PROYECTO DE PROGRAMA

A. 1. Las grandes fábricas y talleres se desarrollan en Rusia cada
vez con mayor rapidez, arruinando a los pequeños artesanos y a los
campesinos, convirtiéndolos en obreros sin recursos, concentrando un
número cada vez mayor en ciudades, aldeas y poblados industriales y
fabriles.

2. Este crecimiento del capitalismo significa un enorme incremento de la
riqueza y del lujo entre un puñado de fabricantes, comerciantes y
terratenientes, y un acrecentamiento aun más rápido de la
miseria y de la opresión de los obreros. El perfeccionamiento de la
producción y de la maquinaria que introducen las grandes
fábricas contribuyen a elevar la productividad del trabajo social y
fortalecer el poder de los capitalistas sobre los obreros, aumentan la
desocupación y con ella el desamparo de los trabajadores.

3. Pero al elevar al grado máximo la opresión del capital
sobre el trabajo, las grandes fábricas crean un tipo especial de
obrero que adquiere la posibilidad de luchar contra el capital, pues las
condiciones mismas de su existencia destruyen todos sus lazos con la
economía individual y, al unir a los obreros por medio del trabajo en
común, y trasladarlos de fábrica en fábrica, los
cohesiona en una sola masa obrera. Los obreros inician la lucha contra los
capitalistas y nace en ellos una acentuada tendencia hacia la unidad. De los
levantamientos aislados va surgiendo la lucha de la clase obrera rusa.

4. Esta lucha de la clase obrera contra la de los capitalistas es la lucha
contra todas las clases que viven del trabajo ajeno, contra toda
explotación. Sólo podrá cesar con el paso del poder
político a manos de la clase obrera, con la entrega de toda la tierra,
los instrumentos, las fábricas, las máquinas y minas a la
sociedad entera, para estructurar la producción socialista, en la que
todo lo producido por los obreros y todas las mejoras en la producción
deben beneficiar a los propios trabajadores.

5. Por su carácter y fines, el movimiento de la clase obrera rusa
forma parte del movimiento internacional (socialdemócrata) de la clase
obrera de todos los países.

6. El principal obstáculo en la lucha de la clase obrera rusa por
su emancipación es el gobierno autocrático absoluto, con su
burocracia irresponsable. Apoyándose en los privilegios de los
terratenientes y de los capitalistas, y poniéndose al servicio de sus
intereses, mantiene en total carencia de derechos a los estamentos
inferiores, con lo cual frena el movimiento obrero y traba la
evolución de todo el pueblo. Por eso, la lucha de la clase obrera rusa
por su liberación presupone necesariamente la lucha contra el poder
ilimitado del gobierno autocrático.

B. 1. El Partido Socialdemócrata de Rusia declara que su tarea es
ayudar en esta lucha de la clase obrera rusa desarrollando la conciencia de
clase de los obreros, contribuyendo a su organización y
señalando las tareas y los objetivos de la lucha.

2. La lucha de la clase obrera rusa por su emancipación es una
lucha política, y su primer objetivo es la conquista de las libertades
políticas.

3. Por eso, el Partido Socialdemócrata de Rusia, sin apartarse del
movimiento obrero, apoyará todo movimiento social dirigido contra el
poder ilimitado del gobierno autocrático, contra la clase de los
privilegiados terratenientes nobles y contra todos los resabios del
régimen de servidumbre y de estamentos que estorban la libre
competencia.

4. Y por el contrario, el Partido Socialdemócrata de Rusia
combatirá cualquier tendencia que pretenda beneficiar a la clase
trabajadora con la tutela del gobierno absolutista y de sus funcionarios, y
contener el desarrollo del capitalismo y, por consiguiente, el de la clase
obrera.

5. La emancipación de los obreros debe ser obra de los obreros
mismos.

6. El pueblo ruso no necesita la ayuda del gobierno absolutista y sus
funcionarios, sino emanciparse de su yugo.

C. Partiendo de estos puntos de vista, el Partido Socialdemócrata
de Rusia reclama ante todo:

1. La convocatoria de un Zemski Sobar [3] [89o* integrado por representantes de todos los ciudadanos para
elaborar una Constitución.

2. Derecho de sufragio universal y directo para todos los ciudadanos rusos
que hayan alcanzado la edad de 21 años, sin distinción de
religión o nacionalidad.

3. Libertad de reunión, de asociación y de huelga.

4. Libertad de prensa.

5. Eliminación de los estamentos y plena igualdad de todos los
ciudadanos ante la ley.

6. Libertad de culto e igualdad de derechos para todas las nacionalidades.
Traspaso del registro de partidas de nacimiento, matrimonio o
defunción a funcionarios civiles que no dependan de la
policía.

7. Derecho de todo ciudadano de demandar a cualquier funcionario ante los
tribunales, con prescindencia de la escala jerárquica.

8. Abolición de los pasaportes, plena libertad de tránsito y
de radicación.

9. Libertad de oficios y de trabajo, y supresión de las
corporaciones.

D. Para los obreros, el Partido Socialdemócrata de Rusia,
reclama:

1. Institución de tribunales de trabajo en todas las ramas de la
industria, con jueces elegidos entre los capitalistas y entre los obreros, en
la misma proporción.

2. Limitación por ley de la jornada de trabajo a 8 horas
diarias.

3. Prohibición por ley del trabajo nocturno y por turnos.
Prohibición de trabajar a niños menores de 15 años de
edad.

4. Institución por ley del descanso en los días
feriados.

5. Extensión de las leyes y de la inspección del trabajo a
la totalidad de las ramas industriales en toda Rusia, así como a las
fábricas del Estado y a los kustares que trabajan a domicilio.

6. La Inspección del Trabajo debe gozar de autonomía y no
depender del ministerio de Finanzas. Los miembros de los tribunales de
trabajo deben tener los mismos derechos que la Inspección del Trabajo
para controlar el cumplimiento de las leyes laborales.

7. Prohibición absoluta en todas partes, del pago de los salarios
con mercaderías.

8. Control, por parte de delegados elegidos por los obreros, de la
correcta fijación de escalas de pago, de la calidad de las
mercancías elaboradas, del empleo del dinero proveniente de las
multas, y de las viviendas obreras de la empresa.

Una lev por la que se establezca eme los descuentos en los salarios de los
obreros, sea cual fuere el concepto (multas, mercancías de mala
calidad, etc.), en total no deben superar los 10 kopeks por rublo.

9. Una ley sobre la responsabilidad de los fabricantes por los accidentes
de trabajo, y que imponga a éstos la obligación de demostrarlo
cuando imputan la culpa del accidente al obrero.

10. Una ley que obligue a los fabricantes a subvencionar escuelas v
prestar atención médica a los obreros.

E. Para los campesinos, el Partido Socialdemócrata de Rusia
reclama:

1. La abolición de los pagos de rescate [4]y la compensación por los ya efectuados. Devolución
a los campesinos del dinero abonado de más al fisco.

2. Devolución a los campesinos de las tierras que les fueron
"recortadas" en 1861.

3. Plena igualdad de impuestos y gravámenes sobre las tierras de
los campesinos y las de los terratenientes.

4. Abolición de la caución solidaria[5] y de todas las leyes que traban a los campesinos la libre
administración de sus tierras.

 

 

* * *

EXPLICACIÓN DEL PROGRAMA

El programa consta de tres partes principales. En la primera se exponen
las concepciones de las cuales dimanan las partes restantes. En ella se
señala la situación que ocupa la clase obrera dentro de la
sociedad contemporánea, el sentido y la significación de su
lucha contra los fabricantes, y cuál es la situación
política de la clase obrera dentro del Estado ruso.

En la segunda parte se expone la tarea del partido, y se
señala la situación de éste respecto de las demás
tendencias políticas de Rusia. Se habla en ella acerca de cuál
debe ser la actividad del partido y de todos los obreros concientes de sus
intereses de clase, y de la actitud que éstos deben adoptar frente a
los intereses y aspiraciones de las demás clases que integran la
sociedad rusa.

