20 (8) de mayo.

La carta anterior la escribí durante el viaje. Ahora
estoy instalado, aunque, de todos modos, no pienso que sea para largo, pues
saldré para algún otro lugar.

La naturaleza es aquí magnífica, y paso el tiempo
admirándola. Apenas dejamos atrás la pequeña
estación alemana desde la que te escribí, comenzaron los Alpes,
luego aparecieron los lagos, y era imposible apartarse de la ventanilla del
tren. Si pudiera averiguar algo acerca de las condiciones y precios locales
(debe haber algún modo de instalarse en condiciones económicas
en el campo), quizá sería posible pasar el verano aquí.
El viaje no es caro y la naturaleza es magnífica.

Vi a la ahijada [*]y su familia;
hablamos, entre otras cosas, sobre el tema de los precios, suscitado por
Mark[**]. Parece que las criadas son
aquí muy caras: de 25 a 30 francos mensuales en total, y es preciso
alimentarlas muy bien.

¿Han encontrado por fin un lugar para el verano? No necesito la
dirección porque puedo siempre escribir a Mark, pero aisiera.. .
[***] ●

 

 

 

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[*] Se trata de Ana, de
dos años de edad, hija de A. A. Shujt. La familia Shujt, a la que V.
I. Lenin conoció en Samara, se encontraba en ese entonces en Ginebra.
(Ed.)

[**] Acabo de
instalarme... (La continuación de la nota estaba en la segunda hoja de
la carta, que no se ha conservado. (Ed.)

[***] La parte
final de esta carta se ha perdido. (Ed.)