En el presente año 1896, el gobierno ruso ya se ha dirigido en dos ocasiones al público con comunicados sobre la lucha de los obreros contra los fabricantes. En otros Estados, tales comunicados no son una rareza; allí no se oculta lo que ocurre en el país y los periódicos publican libremente noticias sobre las huelgas. Pero en Rusia el gobierno teme como al fuego la divulgación de los asuntos y sucesos fabriles: ha prohibido escribir en los periódicos sobre las huelgas, ha prohibido a los inspectores fabriles publicar sus informes, incluso ha dejado de ventilar los casos de huelgas en los tribunales ordinarios abiertos al público; en una palabra, ha tomado todas las medidas para mantener en el más estricto secreto cuanto ocurre en las fábricas y entre los obreros. Y de repente, todas estas triquiñuelas policíacas estallan como una pompa de jabón, y el propio gobierno se ve obligado a hablar abiertamente de que los obreros luchan contra los fabricantes. ¿A qué se debe semejante cambio? En 1895 hubo un número especialmente elevado de huelgas obreras. Sí, pero antes también las había habido y, sin embargo, el gobierno conseguía no violar el secreto, y aquellas huelgas transcurrían sin que la masa obrera se enterara. Las huelgas actuales fueron mucho más fuertes que las anteriores y se concentraron en un solo lugar. Sí, pero también antes hubo huelgas no menos intensas, por ejemplo en 1885-1886 en las provincias de Moscú y Vladímir. No obstante, el gobierno seguía conteniéndose y no decía palabra sobre la lucha de los obreros contra los fabricantes. ¿Por qué, pues, ha hablado esta vez? Porque esta vez acudieron en ayuda de los obreros los socialistas, quienes les ayudaron a esclarecer el asunto, a divulgarlo por todas partes, tanto entre los obreros como en la sociedad, a exponer con precisión las reivindicaciones obreras, a mostrar a todos la falta de conciencia y las salvajes violencias del gobierno. El gobierno vio que se volvía de todo punto estúpido callar cuando todos estaban al tanto de las huelgas, y también él fue a remolque de todos. Las hojas volantes de los socialistas exigieron al gobierno que diera cuentas, y el gobierno compareció y rindió cuentas.

Veamos cuál fue su respuesta.

