Recibí «La Vivienda» y me puse manos a la obra. El caso es que usted dejó este asunto inconcluso. Cuando nos pusimos a leer los cuadernos «en limpio», resultó que había un montón de errores (y los esquemas, como pude comprobar, confundían mucho). Nuestros conocidos comunes opinaron, después de leerlo, que el trabajo era muy malo. Por lo tanto, por más que me tenía harto hasta lo indecible, tuve que sentarme a revisarlo. Como resultado, de los cuadernos en limpio salieron borradores.

¿No me enviaría... de Engels, con el epílogo de 1894? Puede enviármelo del mismo modo. La dirección es la misma hasta aproximadamente el 15 de agosto, y después la de invierno.

En su carta, no separó usted del todo a los alemanes del Alemán. La falta de «interés teórico» de los primeros me es comprensible (aunque lamentable), pero ¿acaso puede decirse eso también del segundo? Pues si se expone cierta comprensión del problema, no se puede eludir su examen. Es cierto que he tenido ocasión de ver recientemente la incapacidad incluso para comprender de qué se trata y cuál es su importancia, pero no quiero creer que quepa esperar lo mismo de allí.