La tercera parte se refiere a las reivindicaciones prácticas que
plantea el partido. Se subdivide en tres secciones. La primera comprende las
reformas institucionales generales. La segunda, las reivindicaciones y el
programa de la clase obrera. La tercera, las reivindicaciones en beneficio de
los campesinos. Más adelante, antes de pasar a la parte
práctica del programa, se darán algunas explicaciones previas
respecto de estas secciones.

A. 1. El programa habla, ante todo, del rápido crecimiento de las
grandes fábricas y talleres, por ser éste el principal
fenómeno de la Rusia actual, que modifica totalmente las viejas
condiciones de vida, en especial de la clase trabajadora. Antes, casi toda la
riqueza era producida por pequeños patronos, quienes
constituían la inmensa mayoría de la población.
Ésta llevaba una vida sedentaria en las aldeas, y la mayor parte de lo
que producía se destinaba a su propio consumo o para el pequeño
mercado de los poblados circundantes, poco vinculado con los demás
mercados cercanos. Estos mismos pequeños patronos trabajaban para los
terratenientes, quienes los obligaban a producir, sobre todo, para su consumo
personal. Los productos caseros eran entregados para su elaboración a
los artesanos, que vivían en las mismas aldeas o salían en
busca de pedidos por los alrededores.

Pero, después de la emancipación de los campesinos, estas
condiciones de vida de la gran masa del pueblo sufrieron un cambio total: en
lugar de los pequeños talleres artesanales comenzaron a aparecer las
grandes fábricas, que crecieron con extraordinaria rapidez, eliminando
a los pequeños patronos, convirtiéndolos en obreros
asalariados, y obligando a centenares, a millares de obreros, a trabajar
juntos y producir la inmensa cantidad de mercancías que se vende por
toda Rusia.

La emancipación de los campesinos puso término al
estancamiento de la población y los colocó en condiciones
tales, que ya no podían subsistir con la parcela de tierra que les
quedaba. La masa del pueblo se lanzó a buscar un jornal, y fue a parar
a las fábricas, a la construcción de los ferrocarriles que iban
uniendo los extremos de Rusia y trasladaban y distribuían por todas
partes las mercancías de las grandes fábricas. La masa del
pueblo fue a las ciudades a buscar un jornal; se dedicó a la
construcción de edificios fabriles y comerciales, al acarreo de
combustible a las fábricas y a la preparación de materia prima
para las mismas. Finalmente, multitud de gente se dedicó a realizar a
domicilio el trabajo entregado por los comerciantes y fabricantes que no
alcanzaban a ampliar sus establecimientos con suficiente rapidez.
Idénticos cambios se operaron también en la agricultura. Los
terratenientes comenzaron a producir cereales para la venta; ciertos
campesinos y comerciantes sembraron grandes extensiones; centenares de
millones de puds de cereales comenzaron a venderse en el extranjero.
La producción empezó a reclamar obreros asalariados, y
centenares de miles, millones de campesinos, abandonando sus
minúsculas parcelas, se convirtieron en braceros y jornaleros de los
nuevos patronos que cultivaban cereales para la venta. Al decir que las
grandes fábricas causan la ruina de los pequeños artesanos y
campesinos, convirtiéndolos en obreros asalariados, el programa
está describiendo los cambios operados en las antiguas condiciones de
vida. La pequeña producción es remplazada en todas partes por
la grande; en ella los obreros ya no son más que simples asalariados
que trabajan por un jornal para el capitalista, quien posee inmensos
capitales, construye enormes talleres, compra grandes cantidades de materias
primas y se embolsa toda la ganancia que reporta la producción en masa
de los obreros concentrados. La producción se ha tornado capitalista y
aplasta, despiadada e implacablemente, a todos los pequeños patronos,
poniendo fin a su vida sedentaria en las aldeas, obligándolos a
trasladarse, como simples jornaleros, de un punto a otro del país para
vender su trabajo al capital. Una parte cada vez mayor de la población
abandona definitivamente el campo y la explotación agrícola, y
se congrega en las ciudades, poblados, y localidades industriales y fabriles,
formando una clase especial de gente que no tiene ninguna propiedad: la clase
de los obreros asalariados, proletarios que viven únicamente de la
venta de su fuerza de trabajo.

He aquí en qué consisten los enormes cambios producidos en
la vida del país por las grandes fábricas: la pequeña
producción es remplazada por la grande, los pequeños patronos
se trasforman en obreros asalariados. ¿Qué significa,
pues, este cambio para todo el pueblo trabajador, y adonde conduce? De ello
se habla más adelante en el programa.

A. 2. La sustitución de la pequeña por la gran
producción va acompañada del remplazo de los pequeños
recursos monetarios, en manos de un patrono aislado, por los inmensos
capitales; del remplazo de las pequeñas e insigniFicantes ganancias
por ganancias que se calculan en millones. Por eso, el crecimiento del
capitalismo conduce en todas partes al aumento del lujo y de las riquezas. En
Rusia se ha creado la clase de los grandes magnates financieros, fabricantes,
empresarios ferroviarios, comerciantes y banqueros; ha aparecido toda una
clase de gente que vive de los ingresos provenientes de los capitales
prestados a interés a los industriales. Los grandes terratenientes se
enriquecieron con los enormes ingresos que obtuvieron de los campesinos por
el rescate de las tierras, aprovechándose de que éstos las
necesitaban para aumentar los precios de las parcelas que les arrendaban, e
instalando en sus fincas grandes fábricas para la producción de
azúcar de remolacha y destilerías de aguardiente. El lujo y el
derroche de todas estas clases de ricachones han alcanzado proporciones
inusitadas, y las principales calles de las grandes ciudades se han cubierto
de palacios principescos y suntuosas mansiones. Pero la situación del
obrero, empeoraba a medida que crecía el capitalismo. El aumento de
los salarios, si es que tuvo lugar en alguna parte después de la
emancipación de los campesinos, fue muy pequeño y por poco
tiempo, por cuanto las masas hambrientas del pueblo que afluían del
campo, hacían bajar los jornales, mientras que los precios de los
artículos alimenticios y de primera necesidad iban en aumento, de
suerte que, aun con un salario más elevado, los obreros podían
obtener menor cantidad de artículos; resultaba cada vez más
difícil ganar un jornal, y al lado de los lujosos palacios de los
potentados (o en los suburbios de las ciudades) brotaron las covachas de los
obreros, obligados a vivir hacinados en sótanos y cuartuchos
húmedos y fríos, cuando no directamente en chozas de barro,
cerca de los nuevos establecimientos industríales. El capital, cada
vez más poderoso, presionaba en forma creciente sobre los obreros,
convirtiéndolos en indigentes forzados a dedicar todo su tiempo a la
fábrica, empujando hacia ella a sus mujeres e hijos. He aquí,
pues, dónde radica el primer cambio a que conduce el desarrollo del
capitalismo: mientras en manos de un pequeño puñado de
capitalistas se acumulan inmensas riquezas, la masa del pueblo se trasforma
en indigente.

El segundo cambio consiste en que la sustitución de la
pequeña por la gran producción condujo a muchas mejoras en la
misma. Ante todo, en lugar del trabajo individual y aislado en un
pequeño taller, de cada pequeño patrono por separado,
apareció el trabajo en común de obreros reunidos en una sola
fábrica, para un solo terrateniente, para un solo contratista. El
trabajo en común es mucho más fecundo (más productivo)
que el individual y permite producir mercancías con mayor facilidad y
rapidez. Pero de todas estas mejoras se beneficia sólo el capitalista,
quien remunera a sus obreros con el mismo mísero salario, en tanto
él se apropia gratuitamente de los beneficios que reporta el trabajo
en común de los obreros. El capitalista se torna más fuerte y
el obrero más débil, por cuanto se habitúa a realizar un
solo tipo de tarea y le es más difícil pasar a otro trabajo,
cambiar de ocupación.