Al principio el gobierno intentó eludir una respuesta pública y abierta. Uno de los ministros, el ministro de Finanzas Witte, envió una circular a los inspectores fabriles, y en esa circular tachaba a los obreros y a los socialistas de «los peores enemigos del orden público», aconsejaba a los inspectores fabriles atemorizar a los obreros, asegurarles que el gobierno prohibiría a los fabricantes hacer concesiones, señalarles los buenos impulsos y las nobles intenciones de los fabricantes, hablar de cómo los fabricantes se preocupan por los obreros y sus necesidades, de cómo los fabricantes están llenos de «buenos sentimientos». De las huelgas mismas, el gobierno no habló; no dijo palabra de la causa de las huelgas, de en qué consistían las monstruosas vejaciones de los fabricantes y las infracciones de la ley, de lo que reivindicaban los obreros; en una palabra, falsificó descaradamente todas las huelgas que tuvieron lugar en el verano y el otoño de 1895, intentó despachar el asunto con trilladas frases oficiales sobre las acciones violentas e «ilegales» de los obreros, aunque los obreros no cometieron violencia alguna: los únicos que usaron la violencia fueron la policía. El ministro quería mantener esta circular en secreto, pero los propios funcionarios a quienes la había confiado no guardaron el secreto, y la circular empezó a circular entre el público. Luego la imprimieron los socialistas. Entonces el gobierno, viéndose, como de costumbre, burlado con sus «secretos» de dominio público, la imprimió en la prensa. Eso fue, como ya hemos dicho, la respuesta a las huelgas de verano y otoño de 1895. Pero he aquí que en la primavera de 1896 las huelgas se repitieron con mucha más fuerza {37}. A los rumores sobre ellas se sumaron las hojas volantes de los socialistas. El gobierno al principio guardó un silencio medroso, esperando cómo acabaría el asunto, y luego, cuando el levantamiento obrero ya se había calmado, intervino a posteriori con su sabiduría de cancillería, como un tardío atestado policial. Esta vez ya tuvo que intervenir abiertamente, y además todo el gobierno en pleno. Su comunicado fue publicado en el número 158 del «Vestnik Gubernamental» {38}. Esta vez ya no fue posible falsificar como antes las huelgas obreras. Hubo que contar cómo habían sucedido las cosas, en qué consistían las vejaciones de los fabricantes, qué reivindicaban los obreros; hubo que reconocer que los obreros se habían comportado «ordenadamente». De este modo, los obreros quitaron al gobierno la costumbre de la repugnante mentira policíaca: lo obligaron a reconocer la verdad cuando se levantaron en masa, cuando se sirvieron de las hojas volantes para divulgar el asunto. Es un gran éxito. Los obreros sabrán ahora en qué consiste el único medio de conseguir la declaración pública de sus necesidades, el anuncio a toda Rusia de la lucha obrera. Los obreros sabrán ahora que la mentira del gobierno solo se refuta mediante la lucha unida de los propios obreros y su actitud consciente, para conquistar sus derechos. —Una vez contado el caso, los ministros se pusieron a inventar evasivas, se pusieron a asegurar en su comunicado que las huelgas habían sido provocadas únicamente por las «particularidades de la producción de hilados y torcidos de algodón». ¡Vaya, vaya! ¿Y no por las particularidades de toda la producción rusa, no por las particularidades del orden estatal ruso, que permite a la policía vejar y apresar a obreros pacíficos que se defienden de las vejaciones? ¿Por qué, entonces, señores ministros, los obreros leían con avidez y pedían hojas volantes en las que no se hablaba en absoluto de algodón y de hilados, sino de la falta de derechos de los ciudadanos rusos y de la arbitrariedad salvaje del gobierno, que se arrodilla ante los capitalistas? No, esta nueva evasiva es casi peor, más infame que aquella con la que se despachó en su circular el ministro de Finanzas Witte, echándole toda la culpa a los «instigadores». El ministro Witte razona sobre la huelga igual que cualquier funcionario policial que recibe propinas de los fabricantes: vinieron los instigadores y surgió la huelga. Ahora, al ver la huelga de 30.000 obreros, todos los ministros juntos se pusieron a reflexionar y al fin cayeron en la cuenta de que la huelga no se produce porque aparezcan los instigadores socialistas, sino que los socialistas aparecen porque estallan las huelgas, se inicia la lucha de los obreros contra los capitalistas. Los ministros aseguran ahora que los socialistas se «sumaron» después a las huelgas. Es una buena lección para el ministro de Finanzas Witte. ¡Mire pues, señor Witte, aprenda bien! Aprenda a discernir de antemano por qué ha estallado la huelga, aprenda a fijarse en las reivindicaciones de los obreros y no en los partes de sus ratas policíacas, a las que usted mismo no les cree ni un bledo. Los señores ministros aseguran al público que solo «personas malintencionadas» intentaron dar a las huelgas un «carácter político delictivo» o, como dicen en otro pasaje, un «carácter social» (los señores ministros querían decir socialista, pero, por analfabetismo o por cobardía de cancillería, dijeron social, y resultó un absurdo: socialista significa que apoya a los obreros en la lucha contra el capital, mientras que social significa simplemente societario. ¡Cómo es posible dar a una huelga un carácter societario! ¡Es lo mismo que conferir a los ministros el rango ministerial!). ¡Esto sí que es divertido! ¡Los socialistas dan a las huelgas un carácter político! ¡Pero si el propio gobierno, antes que ningún socialista, tomó todas las medidas para dar a las huelgas un carácter político! ¿Acaso no fue él quien se puso a apresar a obreros pacíficos como a criminales? ¿A arrestarlos y deportarlos? ¿No fue él quien envió por todas partes espías y provocadores? ¿No fue él quien detenía a todos los que caían en sus manos? ¿No fue él quien prometió prestar ayuda a los fabricantes para que no cedieran? ¿No fue él quien persiguió a los obreros por simples colectas de dinero a favor de los huelguistas? El propio gobierno fue quien mejor que nadie explicó a los obreros que su guerra contra los fabricantes debía ser inevitablemente una guerra contra el gobierno. A los socialistas solo les quedó confirmarlo y publicarlo en las hojas volantes. Y eso fue todo. Pero el gobierno ruso ya está baqueteado en el arte del disimulo, y los ministros se esforzaron por silenciar los medios con que nuestro gobierno «daba un carácter político a las huelgas»; le contó al público de qué fecha eran las hojas volantes de los socialistas; ¿por qué no le contó de qué fecha eran las órdenes del gobernador de la ciudad y de los demás bashi-bozuks sobre la detención de obreros pacíficos, sobre el armamento de tropas, sobre el envío de espías y provocadores? Le enumeraron al público cuántas hojas volantes socialistas hubo; ¿por qué no enumeraron cuántos obreros y socialistas fueron apresados, cuántas familias arruinadas, cuántos deportados y encarcelados sin juicio? ¿Por qué? Porque incluso los ministros rusos, con todo su descaro, se guardan de hablar en público de tales hazañas bandidescas. Sobre los obreros pacíficos, que se alzaron por sus derechos, que se defendieron de la arbitrariedad de los fabricantes, se abatió toda la fuerza del poder estatal, con la policía y el ejército, los gendarmes y los fiscales; contra los obreros, que se mantenían con sus propios kópeks y con los kópeks de sus compañeros, obreros ingleses, polacos, alemanes y austriacos, intervino toda la fuerza del erario público, que prometió apoyo a los pobrecitos fabricantes.

Los obreros no estaban unidos. Les era imposible organizar colectas de dinero, atraer a otras ciudades y a otros obreros; eran perseguidos por todas partes, tuvieron que ceder ante toda la fuerza del poder estatal. ¡Los señores ministros alardean de que el gobierno ha vencido!

