» y los obreros. Iván Vasílievich era el corresponsal más diligente de «Iskra» y su fervoroso partidario. De la región central Bábushkin se traslada al sur, a Yekaterinoslav, donde lo detienen y encarcelan en Alexándrovsk. De Alexándrovsk huye junto con otro camarada, aserrando los barrotes de la ventana. Sin saber una sola palabra de idiomas extranjeros, va abriéndose camino hasta Londres, donde se encontraba entonces la redacción de «Iskra». Mucho se conversó allí, muchas cuestiones se debatieron conjuntamente. Pero a Iván Vasílievich no le cupo en suerte estar en el segundo congreso del partido... la cárcel y el destierro lo dejaron durante largo tiempo fuera de combate. La creciente ola revolucionaria hacía surgir a nuevos militantes, a nuevos dirigentes del partido, mientras Bábushkin vivía por entonces en el lejano norte, en Verjoyansk, aislado de la vida del partido. No perdió el tiempo en vano, estudiaba, se preparaba para la lucha, instruía a los obreros, camaradas de destierro, se esforzaba por hacer de ellos socialdemócratas y bolcheviques conscientes. En 1905 llegó la amnistía, y Bábushkin se puso en marcha hacia Rusia. Pero también en Siberia hervía por entonces la lucha, y allí se necesitaban hombres como Bábushkin. Ingresó en el Comité de Irkutsk y se lanzó de lleno al trabajo. Tenía que intervenir en asambleas, conducir la agitación socialdemócrata y organizar la insurrección. En el momento en que Bábushkin, junto con otros cinco camaradas —cuyos nombres no han llegado hasta nosotros—, llevaba a Chitá[7] un gran transporte de armas en un vagón aparte, el tren fue alcanzado por la expedición punitiva de Rennenkampf[8], y los seis, sin juicio alguno, fueron fusilados inmediatamente al borde de una fosa común excavada apresuradamente. Murieron como héroes. De su muerte hablaron los soldados testigos presenciales y los ferroviarios que iban en ese mismo tren. Bábushkin cayó víctima de la feroz venganza de un opríchnik zarista, pero, al morir, sabía que la causa a la que había entregado toda su vida no moriría, que la harían decenas, cientos de miles, millones de otras manos, que por esa causa morirían otros camaradas obreros, que lucharían hasta vencer...

Hay personas que han inventado y difunden la fábula de que el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia es un partido «intelectualista», que los obreros están desvinculados de él, que los obreros en Rusia son socialdemócratas sin socialdemocracia, que así fue en particular antes de la revolución y en buena medida durante la revolución. Los liberales difunden esta mentira por odio a la lucha revolucionaria de las masas que dirigió en 1905 el POSDR, y entre los socialistas recogen esta falaz teoría algunos por necedad o ligereza. La biografía de Iván Vasílievich Bábushkin, los diez años de trabajo socialdemócrata de este obrero iskrista, sirven de palmaria refutación de la mentira liberal. I. V. Bábushkin es uno de esos obreros de vanguardia que, 10 años antes de la revolución, empezaron a crear el partido obrero socialdemócrata. Sin la incansable labor, heroicamente tenaz, de tales vanguardistas entre las masas proletarias, el POSDR no habría subsistido no ya diez años, sino ni diez meses. Sólo gracias a la actividad de tales vanguardistas, sólo gracias a su apoyo, el POSDR se convirtió hacia 1905 en un partido que se fundió indisolublemente con el proletariado en las grandes jornadas de octubre y diciembre, que conservó este vínculo en la persona de los diputados obreros no sólo de la II, sino también de la III Duma, la centurionegrista.

Los liberales (kadetes) quieren convertir en héroe del pueblo al recién fallecido presidente de la I Duma, S. A. Múromtsev. Nosotros, los socialdemócratas, no debemos dejar pasar ocasión de expresar desprecio y odio al gobierno zarista, que persiguió incluso a funcionarios tan moderados e inofensivos como Múromtsev. Múromtsev era sólo un funcionario liberal. No era ni siquiera demócrata. Temía la lucha revolucionaria de las masas. Esperaba la libertad para Rusia no de esa lucha, sino de la buena voluntad de la autocracia zarista, del acuerdo con ese enemigo acérrimo y despiadado del pueblo ruso. Es ridículo ver en tales sujetos a los héroes del pueblo de la revolución rusa.

Pero tales héroes del pueblo existen. Son hombres como Bábushkin. Son hombres que, no uno ni dos años, sino 10 años enteros antes de la revolución, se consagraron por completo a la lucha por la emancipación de la clase obrera. Son hombres que no se malgastaron en inútiles actos terroristas individuales, sino que actuaron con tenacidad, sin desviarse, entre las masas proletarias, ayudando al desarrollo de su conciencia, de su organización, de su actividad revolucionaria independiente. Son hombres que se pusieron al frente de la lucha armada de masas contra la autocracia zarista cuando estalló la crisis, cuando se desencadenó la revolución, cuando millones y millones entraron en movimiento. Todo lo que se le arrebató a la autocracia zarista, se le arrebató exclusivamente con la lucha de las masas, dirigidas por hombres como Bábushkin.

Sin hombres así, el pueblo ruso habría quedado para siempre como un pueblo de esclavos, un pueblo de siervos. Con hombres así, el pueblo ruso conquistará su completa emancipación de toda explotación.

Ha pasado ya el quinto aniversario de la insurrección de diciembre de 1905. Conmemoremos este aniversario recordando a los obreros de vanguardia que cayeron en la lucha contra el enemigo. Solicitamos a los camaradas obreros que recojan y nos envíen recuerdos de la lucha de entonces e información complementaria sobre Bábushkin, así como sobre otros obreros socialdemócratas caídos en la insurrección de 1905. Nos proponemos editar un folleto con la biografía de tales obreros. Ese folleto será la mejor respuesta a todos los escépticos y detractores del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Ese folleto será la mejor lectura para los jóvenes obreros, que aprenderán con él cómo debe vivir y actuar todo obrero consciente.

«Rabóchaya Gazeta» № 2, 18 (31) de diciembre de 1910

Se publica según el texto de «Rabóchaya Gazeta»