El ministro del Interior, Durnovó, ha dirigido una
carta al procurador general del Santo Sínodo, Pobiedonóstsev.
Ésta fue escrita el 18 de marzo de 1895, y lleva, bajo el
número 2603, la siguiente inscripción: "Absolutamente
confidencial". Quiere decir que el ministro ha querido que la misma quedara
en el más riguroso secreto. Pero hay personas que no comparten la
opinión del señor ministro de que a los ciudadanos rusos no les
corresponde conocer los propósitos del gobierno, y he aquí que
esta carta circula ahora por todas partes, en copias manuscritas.

¿Acerca de qué, pues, escribió el señor
Durnovó al señor Pobiedonóstsev?

Acerca de las escuelas dominicales. Le dice: "Las informaciones recibidas
durante los últimos años testimonian que personas sospechosas
desde el punto de vista político, como así también una
parte de la juventud estudiantil de determinada tendencia, siguiendo el
ejemplo de los de la década del 60, piensan ingresar en las escuelas
dominicales como profesores, conferenciantes, bibliotecarios, etc. Esta
aspiración sistemática, no justificada siquiera por el deseo de
obtener medios de subsistencia, ya que los cargos en dichas escuelas son
honorarios, demuestra que el fenómeno señalado constituye uno
de los medios legales utilizados para luchar contra el orden estatal y el
régimen social existentes en Rusia, por parte de elementos
antigubernamentales".

¡He aquí cómo razona el señor ministro! Entre
las personas instruidas hay quienes desean compartir sus conocimientos con
los obreros, quienes desean no ser los únicos beneficiados por la
instrucción, sino que llegue también al pueblo; y el ministro
resuelve inmediatamente que esto es obra de "elementos antigubernamentales",
conspiradores que incitan a la gente a ingresar en las escuelas
dominicales.

¿Acaso no es posible que, sin necesidad de esa incitación,
pueda surgir entre algunas personas instruidas el deseo de enseñar a
los demás? Pero lo que desconcierta al ministro es que los educadores
de las escuelas dominicales no cobran honorarios. Está acostumbrado a
que los espías que lo sirven y los funcionarios trabajen sólo
por la retribución, que sirvan a quien paga más, ¡y de
pronto se encuentra con gente que trabaja, presta servicios, se preocupa, y
todo... gratuitamente! Es sospechoso, piensa el ministro y envía a sus
espías para que investiguen el asunto. En la carta se dice, más
adelante: "De los siguientes informes [recibidos de los espías, cuya
existencia se justifica porque reciben un sueldo] se desprende que hay
personas de tendencias nocivas, no sólo entre el profesorado, sino que
no pocas veces las propias escuelas se hallan bajo la dirección oculta
de un círculo de gente sospechosa, cuyos miembros no pertenecen en
absoluto al personal oficial y que, por invitación de los maestros y
maestras colocados por ellas mismas, dictan conferencias por las noches y
trabajan con los alumnos [...]. Un régimen que da a gente
extraña la posibilidad de dictar conferencias, ofrece un vasto campo
para que entre los disertantes se introduzcan elementos del medio
directamente revolucionario".

Así, pues, si "gente extraña", sin el acuerdo ni la
comprobación de los popes y de los espías, desea enseñar
a los obreros, ¡esto es directamente la revolución! El ministro
considera a los obreros como si fueran pólvora y a los conocimientos y
la instrucción como la chispa; está convencido de que si
ésta cae sobre la pólvora, la explosión irá
dirigida ante todo contra el gobierno.

No podemos renunciar al placer de señalar que, por
excepción, en este caso estamos en total y absoluto acuerdo con los
puntos de vista de Su Excelencia.

El ministro cita luego en la carta las "pruebas" de la veracidad de sus
"informaciones". ¡Vaya pruebas!

En primer término, "la carta de un profesor de una de las escuelas
dominicales, cuyo apellido hasta ahora no ha sido aclarado". La carta en
cuestión fue encontrada en un allanamiento. En ella se habla del
programa del curso de historia, de la idea del sojuzgamiento y de la
emancipación de los estamentos, se mencionan las insurrecciones de
Razin y Pugachov[**].

Seguramente estos últimos nombres son los que tanto han asustado al
bueno del ministro: debe de haberse imaginado en seguida a campesinos armados
con horquillas. Segunda prueba:

"En el ministerio del Interior se encuentra un programa, obtenido
ñor conducto indirecto, de disertaciones públicas en una de las
escuelas dominicales de Moscú, oue contiene lo siguiente: Origen de la
sociedad. La sociedad primitiva. Desarrollo de la organización social.
El Estado v su función. El orden. La libertad. La iusticia. Formas de
la estructura estatal. Mnnarcmía absoluta v monarouía
constitucional. El trabajo, base del bienestar general. La utilidad y la
riqueza. La producción, el cambio y el capital. Cómo se
distribuye la rinueza. La busqueda del interés personal. La proniedad
y su necesidad. La emancipación de los campesinos por la entrega de
tierra. Renta, ganancia y salario. De mié denende el salario y stis
formas. El ahorro."