Otra mejora muchísimo más importante para la
producción son las máquinas que el capitalista
introduce. El rendimiento del trabajo aumenta muchas veces gracias al empleo
de las máquinas; pero el capitalista hace que esta ventaja se vuelva
contra los obreros: aprovecha el hecho de que las máquinas requieren
menor esfuerzo físico, y emplea para trabajar en ellas a mujeres y
niños, a quienes paga un salario menor. Debido a que con las
máquinas se necesitan muchos menos obreros, los despide en masa de la
fábrica y aprovecha el desempleo para sojuzgar aun más al
obrero, para prolongar la jornada de trabajo, para despojarlo del descanso
nocturno y convertirlo en un simple apéndice de la máquina. La
desocupación, obra de la máquina, y su constante aumento,
conduce ahora al completo desamparo del obrero. Su oficio pierde valor y es
fácilmente remplazado por el obrero no calificado, que se
habitúa en seguida a la máquina y que acepta trabajar de buen
grado por una remuneración menor. Cualquier tentativa de defenderse
contra la creciente presión del capital lleva al despido. Solo, el
obrero se ve por completo impotente frente al capital; la máquina
amenaza con aplastarlo.

A. 3. Hemos señalado, en la explicación del punto
precedente, que el obrero aislado se ve impotente e indefenso ante el
capitalista que introduce la maquinaria. Se encuentra obligado, pues, a
buscar, a toda costa, los medios para ofrecer resistencia al capitalista,
para defenderse. Y tal medio lo halla en la unión. Impotente
por separado, el obrero llega a ser una fuerza unido a sus compañeros,
tiene la posibilidad de luchar contra el capitalista y oponerle
resistencia.

La unión se convierte en una necesidad para el obrero, que
enfrenta ya al gran capital. ¿Pero es posible unir a esta masa
heterogénea del nueblo, extraña entre sí, aunmie trabaje
en una misma fábrica? El programa señala las condiciones que
preparan a los obreros para unirse v desarrollan en ellos la capacidad v la
habilidad rmra hacerlo. Esas condiciones son las siguientes: 1) la gran
fábrica con producción mecanizada, que requiere trabaio
permanente durante todo el año, provoca la total runtura del
vínculo del obrero con la tierra y con la hacienda individual, y lo
trasforma por comnleto en proletario. La hacienda individual en una oarcela
de tierra mantenía desunidos a los obreros, hacía nue cada uno
de ellos tuviese intereses particulares, diferentes de los del
compañero, obstaculizando así su unificación. La
separación del obrero de la tierra elimina estas trabas. 2) Luego, de
ñor sí. el trabaio conjunto de centenares, de millares de
obreros, los habitúa a deliberar sobre sus necesidades, a actuar en
común, y les muestra con claridad la simiütnd de situación
v de intereses de toda la masa de obreros 3) Por i'iltimo, los constantes
traslados de los obreros de una fábrica a otra los acostumbran a
confrontar las condiciones y costumbres en las diversas fábricas, a
compararlas y convencerse de que la explotación es igual en todas
partes, a recoger la experiencia de otros obreros en sus conflictos con los
capitalistas, fortaleciendo así su cohesión y solidaridad.
Todas estas condiciones, en su conjunto, han hecho que la aparición de
las grandes fábricas diera origen a la unión de los obreros.
Entre los obreros rusos, las huelgas son la expresión más
frecuente y más poderosa de esta unión (más adelante
señalaremos por qué nuestros obreros no pueden unirse para
constituir sindicatos o mutualidades). Cuanto más poderoso es el
desarrollo de las grandes fábricas, tanto más frecuentes,
fuertes y tenaces se tornan las huelgas obreras, ya que cuanto más
fuerte es el yugo del capitalismo, tanto más necesaria se hace la
resistencia mancomunada de los obreros. Las huelgas y levantamientos aislados
de éstos, tal como lo dice el programa, constituyen en la actualidad
el fenómeno más extendido en las fábricas rusas. Pero, a
medida que crece el capitalismo y las huelgas se hacen más frecuentes,
éstas revelan su insuficiencia. Los fabricantes adoptan contra ellas
medidas en común: conciertan alianzas entre sí, traen obreros
de otros lugares, buscan el apoyo del poder de Estado, que los ayuda a
aplastar la resistencia de los obreros. Ya no se alza ante ellos el
dueño de cada fábrica aislada, sino toda la clase de los
capitalistas y el gobierno con cuya ayuda cuentan. Toda la clase de
los capitalistas entra en la lucha contra toda la clase de los
obreros, emprendiendo medidas comunes contra las huelgas, recabando del
gobierno leyes contra los obreros, trasladando las fábricas a
localidades más alejadas, recurriendo al trabajo a domicilio y a miles
de otras trampas y artimañas de todo tipo contra los obreros. La
unión de éstos en una fábrica, o inclusive en una rama
determinada de la industria, se vuelve ya insuficiente para poder resistir a
toda la clase de los capitalistas. Se torna absolutamente necesaria la
acción conjunta de toda la clase de los obreros. De manera,
pues que de los alzamientos aislados de los obreros surge la lucha de toda la
clase obrera. La lucha de los obreros contra los fabricantes se trasforma en
lucha de clases. A todos los fabricantes los une un solo fin: mantener
sumisos a los obreros y pagarles el salario más bajo posible. Y
advierten que no podrán defender su causa sin la acción
mancomunada de toda la clase de los fabricantes, sin adquirir influencia
sobre el poder de Estado. También los obreros están ligados por
un interés común: no dejarse aplastar por el capital, defender
su derecho a la vida y a una existencia digna. Y se van convenciendo,
asimismo, de que también ellos necesitan la unión, la
acción mancomunada de toda la clase, la clase obrera, y que para ello
es menester lograr influencia en el poder del Estado.

A. 4. Hemos explicado de qué manera y por qué la lucha de
los obreros de las fábricas contra los fabricantes se trasforma en
lucha de clases, en la luchad de la clase obrera, de los proletarios contra
la clase de los capitalistas, contra la burguesía. Pero se
preguntará: ¿qué importancia tiene esta lucha para todo
el pueblo y para todos los trabajadores? En las condiciones actuales, de las
que hemos hablado ya en el punto primero, la producción por medio de
obreros asalariados va desplazando cada vez más a la pequeña
economía. El número de personas que vive del trabajo
asalariado aumenta rápidamente; crece la cantidad de los obreros
fabriles permanentes, y en medida mayor aun, el de los campesinos que
también se ven precisados a ir en busca de trabajo asalariado para
poder subsistir. En la actualidad, el trabajo asalariado, el trabajo para el
capitalista, ha llegado a ser ya la forma más difundida de trabajo. El
dominio del capital sobre el trabajo abarca a la masa de la población,
no sólo en la industria sino también en la agricultura. Esta
explotación del trabajo asalariado, sobre la cual descansa la sociedad
contemporánea, es la que las grandes fábricas desarrollan hasta
su grado máximo. Todos los métodos de explotación que
todos los capitalistas emplean en todas las ramas de la industria, y de los
que es víctima la masa íntegra de la población obrera de
Rusia, se concentran, se acentúan, se convierten en regla permanente
en la fábrica, se hacen extensivos a todos los aspectos del trabajo y
de la vida del obrero, dan origen a un verdadero régimen, a un sistema
que permite al capitalista exprimir al obrero. Lo aclararemos con un ejemplo:
siempre y en todas partes cualquiera se emplea por un salario, goza de
descanso, deja de trabajar en días feriados, si tales feriados son
observados en la zona. Otra cosa completamente distinta sucede en la
fábrica: al emplear a un obrero, la fábrica dispone ya de
él según le convenga, sin prestar atención alguna a las
costumbres del obrero, a su tren de vida, a su situación familiar ni a
sus necesidades espirituales. Lo hace trabajar cuando lo necesita,
obligándolo a ajustar toda su vida a las demandas de la
fábrica, a cortar su descanso y, en el trabajo por turnos, a trabajar
de noche y en los días feriados. La fábrica pone en
práctica todos los abusos imaginables con respecto a la jornada de
trabajo, al tiempo que fija sus propias "reglas", su propio "régimen",
obligatorios para cada obrero. ¡El régimen fabril es ajustado
expresamente de modo que permita exprimir del obrero la máxima
cantidad de trabajo, exprimirlo con la mayor rapidez posible y después
arrojarlo a la calle! Otro ejemplo. Todo el que entra a trabajar por un
salario se compromete, claro está, a subordinarse al patrono y
ejecutar todo lo que se le ordena. Pero al comprometerse a ejecutar una labor
temporaria, el asalariado no renuncia en modo alguno a su voluntad; si
considera que las exigencias del patrono son injustas o excesivas, lo
abandona. La fábrica, en cambio, exige que el obrero renuncie por
completo a su voluntad; establece una disciplina que lo obliga, a toque de
campana, a comenzar y a terminar el trabajo; se arroga el derecho de
sancionar por su propia cuenta al obrero y, por cualquier trasgresión
de las reglamentaciones que ella misma ha establecido, le impone multas o
descuentos. El obrero se convierte en parte de una inmensa máquina:
debe ser tan obediente, sumiso, sin voluntad propia como la misma
máquina.