¡Vaya una victoria! ¡Contra 30.000 obreros pacíficos, sin dinero, toda la fuerza del poder, toda la riqueza de los capitalistas! Los ministros habrían sido más sensatos de esperar para jactarse de semejante victoria, pues su jactancia recuerda demasiado a la del gendarme que se jacta de haberse retirado de la huelga sin haber recibido una paliza.

Las «instigaciones» de los socialistas no tuvieron éxito —declara el gobierno pomposamente, tranquilizando a los capitalistas—. Sí, ninguna instigación —respondemos nosotros a esto— habría podido producir la centésima parte de la impresión que ha producido en todos los obreros de Petersburgo, en todos los obreros rusos, la conducta del gobierno en este asunto. Los obreros vieron con claridad la política del gobierno: silenciar las huelgas obreras y falsificarlas. Los obreros vieron cómo su lucha unida obligó a arrojar la mentira hipócrita de la policía. Vieron los intereses de quién protege el gobierno, que prometió apoyo a los fabricantes. Comprendieron quién es su verdadero enemigo cuando, contra ellos, que no infringían la ley ni el orden, enviaron al ejército y a la policía como si fueran enemigos. Por más que los ministros hablen del fracaso de la lucha, los obreros ven cómo los fabricantes se han aquietado en todas partes, y saben que el gobierno ya convoca a los inspectores fabriles para deliberar sobre qué concesiones hay que hacer a los obreros, porque ve que las concesiones son necesarias. Las huelgas de 1895-1896 no pasaron en vano. Prestaron un enorme servicio a los obreros rusos, les mostraron cómo deben luchar por sus intereses. Les enseñaron a comprender la situación política y las necesidades políticas de la clase obrera.

Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera {39}.

Noviembre de 1896.

Escrito en la cárcel antes del 25 de noviembre (7 de diciembre) de 1896.

Impreso en mimeógrafo como hoja volante

Se publica según el texto de la hoja volante

Mensaje en nombre de los «veteranos» a los miembros de la «Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera» de Petersburgo{40}

Mijáilov apareció en San Petersburgo en 1891 como estudiante de Járkov expulsado por desórdenes. Ingresó en una organización estudiantil llamada «corporación» {41} y después de su disolución. En los cursos de odontología surgió el rumor sobre su conducta durante una relación sospechosa, pues le reprochaban haber malversado dinero recolectado para los hambrientos, pero restituyó lo malversado. Por aquel entonces se aproximó a… [29]

En enero de 1894 se efectuó un registro en casa de muchos antiguos miembros de la mencionada «corporación», entre ellos Mijáilov. En los interrogatorios les leían a todos con detalle sobre la composición de la sociedad, etc. Los gendarmes declaraban que el proceso se había originado por la denuncia de uno de los antiguos miembros. De Mijáilov se apartó toda sospecha porque los gendarmes decían que solo se había dado importancia a ese asunto nimio porque en él estaba implicado un revolucionario declarado. Por aquel mismo tiempo estalló una huelga en la fábrica Voronin {42}. Mijáilov se infiltró entre ellos y empezó a organizar colectas a su favor. En febrero fueron detenidos 8 obreros que habían tratado con Mijáilov y 1 estudiante que recaudaba dinero por encargo suyo (Talaláyev). A partir de entonces Mijáilov empezó de nuevo a acercarse a los obreros [30], y logró infiltrarse en los círculos dirigidos por los miembros de Narodnaya Volia. En el verano de 1894 estos últimos fueron detenidos. En la instrucción resultó que la policía sabía muchas cosas. En nuestra instrucción de los veteranos se formuló la acusación de conocer a varios de estos narodovoltsy, pero por casualidad… [31] Poco después concluyó el primer proceso de Mijáilov:… [32] y otros fueron deportados, él quedó sin castigo y decía por todas partes que había presentado una solicitud de indulto y que lo había hecho con la intención de seguir trabajando como antes. Por desgracia, hubo personas que no encontraron este hecho lo bastante deshonroso y lo tomaron bajo su protección, y él, que personalmente no gozaba del respeto de los obreros, tuvo la posibilidad de consolidar y ampliar sus vínculos.

Sigue la descripción de sus procedimientos: imponer dinero a los obreros, invitarlos a su apartamento, revelar seudónimos, etc. Gracias a ello y gozando de la plena confianza de las mencionadas personas, pronto conoció la identidad de muchos miembros de distintos grupos. Todos ellos fueron arrestados. Cuando un obrero… [33] dijo que había recibido libros de Mijáilov, fue detenido, pero soltado en el acto y hasta la fecha se encuentra en Petersburgo. En la instrucción, en calidad de acusado, denunció a todos sus compañeros, y a algunos acusados… [34] les leyeron su detallado informe sobre la composición de los distintos grupos. (Firmas.)

Escrito en 1896.

Se publica por primera vez, según el manuscrito