"Las disertaciones, de acuerdo con este programa, absolutamente inadecuado
para la escuela elemental, ofrecen plena posibilidad al disertante de dar a
conocer a sns oventes, en forma paulatina, las teorías de Carlos Marx,
de Engels, etc., mientras que la persona designada por las autoridades
diocesanas para asistir a la clase difícilmente podrá percibir
en esas disertaciones rudimentos de propaganda socialdemócrata."

Es evidente nue el señor ministro teme mucho a 'las teorías
de Marx y Engels", ya que percibe "rudimentos" de ellas inclusive en un
programa en el que no se nota huella alguna de las mismas. ¿Qué
encontró de "inadecuado" en el programa el señor ministro?
Probablemente lo que se refiere a las formas de estructura del Estado y de la
Constitución.

¡Pero tome, señor ministro, cualquier manual de
geografía y encontrará los mismos problemas! ,1 Acaso a los
obreros adultos no les está permitido saber lo que se enseña a
los niños? Pero el señor ministro no se fía de los
miembros de la dirección diocesana: "es posible que no lleguen a
comprender de qué se está hablando".

La carta termina con la enumeración de los maestros " sospechosos"
de la escuela dominical de la parroquia adjunta a la fábrica de
Moscú de la Compañía Manufacturera de Prójorov,
de la escuela dominical de la ciudad de Elets y de la proyectada escuela de
Tiflís. El señor Durnovo aconseja al señor
Pobiedonóstsev proceder a "una cuidadosa verificación de las
personas que tienen acceso a la docencia en las escuelas".

Cuando se lee la nómina de los maestros, se le erizan a uno los
cabellos: resulta que uno es ex estudiante universitario, otro
también, y la tercera una maestra que ha asistido como oyente a cursos
superiores. El señor ministro hubiera querido que los profesores
fuesen ex sargentos.

Con particular horror, el señor ministro señala que la
escuela de la ciudad de Elets "está ubicada del otro lado del
río Sosná, donde reside, predominantemente, gente 'simple'
[¡oh!, ¡qué horror!] y 'obrera', y donde se hallan los
talleres ferroviarios". Más lejos, cuanto más lejos
estén las escuelas de la "gente simple y de trabajo", mejor.

¡Obreros! ¡Ya ven ustedes qué miedo mortal tienen
nuestros ministros de que el pueblo trabajador adquiera conocimientos!
¡Muestren, pues, ante todos, que ninguna fuerza será capaz de
quitar conciencia a los obreros! ¡Sin conocimientos, los obreros
están indefensos; con ellos constituyen una fuerza! ●

 

 

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[*] ¿ En
qué piensan nuestros ministros?: es uno de los artículos
que debía ser publicado en el periódico Rabócheie
Dielo"(La causa obrera"), preparado por la "Unión de lucha por la
emancipación de la clase obrera" de Petersburgo. El primer
número del periódico fue preparado y redactado por Lenin, quien
escribió, también todos los artículos importantes: el
editorial A los obreros rusó: ¿En qué piensan
nuestros ministros? (véase el presente tomo, pág. 79),
Federico Engels (Id., pág. 9), La huelga de Yaroslav de
1895. En el periódico se publicaban también colaboraciones
de otros miembros de la "Unión" (G. Krzhizhanovski. A. Vanéiev,
P. Zaporózhets, L. Mártov y M. Silvin). Acerca del contenido
del primer número del periódico dice Lenin en
¿Qué hacer?; "Listo para la imprenta, dicho
número fue requisado por la policía en el allanamiento del
domicilio de uno de los miembros del grupo, Anatol Alexei Vanéiev,
realizado en la noche del 8 de diciembre de 1895. Así el Rab.
Dielo de la primera fundación no tuvo la suerte de ver la luz. El
editorial de ese periódico (que quizá dentro de unos 30 aSos
alguna revista como Rússkaia Stariná exhumará de
los archivos del departamento de policía) esbozaba los objetivos
históricos de la clase obrera de Rusia, colocando en primer plano la
conquista de la libertad príjítica. Luego seguía el
artículo ¿En qué piensan nuestros ministros?,
dedicado a la disolución violenta de los Comités de Primera
Enseñanza por la policía, así como una serie de notas de
corresponsales, no sólo de Petersbufgo, sino de otras localidades de
Rusia (por ejemplo, sobre la matanza de obreros en la provincia de
laroslavl)". (Véase V. I. Lenin, ob. cit; t. V, cap. II, §
a). Los manuscritos de estos artículos no fueron hallados hasta la
fecha. En enero de 1924, en un expediente del Departamento de Policía
relacionado con la "Unión de lucha", sólo se encontró
una copia del presente artículo. 79.

[**] Stepán
Razin y Emelián Pugachov fueron los jefes de grandes rebeliones
campesinas que tuvieron lugar en Rusia en los siglos xvn y xvm. (Ed.)