Un tercer ejemplo: todo el que se emplea por un salario, con frecuencia se
siente desconforme con el patrono, y eleva su queja contra él a los
tribunales o a las autoridades. Éstos resuelven el pleito, por lo
general, en favor del patrono, se ponen de su lado, pero esta connivencia con
los intereses patronales no se basa en un reglamento o en leyes generales,
sino en el mayor o menor servilismo de los diversos funcionarios, que deciden
el pleito las más de las veces, injustamente, en beneficio del
patrono, ya sea por amistad, ya sea por desconocer las condiciones de trabajo
o por su incapacidad para comprender al obrero. Cada caso particular de
injusticia depende del choque particular entre el obrero y su patrono, de
cada funcionario individualmente. La fábrica, por su parte, congrega a
una masa tal de obreros, lleva los abusos a tal extremo, que se hace
imposible analizar cada caso en especial. Se establece un reglamento general,
y la ley, obligatoria para todos, regula las relaciones entre obreros y
fabricantes. Y en esta ley el favoritismo en beneficio del patrono es, en
adelante, consagrado por el poder del Estado. En lugar de la injusticia de
funcionarios aislados, es ya la injusticia de la propia ley. Aparecen, por
ejemplo, reglamentos según los cuales el obrero, cuando falta al
trabajo, no sólo pierde el jornal sino que además tiene que
pagar una multa, mientras que el patrono, sin pagarle nada, deja al obrero
sin trabajo; el patrono puede despedir al obrero por alguna actitud grosera
de éste; el obrero, en cambio, no puede dejar el trabajo por el
rflismo motivo; el patrono tiene el derecho de imponer a su antojo multas y
descuentos o exigir trabajo suplementario, etc.

Todos estos ejemplos muestran de qué manera la fábrica
acrecienta la explotación de los obreros, convirtiéndola en un
fenómeno general, haciendo de ella todo un "régimen". El
obrero, quiéralo o no, enfrenta entonces, no a un patrono aislado, sus
arbitrariedades y abusos; enfrenta la arbitrariedad y la opresión de
toda la clase patronal. Ve que su opresor ya no es tal o cual capitalista,
sino toda la clase de los capitalistas, por cuanto en todos los
establecimientos rige el mismo régimen de explotación; ni
siquiera a un capitalista aislado le es posible desviarse de ese
régimen: por ejemplo, si se le ocurriera reducir la jornada de
trabajo, sus mercancías le costarían más que al
fabricante vecino, que obliga al obrero a trabajar una jornada mayor por el
mismo salario. Para lograr u,a mejoramiento de su situación, el obrero
tropieza ya con toda una estructura social orientada hacia la
explotación del trabajo por el capital. Ya no se trata para el obrero
de la injusticia de un funcionario cualquiera, sino de la injusticia del
propio poder estatal, que toma bajo su protección a toda la clase de
los capitalistas y promulga leyes obligatorias para todos, en favor de dicha
clase. De esta manera, la lucha de los obreros fabriles contra los
fabricantes se trasforma inevitablemente en una lucha contra toda la clase de
los capitalistas, contra todo el régimen social basado en la
explotación del trabajo por el capital. Por ello adquiere
significación social, se convierte en la lucha que se desarrolla en
nombre de todos los trabajadores, contra todas las clases que viven del
trabajo ajeno. Por eso, la lucha de los obreros inaugura una nueva
época en la historia rusa y constituye la aurora de la
liberación de los obreros.

¿Pero en qué se apoya el dominio de la clase de los
capitalistas sobre todo el conjunto de la masa obrera? En que en manos de los
capitalistas, como propiedad privada de éstos se encuentran todas la
fábricas, talleres, yacimientos, máquinas e instrumentos de
trabajo; en que en sus manos están las inmensas extensiones de tierra
(de toda la tierra de la Rusia europea, más de un tercio pertenece a
los terratenientes, cuyo número no alcanza al medio millón).
Por carecer de instrumentos de trabajo y materiales propios, los obreros se
ven obligados a vender su fuerza de trabajo a los capitalistas, quienes les
pagan únicamente lo necesario para mantenerse, embolsándose
todo el excedente que el trabajo produce; de esta manera pagan sólo
una parte del tiempo invertido en el trabajo; y se apropian del resto. Todo
el aumento de la riqueza que resulta del trabajo en común de la masa
de obreros, o de las mejoras introducidas en la producción, va a parar
a manos de la clase de los capitalistas, en tanto que los obreros, que penan
generación tras generación, son siempre los mismos, proletarios
desposeídos. Por eso hay sólo un medio para poner fin a la
explotación del trabajo por el capital, a saber: liquidar la propiedad
privada sobre los instrumentos de trabajo, poner todas las fábricas,
talleres, minas, como así también todas las grandes haciendas,
etc., en manos de toda la sociedad y organizar la producción
socialista general, dirigida por los propios obreros. Los productos obtenidos
por el trabajo común serán aprovechados entonces por los
propios trabajadores, y lo que ellos produzcan como excedente de lo que
requiere su mantenimiento servirá para satisfacer sus necesidades,
para desarrollar plenamente todas sus aptitudes y darles igualdad de derechos
en el usufructo de todas las conquistas de la ciencia y del arte. Por eso en
el programa se señala también que sólo así
podrá darse fin a la lucha de la clase obrera contra los capitalistas.
Para ello es menester que el poder político, es decir, la
dirección del Estado, pase, de manos de un gobierno que se halla bajo
la influencia de los capitalistas y terratenientes, o integrado directamente
por representantes de los capitalistas, a las de la clase obrera.

Tal es el objetivo final de la lucha de la clase obrera, tal es la
condición para su completa liberación. Hacia este objetivo
final deben tender los obreros concientes y unidos; pero aquí, en
Rusia, tropiezan aún con enormes obstáculos que traban la lucha
por su emancipación.

A. 5. Los obreros de todos los países europeos están
empeñados ya en esta lucha contra el dominio de la clase de los
capitalistas, del mismo modo que los obreros de América y de
Australia. La unión y cohesión de la clase obrera no se
circunscribe a los límites de un solo país o de una sola
nacionalidad; los partidos obreros de diversos países proclaman la
plena identidad ( solidaridad) de intereses y objetivos de los obreros de
todo el mundo. Se reúnen en congresos generales, plantean ante la
clase de los capitalistas de todos los países sus reivindicaciones
comunes, instituyen la jornada internacional de todo el proletariado unido
que aspira a su liberación (el 1 de mayo), cohesionan a la clase
obrera de todas las nacionalidades y países en un único y gran
ejército obrero. Esta unión de los obreros de todos los
países surge como una necesidad debido a que la clase de los
capitalistas, que ejerce su poder sobre aquéllos, no limita ese
dominio a los marcos de un solo país. Las relaciones comerciales entre
los diversos Estados se tornan cada vez más estrechas y amplias; el
capital pasa constantemente de un país a otro. Los bancos, esos
inmensos depósitos de capitales, reciben dinero de todas partes y lo
distribuyen en préstamo entre los capitalistas; de nacionales se
convierten en internacionales, agrupan a los capitales de todos los
países y los distribuyen entre los capitalistas de Europa y de
América. Se constituyen grandes compañías por acciones
para establecer empresas capitalistas, ya no en un solo país, sino en
varios a la vez; aparecen las sociedades internacionales de capitalistas. El
dominio del capital es internacional. Por eso, también la lucha de los
obreros de todos los países por su emancipación tendrá
éxito sólo si es una lucha mancomunada de los obreros contra el
capital internacional. Por esa misma causa el obrero ruso que lucha contra la
clase de los capitalistas tiene un camarada, tanto en el obrero alemán
como en el polaco o en el francés, del mismo modo que son sus enemigos
los capitalistas, tanto rusos como polacos o franceses. Es por ello que en
los últimos tiempos los capitalistas extranjeros, de muy buen grado,
trasfieren sus capitales a Rusia; construyen aquí sucursales de sus
fábricas y forman compañías para instalar nuevas
empresas en el país. Se abalanzan con avidez sobre un joven
país, cuyo gobierno es benévolo y complaciente con el capital
como en ninguna otra parte; donde encuentran obreros menos unidos, menos
capacitados para ofrecerles resistencia que en Occidente; donde el nivel de
vida de éstos, y por lo tanto sus salarios, son mucho más
bajos, de modo que los capitalistas extranjeros pueden obtener beneficios
inmensos, sin precedentes en sus países. El capital internacional ha
extendido ya sus garras sobre Rusia. Los obreros rusos tienden su mano al
movimiento obrero internacional.

A. 6. Ya hemos explicado cómo las grandes fábricas agudizan
a un grado extremo la opresión del capital sobre el trabajo,
cómo crean todo un sistema de métodos de explotación;
cómo los obreros, al levantarse contra el capital, llegan
inevitablemente a comprender la necesidad de unirse, de la lucha en
común de toda la clase obrera. En esta lucha contra la clase de los
capitalistas, se enfrentan con las leyes generales del Estado, que amparan a
los capitalistas y protegen sus intereses.

Pero si los obreros uniéndose son suficientemente fuertes como para
arrancar concesiones a los capitalistas, para ofrecerles resistencia,
podrían igualmente, gracias a su unión, presionar sobre las
leyes y el Estado y obtener su modificación. Así proceden, en
efecto, los de los demás países, pero los obreros rusos no
pueden influir directamente sobre el Estado. En Rusia se hallan en
condiciones tales, que carecen de los derechos civiles más
elementales. No se les permite reunirse, ni discutir en común sus
propios problemas, ni organizar sindicatos, ni hacer públicas sus
peticiones. En otras palabras, las leyes del Estado, además de
favorecer a la clase de los capitalistas, privan a los obreros de toda
posibilidad de influir sobre ellas y lograr su modificación. Esto
pusa. porque en Rusia (entre todos los Estados europeos, sólo en
Rusia) se conserva basta boy el poder ilimitado del gobierno
autocrático, o sea, un régimen de Estado en el que las leyes,
obligatorias para todos, son promulgadas por el zar según su propio
criterio y ejecutadas por los funcionarios que él mismo designa. Los
ciudadanos están privados de toda participación en la
promulgación de las leyes, en su difusión, en la
proposición de otras nuevas; tampoco pueden reclamar la
derogación de las viejas. Se hallan privados del derecho de exigir
responsabilidad a los funcionarios, de verificar los actos de éstos y
de acusarlos ante la justicia. Cirecen inclusive del derecho a discutir los
asuntos de Estado: ni les está permitido organizar asambleas ni
asociaciones sin el permiso de esos mismos funcionarios. De tal manera,
éstos se encuentran exentos de toda responsabilidad, en el cabal
sentido de esta palabra: constituyen una especie de casta colocada por encima
de los ciudadanos. La falta de responsabilidad y la arbitrariedad de los
funcionarios, así como la absoluta imposibilidad para la
población de hacer oír su voz, dan lugar a tan inauditos abusos
de poder por parte de los funcionarios, a tales trasgresiones de los derechos
de la gente sencilla, que resultan inimaginables en cualquier otro
país europeo.

Así, pues, según la ley, las atribuciones del gobierno ruso
son completamente ilimitadas; se considera independiente en absoluto con
respecto al pueblo y por encima de todos los estamentos y clases. Pero si en
realidad esto fuera así, ¿por qué tanto la ley como el
gobierno, en todos los conflictos entre los obreros y los capitalistas, se
coloca de parte de estos últimos? ¿Por qué los
capitalistas tienen mayor apoyo a medida que aumentan su número y su
riqueza, mientras que los obreros encuentran cada vez más
oposición y más restricciones?

En realidad, el gobierno no está por encima de las clases, torna
bajo su protección a una clase en detrimento de la otra, a la clase de
los poseedores contra la de los desposeídos, de los capitalistas
contra los obreros. Un gobierno absoluto no podría dirigir un Estado
tan inmenso, si no concediera toda clase de prerrogativas y privilegios a las
clases poseedoras.

Aun cuando, según la ley, el gobierno es un poder absoluto e
independiente, en los hechos los capitalistas y terratenientes cuentan con
miles de métodos para influir sobre él y sobre los asuntos de
Estado. Tienen, reconocidas por la ley, sus propias instituciones
estamentales, sociedades de nobles y de comerciantes, cámaras de
comercio y de la manufactura, etc. Sus representantes llegan directamente a
ser funcionarios y participan en la dirección del Estado (los
mariscales de la nobleza, por ejemplo), o bien son invitados a participar
como miembros de todas las instituciones oficiales: por ejemplo, de acuerdo
con la ley, los fabricantes participan en los tribunales de trabajo (bajo
cuya dirección se encuentra la Inspección del trabajo), y
designan allí a sus representantes. Pero no se limitan a la
participación directa en la conducción del Estado. En sus
asociaciones discuten las leyes del Estado, elaboran proyectos, y, por
cualquier motivo, el gobierno Acostumbra a solicitarles su opinión,
les envía proyectos pidiéndoles las correspondientes
observaciones.

Los capitalistas y terratenientes organizan congresos nacionales, en los
cuales debaten sus asuntos, para lograr diversas medidas en favor de su
clase; actúan en nombre de todos los terratenientesnobles, de "los
comerciantes de toda Rusia" en procura de la promulgación de nuevas
leves y de la modificación de Ins antiguas. Pueden discutir sus
problemas en los periódicos, pues el gobierno, si bien limita la
prensa por medio de la censura, no se atreve a pensar en despojar a las
clases poseedoras del derecho de discutir sus asuntos. Disponen de todos los
conductos para llegar a las instancias superiores del poder estatal y les
resulta más fácil discutir los casos de arbitrariedad de
funcionarios inferiores, a la vez que conseguir, sin mayores inconvenientes,
la derogación de las leyes y reglamentaciones particularmente lesivas
para sus intereses. Y así como no hay otro país en el mundo
donde existan tantas leyes y reglamentaciones, y una tan inaudita tutela
policíaca del gobierno, que prevé los menores detalles y quita
vitalidad a cualquier obra, tampoco existe en el mundo un país donde
con tanta facilidad se violen esas reglamentaciones burguesas, ni donde tan
fácilmente se eludan esas leyes policiales con la sola benévola
aprobación de las autoridades superiores. Y tal aprobación
jamás es negada. [6]

B. 1. Este punto del programa es el más importante, el principal,
pues muestra cuál debe ser la actividad del partido que defiende los
intereses de la clase obrera y la de todos los obreros concientes.
Señala cómo la aspiración al socialismo, la voluntad de
eliminar la eterna explotación del hombre por el nombre, debe estar
ligada al movimiento popular que engendran las condiciones de vida creadas
por la aparición de las grandes fábricas.

Por su actividad, el partido debe contribuir a la lucha de clase de los
obreros. La tarea del partido consiste, no en inventar procedimientos
novedosos para ayudar a los obreros, sino en adherir a su movimiento y
llevarle ideas esclarecedoras, en ayudar a los obreros en la lucha que han
iniciado. El partido debe defender los intereses^ de los obreros, representar
los de todo el movimiento obrero. ¿Cómo debe, pues,
manifestarse la ayuda a los obreros en lucha?

El programa dice que esta ayuda debe consistir, en primer término,
en desarrollar la conciencia de clase de los obreros. Ya hemos visto
cómo la lucha de éstos contra los fabricantes se convierte en
una lucha de clase del proletariado contra la burguesía.

De lo que hemos visto se desprende qué debe entenderse por
conciencia de clase de los obreros. Esta conciencia de clase es la
comprensión, por su parte, de que el único medio para mejorar
su situación y lograr su liberación, es la lucha contra la
clase de los capitalistas y fabricantes, clase que se origina con la
aparición de las grandes fábricas. Luego, te er conciencia de
clase significa comprender que los intereses de todos ellos, en un
país determinado, son idénticos, solidarios; que todos ellos
constituyen una sola clase, una clase aparte respecto de las demás de
la sociedad. Conciencia de clase de los obreros quiere decir, por
último, que éstos comprendan que para lograr sus objetivos les
es indispensable influir en los asuntos de Estado, tal como lo han hecho y
siguen haciéndolo los terratenientes y capitalistas.

¿Cómo llegan los obreros a la comprensión de todo
esto? La adquieren constantemente a cada paso de la misma lucha que ya han
iniciado contra los fabricantes y que se desarrolla cada vez más, se
torna más áspera e incorpora a un número creciente de
obreros, a medida que se desarrollan las grandes fábricas. Hubo un
-tiempo en que la hostilidad de los obreros contra el capital se
traducía solamente en un vago sentimiento de odio contra sus
explotadores, en una noción confusa de la opresión de que eran
objeto y de su esclavitud y en el deseo de vengarse de los
capitalistas. La lucha se expresaba entonces en levantamientos aislados de
los obreros, durante los cuales destruían los edificios,
rompían las máquinas, apaleaban a los directores de las
fábricas, etc. Esta fue la primera forma, la forma inicial del
movimiento obrero, y fue necesaria por cuanto el odio al capitalista siempre
y en todas partes, constituyó el primer impulso tendiente a despertar
en los obreros la necesidad de defenderse. Pero el movimiento obrero ruso ha
superado esta forma inicial. En lugar del odio confuso hacia el capitalista,
los obreros han comenzado ya a comprender el antagonismo que existe entre la
clase de los obreros y la de los capitalistas. En lugar del vago sentimiento
de opresión han empezado ya a discernir sobre cómo y por
qué medios, precisamente, los oprime el capital; y se alzan contra
esta o aquella forma de sojuzgamiento, oponiendo una barrera a la
presión del capital, defendiéndose de la codicia del
capitalista. En lugar de la venganza contra los capitalistas, pasan ahora a
la lucha por obtener concesiones: comienzan a plantear a la clase de los
capitalistas una reivindicación tras otra y a reclamar para sí
el mejoramiento de las condiciones de trabajo, el aumento de los salarios, la
reducción de la jornada de trabajo. Cada huelga concentra toda la
atención y todos los esfuerzos de los obreros, ya en una, ya en otra
de las condiciones en que vive la clase obrera. Cada huelga suscita la
discusión sobre esas condiciones, ayuda a los obreros a juzgarlas, a
comprender cómo se traduce en esa oportunidad la presión del
capital, cómo se puede luchar contra ella. Cada huelga enriquece con
una nueva experiencia a toda la clase obrera. Si tiene éxito, sirve
para mostrar la fuerza de la unión de los obreros y estimula a los
demás a seguir el ejemplo de sus compañeros. Si fracasa,
provoca la discusión de las causas de la derrota y la búsqueda
de mejores métodos de lucha. Esta transición que se inicia
ahora en toda Rusia, hacia la lucha indeclinable de los obreros por sus
necesidades esenciales, hacia la lucha por arrancar concesiones, por obtener
mejores condiciones de vida, de salario, y una reducción en la jornada
de trabajo, marca el enorme paso adelante dado por los obreros rusos; y, por
eso, a esta lucha y a cómo contribuir a la misma deben dedicar su
atención principal el Partido Socialdemócrata y todos los
obreros concientes. La ayuda a los obreros debe consistir en señalar
las necesidades más apremiantes, por cuya satisfacción debe
lucharse, analizar las causas que agravan la situación de tales o
cuales obreros, explicar las leyes y reglamentaciones fabriles, cuya
violación (y las tramoyas fraudulentas de los capitalistas) somete a
los obreros tan a menudo, a un doble saqueo. Debe consistir en señalar
con la mayor exactitud y precisión posibles las reivindicaciones de
los obreros y hacerlas públicas, en escoger el mejor momento para
resistir, elegir la mejor forma de lucha, estudiar la posición y las
fuerzas de ambos bandos en lucha, analizar si no existe la posibilidad de una
forma de lucha aun mejor (como ser, una carta al fabricante o una denuncia
ante el inspector o el médico, según las circunstancias, si no
conviene recurrir directamente a la huelga, etc.).

Hemos dicho que el paso de los obreros rusos a esta forma de lucha muestra
que han dado un gran paso adelante. Esta lucha coloca (lleva) el movimiento
obrero en el buen camino, y es garantía de futuros éxitos. En
esta lucha, las masas obreras aprenden, en primer lugar, a reconocer y
analizar, uno tras otro, los métodos de explotación
capitalista, a comprenderlos, tanto en relación con la ley, como con
sus propias condiciones de vida y con los intereses de la clase de los
capitalistas. Al examinar las diversas formas y Casos de explotación,
los obreros aprenden a entender el sentido y la esencia de la
explotación en su conjunto, aprenden a entender el régimen
social basado en la explotación del trabajo por el capital. En segundo
lugar, en esta lucha, los obreros ponen a prueba sus fuerzas, aprenden a
unirse, a entender la necesidad y el valor de dicha unión. La
ampliación de la lucha y la frecuencia de los choques conducen
inevitablemente a una extensión aun mayor de aquélla, al
desarrollo del sentimiento de unidad, al espíritu de solidaridad, en
primer término entre los obreros de una localidad determinada,
después entre los .de todo el país, entre toda la clase obrera.
En tercer lugar, esa lucha desarrolla la conciencia política de los
obreros. La masa obrera se ve colocada, por sus propias condiciones de vida,
en una situación tal, que (no puede) no tiene tiempo ni posibilidad
para meditar acerca de cualquier clase de problemas de orden nacional. Pero
la lucha de los obreros contra los fabricantes por sus necesidades cotidianas
hace, por sí sola y en forma inevitable, que tropiecen con problemas
nacionales y políticos, con problemas relativos a la forma en que se
gobierna el Estado ruso, cómo se promulgan las leyes y
reglamentaciones, y a qué intereses sirven. Cada conflicto en una
fábrica lleva necesariamente a los obreros a enfrentarse con las leyes
y con los representantes del poder estatal. Escuchan entonces por primera vez
"discursos políticos". Para empezar, los obreros comprenden, aunque
sólo sea por las explicaciones de los propios inspectores del trabajo,
que la artimaña mediante la cual el patrono los oprime está
basada en el exacto cumplimiento de las disposiciones aprobadas por las
autoridades correspondientes, que conceden al fabricante libertad para
explotar a los obreros a su arbitrio; o que la expoliación a que
aquél los somete es perfectamente legal, y que, por lo tanto, no hace
más que ejercer un derecho establecido en tal o cual ley sancionada y
protegida por el poder estatal. A las explicaciones políticas de los
señores inspectores se agregan, a veces, "explicaciones
políticas" [7] [107o* , aun
más útiles, del señor ministro quien recuerda a los
obreros que deben sustentar sentimientos de "amor cristiano" para con los
fabricantes, por los millones que éstos ganan a expensas del trabajo
de los obreros. Después, a estas explicaciones de los representantes
del poder estatal y a la forma directa en que los obreros conocen en
beneficio de quiénes actúa este poder, se agregan aun los
volantes u otra clase de explicaciones de los socialistas, de suerte que
durante una huelga de este tipo, reciben una educación política
completa. Aprenden a entender, no sólo cuáles son los intereses
particulares de la clase obrera, sino también el lugar particular que
ésta ocupa dentro del Estado. He aquí, pues, en qué debe
consistir la ayuda que oí Partido Socialdemócrata puede prestar
a la lucha de clase de los obreros: en desarrollar su conciencia de clase
contribuyendo a la lucha que realizan por sus necesidades esenciales.

La segunda forma de ayuda debe consistir, como lo dice el programa, en
contribuir a la organización de los obreros. La lucha que acabamos de
describir exige que estén organizados. Esto es necesario tanto para
una huelga, a fin de conducirla con mayor éxito, como para la
recaudación de fondos en favor de los huelguistas, para la
organización de cajas mutuales y para la propaganda entre los obreros;
para la difusión entre los mismos de volantes, comunicados,
llamamientos, etc. La organización es más necesaria aun para
defenderse contra las persecuciones de la policía y de la
gendarmería, para proteger de éstas todos los vínculos y
contactos entre los obreros, para proporcionarles libros, folletos,
periódicos, etc. La ayuda en todos estos aspectos: tal es la segunda
tarea del partido.

La tercera consiste en señalar el verdadero objetivo de la lucha, o
sea, esclarecer a los obreros en qué consiste la explotación
del trabajo por el capital, sobre qué se mantiene, de qué modo
la propiedad privada sobre la tierra y los instrumentos de trabajo cordena a
las masas obreras a la miseria, las obliga a vender su trabajo a los
capitalistas y a entregarles gratuitamente todo el excedente creado por su
trabajo después de producir lo necesario para subsistir; en explicar,
luego, cómo esta explotación conduce inevitablemente a la lucha
de clase de los obreros contra los capitalistas, cuáles son las
condiciones de dicha lucha y su objetivo final: en una palabra, en explicar
todo lo que, en forma concisa, se señala en el programa.

B. 2. ¿Qué quiere decir que la lucha de la clase obrera es
una lucha política? Quiere decir que la clase obrera no puede luchar
por su emancipación sin tratar de influir en los asuntos de Estado, en
la dirección del Estado y en la promulgación de las leyes. Hace
tiempo que los capitalistas rusos hin comprendido la necesidad de esta
influencia, y ya hemos mostrado de qué modo, pese a todas las
prohibiciones de las leyes policíacas, supieron encontrar mil maneras
para influir sobre el poder estatal, y cómo este poder sirve a los
intereses de la clase de los capitalistas. De ello se desprende que si la
clase obrera no ejerce influencia sobre el poder estatal, tampoco es posible
su lucha, tampoco es posible para ella lograr siquiera un mejoramiento
estable de su situación.

Ya hemos dicho que la lucha de los obreros contra los capitalistas los
conduce inevitablemente a chocar con el gobierno, y éste hace todo lo
posible para demostrarles que sólo mediante la lucha y la resistencia
unida pueden ejercer influencia sobre el poder del Estado. Esto lo demuestran
con particular evidencia las grandes huelgas que tuvieron lugar en Rusia
durante los años 1885 y 1886. El gobierno comenzó en el acto a
preocuparse por las reglamentaciones relativas a los obreros y sin tardanza
promulgó nuevas leyes referentes al régimen fabril, cediendo
ante el perentorio reclamo de los obreros (por ejemplo, las reglamentaciones
para restringir la imposición de multas y para establecer escalas de
salarios correctas) [8] ; del mismo modo,
las huelgas actuales (1896) provocaron la inmediata intervención del
gobierno, el cual comprendió ya que no le es posible limitarse a
detenciones y deportaciones, que es absurdo obsequiar a los obreros
ridículos sermones acerca de los nobles sentimientos de los
fabricantes (véase la circular del ministro de Finanzas Witte,
dirigida a los inspectores de fábricas. Primavera de 1896 [9]. El gobierno se ha dado cuenta de que "los obreros
unidos representan una fuerza con la cual habrá que contar", y ya
inició la revisión de las leyes fabriles, al tiempo que convoca
en San Petersburgo un congreso de jefes de inspectores del trabajo para
discutir el problema de la reducción de la jornada de trabajo y otras
inevitables concesiones a los obreros.

Vemos, así, que la lucha de la clase obrera contra la de los
capitalistas tiene eme ser, necesariamente, política. Esta lucha
ejerce ya, en efecto, influencia sobre el poder estatal y adquiere
importancia política. Pero cuanto más se desarrolla el
movimiento obrero, tanto más clara y acentuadamente aparece y se deja
sentir la completa falta de derechos políticos de los obreros, hecho
del que hemos hablado antes; la completa imposibilidad de éstos de
influir de modo abierto y directo sobre el poder de Estado. Por eso, la
reivindicación más urgente de los obreros, y el primer objetivo
para que la clase obrera ejerza influencia sobre el poder estatal debe ser
la conquista de la libertad política, o sea, la
participación, directa y asegurada por las leyes (por la
Constitución), de todos los ciudadanos en la dirección del
Estado, el derecho de todos los ciudadanos a reunirse libremente, discutir
sus problemas y ejercer influencia en los asuntos de Estado por medio de
asociaciones y de la prensa. La conquista de la libertad política se
convierte en "una cuestión esencial para los obreros", porque
sin ella no tienen ni pueden tener influencia alguna sobre los asuntos de
Estado, porque sin ella nunca dejarán de ser una clase privada de
derechos, humillada y sin voz. ¡Y si ya ahora, cuando la lucha de los
obreros y su unificación apenas han comenzado, el gobierno se apresura
a hacer concesiones a fin de paralizar el desarrollo del movimiento, no cabe
duda de que cuando se unan y se cohesionen baja la dirección de un
partido político sabrán obligar al gobierno a ceder,
sabrán conquistar la libertad política para sí y para
todo el pueblo ruso!

En las partes precedentes del programa ya se ha señalado el lugar
que ocupa la clase obrera dentro de la sociedad y del Estado
contemporáneos, el objetivo de su lucha y la tarea del partido que
representa los intereses de los obreros. Con el poder absolutista del
gobierno en Rusia no existe, ni puede existir legalmente, partido
político alguno, pero sí corrientes políticas que
traducen los intereses de las demás clases y que ejercen influencia
sobre la opinión pública y sobre el gobierno. Por ello, para
esclarecer la posición del Partido Socialdemócrata es menester
ahora señalar su actitud frente a las restantes corrientes
políticas de la sociedad rusa, a fin de que los obreros determinen
quiénes pueden ser sus aliados, hasta qué límites, y
quiénes son sus enemigos. Esto es lo que se indica en los dos puntos
siguientes del programa.

B. 3. El programa declara que son aliados de los obreros en primer
término, todos los sectores sociales que se manifiestan contra el
poder absolutista del gobierno autocrático. Dado que este poder
ilimitado constituye la traba principal en la lucha de los obreros por su
liberación, se deduce que el interés inmediato de éstos
requiere que presten apoyo a todo movimiento social enderezado contra el
absolutismo (absoluto quiere decir ilimitado; absolutismo, poder estatal
ilimitado). Cuanto más se desarrolla el capitalismo, tanto más
profundas se tornan las contradicciones entre este gobierno
burocrático y los intereses de las propias clases poseedoras, los de
la burguesía. Y el Partido Socialdemócrata declara que
apoyará a todos los sectores y capas de la burguesía que se
manifiesten contra el gobierno absolutista.

Para los obreros es infinitamente más ventajosa la influencia
directa de la burguesía en la conducción de los asuntos del
Estado, que la que ejerce en la actualidad por intermedio de la cohorte de
funcionarios venales y arbitrarios. Para los obreros es mucho más
ventajosa la influencia abierta de la burguesía en la
política que la actual influencia que se oculta tras un
gobierno aparentemente omnipotente e "independiente", que obra por "voluntad
divina" y otorga "sus favores" a los sufridos y laboriosos terratenientes, y
a los infortunados y oprimidos fabricantes. Los obreros necesitan la lucha
abierta contra la clase de los capitalistas para que todo el proletariado
ruso pueda ver por cuáles intereses combaten los obreros y aprendan
cómo hay que luchar para que las maquinaciones y los designios de la
burguesía no queden ocultos en las antecámaras de los
príncipes, en las salas de espera de los senadores y ministros o tras
las puertas inaccesibles de los ministerios, y queden al descubierto a fin de
que todos vean claramente quiénes son, en realidad, los que inspiran
la política gubernamental y hacia qué tienden los capitalistas
y los terratenientes. Por eso, [fuera todo lo que disimule la influencia
actual de la clase de los capitalistas! Por eso, ¡apoyo a todos los
representantes de la burguesía, sean quienes fueren, que se
manifiestan contra la burocracia, contra el gobierno burocrático,
contra el gobierno absolutista! Pero al proclamar su apoyo a todo movimiento
social dirigido contra el absolutismo, el Partido Socialdemócrata
declara que no se aparta del movimiento obrero, por cuanto la clase obrera
tiene sus intereses especiales, opuestos a los de todas las demás
clases. Al prestar apoyo a todos los representantes de la burguesía en
la lucha por la libertad política, los obreros deben recordar que las
clases poseedoras pueden ser sólo temporalmente sus aliados, que los
intereses de los obreros y los de los capitalistas son inconciliables, que
los obreros necesitan la eliminación del poder absolutista sólo
para dar a la lucha que desarrollan contra la clase de los capitalistas un
carácter abierto y amplio.

El Partido Socialdemócrata declara además, que
prestará apoyo a todos los que se levanten contra la clase de los
privilegiados aristócratas terratenientes. En Rusia el estamento de
los aristócratas terratenientes está en primer plano dentro del
Estado. Los resabios de su poder feudal sobre los campesinos siguen
oprimiendo aun hoy a la masa del pueblo. Los campesinos continúan
pagando rescate por su emancipación del poder de los terratenientes.
Siguen estando sujetos a la tierra, para que los señores
terratenientes no sufran debido a la escasez de obreros agrícolas
baratos y sumisos. Los campesinos, hasta hoy día sin derechos, como si
fueran incapaces o menores de edad, son entregados a la arbitrariedad de los
funcionarios que no cuidan más que de sus bolsillos, que se inmiscuyen
en la vida de los campesinos para que éstos paguen "puntualmente" el
rescate o el tributo a los señores terratenientes feudales, no se
atrevan a "eludir" la obligación de trabajar para ellos, no osen, por
ejemplo, trasladarse a otros lugares y de ese modo obligar, tal vez, a los
ten- atenientes a buscar obreros en otra parte, no tan baratos ni tan
agobiados por la necesidad. Por la proeza de someter a millones, a decenas de
millones de campesinos a su servicio, manteniendo su falta de derechos, los
señores terratenientes se ven favorecidos por grandes privilegios que
les otorga el Estado. Ocupan, principalmente, los altos cargos del Estado
(pues, inclusive de acuerdo con la ley, el estamento de la nobleza goza del
más alto derecho a los cargos públicos); los
aristócratas terratenientes son los que están más cerca
de la Corte, y en forma más directa y más fácil inclinan
a su favor la política del gobierno. Se aprovechan de esa proximidad
para saquear el tesoro público y recibir, gracias a los dineros del
pueblo, prebendas y regalías por muchos millones de rublos, ora en
forma de grandes haciendas, que se les entrega por servicios prestados, ora
en forma de "concesiones" [10]. ●

 

 

 

_____________________________________

[1] Proyecto y
explicación del programa del Partido Socialdemócrata: fue
escrito por Lenin en la cárcel de Petersburgo: el Proyecto,
después del 9 (21) de diciembre de 1895, y la
Explicación, en junio-julio de 1896. Según las memorias
de N. Krúpskaia y de A. Uliánova-Elizárova el texto
había sido escrito con leche entrelineas en algún libro. Por
consiguiente, primero fue descifrado y luego copiado.

En el archivo del Instituto de Marxismo-leninismo adjunto
al CC del PCUS se guardan tres copias del Proyecto de programa. La
primera encontrada en el archivo personal de Lenin del periodo 1900-1904,
está escrita por mano desconocida con tinta simpática, entre
las líneas del artículo de S. Chugnnov, tituladq "La
vértebra cervical y la teoría de la evolución", en la
revista Naúchnoie Obozrenie, núm. 5 del año 1900.
Esta copia no lleva título. Sus páginas están numeradas
con lápiz, con letra de Lenin, y guardadas en un sobre que tiene la
siguiente inscripción Viejo (1895) proyecto de programa.

La segunda copia, encontrada igualmente en el archivo
personal de Lenin de ese mismo período, está escrita a
máquina en fino papel de seda, y lleva el encabezamiento: Viejo
(1895) proyecto de programa del Partido socialdemócrata.

La tercera fue hallada en el archivo de Ginebra del POSDR;
es una copia hectográfica de 39 páginas. 85.

[2] Naúchnoie
Obozrenie "(Revista científica"): se publicó en S.
Petersburgo desde 1894 hasta 1903, primero semanalmente y luego en forma
mensual. No tenía tendencia definida, pero, "para estar a la moda"
(expresión de Lenin), publicaba artículos de marxistas.
Aparecieron en ella varias cartas y artículos de Marx y Engels, y tres
de Lenin: "Observación sobre el problema de la teoría de los
mercados" (véase V. I. Lenin, ob. cit., t. IV), "Algo
más sobre el problema de la teoría de la realización"
(Id., ibíd., t. IV) y "Una crítica no crítica"
(id., ibíd., t. III). 85.

[3] Zemski
Sobar: Asamblea de representantes de los estamentos campesinos. Tuvo su
origen en los siglos xvi y xvn; era convocada generalmente por el zar para
considerar problemas de Estado, y fue abolida por Pedro I. Por
extensión se aplica ese nombre a la asamblea de campesinos. (Ed.)

[4] Pagos de
rescate: fueron establecidos por el "Decreto" que fijaba ese gravamen a
los "campesinos ^ue eran liberados de la servidumbre..." y que fue ratificado
el 19 dt lebrero de 1861. El gobierno zarista obligaba a los campesinos a
pagar a los terratenientes por las parcelas de tierra que les entregaba, u.i
precio varias veces mayor que su valor real. Al firmar el contrato de rescate
el gobierno abonó a los terratenientes la suma total del valor de las
tierras, imputándola a los campesinos, que tenían que
amortizarla en el término de 49 años en cuotas anuales onerosas
y que, por esta razóa, provocaban la depauperación y la ruina
en masa de los campesinos. Solamente los campesinos que fueron liberados de
la servidumbre pagaron al gobierno la suma de 2.000 millones de rublos por
tierras cuyo valor real no pasaba de 544 millones, y como no todos los pagos
se hacían a partir de la misma fecha, ya que algunos sólo
comenzaron a ser amortizados en 1883, la amortización
terminaría sólo eri 1932. Durante la primera revolución
de 1905-1907 el movimiento campesino obligó al gobierno a derogar la
ley, que fue anulada en' 1907. 90.

[5] Caución
solidaria. Responsabilidad colectiva obligatoria de los campesinos de
cada comunidad rural por el cumplimiento oportuno y total de los pagos en
dinero, y por toda clase de servicios en beneficio del Estado y de los
terratenientes (impuestos, pagos de rescate, conscripción, etc.). Esta
forma de sujeción de los campesinos, que se conservó inclusive
después de la abolición del régimen feudal en Rusia, fue
suprimida sólo en 1906. 90.

[6] Es evidente que el
copista no pudo descifrar en el odgirial las palabras que siguen. En el texto
hectografiado se lee aquí la advertencia "[omisión I]", y
después continúa el fragmento siguiente: "el dominio de los
funcionarios irrespons., más que cualquier intervención de la
sociedad en los asuntos gubernam., es el que brinda más posibilidades
"[omisión II]". (Ed.)

[7] Lenin se refiere a
la circular enviada por el ministro de Finanzas, S. Witte, a los inspectores
de fábrica, con motivo de las huelgas del verano y el otoño de
1895. Véase el comentario sobre el particular en la pág. 114
del presente tomo. (Ed.)

[8] Véase el
presente tomo, págs. 29-34. (Ed.)

[9] Ídem,
pág. 114. (Ed.)

[10] Aquí se
interrumpe el texto hectografiado que se conserva en el Instituto de Marxismo
Leninismo, adjunto al CC del PCUS. (Ed.)